Blogia
Foro El Salvador

Iglesia católica

Homilía de Monseñor Sebastián en la Misa-funeral por los Reyes de Navarra

Homilía de Monseñor Sebastián en la Misa-funeral por los Reyes de Navarra Monasterio de San Salvador de Leyre, 7 de junio de 2007

Alteza, Rdmo. P. Abad, Sacerdotes concelebrantes y Comunidad benedictina, Excmo. Sr. Presidente del Gobierno Foral de Navarra, Excmo. Sr. Delegado del Gobierno de España, Dignísimas Autoridades, Hermanos y hermanas,

Ante las muchas personas que nos miran con escepticismo, es legítimo preguntarnos por qué rezamos aquí cada año por el eterno descanso de los Reyes de Navarra. ¿Es éste un acto serio de devoción o es simplemente un acto convencional que no tiene un contenido serio y verdadero? Si, como dicen algunos, fuera verdad que la política está exenta de toda referencia a Dios y a cualquier otra realidad trascendente, si fuera verdad que las actuaciones políticas no están sometidas a ninguna consideración moral de naturaleza superior y objetiva, tendría poco sentido pedir a Dios misericordia y perdón para quienes tuvieron especiales responsabilidades políticas .

 

Nosotros rezamos por nuestros Reyes del pasado, y encomendamos a Dios a nuestros Reyes de hoy, a la Familia Real entera y a todos nuestros gobernantes, porque creemos firmemente que la política, como cualquier otra actuación humana, tiene que ser una actuación regulada por alguna norma moral de tipo objetivo . No basta que sea una actuación conforme con la conciencia subjetiva de cada uno, sino que tiene que estar regida por unos criterios morales vinculantes, fundados en la naturaleza de las cosas, en la dignidad de la persona, en las exigencias objetivas de la convivencia, como son la verdad y la justicia.

 

La conciencia personal, para ser garantía de un comportamiento justo, no puede regirse por sí misma, sino que tiene que referirse a una realidad objetiva y común a la que le podamos conceder valor común vinculante. Para los creyentes esta realidad es la voluntad de Dios Creador . En términos más comunes es, al menos, la dignidad y los derechos consecuentes de la persona, tal como de hecho son reconocidos en la tradición humanista y moral de cada sociedad y de cada cultura. En una u otra perspectiva, podemos y debemos reconocer que el ejercicio de la autoridad tiene que regirse por el servicio al bien común de las personas, según sus derechos cultural y legalmente reconocidos. Para nosotros los cristianos, estos derechos tienen, además, como último fundamento la sabiduría y la voluntad del Dios Creador. Nadie es más que los demás por sí mismo. La autoridad, en su substancia, no en sus formas, viene de Dios, puesto que responde a los designios de Dios que en toda sociedad humana, pequeña o grande, haya alguien con capacidad y autoridad para proteger y promover el bien común (Cf Rom 13, 4ss).

 

En los ambientes no cristianos se suele presentar esta consideración religiosa de la autoridad como un peligro de fundamentalismo y autoritarismo. Nosotros pensamos lo contrario. Dios es el mejor guardián de la libertad del hombre. El enseña a sus fieles a ser respetuosos con la libertad y la dignidad de los demás, tal como El mismo hace con todos . Es más bien la visión laicista de la autoridad la que puede degenerar en un ejercicio caprichoso y desmesurado de la autoridad, según las pretensiones de quien la ejerce, sin la regulación y la mesura que implica el respeto a la ley santa de Dios.

 

En estos momentos, un ejercicio de la autoridad que quiera ser moralmente justo tiene que promover la unidad todas las personas e instituciones en la lucha contra el terrorismo, por todos los medios legales y morales. Debería también respetar y favorecer positivamente el ejercicio de la libertad religiosa de todos los ciudadanos sin discriminaciones ni desconfianzas ni imposiciones injustas. El reconocimiento efectivo de la función positiva de las religiones es una exigencia indispensable para poder hablar de la existencia de un gobierno verdaderamente democrático que respeta plenamente la libertad de los ciudadanos. En nuestro caso, las autoridades tienen también ante sí la clara obligación de favorecer la colaboración de todas las instituciones en favor del bien general de todos, sin exclusiones ni discriminaciones. La colaboración de todos en favor del bien común de la sociedad está por encima de las legítimas diferencias políticas dentro del ordenamiento democrático de la sociedad. Es obligación de quien ejerce la autoridad el favorecer y estimular esta colaboración sin fomentar divisiones ni exclusiones de ninguna clase. La unidad, la cohesión y la convivencia de todos los ciudadanos de España es una tarea abierta que de una manera u otra nos afecta a todos.

 

Con estas ideas y con estos sentimientos, pedimos a Dios perdón y misericordia por nuestros Reyes y dirigentes difuntos, y le pedimos también por los Reyes y la Familia Real, junto con nuestros gobernantes actuales y futuros, para que, por mediación de Jesucristo que se ofreció por el bien de todos, les asista interiormente a fin de que promuevan el bien integral de todos los ciudadanos en todas las tierras de España, con verdad, prudencia y justicia.

 

Monasterio de San Salvador de Leyre, 7 de junio de 2007

 

+ Fernando Sebastián Aguilar,

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

La inmoralidad del terrorismo. Carta semanal del Arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco Vicente.

La inmoralidad del terrorismo. Carta semanal del Arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco Vicente. La lucha contra el terrorismo es un reto moral de toda la sociedad, y especialmente de sus representantes políticos. El terrorismo es la práctica del crimen con el fin de conseguir objetivos políticos, sociales o económicos mediante el terror, con la paralización y el sometimiento de la población y de sus instituciones legítimas.

 

Corresponde a la Justicia y a los poderes públicos la adopción de las penas y medidas para acabar con el terrorismo. Las personas que nos ocupamos y preocupamos por aportar criterios morales en nuestra sociedad no podemos permanecer callados ante la profunda inmoralidad del terrorismo. No caben ambigüedades: es objetivamente ilícita y repudiable cualquier colaboración con los terroristas, con los que los apoyan, encubren o respaldan en sus acciones criminales.

 

El terrorismo corrompe cuanto se relaciona con él, por lo que el final del terrorismo será consecuencia de su aislamiento y su derrota. Sin estas condiciones el fin del terrorismo es sólo aparente y engañoso. Dejar rescoldos de una mentalidad terrorista pone en peligro a toda la sociedad, porque en cualquier momento puede resurgir el incendio de la amenaza de muerte, de la violencia y de la intimidación que acorrala las libertades más elementales.

 

No debemos cansarnos en la lucha contra los que nos agreden desde el terror. Al contrario, debemos renovar nuestras convicciones. En fechas recientes, los Obispos hemos recordado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, totalmente incompatible con una visión moral de la vida, justa y razonable. El terrorismo vulnera gravemente, y muchas veces de modo irreversible, el derecho a la vida y a la libertad, y muestra la más dura intolerancia y totalitarismo.

 

El gobierno, los partidos políticos y todas las instituciones tienen que trabajar con todos los medios legítimos para que llegue el fin del terrorismo, para que no acabe por imponer su lógica y su triunfo. Con el terrorismo no caben cálculos ni estrategias convergentes: no hay ningún tramo del camino que se pueda compartir con los que están dispuestos a matar de forma traicionera por imponer sus ideas.

 

También quienes formamos la Iglesia católica y todas las demás instituciones políticas y religiosas estamos obligados a colaborar específicamente en este inaplazable empeño. Nuestra contribución tiene una especial responsabilidad en la iluminación moral de lo que es el terrorismo y de la calificación moral que merece. No podemos consentir que la contaminación ideológica que practican los terroristas obscurezca el sentido moral de las personas de buena voluntad.

 

Hay un principio moral irrebasable a la hora de plantear posibles acercamientos a los terroristas: una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer de ningún modo a una organización terrorista como representante legítimo de sector alguno de la población, ni tenerla como interlocutora. Los contactos eventuales de la autoridad pública con los terroristas deben ceñirse a establecer las condiciones conducentes a la desaparición de la banda terrorista, en nuestro caso, a la desaparición de ETA y excluir todo lo referido a la organización política de la sociedad.

 

Para la normalización de la sociedad y para la reconciliación entre los ciudadanos, hay que exigir el cese absoluto de la violencia y la renuncia neta de los terroristas a imponer sus proyectos mediante la violencia. Sólo la renuncia seria y definitiva a utilizar la violencia y el terror puede considerarse como el punto de partida hacia la paz.

 

La respuesta de la sociedad frente a la amenaza terrorista no podrá ser suficientemente firme y efectiva, mientras no se apoye en una conciencia moral colectiva sólidamente arraigada en el reconocimiento de la ley moral natural que protege la dignidad y la libertad de las personas. Al tiempo, el testimonio de las víctimas es imprescindible para reavivar en todos nosotros la urgencia del respeto a la vida y a la libertad de todos los seres humanos, sin distinciones ni restricciones de tiempo ni de lugar.

 

Una vez más, quiero rogar a Dios por el fin del terrorismo y por la conversión de los terroristas, al mismo tiempo que quiero expresar todo el afecto, el respeto y la sincera solidaridad con las víctimas, con sus familiares y amigos, con todas las personas que han sufrido directa o indirectamente los golpes del terrorismo.

 

Con mi bendición y afecto,

 

Agustín García-Gasco Vicente (Arzobispo de Valencia).

 

Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 10 de junio de 2007

 

Los obispos condenan el comunicado sobre el «fin de la tregua» de ETA

Los obispos condenan el comunicado sobre el «fin de la tregua» de ETA

MADRID, martes, 5 junio 2007 (ZENIT.org-Veritas).- La Conferencia Episcopal Española lamenta y condena con firmeza el comunicado de la banda terrorista ETA, calificándolo como una «nueva agresión a la convivencia en justicia y libertad».

 

Mediante una nota de prensa, los obispos recuerdan que «el terrorismo es intrínsecamente perverso» y afirman que «ninguna reivindicación política otorga legitimidad a nadie para amenazar y asesinar».

 

«Al contrario, quienes así actúan se convierten en criminales a cuyas conductas ha de ser aplicada la Ley con todo su justo rigor», continúan.

 

La Conferencia Episcopal recuerda la Instrucción Pastoral de la Asamblea

Plenaria de la Conferencia Episcopal titulada Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002 y afirman que «conserva plenamente su valor», recomendando «volver a leerla».

 

«Los obispos han aconsejado en diversas ocasiones que se rece por la conversión de los terroristas y por el final de esta plaga lacerante de la convivencia», expresa la Conferencia Episcopal Española, que afirma que «las víctimas del terrorismo y sus familiares tienen un lugar especial en la oración y en el apoyo de los católicos».

 

Por su parte, los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria han publicado la nota que a continuación presentamos.

 

 

* * *

 

 

 

El comunicado de ETA publicado hoy dando por finalizado un “alto el fuego” ya interrumpido con el atentado del pasado 30 de diciembre, constituye una pésima noticia. Si en marzo del pasado año, al comunicarse el inicio del mismo, expresábamos alivio y esperanza ante las expectativas que se abrían a la paz y a la libertad, ahora compartimos el sentimiento de frustración y el dolor extendidos entre la población.

 

Recogiendo el sentir mayoritario de nuestra sociedad y en defensa de los derechos fundamentales de la persona, pedimos a ETA que revoque su decisión y anuncie el cese definitivo de su violencia. Esta sociedad no necesita la tutela de ningún grupo ni la amenaza o el uso de la violencia para reclamar sus derechos o cumplir sus obligaciones. La violencia ejercida real o potencialmente es contraria a la justicia, a la libertad y a la paz, y cierra cualquier camino hacia ellas. Debe, por tanto, desaparecer sin contrapartidas.

 

Es preciso seguir buscando la paz. Lo requiere el inmenso sufrimiento que ha generado y sigue generando la confrontación destructiva de la que queremos salir definitivamente. En este sentido, reconocemos el trabajo paciente de quienes se empeñan con honradez y sinceridad en mantener abiertos los caminos hacia la paz y la reconciliación.

 

La esperanza de un pueblo es un resorte necesario para construir la paz. Sostiene el ánimo y la energía para procurarla. Quienes ponen en peligro el camino hacia la paz y minan la esperanza, contraen ante la sociedad, ante la historia y ante Dios una gravísima responsabilidad.

 

Invitamos a la comunidad cristiana a pedir insistentemente a Dios el don de la paz y a trabajar esperanzadamente por conseguirla.

 

 

Bilbao, San Sebastián y Vitoria, 5 de junio de 2007

 

+Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao

+Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián

+Miguel Asurmendi, Obispo de Vitoria

+Carmelo Echenagusia, Obispo Auxiliar de Bilbao

Sobre el cierre de la Iglesia roja de Vallecas. La política no tiene derecho a convertirse en una liturgia representada por políticos-sacerdotes como Bono y Zerolo.

Sobre el cierre de la Iglesia roja de Vallecas. La política no tiene derecho a convertirse en una liturgia representada por políticos-sacerdotes como Bono y Zerolo. Se ha montado una gran polvareda por la supuesta decisión del Arzobispado de Madrid de cerrar la parroquia de San Carlos Borromeo. Así las cosas, conviene pasarse por la página web que tiene la parroquia y leer la nota de prensa del arzobispado de Madrid, (http://www.sancarlosborromeo.org ), donde se recuerda que la parroquia no estaba autorizada a dar servicio religioso a los fieles desde el año 1985, hace ya 22 años, y se había orientado cada vez más a la atención y servicio de los marginados, en especial a los drogadictos de la zona, que son muchos.

Toda esta labor es muy necesaria, y el Consejo Presbiteral, un órgano elegido por los sacerdotes de la diócesis de Madrid, ha acordado por unanimidad transferir las actividades de atención a los marginados a Caritas Madrid. En ningún momento, sigue diciendo el comunicado, se expulsa a los curas de la parroquia: simplemente se les pide que sigan asumiendo las tareas de educación y atención social que se venían prestando en ese lugar, bajo las órdenes de Cáritas.

Resumiendo: que a partir de ahora manda Caritas, y ellos seguirán ejerciendo las funciones, pero impiden de facto que celebren actos religiosos con liturgias creadas por ellos mismos: sin altar, sin confesionarios, ni vírgenes, sin lecturas del Antiguo Testamento y con lecturas del Corán.

 

Todo el mundo comprende y apoya, incluido el Consejo Presbiteral, la buena labor de Enrique de Castro con esos marginados, especialmente los drogadictos. Muchos de los que aplauden al Arzobispado de Madrid, saldrían en procesión parcantera si les montaran un centro de acogida del Proyecto Hombre, tal y como desgraciadamente ha pasado en Alicante, despreciando el mandato evangélico fundamental. Pero la cuestión a debatir en este caso, es si es lícito dar atención religiosa “católica” sin respetar las “formas litúrgicas” de los rituales de la Iglesia Católica.

 

Para juzgar si la cuestión de las formas litúrgicas es una cuestión discutible o menor, es necesario tratar de comprender que son las normas litúrgicas de cualquier religión. En todas las civilizaciones ha habido una comunicación con lo trascendente, con los dioses, etc. Miles de millones de personas son creyentes en una u otra religión, y aceptan sus ritos de culto como formas de comunicación con lo divino.

Si siempre ha existido una comunicación trascendente del hombre a lo divino en todas las culturas, no es tan absurdo pensar que las distintas culturas hayan creído que Dios o lo divino se revelara de alguna forma. Esa es la esencia de la religión: la revelación de lo trascendente al hombre a través de unas formas concretas, de unos ritos muy determinados. Lo divino, Dios, los dioses, quieren ser adorados e iluminar la vida de los hombres a través de esos ritos cultuales, esas formas, que son sagradas y que no pueden ser transgredidas en su esencia.

 

En el caso de la religión católica, el culto de la misa, que es el centro de la liturgia católica, se basa en los ritos de la Pascua judía, que se celebraba con pan sin levadura, y un cordero pascual, sin mancha, sin sangre, al que no se le rompían los huesos (símbolo del mismo Jesucristo).

Los creyentes que asisten a la misa católica, saben que ningún símbolo litúrgico es casual, puesto que son manifestaciones de lo divino transmitidas de generación en generación durante 2000 años. Si toda la forma litúrgica está sujeta a discusión, se transforma en un juego meramente humano, y lo sagrado desaparece.

La religión trata de revelación, de acogida de un mensaje de Dios. Una religión inventada y adaptada a base de golpes de asamblea plebiscitaria, desaparece, y se transforma en política. La política, puede dar a los seres humanos el mayor poder que existe, pues es la suma de poderes individuales mediante el consenso, pero, no puede colmar el deseo de lo sagrado, que es una sed de unidad del ser humano que se siente disgregado dentro de él mismo, de los demás y de Dios.

La política, además, también ha sido pasto de las llamas del mal absoluto, no es el lugar donde el cielo de la utopía se cumple, como ha demostrado el siglo XX.

La política no tiene derecho a convertirse en una liturgia representada por políticos-sacerdotes como Bono y Zerolo, transformar la religión en una asamblea política sin noticias de Dios, cuya ausencia se suple con la camaradería de los camaradas del Partido, que corre el peligro de divinizarse y transformarse en el Partido Único, capaz de salvarnos del mal, porque es el único capaz de ejecutar y conseguir las mas excelsas aspiraciones humanas.

 

El cura Enrique de Castro, es una persona entregada al servicio de los más miserables. Creo que el Consejo Presbiteral ha demostrado con hechos que le respetan y quieren contar con él así como con otros que ayudan en esa labor. Pero su insistencia en celebrar una liturgia propia, que rechaza la doctrina recogida en el Catecismo de la Iglesia Católica, refleja que desea otra Iglesia "nueva", que identifica una visión de la religión como acción política, porque cree que la acción política es la única capaz de transformar el mundo, mientras que los ritos y liturgias religiosos, son en el fondo, símbolos históricos vacíos, recuerdos de la figura de un Jesús de Nazaret que no tiene fuerza real.

 

Sin embargo, para los creyentes de cualquier religión, la liturgia, en su forma y ritos, muestra un tú concreto y sagrado que indica el camino en nuestra existencia, donde el culto es la forma de adorar a Dios, porque está revelada por Él. La liturgia es la irrupción del mundo divino en nuestro mundo. Por eso, las formas importan mucho.

Se adora a Dios, se le ama de una determinada forma, en la que resuena la tradición entregada y revelada por y a los creyentes a lo largo de los siglos. Lo que no puede permitir ninguna institución religiosa, ninguna religión, es que haya gente que se dedique a crear una liturgia, unos actos de culto que van en contra de sus tradiciones básicas.

Y a pesar de ir en contra de una liturgia milenaria, no se les ha expulsado de la parroquia ni de la Iglesia, sino que se les permite seguir ayudando a los marginados. ¿Donde está el fascismo y la fuerza opresora de la Iglesia en este caso?

Claudio Martínez Mockel

Forum Libertas, 6 de junio de 2007

Último mensaje del sacerdote asesinado en Irak

Último mensaje del sacerdote asesinado en Irak

ROMA, lunes, 3 junio 2007 (ZENIT.org).- El sacerdote asesinado el domingo en Mosul envió cuatro días antes de su muerte un mensaje a la asociación católica internacional Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).

 

El sacerdote, de 35 años de edad, estudió siete años en la Universidad Pontificia Angelicum de Roma con una beca de AIN y finalizó ahí sus estudios de eclesiología ecuménica.

 

En su carta decía: «Sólo quería hacerles saber que siempre rezo por todos ustedes para que el Señor los proteja de todo mal».

 

El padre Ganni aseguraba que, para él, era un «privilegio» haber podido demostrar en todo momento que «la providencia divina se revela a través de personas humildes, cuyo único objetivo es trabajar por el Reino de Dios siguiendo el ejemplo de Jesús».

 

Marie-Ange Siebrecht, jefa de la Sección encargada de Irak en la Asociación, que conoció personalmente al padre Ragheed Gianni, asegura que los jóvenes sacerdotes como él son un signo de esperanza para la Iglesia iraquí, porque están dispuestos a sacrificarse por su país.

 

Ahora, el padre Ganni incluso ha dado la vida, pero la señora Siebrecht asegura que no ha sido en vano, pues, en palabras de Tertuliano, la sangre de los mártires es la semilla del Cristianismo.

 

No obstante, su muerte le ha provocado una profunda conmoción. «Debemos ser solidarios con los cristianos iraquíes», ha añadido.

 

El sacerdote regresó a su país hace cuatro años. Según informan los medios de comunicación, recibió amenazas en repetidas ocasiones. Finalmente, le dispararon tras oficiar la santa misa, y junto a él murieron otros tres subdiáconos.

 

El padre Gianni informaba en su carta de la creciente carencia de sacerdotes, pues muchos clérigos abandonan el país debido a la difícil situación y con el fin de asistir a los refugiados iraquíes. Los secuestros y abusos violentos que padecen los cristianos se suceden, sobre todo, entre los miembros del clero.

 

El padre Ragheed Ganni escribió en su carta a AIN que consideraba una bendición haber tenido la oportunidad de conocer personalmente al fundador de AIN, el sacerdote premonstratense Werenfried van Straaten: «El encuentro con este santo varón fue para mí un momento inolvidable».

 

Para el P. Werenfried van Straaten, la asociación fundada por él en 1947 no era en primer lugar una organización de ayuda, porque consideraba que su tarea principal consistía en «escribir un martirologio de los tieimpos modernos», pero «no desde una oficina, sino como testigo presencial y, por tanto, con la mayor compasión y emoción».

 

El fundador de AIN solía decir: «El sufrimiento de los mártires es útil para todos nosotros. De ahí que sufrir por el nombre de Jesús, estar unido con el Jesús que sufre y participar de su obra de redención sea una gran distinción».

ZS07060413

La Santa Sede establece relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos

La Santa Sede establece relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 mayo 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede y los Emiratos Árabes Unidos han decidido establecer de común acuerdo relaciones diplomáticas, anunció un comunicado conjunto emitido este jueves.

 

Según explica el texto, la decisión tiene por objetivo «promover relaciones de amistad mutua y de desarrollar la cooperación internacional».

 

Según este paso, la Santa Sede abrirá una nunciatura apostólica en Abu Dhabi y los Emiratos Árabes Unidos una embajada en Roma, según lo establecido por la Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas del 18 de abril de 1961.

 

El acuerdo ha sido firmado por el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, como representante de la Santa Sede, y por Abdulaziz Nasser Al-Shamsi, embajador y representante permanente de los Emiratos Árabes Unidos ante la ONU, como representante del gobierno de esta Federación.

 

Los Emiratos Árabes Unidos son una Federación de siete emiratos independientes con una población de más de cuatro millones de habitantes, con un alto porcentaje (más del 70%) de trabajadores extranjeros.

 

La mayoría de la población es musulmana, religión del Estado, aunque se considera que en el país viven más de un millón de cristianos, en su mayoría católicos, pertenecientes a más de cien nacionalidades.

 

Una nota explicativa difundida por el Vaticano explica que «en la Constitución se afirma la libertad religiosa y los cristianos pueden realizar sus actividades religiosas públicas en las iglesias y en las parroquias».

 

Los Emiratos Árabes Unidos forman parte del vicariato apostólico de Arabia, que tiene su sede en Abu Dhabi, y está confiado al obispo Paul Hinder, O.F.M.Cap.

 

En el país, hay siete iglesias y en ellas se celebra la misa en diversos ritos y lenguas. Se espera la autorización para la construcción de nuevos edificios de culto. Congregaciones religiosas prestan su labor educativa en siete escuelas

 

Con los Emiratos Árabes, 176 estados mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

 

A éstos se suman las Comunidades Europeas y la Soberana Orden Militar de Malta y dos misiones con carácter especial: la misión de la Federación Rusa y la Oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

 

Cuando Juan Pablo II fue elegido obispo de Roma, en 1978, la Santa Sede mantenía relaciones diplomáticas con 85 países.

 

Entre los países con los que la Santa Sede todavía no mantiene relaciones diplomática plenas se encuentran la República Popular China, Vietnam, Corea del Norte, y Arabia Saudí.

ZS07053106

El cardenal Cañizares propone un cambio cultural para evitar el resquebrajamiento de Europa

El cardenal Cañizares propone un cambio cultural para evitar el resquebrajamiento de Europa

ROMA, martes, 29 mayo 2007 (ZENIT.org).- El cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, considera que Europa necesita un cambio cultural para no resquebrajarse.

 

Así lo explicó este martes el primado de España al participar en el Congreso «Cristianismo y Secularización. Retos para la Iglesia y para Europa», organizado por la Universidad Europea de Roma, de la Congregación de los Legionarios de

Cristo, en colaboración con el Centro Nacional de Investigación (CNR).

 

En el acto también participó el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado.

 

En su intervención, el cardenal Cañizares advirtió de que, igual que sucedió con el socialismo real, Europa podría «resquebrajarse» si pervierte los valores que la fundaron, si «subordina la moral a las necesidades del sistema y a sus promesas de futuro», en cuya raíz está «la devaluación y la ruptura de la relación entre la fe y la razón».

 

Este camino, dijo, podría llevar a la «quiebra de la humanidad» y a la «verdadera ruina que es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral».

 

Respecto al la pretensión de reducir la fe y lo cristiano sólo a la interioridad o al espacio de lo privado, Cañizares afirmó que «es encaminar Europa a la disgregación y condenarla a dejar de hacer su propia historia».

 

Por tanto, señaló, es decisivo para el futuro de Europa y de los europeos «recordar y exigir que la dignidad humana preceda cualquier acción y decisión política».

 

Cañizares recordó que Europa, «es cuna y morada de las ideas de persona, verdad y libertad, de la dignidad humana», y que garantizar el futuro y la construcción de una Europa que sea «casa común» «depende de la salvaguarda de aquella dignidad, y de la existencia conforme a ella».

 

«Exiliar a Dios es exiliar a la razón», advirtió, pues aunque el hombre pueda excluir a Dios, no lo podrá hacer «sin que tenga graves consecuencias para el hombre». Por el contrario, «afirmar a Dios es afirmar al hombre».

 

La propuesta del arzobispo primado de España es un «cambio cultural que obstaculice el hundimiento y la derrota de aquello que es humano, y la íntima fractura de la sociedad», un cambio que garantice la convivencia entre los hombres, y cuya clave de futuro es «superar la fractura entre la razón y la fe».

 

Recurriendo en varias ocasiones al pensamiento de Benedicto XVI, a su discurso en Ratisbona y a la encíclica «Deus Caritas est», el cardenal apuntó que «la garantía de toda convivencia y acuerdo entre los hombres consiste en el actuar según la razón, lo que ocurre en la medida en que se actúa en conformidad a la naturaleza de Dios».

 

Un mundo que reconoce a Dios como el centro de la historia y de la existencia no es un rebajamiento del hombre sino «una actitud que lo conduce al nivel más alto de su condición humana y reclama el crecimiento de la razón».

 

Pero un mundo secularizado, «más propenso a olvidar a Dios que a reconocerlo», «en el que Dios es reducido al silencio», es un mundo «más propenso al pragmatismo que a la esperanza, al egoísmo más que al amor, al cálculo más que a la generosidad».

 

ZS07052914

¡Todo un cura! “A quien concierna”

¡Todo un cura! “A quien concierna”

He recibido una carta sin remite y sin firma, a la que contesto públicamente, con la esperanza de que sea leída por los interesados.

 

Mi primera impresión fue de sorpresa. Pero después de releerla detenidamente no dudé en pensar que lo que tenía en mis manos era un panfleto del más rancio corte estalinista. Esto se desprende ya desde el primer párrafo que dice literalmente: «Nos dirigimos a Vd. porque venimos constatando su inhibición y escaso interés en la defensa de la Iglesia Vasca».

 

¿Desde cuándo existe la «iglesia vasca»? ¿Quién es el fundador de tal iglesia? ¿Quiénes son sus autoridades? ¿En qué lugar de Euskal Herría residen?... No alarguemos inútilmente este interrogatorio. Yo he sido bautizado en la Iglesia Católica, que tiene su origen y fundamento en Jesucristo. Mi Obispo y el Papa son mis autoridades. Y todos mis esfuerzos están orientados en esa dirección.

 

Por otra parte, ¿quiénes son Uds. para pretender «obligarme a trabajar más activamente por una Euskal Herría libre, soberana e independiente», como afirman en su carta? Desde mi infancia aprendí que mi patria es España. En ella he crecido, en ella vivo y en ella espero morir, si Dios quiere. No estoy, en absoluto, por la labor de establecer nuevas fronteras, sino más bien por derribar muros y mugas que nos separen.

 

Tienen la desfachatez de señalarme algunas tareas, como por ejemplo: «poner nombres vascos a los que se bautizan». Señores míos, ¿de verdad que hablan en serio? ¿Estarían dispuestos a aceptar que el cura pusiera los nombres a sus hijos? No me lo puedo creer.

Para darle consistencia a tan absurda proposición citan «el comportamiento ejemplar de muchos curas patriotas». Yo pensaba que este lenguaje obsoleto y arcaico, y este afán por promover «iglesias patriotas», sólo se daba en la extinta Unión Soviética y en los países de su órbita comunista, sin excluir la China de Mao Tse-Tung. Esto me suena a manual de Marxismo-Leninismo para principiantes.

 

Finalmente, su atrevimiento llega hasta «pedirme, también, el voto para H.B. ¡Qué más da cómo nos llamen los fascistas…!» Pues va a ser que no. Sería lo último que se me pudiera ocurrir. ¿Cómo voy a votar por quienes no son capaces de condenar la violencia que asesina indiscriminadamente, y no sienten ningún escrúpulo al profanar los humildes monumentos que el pueblo erige en recuerdo de las víctimas del terrorismo, como acaba de suceder en Berriozar con el monumento a Francisco Casanova, a quien me correspondió enterrar. Es como volver a asesinarlo de nuevo. De verdad que no me resulta ilusionante colaborar con sujetos de semejante catadura moral.

 

Domingo Urtasun, párroco de Mendavia

Cartas al Director

Diario de Navarra

23/05/2007