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Iglesia católica

Dos años de Benedicto XVI, "El Restaurador"

Dos años de Benedicto XVI, "El Restaurador"

Hoy hace dos años que se asomó a la logia superior de San Pedro. Y en dos años ha cambiado el mundo. Al menos el mundo católico, lo que no es poco. Su elección suscitó polémica, pero sólo fuera de la Iglesia, tras tres décadas de un pontificado excepcional, el de Juan Pablo II. Hoy, con Karol Wojtyla camino de los altares, su sucesor se ha convertido en símbolo de una Cristiandad que se resiste a morir en las catacumbas de la Modernidad.

El pasado lunes 16 cumplió 80 años, pero Josef Ratzinger es joven. Europa es hoy un continente decrépito, pero más por el horizonte colectivo en el que vivimos que por la edad física de los europeos. Así, tenemos un Papa que fue soldado, que es montañero, que ama la música y que no rehuye ni los peligros físicos ni los desafíos intelectuales; tal vez sea un veterano de muchas batallas de todo tipo, pero tiene la vitalidad y la mirada osada de un joven.

 

Ciertamente no es un conservador, y esto sólo puede sorprender a quienes, alejados de la fe y de la Iglesia, viven aún del recuerdo caduco de lo que de malo nos deparó el Concilio Vaticano II. La tarea de quien, como católico, aspire a "instaurar todo en Cristo", no puede ser conservar la situación actual. La opción conservadora incluiría conservar la ficción patética de la parroquia de San Carlos Borromeo, ajena a la Iglesia; y supondría asumir una inferioridad intelectual y moral respecto a los principios ateos o inmanentes de la modernidad materialista. No, ciertamente Benedicto XVI no es un anciano nostálgico ni conservador.

 

La tarea que se ha propuesto el Papa es extremadamente ambiciosa, y tiene un sentido revolucionario. Ser católico con Benedicto XVI, como se ha demostrado en estos dos años, es un desafío apto sólo para corazones jóvenes. ¿No han visto ustedes cómo rechinan los dientes y palidecen las arrugas de los conservadores cuando oyen hablar de la restauración de la liturgia, del regreso del latín, del final de los experimentos progres? Pues es lo que hay, señores: resulta que es bávaro, y que ha venido para quedarse.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 19 de abril de 2007

Entrevías versus Calcuta

Entrevías versus Calcuta Los tres sacerdotes de la parroquia San Carlos Borromeo perdieron el afecto a la unidad con la Iglesia por una utopía: la lucha por los pobres en nombre de Cristo. Sin embargo, la Madre Teresa de Calcuta nunca tuvo la pretensión de cambiar el mundo y las estructuras sociales, políticas o eclesiales para atender a los más necesitados. El cura Enrique Castro de Entrevías se pierde lo mejor.

"No soy ni una activista por el bien social ni un filántropo. Hago lo que hago sólo por Cristo. Si fuese una activista por el bien común o un filántropo, no habría abandonado mi hogar ni habría dejado a mis padres. Le di mi alma a Cristo, así que lo que hago no es humanitarismo ni nada que se le parezca, es muy natural". Con estas palabras respondía la Madre Teresa de Calcuta al escritor y fotógrafo japonés Morihiro Oki cuando le preguntó si podía grabar el trabajo humanitario que realizaba con los más pobres de los pobres.

Cada vez que se habla de la acción social de la Iglesia creo que todos aquellos que de verdad quieran entender las razones por las que se hace deberían mirar, observar y en cierto modo ensimismarse con el ejemplo de la Madre Teresa. Lo digo a raíz de la polémica levantada en una parroquia de Madrid, San Carlos Borromeo, por tres sacerdotes diocesanos que han desobedecido la indicación de su obispo de reconducir su trabajo social en uno de los barrios más excluidos de la capital en un centro de Cáritas Madrid.

 

Valorando siempre lo positivo: la atención a los inmigrantes, madres contra la droga y marginalidad, el arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Valera, indicó a estos curas que continuasen con su labor pero en comunión con Cáritas, ya que desde los años 80 no había en San Carlos Borromeo parroquia eclesial o comunitaria como tal, sino locales parroquiales utilizados para estos fines sociales.

 

Pero lo que ha sucedido es que estos tres sacerdotes diocesanos se han escudado en su trabajo con los pobres para no obedecer. Y aunque puedan creer que tienen mucho apoyo mediático, que lo están teniendo, y sentirse "moralmente" gratificados y reconocidos en su acción con los excluidos, creo que se pierden lo mejor.

 

Protegidos en su trabajo social, por muy grande, digno y necesario que sea, el cura Enrique Castro y sus otros dos compañeros se pierden lo mejor: la unidad con la Iglesia y, como decía la Madre Teresa, la naturalidad y la familiaridad con Cristo que la movía a despertarse a las cuatro de la mañana a rezar laudes y a trabajar a destajo todo el día con los leprosos de Calcuta.

 

El afecto a la unidad con la Iglesia parece que estos tres sacerdotes lo perdieron hace años por una ideología o utopía: la lucha por los pobres en nombre de Cristo. Sin embargo, si miramos el quehacer de la Madre Teresa, ella nunca tuvo el propósito de cambiar el mundo y de acabar con la pobreza global, ni siquiera de cambiar las estructuras sociales o políticas para atender a los más necesitados. Ella respondía a su amor a Cristo atendiendo a los demás, todavía más: amándoles personalmente.

 

Y este trabajo le unía más con el resto de la Iglesia, lejos de separarla, ya que siempre obedeció a su obispo y a Roma. No entendía otra razón de ser a su obra, no diseñada por ella. No tuvo la pretensión de cambiar la propuesta cristiana para adaptarla a Calcula. La Madre Teresa no reprochaba nada a nadie ni decía a los demás lo que tenían o debían de hacer, ni a la jerarquía de la Iglesia lo que está bien o mal hecho. Trabaja en silencio y sólo Dios sabía lo que le pasaba por el corazón.

 

Se puede llegar a creer que se puede cambiar el mundo y a la Iglesia y, sin embargo, perderse a uno mismo. En este 2007, cuando se cumple el décimo aniversario de la muerte de la Madre Teresa, yo prefiero seguir e imitar el ejemplo de esta pequeña mujer curvada siempre con su rosario a la cintura.

Raquel Martín

Páginas Digital, 10 de abril de 2007

Pater noster, qui es in caelis: santificétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in caelo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimitte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in tentatiónem; sed líbera nos a malo. Amen

Pater noster, qui es in caelis: santificétur nomen tuum; advéniat regnum tuum; fiat volúntas tua, sicut in caelo, et in terra. Panem nostrum cotidiánum da nobis hódie; et dimitte nobis débita nostra, sicut et nos dimíttimus debitóribus nostris; et ne nos indúcas in tentatiónem; sed líbera nos a malo. Amen

Obispo de Somalia exige el fin de la guerra

Obispo de Somalia exige el fin de la guerra Monseñor Bertin agradece el gesto de solidaridad del Papa con Somalia

MOGADISCIO, jueves, 5 abril 2007 (ZENIT.org).- «Querría apelar al sentido de la responsabilidad de todos los responsables políticos somalíes, respecto a su población, en especial a los jefes tradicionales del clan Hawaiye, el principal clan de Mogadiscio». En estos términos se expresó monseñor Giorgio Bertin, obispo de Dijbuti y administrador apostólico de Mogadiscio, en una entrevista publicada por la agencia «Fides» el pasado 29 de marzo.

El prelado concedió su entrevista mientras ejerce su apostolado en un país en el que se producen enfrentamientos entre las tropas etíopes y las gubernamentales por una parte, y los milicianos de los clanes que se oponen al gobierno de transición por otra.

 

«Es una situación muy triste porque no hay ningún deseo de diálogo y de paz. Los protagonistas de esta crisis han asumido una actitud maximalista que ha sumido a Somalia en el caos», asegura.

 

Monseñor Giorgio Bertin insiste en que «la que sufre es la población, que desea la paz», indicando que «la lógica del clan no explica sin embargo el origen de estas violencias y que hay ciertamente influencias del islamismo radical, así como fuertes intereses de grupos criminales, que no tienen nada que ver con la política ni con la religión, sino que alimentan el caos para poder continuar tranquilamente sus negocios ilícitos».

 

Benedicto XVI ha destinado al dispensario médico de Caritas Somalia en Badoia la colecta de la misa «in Coena Domini» que se celebró en la tarde de este Jueves Santo, en la catedral de San Juan de Letrán de Roma.

 

«En esta elección --revela el obispo de Djibuti-- leemos la atención y la solicitud del Santo Padre por los sufrimientos de la población somalí, en especial por los humildes, los pobres, los sin voz, y un homenaje a todos aquellos que han dado su vida, durante casi veinte años de guerra civil, por los pobres y por la paz de este país martirizado, ya sean cristianos, o pertenezcan a otras confesiones».

 

El prelado recordó en especial el sacrificio más reciente en Mogadiscio, el de sor Leonella Sgorbati, religiosa católica asesinada en medio de la oleada de protestas contra el discurso pronunciado por Benedicto XVI en Ratisbona.

 

En medio del conflicto, la población sigue abandonando la capital somalí de la que han salido desde febrero unas 57.000 personas.

 

Hay decenas de muertos y centenares de heridos, según Cruz Roja Internacional, que ha calificado estos combates como los peores en quince años. En el interior de Somalia se cuentan actualmente alrededor de 400.000 refugiados internos. Otras decenas de miles de somalíes se han refugiado en países limítrofes.

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Unos 400 sacerdotes vascos se ofrecen como mediadores para impulsar el proceso de paz

Unos 400 sacerdotes vascos se ofrecen como mediadores para impulsar el proceso de paz * Reconocen el 'carácter político del conflicto'

* Piden que se resuelva por 'vías de diálogo y negociación, sin exclusiones'

BILBAO.- Cerca de 400 sacerdotes vascos de las Diócesis de Baiona (Francia), Bilbao, Pamplona-Tudela, San Sebastián y Vitoria, han suscrito un documento en el que manifiestan su "preocupación" ante las dificultades y obstáculos en que se "encuentra actualmente el proceso de paz" y se muestran "convencidos" de que es posible y necesario impulsarlo con la colaboración y participación de todas las personas. Para ello, se ofrecen como "mediadores para impulsar el proceso de paz".

El texto, que fue presentado este martes en Baiona por el párroco de la Diócesis de esta localidad vasco-francesa, Mikel Epalza, señala el carácter "básicamente político" del conflicto, y dice compartir y solidarizarse con el "deseo ampliamente generalizado y manifestado de que se resuelva por las vías del diálogo y negociación entre todas las partes implicadas, sin exclusiones".

 

Por ello, estos curas vascos piden que, desde las diversas instancias políticas y sociales, se llegue a los acuerdos necesarios para lograr "una paz que no sólo consiste en la ausencia de toda violencia, sino sobre todo en la justicia y respeto de los derechos humanos tanto individuales como colectivos".

 

"Esperamos y urgimos a que sea el pueblo, toda la ciudadanía de nuestros respectivos 'herrialdes', la que democráticamente, desde el respeto a los diversos sentimientos y opciones políticas y culturales, decida con plena libertad lo que desea para nuestro Pueblo a fin de lograr, en un futuro lo más próximo posible, la paz que todos y todas deseamos", afirman.

 

Asimismo, los párrocos, desde su fidelidad al Evangelio, "que anuncia la paz mirando especialmente a quienes más sufren esta larga situación conflictiva y sus consecuencias", se ofrecen como "miembros de la Iglesia -hombres y mujeres, cada uno según su misión y responsabilidad- toda la colaboración y apoyo solidario intensificando nuestra común labor mediadora para impulsar la paz en Euskal Herria".

Gestada hace un mes

 

En declaraciones a Europa Press, el párroco de Astigarraga, Mikel Goenaga, uno de los impulsores de la carta, manifestó que la misiva estaba circulando entre los curas vascos desde hace un mes y que podría haber recabado más apoyos, pero la intención de darla a conocer antes de Semana Santa lo ha impedido. La premura a la hora de hacer público el documento se debe a que, según su impulsores, "en este país la situación cambia de un día a otro y lo que hoy se firma, a los tres días no sirve".

 

Casi la mitad de los párrocos firmantes son guipuzcoanos, aunque el documento parte de una reflexión de sacerdotes alaveses y se creyó necesario que fuera conocida por sus compañeros de todas las Diócesis de Euskadi, Navarra y País Vasco francés. Los obispados de las diócesis han podido tener conocimiento del documento si sus sacerdotes les han informado, pero no han tenido protagonismo en la iniciativa.

 

Goenaga señaló que la intención a la hora de dar a conocer este texto era "dar una aportación que posibilitara y alimentara esa cierta esperanza que veíamos que estaba un poco frustrada, y que fuera un empuje más".

 

Los firmantes del texto representan "una cuarta o quinta parte del total de los curas existentes en las Diócesis de Euskal Herria", lo que, según Goenaga, "es un número significativo en torno a un documento, teniendo en cuenta la premura con la que se ha desarrollado la labor de darlo a conocer".

Labor de la Iglesia

 

Al margen de este documento público, Mikel Goenaga destacó el ofrecimiento "como sacerdotes a posibles campos de actuación que pueda haber para facilitar el proceso de paz". En este sentido, citó aspectos como las víctimas "que es un tema a trabajar en pueblos y en parroquias".

 

Según dijo, "para cuestiones que van a aparecer en este proceso, vemos que la Iglesia tiene mucho que aportar en todo el tema de la reconciliación, de la verdad respecto a la lectura del mapa de sufrimiento que hay en este momento en las realidades de barrios y pueblos, en el tema de la memoria histórica, de la guerra civil para acá y la recuperación de muchas personas dañadas en este proceso".

 

En su opinión, hay "muchas cosas para trabajar, donde la Iglesia puede aportar dentro de su propio capital de mensaje". "Hay mucho que hacer en el contenido hacia una reconciliación que es inevitable dentro del contenido de la paz. Dentro de ésta, está el tema de la verdad, la justicia, la reparación, el reconocimiento mutuo, el respeto". "Es algo que tenemos que aportar entre todos, pero la Iglesia tiene un gran capital que hacer", insistió.

 

3 de abril de 2007

Destruir la Iglesia o manipularla

Destruir la Iglesia o manipularla La Esfera de los Libros, editorial del diario El Mundo, acaba de publicar “La Masonería”, obra de los insignes caballeros masones Florencio Serrano y Francesc Xavier Altarriba. “Divertir instruyendo”, es su lema, con lo que maese Florencio y mosén Francesc nos enseñan a todos los españoles. Y esto es muy lógico, dado que el anticuado Polanco, o progresía de izquierdas, aún anda en el anticlericalismo decimonónico y blasfemo, el progresismo de derechas, es decir, el representado por El Mundo, no intenta destruir a la Iglesia sino conquistarla.

Para tal conquista, lo primero es convertir a la Iglesia en ideología, en una especie de ONG. Este proceso no es de Polanco ni del PSOE –que de buena gana quemarían iglesias, que es lo suyo- sino de Pedro J. y del PP, de la derechona. Se trata de convertir a la Iglesia en algo parecido a una ONG, con un nuevo decálogo que puede ser el medio ambiente, o la fraternidad universal –donde entra la masonería- o cualquier otro principio generalmente aceptado que, eso sí, excluya el trato con Cristo, es decir, la santidad, objetivo único del cristiano.

 

Por eso, el director de El Mundo trabaja en la COPE, la cadena de la Iglesia, donde nos ofrece espléndidos sermones morales (verbigracia, la verdad sobre el 11-M, que nos hará libres) y nadie percibe contradicción alguna, y por ello la estrella de la COPE es un agnóstico, y por ello, también, los libros de la editorial de El Mundo tratan de convertirnos a todos en iniciáticos.

 

Reparen en que la nueva masonería evita la liturgia clásica –que es de la que habla el libro, de los amigos Florencio y Francesc- porque resulta muy cursi. De hecho, la nueva masonería es en la que anda Janli Cebrián, el megaprogre de izquierdas: Foro de Davos (o de Porto Alegre, que son dos caras de la misma moneda), Club Bilderberg, Trilateral, UNESCO, etc. Pero la defensa de la vieja masonería no es una dedicación inútil: recuerda que el hombre siempre necesita de lo numinoso, de lo sagrado, y que cuando Robert Benson escribe su estupenda novela sobre el Anticristo (“Señor del Mundo”), le rodea de ex curas (como los que anidan en la sección de religión del progresismo de derechas –El Mundo- o de izquierdas –El País-, ¡uy perdón, se me ha escapado!) creadores de una nueva Iglesia, una nueva liturgia y una nueva adoración… a líder político, ‘of course’.

 

O dicho de otra forma, lo que intenta la progresía de derechas, tipo Pedro J. es convertir a Cristo en un medio… por ejemplo para tumbar a Zapatero. No es broma. Observen cómo colegios y universidades católicas, que repudian a El País –menos mal- no tiene empacho en que el diario El Mundo se reparta entre sus alumnos -mentes jóvenes, manipulables, ¡pobriños!- y cómo esos mismos centros firman acuerdos con Unedisa para formación profesional, incorporación de becarios, etc. Todos unidos para tumbar a Zapatero. Es igual que el contenido de El Mundo, y a veces de la COPE, resulte diametralmente anticristiano, también masónico. No, lo que importa es que estamos unidos por un objetivo común: ¡Delendum es el PSOE! Bienvenida sea la masonería, enemiga histórica de la Iglesia, si ello sirve para que nuestro querido Mariano Rajoy llegue a La Moncloa.

 

Nota al margen: ruego a los entusiastas defensores de Federico Jiménez que no se empeñen en enviar sus habituales insultos. Estoy dispuesto a reconocer que FJL es un tonto útil incapaz de colocarse al frente de esta manifestación... porque es incapaz de calibrar ni su origen ni sus consecuencias. Por contra, el director de El Mundo, Pedro J. Ramírez, que dejará tirado a su aliado cuando lo estime conveniente, es mucho más consciente de esta cuña que la Iglesia española –y universal, porque me parece que la progresía de derechas lleva a cabo esta campaña en todo Occidente- sufre por parte de sus presuntos aliados y la fomenta con entusiasmo.

 

La clave está en lo que repite el director de Opinión de Hispanidad.com, Javier Paredes: “No se trata de cambiar el Gobierno, sino la cabeza y los corazones”. ZP es como un dolor de muelas, pero es consecuencia, no causa de lo que ocurre en España y en todo el orbe católico. Por tanto, sería prudente por parte de los cristianos evitar que nos manipulen.

 

Resumiendo: la progresía de izquierdas quiere destruir la Iglesia, mientras la progresía de derechas pretende manipularla en su beneficio. Tan peligrosa es la una como la otra. Y no lo duden: cuando llegue el momento, terminarán uniéndose, porque, por encima del griterío mediático y político, tienen un enemigo común: Cristo; y una obsesión común: odian la santidad, objetivo común a todo católico.

 

Eulogio López

Hispanidad.com, 3 de abril de 2007

Los obispos catalanes presentan un documento que equipara el terrorismo al aborto y la eutanasia

Los obispos catalanes presentan un documento que equipara el terrorismo al aborto y la eutanasia La educación, el terrorismo, el derecho y el respeto a la vida, son algunos de los temas que recoge el documento que busca como fin “fomentar la difusión del Evangelio entre la sociedad”

Un documento de los obispos catalanes titulado "Creer en el Evangelio y anunciarlo con nuevo ardor" equipara "las grandes acciones terroristas" de los últimos años o el maltrato a las mujeres con otras "formas de violencia", como el aborto o la eutanasia.

Así lo manifestó ayer el obispo auxiliar de Barcelona, monseñor Joan Carrera, que ofreció una rueda de prensa junto al arzobispo de Tarragona, monseñor Jaume Pujol, para presentar, por primera vez en Tarragona, un documento conjunto de los obispos de Cataluña.

 

En este texto, que tiene como principal finalidad la difusión del Evangelio entre la sociedad, los obispos catalanes expresan su "rechazo" a cualquier forma de violencia.

 

En este sentido, los grandes atentados terroristas de los últimos años, como los de Nueva York, Madrid, Londres o Mumbai, y la violencia contra las mujeres en el ámbito familiar se equiparan a "dos formas de violencia que se producen al inicio y al final de la vida", manifestó monseñor Carrera.

 

Así como el aborto "siega la vida de los nonatos", mientras que la eutanasia, según monseñor Carrera, supone "la eliminación de las personas cuando ya no son aptas para el trabajo", unas prácticas que, en su opinión, "ponen en riesgo la existencia humana".

 

Reconocer el gran don de la vida

 

"Querríamos ver más reconocidos valores fundamentales como el don de la vida, desde su concepción a la muerte natural", señala el documento de los obispos catalanes.

 

El documento también hace referencia a la "reiteración de escenas de violencia en la televisión" que, asegura, puede conllevar "consecuencias funestas" y que relaciona directamente con "el clima de permisividad absoluta" que "fomentan, en Cataluña, muchos medios de expresión cultural".

 

En el marco del apartado sobre la violencia y el terrorismo de raíz radical islámica, los obispos reflexionan sobre la inmigración y, en concreto, alertan de que "sería un error gravísimo caer en la sospecha, la acusación gratuita o la discriminación" de la comunidad musulmana.

 

En cuanto a la enseñanza, explicaron que desean "ver más plenamente respetado el derecho de los padres y madres a decidir el tipo de educación -también por lo que respecta a la religión y a la moral- de sus hijos, y más plenamente acogida y apoyada la contribución histórica al bien común de la escuela cristina".

 

Frente a valores que consideran "signos de esperanza", como "la solidaridad que va creciendo en la sociedad catalana", el texto alerta de que "se tome como criterio único de elección lo que más satisfacción puede dar, o más beneficio, o más aceptación social", y cita conceptos como el consumismo o el individualismo.

 

Finalmente, los obispos aspiran a reactivar su misión evangelizadora en un marco de "diálogo no agresivo".

 

Análisis Digital, 2 de abril de 2007

La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes

La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes Dijo el observador del Vaticano ante la ONU, arzobispo Tomasi

GINEBRA, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- El fanatismo antirreligioso amenaza a la religión y a los creyentes con insultos, discriminación, persecución y daños que están en contradicción con la promesa de libertad aclamada por las sociedades democráticas, dijo aquí el observador vaticano ante un organismo de Naciones Unidas.

En una intervención el 22 de marzo, para la cuarta sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y ante otras organizaciones internacionales, hizo un llamamiento al organismo internacional para proteger la «libertad de religión, de expresión, de conciencia, de culto en privado y en público y respeto de las convicciones religiosas de los creyentes de todos los credos y de los no creyentes de la misma manera», en el contexto de otros derechos humanos.

 

«Violaciones de los derechos de los creyentes, incluso violencia abierta contra ellos, restricciones estatales, imposiciones indebidas y persecución, insultos públicos a los sentimientos religiosos, infortunadamente persisten y pedimos un remedio», dijo.

 

Las democracias deben vigilar el modo de «estar al lado del respeto de religiones concretas» en interés de garantizar los «derechos de libertad religiosa y libertad de expresión», añadió.

 

«No se puede considerar la ridiculización de lo sagrado como un derecho de libertad», dijo el arzobispo.

 

Urgió a que el Consejo, que revisa el respeto de los derechos humanos de todos los 191 estados miembros de la ONU, desarrolle «mecanismos o instrumentos» que puedan «defender el mensaje de las comunidades religiosas de la manipulación y puedan evitar una presentación irrespetuosa de sus miembros».

 

La Santa Sede, dijo, ve evidencias de «fanatismo antirreligioso que denigra la religión o, en general, a los fieles de una religión atribuyéndoles la responsabilidad de acciones violentas hechas hoy o en el pasado por algunos miembros de esta religión».

 

El nuncio vaticano dijo que «la crítica legítima» de acciones de algunos seguidores religiosos no debe convertirse en licencia para «insultar o difamar injustamente ni caer en burlas ofensivas de sus veneradas personas, prácticas, ritos o símbolos».

 

La ofensa religiosa, especialmente cuando se dirige a una minoría en una sociedad, es una forma de coerción contra creyentes que hace la profesión y la práctica pública de la religión más difícil, añadió.

 

El arzobispo Tomasi dijo que la Santa Sede ha vigilado la emergencia en el escenario mundial de «un aparente dilema entre el respeto debido a la religiones y el derecho a la libertad de expresión, como si fueran incompatibles y se excluyeran mutuamente», añadiendo que estos valores son «complementarios» y deben coexistir.

 

El respeto de la dignidad de la persona humana «implica respeto a su libertad en materia religiosa para profesar, practicar y manifestar públicamente la propia religión sin ser objeto de burla, injuriado, discriminado», constató.

 

«El respeto de los derechos y dignidad de otros debería marcar el límite de cualquier derecho, incluso el de la libertad de expresión y manifestación de las propias opiniones, incluidas las religiosas», dijo el arzobispo Tomasi.

 

Reconociendo los resultados trágicos del «fanatismo pseudorreligioso», el arzobispo subrayó que la religión y ciencia están entre los factores sociales que «más han contribuido al progreso de la humanidad a través de la promoción de los valores culturales, artísticos, sociales y humanitarios».

 

«Cualquier religión que alaba o tolera la violencia, intolerancia y odio se hace a sí misma no merecedora de este nombre», añadió.

 

«La dimensión religiosa de la persona humana, su actitud ante la trascendencia y las consecuentes exigencias éticas», dijo, «es una referencia básica de la conducta personal y social».

 

«Las religiones pueden ofrecer, y, de hecho, ofrecen, una sólida formación para la defensa de los valores de la justicia personal y social, para el respeto de los demás y de la naturaleza», indicó el nuncio vaticano.

 

«Un estado realmente democrático valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien común, merecedor de respeto y protección, y crea las condiciones que permiten a sus ciudadanos vivir y actuar libremente», subrayó el arzobispo Tomasi.

 

«Un enfoque completo que ve el respeto de religión enraizado en la libertad que cada persona humana tiene derecho a disfrutar, en un equilibrio de derechos con los demás y con la sociedad, parece el camino razonable a emprender», concluyó.

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