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Terrorismo internacional

Los robots de la muerte

Los robots de la muerte Magdi Allam, intelectual de origen egipcio, que reside desde hace varios años en Italia y escribe habitualmente en Corriere della Sera, publicó el pasado viernes -justo al rebufo de la detención de una veintena de musulmanes británicos que querían volar en vuelo aviones en la ruta Londres a Nueva York- un artículo degarrado, en el que insta a Occidente a combatir sin matices a los fascistas islámicos.

Todos deberíamos estar en guerra contra los «fascistas islámicos». No sólo Estados Unidos, el único país que ha tenido el coraje de declararlo abiertamente. No sólo Gran Bretaña, nación más afectada por las acciones terroristas de Al Qaeda que otros países europeos. Todos, ya que el descubrimiento de un plan para hacer explotar simultáneamente varios aviones pertenecientes a compañías americanas con el fin de provocar una matanza de proporciones inimaginables no hace más que confirmar que ese terrorismo está completamente globalizado y que Occidente se ha transformado en una fábrica de kamikazes islámicos.
Los atentados frustrados a los aviones en Londres este pasado jueves y otros que sí se han llevado a cabo tienen similitudes dignas de ser resaltadas. Los cuatro terroristas suicidas que protagonizaron los dramáticos hechos acaecidos en Londres el 7 de julio de 2005 eran ciudadanos británicos, lo mismo que los terroristas suicidas que preparaban estos días la frustrada masacre en los aviones que iban a despegar de la misma ciudad.

Occidente es el lugar donde, desde hace 20 años, miles de combatientes islámicos se convierten en robots de la muerte, llamados a la Guerra santa en Afganistán, Bosnia, Kosovo, Chechenia, Cachemira, Argelia, Somalia, Yemen, Marruecos, Túnez, Egipto, Israel, Indonesia e Irak. Occidente también fue el escenario en el que los autores de los atentados del 11-S en Nueva York y Washington y del 11-M en Madrid completaron su proceso de adhesión a la fe en el martirio islámico. Todos ellos fueron víctimas de un lavado de cerebro idéntico al que sufrieron los 20 jóvenes arrestados anteayer en Londres y Birmingham. Y todos ellos frecuentaban mezquitas cuyos predicadores incitan al odio o son auténticos apologistas del terror.

La denominación «fascistas islámicos» utilizada por Bush resulta muy apropiada, ya que integra la esfera puramente criminal del terrorismo con su dimensión ideológica. La raíz del mal es una ideología del odio que, bajo la estela del antiamericanismo y el antijudaísmo, de la condena a Occidente y del no reconocimiento al derecho a la existencia de Israel, ha desencadenado una corriente de violencia a escala mundial.

Ésa es la idea central del manifiesto del Frente Internacional Islámico de Yihad (guerra santa) contra los Judíos y los Cruzados, el organismo mediante el cual Osama bin Laden privatizó y globalizó el terrorismo en junio de 1998. En esos mismos principios se basan los estatutos del movimiento internacional Hermanos Musulmanes y de Hamas -su rama palestina-, así como los del Hizbulá, cuya estrategia en el Líbano ha sido impuesta por el régimen nazi-islámico iraní de Ahmadinejad, sostenido por la complicidad de la tiranía siria de Bachar el Assad. A juzgar por la estrecha compenetración ideológica entre grupos extremistas con raíces históricas y génesis políticas tan distintas, parece que el Líbano pretende convertirse en un nuevo frente de primera línea en la guerra santa islámica contra Israel.

Los hechos acontecidos en Londres y la situación actual del Líbano demuestran que nos hallamos ante un terrorismo agresivo -y no reactivo-, basado en un tipo de odio que está presente en todos los países europeos. Quienes sigan pensando que dicho terrorismo es una reacción a la ocupación israelí y al imperialismo americano, se equivocan. Todavía hay personas convencidas de que el nacimiento de un Estado palestino, incluso sometido al poder teocrático de Hamas, y el retiro de las tropas de Irak y Afganistán -aunque dichos países tuvieran que ser conquistados por los cortacuellos de Al Qaeda-, conseguirían librar a Occidente de la amenaza terrorista.

Esas almas ingenuas han edulcorado una realidad devastadora, tal como demuestran, por ejemplo, varias sentencias dictadas por tribunales de Justicia en un país democrático occidental como Italia, en las cuales se legitima y dignifica a los reclutadores italianos de kamikazes, considerándolos miembros de la «resistencia». Lo mismo se ha hecho con los asesinos de los soldados de la fuerza multinacional en Afganistán, a los que se distingue como «mártires».

Pero insisto, en cualquier país europeo, desgraciadamente, existe la fábrica del terror de la cual proceden los kamikazes de Londres. Se trata de una red de mezquitas en las que se predica la destrucción de Israel y se legitiman los terrorismos palestino, iraquí y afgano. Dichos templos están bajo el control de grupos, como la organización radical marroquí Justicia y Caridad o el movimiento Tabligh, que goza de gran influencia entre la comunidad paquistaní.

Sin embargo, nosotros seguimos comportándonos como si no ocurriera nada. Nos preocupamos por abortar el atentado, que no es más que la punta del iceberg, pero no queremos afrontar el iceberg entero, que es la fábrica del terror.

Ése ha sido el mayor error cometido por nuestros servicios secretos y nuestros cuerpos de seguridad, los cuales, actualmente, se hallan en serias dificultades a raíz de varias investigaciones e incertidumbres políticas que han puesto en tela de juicio su credibilidad internacional.

Lo único que podemos hacer es cruzar los dedos y esperar que lo ocurrido en Londres no vuelva a suceder nunca ni allí ni en ningún otro lugar.

Blog Tizas

Periodista Digital, 15 de agosto de 2006

Cae en el Reino Unido una red que planeaba atentados en aviones

Cae en el Reino Unido una red que planeaba atentados en aviones La policía británica ha desarticulado una red que planeaba atentar en aviones que cubrían el trayecto entre Reino Unido y EEUU, según Scotland Yard. El plan consistía en causar explosiones en pleno vuelo con líquidos químicos llevados en el equipaje de mano. El Gobierno de Blair ha decretado el nivel máximo de alerta y la principal compañía aérea que opera en el país, British Airways, prohíbe subir equipaje de mano a los aviones. En España el Ministerio del Interior ha ordenado aumentar los controles aéreos en los vuelos con destino al Reino Unido y EE UU. Hasta las seis de la tarde el aeropuerto de Heathrow ha permanecido cerrado al tráfico aéreo lo que ha provocado un gran caos en todo el tráfico aéreo europeo.

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha dicho que ya se han adoptado las medidas necesarias de seguridad para prevenir cualquier incidente en España. En rueda de prensa, Zapatero ha explicado que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha extremado y reforzado la seguridad en todos los aeropuertos del país.

21 detenidos
Por su parte, Scotland Yard, junto a agentes de la unidad antiterrorista de la policía y los servicios secretos, han detenido a 21 personas en el área de Londres, en una operación que ha durado meses de seguimiento e investigación.

Según el ministro del Interior, John Reid, el grupo terrorista tenía como objetivo “abatir varios aviones en vuelo, causando la pérdida de un considerable número de vidas”. Por ello, la policía ha efectuado “una gran operación antiterrorista para poner fin a lo que pensamos que era una importante amenaza contra el Reino Unido y sus aliados internacionales”.

Piden tranquilidad
Asimismo, las autoridades de Scotland Yard han pedido a la población "tranquilidad", así como su colaboración ante cualquier situación "sospechosa". Igualmente, han hecho un llamado para que estos "incidentes" no generen el pánico en la población y que retomen sus actividades diarias, ya que "esta es una de las formas para derrotar a los terroristas".

Sin equipajes de mano
Ante estas informaciones, todas las compañías aéreas norteamericanas y europeas han decidido suspender sus vuelos al Reino Unido. El principal aeropuerto de Londres, Heathrow, ha estado cerrado al tráfico durante tood el día hasta las seis de la tarde.

Por su parte, las compañías británicas que operan desde el Reino Unido, entre ellas British Airways, prohíben a todos sus pasajeros subir a los vuelos cualquier equipaje de mano, incluido los equipos electrónicos (sólo permite subir medicamentos y documentación personal). Además, se están llevando a cabo minuciosos registros.

EEUU también
El Gobierno estadounidense también elevó hoy su nivel de amenaza al más alto para los vuelos comerciales procedentes de Reino Unido con destino a su territorio en respuesta al anuncio hecho en Londres de que la Policía ha desbaratado una trama para atentar contra aviones en pleno vuelo. Asimismo, se ha elevado el nivel general para todos los vuelos dentro del territorio estadounidense o los que entran en el país.


Elplural.com

10 de agosto de 2006

El terrorismo está ganando la batalla

El terrorismo está ganando la batalla La lógica de la batalla contra el terrorismo lleva a la guerra nuclear. Los días 6 y 9 del presente mes se celebran los aniversarios de Hiroshima y Nagasaki. Dos bestialidades que inauguraron la guerra fría y el terror nuclear. Sin embargo, nunca como ahora, cuando ya nadie tiene dudas de que la guerra del siglo XXI es la batalla contra el terrorismo, la lógica de esta batalla lleva de la mano, con mucha más razón que durante la guerra fría, al estallido nuclear.

Me explicaré: el preparado y experimentado ejército israelí no consigue domeñar a un grupo fundamentalista islámico políticamente minoritario en un pequeño país de Oriente Medio. El más poderoso ejército del mundo, el norteamericano, tardó un mes escaso en derrotar al numerosísimo del sátrapa Sadam Hussein pero ya lleva tres años perdiendo –podríamos decir que ha perdido ya- la batalla contra los grupúsculos terroristas chiíes, chiistas y sunitas, que no disponen ni de Aviación ni de Marina, ni fragatas ni de marines. Los ejemplos se cuentan por miles. El ejército rojo de Vladimir Putin no consigue terminar con los mortíferos terroristas de unas pequeñas poblaciones islámicas del Cáucaso por más que recientemente hayan conseguido matar a su líder. Casi podíamos decir que ninguna gran potencia, ninguna democracia ha conseguido terminar con los modernos grupos terroristas desde los años 70 y 80 del pasado siglo, cuando cayeron el Ejército rojo (La Bader Meinhoff) o las Brigadas Rojas.

A costa de cobardía, el terrorismo no pierde batallas, las gana. La razón está en el porqué. El terrorismo actual ni tan siquiera sigue la técnica de guerrillas que al menos pretendía controlar ciertas zonas que le sirvieran de refugio para golpear al enemigo y esconderse en ellas. El moderno terrorismo es ciudadano. Ya no utiliza como escudo a pequeñas poblaciones rurales sino al conjunto de los habitantes de las grandes urbes. Es más, utiliza sus propias familias, tribus y vecinos no sólo como escondite sino como escudo. Los israelíes se quejan -y con razón- de que los cohetes que lanzan los palestinos desde Gaza y Cisjordania o Hizbolá desde el Líbano lo hacen desde patios vecinales, escuelas y hospitales. Cuando los ejércitos regulares pretenden destruir rampas de lanzamiento provocan más muertos civiles e inocentes que daños al terrorista. Y como las guerras de hoy son guerras de imagen, lo que vemos los occidentales en televisión son los cuerpos de los niños destrozados, en este caso por el ejército hebreo. Lo que no nos dicen es que los terroristas han empleado a sus conciudadanos, e incluso a sus propias mujeres e hijos como “mártires” de la causa. Para este tipo de guerra el terrorismo utiliza armamento ligero, el más descontrolado del mundo. Hay ferias donde se venden kalasnikoff, misiles de mano y explosivos enormemente dañinos pero muy manejables. En materia de armamento vivimos en la era en la que el más tonto hace relojes y así nos encontramos con que un partido político llamado Hizbolá, con representación en el muy democrático Parlamento Libanés, controla el sur de Beirut y la zona fronteriza con Israel. Según la inteligencia judía posee 15.000 katiushas, armas que se pueden lanzar desde el patio de una casa, y la cantidad debe ser cierta porque ya han lanzado 3000 sobre Israel.

En esa tesitura, al mundo libre de nada le sirven sus F-18, sus portaaviones o sus helicópteros apaches. Habrá que insistir: independientemente de lo justo o injusto del proceder de EEUU en Iraq o de Israel en el Líbano, lo cierto es que ambos están matando moscas a cañonazos. Y no olvidemos que el enemigo no tiene que cuidar a su opinión pública, precisamente porque son tiranías, pero los países occidentales sí deben cuidar a la suya porque les eligen cada cuatro años.

Pero hay más. Durante toda la segunda mitad del siglo XX, Israel ha vencido a los ejércitos unidos de países como Siria, Egipto, Jordania, Arabia, apoyados por Iraq, Irán, Libia etc… Recordemos que durante las guerras árabes-israelíes la población de El Cairo, capital de uno de los estados enemigos, superaba a toda la población del estado de Israel. Pero es que entonces no se trataba de luchar contra terroristas sino contra soldados.

Dicho de otra forma: el Islam y otros grupos neomarxistas han cambiado de estrategia: ya no quieren la guerra sino el terrorismo, que se ha mostrado mucho más eficaz para todo tipo de tiranos. Posiblemente sea la guerra más cobarde de la historia pero les hace invulnerables. Y la sucesión de fracasos por parte del mundo libre ante una guerra sucia que desprecia tanto la libertad como la opinión de las mayorías hace surgir la tentación de la solución final: la guerra nuclear. Si lo piensan un poco, la cobardía terrorista de esconderse tras la población inocente ya está provocando la solución final. Es posible que los explosivos lanzados por la aviación israelí desde el aire pesen más que el número de sus enemigos de Hizbolá. Y así, ante tanto fracaso, surge la tentación nuclear. Especialmente en Israel, un pueblo que no vive, sobrevive, desde hace 4000 años. La solución, por tanto, no estriba en derribar gobiernos aunque sean esos gobiernos los que arman a esos grupos terroristas. Es evidente que son Siria e Irán quienes están armando a Hizbolá pero derrocar a los regímenes de estos dos países no haría sino multiplicar por “n” el número de nuevos terroristas. En este sentido el ejemplo de Iraq no puede ser más claro.

No, la única solución estriba en crear un nuevo orden internacional, especialmente una nueva ONU, en la que no se dé entrada a los poderosos ni a los países soberanos por el hecho de serlo. Sino exclusivamente a aquellos regímenes que respeten los derechos humanos. Porque este es el gran fracaso de Naciones Unidas: que admitió como miembros a aquellos países que no admiten su carta fundacional. El mundo pensó que el tirano se democratizaría por el hecho de manifestarse en un foro común. Ya se ha visto que es un fracaso. Es el mismo error de la famosa Alianza de las Civilizaciones: uno no puede aliarse con quien no cree en la civilización. Y civilización, como cultura o como familia sólo hay una. Mientras, los líderes mundiales siguen empeñados en salvar el sistema ONU, sin reconocer que el terrorismo les está ganando la batalla y que su victoria les aboca a la solución nuclear, la más bestial de todas.

Eulogio López

La estrategia de Hizboláh; combatientes y civiles

La estrategia de Hizboláh; combatientes y civiles

La distinción entre combatientes y no-combatientes parece saltar por los aires cuando las milicias chiíes disparan sobre los israelíes desde hospitales, mezquitas y escuelas; aquellos sitios que precisamente el Derecho de Guerra trataba de salvaguardar a toda costa. Cuando uno de los dos bandos busca que la figura del que lucha se confunda con la del que no lucha, cualquier convención parece quedar en papel mojado, y el Derecho de Guerra se convierte en instrumento contra el propio Derecho de Guerra.

Acerca de combatientes y no-combatientes

En el siglo pasado, el Derecho de Guerra primero, y el Derecho Internacional Humanitario después, se basaron en la distinción entre combatiente y no-combatiente, y crearon unos protocolos de comportamiento para tiempo de guerra; hoy expertos analistas e indignados columnistas apelan a ella para estudiar unos y denunciar otros, las operaciones israelíes en Gaza y Líbano. Pero una vez más, la falta de rigor y la obsesión ideológica convierten cualquier debate en estéril o imposible, y las nociones de combatiente y no-combatiente adquieren el carácter que más interesa al tertuliano de turno o al analista de salón.

A partir de 1889, las convenciones de La Haya y Ginebra fueron un intento de dar contenido a ambas expresiones. El derecho de guerra, heredero de años de brutales confrontaciones entre europeos, señala la distinción entre combatientes y no-combatientes, así como los derechos y obligaciones de ambos. Los Estados, susceptibles de chocar militarmente, fijaban unas reglas para hacer la guerra más humana. Pero más allá de lo plasmado en las distintas convenciones, puede subrayarse cómo la distinción combatiente-no combatiente es más primaria que todo eso, y responde a la pregunta por la naturaleza misma de la guerra.

Puesto que la guerra es duelo, choque violento entre dos voluntades enfrentadas, la primera pregunta debe ser acerca de quién se enfrenta, de quién es sujeto de guerra; no todo el mundo lo hace, por múltiples razones, desde religiosas hasta físicas, y ello exige distinguir entre quienes participan en las hostilidades y los que no. Aún en el caso de la guerra total, distinguir contra quien se lucha, sean unidades militares, milicias populares o caballeros en campo abierto, parece la pregunta inicial, necesidad ontológica antes que estratégica. A la pregunta ¿quién es el enemigo?, eminentemente política, sigue la pregunta acerca de quién lo representa en el campo de batalla, contra quién es necesario combatir y luchar, contra quien organizar la estrategia y la táctica.

El combatiente combate y es combatido. Pero, recuerdo de lo evidente en la época de la histeria pacifista, el no-combatiente es digno de respeto y cuidado en cuanto no participa en las hostilidades. El Derecho de Guerra y el Derecho Internacional –tan reivindicado por quienes parecen no haber leído una sola línea de él- muestran tanto los derechos como las obligaciones de los combatientes, los no-combatientes y los neutrales. Cualquier derecho u obligación que les asista depende primariamente de su adscripción real y concreta a cualquiera de estos grupos. En consecuencia, no comportarse como un no-combatiente o como un no-neutral trae consigo dejar de ser tratado como tal, y perder los derechos y deberes.

En la era de la guerra sucia, parece pertinente recordar el fundamento de cualquier derecho de guerra: es obligación del no-combatiente no participar en la lucha. Desde el momento en que participa en ella pasa a ser combatiente, independientemente de la forma o de la táctica que emplee, de que vista de uniforme, de que luche de manera emboscada o abierta. Deja de gozar de la protección de los no-combatientes, será combatido por el enemigo. De igual forma, el combatiente que por diversas razones deja de serlo, deja de ser objetivo, como reconocerán las Convenciones de Ginebra y La Haya; no son objetivo militar ni el personal civil, ni el sanitario o religioso ni los heridos o prisioneros. Éstos últimos porque ya no combaten. La distinción entre combatientes y no-combatientes no depende, en última instancia, ni del uniforme ni de la actividad política, sino del hecho primario y radical de participar en la lucha.

Consideraciones evidentes, que deben constituir el punto de partida. Después vendrán las consideraciones jurídico-legales; si el que combate lo hace en nombre de una nación a la que representa, entonces es sujeto de unos derechos y deberes fruto del reconocimiento mutuo entre unidades políticas; el soldado representa a la nación, es un enemigo público y por tanto es posible combatirle sin odiarle. Si lo hace en nombre propio y movido por intereses privados, será considerado un bandido o un criminal, y será tratado como tal; ninguna consideración propia del legítimo combatiente espera al terrorista y al criminal, que será juzgado o ajusticiado según costumbre de la comunidad que lo apresa.

Acerca de civiles y militares

Por el contrario, la distinción entre civil y militar es institucional y sociológica; diferencia a aquellos que integran las fuerzas armadas del resto de la población. Con la institucionalización de la guerra como realidad política y su asunción por parte del Estado, aquellos que estaban llamados a realizarla pasaron a ser militares. Por eso, en sentido estricto, militar es aquel que integra el Ejército, y por oposición a él, el civil es aquel que permanece al margen de las Fuerzas Armadas.

Físicamente, tal distinción queda plasmada en el uso del uniforme. éste, además de proporcionar cierta cohesión, jerarquía y distinción en el campo de batalla entre el amigo y el enemigo, tiene una función política excepcional; define quién tiene derecho al ejercicio de la violencia en nombre de la comunidad y quien no. El uniforme es así la plasmación política de la figura del combatiente legítimo, representante de la colectividad cuando las disputas dejan de ser diplomáticas para convertirse en bélicas.

La utilización del uniforme no sólo señala a quien es sujeto y objeto de la guerra, sino que, además, señala quien no lo es. Desde el momento en que la comunidad señala quiénes de los suyos combaten señala a las claras quiénes no combaten. Presenta a los militares, y al hacerlo descarta a los civiles. El militar pasa a ser el combatiente, y el civil el no-combatiente. A partir de este momento, cobran sentido las leyes de la guerra, las convenciones de Ginebra, el Derecho internacional humanitario. Sólo señalando bien a las claras quién combate con pleno derecho se puede señalar quien debe, también por derecho, quedar fuera de la violencia.

En este sentido, el Derecho de Guerra señala los límites de la violencia; la figura del combatiente legítimo limita la violencia, temporalmente en la medida en que cesa cuando el combatiente, por derrota o rendición, deja de ser combatiente; espacialmente porque en la medida en que la lucha se desarrolla allí donde los militares se presentan batalla, el resto queda al margen de las hostilidades.

Ahora bien, si esto es así, la distinción entre combatientes y no-combatientes y la distinción entre civiles y militares derivan una de otra, pero proceden de dos órdenes distintos. El primero se deriva de la naturaleza de la guerra; el segundo de la institucionalización social. Razón por la cual, la identificación entre combatiente y militar no es necesaria; y lo que es más interesante, tampoco la identificación entre no-combatiente y civil. El siglo XX muestra que se puede combatir sin ser militar y ser militar sin combatir.

Hizboláh; combatientes y civiles

Finales de julio de 2006; las televisiones españolas muestran las imágenes captadas por una aeronave israelí que sobrevuela el sur del Líbano. En la pantalla, una docena de milicianos de Hizboláh combaten entre callejuelas contra el Ejército israelí. El espectador contiene el aliento; parece una película, pero están muriendo seres humanos de verdad. En un momento dado se ven forzados a retirarse, en un desordenado repliegue. Por fin llegan a sus vehículos, en los que se montan antes de que acabe la grabación.

El espectador acostumbrado a las soflamas antiisraelíes del presentador y del redactor puede no haber prestado atención a las furgonetas de los milicianos. Si lo hubiera hecho, hubiera observado las rayas oscuras sobre fondo blanco, los dos círculos brillantes en la parte delantera del techo y los dos menores en la trasera. Ambos transportes son iguales, sospechosamente iguales y uniformes. Entonces el atento espectador da un respingo en el sillón; las furgonetas en las que se meten los milicianos de Hizboláh son ambulancias.

Organizaciones no gubernamentales, periodistas, políticos árabes se escandalizan cuando las noticias hablan de voladuras de ambulancias o camiones cargados de alimentos en la carretera a Damasco. Denuncian la extensión de los bombardeos a la población civil, a los no-combatientes. Pero sobre el terreno la cosa no parece tan clara; ¿qué ambulancia transporta a un niño herido y qué ambulancia contiene un comando de Hizboláh fuertemente armado?¿qué espacio formalmente civil es, en realidad, un centro de combatientes pro-iraníes?

Lo que está poniendo de manifiesto la guerra en Oriente Medio es que el Ejército israelí tiene en frente a unas milicias de Hizbolah que han hecho saltar definitivamente por los aires la diferencia tradicional, a la que aún se acoge Occidente como último recurso de humanidad, entre combatientes y civiles. Hizbolah en Líbano, Hamas en Gaza o al-Qaeda en Iraq tienen en común la condición de sus miembros; todos ellos son, voluntaria y declaradamente, tanto civiles como combatientes, y su estrategia consiste, de hecho, en fusionar los dos mundos.

La novedad estratégica parece consistir no sólo en convertir al combatiente en civil, sino en convertir al civil en combatiente activo. La teoría clásica de la guerra irregular había bordeado tales límites; la guerra popular de Mao Tse Tung partía de la idea del apoyo activo del pueblo, escondiendo, avituallando, informando. Después, el analfabetismo estratégico y la atracción por la violencia brutal de Ernesto Guervara dieron lugar a la aberración del “foquismo”; la provocación revolucionaria de la máxima represión posible contra la población civil, en la creencia de que ésta se convertiría en combatiente. La estrategia revolucionaria buscaba convertir a los civiles en combatientes activos contra el Estado.

Pero algo diferente parece abrirse paso en la era de las ONGs, de la CNN y de las comisiones de derechos humanos. Los grupos terroristas islamistas, como revolucionarios, utilizan a la población civil; como observadores de la historia de las democracias occidentales, lanzan a los civiles a la guerra, pero con una novedad; lo hacen de forma pasiva, como instrumento estratégico y político contra Occidente, contra Estados Unidos o Israel.

A estas alturas, más allá de la desinformación que aqueja a los medios de comunicación europeos, más prestos a reportajes sentimentales y emotivos que a informaciones objetivas sobre el terreno, parece evidente que las milicias de Hizboláh utilizan ambulancias para moverse por las calles; sitúan sus almacenes y arsenales en mezquitas y hospitales; lanzan sus mísiles desde los patios de las escuelas. Sitúan sus cuarteles generales en las zonas más densamente pobladas de las ciudades. Características todas atribuibles también a Hamas o a los grupos terroristas en Iraq; la detención de los secuestradores de la cooperante italiana Sgrena destacaron “la frialdad y complicidad de los familiares con las actividades de los detenidos” (ABC, 23-07-2006), que preparaban armas y operaciones en una casa repleta de niños jugando.

El mismo día, Estados Unidos entrega a Israel más bombas guiadas con precisión quirúrgica, en busca de evitar lo que los milicianos pro-iraníes tratan de buscar. Como su pequeña aportación estratégica, Hizboláh funde el espacio del combatiente con el del no-combatiente, ante la boca cerrada de la comunidad internacional, que invoca un Derecho de Guerra despreciado por las huestes de Nasralá.

El tradicional Derecho de Guerra parte de la convicción de que las partes enfrentadas buscan expresamente alejar la violencia de la población civil; sin embargo, en la era de las guerras sucias, grupos por todo el mundo buscan precisamente lo contrario; Sadam lo hizo; aunque no pudo esconder a sus militares entre los civiles, su búsqueda de escudos humanos llevó a lo más burgués de la izquierda europea a haraganear por Bagdad en busca de protagonismo. En Líbano hoy, la población civil ya no es el espacio que salvaguardar de las bombas; se ha convertido en el campo de batalla desde el que Hizboláh lanza sus ataques y espera atrincherado al Ejército israelí.

El uso pasivo de civiles; estrategia y política

Razones estratégicas y políticas parecen explicar este retroceso a épocas de barbarie, retroceso practicado por terroristas y milicianos por todo el mundo. Utilizar pasivamente a la población civil pudiera ser la única forma de hacerlo cuando ésta se cansa del mesianismo de Hizboláh, y al tiempo proporciona varias ventajas estratégico-políticas.

En primer lugar, dificultan que Israel tome la decisión de atacar. Los guardianes de la virtud en Europa presuponen un gusto israelí por la muerte de inocentes; lo cierto es que encaminar la acción expresamente hacia la muerte de civiles es una prerrogativa exclusiva de Hizboláh y Hamas. Quienes identifican ambas partes del conflicto olvidan lo fundamental; la intención es parte imprescindible de la acción humana, y sólo Hizboláh y Hamas tienen la intención confesa y confesada de matar a quienes ni visten uniforme ni combaten en las hostilidades. Que las bombas israelíes matan inocentes es incontestable; que sólo los grupos terroristas lo hacen intencionadamente, también.

Entrelazando las estructuras de mando y ataque con la vida civil en Líbano, Hizboláh establece una primera dificultad a Israel; la de tomar la decisión de un ataque que costará vidas humanas. Tales escrúpulos occidentales, en Beirut o Bagdad, proporcionan una ventaja estratégica a los emboscados; en una primera fase los golpes quedan impunes, los soldados secuestrados se esconden entre mujeres y niños y los misiles surgen de corrales y sótanos libaneses con la certeza de que la respuesta no será ni inmediata ni definitiva.

En segundo lugar, las operaciones militares contra las barriadas y los campos de refugiados repletos de familias chiíes se convierten automáticamente en operaciones limitadas en sus objetivos y arriesgadas en su ejecución. Escondidos en los sótanos y las plantas bajas de los pueblos del sur del Líbano, disparando bajo los dormitorios de niños inocentes, los terroristas buscan protección ante las tropas israelíes. La infantería israelí operará buscando evitar el daño a inocentes; cualquier tanquista se lo pensará dos veces antes de disparar sobre una vivienda ocupada por civiles tanto como por milicianos armados. En Gaza o en Líbano, los no-combatientes son la trinchera más efectiva para Hamás y Hizboláh.

Estrategia que rompe con las pretensiones israelíes y occidentales; ¿acaso humanizar la guerra no ha significado tratar de alejarla de la población civil? La potencia de fuego israelí queda inutilizada cuando de lo que se trata es de distinguir al adolescente palestino del terrorista que porta un cinturón bomba bajo sus ropas. La respuesta de Hizboláh y Hamás a tal dilema parece evidente; pocos escrúpulos tienen los terroristas ante la duda. Pero Israel ni puede ni quiere actuar de manera semejante, no sin renunciar a su espíritu democrático ni a su prestigio internacional. Entre la necesidad de acabar con la infraestructura de Hizboláh, que parasita la vida civil libanesa, y el imperativo supremo de no dañar inocentes, cualquier actuación israelí satisface a muy pocos. Indudable ventaja estratégica de Hizboláh construida sobre la sangre de los suyos.

En tercer lugar, la trinchera humana no sólo proporciona un beneficio defensivo; es un arma política de primer nivel. Israel lleva cincuenta años en guerra; parece difícil doblegar a sus ciudadanos, aunque no imposible; las bombas en los cafés de Tel Aviv aún proporcionan ciertos éxitos para los terroristas. Pero más allá de eso, Hizboláh, Irán y Hamas se hacen la pregunta adecuada; ¿cuántos inocentes muertos forzarán a Europa y Estados Unidos a enfrentarse a Israel?; ¿con cuantos amenazar para tener manos libres en la carrera hacia la Bomba?¿cuántos libaneses muertos soportarán los telediarios en Israel, Alemania o Estados Unidos? Hizboláh es consciente de que los muertos libaneses son misiles dirigidos contra las mentes occidentales.

Fanáticos o iluminados, los terroristas del mundo hacen un análisis certero; Occidente es un tigre de papel. Europa se escandaliza virginalmente cuando la sangre salpica las pantallas de los televisores, y se llena la boca con la palabra “paz”, sin querer siquiera saber qué significado tiene. A su lado, Israel es el vecino molesto que recuerda que la política tiene una cara oscura llamada guerra, que la existencia de un Estado no es un derecho adquirido sin esfuerzo y que la democracia no trae, necesariamente la paz. Demasiado para una Europa que se alzó al grito de “¡No a la guerra!” en socorro de Sadam, con la convicción de que era mejor dejar matar disimuladamente al sátrapa de Bagdad antes que abrir el futuro de los iraquíes aún para matarse ante nuestros televisores.

Dos son los dogmas que se extienden por Europa; nada resulta valioso, y nada merece ser defendido. Sólo un mandamiento parecen entender los europeos; no al esfuerzo, no a la lucha, no al sufrimiento. Israel comete el crimen supremo de negar ambos dogmas; defiende su país con uñas y dientes, y acepta el esfuerzo de mantener su propia existencia cada día del año. Frente a ellos los palestinos también recuerdan una tensión que parece eterna. Tensión constante, existencia militarizada que la Europa del pacifismo y del hedonismo parece incapaz de comprender, y que se le hace insoportable.

Hizboláh y Hamas son demasiado conscientes de ello; los muertos israelíes hacen tanto daño a Israel como los muertos palestinos. Perversión histórica, los inocentes muertos en los combates, sean del bando que sean, se contabilizan en el marcador de Israel. Dando la vuelta al arte de la guerra, la muerte de los propios es un objetivo más apetecible que la muerte del enemigo. Las guerras hoy no se ganan en el campo de batalla, sino en la opinión pública occidental, y para eso hacen falta civiles muertos que endosar a Israel; una vez más, cuanto peor, mejor. Pero, a la sombra del arma nuclear iraní, ocupado en evitar su definitiva aniquilación, Israel obvia los editoriales, los titulares y las manifestaciones encabezadas por Pedro Zerolo. Y este es el mayor crimen que Israel podría cometer ante los profetas del nuevo milenio, los del pensamiento único.

¿Entierro del espíritu de Ginebra?

Hoy, sesudos analistas especulan sobre los objetivos de los israelíes en el Líbano. Los titulares se llenan de referencias a la población civil, a los combatientes, a los no-combatientes, en una espiral de inexactitudes y abstracciones que se acercan cada vez más al moralismo irreal. Se relacionan vertiginosamente Guantánamo, Líbano, los vuelos de la CIA, el precio del petróleo. Todo ello aderezado con la reivindicación constante del Derecho de Guerra.

Las Convenciones de Ginebra y La Haya fueron fruto de la convicción común de que era necesario alejar la guerra de la población civil. Reconociendo la hostilidad como parte de la política, las naciones reconocieron una necesidad común a todas ellas, superior a cualquier litigio que llevara al conflicto. Hoy, en el siglo inaugurado por el 11S, Occidente es heredero de un derecho de guerra al que no puede ni quiere renunciar y aplica unas categorías jurídicas y legales a quienes nada quieren saber de él.

La distinción entre combatientes y no-combatientes parece saltar por los aires cuando las milicias chiíes disparan sobre los israelíes desde hospitales, mezquitas y escuelas; aquellos sitios que precisamente el Derecho de Guerra trataba de salvaguardar a toda costa. Cuando uno de los dos bandos busca que la figura del que lucha se confunda con la del que no lucha, cualquier convención parece quedar en papel mojado, y el Derecho de Guerra se convierte en instrumento contra el propio Derecho de Guerra.

El papel del civil se desdibuja definitivamente cuando el padre de familia chií observa impasible cómo desde la planta baja de su casa los milicianos de Hizboláh lanzan sus misiles contra las tropas israelíes. Se rompe cuando el bunker de Nasralá se construye en un populoso barrio de Beirut, junto a la mezquita o al hospital, fundiendo combatientes y no-combatientes en un mismo espacio. La figura del civil tiene sentido cuando existe un combatiente legítimo que proyecta pero también atrae sobre sí la violencia del enemigo, alejándola de los demás. Aquí ocurre exactamente al revés.

Las clásicas leyes de la guerra, a las que pese a todo aún se acogen Israel en Líbano o Estados Unidos y Reino Unido en Iraq, sólo tienen sentido en la medida en que ambas partes tengan la finalidad común de salvaguardar a la población civil de los desastres de la guerra. Cuando una de las partes busca expresamente lo contrario, convertir la población civil en el campo de batalla desde el que vencer y desmoralizar a la otra parte, convierte al Derecho de guerra en arma de quienes no lo reconocen contra quienes sí lo hacen. Así, sólo parece cuestión de tiempo que las leyes que tanto tiempo costó edificar para humanizar la guerra salten por los aires. Hoy comprobamos que sólo el ideal universalista de Occidente impide que miles de personas, tras las que se atrinchera Hizboláh, reciban el mismo trato que éstos ofrecen a sus enemigos; pero también hoy observamos que ello comienza a resquebrajarse.

GEES

Apuntes nº 35 | 31 de Julio de 2006

La feroz resistencia de Hizbula

La feroz resistencia de Hizbula

La feroz resistencia de Hizbula
El ministro israelí de Defensa, Amir Peretz, pronostico ayer «días críticos» a sus soldados. Otro ministro, el de vivienda, reconoció imposible eliminar la capacidad ofensiva de hizbula. Una guerrilla que ha hecho olvidar la humillación árabe de la guerra de los seis días.

Utilizan cifras de tres dígitos para identificarse, se alimentan de latas de atún y esconden sus gafas de sol para evitar que un reflejo solar marque su posición: los combatientes de Hizbula hacen frente al todopoderoso Tsahal israelí.

Mientras los combatientes se escurren por las ruinas de Srifa, aldea devastada por las bombas israelíes, dos maestros de historia han cambiado sus manuales escolares por kalachnikov y walkies-talkies.

«Es el combate para el que nos hemos preparado durante mucho tiempo. Mi misión, hacer que mis morteros arrasen Israel», afirma Haj Rabiah Abu Hussein, conocido por su hombres con la matrícula 103.

Este comandante guerrillero de 40 años de edad tiene a cargo la defensa de tres localidades. Viste un chándal, una camisa vaquera y una visera de beísbol. Está sentado junto a su camarada, Abu Mohammad, de 44 años de edad, «código 121».

«Cuando estamos en el frente nos vestimos como soldados, pero nos quitamos los uniformes cuando estamos entre civiles», narra Abu Hussein.

Los dos hombres explican cómo combaten a un enemigo muchísimo más numeroso y mejor armado. «Contamos con nuestro conocimiento del terreno. Por la radio, identificamos nuestras posiciones con un árbol o una pequeña colina que sólo nosotros conocemos. ¿Cómo quieres que los israelíes entiendan algo?», señala Abu Mohammad. Ambos han crecido en esta región y jugado en sus colinas desde su más tierna edad.

Abu Hussein muestra una carta en la que están inscritos todos los combatientes a su cargo, con sus seudónimos y su «número de matrícula». Aprovecha para presentar el «menú de los muyahidines»: Conservas, mortadela, atún y chocolate.

Abu Hussein, que milita en Hizbula desde sus inicios, en los años ochenta, y que ha participado en todos sus combates, acaricia el grueso anillo del índice de su mano derecha, que no se quita nunca. No en vano tiene inscrita en el reverso una oración a Ali, el yerno de Mahoma y primer imam para los chiítas. «Lleva escrito ‘Ya Ali’ y es mi talismán». Y añade que, en plena batalla, le da fuerzas comparar la actual guerra con la victoria del profeta Mahoma en 624 contra el clan mequita de los koraichitas, muchísimo más numeroso.

No pierde Abu Hussein la oportunidad para valorar la retirada israelí de dos localidades la pasada semana. «Los israelíes aseguraron que iban a aniquilar a Hizbula, pero ahora se contentan con limitar su objetivo a destruir nuestro armamento. Estamos seguros de nuestra victoria», asegura tajante.

No lejos de Srifa, en Bint Jbeil, otro mando de la guerrilla libanesa que se identifica como Hussein ­patronímico del héroe mítico de los chiítas, muerto en la batalla de Kerbala en 680­, narra con tintes de epopeya la retirada israelí tras un intento de asalto frustrado.

«Puedes imaginarte la abismal diferencia de arsenal entre ellos y nosotros. ¿Que cómo los vencimos? Es el secreto de los creyentes, es el lazo que existe entre el combatiente y su Dios», asegura.

Porque Hussein no duda de que la del 28 de julio en Bint Jbeil fue una victoria de Hizbula. «Los israelíes no se retiraron. Tuvieron que batirse en retirada».

Ni tiempo para tener miedo

«El mando nos dio una instrucción simple: ‘Cuando veáis a los israelíes, atacadles». Y eso hicieron en cuanto una avanzadilla israelí tomó posiciones en una villa construida por un rico emigrante chiíta en EEUU en una colina cercana. «Les atacamos inmediatamente y nos les dimos tiempo para que llegaran refuerzos».

Los combatientes rodearon la villa mientras Hussein lanzaba morteros para darles cobertura aérea. Finalmente, los israelíes se retiraron y cubrieron a duras penas los cinco kilómetros hasta suelo israelí.

Hussein muestra finalmente los trofeos de guerra: varios fusiles M-16, arma del Ejército israelí, y gafas de visión nocturna. «Nosotros no tenemos de esto y será enviado a Beirut para que nuestra televisión, Al-Manar, las muestre. Luego volverán al frente, donde nos serán de utilidad».

Charles LEVINSON

Gara, 2 de agosto de 2006

El genocida arrepentido: el ex-jemer rojo Duch, hoy cristiano, dispuesto a enfrentar el pasado

Muerto el sanguinario Ta Mok, Duch es clave para reconstruir las matanzas comunistas de Camboya: casi 2 millones de personas en cuatro años.

El pasado viernes 20 de junio moría "el carnicero" de los Jemeres Rojos, Ta Mok. Era un anciano enfermo de unos 80 años. Durante el sanguinario régimen comunista de 1975 a 1979 supervisó y firmó cientos de purgas y masacres en la población civil. Cuando los Jemeres fueron forzados a retirarse a zonas inaccesibles del país, quitó el poder a Pol Pot, el otrora todopoderoso líder, y lo mantuvo prisionero. Fue cautivado en 1999 y esperaba ser juzgado por sus crímenes, declarándose inocente y descargando toda la responsabilidad sobre el difunto Pol Pot.

Ahora, el alto cargo más importante para dar luz a la época de las matanzas es Kang Kek Ieu, conocido entonces como Duch. Hoy está prisionero, admite sus crímenes y quiere colaborar. El antiguo militante maoísta hace ya años que es un cristiano evangélico fervoroso y consciente de su culpa. Tiene 64 años

Duch fue jefe de la policía política interna y responsable de Tuol Sleng, también llamada, S-21, una antigua escuela de Phnom Penh que el Jemer Rojo utilizó como centro de detención y tortura. Los presos eran en su mayoría miembros del Partido Comunista acusados de traición y de ser agentes enemigos. Se los obligaba a confesar e implicar a otros y luego se los mataba, a ellos y sus familiares. En este centro estuvieron detenidas más de 12.000 personas, de las que sólo sobrevivieron siete. La firma y las instrucciones por escrito de Duch aparecen en numerosas órdenes de tortura y ejecución archivadas en S-21, que ahora es un museo.

En Tuol Sleng muchos vigilantes eran niños y niñas de 10-15 años, seleccionados y entrenados por los Jemeres para esta función. Sus mentes jóvenes, no "contaminadas" por la vida anterior, eran ejemplo del nuevo ciudadano de la ideología de Pol Pot. A medida que cobraban conciencia de su poder y superioridad, ganaban una crueldad excepcional contra sus prisioneros. Hoy tienen unos cuarenta años, y están integrados en la sociedad camboyana.

Unos periodistas de Far Eastern Economic Review encontraron a Duch en 1999, después de 20 años de desaparición. Trabajaba como asistente médico en un campo de refugiados del American Refugee Committee en el norte de Camboya. Kang Kek Ieu reconoció -y así se publicó en la revista- haber participado en torturas, asesinatos y crímenes contra la humanidad y que estaba preparado para testificar contra otros líderes. También explicó que se había convertido al cristianismo evangélico, que era un cristiano renacido.

Enseguida fue detenido y puesto bajo vigilancia, temiendo que su vida corriera peligro por lo que sabía. Entre los líderes de los que hablaría están personajes como el número dos de los jemeres, Nuon Chea, que actualmente vive libre, como otros jemeres que en su día se pasaron al bando gubernamental dejando la jungla y la guerrilla. Nuon Chea hoy es un ferviente budista.

Conversiones entre los jemeres

Al parecer, la conversión de Duch es sincera. Fue hace años y desde entonces ha trabajado con los refugiados enfermos en los campos de desplazados.

Según un artículo de THE OBSERVER, de 2004, al menos 2.000 jemeres rojos se han convertido al cristianismo evangélico. En las zonas que ocuparon durante decenios los jemeres como guerrilla han llegado misioneros evangélicos, que predican a un tipo especial de hombre, a una gente que ve que el Jemer era un engaño, pero que hace 20 años que dejó el budismo tradicional y rompió con su familia.

Es gente que necesita empezar de nuevo, y en muchos casos arrastra un historial de horror, crímenes y culpa, que la religiosidad camboyana tradicional no puede purgar ni limpiar. Los misioneros evangélicos ponen películas sobre Jesús, ofrecen nacer de nuevo, dan clases de inglés y también prestan servicios sanitarios y financieros. Algunos de los conversos -como algunos post-comunistas en Occidente- aún no ven con claridad la maldad del Jemer Rojo y ponen en duda las cifras espantosas del genocidio. Otros se sienten muy arrepentidos.

Lun Lung, de 51 años, que era guardaespaldas personal de un líder jemer, llegó luego a ser propagandista del régimen, incitando al odio y la sangre desde la radio. Hace pocos años se bautizó y ahora dirige la radio Pailin, incluyendo un programa cristiano que habla de "las cosas que hace Dios". Según una noticia de AsiaNews del 2004, no hay conversos católicos entre los ex-jemeres ni presencia católica en la zona.

Forum Libertas, 26 de julio de 2006

Las fuerzas antiterroristas detienen a tres sospechosos de los atentados del 11-J en Bombay

Efectivos de la Unidad antiterrorista han arrestado hoy viernes a tres hombres, todos ellos miembros del grupo terrorista cachemir Lashkar-e-Toiba, como sospechosos de la cadena de atentados en el ferroviario urbano de Bombay el pasado 11 de julio y que se cobró la vida de 207 personas, según informa la cadena india de televisión NDTV.


Dos de los arrestados proceden de la ciudad de Bihar, mientras que el tercero es de Bombay. Uno de los sospechosos portaba una dosis de heroína. Se espera que un portavoz de la unidad antiterrorista conceda una rueda de prensa a lo largo del día de hoy.

Ayer, los investigadores que conducen las pesquisas sobre los atentados en trenes de Bombay el pasado 11 de julio que causaron 207 muertos están "haciendo progresos" para identificar a los autores, informaron fuentes oficiales, mientras el Gobierno bloqueó varias páginas web nacionalistas para tratar de detener a los extremistas que propagan ideas incendiarias a través de Internet.

Las autoridades sin embargo informaron de que las reclamaciones del atentado por un desconocido grupo podrían ser una broma. "Parece que un chico en Bhopal envió esos email sólo para darse publicidad", explicó el policía que encabeza las pesquisas, K.P. Raghuvanshi.

En dichos email, enviados el pasado sábado y ayer a la cadena de televisión Aaj Tak, el chico se presentó como portavoz de un grupo llamado "Lashkar-e-Qahhar" (Ejército del Terror), se hacía responsable de los ataques y alertaba de más.

Desde los atentados, los investigadores han rastreado todo el país, incluido el estado noreste de Tripura donde se interrogó a 11 oradores musulmanes que en las pasadas semanas habían proclamado sermones en pueblos remotos en la frontera con Bangladesh.

Diario Siglo XXI, 21 de julio de 2006

Más de 150 muertos y casi 500 heridos en una cadena de explosiones en Bombay

Hasta siete explosiones tuvieron lugar en distintas estaciones de la red ferroviaria de Bombay, en la India, causando la muerte a 163 personas, según el último balance policial. Cerca de 500 personas más se encuentran heridas en lo que la policía ya ha confirmado que se trata de un ataque terrorista. A la hora de los atentados, seis de la tarde en Bombay, las estaciones se encontraban abarrotadas ya que muchos de los viajeros regresaban a sus casas tras acabar la jornada laboral. No hay constancia de que haya españoles entre las víctimas, aunque la Embajada española no ha podido confirmar ese dato con rotundidad.

Al menos 163 personas habrían muerto y cerca de 500 han resultado heridas en una serie de explosiones registradas esta tarde en la red ferroviaria de Bombay, capital económica de la India. Ese es el último balance que ofrecía la policía a la agencia AFP, horas después de que el Gobierno reconociese la existencia de 147 fallecidos y 439 heridos.

Los explosivos iban colocados en vagones de primera clase y explotaron en las estaciones de Mahim, Bandra, Matunga, Borivilii, Mira Road, Jogeshwari y Jar. Los atentados se producían en hora punta, cuando las víctimas regresaban a sus casas tras finalizar la jornada laboral, por lo que las estaciones afectadas se encontraban abarrotadas de viajeros. Tras confirmar que se trata de un atentado terrorista, la policía ha declaradao el estado de alerta en todo el país.

La Embajada de España en Nueva Delhi no tiene constancia hasta el momento de que haya españoles entre las víctimas de los atentados, aunque la confudsión reinante no permite asegurarlo todavía. Quien ha respondido pronto ante el atentado ha sido el presidente zapatero, que desde el Centro Superior de Investigaciones Científicas, donde intervenía en un acto, condenó «el brutal atentado terrorista» y expresó la solidaridad del Gobierno español con las víctimas. Hace sólo unos días, Zapatero tuvo que interrumpir su visita a la India por el accidente de metro ocurrido en Valencia.

Hispalibertas.com, 11 de julio de 2006.