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Iglesia católica

El arzobispo emérito de Madrid, cardenal Ángel Suquía Goicoechea, falleció ayer a los 89 años de edad, en su domicilio familiar de San Sebastián.

Su cadáver será expuesto durante todo el día de hoy sobre una tarima en la Cripta de la Catedral de la Almudena, frente al altar

Los restos mortales del cardenal Suquía fueron trasladados anoche a Madrid a cargo del arzobispo auxiliar de Madrid, monseñor Fidel Herráez, quien viajó a San Sebastián. Cuando llegaron, fueron llevados a la cripta de la catedral de la Almudena, donde fueron recibidos por el arzobispo de Madrid, cardenal Antonio María Rouco Varela y el cabildo de la Catedral.

Según el protocolo, el cadáver se embalsamó y después se vistió con alba, estola y casulla, y con mitra e se introdujo en una caja de cinc, con tapa de cristal y otra definitiva de madera y se colocó frente al altar, sobre una tarima dentro de la Catedral de la Almudena. A su lado se colocó el Cirio Pascual y una Cruz, con dos cirios en torno al féretro, y a los pies el Evangeliario donde permanecerá todo el día de hoy.

Sobre las once y media de la mañana se trasladará el cadáver desde la Cripta hasta la Catedral de la Almudena, donde a las doce del medio día se celebrará la solemne Misa Exequial.

El cardenal Suquía será el primer obispo de la Diócesis de Madrid que será sepultado en la Catedral de Santa María la Real de la Almudena.

Nacido en Zaldivia (Guipúzcoa) el 2 de octubre de 1916, el cardenal Ángel Suquía Goicoechea fue obispo de Almería en 1966 y tres años después se trasladó a la diócesis de Málaga. En 1973 fue nombrado arzobispo de Santiago de Compostela, cargo que ocupó hasta que en 1983 llegó a la Archidiócesis de Madrid-Alcalá.

El cardenal Suquía fue Presidente de la Conferencia Episcopal Española entre 1987 y 1993. Además, en la CEE ha desempeñado los cargos de Presidente de las Comisiones Episcopales de Seminarios (1975-1978) y Mixta (1978-1984). Fue miembro del Comité Ejecutivo entre 1984 y 1996 y miembro del Consejo de Presidencia desde 1985.

A los sacerdotes de la Archidiócesis madrileña se les pidió que encomienden el alma del cardenal Suquía en la celebración de la Eucaristía.

Análisis Digital, 14 de julio de 2006

Primer encuentro entre José Luis Rodríguez Zapatero y el Papa

VALENCIA, sábado, 8 julio 2006 (ZENIT.org).- El Papa Benedicto XVI y el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se reunieron este sábado por vez primera en el transcurso de una audiencia que tuvo lugar en el Arzobispado de Valencia.

El acto comenzó con una conversación a solas entre el Santo Padre y el presidente del Gobierno en la que, según fuentes del gobierno, se repasaron cuestiones de actualidad «muy importantes»: como el futuro de Europa, la familia, la inmigración, la situación en África y la paz.

A la reunión se incorporó después la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, pues como ella misma explicó es la persona designada para representar al ejecutivo en sus relaciones con la Iglesia católica.

En este sentido, el Papa pidió colaboración al Gobierno para la solución de las desavenencias entre el Gobierno socialista y la Iglesia, según ha podido saberse de fuentes vaticanas.

Más tarde, el presidente presentó al Papa a su esposa, Sonsoles Espinosa, y a otros de sus colaboradores.

Según informa la agencia EFE, Benedicto XVI regaló a Zapatero un ejemplar facsímil del «Codex Vaticanus» de 1209.

Por su parte, Zapatero obsequió al Papa con un cuadro del pintor valenciano del «Equipo Crónica» Manolo Valdés, con el título «Autorretrato de Rembrandt II», mientras que la vicepresidenta le regaló un libro de Leonor de la Vega, hermana del poeta Garcilaso de la Vega.

Según comprobó Zenit, al inicio y al final de la audiencia, Rodríguez Zapatero recibió gritos de protesta de las personas presentes.

Rodríguez Zapatero y Fernández de la Vega han hecho saber que no participarán en la misa de este domingo con la que se clausurará el V Encuentro Mundial de las Familias.
ZS06070812

Cañizares exhorta a los católicos a seguir la doctrina de la Iglesia que recuerda que "ETA no puede ser un interlocutor político"

El arzobispo de Toledo ha invitado a una oración por España a todos los católicos, en esta "hora crucial", en que la negociación con ETA "nos tiene a todos preocupados y expectantes". El primado de España señala que la situación es "un tanto o bastante delicada" y admite que "tal vez hemos podido creer que no era muy urgente y nos hayamos podido descuidar". Monseñor Cañizares ha exhortado a los católicos a seguir la doctrina de la Iglesia sobre terrorismo, plasmada en una Instrucción de 2002. En este documento, la Iglesia califica a ETA como una "organización terrorista" y "totalitaria" que "no puede ser considerada como interlocutor político". Las Diócesis de Madrid, Alcalá y Getafe se han sumado a la iniciativa de una oración por España en cada Eucaristía.

El arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, dijo este domingo que "a todos nos tienen preocupados, y en cierto modo expectantes, las conversaciones con ETA anunciadas por el presidente del Gobierno", pidió a Dios "que nos ayude a todos en esta situación" y recordó que amar a la Patria es un deber de todos los cristianos.

Cañizares pronunció estas palabras en su exhortación pastoral tras la Misa de este domingo, donde invitó a los sacerdotes y a los fieles a orar por España y les recordó que "amar a la Patria y rezar por ella" es un deber de todos los cristianos.

"Esto no es entrar en política alguna y menos de partido", subrayó el arzobispo, quien dijo que se trata de "un deber de caridad y ojalá que, mientras dure esta situación, todos oremos insistentemente por las gentes, por los pueblos y las instituciones democráticas de España".

Asimismo, reclamó que no se olviden las enseñanzas o magisterio de la Conferencia Episcopal sobre el terrorismo en España, documento en que "encontramos luz o iluminación moral para enjuiciar los hechos desde la doctrina social de la Iglesia".

Por los derechos fundamentales

El arzobispo pidió a todos los sacerdotes a que incluyan en las celebraciones una oración en la que se reza para que "las instituciones democráticas y todo el pueblo fomenten en España la verdad y la libertad, la justicia y la paz, la unidad y la concordia".

Pide también a los fieles que oren por "el pleno reconocimiento de los derechos fundamentales de todos".

Recuerda que en la reciente Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, en su comunicado final, "entre otras realidades, ha invitado a todas nuestras comunidades católicas a elevar oraciones al Señor pidiendo por España".

"A nadie se le oculta que atravesamos una hora crucial, un tanto o bastante delicada en algunos aspectos importantes, y que necesitamos la ayuda de Dios, sin el que nada podemos hacer", dijo el arzobispo.

Recordó asimismo que hace un año, en una carta Pastoral, los Obispos de Toledo ya exhortaban a los sacerdotes a elevar plegarias por España y planteó que "tal vez hemos podido creer que no era muy urgente y nos hayamos podido descuidar un tanto".

Por ello, dispuso que en la diócesis de Toledo, al igual que en las de Madrid, Alcalá de Henares y Getafe, se incluya siempre la oración por España citada.

También pidió que se incluya, al final de la Eucaristía, una oración prácticamente idéntica a la que "el Papa Juan Pablo II dispuso se hiciese en toda Italia en una situación delicada por la que atravesaba aquel país hermano, entre otras cosas por una unidad de Italia que se veía con riesgos.

La oración pide a Dios que acompañe "los pasos de nuestra nación, a veces difíciles, pero llenos de esperanza. Haz que veamos los signos de tu presencia y experimentemos la fuerza de tu amor que nunca disminuye".

Libertad Digital, 3 de julio de 2006

Benedicto XVI pide a palestinos e israelíes una solución negociada para la crisis actual

Como único camino para alcanzar la paz

CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 30 junio 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha presentado la negociación como camino para solucionar la grave crisis que ha estallado en Oriente Medio, tras el secuestro de un soldado israelí y la incursión y bombardeos del ejército de Israel en Gaza.

«Sigo con aprensión cuanto sucede en Tierra Santa y rezo para que todas las personas secuestradas sean devueltas con prontitud a sus seres queridos», reconoció este jueves el Papa, tras rezar el Ángelus en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, patronos de la diócesis de Roma.

«Lanzo un llamamiento a los líderes israelíes y palestinos para que, con la contribución generosa de la comunidad internacional, busquen responsablemente la solución negociada del conflicto, único camino que puede garantizar la paz a la que aspiran sus pueblos», afirmó.

La actual crisis en el Medio Oriente empezó cuando militantes palestinos capturaron el domingo pasado a un soldado israelí.

Como respuesta, el Ejército israelí emprendió una gran incursión militar en Gaza, en la que detuvo a ministros y otros representantes del Gobierno palestino, que lidera el movimiento islámico Hamás.
ZS06063008

ASAMBLEA DE LOS OBISPOS: Defender la unidad es un deber cívico

A propósito de la pasada Asamblea Extraordinaria del episcopado he leído las opiniones más diversas, algunas de ellas disparatadas e imaginativas. No logro entender por qué a unos les molesta y a otros repugna que los obispos defiendan la unidad de la nación Española.

Ahora bien, si la unidad no está en peligro y creen que no es importante, no tienen por qué escandalizarse ni injuriar a quienes les importa y preocupa; al punto de que, cuando dicen que la Iglesia no debe meterse en política, quieren que entendamos que la Iglesia debe aceptar la situación de facto y dejar de cuestionar la "filosofía" que la impregna.Cosa bien distinta es unir la unidad de la fe católica con la unidad de España. Nadie en la jerarquía está en esta postura. Lo atestigua la obra "Moral Política", que tiene como subtítulo "Magisterio de la Conferencia Episcopal Española, 1972-2002".

Acaba de publicarse y consta de nueve capítulos. El primero comienza con la declaración colectiva de la XVII Asamblea Plenaria de la CEE de 1972 titulada "La Iglesia y la Comunidad política". El último documento es el titulado "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias", que se publicó en noviembre de 2002.

La experiencia histórica común es que la "indisoluble unidad de la Nación Española", artículo 2º de la Constitución, nos va bien prácticamente a todos. Ponerla en peligro, o en entredicho, ¿es sólo una fechoría política y jurídica y una traición histórica, o es algo más grave que merece todo tipo de reprobaciones? ¿Se puede romper este principio para generar otro modelo de nación al gusto de los nacionalistas excluyentes y de los terroristas? Por supuesto que no, y podemos aportar razones históricas, culturales, políticas, jurídicas y éticas para apoyarlo. Pero, de llevarse a cabo, debe decidirlo el pueblo soberano.

Lo contrario es lo que algunos están imponiendo: la conquista y el reparto étnico del territorio, hasta consumar la caducidad de la Constitución, superada por los Estatutos de las autoproclamadas nuevas naciones. El fraude o el delito, no sé cómo definirlo, que se proyecta, es de órdago.

La paz y la unidad, como marco de mayor integración y solidaridad, como referencia a unos valores comunes y como sentido de pertenencia a unas raíces históricas, filosóficas, humanísticas, religiosas, éticas y culturales, no son incompatibles. En cambio, el régimen del terror es incompatible con la paz y la unidad.

A aquellos que prefieren la disgregación del pueblo intentan convencernos de que la unidad de España es un tema secundario, porque lo realmente definitivo es la paz. Sería de agradecer que aclararan sobre qué cimientos pretenden construir esa paz de la que hablan tanto. Aclaren si están de acuerdo en que se pase página sobre la masacre del 11-M, a partir de la cual se intensificó esta pesadilla en la que nos ha metido Zapatero, y que tantos beneficios está aportando a los objetivos de terroristas, socialistas y nacionalistas. Aclaren si les importa o no cuestionar los presupuestos de muerte y de mentira sobre los cuales apoyan el mal llamado "proceso de paz".

Aclaren qué están dispuestos a sacrificar para justificar el ocultamiento de las víctimas y la aceptación de las demandas de los asesinos.Hay una perversión radical en la discusión. Y se trata de sanear de raíz los presupuestos, un saneamiento que no puede ser otro que el cumplimiento de la Constitución, la aplicación del Estado de Derecho y la recomposición del consenso del proyecto de 1978, proyecto común roto por Zapatero al ponerse en manos de los asesinos de ETA y del 11-M, que, por otro lado, van pareciendo una sola cosa.  

La opción común decidida en la Transición (1975-1978), basada en la reconciliación entre los españoles, en la superación de traumas y fracasos colectivos y en la decisión de construir la convivencia sobre valores comunes recogidos en la Constitución, fue la opción más válida a lo largo de los últimos treinta y cinco años. ¿Se puede olvidar y enterrar este patrimonio, para tender puentes con la II República, una de las etapas más sangrientas de nuestra historia, y reconvertirla en los orígenes de la democracia actual? A pesar de todo, afirmar que no se puede hablar de la unidad de España como "un bien moral" es discutible. No obstante, ¿podemos darle un sentido de deber si aceptamos buenamente que ya se ha discutido y que, hoy por hoy, mientras el pueblo soberano no apruebe otra Constitución, esta es la norma válida, legal y moralmente exigible, en la medida en que se adecua a la conducta responsable que se espera de cada ciudadano? La referencia jurídica y, me atrevo a decir, la base ética común de las opciones no puede ser el horizonte de la paz que promete Zapatero; ese horizonte es engañoso y perverso, porque es impuesto por los asesinos, construido sobre el antes y el después de la masacre del 11-M. La referencia jurídica y ética de las opciones comunes es la Constitución de 1978.

En ninguna cabeza razonable y ordenada cabe la idea de que los obispos vayan a decir que es inmoral no defender la unidad de España. No puedo entender que se diga que si los obispos defienden la unidad de España estarán defendiendo una postura partidista... La Constitución es de todos; el principio de la "unidad indisoluble de la Nación" (artículo 2) no es propiedad de ningún partido, más bien genera un deber cívico que obliga a todos los ciudadanos. Un obispo, como cualquier ciudadano, tiene derecho a tener su opinión nacionalista, y si no quiere defender la unidad de la Nación Española, también está en su derecho y en su responsabilidad. Por otro lado, decir que, si los obispos se pronuncian en defensa del principio de unidad de España, estarán tomando partido sólo por los católicos que lo defienden, estarán dividiendo a los católicos, se cae por si mismo. Los obispos son ciudadanos obligados, como todos los demás, a respetar la Constitución y no procede que inviten a lo contrario, tanto por acción como por omisión. Y no creo que vayan a decir a nadie que si no lo hacen cometen pecado. En todo caso, defender la unidad de España incluye un compromiso ético indiscutible, en la medida en que invita a desplegar recursos, a hacer opciones y a emplear medios que transcienden los intereses particulares para buscar los intereses comunes, sin excluir a nadie; en la medida en que los derechos de las personas se anteponen a los posibles derechos territoriales y lingüísticos; en la medida en que es más acorde a la moral actuar según un orden legal justo (el principio de legalidad constitucional), refrendado soberanamente, que romperlo bajo la presión del asesinato, la extorsión, la persecución y la mentira.

Juan Souto Coelho (miembro del Instituto Social "León XIII")

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 29 de junio de 2006. 

Es «obligación» de la Iglesia pronunciarse sobre las «implicaciones morales» de la política

MADRID, viernes, 23 junio 2006 (ZENIT.org-Veritas).- El secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), padre Juan Antonio Martínez Camino, compareció este viernes en rueda de prensa para informar sobre la Asamblea Plenaria Extraordinaria, que finalizó el 22 de junio, y en la que se ha abordado por primera vez un sólo tema: los retos pastorales que plantea la situación actual de España.

Además de algunas acciones ya previstas en el Plan Pastoral 2006 2010, a las que los obispos han decidido dar prioridad (iniciación cristiana, cuidado del domingo, y matrimonio y familia) se ha acordado también iniciar los trabajos de una futura Instrucción Pastoral «sobre la misión de la Iglesia en la actual situación».

Según recoge Veritas, el portavoz reveló que 50 de los 64 obispos presentes en la Plenaria apoyaron la elaboración del documento, mientras 9 votaron en contra, 3 se abstuvieron y 2 votos fueron declarados nulos.

El portavoz quitó importancia a los votos negativos y dijo que el documento «La Iglesia y la comunidad política» (de 1972) tuvo más votos en contra (20) y «nadie lo pone en cuestión». En este contexto, consideró necesario insistir en «la unidad de los obispos», porque «cunde la idea en la opinión pública de que hay división».

Martínez Camino explicó que la Instrucción «abordará todas las cuestiones que preocupan» de modo similar a como se ha hecho en otras ocasiones (el portavoz hizo referidas alusiones en este sentido al libro «Moral Política», que recoge 9 documentos del magisterio de la CEE, aparecidos entre 1972 y 2002).

En este marco, el tema de «la unidad de España» podría también estar presente si se viera que «hay implicaciones morales». El portavoz defendió la «obligación» de los obispos de iluminar las realidad humanas y afirmó que «cuando no se ha hecho (y a veces no se ha hecho suficientemente) se les ha pedido cuentas», aunque reconoció que es «delicado» abordar estas cuestiones.

En cualquier caso, Martínez Camino dio por seguro que la Instrucción no será exclusivamente «sobre la unidad de España», aunque reconoció que este tema es uno de los asuntos «que está entre las preocupaciones de la sociedad actual y de los obispos».

Asimismo, dijo que «la unidad» tiene muchos aspectos, pero que la intención de los obispos no es abordarla desde el punto de vista político, sino desde las «implicaciones morales». «Otra cosa son las interpretaciones», añadió.

Junto al tema de «la unidad de España», la Instrucción abordará otras cuestiones que preocupan a los obispos, algunas de las cuales ya han recibido pronunciamientos por parte de la CEE (Ley Orgánica de Educación, Ley de Reproducción Asistida, Educación para la Ciudadanía, etc.)

El secretario y portavoz de la CEE dijo que aún no hay una agenda de trabajo para la elaboración de la Instrucción y que ni siquiera se ha fijado fecha para la primera ponencia.
ZS06062324

ASAMBLEA EXTRAORDINARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL: Sopesar el bien de la unidad

Se acerca la fecha de la Asamblea Extraordinaria de la Conferencia Episcopal, que estará dedicada a examinar la situación actual de España, ya que la saturación de trabajo de la asamblea precedente no permitió a los obispos desarrollar un diálogo a fondo sobre la circunstancia histórica de nuestro país, marcada por una profunda secularización, por una política de laicismo radical y por un proceso que muchos califican de ruptura con el régimen constitucional del 78.

Evidentemente, los obispos no realizarán un análisis político en el sentido técnico de la palabra, pero no pueden dejar de tomar en consideración las coordenadas históricas de este momento a la hora de guiar al pueblo de Dios.  

También entre los obispos gana terreno la percepción de que nos encontramos en un momento de encrucijada histórica. No es que la mayoría de los problemas sean nuevos (casi todos tienen raíces históricas profundas), pero es verdad que el proceso político está actuando como catalizador de todos ellos.

Por un lado, la etapa abierta con la Transición había establecido un marco de reconciliación entre católicos y no católicos basado en los principios de libertad religiosa y colaboración del Estado con la Iglesia. En este marco, la Iglesia se ha sentido cómoda para desarrollar su misión en una sociedad plural. Como es natural, no han faltado las tensiones y las discrepancias, pero se han desenvuelto en un clima de lealtad básica, que es lo que ahora se ha comenzado a quebrar.  

Es cierto que el Gobierno de Zapatero no ha planteado formalmente la revisión de ese marco (como ha subrayado recientemente el Cardenal Rouco), pero también lo es que los soportes intelectuales del Ejecutivo vienen repitiendo machaconamente que el diseño constitucional de las relaciones con la Iglesia Católica es una anomalía que conviene corregir.

No se puede descartar que en esto, como en otras cosas, la Iglesia deba prepararse para una nueva etapa mucho menos halagüeña que la anterior.  Por otra parte, al calor del laicismo gubernamental, crece con mayor virulencia la hostilidad cultural contra el catolicismo, especialmente en los medios de comunicación y en los ámbitos intelectuales.

Esta es una planta que siempre ha existido en el solar español, pero ahora encuentra un suelo nutricio mucho más rico para su desarrollo. Sin duda los obispos tomarán buena nota y se preguntarán por el siempre pendiente diálogo cultural con el mundo "laico", que en España resulta tan difícil siquiera de emprender.  

Otro asunto en el que asoma la ruptura es el de la unidad solidaria de las regiones que integran la nación española. De ningún modo puede ser éste un asunto ajeno a las preocupaciones de los obispos, primero porque dicha unidad está vinculada a un patrimonio común de valores espirituales íntimamente ligado a la fe católica, y segundo porque la solidaridad entre los diferentes pueblos de España, amasada a lo largo de los siglos en una empresa común, es un valor que la propia Doctrina Social de la Iglesia no puede dejar de señalar. Así lo reconoce en su capítulo quinto la instrucción pastoral Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias 

En una reciente entrevista, el cardenal Rouco subrayaba que "la caridad cristiana vivida en el mundo de las realidades políticas respecto a España implica valorar su unidad y la cooperación de todos en torno al bien común, como un gran bien que no se debe perder". Ciertamente, a continuación el cardenal explicaba que la configuración jurídica de esa unidad es una cuestión éticamente abierta. Por todo ello, los obispos no pueden dejar de preguntarse en esta asamblea por el significado del actual proceso de debilitamiento jurídico-político, pero también afectivo y moral, de la unidad de España.

Los obispos andaluces lo han expresado con claridad palmaria en su nota sobre la reforma del Estatuto:  "Esta unidad, reconocida por la Constitución de 1978, ha entrelazado en forma tal los bienes materiales y espirituales de todos los españoles y su recíproca dependencia, que su debilitamiento o quiebra pudiera conducir a un daño de consecuencias imprevisibles irresponsablemente infligido al bien común, al cual debe supeditarse cualquier ordenamiento jurídico".  

Por otra parte, no es casualidad que este proceso de quiebra de solidaridad venga de la mano de unos estatutos marcadamente laicistas, cuyos capítulos de derechos y deberes suponen una reformulación encubierta de los derechos fundamentales reconocidos por la Constitución en clave radical.

Se verifica una vez más que el laicismo y el nacionalismo disgregador se reclaman mutuamente.  Mucho se ha especulado sobre la forma en que la Asamblea Plenaria podría formular esta preocupación, a la vista de los procesos de reforma estatutaria en curso. En la mencionada entrevista, el cardenal Rouco ha expresado su deseo de que se publique un documento al respecto, si bien parece difícil que vea la luz en la inminente asamblea extraordinaria; quizás aquí se tejan los mimbres para un texto que se aprobaría en otoño.

De todas formas, la andadura de este debate no será sencilla, y ahí está para demostrarlo la carta que 27 políticos e intelectuales catalanes han dirigido a todos los obispos advirtiéndoles de que una reivindicación de la unidad de España implicaría expulsar a los católicos que no comulgan con el centralismo. Claro que podríamos preguntarnos qué tiene que ver el centralismo con el reconocimiento del bien moral de la unidad, y por qué los firmantes de la carta alaban el reconocimiento de la realidad nacional de Cataluña en el documento episcopal Raíces cristianas de Cataluña, de 1985, y rechazan la posibilidad de que ahora el conjunto de los obispos de España valoren su unidad histórica como un bien moral a proteger.  

A los obispos no se les ha pasado por la cabeza sacralizar un modelo de Estado, como acusan estos críticos anticipados, sino juzgar desde el Evangelio la crisis de fondo que padece nuestra sociedad. Es una cita con la historia, a la que la Iglesia en España no debe faltar.  

Por José Luis Restán 

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 15 de junio de 2006 

El milagro del perdón

La cuestión del perdón ha planeado nuevamente estos días en la opinión pública en relación al proceso del fin de la violencia de ETA. El debate afloró a raíz de unas palabras pronunciadas por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Blázquez, en las que mostraba su deseo de que “se pida perdón, que se ofrezca y se reciba, para que se pueda llegar a una reconciliación más amplia y profunda en la sociedad”. Como era de esperar, no tardaron en sonar algunas voces que reclamaban al obispo de Bilbao mayor vehemencia en pedir el arrepentimiento a lo verdugos que en solicitar el perdón por parte de las víctimas.

Perdón, arrepentimiento, reconciliación… son conceptos con una hondura teológica que no se puede abordar en un artículo como éste. Tampoco se puede agotar en unas líneas esta cuestión, que es con toda seguridad el nudo gordiano de la recomposición de una sociedad que ha vivido casi cuatro décadas bajo el yugo de la violencia etarra.

Entiendo que para quienes hayan sufrido el zarpazo asesino de ETA, la idea del perdón se les antoje imposible, más aún cuando no vemos las mínimas muestras de arrepentimiento en los terroristas. Pero creo que la clave está en distinguir dos clases de perdón: un perdón “laico” y el perdón cristiano. El primero es humano, y por tanto no exentos de límites y cálculos; el segundo es sobrehumano.

Blázquez se refirió al segundo, y lo dejó claro al ligarlo a la misericordia, palabra que, como le gustaba repetir a Luigi Giussani, no debería estar incluida en los diccionarios, al no ser palabra humana sino divina.

Quien piense en este perdón como un gesto que se puede impartir sobre los terroristas de un modo global, tras un arrepentimiento comunitario, irá desencaminado. Esto será bueno y necesario para que no quede viciada la democracia. Pero el perdón cristiano al que se refiere Blázquez es de otra naturaleza. Tal perdón es un milagro que sólo Dios puede suscitar en el corazón de un hombre concreto. La imagen más potente que me viene a la mente es la de un Cristo a punto de morir en la cruz, gritando: “¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!”. Aquél que había predicado el amor a los enemigos adelantaba ahora el perdón a los culpables incluso a su conciencia de pecado y arrepentimiento.

En efecto, un perdón sin arrepentimiento previo genera escándalo. Es éste el perdón el que ofreció Juan Pablo II a Alí Agca, nada más recuperarse del intento de asesinato perpetrado contra él por este terrorista turco. Un perdón como el que han practicado en el instante de la muerte los miles de mártires cristianos a lo largo de la historia.

Este perdón es un milagro imposible para el hombre, pero posible para Dios. Sin embargo, es profundamente correspondiente con el deseo humano. Quien experimenta sobre sí este perdón, haya hecho lo que haya hecho, empieza a ver reconstruida su humanidad. Entonces puede darse un verdadero arrepentimiento, un cambio en el corazón.

Ésa puede ser ahora la gran aportación de la Iglesia a la convivencia porque, como dice Blázquez, este perdón cristiano es la llave de una más amplia y profunda reconciliación, como la que tanto necesita la sociedad vasca.

Ignacio Santamaría

Páginas Digital, 22 de mayo de 2006