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Opinión y análisis

Vidal-Quadras le pone letra al silencio de Rajoy

Vidal-Quadras le pone letra al silencio de Rajoy

 

Varios miembros destacados del PP, como Aleix Vidal Quadras, Eugenio Nasarre o Santiago Abascal, han presentado una serie de enmiendas a la ponencia política del 16º congreso del PP. En ellas se rechaza la idea de que la “moderación” sea el eje del discurso del partido y se proponen políticas activas para preservar el espíritu de la Constitución y proteger el actual Estado de las Autonomías frente a las corrientes federalistas y laicistas. Estas enmiendas representan precisamente todo aquello que el marianismo quiere enterrar.

 

Desde que Mayor Oreja primero y María San Gil después advirtieron de que algo sustancial está cambiando en el ideario de Mariano Rajoy al frente del PP, todos los interesados rastrean sus discursos, sus intervenciones públicas, sus entrevistas, para tratar de encontrar pruebas irrefutables de esa mutación, pero el esfuerzo es en vano. La única prueba del delito sería unas pocas frases que alaban, de forma general, la capacidad de cambiar y adaptarse a los tiempos frente al inmovilismo. Por lo demás, el líder popular se defiende de las acusaciones: “yo no he cambiado mis principios y convicciones”.

 

Pero, desde hace algún tiempo, el problema de Rajoy no es lo que dice, sino lo que omite. Cada vez hay menos concreción en sus palabras. El contenido de lo que dice se estructura en torno a conceptos que aprobarían sin dudarlo todos los votantes del PP, pero también la inmensa mayoría de votantes del PSOE. Una buena muestra de ello está en la entrevista publicada ayer por ABC y El Correo, donde la única referencia que el presidente de los populares hace al contenido de sus convicciones políticas es que se trata de “principios que nos unen a todos, en los que todos estamos de acuerdo. Esos principios son la libertad, la igualdad, la solidaridad, la unidad de la nación española y la lucha contra el terrorismo”. Resulta difícil imaginar a cualquiera de sus adversarios políticos defendiendo, por el contrario, la falta de libertad, la desigualdad, la insolidaridad, la ruptura de España o la rendición ante los terroristas.

 

Es la de Rajoy una tendencia a la ambigüedad que comenzó con sus mensajes durante la campaña electoral y que se ha acentuado después del 9-M, y que inunda también el espíritu y la letra de los 25 folios de la famosa ponencia política para el congreso de junio, excepción hecha de los pasajes firmados por María San Gil, que fueron incluidos deprisa y corriendo como consecuencia del plante de la dirigente vasca.

 

Esta ambigüedad guarda un enorme parecido con la que Zapatero ha usado hasta la saciedad durante los últimos cuatro años al frente del Gobierno y tal vez aquélla como ésta tratan de disimular el verdadero vicio que se extiende entre los políticos españoles: el relativismo.

 

En el caso del PP, esta tendencia a modular los mensajes de forma que puedan ser respaldados de igual forma por la mayoría de los electores populares y socialistas responde al análisis que se ha impuesto en la dirección del partido tras la última derrota electoral. Según este diagnóstico, aquellas circunscripciones en las que la formación pierde votos de forma continuada (Cataluña y País Vasco, principalmente) son las únicas culpables del insuficiente resultado y en ellas sólo podría darse una recuperación a costa de robarle votos al PSOE. Lo más discutible es que la receta que los gurús que rodean a Rajoy plantean es la de parecerse lo más posible al zapaterismo y contagiarse de su pensamiento blando para lograr este trasvase de votos.

 

Según esta estrategia, se trataría de renunciar a las posiciones más originales que ha mantenido el PP en el pasado y que se refieren sobre todo a hacer frente de una forma activa a la llamada “Segunda Transición”, que se sustenta en una reforma del espíritu de la Constitución, pero no de su letra, para avanzar hacia un Estado más confederal y más laicista, debido sobre todo a la presión que ejercen los partidos nacionalistas y los lobbies de la izquierda radical.

 

Lo verdaderamente paradójico es que los mejores resultados electorales de la historia del PP en Cataluña y en el País Vasco se produjeron cuando esta formación era liderada por Aleix Vidal Quadras y Jaime Mayor Oreja, respectivamente, es decir, por dos figuras ahora marginadas por la actual dirección por haber mantenido precisamente un discurso políticamente incorrecto pero que conectaba con un mayor número de votantes al ser una alternativa clara y realista frente a las utopías del nacionalismo. Ahora algunas de esas tesis están siendo asumidas por otros partidos minoritarios que no hacen más que subir como la espuma en votos y militantes a costa de robárselos al PP.

 

En este sentido, tienen mucha importancia las enmiendas a la ponencia política que el propio Vidal Quadras y otros miembros del partido, como Eugenio Nasarre, Luis Fraga Vicente de la Quintana y Carlos Delgado, han presentado hoy. En ellas está todo aquello que Rajoy omite de manera calculada.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 26 de mayo de 2008

 

El Partido Popular: ¿un gigante con pies de barro?

El Partido Popular: ¿un gigante con pies de barro?

 

¿Qué está pasando en el Partido Popular? ¿Una crisis de liderazgo? ¿El desgaste inevitable ante una nueva “travesía del desierto”? ¿Un inesperado e incomprendido cambio de rumbo ideológico? ¿Meros enfrentamientos personales? Seguramente confluye algo de todo ello. Pero, creemos, hay mucho más.

 

Sea la que sea la precisa fórmula de los componentes de la crisis, se ha derrumbado uno de los mitos esgrimidos cíclicamente por los líderes populares: “el mayor partido de España”, “la militancia más numerosa de Europa”, “sus mujeres y hombres son el principal capital del partido”, etc.

 

Y decimos que se trata de un mito, pues no es un hecho que se pueda verificar; pues no es cierto. Acaso sí lo sea que son 748.000 cotizantes. Muchos. Pero de ahí a que sean otros tantos militantes hay un trecho muy largo… que nunca se ha recorrido.

 

De ser verídica y real, tamaña realidad militante habría eclipsado a los mismísimos Testigos de Jehová en el ranking de plastas castigadores de la ciudadanía española. Pero, dígame, ¿alguna vez le ha visitado en su casa un militante popular con afán proselitista? Tal vez conozca a alguno: en su trabajo, en el vecindario, entre sus familiares... Incluso puede que usted mismo, desconocido lector, sea de los que se manifiestan, en público y en privado, sin complejos ni falsos respetos, como un entusiasta militante popular… pese a no estar afiliado al partido.

 

Primera evidencia: un militante no es un simple afiliado. Ni un afiliado es un adherido sin más. Un militante no se limita a pagar una cuota; ni mucho menos a figurar en un listado como posible interventor en procesos electorales. Un partido de verdad no se hace sólo con cotizantes, ni con listados interminables de “socios”. Ni únicamente con marketing.

 

Existe, ciertamente, un modelo en crisis: un partido que carece de estructuras participativas, que elude los debates colectivos, que premia los juegos de salón de quienes aspiran a un cargo electo, que vive a espaldas de las necesidades reales de su base social, y que se mueve obsesionado por los análisis demoscópicos. Un partido que ignora sus afiliados. Una estructura muda e inoperante al servicio de los “líderes”. Sean quienes sean. Una macro oficina electoral, en resumen.

 

Si el partido estuviera vivo, en el contexto actual, se habrían multiplicado los signos de alarma: las peticiones de explicaciones y debate, las iniciativas locales y sectoriales, los manifiestos y las propuestas. Pero nada, repetimos, nada de eso se ha producido. Alguna dimisión, ciertas bajas relevantes, apenas una manifestación ridícula… Y muchas declaraciones públicas más bien crípticas. Poco ciertamente; muy poco. ¡Qué gran misterio!

 

Se dirá que los militantes populares están poco implicados en la vida del partido. Pero, ¿no se trataba de una militancia ejemplar?

 

Veamos qué afirma El Mundo en su edición del 25 de mayo. En el proceso electoral de los 2.500 compromisarios, para el próximo congreso nacional en Valencia, apenas habrían participado un 3’67% de los afiliados. ¿Por qué? ¿Acaso son en su inmensa mayoría unos pasotas? ¿No será, por el contrario, que ni se estimula, ni se favorece, ni se facilita su participación real en la toma de decisiones y en la vida del partido?

 

Un partido debe sumar esfuerzos, no neutralizarlos. Debe suscitar vocaciones a la política, no espantarlas. Debe dialogar e interactuar con los agentes sociales, no despreciarlos. Debe escuchar a la sociedad, no suplantarla. Debe fomentar y facilitar iniciativas, no ahogarlas; tampoco controlarlas.

 

Y no sirve afirmar que las “políticas de valores” sean percibidas temerosamente por la sociedad como actitudes “ultras”. Es más, desde una identidad definida y sin complejos existe menos miedo, al diálogo y al encuentro con “el otro”, que desde la indefinición. Por ello, una política de valores, enraizada en el pueblo, o en sectores significativos del mismo, funciona mejor cuanta más democracia interna, más participación, y mayor transparencia caracterizan a un partido político. El que sea.

 

Ya sabemos que los partidos activistas, alimentados por militantes entregados, son un modelo del pasado. ¿Quién se acuerda, ya, de aquellos pesados militantes, de todos los colores, que nos sermoneaban en la tan añorada Transición? Pero ello no implica que se tengan que reducir a sindicatos oligárquicos de intereses, dirigidos por una minoría que manipula estatutos y números, en aras de su promoción y permanencia indefinida en el mando. Eso sí, bajo una verborrea pseudo democrática, aunque políticamente correcta. Con gesto serio, traje y corbata, palabras y palabras.

 

La derecha social, plural por naturaleza, activista por vocación y necesidad, popular por origen y pertenencia, quiere un partido popular de verdad. Y, ahora mismo, el Partido Popular no parece que lo sea. ¿Llegará a serlo? Si la crisis lo propiciara, bienvenida sea. Si hay crisis, hay vida.

 

Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 26 de mayo de 2008

Que le den morcilla al PP

Que le den morcilla al PP

Novedad de novedades: guerra ideológica en el PP. Pero, ¿de verdad se trata de ideas? ¿Alguien sabría decir exactamente dónde está la diferencia “ideológica” entre Rajoy y Esperanza? ¿La libertad de mercado, la política exterior, el aborto, la libertad de enseñanza, la familia, la limitación del Estado autonómico, la inmigración? No: lo que tenemos delante es, una vez más, una lucha personal de poder que, por otro lado, implica a las correspondientes huestes mediáticas, económicas, etc. Y la derecha social, huérfana. Es hora de romper amarras.

No hay realmente un debate ideológico. Eso no quiere decir que no se esté ventilando algo importante. Santiago Abascal acaba de recordarlo con claridad: “Hay tres debates abiertos en el PP: el de las personas, el de las etiquetas ideológicas, y el de qué hacer frente a la consolidación del cambio de régimen en España”. Hace ya varios años (al menos desde 2006) que algunos señalamos dónde estaba la grieta que iba a separar a la derecha: en el proceso de cambio en profundidad que Zapatero estaba y está desatando en España. Ante ese cambio, que presenta implicaciones al mismo tiempo políticas, sociales y culturales, unos iban a estar a favor de la corriente y otros contra ella. Rajoy, en principio, estaba contra ella, frente a la posición más acomodaticia de determinados “barones” del PP. Ahora, después de la derrota electoral y de que diversos centros de poder hayan hecho saber a Rajoy cuán interesados están en que “acabe la crispación” (o sea, la oposición), parece que don Mariano bascula hacia la corriente, lo cual deja en el lado contrario a algunas otras personas; por ejemplo, a Esperanza Aguirre, que de rebote encuentra aquí una posibilidad de liderazgo que en otras condiciones no tendría.

El vacío ideológico del PP

Esta posición sólo vagamente tiene que ver con cuestiones de orden doctrinal. La división de campos entre liberales (“esperancistas”) y centristas (“marianistas”) puede resultar útil como forma de orientarse en el jardín, pero hay que apresurarse a subrayar que es completamente artificial. No hay propiamente una disputa de carácter ideológico en la actual guerra del PP, como, por otra parte, no la ha habido nunca al menos desde 1982 en la vieja AP. Esperanza Aguirre habla de “debate de ideas”, pero jamás se le ha oído formular ninguna; en realidad sus ideas son las que le fabrican otros, lo cual es perfectamente legítimo, pero disminuye el valor de la presidenta madrileña como representante de una plataforma ideológica concreta. En cuanto a Rajoy, nunca se ha caracterizado por su afición a las estructuras conceptuales, y lo mismo puede predicarse, con más razón, de sus acólitos. El equipo de Rajoy, como antes el de Aznar, está compuesto por personas cuya carrera política no se subordina a proyectos ideológicos, sino a la escalada de puestos de poder en una estructura cerrada.

Semejante ausencia de nervio ideológico no es de ahora, sino que ha ido convirtiéndose desde hace tiempo en una seña de identidad del PP. Las causas son diversas. El Partido Popular, como antes Alianza Popular, no ha querido hablar nunca de ideología porque es perfectamente consciente de su pluralidad. En la derecha política española confluyen un conservadurismo que se remonta a finales del XIX, un liberalismo definido según unas u otras influencias a lo largo de decenios y un cristianismo político que debe tanto a la democracia cristiana moderna como al tradicionalismo clásico español. Esa es la realidad, y con ella no es fácil construir una doctrina que actúe a modo de columna vertebral ideológica. En todo caso, el PP nunca lo ha intentado –más aún: siempre ha mirado con malos ojos que se intentara.

Hay otra razón de peso, menos presentable: el miedo, la falta de convicción. A Génova le gusta ocultar su humus ideológico porque cree que así el partido parecerá más “moderno” a ojos de un electorado doctrinalmente huérfano. En vez de tomar la iniciativa en materia ideológica, el PP siempre ha preferido pastelear con “lo que hay”, y lo que hay es el monopolio ideológico de la izquierda. Siempre se ha creído en la calle Génova que el PP no debía dar la batalla de las ideas, porque ese campo ya era del enemigo, sino que había que adaptarse a la situación dominante. Así el discurso del PP, en muchos aspectos, se ha convertido en un “bueno, sí, pero sólo un poquito”: un poquito progresistas, un poquito modernos, un poquito igualitarios, un poquito nihilistas… un poquito memos, en fin, porque, si lo que la derecha va a defender es lo que la izquierda va imponiendo, ¿para qué hace falta la derecha?

Y la gente de derecha, ¿qué?

Es verdad que hoy existe una actividad cultural y social “de derechas” como no la ha habido nunca en España desde 1980. Pero es especialmente importante subrayar que toda esa actividad ha crecido al margen del PP y, frecuentemente, contra él o a pesar de él. Los autores que han rectificado la torcida visión izquierdista sobre la guerra civil y el franquismo, las asociaciones que han dado fuerza a la reivindicación social en materias como la libertad de enseñanza, las editoriales que se han desmarcado del plúmbeo “progresismo” oficial, las webs de oposición al zapaterismo… Todo eso ha surgido sin el menor respaldo financiero o político de un PP que controla abundantes presupuestos en numerosas provincias de España pero que, al contrario que el PSOE, siente pavor a gastar un solo duro en nada que pueda parecer “comprometido”. Si hoy tenemos derecha en España, es a pesar del PP.

La incapacidad y la torpeza de ese monstruo burocrático que es el Partido Popular debe hacer reflexionar a quienes se sienten de derecha, a esa “derecha social” cuya aparición es tal vez la novedad mayor de los últimos años en España. Esa derecha social no puede identificarse con toda la gente que vota al PP, pero sí con el núcleo más convencido y más activo del electorado popular; tampoco toda la derecha social ve al PP con buenos ojos, pero, en todo caso, sí lo reconoce como la única alternativa frente a la izquierda. Pero es precisamente esa convicción lo que ahora empieza resquebrajarse –por culpa del propio PP.

Antes de las elecciones del 2004, la derecha social pensaba que el PP le sacaría las castañas del fuego. Después de 2004, fue la derecha social la que le sacó las castañas del fuego al PP, al llevar la oposición a la calle. Ahora, después de las elecciones del 2008, la derecha social tiene que prescindir del PP. Todos los grandes asuntos que preocupan a la base política y social del PP no despiertan el menor interés en la calle Génova. Ni la imposición de la asignatura Educación para la ciudadanía, ni el escándalo continuo de una ley sobre aborto permanentemente vulnerada, ni la marginación de la asignatura de religión en las escuelas, ni la ruptura de la unidad cultural de España, ni el peso ya insoportable de una inmigración innecesaria, ni el deterioro de la familia como institución social… Nada de todo eso tiene importancia para una burocracia partitocrática cuyos horizontes se sitúan más bien en la pura gestión de un orden social creado por otros –por la izquierda-, una burocracia que sólo entiende el discurso político como una amalgama de propuestas de orden económico y que ha renunciado, por complejo o por ignorancia o por las dos cosas a la vez, a articular un proyecto comunitario reconocible.

Ha llegado el momento de que la derecha social se emancipe de la derecha política. Debe ser ella, y ya no el PP, quien marque la agenda de la reivindicación y de la oposición. De lo contrario, tendremos zapaterismo para muchos años y, lo que es peor, Zapatero culminará sin resistencias su proyecto –profundamente nihilista- de transformación social, cultural y política de España.

 

José Javier Esparza

El Manifiesto, 22 de abril de 2008

 

ETA quiere forzar a Zapatero a negociar otra vez

ETA quiere forzar a Zapatero a negociar otra vez

 

ETA ha vuelto a atentar. De nuevo, como el último día de la campaña electoral cuando asesinó a Isaías Carrasco, el objetivo han sido los socialistas vascos. En esta ocasión han hecho estallar una bomba en la sede de una Casa del Pueblo de Bilbao. Siete policías vascos han resultado heridos leves. No hay atentado de la banda terrorista que no tenga una intención política. ETA siempre hace política, la hace con las armas, con el terror.

 

El nuevo golpe de los terroristas se produce el mismo día en el que los portavoces parlamentarios del PSOE y del PP se han reunido para buscar nuevos acuerdos y horas después de que el Rey Don Juan Carlos, en la solemne apertura de la legislatura, haya pedido consenso entre los partidos políticos para luchar contra el terrorismo. Después de que Zapatero explorara la vía de un fin negociado de la violencia, admitiendo la posibilidad de hacer cesiones políticas a los violentos y rompiendo con los principios del Pacto Antiterrorista que él mismo impulsó, parece que hay alguna posibilidad de que el presidente del Gobierno corrija el rumbo.

 

En el debate de investidura admitió que había cometido errores y el portavoz parlamentario del PSOE, su amigo José Antonio Alonso, volvió a utilizar la expresión que estaba incluida en ese Pacto Antiterrorista: “es necesario derrotar a ETA”. En realidad el gran interrogante de la legislatura es si Zapatero va a volver a la única política terrorista que ha dado algún fruto hasta el momento –la de lucha policial y aislamiento social- o si intentará de nuevo un acuerdo con los violentos, que ya le han engañado en una ocasión.

 

Este atentado y los que vendrán quieren forzar al presidente del Gobierno a que se siente de nuevo en la mesa de negociación. Los terroristas golpean en la parte más débil: en los socialistas vascos, que han incrementado considerablemente sus votos a costa de los nacionalistas vascos porque han alimentado la expectativa de un fin dialogado de la violencia. No hay que olvidar que una parte de la sociedad vasca apuesta por la negociación con los terroristas. En esta difícil encrucijada es decisivo, como lo fue en la pasada legislatura, el papel de la sociedad civil, de esa sociedad que no está dispuesta a una paz sin justicia, que no quiere ceder frente a los terroristas. Es esa sociedad civil la que puede obligar al PP y al PSOE a recuperar el diálogo, el acuerdo en materia terrorista.

 

F.H.

Páginas Digital, 18 de abril de 2008

Es tiempo de construir, no de resistir

Es tiempo de construir, no de resistir Zapatero ha ganado las elecciones después de cuatro años de política nefasta. Ha ganado gracias al apoyo del voto de izquierda, al avance de los socialistas en Cataluña -donde la gestión ha sido más que negativa- y en el País Vasco. Esto último indica que una parte importante de los vascos y de los españoles están a favor de la negociación con ETA. Un resultado como el del 9-M pone más en evidencia que nunca que la cultura está antes que la política.

No hay cambio político sin un cambio cultural que saque al centro-derecha de su encastillamiento. El castillo se hace más grande, sí, pero no lo suficiente para ganar. Y no hay cambio sin un trabajo cultural que favorezca la movilidad del voto. Estamos pues en una legislatura en la que habrá que intensificar el trabajo de la sociedad civil en favor de una mentalidad crítica pero no reactiva; es tiempo de construir, no de resistir.

 

Zapatero puede tomar dos caminos. Uno es el de gobernar para contentar a los votantes de Izquierda Unida y Esquerra. Su política sería entonces una política contra los casi diez millones doscientos mil ciudadanos que han votado al PP. El segundo camino, el más responsable, tendría muy en cuenta que hay otra mitad de España. “Los españoles han hablado con claridad y han decido abrir una nueva etapa. Una nueva etapa sin crispación”, afirmó ayer en Ferraz. Sería una gran noticia que Zapatero hubiese decidido realmente gobernar de otro modo, dejando de lado la crispación y los esfuerzos por arrinconar a un partido que respaldan más de 10 millones de votantes. Fue muy positivo que hablase de acuerdos en asuntos de Estado. Acuerdos sobre política internacional, territorial, educativa y antiterrorista que no hemos tenido en su primera legislatura.

 

El problema es que su palabra tiene poca credibilidad. Pero lo que no va a hacer Zapatero sí lo puede hacer una sociedad civil responsable que se aleje de la crispación y que sepa construir espacios de libertad.

 

Flavio Clemente

Páginas Digital, 10 de marzo de 2008

Ganó Chikilicuatre

Ganó Chikilicuatre

La gente aplaudiendo y sacando adelante una canción deliberadamente chabacana, estúpida y obscena, cantada por un personaje deliberadamente grotesco, para que represente a España en Eurovisión: he ahí la imagen fidedigna del país actual.

 

En fin, Chikilicuatre Zapo ha ganado. No lo habría logrado sin ese PP que usufructúa el voto de la España seria, pero falta de liderazgo, sin los chikilicuatres del perfil bajo y la nena futurista que habla inglés. Pero, en definitiva, qué más da, ahí están las Nuevas Degeneraciones peperas: "¡Da unos botes, Mariano! ¡Da unos botes, que hemos perdido pero a chikilicuatres no nos ganan los sociatas, no nos ganan los titiriteros!".

 

No toda la sociedad es así, claro, pero así son sus líderes y comparsas. Y la España chikilicuatre, la España del botellón, la telebasura y la pornopolítica, va ganando por goleada. De momento. Cualquier análisis en detalle de las elecciones debe partir de esta evidencia.

 

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Por desgracia, UPD no aparece hoy como el comienzo de una izquierda democrática influyente, por lo que los separatistas quedan árbitros de la situación y se harán pagar muy caros sus favores. La línea donjulianesca y liberticida de Zapo puede ir a más, pero el coste y las tensiones de sus chanchullos con terroristas y secesionistas, así como la inquietud internacional que susciten, podrían empujar a Zapo a una mayor conciliación con el PP.

 

Y en el PP puede acentuarse el perfil bajo –Gallardón– o puede surgir algo diferente. Mayor Oreja, Vidal Quadras, Esperanza Aguirre, tienen de nuevo su oportunidad, si bien su flojera durante la pasada legislatura no autoriza grandes optimismos.

 

Señalaba Arcadi Espada la ausencia de la política exterior en la campaña electoral chikilicuatre que hemos sufrido. Cierto, es otro dato clave de la situación: España carece de política internacional. También ha estado ausente la cuestión judicial, otra de las más graves y amenazantes para democracia española. Chikilicuatria.

 

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Dice Rajoy que seguirá defendiendo los intereses de España. No, Mariano, por favor.

 

Pío Moa

Libertad Digital, 10 de marzo de 2008

El PSOE pactará la economía con el PP, la territorialidad con CiU y los temas sociales con el ‘Frente Popular’

El PSOE pactará la economía con el PP, la territorialidad con CiU y los temas sociales con el ‘Frente Popular’

El ‘voto útil’ vacía al ‘Frente Popular’ con el que sólo pactará para cuestiones “puntuales” como el aborto. Las cuestiones territoriales pueden pactarse con CiU con quien puede incluso llegarse a un acuerdo de Gobierno. El PP siempre estará ahí para “el bien de España”: las cosas de comer. El PSOE tratará de responsabilizar a los populares en la gestión de la crisis. En resumen: se prolonga la agonía

 

Pactos puntuales. Esto es lo que anuncia el secretario de Organización del PSOE, Pepiño Blanco, quien también pide “coherencia” a los populares. “Diálogo con todas las fuerzas políticas” es lo que promete Zapatero. Traduzcamos. Rajoy señaló en su última entrevista en El País que pediría al PSOE que se abstuviera para que ZP cumpliera su compromiso de no gobernar si no tenía un voto más. Así que “por coherencia” los socialistas van a pedir a los populares un comportamiento recíproco.

Si cuela, les permitirá hacer acuerdos puntuales con quien les plazca. A saber. Los temas sociales como aborto, eutanasia, etc. los podrán promover junto a los restos del ‘Frente Popular’ (IU, ERC, BNGa y NaBai), que suman por la mínima, pero suman. El despliegue del Estatut y las reformas territoriales, con CiU, que estará encantada de poder colaborar en Madrid a que haya “más Cataluña”. Eso a pesar de que ahora exijan la publicación previa de las balanzas fiscales. Publicación, que -por cierto- ya se ha realizado en el marco de los encuentros bilaterales.

 

Para los asuntos económicos, el PP. Al fin y al cabo, Zapatero prometió acuerdos en “los grandes asuntos”, corregir los errores y recortar la crispación. Mano tendida al PP que por su parte le desea “buena suerte” por el bien de “esa gran nación que es España”, decía Rajoy. ¿Le negarán el pan y la sal en los momentos de crisis que atravesamos? El PP tendría muy difícil explicar su cerrazón. Además, al fin y al cabo, ya ha dado cobertura a los socialistas durante la pasada legislatura en leyes como la violencia de género, igualdad, dependencia, reforma de la Comisión Nacional de Competencia, etc. No habrá cambios, sólo que esta vez el PSOE estará muy interesado en remarcar el apoyo de los populares.

 

Se trataría de compartir de alguna manera la gestión de la crisis. Porque haberla, hayla. La recaudación por IVA cayó en el mes de enero un 16,2% frente al incremento del 18% de enero de 2007. Y según Funcas, la mora hipotecaria pasará de los 12.900 millones de euros de 2007 a los 25.000 de 2008. A esto hay que sumar el millón de parados nuevos que prevén los promotores para el 2008. El paro constructor de extranjeros creció un 97% desde febrero de 2007. O sea, que como plantea Juan José Toribio desde las páginas del ABC, “la crisis ha llegado para quedarse y puede ser larga si no hacemos nada”.

 

Y el PSOE no está dispuesto a que le arrolle la crisis a él sólo. Así que planea compartir la responsabilidad con los ‘populares’ que no tendrán margen para negarse. Buena estrategia.

 

Al final, la conclusión es que nada cambia. Se prolonga una agonía en la que el PSOE sale reforzado a pesar de no incrementar su número de votos y el PP sale tocado a pesar de incrementar en 400.000 el número de apoyos.

 

Hispanidad.com, 10 de marzo de 2008

Mensaje de ETA: “O gana el PSOE, o seguiremos matando”

Mensaje de ETA: “O gana el PSOE, o seguiremos matando”

¿Por qué ha matado ETA dos días antes de las elecciones? La opinión mayoritaria de los expertos es que ETA ha querido mandar un mensaje a la sociedad española: "O se vuelve a negociar, o seguiremos matando". Dado que el PP ya ha dicho que no negociará, ese mensaje puede interpretarse así: "O gana el PSOE, o seguiremos matando". Esa es también la razón de que la víctima sea un ex concejal del PSOE: cualquier otra cosa habría podido empujar al voto en distinta dirección. Es imposible no recordar el 11-M.

 

Dos terroristas, con toda probabilidad de ETA, han asesinado al ex concejal del PSE-PSOE Isaías Carrasco, de 43 años, junto al portal de su vivienda en Mondragón-Arrasate (Guipúzcoa). El atentado tuvo lugar hacia las 13.30 a la altura del número 6 de la calle Navas de Tolosa, en el barrio de San Andrés. El etarra disparó tres veces en la nuca a Carrasco, de 43 años, que no llevaba escolta por decisión propia. Una de sus hijas pudo ver cómo el atacante huía. El ex concejal fue trasladado al Hospital de Mondragón, donde falleció poco después. En el Ayuntamiento de Mondragón gobierna el partido pro etarra ANV, legalizado parcialmente por el Gobierno Zapatero.

 

Fuentes cercanas a la lucha antiterrorista, consultadas por Elmanifiesto.com, aseguran que ETA ha tratado de enviar un nítido mensaje a la sociedad española: “O se vuelve a la negociación política, o seguiremos matando”. Para estas fuentes, los actos de ETA no deben interpretarse desde un punto de vista político, sino en la lógica brutal y retorcida de una organización criminal. Y en un contexto pre-electoral, el gesto debe interpretarse como un chantaje, “una forma de influir a la sociedad para que vote al PSOE”, aseguran esas fuentes. “Dado que el PP ya ha dicho que no va a negociar y que Zapatero se ha cuidado mucho de descartar futuras negociaciones –arguyen nuestras fuentes-, la única manera de volver a negociar es precisamente una victoria del PSOE”.

 

¿Y negociará el PSOE después de que hayan asesinado a uno de los suyos? Para las fuentes consultadas, la víctima ha sido escogida precisamente por su militancia socialista. “Asesinar a un guardia civil o a un concejal del PP habría podido provocar movimientos pendulares en sentido inverso: una ola de indignación que empujara a la gente a votar al PP, por reacción contra el Gobierno. Por el contrario, una víctima socialista cumple una doble función: advierte a la sociedad en general y advierte a los socialistas en particular”. Se trataría, una vez más, de matar para utilizar el miedo y el deseo de paz.

 

Estas mismas fuentes comparan la situación creada por el asesinato de Isaías Carrasco con la que crearon los atentados del 11-M en las elecciones anteriores: “La metodología es la misma, pero en distinta dirección. En ambos casos se trata de influir en la sociedad y orientar su voto mediante un shock violento. En el 11-M se trataba de derribar a un Gobierno, y la oposición se apresuró a aprovechar el crimen en beneficio propio. En este caso se trata de chantajear a un Gobierno, y es dudoso que la oposición vaya a echarse a la calle para utilizar el asesinato”. En todo caso –aseguran a Elmanifiesto.com-, “los crímenes del 11-M demostraron que la sociedad española es muy vulnerable y que prefiere antes soluciones de compromiso y apaciguamiento que soluciones de firmeza. Tanto hoy como después del 11-M, las soluciones de firmeza se habrían traducido en un voto al PP; por el contrario, las soluciones de apaciguamiento pasan por un voto al PSOE”.

 

Comunicado de la Fundación Gregorio Ordóñez

 

Por otro lado, pocos minutos después del atentado la Fundación Gregorio Ordóñez emitía un comunicado firmado por su presidenta, Ana Iríbar, que por su interés reproducimos en su integridad:

 

“Podíamos haber sido cualquiera una vez más. Debo ser más precisa: Cualquier ciudadano demócrata y comprometido con el estado de derecho. Ha sido Isaías Carrasco, una víctima más para engrosar la desgraciada lista de víctimas del terrorismo en este país. Y sin querer, a la vez que nos dolemos, a la vez que intentamos ahogar nuestras lágrimas y nuestra rabia, es inevitable pensar en que el domingo hay elecciones. Inevitable. Y necesario recordar al ciudadano que ETA nunca puede determinar un resultado electoral. Ni ETA ni ninguna otra organización terrorista. Los ciudadanos españoles llevamos ya cuatro décadas conviviendo con el terrorismo, especialmente en el País Vasco. Algunas conocemos ya muy de cerca el significado de un atentado, sabemos el dolor que acompaña desde entonces a familiares, a amigos, a compañeros de la víctima. Sabemos que para la familia todo será diferente el día después. Sin embargo, escuchamos a nuestros gobernantes las mismas palabras una y otra vez, palabras para condenar el atentado, un mismo formulario para exigir fortaleza democrática, unidad para combatir el terrorismo.  Pero todo será diferente para los hijos, la viuda, la madre de la víctima el día después. Nos repetirán que ETA no dirige la agenda política del país. Nos dirán  que ETA está derrotada. Hoy la única derrotada es la familia de Isaías, y su dolor debe animar nuestra solidaridad.Para terminar, la Fundación Gregorio Ordóñez anima a todos los ciudadanos españoles a que acudan, masivamente, a todos los actos que se convoquen en repulsa del atentado terrorista y en solidaridad con Isaias Carrasco”.

 

Comunicado de DENAES

 

Por su parte, la Fundación para la Defensa de la Nación Española emitía otro comunicado que igualmente reproducimos:

 

“Hoy, el terror separatista ha vuelto a matar. Y lo ha hecho otra vez en esa parte de España tan castigada, tan engañada, tan profundamente marcada por la mentira como es el País Vasco. A la vieja usanza: por la espalda. Desde la Fundación DENAES para la Defensa de la Nación Española queremos, en primer lugar, manifestar nuestra más profunda condena a tan vil atentado terrorista y enviar nuestro más sentido pésame a la familia del ex concejal del PSE Isaías Carrasco.

La Fundación DENAES sigue insistiendo en que no cabe ni cabrá jamás negociación alguna con la banda terrorista, sino que la única opción posible es su definitiva y total derrota por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Con todos los sobrados mecanismos que ofrece la Ley y el Estado de derecho.

 

Al mismo tiempo requerimos al Gobierno de España, a todos los partidos políticos –sin excepción- y a la sociedad civil para, más allá del juego político y la oportunidad electoral, concebir y denunciar públicamente este nuevo asesinato como lo que realmente es: la prueba de que no hablamos de un terror o violencia abstractos, sino de un calculado plan secesionista que busca a toda costa destruir España y a quien sea o haya sido alguno sus legítimos representantes.

 

Hoy han asesinado uno de estos últimos y la Fundación DENAES no puede menos que insistir en algo fácil y a menudo premeditadamente olvidable: que su sangre no se ha vertido por ninguna sociedad, partido, color o idea política. Lo ha hecho, como siempre, por España”.

 

Elmanifiesto.com, 8 de marzo de 2008