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“Mayo, 1937: La desmemoria histórica”

“Mayo, 1937: La desmemoria histórica”


No hace falta acudir a las últimas películas bélicas de Clint Eastwood para saber que con la conmemoración de ciertos sucesos trágicos puede obtenerse el efecto contrario al públicamente confesado. Ha ocurrido así demasiadas veces. Hilvanados de manera afectiva y dolorosa, al abrigo de dudas y revisiones, a menudo, los monumentos, los cenotafios, los minutos de silencio… no dicen: “para que no olvidemos”. Dicen: “para que no recordemos”. No son una requisitoria para conocer y dar a conocer los hechos en su incandescente realidad. Son una selección parcial y autocomplaciente de los acontecimientos.

 

Hablo de la frágil frontera que hay entre la conmemoración y el olvido, entre el culto a los muertos y la tergiversación del drama que se llora, porque, desde hace tiempo, la sociedad española vive la inflación de una memoria que se ha designado a sí misma con el benevolente adjetivo de “histórica”. Una pasión retrospectiva que nos ha conminado a la rememoración obsesiva de la guerra civil. Y no para despertar tras la amnesia, como dice la izquierda intelectual y política, sino para consagrar una visión profundamente maniquea y distorsionada de los acontecimientos.

 

Luz deslumbrante de romanticismos, nada más fácil hoy que entender 1936-1939 como una guerra entre un único culpable, encarnación del mal y el fascismo, y una riquísima legión de inocentes, encarnación del bien y la democracia. Nada más cómodo que trazar una línea divisoria entre los crímenes cometidos en uno y otro bando: mientras en el franquista serían el resultado de una calculada política de exterminio en el republicano se diluyen en una supuesta reacción del pueblo oprimido. Nada más fácil que hacer del bando acaudillado por Franco un monolito de lo grotesco y lo asesino. O sugerir que las iglesias sólo eran atacadas cuando los fascistas las utilizaban como fortalezas.

 

Digámoslo una vez más: identificar la democracia con los republicanos es, además de un mayúsculo anacronismo, una gran falla histórica. Socialistas, anarquistas, comunistas, revolucionarios del POUM… no combatieron en defensa de la legalidad republicana, que consideraban de papel, sino por la construcción de una sociedad y un país distinto al demoliberal de 1931. Lucharon por… una revolución, ilusión que no sólo acompaña su historia: es constitutivo de ella. Todos ellos, además, siempre se gloriaron de lo que querían ser y, por consiguiente, llegarían a ser.

 

En el siglo XIX el ejército inglés tenía una compañía que recogía los huesos de los campos de batalla europeos para molerlos y usarlos como fertilizante. Bien: conjurar la faceta revolucionaria de un sinfín de combatientes republicanos no sólo significa borrarles el rostro, arrebatarles el nombre y la promesa, negarles su ser y sus siglas, hurtarles su alma prometeica. No sólo supone convertirlos en abstractos defensores de aquello que siempre fue objeto de sus detracciones: el universo burgués. También supone reutilizar la fisonomía democrática que les dibujamos como fertilizante de nuestras actuales refriegas políticas.

 

Ni que decir tiene que este revisionismo sentimental a base de mentiras descaradas es un factor utilísimo para la izquierda hoy en el poder, que ha sido quien ha lanzado la ofensiva. Sobre todo porque se declara única heredera de una tradición y un pasado que se quiere presentar como valor intrínseco, como nueva religiosidad. Sobre todo si felizmente se logra identificar a la derecha actual con el negro fantasma del franquismo. Como si disfrazarnos con las máscaras del ayer o responsabilizarnos los unos a los otros de fusilamientos y bombardeos equivaliera a establecer los hechos y situarlos en su contexto. Como si decir que la narración de la historia corresponde a la ley fuera algo tan inofensivo como una vuelta en un tiovivo. Recuérdese el exilio. Recuérdese los fusilamientos franquistas. Recuérdese Guernica. Hágase contrición. Pídase perdón…

 

Sólo podemos enfrentarnos a la verdad que se oculta tras el luto nacional liberándonos de las abstracciones, sólo hacemos justicia a los combatientes si los recordamos tal como fueron, si escribimos su nombre, todos los nombres, yendo hasta el final del drama.

 

Pero la vía de la memoria histórica es otra. Lo documenta el silencio que ha rodeado a mayo en su aniversario, Barcelona en sus violentos combates entre anarquistas, miembros del POUM y comunistas. Porque los sucesos de mayo de 1937 son más importantes de lo que podrían parecer a simple vista. Separan la realidad del mito. Y reflejan dos hechos sobre los que existe un claro consenso historiográfico. Primero: la República que nació el 14 de abril de 1931 había muerto antes de que acabara la guerra civil. Segundo: en el bando republicano, bajo el estandarte unificado de su carácter resistencial al fascismo, además de la llama apagada de una izquierda liberal, latía un volcán de pequeñas repúblicas revolucionarias y de poderes que se ejercían a punta de fusil, con su séquito de violencias y de asesinatos, un volcán de fuerzas heterogéneas, hostiles unas a otras.

 

No hay mejor testigo de lo primero que Manuel Azaña. Tentado por el abandono ya en 1936, después de comprobar que la crueldad y la venganza, “hijas del miedo y la cobardía”, también definían su propio campo, el presidente de la Segunda República vivió paralizado, sitiado en Barcelona, los sucesos de mayo. Leyendo sus diarios se da uno cuenta de la gravedad de la guerra civil para aquellos a quienes no les parece la aurora de un nuevo día sino el crepúsculo del anterior. En su cuaderno de la Pobleta, 20 de mayo de 1937, refiriéndose al histérico espectáculo revolucionario que le ha ofrecido la ruidosa Ciudad Condal, escribe: “Aquí no queda nada: gobierno, partidos, autoridades, servicios públicos, fuerza armada: nada existe.”

 

Testigo de lo segundo: Orwell. Tras el liberal que ha querido gobernar con un buen discurso, el último romántico. Los días del fascismo están en su apogeo. Orwell no lo duda ni un segundo. Si viaja a España como miliciano es para luchar “contra el fascismo”. Si se le pregunta por qué, contesta: “por simple decencia”. Pero, después de la persecución que sufre en Barcelona, como miembro del POUM, vuelve a Londres con la convicción de que la guerra civil española es un fraude. Orwell sabe bien lo que dice. Es uno de los rarísimos intelectuales comprometidos del siglo que es capaz de ver y que coloca la realidad por encima de la abstracción. Siguiéndole, escuchamos los pistoletazos de una sindical contra otra y descubrimos parte del papel desempañado por el partido comunista, que tras la máscara de la autoridad pública y el orden republicano efectúa la conquista del poder y la confiscación de la libertad. Siguiéndole, vemos cómo se deshace el resorte político del antifascismo y cómo los servicios soviéticos crean un doble fondo de prácticas policíacas, con sus procedimientos, sus agentes, sus prisiones independientes del Estado. Toda la represión que liquida a los revolucionarios del POUM y quebranta el entusiasmo anarquista después de las sangrientas jornadas de mayo de 1937 llevaría el inconfundible sello comunista: las acusaciones, la falsificación de testimonios, las confesiones obtenidas por medio de la tortura, los asesinatos.

 

No se trata – un ejemplo – de elevar el asesinato de Nin, líder del POUM, al grado de mayor crimen de la guerra civil. Se trata – por seguir con el mismo ejemplo – de no repetir el desinterés respecto de la verdad que mostró el jefe de gobierno Negrín cuando a la pregunta de su ministro Irujo “Nin no ha aparecido”, contestó: “¿Qué importa? Es uno más.” Se trata de no borrar el rostro de la guerra en el bando republicano bajo un amplio y único colorete de pasiones democráticas.

 

Antes, los que no aprendían de la historia tenían que repetirla, pero eso fue así solo hasta que descubrimos la forma de convencer a todo el mundo, incluso a nosotros mismos, de que la historia nunca sucedió. O de que sucedió de la manera más conveniente a los propios fines. O, mejor aún, de que la historia no importa, en cualquier caso, más que para hacer un discurso de bajo nivel intelectual con el que dar un ladrillazo al adversario político o prolongar el exabrupto victimista.

 

Época extraña la que vivimos hoy en España. Dondequiera triunfan las filosofías del doble pensamiento, y con ellas, ese romanticismo de mala ley que prefiere sentir a comprender, como si ambas cosas pudieran separarse. Época en la que la izquierda intelectual y política denuncia el fascismo del pasado y reviste al comportamiento totalitario de Otegi y compañía con los halagos de la urna electoral. Época de doble moral, doble palabra. Época, en fin, de maltrato de la inteligencia, en la que se manipula el pasado y se nos hurta el presente, en la que hemos visto cómo el presidente del Gobierno, al igual que Negrin en 1937, puede dedicarse al servicio de la ignorancia cuando es profunda la necesidad de ilusión.

 

Fernando García de Cortázar, catedrático de Historia Contemporánea, que ha publicado recientemente Los perdedores de la Historia de España (editorial Planeta).

El Mundo, 31 de mayo de 2007

LA AVT EXIGE QUE EL ASESINO DE JUANA VUELVA A LA CÁRCEL TRAS RECIBIR EL ALTA MÉDICA

LA AVT EXIGE QUE EL ASESINO DE JUANA VUELVA A LA CÁRCEL TRAS RECIBIR EL ALTA MÉDICA


El alta médica tras las elecciones del pasado 27 de mayo es una evidencia más de que el Gobierno sigue adelante con el proceso de rendición ante ETA

 

La Asociación Víctimas del Terrorismo exige que el asesino De Juana Chaos vuelva a la cárcel de forma inmediata para cumplir la condena de tres años de cárcel que le impuso el Tribunal Supremo.

 

Después de que el etarra haya recibido hoy el alta médica, para la AVT sería una irresponsabilidad muy grave que el Gobierno no decida mandarlo a la cárcel, el sitio que le corresponde, y siga cediendo al chantaje de este asesino y de ETA.

 

Tras la supuesta huelga de hambre, motivo por el que Instituciones Penitenciarias decidió trasladar a De Juana al País Vasco, las víctimas del terrorismo no están dispuestas a que el Gobierno se siga riendo de ellas y no haga Justicia.

 

El Estado de Derecho no puede permitir que se siga atropellando, sin razón alguna, la memoria y la dignidad de las víctimas del terrorismo. Por este motivo, la Rebelión Cívica impulsada por las víctimas seguirá movilizándose y no permitirá que se produzca ninguna injusticia más sin el rechazo de la sociedad española.

 

Para la AVT, el hecho de que De Juana reciba el alta médica tras las elecciones del pasado 27 de mayo es una evidencia más de que el Ejecutivo tiene todo muy bien calculado y sigue adelante con el proceso de rendición ante ETA.

 

La AVT quiere recordar que la última cesión del Gobierno ha sido permitir que los representantes políticos de los asesinos puedan estar en las instituciones vascas y, por lo tanto, logren una financiación que les pueda ayudar a seguir sembrado dolor y miedo a todos los españoles.

 

 

La Santa Sede establece relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos

La Santa Sede establece relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 29 mayo 2007 (ZENIT.org).- La Santa Sede y los Emiratos Árabes Unidos han decidido establecer de común acuerdo relaciones diplomáticas, anunció un comunicado conjunto emitido este jueves.

 

Según explica el texto, la decisión tiene por objetivo «promover relaciones de amistad mutua y de desarrollar la cooperación internacional».

 

Según este paso, la Santa Sede abrirá una nunciatura apostólica en Abu Dhabi y los Emiratos Árabes Unidos una embajada en Roma, según lo establecido por la Convención de Viena sobre las relaciones diplomáticas del 18 de abril de 1961.

 

El acuerdo ha sido firmado por el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, como representante de la Santa Sede, y por Abdulaziz Nasser Al-Shamsi, embajador y representante permanente de los Emiratos Árabes Unidos ante la ONU, como representante del gobierno de esta Federación.

 

Los Emiratos Árabes Unidos son una Federación de siete emiratos independientes con una población de más de cuatro millones de habitantes, con un alto porcentaje (más del 70%) de trabajadores extranjeros.

 

La mayoría de la población es musulmana, religión del Estado, aunque se considera que en el país viven más de un millón de cristianos, en su mayoría católicos, pertenecientes a más de cien nacionalidades.

 

Una nota explicativa difundida por el Vaticano explica que «en la Constitución se afirma la libertad religiosa y los cristianos pueden realizar sus actividades religiosas públicas en las iglesias y en las parroquias».

 

Los Emiratos Árabes Unidos forman parte del vicariato apostólico de Arabia, que tiene su sede en Abu Dhabi, y está confiado al obispo Paul Hinder, O.F.M.Cap.

 

En el país, hay siete iglesias y en ellas se celebra la misa en diversos ritos y lenguas. Se espera la autorización para la construcción de nuevos edificios de culto. Congregaciones religiosas prestan su labor educativa en siete escuelas

 

Con los Emiratos Árabes, 176 estados mantienen relaciones diplomáticas con la Santa Sede.

 

A éstos se suman las Comunidades Europeas y la Soberana Orden Militar de Malta y dos misiones con carácter especial: la misión de la Federación Rusa y la Oficina de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

 

Cuando Juan Pablo II fue elegido obispo de Roma, en 1978, la Santa Sede mantenía relaciones diplomáticas con 85 países.

 

Entre los países con los que la Santa Sede todavía no mantiene relaciones diplomática plenas se encuentran la República Popular China, Vietnam, Corea del Norte, y Arabia Saudí.

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Primera visita a España del presidente francés. Sarkozy: inmigración, identidad nacional, voto étnico y otros tabúes

Primera visita a España del presidente francés. Sarkozy: inmigración, identidad nacional, voto étnico y otros tabúes


El correcto neoliberal se ha convertido en un polémico nacional-liberal. Sarkozy empieza a gobernar con mucha esperanza a su alrededor, pero también entre la incertidumbre y la desconfianza. Las reformas prometidas son de tal calado que no podrán acometerse sin conflictos. ¿Cuánto tardarán en hacerle la primera huelga? También Chirac empezó con muchas ganas y acabó instalado en el aburrimiento más absoluto. Y además está la cuestión de la política exterior, donde Sarkozy parece alentar un cambio nada desdeñable. Radiografía de una incógnita.

 

La dinámica electoral muy favorable a la derecha francesa debería proseguir en los comicios legislativos del 10 y el 17 de junio. Según los últimos sondeos, después del triunfo de Sarkozy en las presidenciales, su partido, la UMP, y sus aliados obtendrían la mayoría absoluta con más de 300 escaños. Dos de cada tres franceses se han declarado satisfechos por su nuevo presidente y su equipo ministerial. Un record que sólo De Gaulle batió hace muchos años. La masiva participación electoral en la primera vuelta de las presidenciales (casi el 85%), ha sido unánimemente saludada como una clara manifestación de adhesión a la democracia. ¿Expresión de una confianza renovada en la clase política o producto del voto útil? ¿Fe inquebrantable en el sistema político, relegitimación de la partitocracia u opción por el mal menor, esa simple y habitual reacción de miedo suscitada por las hábiles y miméticas campañas de rechazo al adversario? Sea lo que sea, la adhesión al cambio ha sido importantísima y las expectativas levantadas por Sarkozy son enormes.

 

Paradójicamente, durante la campaña los principales candidatos expresaron, sin el menor pudor y casi al unísono, los mismos temas populistas y antisistema. Todos lamentaron el intolerable desposeimiento democrático del pueblo. Todos se declararon en ruptura absoluta con el pasado de sus propias familias políticas. Sarkozy, extraordinario profesional de la política-espectáculo, hizo todo lo posible para que su nueva postura "nacional-liberal" no fuera contaminada por su vieja y ambigua imagen de ministro neo-liberal de Jacques Chirac. Ségolène Royal, la carismática y moderada socialista, partidaria de la "política de compasión", a su vez amiga de Blair y simpatizante de la tercera vía laborista inglesa, se opuso sin tregua a los arcaísmos de los llamados "elefantes" del PS. François Bayrou, el pusilánime demócrata-cristiano, paladín de la vieja idea según la cual una comunidad no puede estar dividida en dos bandos sin que la situación se vuelva tarde o temprano conflictiva y explosiva, denunció con virulencia el "sistema bipolar", la “lamentable” separación derecha-izquierda. Incluso el viejo líder de la derecha nacional, Le Pen, recurrió a la ayuda de su hija y del escritor marxista Alain Soral para intentar suavizar su imagen negativa y contrarrestar los efectos de su diabolización en los medios de comunicación.

 

¿Neo-liberal o nacional-liberal?

 

Pero al juego de mejor candidato para el cambio no podía dejar de ganar el mediático "hombre providencial" Sarkozy. Al principio de la campaña, Sarkozy era ante todo el candidato preferido de los directivos superiores, de los miembros de la "jet society", de los aprovechados de la mundialización, del llamado "complejo militar-industrial y mediático" y de los neo-conservadores americanos. Era el representante muy convencional de la derecha neo-liberal favorable al capitalismo; esa derecha que confunde el capitalismo patrimonial e inversor, anclado en un espacio dado, con el capitalismo financiero y especulador a nivel mundial; esa derecha que no distingue entre propiedad privada y omnipotencia de las multinacionales; esa derecha que no entiende que el capitalismo destruye los valores de la derecha (la tradición, el arraigo, el sentido de lo sagrado, el lazo orgánico con una comunidad de hombres y de valores).

 

Pero justo a tiempo Sarkozy supo cambiar de estrategia. Así pudo captar el voto de los pequeños empresarios, artesanos y comerciantes, de gran parte de las clases medias y populares, en suma, el voto de las categorías sociales que a menudo son víctimas de la mundialización. Ante el riesgo que representaba Ségolène Royal, Sarkozy tuvo el acierto de abandonar el discurso convencional, vergonzante y tecnócrata de los neo-liberales para presentar a la mayoría de la opinión publica un nuevo mensaje claro e inequívoco; el mensaje que ella quería y esperaba oír. El discurso de una derecha sin complejos, de un nacional-populismo basado en la afirmación del trabajo, del esfuerzo, del mérito, de la disciplina, de la autoridad, de la moral y de los deberes frente a los derechos.

 

Por primera vez, un ministro en funciones sacudió los tabúes de la sociedad francesa. Denunció el relativismo moral e intelectual, "el espíritu de mayo 68", criticó el pensamiento único, subrayó la importancia de la identidad nacional, reclamó el fin del arrepentimiento, reivindicó el retorno de la historia y de la identidad nacional, afirmó sin rodeos su voluntad de luchar contra la inseguridad y la inmigración ilegal, rechazó la posibilidad de regularización masiva de los clandestinos en el futuro, se alejó del economicismo neo-liberal denunciando las deslocalizaciones y pidiendo la moralización del capitalismo financiero, prometió reducir los impuestos e instaurar un "escudo" o límite fiscal para que los más ricos dejen de llevarse su dinero fuera, finalmente defendió la preferencia comunitaria para Europa y dijo un no rotundo a la entrada de Turquía en la UE. Todo esto lo prometió, lo volvió a prometer, jurando incansablemente que cumpliría con su palabra cueste lo que cueste.

 

Las contradicciones de la sociedad francesa

 

Ahora, si no quiere traicionar a sus votantes, Sarkozy tiene que reformar la sociedad francesa y hacerlo lo más pronto posible. Inevitablemente, sus reformas despertarán tensiones dentro de su propio campo y nutrirán las filas de los descontentos, pero no tiene otra opción que actuar sin tregua. Varios sectores clave necesitan reformas urgentes. Entre ellos la educación, las pensiones, el seguro de enfermedad, el déficit público, la inseguridad y la inmigración clandestina. El problema es que todos son temas sensibles y poco dados al consenso.

 

El discurso de Sarkozy sobre el "valor trabajo" ha sido plebiscitado por los pequeños y medianos empresarios y por los trabajadores del sector privado, pero la inmensa mayoría de los empleados del sector público y los directivos medianos de las grandes empresas no comparten el mismo criterio. Para ellos, la reforma de las 35 horas de trabajo y la liberalización del Código laboral son inaceptables. Por lo tanto, a corto o medio plazo el conflicto con las grandes centrales sindicales parece inevitable. En términos de nivel de sindicalización y de representatividad, aquéllas cuentan poco (el 8% de los asalariados), pero tienen una fuerte capacidad de movilización.

 

Como ministro del Interior, Sarkozy no pudo solucionar realmente el problema de las zonas de "no derecho", el de la delincuencia de los suburbios, ni tampoco el de las constantes entradas de nuevos clandestinos. ¿Lo podrá hacer el nuevo Presidente con el apoyo de los antiguos ministros de Chirac? Ya se sabe que la menor medida contra la inmigración clandestina, incluso las más cosméticas, suele provocar inmediatamente un conflicto con el potentísimo lobby inmigracionista (redes de militantes trotskistas, periodistas, abogados, médicos, jueces, educadores, asistentes sociales cuyos trabajos dependen directamente del número de "excluidos"). ¿Podrá dominar los flujos migratorios Sarkozy, cuando la mayoría de dichos flujos se basa en la "reagrupación familiar", en las numerosísimas bodas entre franceses de origen inmigrado con extranjeros provenientes de países de sus familias? ¿Se atreverá Sarkozy a exponerse a los arriesgados efectos de nuevas explosiones étnicas en los suburbios habitados por los inmigrantes? En cualquier caso, no podrá comportarse como el avestruz. El reloj juega contra él.

 

En la primera vuelta de las presidenciales, el "voto étnico", es decir, basado en las pertenencias religiosas y etno-culturales, fue masivamente a favor de la izquierda y de la extrema izquierda. Ségolène Royal se llevo el 64% del voto musulmán, los candidatos de la extrema izquierda el 14%, Le Pen el 1% y Sarkozy otro 1%. Las figuras "antirracistas" más relevantes del Partido Socialista (Dray, Blanco, Cambadelis) jugaron un papel determinante en la campaña electoral de Ségolène Royal. Sin el voto étnico, la diferencia de 6 puntos a favor de Sarkozy en la segunda vuelta (47% contra 53%) habría subido a 10 puntos. Indudablemente el voto étnico será un factor determinante en el futuro, un formidable poder de presión, y Sarkozy, que con toda probabilidad aspirará a un nuevo mandato dentro de cinco años, lo sabe perfectamente.

 

Sarkozy tiene ahora cinco años para actuar. Dos años para reformar, dos años para gestionar los cambios y un año para llevar la campaña electoral del 2012. A estas alturas su posición parece fuerte, pero no faltan serias desventajas. Tendrá que animar, convencer y liderar con firmeza a sus ministros, personalidades sobre todo conocidas hasta hoy por su extremo respeto a lo políticamente correcto. Tendrá que utilizar sus sólidos apoyos entre los magnates de la prensa para resistir a las ofensivas mediáticas de los numerosísimos periodistas hostiles (no olvidemos que mas del 90% de los jóvenes periodistas franceses se declaran de sensibilidad izquierdista cuando salen de sus escuelas profesionales). Sobre todo, tendrá que organizar la “mayoría silenciosa” para que ésta le respalde eficazmente en los momentos más críticos. Pronto sabremos si Sarkozy quiere y puede confirmar su ruptura verbal por una ruptura en los hechos.

ARNAUD IMATZ

El Manifiesto, 1 de junio de 2007

Las dos almas de Turquía

Las dos almas de Turquía


Turquía es una país geopolíticamente muy singular. Casi toda su geografía es asiática, pero tiene corazón europeo; está situada en la periferia de Europa, pero no es Occidente; forma parte de la OTAN, pero en su zona más lejana; manifiesta su deseo de entrar en la Unión Europea, pero no siempre está dispuesta a cumplir las condiciones exigidas.

 

La delicada situación política que se vive en el país estos días participa de dicha singularidad. En teoría, en las calles de Ankara y Estambul se han enfrentado laicismo e islamismo. En la práctica, lo que hay es una lucha por el poder entre derecha e izquierda. Entre otras razones, porque el laicismo turco no es verdadero laicismo, ni su oponente, el fundamentalimo de Erdogan, es estrictamente tal.

 

El creador de esta ambigua situación es Mustafá Kemal (Atatürk, 1881-1938), quien, tras la disolución del Imperio Otomano después de la I Guerra Mundial, abolió el Sultanato y el Califato, haciendo -en abstracto- de la religión un asunto privado. El padre de la Turquía moderna llegó hasta el extremo de declarar que el mejor sitio para las religiones «era el fondo del océano». Así, se prohibió vestir con el traje tradicional -incluido el velo de las mujeres- y se introdujo el vestido europeo; la poligamia fue abolida; el alfabeto latino sustituyó al árabe; el calendario se adaptó al occidental y se introdujo un nuevo sistema educativo. Desde 1960, el Ejército, asumió la defensa del kemalismo -para lo que no ha dudado incluso en dar tres golpes de Estado desde entonces-. Y en las sucesivas constituciones que ha tenido el país hasta la actual de 1982, se ha establecido el principio fundamental de laiklik (laicismo).

 

Sin embargo, es éste un laicismo también singular. Imita a Francia en el modelo, pero se aparta en el contenido. Baste pensar que el modelo turco es más bien un laicismo teocrático, es decir, el Estado no sólo controla la religión, sino que ha integrado el islam(en su rama suní) en la propia Administración. Sólo se entiende así que en un país laico la enseñanza de la religión (la suní) sea obligatoria en las escuelas públicas, sin ninguna reciprocidad para los restantes credos. De ahí que una minoría islámica no suní como los alevitas acaben de plantear ante el Tribunal de Derechos Humanos una demanda exigiendo que a ellos no se les imponga la única enseñanza religiosa oficial.

 

La peculiaridad del laicismo turco conduce a que, a diferencia de en el occidental -entendido como una construcción en la que se fomenta la libertad de conciencia y de religión-, la libertad religiosa aparezca severamente controlada. Por ejemplo, las organizaciones católicas y protestantes no son más que entidades fantasmas, sin personalidad jurídica. Las iglesias cristianas no gozan del derecho de propiedad. No existen lugares para la formación del clero y hay un severo control sobre la actividad de sacerdotes y obispos.

 

Una de las condiciones impuestas por las autoridades de la UE para el ingreso de Turquía es, precisamente, el cese de esta hostilidad. El ambiente anticristiano alcanzó su clímax en la campaña desatada contra Benedicto XVI con motivo del polémico discurso de hace algunos meses en la Universidad de Ratisbona. El máximo responsable de Asuntos Religiosos turco pidió -¡nada menos!- que el encarcelamiento del Papa si pisaba tierra turca. No pude dejar de esbozar una sonrisa al contemplar el abrazo que el Pontífice propinó al fogoso guardián de la identidad islámica al llegar a Estambul poco tiempo después. En fin, otra peculiaridad de este laicismo es haber ilegalizado tres partidos políticos laicos (el comunista unificado, el socialista y el OZDEP), aunque el Tribunal de Derechos Humanos declaró no fundada su disolución. No es de extrañar que el anterior relator especial de la Comisión de Naciones Unidas para la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación por motivos religiosos o creencias, Abdelfattah Amor, describa la laicidad turca como «altamente compleja», entre otras razones porque es el propio Estado, a través del Departamento de Asuntos Religiosos, el que distribuye el texto de los sermones que se leen los viernes en las mezquitas, pagando, controlando y contratando a todos los imames en los templos turcos.

 

Tal vez la prohibición de llevar velo a las estudiantes en la enseñanza universitaria (por cierto, confirmada por la sentencia de 10 de noviembre de 2005 del Tribunal de Estrasburgo ) sea sintomática. Como observó la juez belga Françoise Tulkens, en su voto discrepante a la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos, la prohibición supone «un abusivo paternalismo que no sólo se mueve contra la mujer, sino que contradice lo sostenido por el propio Tribunal de Derechos Humanos en lo relativo al derecho de autonomía personal».

 

Si el laicismo turco tiene sus singularidades, el islamismo de Erdogan y de su candidato a la Presidencia de la República, Abdulá Gül, también es peculiar. Inicialmente, el primero pertenecía a la rama moderada del Partido de la Prosperidad -sucesor directo de cuatro partidos anteriormente disueltos por el Gobierno turco-, con más de seis millones de votantes y que gobernaba en coalición con un pequeño partido de centro derecha. Fue disuelto por atentar «directamente contra el principio de laicidad del Estado» e indirectamente por promover actividades separatistas. El Tribunal de Estrasburgo aprobó la disolución al entender que «la democracia representa un valor fundamental en el orden público europeo, pero si se demuestra que los responsables de un partido político incitan a la violencia o mediante mecanismos ilegítimos buscan la destrucción de la propia democracia su disolución puede considerarse justificada». -Es inevitable pensar, y perdóneseme el inciso, en la situación española y la ilegalización de un partido vasco-.

 

Posteriormente, la rama moderada del partido disuelto (Partido de la Justicia y el Desarrollo), liderado por Erdogan, volvió a asumir el poder. Desde entonces, sus directrices recuerdan más a una rama conservadora de los partidos demócrata-cristianos europeos que a los fundamentalistas iraquíes o iraníes. Sus manifestaciones parecen orientadas a reconciliar las dos almas de Turquía: la kemalista y la islamista. Es sintomático que Zapatero haya encontrado en Erdogan el máximo apoyo para su Alianza de Civilizaciones. No parece el posicionamiento de un fundamentalista activo, por más que las acusaciones de los laicistas hayan dejado en una posición incómoda al presidente del Gobierno español, también laicista y, sin embargo, incondicional aliado de Erdogan. No obstante, la moderación y el apoyo de las autoridades de la UE al actual primer ministro turco y el hostil planteamiento de la Corte Constitucional y del Ejército turcos no harán fácil su tarea.

 

Por ello, la decisión de la Corte de anular la primera votación en el Parlamento para designar al presidente de la República no sorprendió a nadie. Desde luego, había un problema de quorum, pero, además, el posicionamiento de la Corte ha sido tradicionalmente proclive a mantener una beligerancia vigilante contra cualquier veleidad que se salga del marco de la posición tradicionalmente kemalista. Igual de improbable parece que en la votación fijada para este domingo pueda el europeísta y moderado Abdulá Gül alcanzar la mayoría necesaria en el Parlamento.

 

El desenlace inevitable serán unas elecciones adelantadas, en las que nuevamente lucharán las dos almas turcas, probablemente con nuevo triunfo de Erdogan, pero esta vez sin mayoría absoluta. Y esto podrá suponer un freno a las aspiraciones europeístas turcas, con ventaja para los pequeños e inquietantes gropúsculos extremistas religiosos, que esperan agazapados en la sombra.

 

Rafael Navarro-Valls (catedrático de la Universidad Complutense y experto en relaciones Estado-Iglesias)

EL MUNDO, 03/05/07

 

Derrota en Navarra. La responsabilidad de UPN

Derrota en Navarra. La responsabilidad de UPN


Aún hoy, ETA y Zapatero negocian de espaldas a los navarros el futuro de Navarra. El PSOE va a pactar y gobernar esta comunidad con aquellos que tienen como prioridad política la anexión de Navarra al País Vasco. Socialistas y nacionalistas están dispuestos incluso a sumar a quienes representan políticamente a los terroristas para usar el Ayuntamiento de Pamplona como moneda de cambio en esta negociación. En estas excepcionales circunstancias la victoria de UPN parece claramente insuficiente para poder frenar el proceso de claudicación de ZP ante ETA.

 

¿Nos han fallado los navarros al conjunto de los españoles? Más bien parece que quien ha fallado ha sido la clase dirigente navarra a los propios navarros. Especialmente han fallado parte de los dirigentes del Gobierno navarro y la administración, más preocupados por conservar sus despachos que por salvar a Navarra de la negociación con los terroristas. Durante varias legislaturas, obviaron el expansionismo cultural vasco; y desde que se conoció la negociación de ZP con ETA, la reacción de UPN, socio en Navarra del PP, ha sido lenta y de escaso recorrido, con la excepción relativa de Sanz y Barcina.

 

UPN tardó demasiado tiempo en explicar a los navarros que era lo que estaba en juego en estas elecciones, que no era otra cosa que la propia existencia de Navarra como Comunidad Autónoma. Sanz y Barcina pensaron que la excelencia de su gestión era más que suficiente para ganar las elecciones sin necesidad de recurrir a la cuestión de fondo. No se quería además crispar a la sociedad navarra con debates existenciales, aunque fueran reales y necesarios y los nacionalistas y socialistas lo estuvieran haciendo. Se quiso demostrar además capacidad de autonomía frente al discurso de firmeza del PP, bajando aún más el listón político.

 

Aún hoy hay quien entre los foralistas sigue confiando en la posibilidad de un pacto con los socialistas, aunque haya que pedirles excusas por decir la verdad. Son los mismos que han mirado hacia otro lado mientras el anexionismo crecía en la Comunidad Foral, a veces subvencionado por ellos mismos. Son los mismos que se han escondido en los últimos tiempos. La cuestión aún hoy es mantener el poder aunque sea renunciando a algunos principios. UPN ha perdido el poder. Pero si persiste en esa vía, puede perder además la honra.

 

Con sus errores, UPN no sólo ha colocado a Navarra en grave riesgo, sino que ha desaprovechado una oportunidad histórica para haber frenado en seco todo el proceso de negociación de Zapatero con ETA. Hoy éste sigue hablando con los terroristas, y ahora tiene una Navarra que entregar porque UPN no la ha sabido defender. Una verdadera lástima.

 

 

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Al Qaeda en el Magreb

Al Qaeda en el Magreb


Los atentados del pasado abril en Argel y las recientes revindicaciones de un Al-Andalus islámico han generado un caudal de especulaciones sobre el interés de Al Qaeda por extender su influencia en el Magreb. Aunque pueda parecer que los yihadistas están ganando posiciones rápidamente en el norte de África, existe una serie de factores que disminuyen la habilidad de los diversos grupos para coordinar sus actividades.

 

La decisión del argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) de cambiar su nombre por el de 'Al Qaeda en el Magreb Islámico' (AQM) es sólo el último paso en una transición que venía produciéndose por lo menos desde 2003. Las medidas antiterroristas del Gobierno argelino habían degradado significativamente la capacidad del GSPC de entrenar a sus activistas y ejecutar operaciones. Al mismo tiempo, el Acuerdo Civil impulsado por el presidente Buteflika -que permite a los militantes desmovilizarse sin enfrentarse a consecuencias legales- convenció a un buen número de miembros del grupo para regresar a la vida civil. Al GSPC no le quedó sino contemplar impotente cómo se reducía su base de apoyo, a medida que otros yihadistas volvían su atención hacia la insurgencia iraquí. Al borde de la desaparición, la organización buscó en su asociación con Al Qaeda la manera de dotarse de una nueva imagen y de atraer a una nueva generación de posibles reclutas.

 

Las razones de Al Qaeda para dar su beneplácito a esta relación son pragmáticas. En su estrategia, la yihad global tiene prioridad sobre la 'guerra santa' contra enemigos locales. Por ello, que un reputado grupo nacionalista como el GSPC reconozca el liderazgo de Al Qaeda mejora las credenciales de la red terrorista. La alianza permite al grupo de Bin Laden presentarse como una organización realmente global, capaz de combatir en diferentes frentes, y que representa los intereses de los musulmanes en todo el mundo. La declaración de fidelidad del GSPC reforzó también la posición personal de Ayman Al-Zawahiri y de Osama Bin Laden como líderes de Al Qaeda, en un momento en que gran parte de la yihad internacional parece estar fuera de su control directo. Que esta asociación vaya a aportar beneficio alguno a Al Qaeda está aún por ver. La reacción pública contra los últimos atentados ha sido negativa, e incluso los chats y foros yihadistas están divididos sobre si se pueden justificar las operaciones en las que hay musulmanes entre las víctimas.

 

La metamorfosis del GSPC ha desatado las alarmas a ambos lados del Atlántico, pero no debiéramos exagerar las capacidades de este grupo. Se ha discutido mucho sobre el aparente interés de Abu Musaab Abdelwadud, líder del GSPC-AQM, de unificar a los grupos magrebíes bajo su liderazgo, una pretensión poco probable. El GSPC no se situaba a la vanguardia del terrorismo internacional. Operaba más bien como una guerrilla clásica, buscando refugio en bastiones seguros en las montañas, con lo que la actividad del grupo salafista argelino tenía poco, o nada, en común con las operaciones de Al Qaeda en Irak u otros lugares. Las peleas internas entre los líderes del grupo eran legendarias, y son escasos los indicios de que Abdelwadud cuente con la capacidad de liderazgo necesaria para mantener su organización cohesionada; qué decir ya de la posibilidad de unificar bajo su mando a las otras redes que operan en el norte de África.

 

Numerosos yihadistas miran con desconfianza a los grupos argelinos, al considerarlos infiltrados por las fuerzas de seguridad. Por esta razón fundamental, no parece muy probable que AQM logre formar un supergrupo terrorista en el Magreb. Aún así, los atentados de Argel del pasado abril suponen un significativo cambio en las tácticas operativas del GSPC, que se separó del GIA (grupo yihadista que representa a su vez una escisión violenta del Frente Islámico de Salvación que ganó las elecciones argelinas en 1992) en 1998 con la promesa de no atacar a civiles. Al detonar dos coches bomba en una calle llena de gente, AQM parece haber dado la espalda a los principios fundadores del GSPC. Esta indiferencia hacia la vida de civiles tiene reminiscencias del GIA, cuyas brutales tácticas en los 90 fueron repudiadas no sólo por el pueblo argelino, sino por otros grupos terroristas de la época, incluido el propio Bin Laden.

 

Es instructivo recordar que las sangrientas tácticas de Abu Musab Al-Zarqawi, el difunto líder de Al Qaeda en Irak, empujaron a Al-Zawahiri y a otros miembros de la red de Bin Laden a criticar las operaciones en las que mataban a musulmanes, por lo que cabría cuestionar que los atentados de Argel hayan ayudado a los objetivos estratégicos de Al Qaeda. Por muy espectaculares que fueran, las bombas no tenían otra finalidad que anotar una protesta contra el Gobierno y reafirmar que AQM habla en serio cuando aspira a aumentar sus niveles de violencia. Pero el régimen argelino no dudará en desarticular un grupo que podría haber precipitado su propio fin con los atentados de hace siete semanas.

 

Para permanecer activas, las organizaciones terroristas están obligadas a reabastecer sus filas. El GSPC sufría un periodo de declive por la falta de apoyo popular, y es poco probable que AQM sea capaz ahora de reclutar activistas en Argelia, a no ser explotando los resentimientos locales. Es posible que la nueva estructura atraiga a jóvenes yihadistas que han viajado a Irak a combatir a las fuerzas estadounidenses. Esto supondría un desarrollo preocupante, puesto que es de suponer que los insurgentes que regresan traerán consigo tácticas y procedimientos eficaces en el combate urbano. Estas nuevas técnicas causarían más víctimas civiles que el repertorio clásico del GSPC.

 

Los grupos yihadistas que operan en Marruecos, por el contrario, son organizaciones de base que no parecen estar dirigidas por influencias externas. Los yihadistas marroquíes aprovechan el descontento social para reclutar a jóvenes desencantados para sus misiones suicidas, y emplean la retórica de Al Qaeda para justificar acciones violentas que resultan repulsivas para la mayoría de la sociedad marroquí. Los activistas parecen provenir de instancias locales muy aisladas y, teniendo en cuenta la pobre ejecución de los atentados de Casablanca de mayo de 2003, no debieron de contar con ayuda 'profesional'.

 

Es verdad que ha habido numerosos casos de agentes de Al Qaeda detenidos en Marruecos, y que muchos marroquíes han estado involucrados en actos terroristas en Europa; sin embargo, la amenaza que constituyen debería ser desagregada, no acumulada. Si bien la participación del GICM (Grupo Islámico Combatiente Marroquí) en atentados yihadistas en Europa está demostrada, no parece que la organización esté firmemente enraizada en Marruecos mismo. En este punto, por lo tanto, parece que la amenaza que supone para el país magrebí sigue siendo todavía de naturaleza interna más que internacional.

 

La protección de la sociedad y la derrota del enemigo terrorista exigen comprender que no todos los grupos yihadistas comparten objetivos y motivaciones. Las pautas de reclutamiento son diferentes, los perfiles operacionales son diversos, y existen importantes diferencias de parecer entre sus líderes. Todos estos factores abren ventanas de oportunidad para los profesionales del antiterrorismo que les permitirían aislar cada grupo para destruirlos uno a uno. Todas estas organizaciones son peligrosas, pero ninguna tiene la capacidad suficiente para amenazar la estabilidad de los gobiernos magrebíes. Exagerar el nivel de la amenaza sólo logra alimentar sus esfuerzos propagandísticos, atribuyéndoles más influencia de la que realmente tienen.

 

LIANNE KENNEDY BOUDALI

INVESTIGADORA EN EL CENTRO DE LUCHA CONTRA EL TERRORISMO (CTC) DE WEST POINT

El Diario Montañés, 30/05/07

 

Los españoles pagamos la propaganda de los partidos además de la organización de las elecciones

Los españoles pagamos la propaganda de los partidos además de la organización de las elecciones


En total, la previsión de gasto de los tres grandes partidos (los datos definitivos deberán ser remitidos al Tribunal de Cuentas) asciende a 50 millones de euros, es decir, 1,5 euros por elector. Buena parte de esa cantidad (42,5 millones de euros) la recuperarán vía subvenciones del Estado.

Minuto Digital: 29.05.07

 

Tres euros de coste por cada voto emitido es el gasto derivado de pagar los servicios extraordinarios del personal que interviene en el proceso electoral (miembros de las juntas y mesas electorales, representantes de la administración, funcionarios municipales, jueces de paz y personal colaborador y el de la confección de impresos, sobres y papeletas de votación, cabinas, urnas, carteles y señalizadores de colegios y mesas). En definitiva, los 114 millones de euros que los últimos Presupuestos Generales del Estado recogen como partida para la celebración de elecciones en 2007. Pero esa cifra sólo afecta a los comicios locales (los autonómicos los sufraga cada comunidad).

 

Pero en esa partida se ha incrementar con lo que se llevan los partidos. Cada voto que haya emitido un ciudadano dará 0,51 euros al partido que lo haya recibido. Eso sí, solo si alguno de los miembros de sus candidaturas hubiera sido proclamado concejal. El Estado, es decir todos nosotros, premiará a los partidos con 253,78 euros por cada concejal electo en las municipales del domingo. La gran tajada por lo tanto se la llevan PP y PSOE. Hemos elegido 8.111 alcaldes, 65.347 concejales y más de 3.000 cargos. Hagan cuentas.

 

También pagaremos a los grandes partidos su propaganda electoral. Al menos en parte. Por envíos electorales, el Estado subvenciona los gastos originados por envíos directos y personales de sobres y papeletas electorales o de propaganda y publicidad electoral, con 0,20 euros por elector, en cada una de las circunscripciones en las que se haya obtenido representación en las corporaciones locales de que se trate. Esta subvención está condicionada a que la candidatura de referencia hubiese presentado listas en el 50% de los municipios de más de 10.000 habitantes de la provincia correspondiente y haya obtenido, al menos, representación en el 50% de los mismos. Para acreditar la realización del buzoneo es suficiente con la certificación expedida por los secretarios de Organización y Finanzas de una formación política, en la que conste el número de envíos efectivos a electores, cuando se haya hecho el envío con los medios propios de la entidad política. Además por cada provincia, aquellos que concurren a las elecciones en al menos el 50% de sus municipios pueden gastar, además, otros 140.877,24 euros por cada una de las provincias en las que se cumpla la referida condición. En cuanto a la justificación de los gastos, deberá aportarse factura de la empresa con la que se contrate, o bien del servicio de correos, en la que conste el número de electores destinatarios por circunscripción.

 

Además los partidos por su cuenta han gastado del orden de 50 millones de euros en esta campaña electoral. El PP encabeza la factura, con una previsión de 25,6 millones de euros: 16,7 millones de gasto conjunto en autonómicas y locales, más 2,2 millones de euros para el envío de propaganda en las trece comunidades en las que hay comicios y 6,7 millones para el mailing en los municipios.

 

La campaña del PSOE ha tenido un coste de 21,5 millones.15,5 millones de euros para las elecciones municipales y de 6 millones para las autonómicas. Los comunistas todavía no ha hecho las cuentas, I.U. no tiene una estimación conjunta del gasto previsto de todas sus organizaciones federadas. La dirección federal ha invertido unos 3,5 millones.

 

En total, la previsión de gasto de los tres grandes partidos (los datos definitivos deberán ser remitidos al Tribunal de Cuentas) asciende a 50 millones de euros, es decir, 1,5 euros por elector. Buena parte de esa cantidad (42,5 millones de euros) la recuperarán vía subvenciones del Estado.

 

Minuto Digital, 30 de mayo de 2007