Blogia
Foro El Salvador

Observatorio del nacionalismo vasco

La patita de Pedro J. Ramírez

Lo bueno de situaciones como la que vivimos es que cada cual termina retratándose. Y a algunos la cámara no les favorece. Miren, por ejemplo, a Pedro J. Ramírez, aquel que hace pocos años defendió con ardor de propagandista el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. Miren lo que escondía tras aquella careta.
En su editorial del jueves, el director de “El Mundo” empezaba el desbarre arremetiendo contra Otegi «cuya chulería quedó de manifiesto en sus gestos en la Audiencia Nacional». Arnaldo Otegi, hay que recordarlo, levantó el puño ante la camada facha que le insultaba.

Bueno, el caso es que, según Ramírez, «Otegi se siente lo suficientemente fuerte y crecido como para usurpar el concepto de ‘verificación’, habitualmente empleado por el Gobierno para referirse a las intenciones de ETA, equiparando la renuncia a la violencia y la renuncia de dos Estados a ejercer su soberanía». Y, en este punto, Ramírez empieza a mostrar la patita peluda: «Siempre hemos dicho que todos los planteamientos políticos, incluso los más delirantes, son respetables mientras se hagan por medios democráticos y en ausencia de toda violencia o extorsión. Ahora bien, contra el vicio de pedir está la virtud de no dar (...) El Gobierno tiene que dejar muy claro a ETA que deberá resignarse a pedir por vías políticas lo que el Estado jamás le va a conceder. El techo, el límite de lo que el Estado puede ceder, está en una reforma del Estatuto de Guernica, que el Parlamento vasco estaría legitimado para proponer tras el hecho consumado del Estatuto catalán. Y aun así sería discutible en la medida en que podría ser interpretado como el pago de un precio político a cambio de dejar de matar. En todo caso, una reforma del Estatuto de Guernica acorde con la Constitución se queda a años luz de las exigencias de ETA». Es bueno que hablen así de claro, aunque sea por los nervios. Y concluye: «La pregunta clave, por tanto, es qué harán Otegi y los suyos cuando su ‘verificación’ resulte, como únicamente puede resultar, negativa. Si siguen clamando en el desierto, no habrá nada que objetar. Si vuelven a las andadas, el tiempo habrá dado la razón a quienes advierten que, en caso de que ETA no alcanzara sus objetivos por las buenas, seguiría intentándolo por los medios criminales de siempre». La pregunta podría ser: ¿Qué van a hacer Ramírez y los suyos cuando una mayoría del pueblo vasco reclame lo que es suyo? ¿Seguir negándose violentamente a reconocerlo?

Maite Soroa (Gara, 16 de abril de 2006)


Probable fin de otro ciclo en Lakua

Según algunos cálculos, hechos al modo del cuento de la lechera, el Parlamento salido de las elecciones autonómicas de hace un año debía ser el de la mayoría absoluta del tripartito PNV-EA-EB. Con la izquierda abertzale proscrita, Juan José Ibarretxe aspiraba a rentabilizar para la coalición que lideraba su discurso ante el Congreso de los Diputados, en defensa del Nuevo Estatuto Político para la CAV, que emocionó a muchísimos abertzales. Lo cierto es que incluso con la izquierda abertzale ilegalizada el sueño de la mayoría absoluta era difícilmente alcanzable y no resultaba imprevisible que PSE y PP sumaran más escaños que el tripartito. Por eso, el primer diseño de campaña que hizo el PNV fue de carácter plebiscitario, con una pequeña dosis de agitación de fantasmas: «Estoy absolutamente convencido ­declaró el lehendakari a GARA­ que si el PSEy el PP tiene un voto más, un escaño más que la coalición PNV-EA, no habrá proceso negociador ni consulta democrática en la próxima legislatura».

 

Pero cuando la campaña estaba a punto de comenzar, surgió un elemento nuevo. Estaba cantado que las candidaturas de Batasuna iban a ir directamente a la papelera de la Junta Electoral. Entraba dentro de lo previsible que el Gobierno del PSOE, la Fiscalía, el Tribunal Supremo y el Constitucional cercenaran el derecho de sufragio de miles y miles de ciudadanas y ciudadanos agrupados en torno a Aukera Guztiak. Sin embargo, como se escribió en aquellos días, en Euskal Herria la realidad no siempre discurre por los cauces previstos. Porque, de pronto, de la chistera de la imaginación, de la necesidad de prever toda las posibilidades, surge un partido que nadie conoce, que carece de sedes públicas, que ha tenido que confeccionar sus listas con muchos independientes ante la escasez de su propia militancia y las condiciones represivas que se preveían, y obtiene nueve escaños que rompen todos los planes.

 

Se rompieron los cantaros

 

Un análisis de los discursos del tripartito durante el proceso de precampaña y campaña en torno a la concurrencia de Euskal Herrialdeetako Alderdi Komunista daría para una tesis sobre la defensa de los principios democráticos y de los derechos civiles y políticos sometidos a la teoría de la relatividad. Mientras pareció evidente que ninguna candidatura de la izquierda abertzale podría estar presente en los comicios, los portavoces del tripartito y los analistas de su órbita se mostraban radicales en la defensa de su derecho a participar. Cuando se vio que finalmente, gracias a EHAK, la izquierda abertzale tendría voz y voto, el discurso viró hacia el peligro que eso suponía para la mayoría absoluta que parecía que el tripartito ya daba por ganada sin ni siquiera pasar por las urnas, y se empezó a hablar de una mano negra del PSOE para sabotear los planes de Ibarretxe.

 

Aunque con la participación de EHAKla lechera del tripartito ya no contaba con poder obtener la mayoría absoluta, sí que tenía entre sus cálculos obtener más escaños que PSEy PP para poder gobernar así con una mayor tranquilidad, sin depender de la izquierda abertzale. Sin embargo, con las encuestas que comenzaron a hacerse públicas al cierre de las urnas, el cántaro empezó a resquebrajarse, y sobre las 22.00, con los datos oficiales ya en la mano, toda la leche estaba ya derramada por el suelo del edificio de la Azucarera de Gasteiz, donde el PNV tenía previsto celebrar una fiesta de recuento que no fue tal.

 

Allí las únicas sonrisas que se observaban eran las que se forzaban ante la aparición de alguna cámara. No había nada que celebrar. La coalición PNV-EA, que el 13 de mayo de 2001 había convertido en feliz consigna el «diga 33», perdía cuatro escaños y se quedaba en 29. Por cierto, los cuatro escaños perdidos correspondían al PNV, mientras que EA mantenía sus siete.

 

Quienes en esta ocasión sumaban 33 escaños eran PSEy PP. Y aunque en la campaña quedaron claras sus diferencias, nadie dudaba de que María San Gil daría su apoyo a Patxi López para intentar llegar a Ajuria Enea.

 

¿Con quién podía contar la coalición PNV-EA? En primer lugar, con sus socios de gobierno, EB. Pero, pese a la incomprensible sonrisa de Javier Madrazo en la noche electoral, esta formación no había sido capaz de rentabilizar su presencia en el Ejecutivo. Perdió votos y se quedó con los tres parlamentarios que tenía, muy lejos de los cinco a los que aspiraba para poder formar grupo propio. Tendría que seguir compartiendo el Grupo Mixto. En esta ocasión, en lugar de con Enriqueta Benito, de UA, lo haría con Aintzane Ezenarro, de Aralar. El partido que lidera Patxi Zabaleta logró su escaño en Gipuzkoa. Con un total de 28.180 votos en el conjunto de la CAV, quedaba también roto el cántaro de otra lechera, la que bajando por las faldas de Aralar pretendía constituirse en alternativa electoral para la izquierda abertzale.

 

Los tres escaños de EB y el único de Aralar permitían a PNV-EA empatar con la suma de PSE y PP, pero nada más. Los nueve representantes de EHAK se convertían en la llave del nuevo Parlamento.

 

Cambio de objetivo en el PNV

 

El PNV arrancó su campaña al día siguiente de que el Congreso de los Diputados le diera un portazo al proyecto de nuevo Estatuto Político para la CAV. En lugar de poner en marcha los mecanismos de la consulta, como había anunciado el 26 de setiembre de 2003 ante el Parlamento de Gasteiz, o en lugar de contar para ver cómo afrontar el futuro con todas las fuerzas parlamentarias y sociales que habían dado su apoyo ­crítico o no­ a la propuesta, el lehendakari disolvió el Parlamento y llamó a las urnas. Había que aprovechar el tirón del discurso de Juan José Ibarretxe ante las Cortes españolas y tratar de rentabilizar el malestar que el portazo había generado en las bases abertzales.

 

Pero, a lo largo de la campaña, la coalición PNV-EA fue variando su discurso, dejando aparcados los conceptos fundamentales del plan que había sido el eje de toda la legislatura anterior y centrándose en el mensaje de acumular fuerzas para negociarlo. Se bajó el tono soberanista y se subió el tecnócrata. Se habló más del PIB y de otros indicadores macroeconómicos que de derecho a decidir. Quizá sea significativo que el PNV no echara mano en toda la campaña del ex presidente del EBB, Xabier Arzalluz, buen movilizador de las bases jeltzales.

 

El resultado final fue una pérdida de cuatro escaños, de 140.000 votos y del plebiscito que inicialmente había planteado Ibarretxe. Esto no significa que en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa no haya una mayoría social abertzale. De hecho, el 17-A se expresó en las urnas de manera más radical que en anteriores comicios.

 

El cambio de objetivos que se dibujó en esa campaña del PNV ha sido después la marca de este primer año de legislatura. Los planes soberanistas quedaron aparcados, la figura de Juan José Ibarretxe ha ido disipándose cada vez más en el escenario público y ha sido paulatinamente sustituida por Josu Jon Imaz, con un nuevo discurso sobre la cosoberanía y un indisimulado acercamiento al acuerdo con el PSOE. El anuncio de alto el fuego permanente de ETA ha permitido al EBB sumarse al mensaje de «primero la paz y luego la política», aunque por motivos distintos a los de Zapatero.

 

Nuevo papel del PSE

 

La pérdida de fuerza de la coalición PNV-EA no supuso un reforzamiento del espacio electoral de PSE y PP. Pese a que sumaron un escaño más que en 2001, perdieron un 1,1% en el porcentaje de voto. Lo que quedó en evidencia es que la correlación de fuerzas dentro de este bloque funciona como un funicular: lo que sube el PSE lo baja el PP y viceversa.

 

Era evidente que la victoria de Rodríguez Zapatero el 14 de marzo de 2004 tendría también su reflejo en las autonómicas. El PSE, con 18 escaños, se convirtió en la segunda fuerza del Parlamento. Eso sirvió para reforzar la posición de Patxi López y de quienes dentro del partido estaban haciendo un callado y arriesgado esfuerzo para tratar de encauzar la resolución del conflicto. Y, al mismo tiempo, permitió al PSE hacer un cambio de discurso, donde el enfrentamiento ideológico con el Gobierno de Lakua no le impide llegar a acuerdos en cuestiones sustanciales como los presupuestos o leyes importantes. El PSE se presenta ante la ciudadanía como un partido pragmático, que contribuye a la resolución de los problemas, que lo mismo pacta con el PNV que con el PP, como quedó claro en Araba.

 

Dudas sobre la coalición

 

A las alteraciones de correlación de fuerzas y de discursos que se dieron en las elecciones de hace un año hay que sumar ahora el cambio de escenario que se produce con el anuncio de alto el fuego permanente de ETA. En este tiempo, se ha observado también una evidente divergencia en los discursos de PNV y EA. Mientras el primero escapa de hablar de soberanía y de cualquier contacto con la izquierda abertzale, la segunda ha centrado en esos parámetros su actividad política. Será preciso ir comprobando cómo evolucionan sus relaciones, y un primer indicador pueden ser las próximas elecciones municipales y forales, para las que la dirección de EA, por el momento, no parece apostar por reeditar la coalición. Las relaciones con el tercer socio, EB, en el seno del Gobierno tampoco pasan por su mejor momento.

 

Todos estos datos parecen indicar que ésta puede ser la última legislatura del modelo de gobierno que se inauguró en 1998 en base a la coalición PNV-EA y se consolidó en 2001, gracias a la amenaza de un Mayor Oreja lehendakari y algunos errores de la izquierda abertzale. Lo que hoy aún no se puede predecir es cuál será el nuevo modelo tras las próximas autonómicas.

 


Ibarretxe, elegido gracias a dos votos de Ezker Abertzalea
Tras el episodio de los empates que se habían producido en la elección para la Presidencia el Parlamento, cuando el 22 de junio se convocó el Pleno de elección del lehendakari no faltaron las voces que auguraban otra serie de empates que conduciría a la convocatoria de nuevas elecciones. Mucho discurso apocalíptico y poco análisis político.

 

Se enfrentaban Juan José Ibarretxe, candidato del tripartito, y Patxi López, del PSE. A las 16.55 horas, la portavoz de Ezker Abertzalea, Nekane Erauskin, anunció que concedían dos votos a Ibarretxe para «abrir una nueva oportunidad de futuro» y «agrupar fuerzas en favor de la democracia y la paz». El anuncio tranquilizó a los miembros del tripartito, porque esos dos votos, junto a sus 32, garantizaban la elección de su candidato, haciendo incluso innecesario seguir buscando apoyo de Aralar.

 

Durante la mañana los dos candidatos habían hecho sus largos discursos en los que, pese a que López tenía asegurados 33 votos frente a los 32 de Ibarretxe, se mantuvo la lógica Gobierno-oposición que se había desarrollado durante toda la legislatura anterior. López se centró en la crítica al tripartito, en materia de paz y normalización se mantuvo en las tesis del Pacto de Ajuria Enea y de la reforma estatutaria, y después desarrolló el capítulo de promesas sociales. Ibarretxe, por su parte, siguió en su papel de presentarse como el portavoz de las aspiraciones de la mayoría de la sociedad.

 

Pasado un año, el balance es que pese a haber sido elegido con dos votos de Ezker Abertzalea y asegurar que su gobierno está abierto a los pactos con todos los grupos, en los grandes temas ­presupuesto, Ley del Suelo y Ley de Aguas­ el Ejecutivo de Ibarretxe ha demostrado estar más cerca del PSE que del resto.

 


Atutxa, sacrificado por el PNV para seguir manteniendo la Presidencia
El 26 de abril, a los pocos días de celebradas las elecciones, EHAK transmitió discretamente a Juan José Ibarretxe que defendían que el PNV tuviera la Presidencia del Parlamento, por ser la lista más votada, pero que no apoyarían a Juan María Atutxa para ese puesto. Desde ese día, el PNV disponía de la información y el tiempo necesario para buscar una solución, pero quizá toda- vía no había asimilado debidamente los resultados electorales. Así que cuando el 16 de mayo se convocó el pleno para la constitución de los órganos del Parlamento, los jeltzales insistieron en presentar a Atutxa, un candidato que no podía ganar. Obtuvo los 33 votos de PNV, EA, EB y Aralar. Tantos como Miguel Buen, que sumó los de su partido, el PSE, y los del PP. EHAK votó en blanco.

 

El empate a 33 se sucedió en nueve votaciones. El PNV insistió en no cambiar de candidato, aunque los apoyos de EA y EB daban muestras públicas de resquebrajarse.

 

El 23 de mayo, cuando empezaba a hablarse de movimientos que hicieron temer al PNV que podía perder la Presidencia, Joseba Egibar anunció por sorpresa que la candidata del PNV sería Izaskun Bilbao, quien logró a la primera votación las papeletas necesarias para ascender al cargo. El PNV había tirado la toalla, pero haciendo pagar a EHAK la osadía de no haberse plegado a sus deseos y dejándole fuera de la Mesa.

 

La retirada de Atutxa fue presentada como una decisión personal y altruista, pero se hizo «coincidiendo con el análisis del EBB».

 

Gara, 16 de abril de 2006

 

Los tutores de Mariano

Los sectores más ultras de la extrema derecha que representa el PP muestran signos de histeria y le marcan el paso a Rajoy. Se trata de que el líder digital ­nombrado a dedo­ atienda los mandatos de quien le señaló con el índice.
Cayetano González, centurión de Mayor Oreja en sus tiempos de Interior, le leía ayer la cartilla a Rajoy en “El Mundo” y advertía que «En dos semanas, Zapatero le ha metido los siguientes goles a Rajoy: el fiscal general del Estado cambia a última hora su criterio sobre la petición de ingreso en prisión sin fianza del líder batasuno, Arnaldo Otegi; el PSOE se niega a votar en el Parlamento de Navarra una iniciativa presentada por UPN en la que se solicitaba que la Comunidad Foral nunca sea moneda de cambio en el proceso de negociación con ETA; el presidente del Gobierno nombra como ministro de Interior a la persona que más puede molestar al PP; parlamentarias del PSE firman muy sonrientes ellas un documento con dirigentes de Batasuna en el que se defiende el derecho a decidir del pueblo vasco, y se empiezan a conocer los planes del Gobierno para que Batasuna pueda presentarse a las próximas elecciones municipales». Lo pinta negro, la verdad. Y reconviene a Rajoy en plan paternal: «En la entrevista del pasado 28 de marzo en La Moncloa, Rajoy marcó a Zapatero las denominadas líneas rojas que, en su opinión, no deberían traspasarse en el proceso de negociación con ETA (...). Pues bien, conviene que nadie se haga trampas en el solitario y menos que nadie el líder de un partido que tiene el respaldo de 10 millones de votos».
Y es que, asegura Cayetano, «el mal llamado proceso de paz conduce irremisiblemente a que se pague un precio político a ETA». La clave está en el derecho de autodeterminación y Nafarroa: «el primero será planteado por los nacionalistas en la mesa de partidos y el PSE adoptará, como mínimo, una posición ambigua y (...) si UPN no obtiene la mayoría absoluta, en Navarra habrá un Gobierno de los socialistas con el resto de fuerzas políticas, incluida Batasuna, que impulsarán la integración de la actual Comunidad Foral en la Comunidad Autónoma Vasca». Y endurece el tono: «Ante este panorama, como Rajoy y el resto de dirigentes del PP sigan poniendo más el acento en el apoyo al presidente del Gobierno que en oponerse (...) a que se pague un precio político por el final de ETA, podría darse la paradoja de que fueran los propios populares los que traspasasen esas líneas rojas que ellos mismos dibujaron».
Maite Soroa


Gara, 14 de abril de 2006

Batasuna subraya la necesidad de «la responsabilidad para superar el conflicto»

Batasuna hizo público ayer un documento con motivo del Aberri Eguna en el que destaca que «vivimos momentos en los que tiene que primar la responsabilidad. Los estados tienen que asumir las responsabilidades que les corresponden y los agentes políticos, sociales y sindicales tienen que tirar de este carro».

 

Junto a ello, Batasuna constata que tras el alto el fuego permanente decretado por ETA «se suceden los acontecimientos», algunos de los cuales califica de positivos, aunque alerta de los niveles de represión existentes. «En estos momentos difíciles, Batasuna mantiene firme su apuesta y su reto: ofrecer a este pueblo un futuro libre y democrático, ya que sabemos que el pueblo nos apoya», señala la formación abertzale.

 

Tras destacar que la «lucha de siglos ha superado el marco basado en la negación», Batasuna subraya que «los estados tienen que reconocer los derechos que corresponden a Euskal Herria y dejar al margen los marcos basado en la negación y el desprecio».

 

«La vía para alcanzar este objetivo está marcada: por un lado, la mesa entre ETA y los estados y, por otro, la que hay que crear entre los agentes políticos», señala Batasuna.

 

La formación abertzale da prioridad a esta última mesa, «en la que se respetarán la territorialidad y el derecho a decidir y de donde surgirá el futuro libre y democrático que todos deseamos».

 

Asimismo, con motivo del Aberri Eguna, Batasuna hace un llamamiento a favor de la independencia y el socialismo. «Batasuna y la izquierda abertzale queremos construir nuestra nación, una nación que tenga raíces democráticas», destaca.

 

«La construcción nacional es nuestra responsabilidad y en ese camino tenemos con nosotros a los ciudadanos vascos», señala Batasuna, que añade que «queremos construir Euskal Herria desde la izquierda porque la actual ni nos llena ni nos convence».

 

«Queremos una Euskal Herri más justa, euskaldun, izquierdista, basada en la paridad y solidaria», concluye el texto.

 

 GARA, 14 de abril de 2006

 

Otegi:«Nuestra prioridad es conformar la mesa de resolución»

Batasuna insistió ayer en que su prioridad es «fijar desde ya unas bases sólidas» para la configuración de una mesa para la resolución del conflicto, pero para ello considera que sus derechos civiles y políticos deben estar garantizados. Una situación que en la actualidad no se produce. De hecho, Arnaldo Otegi destacó, en un encuentro con periodistas en Donostia, que tras el alto el fuego de ETA los ataques a la izquierda abertzale se han incrementado.

 

DONOSTIA

 

La prioridad de Batasuna y del conjunto de la izquierda abertzale en el actual escenario es conformar la mesa de resolución del conflicto político. Volvió a destacarlo ayer en Donostia en un desayuno con la prensa y en una posterior rueda de prensa, donde repasó los acontecimientos de las últimas semanas y ofreció su valoración sobre los mismos.

 

Arnaldo Otegi fue el encargado de exponer el análisis de su formación, en su primera comparecencia ante los medios desde que saliera de prisión el pasado viernes. Acompañado de Marije Fullaondo, Pernando Barrena y Joseba Permach, el mahaikide, tras advertir que «la izquierda abertzale hace análisis sobre hechos y no sobre declaraciones o poses», desgranó los «aspectos positivos y negativos» que Batasuna observa en la actual situación.

 

Entre los primeros, enumeró el alto el fuego permanente de ETA, «una aportación al proceso y una muestra de la voluntad» de la organización armada; la multitudinaria manifestación del día 1 en Bilbo, «que reflejó cuál es el nudo del conflicto: que los estados no tienen un problema con la izquierda abertzale o con determinadas organizaciones, sino con este pueblo, que reclama su derecho a decidir»;la declaración de Ahotsak, «que recoge las bases de lo que tendrían que ser los principios rectores para la constitución de una mesa de resolución»; el Acuerdo Democrático de Base, «sobre el cual se seguirá trabajando»;y las reacciones habidas en el ámbito internacional, «ya que la aportación europea e internacional será importante para hacer irreversible el proceso».

 

Reiteración del «delito»

 

Entre los aspectos negativos, hizo hincapié en que los estados español y francés «siguen manteniendo las estrategias del pasado». Concretamente, se refirió a las actuaciones contra su formación y la izquierda abertzale, y resaltó que «desde hace tres semanas, desde el anuncio del alto el fuego, esas agresiones han aumentado: citaciones de la Audiencia Nacional, encarcelamientos, prohibición del acto del Kursaal... Dicen que la izquierda abertzale es necesaria para la solución, pero los ataques no cesan. ¿Pero con quién pretenden desarrollar el proceso y resolver el conflicto? ¿Con Imaz? Puede ser, pero eso no será solucionar el conflicto».

 

Tras afirmar que «si el proceso se desarrolla como debe, cada vez deberían prevalecer más los aspectos positivos sobre los negativos», advirtió de que «si el Estado no respeta a la izquierda abertzale, no puede haber proceso».

 

Aún dijo más Otegi: «No hay proceso si no reiteramos en el delito convocando ruedas de prensa y actos; pero no por hacer desafíos al Estado, sino porque tenemos la responsabilidad de expresar a la opinión pública nuestro criterio respecto a la situación y de participar en el debate político. Porque ahora, parece que la izquierda abertzale no puede hacer nada; ni siquiera sabemos si por esta rueda de prensa tendremos que ir el lunes a la Audiencia Nacional».

 

El dirigente independentista expresó su decepción por esta situación y añadió que esos hechos han provocado que Batasuna haya perdido «buena parte de la confianza» que había alcanzado con el PSE ­no obstante, mostró su «reconocimiento» a los miembros de ese partido con los que han hablado en los últimos cinco años «en las duras y en las maduras»­. Y es que, a su juicio, en una coyuntura como la actual hay cuestiones evidentes, «que se sobreentienden, como que los interlocutores no pueden ser atacados. Es el abc. ¿Alguien se imagina que en Irlanda encarcelaran a Martin McGuinness o a Gerry Adams? ¿O que ilegalizaran a Sinn Féin? No sería serio».

 

«Habrá que hacer cosas para generarla [la confianza] otra vez», apuntó, aunque dejó claro que «la pelota no está en el tejado de la izquierda abertzale».

 

La verificación de Batasuna

 

Otegi aseguró que la izquierda independentista «ha puesto todo para que el proceso fructifique al cien por cien» y para que esta vez «sea la buena». Y su prioridad, añadió, es «conformar la mesa para la resolución del conflicto»; un foro para cuya constitución «hay que poner desde ya las bases sólidas, ya que hay condiciones para ello».

 

No obstante, agregó que para la configuración de esa mesa para la solución «la izquierda abertzale debe tener garantizados todos sus derechos civiles y políticos, porque si no algunos jugarán con ventaja».

 

Pero ése es un escenario al que «algunos agentes tienen vértigo. Les da miedo hablar de política con mayúsculas y plantear su punto de vista y proyecto para el futuro de este país, porque ahí cada uno debe retratarse. El retraso en la conformación de la mesa tiene que ver con la debilidad de las posiciones de esos agentes». Preguntado sobre a quiénes se refería, citó a PNV, PSOE y «evidentemente PP, que no quiere ni acercarse a esa mesa, porque su propuesta es guerra».

 

El mahaikide explicó que Batasuna también quiere hacer su verificación particular:«A la izquierda abertzale se le pregunta constantemente si está dispuesta a defender su proyecto por vías políticas y democráticas. Nosotros respondemos que sí, que lo hacemos ahora y hace 30 años. Y lo que nosotros queremos saber es si hay vías políticas y democráticas para materializar nuestro proyecto. Queremos verificar si el Estado español está dispuesto a aceptar con deportividad lo que decida la ciudadanía vasca, incluso si la mayoría del pueblo vasco decide reunificarse en un estado independiente. Si así fuera, el conflicto estaría superado definitivamente».

 

Preguntado por los periodistas sobre las próximas elecciones de 2007 y su esperanza de participar en ellas, Otegi señaló que «de un forma u otra, estaremos en ellas», a lo que Barrena añadió que en la medida en que el proceso avance hacia un acuerdo político «es impensable» que la izquierda abertzale no pueda presentarse a esos comicios legalmente. «De lo contrario, será muy mala señal».

 

Otegi apostilló que su formación no entiende que el Gobierno español pueda llegar a reunirse con ETA y que el PSOE no lo haga con Batasuna, «al menos públicamente, porque no es legal. Eso es tanto como premiar la práctica de la lucha armada. Esa es la paradoja».

 

«Capítulo especial» para la actuación de la Ertzaintza
M. J.

 

DONOSTIA

 

Además de las actuaciones judiciales contra la izquierda abertzale, Batasuna observa más factores negativos en la actual coyuntura política. Es el caso, según destacó Otegi, del «incremento de la presencia de las fuerzas armadas españolas en Euskal Herria en forma de controles».

 

Pero, sobre todo, se refirió a la actuación de la Ertzaintza, «que merece un capítulo especial». Rememoró, en primer lugar, los acontecimientos acaecidos en Santurtzi y Portugalete a raíz de la muerte de Igor Angulo y Roberto Sainz. «Y tras el alto el fuego, practica dos detenciones después de tres años sin detener a nadie. Además, entra en asambleas locales diciendo que son ilegales, filma manifestaciones, hace seguimientos, lo envía todo a la Audiencia Nacional... Y eso lo hace porque lo manda el Gobierno, Balza, Ibarretxe», denunció el mahaikide, y se preguntó si «ésa es la aportación del PNV a la oportunidad que se ha abierto». Todo ello evidencia, a su juicio, «el nerviosismo y la debilidad» de los jeltzales, «cuyo objetivo es mantener el negocio».

 

 Gara, 13 de abril de 2006

 

ELA duda de la mesa de partidos y pide priorizar una consulta soberanista.

José Elorrieta afirmó ayer que el «debate estratégico» para la resolución debe situarse en una consulta y no en una mesa de partidos, porque entiende que en esta última «la correlación de fuerzas en el debate sobre la soberanía es insuficiente». Durante la lectura de la declaración para este Aberri Eguna, José Elorrieta defendió «un trabajo en común» entre abertzales para «aproximar posiciones, porque ahora no estamos en posición de poder avanzar».

El secretario general de ELA, José Elorrieta, apostó ayer por un trabajo en común entre sindicatos y formaciones abertzales para avanzar en el proceso de resolución, frente a la constitución de una mesa de partidos «que carecería ­aseguró­ de fuerzas suficientes para dilucidar satisfactoriamente el debate sobre soberanía». Por ello, consideró que el «debate estratégico» debería situarse en una consulta, «que es un acto de autodeterminación».

En una rueda de prensa ofrecida en la sede de ELA de Bilbo, Elorrieta compareció junto al secretario general adjunto, Germán Kortabarria, y a la responsable del Comité Ejecutivo, Amaia Muñoa, para presentar la declaración elaborada por el Comité Nacional del sindicato con motivo del Aberri Eguna 2006. El documento analiza la coyuntura política creada tras el alto el fuego permanente decretado por ETA y afirma que el nuevo escenario «permite dar pasos en la concreción de un proceso soberanista».

En este contexto, Elorrieta defendió la «consulta autodeterminista» como referente del planteamiento soberanista y explicó que, para alcanzar esa meta, es necesario «aproximar posiciones» entre las fuerzas sindicales y políticas abertzales. «Hay que acordar tiempos, contenidos, ámbitos y procedimientos. Pero también hay que aproximar posiciones porque, en este momento, no estamos en una posición suficientemente convergente para poder avanzar», aseguró.

En esta línea, afirmó que una mesa de partidos «no es el ámbito donde pueda resolverse satisfactoriamente el debate sobre el ámbito vasco de decisión» porque «no existe la correlación de fuerzas adecuada y sigue vigente la negativa estratégica de Rodríguez Zapatero a reconocer el derecho de autodeterminación», indicó.

«Voz propia en el proceso»

Elorrieta reconoció que el nivel de unidad entre los sindicatos vascos «no es el más adecuado» para abordar el proceso de resolución sobre los parámetros de una consulta en Euskal Herria y subrayó que el documento recoge el compromiso de la central de trabajar «para alcanzar una praxis convergente del sindicalismo abertzale, que abarque la negociación colectiva, el modelo de sociedad y la lucha de la resolución democrática del conflicto para que ese sindicalismo esté en condiciones de tener voz propia en este proceso soberanista».

Asimismo, el texto aboga por suprimir el Pacto PP-PSOE y expresa el compromiso de ELA con «la situación de los presos y exiliados».

Críticas a la política de UPN y CDN
ELA considera que «la falta de una estrategia común facilita la imposición del discurso y las prácticas antidemocráticas y antivascas» que se producen en Nafarroa y, a modo de ejemplo, menciona el pronunciamiento impulsado de manera conjunta por UPNy CDN en el Parlamento navarro.

Recuperar la unidad de acción ELA-LAB
La declaración considera necesario recuperar la unidad de acción entre ELA y LAB y dotarla de bases sólidas. Esta unión «no sólo fortalece a cada una de las organizaciones, sino que dota a la mayoría sindical de una centralidad y una potencia muy superior a la suma de cada una de las partes», afirma.

Un riesgo: la línea neoliberal del PNV
El documento del Aberri Eguna advierte sobre «el riesgo que para el proceso soberanista tiene la orientación neoliberal y autoritaria de las instituciones regidas por fuerzas abertzales». A modo de ejemplo, cita entre otras las políticas fiscal y presupuestaria, y la beligerancia contra huelguistas.

La plataforma Batera, un ejemplo a seguir
El documento de ELA para el Aberri Eguna define la labor de la plataforma Batera en torno a las reivindicaciones a favor de la Cámara Agraria, el Departamento Vasco, la oficialidad del euskara y la universidad como «un ejemplo de la atracción social de la fijación de unos mínimos comunes».

Gara, 12 de abril de 2006

ETA afirma que «la llave del proceso la tienen los agentes vascos»

La organización armada reflexiona sobre la iniciativa de alto el fuego permanente para expresar que «no da ese paso sobre el vacío»

El número 110 de "Zutabe" lleva por título «Euskal Herria dugu irabazteko!» y es una edición especial dedicada íntegramente a analizar la iniciativa de alto el fuego permanente adoptada por ETA el pasado 22 de marzo. En dicha publicación, de cuyo contenido se hicieron eco ayer varios medios audiovisuales, ETA expresa que ha llegado el momento de «alimentar el proceso con compromisos concretos» y añade que «desde su inicio y hasta su final deben ser los agentes vascos sus impulsores y los ciudadanos sus protagonistas», correspondiendo a los estados «no poner trabas».

 

DONOSTIA

 

Euskadi Ta Askatasuna afirma en su revista que las reacciones registradas tras el anuncio de su iniciativa «deberán medirse con el paso del tiempo, igual que los efectos reales de la decisión adoptada por ETA». Para ello, considera claves tanto el desarrollo del proceso democrático como las responsabilidades que adopte cada uno de los agentes para llevarlo a buen puerto. Y es que, según destaca, su iniciativa debe entenderse «en clave de proceso».

 

Entiende que ha llegado el momento de «alimentar el proceso con pasos y compromisos concretos» adoptados «entre todos», al tiempo que subraya que «la llave la tienen los ciudadanos y los agentes vascos. Desde su inicio hasta el final, deben ser los agentes vascos los impulsores de este proceso y los ciudadanos sus protagonistas». En cuanto a los estados español y francés, indica que «les corresponde no poner trabas al proceso democrático y respetar sus resultados».

 

La organización armada asegura que el objetivo del alto el fuego no es otro que «impulsar el proceso democrático» que sirva para superar el contencioso y «construir un marco democrático para Euskal Herria» en el que «sean respetados sus derechos» y sea posible la materialización de «todos los proyectos políticos».

 

A la hora de adoptar esa decisión, asegura, tomó en consideración «las relaciones mantenidas con distintos agentes, las voluntades expresadas y los intercambios de puntos de vista». Y agrega: «ETA no da este paso sobre el vacío».

 

«Hay condiciones suficientes»

 

Afirma que su iniciativa se basa «en la creencia de que existen las condiciones y los cimientos suficientes» para desarrollar el proceso de resolución, y resalta que, en su reflexión, han tenido un importante peso «los pasos» que se han dado en ese sentido.

 

Además del Acuerdo Democrático de Base ­que califica como «la primera piedra firme» en ese camino­, manifiesta que «las relaciones mantenidas entre partidos y agentes de cara a materializar un proceso de ese tipo nos anuncian que estamos ante una oportunidad» de poder adoptar «compromisos firmes». Entre esos pasos, también cita «las voluntades mostradas para lograr la resolución del conflicto por medio de la negociación», un deseo que, a su entender, comparte el conjunto de la ciudadanía vasca.

 

Respecto al momento de decretar el alto el fuego, advierte que «no sólo debemos mirar a la actual situación o a la evolución de los últimos años. Eso sería un grave error. En estos momentos, es muy importante interiorizar la perspectiva histórica de la lucha de liberación, ya que, al fin y al cabo, ahora estamos ante los frutos aportados por décadas de lucha».

 

«Todos esos factores han posibilitado que haya condiciones para abrir un proceso democrático. La decisión de ETA no es más que una consecuencia de esa situación», añade.

 

Tras considerar que «ETA, con su decisión, ha puesto mucho de su parte», asegura que «ahora corresponde a todos los agentes actuar con el mismo nivel de responsabilidad». «A todos los agentes, y especialmente a los favorables a Euskal Herria, les ha llegado el momento de adoptar compromisos firmes y decisiones valientes», señala, para después instar a Madrid y París a abandonar la represión y a mostrar su voluntad para una salida negociada.

 

«¿Qué es y qué no el proceso?»

 

Sin embargo, su emplazamiento principal se dirige a los ciudadanos vascos, ya que les llama a «sumergirse de lleno en el proceso y a luchar por los derechos de nuestro pueblo». En cuanto a la izquierda abertzale, cree que debe seguir con «su compromiso, esfuerzo y lucha, porque ése será el instrumento más eficaz para lograr una paz basada en los derechos de Euskal Herria».

 

La organización armada también sale al paso «de la intoxicación» y explica «qué no es» su iniciativa. «Aquellos que piensen en una paz sin contenidos, se equivocan. La paz será consecuencia del reconocimiento de los derechos de Euskal Herria; hay que construir una paz basada en la justicia», destaca, y prosigue diciendo que «cuando hablamos de proceso democrático, hablamos del paso a dar del actual estatus político impuesto a aquel que se basa en la autodeterminación y la territorialidad».

 

«Siendo la voluntad de ETA estabilizar la situación abierta y llevar el proceso al puerto de la libertad, basamos nuestra decisión en el convencimiento de que la respuesta que recibamos sea de la misma medida de la apuesta de ETA», señala.

 

En otro de los apartados de la revista, la organización armada plantea la siguiente pregunta: «¿Qué es ese proceso?». Y dedica varias páginas a exponer su opinión. «Cuando hablamos del proceso, estamos hablando del trayecto a realizar para abrir una nueva situación basada en la aceptación de unos mínimos democráticos en Euskal Herria», afirma.

 

Estima que, para llegar a ese escenario, deberá impulsarse «el debate democrático entre los agentes vascos, para que, finalmente, sin ningún tipo de límite, los ciudadanos vascos tengan la palabra y la decisión sobre su futuro».

 

Ese trayecto necesitará, a su entender, de la negociación y el acuerdo, de que los estados reconozcan los derechos de este país y de «la acumulación de fuerzas en favor de Euskal Herria. Hay que levantar un muro popular en defensa de la palabra y la decisión de los vascos». Asimismo, opina que habrá que aprovechar «las nuevas oportunidades que se abran para dar pasos decisivos en la construcción nacional».

 

La forma de llevar a cabo ese proceso democrático pasa, a juicio de ETA, por que sea «dinámico y alimentado entre todos los agentes», y requerirá de «pasos de todos y en todas las direcciones». El debate entre los agentes «deberá tener en cuenta la pluralidad y el conjunto de Euskal Herria» y su objetivo será «lograr un acuerdo político sobre el futuro» del país; en ese acuerdo «se reconocerán sus derechos». A los estados les corresponderá «respetar los resultados de ese debate democrático. Y, finalmente, a los ciudadanos vascos habrá que preguntarles por el futuro de Euskal Herria».

 

Cree que las fuerzas favorables a la autodeterminación serán «los principales impulsores del proceso, y en torno a ello deberá organizarse la presión y movilización popular». Y es que, en su opinión, «hay que impulsar que Euskal Herria salga a la calle; la defensa de sus derechos debe hacerse en la calle; frente a los ataques, hay que responder como pueblo».

 



Un extenso repaso a lo acontecido durante las últimas décadas

 

DONOSTIA

 

Antes de sumergirse en su análisis sobre el alto el fuego y sobre el futuro de un proceso democrático, ETA inicia este “Zutabe” exponiendo su re- flexión sobre la situación política actual y sobre el papel de algunos agentes: la izquierda abertzale, el PNV, EA, IU, Aralar-AB ­a quienes engloba bajo un mismo epígrafe­ y los estados español y francés.

 

Posteriormente, la organización armada re- sume las primeras reacciones respecto a su declaración hecha pública el 22 de marzo, aunque apunta que «más adelante habrá que hacer una valoración más profunda de estas posiciones».

 

ETA dedica otro capítulo a su «Frente Negociador», un tema del que «se habla a menudo». Ante las «filtraciones y mentiras» que se leen «en la prensa», el texto repasa «su trayectoria histórica». En primer lugar, explica que este frente es «un ámbito de lucha para superar mediante un acuerdo el conflicto que los estados español y francés tienen con Euskal Herria». Respecto a su «objetivo», reseña que es «alcanzar un acuerdo que garantice los derechos de Euskal Herria».

 

A renglón seguido se explica brevemente el contenido de la Alternativa KAS, de la Alternativa Democrática presentada por ETA en 1995 y de la propuesta realizada en Anoeta por Batasuna en noviembre de 2004. También se repasan los diversos intentos negociadores, desde Martín Villa en tiempos de la UCD hasta la reunión con representantes del Gobierno Aznar el 19 de mayo de 1999.

 

El documento prosigue recordando las diversas iniciativas de cese de actividad armada llevadas a cabo antes de la vigente declaración de alto el fuego permanente. Unas decisiones que, a juicio de ETA, han marcado «puntos de inflexión» en el devenir de conflicto. Buena parte del texto corresponde a la época de Argel, incluyendo la publicación del «segundo acuerdo alcanzado por los representantes de ETA y los del Gobierno» del PSOE, que «los dirigentes españoles no cumplieron».

 

La parte final está dedicada a analizar el documento «Elkarbizitzarako bake bidea», presentado por el PNV el pasado octubre. La organización armada critica un texto que «ataca a ETA y a la izquierda abertzale» y en el que la formación jeltzale mantiene su «ambigüedad histórica» y se sitúa «en un púlpito para decir a unos y otros qué deben hacer, pero sin concretar ellos sus propias responsabilidades».

 


DONOSTIA

 

ETA destaca dos «condiciones democráticas» sobre las que subraya la importancia de «llevar a cabo una fuerte lucha ideológica y de movilizarse en las calles». Uno es la situación de los presos, que «no es una cuestión técnica. Y no es una cuestión sólo de ETA. Los presos son presos de Euskal Herria» y «su puesta en libertad es una condición democrática para la resolución del conflicto, ya que no hay paz sin amnistía. Son militantes políticos que están encarcelados por luchar por los derechos de Euskal Herria». Añade que la amnistía supone «el reconocimiento del carácter político» de los prisioneros y de su lucha.

 

El segundo aspecto es el de la «desmilitarización». En este capítulo, ETA señala que «no es posible asegurar una situación de paz hasta que no sean expulsadas las fuerzas armadas que durante largos años han oprimido a Euskal Herria». En cuanto a la Ertzaintza, ETA estima como «imprescindible» la «desactivación de sus cuerpos especiales».

Gara, 12/04/06

 

TRAS EL ALTO EL FUEGO: la gestión de la paz y la normalización.

El proceso. Un acontecimiento de extraordinaria magnitud ha revolucionado la política vasca y también la española. A partir del 24 de marzo de 2006, ETA sostiene un alto el fuego de carácter permanente. Arranca, por lo tanto, el invocado proceso de paz. La fase ‘confrontación democrática’, caracterizada por la acentuación del frentismo en torno al eje de Lizarra, ha dejado definitivamente paso a una nueva fase llamada ahora ‘resolución democrática’, cuyo paradigma viene a ser identificado con la declaración que Batasuna presentó en Anoeta en noviembre de 2004.

 

Por ahora, se consolida la paz entendida como ausencia de violencia. La sola consolidación de este hecho crea un gran alivio y una impresionante expectativa, un verdadero hervidero de emociones positivas. Y aunque la dilucidación del alcance del calificativo ‘permanente’ no deje de tener su miga, sobre todo en relación con la confirmación de si significa o no un repliegue absoluto de todas las acciones violentas atribuidas a ETA y su mundo, el núcleo de mi artículo no se referirá a esta cuestión, sino al juego de estrategias que se prevé vayan a desplegarse en la política vasca como consecuencia de este acontecimiento.

 

Recientemente, el presidente Zapatero reclamaba un gesto público de ETA que sirviera para autentificar la solvencia de su apuesta de paz. He aquí, pues, ese gesto. Si el gesto es signo de debilidad o fortaleza del grupo violento no es cosa fácil de elucidar. No sería del todo extraño que el movimiento de ETA se haya realizado, por una parte, en un marco de reciprocidad, aún cuando este hecho no tenga porqué tener una repercusión pública con carácter inmediato. Igualmente, habría que tener en cuenta que en las últimas fechas se ha producido una consolidación estratégica del polo de Nazio Eztabaidagunea. Y, sea fruto de la impotencia o de la pujanza, no sorprendería que esta iniciativa de ETA buscara su mayor provecho asentándose en uno, en otro o en ambos parámetros con el objeto de elevar a una posición de mayor preponderancia política a Batasuna, ‘interlocutor imprescindible’ en su nuevo papel de vanguardia del conjunto del MLNV.

 

Es cierto que la declaración de alto el fuego no se produce en los precisos términos exigidos por la declaración del Congreso de mayo del pasado año. O sea que, en la medida en que el sujeto terrorista no ha mostrado una disposición ‘inequívoca’ a abandonar las armas, los ‘poderes competentes’ deben todavía afanarse en la difícil pero inevitable tarea de crear las condiciones del final dialogado previsto en la citada declaración. En este contexto, más allá de los movimientos que se pueden producir en temas como la justicia, los presos o la norma de partidos, el conflicto entre puntos de vista estratégicos que rivalizan en cuanto a su idea del proceso es inevitable (Véase mi artículo ‘Ante un proceso de paz vasco: el nuevo guión de ETA’ en GoizArgi 36). Interesa, por lo tanto, centrar el debate en torno a cómo se va a gestionar el citado conflicto de estrategias.

 

En este juego estratégico será muy importante la batalla simbólica. Por medio de ésta se tratará de luchar por representar en mejor medida que nadie la sensibilidad pública, a través de coartadas de apariencia siempre positiva, para conseguir controlar o condicionar el temario que se gestionará a través de la agenda política.

 

¿Cómo evitar que la política democrática sucumba en la espiral sin salida de un juego estratégico disparatado, que se coma las positivas expectativas y genere un recrecimiento del conflicto? La solución es el acierto en la fijación del método. En un proceso en el que se busca la implicación directa de la opinión pública, la mejor garantía para una solución democrática, la mejor prevención incluso ante el engaño estratégico, es la fidelidad al método democrático.

 

El método de Anoeta. Estamos en los preliminares del ‘proceso de paz’. Esta cascada de gestos, declaraciones y demostraciones que se están realizando estros días tiene interés en la medida en que en estos inicios se está dilucidando el método conforme al que se desenvolverá la dinámica subsiguiente.

 

Por encima de todo, incluso de aspectos de contenido, el MLNV quiere confirmar con este mismo carácter preliminar la general aceptación del método de Anoeta que se sustenta en la fijación de un escenario concreto y la designación de unos protagonistas. El escenario consiste en la apertura de dos mesas, una con el cometido de negociar la llamada ‘desmilitarización’ y la otra con el objeto de establecer un acuerdo político en torno al derecho de decisión en el conjunto territorial de Euskalerria. Entre los protagonistas, el poder central y ETA conformarían la primera mesa; los agentes políticos y sociales vascos, la segunda.

 

Para Batasuna, el de Anoeta es el método, el único válido para la resolución democrática del conflicto. A primera vista, esa idea de ‘único válido’ no parece encajar pacíficamente con el objeto ‘resolución democrática’. Y así resulta ser en el fondo. Se dice que se quiere un proceso democrático, pero el método que se induce a aceptar manifiesta graves carencias en cuanto a su naturaleza democrática.

 

De inicio, la eliminación de todas las instituciones vascas (de todas ellas, tanto las de la CAV y las de Nafarroa como las de Iparralde) del esquema revela el interés de Batasuna y ETA en que el coste principal de la paz se soporte precisamente contra los actuales representantes democráticos de toda Euskalerria. Pero, de esta manera, la víctima de la paz vendría a ser la voluntad democrática de los vascos de todos los territorios. He aquí, como incomprensible consecuencia, una imagen de conjunto del territorio vasco, más bien una sombra de la unidad territorial, proyectada sobre la exclusión de todas sus instituciones, íntegramente apartadas de todo papel en el aludido guión de Anoeta.

 

Por otro lado, aunque el formato de la mesa para la ‘desmilitarización’ parece reservar un papel dirigente a los poderes del estado, parece pensado para otorgarle asimismo un papel decisivo a ETA que, al preverse el cierre de la primera mesa sólo tras verificarse el acuerdo político en la segunda, podría dosificar sus gestos al servicio de la hegemonía de Batasuna en esta última.

 

Finalmente, ese modelo de mesa de ‘desmilitarización’ es el que ha fracasado precisamente en Irlanda, llevando al borde de la ruina las expectativas del 98. Es un modelo opaco, burocrático, que no genera confianza en la base de la sociedad, a la que no se le otorga ningún papel en la comprobación del desarme y del desmantelamiento de las redes de extorsión y amenaza de los grupos terroristas. El caso irlandés es un ejemplo de cómo continúan subsistiendo éstos al abrigo de la vacilante y contradictoria inercia de un ‘proceso de paz’ demasiado condicionado por el progreso y retroceso de un desarme aplazado durante años y una disolución de las organizaciones armadas todavía inverificable.

 

Todo esto nos coloca ante una cuestión verdaderamente crítica, que nos advierte de la insuficiencia democrática del método de Anoeta: ¿puede desenvolverse cabalmente un proceso democrático a través de medios no democráticos, prescindiendo de instituciones democráticas o bajo la tutela de sujetos no democráticos, sin la debida transparencia, por mucho que el fin último preestablecido sea pomposamente nombrado como ‘resolución democrática’?

 

Otra metodología: sociedad e instituciones. A la vista de todo esto, si queremos aprovechar las oportunidades que se abren en este momento para la apertura de un proceso democrático vasco, las cosas deben perfilarse desde otra metodología. Sin perder de vista las objeciones que hemos señalado, Anoeta, aunque se pretenda la única salida democrática para salir del túnel del conflicto, es discurso de partido, es el nuevo elemento central de una estrategia de cuño partidista.

 

Es imposible olvidar que tras todas las propuestas de resolución del conflicto político que ha hecho la llamada izquierda abertzale a lo largo de la historia democrática vasca, se ha encubierto su particular e invariada obsesión de impugnar las instituciones existentes en el país, desde fuera de las mismas. Pero, si hoy quieren de verdad una resolución democrática, el método de Anoeta tiene una legitimidad proporcional a los votos que lo sostienen. Ni más ni menos. Si Batasuna quiere que la propuesta de Anoeta determine la agenda política vasca, deberá partir de este dato y recabar el apoyo popular necesario con arreglo al método democrático vigente en el seno de las instituciones vascas.

 

Si hay algo que blindar, es seguro que ese algo no es el proceso sino que lo que debería blindarse es su naturaleza democrática. Así debería ser, al menos si lo que se quiere es un desenlace democrático. A tal efecto, paso a enumerar una serie de principios metodológicos muy básicos que pretenden definir los medios democráticos con los que podríamos abordar con garantías una resolución auténticamente democrática. En primer lugar, los proyectos de parte, sean de partidos o de cualesquiera otros operadores sociales o políticos, que quieran hacerse con la legitimidad popular han de ser contrastados en las instituciones, por los representantes legítimos de la voluntad democrática y, en su caso, refrendados directamente por la ciudadanía afectada. En consecuencia, y en segundo lugar, ningún proyecto partidista, , como lo es la propuesta de Anoeta –al igual que la propuesta de cualquier otro grupo- puede ser condición de obligado cumplimiento para el final de la violencia. En tercer lugar, sólo las instituciones vascas representativas pueden garantizar que los vascos podamos abordar el debate y las decisiones sobre nuestro futuro político sin la tutela de ningún poder no democrático, sea éste armado o no. En cuarto, la verificación del cese de la violencia no es un acto burocrático y opaco, que se apoya en un arreglo entre ETA y el Estado, sino que debe ser una tarea social que implica, además de la sociedad, a las instituciones y los partidos políticos vascos.

 

En estos últimos meses de cierta desorientación, es de agradecer que diversos partidos y colectivos hayan definido sus posiciones respecto a estas cosas. Los documentos que han dado a conocer PNV -‘Elkarbizitzarako bakebideak’-, PSE –‘Euskadi 2006. Hacia la libertad y la convivencia’ y EA, aunque sea a través de su sector crítico, son coincidentes a la hora de subrayar la importancia de los 4 principios antes expuestos. No voy a omitir que entre ellos también afloran elementos de discrepancia. Pero, el cauce por el que estos tres colectivos desean que discurra el proceso democrático es socialmente integrador e institucional.

 

 

 

En parecidos términos ha definido también su posición el lehendakari (22 de marzo de 2006), asumiendo una responsabilidad que quiere compartir con el presidente del gobierno español en lo referente a las cuestiones políticas del proceso de normalización. Su disposición a liderar la búsqueda de un acuerdo integrador en la llamada mesa de partidos, a través de la representación legítima de la voluntad popular, da cuenta de su determinación de hacer irreversible la paz desde el fortalecimiento del papel institucional. Y, finalmente, el compromiso de facilitar una participación activa de la sociedad garantiza suficientemente que la paz no se enfangará en exigencias partidistas.

 

Un modus (con)vivendi para la normalización. Se habla de nuevo tiempo político. El alto el fuego es un elemento indicativo de este nuevo calendario. Pero, el nuevo tiempo ni puede sostenerse en gestos ni perderse en la complacencia de los discursos y los comunicados. Es posible que estos anticipen acontecimientos en el camino de la normalización del país. Pero esta normalización será imposible si únicamente se limita a dar respuestas a los requerimientos que se realizan en el ámbito de lo institucional y si la agenda del país no incorpora las tareas que incumben al ámbito social y comunitario.

 

En relación con el ámbito propiamente institucional, es cierto que nos podemos valer de la oportunidad de renovación del proceso instituyente que exige este nuevo tiempo político con el objeto, en primera instancia, de materializar un nuevo pacto de relación o asociación con el estado. Con este motivo, además, podría abrirse una ocasión apropiada de afrontar una reforma institucional interna que actualice la inserción de las instituciones y la administración con la sociedad al gusto de las actuales generaciones y que a la vez recobre el nivel óptimo de satisfacción social con su funcionamiento.

 

Pero, el otro es el ámbito relativo a la comunidad en su doble esfera social y pública. En este ámbito, la labor a realizar es compleja y requiere una visión de largo plazo. El objeto a conseguir sería la neutralización de todos aquellos factores de antagonismo que subsisten en la política, la economía y la cultura vascas. Los puntos de choque y ruptura que han mantenido vivo hasta el día de hoy un conflicto de alta intensidad en Euskadi se identifican con el choque de identidades nacionales (con sus afecciones políticas y culturales) y la confrontación de modelos socio-económicos. Unas líneas de choque, que por mucho que se achiquen, parece que vayan a permanecer.

 

Pues bien, la tarea de despolarización social se podría acometer a partir de un compromiso de búsqueda, desde todas las instancias públicas y no públicas, de un ‘modus (con)vivendi’ entre diferentes, que abarque desde el reconocimiento y acomodo de sentimientos de identidad divergentes hasta la aceptación de que en nuestro país coexisten gentes que aspiran a modelos sociales rivales, puede sostener la esperanza a futuro. Un ‘modus (con)vivendi’ en el que la plasmación libre de estos proyectos sea posible sin imposiciones, sin patrones únicos, sobre la base de pactos de convivencia entre los plurales proyectos, sentimientos y modos de vida existentes en Euskadi. Aunque se renunciara a una horma única de ciudadanía, la conjugación creativa y constructiva de las ideas de libertad, pluralidad y asociación voluntaria podría ayudarnos a dar con soluciones democráticas de las que ya existen ensayos, en nuestro país y en el mundo.

 

Se podrá decir que es poca cosa. Habrá quien seguirá sosteniendo un proyecto de mayor integración, que disuelva las plurales diferencias en un perspicaz consenso político sobre la base de un nuevo patrón de ciudadanía, enmarcado acaso en los parámetros de la nación cívica. Aunque éste no deje de ser un esquema con bastante predicamento entre las autoridades políticas, en realidad responde a un racionalismo de imposible realización en nuestro país, debido al uniformismo que presagia.

 

La idea liberal del ‘modus vivendi’, más ampliamente desarrollada por John Gray, ha sido tildada de escéptica. Pero, Gray considera que no es defendible que el liberalismo sea un sistema de principios universales y que la diversidad de modos y de valores de vida es un signo de libertad humana, y no un error. Y no se trataría de compartir valores, sino instituciones. Sin duda, creo que este enfoque es muy aprovechable para resolver nuestros problemas. La organización social de la convivencia de la pluralidad real de Euskalerria no tiene solución democrática desde la imposición de un modelo homogéneo único de identidad cultural, nacional y social, por muy cívico que se autoproclame. Ser conscientes de ello es ya un paso de gigante para el arreglo necesario en este ciclo histórico.

 

Joxan Rekondo

 

Goiz Argi, Nº38, abril de 2006