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Terrorismo internacional

Rafsanjani y el Hezbollah

Rafsanjani y el Hezbollah


La fiscalía especial que investiga el atentado contra la AMIA acusó recientemente al gobierno de Irán de haber planeado el ataque y señaló al grupo terrorista Hezbollah como la organización encargada de ejecutarlo.

El dictamen final del fiscal federal Alberto Nisman incluyó el pedido de captura de ocho ex funcionarios iraníes, entre ellos el ex presidente Alí Akbar Hashemi Rafsanjani, como responsables por la voladura de la sede judía, que causó ochenta y cinco muertes, el 18 de julio de 1994.

Según lo declarado por el fiscal Nisman en una conferencia de prensa, se habría acreditado que la decisión de atacar la AMIA fue tomada en agosto de 1993 por las más altas autoridades del gobierno iraní de entonces. Ellas habrían encomendado a Hezbollah la organización y ejecución del atentado.

Sin entrar en la consideración específica de la decisión de la fiscalía, creo de interés señalar que, mientras me encontraba en El Cairo, cuando me desempeñaba como embajador en Egipto, comencé a abordar este tema, el 20 de enero de 1994, es decir, siete meses antes del ataque a la AMIA. Lo hice por medio de un cable en el que expresaba mi total coincidencia con la preocupación manifestada por el embajador de Egipto en nuestro país. El embajador consideraba –una opinión que, según creo, era compartida por la SIDE– que Irán era el más importante proveedor de ayuda financiera a los sectores terroristas fundamentalistas.

El embajador egipcio opinaba que Irán también proporcionaba su apoyo a estos sectores –como etapa previa, de ideologización– mediante el desarrollo de actividades culturales y educativas. Y que, en definitiva, se trataba de un plan sin fronteras iniciado apenas se hubo instalado en el poder la revolución que derrocó al sha, con total vigencia entonces y en pleno desarrollo, que afectaría directamente a nuestro país por haberse involucrado en la Guerra de Golfo y en el proceso de paz de Medio Oriente.

Mi coincidencia estaba fundada no sólo en informaciones recibidas por intermedio de un sector de los servicios de inteligencia egipcios, sino también por el seguimiento que hice, durante casi un año, de todo el proceso de dicha revolución, como corresponsal en los Estados Unidos de un matutino de nuestro país.

Esa tarea me llevó, incluso, a viajar a Teherán, en agosto de 1980, para efectuar una serie de reportajes a jerarcas de la revolución iraní.

Máxima seguridad

Cumplida dicha labor con algunos incidentes que no es del caso narrar ahora, me sirvió para seguir recibiendo información privilegiada durante los meses subsiguientes. Tiempo después, entre septiembre de 1992 y julio de 1993, cuando volví a Washington DC para preparar un libro y hacer algunas notas periodísticas, pude comprobar la continuidad de dicho plan, ya entonces muy conocido por los medios.

Dada la actualidad que acaba de recobrar el tema por la decisión de la fiscalía especial, y como el ex presidente Rafsanjani –aunque sigue siendo todavía hoy un jerarca muy importante– no es muy conocido por nuestros medios, tal vez resulte de interés que transcriba algunos fragmentos de mi entrevista con él, que tuvo lugar a fines del mes de agosto de 1980, tiempo de los rehenes, cuando yo era el único periodista occidental que circulaba por las calles de Teherán, gracias a una visa de cortesía que me había extendido el entonces canciller Sadegh Ghotbzadegh.

Alí Hashemi Rafsanjani era entonces presidente del Parlamento y el hombre más fuerte del Partido Revolucionario Islámico.

Se me avisó que el entrevistado no hablaría en inglés sino en farsí, y que utilizaría un intérprete propio. Con el fin de poder controlar los dichos de ida y vuelta solicité que se me permitiera llevar por mi lado a una intérprete, que me cedió nuestra embajada en Teherán.

Cuando llegamos al edificio, los guardias no encontraron adecuado el atavío de la intérprete, porque no llevaba chador y porque usaba pollera. Después de arduas negociaciones, tuve que aceptar que se le proveyera el chador correspondiente. Ella se vio obligada a dejar en depósito sus cosméticos, el encendedor y los cigarrillos que llevaba en la cartera. Así pudimos llegar por fin al despacho del señor Rafsanjani.

Mi primera pregunta fue acerca de qué cambios traería aparejados la constitución del próximo gabinete, ya que se estaba produciendo en esos días una crisis política interna.

Me contestó que las dificultades internas estaban determinadas por la presencia de elementos no verdaderamente revolucionarios, pero que éstas se terminarían, de inmediato, con la presencia en el nuevo gabinete de la gente joven de la revolución.

Agregó que otra gran dificultad era la permanente presión extranjera que no quería quitar las manos de su nación. Que Irán era parte del Tercer Mundo, oprimido por los imperialismos, pero que la revolución estaba liberando a Irán de las superpotencias y de todos aquellos países –grandes o pequeños– que sólo trataban de sacar ventajas.

Citó entre esas naciones a Sudáfrica, Egipto e Israel, y otros más, que, dijo, habían recibido en el pasado gran ayuda de Irán, sin haberla retribuido jamás. Dijo también que Irán no quería estar aislada, como nación, de la comunidad internacional, sino que quería tener las mejores relaciones con la mayor cantidad de países posibles, pero que los Estados Unidos trataban de impedirlo.

Rafsanjani insistió en que, aun con la oposición norteamericana, nada los detendría en su determinación de seguir trabajando para conseguir los objetivos de amistad con las naciones que quisieran ser libres de la opresión de las superpotencias.

La cuestión de los rehenes

Después le pregunté cuándo iba a tratar el plenario del Parlamento, que él presidía, la cuestión de los rehenes. Me dijo textualmente: “Ya he contestado antes esa pregunta muchas veces. Cuando el Parlamento termine de tratar las cuestiones más importantes se ocupará de ese tema”.

Añadió Rafsanjani: “No entiendo por qué me preguntan eso con tanta insistencia, ya que no es tan importante”.

Como yo le señalé que la importancia dependía del punto de vista, ya que para la comunidad internacional era relevante la existencia de rehenes, porque implicaba una violación del derecho internacional, me contestó: “Lo que la comunidad internacional llama derecho internacional, es un derecho que ha sido establecido exclusivamente para el beneficio de los grandes poderes. Porque, por ejemplo, nuestra soberanía ha sido violada durante las dos guerras mundiales, por Rusia y también por sus aliados occidentales.”

“La dinastía Pahlevi –continuó– fue sirvienta de los gobiernos occidentales, particularmente de los Estados Unidos. Cada vez que nuestro país trató de liberarse de la opresión se enfrentó con la intervención directa o cubierta. El movimiento iraní para la nacionalización de la industria petrolera, hace treinta años, fue impedido por un golpe de Estado norteamericano. También fueron agentes norteamericanos los que impidieron la insurrección contra el sha el 5 de julio de 1963. Yo estuve detenido en las prisiones del sha y fui torturado por los agentes de la Savak, que estaba supervisada por expertos norteamericanos. Y cuando Estados Unidos dejó de proteger al sha, su régimen no pudo sostenerse más.”

Y luego, muy enfáticamente, me preguntó: “¿Eso es lo que Occidente denomina derecho internacional? ¿O acaso llama así a la ocupación de Afganistán por Rusia? ¿O a la ocupación de Jerusalén? ¿O a la ausencia de un Estado palestino? Los rehenes, de acuerdo con la ley islámica, están bien tratados y cuidados, y ya discutiremos oportunamente su situación en el Parlamento”.

Todos los altos jerarcas que entrevisté en ese agosto de 1980, incluidos el presidente de la Corte y el canciller, murieron. Fueron víctimas del proceso revolucionario. De ellos, el único sobreviviente fue Rafsanjani.

Como es sabido, los rehenes fueron liberados el 20 de enero de 1981, cuando asumió la presidencia de los Estados Unidos Ronald Reagan.

Pero la revolución iraní siguió su curso.

Por Albino Gómez (periodista, escritor y diplomático).

LA NACION.com, viernes 3 de noviembre de 2006

 

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/855220


Hizbulá y el terrorismo

Hizbulá y el terrorismo El durísimo conflicto armado desarrollado entre el Tsahal israelí y la poliédrica organización libanesa Hizbulá, a lo largo de la segunda quincena de julio y primera de agosto de 2006, volvió a plantear la cuestión -no resuelta- de la naturaleza de ese movimiento chiíta. ¿Es un simple partido político?, ¿un grupo guerrillero?, ¿una organización terrorista?, ¿un «Estado dentro del Estado» libanés?

Líbano y Hizbulá

El del Líbano es un caso único en el que la identidad nacional continúa en permanente discusión; no pudiendo despegarse -esta polémica inagotable- de la existencia de numerosas comunidades religiosas que determinan el status jurídico de todos y cada uno de sus ciudadanos, definiendo además, desde sus propios mitos, los supuestos ingredientes identitarios del «ser» libanés.

El de Líbano es un proyecto de «democracia a la occidental» no desarrollado plenamente; una circunstancia paralela a su reiterado fracaso en la consolidación de un Estado. Y, en un Oriente Próximo en el que confluyen los intereses de las grandes potencias, en el que chocan diversas concepciones del mundo, con un predominio israelí en toda la zona, que sufre la crisis del Islam en el resurgir de su fundamentalismo, que acusa la potente influencia de Irán… el fenómeno de Hizbulá no puede recibir un tratamiento simplista ni, todavía, definitivo.

Un poco de historia

Recordemos que el poder político libanés -desde la independencia de Francia y a resultas de las previsiones de su constitutivo Pacto Nacional- estaba repartido con unos muy cuestionados criterios poblacionales proporcionales; siendo los máximos beneficiarios, inicialmente, los católicos maronitas y los musulmanes sunníes. Pero la explosión demográfica chiíta, a punto de convertirse hoy día en la primera comunidad en número, junto a otros factores internos y exteriores, evidenciaron uno de los más graves efectos del sistema: su permanente inestabilidad.

Muy pronto se desarrollaron diversas iniciativas que, en un difícil contexto alimentado por otras muchas y graves tensiones sociales y políticas, pretendían proporcionar un mayor protagonismo a la entonces postergada comunidad chiíta. Así, en 1974, el clérigo chiíta Musa Sadr fundó el Movimiento de los Desheredados. Pero desapareció en circunstancias nunca esclarecidas en agosto de 1978 mientras viajaba por Libia. Le relevará en protagonismo su milicia armada Amal (esperanza, en árabe) una vez emancipada del partido-padre, liderada por el astuto y omnipresente Nabih Berri. Posteriormente Amal, marcado por un tono levemente laico, sufrirá diversas escisiones. Una de ellas, Amal Islámico, será plataforma de la extensión de la revolución islámica de Jomeini en Líbano. Y un número oscilante entre 400 y 1000 «guardianes de la revolución» iraníes se establecieron en el sur del país, ya entonces dividido y ensangrentado por su larga guerra civil. Sumándosele otros grupos, posteriormente, darán lugar todos ellos a Hizbulá (traducido del árabe como Partido de Dios, denominación de profundas resonancias coránicas).

Primera cuestión conflictiva: la fecha exacta de su fundación. Unas fuentes aseguran que ya acaeció en 1982. Otras aseguran que el evento tuvo lugar en 1984. Una discrepancia de gran relevancia. Veamos por qué.

El 23 de octubre de 1983 se perpetraron unos atentados terroristas de enorme impacto y relevancia. Un camión bomba conducido por un suicida, atacó el cuartel general de los marines norteamericanos, cerca del aeropuerto de Beirut, provocando 241 muertos. Un segundo camión bomba tuvo como objetivo un cuartel de los paracaidistas franceses, en Ramlat Al Abida, causando 58 víctimas mortales. Para algunos analistas (por ejemplo, el español Gustavo de Arístegui) Amal Islámico habría sido el responsable. Otros no dudan en atribuírselos directamente a Hizbulá: es el supuesto de los autores de un informe de abril de 1985 del Departamento de Estado norteamericano, en el que también se le responsabilizaba del gravísimo atentado sufrido en el restaurante El Descanso de Madrid el 12 de abril de 1985 (18 muertos y 84 heridos).

 

Otros atentados posteriores, igualmente atribuidos a Hizbulá, fueron: la mayor parte de los numerosos secuestros de ciudadanos libaneses y occidentales en Beirut y otras zonas de Líbano, el sufrido el día 17 de marzo de 1992 por la Embajada de Israel en Buenos Aires (29 muertos), y el acaecido el 18 de julio de 1994 contra la mutua judía AMIA de la capital argentina (85 muertos). Hizbulá siempre negó su autoría.

 

Según el criterio de los especialistas convencidos de la vocación esencialmente terrorista de Hizbulá, ésta se habría amparado -para esos numerosos atentados nunca esclarecidos- bajo diversas denominaciones: Yihad Islámica (en los dirigidos contra objetivos occidentales en Líbano y en el extranjero, caso del de Madrid); Resistencia Islámica (contra los israelíes); y otros como Organización para la Justicia Revolucionaria, Organización de los Oprimidos de la Tierra, y Yihad Islámica para la Liberación de Palestina.

 

Un «Estado dentro del Estado»

 

Simultáneamente a la escalada terrorista, Hizbulá consolidó -mediante diversas acciones- su creciente influencia en el sur del país y en los populosos suburbios del sur de Beirut. Para ello no dudó en enfrentarse, con las armas en la mano, con facciones palestinas instaladas en Líbano, sus antiguos aliados de Amal, el ejército regular libanés, con grupos sunnitas, las milicias cristianas unificadas, y también contra los israelíes asentados al sur del río Litani y sus aliados del ESL (Ejército del Sur del Líbano). Los derrotó a todos ellos. Y, años después, en mayo del año 2000, los israelíes pusieron término a la ocupación; lo que Hizbulá y buena parte del mundo musulmán presentaron como una victoria del islam.

Hizbulá continuó su crecimiento de modo imparable: armándose con medios muy sofisticados, ampliando sus bases de apoyo, y estableciendo en sus áreas de influencia un auténtico Estado en lugar del vacilante libanés. Un entramado muy eficaz y diversificado, en cualquier caso: escuelas gratuitas en las que es obligatoria la enseñanza coránica y el velo, dispensarios sanitarios, redes asistenciales, servicios públicos de electricidad y agua, seguridad ciudadana, tribunales islámicos, pensiones para las familias de los «mártires»… Y en las últimas elecciones legislativas, celebradas en mayo y junio de 2005, alcanzaron nada menos que 14 parlamentarios. Dispone de una potente televisión por satélite, Al Manar, que no llegó a ser silenciada por los israelíes en la crisis del 2006, y a la que, a causa de sus contenidos belicosos y antisemitas, Francia prohibió sus emisiones. La propia Unión Europea también prohibió la repetición de la señal de Al Manar por los satélites europeos, en aplicación de la normativa europea contra la «incitación al odio racial y/o religioso» en 2005.

 

En septiembre de 2004, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1559 por la que instaba al gobierno libanés a desarmar a todas las milicias; un acuerdo pensado fundamentalmente para Hizbulá, al tratarse de la única todavía operativa en Líbano desde la aplicación de los acuerdos de Taif que pusieron fin a la guerra civil en 1989. Evidentemente, la resolución no ha sido ejecutada; ni existen indicios de que lo sea en un futuro inmediato.

 

No olvidemos, además, su relevante papel en el juego de alianzas y poderes de Próximo Oriente, alineándose decididamente con Irán y Siria; habiendo logrado distorsionar el frágil equilibrio de la zona, constituyendo su prueba más sangrante y evidente el gravísimo conflicto armado del verano pasado.

Hassan Nasralá, su carismático y más conocido líder, es considerado como un gran político y un excelente estratega militar; si bien es pronto para presagiar si la aventura iniciada con el secuestro de dos soldados israelíes, en el interior del país hebreo, marcará el inicio de su declive o su definitiva consolidación; y siempre con miras al control, de una u otra manera, del Estado libanés.

Mientras tanto, las tropas de FINUL 2, entre las que figura el contingente español allí desplegado, se encuentran en una compleja y paradójica situación: conviviendo con una potente y arraigada milicia, implacable y magníficamente pertrechada, que se resiste a ser desarmada, pese a las resoluciones internacionales. Es más, continúa armándose sin disimulos. Así, un análisis del español Grupo de Estudios Estratégicos, fechado el 27 de octubre de 2006, informaba de 39 misiles anti-carro que, desde Moscú vía Damasco, ha recibido Hizbulá ante la mirada impotente de los cascos azules.

 

Hizbulá, ¿organización terrorista?

 

No es nada sencillo, por lo tanto, delimitar de manera unívoca la poliédrica naturaleza de Hizbulá. Además, concurre una dificultad metodológica que no facilita el esclarecimiento de esta labor. Nos referimos a la existencia de varias decenas de definiciones de terrorismo; no siempre coincidentes en sus principales rasgos constitutivos. Mencionaremos aquí dos elaboradas en España, desde ámbitos culturales muy diversos, y que gozan de cierto prestigio entre los analistas del fenómeno.

 

El político e investigador español José María Benegas, en la acepción «terrorismo, definición» de su enciclopédica obra Diccionario Espasa. Terrorismo (Espasa Calpe, Madrid, 2004), recoge 21 definiciones distintas. Pese a ello, asegura en su página 554 que para que sea válida una definición de terrorismo debe recoger, según su criterio, los siguientes elementos: el empleo de la violencia como medio para conseguir objetivos políticos; ejecución de atentados indiscriminados; extensión del terror al conjunto de la sociedad; búsqueda de la propaganda y la difusión de sus mensajes.

 

La LXXIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española (Madrid, 22 de noviembre de 2002), en su Instrucción pastoral «Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias», propuso la siguiente definición en su punto 5: «el propósito de matar y destruir indistintamente hombres y bienes, mediante el uso sistemático del terror con una intención ideológica totalitaria». Y por terror entiende que es la «violencia criminal indiscriminada que procura un efecto mucho mayor que el mal causado directamente, mediante una amenaza dirigida a toda la sociedad», lo que se persigue por medio de una «compleja estrategia puesta al servicio de un fin ideológico (…) obteniendo una amplia repercusión política, potenciada por la publicidad que obtienen sus nefandas acciones»; todo lo que lleva a sus autores a entenderla como una actividad «rentable» políticamente.

 

Ahora mismo, desde una lectura literal y estricta de ambas definiciones, Hizbulá difícilmente podría calificarse de organización terrorista «clásica». Sin embargo, sus orígenes y buena parte de su historia permanecen asociados con expresiones muy concretas y especialmente graves de la práctica terrorista.

 

La inmensa mayoría de expertos en terrorismo no dudan en calificar a Hizbulá como organización terrorista; si bien resaltan su complejidad, evolución y estructura. Coinciden, igualmente, en señalar que, junto a Tigres de Liberación de Tamil Elam (TLTE), ha sido la organización que se ha servido de un mayor número de terroristas suicidas en sus diversas campañas… hasta la crisis iraquí. No es sencillo, ciertamente, deslindar su naturaleza inicialmente terrorista, también operativa a lo largo de bastantes años, de su estructuración como organización guerrillera desplegada durante varios lustros. De hecho, un objetivo de toda organización terrorista es llegar a superar el precario estadio inicial y saltar a otras estructuras más sofisticadas y consolidadas: guerrilla, en un segundo momento y, si es posible, ejército convencional. Una evolución que muy pocas organizaciones han consumado a lo largo de la historia.

Aparentemente, su fase inicial de organización estructuralmente terrorista habría sido superada; si bien ciertos expertos sospechan de la existencia de una estructura clandestina en Líbano y en diversos países occidentales a la espera de su reactivación si fuera necesario. Un interrogante trascendental al respecto es el siguiente. Cuando Hizbulá secuestró a los dos soldados, judíos de quienes no se ha vuelto a saber nada, en el mes de julio pasado, acción que originó la tremenda respuesta israelí, ¿lo hicieron uniformados o con ropas de civiles? En el primer caso, difícilmente podría calificársele de operación guerrillera, dado que Israel había abandonado el territorio libanés años atrás; por lo que no podía alegar ya una condición de «resistente» frente a un ocupante extranjero. Pero, en el segundo de los supuestos contemplados, sin duda alguna, se trataría de una acción terrorista.

 

Estados Unidos incluyó en su día a Hizbulá en su listado de organizaciones terroristas. El Parlamento Europeo, por su parte, aprobó el 10 de marzo de 2005 (por 473 votos a favor, 8 en contra y 33 abstenciones) una resolución, no vinculante, calificándole de organización terrorista. Sin embargo, la Unión Europea no lo ha incorporado a su listado; aunque sí a uno de sus dirigentes, Imad Mugniyah. Unos comportamientos, los europeos, ciertamente, no del todo congruentes…. ni rigurosos.

Hizbulá ha sabido adaptarse a las nuevas circunstancias, maquillando sus actuaciones y desplegando una eficaz campaña de imagen a nivel internacional. Así, por ejemplo, cuando ocupó el sur del Líbano, al retirarse el ejército judío, no consumó las anunciadas masacres contra los milicianos colaboracionistas -cristianos, drusos y chiítas- del Tsahal. Los entregó al Estado libanés, que los condenó a duras penas de prisión por el delito de traición. Tampoco expulsó a sus familias; tal y como sucedió en diversos episodios de la larga guerra civil.

Pero la naturaleza y mentalidad terroristas, es decir, una verdadera «cultura», también subyace en otros comportamientos; en este caso, manifestados en el pasado verano. Así, Amnistía Internacional denunció a Hizbulá, al igual que a Israel, por bombardear objetivos civiles en Israel de manera indiscriminada; así como por parapetarse en edificios que, conforme la legislación internacional de guerra, no pueden emplearse como base de acciones militares; caso de escuelas y hospitales. No se trataría, ya, de meros supuestos de terrorismo, sino de verdaderos crímenes de guerra (una peculiar manifestación de «terrorismo de Estado» en periodo bélico, según algunos).

Tal es la compleja y cambiante naturaleza de Hizbulá: un partido político parlamentario con responsabilidades institucionales, una potente y sofisticada milicia armada, un «Estado dentro del Estado», un atípico e influyente «actor» en la escena política del Próximo Oriente sin ser un sujeto legitimado por el derecho internacional… una peligrosísima e implacable organización terrorista en potencia y con un oscuro historial nunca esclarecido convincentemente por sus protagonistas.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Revista digital Arbil, Nº 108, octubre de 2006

El islamismo y las izquierdas en Iberoamérica

El islamismo y las izquierdas en Iberoamérica


1/. Convergencia de actores estatales islamistas y marxistas-leninistas y de la izquierda iberoamericana

Lo primero que puede observarse es el proceso de convergencia que existe entre actores estatales como Irán, por un lado, y Venezuela, Cuba y Bolivia por el otro, cuyas agendas sólo pueden tener como objetivo común enfrentar a los EE.UU. y sus aliados. A dicha agenda confluyen numerosas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que cuentan con una importantísima financiación por parte de actores estatales, no estatales y donantes particulares.

No son ajenos a este proceso de convergencia formaciones como el denominado "Foro de San Pablo" y "Foro de Porto Alegre", que son solo algunas de las bisagras visibles entre las alas del islamismo y de sectores de la extrema izquierda de Ibero América. Dicho proceso se ve acompañado por la peligrosa agenda política de algunos gobiernos de países europeos -tal el caso de la España de José Luis Rodríguez Zapatero-, que por malicia o ignorancia abren las puertas al peligro islamista. No son pocos los dirigentes políticos -en todo el mundo- que consideran que organizaciones terroristas como Al-Qaeda y el Hizbollah son de alguna manera aliados en la lucha contra la hegemonía global de los EE.UU. Mas allá de las razones para tal comportamiento político, puede verse de que manera muchos países bajan sus defensas, creando las condiciones necesarias para que el peligro terrorista pueda crecer y desarrollar sus actividades amparados por la vigencia de un "garantismo" suicida, olvidando hasta el objetivo proferido por Al-Qaeda, que reclama el derecho a "reconquistar" España para añadirla como una perla más a la corona de su soñado califato.

Sería asimismo injusto acusar solamente a la izquierda de dejarse deslumbrar por la perspectiva de ver debilitado a los EE.UU. y a sus aliados aunque sea a manos de tamaños enemigos, porque Internet está infectada de mensajes con deseos y loas de gloria y victoria al terrorismo islamista, firmados por personas que de "zurda" -sea disculpada esta expresión- sólo tienen la mano izquierda cuando nacen con esa característica.

2/. Convergencia entre el islamismo terrorista, la izquierda insurreccional y el crimen organizado

La conexión entre terrorismo y crimen organizado se incrementa notablemente a partir de la declinación del volumen de respaldo de Estados a grupos terroristas, que comienza con el desmembramiento del bloque soviético, aunque ya existía el precedente en Colombia de la ecuación FARC-Narcotráfico. Desde hace más de quince años ha crecido notablemente la relación entre el crimen organizado transnacional y el fenómeno cambiante del terrorismo con alcance global. Esto ha sido muy bien expuesto en estudios sobre modelos de convergencia entre terrorismo y crimen organizado, realizados por expertos como la criminóloga Tamara Makarenko y el argentino Juan Belikow.

El cuadro expuesto es tan sólo un muestreo de las alianzas que se han establecido hasta el presente, aunque tales lazos son extremadamente sutiles en caso de organizaciones altamente secretas como Al-Qaeda Central, dados los temores a una penetración de la inteligencia enemiga o a una fuga de información que pueda conducir a la localización de sus comandantes y cuadros más valiosos. Sobre todo en el caso de pandillas de extrema peligrosidad como las denominadas "Maras Salvatruchas", que están bajo constante vigilancia. La sinergia que se produce entre terror y crimen contribuye sin duda a debilitar las alianzas internacionales, a licuar el poder político de los Estados y a minar progresivamente la efectividad de las fuerzas de seguridad y policiales.

La dirigencia política en el ámbito mundial no ha comenzado siquiera a tomar conciencia de este fenómeno de convergencia mencionado y muchos de sus dirigentes parecen a veces coincidir en que la exposición de esta realidad es sólo el producto de thinks tanks y expertos cuyas exposiciones están dirigidas a alentar casus belli que alienten la intervención militar estadounidense en teatros como Colombia y la Triple Frontera, para citar sólo dos ejemplos.

La cibernética usada en términos de terror-espacio y crimen-espacio por sociedades criminales y las organizaciones terroristas más sofisticadas, como la mafia rusa y Al-Qaeda, por ejemplo, hacen extremadamente difícil la detección de contactos y operaciones. Los cerebros del tecnoterrorismo marchan siempre un paso delante de las fuerzas de la ley, cuando se trata de detectar medidas y contramedidas de seguridad para penetrar la defensa de los blancos.

La actual situación en Bolivia es sin duda otro importante y sensible factor de riesgo que hace a la seguridad regional, dado que las organizaciones terroristas de signo islamista -que cuentan con células en Paraguay y Brasil- podrían ver en ella una oportunidad para establecer sus redes lejos del monitoreo de países vecinos. No en vano se registran desde hace muchos años viajes de personajes vinculados a organizaciones etno-nacionalistas de países iberoamericanos a centros de formación religiosa islamista y tal vez también a campos de entrenamiento en Paquistán.

En este panorama que se levanta en el futuro de Bolivia y regiones adyacentes, el terrorismo con perfil etnonacionalista podría convertirse en una nueva amenaza contra la seguridad regional, diferente al de Al-Qaeda o el Hizballah, pero parte al fin de una de los más graves desafíos que puede percibirse en el escenario de Ibero América. Las acciones conjuntas que tienen como eje en Colombia al narcoterrorismo encabezado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a los carteles de la droga ligados también a otras formaciones políticas como la anticomunista Fuerzas de Autodefensa de Colombia, y a sociedades criminales como la mafia rusa, deben encontrar una respuesta definitiva, que no puede terminar sino en la derrota y rendición incondicional y en la erradicación definitiva de esos flagelos de nuestra región.

El cuadro de situación actual, con eje en Colombia y Venezuela, y además en los Andes Centrales, que incluye la presencia de actores estatales y no estatales islamistas, se agrava con la existencia de una constelación de gobiernos en Sudamérica, que por razones ideológicas y políticas rechazan contar con un plexo legal en el cual puedan respaldarse acciones contra las nuevas amenazas. En el caso de la Argentina, al desafío islamista global y regional se suma el peligro del narcoterrorismo que tiene epicentro en Colombia -encabezado por las FARC-, como también en Bolivia, organizaciones todas ellas aliadas con sociedades criminales asentadas en esos países y en casi toda la región.

3/. Potenciales atentados

La República Argentina no ha estado, está ni estará al margen de la guerra global ni de lo que sucede en Cercano y Medio Oriente, entre otras cosas porque ya tuvo su bautismo de sangre a manos del terrorismo islamista, de signo diferente a Al-Qaeda, pero islamista al fin, que de manera alguna ha quitado a nuestro país de la lista de blancos permanentes y/o de oportunidad.

El desafío de Al-Qaeda alcanza al país de manera plena, porque su comandante e ideólogos son lo suficientemente inteligentes y cultos, como para saber que el país es mayoritariamente blanco, católico y que, además, cuenta con una de las colectividades judías cualitativa y cuantitativamente más importantes en el ámbito mundial; colectividad que además está históricamente ligada al Estado de Israel desde el momento mismo de su fundación, como casi otras similares de la Diáspora.

En cuanto a organizaciones como el Hizballah, el país estaría a salvo de nuevos ataques en la medida en que el conflicto en el Líbano no estalle nuevamente, dado que en ese caso sería ridículo pensar que no lanzaría nuevos ataques, como se ha reiterado en fecha reciente. Lo mismo ocurriría si Irán fuera atacado por EE.UU., Israel o una coalición de países, como sucedió en Irak, ya que en ese caso se activarían las células de ataque en casi todo el mundo. Lo han afirmado dirigentes iraníes y del mismo Hizballah al más alto nivel y, como dice un conocido axioma judicial, "a confesión de parte relevo de prueba". El Ministro de Inteligencia iraní Gholam-Hussein Mohseni-Ezhei, manifestó el 13 de julio que "si América o cualquier otro país ataca a Irán, estará poniendo en peligro sus intereses y su vida económica, política, y social". Esto lo confirma también The Middle East Media Research Institute, citando a la Agencia IRNA (http://www.irna.ir/fa/news/view/line-2/8504259863110433.htm), que dice: "El mismo país que intente atacar a Irán necesita saber que pagará un precio exorbitante. América no tiene el valor de tomar tal acción contra Irán, ya que en este evento pondremos en peligro todos sus intereses vitales. Las fronteras geográficas de nuestra guerra contra los americanos no se limitarán simplemente al suelo americano. Al contrario, tendremos como objetivo todos los intereses de este país alrededor del mundo".

El problema que se crea luego del lanzamiento de ataques terroristas como el que sugiere la reciente amenaza arriba mencionada, es que la especial y muy compleja estructura organizacional del tándem terrorista Irán-Hizballah, hace muy difícil llevar a los estrados judiciales a los ideólogos y ejecutores de atentados como los de la AMIA, a pesar de amenazas públicas como la arriba mencionada. Una vez que un ataque ocurre, queda el sello de los autores, pero se hace muy difícil probar de manera contundente los diferentes grados de responsabilidad a lo largo de los eslabones involucrados, ya que organizaciones como el Hizballah utilizan brazos con diferentes nombres, tal el caso de la Yihad Islámica (caso Embajada de Israel) o Ansar Allah (AMIA), justamente para evitar la persecución judicial.

Deben en consecuencia arbitrarse las medidas necesarias para prevenir los efectos negativos y/o peligrosos para nuestra seguridad nacional del potencial impacto de los sucesos en Medio Oriente y otras regiones, a través de cualquiera de las formas descriptas e incluso de su convergencia o combinación con las restantes.

Horacio CALDERÓN

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Hezbolá. Un rearme consentido

Hezbolá. Un rearme consentido

"Las tropas internacionales serán bienvenidas siempre y cuando no intenten desarmar a Hezbolá". Las palabras pronunciadas por Hassan Nasrallah, entre advertencia y premonición, definieron muy bien cuál iba a ser la misión de la UNIFIL 2 en Líbano, incluso mejor que la propia ONU. Los cascos azules siguen los dictámenes de Hezbolá al pie de la letra mientras el ministro de Defensa israelí intenta refrescarles la memoria recordándoles que la fuerza fue diseñada para operar contra Hezbolá, no contra Israel. Para quien aún tenía dudas, la UNIFIL 2 cada vez se parece más a la UNIFIL 1.

Ante la atenta mirada de los casos azules, el rearme de Hezbolá es un hecho que nadie se ha atrevido a negar. Lo último han sido 39 misiles anti-carro que desde Moscú, pasando por Damasco, han llegado a manos de los terroristas libaneses. Aunque en un primer momento el ministro de Defensa ruso lo negó, luego echó la culpa a la ausencia de controles para las exportaciones de armamento militar. Poco importa ya que las armas pasaran delante de las narices de la babilónica flota internacional que descansa en aguas libanesas. Sí que cuenta, sin embargo, que Rusia tenga una fuerte presencia en los principales puertos del Líbano.

La última noticia que ha saltado a la luz publica es el posible abastecimiento de misiles antiaéreos Aster 15/30 por parte de franceses e italianos al ejército libanés, unas armas ofensivas altamente sofisticadas. Cierto o no, reafirma la clara simpatía de los países que participan en la fuerza de interposición de la ONU por una de las partes del contencioso. Lo que sí está confirmado es el suministro de armas defensivas al ejército libanés por parte de estos mismos países, que hacen oídos sordos a la advertencia de que esas armas pasan directamente a manos de los terroristas de Hezbolá. El jefe del Ejército libanés, el general Michel Suleiman ha dado incluso las gracias públicamente por los esfuerzos económicos, diplomáticos y militares internacionales, hechos en estos meses, para dotar al país de nuevas armas de disuasión contra el enemigo sionista.

Ante la indiscriminada transferencia de armas, a los israelíes no les dejan otra opción que sobrevolar los límites fronterizos para intentar controlar el contrabando, aunque suscite el reproche del jefe de la UNIFIL, el francés Alain Pellegrini, que lo considera una clara violación de la resolución 1701 e incluso ha sugerido la posibilidad de usar la fuerza para impedirlos. Pero Pellegrini no recuerda que según la misma resolución esta zona debería convertirse en un lugar libre de armas y que el gobierno libanés debería honrar con su obligación de evitar el rearme de Hezbolá, con la ayuda de la UNIFIL 2 ¡Pero si ni siquiera los cascos azules han empezado a operar con el ejército libanés! Ni tan siquiera se respeta la libertad de circulación de los cascos azules. Que se lo digan a la patrulla española que fue bloqueada por miembros de Hezbolá, armados y uniformados, hace algo más de diez días. En este escenario, sólo queda esperar que al menos Israel no se amedrente ante los terroristas.

Por GEES

En Libertad Digital nº 921 | 27 de Octubre de 2006

Asesinan a Anna Politkóvskaya, la periodista rusa más crítica con la política del presidente Putin en Chechenia

Asesinan a Anna Politkóvskaya, la periodista rusa más crítica con la política del presidente Putin en Chechenia

Anna Politkóvskaya fue premio Vázquez Montalbán de Periodismo
Internacional en 2004

La periodista rusa Anna Politkóvskaya, una de los informadoras más críticas con la política del presidente ruso, Vladímir Putin, en Chechenia, fue asesinada hoy en su domicilio en Moscú. "Su asesinato es un golpe en el mismo corazón del periodismo ruso. No será posible compensar su pérdida, ya que no haya nadie como Politkóvskaya ni lo habrá nunca", señaló Igor Yakovenko, secretario general de la Unión de Periodistas de Rusia (UPR).

El cuerpo de la periodista con cuatro impactos de bala fue hallado por una vecina en torno a las 17:00 hora local (13:00 GMT) en el ascensor de un edificio de viviendas en el centro de Moscú, informaron fuentes policiales a las agencias rusas. La policía, que encontró una pistola Makárova y cuatro casquillos de bala en el ascensor, busca a un joven de estatura media y complexión delgada, que llevaba sobre la cabeza una gorra de béisbol negra. "La mataron en el portal de su propia casa" tras regresar del supermercado, aseguró Dmitri Muratov, redactor jefe de "Nóvaya Gazeta", la publicación bisemanal en la que escribía y que ha convocado esta noche una reunión extraordinaria de la redacción.

El Fiscal de Moscú, Yuri Siomin, anunció la apertura de un proceso expediente penal por "asesinato premeditado" y añadió que "la versión que barajan los órganos de seguridad es que fue asesinada por el cumplimiento de su deber". El asesinato de la periodista coincide con el 54 cumpleaños del presidente ruso y tiene lugar el día después de la onomástica de Ramzán Kadírov, el hombre fuerte de Chechenia, objeto de muchas de sus más aceradas críticas.

Politkóvskaya, que nació en Nueva York en 1958, había confesado en varias ocasiones haber recibido amenazas de muerte de los servicios secretos rusos, el Ejército y otras agencias de seguridad del estado a las que había criticado con dureza en sus artículos. "Este es un asesinato salvaje contra una periodista valiente y profesional", aseguró Mijaíl Gorbachov, ex presidente de la URSS, que adquirió recientemente el 10 por ciento de "Nóvaya Gazeta".

Gorbachov manifestó su confianza en que "el asesinato no quede sin castigo" y adelantó que el diario "conducirá una investigación independiente al respecto". "Todos debemos condenar lo ocurrido. Este es un golpe para la prensa independiente y democrática, pero también para Rusia y todos nosotros", señaló.

Crítica con el Kremlin

Autora de cientos de artículos y muchos libros, traducidos a varios idiomas, entre ellos el español, comenzó a trabajar como periodista en el diario "Izvestia" en 1982 y desde 1999 escribía para "Nóvaya Gazeta", la publicación más crítica con el Kremlin. La periodista, premio Vázquez Montalbán de Periodismo Internacional en 2004, pasaba varios meses al año en Chechenia y otras repúblicas del Cáucaso norte ruso, como Daguestán e Ingushetia.

"Este es un asesinato político. Ella era una mujer valiente que tenía muchos enemigos. Su muerte es una gran pérdida para la sociedad civil", señaló Liudmila Alekséyeva, presidenta del Grupo Helsinki.

Por su parte, el director del centro de derechos humanos "Memorial", Oleg Orlov, destacó que los que encargaron el asesinato "querían librarse de una periodista independiente y honesta". "En el pasado la amenazaron más de una vez, recibía amenazas telefónicas relacionadas con su activa participación en la sociedad civil", agregó. Politkovskaya presentó en febrero de 2005 en Madrid su libro "La Rusia de Putin", y ha publicado otros dos libros en España, "Terror en Chechenia" y "Una guerra sucia", ambos en 2003.

En sus libros, la periodista criticaba la política de mano dura de Putin en Chechenia y la participación diaria de los soldados rusos en el secuestro y violación de chechenes con el beneplácito de sus superiores. Politkóvskaya saltó a la fama internacional cuando fue elegida como mediadora por el comando terrorista chechén que tomó en octubre de 2002 el Teatro Dubrovka de Moscú, donde más de 800 espectadores fueron retenidos durante tres días.

La periodista, que relató esta experiencia en sus libros, criticó la operación de rescate emprendida por los servicios de Seguridad rusos que se zanjó con 169 muertos: 128 rehenes y 41 terroristas. Posteriormente, a principios de septiembre de 2004 y cuando viajaba a cubrir el secuestro masivo por parte de un comando terrorista en la escuela noroseta de Beslán, la periodista fue envenenada en el avión.

La mayoría de políticos rusos -oficialistas, nacionalistas y liberales-, coincidieron al señalar que el asesinato había sido políticamente motivado. "Politkóvskaya era una mujer incómoda para muchos, puesto que escribía y decía aquello que no le gustaba al poder", declaró Luibov Sliska, vicepresidenta de la Duma y miembro del partido gubernamental "Rusia Unida". La nota discordante la puso el líder del Partido Republicano, Vladímir Richkov, quien apuntó que tras el asesinato "vislumbra la pista chechena".

 

Estrella Digital, 8 de octubre de 2006

GRUPOS TERRORISTAS QUIEREN UNA "BOMBA SUCIA RADIACTIVA"

GRUPOS TERRORISTAS QUIEREN UNA "BOMBA SUCIA RADIACTIVA" En los últimos cuatro años, el decomiso de material radioactivo susceptible de convertirse en una "bomba sucia" se ha duplicado en los últimos cuatro años. Según revelan datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), desde esa fecha se han practicado más de trescientas detenciones de contrabandistas. El periódico británico The Times publica en su última edición que la mayor parte de esas detenciones se han producido en Europa. Destaca que el año pasado, los servicios de seguridad occidentales, incluidos los británicos MI5 y MI6, frustraron dieciséis intentos de contrabando de plutonio o uranio.

 

En su última edición, el periódico británico The Times informa que el decomiso de material radiactivo susceptible de convertirse en una "bomba sucia" en manos terroristas se ha duplicado en los últimos cuatro años. Desde esa fecha, más de trescientas personas fueron detenidas más de trescientas personas.

 

Datos de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), el año pasado se registraron 103 casos de tráfico ilícito de material nuclear, treinta menos en 1996, 58 en el 2002, 90 en el 2003 y 130 en el 2004, añade el periódico. La mayor parte de esas detenciones se han producido en Europa, señala el periódico, según el cual la organización terrorista islámica Al-Qaeda está intensificando sus esfuerzos para conseguir una bomba radiactiva.

 

El año pasado, los servicios de seguridad occidentales, incluidos los británicos MI5 y MI6, frustraron dieciséis intentos de contrabando de plutonio o uranio. En dos ocasiones se registraron desapariciones de pequeñas cantidades de uranio muy enriquecido.

 

Según los expertos que han estudiado los hechos advirtieron que los contrabandistas están recurriendo a equipo de rayos X y a laboratorios médicos para obtener ilícitamente ese tipo de material. Los contrabandistas, que proceden en su mayoría de la Europa del Este, sólo están interesados en ganar dinero sin que les importe que el material caiga en manos de Al-Qaeda, destaca el diario.

 

The Times señala que la mayoría de las operaciones clandestinas contra ese tipo de contrabando se han mantenido en secreto para proteger las actividades de los servicios de inteligencia occidentales. Los rigurosos controles aplicados a los procesadores nucleares, gracias sobre todo a la cooperación de Rusia, han limitado el acceso de los contrabandistas a material nuclear susceptible de uso militar, agrega.

 

Libertad Digital, 6 de octubre de 2006

 


 

Un informe de los servicios secretos de EEUU considera que la guerra de Iraq ha generado más extremismo musulmán

Un informe de los servicios secretos de EEUU considera que la guerra de Iraq ha generado más extremismo musulmán

Bush ordenó la desclasificación parcial del informe, en concreto cuatro páginas de un total de treinta que componen el texto.

 

Un informe de los servicios secretos de EEUU sobre Iraq desclasificado hoy por orden del presidente George W. Bush considera que esa guerra ha generado más extremismo musulmán, pero no entra a valorar si ha perjudicado a la lucha antiterrorista. Bush anunció hoy la desclasificación parcial del informe -se han publicado cuatro de sus treinta páginas- después de que el fin de semana pasado se filtraran a la prensa algunos extractos que, según la oposición demócrata, demostraban que la guerra en Iraq había restado recursos y atención a la lucha contra el terrorismo.

En una rueda de prensa junto al presidente afgano, Hamid Karzai, Bush se lamentó de la filtración "por motivos políticos" y aseguró que el texto, que ya se presentó al Congreso en abril, se iba a dar a conocer "para que ustedes puedan juzgar por sí mismos".

Pocas horas después, el informe conjunto de los 16 servicios secretos estadounidenses, titulado "Tendencias en el terrorismo global: Implicaciones para EEUU", se publicó en la página de internet de la Dirección Nacional de Inteligencia (www.dni.gov).

En los extractos desclasificados se afirma que "la guerra en Iraq está dando forma a una nueva generación de líderes y operativos terroristas", que se dispersan por todo el mundo y que aprenden a adaptarse a las tácticas antiterroristas de EEUU.

La guerra en Iraq, explican los analistas de inteligencia, "se ha convertido en la causa célebre de los extremistas, ha creado un profundo resentimiento sobre la implicación de EEUU en el mundo musulmán y ha sido caldo de cultivo de simpatizantes del movimiento extremista islámico global".

Cuatro factores

En el documento se especifica que hay cuatro factores que alimentan la difusión de la ideología extremista musulmana: "agravios arraigados, como la corrupción, la injusticia y el miedo a la dominación occidental"; la guerra iraquí; la lentitud de las reformas socio-económicas y políticas en sus países, y "el sentimiento antiestadounidense entre la mayoría de los musulmanes".

El análisis prevé que la red Al Qaeda "continuará como la principal amenaza terrorista contra EEUU y sus intereses en el extranjero".

Pero también matiza que "los activistas que se identifican como extremistas, aunque son un pequeño porcentaje de los musulmanes, aumentan tanto en número como en dispersión geográfica".

Esa dispersión, y la falta de un objetivo conjunto por parte de esos grupos, "hará más difícil localizarles y hacerles frente".

Si esta tendencia continúa, en el informe, también conocido como "evaluación nacional de inteligencia", se predice una mayor variedad de amenazas contra los intereses de EEUU tanto en su territorio como en el extranjero, lo que conducirá "a más atentados en todo el mundo".

Derrota

Aunque dibuja un panorama muy poco halagüeño, sí apunta que una derrota de los extremistas en Iraq podría ser definitiva en la lucha antiterrorista.

"Si los extremistas musulmanes abandonan Iraq percibiéndose, y siendo percibidos, como derrotados, creemos que menos combatientes se sentirán inspirados para seguir la lucha", se afirma en el documento.

La filtración parcial del informe había dado lugar a una serie de ataques de la oposición demócrata contra el Gobierno, según la cual el documento confirma que la guerra en Iraq ha distraído recursos y atención a la lucha contra el terrorismo.

La parte desclasificada del informe no emite un juicio de valor sobre esos extremos.

Pero eso no evitó que tanto la Casa Blanca como los demócratas aseguraran que lo publicado reivindica sus puntos de vista contrapuestos.

En un comunicado, el líder de la oposición demócrata en el Senado, Harry Reid, afirmó que el documento confirma que "las políticas fallidas del Gobierno Bush en Iraq alimentan el terrorismo global y hacen más inseguro a EEUU".

Por su parte, en una rueda de prensa telefónica, la consejera de Seguridad Interior de la Casa Blanca, Frances Townsend, afirmó que las conclusiones del informe "subrayan el punto de vista del presidente acerca de la importancia de que venzamos en Iraq".

 

Estrella Digital, 27 de septiembre de 2006

La Policía siria frustra un atentado contra la embajada de Estados Unidos en Damasco

La Policía siria frustra un atentado contra la embajada de Estados Unidos en Damasco Un día después de las nuevas amenazas lanzadas por Al Qaeda contra Occidente, las fuerzas antiterroristas sirias lograron abortar ayer un atentado de un grupo extremista islámico contra la embajada de EEUU en Damasco, en una operación que se saldó con la muerte de tres de los atacantes y de un policía sirio. Según testigos, un grupo de cuatro hombres intentó irrumpir con un coche en el protegido recinto de la embajada lanzando granadas de mano y gritando "Allahu Akbar" (Ala es grande), pero las fuerzas de seguridad mataron a tres de ellos e hirieron al cuarto.


El ministerio del Interior aseguró en un comunicado leído en la televisión siria que los atacantes tenían preparado un coche bomba que no consiguieron hacer estallar y que ya ha sido desactivado. Sin embargo, un testigo aseguró haber visto cómo dos hombres estacionaron su coche frente a la embajada, descendieron del vehículo, empezaron a disparar contra los centinelas de la entrada y finalmente detonaron la carga explosiva oculta en el coche.

El testigo, que no quiso identificarse, relató que la policía respondió de inmediato a los atacantes y los redujo, poco antes de que decenas de agentes de las fuerzas especiales llegaran a la zona. Otros testigos también dijeron haber visto un coche de marca "Lancer" totalmente calcinado frente a la embajada, mientras que varios vehículos vecinos tenían las lunas reventadas. Asimismo, describieron las columnas de humo que ascendían desde la zona tras haber oído numerosas explosiones.

En el tiroteo abierto entre los atacantes y los policías, un guardia sirio de los asignados a la protección de la embajada ha resultado muerto, mientras que otro fue herido, así como un empleado de una compañía privada de seguridad y un tercer policía del interior de la embajada, cuya nacionalidad no ha sido precisada.

El intercambio de disparos fue tan intenso que otras once personas más están heridas, de las que siete son trabajadores de la Compañía Siria de Telecomunicaciones que trabajaban en la zona.

A estos hay que sumar dos ciudadanos iraquíes -de los miles de refugiados que viven en Damasco- y un diplomático chino que se encontraba en la azotea de su embajada y al que alcanzó una bala perdida.

Los atacantes, cuya identidad o nacionalidad no ha sido revelada, pertenecen a un grupo que el ministerio sirio del Interior definió como "takfiri", una rama del extremismo islámico que "excomulga" (es decir, declara infieles) a los musulmanes que no siguen su corriente, y en particular a casi todos los gobiernos del mundo islámico.

Objetivos: las embajadas

En la zona del atentado se sitúan numerosas embajadas, como las de China, Italia e Iraq, mientras que el Palacio Presidencial está a solo 150 metros del lugar de los hechos. La televisión mostró manchas de sangre todavía visibles en la calles y restos de lo que parecían artefactos explosivos usados por los terroristas.

Las relaciones entre Damasco y Washington se han deteriorado considerablemente en los últimos años: EEUU acusa al régimen sirio de fomentar o tolerar la insurgencia en Iraq y de oponerse a la paz palestino-israelí.

Pero el capítulo que más envenena estas relaciones es el apoyo del régimen sirio al movimiento chií libanés Hezbollah, que según Damasco es solo moral pero que Washington y otros países creen que se traduce en el uso del territorio sirio para hacer llegar armas a los milicianos chiíes, en violación de las resoluciones de la ONU.

El atentado de ayer no es el primero en Damasco contra un barrio diplomático: en abril de 2004, otros cuatro presuntos terroristas murieron en un enfrentamiento con la policía siria, que los acusó de intentar hacer estallar un coche-bomba cerca de la embajada de Canadá.

Estrella Digital, 13 de septiembre de 2006