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ZP: al totalitarismo por la filantropía

ZP: al totalitarismo por la filantropía

El Mr. Bean que tenemos de arriendo en el Palacio de la Moncloa continúa su camino, paulatino pero constante, hacia el totalitarismo. ¿Exageraciones? Sus últimas actuaciones recogen para los anales al menos cinco tendencias totalitarias, reductoras de la libertad individual, todas ellas disfrazadas de muy filántropos ideales (¡Dios nos libre de los filántropos!). Veamos:

 

1. Atentado contra la libertad de prensa, en nombre del filantrópico principio de la calidad en la información que recibe el ciudadano. El secretario de Estado de Telecomunicaciones, Francisco Ros, ha amenazado a los nuevos canales de televisión digital terrestre con tomar medidas (recordemos que es el Estado quien otorga las licencias) porque la TV digital no está respondiendo a la calidad que se esperaba e ella. ¿Quién decide qué es TV de calidad? El Estado, es decir, el señor Ros.

 

Es el mismo señor Ros que representa a un Gobierno que se ha hecho una televisión a su medida, abriendo Canal+ para salvar el desastroso, a fuer de monopolístico, imperio televisivo de Polanco y sólo ha permitido un nuevo invitado al banquete de la TV en abierto : La Sexta, es decir, la tele de su asesor de imagen, José Miguel Contreras, y del mamporrero socialista del mundo del espectáculo, la Mediapro de Jaume Roures. Los demás, por ejemplo el grupo Vocento y la COPE, se han tenido que conformar con emisoras locales o con canales digitales. Es decir, con una audiencia necesariamente minoritaria (y ya veremos si el famoso apagón analógico se produce en 2010 o hay que esperar más).

 

Pues justo a un secretario de Estado tan amante de la libertad y el pluralismo, se le ocurre que hay que mejorar la calidad de la TV digital. Es lo mismo que ver a Fernández de la Vega, que controla la radio y TV pública más manipulada y desvergonzada de toda la democracia española (ni González ni Aznar se atrevieron a tanto) firmando un pacto contra la telebasura: cosa de mucha risa.

 

2. Atentado contra la libertad de expresión en Internet, en nombre de la filantrópica defensa de los derechos del consumidor y la lucha contra la estafa. La red es lo más temido por los déspotas. Instrumento pacífica, que emplea la fuerza de la palabra, pero incontrolable por el oligopolio de editores. Debe de ser por la alianza de civilizaciones, pero ZP ha puesto en marcha el sistema islámico de control de Internet: posibilidad de cierre administrativo, no judicial, de páginas WEB, porque hay algunos sitios tan malvados que engañan a la gente con medicinas milagrosas y otras perfidias. Es el proyecto de la llamada Ley de Impulso de la Sociedad de la Información.

 

Y esto se combina con la curiosísima práctica de exigir –sistema garantista, que le dicen los necios- que se borren todas las posible ofensas –es decir, críticas- de toda la red –en su totalidad manifiesta, que diría el Forges-. Exigencia que, como todo el mundo -con la excepción de los magistrados- resulta de imposible cumplimiento, pero que el Gobierno ZP mantiene y alienta, sin ninguna premura por enmendar la situación.

 

No lo duden, se trata del mayor atentado contra el periodismo independiente y contra el periodismo ciudadano. Es decir, el mayor atentado contra la independencia por la WWW es el foro de la libertad de expresión.

 

3. Atentado contra la propiedad privada, en nombre del filantrópico derecho a la vivienda. Como la lógica no es el fuerte ni de tiranos ni de filántropos, no me pregunten cómo se pasa del derecho a la vivienda a la legalización de los okupas, pasando por la expropiación de pisos vacíos que, como su misma nombre indica –expropiar- no es más que un atentado contra la propiedad privada. Estamos haciendo realidad aquello que denunciaban los intelectuales de la era victoriana como síntoma de evolución totalitaria en la Europa de los años veinte: un hombre no puede cortar su árbol, en el jardín de su casa con su propia hacha… sin permiso de la autoridad.

 

Dicho de otra forma, en lugar de hacer más vivienda pública o protegida para el que no puede pagar una vivienda libre, permitimos que ocupen las viviendas del prójimo. ¿Qué le rico no utiliza esa vivienda? Sí, pero tampoco el okupa es un sin techo, sino un jeta.

 

4. Atentado contra la libertad corporal en nombre del filantrópico principio a una vida saludable. Salud física, hablamos, porque la salud mental de Juan Español va fatal. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, y ahora la de Medio Ambiente, Cristina Narbona, se han empeñado en que no podemos fumar, ni beber, ni comer ni copular, al menos fuera del marco legal vigente, es decir, el que ellas deciden.

 

5. Atentado contra la vida, en nombre del derecho a la salud reproductiva. Después del fiasco –convertido ya en puro pitorreo- de la utilización de embriones humanos como cobayas de laboratorio, ahora el Gobierno ZP pretende ampliar la locura a la mezcla de genomas animales y humanos, más que nada por probar, mientras intenta producir en serie bebés medicamentos, que son como los bebés esclavos pero condenados a muerte segura. Se trata del otro filantrópico principio : ¿No quieres caldo? Pues toma dos tazas.

 

6. Atentado contra la seguridad, en nombre de los filantrópicos e infinitos anhelos de paz ciudadana. Aquí el culpable no es el Gobierno, sino una juez (en España hay algo más corrupto que la política o el periodismo : la Administración de Justicia-, pero la quiebra del principio de autoridad y la majadería de algunos principios zapateriles como la no violencia ni en legítima defensa, llevaron a una juez catalana a decidir prisión preventiva para una hombre que utilizó su arma contra unos ladrones –con el resultado de un muerto, que conste- cogidos in fraganti en el domicilio de su suegro. Como re aconsejan los policías amigos: si te atracan lo mejor es que no te defiendas. Esa decisión judicial, la inoperancia de las policía, ha reforzado el principio de que cada cual se saca las castaña del fuego sin molestarse en denunciar el delito del que es víctima… por si acaso no le sucede algo peor.

 

La variante política de esta tendencia totalitaria es la de la violencia social y política impune. Es decir, Jarrai en el País Vasco, donde no hay problema de paz, sino de libertad: una minoría tiene secuestrada y atemorizada a una mayoría.

 

En España, el único seguir es el rico, porque cuenta con seguridad privada. Y a veces ni eso, o que se lo pregunten al joyero Tous.

 

Sí, el presidente del Gobierno de España es un verdadero Mr. Bean: insensato pero siniestro.

 

Eulogio López

Hispanidad.com, 26 de enero de 2007

La tragedia de la ETA

La tragedia de la ETA

Véase a López Aguilar, miembro del gobierno que más ha hecho en favor de los asesinos en toda la historia de la ETA, organizador de la putrefacción de la Fiscalía general del estado para apoyar los tratos (la colaboración) con los pistoleros, contándonos ahora que la banda "no tendrá nunca ninguna oportunidad de salirse con la suya". Tal como Zapo, en su perversión ya casi inconsciente del lenguaje ha catalogado los atentados como "trágicos accidentes", este personaje ha olvidado la palabra "mejor" entre "oportunidad" y "de". Me sorprende el titular de LD: "López Aguilar compromete al Gobierno por primera vez en la derrota de ETA". ¡Qué engañabobos! No lo compromete en lo más mínimo. "El espíritu que anima al Gobierno es el de derrotar a ETA, ha dicho con toda claridad el ministro en una emisora de la SER de Canarias, donde hace campaña electoral los fines de semana". ¿Con toda claridad? Con el más desvergonzado embuste. Hace campaña electoral, entiéndase, y ahí todo vale.

La tragedia de la ETA ha consistido en el sinnúmero de colaboraciones que ha obtenido desde que cometió su primer asesinato. La mayor y más persistente, aquella promovida por PRISA, el PNV, el PSOE y parte de la derecha, según la cual el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) "no tenía salida exclusivamente policial, sino política". El TNV siempre cayó muy bien a aquella gente, dispuesta a doblegar la ley en su favor y privilegio. De esa "política" ha vivido la banda tantos años. Y de ella han muerto tantas personas. Simplemente por no haberse aplicado consecuentemente la ley al asesinato con pretensiones políticas. Pero nunca hasta el gobierno de Zapo se había premiado de tal modo a los criminales. Ni nunca se habían retratado de tal modo los colaboradores.

 

Blog de Pío Moa en Libertad Digital, 27 de Enero de 2007

S.O.S. desde las Iglesias de Oriente Medio y Rumanía

S.O.S. desde las Iglesias de Oriente Medio y Rumanía

Reunión vaticana para analizar las ayudas que necesitan para subsistir

 

ROMA, viernes, 26 enero 2007 (ZENIT.org).- Muchas Iglesias Orientales católicas son tan pequeñas y viven en contextos tan convulsos que carecen de medios para garantizar su subsistencia, un aspecto del que se ocupa la Reunión de las Obras para la Ayuda a las Iglesias Orientales (ROACO, en sus siglas en italiano) recién celebrada en el Vaticano.

 

Dos veces al año se reúne este comité; en su primera sesión de 2007 –del 22 al 24 de enero-, las Iglesias en el Líbano y Tierra Santa, Rumanía, y Egipto han ocupado buena parte de sus trabajos.

 

De ellos ha ido informando «Radio Vaticano»: «Durante el verano pasado la guerra en el Líbano ha provocado grandes daños» «a las iglesias y a otros edificios que pertenecen a varias iglesias» del país, «sobre todo en el sur», explicó en sus micrófonos el secretario general de la ROACO, don Leon Lemmens.

 

En el Líbano «la Iglesia nos preocupa mucho, junto a la de Tierra Santa», «por el fenómeno de la emigración», subrayó por su parte «en Radio Vaticana» el arzobispo Antonio Maria Vegliò --secretario de la Congregación vaticana para las Iglesias Orientales, de la que depende la ROACO--.

 

Y es que «los católicos, los cristianos, no ven mucho futuro para sus vidas en estos países. Y entonces se produce una hemorragia continua que provoca que la presencia cristiana disminuya cada vez más», lamentó.

 

Núcleo de la asamblea ha sido también la iglesia greco-católica en Rumanía, «cuya existencia suprimió oficialmente el régimen comunista»; «sólo desde hace quince años ha salido de una difícil existencia clandestina», y «partiendo de una gran pobreza, ha tenido que reconstruir la vida eclesial», recuerda don Leon Lemmens.

 

Por ello, la cita vaticana ha centrado su atención, respecto a esa situación, «en la vida pastoral, en cómo servir a los pobres», «numerosísimos en Rumanía» -precisa-, en «cómo comunicar el Evangelio al pueblo, tanto fuera como dentro de la comunidad eclesial», en «cómo educar a los jóvenes».

 

Las necesidades principales en Rumanía se revelan en las estructuras, los edificios pastorales y el sostenimiento de cuantos trabajan en la Pastoral, apunta «Radio Vaticana»; se necesita sacar adelante la construcción emprendida de 124 iglesias. En 1948, año de la citada supresión comunista, las iglesias católicas de rito griego en el país eran 2.030; actualmente, después de lo que se ha logrado recuperar y de las labores de edificación, suman 405.

 

Otra emergencia existe «a nivel de formación y enseñanza teológica: la ayuda y el sostenimiento de los seminarios, el apoyo de la catequesis a nivel parroquial, pero también de la enseñanza en las escuelas», advierte el obispo de la diócesis rumena de Cluj-Gherla, monseñor Florentin Crihalmeanu.

 

En cuanto a Egipto, la emisora recuerda que, de una población de 75 millones de habitantes, los musulmanes representan el 90%; los coptos ortodoxos el 9%; los demás cristianos el 1% -entre ellos los católicos, entre 250 mil y 300 mil fieles-.

 

Explica el nuncio apostólico en Egipto -y delegado de la Santa Sede en la Liga de los Países Árabes en el Cairo-, el arzobispo Michael Fitzgerald: «La influencia de la Iglesia, al menos en la esfera de la educación y de la acción social, va mucho más allá del número; menos el compromiso de los cristianos, especialmente de los católicos, en el terreno político», donde «es mucho más difícil participar».

 

«Se podría decir que existe una cierta discriminación, no abierta, pero existe, que hace difícil algunas posiciones para los cristianos --añade en "Radio Vaticano"--. Pero la Iglesia está viva y todas las Iglesias se unen» en «la asamblea de los patriarcas y obispos, y buscan llevar una vida muy productiva para Egipto y para la Iglesia».

 

De particular interés ha sido la presencia, en la asamblea de la ROACO, del nuevo patriarca copto-católico, Su Beatitud Antonois Naguib, quien expresó las necesidades de la Iglesia copta, pequeña minoría dentro de la minoría cristiana egipcia.

 

«No sólo las necesidades materiales --entiéndase bien--, sino sobre todo las relativas a la formación del clero, de los laicos; las necesidades relativas al diálogo continuo con los copto-ortodoxos» y, en cuanto a los musulmanes, «la necesidad de proponer, realizar, desarrollar un diálogo», sintetiza el arzobispo Antonio Maria Vegliò.

 

Los micrófonos de la emisora pontificia recalcan además el testimonio de monseñor Robert Stern –presidente de la Pontificia Misión para Palestina y secretario general de la CNEWA («Catholic Near Est Welfare Association»)- sobre las necesidades de las Iglesias de Oriente Medio, con una situación cada vez más difícil «caracterizada por la violencia y por todos los problemas relativos a Irak, a el Líbano y a Palestina».

 

En su opinión, las necesidades de estas Iglesias Orientales «son sobre todo las de toda sociedad: paz y justicia».

 

«Todas estas Iglesias son tan pequeñas que no tienen los medios necesarios para garantizar su propia existencia. Es necesaria una ayuda, siempre externa, para lograr que continúen con su obra, la formación del clero y la relativa a la sanidad, la educación, pero también par apoyar a las parroquias mismas», concluye.

 

La ROACO es un comité que se formó en 1968; reúne a agencias de todo el mundo que ayudan a las comunidades católicas orientales, por ejemplo la CNEWA --con sede en los Estados Unidos, aprobada por Pío XI en 1928--, la Misión Pontificia para Palestina --surgida en 1949, cuya sede también está en ese país--, y agencias de Alemania, Francia, Suiza, Países Bajos y Austria.

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Ahora admiran a Jarrai

Ahora admiran a Jarrai

Esta ha sido, sin duda, la semana del alborozo para los amigos del candado y la cadena. Pascual Tamburri, uno de los fachendosos con más pedigrí asentados en Nafarroa, se expresaba con este alborozo en “El Semanal Digital”: «Los grupos pro-etarras son también organizaciones terroristas (...) el Poder Judicial español ha llegado a la misma conclusión que el resto de países de nuestro entorno: los movimientos con una dimensión terrorista y una estructura totalitaria no pueden ser parcialmente legales (...) sólo la amputación completa del tumor puede garantizar la curación del cuerpo social y, en este caso, la plena vivencia de las libertades democráticas en España».

 

Y si empezamos así no se extrañen de que el escribiente se vista ahora de agorero de la Patria: «les voy a dar una mala noticia: ETA sobrevivirá a la sentencia, seguirá teniendo una rama política y ésta tendrá un peso notable en la juventud vasca y navarra. Zapatero, claro es, será responsable en parte, pero no culpable del todo».

 

Pues se preguntarán ustedes qué es lo que sucede para que eso no sea así. Les contesta Tamburri: «Jarrai o como lo llamen ahora es un grupo juvenil dentro de un movimiento totalitario; da respuestas a cada una de las necesidades de la vida social de un joven, ofrece un estilo de vida, una causa que moviliza, riesgo, ocio, carácter, música. Todo. Jarrai es terrorista, pero la mera represión no puede llenar el hueco de una organización así. Claro, si uno analiza Jarrai pensando que es como Juventudes Socialistas ­un grupo de jóvenes pijos vagamente adoctrinados, unidos para la consecución de puestos en las listas y de cargos bien pagados­ jamás podrá entender la importancia de esta dimensión juvenil. Jarrai podrá gustar o no gustar, pero a los jóvenes que se movilizan en sus filas no se les puede ofrecer como alternativa el nihilismo individualista. Es poco atractivo: así que Jarrai, ilegal, seguirá funcionando hasta que se complete la buena noticia de la ilegalización con una verdadera respuesta». Ahí quería yo llegar. ¿Cuál es la receta?

 

Pues mira por dónde, ni siquiera el Tamburri, centurión intelectual de la fachenda asentada en Nafarroa, tiene respuesta. Se queda en la divagación. ¿Por qué será?: «Ahora hay que atreverse a pensar cómo recuperar para España a estos hijos suyos seducidos por algo que, en sí mismo, puede ser seductor». Ya ven que la confusión se abre paso en la prensa del nacionalismo español. –

 

Maite Soroa

Gara, 28 de enero de 2007

Alfonso Rojo hablará en Pamplona

Alfonso Rojo hablará en Pamplona

La Asociación Blanca de Navarra, grupo de mujeres vinculadas a UPN, ha organizado para los próximos meses un ciclo de conferencias sobre actualidad informativa que contarán con la participación del director de Periodista Digital y Reportero Digital Navarra, Alfonso Rojo. También estará la periodista y escritora Isabel San Sebastián; el director de Informativos de la cadena COPE, Ignacio Villa y la directora de la agencia Fax Press, Pilar Cernuda.

 

El ciclo lo inaugurará Isabel San Sebastián el próximo 31 de enero, a las 20 horas, en el hotel Iruña Park de Pamplona. Bajo el título 'La cara oscura del "proceso"', Isabel evaluará la situación creada en España y en Navarra tras el denominado proceso de paz. Una vez concluida su exposición, la periodista abrirá una charla-coloquio en el que responderá a todos los interrogantes que el público asistente desee plantearle.

 

Además, con el fin de transmitir a la opinión pública el papel que la mujer ha desempeñado en la política navarra, desde el inicio de la democracia hasta las últimas legislaturas concluidas de ámbito nacional y autonómico, a principios del mes de marzo, la Asociación Blanca de Navarra inaugurará una exposición cultural titulada 'Mujeres en la política navarra'.

 

ISABEL SANSEBASTIÁN

 

En la actualidad, Isabel San Sebastián colabora como columnista con el diario El Mundo; presenta un programa de debate semanal en Popular Televisión titulado 'La noche de Isabel San Sebastián' y participa, habitualmente, en los programas 'La tarde con Cristina' de la Cadena COPE, en el debate de TVE '59 Segundos', en 'Alto y Claro' de Telemadrid y en otros espacios dedicados al análisis de la actualidad política.

 

En su faceta de escritora, Isabel San Sebastián ha publicado títulos como 'Mayor Oreja, una victoria frente al miedo', convertido en un best seller y cuyos beneficios han sido cedidos a la Fundación Libertad; 'Los años de Plomo, Memoria en carne viva de las víctimas' y '¿A qué juegan nuestros hijos?'. Además es coautora del libro 'El Árbol y las Nueces, la relación secreta entre ETA y PNV'.

 

En 2005, la periodista publicó su primera obra de ficción, una recopilación de relatos titulada 'Cuentos de María la Gorda' y acaba de presentar su primera novela con el título 'La Visigoda'.

 

ASOCIACIÓN BLANCA DE NAVARRA

 

La Asociación Blanca de Navarra nació hace siete años, por iniciativa de un grupo de mujeres navarras con experiencia cargos de responsabilidad pública con el propósito de realizar y proponer acciones que posibiliten cambios positivos en la condición actual de la mujer. Cuenta con 500 miembros.

 

Los cargos directivos de Blanca de Navarra recaen en la ex concejala del Ayuntamiento de Pamplona y miembro del comité ejecutivo de UPN, Mercedes Labayen como presidenta; la parlamentaria de UPN, María José Vidorreta, vicepresidenta; la teniente de alcalde del Ayuntamiento de Tudela, Mari Carmen Ferrer, secretaria; la ex alcaldesa de Estella y parlamentaria por UPN, María José Bozal, tesorera; la senadora por UPN, Amelia Salanueva, vocal y portavoz; y las vocales Begoña Sanzberro (parlamentaria de UPN y concejal del Baztan), Pilar Iturralde, María Angeles Solano y Maribel Garrido, además de la ayudante María Jesús Gurruchaga.

 

Reportero Digital Navarra, 28 de enero de 2007

Discurso íntegro de José María Aznar en la Fundación Gregorio Ordóñez

Discurso íntegro de José María Aznar en la Fundación Gregorio Ordóñez

Creo que no tengo que utilizar muchas palabras para expresar mi agradecimiento por el premio que me habéis concedido. Todos los premios se agradecen. Pero este lo siento con la emoción profunda del recuerdo al amigo, al compañero, al que, como se ha dicho aquí, no quitaron la vida sino que la entregó por la causa de la libertad.

 

Y en estas primeras palabras quiero dejar constancia de mi admiración a todos los que desde su muerte habéis sido depositarios leales de la memoria de Gregorio a través de ésta esforzada fundación y de vuestro trabajo personal. Mi admiración -que saben que la tienen- para Ana, para Consuelo, para María. Es decir, mi admiración a su familia y a sus amigos, que compartieron su mismo compromiso.

 

Sabed que la figura de vuestro marido y padre, de vuestro hijo, de vuestro hermano, de vuestro amigo se engrandece y se hace más necesaria. Sabed que su trabajo en esta ciudad sigue dando frutos y que su muerte –ese es el fracaso de sus asesinos- ha hecho de Goyo una figura imborrable a la que rendimos homenaje. Hace doce años que Gregorio fue asesinado. Y doce años después seguimos comprobando hasta qué punto su legado político, la herencia cívica que dejó a la sociedad vasca, sigue vigente, nos compromete y nos inspira.

 

Goyo no fue un héroe involuntario, lanzado por las circunstancias a un destino con el que no contara. Gregorio Ordóñez fue un hombre que asumió de manera íntegra y consciente un compromiso sin límites, hasta su propia muerte, con el bien de la libertad. Se rebeló contra el terror y contra el miedo no sólo por un sentido de justicia que no admitía transacción.

 

Se rebeló por dignidad. Su ¡basta ya! -que después fue coreado por tantas voces en las calles de esta ciudad- expresó la decisión firme de no tolerar la humillación ni el sometimiento a los agentes del terror, a sus cómplices y a sus beneficiarios, a quienes lo instigan y lo legitiman.

 

Gregorio no fue el único, pero si fue quien con más fuerza puso voz y transmitió coraje a los silenciados de esta sociedad. Quiso demostrar que no hay que resignarse, porque la resignación y el silencio no son una forma de vida llevadera, sino el abismo al que los terroristas quisieran precipitarnos. Gregorio fue, en el mejor sentido, el gran elemento subversivo de este régimen de árboles y nueces, de falsos oprimidos, del algo habrá hecho, de verdugos convertidos en víctimas, de exilios interiores.

 

Este régimen asentado y consentido por el éxito del espejismo nacionalista, alentado una y otra vez por otros no nacionalistas, que prometía paz y pide a cambio el poder. Durante demasiado tiempo se creyó que lo mejor era subcontratar la solución del “problema”. No se cayó en la cuenta de que encomendamos la solución a quien era parte del problema, porque no quería, ni quiere ni querrá la derrota de una banda terrorista a la que adorna y legitima como expresión de un conflicto secular que, por definición, no puede tener solución jamás.

 

Los asesinos de Gregorio Ordóñez habían elegido su objetivo con precisión. Sabían lo que buscaban con el asesinato de Goyo porque sabían muy bien que por las calles de San Sebastián andaba un tipo que decía la verdad que sufrían cientos de miles de vascos; un tipo contra el que no funcionaban las amenazas y que además no estaba dispuesto a irse. Era insistente, sincero, creíble. Transgredió los límites, reclamó lo que le correspondía en el espacio público, salía a la calle con su denuncia y le resbalaban las descalificaciones con las que sus adversarios pretendían neutralizarle.

 

Goyo decía la verdad en voz alta y –vosotros lo sabéis mejor que yo- aquí hay muchos que pueden tolerar un murmullo pero nunca una verdad elemental proclamada en la plaza pública. Una verdad que repelía el desaliento y que vio en la aparente soledad de sus posiciones el precio inevitable –pero siempre transitorio- que a veces exige la razón. ¿Os imagináis qué respondería Gregorio si después de las dos nuevas víctimas del atentado de Barajas le dijeran que se había quedado sólo?

 

Pues bien, Gregorio Ordóñez nos acompaña, en eso que llaman nuestra soledad, a todos los que más allá de las siglas, desde posiciones ideológicamente distantes, con trayectorias políticas y personales muy diversas, creemos que la derrota es el único final aceptable para el terrorismo. No hay un ápice de razón que tengamos que reconocer en la trayectoria, en las motivaciones o en los objetivos de una banda terrorista.

 

No hay contextos en los que haya que diluir, situar o comprender sus crímenes.

 

No hay ninguna legitimidad de consolación que debamos reconocer ni explícita ni implícitamente. No hay ningún sistema que debamos tejer a medida de lo que los terroristas y sus cómplices estén dispuestos a hacer, sino asegurar que se someten a la ley, al juicio de los tribunales y al imperativo de reparación de sus víctimas. En todo esto, hasta hace no mucho tiempo había un acuerdo amplio y razonable, bien articulado en un pacto de Estado que yo -que ya se sabe que soy un intransigente- acepté negociar con el entonces líder de oposición.

 

Firmamos ese Pacto cuando quedó claro que además de estar juntos en el rechazo al terrorismo, íbamos a adoptar medidas concretas y tangibles que pusieran en práctica el compromiso de derrotar la estrategia terrorista, de negar precio político alguno y de asegurar los derechos y libertades de todos en el marco de la Constitución y el Estatuto. Impulsé la ley de Partidos –la ley que puso a Batasuna fuera de la ley- y eso se negoció con la oposición. Impulsé la ley que, por fin, hacía que los terroristas cumplieran íntegras sus condenas. ETA- Batasuna quedo identificada en la Unión Europea y en Estados Unidos como las organizaciones terroristas que son.

 

Ahora andan algunos rebuscando frases mías pronunciadas tras el final de la tregua de 1999. Creo que dije que “haría todo lo posible para buscar los caminos que nos conduzcan a una paz definitiva”. Y eso es justamente lo que hice. Fue justamente esa política, la de la ilegalización de Batasuna y la del cumplimiento total y efectivo de las penas, la que sabía que nos conduciría a una paz definitiva. Casi llegamos a comprobarlo. Faltó muy poco tiempo.

 

Hace dos años, en este mismo salón, al cumplirse diez años del asesinato de Gregorio, yo preguntaba por qué se estaba cambiando la política que estaba a punto de acabar con la banda terrorista. ¿Por qué se abandonaba una política que estaba funcionando? Llevamos dos años sin recibir respuesta. El Gobierno que yo presidía tenía mayoría absoluta y una idea clara de lo que teníamos que hacer. Pero también teníamos una idea igualmente precisa de cómo debíamos hacerlo. Y eso incluía al Partido Socialista.

 

Estaba firmemente convencido de que con ello dábamos credibilidad a la política antiterrorista, mandábamos un mensaje inequívoco a ETA y respondíamos a lo que la sociedad española mayoritariamente nos pedía. Pero cuanto más se defienden los mejores instrumentos de nuestra convivencia, más ciega es la descalificación que se sufre. No es la primera vez que ocurre. Defender la Transición , el pacto constitucional, los Estatutos que operaron la transformación del Estado y ahora defender el pacto antiterrorista es convertirse en objeto de la fobia de todos los que creen que el secreto para continuar en el poder radica en deconstruir, en vaciar, en desarticular el armazón de nuestra convivencia pacífica y en libertad.

 

Todos esos supuestos que habían quedado incorporados al consenso contra ETA de los dos únicos partidos de gobierno vuelven a enterrarse. Y si, a pesar de todo, esos principios se entierran, se habrá enterrado la esperanza. Repito, si esos principios son enterrados, enterraremos la esperanza. O para ser precisos, enterraremos por mucho tiempo la esperanza de acabar con lo que el terrorismo es y lo que el terrorismo ha sido. Es decir, acabar con la estructura criminal que vuelve a matar y cerrar el paso a cualquier intento de legitimación de su trayectoria criminal.

 

Todo esto, ¿para qué? ¿Para que el Gobierno y el Partido Socialista vuelvan a entenderse con los que no han querido ni quieren la derrota de ETA?

 

¿Para volver a entenderse con los que pactaron con ETA en Estella echarles de la vida pública en el País Vasco?

 

¿Para volver a entenderse con los que se han opuesto y se oponen a todos y cada uno de los instrumentos más eficaces del Estado de Derecho contra el terrorismo?

 

¿Para volver a entenderse con los que deslegitiman, precisamente, al Estado que tiene que asegurar la libertad de sus ciudadanos?

 

¿Para volver a entenderse con los que dicen querer la paz pero alimentan su poder y su libertad excluyente con la falta de libertad de sus conciudadanos?

 

Desgraciadamente, en nuestro país se ha convertido en un principio de gobierno que lo que funciona bien es, cuando menos, sospechoso, y casi siempre prescindible. La levedad y el radicalismo llevados al Boletín Oficial del Estado, primero destruyen acuerdos, instituciones, leyes, y marcos de organización que han demostrado eficacia y capacidad de concitar adhesión; y luego los sustituye por sucedáneos que solo se justifican dentro de un proyecto sectario y excluyente.

 

Por eso, un pacto de Estado, EL Pacto por las Libertades, un acuerdo de objetivos ambiciosos comprometido con la derrota de ETA, un acuerdo eficaz y comprobado, va a ser sustituido por un supuesto consenso de mínimos. Lo peor de ese consenso de mínimos no es que no vaya a tener ninguna eficacia operativa, que no la va a tener. Lo peor tampoco es que vaya a tener muchísimo menos apoyo que el Pacto por las Libertades. Lo peor es que el objetivo de ese “pacto de mínimos” ya no será la derrota de ETA, sino cómo se mantiene, a prueba de bombas, un proceso que reafirmará a la banda en la idea de que matar y negociar son dos ingredientes que entran en la misma receta. Es sólo cuestión de dosis y de tiempos para que lo que hoy es un crimen pase a ser considerado un mero accidente.

 

Déjenme que formule algunas preguntas en voz alta:

 

¿Es razonable a estas alturas un consenso que no apoye la ley de partidos? ¿Se hará ese consenso a costa de la ley que desde el año 2003 asegura que los terroristas cumplen efectivamente sus condenas? ¿Están dispuestos los integrantes de esos acuerdos a activar todos los resortes internacionales contra ETA-Batasuna?

 

Porque si no es así, ese acuerdo nada suma. Todo lo contrario, resta fuerzas, limita posibilidades legítimas de actuación del Estado de Derecho, desperdicia el esfuerzo acumulado, y nos devuelve a la sórdida rutina de los lugares comunes, las falsas soluciones, y los experimentos de aprendiz de brujo. En fin, la clave es la esperanza. La diferencia entre unos y otros radica en dónde y en qué depositamos nuestra esperanza. Unos depositan sus esperanzas en lo que pueda hacer ETA. En lo que ocurra en eso que llaman “ese mundo”.

 

Por eso nos exhortan a que prestemos atención a lo que dice este o aquel, o se dedican a fabular con supuestas escisiones, y además se jactan de saberlo de buena tinta. Son los mismos que se entregan a extravagantes ejercicios de ingeniería social con los terroristas, diseñando combinaciones de fuerzas entre blandos y duros, jóvenes y veteranos, políticos y pistoleros, críticos o disciplinados. La realidad es que la política antiterrorista no se puede hacer a base de dibujos tan alejados de la realidad, ni de entretenidos temas de tertulia.

 

Yo, por mi parte, no espero nada de ETA y no creo que debamos preguntarnos qué es lo que ETA puede hacer por nosotros porque, si pudiera, no haría otra cosa que matarnos. Yo no espero nada de una política en la que el Estado no confirma su fuerza y voluntad de prevalecer sino que manifiesta su debilidad. Menos aun espero que los terroristas retrocedan ante una política de apaciguamiento. Deberíamos reconocer la lógica perversa del apaciguamiento. Es la lógica del chantajista que sigue exigiendo el pago, no porque la víctima no pague sino porque ha empezado a pagar. Es la lógica de Hitler que invade Polonia, no porque Chamberlain no hiciera concesiones, sino precisamente porque las empezó hacer en Munich.

 

Cuidado, pues, con ciertos razonamientos, sobre todo porque los mismos que los utilizan se escandalizan luego de las consecuencias a que conducen. Mi esperanza está en el Estado de Derecho, en la movilización de la sociedad, en el impulso –como el que hoy experimentamos aquí- que nos ofrece el sacrificio de las víctimas. Mi esperanza está en la fuerza de la libertad, en el amparo de la Constitución , en el vigor de la democracia que, decidida a plantar cara a los terroristas, es capaz de derrotarles.

 

Como cualquiera de vosotros veo con preocupación las dificultades que está encontrando esta opción que es la de la firmeza, la de la coherencia. Pero seguimos siendo muchos los que la defendemos. Estoy convencido de que nuestra actitud, la solidez de nuestras posiciones, nuestro compromiso con una democracia en riesgo, será determinante para evitar que el aventurerismo arrastre al conjunto de las instituciones del Estado hacia una crisis generalizada en los instrumentos básicos del Estado de Derecho y de la organización territorial.

 

Soy un español con alguna experiencia. No estoy en el gobierno, ni en la oposición. No estoy en nada más que en la vida particular, que he recuperado, y en el desarrollo de las ideas en las que creo. Voy adonde me llaman mis amigos; estoy donde alguien cree que puedo ser útil. Me siento especialmente cercano a todos mis compatriotas cuya libertad está cercenada, cuya vida se encuentra amenazada y precisamente por ello siguen decididos a no entregarse. Soy, en resumen, un ciudadano normal y en esa condición creo que el Estado democrático tiene que utilizar todas sus posibilidades para asegurar la libertad de quienes luchan por ella.

 

Creo que ETA puede y debe ser derrotada y que ese objetivo implica desmantelar sus apoyos y hacer efectiva la ecuación que los iguala como terroristas a la propia banda. Creo que no puede haber impunidad jurídica, ni política, ni social para los terroristas y sus cómplices. Creo en la ley como base para la convivencia y como instrumento para que la realidad del Estado de derecho se imponga al delirio de los terroristas. Creo que no se deben negociar treguas con una organización terrorista.

 

Creo que es preciso quitarle a ETA la llave de la solución dialogada, ese mito probadamente falso que ETA abre y cierra cuando quiere, pretendiendo dictar en cada momento el juego que le interesa. Creo que un Gobierno puede y debe explicar sus actos, pero no reivindicar sus errores como un derecho; y creo que hay errores que cuando se insiste en cometerlos son inexcusables, y son además la expresión del miedo y de la cobardía. Creo que nunca, jamás, se debe unir el final del terrorismo con una negociación política bajo ningún nombre, y que debería quedar claro a los terroristas que no verán otra mesa que aquella en la que depositen sus armas.

 

Creo que las víctimas, ajenas a la tentación de la venganza, constituyen un ejemplo de confianza en el Estado de Derecho y un imperativo de justicia que nos compromete a todos. Y con estas ideas, que son un bagaje simple pero de convicción sincera, siento la satisfacción y el agradecimiento de volverme a encontrar con todos vosotros bajo el recuerdo doloroso pero querido de mi amigo Goyo.

 

Muchas gracias.

 

Fuente: Diario Liberal, 28 de enero de 2007

La AVT alerta sobre la falta de sentido de Estado del Gobierno y sus socios

La AVT alerta sobre la falta de sentido de Estado del Gobierno y sus socios


La Asociación Víctimas del Terrorismo quiere salir al paso de las valoraciones que, tanto el Gobierno como sus socios, han realizado en relación a la decisión del Pleno de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de mantener al sanguinario terrorista Ignacio de Juana Chaos el mismo estatus penitenciario en el que se encuentra hasta el día de hoy. Una decisión que la AVT celebra, no sólo porque haga justicia, sino porque da la razón a las víctimas.

 

El Gobierno, en vez de apoyar y aplaudir la decisión tomada hoy por la Justicia sobre la situación penitenciaria de De Juana, se ha limitado a “acatar” y “respetar”. Esto supone una cobardía en toda regla, que dice mucho de la pertinaz obcecación del Ejecutivo de favorecer la rendición del Estado de Derecho a través del diálogo. Una vez más se demuestra que Rodríguez Zapatero y su equipo de Gobierno están más por la labor de contentar a los lobos que a sus presas inocentes, que está más por entenderse con los asesinos que por defender a la sociedad española y al Estado de Derecho.

 

La postura adoptada por el Gobierno vasco, que ha tachado de “despropósito judicial” la decisión de la Sala, no es menos descorazonadora para las víctimas. Es indignante que Ibarreche, que apoya y da sustento económico y político al entorno terrorista, se pronuncie de esta manera al tiempo que recibió ayer, en un acto de absoluto cinismo, a algunas víctimas del terrorismo. Por dignidad, la AVT no podía estar ayer al lado de Ibarreche porque éste estrecha la mano de Otegui, procesado como representante de una organización terrorista ilegalizada, y saca la cara por un asesino como es De Juana Chaos.

 

El coordinador general de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, no ha quedado como farolillo rojo de esta carrera de despropósitos. Ha asegurado que haber optado por la prisión atenuada habría supuesto una decisión que aunaría “justicia, sensibilidad social y humanitarismo”, además de haber dotado al Estado de “más autoridad moral y humanitaria”. La autoridad moral y humanitaria del Estado ha de reflejarse en el apoyo sin traición a las víctimas del terrorismo y no en el respaldo a los terroristas.

 

Otros representantes políticos, los de Izquierda Republicana de Cataluña, han calificado de “venganza” esta decisión judicial. Valga decir, desde la AVT, que esta calificación se descalifica por sí misma y hace evidente el pacto, aún vigente, de los radicales independentistas catalanes con ETA para que no asesinen en esa parte del territorio nacional.

 

Por su parte, el BNG ha calificado de “intolerante” esta decisión judicial. La AVT entiende, evidentemente en otro sentido al que quieren darle los nacionalistas gallegos, que es necesario que el Estado de Derecho sea absolutamente intolerante con el terror porque, como es lógico para los ciudadanos de bien, el terror es algo inaceptable.

 

En última instancia, la AVT quiere recordar al Gobierno que, lejos de las palabras y las valoraciones, sigue teniendo pendiente la captura de los 19 terroristas juveniles huidos de la Justicia tras el fallo que declaraba a SEGI, HAIKA y JARRAI, como organizaciones terroristas vinculadas a ETA BATASUNA.

 

Madrid, 25 de enero de 2007.

Miseria del multiculturalismo (mirando a Córdoba y su catedral)

Miseria del multiculturalismo (mirando a Córdoba y su catedral)


Los musulmanes quieren usar la mezquita-catedral. El asunto ha levantado de nuevo un debate muy espinoso. Conviene plantear las cuestiones de principio.

 

Hay que comprar el último número de El Manifiesto: "Inmigración, ¿cuántos más cabemos?", porque plantea unas cuantas cuestiones absolutamente cruciales sobre la inmigración, la identidad, el racismo y la integración. Una de esas cuestiones es la del multiculturalismo, que empieza a ser actualidad diaria: ¿pueden coexistir a la vez, en un solo espacio, varias culturas distintas, incluso contradictorias? El que viene de fuera, ¿puede seguir siendo distinto y, al mismo tiempo, beneficiarse de los derechos que el sistema concede a todos los demás? O como en lo de Córdoba, ¿podemos renunciar a parte de nosotros mismos para entregárselo a otro que lo codicia? Lo de la mezquita-catedral de Córdoba puede servir como punto de partida para una reflexión en profundidad. Lo que hay al fondo es mucho más que una cuestión de uso de un espacio religioso; es un conflicto entre una cultura arraigada y otra que viene de fuera.

 

En este tipo de asuntos no hay error más grave que hablar con medias palabras. El multiculturalismo tiene un límite claro: la incorporación de las minorías a la vida pública, la capacidad de decisión en las cosas de la comunidad. En plata: usted o yo no tendríamos demasiado problema en que los musulmanes que viven a nuestro lado lo hagan conforme a sus propias leyes, siempre y cuando éstas no pretendan convertirse en hegemónicas ni supongan una merma de nuestra forma autóctona de vida, de nuestros principios, de nuestra identidad. Es decir, siempre y cuando ellos no puedan decidir sobre nuestro sistema ni cambiar nuestras costumbres.

 

Una sociedad puede soportar perfectamente que en su seno se instalen minorías organizadas de forma autónoma: por ejemplo, musulmanes con sus propias escuelas, iglesias y asambleas. No habrá problema mientras esas minorías, auto-organizadas, establezcan en su interior un orden que coopere con el orden general de la comunidad. Puede sonar muy difícil, pero los que hemos vivido en barrios periféricos de las grandes ciudades, cuando los salvajes aluviones demográficos de los años sesenta y setenta, sabemos perfectamente qué fácil era convivir con los gitanos si sus propios clanes se encargaban de mantener el orden, generalmente de acuerdo con la policía (y al revés, el infierno que era aquello cuando no se encontraba a nadie capaz de disciplinarlos desde dentro). Ello, por supuesto, bajo la condición de que el orden interno de esa minoría no pretenda determinar el orden general. El mundo medieval también funcionaba así. La famosa "España de las tres culturas", que tanta fantasía morisca ha suscitado, sólo existió de verdad cuando una de esas culturas, la cristiana, toleró a las otras dos, islámica y judía, pero sin considerarlas nunca en un plano de igualdad.

 

Ahora bien, si a esas minorías organizadas de forma autónoma, conforme a sus propios principios, se les concede una capacidad de influencia social equivalente a la de los ciudadanos autóctonos, que por su parte obedecen a sus propios principios y leyes, entonces el conflicto es inevitable. La equivalencia de dos o más leyes distintas dentro de una misma comunidad lleva a la rivalidad y, finalmente, a la guerra. Y eso es lo que podría pasar hoy. Como estamos en una civilización que ha elevado a sagrado el principio de la universalidad y la igualdad de los hombres, con independencia de su comunidad de origen, la mera hipótesis de una jerarquía entre sistemas de orden, entre principios, se hace intolerable. Por eso las políticas multiculturalistas modernas tienden a poner a todas las culturas en un plano de igualdad política y social. Y por eso todas esas políticas han ido fracasando, una detrás de otra, a medida que las minorías empezaban a gozar de un peso que la mayoría no podía soportar.

 

¿Cabría imaginar hoy una sociedad multicultural que discrimine políticamente a las minorías negándoles el ejercicio de los derechos básicos de ciudadanía, como el del voto tras un periodo mínimo de residencia? En una democracia actual, no. Por consiguiente, o imaginamos una democracia a la griega, es decir, con un concepto restrictivo del demos, o descartamos definitivamente cualquier tentación multicultural.

 

Y si excluimos el multiculturalismo, ¿qué nos queda? Para que la sociedad funcione con cierta normalidad, sólo nos queda el imperativo de la integración de las minorías en el marco de principios y leyes que ha fijado la mayoría. En los países europeos no es demasiado gravoso: disponemos de una política de libertad de cultos que permite la práctica de cualesquiera religiones, siempre que no ordenen cosas contrarias a la ley común. Pero eso implica la necesidad de que nosotros sepamos dónde hay que integrar a la gente, cuál es el marco de principios que define nuestra identidad. No se trata sólo de un ordenamiento legal, sino también de una identidad cultural, de una tradición, lo cual incluye unas manifestaciones religiosas específicamente nuestras. Identidad y tradición que nuestro sistema, en nombre de la autonomía individual, ha renunciado a convertir en ley obligatoria, pero cuya vigencia sería suicida ignorar –y cuya pujanza no será inconveniente estimular, porque nos ayuda a saber quiénes somos.

 

No todos estarán de acuerdo, como es natural (eso también forma parte de nuestra manera de ser). Pero la definición y la afirmación de nuestra identidad colectiva, como españoles y como europeos, se ha convertido hoy en un instrumento de primera importancia para guiar racionalmente la integración de quienes vienen de fuera. Hemos de definir y proteger nuestro propio espacio. Y podremos llamar al otro para que se integre en él, pero sin que deje de ser nuestro. De lo contrario, no veremos integración alguna, sino, propiamente hablando, una desintegración. Es lo que estamos viviendo ya.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 26 de enero de 2007