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Foro El Salvador

Otegi y Eguiguren acordaron promover un órgano vasco-navarro y una consulta que incluya Navarra

La consulta popular, no vinculante, sería la «versión amable» del referéndum Navarra-País Vasco, que además tendría como sujeto a «todos los vascos».

Los portavoces de Batasuna y del Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE), Arnaldo Otegi y Jesús Eguiguren, se habrían mostrado de acuerdo en promover la conformación de un órgano entre el País Vasco y Navarra que comparta materias y competencias comunes, como fórmula de colaboración que allane el camino hacia la futura integración de la comunidad foral en Euskadi. Una consulta popular conjunta -no vinculante, pero sí decisiva- en toda Euskal Herria (las tres provincias vascas, Navarra y los tres territorios franceses) se encargaría de refrendar la existencia de la nación vasca, previo reconocimiento por parte del Gobierno. Ello sin perjuicio de las reformas del Estatuto vasco y del Amejoramiento del Fuero navarro, iniciativas que corresponderían a los respectivos Parlamentos y que acompasarían medidas complementarias, algo que podría ocurrir ya a partir de 2007, si el Partido Socialista de Navarra (PSN) logra sumar mayoría y constituir con el nacionalismo un Gobierno alternativo al actual de UPN.

Según fuentes cercanas al socialismo vasco, en los diversos contactos mantenidos por Eguiguren (interlocutor del Gobierno en busca de un alto el fuego de ETA y promotor de acuerdos de futuro con Batasuna) y Otegi, iniciados en 2002, el líder batasuno habría advertido siempre que la declaración de Euskal Herria como nación, incluyendo a Navarra, «es a todos los efectos irrenunciable» para que el proceso de paz llegue a buen puerto. «Navarra no es el problema, es la solución», ha repetido Otegi en varias ocasiones.

Según la interpretación relatada a este periódico, ambos portavoces habrían dado por hecho que el avance del proceso llevará a la coalición a las urnas el año que viene (en la versión que sea). Además, habrían concluido que la llamada «Dieta vasco-navarra» y la consulta popular, por un lado, responderían a la exigencia de ETA y de Batasuna de satisfacer el «derecho de todo el pueblo vasco a decidir libremente»; es decir, el territorio y la autodeterminación. Por otra parte, según su impresión compartida, la consulta sería la «versión amable» y, a la postre, sustitutiva, de la tradicional exigencia de un referéndum Navarra-Euskadi, contemplada estos años como una agresión en amplios sectores de la comunidad foral, de mayor dificultad legal (requiere el apoyo de los grupos políticos) y que tendría muchas menos posibilidades de salir adelante si sólo se pronunciaran los navarros, abrumadoramente contrarios (los partidos que propugnan estas tesis no superan el 15 por ciento en el Parlamento).

«Todos los territorios vascos»

Es cierto, aclaran, que el Gobierno central tendría que dar su reconocimiento a la existencia de una nación que incluyera a «todos los territorios vascos», lo que se considera el «nudo gordiano» de la cuestión navarra y, en última instancia, de todo el proceso. Pero tanto Eguiguren como Otegi consideran este extremo más factible una vez superada «satisfactoriamente la prueba» del Estatuto catalán, que considera a Cataluña como nación. Además, agregan, «el órgano común ya se creó, aunque no echara a andar por unas semanas; en cuanto a la inclusión de Navarra en la nación vasca, si la consulta no es vinculante, sería legalmente factible». Por eso, concluyen que son las opciones «más realistas».

Precisamente ayer, el diario «Gara» incluía un folleto que supone la reaparición de Udalbiltza (asamblea de ayuntamientos considerada institución nacional de Euskal Herria, alumbrada en el pacto de Estella) en pleno proceso de paz y en los preparativos del Aberri Eguna, que se celebra este domingo (el juez ha prohibido los actos de Batasuna en Navarra). El folleto incorporaba un mapa del «gran pueblo vasco» que incluía el territorio francés, el País Vasco y Navarra, y concluía: «La resolución de conflicto no es posible si no se garantiza el reconocimiento y ejercicio de todos los derechos a toda la ciudadanía de toda Euskal Herria. Udalbiltza dará nuevos pasos para la evolución de la Declaración de la Nacionalidad Vasca».

Ambas partes habrían asumido que sería un proceso «gradual, progresivo y de larga distancia», partiendo del marco institucional actual, hasta ahora rechazado por los batasunos. El propio Eguiguren habría hecho valer ante el Gobierno, según las mismas fuentes, la aceptación expresa del marco institucional que llevó a cabo en enero, en una de sus ponencias, la última mesa nacional de la coalición ilegalizada.

El PSN se abre a los nacionalistas

Según los expertos, las soluciones apuntadas en estos contactos tendrían su inspiración en el modelo irlandés (un espejo muy recurrente para el mundo abertzale). Aunque el Gobierno ha reiterado que «Navarra nunca será moneda de cambio» en una negociación con ETA, el PSN ha abierto sus brazos al nacionalismo vasco esta legislatura. Rompiendo la costumbre de no pactar con el nacionalismo y preservar la estabilidad de Navarra (sólo roto por el PSN y el CDN de Alli a mediados de los 90), el PSN de Carlos Chivite gobierna con los nacionalistas algunos de los principales ayuntamientos de Navarra, como Tafalla, Estella, Barañáin, Burlada y Cizur. Si a ello unimos la abierta disposición de Chivite a reformar el Amejoramiento del Fuero y un lenguaje inusitadamente tolerante por parte del delegado del Gobierno (que llegó a llamar «gamberradas» a los ataques de «kale borroka»), empieza a calar en Navarra la idea, nunca desmentida por el PSN, de futuros acuerdos con una Batasuna relegalizada.

ABC, 14/4/2006

«Irunea» (Iruña), la «Jerusalén» de los nacionalistas vascos

Euskal Herria es algo así como la tierra prometida para los nacionalistas vascos.

Aunque nunca ha existido como entidad jurídico-política, ni siquiera como el espacio cultural y lingüístico pleno al que obedece su nombre, «Pueblo Vasco» -la mitad sur de Navarra no es vasca-, la quimera nacionalista sigue situando como capital a Pamplona, la vieja Iruña (Irunea, en el euskera vigente hoy).

La aspiración de unificar sus siete territorios es especialmente obsesiva en el caso de ETA y Batasuna -Otegi ha llegado a hablar de Pamplona como «la Jerusalén del pueblo vasco»-, cuya presión violenta ha apuntado permanentemente a Navarra y ha logrado arrastrar al resto del nacionalismo a hablar de Euskal Herria como nación, como en el plan Ibarretxe -antes, el PNV sólo se refería a Euskadi-.

Si el grado de apoyo a esta unificación puede ser mayoritario en Guipúzcoa y Vizcaya -60 por ciento del voto-, en Álava no lo es, en Navarra no pasa del 15 por ciento y en los territorios franceses se reduce a la mínima expresión.

Euskal Herria integra siete territorios o «herrialdes»: Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, Navarra, y los territorios que forman parte de Francia: Labort (Lapurdi), Baja Navarra y Sola (Zuberoa).

ABC, 14/4/2006

La "nación vasca" y el pacto ETA-ZP

Un nacionalismo exultante y eufórico ha celebrado este domingo el Aberri Eguna –"Día de la patria vasca"–, con la misma retahíla de proclamas separatistas y anticonstitucionales que de costumbre. Si el lehendakari Ibarretxe no ha reconocido más Constitución que los supuestos "derechos históricos" de los vascos, la presidenta de EA, Begoña Errazti, ha asegurado que "nadie puede parar a nuestro pueblo" en este "choque de soberanías". Dice Ignacio Astarloa que los "disparates" del nacionalismo "no son nuevos", que la novedad es la "condescendencia" del PSOE "que está asumiendo los proyectos nacionalistas". Ciertamente, sin esta "condescendencia" de los socialistas no se justificaría la euforia de los nacionalistas ni se verían sus "disparates" tan factibles y al alcance de la mano.

Si la reacción de los socialistas ante las delirantes proclamas de los separatistas y ante las supuestas cartas de extorsión de ETA a empresarios navarros, se ha limitado a arremeter contra el PP y sus dirigentes "a los que les gusta más vivir con ETA que sin ETA", habremos de concluir que lo del PSOE es mucho más que una simple "condescendencia". Vaya por delante que la verdadera extorsión de ETA no es la que tiene forma de carta a los empresarios, sino aquella, en forma de comunicado, en la que los encapuchados terroristas nos anunciaban un "alto el fuego" con el reiterado precio político de la independencia de Euskalherría. Que el síndrome de Estocolmo de unos y los infames cálculos electorales de otros, nos quieran presentar ese "permanente" chantaje como un "proceso de paz", es un espejismo que no creemos que ETA lo vaya a poner en peligro ahora con unas cartas a empresarios fuera de plazo. Lo que hay que señalar no es la fecha del membrete, sino los mil asesinados que acarrea su firma.

En cualquier caso, si Otegi señalaba, hace unos días, que ellos tienen que "verificar" la disposición del Estado francés y español a aceptar "la reunificación del pueblo vasco en un estado independiente", ETA va a tener la oportunidad de constatar, en unos pocos meses, pagos menos ambiciosos, pero no menos significativos, de la "condescendencia" de los socialistas. Eso y no otra cosa sería su alianza con los separatistas de Estella para acabar con el estatuto de Guernica: un maquillado plan Ibarretxe, insuficiente como aquel para ETA, pero lo suficientemente inconstitucional como para cerrar el frente anti-PP, proclamar la "nación vasca" y poner, negro sobre blanco, algunos de los típicos "disparates" de los nacionalistas en el Aberri Eguna; esos "disparates" que los socialistas han dejado de denunciar y que, dentro de poco, suscribirán.Editorial, Libertad Digital, 17 de abril de 2006

Los firmantes del Acuerdo de Base reclaman que se cree «ya» la Mesa para la Resolución

El llamado Foro de Firmantes del Acuerdo Democrático de Base (integrado por 55 partidos, sindicatos y organizaciones sociales vascas) tenía un compromiso adquirido para este Aberri Eguna de 2006 de hoy. En la víspera, compareció en Iruñea para admitir que «a la vista está que no hemos logrado nuestro objetivo de crear la Mesa para la Resolución» en el límite temporal fijado como mera referencia. Sin embargo, su valoración no es pesimista, sino al contrario: «Ya no hay ningún pretexto para no conformar la Mesa para la Resolución. Se dan las condiciones y la oportunidad es clara. Por eso, hoy reivindicamos con toda nuestra fuerza: ¡Mesa para la Resolución ya!».

 

Fue Martín Aranburu, portavoz habitual de la Mesa para el Acuerdo, quien lanzó este mensaje conjunto de los 55 firmantes del Acuerdo Democrático de Base. Entre los asistentes al acto había otros compañeros dirigentes de EA como Unai Ziarreta, Rafa Larreina o Maiorga Ramírez; de Batasuna, como Arnaldo Otegi, Joseba Permach o Pernando Barrena; de Aralar (Ainoa Beola y Jon Abril); de AB (Mertxe Colina); o de LAB, como Rafa Díez y Txutxi Ariznabarreta. Junto a ellos, decenas de representantes de estas organizaciones, con alguna ausencia como la de ELA, que sí firmó el Acuerdo pero no participa en su gestión. Y, junto a todos ellos, el sacerdote irlandés Alec Reid, que actúa como fedatario, miembros vascos del equipo de difusión internacional de la iniciativa, y Loren Arkotxa, presidente de Udalbiltza.

 

«Hay condiciones»

 

Aranburu remarcó que «no hay duda de que se dan las condiciones» para esa mesa. El escrito detalla en primer lugar cuatro elementos: «Hoy en día hay una dinámica abierta de relaciones entre los agentes políticos. El proceso ha recibido un gran apoyo desde múltiples foros internacionales. Hay una reflexión muy avanzada y enriquecedora sobre la participación de las mujeres. Se ha logrado una gran adhesión y apoyo social». Y añade una quinta de especial relevancia: «El alto el fuego permanente declarado por ETA el 22 de marzo es una aportación de gran valor, pues propicia una oportunidad clara para la construcción de un proceso democrático de superación del conflicto. Hasta hace poco decían muchos que el obstáculo para la creación de la mesa era la actividad armada de ETA. Ahora, cuando ha cambiado la situación, exigimos que no se pongan más pretextos».

 

Con anterioridad, la poetisa Castillo Suárez ­que ejerció de presentadora del acto ­había recordado lo que se ha avanzado desde hace justo dos años, cuando se inició el proceso desde ese mismo salón del Hotel Tres Reyes después de que el alcalde de Barañain revocara apenas 72 horas antes el permiso de utilización del Auditorio. «Entonces dimos el primer paso aquí mismo y ahora cerramos el círculo», dijo.

 

La difusión internacional

 

Luego, Arritxu Santamaria destacó que no sólo la firma del Acuerdo Democrático de Base es un avance, sino que en este periodo se ha hecho una ingente labor en el ámbito internacional, gracias a los observadores y a los fedatarios (Pete Cenarrusa y Alec Reid). Este último fue el destinatario de los aplausos de todos los presentes.

 

Santamaria aseguró que «el trabajo de todos ellos ha sido muy grande». Trajo a colación, por ejemplo, que se ha logrado trasladar informes de este foro a mandatarios como el primer ministro británico Tony Blair, su homólogo irlandés Bertie Ahern, o el presidente de la Comisión Europea, Juan Manuel Durao Barroso. Recordó además que su labor ha llegado a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU o al Foro del Mediterráneo. Y dedicó un capítulo especial al impulso dado desde el Parlamento Europeo a través del Grupo de Apoyo o Friendship, «porque conseguir la paz en Euskal Herria supone conseguir la paz en Europa».

 

Si Arritxu Santamaria se encargó de glosar la implicación internacional, a Izaskun Guarrotxena le correspondió destacar la aportación de las mujeres y subrayar que un proceso de resolución debe impulsarse desde la paridad de género.

 

La mayor marcha de la década

 

Tras todas estas intervenciones intercaladas con música de cuerda, Martín Aranburu se encargó de hacer el refundido final de los logros y de los trabajos pendientes. Subrayó que «con el tiempo ha ido fortaleciéndose tanto nuestra dinámica de trabajo como la complicidad entre los diferentes agentes» y destacó que hace apenas quince días «dimos un paso muy importante: Todos los firmantes del Acuerdo tomamos parte en la convocatoria de una manifestación bajo el lema «Es tiempo de solución: Euskal Herria, decisión, acuerdo», y la respuesta fue excelente: fue la mayor manifestación de Euskal Herria en la última década», recordó. GARA cifró la participación en 82.000 personas.

 

Sin embargo, el texto consensuado alerta de que «queda un largo camino que recorrer, y el trabajo diario será determinante para hacer frente a los ataques que, sin duda, va a recibir el proceso democrático». Enumeraron algunos recientes como «el encarcelamiento de interlocutores políticos importantes», «la extorsión económica mediante fianzas escandalosas», «la alimentación de polémicas sobre el derecho a decidir» o «la conculcación del derecho de expresión y participación de todas y todos». Y concluyeron reclamando otra vez «un esfuerzo para crear cuanto antes la mesa».

 

Gara, 16 de abril de 2006

 

Las preguntas sobre la tregua de ETA que el Gobierno no quiere oír

Hoy los nacionalistas vascos celebran su Aberri Eguna, que puede adquirir una singular relevancia debido a la tregua declarada por ETA. El entorno político de los terroristas, reunido en Pamplona, meta de las ambiciones nacionalistas, ya ha dado un anticipo de las propuestas de creación de una "mesa de partidos" que se repetirán de diversas formas en esta jornada, dejando claro que el punto de partida es "el reconocimiento de Euskal Herria", lo que en su peculiar lenguaje significa la anexión al País Vasco de Navarra y de parte del departamento francés de los Pirineos Atlánticos.

En vísperas de esa celebración, ha vuelto a desatarse la polémica entre los dos grandes partidos nacionales sobre lo que el Gobierno y los nacionalistas llaman "el proceso de paz". Mientras la secretaria de Asuntos Sociales del PP, Ana Pastor, pedía al Gobierno explicaciones sobre las medidas que piensa adoptar si se confirma que las cartas enviadas por ETA a empresarios navarros suponen una extorsión, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, exigía del PP apoyo decidido y colaboración leal para ese proceso "sin hacer preguntas que no tienen respuesta".

La exigencia de confianza ciega en las negociaciones que el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero mantiene con los terroristas a espaldas de la opinión pública en realidad no va dirigida sólo al PP, sino al conjunto de la sociedad española. El señuelo para conseguir la aceptación de semejante acto de fe es, como Blanco repitió ayer, que "la paz está más cerca que nunca", de manera que a quien formula preguntas comprometidas se le señala como alguien que pone obstáculos a aquélla.

Esta deriva irracionalista del discurso político, basada en la manipulación de los deseos de la mayoría de los españoles de que termine el terrorismo, es altamente preocupante, como lo son también las indicaciones de distintos dirigentes socialistas a los jueces para que tuerzan la aplicación de la ley en atención a los circunstancias supuestamente distintas que habría provocado la tregua de ETA. La propia legalidad democrática se pone en cuestión con tal de no perturbar la apariencia de una "paz" que no parece incompatible, como no lo fue en ninguna de las anteriores treguas etarras, con la continuación por la banda de sus actividades de extorsión y armamento.

Frente a esto, corresponde al PP, como única fuerza real de oposición que representa a casi la mitad de los españoles, la responsabilidad de mantener los principios del Estado de Derecho y la dignidad de las víctimas, sin dejarse arrastrar por un escenario político en el que ha puesto todas sus esperanzas electorales el Gobierno, pero que le puede costar muy caro a la sociedad española si esos principios no se respetan.

El Semanal Digital, Editorial, 16 de abril de 2006

 

La patita de Pedro J. Ramírez

Lo bueno de situaciones como la que vivimos es que cada cual termina retratándose. Y a algunos la cámara no les favorece. Miren, por ejemplo, a Pedro J. Ramírez, aquel que hace pocos años defendió con ardor de propagandista el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Miren lo que escondía tras aquella careta.
En su editorial del jueves, el director de “El Mundo” empezaba el desbarre arremetiendo contra Otegi «cuya chulería quedó de manifiesto en sus gestos en la Audiencia Nacional». Arnaldo Otegi, hay que recordarlo, levantó el puño ante la camada facha que le insultaba.

Bueno, el caso es que, según Ramírez, «Otegi se siente lo suficientemente fuerte y crecido como para usurpar el concepto de ‘verificación’, habitualmente empleado por el Gobierno para referirse a las intenciones de ETA, equiparando la renuncia a la violencia y la renuncia de dos Estados a ejercer su soberanía». Y, en este punto, Ramírez empieza a mostrar la patita peluda: «Siempre hemos dicho que todos los planteamientos políticos, incluso los más delirantes, son respetables mientras se hagan por medios democráticos y en ausencia de toda violencia o extorsión. Ahora bien, contra el vicio de pedir está la virtud de no dar (...) El Gobierno tiene que dejar muy claro a ETA que deberá resignarse a pedir por vías políticas lo que el Estado jamás le va a conceder. El techo, el límite de lo que el Estado puede ceder, está en una reforma del Estatuto de Guernica, que el Parlamento vasco estaría legitimado para proponer tras el hecho consumado del Estatuto catalán. Y aun así sería discutible en la medida en que podría ser interpretado como el pago de un precio político a cambio de dejar de matar. En todo caso, una reforma del Estatuto de Guernica acorde con la Constitución se queda a años luz de las exigencias de ETA». Es bueno que hablen así de claro, aunque sea por los nervios. Y concluye: «La pregunta clave, por tanto, es qué harán Otegi y los suyos cuando su ‘verificación’ resulte, como únicamente puede resultar, negativa. Si siguen clamando en el desierto, no habrá nada que objetar. Si vuelven a las andadas, el tiempo habrá dado la razón a quienes advierten que, en caso de que ETA no alcanzara sus objetivos por las buenas, seguiría intentándolo por los medios criminales de siempre». La pregunta podría ser: ¿Qué van a hacer Ramírez y los suyos cuando una mayoría del pueblo vasco reclame lo que es suyo? ¿Seguir negándose violentamente a reconocerlo?

Maite Soroa (Gara, 16 de abril de 2006)


Probable fin de otro ciclo en Lakua

Según algunos cálculos, hechos al modo del cuento de la lechera, el Parlamento salido de las elecciones autonómicas de hace un año debía ser el de la mayoría absoluta del tripartito PNV-EA-EB. Con la izquierda abertzale proscrita, Juan José Ibarretxe aspiraba a rentabilizar para la coalición que lideraba su discurso ante el Congreso de los Diputados, en defensa del Nuevo Estatuto Político para la CAV, que emocionó a muchísimos abertzales. Lo cierto es que incluso con la izquierda abertzale ilegalizada el sueño de la mayoría absoluta era difícilmente alcanzable y no resultaba imprevisible que PSE y PP sumaran más escaños que el tripartito. Por eso, el primer diseño de campaña que hizo el PNV fue de carácter plebiscitario, con una pequeña dosis de agitación de fantasmas: «Estoy absolutamente convencido ­declaró el lehendakari a GARA­ que si el PSEy el PP tiene un voto más, un escaño más que la coalición PNV-EA, no habrá proceso negociador ni consulta democrática en la próxima legislatura».

 

Pero cuando la campaña estaba a punto de comenzar, surgió un elemento nuevo. Estaba cantado que las candidaturas de Batasuna iban a ir directamente a la papelera de la Junta Electoral. Entraba dentro de lo previsible que el Gobierno del PSOE, la Fiscalía, el Tribunal Supremo y el Constitucional cercenaran el derecho de sufragio de miles y miles de ciudadanas y ciudadanos agrupados en torno a Aukera Guztiak. Sin embargo, como se escribió en aquellos días, en Euskal Herria la realidad no siempre discurre por los cauces previstos. Porque, de pronto, de la chistera de la imaginación, de la necesidad de prever toda las posibilidades, surge un partido que nadie conoce, que carece de sedes públicas, que ha tenido que confeccionar sus listas con muchos independientes ante la escasez de su propia militancia y las condiciones represivas que se preveían, y obtiene nueve escaños que rompen todos los planes.

 

Se rompieron los cantaros

 

Un análisis de los discursos del tripartito durante el proceso de precampaña y campaña en torno a la concurrencia de Euskal Herrialdeetako Alderdi Komunista daría para una tesis sobre la defensa de los principios democráticos y de los derechos civiles y políticos sometidos a la teoría de la relatividad. Mientras pareció evidente que ninguna candidatura de la izquierda abertzale podría estar presente en los comicios, los portavoces del tripartito y los analistas de su órbita se mostraban radicales en la defensa de su derecho a participar. Cuando se vio que finalmente, gracias a EHAK, la izquierda abertzale tendría voz y voto, el discurso viró hacia el peligro que eso suponía para la mayoría absoluta que parecía que el tripartito ya daba por ganada sin ni siquiera pasar por las urnas, y se empezó a hablar de una mano negra del PSOE para sabotear los planes de Ibarretxe.

 

Aunque con la participación de EHAKla lechera del tripartito ya no contaba con poder obtener la mayoría absoluta, sí que tenía entre sus cálculos obtener más escaños que PSEy PP para poder gobernar así con una mayor tranquilidad, sin depender de la izquierda abertzale. Sin embargo, con las encuestas que comenzaron a hacerse públicas al cierre de las urnas, el cántaro empezó a resquebrajarse, y sobre las 22.00, con los datos oficiales ya en la mano, toda la leche estaba ya derramada por el suelo del edificio de la Azucarera de Gasteiz, donde el PNV tenía previsto celebrar una fiesta de recuento que no fue tal.

 

Allí las únicas sonrisas que se observaban eran las que se forzaban ante la aparición de alguna cámara. No había nada que celebrar. La coalición PNV-EA, que el 13 de mayo de 2001 había convertido en feliz consigna el «diga 33», perdía cuatro escaños y se quedaba en 29. Por cierto, los cuatro escaños perdidos correspondían al PNV, mientras que EA mantenía sus siete.

 

Quienes en esta ocasión sumaban 33 escaños eran PSEy PP. Y aunque en la campaña quedaron claras sus diferencias, nadie dudaba de que María San Gil daría su apoyo a Patxi López para intentar llegar a Ajuria Enea.

 

¿Con quién podía contar la coalición PNV-EA? En primer lugar, con sus socios de gobierno, EB. Pero, pese a la incomprensible sonrisa de Javier Madrazo en la noche electoral, esta formación no había sido capaz de rentabilizar su presencia en el Ejecutivo. Perdió votos y se quedó con los tres parlamentarios que tenía, muy lejos de los cinco a los que aspiraba para poder formar grupo propio. Tendría que seguir compartiendo el Grupo Mixto. En esta ocasión, en lugar de con Enriqueta Benito, de UA, lo haría con Aintzane Ezenarro, de Aralar. El partido que lidera Patxi Zabaleta logró su escaño en Gipuzkoa. Con un total de 28.180 votos en el conjunto de la CAV, quedaba también roto el cántaro de otra lechera, la que bajando por las faldas de Aralar pretendía constituirse en alternativa electoral para la izquierda abertzale.

 

Los tres escaños de EB y el único de Aralar permitían a PNV-EA empatar con la suma de PSE y PP, pero nada más. Los nueve representantes de EHAK se convertían en la llave del nuevo Parlamento.

 

Cambio de objetivo en el PNV

 

El PNV arrancó su campaña al día siguiente de que el Congreso de los Diputados le diera un portazo al proyecto de nuevo Estatuto Político para la CAV. En lugar de poner en marcha los mecanismos de la consulta, como había anunciado el 26 de setiembre de 2003 ante el Parlamento de Gasteiz, o en lugar de contar para ver cómo afrontar el futuro con todas las fuerzas parlamentarias y sociales que habían dado su apoyo ­crítico o no­ a la propuesta, el lehendakari disolvió el Parlamento y llamó a las urnas. Había que aprovechar el tirón del discurso de Juan José Ibarretxe ante las Cortes españolas y tratar de rentabilizar el malestar que el portazo había generado en las bases abertzales.

 

Pero, a lo largo de la campaña, la coalición PNV-EA fue variando su discurso, dejando aparcados los conceptos fundamentales del plan que había sido el eje de toda la legislatura anterior y centrándose en el mensaje de acumular fuerzas para negociarlo. Se bajó el tono soberanista y se subió el tecnócrata. Se habló más del PIB y de otros indicadores macroeconómicos que de derecho a decidir. Quizá sea significativo que el PNV no echara mano en toda la campaña del ex presidente del EBB, Xabier Arzalluz, buen movilizador de las bases jeltzales.

 

El resultado final fue una pérdida de cuatro escaños, de 140.000 votos y del plebiscito que inicialmente había planteado Ibarretxe. Esto no significa que en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa no haya una mayoría social abertzale. De hecho, el 17-A se expresó en las urnas de manera más radical que en anteriores comicios.

 

El cambio de objetivos que se dibujó en esa campaña del PNV ha sido después la marca de este primer año de legislatura. Los planes soberanistas quedaron aparcados, la figura de Juan José Ibarretxe ha ido disipándose cada vez más en el escenario público y ha sido paulatinamente sustituida por Josu Jon Imaz, con un nuevo discurso sobre la cosoberanía y un indisimulado acercamiento al acuerdo con el PSOE. El anuncio de alto el fuego permanente de ETA ha permitido al EBB sumarse al mensaje de «primero la paz y luego la política», aunque por motivos distintos a los de Zapatero.

 

Nuevo papel del PSE

 

La pérdida de fuerza de la coalición PNV-EA no supuso un reforzamiento del espacio electoral de PSE y PP. Pese a que sumaron un escaño más que en 2001, perdieron un 1,1% en el porcentaje de voto. Lo que quedó en evidencia es que la correlación de fuerzas dentro de este bloque funciona como un funicular: lo que sube el PSE lo baja el PP y viceversa.

 

Era evidente que la victoria de Rodríguez Zapatero el 14 de marzo de 2004 tendría también su reflejo en las autonómicas. El PSE, con 18 escaños, se convirtió en la segunda fuerza del Parlamento. Eso sirvió para reforzar la posición de Patxi López y de quienes dentro del partido estaban haciendo un callado y arriesgado esfuerzo para tratar de encauzar la resolución del conflicto. Y, al mismo tiempo, permitió al PSE hacer un cambio de discurso, donde el enfrentamiento ideológico con el Gobierno de Lakua no le impide llegar a acuerdos en cuestiones sustanciales como los presupuestos o leyes importantes. El PSE se presenta ante la ciudadanía como un partido pragmático, que contribuye a la resolución de los problemas, que lo mismo pacta con el PNV que con el PP, como quedó claro en Araba.

 

Dudas sobre la coalición

 

A las alteraciones de correlación de fuerzas y de discursos que se dieron en las elecciones de hace un año hay que sumar ahora el cambio de escenario que se produce con el anuncio de alto el fuego permanente de ETA. En este tiempo, se ha observado también una evidente divergencia en los discursos de PNV y EA. Mientras el primero escapa de hablar de soberanía y de cualquier contacto con la izquierda abertzale, la segunda ha centrado en esos parámetros su actividad política. Será preciso ir comprobando cómo evolucionan sus relaciones, y un primer indicador pueden ser las próximas elecciones municipales y forales, para las que la dirección de EA, por el momento, no parece apostar por reeditar la coalición. Las relaciones con el tercer socio, EB, en el seno del Gobierno tampoco pasan por su mejor momento.

 

Todos estos datos parecen indicar que ésta puede ser la última legislatura del modelo de gobierno que se inauguró en 1998 en base a la coalición PNV-EA y se consolidó en 2001, gracias a la amenaza de un Mayor Oreja lehendakari y algunos errores de la izquierda abertzale. Lo que hoy aún no se puede predecir es cuál será el nuevo modelo tras las próximas autonómicas.

 


Ibarretxe, elegido gracias a dos votos de Ezker Abertzalea
Tras el episodio de los empates que se habían producido en la elección para la Presidencia el Parlamento, cuando el 22 de junio se convocó el Pleno de elección del lehendakari no faltaron las voces que auguraban otra serie de empates que conduciría a la convocatoria de nuevas elecciones. Mucho discurso apocalíptico y poco análisis político.

 

Se enfrentaban Juan José Ibarretxe, candidato del tripartito, y Patxi López, del PSE. A las 16.55 horas, la portavoz de Ezker Abertzalea, Nekane Erauskin, anunció que concedían dos votos a Ibarretxe para «abrir una nueva oportunidad de futuro» y «agrupar fuerzas en favor de la democracia y la paz». El anuncio tranquilizó a los miembros del tripartito, porque esos dos votos, junto a sus 32, garantizaban la elección de su candidato, haciendo incluso innecesario seguir buscando apoyo de Aralar.

 

Durante la mañana los dos candidatos habían hecho sus largos discursos en los que, pese a que López tenía asegurados 33 votos frente a los 32 de Ibarretxe, se mantuvo la lógica Gobierno-oposición que se había desarrollado durante toda la legislatura anterior. López se centró en la crítica al tripartito, en materia de paz y normalización se mantuvo en las tesis del Pacto de Ajuria Enea y de la reforma estatutaria, y después desarrolló el capítulo de promesas sociales. Ibarretxe, por su parte, siguió en su papel de presentarse como el portavoz de las aspiraciones de la mayoría de la sociedad.

 

Pasado un año, el balance es que pese a haber sido elegido con dos votos de Ezker Abertzalea y asegurar que su gobierno está abierto a los pactos con todos los grupos, en los grandes temas ­presupuesto, Ley del Suelo y Ley de Aguas­ el Ejecutivo de Ibarretxe ha demostrado estar más cerca del PSE que del resto.

 


Atutxa, sacrificado por el PNV para seguir manteniendo la Presidencia
El 26 de abril, a los pocos días de celebradas las elecciones, EHAK transmitió discretamente a Juan José Ibarretxe que defendían que el PNV tuviera la Presidencia del Parlamento, por ser la lista más votada, pero que no apoyarían a Juan María Atutxa para ese puesto. Desde ese día, el PNV disponía de la información y el tiempo necesario para buscar una solución, pero quizá toda- vía no había asimilado debidamente los resultados electorales. Así que cuando el 16 de mayo se convocó el pleno para la constitución de los órganos del Parlamento, los jeltzales insistieron en presentar a Atutxa, un candidato que no podía ganar. Obtuvo los 33 votos de PNV, EA, EB y Aralar. Tantos como Miguel Buen, que sumó los de su partido, el PSE, y los del PP. EHAK votó en blanco.

 

El empate a 33 se sucedió en nueve votaciones. El PNV insistió en no cambiar de candidato, aunque los apoyos de EA y EB daban muestras públicas de resquebrajarse.

 

El 23 de mayo, cuando empezaba a hablarse de movimientos que hicieron temer al PNV que podía perder la Presidencia, Joseba Egibar anunció por sorpresa que la candidata del PNV sería Izaskun Bilbao, quien logró a la primera votación las papeletas necesarias para ascender al cargo. El PNV había tirado la toalla, pero haciendo pagar a EHAK la osadía de no haberse plegado a sus deseos y dejándole fuera de la Mesa.

 

La retirada de Atutxa fue presentada como una decisión personal y altruista, pero se hizo «coincidiendo con el análisis del EBB».

 

Gara, 16 de abril de 2006

 

HazteOir.org denuncia que el Gobierno inicia una etapa más radical y rupturista

HazteOir.org (HO) considera que, con la marcha de Bono, el presidente del Gobierno se ha desembarazado del último de los elementos incómodos de su partido y "blinda" el Ejecutivo para iniciar su etapa más radical y rupturista.

Según Ignacio Arsuaga, presidente de HO, "el nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba como ministro de Interior es una mala noticia, y supone un paso atrás en la democracia española". "No olvidemos -añade Arsuaga- que Rubalcaba fue ministro de Interior en tiempos de los GAL y amigo personal de Rafael Vera, y que conoce muy bien todo el proceso de negociación con ETA. No es de extrañar, por tanto, que personajes como el portavoz de la ilegalizada Batasuna, Pernando Barrena, se sientan satisfechos y consideren 'interesante' el hecho de que 'alguien que ha estado en la cocina del proceso desde el principio' ocupe la cartera de Interior".

Para HazteOir.org, resulta inadmisible oír de fuentes de la Moncloa que "Rubalcaba dirigirá, en estrecho contacto con el presidente Zapatero, el proceso de diálogo con ETA". "Los ciudadanos -añade- no queremos un Gobierno que dialogue con asesinos y ceda a sus chantajes. No se puede hablar con los terroristas sin la entrega de las armas y el cese definitivo de la violencia. El alto al fuego no es más que un cebo para presionar al Ejecutivo y alcanzar de él sus reivindicaciones históricas".

Máxime cuando ayer, a través de su boletín interno Zutabe, difundido por la radio televisión pública vasca, ETA exigía como condiciones para mantener su alto al fuego la autodeterminación, la anexión de Navarra y los "territorios" del sur de Francia que asumen como propios, la amnistía total para etarras encarcelados, la expulsión de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad y la desactivación de los cuerpos especiales de la Ertzaintza.

Junto a esto, el presidente de HazteOir.org teme que el control del nuevo ministro de Interior sobre la Comisión de Seguimiento del Pacto Antiterrorista, la Comisión de Secretos Oficiales, las fuerzas de seguridad, la política penitenciaria y el registro de partidos políticos, reste transparencia a la gestión del Ejecutivo en materia antiterrorista y propicie las concesiones que esperan los etarras, con políticas de acercamientos de presos e incluso una posible legalización de Batasuna.

13 de abril de 2006