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Opinión y análisis

Familia y tradición

Familia y tradición

LA celebración de la fiesta de las familias cristianas les ha dejado el cuerpo a los progres como a la niña de «El exorcista». El progre, que es analfabeto y se vanagloria de serlo, cuando se refiere a la familia le añade desdeñosamente el calificativo de «tradicional»; pero decir «familia tradicional» es como decir «cigüeña ovípara». El progre es ese tío que está dispuesto a defender la existencia de cigüeñas que se reproducen al modo mamífero, o por esporas; y, del mismo modo, pretende vendernos la moto de que existen familias no tradicionales. Al decir «familia tradicional», el progre revela dos rasgos constitutivos de su idiosincrasia: su incultura supina (ignora el muy zoquete que traditio significa «entrega», «transmisión»; y huelga explicar que no puede existir familia si no existe transmisión de vida, afectos y valores) y su odio atávico, inveterado, insomne a la tradición.

 

Y es que la razón vital del progre no es otra que acabar con la tradición, romper los vínculos que unen a unas generaciones con otras. La tradición es una larga cadena viviente en la que cada generación absorbe el acervo moral y cultural que la precede y lo entrega a la generación siguiente; y en ese proceso de transmisión, que no es inerte ni fosilizado como pretende el progre, cada generación enriquece el legado recibido mediante aportaciones propias. Así ha ocurrido desde que el mundo es mundo, en el arte y en la vida; y la civilización  humana ha crecido de este modo, sobre el humus fecundo de los tesoros que las generaciones anteriores se han encargado de preservar y ceder en herencia a quienes venían después. El progre sabe que, mientras esta cadena no se quiebre, no logrará imponer sus designios; de ahí que quiera destruir el mundo heredado de nuestros antepasados y sustituirlo por otro nuevo en el que ya no existan vínculos entre generaciones. Por supuesto, este afán destructivo no es inocente: el progre sabe que el hombre desvinculado deja de ser hombre para degenerar en monicaco; sabe que, desamparado de la tradición, el hombre se convierte en carne de ingeniería social. Por eso, el progre abomina de las fiestas y ritos que nos vinculan al pasado, por eso destierra de sus planes educativos el Latín y lo sustituye por Educación para la Ciudadanía, por eso trata de matar los afectos que sólo en el seno de la familia adquieren sentido. Pero el progre no puede completar su designio destructivo sin ofrecer algo a cambio, una pacotilla que anestesie el desvalimiento humano. Y así, aprovechándose de ese desasosiego que deja en el corazón del hombre la falta de asideros, le vende progreso y modernidad como lenitivos de su terrible desvalimiento; y se los vende a través de la propaganda de los medios de adoctrinamiento de masas, logrando que el hombre alienado de su naturaleza (de la tradición que lo constituye) crea que esos lenitivos son más atractivos, logrando arrasar esa silenciosa y pensativa conversación de generaciones que a lo largo de los siglos había garantizado la transmisión de afectos y valores morales.

 

El progre sabe que para llevar a cabo su misión necesita destrozar el tejido celular de la sociedad, los vínculos que unos hombres entablan con otros según un impulso cordial y sagrado. También sabe que la primera sociedad natural es la familia: destruida ésta, será mucho más sencillo llevar a cabo sus designios. Y disfruta orgiásticamente contemplando los efectos de su devastadora acción: matrimonios deshechos porque sí a velocidad exprés, hogares desbaratados con el menor pretexto o sin pretexto alguno, hijos desparramados y convertidos en carne de psiquiatra, abortos a mansalva, nuevas fórmulas combinatorias humanas negadas a la transmisión de la vida, etcétera. Cuando, por el contrario, descubre que aún hay familias que se resisten a su ingeniería social; cuando descubre que aún queda gente con sueños comunes, con ideales compartidos, con afectos heredados de sus mayores que se renuevan en sus hijos; cuando descubre la fidelidad y la perseverancia de los buenos en medio de una generación que ya creía pervertida; cuando descubre que, además, toda esa resistencia numantina se funda en Dios... bueno, es natural que se le ponga el cuerpo como a la niña de «El exorcista».

 

JUAN MANUEL DE PRADA

ABC, 31 de diciembre de 2007

España (y Europa) se juegan su futuro en Kosovo: y vamos perdiendo

España (y Europa) se juegan su futuro en Kosovo: y vamos perdiendo

Vientos de guerra y de independencia en los Balcanes. Y de incertidumbre para España. Kosovo romperá la Europa de Zapatero y su secesión conviene sólo a Bush. Palabra de José María Aznar.

Ha habido sorpresas en España por lo que José María Aznar explicaba este martes en una entrevista a ABC: la inminente independencia de Kosovo no es una buena noticia para España, no es jurídicamente fácil de defender, conviene a los enemigos de una Europa fuerte y de unas verdaderas naciones-Estado soberanas, está patrocinada por grupos islamistas y terroristas y se asienta en el lugar de origen de la delincuencia organizada más peligrosa. A Estados Unidos puede interesarle en este momento, pero no a España. Lo dice Aznar, que carga aún con el sambenito de "proamericano" por su relación con George Bush, y que sin embargo deja muy claro que "la confianza entre naciones no consiste en opinar siempre lo mismo", sino en ser fiable defendiendo cada uno su interés. ¿Sabe Zapatero cuál es el de España?

¿Qué está pasando?

 

La presidencia de turno eslovena de la Unión Europea tiene que afrontar la mayor crisis interna de la UE en décadas, mayor incluso que el fracaso constitucional. La provincia serbia de Kosovo está bajo ocupación de la OTAN desde la guerra de 1999. Entonces una campaña mediática sobre supuestos abusos serbios contra la minoría albanesa musulmana se convirtió en casus belli y legitimación de la injerencia internacional. Hoy Kosovo es parte de Serbia pero Belgrado no participa en la administración. Las autoridades locales, albanesas y avaladas por la ONU, van a proclamar su independencia. Si Europa reconoce esa soberanía se abrirá una nueva era en las relaciones internacionales, en la que España no tiene nada que ganar.

 

Una historia complicada

 

Kosovo, el "campo del mirlo", fue el escenario histórico más antiguo del pueblo serbio. Al final de la Edad Media Serbia intentó sin éxito detener en Kosovo la invasión turca de Europa. Durante siglos el actual territorio de Kosovo fue ocupado por los musulmanes, que fomentaron su islamización y la inmigración albanesa, con un progresivo descenso del porcentaje de población serbia y cristiana. Kosovo es desde entonces multiétnico y multireligioso, y con esas características fue autónomo dentro de Serbia en la Yugoslavia de Tito. Cuando los países occidentales fomentaron la partición de Yugoslavia en los años 90 del siglo XX Kosovo siguió dentro de Serbia, pero la represión serbia de los actos terroristas del Ejército de Liberación de Kosovo (UCK) dio pie a la intervención militar de la OTAN, liderada por Estados Unidos y Alemania, avalada después por la ONU. Hoy la ocupación extranjera puede convertirse en secesión, y Serbia, con el respaldo de Rusia, ya ha advertido que quien reconozca esa independencia ha de atenerse a las consecuencias. Europa, presidida por Eslovenia, parece dispuesta a dar ese paso.

 

El problema jurídico

 

El gran problema, aún no resuelto del todo en dos siglos de liberalismo y nacionalismo, es quién es una nación y quién no tiene derecho a constituirse en Estado. Una nación no es cualquier conjunto de personas con unas características comunes; hay una serie mucho más compleja de requisitos –que no es el lugar de debatir- para esta indefinible creación intelectual de Europa Occidental. Y además no está escrito que todo grupo humano que diga ser una nación, o del que sus gobernantes locales digan tal cosa, haya de serlo o que por serlo deba ser soberano. Como dijo Aznar, "es un grave error cambiar las fronteras; y sería además un precedente muy negativo en Europa reconocer un principio de libre determinación". Si se aceptase semejante premisa jurídica se habría anulado cualquier posibilidad de orden y de paz en Europa, a escala mucho mayor incluso que cuando se escuchó a Woodrow Wilson.

 

Wilson no fue culpable de que los Balcanes sean como son, pero sí de mucho de lo que ha sucedido en Europa tras la Primera Guerra Mundial. En Kosovo se está a punto de aceptar una locura equivalente a los 14 Puntos más el tratado de Versalles, como si los europeos no supiésemos que negar a los Estados –Serbia en este caso- el derecho a resolver sus asuntos internos, anulando su soberanía, sólo ha traído guerras y genocidios. De no haber muerto en 1924 el principal acusado de Nuremberg debió ser Wilson, y en futuros juicios lo serán los gobernantes europeos si dan ahora este paso. También Alemania deberá responder por lo que en su momento hizo con Eslovenia y Croacia, que está en la raíz de este nuevo abismo.

 

El peor precedente posible para España

 

No hay por qué andarse con rodeos. Si los precedentes de la doctrina que puede hacer de Kosovo un Estado son nefastos, las consecuencias pueden ser aún peores. Si Kosovo sale adelante cualquier minoría supuestamente nacional de cualquier país europeo podrá invocar el precedente. Alegar unas diferencias respecto al conjunto del país, de uno u otro signo, de diferente entidad, con los oportunos medios de presión en la opinión pública exterior, sumados a una supuesta represión supuestamente cruenta: he ahí todo el negocio. Habrá derecho/deber de injerencia para unos y habrá derecho a la autodeterminación para otros. Y nadie que apoye esto ahora podrá después escandalizarse cuando minorías danesas, vascas, flamencas, laponas, galesas, bretonas o sorabas lo planteen. Y no olvidemos que este "debate político profundamente inmaduro" planea sobre la "charca en la cual el nacionalismo quiere construir unas naciones al margen de España".

 

El trasfondo ideológico, lo único no totalmente negativo

 

Es curioso que hoy aparezcan en franca decadencia las tendencias individualistas radicales que han impugnado durante dos siglos, y sobre todo durante el último medio, la dignidad del concepto de Patria. Hoy a bastantes pueblos les parece que sólo se puede resistir a los torbellinos de la anarquía y de la globalización si plantan los pies en la tierra nativa y renuevan (o inventan) una tradición nacional. La idea del Estado-Nación parece ser, de nuevo, la única capaz de devolver cierto valor a la vida de una civilización como la nuestra, en la que se han devaluado demasiado los principios espirituales y han desaparecido casi todos los puntos de referencia común para la conducta de los hombres. Como ha dicho Aznar, "cuando el jefe de tu gobierno dice que no sabe si existe la nación, tenemos motivos para estar preocupados; y cuando ese mismo jefe de gobierno, dos años después de decirlo se envuelve en la bandera nacional para todo, hay motivos para estar preocupado. Entonces, lo digo claramente: yo creo en la nación española, yo creo que España ha hecho grandes cosas históricamente; creo que como todas las naciones del mundo hemos tenido nuestros aciertos y nuestros errores, pero podemos confiar razonablemente en ella". La nación- pero la nación real, no las inventadas- vuelve a ser protagonista de la política en Europa.

 

Las palabras que durante milenios han iluminado la mente, reconfortado el corazón y servido a las gentes de nuestra estirpe para reconocerse entre la marea de pueblos han perdido hoy poder sugestivo. Pero la palabra "Patria" sube su cotización y se enriquece con valores cada vez más numerosos, de naturaleza moral, cultural, económica y social. Al margen de matices, que haya europeos dispuestos a fundar un Estado o a defender una nación es algo mejor que el individualismo y su inexorable consecuencia, el relativismo. El gran problema es que algunas de esas identidades son hijas del relativismo y caballos de Troya del mismo, en vez de baluartes de identidades objetivas. Pero, como ha explicado magistralmente Jesús Laínz, "el problema de los nacionalismos no es la idea de nación", sino la manipulación de ésta y sus falsificaciones. "No hay que atacar a las falsas construcciones identitarias por ser identitarias sino por ser falsas": que es el problema de Kosovo.

 

La geopolítica: Zapatero está del lado equivocado

 

El Derecho, tal y como se ha entendido en Europa en los siglos del Ius publicum europaeum, rechaza la independencia de Kosovo. Crear un Estado artificial en los Balcanes puede interesar al mundo islámico y a los Estados Unidos, pero no a Europa, y esto lo dice Aznar, para escándalo de quienes lo creían en otras coordenadas ideológicas. Esa independencia es un precedente pésimo para la paz en el continente, y además puede extenderse hacia el Oeste. No hay derecho a esa secesión, y a España además le conviene oponerse a ella por todos los medios. Dentro de todo, la única buena noticia es que la Rusia de Vladimir Putin no es la de Boris Yeltsin, y eso es especialmente bueno para los Estados mediterráneos de la Unión, inmovilizados ante esta locura colectiva del bloque alemán y de sus semicolonias danubianas. Serbia tiene razón, y una parte de su razón es la de España.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 27 de diciembre de 2007

Premier permanentemente preñada

Premier permanentemente preñada

No la odiaban por ser mujer, sino por ser madre, es decir, amante de la vida. En Occidente no marginan a la mujer por ser mujer, sino por amar la vida. Consideran que la mujer que ha optado por tener hijos es porque no sirve para otra cosa, aunque la crianza y educación es la profesión más dura del mundo. Y si encima la susodicha se atreve a hacer carrera pública... entonces es que algo sucio oculta. Provoca envidia entre las feministas y prevención entre los varones.

Siendo premier de Pakistán sus adversarios políticos traducían las siglas de su formación, el PPP, como “Premier Permanentemente Preñada”. No se engañen: en España le habrían dicho algo parecido: idiota, coneja, hipócrita, sumisa al varón, etc. O simplemente la habrían marginado. No tienen más que comprobar en qué ambientes se mueven nuestras ministras de cuota o pensar en cuál sería su actitud ante una mujer como Benazir que no tenía el menor reparo en mostrar, con naturalidad y autenticidad, que amaba a su esposo -su único esposo-, que tiene descendencia numerosa y que considera que el aborto es lo que es: un crimen. Convendrán conmigo en que no sería una buena compañera de viaje para Fernández de la Vega.

 

Insisto: el problema es que Benazir Bhutto amaba la vida. En España no la fusilarían los talibanes sino nuestras feministas, que son dos extremos del mismo péndulo y que mutuamente se retroalimentan.   

 

Por si fuera poco, era muy femenina en su actividad pública. ¿Qué puede aportar la feminidad a la vida pública? Pues lo mismo que aporta a cualquier otra actividad: la renuncia al poder para conseguir los objetivos. El hombre, y la feminista, siempre pretenden cambiar a la sociedad -para bien o para mal- desde arriba. La mujer desde donde está. Para el varón es preciso medrar para poder después ayudar; la mujer considera que la única manera de medrar es ayudar a su alrededor. Por eso, también, el hombre degenera por ambición, la mujer, cuando dimite de su vocación de servicio. Habrá que insistir: feminismo y feminidad no son distintos: son antitéticos. Para las feministas, servicio es servilismo. ¿Cómo no van odiar la medalla de oro del servicio al próximo, la maternidad?

 

Por ser mujer, madre y capaz la echaron con malas artes del poder. Bhutto se refugió entonces en esa célula de resistencia a la opresión que es la familia. Sufrió el exilio y volvió a un Pakistán que, por muy aliado que sea de Estados Unidos, sigue siendo un país al borde de una dictadura, dirigido por un jefe militar (que haya renunciado a la cúpula del Ejército es lo de menos). Como mujer que amaba la vida apasionadamente perseveró en su labor y acabó regresando a Pakistán sin emplear ni el poder ni la violencia. En dos semanas había elecciones, y era muy probable que pudiera regresar al Gobierno sin disparar un sólo tiro, sin amenazar a nadie, con la fuerza imparable de su palabra y de sus convicciones.

 

Ahora feministas y feministos -por ejemplo ZP- tratarán de apropiarse de su figura. El mismo viernes, leo en el diario El País: “La mujer que no temía a los fanáticos. En primer lugar sí que les temía, que la valentía no consiste en no sentir miedo -eso es pura necedad- sino en ser coherente con tus principios a pesar del miedo”. El progresismo de derechas, palpable en El Mundo, da un paso más con la “intolerable provocación de un rostro hermoso”. No era el rostro sereno de Benazir lo que resultaba insufrible para sus verdugos. El fanático no es un idiota, ni es alguien que se siente en posesión de la verdad. Eso es mero sentido común. El fanático es alguien lo suficientemente inteligente como para percibir una contradicción en el adversario y, a partir de ahí, juzgar con el mismo rasero al conjunto de las ideas ajenas y al conjunto de la persona. No hay fanáticos tontos. Al contrario, el fanático es peligroso porque suele ser un tipo inteligente, lógico. Es siguiendo la definición chestertoniana de demencia, “no es tipo que ha perdido la razón, es un tipo al que sólo le queda la razón”, desprovista de alma, de corazón. El fanático no es más que aquel que odia la vida. Tan fanático es el talibán como el abortista occidental. Los que asesinaron a Bhutto no la odiaban por ser mujer ni por ser hermosa: la odiaban porque era Bhutto, amaba la vida y, por ello, amaba la libertad individual. Pero no se engañen: Benazir Bhutto hubiera sido despreciada y maltratada por el progresismo socialdemócrata del PSOE y  por el progresismo neoliberal del PP. No podían apreciarla porque no podían entenderla.

 

Hay otro problema añadido. Al parecer, escribo cuando aún las autoridades no han aclarado los pormenores del atentado, pero otra vez apunta a un terrorista suicida de la escuela Ben Laden. Pakistán, ese país con bomba atómica que alberga el suficiente grado de odio para contar con fanáticos enemigos del Occidente libre, al que se lo ponen cada vez más difícil. Porque matar es fácil, lo difícil es escapar. Por eso, el terrorismo suicida es el más peligroso: no escapan.

 

El asesinato de Bhutto es una de las peores noticias del siglo. Puede provocar un estallido o puede no provocarlo. En el primer caso no necesito describir las consecuencias, entre otras cosas porque sólo sé que serían graves. En el segundo, el resultado será peor: significaría que se han impuesto, tanto el terrorismo ciego de Ben Laden como el pragmatismo de unas dictaduras que, no por ser aliadas de Occidente merecen un mejor juicio moral. El nombre de Arabia, también China -en los últimos tiempos tan abierta al capitalismo occidental, que no a la civilización occidental-, le vienen a uno a la mente.

 

La humanidad ha perdido una mujer sensata y heroica. Y no andamos sobrados ni de heroicidad, ni de sensatez... ni de feminidad.

 

Eulogio López

Hispanidad.com, 28 de diciembre de 2007

No acaba de ser creíble

No acaba de ser creíble ETA ha vuelto a atentar este fin de semana en Sestao y el presidente del Gobierno, que tuvo dos actos públicos de precampaña, no ha dicho ni una sola palabra de lo sucedido. No ha salido de sus labios condena alguna. Como si los 5 kilos de explosivos de ETA no hubieran existido.

 

Una cosa es que por parte del Gobierno no se entre en valoraciones sobre los comunicados de los terroristas, como el último en el que amenaza, algo a la desesperada, con atentados en cualquier lugar y en cualquier momento, y otra cosa bien distinta es que el jefe del Ejecutivo no tenga una sola frase de rechazo rotundo a tal atentado, aunque afortunadamente no haya que lamentar víctimas mortales. Pero es que hace tan sólo dos semanas ETA mataba a dos guardias civiles. Ese día sí tocaba hablar y apelar a la unidad, era el momento de las grandes declaraciones solemnes y parece que propósitos de enmienda por parte del presidente y su Gobierno.

 

Pero tan sólo han pasado 15 días, ya que los últimos asesinatos fueron el 1 de diciembre en Capbreton, y Zapatero se ha vuelto a quedar mudo. ¿Dónde están las apelaciones a la unidad de los demócratas frente al terror pedida por el presidente? ¿Dónde están las tajantes afirmaciones prometiendo el fin de la violencia? Cuando Zapatero calla, hay que estar preparados, porque su silencio después de este atentado de Sestao ha sido totalmente premeditado y ahora falta ir descubriendo su porqué.

 

¿Tiene que morir una persona o dos para que el presidente del Gobierno condene una nueva acción de ETA casi 24 horas después de su última amenaza en forma de comunicado? ¿Por qué se calla? ¿No hubiera sido mejor que Zapatero hubiera lanzado el mensaje de firmeza y determinación que un Gobierno debería enviar cada vez que se comete una nueva acción terrorista?

 

Desconozco si con su silencio está queriendo enviar señales de humo a la banda terrorista y a su mundo. Lo que sí ha quedado meridianamente claro es que el camino hacia la rectificación que quiere hacer trasladar el Gobierno a la sociedad no es en absoluto creíble. Si el Ejecutivo hubiera decidido poner tierra de por medio a su ilusión de pretender el fin dialogado de la violencia, no reaccionaría como lo está haciendo.

 

Hemos pasado en esta legislatura del “mal llamado proceso de paz” al “mal llamado camino hacia la rectificación”. Ni antes hubo proceso de paz alguno ni ahora, en el ocaso de esta legislatura, propósito de enmienda por parte de Zapatero. Es verdad que ha habido algún que otro gesto de cara a la sociedad española tras la ruptura del alto el fuego, como el traslado de nuevo del etarra De Juana a Madrid, el encarcelamiento de Arnaldo Otegi o las numerosas detenciones de la dirección de Batasuna y de bastantes terroristas callejeros. Pero Zapatero no está consiguiendo convencer a la sociedad española de que ha aprendido de sus errores. Para ser creíble sólo harían falta dos acciones determinantes: la ilegalización de ANV y la revocación de la autorización del Congreso a iniciar un proceso de diálogo con los terroristas.

 

La actitud de Zapatero, con sus pomposas declaraciones y silencios medidos en función de las circunstancias, revela que en campaña electoral todo vale, también parecer que se rectifica y que se quiere la derrota policial de ETA, aunque no se haga absolutamente nada para conseguirlo.

 

Raquel Martín

Páginas Digital, 18 de diciembre de 2007

 

El Manifiesto de los cinco principios no negociables

El Manifiesto de los cinco principios no negociables

El amigo Burke, Edmund para los amigos, aseguraba que “para que triunfe el mal sólo es necesario que los buenos no hagan nada”. Falta poco para las próximas elecciones generales en España y hay una serie de españoles huérfanos. Me refiero a los católicos coherentes con su fe, entre los que deberían contarse, supongo, los ocho millones que pierden una hora de su día de descanso para hacer algo tan poco popular, y en principio tan poco divertido, como acudir a misa.

El Partido Popular está feliz. No tiene por qué preocuparse del voto cristiano, por dos razones:

 

1. Por el gran invento de esa estadista luminoso que fue José María Aznar, quien, ayudado por esa otra lumbrera llamada Pedro Arriola, y por un montón de almas laicas, sentenció que “el voto católico no existe” y...

 

2. Porque las formaciones extraparlamentarias que han tratado de obtener ese voto han sufrido la merma propia de los católicos en el foro: en cuanto se reúnen dos surge una herejía, un cisma o una apostasía. En resumen, una bronca enorme. Entre católicos, ya se sabe, el número ideal de socios es impar e inferior a 3.

 

Por tanto, don Mariano se puede permitir el lujo de abofetear a los católicos cuanto les plazca mientras se rinde, sumiso y servil, ante ese voto de centro que vaya usted a saber qué es. Porque claro, los católicos tienen que votar al PP, sí o sí.

 

Y así es como llegamos a la gran paradoja: un país con ocho millones de católicos practicantes y un 70%, unos 30 millones de personas, que se dicen católicos, pero en el que dos partidos que promulgan leyes anticristianas -sí, anti-, como son el PSOE y el PP, se reparten el 85% de los votos. Curioso ¿no?

 

Ahora bien, ¿qué es una política cristiana? Pues como no nos vamos a poner de acuerdo entre la parroquia, acudamos al Papa. En su carta pastoral Sacramentum Caritatis, Benedicto XVI nos sorprendía con el siguiente párrafo:

 

“Es importante notar lo que los Padres sinodales han denominado coherencia eucarística, a la cual está llamada objetivamente nuestra vida. En efecto, el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe. Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una importancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas.(230) Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.(231) Esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1 Co 11,27-29). Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado”.

 

¿Ven qué fácil? Vida, familia, libertad educativa y bien común. La vida la han fastidiado por igual PP y PSOE. Éste introdujo el aborto, pero aquel inició la masacre de embriones y potenció en España el aborto químico, con la píldora abortiva y la postcoital. El PSOE se lleva la palma en ataques contra la familia, con el gaymonio y, aún más, con el divorcio express. En educación, el PSOE vende relativismo y el PP liberalismo, el PSOE le cede el poder a los funcionarios y el PP a los empresarios: ambos consideran que creer en algo es una forma de fanatismo y ambos odian el cheque escolar. Respecto al bien común es algo tan concretable como cualquier otra cosa. Ahí el PSOE lleva ventaja al PP, con una apuesta por la subida del salario mínimo interprofesional (SMI), que un católico sólo puede aplaudir con ganas y del que sólo puede surgir una crítica: los salarios bajos aún siguen siendo bajos en España,  con ellos es difícil formar una familia numerosa, familia que, en el mundo actual, constituye la marca de fábrica de una existencia comprometida. Y luego salario maternal.

 

A estos cuatro principios no-negociables, yo añadiría un quinto, asimismo repetido tanto por este Papa como por su antecesor: la libertad religiosa, verdadera piedra angular de las libertades individuales en el siglo XXI.

 

Ahora bien, decía Einstein que es más fácil romper el átomo que romper un prejuicio. Por tanto, es necesario olvidar las éticas y comprender que las ideologías hace tiempo que transitaron por el crepúsculo y ahora viven en noche oscura; de ellas, sólo queda precisamente eso: prejuicios. Por tanto, lo lógico es que esos cinco principios constituyan un banderín de enganche para quien quiera apuntarse, independientemente de su estación de procedencia. Es igual que venga de la derecha o de la izquierda, del liberalismo o del socialismo, del centralismo jacobino o del nacionalismo soberanista. Si cree en la vida, la familia natural, la libertad de enseñanza, la justicia social -o concreción moderna del bien común- la libertad de culto, los cinco principios no negociables... entonces puede apuntarse a esta agrupación electoral, a esta coalición, modelo Izquierda Unida, donde cada partido, formación o asociación, puede sentirse cómodo... sea cual sea su origen.

 

Lo que está claro es que los cristianos, o aquellos que crean en esos cinco principios, independientemente de su credo, no podemos perpetuar ese mal menor, que amenaza con ser mayor, el llamado centro-reformismo, es decir, el Partido Popular.

 

¿Quién se apunta al manifiesto de los 5 principios no negociables?

 

Eulogio López

Hispanidad.com, 11 de diciembre de 2007

Las expectativas de Zapatero

Las expectativas de Zapatero El presidente del Gobierno sigue jugando con el fuego de las palabras a pesar de la gravedad de la situación. Ayer falleció el segundo de los guardias civiles asesinados por ETA en Francia, y a Zapatero no se le ocurrió otra cosa, y en respuesta a una pregunta, que decir desde Italia que no hay expectativas para una negociación con ETA. De lo que se desprende que, en otro momento, las podría haber. El presidente se niega a anunciar lo que tiene que anunciar, que no es otra cosa que el fin, para siempre, de toda negociación con la banda terrorista. Y lo debe hacer ahora solicitando, él mismo, que el Congreso de los Diputados revoque la autorización que le otorgó para negociar.

Y mientras Zapatero no haga y diga todo esto, además de dar instrucciones a la Fiscalía para que inicie el proceso de ilegalización de ANV y PCTV, estaremos en la misma situación, pero mucho peor, porque ya son cuatro los crímenes de ETA desde el inicio de la negociación, y porque crecerán las sospechas sobre la continuidad de los contactos en secreto con ETA, es de suponer que con el argumento del “encuentro fortuito”, o “accidente” —según el lenguaje de ETA—, del último crimen, y todo ello con la intención de que ETA no vuelva a matar de aquí a las elecciones, porque en ese caso las expectativas electorales de Zapatero perderían un considerable número de votos, camino del PP o de la abstención.

 

En los momentos actuales, Zapatero debe hablar alto y claro y poner punto final y para siempre al proceso negociador. ¿Acaso no ha aprendido nada, está mal de la cabeza, le siguen tomando el pelo los etarras, o está en una huida hacia ninguna parte? Lo de las expectativas, lo fortuito y demás palabras, tan inoportunas como ambiguas, sobran y falta decisión y toda la claridad y certeza posible, porque además están los nervios a flor de piel y la extrema derecha calentando los peores instintos y todas provocaciones posibles.

 

De manera que tengamos la fiesta en paz, y vamos a ver si el presidente empieza a reconocer errores y a hablar como debiera a los españoles. Y vamos a ver si, tras la exitosa captura en Francia de dos de los etarras que participaron en el doble asesinato de Bayona y su anunciada confesión, el ministro de Interior, Rubalcaba, está por fin en condiciones de darnos toda la información sobre lo ocurrido y aclarar el cómo y por qué paso. Porque al día de hoy sigue habiendo muchas lagunas e incógnitas por despejar, y los españoles necesitan saber lo que pasó, sobre todo por boca de quienes en su día, tras los atentados del 11M, no paraban de preguntar.

 

Pablo Sebastián 

Estrella Digital, 6 de diciembre de 2007

La víbora que acariciaba ZP vuelve a matar

La víbora que acariciaba ZP vuelve a matar ETA asesina a un guardia civil y deja herido grave a otro, en el sur de Francia

Solidaridad de ZP con las familias, pero sin asumir responsabilidad alguna por haber negociado con la banda. En un primer momento, los medios afines al PSOE intentaron borrar toda sospecha de pacto entre el PSOE y ETA, insistiendo en que el atentado estaba planeado. Sin embargo, el propio Rubalcaba habló de homicidio "fortuito". Curiosamente, el Ejecutivo temía más un atentado islámico –otro 11-M- en periodo electoral que uno de ETA.

ETA ha vuelto a burlarse de Rodríguez Zapatero. El 31 de diciembre, un día después de que ZP blasonara en TV de lo bien que marchaba la lucha antiterrorista, ETA volaba la Terminal 4 de barajas y, aunque no era su objetivo, en la acción asesina a dos inmigrantes ecuatorianos. A pesar de ello, ZP continúa acariciando a la víbora, con parada y fonda en el tratamiento al etarra convicto De Juana Chaos y a los líderes políticos proetarras, en especial a Arnaldo Otegui, a quien la Fiscalía libra de ingresar en prisión. En ese momento, ZP aún tenía esperanzas de pasar a la historia como el pacificador de Euskadi.

Sin embargo, la banda vuelve a mofarse de ZP el 6 de junio, 10 días después de las elecciones municipales y autonómicas, donde el presidente de Gobierno no puso excesivos obstáculos a que la marca electoral de ETA, ANV, se presentará en muchos ayuntamientos.

 

Con un ZP entregado, empeñado en reeditar en Navarra el social-nacionalismo vigente en el Tripartito catalán, los terroristas rompen, “oficialmente”, la tregua y ZP rectifica, permitiendo, incluso a costa de romper a un mareado Partido Socialista de Navarra (PSN), que gobierne la fuerza más votada: Unión del Pueblo Navarro.

 

Es entonces –en junio, no en enero, a pesar de los dos muertos- cuando Moncloa cambia -ahora sí- de estrategia: de acariciar a la víbora se pasa a una lucha sin cuartel contra los terroristas. Oficialmente, es el fin definitivo del diálogo con la Banda: Arnaldo Otegi termina en prisión, De Juana vuelve a la cárcel y comienzan las detenciones de etarras, proetarras, minietarras de la ‘kale borroka’ y demás aparataje de la banda en Euskadi. Toda la obsesión del responsable de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, consistía en ser, o aparentar, mayor dureza con ETA que la del PP, así como negar cualquier rumor sobre reapertura de la negociación tras las elecciones de 2008 y, sobre todo, cualquier tipo de pacto con el nacionalismo independentista.

 

En otras palabras, la sospecha en el PP y en la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) era que la dureza del PSOE con la banda es sólo táctica, imprescindible para ganar las elecciones de marzo. Luego, con cuatro años por delante, ZP volvería a negociar con los etarras. Esta convicción venía avalada por la debilidad del Gobierno con el sector más “soberanista” del Partido Nacionalista Vasco (PNV), cuyo objetivo final es el mismo que ETA, sólo que por medios pacíficos.

 

Algunos no se creen que la ruptura del diálogo con los terroristas sea sincera, especialmente dos: el ex ministro del Interior de Aznar Jaime Mayor Oreja, que siempre ha hablado de que estamos “en el descanso del partido” y que tras las elecciones llegar la segunda parte. Tampoco se lo cree Francisco José Alcaraz, el líder de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT). Para doblegarle, una asociación de abogados ligada al Gobierno Zapatero le ha elevado a los tribunales, mientras todo el aparato mediático socialista se le ha echado encima.   

 

Y así, tras el atentado de la mañana del sábado, la AVT le ha recordado al Gobierno que debe ilegalizar a los partidos o agrupaciones electorales PCTV y ANV, dos marcas de Batasuna, es decir, de ETA, si realmente quieren que crea que su lucha contra la banda es sincera.

 

De hecho lo que sospecha la oposición política y el propio Alcaraz es que el Gobierno ha pactado con ETA que, hasta las elecciones, se perpetraran atentados sin muertos. Pero, aparte de que eso es muy complicado, acariciar a la víbora siempre resulta peligroso: la víbora, o alguno de sus cachorros, puede morderte.

 

Prueba de todo lo anterior, la postura cuando menos ambigua del ZP, es que los medios afines al Gobierno, especialmente las páginas WEB del grupo PRISA, así como la SER y Cuatro, RTVE y La Sexta se apresuraron a explicar –mañana del sábado- que no se trataba de unos incontrolados de ETA, sino que el asesinato del guardia civil Raúl Centeno, que ha dejado a su compañero Fernando Trapero en estado muy grave, habido sido un atentado “perfectamente preparado” (Cuatro). Y lo malo es que esa afirmación puede ponerse en entredicho, dado que las primeras informaciones hablan de que los dos guardias civiles entraron en la cafetería donde estaban sus asesinos quienes, al oírles hablar en español abandonaron el local y les esperaron en el garaje. Aún más, el propio minsistro Rubalcaba habló de atentado "fortuito" y habló de una discusión previa entre los dos agentes y tres etarras. La duda permanece: ¿fue una casualidad o estaba preparado? Si lo estaba, no se puede hablar de pacto PSOE-ETA para que la banda no asesine hasta las elecciones, para que el PSOE pueda ganarlas y poder negociar después. Pero si se trató de un hecho fortuito -y tal parece- lo de unos incontrolados de la banda, la sospecha de pacto entre el Gobierno y la banda continúa siendo plausible.

 

En este escenario, la aparición del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez, “comparecencia solemne”, según el equipo de propaganda de PRISA, rozó el cinismo, al hacer una llamada a la unidad, llamamiento que, no obstante, ha sido aceptada, tanto por la oposición política, tanto a la izquierda como a la derecha del PP. En ningún caso, en su solemne discurso, ZP asumió la menor responsabilidad por el hecho de que, a costa de su intento de perpetuarse en el poder pasando a la historia como el presidente que acabó con el terrorismo etarra, la banda ha tenido tiempo para fortalecerse y para ensoberbecerse más.

 

Lo más curioso del asesinato del sábado es que Rubalcaba, no temía un atentado de ETA –precisamente por eso repetía en TV justo lo contrario, sino un atentado islámico, otro 11-M preelectoral, que esta vez no se volvería en contra del PP sino del PSOE. Rubalcaba está convencido de que al PSOE se le ha terminado el periodo de gracia de la yihad, que el 11-M de 2004 obtuvo, en España, su triunfo más clamoroso: a costa de 192 víctimas mortales, consiguió imponer un Gobierno más próximo a su causa.

 

Un detalle final: uno de los guardias civiles tenía 23 años, por 24 el otro. Cuando les asesinaron, ambos iban desarmados.

 

Hispanidad, 2 de diciembre de 2007

Dos imágenes contrapuestas

Dos imágenes contrapuestas Éstas son dos imágenes tomadas del fin de semana. En la primera, un presidente que habla de convivencia y de erradicar la crispación. En la segunda, una multitud que ha sido acusada de crispar, que reivindica la justicia como la base de una auténtica convivencia. Es necesario traspasar muchas apariencias para saber distinguir quién tiene razón.

 

En la primera imagen, el presidente del Gobierno se dirige a 7.000 seguidores que se han congregado en Fuenlabrada para aclamarle. Zapatero pide una mayoría amplia en las urnas para poder “erradicar la crispación” y asentar “la convivencia, la tolerancia y el respeto”. Hace unas semanas, también invocó la “convivencia” para ‘recomendar’ a una emisora de radio que cambiara sus mensajes. Si fijamos la mirada en sus hechos, en lugar de en sus palabras, descubrimos una acción política que ha roto consensos y acuerdos básicos, y ha condenado al ostracismo al primer partido de la oposición, favoreciendo las divisiones. Da la impresión de que a Zapatero, más que la crispación, le gustaría eliminar la discrepancia.

 

En la segunda imagen, una multitud recorre el largo trecho que separa la plaza de Iglesia de la de Colón, en una tarde de ese típico frío invernal madrileño que se cuela hasta en el tuétano de los huesos. 70.000 según unos, 500.000 para otros. Esa multitud tapizada de banderas rojigualdas y constitucionales no está formada por extremistas ni ultras, para sorpresa de muchos sesudos analistas de lo político, sino por esa clase media serena y civilizada que aplaude a tiempo, se emociona al unísono, guarda silencio para recordar a los asesinados o para escuchar los discursos, y se disuelve pacíficamente con la satisfacción de haber reclamado algo justo y de haber hecho lo que está en su mano para confortar y acompañar a aquéllos que han sufrido el zarpazo despiadado y cruel del terrorismo.

 

Las palabras y los gestos de Zapatero son lo suficientemente ambiguos para resultar siempre amables. Están bien programados por un grupo de asesores. Entre los gurús que más admira en la actualidad el presidente destaca el profesor norteamericano de Lingüística George Lakoff, creador de toda una teoría de marketing político basada en el relativismo. Para Lakoff no existen verdades, ni siquiera ideas, tan sólo construcciones gramaticales y metáforas más o menos exitosas.

 

En el extremo opuesto, Francisco José Alcaraz es un líder accidental. Está ahí por su condición de familiar de víctimas del terrorismo. Su voz es aflautada, su acento áspero. No tiene carisma ni expertos que le escriban los discursos pero con él están Ortega Lara, Regina Otaola, la hermana de Miguel Ángel Blanco y una muchedumbre de gente de bien que reclama “justicia, memoria y dignidad” para las víctimas.

 

Hay que traspasar las apariencias. Hace falta dejar de lado los cálculos electoralistas y las consideraciones tácticas. Es necesario superar prejuicios interesados y caricaturas que nos presentan esta “rebelión cívica” como un grupo de frikis, agitadores y crispadores que habría que “erradicar” u olvidar. Porque, pese a quien pese, lo que representan estos manifestantes es algo muy digno y respetable, y lo que reclaman es justo y oportuno. Y seguiría siendo justo y oportuno si lo pidieran sólo dos o tres individuos.

 

Lo que piden es que no se negocie con la banda terrorista otra cosa que no sea su desaparición; que no se le ofrezca ninguna contrapartida política. Nuestra reciente historia ha demostrado con rotundidad que con ETA no se puede negociar ni dialogar. El llamado final dialogado no es más que un sueño romántico, muy tentador pero utópico y falso. No son pocos los que alguna vez se han sentido seducidos por los cantos de sirena de ETA y su entorno, que se han visto arrastrados por la ilusión errónea de un acuerdo final con los pistoleros. Pero es evidente que esas tentativas sólo sirven para alargar la vida de la serpiente y debilitar al Estado de Derecho, porque los terroristas no renuncian nunca a sus objetivos (autodeterminación y anexión de Navarra).

 

Y no parece claro que los socialistas, que promovieron el último proceso negociador saltándose todos los acuerdos antiterroristas, hayan renunciado a volver a intentarlo, sino más bien hay muchos signos de que lo reanudarán en cuanto la circunstancia sea propicia, si es que no lo han reactivado ya (¿volvemos a tener ahora una tregua encubierta?).

 

Cuando ETA rompió el último alto el fuego, el Gobierno encaró la situación con un astuto giro dialéctico. Decía que nadie debía reprocharle nada por haber intentado alcanzar el fin de la violencia y que la ruptura de la tregua demostraba que no había hecho cesiones a la banda. Sin embargo, nadie puede mantener un proceso negociador con ETA durante años, como así ocurrió, si no ofrece a la banda pruebas tangibles de que va a dar pasos a favor de sus objetivos políticos. Y estas pruebas y signos las hemos visto todos.

 

A juzgar por los hechos conocidos, y las informaciones emanadas de fuentes muy diversas y a la luz de la simple lógica, resulta mucho más verosímil que Zapatero estaba dispuesto a transformar la estructura del Estado y el marco legal hasta el punto de hacerlos compatibles con las exigencias de los terroristas. Fue precisamente la llamada “rebelión cívica” la que se lo impidió. En el guión de los negociadores no estaba prevista la resistencia numantina de las asociaciones de víctimas y de otras organizaciones civiles, no estaba prevista la férrea oposición del PP ni la denuncia constante de numerosos medios de comunicación, tampoco el rechazo al proceso de una buena parte de la sociedad navarra con su Gobierno al frente.

 

Ahora esta “rebelión cívica”, heredera del Espíritu de Ermua, sigue saliendo a la calle como lo ha hecho desde que mataron a Miguel Ángel Blanco. Deberíamos alegrarnos de que exista y agradecer el gran servicio que ha hecho y que sigue dispuesta a hacer.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 26 de noviembre de 2007