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Foro El Salvador

Opinión y análisis

Aprendiendo a pactar

La violencia ha estado presente en todas las sociedades, pero en el siglo XX, uno de los más violentos de la historia de la humanidad, perdieron la vida por con- flictos armados, según organismos internacionales, más de 191 millones de personas. Estamos, pues, ante una moderna experiencia en guerras y, por tanto, en pactos, cosas no distanciadas entre sí y que normalmente se imponen a las partes al fin de un conflicto. Y en este final, proceso terapéutico por excelencia, si se quieren desarrollar las bases de un consenso más o menos amplio y reparador, las garantías implícitas y explícitas de éxito reclaman no caer en la tentación de sólo exigir unilateralmente a una parte, pues cada parte en conflicto tiene, de lógica, sus víctimas y también su personalidad específica, con sus protagonistas y con determinados sectores sociales implicados.
Otra característica de los procesos de paz, ya sea en formato personal, familiar o colectivo, debido a la dificultad para experimentar el dolor subjetivo del otro, es que no están exentos de emociones y demonios que pueden convertir a los participantes, en admirables y sanos protagonistas, pero también, por el contrario, en más víctimas, si cabe, del odio, del rencor y de las preocupaciones. En estos procesos, si un bando apuesta por la asimetría del dolor, como nos movemos en un espacio íntimo, intangible, en que afortunadamente no es posible medir la ratio de razonable, el otro estaría legitimado para preguntar: ¿hacia qué parte?, por lo que es aconsejable despejar todos los productos inconscientes de la imaginación y reforzar los aspectos más conscientes y más saludables de la razón para construir o manejar una nueva historia.
Por tanto, según la participación y la forma de pactar, existen múltiples modelos y posibilidades de negociación. Podemos resaltar una, por su proximidad y por la importancia histórica que se le otorgó, para ver los resultados que la tozuda realidad está demoliendo y resituando.
En 1975, a la muerte del dictador Franco, el Estado español usó interesadamente el término reconciliación para sugerir un final de guerra iniciada por los militares facciosos que el 18 de julio de 1936 se sublevaron contra la II República Española, legalmente constituida y democrática. La vituperada transición pactada permitió que el ejército rebelde ­ejercito victorioso­, sin pedir perdón ni aceptar que incurrió en graves violaciones de los Derechos Humanos, y a pesar de las calamidades que protagonizaron hasta el último día, benévola e indulgentemente se alzara de nuevo como garante y defensor de un pueblo reprimido a hierro y fuego durante cuarenta años. Que era un pacto inspirado, para sólo una parte, los vencedores, e intervenido por vencedores, queda reflejado en la lucha mantenida hoy todavía entre los partidarios de la memoria (la de los humanos es muy corta) y el olvido oficial de la Historia que se impone desde ciertas instituciones.
Y la señal fundamental para entender que la transición fue poco modélica, con una negociación y una paz más impuesta que elaborada, son los postulados esgrimidos sesenta años después del final de la guerra civil por el cardenal Rouco Varela, como reflejo de una iglesia tradicionalista y víctima: «no hemos querido hacer ni lo uno ni lo otro (acto de arrepentimiento y reconciliación), porque nos parece que no hubiera sido justo ni oportuno».
En el presente vasco, con una dura negociación y con un posible futuro de nuevos tratados, por el negro horizonte que dejó en Euskal Herria los pactos de aquella transición, sería bueno averiguar quién tuvo intereses en aquel engaño y quién fue el falsificador en aquellas fechas, porque no estamos como afirma Nietzsche ante la necesidad de un olvido creador sino, por el contrario, ante un histórico pacto con la imperiosa necesidad de una memoria creadora y reparadora.
Después de años de guerra, los agentes políticos españoles declaran que están verificando la voluntad del alto el fuego de la organización ETA, y que actuarán como siempre, desde Euskal Herria verificaremos también si en esta ocasión van a huir de la verdad y a disimular de nuevo la historia. Reclamar sólo a una parte y concentrarse en el poder representativo que imagi- nativamente (sólo en la imaginación) han poseído es ocultarse sine die a la realidad, porque el estilo de vida de los vascos ya está moldeado con unos cimientos históricos. Estos cimientos y moldeado legado, han sido asumidos en las conciencias de los que nos vamos, pero también en las de los que vienen. Y este estilo y esta vía son los que seguirán nuestros hijos con su timing psicológico, es decir con su ritmo y su momento oportuno, de acuerdo con la dinámica emocional que subyace a todo acto humano. -
Francisco Larrauri - Psicólogo


Gara, 25 de abril de 2006

EN MAYO DE 2007: El PP vasco podría ser la principal víctima política del alto el fuego

O, traducido en términos de la máxima actualidad: podrían no estar personas como José Antonio Mendive, la última víctima de ETA, que le quemó su negocio en la madrugada del sábado en Barañain (Navarra), y sí podrían estar personas como Pernando Barrena, que en su rueda de prensa horas después no condenó ese crimen y pretendió volverlo contra la "derecha navarra".

El problema que se plantea

Todo parece apuntar a que en un escenario de verificación positiva del "alto el fuego permanente" de ETA, Batasuna podría volver a la ley y presentarse a las elecciones municipales.

Pero entonces el Partido Popular del País Vasco tendrá problemas para confeccionar sus listas de candidatos, especialmente en los municipios más pequeños y con mayor representación de la izquierda abertzale. En efecto, fuentes del PP vasco aseguraron a Servimedia que muchos de los candidatos populares que se presentaron en los comicios de 2003, a los que Batasuna no pudo concurrir por ser un partido ilegalizado, no están dispuestos a repetir el próximo año si el entorno de ETA vuelve a las instituciones.

La formación que lidera María San Gil ya tiene constancia de que un grupo de concejales populares está dispuesto a "tirar la toalla" en el caso de que la izquierda abertzale vuelva a las instituciones. El motivo es que no quieren volver a encontrarse en los plenos municipales con quienes durante años les han estado amenazando.

Las elecciones de 2003 fueron más libres para ellos

Al contrario de lo que cabía esperar, el alto el fuego anunciado por la organización terrorista ETA puede generar más dificultades que facilidades al Partido Popular del País Vasco en la elaboración de las listas electorales, aunque prosiga la ausencia de violencia.

La dirección regional del partido tiene constancia de que concejales de pueblos pequeños están dispuestos a "echarse para atrás" y no repetir como candidatos en los comicios municipales del próximo año. Esta situación se da, sobre todo, en localidades con escasa población donde los vecinos se conocen unos a otros y los concejales del PP dependen de su actividad profesional para subsistir.

La ilegalización de Batasuna en 2003 permitió al Partido Popular incrementar el número de candidatos a las elecciones hasta cifras históricas. Sin embargo, su retorno puede causar un paso atrás en el número de candidaturas aunque el denominado "proceso de paz" marche por buen camino.

María San Gil ya ha puesto manos a la obra

Para evitar la renuncia de los concejales en los próximos comicios, el equipo de María San Gil está volcado en "arropar" a los militantes del PP en todo el País Vasco para evitar que se sientan solos y tengan la tentación de abandonar la política activa con la vuelta de Batasuna a las instituciones.

El presidente nacional del Partido Popular, Mariano Rajoy, y el secretario general, Ángel Acebes, también se han implicado en esta campaña durante los últimos meses con su asistencia a diversos actos organizados en el País Vasco. El objetivo de la dirección nacional es que el partido consiga presentar en las elecciones de 2007 un número de candidaturas superior a las de 2003.

El Semanal Digital, 24 de abril de 2006

 

ETA, aún

No por esperada es menos dolorosa una constatación: el atentado que en la madrugada del sábado ha destruido el comercio familiar del concejal de Barañain José Antonio Mendive supone el fin de cualquier ingenuidad sobre la voluntad de ETA de seguir sembrando el terror. Este atentado obligaría a un Gobierno serio a dar la cara; las vagas excusas con las que Rodríguez Zapatero, Blanco o Rubalcaba defendían el alto el fuego etarra han saltado por los aires junto con la ferretería del concejal navarro. Los hechos nos muestran los entresijos de la hoja de ruta de la paz del Presidente y de ETA. Con este tipo de atentados, los terroristas permiten a José Luis Rodríguez Zapatero y a su galaxia mediática seguir repitiendo la cínica fórmula de que ETA lleva tres años sin matar. Pero al mismo tiempo le permite seguir con su tradicional estrategia; sembrar el terror entre aquellos que se oponen a su proyecto. El atentado muestra que la maquinaria terrorista etarra sigue bien engrasada, y que puede intensificar un frente y ralentizar otro cuando le conviene. Pero la estrategia, acabar con los desafectos, sigue intacta. El atentado contra los Mendive demuestra que ETA sigue en lo mismo de siempre. Si el Gobierno mantuviera mínimamente la coherencia intelectual y moral, cualquier diálogo con ETA debiera haber saltado por los aires junto con el comercio de la familia Mendive.

El ataque se produce, además, en la localidad navarra de Barañain. En primer lugar no es casualidad que se produzca en la Comunidad Foral, precisamente en una semana en la que ha salido definitivamente a la luz el pacto que el PSOE ha alcanzado con ETA para crear una dieta común que suponga el principio del fin de la autonomía de Navarra. Con la situación en el País Vasco controlada, ETA parece centrar ahora sus esfuerzos en desestabilizar Navarra, y aumentar la presión sobre los miembros de UPN, quienes se oponen con más firmeza a su proyecto anexionista. ETA sabe que Zapatero ha abandonado cualquier defensa de Navarra; extorsiona a sus empresarios sabiendo que cuentan poco en la Moncloa y acosa a los políticos navarros sabiendo que el Gobierno minimizará los hechos.

En segundo lugar, el atentado se produce en Barañáin, ayuntamiento en el que el PSN ocupa el poder con la misma fórmula con la que aspira a ocuparlo en el Gobierno de la comunidad; un gobierno de coalición con los nacionalistas vascos, moderados y radicales. José Antonio Mendive es en esta localidad la cabeza visible de la oposición al proyecto que Zapatero y ETA han fijado para Navarra, y a cerrarle la boca han ido.

Las primeras reacciones del PSOE y del Gobierno apuntan a sembrar dudas y minimizar una vez más lo que ha sido un atentado en toda regla. Los hechos demuestran que ETA ni tiene intención de rendirse ni tiene intención de renunciar a los objetivos por los que lleva matando treinta años. Ha cambiado temporalmente la estrategia del pistolero por la del terrorista callejero, sabiendo que así conseguirá más fácilmente sus fines ante un presidente del Gobierno que busca obsesivamente la "paz", y que parece haber dejado abandonados, a empresarios y políticos de Navarra, a su suerte.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Libertad Digital, 24 de abril de 2006

Rendición ante la ETA. Lo importante es la voluntad

Con el torpe balbuceo y la engolada solemnidad, que caracterizan a nuestra secta gobernante, el Sr. Moraleda ha dicho que "lo importante es la voluntad". Amén, respondo yo. Amén, responderán los devotos progres. Amén, deberá responder todo el mundo, si no quieren ser detenidos (no, técnicamente, claro, que no va a perder su tiempo la policía con esas finezas; a lo bestia, que es más expedito y eficaz).

 

La razón de que el secretario de estado de Comunicación del Gobierno de Zapatero nos haya hecho partícipes de su quintaesencia filosófica (más valen quintaesencias que fárragos, sentenció Gracián previsoramente) ha sido dar respuesta a la demanda del líder de la oposición. Pretendía Rajoy que la ETA entregase sus armas como requisito para la iniciación del (torpemente) llamado proceso de paz. No ha de ser así, nos explica Moraleda, pues lo importante no es la entrega de las armas, sino la voluntad de no usarlas. Reparen ustedes, argumenta, nuestro esclarecido gobernante: la banda puede entregar sus armas e ir corriendo al mercado a comprar otras. No habríamos ganado nada.

 

Deslumbrado queda uno ante tan profundo razonamiento. Efectivamente, una mente trivial y reaccionaria, como la mía, discurre más superficialmente. Admito con el prócer agrario-comunicador, la importancia de la voluntad. Pero, si la ETA tiene voluntad de dejar las armas, ¿por qué no las deja? ¿Para qué las quiere? Por ejemplo, yo no tengo voluntad de cazar, por tanto no tengo escopeta. Si, pese a ello, tuviese un arma de este tipo, por herencia, por un regalo u otro capricho del destino, renunciaría gustoso a ella. Moraleda parece que quiere tranquilizarnos, pero su curiosa lógica nos deja más preocupados que antes. Si invoca la posibilidad de que los terroristas compren nuevas armas, no debe estar muy seguro de la voluntad que les atribuye, o de la persistencia por mucho tiempo de tal voluntad, supuesto que existiese actualmente.

 

No sé si Moraleda o el propio Zapatero, han dicho que Tony Blair les ha convencido de la no pertinencia de tal petición. Es posible, aunque, si así fuere, una estupidez dicha en la Moncloa no deja de ser estúpida por decirla en Downing Street. De todos modos, dado que la competencia en inglés de Zapatero no va más allá de a beautiful day, ¿cómo sabe Jose lo que le ha dicho Tony? Lo más probable es que no lo haya entendido correctamente. Además, resulta impúdico que Zapatero invoque la opinión del primer ministro inglés para justificar su rendición incondicional ante la ETA, que no de otra cosa se trata. ¿No habíamos quedado en que Blair, uno de los protagonistas de la foto de las Azores, era un "criminal de guerra" como su socio Bush? ¿Cómo nuestro rojo pacifista toma lecciones ahora de tipos tan execrables?

 

Bien que me conformaría con que Zapatero adoptase como modelo al político británico. Blair como primer ministro del Gobierno del Reino Unido defiende a su país, y hace honor a sus obligaciones constitucionales. Ante el problema suscitado por la voluntad secesionista de una parte de la población del Ulster ha intentado, mejor o peor, encontrarle una solución. En este proceso se ha concedido a aquella provincia un régimen de autonomía (infinitamente menos "autonómico" que el que disfruta cualquiera de nuestras comunidades). Y, como la concesión no detuvo el enfrentamiento civil, aquella limitada autonomía fue suspendida. No ha habido rendición ante los terroristas; como consecuencia, últimamente parece que las cosas han mejorado y se encaminan a un arreglo satisfactorio.

 

Por el contrario, Zapatero, como presidente del Gobierno de España, traiciona a su país, vulnerando una y otra vez la Constitución, rindiéndose a la voluntad de los disgregadores donde existen y alentando su surgimiento donde aún no existen. Blair no tiene por qué saber que el caso del Ulster sólo tiene en común con el del País Vasco la presencia de una voluntad secesionista, apoyada en la violencia armada, en una parte de la población. No hay paralelismo históricos, no hay enfrentamiento religioso, no hay violencia unilateral. Zapatero está obligado a no ignorarlo.

 

Una vez más, la invocación del "modelo" extranjero funciona entre nosotros como legitimación de nuestros pecados. No copiamos a ningún otro país, sino lo que nos conviene de cada uno de los diversos países, que no es precisamente lo más digno de ser copiado. En manos de coprófilos y traidores, el resultado huele fatal.

 



José Vilas Nogueira es catedrático de Ciencia Política en la Universidad de Santiago de Compostela

Libertad Digital, 21 de abril de 2006.

La tregua en la boca y la venda en los ojos

21 de abril de 2006.  En el puente de mando del San Dominick –donde tanto sufrió Benito Cereno- no paran de decirnos que nos callemos, que ni una palabra más, que dejemos "trabajar" a los "agentes" del "proceso de paz". Pero entre la selva de las comillas vemos aparecer el rostro de Otegi, el alzacuellos del cura Reid, la carta de extorsión a un empresario navarro y la provocación cotidiana de Pepiño Blanco. Y ante semejante paisaje, la inquietud cunde aquí abajo, en el sollado.

Ahora se va ventilando que Navarra puede ser mercadeada en el bazar de la paz. El propio presidente foral ha mostrado su temor y Rajoy, oportuno, ha hecho acto de presencia. Siguiendo la consigna general, el simpatiquísimo portavoz del Gobierno, Fernandel Moraleda, acaba de decir que "no es el momento de hablar de estos temas". Ah, vaya. ¿No? ¿Y por qué? Todos lo sabemos: porque la venta de Navarra significaría que ZP hace concesiones políticas a ETA. Y, claro, estas cosas mejor no airearlas, ¿verdad?, no vaya a ser que alguien se dé cuenta de que estaríamos hablando, lisa y llanamente, de una rendición del Estado ante el terror.

Pues no, Moraleda, no. Eso de andar con la tregua en la boca y la venda en los ojos puede que valga para la extensa órbita gubernamental y sus innumerables palmeros, dispuestos a intoxicar a la opinión hasta donde diga el mando, pero la nación (española) agradecerá, sobre todo dentro de unos meses, que alguien hable claro. La Iglesia española, por ejemplo, ha sido valiente al decir que el sacerdote irlandés empleado como mediador, Alec Reid, actúa al margen de cualquier obediencia episcopal, española o irlandesa. Y María San Gil (en su caso, llamarla valiente es un pleonasmo) también ha andado muy oportuna al señalar que lo que estamos viviendo no es un "proceso de paz", sino más bien un "proceso de autodeterminación".

"Zapatero tiene derecho a intentarlo", dicen centenares de voces desde todas partes. El argumento recuerda a esa atrocidad tan común en el paternalismo consentidor: "Nuestros hijos tienen derecho a equivocarse". Bueno, pues no: ZP no tiene derecho. Un presidente del Gobierno no es un muchachuelo enfrentado a su primer error. El "derecho" de un jefe de Gobierno limita, ante todo, con los derechos de sus ciudadanos y con el derecho colectivo de la nación a seguir existiendo. Y son estos últimos los que han comenzado a ser puestos en almoneda apenas unas semanas después del "alto el fuego".

Lo ha explicado muy bien aquí nuestro director: tanto González como Aznar, cuando se hallaron en situaciones parejas, se detuvieron justo ante las cesiones políticas, es decir, ese momento en el que el Estado no podría seguir el juego sin quedar derrotado. Pero lo que estamos viendo huele demasiado a paso fatal. Y eso hay que decirlo. Sin vendas en los ojos.

 

José Javier Esparza

 

El Semanal Digital

 

Demasiadas prisas

Parece que Zapatero tiene prisa en certificar que el alto el fuego anunciado por ETA es real. En una entrevista concedida a la Cadena Ser este martes ha asegurado haber recibido un segundo informe de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el que se certifica que la banda terrorista está cumpliendo con el anuncio que hizo el pasado 22 de marzo. Eso fue por la mañana. Por la tarde Zapatero se reunió en Moncloa con el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, Josu Erkorereka, al que le contó el contenido de ese segundo informe que el PP no conocía. Pero la cuestión tiene más profundidad. El presidente del Gobierno ha afirmado este martes también que la carta de extorsión que recibió un empresario navarro fue enviada antes de que fuera anunciado el alto el fuego. Pero la cadena COPE ha podido saber que la carta tiene matasellos del 7 de abril y que no ha sido incluida por la Guardia Civil y la Policía en el informe que Zapatero ha utilizado para decir que alto el fuego de ETA es real.

Las declaraciones que ha hecho Zapatero dejan la impresión de que tiene prisa para que se cumpla la agenda que ya se ha cerrado para dar comienzo la negociación con Batasuna. No parece dispuesto a modificar esa agenda aunque exista una carta de extorsión posterior al alto el fuego.

F.H. Páginas Digital, 19 de abril de 2006

 

 

El pacto ETA-ZP y la coartada andaluza

La Ponencia para la reforma del Estatuto de Andalucía acaba de aprobar, sólo con la firma del PSOE e IU y el rechazo de PP y PA, el dictamen del texto que define a Andalucía como "realidad nacional" y que será aprobado el jueves en la Comisión de Desarrollo Estatutario y el 2 de mayo en el pleno del Parlamento. El PSOE rompe así el consenso previo alcanzado con el PP, favorable a definir a dicha región como una "nacionalidad histórica en el indisoluble marco de la unidad de España". No es esta, sin embargo, la única modificación que se disponen a hacer los socialistas andaluces para equiparar su nuevo marco jurídico-político a los estatutos soberanistas que ya se han aprobado para Cataluña y, sobre todo, se aprobarán para el País Vasco. Los socialistas se proponen, además, el blindaje de competencias, la relación bilateral entre autonomía y Estado, la creación de un Poder Judicial propio y un capítulo de derechos y deberes específicos para los andaluces.

 

Decía acertadamente Alfonso Guerra, hace meses, que eso de la "realidad nacional" de Andalucía era una "broma" para "el 99% de los andaluces". ¿Por qué entonces ese empeño en romper ahora en Andalucía el consenso constitucional con el PP, con esas y otras propuestas soberanistas que afrentan, no sólo a la letra y al espíritu de la Constitución, sino al sentimiento inmensamente mayoritario de los andaluces?

 

En primer lugar, porque un estatuto de estas características confiere un inmenso poder a las elites políticas autonómicas; poder que, si es tentador para cualquier formación política, lo es mucho más para los débiles principios liberales y nacionales que caracterizan a los socialistas.

 

En segundo lugar, porque es una forma más de servir a la estrategia de Zapatero de generar un frente anti-PP en toda España. La razón que creemos más determinante para este nuevo estatuto para Andalucía, de tan escaso enganche constitucional y electoral, es la de servir de camuflaje al precio político que Zapatero se dispone a pagar a ETA en el País Vasco. Zapatero no puede seguir dando esperanzas a los objetivos secesionistas de ETA si en el País Vasco no se avanza hacia ellos durante los dos años que le quedan hasta las próximas elecciones generales. Cataluña ha sido el campo de pruebas para constatar lo que da de sí la táctica de la tregua; pero es en el País Vasco donde tienen que empezar a caer las nueces antes de las elecciones generales con la elaboración de un nuevo marco jurídico-político, consensuado con formaciones, todas ellas, separatistas.

 

Aunque Zapatero no se puede quejar del grado de miopía de la retina pública a la hora de desvincular el Pacto de Perpiñan del estatuto soberanista catalán, el presidente del gobierno del 14-M necesita que la opinión pública tampoco asocie su propio pacto-tregua con ETA con su futura alianza con los separatistas de Estella en pro de un nuevo estatuto soberanista en el que se proclame la nación vasca. La mejor forma de camuflar ese pago político a ETA –insuficiente para su disolución, pero suficiente para llegar en "paz" a las próximas elecciones– , es generalizarlo, empezando con el nuevo estatuto andaluz.

 

Esas pretensiones soberanistas reflejadas también en un estatuto andaluz provocaran malestar en la mayoría de los andaluces, como lo provocan en la mayoría de los españoles, pero ZP confía en el jarabe y en el dulzor de la "paz" para hacérselos tragar a todos con buen provecho electoral.

 

La "paz" de ZP exige, ciertamente, hacer el juego a las "estrategias conjuntas para la desestabilización del Estado español" que se pactaron en Perpiñán. El acento andaluz que allí no se escuchó, bien puede servir ahora de coartada para que ZP continúe con los separatistas como compañeros de viaje. Lo importante es "hacer avanzar" esa "democracia" que, para ZP, es sólo la que perpetué el gobierno del 14-M.

 

Editorial de Libertad Digital, 18 de abril de 2006

La "nación vasca" y el pacto ETA-ZP

Un nacionalismo exultante y eufórico ha celebrado este domingo el Aberri Eguna –"Día de la patria vasca"–, con la misma retahíla de proclamas separatistas y anticonstitucionales que de costumbre. Si el lehendakari Ibarretxe no ha reconocido más Constitución que los supuestos "derechos históricos" de los vascos, la presidenta de EA, Begoña Errazti, ha asegurado que "nadie puede parar a nuestro pueblo" en este "choque de soberanías". Dice Ignacio Astarloa que los "disparates" del nacionalismo "no son nuevos", que la novedad es la "condescendencia" del PSOE "que está asumiendo los proyectos nacionalistas". Ciertamente, sin esta "condescendencia" de los socialistas no se justificaría la euforia de los nacionalistas ni se verían sus "disparates" tan factibles y al alcance de la mano.

Si la reacción de los socialistas ante las delirantes proclamas de los separatistas y ante las supuestas cartas de extorsión de ETA a empresarios navarros, se ha limitado a arremeter contra el PP y sus dirigentes "a los que les gusta más vivir con ETA que sin ETA", habremos de concluir que lo del PSOE es mucho más que una simple "condescendencia". Vaya por delante que la verdadera extorsión de ETA no es la que tiene forma de carta a los empresarios, sino aquella, en forma de comunicado, en la que los encapuchados terroristas nos anunciaban un "alto el fuego" con el reiterado precio político de la independencia de Euskalherría. Que el síndrome de Estocolmo de unos y los infames cálculos electorales de otros, nos quieran presentar ese "permanente" chantaje como un "proceso de paz", es un espejismo que no creemos que ETA lo vaya a poner en peligro ahora con unas cartas a empresarios fuera de plazo. Lo que hay que señalar no es la fecha del membrete, sino los mil asesinados que acarrea su firma.

En cualquier caso, si Otegi señalaba, hace unos días, que ellos tienen que "verificar" la disposición del Estado francés y español a aceptar "la reunificación del pueblo vasco en un estado independiente", ETA va a tener la oportunidad de constatar, en unos pocos meses, pagos menos ambiciosos, pero no menos significativos, de la "condescendencia" de los socialistas. Eso y no otra cosa sería su alianza con los separatistas de Estella para acabar con el estatuto de Guernica: un maquillado plan Ibarretxe, insuficiente como aquel para ETA, pero lo suficientemente inconstitucional como para cerrar el frente anti-PP, proclamar la "nación vasca" y poner, negro sobre blanco, algunos de los típicos "disparates" de los nacionalistas en el Aberri Eguna; esos "disparates" que los socialistas han dejado de denunciar y que, dentro de poco, suscribirán.Editorial, Libertad Digital, 17 de abril de 2006