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Foro El Salvador

ETA ha denunciado en cada reunión con el Gobierno el incumplimiento de los acuerdos

ETA ha denunciado en cada reunión con el Gobierno el incumplimiento de los acuerdos

·Los organismos internacionales presentes han certificado la vulneración de garantías

 

En las diversas reuniones mantenidas entre ETA y el Gobierno español desde la declaración de alto el fuego permanente, la organización armada puso sobre la mesa de forma directa y reiterada el incumplimiento de los compromisos y garantías asumidos por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en los acuerdos alcanzados con anterioridad a la citada declaración del 22 de marzo de 2006. Según ha podido conocer GARA, los organismos internacionales presentes en el proceso certificaron igualmente esta vulneración de las garantías por parte de Madrid, y demandaron a los representantes gubernamentales su cumplimiento para que el proceso no se rompiese y se pudiera avanzar en las negociaciones. A tenor de la información a la que ha tenido acceso este diario, la organización armada constató que el Ejecutivo español «ha frenado el desarrollo del proceso político entre los partidos y su práctica ha ido en la dirección opuesta a los principios establecidos en los acuerdos». Como consecuencia, el proceso entró en una situación de bloqueo, para cuya superación, según se puso de manifiesto en el último encuentro entre ambas partes, celebrado en la primera quincena de diciembre, era clave avanzar hacia un acuerdo entre las formaciones políticas vascas.

 

 

DONOSTIA

 

 

En las reuniones celebradas desde marzo entre ETA y el Gobierno español, tres elementos han dejado sentada la existencia de acuerdos previos que dieron lugar a la declaración de alto el fuego: la constante denuncia de la organización armada del incumplimiento de los mismos, la certificación de este incumplimiento por parte de los organismos internacionales implicados y las afirmaciones de los representantes gubernamentales en el sentido de que su voluntad era cumplirlos, aunque ello no se materializara después.

Públicamente, el Gobierno ha negado tales acuerdos, aunque desde instancias cercanas sí se ha reconocido la existencia de algún tipo de compromiso, siempre, eso sí, con la intención de devaluar su trascendencia. Así, el pasado fin de semana, “El País” publicaba que «en las conversaciones previas al alto el fuego del PSE y ETA la representación socialista defendió mantener la Ley de Partidos y contempló la posibilidad de que Batasuna pudiera funcionar ‘de hecho’. También previó que si ETA cumplía su compromiso de alto el fuego, la actuación policial se relajaría. No sucedió ni lo uno ni lo otro».

 

Sin embargo, la existencia de dichos acuerdos resulta evidente si se tiene en cuenta que ETA ha expuesto directamente a los representantes oficiales del Gobierno la constatación del reiterado incumplimiento de los mismos, según ha podido saber GARA de fuentes solventes.

 

En concreto, ETA ha denunciado que el Gobierno español no haya cumplido su principal compromiso político y que el PSOE haya obstaculizado la firma de un acuerdo que permita resolver el conflicto. A juicio de ETA, según las mismas fuentes, el Ejecutivo «ha frenado el desarrollo del proceso político entre los partidos y su práctica ha ido en la dirección opuesta a los principios establecidos en los acuerdos».

 

Desde el punto de vista de ETA, a tenor de la información a la que ha tenido acceso GARA, el Gobierno español, en lugar de posibilitar la apertura de una nueva fase, ha puesto más límites al proceso, con constantes referencias a los márgenes de la Constitución y la legislación española. La organización armada advirtió al Gobierno «que no puede pretender construir un proceso de paz con los mismos límites políticos que han provocado el conflicto».

 

 

 

Informes detallados

 

 

Asimismo, ETA ha denunciado los constantes incumplimientos por parte del Gobierno de las garantías establecidas en los acuerdos (en resumen, menor presencia y presión policial, ausencia de detenciones y respeto «de facto» a la actividad de la izquierda abertzale). En cada una de las reuniones celebradas, los representantes de la organización armada han presentado informes detallados que certificaban una actividad policial diaria, un permanente acoso a la izquierda abertzale y un goteo incesante de detenciones.

Esta vulneración de las garantías fue certificada incluso por los organismos internacionales presentes en el proceso, que demandaron a los representantes del Gobierno español la necesidad de cumplir dichos acuerdos para que el proceso no se rompiera y pudieran avanzar las negociaciones.

 

 

 

 

Un cambio «de facto» en las condiciones de negociación

GARA

DONOSTIA

 

Tras la celebración de varias reuniones entre representantes oficiales de ETA y del Gobierno español, la sospecha de que el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero ha querido utilizar la mesa de negociación y los tiempos del proceso en función de sus propios intereses y cálculos electorales se ha extendido en el seno de la izquierda abertzale. Tal es así que, según las fuentes consultadas por este diario, ETA habría llegado a valorar que la credibilidad del Gobierno ante la mesa de negociación estaba «muy tocada», puesto que, incluso habiendo reafirmado a lo largo de estos meses su voluntad y compromiso de cumplir los acuerdos alcanzados antes de la declaración de alto el fuego, posteriormente ha continuado violándolos, «de manera consciente y reiterada», a juicio de la izquierda abertzale. Así, la vulneración de los acuerdos habría cambiado de facto las condiciones de la negociación, ya que «la dinámica del Gobierno español ha ido minando las bases que sustentaban el proceso».

 

 

Negociación técnica

 

El problema surgiría, por tanto, de que el Ejecutivo no ha tenido voluntad para activar las medidas y mecanismos necesarios para cumplir los acuerdos.

 

Todo ello habría llevado a la organización armada a considerar que, hasta ahora, el Gobierno del PSOE sólo ha buscado desnaturalizar el carácter político del proceso y retrasar y bloquear el momento del acuerdo entre los agentes vascos, con el objetivo de restringir el proceso a una negociación puramente técnica.

 

Un bloqueo que impide abordar otras cuestiones

 

La ausencia de desarrollo de los compromisos políticos asumidos por el Gobierno sería, para ETA, el principal escollo y el motivo de bloqueo que ha impedido abordar en la mesa negociadora nuevos temas, como los relacionados con las consecuencias del conflicto. ETA situó la posibilidad de desbloqueo en clave política, y así se lo hizo saber al Gobierno. En ese sentido transcurrió el último encuentro, celebrado en diciembre.

 

Gara, 25 de enero de 2007

LA FAMILIA ES LA BASE DE OCCIDENTE. Mi respuesta es sí, ¿la tuya?

LA FAMILIA ES LA BASE DE OCCIDENTE. Mi respuesta es sí, ¿la tuya?

Es posible que la más grave tentación de nuestros días sea la tendencia al vaciamiento como primer compás de una política fashion: el hombre sin contenidos, el matrimonio sin contenidos, la educación sin contenidos, la política sin contenidos, los partidos sin contenidos. Kafka aparece de nuevo para recordarnos: "Existe un punto de llegada, pero ningún camino; aquello que llamamos camino no es más que vacilación".

 

El tufillo a calentamiento de urna pone en marcha todos los recursos para la elaboración de los programas electorales de los grandes partidos, con las próximas elecciones generales a primera vista. No es ya una quimera, la carrera de fondo ya ha comenzado, y no se juega precisamente en el pin-pan-pun del día a día. Las investigaciones de mercado funcionan y las estrategias de testado, también.

 

En unas recientes declaraciones de Jaime Mayor Oreja a la revista Huellas, del movimiento Comunión y Liberación, se refería a la anemia cultural y moral que padece Europa. Decía así: "Tenemos un problema dramático, y es que no sabemos reconocernos a nosotros mismos. Algún día se podrá y se deberá hablar más de diálogo de civilizaciones, pero en la medida en la que nosotros tengamos una idea más clara de cuál es nuestra civilización. Entonces tendremos los ojos abiertos, tolerantes, dialogantes, pero primero debemos tener la ambición de saber qué aspectos de nuestras convicciones y valores nos han permitido alcanzar un éxito político y económico como sociedades europeas. Si no nos conocemos a nosotros mismos, nuestro bienestar no sirve para nada porque estar en Europa no es vivir bien. Europa son unos principios y valores que tienen unas raíces cristianas evidentes y determinantes, decisivas en el origen, en el presente y en el futuro de nuestra unidad europea". José María Aznar se refirió, recientemente, a la primera y más principal tentación de Occidente: su destrucción, acaso programada silenciosamente por la ingeniería laicista.

 

Para el ciudadano medio, Occidente es un concepto genérico, que representa un horizonte lejano. A la hora de traducir esta realidad sustantiva, es más persuasivo referirnos a conceptos como libertad, democracia, persona, familia. Y ahí te quiero ver, caro dottore Aznar. Ahí queremos ver a los partidos políticos, en sus programas electorales, para lo cercano o para lo lejano. Pongamos por caso la cuestión de la familia. En Gran Bretaña, la familia se ha convertido en una pieza clave de la política social. Ha dejado de ser, en el imaginario social, una obsesión de los moralistas y de los reaccionarios. No son pocos los que se han empezado a dar cuenta que la familia es una cuestión de supervivencia. Por ejemplo, el líder del Partido Conservador, David Cameron, señaló recientemente que "las familias son la fuente última de la fuerza o la debilidad de nuestra sociedad. Las familias importan porque casi todos los problemas sociales que afrontamos dependen de la estabilidad familiar. Si los índices de matrimonio suben, si los de divorcio descienden, si más parejas permanecen juntas por más tiempo, ¿sería mejor nuestra sociedad? Mi respuesta es sí. Y por lo tanto yo estableceré un sencillo test para todas y cada una de nuestras políticas: ¿Ayuda a las familias?"

 

Los complejos, especialmente los de la derecha, sólo sirven para el verano. Una inteligente consideración del entramado social es convertir la virtud en necesidad. Si la defensa de la familia no alcanza a ser un eje transversal en la construcción de una sociedad por convicciones teóricas, al menos, que lo sea por imperativos de la realidad. Quizá algunos datos puedan ayudarnos, al menos, a que no nos llevemos a engaño: en términos generales, la parejas de hecho son, según el informe Breakdown Britain, dos veces más proclives a romperse que los matrimonios; el 70 % de los delincuentes proceden de familias monoparentales; la tasa de riesgo de pobreza en familias monoparentales es del 40%... y para qué seguir.

 

Ojo al contexto: la invasión de prestaciones "sociales" nunca puede sustituir la pertenencia. El vacío en las ideas en la política lo es, de forma similar, en la vida. En el corazón humano y de lo humano, la primera ley antropológica afirma que el vacío siempre tiende a llenarse; en la sociedad, la política del vaciamiento, también.

 

Por José Francisco Serrano Oceja

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 25 de enero de 2007

El Papa pide a los medios de comunicación educar a los niños en la belleza, no en la violencia

El Papa pide a los medios de comunicación educar a los niños en la belleza, no en la violencia

En el mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2007

 

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 24 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha lanzado un llamamiento a los medios de comunicación social para que eviten promover entre los niños la violencia o la vulgaridad, y les invita a educar «en el camino de la belleza, de la verdad y de la bondad».

 

Presenta su propuesta en el mensaje que este miércoles ha publicado con motivo de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2007, que se celebrará el 20 de mayo con el tema: «Los niños y los medios de comunicación social: un reto para la educación».

 

La misiva papal invita a reflexionar sobre dos aspectos: el primero es «la formación de los niños»; «el segundo, quizás menos obvio pero no menos importante, es la formación de los medios mismos».

 

«La relación entre los niños, los medios de comunicación y la educación se puede considerar desde dos perspectivas: la formación de los niños por parte de los medios, y la formación de los niños para responder adecuadamente a los medios».

 

«Surge entonces como una especie de reciprocidad que apunta a la responsabilidad de los medios como industria, y a la necesidad de una participación crítica y activa por parte de los lectores, televidentes u oyentes».

 

«En este contexto, la formación en el recto uso de los medios es esencial para el desarrollo cultural, moral y espiritual de los niños».

 

«Educar a los niños para que hagan un buen uso de los medios es responsabilidad de los padres, de la Iglesia y de la escuela».

 

«La educación para los medios debería ser positiva --añade--. Cuando se pone a los niños delante de lo que es estética y moralmente excelente se les ayuda a desarrollar la apreciación, la prudencia y la capacidad de discernimiento».

 

«En este punto, es importante reconocer el valor fundamental del ejemplo de los padres y el beneficio de introducir a los jóvenes en los clásicos de la literatura infantil, las bellas artes y la música selecta», aclara el Papa.

 

«La belleza, que es como un espejo de lo divino, inspira y vivifica los corazones y mentes jóvenes, mientras que la fealdad y la tosquedad tienen un impacto deprimente en las actitudes y comportamientos».

 

«Educar a los niños en el camino de la belleza, de la verdad y de la bondad, solo será favorecido por la industria de los medios en la medida en que promueva la dignidad fundamental del ser humano, el verdadero valor del matrimonio y de la vida familiar, así como los logros y metas de la humanidad», indica el mensaje.

 

El Papa reconoce que «los comunicadores se enfrentan con frecuencia a presiones psicológicas y especiales dilemas éticos viendo cómo a veces la competencia comercial fuerza a rebajar su estándar».

 

«Toda tendencia a producir programas --incluso películas de animación y video juegos-- que exaltan la violencia y reflejan comportamientos antisociales o que, en nombre del entretenimiento, trivializan la sexualidad humana, es perversión; y mucho más cuando se trata de programas dirigidos a niños y adolescentes», afirma.

 

Por este motivo el Papa exhorta «a los responsables de la industria de estos medios para que formen y motiven a los productores a salvaguardar el bien común, a preservar la verdad, a proteger la dignidad humana individual y a promover el respeto por las necesidades de la familia».

 

El mensaje del Santo Padre para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se publica tradicionalmente con motivo del día de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas, el 24 de enero para permitir a las conferencias episcopales, a las oficinas diocesanas y a las organizaciones de comunicaciones sociales contar con el tiempo suficiente para preparar los materiales audiovisuales para las celebraciones nacionales y locales.

 

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La superioridad moral de la derecha

La superioridad moral de la derecha

No digo que los de derechas no estén continuamente infringiendo su código. Pero su código moral es correcto. Bueno, es el único correcto. Por enésima vez me asalta un tema metafísico de esos que creo ineludibles cuando se mira al futuro. Nos resistimos a aceptar que haya conceptos etéreos que influyen en nuestro porvenir, pero es así: de determinadas concepciones destilan las creencias que orientan la acción política y socia de la humanidad. Durante milenios, en Occidente hemos succionado del cristianismo nuestras normas morales y nuestra concepción del bien y el mal, incluso, sin saberlo, desde que somos laicos. Eso se acabó, y creo que irreversiblemente (a menos que no ocurra un evento como una guerra, que suponga un revolcón moral).

 

La ideología cristiana ha ido unida estrechamente al concepto, creo que estoico, de naturaleza humana; como explica C.S. Lewis (el gran filósofo converso), así como hay unas leyes de la naturaleza, hay unas leyes morales con las que nace el ser humano, como demostraría, al parecer, el núcleo moral compartido por todas las religiones. Esto parece bastante acertado, y siempre me ha atraído ese optimismo, según el cual, en nosotros hay unos resortes que saltan cuando actuamos mal; según Lewis eso es una prueba de un Ser superior que ha designado que el ser humano sea ennoblecido sobre los demás seres vivos. Y creo que es convincente cuando critica las explicaciones alternativas (materialismo, panteísmo) por asignar a la naturaleza, sin querer, una intencionalidad de designio inteligente bastante contradictoria con su ateismo.

 

Obviamente, esos impulsos morales se refieren a un ideal inalcanzable, pues en la vida estamos constantemente obrando mal, ya sea en pequeñas o grandes dosis. Nuestra ilimitada capacidad de autojustificación nos lleva a incumplir sistemáticamente esa ley de Dios que, sin embargo, anhelamos cumplir (aún inconscientemente). Somos jueces muy considerados con nosotros mismos. No importa, dice C.S. Lewis: lo que sí importa es que tenemos un ideal noble, y que debemos corregirnos continuamente para intentar alcanzarlo. Yo siempre he creído que hasta el ser más abyecto quiere pensar bien de sí mismo. (Naturalmente, este continuo dialogo entre la mediocridad y el anhelo de perfección solo se resuelve en el más allá.)

 

Pero, a partir de aquí, es cuando surge mi pesimismo, pues me temo que esta noble concepción no cuadra con todos los ejemplos históricos. Quiero decir que si existen esos nobles impulsos son imperfectos y muy elásticos, con gran capacidad de adaptarse a cualquier código o religión. Tenemos el ejemplo del Corán, religión milenaria –que pretende basarse en la nuestra–, y en la que se apoyan miles de millones de islamistas para hacer el mal, o lo que nosotros consideramos el mal: No beben (¡benditos!), pero lapidan a sus mujeres cuando son simplemente sospechosas de adulterio, cortan manos, tienen como fin supremo la guerra santa, etc. Otro ejemplo: estoy rodeado de gente que vive como pez en el agua (o como cerdo en cochiquera) en una especie de religión subproducto de lo que una vez, que yo sepa, fue la primera religión laica: el marxismo (a su vez, hijo de la ilustración). Pese su evidente fracaso, con ella justifican cosas que, si somos decentes, tenemos que decir que están mal: por ejemplo, el GAL o pactar con terroristas. Ya se sabe, el fin justifica los medios.

 

No sé si se dan cuenta por dónde quiero ir: creo que esos famosos impulsos naturales existen, pero no son autosuficientes si no que se diferencian mucho según la religión de la que son deudores. Por muchos años fui un optimista y pensé que la religión no era tan determinante para la moral, sino una fase en la evolución de la cual, una vez cumplido su papel, la civilización se desprendería como una cáscara inútil. Ahora temo que las cosas son distintas, y que el progreso cívico no está garantizado con la inteligencia por sí sola. Eso me lleva a otra conclusión: que la derecha, mientras defienda los valores cristianos, tendrá una superioridad moral infinita sobre una izquierda que no sabe exactamente a qué atenerse, por el simple hecho de que han renunciado a su única fuente marxista y no la ha sustituido por otra. Estoy hablando, repito, de códigos, no de comportamientos. No digo que los de derechas no estén continuamente infringiendo su código. Pero su código moral es correcto. Bueno, es el único correcto. Y, por ello, respecto a España, me parece que lo que hace a diario este gobierno, trasladado a todos sus actos legislativos y ejecutivos (recordemos que ellos y sus electores, según sus creencias morales, lo ven moralmente correcto) es un permanente proceso de desarraigo moral con marchamo de irreversible.

 

Luis Hernández Arroyo

Libertad Digital, 24 de enero de 2007

La bomba deja secuelas

La bomba deja secuelas


Los trabajadores sociales de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, que pasan más de ocho horas al día atendiendo a personas afectadas directa o indirectamente por los atentados de los trenes, han publicado un estudio que pone de relieve cómo el daño causado por los terroristas se prolonga en el tiempo.

Más de la mitad de los afectados siguen necesitando ayuda psicológica, el estrés postraumático se prolonga, sufren horribles pesadillas recurrentes y muchos no han podido subirse otra vez a un tren. Son los efectos secundarios, físicos y mentales.

Hay otros menos visibles, los morales. Una bomba mata o hiere, te deja sordo o loco, y además encanalla socialmente. Un triste ejemplo de ese encanallamiento es lo que ha sucedido desde que hace tres semanas volara el parking de la T4.

La bomba suscita un primer destello de conciencia social en el que todo parece claro: los terroristas nos han vuelto a engañar, todas las energías que podamos poner al servicio de su derrota son pocas, la unidad frente al terror es un bien que es necesario recuperar... Pero ese primer fulgor es, en seguida, destruido por una onda expansiva de carácter moral que acompaña al atentado. Sólo un edificio socialmente muy sólido, con los cimientos bien afianzados, la absorbería sin resentirse. Pero en una sociedad como la nuestra, adormecida por un bienestar banal, alejada de la pregunta dramática por el sentido de la vida y de la muerte, aburrida y confusa, arremolinada bajo banderas ideológicas muy alejadas de las necesidades sociales reales, no amortigua el impacto, lo aumenta.

Zapatero, que no quiere romper el proceso de paz, que quiere seguir dialogando, que no quiere cargar con el error de haber emprendido un proceso frustrado, que está dispuesto a sembrar más confusión de la que ya hay para que la oposición no pueda rentabilizar sus errores, que no quiere decir una palabra clara no vaya a ser que se le entienda, alimenta la división. Y la oposición, con las mismas caras de siempre y con los mismos discursos de siempre, no está a la altura. Quiere evitar a toda costa que la vuelvan a engañar. Hace bien. Pero haría falta algo más: un mensaje más nítido, más propositivo.

Y entonces los efectos de la bomba llegan hasta la opinión pública con dos formas aparentemente muy diferentes que tienen una misma raíz. Como el Gobierno ensucia para lavarse la cara y la oposición no está a la altura, aparece el pretexto perfecto para dejarse vencer por la enfermedad del hastío, de la pasividad. La primera evidencia de que el atentado era algo que concernía a la vida de cada uno (de esa evidencia es de la que nacen las respuestas socialmente sanas), se disuelve rápidamente en un olvido deliberadamente buscado, se pone como excusa a los políticos. La otra enfermedad moral provocada por la bomba es la institividad ideológica: el atentado es entonces pretexto para distanciarse aún más de “los otros”, escudándose en los esquemas del “y tú más”. En ambos casos, olvido e instinto, el mal de la bomba nos distancia de la realidad.

Fernando de Haro (Páginas Digital, 24 de enero de 2007).


La bomba de ETA y la conspiración del 11M

La bomba de ETA y la conspiración del 11M

Lo que nos faltaba. Mientras crece el desconcierto y la confusión en torno a la actitud del PSOE y del Gobierno de Zapatero tras el atentado de ETA en Madrid del pasado 30 de diciembre, la Sala Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional ha decidido que se realice una nueva investigación sobre los explosivos utilizados en la masacre madrileña del 11 de marzo del 2004 y ha citado como testigos —entre los ¡cerca de 600 convocados!— a los etarras Parot, Vidal y Badillo, estos dos últimos relacionados con la furgoneta de ETA capturada en Cuenca que transportaba explosivos once días antes de la masacre de Atocha, dos decisiones que habían sido obviadas hasta ahora por el juez instructor del caso, Del Olmo, y que se van a incorporar al juicio del 11M una vez que el juez Gómez Bermúdez ha sido ratificado por tercera vez como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, tras dos recusaciones del Tribunal Supremo.

 

Estas decisiones del tribunal que juzgará la masacre de Atocha del 11M, aunque por el momento no prejuzgan nada, va a servir para excitar los ánimos políticos y mediáticos de quienes, como Acebes y Zaplana en el PP —y Aznar desde FAES— o El Mundo y la COPE, llevan ya mucho tiempo agitando el fantasma de una conspiración política y policial, y de extraños servicios secretos, en torno al atentado del 11M, para desmentir la exclusiva autoría islámica de la masacre e implicar a ETA en los atentados. Algo que tanto el Gobierno, el PSOE y los medios próximos al presidente Zapatero como el diario El País y la cadena SER habían desmentido reiteradas veces y, con motivo del atentado de ETA en Barajas, dado por definitivamente eliminado como hipótesis porque algunos de los padrinos de la teoría conspirativa habían sugerido que el proceso de negociación con ETA, y la predisposición inicial de la banda, pretendía entre otras cosas echar tierra sobre la presunta colaboración de ETA en la masacre del 11M. A juicio del Gobierno y de su entorno político y mediático, la bomba de ETA en Barajas desmentía esta versión y la propia teoría conspirativa.

 

La pregunta inmediata que ahora aparece en medio de lo que se anuncia, para empezar, como una nueva bronca mediática sobre la pretendida conspiración del 11M es si el PP, con Rajoy a la cabeza, o por impulso de Acebes y Zaplana, que han llevado una y otra vez al Congreso de los Diputados la citada conspiración, se va a limitar a esperar a ver qué ocurre en el juicio y si existe algún indicio mayor o prueba que permita ligar a ETA a los atentados del 2004 o si, por el contrario, se van a sumar desde ahora a la bronca de corte político y mediático que va a liderar el diario El Mundo, tal y como lo exigirán el director de esta publicación, Pedro J. Ramírez, y el gran agitador de la COPE, Federico Jiménez, a sus más allegados dirigentes del PP, los citados Zaplana y Acebes, más la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que ha apoyado a fondo la teoría conspirativa y que les puso al servicio de la misma los principales programas de Telemadrid.

 

La segunda cuestión que se plantea es la de hasta qué punto el PP y sus publicistas más aguerridos van a meter todo este lío de la conspiración del 11M en la campaña de las elecciones municipales y autonómicas de la primavera, que ya están a la vista, y en las que sin lugar a dudas ya iba a estar presente la bomba de ETA del 30D en Barajas, el empeño del presidente Zapatero de mantener abierta la esperanza de diálogo con ETA y el aislamiento del PP frente al que pretende ser un nuevo pacto antiterrorista, en el que la relación del PSOE con el PNV que lidera Imaz, pero que ha “secuestrado” Ibarretxe, parece el primer objetivo del palacio de la Moncloa, una vez que han decidido que el Pacto Antiterrorista del año 2000 firmado con el PP está obsoleto y no es operativo en las circunstancias actuales.

 

Si a todo ello añadimos el debate político/judicial sobre la situación del etarra De Juana Chaos; la disparatada decisión del PSOE de impedir que el PP pueda proponer, debatir y votar en el Parlamento sus iniciativas contra ETA para solicitar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas; la decisión de Ibarretxe —amparada por el fiscal Pumpido— de reunirse como ha hecho con Otegi a pesar de estar imputado por una reunión anterior y Otegi ahora procesado; y el anuncio, un tanto demencial, hecho por José Blanco de que la nueva política antiterrorista del Gobierno será “secreta” (sic). Si unimos todo esto y las novedades procesales por el 11M veremos que el escenario político, mediático y preelectoral que se nos presenta anuncia cotas de alta crispación y enfrentamiento político que veremos adónde conducen y cómo acaban.

 

Y a no perder de vista la escalada sin control, ante las narices tapadas y los ojos ciegos del Gobierno vasco; incluso la posibilidad de que ETA vuelva a hacer acto de presencia con un nuevo atentado, asunto que tiene muy preocupado al Gobierno, y por ello todas las actuaciones judiciales y sanitarias que se están llevando a cabo para impedir que el etarra De Juana Chaos muera como consecuencia de su huelga de hambre. Como de ahí también la utilización de Ibarretxe por Zapatero para que haga de correo intermediario entre el Gobierno y Batasuna/ETA, o la falta de respuesta policial inmediata a la bomba de Barajas y, por supuesto, la negativa del Gobierno a rehacer sus relaciones con el PP.

 

Estamos en un momento político crucial, muy complicado para el Gobierno, y también ante un test de prudencia para la oposición, aunque mucho nos tememos que, visto lo ocurrido con el debate parlamentario sobre la bomba de Barajas, y el aislamiento del PP y de Rajoy que propicia el Gobierno, el PP irá a por todas en línea con el discurso de Rajoy, y el PSOE hará lo mismo. A la espera unos y otros de que los ciudadanos que van a ser convocados a las urnas locales y autonómicas de mayo den su veredicto en unos comicios en los que posiblemente se hablará de todo menos de los asuntos propios de los ayuntamientos y la Comunidades que entran en liza. La culpa de este choque frontal que se percibe en el horizonte la tienen los dos, y especialmente el Gobierno que, tras la bomba de ETA que destrozo su famoso proceso de paz, ha sido incapaz de rectificar.

 

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 24 de enero de 2007

NO SE ATREVE A ROMPER CON EL CONSENSO SOCIALDEMÓCRATA. El drama de la derecha en España

NO SE ATREVE A ROMPER CON EL CONSENSO SOCIALDEMÓCRATA. El drama de la derecha en España

En 1936, el bando nacional surge de una amalgama de familias y tendencias políticas bien distintas: carlistas, monárquicos de Acción Española, democristianos de la CEDA, incluso nacionalistas de la Lliga... El único nexo que explica tal confluencia es la deriva totalitaria y revolucionaria de la República; la constatada amenaza de que la democracia parlamentaria fuera sustituida por un régimen socialista.

 

Durante la primera mitad del régimen que siguió a la Guerra Civil se conforma un sistema político con una fuerte carga ideológica y doctrinal; un sistema difícil de definir por esa diversidad intrínseca del bando nacional y porque, en éste, la propia guerra y la lucha contra el comunismo habían sido un factor de cohesión. Aun cuando el "nuevo Estado" presentó numerosos impulsos totalitarios (especialmente en las formas, por mimetismo con otros movimientos antiparlamentarios de la Europa de entreguerras), puede afirmarse que el peso de lo católico fue definitorio.

Es cierto que este último componente no estaba en el ánimo de los generales que dieron origen al alzamiento, pero la evolución del Gobierno republicano y los masivos asesinatos y persecuciones de que fueron víctimas las gentes católicas contribuyeron a que el factor religioso adquiriera un carácter central en el franquismo.

El nuevo régimen fue profundamente estatista, y dio por supuesto que la confesionalidad y los principios ideológicos que lo sustentaban eran de completa aceptación en el seno de la sociedad. De esta forma, junto a realizaciones inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de 1939 el peso del Estado creció enormemente, con lo que se desdibujaba en la práctica el principio de subsidiariedad recogido en las Leyes Fundamentales.

A partir de 1957, con el triunfo de la tecnocracia y la proclamación del "crepúsculo de las ideologías", la evolución del franquismo estuvo marcada por un deseo cada vez mayor de homologación con los países de Europa Occidental. Este deseo se articuló por medio de la despolitización de la sociedad española y de las propias instituciones oficiales.

Por otra parte, seguían vigentes el estatismo, la falta de confianza en el protagonismo de la sociedad civil y el abandono de la cultura. Asimismo, en la cultura y en la sociedad empezaron a calar una serie de principios izquierdistas con un fuerte componente de comunismo gramsciano. Sirva la universidad como ejemplo sintomático de lo que ocurrió: como, para el régimen, no tenía sentido la existencia de universidades de iniciativa social o católicas, pues ya el Estado era "conservador y católico", la universidad española de la última etapa del franquismo (desde mediados de los 60 en adelante) estaba fuertemente marxistizada.

Todo ello nos demuestra que ninguna coraza estatista –por muy "conservador" que sea el discurso oficial, o el envoltorio ideológico– puede suplir a la sociedad civil en el desempeño de su tan necesario quehacer. A largo plazo, tanto las libertades concretas como el desarrollo social próspero y virtuoso sólo pueden alcanzarse si se cuenta con una sociedad civil fuerte y sana.

La política del franquismo afectó a la propia base social conservadora. Los sectores de la derecha, en lugar de defender con gallardía sus principios intelectuales y, al mismo tiempo, reconocer que la forma política concreta estaba marcada por la guerra y la presencia de Franco (un régimen atípico para un país atípico), lo cual presentaba inconvenientes, optaron por lo contrario: abjurar de los principios (o al menos silenciarlos) y defender numantinamente la forma política concreta.

La consecuencia fue la desmovilización intelectual del conservadurismo español, así como el descrédito de esta tradición intelectual ante los neutrales o moderados. En este contexto, la derecha carece de un modelo que proponer cuando comienza la Transición.

Por otro lado, los políticos conservadores, en vez de reivindicar a la derecha como verdadera artífice de la reforma política, fueron presa de un complejo de culpabilidad derivado de haber colaborado con el régimen que ellos habían dinamitado desde dentro para traer la democracia. Es sintomática, en este sentido, la labor de gobierno de la UCD, partido creado al amparo del Movimiento y que realizó una continua descalificación de "la derecha", contribuyendo, así, al corrimiento ideológico del país hacia una izquierda que aún proponía, como modelo político, el socialismo real, responsable del Gulag y del mayor genocidio de la historia.

El cambio de régimen de 1975 supuso un pacto de convivencia por el que los representantes políticos de la derecha, básicamente la UCD, incluso amplios sectores de la Iglesia, abandonaron gran parte de sus principios, pues las concesiones fueron sustanciales.

La necesidad de cambio era indiscutible, pero habría sido exigible a los primeros Gobiernos de la democracia una mayor talla política. Una vez más, el abandono de la cultura y de los principios fue absoluto, y la configuración del nuevo sistema dejó a la sociedad absolutamente indefensa ante el Estado, en una situación mucho peor que la experimentada en otras democracias occidentales.

El sistema autonómico, tal y como está configurado; el enorme poder de los partidos políticos, así como su influencia en la Justicia; el peso dado, gratuitamente, a unos sindicatos muy estatistas, la ausencia de separación real de poderes o el propio sistema electoral (increíblemente consagrado, al estar reglado en la misma Constitución) son una fuente de inestabilidad y de estatismo desmesurado.

Pese a ello, y salvando aquellos primeros y turbulentos años de la Transición, la mayoría de la sociedad española vivió serenamente confiada en el proceso político que comenzó con el cambio de régimen.

Estos años no han estado exentos de momentos y situaciones muy graves, especialmente los provocados por el terrorismo. Se ha convivido con coyunturas económicas duras, sobre todo en los primeros años, así como con crisis políticas de envergadura, como la descomposición de la UCD o la más lenta debacle del PSOE, causada por su generalizada corrupción interna. De hecho, durante estos años se han producido cambios legislativos y sociales muy graves y de muy profundo calado, que han transformado el sentir y el pensar del pueblo español.

El ciudadano de derechas, o de centroderecha, ha contemplado estos cambios con sorprendente mansedumbre y resignación. Creemos que han sido varios los factores que han hecho esto posible:

– Por un lado, el cambio de régimen partía del presupuesto implícito de que había mucho que ceder para conseguir tanto la cohesión social como una convivencia pacífica y estable. De algún modo, era lo que tocaba.

– Especialmente significativo es, aquí, el hecho de que el ciudadano católico (incluyo aquí sólo a aquellos a los que la fe y la cultura católicas les hacen ver el mundo de una determinada manera, configurando su vida de una forma consciente), en su mayoría englobado en el entorno de derecha o centroderecha, también ha aceptado unos cambios sociales especialmente agresivos para la cosmovisión católica. El pacto tácito de la Transición hizo pensar a muchos que había que transigir, en aras del pluralismo, hasta alcanzar una situación de equilibrio, estable, en la que todos estaríamos cómodos.

– Las referencias para estos ciudadanos, los partidos de centroderecha (UCD y PP), y en muchas ocasiones amplios sectores de la Iglesia, han mandado sistemáticamente este mensaje, dejando en una situación muy comprometida a quien discutiera o planteara cuestiones de calado al proceso. Discutir la forma en que se estaba planteando el modelo parecía significar que se cuestionaba el propio régimen de libertades que otorga un sistema democrático parlamentario.

– La iniciativa cultural y social ha sido siempre de la izquierda. Los sectores más tradicionales y católicos no tenían la conciencia militante que otorgan la reivindicación y la mentalidad de "agredido". La comodidad no favorece la iniciativa ni el compromiso.

Sin embargo, en estos momentos, y por primera vez en los últimos 30 años, un gran sector de la población vive en España con la conciencia y la percepción de que las cosas no marchan bien, y esto en un sentido profundo de la expresión; con la sensación de que hay algo de fondo que se resquebraja y de que no es posible mantener por más tiempo un optimismo voluntarista.

Los sucesos del 11 de marzo de 2004 y los resultados electorales de ese mismo fin de semana supusieron una conmoción que dejó a la mitad del país con una sensación de agravio, injusticia y desamparo.

En nuestra opinión, en una buena parte de esa mitad del país el problema es sólo accidental, y se reduce al amargor por la derrota del Partido Popular y por cómo se produjo. Sin embargo, para un porcentaje significativo de dicha "mitad" ese momento ha supuesto la cristalización de un proceso más profundo y lento: el agotamiento del dogma que dice: "Pese a los problemas que veo, el país va, en su conjunto, a mejor, aunque yo no lo vea".

Este cambio de mentalidad, esta nueva actitud, se explica desde diversas causas que confluyen:

– Por un lado, simplemente se ve con más claridad las consecuencias derivadas de unos principios culturales y morales que se han venido implantando en nuestro país en estos años, así como de unas soluciones políticas que tal vez no hayan sido las óptimas. Las delirantes iniciativas legislativas del Gobierno de Zapatero hacen esto más evidente.

– La aceptación por gran parte de la sociedad del denominado "proceso de paz" debiera hacer pensar a los políticos del PP que gobernar no es gestionar el IRPF o el IPC. La no proposición de un modelo social y cultural, la destrucción de la familia y la instauración de un materialismo zafio es algo que hunde la vitalidad moral de la sociedad, conduce a una pérdida del capital social más valioso y –tal vez lo único que les interese– representa un suicidio político.

– Los ocho años de Gobierno del Partido Popular y su abrupto final han evidenciado para muchos:

1) La falta de modelo cultural en el PP, que no cambió el panorama mediático ni el educativo con medidas realmente liberalizadoras, que permitieran la entrada de aire fresco y el establecimiento de un auténtico debate intelectual. Antes bien, se mantuvo la política estatista y de subvenciones; pensaron que tal vez así se ganarían a la "inteligencia" cultural.

2) Que desde un Gobierno "de derechas" se profundizó en el acoso y destrucción de la familia, con medidas sin las cuales no serían posibles los nuevos pasos en la misma senda que ahora da el Gobierno del PSOE.

3) La paradoja de un partido conservador que no es consciente de que contribuye a debilitar las estructuras naturales de la sociedad civil, precisamente aquéllas que, a medio y largo plazo, favorecen su modelo teórico de sociedad y, por ello, sus posibilidades electorales.

– Todo parece indicar que la izquierda y los nacionalismos han dado por terminada la Transición e intentan retomar la ruptura política que no pudieron acometer en 1975. Una vez más, se comprueba que el juego democrático con un marco establecido sirve a la izquierda y a los nacionalismos mientras puedan conseguir avances para sus posiciones. Pero parece que no estaban dispuestos a tolerar otra victoria de un Gobierno no izquierdista. Esto provocó, especialmente en los últimos dos años de Gobierno popular, una actitud muy violenta contra el PP, pasándose de la demagogia habitual a episodios realmente totalitarios y coactivos. La izquierda, así, consiguió movilizar a sus bases, pero también abrió los ojos a mucha otra gente, "empujándola" hacia la derecha, que reclamó el mismo derecho que la izquierda a opinar, manifestarse y no aceptar el discurso oficial imperante.

Este incipiente cambio de mentalidad permite albergar esperanzas sobre la regeneración política y social que España necesita. Pero nada se podrá hacer si no se parte de la premisa, realista, de la tremenda debilidad de la sociedad civil española y del complejo que lastra a los políticos e intelectuales "conservadores" españoles.

La única duda es si podemos esperar algo serio del actual partido de la oposición o si, por el contrario, su ensamblaje en el sistema del "consenso", el estatismo y el dinero público fácil en que viven todas las formaciones políticas le hace incapaz para cualquier tipo de reacción, especialmente para la que España precisa.

Mientras podamos resolver esta duda, sólo nos queda afianzar nuestros principios, crear redes sociales, instituciones o fundaciones donde poder establecer debates reales sobre ideas, formar en los principios conservadores a nuestros mejores jóvenes, contribuir al debate público mediante revistas, publicaciones… Es urgente defender públicamente, donde podamos, que una concepción conservadora de la sociedad es lo más favorable para todos –especialmente para los más desfavorecidos económicamente–, que no hay libertad sin libertad económica y que no se puede ser una sociedad libre si no se es una sociedad virtuosa.

En definitiva, nos queda por hacer aquello que más teme el consenso socialdemócrata imperante: luchar por que la nuestra sea una sociedad verdaderamente libre.

© Fundación Burke

ANTONIO ARCONES, presidente de la Fundación Burke.

 

Libertad Digital, suplemento Ideas, 24 de enero de 2007

Homenaje de la AVT a las victimas del terrorismo en Zaragoza

Homenaje de la AVT a las victimas del terrorismo en Zaragoza

 

El próximo día 30 de enero, se cumplen 20 años del día en que la banda terrorista ETA cometió un atentado mediante un coche bomba, contra un autobús de la Academia General Militar en Zaragoza, asesinando al Cte. D. Manuel Rivera Sánchez y al conductor civil D. Ángel Ramos Saavedra y causando heridas a más de 35 personas.

 

Es de destacar también, que de los heridos en el atentado y destinados en la Academia, han fallecido posteriormente D. Marcos Conde Tomas, D. Manuel Melo Arnás y D. Enrique Alcaide Ortiz.

 

Al llegar este 20 aniversario, la Asociación de Víctimas del Terrorismo quiere recordar y homenajear a las víctimas de este terrible atentado de una manera especial y también a todas las personas que han padecido la lacra del terrorismo

 

El acto será el día 30 de enero a partir de las 19,00 h. Consistirá en una sencilla ofrenda floral y encendido de velas en el lugar del atentado (Plaza de San Juan de los Panetes), seguido de un minuto de silencio y una lectura de homenaje a cargo de una victima. A continuación a las 19,30 horas se celebrará una misa en la Iglesia de San Juan de los Panetes.

 

Quedan invitados quienes deseen a acompañarnos en tan solemne ocasión.

 

En este sentido, la AVT procede a realizar un llamamiento a la ciudadanía para que participe en el citado homenaje en recuerdo de las personas asesinadas por distintas bandas terroristas en nuestro país.