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Auto de venganza

Auto de venganza


El plenario de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional apenas precisó de una hora de reunión para adoptar una decisión cuyas implicaciones humanas y sociales son, a todas luces, muy graves. La resolución por la que se mantiene en situación de prisión provisional a Iñaki de Juana Chaos contó finalmente con el voto particular de cuatro jueces, que compartían el criterio del fiscal tendende a aprobar medidas de prisión atenuada para el preso donostiarra.

 

Iñaki de Juana ha pasado los últimos 20 años en prisión. Ha cumplido íntegramente la condena que le fuera impuesta y lleva dos años añadidos en la cárcel, al habérsele «construido» nuevas causas judiciales, por emplear el lenguaje utilizado por el ministro de Justicia, López Aguilar. Otra veintena de presos vascos tampoco han sido excarcelados al cumplir condena, esta vez en aplicación de la doctrina del Tribunal Supremo.

 

Ante esas actuaciones, prestigiosos juristas consideran ya que en el Estado español las garantías propias de un estado de derecho han sido sustituidas por el derecho penal del enemigo, ése que, prescindiendo del principio de igualdad, establece normas jurídicas y procesales que, en la práctica, despojan de derechos a ciertas personas.

 

Al tratarse de un preso preventivo con una sentencia que no es firme por estar planteado recurso en el Tribunal Supremo, el tribunal tenía todas las opciones de la ley en la mano para modificar la situación de De Juana. Si a ello se le añade su situación de salud, la opción de la excarcelación tenía absoluta solidez jurídica, máxime si se tiene en cuenta que existen precedentes de excarcelación en casos de personas no ya acusadas por las opiniones vertidas en un periódico, sino, como ocurre con algún procesado por causas relativas a los GAL, directamente condenadas por delitos como secuestro, desaparición y muerte de personas.

 

Sin tener en cuenta al Ministerio Público, que en su día puso en bandeja a la sala que juzgó a De Juana el aplicarle una pena de 12 años por dos artículos publicados en GARA, pero que, ahora, ante la situación extrema del preso, pedía atenuar su régimen de prisión, y al margen también del criterio de los médicos que en dos periodos anteriores han impuesto la alimentación forzosa al donostiarra, el tribunal ha ordenado que se aplique de nuevo al preso un tratamiento que él rechaza y que ni siquiera garantiza que pueda seguir con vida.

 

Las implicaciones humanas de la decisión son terribles y, ya en la esfera política, este auto de venganza complica enormemente los esfuerzos por relanzar un proceso democrático de paz. -

 

Editorial de Gara, 26 de enero de 2007

 

¡TIERRA, TIERRA! La memoria desolada de Sándor Márai

¡TIERRA, TIERRA! La memoria desolada de Sándor Márai


¡Tierra, tierra! es una obra clave para comprender la decadencia espiritual de la Europa del siglo XX. Escrita veinte años después de los sucesos evocados, Sándor Márai tuvo tiempo para madurar las consecuencias de esa hecatombe moral. Y lo hizo por medio de un uso privilegiado de la memoria. Memoria llena de subjetividad e imaginación y, sobre todo, de nostalgia y melancolía de algo que en el pasado debió suceder y no sucedió.

 

Memoria que asume la tremenda tristeza de las miradas retrospectivas. Memoria desolada y sin futuro. Memoria auténtica, porque no entiende qué es lo que hay que hacer cuando ya no queda nada por hacer.

Es ¡Tierra, tierra! un libro de memoria de un tiempo no reducido a espacio. Memoria del tiempo verdadero, de un hombre no falsificado ni especializado. Memoria literaria. Estamos ante el prodigioso poder de un autor que todo lo retiene y que, a la vez, desborda lo concreto con la lógica de un corazón novelesco. Visión, en fin, de un pasado horroroso que coincide con un presente terrible:

Miré alrededor y sentí el escalofrío que se siente ante la visión angustiosa del dejà vu bergsoniano: no solamente había "vivido ya en una ocasión" todo aquello, sino que lo estaba "reviviendo" en esos momentos en una realidad donde los dos tiempos concordaban.

Terribles palabras para dejar constancia de una inmoralidad: los europeos, después de la Segunda Guerra Mundial, no quisieron mirar de frente. Como al final de la Gran Guerra, no existía ninguna Europa vencedora. No había ni el más mínimo rastro de lo que se nos venía encima. Faltó la reflexión moral que nos preservara o, al menos, nos advirtiera del monstruo del totalitarismo soviético, que terminó con el humanismo occidental.

La memoria de Márai, a veces milagrosa, otras terrible y siempre misteriosa, es capaz de situarnos ante los hechos narrados como si fuéramos testigos directos de ese proceso agónico de la cultura europea, que tiene uno de sus capítulos más lamentables en la doble ocupación de Hungría, primero por los nazis y más tarde por los soviéticos.

Libro de memorias, novela de un hombre, de un autor húngaro que nació en 1900, se exilió a EEUU en 1948 y se quitó la vida pocos meses antes de la caída del Muro Berlín.

Es un libro para leer de pie. Nada más comenzado, nos hace levantar, nos arranca de una actitud sedentaria y normal, como si de la tierra extrajese una energía especial que nos obligara a subir, a esforzarnos, a levantarnos y transfigurarnos.

Es una grandiosa obra de literatura, porque no sólo consigue expresar lo que otros piensan y sienten, también nos hace comprender qué pasa en el mundo. No le sobra ni una sola página. Estamos ante una grandiosa literatura, sí, porque logra dirigir, y a veces determinar, la vida del autor y del lector. La vida es imposible sin literatura. No hay vida verdadera que no mimetice creativamente la obra literaria.

La defensa de las Bellas Letras, del poder emancipador de la literatura, es uno de los ejes vertebradores de estas memorias singulares, sin duda alguna, que recuperan tanto hechos como ideas. El otro es, sin duda, el poderío narrativo de las páginas sobre el cerco de Budapest por parte de las tropas soviéticas al finalizar la Segunda Guerra Mundial. Su fuerza descriptiva compite en grandeza con la profunda reflexión sobre el significado de esa paradójica liberación de Hungría del poder nazi. A la perversidad nazi le sucedió otra equivalente, la soviética, que terminará la faena de destrucción de una de las más grandes civilizaciones de todos los tiempos, la europea.

Detrás del terrible significado de esa liberación sin libertad hallamos una de las críticas más sutiles y finas que yo haya leído tanto del comunismo soviético como del olvido terrible al que Europa Occidental sometió a la única nación que, desde el siglo X, tomó la decisión ser occidental y cristiana: Hungría.

El ataque crítico de Márai es doble y radical. No deja nada en pie del terror soviético, pero su crítica a las generaciones de la Europa de postguerra no es menor, porque han sido incapaces de continuar el humanismo occidental, o sea, de rescatar el ser humano como medida de todas las cosas.

Márai jamás perdonará la indiferencia de Occidente ante la brutal bolchevización de más cien millones de ciudadanos europeos. Eran gentes que habían formado parte del Imperio Austrohúngaro, hombres libres que no querían ser masacrados por el comunismo.

En ¡Tierra, tierra! podemos distinguir tres partes, bien diferenciadas:

1) Las descripciones magistrales del asedio sobre Budapest por parte de las tropas soviéticas. El relato es tan magistral que sobran las explicaciones sobre el sentido o, mejor, el sinsentido del cerco y de la guerra.

2) La vuelta de Márai a la ciudad en ruinas y la constatación de que la nueva era será terrible. La descripción de la ruina material de la ciudad es vista a la luz de la ruina espiritual de la cultura occidental. La ocupación comunista de Hungría como paradigma de la desaparición del ser humano bajo la zarpa del totalitarismo.

3) La narración del viaje de Márai por Suiza, Italia y Francia después de la guerra y su vuelta a Hungría es una de las descripciones más desgarradoras y frías que podamos leer para hacernos cargo del final de la cultura occidental.

El exilio, al fin, fue el precio que pagó Márai para que el régimen soviético impuesto sobre Hungría no pudiera comprarle como individuo. La decisión de exiliarse es algo más que una narración. Es todo un tratado de literatura filosófica.

Les exhorto, pues, a leer la obra del último caballero de la literatura centroeuropea. Su ironía y transparencia de lenguaje son equiparables a su fina capacidad de crítica y reflexión.

 

SÁNDOR MÁRAI: ¡TIERRA, TIERRA! Salamandra (Barcelona), 2006, 446 páginas.

 

Por Agapito Maestre

Libertad Digital, suplemento Libros, 26 de enero de 2006

 

¿Cómo fortalecer el Pacto por las Libertades?

¿Cómo fortalecer el Pacto por las Libertades?

El 1 de octubre de 1998, el entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, y José María Aznar, se reunieron por segunda vez tras la declaración de tregua de ETA. Ese día, Almunia advirtió de que los socialistas "no van a tener una actitud seguidista haga lo que haga el Gobierno", añadiendo: "Nuestro deseo es coincidir, pero la coincidencia debe basarse en posiciones asumibles por todos, no en planteamientos hechos por unos y seguidos por otros. Ésa no sería forma de llegar a un auténtico consenso". Como esta declaración muestra, el comportamiento del partido que hoy dirige Rajoy coincide con el que Almunia exigió entonces desde la oposición, exponiendo cuán injustas son muchas de las críticas hacia el Partido Popular por su rechazo al fracasado proceso de diálogo con ETA. Si las palabras de Almunia en 1998 eran razonables, también lo es la reluctancia del actual líder de la oposición a apoyar una política antiterrorista carente de un "auténtico consenso" sin "posiciones asumibles por todos". Así ocurre al haber arrinconado el presidente un Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo cuyo punto primero señala: "Al Gobierno de España corresponde dirigir la lucha antiterrorista, pero combatir el terrorismo es una tarea que corresponde a todos los partidos políticos democráticos, estén en el Gobierno o en la oposición". Es evidente que la resolución del Congreso de 2005 fue propuesta por Zapatero sin buscar esa "colaboración permanente" con el PP, basada en "el intercambio de información" y "la actuación concertada" que exigía el Pacto. De ahí que la oposición interpretara que la autorización del diálogo con ETA, que no había demostrado su voluntad inequívoca de poner fin a la violencia, tal y como reclamaba la citada resolución, no era compatible con esa obligación de "combatir el terrorismo" que corresponde a "todos los partidos políticos democráticos". Quienes acusan a la oposición y a muchos ciudadanos de haber bloqueado la paz al dificultar la negociación del Ejecutivo con hipotéticos "moderados" de ETA, ignoran la necesidad de ejercer una contención ante un Gobierno que ha incumplido su mandato parlamentario de dialogar en condiciones que no se daban, vulnerando otro acuerdo del referido Pacto.

 

Estos antecedentes convierten la reactivación del Pacto por las Libertades en un elemento decisivo de la política antiterrorista, pues de lo contrario se brindaría a la banda un valioso rédito político. El Pacto sirvió de marco para articular la más efectiva política antiterrorista contra ETA, al sustentarse en un importante consenso entre los principales partidos democráticos, negando la esperanza de cambios en la política antiterrorista con indiferencia del Ejecutivo que gobernara. La propia banda ha reconocido cómo esta iniciativa logró propagar "el fantasma de la destrucción de la izquierda abertzale". De ahí que abandonar el Pacto constituya un altísimo precio político al presentar la estrategia terrorista como eficaz, aportando un poderoso argumento de propaganda y motivación a ETA. El cambio de circunstancias con el que se justifica su marginación no representa una sólida explicación habida cuenta del contraproducente mensaje que transmite. Son justamente las circunstancias descritas las que obligan a su férrea aplicación. Precisamente por ello la ampliación del Pacto propuesta por Zapatero exige criterios claros que eviten una desnaturalización del mismo que equivaldría a su abandono de facto y al incumplimiento del programa electoral socialista.

 

La adhesión de quienes deseen respetar los principios en los que descansa el Pacto precisa una voluntad de sumarse a unas máximas ya planteadas que no deben ser modificadas, sino reforzadas, tras el fracaso del diálogo con ETA. A pesar de las positivas valoraciones sobre Imaz, presidente del PNV, queda por demostrar si esta formación comparte los mecanismos administrativos y judiciales que han impedido en el pasado la presencia de Batasuna en la vida política como si fuera una formación legal. La reactivación de esas iniciativas, que deben aplicarse a partidos sustitutivos vinculados a ETA y a Batasuna, es crucial en una sociedad como la vasca en la que el terror y la intimidación impiden que ciudadanos no nacionalistas ejerzan libremente sus derechos. Si el nacionalismo comparte estos principios, no sería difícil su incorporación al Pacto. Si no los compartiese, quedaría expuesta la inutilidad de romper el Pacto por un nacionalismo que rechazaría fundamentales instrumentos contra ETA, pero con el que se podría colaborar desde otro ámbito. Respetando estas premisas, la ruptura formal con Lizarra que se demandaba del nacionalismo en 2000 podría no aplicarse o ser sustituida por el requerimiento de un firme compromiso con elementos clave derivados del Pacto. La profundización en el antagonismo entre Gobierno y oposición que provocaría la desnaturalización del Pacto beneficiaría a esos sectores nacionalistas que defienden como inevitable el diálogo con ETA, a pesar incluso del último y negativo ensayo, y que todavía entienden la paz como la satisfacción de aspiraciones nacionalistas que apacigüen a la banda.

 

Para ser útil la ampliación del consenso antiterrorista debe sustentarse en la reactivación del Pacto evitando una rebaja del mismo que podría atraer a otras formaciones, si bien a cambio de un coste político como el que ETA rentabilizaría al conseguir debilitar la filosofía inicial del Acuerdo. La hasta ahora eficaz estrategia de división propugnada por ETA podría contrarrestarse supeditando la ampliación del consenso a la aceptación de determinadas adendas que fortalecerían el Pacto y la credibilidad de la respuesta estatal. Explicitándose en el Pacto que mientras ETA exista jamás se abordará la reforma del Estatuto vasco se oficializaría la premisa de "primero la paz y después la política" como criterio para aceptar incorporaciones de quienes asumieran un principio tan reivindicado como incumplido durante los últimos meses. La presencia de ETA, incluso en situación de "alto el fuego", es un factor de coacción enorme que jamás deben aceptar ciudadanos privados de libertad, siendo preciso por ello descartar categóricamente negociaciones con la banda incluso bajo promesa de desaparición, máxima que podría recoger un Pacto reforzado. Esta contundencia impediría que cualquier Gobierno cayera en las trampas que ETA tiende en momentos de debilidad al emitir señales equívocas sobre sus intenciones de concluir con el terrorismo. Evitaría además que la ansiedad colectiva por el final del terrorismo fuera manipulada mediante un lenguaje que puede mentir al enfatizar la incompatibilidad del diálogo con la violencia a pesar de la permanencia de ambos en condiciones inadmisibles, como las que se desprenden de la mera existencia de una organización terrorista. Nuestro sistema democrático permite ya la salida del terrorismo sin contraproducentes diálogos con ETA como los que vienen proponiéndose.

 

Por Rogelio Alonso (profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos).

EL PAIS, 18/01/2007

Destruirse desde dentro

Destruirse desde dentro


Ha declarado Mel Gibson que su película Apocalypto, en la que se recrean las postrimerías de la civilización maya, constituye en realidad una alegoría sobre la decadencia de las sociedades occidentales. Apocalypto se abre con una cita de Will Durant que basta para advertirnos de sus intenciones: «Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde dentro». La frase, de una lucidez que espanta, sirve de diagnóstico para nuestra época. Mucha gente me pregunta si considero que el islam es un enemigo para Occidente; mi respuesta es siempre la misma: «En absoluto. El enemigo está dentro, el enemigo somos nosotros mismos».

 

¿Qué peligro podría significar el islam si Occidente estuviese orgulloso de defender los valores que conforman su idiosincrasia? Los musulmanes residentes en nuestros países tendrían que acatar estos valores si desearan disfrutar de las ventajas que les reportan; desde el primer instante en que se atrevieran a infringirlos, serían despachados con viento fresco, o castigados por la Ley, como cada hijo de vecino. El problema no está en los musulmanes, por mucho que profesen una fe que a la vez postula un ordenamiento sociopolítico a cuyo rebufo se cobijan las más sórdidas dictaduras; bastaría con que los musulmanes tuviesen claro que jamás podrían ver realizados, en Occidente, sus anhelos expansionistas.

 

El problema para Occidente comienza cuando se muestra incapaz de defender los valores que fundan su ordenamiento jurídico, cuando descree de los hitos que han propiciado su progreso, cuando reniega de la moral que ha humanizado su convivencia; cuando, en definitiva, se niega a sostener la supremacía de su orden social y, a cambio, se abandona a un aguachirle de necedades merengosas que, bajo el marbete de Alianza de Civilizaciones o de cualquier otra majadería limítrofe, prefiguran la rendición.

 

Todavía quedan algunos ilusos que, a la hora de imaginarse el fin de nuestra civilización, se dedican a otear el horizonte, en busca de enemigos externos. Olvidan que, cuando entraron en Roma, los bárbaros no tuvieron que librar ninguna encarnizada batalla con un ejército defensor, ni vencer la resistencia de sus vecinos; entraron como Pedro por su casa, sin asestar un mandoble, enseñoreándose de una posesión que les pertenecía desde mucho tiempo atrás, desde que los gobernantes del otrora amedrentador imperio se convirtieron en una patulea de pacifistas claudicantes, desde que sus ciudadanos se entregaron con regocijo a las ventajas de la vida muelle y al disfrute de su opulencia.

 

Así perecen las civilizaciones, así las potencias más poderosas devienen naciones de opereta: destruidas desde dentro, inmoladas por los botarates que rigen sus destinos y por la chusma que los encumbró al poder. Porque no debemos pensar que los gobernantes irresponsables que rigen los destinos de los países en decadencia son meteoritos que abruptamente irrumpen en la vida política, venidos del espacio exterior, surgidos de la nada; por el contrario, son el fruto natural de una sociedad podrida y dimisionaria, son la expresión quintaesenciada de un clima moral decrépito, que es el de los pueblos dispuestos a mirar siempre hacia otro lado, dispuestos a entregar su primogenitura por un plato de lentejas, dispuestos a ceder a la extorsión, a renunciar a los principios que fundan su existencia, a ponerse de rodillas ante quien los quiere genuflexos, con tal de diferir un problema que se les viene encima, no importa que esté enturbantado o cubierto por la capucha macabra del terrorismo.

 

En estos días en que la dulce paz de los esclavos vuelve a asomar a los labios de nuestros gobernantes, amortizados ya aquellos dos muertecitos accidentales del aeropuerto; en estos días en que vuelve a iniciarse ese «proceso» indecoroso que tanto regocija a los enemigos de España, ya sabemos, con insobornable certeza, que la destrucción vendrá desde dentro

 

Juan Manuel de Prada 22-01-2007 ABC

Algunos hombres buenos

Algunos hombres buenos


La voluntad del etarra José Ignacio De Juana Chaos no es, resulta evidente, llevar la huelga de hambre hasta el extremo sino convertirse en mártir de la banda asesina ETA. Más allá de que el pulso que este autor de más de 25 asesinatos ya ha ganado a la Fiscalía del Estado, es un ejemplo para los que han defendido el uso del terror frente a la parte de ETA-Batasuna partidaria de abandonar el crimen.

Todo movimiento mesiánico necesita sus mitos. Si sus referentes son discutibles los refuerza hasta imponerlos como verdades indiscutidas y, si no los tiene, simplemente se los inventa. La mitología de los iluminados tiene mucho más de locura que de rigor.

Llegados a la locura, la cuestión que debe resolver la sociedad a través de sus instituciones, es si el Estado de Derecho debe proteger al asesino de su propia locura. Probablemente sí. Sin embargo y hasta el momento, nadie ha probado que De Juana esté loco.

 

Su voluntad de convertirse en mito con el que humillar a España una vez doblegadas sus instituciones judiciales, es el resultado de una elección libre y lúcida. No cabe pues el atenuante de la locura para quien está en sus cabales.

 

Conviene además subrayar que este mito se está construyendo, lamentablemente, gracias al atajo de la compasión de parte de la sociedad española. La repugnancia que el ajusticiamiento provoca en quienes no han sufrido de cerca el crimen etarra es el atajo por el que la huelga de hambre, sirve de coartada para la salida de prisión y, con esta, la victoria del asesino lúcido frente a la doblez institucional.

 

Sin embargo, si junto a las repicadas imágenes de este asesino, las televisiones volcasen las de sus crímenes y víctimas, estamos seguros que esta compasión mal entendida estaría más con los muertos que con el criminal.

 

Este es el pago que se cobra la cortedad de memoria del ser humano pero es también el reto que MinutoDigital asumió, con la misma libertad que De Juana se puso el huelga de hambre, de luchar por la libertad en esta España maltrecha donde se navajea a los muertos de ETA día sí, día también.

 

Ayer, un puñado de hombres buenos, consiguieron primero que la petición del criminal se ventilase en el Pleno de la Audiencia Nacional en lugar de en su Sala Tercera, sospechosamente interesada y, segundo, transmitir a la sociedad la certeza de que aún existen instituciones sólidas, garantes eficaces de la Justicia y de la Libertad de las mujeres y hombres que sostienen el pulso de la Patria.

 

Editorial de Minuto Digital, 26 de enero de 2007

Foro El Salvador se congratula por la confirmación del Estado de Derecho ejercitada por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional

Foro El Salvador se congratula por la confirmación del Estado de Derecho ejercitada por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional

Foro El Salvador valora como muy positivo el acuerdo adoptado en el día de hoy, mayoritariamente, por el Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, por el que no se modificará el status penitenciario del terrorista José Ignacio De Juana Chaos.

Foro El Salvador lamenta que una decisión judicial de estas características -simplemente una manifestación de normalidad democrática- se haya convertido en una noticia sobredimensionada a causa de las contradicciones y ambigüedades de la política antiterrorista del Gobierno.

La sociedad española debe felicitarse por el comportamiento libre, profesional e independiente de estos magistrados. Si otros jueces carecen de la valentía imprescindible, ante previsibles chantajes y presiones, que sean consecuentes y cedan sus puestos a otros más capaces. Su vocación de servicio y la sociedad española así lo exigen.

Madrid/Bilbao/Pamplona, 25 de enero de 2007

Resistencia. Carta de Francisco José Alcaraz, Presidente de la Asociación de Victimas del Terrorismo (AVT).

Resistencia. Carta  de Francisco José Alcaraz, Presidente de la Asociación de Victimas del Terrorismo (AVT).


ETA asesinó a mi hermano cuando yo tenía 17 años y a mis sobrinas gemelas, que contaban con poco más de 3 años. El dolor y vacío que te deja es algo que no quisiera que nadie de los que me calumnian y sirven de propaganda de la mentira pudiera sufrirlo. ETA mata y otros rematan. Estos últimos son quienes, amparándose en la mentira, la calumnia y la difamación constante contra mi persona y contra el colectivo que represento, intentan provocar nuestra muerte civil, nuestra muerte como ciudadanos.

 

Nunca he militado en ningún partido, y creo que nunca lo haré. Es triste que quienes no tenemos un carné político seamos perseguidos de forma constante y acusados vilmente para poder deslegitimar nuestra voz. Conozco a víctimas con carné y militancia activa en partidos políticos y, curiosamente, a ellos nunca se les acusa de partidismo, defiendan una postura u otra.

 

La cuestión es derribar a Alcaraz y a la AVT. Sin Alcaraz y la AVT el proceso de rendición es mucho más fácil. He podido ver manifestaciones en las que, amparándose en la solidaridad con las víctimas del terrorismo, se han portado pancartas contra la AVT y Alcaraz, comparándonos con los terroristas. He podido leer en distintos medios de comunicación calumnias y mentiras contra la AVT, contra sus trabajadores, contra mi familia y contra mi persona. Mentiras que después se difunden como la pólvora en foros y en blogs. Incluso mentiras que son realizadas por alguna víctima del terrorismo.

 

Es indignante. Llevo muchos años leyendo el periódico portavoz de ETA, el diario «Gara», y nunca he visto tantos insultos y desprecio contra las víctimas como los que algunos medios, que dicen llamarse progresistas, hacen contra la AVT y mi persona. Algunos de ellos incluso mienten descaradamente, hasta tal punto que publican sueldos falsos de nuestros trabajadores, adjudican falsas responsabilidades en la AVT a mi esposa y me atribuyen sueldos y dietas inexistentes. Y la realidad es que ningún miembro de la Junta Directiva y de las delegaciones cobra nada, absolutamente nada, por la labor que hacemos. Vivo de mi trabajo, de mi empresa. Pero claro, a quienes mienten y calumnian les cuesta creer todo esto porque son incapaces de hacer algo de forma altruista y no conciben que, por encima del dinero, está la defensa de la dignidad de nuestra familia asesinada.

 

Algunos diputados socialistas, incluso, han llegado a acusarnos de gastar el dinero en manifestaciones y no atender a las víctimas. Cuántas mentiras y calumnias escupen quienes quieren a toda costa hundir a la AVT. Otros, más cobardes si cabe, ocultos detrás de seudónimos, han llegado a decirme que «me tocó la lotería el día que asesinaron a mi hermano». Otros piden que me asesinen, que soy un terrorista, y todo esto con el beneplácito y la cobertura de los responsables de sus webs. Qué indecentes. Se esconden como lo hacen los etarras cada vez que cometen un atentado, a sabiendas del delito que están llevando a cabo.

 

Pues, a pesar de todo esto, quiero decir alto y claro a todos los que nos atacan cobardemente que no van a conseguir que, como víctima del terrorismo y como ciudadano, abandone las reivindicaciones de memoria, dignidad y justicia, pese a quien pese. Estos cobardes pueden y están haciendo mucho daño al colectivo que represento y a mi persona, pero hay algo que no tienen en cuenta: quienes más daño nos han hecho han sido los terroristas y, a pesar de ello, no han conseguido acallar nuestra voz. Por ello, quiero que sepan que sus insultos, mentiras, amenazas y calumnias caerán en saco roto, pues la verdad y la razón se imponen con el tiempo. Quienes han iniciado esta campaña contra la AVT y contra mi persona deben saber que nunca nos rendiremos.

 

Seguiremos exigiendo justicia, sin tomarla por nuestra mano porque, para eso, ya esta nuestro Gobierno. Él es responsable de hacer cumplir la leyes y perseguir a los asesinos y sus cómplices, que arrebataron la vida de nuestras familias. Por este motivo, cuando un Gobierno asume esa responsabilidad en nuestro nombre, tenemos todo el derecho de exigir el cumplimiento de las leyes y que se luche contra ETA o cualquier organización terrorista. Si este o cualquier Gobierno no lo hace, tenemos el derecho y el deber moral de exigirlo. Y si molesta porque no quiere o no puede hacer cumplir las leyes vigentes, o prefiere estrechar las manos ensangrentadas de los asesinos de nuestras familias, que sean valientes y que no nos traicionen. Que no nos engañen diciendo que mantendrán las leyes vigentes. Que tengan la valentía de decirnos a las víctimas, a la cara, que van a negociar con nuestros asesinos, que van a decir que Otegui es un hombre que lucha por la paz o que somos víctimas de accidentes.

 

El titulo de esta carta es «Resistencia», en honor al mejor discurso que he escuchado en un acto de la AVT. El homenajeado sólo pronunció esta palabra y se le entendió a la perfección. Eso es lo que pido a todas las personas de bien que no están dispuestas a claudicar a los intereses de ETA y sus compañeros de viaje. El que tenga oídos, que oiga.

 

 

Francisco José Alcaraz, presidente de la Asociación Víctimas del Terrorismo

La atracción fatal de la izquierda española

La atracción fatal de la izquierda española


¿Qué sucedería si la banda terrorista que, durante cuarenta años de actividad criminal, ha causado ya más de ochocientas víctimas mortales y sigue ocupando el epicentro de la vida política española fuese de extrema derecha? ¿Tendría el gobierno socialista tantas contemplaciones con ella? ¿Aceptaría creer en treguas? ¿Disminuiría la presión policial y judicial? ¿Ansiaría tan alegremente un final "sin vencedores ni vencidos"? ¿Insistiría en –como dijeron John Lennon y Yoko Ono hasta que al asesino del primero le tocó abandonar la prisión para escándalo de la segunda– dar una oportunidad a la paz?

 

La izquierda española, mayoritariamente (y, por supuesto, más los dirigentes que los votantes), ha solido mirar a ETA con ojos por lo menos comprensivos, cuando no amistosos. Sólo cambió parcial y temporalmente en los últimos años, sobre todo a causa de que, tras décadas de indiferencia ante la muerte de militares, policías y guardias civiles, empezaran a caer bajo las balas etarras políticos socialistas. Hasta 1978 la izquierda española consideró a los terroristas del nacionalismo vasco como la vanguardia de la lucha contra el franquismo y no fueron pocos los izquierdistas, tanto del PSOE como del PCE, que, en mayor o menor grado según cada caso, justificaron, comprendieron, compartieron fines, apoyaron, animaron, simpatizaron, defendieron, cobijaron e incluso colaboraron con los terroristas etarras y su entorno, desde numerosos militantes de base de los partidos y sindicatos izquierdistas hasta personalidades socialistas como el histórico dirigente Miguel Amilibia o los más recientes Txiqui Benegas o Gregorio Peces-Barba, aunque ahora no quede bien recordarlo.

 

Además, en unos años en los que el terrorismo de extrema derecha provocaba un número de víctimas abarcable con los dedos de las manos, el terrorismo de izquierdas (fundamentalmente GRAPO y ETA, aunque no hay que olvidar a Terra Lliure, FRAP, Comandos Autónomos Anticapitalistas, etc.) se apuntaba un millar mientras la izquierda española atronaba las calles al grito de ¡Vosotros, fascistas, sois los terroristas!

 

Esta alucinada percepción de la realidad es hija de ese curioso prejuicio ideológico, padecido por tantos, consistente en que mientras que las víctimas de las organizaciones y regímenes políticos "de derechas" son provocadas por la intrínseca maldad de las ideas derechistas, las víctimas provocadas por los "de izquierdas" –en número incomparablemente mayor– son los lamentables e indeseados daños colaterales causados por personas y regímenes cargados de buena voluntad. Los derechistas matan siempre con mala idea. Los izquierdistas, sin querer y con buena intención.

 

No hay que olvidar, además, por muy escandaloso que pueda parecer a primera vista en estas décadas de beatificación de todo izquierdismo, que no en vano ETA comparte con el PSOE e IU su ideología izquierdista, lo que les convierte, a pesar de las condenas recibidas debido a su utilización de la violencia, en hermanos políticos. ¿O acaso los que se denominan a sí mismos Sozialistak Abertzaleak (Socialistas Patriotas) o izquierda abertzale, rama política de la banda terrorista cuyo lema se resume en Independencia y Socialismo, son de derechas? En ello insiste con encomiable tenacidad la derecha española, empeñada en calificarles, una y otra vez, de fascistas, obedeciendo fielmente las consignas de la ingeniería lingüística marxista que hace ya muchas décadas dio la orden de calificar de fascista todo lo que fuese reprobable, incluso lo proveniente de la izquierda, con lo que ésta consigue echar balones fuera y cargar en el contrario hasta los defectos propios.

 

Por otro lado, no hay que olvidar que los etarras no son, al fin y al cabo, otra cosa que los herederos de los gudaris peneuvistas de 1936, compañeros de trinchera de la izquierda hasta los heroicos días de Santoña –aunque de eso es mejor no hablar–. No en vano Peces-Barba, durante aquella famosa cena-homenaje a Carrillo a la que asistió también Ibarretxe, definió a los presentes como "los buenos" y reservó la categoría de "malos" a la eternamente perversa derecha.

 

Razones inmediatas de la actitud del gobierno socialista quizá puedan encontrarse en cálculos electoralistas, en pactos más o menos secretos con los nacionalistas o, incluso, en oscuras, improbables y por el momento indemostradas conspiraciones.

 

Pero las razones profundas, las de más largo recorrido y mayor peso ideológico, son las arriba explicadas.

 

Jesús Laínz

El Semanal Digital, 25 de enero de 2007