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Opinión y análisis

Derecho a decidir y territorialidad, «inalcanzables» según Chivite

El secretario general del PSN, Carlos Chivite, tildó ayer de «inalcanzables» e «imposibles» la autodeterminación o la territorialidad, que fueron señaladas por ETA en la entrevista publicada el domingo por GARA como las cuestiones en las que debe basarse un acuerdo político en Euskal Herria. En una rueda de prensa realizada en Iruñea, Chivite fue interpelado sobre la citada entrevista, y remarcó que «no doy ningún crédito» a las declaraciones de los portavoces de la organización armada. En la línea marcada por el Gobierno español, el líder del PSN incidió a continuación en que «no hay precio político para la paz, no hay monedas de cambio». Y añadió que «Navarra ni está en riesgo ni va a ser fruto de ninguna cuestión vinculada al proceso de paz», en respuesta al discurso lanzado desde UPN. En la entrevista, los portavoces de ETA indicaban que «el PSE y el PSN siguen a la sombra de la política marcada desde La Moncloa, y aún no han respondido a su compromiso de cara a desarrollar el proceso de Euskal Herria, y deberán hacerlo más temprano que tarde para que el mismo pueda desarrollarse realmente». La organización armada vasca incidía en el concepto de que «la clave del proceso está en el debate democrático en Euskal Herria» y subrayaba que «el acuerdo será una fórmula consensuada en torno a la territorialidad y la autodeterminación», que Chivite presenta como demandas «inalcanzables e imposibles». «En verificación» Carlos Chivite, del que en los últimos días se ha filtrado que no cuenta con la confianza de la dirección del PSOE y que podría incluso estar descartado para ser cabeza de lista en 2007, añadió además que por el momento sólo cabe hablar de la verificación del alto el fuego de ETA. «Todavía estamos en el proceso de que las instituciones del Estado verifiquen si ese anuncio es real», dijo Chivite, que concretó que «el cese pasa por que no haya ninguna modalidad de amenaza, de extorsión, de atentado o de violencia, sea de alta o de baja intensidad». Matizó al respecto que para que el alto el fuego se incumpliera debería considerarse que esas acciones «están vinculadas a lo que es la acción programada, dirigida, de la banda terrorista ETA. Puede haber incidentes y grupos descontrolados», añadió.

«Sin violencia se arrinconará el debate identitario»
Patxi López, secretario general del PSE, también sigue eludiendo responder a la invitación a poner en marcha ya un diálogo resolutivo que se le plantea desde la izquierda abertzale. En una comparencia realizada ayer en Bilbo, aludió exclusivamente a cuestiones relativas a una eventual mesa entre el Gobierno español y ETA, y consideró incluso que «en cuanto nos quitemos la presión de la violencia se arrinconarán los debates identitarios».
«Hay que poner fin a la Euskadi de las identidades enfrentadas que tanto gusta a Ibarretxe para tener una Euskadi de ciudadanía y de políticas de bienestar», dijo López. También arremetió contra el PP por usar la entrevista a ETA para atacar a Zapatero. «Todo es una rendición ante ETA», ironizó. Respecto a las declaraciones de la organización armada, aseguró que «por muchas entrevistas que haga, no va a condicionar ni a tutelar el diálogo y los acuerdos que corresponden exclusivamente a los partidos».  Gara, 17 de mayo de 2006

¿QUÉ QUIERE ETA?: Auto de terminación

Desde que la organización terrorista ETA ondeara la bandera blanca el pasado mes de marzo, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y sus satélites se han recreado en la idea de que el diálogo es la única vía para la paz. Aunque las últimas declaraciones de la banda terrorista en el diario Gara han dejado claro que, más que con la palabra, el camino ha de empedrarse con la autodeterminación.

En concreto, los dos etarras entrevistados por dicho diario afirmaron: "El acuerdo final que lleve a término [el proceso de paz] debe ser una formulación acordada sobre la autodeterminación y la territorialidad, ya que ésas son las claves para superar un conflicto de tantos años". Tales exigencias irrenunciables reclaman un imposible. Suponen algo tan complejo como que los territorios forales, Navarra e Iparralde (Laburdi, Zuberoa y Baja Navarra) decidan si quieren seguir siendo parte de España y Francia o si, por el contrario, prefieren constituirse en un Estado independiente, lo que los nacionalistas denominan "marco político propio".

Por tanto, el primer límite con que se encuentra el proceso de paz es que, en todo caso, se debe implicar a Francia en la satisfacción de las ansias territoriales de ETA, que pretende devolver al pueblo vasco los territorios de más allá de la muga (frontera). La pregunta es: ¿y si París se opusiera? ETA ha advertido de que su respuesta "estará en función del proceder que tengan España y Francia". De ahí que una negativa del Gobierno francés pondría en entredicho la negociación de Rodríguez Zapatero con el grupo terrorista. El segundo es el referente a Navarra, ya que, a fecha de hoy, no ha ejercitado la opción de incorporarse a la Comunidad Autónoma Vasca que recoge la Constitución en su disposición transitoria cuarta. Aun así, habría que conseguir que los navarros pidieran en bloque también el derecho de autodeterminación para que fueran fagocitados por el País Vasco. Si no lo hacen, muy probablemente, por lo que señala ETA, las culpas recaerían en "el fascista Sanz" (sic), por "colocar un muro frente a esa oportunidad de cambio político".

El último escollo, y probablemente el más relevante, es que no se busca un "proceso democrático" que conduzca a la celebración de un referendo, sino un resultado: la independencia de Euskal Herria. De hecho, en la entrevista los terroristas dicen: "Debemos poner en marcha el proceso democrático que plasmará el cambio político de los marcos impuestos a Euskal Herria". Es decir, los terroristas no entienden por democracia un derecho del ciudadano, sino del pueblo. El individuo se realiza sólo en la medida en que su pueblo lo hace mediante la autodeterminación. Por eso, únicamente importa el voto del vasco concienciado, del vasco que es consciente de lo que importa a su tierra. Si al pueblo vasco no se le coarta podrá elegir libremente la secesión de su nación de los opresores. Parafraseando a Ibarretxe, parece ser que, según la banda, "todos los vascos tienen que sentirse a gusto [con el plan de ETA], si es que son vascos". No hacerlo supondría la necesidad de retomar la violencia para acallar la disidencia y devolver el rebaño al establo.

Tal radicalismo secesionista impediría incluso la aceptación de un estatuto de autonomía como el catalán, o el que planteó Ibarretxe a través de su famoso plan. No cumpliría con los requisitos para la paz definitiva porque, aunque supondría que Euskadi gozaría de más competencias, incluso quizás del reconocimiento como nación, no podría ejercitar su sacrosanto derecho a decidir su futuro libremente. Es más, ya han advertido de que esta vía "no haría sino alimentar el conflicto", lo cual debe entenderse como la vuelta a las armas. En todo caso, hay que recordar que la banda terrorista se ha reservado el derecho a seguir extorsionando, tal y como evidencian las versiones en euskera y francés del comunicado de alto el fuego. Así que la supuesta tregua no excluye que sigan pidiendo el impuesto revolucionario, coaccionando, adquiriendo armamento o llamando a la kale borroka, lo cual dista mucho de ser el escenario propicio para dialogar. Considerando las dificultades para satisfacer las pretensiones de los terroristas, no parece que haya nada que pueda complacerles. Aparte del manido diálogo, el Gobierno sólo está en disposición de liberar a los presos terroristas y legalizar Batasuna. Conociendo los límites de la negociación, puede que ETA pretenda ganar tiempo. Su objetivo parece que pasa por conseguir la amnistía, la excarcelación de los "militantes políticos" (sic) y la resurrección de Batasuna. De lograrlo, podría inyectar fondos a su organización y erigir de nuevo su imperio de terror.

De hecho, como ha apuntado el ex gobernador civil de Guipúzcoa Goñi Tirapu, "la banda empieza a impacientarse y pide que se pase a la siguiente fase: la mesa de negociación". "Batasuna tiene prisa en recuperar la legalidad y el pesebre institucional, de modo que el tiempo apremia para ellos". Este es un juego second best, donde si no se consigue el fin principal, la independencia, al menos se logran fines secundarios, como dinero y poder político. ¿Y qué gana el Gobierno con este ajedrez político? Parece difícil conjeturarlo, pero no es descartable que la suya sea una apuesta por estirar la tregua hasta las siguientes elecciones, para ganarlas por mayoría absoluta; ya que, con ETA en tregua permanente, hasta los más renuentes acabarán aceptando que Rodríguez Zapatero es el nuevo Mesías. Pensando en que algún día sonará el "alabaré a mi señor", el presidente disfruta de este "afloja y afloja" con los asesinos. Cuando ETA apure el envite no habrá buenas manos. Las cartas estarán echadas y el Gobierno se encontrará con que no ha podido con el órdago. Al final, no podrá decir "mus".

¿Recordará entonces ZP lo que decía el maestro de Felipe González, Willy Brandt?: "Permitir una injusticia significa abrir el camino a todas las que siguen". Permitir que ETA resucite sería regresar a los tiempos más oscuros de nuestra democracia. Casi mil muertos deberían hacernos reflexionar sobre lo que es justo y lo que no.

Por Gorka Echevarría Zubeldia

 

Libertad Digital, suplemento Ideas, 16 de mayo de 2006

Mayor Oreja: "Lo único que hay que verificar es hasta dónde está dispuesto Zapatero a ceder ante ETA"

Si algo revela ETA en Gara es "la gran mentira" del Gobierno sobre el buen camino emprendido por los terroristas. Jaime Mayor Oreja cree que, una vez comprobado que la banda sigue y va a seguir con sus métodos criminales, "lo único que hay que verificar no es el alto el fuego, sino hasta dónde está dispuesto a ceder Rodríguez Zapatero en una negociación política con ETA". El presidente del Grupo Popular Europeo constata en la COPE que sólo el Gobierno y el PSOE han cambiado. Necesitan "mentir cada día un poco más, y además de una manera más sibilina", para hacer creer que los terroristas "van por el buen camino".

 

Las mentiras del Gobierno sobre el cambio de ETA han sido desmontadas por la nueva aparición de los terroristas en las páginas de su periódico vocero. El documento supone una "confirmación de dónde estamos, exactamente", ha declarado Jaime Mayor Oreja a la COPE.

 

"No estamos en un proceso de paz, estamos en una negociación política, con la que ETA pretende alcanzar la autodeterminación del País Vasco", comenta el eurodiputado del PP.

 

La verificación de las intenciones de la banda, por medio de informes del Gobierno, proporciona un conocimiento de menor calidad que la verificación de las intenciones de Zapatero, a juicio de Mayor.

 

"Lo que hay que verificar hoy en España", subraya, "es exactamente las condiciones de la negociación política; cuánto quiere, pretende o va a ceder el Gobierno de España en una negociación política" con terroristas. "No se trata de verificar la paz", indica Jaime Mayor, "se trata de verificar hasta qué grado el Gobierno socialista está dispuesto a ceder en una negociación con ETA".

 

Las últimas opiniones de ETA, reafirmándose en su voluntad de seguir extorsionando a empresas, personas e instituciones, y en sus objetivos de autodeterminación de Navarra y anexión de Navarra, no contienen novedad alguna, para el presidente de los populares europeos.

 

"ETA no ha cambiado nada", insiste Mayor Oreja. "ETA no puede cambiar. Las organizaciones totalitarias y, además, terroristas no pueden cambiar. El nazismo no pudo cambiar".

 

La "euforia de las mentiras"

 

Se necesitan mentiras para hacer creer que ETA está renunciando a la violencia y a sus objetivos políticos. Mayor lo define como una "euforia de las mentiras".

"A veces", dice el eurodiputado, "las mentiras tienen el efecto de producir una falsa euforia. Y estamos en una de esas grandes mentiras, trasladando a la sociedad española que ETA está cambiando, cuando lo que está cambiando es Zapatero, el Gobierno socialista y el PSOE".

Mayor añade que "cuando se está en una gran mentira, se necesita mentir cada día un poco más y, además, cada día de una manera más sibilina, y ese tercer informe del Ministerio del Interior será un poco menos mentiroso que el cuarto, que todavía será más mentiroso. Estamos intentando envolvernos en una gran mentira".

 

El diputado popular celebra la reelección de Francisco José Alcaraz como presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Su continuidad representa el fracaso de "la estrategia socialista y del Gobierno", que consiste en que "todas las organizaciones asentadas en los valores constitucionalistas entren en crisis" para que el presidente del Gobierno pueda "llevar adelante sus planes" de negociar con ETA, sobre lo que ETA quiera.

 

Libertad Digital, 15 de mayo de 2006

ZP juega con dos barajas

El errático viaje del Estatuto catalán debería proporcionarle a Zapatero importantes lecciones. El “no” aprobado hace unos días por la dirección de Esquerra Republicana ha convertido este proyecto en una victoria pírrica para los socialistas, que ven cómo el Gobierno de Maragall se desmorona y se avecinan unas elecciones que podrían hacerles perder esta plaza fuerte.

El presidente ha sufrido ya los estragos de haber pactado con un nacionalismo extremista como es el de ERC y sabe que el apoyo de última hora que le brindó CiU para aprobar el Estatuto fue la única posibilidad de salvar la cara y salir del atolladero. Es imposible que no trate de aplicar esta enseñanza a lo que se ha convertido en el producto estrella de esta legislatura y en el único asunto de interés en su propia agenda: el fin de la violencia de ETA.

Así pues, Zapatero seguramente revisa una y otra vez el guión que le escribió Eguiguren (PSE) y no termina de creer que sea posible un pacto con Batasuna en Euskadi y en Navarra. En el laberinto catalán, CiU fue una puerta falsa, una salida de emergencia, y ahora el jefe del Ejecutivo sabe que, en la cuestión vasca, necesita tener una salida de emergencia, un Plan B, por si las cosas se ponen feas con Batasuna/ETA. Es una jugada arriesgada y ZP la va a jugar con dos barajas.

Éste es el sentido del acercamiento del presidente del Gobierno al sector más moderado del PNV, representado por el presidente, Josu Jon Imaz, que fue escenificado el pasado jueves en La Moncloa. Todo apunta entonces a que el Plan B pasaría por llegar a acuerdos con el PNV, reforzando el ala más constitucionalista de este partido frente a los soberanistas. Jugar con dos barajas y a dos velocidades.

Por ello tiene importancia el mensaje que está transmitiendo el propio Imaz y el presidente del Senado y secretario del PSE en Álava, Javier Rojo, pidiendo cautela y unos plazos más largos. “Primero, la paz; luego la política”, recomienda el presidente del PNV, pidiendo que la mesa de partidos se aplace, se haga en el ámbito parlamentario e incluya al PP. “Hoy es imposible un pacto entre el PSE y Batasuna”, advierte Javier Rojo, quien sostiene que tendrán que pasar “varias generaciones” para que pueda darse una alianza como ésta.

El presidente del Senado va más allá y reconoce la enfermedad que aqueja a la sociedad vasca desde su raíz, que es la desconfianza y la división que han provocado 30 años de terror. Eso no se resuelve en unos meses. Zapatero debe tomar nota de estas advertencias fundadas en el realismo. Sobre todo cuando Batasuna sigue haciendo exactamente lo contrario de lo que se espera de una formación que quiere alcanzar una normalidad legal y democrática. La organización de Otegi exige que se cambie la ley para no tener que plegarse a ella. Esto y los últimos sabotajes no le ponen las cosas nada fáciles al Gobierno, que ya está renunciando a la idea de llevar al Parlamento la consulta sobre la negociación con los terroristas.

La realidad es testaruda y los hechos demuestran que hoy no se dan las condiciones de libertad y neutralidad que permitan iniciar un proceso de reformas políticas en el País Vasco. La ausencia de asesinatos es necesaria y muy saludable. Pero hace falta mucho más. Es imprescindible que quienes han ejercido durante décadas la violencia y la amenaza renuncien expresamente a ellas y garanticen el respeto escrupuloso a todas las opciones políticas y a las reglas del juego democrático. Zapatero no debe ceder a los cantos de sirena que le urgen a tender la mano a Batasuna y ha de cambiar el guión. Sería un ejemplo de realismo y altura de miras.

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 9 de mato de 2006

La paz como violencia

El proceso de paz sigue cobrándose víctimas; eso sí, las de siempre. Una semana después del atentado que llevó al hospital a un niño de diez meses, el Gobierno olvida los hechos materiales; los autores del atentado entraron en el comercio rompiendo los cristales, rociaron los muebles y las mercancías con gasolina, depositaron una garrafa de líquido acelerante y le pegaron fuego. Después se marcharon. Acción preparada, premeditada y medida en sus consecuencias, tanto materiales como políticas; desde entonces, la pregunta en toda España es si Navarra deberá ser sacrificada en nombre de la paz.

 

El Gobierno ha restado importancia a los hechos, y ha sembrado dudas sobre su autoría. Empeñado en copiar el modelo irlandés, ha olvidado como funcionan las cosas en el País Vasco; desde hace más de treinta años nada se mueve en el mundo abertzale si no es con el visto bueno de ETA. Sus informadores y captadores se mueven por todas las esquinas de todas las herriko tabernas, y Zutabe marca la línea a seguir de todos ellos. Las bases y los militantes etarras muestran una obediencia ciega; nada que pueda incomodar a "la empresa" pasa por sus cabezas.

 

Ante las excusas y balbuceos del ministro del Interior, el presidente de Navarra ha recordado que hace unos años esto hubiese sido considerado un atentado en toda regla. Pero sus palabras han sido recibidas por el PSOE con una agresividad y dureza que contrasta con los elogios que dedica al entramado etarra. Le acusan de entorpecer la "paz". Éste es el nuevo delito que el Gobierno de Zapatero denuncia en quienes sufren las iras abertzales y se atreven a denunciarlo.

 

Hoy se chantajea a los empresarios, los concejales constitucionalistas denuncian que han vuelto las amenazas, los insultos y las pintadas. Atentan contra sus negocios ¿Qué ha cambiado? Esta vez el Gobierno de la nación no ha salido defendiendo a los empresarios y concejales, sino que se está dedicando a excusar a los autores de los delitos. Afirma que no es para tanto cuando el humo aún ennegrece los edificios de Barañain. Balbucea excusas cuando el empresario se despierta de noche pensando en si debe o no pagar al extorsionador. Guarda su seguridad para cuando habla de "paz"

 

En nombre de la paz, el Gobierno está tejiendo una peligrosa pinza alrededor de todos aquellos que desconfían del terrorismo de ETA. Si ETA ha apostado por la paz, todos los que se le oponen se oponen a la paz. Así, la galaxia mediática progresista ordena cada mañana callar y tragar a todos aquellos que hoy sufren la violencia etarra; concejales y empresarios deben sacrificar sus propiedades y recibir amenazas y chantajes sin protestar para no perturbar el "ansia infinita" de paz de Zapatero

 

Nos encontramos ante una lógica perversa; quien denuncia que ETA sigue actuando a sangre y fuego se convierte automáticamente en enemigo de la paz. Cuando el PSOE y los medios afines afirman que Batasuna está saltando al campo de la paz, están diciendo que quienes se oponen a Otegi y ETA se colocan fuera de ella. Así, los enemigos de la paz no son los violentos, sino quienes se oponen a ellos. Quedan por ver las consecuencias de todo ello.

 



GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

 

 

Libertad Digital, 2 de mayo de 2006

 

 

La amnesia y el método Stanislawski

Quien diga que en España no se ha inventado nada, quitando la fregona y el chupachups, yerra de medio a medio. Andan los científicos de otros países a la busca de una droga que permita anular recuerdos para tratar el stress post-traumático, y aquí existe ya una sustancia con mucho más poder. No se ha patentado todavía, pero pruebas hay de que ese opiáceo existe y de que manda al olvido toda clase de episodios inconvenientes. Funciona de un día para el otro, de una semana a la siguiente, y de un mes como febrero a otro como abril. Pues era en febrero, y a finales, cuando De la Vega y Blanco, tanto monta, monta tanto, se encocoraban contra la reacción a un comunicado de ETA que no hablaba de tregua ni de alto ni de paz, sino de lo de siempre. Y decía el uno: los socialistas no son "comentaristas políticos" de las digresiones etarras. Y la otra: sólo se comentará la nota que anuncie el final de la violencia. Y venga palos a los que allí leían las ansias infinitas de poder de la banda.

 

Un mesecillo después, la tropa de Zetapé comentaba sin rebozo el panfleto en el que no se anunciaba el final, sino una pausa. Y al cabo de otro mes, de una remesa de cartas de extorsión y un par de atentados, se ha erigido ya en intérprete de la voluntad de los terroristas. No ha dicho la ETA ni mu sobre el incendio de la ferretería y los cócteles en Getxo, pero han hablado por ella ZP y Moraleda, con la cobertura de Rubalcaba. Así que en dos meses han pasado del no comment a comentar, y de ahí a interpretar, un salto cualitativo para unos actores que han intuido la esencia del método Stanislawski y han interiorizado el personaje. Intérpretes son, o ventrílocuos. Aunque no está nada claro quién pone la voz y quién hace de muñeco. El espectáculo es para alquilar balcones. El gobierno, en lugar de exigir pruebas, y mientras tanto dar por roto un alto el fuego que nunca debió celebrar con servil alborozo, asume la portavocía de la banda para asegurar que no dio ella la orden.

 

Pero esto se veía venir desde que Zapatero enunció la nueva doctrina de la voluntad, derivada de su "ética práctica", léase oportunismo. No importa que entreguen las armas, dijo, sino que tengan la voluntad de no usarlas. Con tal sustitución de un criterio objetivo, aunque insuficiente, por otro subjetivo y mucho menos fiable, se preparaba el tránsito a la interpretación. Pues es el gobierno quien va a interpretar a ETA, o eso pretende. Y para un gobierno que apuesta su capital político al éxito del entendimiento con los terroristas, ni incendios ni chantajes, ni amenazas ni crímenes mayores, constituirán señales de mala voluntad, que eso supondría el fin del trato y del negocio.

 

Y cuando una banda terrorista sabe que el gobierno no le colgará el teléfono, puede jugar a la guerra y a la paz. Dar una de cal y otra de atentados. Que serán los "accidentes", las perrerías de incontrolados, de gamberros, de pirados o, como insinúa la claque batasuna, de los "provocadores" a quienes no interesa "la paz". Una especie ésa, que iba implícita en ese mero "muy graves" con que Batasuna ha adjetivado los sucesos de Getxo y Barañáin. Allí donde se explayan sus "analistas" diseminan el rumor de que las empresas de seguridad y la extrema derecha van a hacer de las suyas para entorpecer el Proceso. Veremos lo que tarda el gobierno en acogerse también a esa tesis. Que en la botica de ZP aún queda lugar para nuevos alucinógenos que transfiguren cuantas violencias salpiquen la negociación con la ETA.

 

 

 

Cristina Losada

Libertad Digital, 28 de abril de 2006

 

Despacio y con buena letra, señor presidente

Los únicos que no han condenado sin lugar a dudas el atentado que sufrió este fin de semana un concejal de UPN han sido Batasuna y el presidente del Gobierno. Sólo han pasado dos meses del anuncio de alto el fuego permanente y la sociedad vasca, navarra y española merecen un Gobierno que diga “no” a la violencia. El camino será largo y difícil, como dijo Zapatero, no se pueden solucionar en cuatro meses casi 30 años de terrorismo. En estas condiciones no se puede ir en mayo a pedir autorización al Congreso para comenzar las negociaciones con ETA.
Desde que el pasado 22 de marzo la banda terrorista ETA anunciara su alto el fuego permanente, la violencia en casi todas sus manifestaciones ha seguido presente. Se han producido extorsiones como la carta enviada después del anuncio a un empresario de la ribera navarra y se ha atacado la ferretería de un concejal de UPN, así como una oficina de Mapfre en Getxo. Es decir, el terrorismo ha seguido presente, de baja intensidad, pero presente.
A la espera de la confirmación por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado de la autoría de estos atentados, si vienen o no ordenados por la dirección de ETA, uno se pregunta cómo es posible que el presidente del Gobierno no condenara sin paliativos la destrucción del negocio del edil navarro el pasado domingo. Algo que ha hecho de manera rotunda, por ejemplo, el PNV. El lehendakari Juan José Ibarretxe, en una clarísima intervención, ha pedido como condición sine quanon al inicio de cualquier proceso el cese de la violencia. Los únicos que no han condenado sin lugar a dudas este atentado han sido el presidente del Gobierno y Batasuna.
Zapatero aseguró al líder del PP Mariano Rajoy que no tiene adquirido ningún compromiso con la banda terrorista y, como ya hizo Rajoy, la sociedad española dio un voto de confianza al presidente. Sin embargo, el silencio del jefe del Ejecutivo hace sospechar de nuevo que el Gobierno y la banda tienen ya atado y bien atado todo el mal denominado proceso de paz, como lo ha calificado el arzobispo de Pamplona.
¿Cómo es posible que Zapatero en un medio de comunicación afín no repare en calificativos positivos hacia Arnaldo Otegi, hace dos semanas, llamándole casi un hombre de paz, y no sea capaz de condenar la destrucción total del negocio de un concejal? En el mitin de autobombo de Vista Alegre de este domingo, Zapatero sí volvió a condenar la guerra de Iraq por ilegal, inmoral e ilegítima, pero ni una sola palabra del ataque que horas antes se había producido en su país a 400 kilómetros de Madrid, y creo que ni una sola llamada de solidaridad.
Zapatero no condena, como tampoco Batasuna. El brazo político de ETA todavía no ha pedido a la banda terrorista el fin de la violencia, como sí hizo desde el principio el Sinn Fein al IRA.
Llevamos tan sólo dos meses de alto el fuego permanente y, como dijo Zapatero el mismo día del anuncio, será un camino “largo y difícil”. Por eso no cabe pensar que estamos ya en condiciones de pedir autorización al Congreso para negociar con la banda, como quiere el Gobierno al hacer coincidir el Debate sobre el Estado de la Nación con la autorización al diálogo. Si se sigue el guión que al parecer quiere Zapatero, se pediría permiso al Congreso el mes que viene, en mayo. Se pretende solucionar un problema de casi 30 años en cuatro meses. Demasiadas prisas y además no se está haciendo con buena letra. Zapatero debería haber marcado una línea y haber advertido a ETA que se acabó la violencia, sea como sea.
Aunque esto suponga saltarse el guión previamente establecido, y todo empieza a indicar que pactado con Batasuna.

El edil de UPN merece un respaldo de su presidente, también los navarros, las víctimas y todos los españoles merecen que su jefe de Gobierno no hable de frases retóricas sobre la paz y marque aquí una línea roja: primero que se acabe el terrorismo, luego veremos. Pero Zapatero tiene prisa y, como ya ha anunciado el “portavoz abertzale” Alec Reid, el fin de ETA está previsto para 2008; y con él, el cambio político.

Raquel Martín
Páginas Digital, 25 de abril de 2006

El pacto ETA-ZP, tan frágil como real

Para los que creemos que los etarras no matan por matar, sino por hacer realidad los delirios totalitarios, expansionistas y secesionistas que les inculcó el nacionalismo vasco, cualquier "proceso de paz" o cualquier oferta de "final dialogado de la violencia" constituye, quiérase o no, una fuente de esperanza para los terroristas. Gracias a estas promesas, los etarras acaban creyendo que, llegado el momento, no sólo no tendrán que pagar por sus crímenes sino que cobrarán políticamente por dejar de perpetrarlos. El imperio de la ley es incondicional; no por nada a la Justicia se la representa vendada. No aspira, por tanto, a obtener publicitados "comunicados de paz" ni circenses "entregas de armas"; sólo a perseguir y, al tiempo, convencer a los terroristas, uno a uno, de que deben abandonar toda esperanza de lograr algo, por matar o dejar de matar. Ni los más descerebrados kamikazes se inmolan en matanzas que consideran estériles. Los etarras, que no son precisamente suicidas, hace tiempo que hubieran dejado definitivamente de matar si hubieran llegado a la convicción –anónima y personal– tanto de la severidad y certeza de los costes penales, como de la nula obtención de los beneficios políticos esperados, que sólo son tales para la mentalidad nacionalista.

Aunque Aznar tanteara la impunidad y cometiera el error de sentarse a negociar con quienes la ley exige –en todo momento– detener, el anterior presidente quiso dejar claro, desde el primer momento, que no pagaría precio político alguno por la paz. Ninguna cesión política hizo el gobierno del PP, como tampoco lo hicieron los anteriores, ni para obtener ni para prolongar una tregua que los terroristas, además, habían pactado con los partidos separatistas de Lizarra. Una tregua que, tras su finalización, llevó a los principales partidos nacionales a la aparente determinación de optar, por primera vez en la historia de nuestra joven democracia, por la vía de la derrota de la organización terrorista, dejando de lado el apaciguamiento.

Hoy la tregua que nos ocupa es un pacto entre la organización terrorista y un gobierno que ya ha sido aliado del separatismo catalán y que se dispone a serlo del separatismo vasco. Un pacto en forma de "alto el fuego" que el gobierno del 14-M, antes de consensuarlo con la propia ETA, había buscado denodadamente con pagos por anticipado tan bochornosos como su alianza con los separatistas, el entierro de la joven ley de partidos, la neutralización de las víctimas y de algunos fiscales y jueces o el guiño a todos los separatistas vascos, proetarras del PCTV y de la propia Batasuna incluidos. Un pacto que ya no busca el apaciguamiento por la vía penal, sino también por la vía política. Un pacto disfrazado de aparente "ausencia de violencia" por cuya conservación, por lo menos hasta las próximas elecciones, Zapatero parece dispuesto a que "todo quepa, tenga el alcance que tenga".

La existencia de atentados incruentos durante los dos primeros años de legislatura, no nos hizo perder la convicción de que ETA y el Gobierno del 14-M llegarían finalmente a este anestésico "pacto-tregua" para poder disfrazar electoralmente de "paz" la inherente ruptura del consenso constitucional del 78 y las subsiguientes cesiones jurídico-políticas al separatismo.

Tanto aquellos atentados de "baja intensidad" como los que se han producido estos días, deben, por supuesto, ser firmemente condenados y señalados como recordatorio de la naturaleza chantajista y criminal de esa organización terrorista con la que el gobierno del 14-M quiere cerrar el "pacifista y dialogante" frente anti-PP. Pero eso no es óbice para señalar asimismo que el pacto de la organización terrorista y del gobierno, aunque frágil, es real. El "alto el fuego" es un pacto entre ETA y el Gobierno del 14-M pero, al mismo tiempo, constituye un chantaje. Zapatero quiere encubrir ambas naturalezas en una anestésica y electoralista "paz" electoral. Y esa "paz" bien vale, a los ojos de ZP, los oficios de la "nación vasca", que se habrán de celebrar, eso sí, antes de las generales.

Editorial, Libertad Digital, 25 de abril de 2006