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Iglesia católica

Fallece a los 103 años el obispo chino Meng, infatigable pastor de almas

Fallece a los 103 años el obispo chino Meng, infatigable pastor de almas

De la Iglesia «no oficial», había pasado 25 años en campos de trabajo

 

NANNING/ROMA, domingo, 14 enero 2007 (ZENIT.org).- Ha muerto el obispo católico de Nanning (Guangxi, China) monseñor Joseph Meng Ziwen, un «pastor humilde y extraordinario que dedicó su vida a la comunidad en la que vivía con una energía y una vitalidad fuera de lo común».

 

A la edad de 103 años, el pasado domingo, el prelado falleció víctima de un cáncer de hígado. La noticia la ha confirmado este viernes la agencia del Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras (PIME) «AsiaNews.it».

 

Monseñor Meng, obispo «no oficial» de Nanning, era el prelado más anciano de todo el país.

 

El Gobierno chino permite la práctica religiosa en su país sólo con personal reconocido y en lugares registrados ante la Oficina de Asuntos Religiosos y bajo el control de la «Asociación Patriótica» (AP) –cuyo estatuto recoge la creación de una Iglesia nacional desgajada de la Santa Sede-.

 

De ahí que afirmen una diferencia entre una Iglesia «oficial» o «patriótica» y los fieles que tratan de salirse del citado control para ponerse en obediencia directa del Papa, formando la Iglesia «no oficial» o «clandestina».

 

Gran experto en China, el padre Giancarlo Politi, misionero del PIME, comparte en la agencia especializada en el contexto asiático su recuerdo del prelado fallecido: «Era una persona que hasta hace tres años, a los cien de edad, celebrara Misa cada domingo en tres parroquias distintas».

 

Había nacido el 19 de marzo de 1903 en una familia no católica de Hengling. Fue bautizado de joven. A los 18 años ingresó en el seminario menor, donde permaneció otros ocho. De ahí pasó al seminario mayor de Penang, en Malasia, donde estudió durante seis años Teología y Filosofía. Fue ordenado sacerdote en 1935, en Nanning.

 

Tras la revolución comunista fue acusado de colaboracionismo con el partido político «Kuomintang» y a principios de los años ‘50 enviado a un «laogai» («campo de reforma a través del trabajo») del que tardó en ser liberado siete años.

 

Entonces abrió una clínica aprovechando sus estudios de medicina, de sus tiempos de juventud. Un año después, acusado de «atender a los enemigos de la Revolución», fue nuevamente detenido. No salió del campo de trabajo hasta 1970.

 

Fue hacia los años ‘80 cuando logró la restitución de algunos bienes y propiedades de la diócesis; estructuró un grupo de religiosas y sacerdotes encargados de la evangelización.

 

«Llevar a Cristo al mundo» fue el objetivo principal de toda su vida.

 

Con la aprobación de la Santa Sede, recibió la consagración episcopal en 1984, pero el régimen comunista nunca quiso reconocerlo así.

 

Para evitar problemas a su comunidad, monseñor Meng siempre firmó los documentos oficiales de la diócesis como sacerdote; sus fieles le llamaban afectuosamente «lao shenfu» (sacerdote más anciano).

 

El prelado chino «siempre vivió con humildad», recuerda el padre Politi; «aún sin poder proclamarse obispo, siempre se movió con bastante libertad por todo Guangxi, que cuenta con comunidades cristianas pequeñas y vivas en un clima distendido».

 

«Allí nunca ha habido un conflicto encendido contra la Iglesia como en otros lugares de China», observa.

 

El coadjutor de monseñor Meng, monseñor John Baptist Tan Yanchuan, celebró los funerales por su eterno descanso el sábado.

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Hacen falta «soluciones nuevas» para la crisis en el Líbano

Hacen falta «soluciones nuevas» para la crisis en el Líbano

Dicen los obispos maronitas

 

BEIRUT, jueves, 11 enero 2007 (ZENIT.org).- Hay que encontrar «otra solución» para la formación de un gobierno en el Líbano respecto al de «unidad nacional» del que se habla desde hace meses, mientras que la protesta de la oposición ha provocado una «catástrofe económica» en un país ya afectado por la guerra.

 

Esta es la posición de los obispos maronitas que, al término de su asamblea mensual, en un comunicado, informa AsiaNews.it, denuncian el hecho de que el verdadero meollo de la crisis libanesa parece ser la formación del tribunal internacional sobre el asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri y exhortan a los libaneses a encontrar «desde dentro» una solución a sus problemas.

 

Los obispos maronitas, reunidos en Bkerke, bajo la presidencia del cardenal Nasrallah Sfeir, patriarca de Antioquía de los Maronitas, subrayan que «las fórmulas de gobierno de las que se habla no verán probablemente nunca la luz, a causa de las dificultades inextricables con las que tropiezan».

 

«Parece --añaden-- que el tribunal internacional sea el meollo neurálgico de la crisis libanesa, con una parte que insiste en su formación, para que se ponga fin a la serie de asesinatos que han provocado el final de lo mejor de sus hombres políticos, mientras que otros, en su mayoría no libaneses, esperan comprometer su formación y pasar más allá, en el temor de que la verdad afecte a sus intereses».

 

La inestabilidad, subrayan los prelados libaneses, podría empujar a los países dispuestos a ayudar al Líbano a dar un paso atrás, justo mientras se acerca el encuentro de los países donantes, programado para el día 25 en París.

 

«Por esto es de dentro de donde debe venir una iniciativa de salvación, más bien que de fuera, porque, como dice el proverbio, ‘nadie te sirve mejor que tú mismo’. La parálisis de las instituciones constitucionales –Presidencia de la República, Gobierno y Parlamento- que se acusan recíprocamente de ilegitimidad, exige que se busque otra solución» para «reconstituir una autoridad que salve al Líbano».

 

Un subrayado sobre el papel que las autoridades religiosas pueden desempeñar en la solución de la crisis libanesa ha llegado también del Consejo superior chií, que se ha expresado a favor de la reanudación del diálogo.

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El milagro de los cristianos socialistas

El milagro de los cristianos socialistas

La resaca del Gobierno socialista comienza a hacer estragos. El desnortamiento en la política con ETA, que no contra ETA, y la improvisación sistemática en otras medidas de gobierno que afectan directamente a los ciudadanos empieza a complicar en demasía la situación. No nos alarmemos. Cuando fallan la estrategia y la táctica, las previsiones de comportamiento sociológico, la lógica de la creación de necesidades y el cambio cultural, vienen los nuevos cristianos socialistas y hacen el milagro.

 

Eufóricos con las manifestaciones de buena voluntad entre el gobierno y la cúpula de la Conferencia Episcopal, amnésicos de la respuesta del sector más rabiosamente laicista del Gobierno –leamos El País, que algo queda–, ahora se prodigan en explicar que "tenemos la oportunidad histórica de construir la laicidad como el ámbito de encuentro, diálogo y articulación de todas las Españas y de los españoles. El factor católico, ¿va a favorecer o va a obstruir esta oportunidad?", según afirma en un sorprendente libro, publicado por una editorial de las denominadas religiosas –es decir, que gana dinero con libros de teología y espiritualidad–, del sociólogo e intelectual primero, pero no único, de los cristianos socialistas, Rafael Díaz Salazar.

 

El libro en cuestión es la hoja de ruta de la toma de conciencia del pensamiento progresista cristiano español ante la situación política, social y cultural. Su título es El factor católico en la política española. Del nacionalcatolicismo al laicismo. Este libro sólo es equiparable, en el sentido de baluarte de las ideas disolventes con la identidad del catolicismo, al que también ha publicado recientemente la misma editorial sobre el balance y las perspectivas de los últimos veinticinco años de teología en España. Texto en el que se incluyen algunas colaboraciones que bien demuestran que el único refugio que le queda a un determinado marxismo, no tan utópico como se cree, es una forma de teología y de pastoral que no se parece en nada a la que hizo, por ejemplo, Joseph Ratzinger.

 

¿Qué es lo que piensan, o dicen pensar, los cristianos socialistas? El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha cogido por los cuernos el toro de la modernidad en España y está desarrollando una propuesta de laicidad inclusiva –así se llama– que responde a las inquietudes, demandas, intereses y necesidades de los españoles –el rostro de los nuevos valores–. Aunque reconocen que se han precipitado en algunas decisiones –matrimonio gay, por ejemplo–, el fondo y la forma de la canción les agrada sobremanera. Pero, siempre hay un pero, este proyecto topa con la oposición de la Iglesia católica, de la Conferencia Episcopal. Claro está, no es toda la jerarquía, ni toda la Conferencia Episcopal; son los obispos que aún están anclados en el nacionalcatolicismo y en sus presupuestos doctrinales y políticos. Son los que creen, por ejemplo, que la unidad de España es un bien moral, y otras cosa parecidas.

 

Los obispos, por cierto, no están solos en esta oposición por sistema. Cuentan, según nuestro autor y sus corífeos, con los católicos más reaccionarios que, según se lee, son los miembros del Opus Dei y de la Asociación Católica de Propagandistas, amén de otros pertenencias: kikos, Comunión y Liberación, etc., que además dominan y controlan ciertos medios de comunicación como la COPE o La Razón. Pero, curiosidades de la historia, dicen para así ratificar su hipótesis que estos reaccionarios son los mismos que legitimaron el franquismo durante cuarenta años y no se han despegado de él: los obispos, los compañeros de Martín Artajo y los ministros tecnócratas del Opus Dei. Son y se constituyen, por tanto, en los enemigos del presente, de la historia.

 

Entenderá el lector que seguir por este camino de síntesis y glosa a tamañas imaginaciones y suposiciones significa dar pábulo a una considerable pérdida de tiempo. Pero ahí están quienes consideran que el reciente juicio moral de la situación de nuestro país que ha hecho la Conferencia Episcopal responde a una confrontación por la nostalgia del poder y del dominio social. No olvidemos uno de los problemas de fondo: el tardoprogresismo cristiano continúa anclado en una concepción de la vida de fe, de la Iglesia, que no ha pasado por la ilustración que representa la caída del muro de Berlín y las reflexiones sobre la crisis de la modernidad, sobre el relativismo, sobre el laicismo, sobre los fundamentos pre-políticos del Estado del Derecho, sobre la libertad, sobre la identidad cristiana. Y así nos va, y así les va.

 

Por José Francisco Serrano Oceja

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 11 de enero de 2007

Benedicto XVI acepta la dimisión del arzobispo de Varsovia

Benedicto XVI acepta la dimisión del arzobispo de Varsovia

Tras reconocer que había colaborado con los servicios secretos comunistas

 

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 7 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha aceptado este domingo las dimisiones de monseñor Stanislaw Wielgus, en el día en el que debería haber inaugurado su ministerio pastoral como arzobispo de Varsovia, después de haber reconocido que colaboró con los servicios secretos comunistas de Polonia.

 

En una nota difundida en este día por la Santa Sede, la nunciatura apostólica en Polonia ha comunicado que monseñor Wielgus, presentó al Papa «las dimisiones del oficio canónico, de acuerdo con el canon 401 § 2 del Código de Derecho Canónico».

 

El canon dice textualmente: «Se ruega encarecidamente al obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo».

 

«El Santo Padre ha aceptado las dimisiones del arzobispo Stanisław Wielgus y ha nombrado a su eminencia, el cardenal Józef Glemp, primado de Polonia, administrador apostólico de la archidiócesis de Varsovia hasta nueva indicación», añade la nota emitida por el arzobispo Józef Kowalczyk, nuncio apostólico en Polonia.

 

Monseñor Wielgus reconoció en una declaración que en su juventud colaboró con los servicios secretos, después de que este viernes se publicara una declaración de la Comisión histórica eclesiástica de Polonia en la que se confirma que la relación del entonces joven sacerdote con la Sluzba Bezpieczenstwa.

 

La Comisión aclaró que, en virtud de los documentos del Instituto de la Memoria Nacional analizados, «no se puede afirmar que esta colaboración tuvo consecuencias para personas o instituciones». Este tipo de colaboración estaba prohibida por el episcopado.

 

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, emitió este domingo una declaración en la que constata que las filtraciones de noticias sobre el pasado comunista de Polonia están siendo utilizadas por quienes en el pasado persiguieron a la Iglesia en ese país.

 

«El comportamiento de monseñor Wielgus en los años pasados del régimen comunista en Polonia ha comprometido gravemente su autoridad, incluso ante los fieles», comienza constatando la declaración.

 

«Por ello, a pesar de su humilde y conmovedora petición de perdón, la renuncia a la sede de Varsovia y su rápida aceptación por parte del Santo Padre ha parecido una solución adecuada para afrontar la situación de desorientación que se ha creado en esa nación», aclara el portavoz vaticano.

 

«Es un momento de gran sufrimiento para una Iglesia a la que todos debemos muchísimo y a la que amamos, que nos ha dado pastores de la grandeza del cardenal Stefan Wyszynski y sobre todo del Papa Juan Pablo II», reconoce el padre Lombardi.

 

«La Iglesia universal debe sentirse solidaria espiritualmente con la Iglesia que está en Polonia y acompañarla con la oración y el aliento para que pueda volver a encontrar pronto la serenidad», asegura.

 

«Al mismo tiempo --sigue diciendo--, es conveniente observar que el caso de monseñor Wielgus no es el primero y probablemente no será el último caso de ataque a personalidades de la Iglesia en virtud de la documentación de los servicios del pasado régimen».

 

«Se trata de un material enorme y, al tratar de evaluar su valor y de sacar conclusiones confiables, no hay que olvidar que fue producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista».

 

«Después de tantos años del régimen comunista, cuando ya no está la grande e inatacable figura del Papa Juan Pablo II, la actual oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia no parece una sincera búsqueda de transparencia y verdad, sino más bien una extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios, una venganza por parte de quien, en el pasado, la había perseguido y fue derrotado por la fe y por la sed de libertad del pueblo polaco».

 

«“La verdad os hará libres” dice Cristo --concluye el portavoz--. La Iglesia no tiene miedo de la verdad y, para ser fieles a su Señor, sus miembros deben saber reconocer sus propias culpas. Deseamos que la Iglesia en Polonia sepa vivir y superar con valentía y lucidez este período difícil para que pueda seguir ofreciendo su preciosa y extraordinaria contribución de fe y de empuje evangélico a la Iglesia europea y universal».

 

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Monseñor Dorado asegura que “el Estado debe servir a la sociedad, no suplantarla”. “Uno de los problemas más graves de una democracia es la pasividad ciudadana”

Monseñor Dorado asegura que “el Estado debe servir a la sociedad, no suplantarla”. “Uno de los problemas más graves de una democracia es la pasividad ciudadana”
Monseñor Antonio Dorado, obispo de Málaga, explicó que “el Pueblo de Dios está vivo y quiere asumir el protagonismo que le corresponde en la Iglesia y en la sociedad” y afirmó que uno de “los problemas más graves de una democracia” es “la pasividad ciudadana, el hecho de que la sociedad dimita de su protagonismo y deje las iniciativas en manos del Estado, que está para servir a la sociedad y no para suplantarla”.

En este contexto, felicitó las iniciativas ciudadanas que han surgido para protestar contra la asignatura impuesta por el Gobierno de “Educación para la Ciudadanía”.

“No basta con que hablemos los obispos, sino que se tiene que escuchar también la voz de los seglares”, y recordó que el Concilio Vaticano II alentó “el esfuerzo por informar con espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad”, como “una obligación propia de los seglares, que nunca podrá ser realizada convenientemente por otros”.

Concretamente, monseñor Dorado citó algunos ejemplos de este compromiso de los cristianos en la actualidad, como la iniciativa “liderada por Profesionales por la Ética y apoyada por otras asociaciones, como El Foro Español de la Familia y la Asociación de Familias Numerosas”, que “intentan hacerse oír en lo que se refiere a una educación de la ciudadanía”.

Asimismo, el obispo de Málaga recibió con agrado la presentación en su diócesis de la REDMADRE, que está promovida por El Foro de la Familia, que “pretende ser una red de apoyo solidario a la mujer embarazada, a la que quiere ofrecer ayuda psicológica, médica, ginecológica, de inserción en el mercado laboral y otros aspectos no menos importantes”.

Monseñor Dorado hizo también una alusión a la campaña «Sin duda, sin deuda», en la que han participado varios grupos cristianos y resalta otro como ejemplo del protagonismo de los laicos en la actualidad, “la movilización de padres, profesores y alumnos ante la decisión arbitraria de la directora de un colegio del que retiró un belén confeccionado por los niños que cursan la religión católica”.

Análisis Digital, 4 de enero de 2006

Uniones civiles de la discordia

Uniones civiles de la discordia La Iglesia teme que la tendencia legal mine el matrimonio

 

ROMA, lunes, 1 enero 2007 (ZENIT.org).- En Italia está teniendo lugar un acalorado debate sobre si se debe dar reconocimiento legal y derechos a las parejas que cohabitan. Poco después de las elecciones generales del pasado abril, algunos miembros del nuevo gobierno de centro-izquierda hablaron brevemente sobre el tema. El tema ha vuelto de nuevo cuando el gobierno anunció que a principios del 2007 habrá una nueva ley para las parejas de hecho.

 

Todavía no está clara la formulación exacta de la ley, pero según especulan los medios daría estatus legal tanto a las parejas de hecho heterosexuales como a las homosexuales. El debate sobre qué derechos se deberían dar a las parejas está dividiendo a las coaliciones de partidos tanto del gobierno como de la oposición.

 

Rápidamente la Iglesia criticó la propuesta, aunque de forma indirecta, a través de artículos en el periódico vaticano, L’Osservatore Romano. El primer paso se dio con la aprobación por el consejo municipal de Padua de una moción aprobando el reconocimiento de derechos para las parejas que cohabitan.

 

La edición del 7 de diciembre de L’Osservatore Romano condenaba la medida, sosteniendo que fijaba un peligroso precedente al reconocer formas familiares no basadas en el matrimonio entre un hombre y una mujer. El proyecto del gobierno de la nación para las parejas de hecho también recibió atención inmediatamente después. La edición del 9-10 de diciembre el periódico vaticano consideraba una «mentira» el argumento de que dar derechos a las parejas que cohabitan no daña a la institución de la familia.

 

En el pasado reciente han entrado en vigor en Europa diversas formas de leyes que dan derechos a las parejas de hecho. Un libro publicado en Italia por el periodista Umberto Folena, «I PACS della Discordia: Spunti per un dibattito» (Los PACS de la Discordia: Ideas para un Debate), hacía un repaso de la situación. PACS es el acrónimo francés para «pactos de solidaridad civil».

 

Dinamarca fue la primera de la lista, en 1989, cuando otorgó reconocimiento formal a las uniones homosexuales. Noruega le siguió en 1993; Suecia, el año siguiente. En 1996, Islandia también dio a las parejas del mismo sexo esta posibilidad.

 

En 1999, Francia aprobó una ley que permitía a dos personas, independientemente de su sexo, formar una unión legal que les da una serie de derechos relacionados con cuestiones fiscales y de bienestar. En Alemania, una ley del 2000 dio a los homosexuales muchos de los derechos legales de las parejas casadas. Una ley posterior, aprobada en el 2004, abrió la posibilidad a las parejas no casadas de la adopción.

 

Otros países europeos que dan reconocimiento a las parejas no casadas son Portugal, Finlandia, Reino Unido y Luxemburgo. En 2001 Holanda dio el paso de conceder los derechos plenos de matrimonio a los homosexuales, incluyendo el derecho de adopción. Siguió España, en junio del 2005. Fuera de Europa, Canadá abrió el matrimonio a las parejas homosexuales en julio del 2005.

 

En los Estados Unidos, Nueva Jersey se ha convertido en el tercer estado, tras Vermont y Connecticut, en reconocer las uniones de civiles de parejas del mismo sexo. La ley, firmada el 20 de diciembre por el gobernador, Jon Corzine, fue impuesta a los legisladores por una sentencia reciente del Tribunal Supremo de Nueva Jersey.

 

En los medios italianos abundan los argumentos sobre el tema de los derechos para las parejas en uniones de hecho. Algunos artículos de opinión en periódicos han mantenido que sería «no cristiano» denegar protección legal a las parejas de hecho.

 

Una guía útil a este debate es el libro «PACS, matrimonio e coppie omosessuali» (PACS, Matrimonio y Parejas Homosexuales), de Michele Aramini. El autor, que enseña teología en la Universidad Católica de Milán, se centraba en el tema de los derechos para las parejas del mismo sexo. Comenzaba explicando la necesidad de separar el tema de la familia del de proteger a los homosexuales de una discriminación injusta.

 

Se debería proteger a los homosexuales del trato injusto, declaraba Aramini, pero esto no significa que sus relaciones deban ponerse al mismo nivel que la forma tradicional de matrimonio y familia.

 

Cuando se define la familia, continuaba, un elemento esencial es el de la procreación. Puesto que esto sólo es posible cuando la pareja está formada por miembros del sexo opuesto, es imposible hablar de «familias» homosexuales.

 

E incluso a un nivel más fundamental, lo que está en cuestión es el concepto de persona humana y si existe una única y objetiva forma de vivir en el área de la sexualidad y de la familia. Quienes defienden los derechos de las parejas homosexuales, u otras formas de cohabitación, mantienen que esto es sólo reconocer simplemente una diferencia legítima en los estilos de vida.

 

La réplica a este argumento, explica Aramini, es reconocer que la familia basada en el matrimonio no es algo que dependa de una serie de circunstancias culturales e históricas susceptibles de cambiar. Se basa, más bien, en necesidades inherentes a nuestra misma naturaleza humana. Exigir derechos para las parejas que cohabitan no es otra cosa, por tanto, que una expresión de la actual tendencia hacia el individualismo extremo. Este individualismo exige que la legislación se acomode a lo que pueda demandar el individuo, sin tener en cuenta las consecuencias para los demás o para la sociedad.

 

La familia tradicional, basada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, trae consigo muchos beneficios para la sociedad y el bien común, apunta Aramini. La familia es, de hecho, el cimiento básico de la sociedad. Como tal, es perfectamente legítimo que se le dé un estatus legal privilegiado.

 

El Pontificio Consejo para la Familia presentó un argumento similar en su declaración publicada en el 2000: «Familia, Matrimonio y ‘Uniones de Hecho’». «La familia fundada en el matrimonio», indicaba, «es un bien fundamental y precioso para la sociedad entera, cuyo entramado más firme se asienta sobre los valores que se despliegan en las relaciones familiares» (n. 2).

 

Diferencia sustancial

 

El documento sigue explicando por qué el matrimonio y las diferentes formas de uniones de hecho no pueden ponerse al mismo nivel. La familia se basa en el vínculo matrimonial entre los esposos y es el núcleo para la procreación y educación de la próxima generación. Como institución precede, de hecho, al Estado.

 

No es razonable esperar, sostiene el Pontificio Consejo para la Familia, que las funciones vitales llevadas a cabo por la familia, basada en un matrimonio estable, puedan llevarlas a cabo las uniones de hecho a gran escala, de forma estable y permanente.

 

La presión por el reconocimiento legal de las uniones de hecho se suele hacer basándose en la necesidad de evitar la discriminación. Sin embargo, ceder a esta petición «comporta una verdadera discriminación de la familia matrimonial, puesto que se la considera a un nivel semejante al de cualquier otra convivencia sin importar para nada que exista o no un compromiso de fidelidad recíproca y de generación-educación de los hijos».

 

En este sentido el documento pide que se haga una distinción entre el interés público y el interés privado. El Estado debería proteger lo que es de interés público, es este caso la familia basada en el matrimonio. Cuando se trata del interés privado, todo lo que el Estado está llamado a hacer es garantizar la libertad.

 

«El matrimonio y la familia», indica el documento, revisten un interés público y son núcleo fundamental de la sociedad y del Estado, y como tal deben ser reconocidos y protegidos» (No. 11). Una decisión de dos personas de vivir juntas, en contraste, es una elección privada. «Las uniones de hecho son consecuencia de comportamientos privados y en este plano privado deberían permanecer», sostiene el organismo vaticano.

 

Este punto de vista no es una imposición de las creencias cristianas en una sociedad plural, explica el documento. Es cierto que los cristianos tienen una visión del matrimonio y de la familia iluminada por su fe y por la enseñanza de la Iglesia, pero el matrimonio es también una realidad natural. «No es cuestión, primariamente, de fe cristiana, sino de racionalidad» (n. 13). Una racionalidad que cada vez se está oscureciendo más en muchos países.

 

Por el padre John Flynn

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El Predicador del Papa pide el don de un padre y una madre para los niños del mundo

El Predicador del Papa pide el don de un padre y una madre para los niños del mundo

El Predicador del Papa pide el don de un padre y una madre para los niños del mundo

Comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., a la liturgia del próximo domingo

 
ROMA, viernes, 29 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el comentario del padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, a la liturgia de la Misa del próximo domingo, de la Sagrada Familia: Jesús, María y José.

 
Domingo después de Navidad: Fiesta de la Sagrada Familia

 

I Samuel 1, 20-22.24-28; I Juan 3, 1-2.21-24; Lucas 2, 41-52

 

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». En estas palabras de María vemos mencionados los tres componentes esenciales de una familia: el padre, la madre, el hijo. No podemos este año hablar de la familia sin tocar el problema que en estos momentos más agita a la sociedad y preocupa a la Iglesia: los debates parlamentarios sobre el reconocimiento de las parejas de hecho.

 

No se puede impedir que el Estado busque dar respuesta a situaciones nuevas presentes en la sociedad, reconociendo algunos derechos civiles a personas también del mismo sexo que han decidido vivir juntas sus propias vidas. Lo que importa a la Iglesia –y debería importar a todas las personas interesadas en el bien futuro de la sociedad- es que esto no se traduzca en un debilitamiento de la institución familiar, ya muy amenazada en la cultura moderna.

 

Se sabe que la forma más efectiva de agotar una realidad o una palabra es la de dilatarla y banalizarla, haciendo que abrace cosas diferentes y entre sí contradictorias. Esto ocurre si se equipara la pareja homosexual al matrimonio entre el hombre y la mujer. El sentido mismo de la palabra «matrimonio» -del latín, función de la madre (matris)- revela la insensatez de tal proyecto.

 

No se ve, sobre todo, el motivo de esta equiparación, pudiéndose salvaguardar los derechos civiles en cuestión también de otras maneras. No veo por qué esto deberá sonar a un límite y ofensa a la dignidad de las personas homosexuales, hacia quienes todos sentimos el deber de respetar y amar, y de quienes, en algunos casos, conozco personalmente su rectitud y sufrimiento.

 

Lo que estamos diciendo vale con mayor razón para el problema de la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. La adopción por parte de éstas es inaceptable porque es una adopción en exclusivo beneficio de los adoptantes, no del niño, que bien podría ser adoptado por parejas normales de padre y madre. Hay muchas que esperan hacerlo desde hace años.

 

Las mujeres homosexuales también tienen, se hace observar, el instinto de la maternidad y desean satisfacerlo adoptando a un niño; los hombres homosexuales experimentan la necesidad de ver crecer una joven vida junto a ellos y quieren satisfacerla adoptando a un niño. Pero ¿qué atención se presta a las necesidades y a los sentimientos del niño en estos casos? Se encontrará con que tiene dos madres o dos padres -en lugar de un padre y una madre-, con todas las complicaciones psicológicas y de identidad que ello comporta, dentro y fuera de casa. ¿Cómo vivirá el niño, en el colegio, esta situación que le hace tan diferente de sus compañeros?

 

La adopción es trastornada en su significado más profundo: ya no es dar algo, sino buscar algo. El verdadero amor, dice Pablo, «no busca el propio interés». Es verdad que también en las adopciones normales los progenitores adoptantes buscan, a veces, su bien: tener alguien en quien volcar su amor recíproco, un heredero de sus esfuerzos. Pero en este caso el bien de los adoptantes coincide con el bien del adoptado, no se opone a él. Dar en adopción un niño a una pareja homosexual, cuando sería posible darlo a una pareja de padres normales, no es, objetivamente hablando, hacer su bien, sino su mal.

 

El pasaje del Evangelio de la festividad termina con una escena de vida familiar que permite entrever toda la vida de Jesús desde los doce a los treinta años: «Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre iba guardando todas estas cosas en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en edad y en gracia ante Dios y los hombres». Que la Virgen obtenga a todos los niños del mundo el don de poder, también ellos, crecer en edad y gracia rodeados del afecto de un padre y de una madre.

 

[Traducción del italiano realizada por Zenit]

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Herida de una belleza que nos permite renacer

Herida de una belleza que nos permite renacer

Confusión es la palabra que describe el contexto humano y cultural en el que vivimos. Nos damos cuenta de que ésa es la situación porque tenemos urgencia de una certeza. Toda la confusión en la que estamos inmersos no puede evitar que se manifieste el deseo de verdad, de justicia, de felicidad que nos constituye.

«Me he buscado a mí mismo. Se busca sólo esto» (Cesare Pavese). Insatisfacción, inquietud y tristeza nos dicen que el deseo del corazón es inextirpable – un dato que ningún nihilismo puede vencer – . Ni siquiera nuestra mentira, nuestros intentos de vivir como si no existiese, consiguen extirparlo. Tanto es así que no vemos más escapatoria que odiarlo: «Cuando se nubla, el corazón pesa como la peor carga. Y es difícil sostener esta carga sin odiarse, no hallando consuelo de haber nacido» (María Zambrano).

Un odio comprensible porque, si el deseo de felicidad no encuentra la presencia que lo satisface, es «como un ímpetu enloquecido, que ya no sabe a dónde ir»; no «puede autodestruirse porque es constitutivo y quien nos ha constituido es otro, es el Destino». Por eso incluso en el abismo del olvido se puede encender de nuevo el deseo de volver a casa. Así fue para el hijo pródigo. Y así es para cualquiera al que le quede todavía una pizca de ternura hacia sí mismo, «porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer» (Ernesto Sábato).

El corazón permanece como un baluarte contra el nihilismo. Dar crédito al corazón, al deseo de volver a casa, es el comienzo de ese renacer del que habla Sábato. Parece poca cosa, pero es lo que necesitamos para reconocer la verdad, si nos saliera al encuentro. En el corazón, en efecto, tenemos el criterio para juzgar: « El infierno – escribe Italo Calvino – es algo que está aquí. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es arriesgada y exige una atención y un aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y dejarle espacio ».

¿Dar espacio a qué, si las cosas, los rostros, incluso las relaciones más queridas, parecen no tener fuerza y consistencia para vencer al infierno? Haría falta algo excepcional para respirar y vivir. El nacimiento de Cristo es el anuncio de este hecho excepcional que irrumpe en los límites cerrados de la experiencia humana: el Verbo se ha hecho carne, Dios se convierte en uno de nosotros.

Hoy, sin embargo, estamos acostumbrados a hablar de la Navidad como un sentimiento, un folclore o un rito ya conocido, más que como un hecho excepcional. Tanto es así que la fe ya no interesa a casi nadie, ni siquiera a muchos de los que van a la Iglesia. Lo que interesa en la vida está en otra parte. «Pero ¿cómo es posible –se pregunta Benedicto XVI– que un hombre diga “no” a lo más grande que hay; que no tenga tiempo para lo más importante; que encierre su existencia en sí mismo?». Y responde: «¡En realidad, nunca han hecho la experiencia de Dios; nunca han experimentado cuán delicioso es ser “tocados” por Dios!». ¿ Cómo podemos ser “tocados” por Dios? Sólo a través de la humanidad cambiada de testigos, no porque sean mejores, sino porque han sido cautivados, aferrados por un Hecho que mueve toda su vida, como les sucedió, de forma inesperada, a los pastores: «¡Venid a ver! ¡Un niño ha nacido para vosotros!».

Por lo tanto, la Navidad es una esperanza para todos. Basta con mirar y dejarse “herir” por su belleza, tal como la describe la liturgia de la noche de Navidad: «En el misterio del Verbo encarnado aparece ante los ojos de nuestra mente la luz nueva de tu resplandor». Encontramos un eco de este estupor en las palabras de Pasolini: «El ojo mira… es el único que puede percibir la belleza… la belleza se ve porque está viva, y por lo tanto es real. Digamos, mejor, que puede suceder que la veamos. Depende de dónde se manifieste. El problema es tener ojos y no saber ver, no mirar lo que sucede. Ojos cerrados. Ojos que ya no ven. Que ya no son curiosos. Que ya no esperan que suceda nada. Quizá porque no creen que la belleza exista. Pero por el desierto de nuestras calles Ella pasa, rompiendo el límite finito y llenando nuestros ojos de deseo infinito».

Hoy, como hace dos mil años. Desde entonces este deseo infinito hace que la Iglesia grite: «¡Ven, Señor Jesús!».

Julián Carrón, (publicado en El Mundo)