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Foro El Salvador

¿Guerra de sexos?

Padres separados, ¿iguales?

Padres separados, ¿iguales? Coincidiendo con el tradicional día del Padre, topamos en “El Circulo” de Telemadrid con Juan Luis Rubio Presidente de la Asociación de Padres de Familia Separados.

Cree que no existe la igualdad y lo que es más peligroso “la nueva ley hace que esta no exista”. Duros argumentos para conmemorar que tal día como éste -19 de Marzo- se cumplen 15 años de la creación de ésta asociación “que no va contra nadie, sino que intenta buscar lo mejor para los hijos” según sus palabras.

El caso de Juan Luis es uno más dentro de los 22.000 afiliados con que cuentan en toda España. Se sienten ninguneados por las administraciones y los políticos de todos los colores, aunque algunas de sus demandas ya están conseguidas por ley: “La custodia compartida y el divorcio directo” y orgullosos de que cada vez más mujeres compartan una buena parte de sus reivindicaciones más sensatas. No es baladí. Solo en Madrid durante 2006 las mujeres cometieron 2.589 delitos contra sus parejas. Datos que distan mucho, de la “violencia de género”, en femenino, pero que no por ello deja de tener su relevancia.

 

El pasado año en la Comunidad de Madrid se iniciaron un total de 5.650 procedimientos por “violencia doméstica”, que incluye agresiones en el seno del ámbito familiar de mujeres a hombres, padres a hijos e hijos a padres. Insisto, quedan excluídas las de hombres a mujeres porque la Fiscalía de Madrid, que ratifica estos datos, las incluye como violencia de género.

 

De lo general a lo particular, aún sorprenden casos como el del Ayuntamiento de San martín de la Vega, donde un funcionario público, separado, acude a los servicios sociales para solicitar ayuda psicológica. La respuesta que encontró fue taxativa: “Este apoyo es solo para mujeres”. La desigualdad es un atraso, ésta también, sin duda.

 

Constantino Mediavilla

Diario Crítico, 19 de marzo de 2007

 

El niñato rebelde y feminista

El niñato rebelde y feminista

"Ista, ista, ista, Zapatero feminista" chillaban puerilmente las diputadas sociatas en torno al gallo Zapo, que tanto las favorece sin mérito alguno de su parte. De parte de ninguno. Así es la política con el niñato iluminado. La puerilidad, como la histeria, ingrediente esencial en las empanadas progres.

Hace unos años publiqué este artículo:

El feminista

Rodríguez ha explicado a Time: "Lo que despierta mi vena rebelde son 20 siglos de un sexo dominando a otro. Hablamos de esclavitud, feudalismo, explotación, pero la dominación más injusta es la de una mitad de la raza humana sobre la otra mitad". Se comprende que el buen Rodríguez esté afligido y furioso por tanta injusticia de las generaciones anteriores durante veinte siglos. ¿Y quién no? Así que vamos a darle una mala noticia primero, y una buena noticia final que quizá calmen su atribulado ánimo, tan rebelde que da miedo.

Cuando él habla de 20 siglos se refiere, claro está, al cristianismo. En el catecismo progre, el cristianismo tiene la culpa casi todos los males. Pues he aquí la mala noticia: lo que él considera desigualdad y opresión de la mujer por el hombre no ha durado veinte siglos, sino, probablemente, toda la historia humana. Incluso cabría decir sin injusticia que el cristianismo ha ayudado poderosamente a suavizar las relaciones entre ambos sexos: desde el "todos (y todas, claro) somos hijos de Dios" al "compañera te doy y no sierva", pasando, en el catolicismo, por la relevancia de la Virgen y de una multitud de santas, puede decirse que, en cuanto a esas opresiones, el cristianismo ha sido mucho más positivo que, por ejemplo, el islamismo, cuyas virtudes y necesidad de ser comprendido y apreciado por los malos cristianos no cesa Rodríguez de encomiar. Y sólo tiene que consultar Rodríguez los más antiguos documentos históricos (puede empezar por La Ilíada en relación con nuestra civilización) para ver que en las relaciones humanas, comprendidas las existentes entre mujeres y varones, siempre ha existido una veta muy dura y dolorosa.

En este sentido puede Rodríguez revolverse, y quizá deprimirse todavía más: "¡Progreso mío!, así que ahora resulta que la opresión de la mujer dura ya mucho más de veinte siglos. ¡Oh, no sé si tendré fuerzas para corregir tan extendido y duradero mal! ¡Acude a mí, Progreso, confórtame y ayúdame!". Pero puede también experimentar un cierto alivio: "Por lo menos algo se ha progresado en veinte siglos. ¿Y gracias al cristianismo, por lo menos en parte? Increíble, realmente. Tendré que consultar de nuevo el manual. Bueno, eso permite albergar alguna esperanza, de todas formas".

Y la buena noticia. A pesar de esa veta dura y dolorosa, veta inmensamente ancha y profunda en ocasiones, en general han predominado en la historia aspectos más soportables, incluso agradables, pues de otro modo la humanidad habría desaparecido mucho tiempo ha. Es más, y aquí viene la gran noticia que liberará a Rodríguez de sus cuitas y rebeldías, tan perturbadoras para la serenidad que siempre buscan las personas equilibradas: ¡nunca ha existido esa opresión de la mujer por el hombre! Asombroso, ¿verdad? Pero indudable. A lo largo de los siglos, y ahora mismo, muchas mujeres (y muchos hombres) han sufrido y sufren opresión. Hasta podemos afirmar que todos sufrimos opresión de algún tipo, en mayor o menor grado y en unos u otros momentos. La vida de la inmensa mayoría de los hombres y mujeres ha sido muy similar: oscura (muy pocas personas han "pasado a la historia", y así será siempre, por lógica, aunque, para un cristiano, todas estén presentes ante Dios), trabajosa, sometida a ignorancias y aciertos, a costumbres mejores o peores, a mil azares… y, dentro de ello, todos y todas han experimentado alegrías y sinsabores en mezcla muy desigual según las personas. Esto es importante: según las personas, no según las clases ni según los sexos.

Naturalmente, entre varones y mujeres siempre ha habido y siempre habrá diferencias físicas y anímicas muy considerables. Esto puede parecer muy triste a personajes de mentalidad mesiánica y estereotipada, pero la vida resultaría invivible sin esas diferencias. En todas las sociedades ha existido una especie de división del trabajo basada en esas diferencias naturales. Por ejemplo, el cuidado del hogar y la educación de los niños suele ser tarea fundamental, aunque no exclusivamente, femenina (la raíz del feminismo está en la aversión a esa tarea, tan opresiva en comparación con las divertidas y gratificantes actividades de que, según parece, siempre ha disfrutado el varón). Otras diferencias tienen rasgos más crudamente naturales. Otro ejemplo: mientras se ignoraron algunas normas de higiene y la existencia de los microbios, el parto fue un riesgo muy grave, además de doloroso, y el tiempo medio de vida era menor en las mujeres. Los avances en el conocimiento y la técnica, debidos a la actividad del varón –no siempre ha sido éste tan malvado con sus pobres compañeras–, ha cambiado bastante las cosas, y hoy en casi todas partes las mujeres viven más que los hombres.

La mesiánica ideología feminista no cesa de ponderar la superioridad de la mujer actual sobre sus humilladas predecesoras, tanto más despreciables cuanto que no solían mostrar descontento con su intolerable posición; ni cesa de ensalzar la "conquista de actividades y puestos sociales antes reservados al varón" y otros logros parecidos. Con ello pasan por alto dos cosas: en primer lugar, que en la historia real esas actividades y puestos sociales han sido el fruto, no siempre agradable, de la actividad masculina dentro del reparto tradicional de papeles. Es decir, han sido creaciones masculinas, y no, como sobreentiende la ideología, acaparamiento masculino de algo previamente existente (ocurre lo que con ciertas teorías de la explotación tercermundista: dan por supuesto que la riqueza cae del cielo, pero que unos cuantos sinvergüenzas se la apropian, despojando a los demás). La entrada masiva de la mujer en ese mundo masculino ha tenido muchas causas, entre ellas las propia exigencias del desarrollo económico; o las guerras mundiales que obligaron a una movilización masiva de los hombres y a su sustitución por mujeres en el aparato productivo.

Y la otra cosa que ignoran alegremente esas ideologías es el precio de esa "conquista". La parte femenina aunque menos ostentosa que la masculina, daba estabilidad y continuidad cultural a la sociedad, y permitía encajar los conflictos creados por la mayor agresividad del macho. Todo eso peligra ahora. La incorporación de las mujeres a ese mundo creado por el varón tiene aspectos atractivos, pero sólo los tontos creen que todo el monte es orégano. Los mesiánicos siempre creen haber descubierto la fuente del mal (la opresión de la mujer, viene a decir Rodríguez) y, queriendo secarla, han provocado, por lo común, inundaciones.

Así que si nuestro buen presidente repasa la historia en general y la de las ideologías mesiánicas en particular, acaso termine viendo las cosas de otra manera. En resumen: las mujeres no tienen la menor necesidad de la hiperactividad salvífica de nuestro presidente. Esto quizá desilusione un poco a Rodríguez, dada su natural tendencia a las misiones esforzadas, pero tiene la ventaja de que le permitirá descansar. Y, algo casi tan importante, también dejará descansar un poco a la atribulada sociedad española.

 

Blog de Pío Moa

Libertad Digital, 16 de marzo de 2007

El colectivo de divorciados representa el 20% de la demanda de viviendas de venta y alquiler en Barcelona

El colectivo de divorciados representa el 20% de la demanda de viviendas de venta y alquiler en Barcelona Divorciados y separados se han convertido en un tipo de cliente muy rentable para las inmobiliarias. Ya sea para alquilar o comprar, una vez se pone punto final a una relación matrimonial, el cónyuge que pierde la custodia de los hijos debe salir de casa. Muchos regresan de forma temporal al domicilio de los padres o se instalan en el piso de un amigo. Luego empieza la difícil búsqueda en solitario de un lugar asequible donde vivir. Según una encuesta entre los agentes de la propiedad inmobiliaria de Barcelona, los divorciados mueven el 20% del negocio de la compraventa y alquiler en Barcelona.

Un pastel muy jugoso que algunas promotoras ya se disputan. Por ello, se introducen nuevas tipologías de vivienda mucho más pequeñas y de una o dos habitaciones. Y es que durante el primer semestre del año pasado se produjeron 3.451 divorcios y separaciones en la ciudad de Barcelona, según datos del Consejo del Poder Judicial. Es más, Catalunya tiene el récord en rupturas matrimoniales y esto se nota en el mercado inmobiliario. Así lo pone de manifiesto el último informe elaborado por Comprarcasa, la red de inmobiliarias que están vinculadas al Col · legi Oficial d´Agents de la Propietat Immobiliària (API) de Barcelona. Dicho estudio determina que este colectivo está cobrando importancia en el negocio inmobiliario año tras año. De hecho, los divorciados y separados representan el 20% de la demanda de pisos, ya sean de compraventa o de alquiler, en Barcelona.

 

El informe es el resultado de una encuesta entre agentes de la propiedad inmobiliaria que constata que en los últimos años se ha observado un aumento de la demanda de viviendas por parte de personas que han sufrido una ruptura. Así lo confirmó el 87,5% de los encuestados. Los datos recabados por Comprarcasa revelan, asimismo, que más del 85% de las personas en búsqueda de vivienda tras una separación o divorcio son hombres solos.

 

La gran mayoría se decanta por el mercado de alquiler, ya que se les hace imposible hacer frente a una nueva hipoteca. Buscan una vivienda que disponga de dos habitaciones. Un tipo de piso de tamaño reducido que sirva para las nuevas necesidades de su inquilino. Eso sí, con espacio para que los hijos, en el caso de que los haya, puedan pasar temporadas en el piso.

 

Un representante del Col · legi de API de Barcelona explica que la "intermediación inmobiliaria conlleva en muchos casos un nivel de confianza entre agente y particular que va más allá de la pura relación comercial". En este sentido, confiesa que es frecuente que los clientes expliquen los motivos por los cuales se encuentran en busca de una vivienda. Por este motivo, se ha podido constatar el aumento de la demanda de viviendas por parte de personas separadas, "especialmente de hombre solos y, en menor medida, de mujeres sin hijos".

 

Otras inmobiliarias consultadas por este diario confirman esta tendencia. En este sentido se pronuncia una portavoz de Finques Forcadell, quien asegura que este tipo de cliente busca un piso de alquiler y, en el caso de decantarse por la venta, está interesado en inmuebles que no superen los 300.000 euros. Pisos que empiezan a ser escasos en la ciudad. La inmobiliaria Tecnocasa confirma también esta tendencia alcista en el número de clientes que acuden a sus oficinas al poner punto final a una relación conyugal.

 

La situación económica en algunas ocasiones es tan precaria que lleva a muchos a compartir una vivienda. El presidente de la Associació Pares i Mares Separats o Divorciats Pares de Canaletes, Matias Matas, explica que volver a casa de los padres con más de 40 años, dormir en el coche o compartir piso como si se fuera un estudiante son situaciones normales. "Al no poderse pagar una vivienda deciden compartirla con una persona desconocida. Esto acaba por afectar luego a la solicitud de los padres para estar temporalmente con los hijos", explica Matas.

 

Muchos ven en este colectivo en crecimiento un motor para el fomento de la vivienda de alquiler. Fernando Encinar, cofundador del portal inmobiliario Idealista. com, uno de los más importantes del sector, explica que los divorciados y separados son, junto con las familias monoparentales, los jóvenes y los inmigrantes, los principales arrendatarios de residencias. Se trata de personas en situaciones vitales de transición que sobre todo debido a su situación económica optan por el mercado de alquiler.

 

Después de una ruptura conyugal, sobre todo si hay niños pequeños, los costes económicos para mantener dos hogares separados son altos y en muchos casos no suelen ser compatibles con dos viviendas en propiedad. Además, el boom inmobiliario y la espectacular subida de precios han provocado que este tipo de personas deba decantarse obligatoriamente por el arrendamiento. Por este motivo, se encuentran entre los separados y divorciados más personas en viviendas de alquiler que entre otros colectivos.

 

Algunas comunidades autónomas, Madrid y País Vasco son un ejemplo, han decidido actuar para paliar la situación en la que se encuentran muchos divorciados con hijos tras la ruptura. Por eso, incentivan su prioridad a la hora de acceder a una vivienda protegida o construyen pisos sociales destinados exclusivamente a este colectivo. La Generalitat, por el momento, no tiene entre sus planes más inmediatos interceder a favor de los separados y divorciados. Sí que trabaja desde hace años en ayudas a familias monoparentales, en general, una tipología que en los últimos años se ha incrementado en Barcelona y en Catalunya, aunque se trata de ayudas que están vinculadas a los ingresos económicos de las familias y no a su tipología.

 

Así, durante el año pasado, de las 8.375 solicitudes de ayuda para pagar un alquiler que se solicitaron a través de la red de mediación social, 1.267 estuvieron destinadas a familias monoparentales, según fuentes de la Conselleria d´Habitatge. También 301 familias monoparentales recibieron ayudas en la compra de un piso, según las mismas fuentes. No se descarta que el número de familias monoparentales que se beneficiaran de las ayudas fuera mayor debido a que no existe obligación de rellenar la casilla de estado civil.

 

Poco a poco, los políticos se sensibilizan con la situación en que se encuentra este colectivo. Por eso, durante el debate parlamentario de la ley para el Derecho a la Vivienda que se produjo esta semana, tanto los grupos de la oposición como los del gobierno del tripartito hicieron referencia a las dificultades de los divorciados. Este grupo se sitúa junto a los jóvenes, inmigrantes y personas mayores como uno de los colectivos con mayores dificultades de acceso a una vivienda.

 

La ciudad ha ganado más de cien mil hogares, en concreto 115.697, entre los años 1970 y 2001, a pesar de que haya descendido el número de parejas con niños. En este periodo de tiempo han crecido los hogares unipersonales y las familias monoparentales, así como las parejas sin hijos. Éstas son algunas de las conclusiones extraídas de un estudio sobre los hogares y las familias de Barcelona elaborado por la UB.

 

Silvia Angulo

La Vanguardia, 4 de marzo de 2007

La ideología de género II

La ideología de género II

Esta ideología se va extendiendo en la cultura y en las leyes de España y de otros países, con graves consecuencias para la mujer, para el matrimonio, la familia y la educación de los hijos. ¿En qué consiste, cuáles son sus antecedentes, en qué se apoyan para difundir esas ideas: qué hay de cierto esas experiencias? Comenzaremos por recordar los aspectos principales de la antropología bíblica y terminaremos con algunas consideraciones sobre la defensa de la persona humana, tanto de la mujer como del hombre.

6. Antecedentes de la ideología de género

Estas ideas tienen antecedentes en la ideología neo-marxista, por su visión distorsionada de la realidad, que analiza a través de los esquemas de lucha de clases. De hecho, Federico Engels, en su libro El origen de la familia, propiedad privada, estado, sostiene que “el primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en el ámbito del matrimonio monógamo; y la primera opresión de clase, con la del sexo femenino por parte del masculino” . De ahí que las feministas de género no busquen, en el fondo, la mejora de la situación de la mujer, lo que es noble y necesario siempre que existan situaciones de injusticia en el ámbito familiar, profesional, etc. “Lo que se busca –ya lo hemos dicho—es la anulación de lo femenino y lo masculino en cuanto condición dada por la naturaleza humana. Sin embargo, no se puede desnaturalizar al ser humano sin cargar con las consecuencias graves que de ello se derivan” .

Para los marxistas clásicos, el sistema de clases –según la Dra O´Leary- desaparecería cuando se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, la mujer entrara en el mundo laboral, los niños estuvieran cuidados por el Estado y se eliminara la religión. Las feministas de género opinan que los marxistas fracasaron porque se concentraron en soluciones económicas, sin atacar directamente a la familia, que según ellas es la verdadera causa de las clases .

 

Según Mons. Reig Plá, actualmente Presidente de la Subcomisión Episcopal Española de Familia y Vida, se debe tener también en cuenta como antecedente la revolución sexual de los años 60: “se reúnen los peores aspectos del pensamiento marxista y neoliberal radical respecto a la sexualidad, la persona y el matrimonio”; y el influjo del existencialismo ateo de Simona de Beauvoir: ¡No naces mujer, te hacen mujer”!, escribía en 1949.

 

Con la revolución sexual, primero se separa la sexualidad del matrimonio (el llamado “amor libre”). También se separa la sexualidad de los hijos (anticoncepción y después el aborto). Sigue la sexualidad sin amor (sexo, pornografía, prostitución). Luego la “producción” de hijos sin relación sexual (fecundación “in Vitro”). Por último, la cultura unisex y el feminismo radical separa la sexualidad de la persona: ya no hay varón y mujer; el sexo es un dato anatómico sin relevancia antropológica; el cuerpo ya no “habla” de la persona ni de la complementariedad sexual que expresa la vocación a la donación, por amor.

 

La ideología de género debe gran parte de su difusión al movimiento pseudoreligioso sincretista, de influencia oriental “La Nueva Era” (New Age), y al movimiento gay. La Nueva Era es contraria al cristianismo; niega verdades fundamentales como la divinidad de Jesucristo y de la Iglesia. Es como una religión a la carta en la que cada uno escoge lo que le interese. Se presenta como una nueva religión, una nueva era a la que el mundo debe llegar en la que todo será libertad, felicidad y progreso. Su influencia es mayor en Estados Unidos . En cuanto al movimiento gay, difunde esta ideología porque les interesa una sexualidad completamente libre, no ligada a la naturaleza. Asociaciones poderosas como la Federación Internacional de Planificación Familiar también la han acogido y apadrinado, por su relativismo moral. Y han conseguido que esté presente en los foros de las Naciones Unidas y en algunas leyes del Parlamento Europeo, y en España.

 

Formas diversas de relaciones afectivas o sexuales han existido siempre (concubinato, adulterio, homosexualidad…), pero de ordinario esas situaciones eran consideradas por todos como no legítimas, no válidas, inmorales. Hoy, por un planteamiento ideológico, algunos pretenden equiparar alguna de esas formas al matrimonio y a la verdadera familia.

 

Habrá que insistir en la realidad humana del matrimonio y la familia: un hombre y una mujer que se quieren, que se han entregado el uno al otro de por vida en el matrimonio, y que fruto de ese amor tienen hijos a los que educan, y viven unidos. A veces el núcleo familiar se amplía con los abuelos y otros parientes. Y ese núcleo familiar es esencial para aprender los valores cívicos fundamentales, para la atención de los niños y los mayores, para la estabilidad de la sociedad, etc.

 

Por esta clara e importante repercusión social es por lo que el matrimonio necesita ser protegido por las leyes. Mientras que las relaciones sexuales de dos personas del mismo sexo no tienen relevancia social, porque no generan nuevas vidas, como no la tienen tampoco las relaciones sexuales de dos personas de distinto sexo, vivan juntas o no, mientras sea una mera situación de hecho, sin el compromiso de estabilidad y apertura a la vida propia del matrimonio. Por eso son situaciones esencialmente distintas al matrimonio y no deben equipararse a él, ni tienen porqué tener, en principio, un reconocimiento civil, aunque pueda estudiarse alguna fórmula para proteger posibles derechos que pudieran derivarse de una convivencia prolongada, lo que podría ser aplicable también a otras convivencias que no tuvieran una finalidad sexual, sino de ayuda, etc.

 

7. La teoría errónea del Dr. Money

 

El Dr. John Money, de la Universidad John Hopkins de Baltimore (USA) comenzó a usar la palabra género como la conciencia individual que de sí mismo tiene una persona, que puede ser de hombre o de mujer independientemente de su sexo biológico. Dependerá, decía, de cómo haya sido educado. Además, sostenía que se podría cambiar el sexo de una persona Y que a los niños nacidos con órganos genitales ambiguos se les podría asignar un sexo diverso del genético mediante una operación quirúrgica. En 1972 intentó demostrarlo con el caso de un gemelo monocigótico, varón, al que habían destruido el pene en una operación de circuncisión. El Dr. Money aconsejó a los padres que le castrasen y le educasen como si fuese una niña. Publicó un libro – Man and Woman, Boy and Girl- en el que decía que había sido un éxito: explicó que el niño se había adaptado perfectamente a la identidad femenina, mientras que su hermano homocigótico, varón, se desarrollaba como tal. Por tanto, parece que había demostrado que la educación puede cambiar la naturaleza. En la década de los años 70 las feministas apoyaron este caso a su favor.

 

Pero años más tarde, en 1997, otro médico, el Dr. Milton Oiamond, experto en el efecto prenatal de la testosterona sobre la organización cerebral, reveló que el Dr. Money no había referido fielmente el resultado del caso de los gemelos. Y publicó sus resultados en una revista pediátrica . El Dr. Oiamond logró conectar con el terapeuta que había atendido al gemelo y descubrió que el niño, a medida que fue creciendo, no aceptó nunca que fuera una niña y nunca se había adaptado al papel femenino. A los 14 años mostró tendencias suicidas. Uno de los terapeutas que tuvieron que ayudarle impulsó a los padres a revelarl3 la verdad. Se sometió a operaciones quirúrgicas reconstructivas del pene, muy complicadas, y se casó .

 

Investigaciones sucesivas sobre el desarrollo cerebral han demostrado que, ya antes del nacimiento, los cerebros masculinos y femeninos son notablemente diversos, lo que influye, entre otras cosas, en el modo en que el recién nacido percibe visualmente el movimiento, el color y la forma: según estos estudios, se puede hablar de una “predisposición biológica” de los niños hacia juguetes típicamente masculinos y de las niñas hacia juguetes típicamente femeninos.

 

Otros estudios hacen ver la importancia de la relación entre madre e hijo durante el primer mes de vida. Un vínculo sólido entre la madre y el hijo es muy importante para el desarrollo emotivo .

 

Los que defienden la ausencia de diferencias significativas entre niños educados por uniones homosexuales y niños educados por padres naturales en el matrimonio, se basan en unos estudios que, según diversos expertos, carecen de validez: el prof. Lylnn Wardle afirme que “la mayor parte de los estudios sobre los padres homosexuales se basa en investigaciones cuantitativas que no merecen crédito, pues están viciadas desde el punto de vista metodológico y analítico (algunas son de una calidad poco menos que anecdótica) y proporcionan una base empírica demasiado débil para determinar políticas públicas. Por otra parte, muchos estudios confirman cómo la presencia de un padre y una madre mejora el bienestar de los hijos .

 

8. En defensa de la mujer, y del hombre

 

La Iglesia tiene el grave deber de defender cuanto afecte a la dignidad de la mujer y de toda persona humana, y por tanto a la vida humana desde su concepción, al matrimonio, a la familia, a la moral sexual, etc. De ello depende en gran parte, entre otras cosas importantes, la verdadera paz en el mundo. Lo ha recordado Benedicto XVI en la Jornada Mundial de la Paz del 2007: “Es preciso –decía- dejarse guiar por una visión de la persona no viciada por prejuicios ideológicos y culturales, o intereses políticos y económicos, que inciten al odio y a la violencia (…) Pero hoy la paz peligra no sólo por el conflicto entre las concepciones restrictivas del hombre, o sea, entre las ideologías. Peligra también por la indiferencia ante lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre. En efecto, son muchos en nuestros tiempos los que niegan la existencia de una naturaleza humana específica, haciendo así posible las más extravagantes interpretaciones de las dimensiones constitutivas esenciales del ser humano. También en esto se necesita claridad: una consideración “débil” de la persona, que dé pie a cualquier concepción, incluso excéntrica, sólo en apariencia favorece la paz” .

 

También el Santo Padre, en su discurso a la Curia Romana de finales de año, ha insistido en que “las funestas teorías que quitan toda importancia a la masculinidad y a la feminidad de la persona humana, como si se tratara de un hecho puramente biológico” llevan a “una depreciación de la corporeidad, de la cual se sigue que el hombre, al querer emanciparse de su cuerpo –de la “esfera biológica”- acaba por destruirse a sí mismo”. Son palabras fuertes, pero desgraciadamente ciertas, comprobables. Y contra los que pretenden que la Iglesia no se pronuncie sobre estos temas, afirma: “si nos dicen que la Iglesia no debería entrometerse en estos asuntos, entonces podemos limitarnos a responder: ¿Es que el hombre no nos interesa? Los creyentes, en virtud de la gran cultura de su fe, ¿no tienen acaso el derecho de pronunciarse en todo esto? ¿No tienen –no tenemos- más bien el deber de alzar la voz para defender al hombre, a la criatura que precisamente en la unidad inseparable de cuerpo y alma es imagen de Dios?

 

Como escribe la Dra. O´Leary, “cuando las sociedades estimulan el sexo fuera del matrimonio, el aborto, la mentalidad anticonceptiva y el divorcio, quien sufre las consecuencias es la mujer. Cuando se respeta el matrimonio, y la castidad es la norma, se salvaguarda la dignidad de la mujer (…) Una lucha interminable entre clases sexuales, no llevará a la liberación de la mujer. Una antropología desviada, que ignore las diferencias entre lo sexos, deja a la mujer en la no envidiable situación de tratar de imitar la conducta masculina o de gastar sus energías en el vano intento de transformar al hombre en pseudos -mujer” Por el contrario, debe haber una colaboración fructuosa entre los dos sexos, diversos y a la vez con igual dignidad. “Dios, que creó al ser humano varón y mujer, que instituyó el matrimonio y la familia, y dictó las leyes que gobiernan la moral, es incapaz de injusticia. Por tanto, las mujeres no tienen nada que temer de una cultura que comprende y respeta las diferencias entre hombres y mujeres”

 

Juan Moya

Doctor en Medicina y en Derecho Canónico

 

Primera parte del ensayo:

 

La ideología de género II

 

 

Notas al pie:

 

12. cfr. Dale O´Leary, El feminismo de género, oc.

13. Genara Castillo, Universidad de Piura (Perú), Boletín “desdelcampus”, febrero, 2003

14. cfr. S. Firestone, The Dialectic of sex (New York, 1970), 12 (citado más arriba: cita n. 3).

15. cfr. Entrevista a Mons. Juan Antonio Reig Plá, Alba, II.2005

16. Para una información detallada, cfr. Consejo Pontificio de la Cultura y Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, Jesucristo, portador del agua de la vida. Una reflexión cristiana sobre NEW AGE, Ed. Palabra, 2003.

17. Para una información más detallada, cfr. El feminismo de género, o.c.

18. cfr. Milton Oiamond and H.K. Sigmudson, Sex Reassignment at Birth: A long Term Review and Clinical implications, Archives of Pedriatrics, n. 151, marzo, 1997, pp. 298-304

19. La historia de estos gemelos está recogida en John Colapinto, As Nature Made Him, Harper Collins, Nueva York 2000, po. 69

20. cfr. Gerianne Alexander, An Evolutionary Perspectiva of Sex-Tiped Toy Preferente: Pink, Blue and the Brain, Archives of Sexual Behavaior, vol. 32, 1, febrero, 2003, págs. 7-14

21. cfr. Shore, Affect Regulation and the Origin of Self. The Neurobiology of Emotional Development, p. 540.

22. cfr. Lynn Wardle, The Potencial Impact of Homosexual Parentign of Children, University of Illinois Law Review, 833, 1977.

23. Ronald Rohner and Robert Veneziano, The Importante of Father Lave: History and Contemporary Evidence, Review of General Psychology, diciembre, 2001, vol 5l, n. 4, ág. 382-405.

24. Benedicto XVI, Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz, 8-XII-06, n. 10 y 11

25. Benedicto XVI, Discurso a la Curia Romana, 22-XII-2006

 

Juan Moya

Dr. en Medicina y en Derecho Canónico

Análisis Digital, 5 de marzo de 2007

Ley transexual: el PP, bien; España, fatal

Ley transexual: el PP, bien; España, fatal De sabios es rectificar. El Partido Popular ha tenido un importante gesto en el Congreso que no es habitual en lo político: ha rectificado la absurda decisión de su propio Grupo Parlamentario en el Senado, que votó a favor de la ley sobre identidad sexual que regula el cambio de sexo. Ahora en el Congreso, como ya hizo, ha vuelto a oponerse a ello. Puesto que desde estas mismas páginas criticamos su comportamiento en la segunda Cámara, de justicia es ahora que subrayemos el acierto.

Como todos los demás grupos han votado a favor, o se han abstenido, caso de UDC (¿por qué a veces a este partido le surgen ramalazos tan incongruentes como el abstenerse ante una ley de esta naturaleza?), la ley se ha aprobado.

Es un texto absolutamente desastroso para este país, no tanto por sus efectos cuantitativos, que serán marginales, como sucede con el matrimonio homosexual, como por la transformación legal y por consiguiente por la concepción que establece sobre los fundamentos de nuestra sociedad en su nivel más básico, más elemental. En este caso, sobre la naturaleza sexual de las personas y la importancia de la misma.

La ley es un bodrio doctrinal técnicamente insostenible basado en la perspectiva de género. Su planteamiento es que existe una “identidad de género” que es la que caracteriza a la persona y que debe traducirse directamente en la asignación registral del sexo. Por tanto, esta asignación registral, que era fundamental y difícil de modificar, pasa a ser una variable subjetiva de la persona en cuestión.

 

Esto es generismo puro y duro. Por eso es falso lo que la ley dice en su enunciado, que de esta manera España se asemejará a otros países. Al contrario, se convierte en un país anómalo porque no hay ningún otro caso que el tema del cambio de sexo sea tratado como lo hace la legislación española. Porque una cosa es regular esta cuestión y otra muy distinta es transformarla en un instrumento más al servicio de esta peligrosa ideología que es la perspectiva de género.

 

 

El nuevo texto legal lo razona todo en términos de “disonancia” entre lo que llama sexo fisiológico e identidad de género. Esto último es lo que marca la pauta. En consecuencia, no es necesario que se produzca ninguna intervención de cirugía para adecuar las características sexuales; y si bien establece que exista un tratamiento médico durante dos años, también determina que éste puede quedar exento por razones de edad o de estado físico.

 

Bajo el enfoque de la ley la disforia sexual deja de ser una anomalía del sujeto que debe ser tratada para convertirse en una manifestación de su condición, el género. A partir de allí, es obvio que ni medicación, ni mucho menos cirugía, ni tan siquiera la intervención del juez del registro son necesarias para garantizar el procedimiento. Lo han transformado en un simple y modesto trámite administrativo.

 

Ley en mano, una persona que declare que desea vivir de acuerdo con el otro sexo, podría no modificar ninguna de sus características externas, por ejemplo alguien que tuviera digamos 65 años, o que argumentara que los medicamentos que va a recibir le resultan perjudiciales. Como esto solamente tiene que firmarlo un profesional, y ya hemos visto como funciona esto de los profesionales en cosas como el aborto o el examen psicológico de la licencia de caza o de tiro olímpico, ya sabemos como acabará la historia.

 

Lo más terrible de todo es que esta ley sea promovida por un partido en teoría maduro y responsable como es el PSOE y que en toda la Cámara solamente encuentre la oposición de una sola fuerza política, el PP. Muy importante, pero una sola.

 

La anomalía es de quien dirige la política española. Esto ha dejado de ser grave para empezar a penetrar en el ámbito de la simple supervivencia como sociedad civilizada.

 

Editorial de Forum Libertas, 2 de marzo d 2007

La ideología de género I

La ideología de género I

Esta ideología se va extendiendo en la cultura y en las leyes de España y de otros países, con graves consecuencias para la mujer, para el matrimonio, la familia y la educación de los hijos. ¿En qué consiste, cuáles son sus antecedentes, en qué se apoyan para difundir esas ideas: qué hay de cierto esas experiencias? Comenzaremos por recordar los aspectos principales de la antropología bíblica y terminaremos con algunas consideraciones sobre la defensa de la persona humana, tanto de la mujer como del hombre.

1. El problema de fondo

Vamos a hacer un resumen de las ideas expuestas en la Carta de la Congregación de la Doctrina de la fe que sobre este tema se publicó en el 2004, donde se aborda el fondo de la llamada ideología de género . Firma el documento el entonces Prefecto de la Congregación, Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI.

 

La Iglesia, siempre interesada en todo lo que se refiere al hombre y a la mujer, “se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento, cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina de la promoción de la mujer”. Ante esto, la Iglesia expone algunos presupuestos “para una recta comprensión de la colaboración activa del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, en el reconocimiento de su propia diferencia”.

 

El problema radica en que en los últimos años ha habido una tendencia errónea a “subrayar fuertemente la condición de subordinación de la mujer” –subordinación al hombre-, para justificar así “una actitud de contestación”. La mujer, para ser ella misma, “se constituye en antagonista del hombre”, lo que da lugar a “una rivalidad entre los sexos”, lo que tiene “su implicación más inmediata y nefasta en la estructura de la familia”. Y para evitar cualquier supremacía de un sexo sobre otro, “se tiende a cancelar las diferencias, consideradas como simple efecto de un condicionamiento histórico-cultural”. El sexo con el que se nace no tendría mayor importancia, porque lo principal es “el género” masculino o femenino que libremente se escoja, independientemente del sexo. El “género” sería una dimensión estrictamente cultural.

 

Así, se da lugar a una antropología que en vez de favorecer la igualdad de la mujer con el hombre, cuestiona la familia compuesta por un padre y una madre, equipara la homosexualidad a la heterosexualidad, y abre la puerta a una sexualidad polimorfa.

 

Aunque la “bandera” con que se presenta esta ideología es el feminismo, la motivación más profunda es el empeño en liberar a la persona humana de sus “condicionamientos biológicos”: la naturaleza, dicen, no debe imponer ninguna ley; es la persona la que se configura según sus propios deseos, libre de toda predeterminación vinculada a su constitución esencial (cfr. nn. 1-3).

 

2. Datos antropológicos de la Sagrada Escritura

 

La Sagrada Escritura aporta datos fundamentales sobre la antropología. Del primer relato de la Creación que nos narra el Génesis (Gen 1,1-2,4) vemos que “creó Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios los creó, hombre y mujer los creó” (Gen 1,26-27). Por tanto “es esta humanidad sexuada la que se declara explícitamente ‘imagen de Dios’.

 

Del segundo relato (Gen 2,24-25) aprendemos “la importancia de la diferenciación sexual”, pues el autor sagrado nos dice que Adán “necesita una ayuda que le sea adecuada”, es decir, no alguien que desempeñe “un papel subalterno, sino una ayuda vital”, necesita entrar en relación, para subsistir, “con otro ser que se halle a su nivel, y esta sólo es la mujer, creada de su misma “carne”.

 

Vemos, por tanto, el carácter relacional del hombre y la mujer. “La mujer es otro ‘yo’ en la humanidad común”, escribió Juan Pablo II. Así desde el principio, el hombre y la mujer aparecen como “unidad de los dos”. Ayuda de la mujer no sólo en orden a la acción, sino también como compañera de la vida con la que el hombre se puede unir, como esposa, llegando a ser con ella “una sola carne”.

 

La diferencia vital entre el hombre y la mujer está por tanto orientada a la comunión entre ambos. En esa unidad de los dos, “son llamados desde su origen no sólo a existir uno al lado del otro, sino también a existir recíprocamente el uno para el otro. El matrimonio es la dimensión primera, y en cierto sentido fundamental de esta llamada”. Concluye el relato diciendo que era “muy bueno” cuanto Dios había hecho sobre la creación del hombre. Aquí está “el designio originario de Dios y la verdad más profunda del hombre y la mujer, tal como Dios lo ha querido”.

 

Pero este designio fue alterado por el pecado original, tras la seducción de la Serpiente, y los pecados personales. El hombre rechaza a Dios, rechaza la diferencia entre Dios y la humanidad, quiere ser como Dios: “considera a Dios como su enemigo y pervierte la relación misma entre el hombre y la mujer”, lo que a su vez dificulta el acceso a Dios. “En esta trágica situación, se pierden la igualdad, el respeto y el amor que, según el diseño originario de Dios, exige la relación del hombre y la mujer” (nn. 3-7).

 

De estos relatos se deducen “algunos datos capitales de la antropología bíblica”, tales como: el carácter personal del ser humano, ya sea hombre o mujer; ambos han sido creados a imagen y semejanza del Dios personal; la igual dignidad se realiza como complementariedad física, psicológica y ontológica, lo que da lugar a una “uni-dualidad” relacional que sólo el pecado hace potencialmente conflictiva.

 

Se ve también “el sentido de la diferencia de los sexos como realidad inscrita profundamente en el hombre y la mujer”, no sólo en el plano físico, sino también en el psicológico y en el espiritual, con su impronta en todas sus manifestaciones. Así, la diferencia sexual “no puede ser reducida a un puro e insignificante dato biológico, sino que es un elemento básico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano” (n. 8).

 

3. Valores femeninos

 

Por otra parte, pueden señalarse también algunos valores fundamentales de la mujer, como son “la capacidad de acogida del otro”: lo mejor de su vida se orienta al “despertar del otro, a su crecimiento y protección”. Esto está unido a “su capacidad física de dar la vida”, que le permite “adquirir muy pronto madurez, sentido de la gravedad de la vida y de las responsabilidades que ésta implica”. Tiene también “el sentido y el respeto por lo concreto” y “una capacidad única de resistir en las adversidades”, de “conservar un tenaz sentido del futuro” y de “recordar con lágrimas el precio de cada vida humana” (n. 13).

 

De aquí se deduce “el papel insustituible de la mujer en los diversos aspectos de la vida familiar y social que implican las relaciones humanas y el cuidado del otro”. Es lo que Juan Pablo II llamó “el genio de la mujer”. La legislación y la organización del trabajo, debe permitir que la mujer pueda compaginar su misión dentro de la familia y su participación en el mundo del trabajo laboral y de la organización social.

 

En última instancia, todo ser humano, hombre o mujer, está destinado a ser “para el otro”. Así la “feminidad”, más que un simple atributo del sexo femenino es “la capacidad fundamentalmente humana de vivir para el otro y gracias al otro. Proponerse la lucha de sexos “sólo puede ser una ilusión y un peligro, destinados a acabar en situaciones de segregación”. La mujer no debe vivir desconfiada y a la defensiva. Es necesario que la relación entre el hombre y la mujer “sea vivida en la paz y felicidad del amor compartido” (n. 14).

 

4. La ideología de género: el sexo como una mera opción cultural

 

“Detrás del uso cada vez más difundido de la expresión ‘género’, en vez de la palabra ‘sexo’, se esconde una ideología que pretende eliminar la idea de que los seres humanos se dividen en dos sexos. Esta ideología quiere afirmar que las diferencias entre el hombre y la mujer, más allá de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son producto de la cultura de un país o de una época determinados. Según esta ideología, la diferencia entre los sexos se considera como algo convencionalmente atribuido por la sociedad y cada uno puede ‘inventarse’ a sí mismo. Desaparece la diferencia entre lo que está permitido y lo que está prohibido en este ámbito” .

 

Estas afirmaciones, que van contra la evidencia y el sentido común, llevan a afirmar que hay más de dos géneros todos igualmente válidos (el homosexual masculino o femenino, el heterosexual, el bisexual y el transexual), así como toda forma de relación sexual fuera del matrimonio. Junto con la desaparición de los sexos, propugnan la desaparición de la familia porque, según esta ideología, la familia es fuente de opresión de la mujer. Difunden también la libre elección de reproducción, que quiere decir derecho al aborto, derechos reproductivos de las lesbianas, derecho de las lesbianas a concebir hijos a través de inseminación artificial y adoptar legalmente a los hijos de sus compañeras. La reproducción sería resultado sólo de algunos encuentros sexuales heterosexuales

 

5. El feminismo radical

 

El feminismo no radical o de paridad había conseguido la igualdad de derechos del hombre y la mujer. Pero para las feministas radicales esto no era suficiente, porque mientras existiera el sexo o “género” masculino y femenino, la mujer seguiría estando sometida al varón, afirmaban. El sometimiento sólo desaparecerá cuando ser varón o mujer no esté supeditado al sexo con el que se nazca, sino elección libre de cada individuo .

 

El término “feministas de género” fue acuñado en primer lugar por Christina Hoff Sommers, en su libro ¿Quién robó el feminismo?, para distinguir el feminismo radical surgido hacia fines de los años 60, del anterior movimiento feminista de paridad. “Las feministas de equidad o de paridad quieren para la mujer lo que quieren para todos. Por el contrario, el feminismo de género es una ideología que pretende abarcarlo todo”, para terminar con lo que consideran un “sistema patriarcal opresivo” . La naturaleza estorba, y por tanto hay que hacerla desaparecer

 

Cambiar la sociedad (“descontruir”, suelen decir) requiere, dicen, no sólo hacer desaparecer la distinción entre los sexos, sino también cambiar el lenguaje, las relaciones familiares, la reproducción –como decíamos-, la educación, la religión y la cultura . La religión la consideran causa principal de la opresión de la mujer . Sobre la educación, propugnan que “las niñas deben ser orientadas hacia áreas no tradicionales y no se las debe exponer a la imagen de la mujer como esposa o madre, ni se les debe involucrar en actividades feministas tradicionales”. Conviene recordar que este ataque contra la familia va en contra del art. 16 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU, en 1948, que defiende enfáticamente la familia y el matrimonio.

 

Como ya dijimos, la Dra O’Leary confirma que el propósito de las feministas radicales “no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias” .

 

En contra de estas posturas de ataque y agresión a la religión, y concretamente a la religión católica, están las de la mayor parte de las mujeres del mundo, que defienden sus tradiciones religiosas como la mejor de las protecciones de los derechos y la dignidad de la mujer. “Mujeres católicas, evangélicas, ortodoxas y judías agradecen en particular las enseñanzas de sus credos sobre el matrimonio, la familia, la sexualidad y el respeto por la vida humana” .

 

Notas al pie:

 

1. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta a los Obispos de la Iglesia católica sobre la colaboración del hombre y la mujer en la Iglesia y en el mundo, 31-V-2004.

2. Consejo Pontificio para la Familia, Léxicon. Términos ambiguos y discutidos sobre familia, vida y cuestiones éticas, Ed. Palabra, 2004, pág. 575 (Artículo Ideología de género: sus peligros y alcance, por Oscar Alzamora Revoredo). Escribe Judith Butler, feminista radical y una de las “fundadoras” de la ideología de género: “El género es una construcción cultural; por consiguiente, no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo… Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia, hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino” (J. Butler, El problema del género: el feminismo y la subversión de la identidad, Routledge, New Cork, 1990, 6). La Conferencia de Pekín de 1995 sobre la Mujer contribuyó a la difusión de estas ideas por Estados Unidos y otros países, e introdujo, por influencia de algunas feministas de género, el uso del término “género” en sustitución de “mujer” o de masculino y femenino, según la Dra Dale O´Leary, especialista en ensayos sobre la mujer y participante en dicha Conferencia.

3. A modo de ejemplo citamos algunos textos de feministas de género influyentes. Son citados por la especialista Dra Dale O’Leary, en su trabajo El feminismo de género. Corrientes de pensamiento que impiden la promoción de la mujer, publicado en L’Osservatore Romano, n. 47, el 19-XI-2004.

Shulamith Firestone, en The Dialectics of Sex, 1970, afirmaba que “para garantizar la eliminación de las clases sexuales, es preciso que la clase oprimida (las mujeres) se rebele y tome el control de la función reproductiva (…). Por ello el objetivo final de la revolución feminista debe ser diverso del primer movimiento feminista, la eliminación no sólo del privilegio masculino, sino incluso de la distinción de los sexos” (p. 12). El núcleo de la opresión de las mujeres radica precisamente en su función de gestación y educación de los hijos (p. 72).

Los representantes del Consejo de Europa en Pekín propusieron que “deben escucharse las voces de mujeres jóvenes, ya que la vida sexual no gira sólo alrededor del matrimonio. Deben reconocerse los derechos reproductivos de la mujer lesbiana” (Council of Europe, Equality and Democracy, 25).

La Comisión Internacional de los Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas propusieron en Pekín que se reconociera el “derecho” a determinar la propia identidad sexual, el derecho a establecer relaciones de intimidad, a escoger cuándo y con quién engendrar y criar hijos, sin distingo de orientación sexual (cfr. Lexicon…, pág 587).

Rebecca J. Cook, Profesora de Derecho en la Universidad de Toronto y redactora de la aportación oficial de la ONU en Pekín, afirma “que los sexos ya no son dos, sino cinco” y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de “mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales” (Ibidem). Como diremos después, esta afirmación es gratuita y va contra todas las pruebas científicas existentes: genéticamente, o se es hombre o se es mujer, no hay ninguna posibilidad intermedia.

4. Nancy Chodorow, en The reproduction of mothering (1978) sostiene que mientras la función de criar a los hijos siga siendo prerrogativa de la mujer, los niños crecerán viendo a la humanidad dividida en dos clases diferentes y desiguales, y según ella esto es causa de la aceptación “de clase”.

Alison Jagger, en Political Phisolohies of Women’s Liberation, Feminism and Philosophy, 1977, p. 13 (Littlefield, Adams and Company, Totowa, Nueva Jersey,), sostiene que “la desaparición de la familia biológica eliminará también la exigencia de la represión sexual (…) La humanidad podrá, finalmente, recuperar su sexualidad natural, caracterizada por una perversidad polimorfa”. (ambos textos citados también por la Dra 0’Leary en El feminismo de género).

5. cfr. Entrevista a C. Hoff Sommers, en Faith and Freedom, 1994, 2. Citado en Léxicon…, o.c., pág. 578

6. “Lo natural no es necesariamente un valor humano -escribe la ya citada Shulamith Firestone-. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella” (The Dialiectic of Sex, 10).

7. Pretenden cambiar los término padre, madre, marido, mujer por palabras “género-neutrales” y que no haya diferencias de conducta ni de responsabilidad entre el hombre y la mujer en la familia. Se trata de llegar a una sociedad sin clases de sexo. Si desaparecen “los hombres” desaparecen los privilegios masculinos; y si desaparece “la mujer” desaparece la opresión a las mujeres, “y las muchas injusticias –dicen- perpetradas en nombre de la desigualdad entre los géneros” (Cfr. Léxicon…, o.c., pag 583, citando el material de trabajo del Curso Re-Imagen del Género, en Pekín, 1995).

8. Así por ejemplo, el informe de la reunión preparatoria del Consejo Europeo para la Conferencia de Pekín afirmaba que “el surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y a su plena participación en la toma de decisiones a todo nivel en la sociedad” (Léxicon…, pág. 588). Llaman fundamentalismo a toda doctrina (sean los católicos, ortodoxos, evangélicos, judíos o musulmanes) que rehúse ajustar sus enseñanzas a la agenda del “feminismo de género”. Dichas feministas llegan a afirmar que la religión es un invento humano y las religiones principales fueron inventadas por hombres para oprimir a las mujeres. (cfr. Ibidem).

9. Léxicon…, pág. 583. cfr. Discurso de la Presidenta de Islandia, Consejo Europeo, II.1995, en preparación para la Conferencia de Pekín. Por el contrario, Juan Pablo II, en la entrevista que sostuvo con Gertrude Mongella, Secretaria General de la Conferencia de la Mujer en Pekín, dijo: “No hay respuesta a los temas sobre la mujer, que pueda pasar por alto la función de la mujer en la familia. Para respetar este orden natural es necesario hacer frente a la concepción errada de que la función de la maternidad es opresiva para la mujer” (citado en Léxicon..., pág 586).

10. Lexícon…, pág. 580. Esta afirmación la confirma la feminista Heidi Hartmann, que escribe: “La cuestión de la mujer nunca ha sido la cuestión feminista. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer” (citado en el mismo lugar).

11. Léxicon…, pág. 589.

Juan Moya (Dr. en Medicina y en Derecho Canónico).

Análisis Digital, 2 de marzo de 2007

 

 

Reivindicación del ama de casa (defensa de Toñi Santiago y algo más)

Reivindicación del ama de casa (defensa de Toñi Santiago y algo más) El rifirrafe entre una víctima del terrorismo y una periodista de izquierdas ha puesto sobre el tapete un asunto interesante: ¿Por qué la izquierda desprecia a las madres de familia?

A Toñi Santiago le mató ETA una hija. Es una víctima del terrorismo. Como tal, opinó sobre la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas, esa marca de lance del mundo batasuno. Y entonces una conspicua periodista progre, Margarita Sáenz Díez, desdeñó la opinión de la señora Santiago porque tales cosas no pueden estar dentro del "ámbito de reflexión" de "una madre de familia". Toñi Santiago respondió que ser madre de familia no significa ser tonta. En efecto. Y más allá del asunto concreto de discusión, este episodio ha puesto de manifiesto el profundo desprecio que la opinión progresista dispensa a las madres de familia.

Discurso implícito de la Saénz: la opinión de una señora que está en su casa es inferior. ¿Por qué? Porque no trabaja, o sea que "no sabe"; es ciudadana de segunda. Es hilarante la manera en que toda esta patulea progresista –las margaritas y tal- termina dando munición al sistema, a este orden atroz en el que las personas sólo tienen valor si poseen independencia económica, o sea si son "económicamente viables"; donde el valor de la gente depende su eficacia como engranaje de la Gran Máquina.

 

Será por la globalización, pero nunca había circulado tan libremente la estupidez.

 

Vayamos al asunto de las madres, que es lo más importante del episodio. Alguna vez habrá que plantearse el absurdo en el que vivimos. Estamos en una sociedad que se pasa la vida quejándose de que los niños están solos, de que ya no se educa "en valores", de que los jóvenes pasan demasiado tiempo ante la televisión, de que se abandona a los abuelos, de que la natalidad está al borde del colapso… Pero esta sociedad doliente, que se lamenta de tales cosas, es la misma que margina, discrimina y desprecia a la madre de familia, al ama de casa, a la que ha hecho una profesión –la profesión peor pagada del mundo- de ser madre y esposa; es decir, a esa persona que ha venido asegurando durante siglos que los niños no estén solos, que en el hogar se eduque en valores –éstos sin comillas: valores vivos-, que los jóvenes tengan un referente a su lado, que alguien cuide a los abuelos, que siga habiendo partos. O ¿quién creéis, dolientes críticos progresistas, que garantizaba todas esas cosas? Las madres de familia; nadie más.

 

El mal no está sólo en un lado, lamentablemente. La derecha española, con ese pelo de la dehesa monetaria que tiene, se propuso ayudar a las "madres trabajadoras" y no se le ocurrió otra cosa que derramar una escueta soldada –una minucia, por otro lado- sólo para las madres que trabajan fuera de casa. Ah, vaya: y las que trabajan en casa, ¿qué? ¿Son metecas? Ahí la derecha española, esta cosa tan blandorra y necia que nos aflige, dio la medida de su ser: no entiende el mundo más que como una pura circulación de dinero, no ve otra cosa que PIB y estadística, no ve la sociedad sino como "mercado de trabajo", no ve otra ciudadanía que la que se contabiliza en el impuesto de la renta, no ve a la gente más que como contribuyentes y votantes. Y a las amas de casa, seguramente, no las ve sino como oprobiosos estorbos, porque no cotizan a la Seguridad Social. Y el día que ya no haya mujeres en condiciones de parir y cuidar niños, porque todas estén trabajando con contrato temporal en el sector terciario, no os preocupéis, españoles: para eso vienen los ecuatorianos y los marroquíes, a traernos los niños que nos faltan. Al final –vamos, haced memoria- en eso consistía el proyecto social del Partido Popular. Ya digo que la estupidez circula demasiado libremente con la globalización.

 

Pues no, señores y –sobre todo- señoras: lo que hoy se está haciendo en Europa es exactamente lo contrario: primar al que tiene hijos y ayudar a la mujer que asume el reto de quedarse en casa a bregar. En Alemania o en Gran Bretaña, incluso en Francia –que a esto va llegando más tarde-, las ayudas se dirigen sobre todo a compensar a unas familias donde las mujeres, cultas, con frecuencia universitarias, que podrían ser profesionales, eligen la opción más dura, la que menos gusta en el mundo feliz de la publicidad y el mercado: parir y criar. ¿Ayudan los Estados por filantropía? No: ayudan porque, si no, en muy breve plazo vamos a ser una sociedad desierta donde el Sistema, forzado a engordar burocracia, tendrá que gastar fortunas en cuidar a los niños solos, a los ancianos abandonados, a los jóvenes desorientados, a los "educadores" a tiempo completo. Y pronto ya no quedarán ciudadanos suficientes a los que seguir expoliando los impuestos necesarios para pagar el dispositivo. Es comprensible, ¿verdad?

 

Por supuesto, está muy bien que las mujeres trabajen fuera de casa. Desde que dejó de ser preciso tener músculos abundantes para garantizarse la supervivencia, pocas cosas hay que no pueda hacer una mujer. Pero hay algo que sólo pueden hacer ellas (vosotras): parir. Y hay algo que nadie hace mejor que ellas (vosotras): criar. Y si es justo que las mujeres puedan trabajar fuera de casa (demasiadas veces, por cierto, en condiciones indignas), no debería serlo menos que puedan trabajar en su casa con la mayor dignidad. Y si además de eso conseguimos que alguien, en España, afronte de una vez en serio el dilema de conciliar vida familiar y vida laboral, gastándose dinero de verdad –el dinero que nos quitan a todos-, todavía mejor.

 

El modelo antropológico que nos están imponiendo es este: ya no hombres y mujeres, sino individuos trabajadores-consumidores; ya no una sociedad, sino un mercado de trabajo; ya no unas familias, sino unidades neutras de cotización y consumo. ¿Y esto es el progreso de la humanidad?

 

Por eso hay que reivindicar a las madres de familia; contra la patulea progresista.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 2 de marzo de 2007

Se puede ser Miss pero no Madre

Se puede ser Miss pero no Madre ¿Qué es más importante ser Miss o ser Madre?; no sé ustedes pero en mi caso, lo tengo claro: si apuesto por ser Miss que tiene fecha de caducidad, le ocurrirá como a la caída de la hoja en el otoño y con el paso del tiempo no le quedará nada de su belleza anterior y sí las arrugas, surcos y otras limitaciones, con opción a ser bellas pero hay que proponérselo. Si apuesto por la maternidad, por el don de Dios – no un derecho -, que supone un hijo, quizá las medidas no sean las estándar de los certámenes de belleza, pero producen sus frutos y éste se convierte en una persona con capacidad de amar a su progenitora y de ser amado por la mujer que le dio a luz. Y si no que se lo pregunten a la madre de la “niña tamaño bolígrafo”, que nació a los 5 meses de gestación, pesaba 284 gramos y medía 25 centímetros y gracias a la ciencia y a sus ganas de vivir – una luchadora ya desde la incubadora-, recibirá el alta esta semana.

En este debate sobre las Misses suscitado en algunas provincias españolas, lo que habría que proponer no es si se puede o no ser Miss si se tienen hijos, sino la necedad que supone organizar un concurso semejante, tan absurdo. En el fondo, se convierte a la mujer en un objeto de admiración, de visión y de explotación, no se respeta su dignidad como persona, ni su femineidad, ni su libertad y se le exige un modelo de vida impuesto por los organizadores, según unos cánones predeterminados, más o menos cercanos a su prostitución como ser humano. La discusión debe plantearse en otros términos: se puede admirar la belleza, la proporción, la elegancia de las personas, tanto de mujeres como de hombres, pero no servirse de ella para fines lucrativos, a cuenta de unas cuantas mujeres engañadas y con necesidades económicas o problemas laborales. De alguna manera la mujer es “sometida” a unos criterios quizá “machistas” y debe cumplir unos objetivos marcados por las reglas y normas de estos concursos. Y es en este mismo marco donde debemos encuadrar la denuncia – muy oportuna, por cierto-, del anuncio de la firma de los diseñadores Dolce and Gabanna en el un grupo de hombres humillan a una mujer y le obligan a claudicar. Lo que debemos hacer – entre todos -, es conseguir un mayor respeto y consideración hacia la mujer en todas las facetas de su vida.

 

Marosa Montañés Duato

Periodista

Análisis Digital, 27 de febrero de 2007