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Iglesia católica

El obispo de Vitoria asegura que “la paz a cualquier precio no es un bien deseable”

Monseñor Miguel Asurmendi, obispo de Vitoria señaló ayer que la esperanza del llamado “proceso de paz” se va haciendo “cada vez más débil” debido a las dificultades que van surgiendo. Además, ahondó en la moneda de cambio de la tregua y dijo que “la paz a cualquier precio no es deseable”

Para el obispo de Vitoria, desde hace ya cuatro meses "muchos" se preguntan "qué precio va a tener la paz", con el convencimiento de que "a cualquier precio, la paz no es un bien deseable " que se alcance. Monseñor Asurmendi realizó estas manifestaciones durante la misa en honor a la Virgen Blanca en la capital alavesa, que desde ayer celebra sus fiestas patronales.

Durante su homilía, el obispo vitoriano destacó que "la mayoría mantiene la esperanza en un final dialogado de la violencia terrorista", pero advirtió de que la "esperanza se va haciendo débil por las dificultades que están surgiendo día a día".

Asimismo, destacó que "hay víctimas de la violencia terrorista que piden respeto a su dignidad y a la justicia en sus causas" y que "han dado ejemplo valioso cuando anteponen el bien común de la paz a sus legítimas reivindicaciones".

Por el contrario, lamentó el hecho de que existan "grupos sociales que parecen anteponer sus intereses no siempre legítimos al deseado bien de la paz". En este sentido, estimó que nos encontramos "en un momento especial" para la responsabilidad colectiva "en pro de la paz", que requiere "fuertes dosis de prudencia y de audacia" y exige a "todos" a anteponer "el bien común”.

Análisis Digital, 6 de agosto de 2006

Monseñor Uriarte pide que la "crispación o las ambiciones electorales" no impidan conseguir la paz

Monseñor Juan María Uriarte afirmó ayer que la paz requiere como elementos "básicos e imprescindibles" la "generosidad" y la "altura de miras". Tres meses después de que la banda terrorista ETA anunciase un “alto el fuego permanente”, el obispo de San Sebastián indicó ayer que “parece posible” que la paz llegue “un día no lejano”

“Ni la crispación, ni la indiscreción, ni la impaciencia, ni el derrotismo, ni el pugilato por el protagonismo ni las ambiciones electorales" impidan conseguir que "lo que hoy parece posible sea un día no lejano una realidad". Monseñor Uriarte se pronunció así durante la misa que ofició ayer en la Basílica de Loyola, en la localidad guipuzcoana de Azpeitia, con motivo de la festividad de San Ignacio.

En su homilía, el obispo de San Sebastián señaló que "ninguno es dueño de la verdad completa" y lo ilustró con el ejemplo de las figuras de San Ignacio y San Francisco Javier que, a pesar de sus "sensibilidades políticas contrapuestas", supieron que era posible "disentir sin romper la unión" y sin "renunciar a sus particulares sensibilidades".

También, se preguntó si "no encierra su actitud un mensaje para este pueblo nuestro tan reacio a asumir la diferencia, a gestionarla positivamente, a posponer los acuerdos ideológicos hoy imposibles para encontrar fórmulas prácticas que paguen el peaje compartido de autolimitarse para generar una convivencia en paz".

"¿No estamos llamados a converger, por encima de nuestras divergencias en la construcción del bien superior de la paz?", se cuestionó para pedir que "la pasión que fácilmente encienden las cuestiones políticas no nuble nuestra lucidez ni menoscabe el anhelo superior de una paz que esperamos y de la que todos somos, en nuestra medida, responsables".

A la ceremonia acudieron el lehendakari, Juan José Ibarretxe, y miembros del Ejecutivo vasco como los consejeros Miren Azkarate, Tontxu Campos, Esther Larrañaga, Nuria López de Gereñu, la presidenta del Parlamento, Izaskun Bilbao, así como una representación de los diputados forales con el diputado general, Joxe Joan González de Txabarri, a la cabeza y la presidenta de las Juntas Generales, Leire Ereño.

Análisis Digital, 2 de agosto de 2006

La unidad de España como bien moral

¿Qué relación existe entre España y el cristianismo? El asunto puede ser analizado desde dos perspectivas: política o moral. Desde el punto de vista político, el debate sería en qué medida el cristianismo, la unidad católica, es un bien político para España. Desde el punto de vista cristiano, la cuestión es la de si España, como unidad política constituye un bien moral.

La primera perspectiva es la propia del debate, muy importante en el pasado, pero hoy preterido, de cuál es el papel del Cristianismo en la conformación de España como nación. La segunda perspectiva, es más reciente. La festividad de Santiago Apóstol, patrón de España y el debate suscitado en la Conferencia Episcopal Española por los cardenales Rouco y Cañizares son dos buenos motivos para reflexionar sobre esta cuestión: ¿es la unidad de España un bien moral?

La verdad como bien moral

Cualquier reflexión cristiana sobre España debe partir de una primera premisa y es el respeto a la verdad. Sin verdad no hay cristianismo. La sentencia evangélica –"la verdad os hará libres" (Jn. 8, 32)– constituye un presupuesto no negociable para cualquier reflexión cristiana. Y ese presupuesto existe para la moral privada y también para la moral pública. Así lo dijo la Conferencia Episcopal Española: "la vida política tiene también sus exigencias morales".

Partiendo de esta idea hay que sentar una segunda premisa: independientemente de cómo se la califique políticamente ("Nación", "Estado", "patria", "país",...), España es una realidad y no una invención. Es más, se trata de una realidad reconocida en la mismísima Sagrada Escritura. San Pablo, en su Carta a los Romanos, por dos veces, menciona a España (Hispania), al anunciar un viaje de evangelización (Rom 15:24 y 15:28). En consecuencia, el respeto a la verdad exige reconocer que España existe desde los tiempos apostólicos.

Las palabras de la Sagrada Escritura son las mismas Palabras de Dios convertidas en palabras del hombre. Las Sagradas Escrituras por ser sagradas para el cristiano, poseen una confiabilidad por la cual nosotros podemos poner toda nuestra confianza sobre lo que debemos creer y cómo debemos de actuar. Esta confiabilidad está basada sobre lo que la Iglesia llama inerrancia. Pío XII lo dejó bien claro:

"escritos [los libros de la Biblia] bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales fueron confiados a la misma Iglesia... [esta es] doctrina católica, que para los libros enteros con todas sus partes reivindica una tal autoridad divina, que está inmune de cualquier error"

Los nacionalismos y separatismos españoles a la luz de la moral

Las dos premisas anteriores no suponen, de momento, que la unidad política de España sea un bien moral, pero sí implican que una actuación moralmente buena no puede mentir o falsear que España existe. Ahora bien, estas premisas constituyen un criterio moral para analizar las ideologías de los nacionalismos y separatismos que han surgido en España. En este momento del razonamiento, no podemos, aún, dictaminar que los nacionalismos o separatismos sean, en sí mismos, moralmente malos. Ahora bien, sí podemos dictaminar que aquellos nacionalismos o separatismos que niegan la existencia de España son moralmente malos, por rechazar una verdad. Siguiendo el razonamiento establecido hasta aquí, aquellas ideologías que no sólo pretenden la independencia de determinados territorios, sino que además, niegan que España exista o haya existido, son moralmente malos.

A este respecto, junto al análisis de los textos fundadores de esos nacionalismos o separatismos, el lenguaje habitual es un indicio importante para evaluar la moralidad de los proyectos separatistas. Allí donde, deliberadamente, se oculta la palabra "España" siendo sustituida, sistemáticamente, por otras palabras o expresiones (como el "Estado", sin siquiera la adjetivación de "español"), existe un discurso moralmente malo por cuanto rechaza conscientemente la verdad. El ejemplo más elocuente de ello es el discurso del nacionalismo vasco donde no sólo se pretende la independencia de las provincias vascas, sino que se evita, sistemáticamente, mencionar la palabra "España". Los obispos de las diócesis vascas tienen así la grave responsabilidad de denunciar el silenciamiento consciente de la verdad. ¿Se habrá llegado en alguna celebración religiosa en las diócesis vascas a omitir o mutar la palabra "España" cuando haya cumplido leer en un acto religioso la Carta de San Pablo a los Romanos?

El hecho de que algunos nacionalismos, los que niegan la existencia de España, puedan ser calificados de inmorales, no deja aún resuelta la cuestión de la calificación moral de aquellos nacionalismos que pretenderían la independencia política de determinados territorios sin negar la existencia de España en otras dimensiones. Desde este punto de vista, cabría analizar la moralidad de las propuestas que negasen a España el calificativo de "Nación" pero no su existencia bajo otro tipo de calificativo. Un tal planteamiento, de darse, equipararía estos nacionalismos separatistas a los nacionalismos de los Estados-nación europeos que afirman la existencia de sus naciones sin negar, en ningún momento, por respeto a la verdad, que forman parte de Europa.

Conviene observar, a este respecto, que los Estados-nación europeos, que reconocen la existencia de sus naciones, pero también de Europa, impulsan el proceso de unidad europea, por considerar que el mismo es bueno. Sin embargo, nada impediría reconocer la existencia cultural de Europa y, sin embargo, oponerse a su unidad política. Lo que resultaría inmoral, por cuanto falso, sería el negar la unidad cultural europea por esas entidades políticamente independientes.

De aquí se extrae una primera conclusión. En este momento del razonamiento, los nacionalismos o separatismos surgidos en España podrían ser lícitos en cuanto pretendan una independencia política, pero resultarían inmorales en cuanto nieguen, oculten, tergiversen o falsifiquen la unidad cultural española.

La unidad de España como bien moral

Sentados las ideas que permiten calificar como moralmente aceptables o inaceptables las ideologías nacionalistas, la siguiente cuestión es la de considerar si la afirmación de España como unidad, no sólo cultural, sino también política, es buena moralmente.

La historia de España, se convierte, así, en un criterio indispensable para este juicio moral. ¿Ha sido la unidad de España un bien moral para la Iglesia?

El primer gran momento de nuestra historia en donde esto ha podido verse fue el III Concilio de Toledo, celebrado el 8 de mayo de 589. Este acontecimiento, hoy tan silenciado, ha sido calificado, no sin razones, por algunos, como el acta de nacimiento de la Nación Española. En aquel momento, España era una unidad políticamente independiente. El poder político utilizó la unidad para favorecer la ortodoxia de la Iglesia Católica, lo cual hubiese sido notoriamente más difícil de no haber existido un poder político centralizado. En el III Concilio de Toledo, vemos las dos perspectivas apuntadas al inicio de este escrito: por un lado, el poder político obtuvo un reforzamiento de su posición gracias al apoyo que le brindó la Iglesia Católica... pero, por otro, la Iglesia Católica pudo más eficazmente combatir las doctrinas heterodoxas gracias al hecho de que hubiera una unidad política.

Lo mismo ocurrió en el momento de la Reconquista. Vista desde los intereses de la Iglesia (y no desde la perspectiva política), la expansión de la fe católica se vio notoriamente favorecida cuando los reinos independientes existentes en España actuaron concertadamente. El caso más señalado fue, sin duda, la batalla de las Navas de Tolosa, 1212. Igualmente, y desde la perspectiva cristiana (y no política), la derrota del islam en Lepanto (1571) fue posible porque España era una unidad política. De no haberlo sido, las dificultades para reunir una flota suficiente quizá habrían hecho imposible la victoria.

Conclusión


Antes se hablaba de lo que España debe al cristianismo, que es ciertamente mucho. Pero sólo ahora, cuando se ha producido una aceleración vertiginosa del proceso de desmembración territorial se ha planteado la cuestión de lo que la Iglesia debe a España. El hecho de que España haya sido una unidad, y que esa unidad haya sido puesta al servicio de los intereses de la Iglesia, ha permitido a ésta logros que, de estar España fragmentada políticamente, hubiesen sido altamente improbables. Por tanto, la unidad de España, indiscutiblemente, ha sido un bien moral. Ahora, la lectura de ciertos preceptos de los nuevos Estatutos catalán y andaluz nos revela que el proceso de desmembración parece ir paralelo a un debilitamiento de la convergencia de las leyes con las exigencias de la moralidad católica. En consecuencia, hoy en día, podemos afirmar que la unidad de España es un bien moral. Que España como unidad política pueda o no ser en el futuro moralmente buena para la Iglesia es algo que sólo el tiempo dirá.

Por Carlos Ruiz Miguel

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 27 de julio de 2006

RAZÓN Y RELIGIÓN: un diálogo entre Habermas y Benedicto XVI

He aquí un libro breve pero de contenido grandioso. El tema principal es mostrar la ubicación de la religión en la ciudad. La idea de Dios en la tradición occidental es el asunto central de la discusión entre un filósofo que sólo tardíamente ha tenido sensibilidad para acercarse a la religión y un teólogo racionalista que durante bastantes años ejerció como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

La traducción al castellano de este diálogo entre un filósofo, Habermas, y un teólogo racionalista, Joseph Ratzinger, que tuvo lugar el 19 de marzo de 2004 en la Academia Católica de Baviera, no puede ser más oportuna para elevar el pobre nivel de discusión en que Gobierno socialista ha situado el catolicismo en España. La lectura de este libro muestra, en primer lugar, la lejanía entre lo que defienden estos dos autores sobre los fundamentos religiosos de la democracia, por un lado, y el Gobierno socialista español, por otro. Mientras que entre los primeros hay casi una completa coincidencia a la hora de reconocer el cristianismo, la religión católica, como una fuente, o mejor, un reservorio moral del Estado de Derecho, el Gobierno socialista, por el contrario, y de acuerdo con el anticlericalismo propio de siglos pasados, utiliza la palabra "Dios", por decirlo con María Zambrano, como si se tratara de un pedrusco.

La teoría de la acción comunicativa de Habermas ha evolucionado hasta el punto de reconocer a la tradición católica en general, y a la teología de la verdad de Ratzinger en particular, que las sociedades post-seculares no pueden prescindir de la sabiduría moral que se desprende de las tradiciones religiosas. Al fin Habermas, de modo parecido al Ortega de los años 30, tiene que considerar críticamente el laicismo; más aún, éste tiene un componente totalitario de difícil defensa.

En otras palabras, la filosofía racionalista nos enseña que el anticlericalismo deviene en puro analfabetismo, salvajismo totalitario, cuando le cuesta reconocer, como diría María Zambrano, que es imposible comprender la calidad de una cultura sin entender previamente la calidad de sus dioses, o mejor, de su Dios.

A diferencia de lo que mantuvo en el pasado, Habermas concede a Ratzinger que la religión pervivirá en las sociedades secularizadas como un factor esencial, que alimente la sensibilidad moral de sus ciudadanos. Por su parte, Ratzinger, hoy papa Benedicto XVI, reconoce que el cristianismo no es una religión cualquiera, sino una religión ilustrada; o sea, frente al Dios de las religiones más o menos fideístas, el cristianismo forma parte desde sus comienzos de los esfuerzos desmitologizadores del pensamiento racional.

En segundo lugar, este libro muestra con gran inteligencia y sensibilidad estética, especialmente por parte de Ratzinger, la falsedad de algunas contraposiciones entre liberalismo y pensamiento católico, entre razón y fe. Hace tiempo que la democracia cristiana, más de lo que considera Habermas, hizo causa común con el liberalismo, con los defensores liberales del Estado de Derecho. En cualquier caso, valga como ejemplo del fin de esos debates, a veces más ficticios que reales, la declaración que hizo Habermas en agosto del año 2005, cuando Benedicto XVI visitó Colonia, sobre la reconciliación de la Ilustración con el pensamiento católico:

"Desde el Vaticano II la Iglesia Católica ha hecho las paces con el 'liberalismo', es decir, con el Estado de Derecho y la democracia. Por lo tanto, no existían grandes diferencias entre el punto de vista del entonces cardenal Ratzinger y el mío por lo que respecta a la cuestión de los 'fundamentos prepolíticos de la democracia'. Los puntos en común abarcan también ciertas cuestiones bioéticas que se plantean hoy en día como consecuencia de los avances de la medicina, la ingeniería genética o la investigación del cerebro".

Por Agapito Maestre

Joseph Ratzinger y Jürgen Habermas: Dialéctica de la secularización. Sobre la razón y la religión. Encuentro, 2006; 69 páginas.

Libertad Digital, suplemento Libros, 21 de julio de 2006

Benedicto XVI pide rezar por la conversión de los terroristas

INTROD, viernes, 21 julio 2006 (ZENIT.org).- En pleno recrudecimiento del conflicto en Oriente Medio, Benedicto XVI ha pedido rezar por la conversión de los territoristas.

Esta fue la consigna que dejó a las carmelitas de Quart, localidad cercana a Les Combes (Introd), al visitarles el 14 de julio, en su primera excursión en estos días que transcurre de vacaciones en los Alpes italianos. Las mismas religiosas han revelado ahora contenidos de su conversación a la prensa.

«Rezad también por los terroristas, pues no saben que no sólo hacen daño al prójimo, sino ante todo a sí mismos», dijo el Papa, según ha referido a la prensa sor Maria, una de las diez carmelitas de la comunidad religiosa.

Preocupado por lo que sucede en Tierra Santa, el Papa añadió: «Ahora experimentamos una agudización del conflicto en el Líbano, pero también en otras muchas partes del mundo hay personas que sufren a causa del hambre y de la violencia».

«La vida contemplaiva y rica de caridad abre el cielo a la humanidad, que tanto lo necesita, pues hoy en el mundo parece como si Dios no existiera. Y donde no está Dios hay violencia y terrorismo».

El Santo Padre, según refirió la religiosa al diario italiano La Repubblica el 18 de julio, manifestó también su preocupación por la continua emigración de cristianos de Tierra Santa.

El convento de Quart fue inaugurado por Juan Pablo II en 1989.

Benedicto XVI ha convocado para el próximo domingo, 23 de julio, una Jornada de oración y penitencia por la paz en Oriente Medio.
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La revista católica internacional de pensamiento y cultura, Communio, de nuevo en la calle y, también, en internet.

Quienes formamos parte de la Asociación Procommunio, e impulsamos esta nueva etapa de Communio junto con la editorial Encuentro, pensamos en la necesidad de que exista una publicación de pensamiento católico que pueda convertirse en una revista de referencia de alta divulgación en este campo, con una orientación diversa de la hasta ahora -casi exclusivamente- teológica y académica. Para ello deseamos, partiendo del enfoque actual, darle un nuevo impulso y, enriqueciendo su propuesta anterior, prestar un servicio renovado a la Iglesia y a la sociedad española.

Creemos que hay un espacio sin explotar en las publicaciones en nuestra lengua, el del pensamiento católico sosegado, sólido y de fondo -pero no sujeto a la disciplina cuasi perodística de la cita semanal o mensual con los lectores- ni tampoco a la formalidad académica. Por ello, apostamos por este proyecto, por una revista de referencia atenida a la circunstancia española e hispanohablante, que cubra la laguna cultural e intelectual de la publicación del tipo de la que ofrecemos en esta nueva etapa.

DESTINATARIOS

Los destinatarios potenciales, tal y como los vemos, comprenderían -entre otros-:

  • Lectores no católicos que se sientan interpelados por el diálogo que la Iglesia puede establecer con el mundo.
  • Lectores no católicos y católicos distanciados de la Iglesia, interesados en tener un conocimiento serio del pensamiento católico y eclesial.
  • Lectores católicos deseosos de encontrar una publicación que se tome en serio el trabajo por "conciliar" la comunión eclesial hoy.
  • Suscriptores antiguos.
  • Suscripciones de bibliotecas de facultades de ciencias y letras civiles.
  • Suscriptores y lectores universitarios.
  • Suscripciones de parroquias pujantes con matrimonios jóvenes y grupos jóvenes de universitarios donde puede interesar tener disponible una publicación católica de referencia con un juicio de la actualidad.
  • Suscriptores de familias que participen de movimientos eclesiales vivos.
  • Lectores laicos con un interés incipiente en teología.
  • Miembros y colectivos en general de instituciones religiosas, agrupaciones, asociaciones, centros de formación o espiritualidad, etecétera.

PROPÓSITO

Para dar abasto a un público tan amplio creemos que sería suficiente con ser fieles al propósito inicial de Communio, añadiéndole algún enriquecimiento. Un esbozo del retrato podría ser el siguiente:

  • Revista que se proponga se un espacio de diálogo con los no católicos, dando voz a autores con los cuales se confronte un juicio serio y católico, procurando no caer en el academicismo. Buscamos así establecer un diálogo "ad gentes" con el mundo de la reflexión y el pensamiento, así como con otras confesiones religiosas, otras inspiraciones éticas, u otras convicciones o creencias.
  • Revista que afronte los problemas de falta de entendimiento y distanciamiento respecto de la fe de puertas adentro en la Iglesia. Que sea capaz de abordar el exigente problema de las cuestiones fronterizas con inteligencia y valor, siempre al servicio de la comunión y para dar también a los cristianos claves de reflexión para la tarea misionera.
  • Revista fiel al Magisterio, que procure dar cabida a todas las líneas de opinión, escuelas, corrientes, movimientos, sensibilidades, etcétera, mientras quepan en el ancho marco del Evangelio.
  • Revista que incluya algunos artículos más propiamente teológicos, accesibles para personas interesadas en la temática, siendo -no obstante- muy interdisciplinar. Aspiramos, así mismo a que la edición española se convierta en una pieza más de la gran red de revistas de Communio, capaz de aprovechar sus riquezas y enriquecerla simultáneamente.
  • Revista capaz de mantener un seguimiento de la actualidad desde la reflexión serena, con la mayor apertura posible. Como católicos, “nada de lo humano nos es ajeno” y, partiendo de su corazón teológico, la revista debe apostar decididamente por los grandes debates de la cultura contemporánea.

NUEVA ÉPOCA DE COMMUNIO

En el inicio de esta nueva andadura de la revista Communio es preciso volver la vista atrás y tener muy presente el espíritu que presidió su fundación, allá por los años del posconcilio. Esta actitud respetuosa con los orígenes es la única razonable, habida cuenta de que no se trata de fundar una revista nueva -en cuyo caso habría que comenzar por buscarle otro nombre-, sino de dar continuidad a una realidad ya existente.

Lo que se acaba de decir no está reñido con el hecho de que, en este nuevo período de su historia, la revista haya de acomodarse a las circunstancias presentes y reorientarse en su planteamiento cuanto sea necesario para cumplir con mayor eficacia su función.

  • En esta nueva etapa, la revista Communio se concibe como una Revista de pensamiento y cultura en sentido amplio. Se trata de ofrecer una nueva tribuna al pensamiento católico, en la que éste pueda expresarse con el detenimiento y el rigor que suelen echarse en falta en muchos medios de comunicación españoles. La revista estará atenta a la realidad eclesial y social española, así como a la hispanohablante, a fin de ofrecer análisis iluminadores, desde la perspectiva cristiana, sobre cuestiones que preocupan -o deberían preocupar- a la opinión pública.
  • Apenas hace falta decir que la teología tendrá un peso importante dentro de la revista, que no en vano fue fundada por un grupo de teólogos. Más aún, parece imprescindible que la teología esté presente en todos los números de esta publicación. Pero no por ello será una revista teológica únicamente. Su campo de intereses es, como queda dicho, más amplio. De este modo espera llegar a un público más numeroso y cumplir mejor su función como instrumento de diálogo entre la fe y la cultura, ya que concebimos la cultura como un "lugar teológico" en toda su plenitud.
  • Se recordará que el alma del grupo de teólogos que fundó la revista fueron Balthasar, Ratzinger y de Lubac, etcétera con quienes tenemos una inmensa deuda de gratitud. Por eso las páginas de Communio estarán siempre disponibles para quienes hoy hacen teología -y no sólo teología- inspirados en la obra de estos autores. En este sentido, sería bueno que la revista trabara lazos de colaboración con instituciones dedicadas a difundir y prolongar la obra de los mismos. Pero, el mejor homenaje que cabe hacer a la memoria de estos teólogos es conservar la inspiración inicial de la revista, que nunca fue una revista sobre sus fundadores, sino un lugar de encuentro entre diferentes orientaciones intelectuales dentro de la Iglesia. Eso sí, se hará un seguimiento cercano del pensamiento y pontificado de Benedicto XVI, por razones obvias, al ser en la actualidad el sucesor de Pedro.
  • Conviene precisar el "género" en el que se escribirán las contribuciones a la revista. Debido a que queremos llegar a un público amplio, los artículos no incurrirán en un excesivo tecnicismo. No se tratará de trabajos especializados, repletos de referencias bibliográficas y escritos en un lenguaje para iniciados. Han de ser accesibles a una persona de cultura media, sin por ello incurrir en una simplificación o trivialización de los puntos de vista expuestos. Alcanzar ese punto de equilibrio entre el rigor y la accesibilidad es difícil, qué duda cabe. Pero esto justamente es lo que pretendemos pedir a nuestros autores.
  • Se mencionó más arriba que Communio ha de ser un lugar de encuentro de las distintas sensibilidades católicas. Convendrá insistir en este extremo. La revista no estará adscrita a ninguna corriente o movimiento eclesial en particular, sino que estará cordialmente abierta a todos. De este modo, pretende contribuir en la medida de sus fuerzas a la importantísima tarea del fomento de la fraternidad intraeclesial. Por eso parece conveniente que no esté vinculada o subordinada a ninguna institución en especial. Cualquier vinculación suscitaría recelos y allanaría el camino de quienes, aun antes de escuchar al prójimo, proceden a encasillarlo.
  • Debe quedar claro que si bien la revista será siempre respetuosa con los distintos puntos de vista, no siempre podrá aceptarlos todos. Al menos en lo que se refiere a lo que se presente por autores católicos como la fe la Iglesia no siéndolo. Precisamente porque se trata de una revista católica, la consonancia con el magisterio de la Iglesia será un criterio siempre aplicado a la hora de aceptar o rechazar artículos. Esto no quiere decir que no se puedan expresar libremente opiniones sobre temas aúna debate o procedentes de personas ajenas al carolicismo.
  • Los párrafos precedentes no pretender retratar exhaustivamente la nueva etapa de la revista Communio. Pero quizá sean suficientes para justificar la siguiente afirmación: que en el mundo editorial español no existe hoy en día una revista de estas características. A menudo deploramos el escaso nivel argumentativo de los debates que se registran en la opinión pública española, pero con lamentarse nada se gana. Es preciso que el pensamiento católico español tenga órganos de expresión propios en los que pronunciarse sobre esos debates -y, más en general, sobre cualesquiera cuestiones o eventos de tipo cultural-. Si lo hacemos, es razonable pensar que podamos ganar la adhesión de un sector del público lector que echa de menos propuestas de esta naturaleza.

El Director

Declaraciones del arzobispo de Pamplona: “La Iglesia facilitó la llegada de la democracia en España”

Monseñor Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona y Tudela, instó a los obispos a “dar buen ejemplo” para devolver a los católicos “la confianza y la estima de su propia fe, porque han logrado inculcarnos la desconfianza”. Opina que "la actitud de la Iglesia y de la mayoría de los obispos” ayudó a impulsar la democracia "desde dentro del franquismo".

ABC publicó ayer la entrevista con el prelado Sebastián. El arzobispo aseveró que “el principal problema de la Iglesia en España es la debilidad en la fe de los españoles”. Aseguró que los “cristianos españoles llevan dentro de su fe la debilidad, las dudas, la infidelidad, la incoherencia, el dejarse colonizar por la cultura atea en la que vivimos” y señaló que tal vez esto obedece a la “comodidad, la cobardía” de todos, incluso de los “sacerdotes, los religiosos y de los fieles seglares”.

No hacemos falta
Asimismo, el arzobispo de Pamplona, recalcó que en hoy en día los políticos no cuentan con la Iglesia. “Estamos en otros tiempos, los políticos católicos no recurren hoy a la Iglesia para que seamos mediadores de nada, no les hacemos falta”.

Por ello, el prelado les recordó a los ciudadanos las acciones morales de sus decisiones políticas. “El voto de los ciudadanos como todas las acciones libres del hombre son acciones morales y tienen que estar regidas por alguna ley moral”, añadió.

Navarra no será vasca
Por su parte, el arzobispo de Pamplona aseguró que la “reiterada pretensión del nacionalismo vasco de anexionar el actual territorio de Navarra siempre me ha parecido infundada, injusta y contraria a la voluntad de la inmensa mayoría de los navarros”.

Por último, el prelado destacó que en el momento actual no se tiene suficientemente en cuenta la decisiva contribución de la Iglesia al advenimiento de la democracia. “Ahora parece que fue la izquierda la que trajo la democracia y no es verdad; la democracia la trajeron una serie de personas desde dentro del franquismo, y desde fuera del ámbito de las instituciones políticas, la democracia la impulsó y la facilitó enormemente la actitud de la Iglesia y de la mayoría de los obispos”.

ELPLURAL.COM, 20 de julio de 2006

El caso de los sacerdotes «colaboracionistas» con el régimen comunista en Polonia

Entrevista al historiador Peter Raina

VARSOVIA, martes, 18 julio 2006 (ZENIT.org).- El historiador Peter Raina aclara en esta entrevista concedida a Zenit --realizada por Włodzimierz Redzioch-- las condiciones en las que vivía el clero polaco bajo el régimen comunista y explica cómo se ha orquestado la campaña de calumnias desencadenada contra el mismo tras la muerte de Juan Pablo II.

El profesor Raina estudió en Oxford, obtuvo el doctorado en la Universidad de Varsovia y enseñó Historia Contemporánea en la Universidad de Berlín.

Es autor de numerosos libros sobre Historia Moderna de la Iglesia y ha publicado 13 volúmenes sobre la historia del Primado polaco, cardenal Stefan Wyszyński.

Se ha ocupado además, con ensayos y artículos, de la historia del padre Jerzy Popieluszko, asesinado por el régimen comunista, y del padre Konrad Hejmo, acusado por la prensa de ser un espía ruso en el Vaticano.

--Algunas semanas después de la muerte del siervo de Dios Juan Pablo II empezó una gran campaña de denigración del clero polaco, acusado de haber colaborado con los Servicios de Seguridad del régimen comunista. El primer sacerdote que fue objeto de tales acusaciones fue el padre Konrad Hejmo, persona conocidísima en Polonia y en el Vaticano porque durante 20 años dirigió el centro para los peregrinos polacos en Roma, y acompañó a los grupos de peregrinos que visitaban al Papa. Los títulos de los diarios de todo el mundo fueron tremendos («El espía comunista en la corte de Juan Pablo II», por citar uno de los más difundidos). Usted ha calificado el asunto Hejmo como «un linchamiento del sacerdote». ¿Podría explicarnos qué hay detrás de este linchamiento?

--Raina: He descrito detalladamente «el asunto Hejmo» en mi libro publicado en polaco, titulado «La Anatomía del Linchamiento» (Editorial Von Borowiecky), pero puedo brevemente recordar esta triste historia. Ni siquiera dos semanas después de la muerte de Juan Pablo II, el doctor Kieres, director del Instituto de la Memoria Nacional (IPN), dio la noticia de que uno de los sacerdotes cercano al Santo Padre proporcionaba información a los Servicios de Seguridad. Como el director no reveló el nombre del presunto espía, en un primer momento todos pensaban que se tratase de un viejo amigo del cardenal Wojtyła, el padre Mieczysław Maliński. En los días siguientes, Maliński tenía que repetir a los medios que no se trataba de él.

Algunos días después, Kieres reveló además de modo espectacular ante los periodistas el nombre del padre Hejmo. Pero lamentablemente, desde el inicio las noticias difundidas por el director eran dudosas o falsas. Antes que nada, informó a los periodistas que había recibido el dossier del padre Hejmo del Ministerio del Interior sólo el 14 de abril de 2005 (luego se descubrió que estaba en posesión del material ya desde el 2 de diciembre de 2004). Nacen entonces las preguntas: ¿por qué el Ministerio del Interior mandó el material relativo al padre Hejmo en diciembre de 2004? ¿Quién pidió este material? Según las normas establecidas por el Parlamento polaco sobre el funcionamiento del Instituto de la Memoria Nacional, los órganos del Estado pueden pedir al Instituto que controle si una persona que debe ocupar un puesto en la Administración del Estado colaboró con los Servicios comunistas. ¡Pero el padre Hejmo no pretendía ocupar ningún puesto en el aparato del Estado!

¿Por qué entonces decidieron ocuparse de su caso? Además, el director Kieres no podía revelar públicamente, lo dice el estatuto del Instituto, el nombre de la persona verificada. ¿Por qué entonces decidió hacerlo, atrayendo sobre sí incluso las críticas del Garante de los Derechos de los Ciudadanos? El «caso Hejmo» es sólo uno de tantos. Luego le tocó al padre Drozdek, rector del famosísimo santuario mariano de Zakopane, y a los otros.

--¿Cómo estaba organizado en Polonia el aparato de la represión del clero?

--Raina: Uno de los objetivos principales del totalitarismo comunista era la destrucción psicológica o la eliminación física de los opositores. La persecución física consistía en el uso de la violencia, incluido el asesinato. El terror psicológico servía para destruir la personalidad del hombre. Para esto servía la reclusión durante largos años en las prisiones, a menudo en completo aislamiento. Cada ciudadano podía encontrarse en la situación «sin salida». Todos debían ser conscientes de que su vida privada, la carrera profesional y el futuro dependían de los Servicios de Seguridad (en polaco «Służby Bezpieczeństwa» o SB). El aparato de seguridad formaba parte de la estructura del Ministerio del Interior (MSW), donde existía un departamento especial, el llamado Departamento IV, que se ocupaba específicamente de la lucha contra la Iglesia (entonces se hablaba de la lucha contra el «clero reaccionario»). Existía también un despacho de investigación especial («biuro C») que recogía todas las informaciones relativas a las personas «sospechosas».

Hay que decir que a pesar de las persecuciones, que se prolongaron durante largos años, las autoridades comunistas no lograron ni destruir la Iglesia Católica ni romper sus lazos con el pueblo, como han hecho muchas otras organizaciones no comunistas. La razón de este fracaso era la profunda raíz de la Iglesia en la sociedad polaca. Los comunistas fracasaron también porque a la cabeza de la Iglesia en Polonia en esos años difíciles había un gran pastor y estadista –el Primado de Polonia, el cardenal Stefan Wyszyński. Su postura hacia el totalitarismo se convirtió en el símbolo de la lucha contra el comunismo.

--¿Cómo lograban obligar los funcionarios de los Servicios de Seguridad a los sacerdotes a colaborar, y en qué consistía esta colaboración?

--Raina: Los Servicios de Seguridad usaban dos métodos. El primero, era la política anti-eclesial de las autoridades; por ejemplo: la abolición de las clases de religión en las escuelas, las prohibiciones de organizar ceremonias religiosas, obstaculizar el uso de los medios de comunicación por parte de la Iglesia. El segundo método, el terrorismo psicológico, era mucho más pérfido. Los modos de aterrorizar a los sacerdotes eran múltiples y vale la pena enumerar algunos: los sacerdotes más celosos eran acusados de actividades contra el Estado y de servicio al enemigo imperialista. Eran procesados en espectaculares procesos-farsa que acababan con la pena capital o largas penas de detención. Ciertos sacerdotes, como por ejemplo el reverendo Kaczyński, murieron extenuados en las prisiones. Se trataba de comprometer al sacerdote para poderle chantajear. Era una praxis común recoger todas las informaciones posibles sobre las costumbres de cada sacerdote: si le gustaba el alcohol o las mujeres, si estaba frustrado en el trabajo. A menudo, se empleaban agentes-mujer para crear alguna situación comprometedora para el sacerdote; se hacían fotografías a escondidas o la agente informaba que estaba embarazada. Entonces, pudiendo chantajear al sacerdote, se le hacía una propuesta de colaboración con los Servicios. La colaboración con el SB consistía en proporcionar información sobre la situación de la parroquia, la actividad del párroco, el comportamiento y las convicciones del obispo, etc.

En cada provincia, funcionaban las Oficinas para las Confesiones Religiosas (Urzad ds. Wyznań) ligadas a los Servicios Secretos, que controlaban las actividades de las organizaciones eclesiásticas. Cada vez que el episcopado polaco publicaba una carta pastoral conteniendo una crítica al sistema comunista, cada obispo local era llamado por el presidente de la provincia para un encuentro en el que debía dar explicaciones y aclaraciones sobre tal carta. En aquellas ocasiones, los funcionarios estatales usaban el método del «palo y la zanahoria»: pasaban de las amenazas a las ofertas de ayuda (por ejemplo en la construcción de una nueva iglesia), si el obispo hubiera prometido tomar distancia del Primado. Normalmente, los obispos rechazaban toda colaboración y por este motivo las iglesias no se construían, la policía financiera controlaba con malicia las cuentas y las tasas de las parroquias, los seminaristas eran maltratados durante el servicio militar obligatorio.

La censura del Estado normalmente se limitaba a la tirada de revistas eclesiásticas. El aumento de la tirada dependía de la decisión del empleado de la Oficina para las Confesiones Religiosas, que colaboraba con los Servicios Secretos. Con los sacerdotes directores o secretarios de revistas se usaba el método que llamaría: «Algo a cambio de algo». Se prometía dar permiso para aumentar la tirada o proporcionar más papel (entonces la distribución del papel estaba completamente en manos del estado) si los responsables de las revistas se comprometían a proporcionar informaciones respecto a los miembros de la Redacción. Ciertos responsables, con el permiso verbal de los superiores, aceptaban tales chantajes porque la posibilidad de aumentar la tirada de la prensa religiosa era percibida como prioritaria.

Una de las armas de chantaje más usadas por los Servicios Secretos era la concesión de un pasaporte para poder viajar al exterior. Cada ciudadano que hacía solicitud de pasaporte era invitado a un encuentro en las oficinas del SB. También en estos casos valía la regla «Algo a cambio de algo»: al ciudadano se le daba el pasaporte si prometía proporcionar información, y los Servicios querían saber todo sobre la gente. Obviamente esta regla valía también para los sacerdotes que, para poder ir a estudiar al exterior (muchos sacerdotes soñaban con visitar Roma y seguir los estudios en las universidades pontificias) o para ser misioneros, debían pedir el pasaporte. Normalmente los sacerdotes contaban hechos sin ningún significado para satisfacer de alguna manera al funcionario de los Servicios, que tomaba nota de todo.

--Tras la caída del comunismo, ¿los miembros del viejo aparato de represión fueron juzgados por sus delitos?

--Raina: Lamentablemente no. Fue condenado algún criminal del periodo estalinista (años ‘50) pero casi ninguno del periodo siguiente (de los años ‘60 a los ‘80). Esta impunidad es culpa de los gobiernos que se han sucedido en el periodo post-comunista.

--¿Qué ha pasado con los enormes archivos de los Servicios de Seguridad comunistas?

--Raina: Todo lo que sucedía y sucede en los viejos archivos de los Servicios comunistas es una cosa extraña y fuera de toda norma. Le doy un ejemplo, empezando por el primer gobierno post-comunista de Tadeusz Mazowiecki. El primer ministro nombró ministro del Interior a su colega Kozłowski, subredactor jefe del semanario «Tygodnik Powszechny» de Cracovia. Con el permiso del ministro Kozłowski, cuatro personas, entre ellos dos activistas de la vieja oposición política, un historiador y un periodista, escudriñaron en los archivos durante seis semanas. El solo hecho de que Kozłowski permitiera a extraños tener acceso a los archivos con los secretos de Estado es un gesto ilegal, que en el Estado de Derecho sería castigado. Oficialmente estas personas «ordenaban» los archivos del Ministerio del Interior, pero un funcionario del propio Ministerio privadamente dijo que «ciertas personas» destruyeron sus dossier. Además el mismo historiador ha admitido recientemente haber colaborado con los Servicios Secretos en los años ‘70 durante su estancia como estudiante en la Alemania Federal.

No se sabe nada en cambio sobre lo que haya hecho en los archivos el periodista. El hecho es que, mientras tanto, se descubrió que personas de la redacción de «Tygodnik Powszechny» colaboraban con los Servicios. El tema es mucho más desagradable si se piensa en lo relativo al ambiente que hoy a menudo se yergue como “voz libre” de la nación. La gente tiene derecho a saber la verdad sobre estos personajes. Según la decisión del Parlamento polaco (Sejm) los archivos de los Servicios Secretos deberían ya desde hace tiempo estar en los fondos del llamado Instituto de la Memoria Nacional (en polaco «Instytut Pamięci Narodowej» – IPN), pero no es así. Una parte de los archivos ha sido retenida en el Ministerio y, paradójicamente, para ordenar los archivos se emplea a ex funcionarios del Servicio. Podemos sólo imaginar los resultados de tal trabajo.

--¿Qué fuerzas y qué razones están detrás de este linchamiento mediático hacia el clero en Polonia?

--Raina: No tengo duda alguna: detrás de este linchamiento están ciertos ambientes ex comunistas junto a los cosmopolitas ambientes liberales que quieren comprometer a la Iglesia a los ojos de los ciudadanos. No por casualidad han elegido a personas que tienen un cierto prestigio moral en la sociedad. El momento obviamente no es casual: los antes citados ambientes han esperado la muerte del Papa que temían, para desencadenar un ataque frontal contra la Iglesia Católica.

--Las acusaciones contra los sacerdotes se basan en informes escritos por los miembros de los Servicios de Seguridad. ¿Qué valor tienen estos documentos?

--Raina: Los documentos de los Servicios que yo pude consultar personalmente son creíbles, pero cada documento hay que leerlo atentamente y hay que saberlo valorar. No debemos olvidar cómo fueron redactados estos informes. A menudo los funcionarios en sus informes añadían siempre algo para hacer ver que trabajaban bien. Ocurría que los funcionarios declaraban haber pagado a un agente, pero no era verdad, porque el dinero acababa en su bolsillo. Hay que subrayar que encontrarse con los funcionaros de los Servicios no quiere decir ser un colaborador; entonces antes de acusar a alguien, hay que estar seguros de que había firmado el documento de colaboración o que recibía dinero. No se puede declarar públicamente que alguien era un agente, un espía sólo porque se encontraba con los funcionarios de los servicios. Esto quiere decir denigrar a la persona.

--Desde que el cardenal Stanisław Dziwisz se ha convertido en arzobispo de Cracovia, también en esta ciudad han empezado a acusar a los sacerdotes de ser colaboradores de los Servicios Secretos comunistas. Estas acusaciones han sido movidas también por un sacerdote, el padre Isakowski-Zalewski, el cual, sin permiso del arzobispo y sin ninguna preparación científica, ha empezado a escudriñar entre los documentos de los Servicios. Este sacerdote ha convocado luego una rueda de prensa para distribuir el elenco de los presuntos «espías». Así el cardenal Dziwisz se opuso para evitar denigrar a sacerdotes. La decisión del purpurado ha sido ásperamente criticada por ciertos medios italianos. ¿Cómo valora la decisión del cardenal Dziwisz?

--Raina: La decisión del cardenal Dziwisz es justísima, porque el padre Isakowski-Zalewski no se ha comportado correctamente ni según la ley. Si ha logrado obtener su dossier del Instituto de la Memoria Nacional, es libre de difundir su contenido. Pero ¿por qué amenaza con publicar los nombres de los otros sacerdotes? ¿Y cómo es posible que el Instituto le haya dado los dossier relativos a otras personas? Según la ley, el Instituto puede dar tales dossier sólo a los historiadores para su investigación, pero el padre Zalewski no hace investigaciones históricas, busca más bien suscitar clamor en torno a su caso. El control de los ciudadanos para verificar si colaboraban con el régimen comunista debe ser hecho con mucha responsabilidad. Por ello la iniciativa del cardenal Dziwisz de crear una comisión especial diocesana para estudiar el fenómeno de colaboracionismo entre los sacerdotes es importante y loable.

--La mayoría de los polacos está desilusionada porque en la Polonia democrática no se ha logrado procesar a los criminales del pasado régimen comunista, a los organizadores y a los ejecutores del sistema de terror. Además, se somete a las víctimas, es decir a los sacerdotes, a la pública condena de los medios de comunicación, haciéndoles víctimas por segunda vez. Y algo todavía más extraño: no se ha logrado procesar a los periodistas ni a los jueces que fielmente servían al Estado dictatorial comunista. ¿Por qué todo esto?

--Raina: Es verdad que en Polonia funcionan las instituciones democráticas, pero Polonia no ha alcanzado todavía la condición en la que rige un verdadero Estado de Derecho. Lamentablemente, la lucha política mira a los sillones y a los intereses privados, y no al interés y el bien de la nación. Ha prevalecido el oportunismo. Los medios se caracterizan por su extremismo y no por su imparcialidad. Diría que ésta es una nueva forma de totalitarismo y en este clima se lincha por segunda vez a las víctimas del totalitarismo comunista.
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