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Vieja y nueva política

Primera visita a España del presidente francés. Sarkozy: inmigración, identidad nacional, voto étnico y otros tabúes

Primera visita a España del presidente francés. Sarkozy: inmigración, identidad nacional, voto étnico y otros tabúes

El correcto neoliberal se ha convertido en un polémico nacional-liberal. Sarkozy empieza a gobernar con mucha esperanza a su alrededor, pero también entre la incertidumbre y la desconfianza. Las reformas prometidas son de tal calado que no podrán acometerse sin conflictos. ¿Cuánto tardarán en hacerle la primera huelga? También Chirac empezó con muchas ganas y acabó instalado en el aburrimiento más absoluto. Y además está la cuestión de la política exterior, donde Sarkozy parece alentar un cambio nada desdeñable. Radiografía de una incógnita.

 

La dinámica electoral muy favorable a la derecha francesa debería proseguir en los comicios legislativos del 10 y el 17 de junio. Según los últimos sondeos, después del triunfo de Sarkozy en las presidenciales, su partido, la UMP, y sus aliados obtendrían la mayoría absoluta con más de 300 escaños. Dos de cada tres franceses se han declarado satisfechos por su nuevo presidente y su equipo ministerial. Un record que sólo De Gaulle batió hace muchos años. La masiva participación electoral en la primera vuelta de las presidenciales (casi el 85%), ha sido unánimemente saludada como una clara manifestación de adhesión a la democracia. ¿Expresión de una confianza renovada en la clase política o producto del voto útil? ¿Fe inquebrantable en el sistema político, relegitimación de la partitocracia u opción por el mal menor, esa simple y habitual reacción de miedo suscitada por las hábiles y miméticas campañas de rechazo al adversario? Sea lo que sea, la adhesión al cambio ha sido importantísima y las expectativas levantadas por Sarkozy son enormes.

 

Paradójicamente, durante la campaña los principales candidatos expresaron, sin el menor pudor y casi al unísono, los mismos temas populistas y antisistema. Todos lamentaron el intolerable desposeimiento democrático del pueblo. Todos se declararon en ruptura absoluta con el pasado de sus propias familias políticas. Sarkozy, extraordinario profesional de la política-espectáculo, hizo todo lo posible para que su nueva postura "nacional-liberal" no fuera contaminada por su vieja y ambigua imagen de ministro neo-liberal de Jacques Chirac. Ségolène Royal, la carismática y moderada socialista, partidaria de la "política de compasión", a su vez amiga de Blair y simpatizante de la tercera vía laborista inglesa, se opuso sin tregua a los arcaísmos de los llamados "elefantes" del PS. François Bayrou, el pusilánime demócrata-cristiano, paladín de la vieja idea según la cual una comunidad no puede estar dividida en dos bandos sin que la situación se vuelva tarde o temprano conflictiva y explosiva, denunció con virulencia el "sistema bipolar", la “lamentable” separación derecha-izquierda. Incluso el viejo líder de la derecha nacional, Le Pen, recurrió a la ayuda de su hija y del escritor marxista Alain Soral para intentar suavizar su imagen negativa y contrarrestar los efectos de su diabolización en los medios de comunicación.

 

¿Neo-liberal o nacional-liberal?

 

Pero al juego de mejor candidato para el cambio no podía dejar de ganar el mediático "hombre providencial" Sarkozy. Al principio de la campaña, Sarkozy era ante todo el candidato preferido de los directivos superiores, de los miembros de la "jet society", de los aprovechados de la mundialización, del llamado "complejo militar-industrial y mediático" y de los neo-conservadores americanos. Era el representante muy convencional de la derecha neo-liberal favorable al capitalismo; esa derecha que confunde el capitalismo patrimonial e inversor, anclado en un espacio dado, con el capitalismo financiero y especulador a nivel mundial; esa derecha que no distingue entre propiedad privada y omnipotencia de las multinacionales; esa derecha que no entiende que el capitalismo destruye los valores de la derecha (la tradición, el arraigo, el sentido de lo sagrado, el lazo orgánico con una comunidad de hombres y de valores).

 

Pero justo a tiempo Sarkozy supo cambiar de estrategia. Así pudo captar el voto de los pequeños empresarios, artesanos y comerciantes, de gran parte de las clases medias y populares, en suma, el voto de las categorías sociales que a menudo son víctimas de la mundialización. Ante el riesgo que representaba Ségolène Royal, Sarkozy tuvo el acierto de abandonar el discurso convencional, vergonzante y tecnócrata de los neo-liberales para presentar a la mayoría de la opinión publica un nuevo mensaje claro e inequívoco; el mensaje que ella quería y esperaba oír. El discurso de una derecha sin complejos, de un nacional-populismo basado en la afirmación del trabajo, del esfuerzo, del mérito, de la disciplina, de la autoridad, de la moral y de los deberes frente a los derechos.

 

Por primera vez, un ministro en funciones sacudió los tabúes de la sociedad francesa. Denunció el relativismo moral e intelectual, "el espíritu de mayo 68", criticó el pensamiento único, subrayó la importancia de la identidad nacional, reclamó el fin del arrepentimiento, reivindicó el retorno de la historia y de la identidad nacional, afirmó sin rodeos su voluntad de luchar contra la inseguridad y la inmigración ilegal, rechazó la posibilidad de regularización masiva de los clandestinos en el futuro, se alejó del economicismo neo-liberal denunciando las deslocalizaciones y pidiendo la moralización del capitalismo financiero, prometió reducir los impuestos e instaurar un "escudo" o límite fiscal para que los más ricos dejen de llevarse su dinero fuera, finalmente defendió la preferencia comunitaria para Europa y dijo un no rotundo a la entrada de Turquía en la UE. Todo esto lo prometió, lo volvió a prometer, jurando incansablemente que cumpliría con su palabra cueste lo que cueste.

 

Las contradicciones de la sociedad francesa

 

Ahora, si no quiere traicionar a sus votantes, Sarkozy tiene que reformar la sociedad francesa y hacerlo lo más pronto posible. Inevitablemente, sus reformas despertarán tensiones dentro de su propio campo y nutrirán las filas de los descontentos, pero no tiene otra opción que actuar sin tregua. Varios sectores clave necesitan reformas urgentes. Entre ellos la educación, las pensiones, el seguro de enfermedad, el déficit público, la inseguridad y la inmigración clandestina. El problema es que todos son temas sensibles y poco dados al consenso.

 

El discurso de Sarkozy sobre el "valor trabajo" ha sido plebiscitado por los pequeños y medianos empresarios y por los trabajadores del sector privado, pero la inmensa mayoría de los empleados del sector público y los directivos medianos de las grandes empresas no comparten el mismo criterio. Para ellos, la reforma de las 35 horas de trabajo y la liberalización del Código laboral son inaceptables. Por lo tanto, a corto o medio plazo el conflicto con las grandes centrales sindicales parece inevitable. En términos de nivel de sindicalización y de representatividad, aquéllas cuentan poco (el 8% de los asalariados), pero tienen una fuerte capacidad de movilización.

 

Como ministro del Interior, Sarkozy no pudo solucionar realmente el problema de las zonas de "no derecho", el de la delincuencia de los suburbios, ni tampoco el de las constantes entradas de nuevos clandestinos. ¿Lo podrá hacer el nuevo Presidente con el apoyo de los antiguos ministros de Chirac? Ya se sabe que la menor medida contra la inmigración clandestina, incluso las más cosméticas, suele provocar inmediatamente un conflicto con el potentísimo lobby inmigracionista (redes de militantes trotskistas, periodistas, abogados, médicos, jueces, educadores, asistentes sociales cuyos trabajos dependen directamente del número de "excluidos"). ¿Podrá dominar los flujos migratorios Sarkozy, cuando la mayoría de dichos flujos se basa en la "reagrupación familiar", en las numerosísimas bodas entre franceses de origen inmigrado con extranjeros provenientes de países de sus familias? ¿Se atreverá Sarkozy a exponerse a los arriesgados efectos de nuevas explosiones étnicas en los suburbios habitados por los inmigrantes? En cualquier caso, no podrá comportarse como el avestruz. El reloj juega contra él.

 

En la primera vuelta de las presidenciales, el "voto étnico", es decir, basado en las pertenencias religiosas y etno-culturales, fue masivamente a favor de la izquierda y de la extrema izquierda. Ségolène Royal se llevo el 64% del voto musulmán, los candidatos de la extrema izquierda el 14%, Le Pen el 1% y Sarkozy otro 1%. Las figuras "antirracistas" más relevantes del Partido Socialista (Dray, Blanco, Cambadelis) jugaron un papel determinante en la campaña electoral de Ségolène Royal. Sin el voto étnico, la diferencia de 6 puntos a favor de Sarkozy en la segunda vuelta (47% contra 53%) habría subido a 10 puntos. Indudablemente el voto étnico será un factor determinante en el futuro, un formidable poder de presión, y Sarkozy, que con toda probabilidad aspirará a un nuevo mandato dentro de cinco años, lo sabe perfectamente.

 

Sarkozy tiene ahora cinco años para actuar. Dos años para reformar, dos años para gestionar los cambios y un año para llevar la campaña electoral del 2012. A estas alturas su posición parece fuerte, pero no faltan serias desventajas. Tendrá que animar, convencer y liderar con firmeza a sus ministros, personalidades sobre todo conocidas hasta hoy por su extremo respeto a lo políticamente correcto. Tendrá que utilizar sus sólidos apoyos entre los magnates de la prensa para resistir a las ofensivas mediáticas de los numerosísimos periodistas hostiles (no olvidemos que mas del 90% de los jóvenes periodistas franceses se declaran de sensibilidad izquierdista cuando salen de sus escuelas profesionales). Sobre todo, tendrá que organizar la “mayoría silenciosa” para que ésta le respalde eficazmente en los momentos más críticos. Pronto sabremos si Sarkozy quiere y puede confirmar su ruptura verbal por una ruptura en los hechos.

ARNAUD IMATZ

El Manifiesto, 1 de junio de 2007

Los españoles pagamos la propaganda de los partidos además de la organización de las elecciones

Los españoles pagamos la propaganda de los partidos además de la organización de las elecciones

En total, la previsión de gasto de los tres grandes partidos (los datos definitivos deberán ser remitidos al Tribunal de Cuentas) asciende a 50 millones de euros, es decir, 1,5 euros por elector. Buena parte de esa cantidad (42,5 millones de euros) la recuperarán vía subvenciones del Estado.

Minuto Digital: 29.05.07

 

Tres euros de coste por cada voto emitido es el gasto derivado de pagar los servicios extraordinarios del personal que interviene en el proceso electoral (miembros de las juntas y mesas electorales, representantes de la administración, funcionarios municipales, jueces de paz y personal colaborador y el de la confección de impresos, sobres y papeletas de votación, cabinas, urnas, carteles y señalizadores de colegios y mesas). En definitiva, los 114 millones de euros que los últimos Presupuestos Generales del Estado recogen como partida para la celebración de elecciones en 2007. Pero esa cifra sólo afecta a los comicios locales (los autonómicos los sufraga cada comunidad).

 

Pero en esa partida se ha incrementar con lo que se llevan los partidos. Cada voto que haya emitido un ciudadano dará 0,51 euros al partido que lo haya recibido. Eso sí, solo si alguno de los miembros de sus candidaturas hubiera sido proclamado concejal. El Estado, es decir todos nosotros, premiará a los partidos con 253,78 euros por cada concejal electo en las municipales del domingo. La gran tajada por lo tanto se la llevan PP y PSOE. Hemos elegido 8.111 alcaldes, 65.347 concejales y más de 3.000 cargos. Hagan cuentas.

 

También pagaremos a los grandes partidos su propaganda electoral. Al menos en parte. Por envíos electorales, el Estado subvenciona los gastos originados por envíos directos y personales de sobres y papeletas electorales o de propaganda y publicidad electoral, con 0,20 euros por elector, en cada una de las circunscripciones en las que se haya obtenido representación en las corporaciones locales de que se trate. Esta subvención está condicionada a que la candidatura de referencia hubiese presentado listas en el 50% de los municipios de más de 10.000 habitantes de la provincia correspondiente y haya obtenido, al menos, representación en el 50% de los mismos. Para acreditar la realización del buzoneo es suficiente con la certificación expedida por los secretarios de Organización y Finanzas de una formación política, en la que conste el número de envíos efectivos a electores, cuando se haya hecho el envío con los medios propios de la entidad política. Además por cada provincia, aquellos que concurren a las elecciones en al menos el 50% de sus municipios pueden gastar, además, otros 140.877,24 euros por cada una de las provincias en las que se cumpla la referida condición. En cuanto a la justificación de los gastos, deberá aportarse factura de la empresa con la que se contrate, o bien del servicio de correos, en la que conste el número de electores destinatarios por circunscripción.

 

Además los partidos por su cuenta han gastado del orden de 50 millones de euros en esta campaña electoral. El PP encabeza la factura, con una previsión de 25,6 millones de euros: 16,7 millones de gasto conjunto en autonómicas y locales, más 2,2 millones de euros para el envío de propaganda en las trece comunidades en las que hay comicios y 6,7 millones para el mailing en los municipios.

 

La campaña del PSOE ha tenido un coste de 21,5 millones.15,5 millones de euros para las elecciones municipales y de 6 millones para las autonómicas. Los comunistas todavía no ha hecho las cuentas, I.U. no tiene una estimación conjunta del gasto previsto de todas sus organizaciones federadas. La dirección federal ha invertido unos 3,5 millones.

 

En total, la previsión de gasto de los tres grandes partidos (los datos definitivos deberán ser remitidos al Tribunal de Cuentas) asciende a 50 millones de euros, es decir, 1,5 euros por elector. Buena parte de esa cantidad (42,5 millones de euros) la recuperarán vía subvenciones del Estado.

 

Minuto Digital, 30 de mayo de 2007

Elecciones 27-M. Quién ha ganado y quién ha perdido. La opinión de Pío Moa.

Elecciones 27-M. Quién ha ganado y quién ha perdido. La opinión de Pío Moa. En pleno proceso de descomposición de la Constitución y la unidad de España, una gran masa de gente, mucho mayor que la de votantes de cualquier partido, simplemente se ha desentendido. Dentro de una situación general de empate técnico en votos entre el PP y el PSOE, el primero ha llevado la peor parte, con diferencia. Los socialistas mantienen sus feudos, mientras que el PP retrocede en Navarra y Baleares y probablemente perderá ambos gobiernos, con la peores consecuencias, sobre todo en Navarra, donde se van a jugar muchas cosas próximamente. Añádanse los malos resultados en las Vascongadas y en Galicia y tenemos una situación general de derrota, no compensada, ni mucho menos, por el reforzamiento de sus mayorías en Madrid, Valencia y otras comunidades. Simplemente el PP no ha sido capaz de arrebatar votos a la Infame Alianza, pese a la demagogia tosca y la multitud de errores y desafueros de esta. Por el contrario, ha perdido, y ampliamente, capacidad de gobierno. Tal como está el panorama, puede esperar a ganar por una ligera mayoría las generales, mayoría que tampoco le permitiría gobernar. Y si llegara a gobernar le harían la vida imposible.

 

El PSOE tampoco sale bien parado ante el crecimiento de grupos separatistas y radicales de izquierda, mas para él es un problema menor, hoy por hoy, ya que su estrategia se basa precisamente en la alianza con esos grupos para aislar y neutralizar al PP, único y poco peligroso enemigo que tiene, de momento, por la derecha.

 

Pero las claves principales son otras dos: el triunfo en toda regla del terrorismo, el triunfo de las pistolas, las bombas y el chantaje gracias a la colaboración del Gobierno con los asesinos; y la abstención. De la primera nada nuevo hay que decir. La segunda merece mayor atención: ¿cómo puede haber disminuido el número de votantes cuando para todos resulta claro que se trataba de mucho más que unas simples elecciones municipales y autonómicas? En pleno proceso de descomposición de la Constitución y la unidad de España, una gran masa de gente, mucho mayor que la de votantes de cualquier partido, simplemente se ha desentendido. ¿Hemos llegado a tal grado de desmoralización social que la democracia y la integridad de España importan un bledo a tanta gente?

 

A mi juicio se trata de otra cosa. Aquellos a quienes no interesan la libertad o la unidad de España sí han votado, y lo han hecho precisamente a los partidos anticonstitucionales y antiespañoles. Este tipo de cosas no es nuevo en la historia: en España ocurrió bajo el Frente Popular y en Alemania con el nacionalsocialismo, por poner dos ejemplos clásicos. La abstención responde, con más probabilidad, a la falta de confianza de millones de personas en los partidos actuales, defiendan lo que defiendan; o, mejor dicho, digan defender lo que digan defender. Como venía a decir Cambó de otra situación parecida, la gente perdía el respeto a unos políticos y partidos que evidentemente no eran respetables. Un gran sector de la ciudadanía no se siente representada en ningún partido. Porque, en efecto, no lo está. Y otro amplio sector se engaña a sí mismo creyendo que aquellos a quienes vota le representan.

 

Pero, de momento, no surge ninguna alternativa. Y, de momento también, quien ha perdido fundamentalmente en estas elecciones es la Constitución o, en otras palabras, la democracia española.

 

Libertad Digital, 29 de mayo de 2007

Por qué se estudia a Edmund Burke

Por qué se estudia a Edmund Burke

Edmund Burke, que detestaba las abstracciones políticas, no era una abstracción. Era un hombre íntegro, un ser indiviso. Y al no estar dividido no es del gusto de los fanáticos de la uniformidad igualitaria y sin rostro de la sociedad; ni tampoco de los entusiastas del cambio perpetuo, de la "revolución permanente".

Si en un futuro cercano sigue alzándose el bronce de la estatua de Burke en la avenida Massachusetts; si la efigie original, realizada por Thomas, sigue en Bristol; y, más especialmente, si la hermosa estatua de Burke continúa al lado de la de su amigo Oliver Goldsmith en el College Green de Dublín, será una prueba de que el orden no ha sido desbancado. Pero si llega el día en que esas estatuas dejan de verse, habrá que considerar que su desaparición es una señal de que la humanidad ha sido expulsada de lo que él llamaba "este mundo de la razón, del orden, de la paz y la virtud". La humanidad habrá creído en lo que Orwell exponía en su novela, en el reino del Caos y de la Noche, que Burke describía como "el mundo antagonista de la locura, de la discordia, del vicio, de la confusión y de la pena inútil".

Nunca hubo en Beaconsfield una estatua a la memoria de Burke, precisamente allí en donde él tuvo su casa y su granja. Sus huesos están enterrados en alguna parte de la iglesia o del cementerio, pero se desconoce el punto exacto. Él temía que los jacobinos triunfaran en Inglaterra y que su cuerpo pudiera ser exhumado por los radicales, y que su cabeza y sus miembros fueran expuestos públicamente, como ya se había hecho con los cadáveres de otros políticos. Cosas peores que ésas se hicieron en Francia a los vivos y a los muertos, en los últimos años de la vida de Burke. Por tal razón su cuerpo fue enterrado en secreto y por la noche, en algún rincón de la iglesia de Beaconsfield. Si el jacobinismo nunca llegó a triunfar en Inglaterra fue debido, en gran medida, a la elocuencia de Burke. El "mundo antagonista" no se apropió, en lo esencial, de Inglaterra.

[...]

Constitución de EEUU.¿Por qué hay un monumento de Burke [en Washington DC]? Porque fue un defensor de un mundo de razón y de orden, de paz y virtud en el que los Estados Unidos participaron gracias a su herencia civilizadora. La Constitución, las normas y convenciones proporcionan a la sociedad una continuidad saludable, como bien sabía Burke. Él hacía notar que un cambio prudente es el mejor medio para preservar la continuidad de nuestras instituciones; sabía que las exigencias de libertad y las exigencias de orden deben mantenerse dentro de una tensión tolerable. Y enseñó tales verdades no como un mero filósofo encerrado en sus dogmas, sino como un estadista pragmático y el líder de su partido.

Los hombres de 1776 y de 1787 conocieron sus discursos y sus escritos, que siguieron estudiándose muy detenidamente después de 1789. Ningún otro pensador político de su tiempo fue mejor conocido que él por los grandes líderes de la política estadounidense. Ésa es la razón de que la Sulgrave Institution (...) presentase una estatua de Burke a la ciudad de Washington.

De distintas maneras –unas evidentes y otras más sutiles–, la oratoria y la política de Burke se han ido entretejiendo en los modos de pensar de los estadounidenses, generación tras generación.

[...]

En 1898, cuando mi madre estudiaba el bachillerato, se daba por descontado que los jóvenes debían conocer a Burke. Algo que no sucede con los licenciados en las universidades de nuestros días. Como él mismo había pronosticado en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia, llegaría el día en el que el aprender quedaría hollado por las botas de una multitud brutal; una frase que, curiosamente, procedía del evangelio de San Mateo.

[...]

EL PENSADOR de Rodin. A punto de concluir el siglo XVIII, Burke mantenía su batalla personal contra la "doctrina armada" del jacobinismo, la primera de lo que iba a convertirse en una auténtica edad de las pasiones ideológicas. Durante la década de 1940 los americanos y sus aliados se encontraron combatiendo contra otras nuevas ideologías revolucionarias. ¿Qué precedentes podrían encontrarse para ello? ¿A qué estadista del pasado, a qué filósofo podría uno remitirse para hallar una verdadera guía, en un tiempo en el que las fuentes del conocimiento profundo se hallan dispersas? Fue, pues, esta búsqueda la que produjo la renovación de un profundo interés por Burke (...).

En la década de los 50 se publicaron en Estados Unidos e Inglaterra muchos estudios sobre Burke y su tiempo. Todas las publicaciones serias hacían algún comentario sobre "el resurgimiento de Burke" (...) Los líderes de los dos grandes partidos de Estados Unidos empezaron a citar a Burke (...) El estallido del radicalismo durante los últimos años 60 y los primeros 70 impidió en cierta medida la renovación de la influencia de Burke en los medios intelectuales. Pero el interés por Burke aumentó una vez más cuando fueron cediendo los efectos del desastre de la guerra en Indochina.

(...)

La estatua de Burke que se puede ver en la avenida Massachusetts significa actualmente más que cuando se erigió, en 1922. Entonces tan sólo constituía un recuerdo de las luchas que se produjeron en el último tercio del siglo XVIII. Hoy nos hace pensar en el conflicto de ideas, tanto políticas como religiosas, de los últimos años de este siglo XX. Como nos advierte Arnold Toynbee, nuestro Tiempo de Desgracias comenzó en 1914. A partir de entonces, el mundo se ha venido hundiendo profundamente en amargos problemas. ¿Podría pensarse que las nuevas generaciones americanas, cuya educación resulta tan costosa y que, sin embargo, es tan deficiente, lleguen a asimilar algunos valores de la imaginación y de la inteligencia de aquel hombre genial (...)?

(...) Burke (casi en solitario) empezó su campaña política contra la Revolución francesa. Publicó el escrito político más brillante que nunca se había hecho en lengua inglesa; empezó a influir en el cambio de la política exterior británica; recuperó el apoyo del clero para la causa nacional, y logró –en su aislamiento político– una reputación y una influencia que superaban aquellas de las que había disfrutado cuando era el líder de su partido. Y es precisamente este último Burke el que atrae de manera más especial el interés y la admiración de los norteamericanos actuales.

[...]

Los problemas de la sociedad moderna trascienden a las meras cuestiones de estructura gubernamental. No es suficiente una simple apelación a la pureza de la Constitución de Estados Unidos como baluarte contra el destructivo poder de las ideologías. Hemos de volvernos hacia Burke, más que hacia Washington, Hamilton, Jay, Madison, o incluso John Adams, si queremos llevar a cabo un análisis de los principios del orden, de la justicia y la libertad.

Y como elemento adecuado para nuestras actuales desazones, los Documentos Federalistas no pueden estimular la imaginación y la conciencia del mismo modo que las Reflexiones sobre la Revolución en Francia, o la Paz regicida. Porque Burke se siente más involucrado en la amarga y continua revolución de nuestro tiempo de desdichas que los Documentos Federalistas, los cuales, esencialmente, se limitan a establecer los argumentos convenientes para lograr acuerdos gubernamentales en la Norteamérica de finales del siglo XVIII.

Todavía se puede leer con provecho (y con la ayuda de Hamilton) la Alocución de Despedida de Washington, obra de un hombre fuerte y prudente. Pero resulta imposible para los Estados Unidos de hoy día seguir los consejos de la política exterior dados por el presidente Washington al final de su mandato, porque las circunstancias se han modificado irrevocablemente. La visión de Burke del cometido que debían desempeñar las naciones civilizadas, y su apelación para que unieran sus fuerzas contra el fanatismo revolucionario, se pueden aplicar sin embargo en las presentes circunstancias de Estados Unidos, porque Burke está poco "pasado de moda".

(....)

Burke no se encuentra apartado de la experiencia americana. Por el contrario, como nos recuerda su estatua, se alza en la mejor tradición y continuidad –el legado de nuestra civilización–, de las cuales forman parte el carácter y la vida estadounidenses. Y el mismo Burke, al ayudar a la formación de su sociedad, influyó en esta tierra y en este pueblo desde los años de 1760 hasta nuestros días. El buscar sapiencia política en Burke no es algo más exótico para los estadounidenses que buscar introspecciones psicológicas en Shakespeare, o reflexiones espirituales en San Pablo. Después de todo, los fundadores de esta República participaron en las instituciones legales y políticas de modo muy parecido a lo que defendía Burke.

(...)

Thomas Jefferson. Parte de las instituciones y del orden social que conoció Burke han desaparecido, del mismo modo que los Estados Unidos de nuestro tiempo son muy diferentes de aquella república costera que conocieron Adams y Jefferson. Y puesto que no podemos restaurar –aunque lo quisiéramos– ni la Inglaterra georgiana ni los Estados Unidos jeffersonianos, el comprobar la influencia que haya podido tener un filósofo político sobre los desafíos de nuestro tiempo no es una simple cuestión de saber si sus teorías fueron compartidas en la Inglaterra o en los Estados Unidos del pasado.

En muchos aspectos, los Estados Unidos de hoy día son más parecidos a la Inglaterra imperial de 1797 que a la aislada y juvenil República de esos mismos años. Debido a que Burke se refería a temas que trascendían su propia nacionalidad y generación, su figura perdura como la de un importante pensador político, al que los hombres de nuestro tiempo enfrentan a Karl Marx.

(...)

Burke, con su don profético, adivinaba cómo se iban a desarrollar las cosas en este torcido mundo nuestro. Su apasionada refutación de las ideologías igualitarias y de las políticas totalitarias no ha perdido nada de su fuerza con el paso de dos centurias. Lo que dijo en su día acerca de los jacobinos es aplicable a las ideologías marxistas de este siglo. "He derribado el terrible espíritu de innovación que ha infestado el mundo". Son palabras de Napoleón, cuyo advenimiento predijo Burke. Sin embargo, fue él, y no Bonaparte, quien realmente conjuró el fiero espectro del fanatismo revolucionario.

Edmund Burke. No hubo estadista o escritor en los dos siglos pasados que haya sido más clarividente de lo que fue Burke. En la época de mi madre se le estudiaba más como gran retórico y líder de partido que como hombre de pensamiento. La especialización del sistema educacional de nuestro siglo XX intensificó esta división: los historiadores de la política dudaron en estudiar a Burke, porque lo consideraban un hombre de letras; los profesores de literatura, porque era un filósofo; los profesores de filosofía porque era un estadista; y así seguía girando el círculo. La pluralidad del genio puede producir negligencia en quienes lo analizan.

También pudo suceder que el estudio de Burke quedara reservado para nuestros días. Una vez más nos encontramos en una época de concentración, en la que restablecer el orden y la justicia en una sociedad desconcertada es labor de los intelectuales. "¡Yo doy fe de las nuevas generaciones!", decía Burke al finalizar su impugnación de Hastings. Y las nuevas generaciones británicas quedaron seducidas por él, en sus últimos años de vida.

Hoy día, la nueva generación de norteamericanos también se siente influenciada por la mentalidad de Burke (ya sea directa o indirectamente), de la misma forma que hace treinta años muchos de los componentes de aquella nueva generación se vieron influenciados (directa o indirectamente) por Jean-Jacques Rousseau, el adversario de Burke. No obstante, a finales del siglo XX la imaginación moral de Burke puede derrotar a la imaginación idílica de Rousseau.

[...]

Los "filósofos parisinos" del Burke de hace dos siglos siguen vivos hoy día autoproclamándose "intelectuales", con su charla incesante de "compasión" y su defensa, entre otras cosas, del derecho inalienable a extender el imperio antinatural de sus vicios. A lo largo de la Historia, nosotros, los seres humanos, seguimos luchando las mismas batallas una y otra vez bajo estandartes de distintas enseñas. Para resistir a la imaginación idílica y a la imaginación diabólica necesitamos conocer la imaginación moral de Edmund Burke. Y por eso lo reconocemos como una de esas personas muertas que nos siguen aportando energía.

NOTA: Este texto es un fragmento editado del epílogo de EDMUND BURKE. REDESCUBRIENDO A UN GENIO, de RUSSELL KIRK, que acaba de publicar la editorial Ciudadela.

 

Libertad Digital, suplemento Fin de Semana, 25 de mayo de 2007

¿Soplo de aire fresco o puñalada al PP? Disidentes socialistas crearán un nuevo partido

¿Soplo de aire fresco o puñalada al PP? Disidentes socialistas crearán un nuevo partido Distinguidos disidentes del socialismo zapaterista, como Rosa Díez o Fernando Savater, podrían crear un nuevo partido de izquierdas para oponerse a la caótica deriva del actual Gobierno. Esa ha sido la comidilla política de la semana. Falta una confirmación eficiente, pero el mero hecho de que ascienda el globo sonda ya ha creado una gran expectación. ¿Tiembla el PSOE? Es curioso, pero quien más tiembla es el PP. Explicamos por qué.

 

La fosa separa a dos socialismos: uno se reconoce en España como comunidad con un proyecto constitucional; otro, el de Zapatero, está dispuesto a reformar de hecho el sistema del 78 para re-constituir España en una suerte de confederación inacabada. No es sólo un problema ideológico. En lugares donde la cuestión nacional es atacada a muerte, como el País Vasco, lo que está en juego es la actitud respecto a la banda terrorista ETA. El primer socialismo quiere la derrota del terrorismo, sin paliativos; el segundo, el zapaterista, se ha mostrado dispuesto a que el mundo de Batasuna-ETA entre en las instituciones sin una entrega previa de las armas y sin una condena explícita de la violencia. El primer socialismo se ha hartado y ha roto la baraja. Así se ha conformado un fuerte núcleo de opinión en torno a varias personalidades de la izquierda vasca y española: la eurodiputada Rosa Díez, el filósofo Fernando Savater, el profesor Carlos Martínez Gorriarán. En esta semana se ha hablado abiertamente de que este primer socialismo se aleje del aparato zapaterista y constituya una fuerza de izquierda independiente.

 

La noticia ha sido saludada con alborozo por quienes ven con dolor la irracional deriva del PSOE, entregado a una política de pacto con ETA que cada vez se entiende menos. Como sucedió con Ciudadanos por Cataluña, pero en otras circunstancias, el surgimiento de esta nueva fuerza representa un gesto de libertad frente a la férrea sumisión que exigen los partidos, y significa también una bandera que se alza en defensa de la España constitucional. Ahora bien, al mismo tiempo se difunde el temor a que esta disidencia, al plantearse como fuerza independiente, debilite el frente de oposición al Partido Socialista. Porque nadie garantiza que este “tercer partido” vaya a hacer pupa a la izquierda, y muchos temen que se la haga a la derecha.

 

El problema electoral

 

La cuestión es la siguiente: dado el carácter ferozmente irreductible de una anchísima parte del voto socialista, dispuesta a votar al PSOE aun si Pepe Blanco se comiera a los niños crudos, el eventual impacto de esta escisión sobre el grueso del cuerpo electoral socialista sería previsiblemente bajo. Salvo en lugares donde el hartazgo de las bases socialistas haya llegado al límite por la sumisión al separatismo, como Cataluña, quizá Galicia y, sobre todo, el País Vasco, es difícil creer que la hipotética nueva fuerza vaya a arrancar demasiados votos al PSOE. Los electores tradicionales del Partido, por otro lado, serán extremadamente sensibles al reproche de “beneficiar al PP” si se salen del corral.

 

¿De dónde saldría entonces el voto de estos socialistas disidentes? A priori, del sector templado de los ciudadanos de centro o centro-izquierda, cuyo voto al PSOE nunca ha sido un cheque en blanco. Ahora bien, este sector es precisamente el mismo en el que confía el PP para cambiar la orientación del voto en las próximas elecciones generales; es ese sector, absteniéndose o votando el PP, el único que puede darle al PP una mayoría suficiente para gobernar. Y si ese voto se dirige ahora a la nueva fuerza de izquierdas, el PP puede ir olvidándose de gobernar por muchos años. Al contrario, la hipótesis más probable sería que esa leve pérdida de votos del PSOE por su derecha le obligara, ya sin remisión, a pactar con los separatistas y con la extrema izquierda en todas partes. La otra hipótesis, la de un pacto entre el PP y la nueva fuerza de izquierda disidente, no sólo es ideológicamente poco creíble, sino que, además, resulta poco verosímil que tuviera posibilidades aritméticas.

 

El caso de Ciudadanos por Cataluña es un buen ejemplo de esta dinámica electoral. Su aparición en el cerrado escenario del “oasis” catalán, copado por socialistas y nacionalistas, ha supuesto un indudable soplo de aire fresco –incluidas las extravagancias de cartelería-, pero no ha servido absolutamente para nada constructivo. El Partido Socialista, algo más debilitado, derrotado en las urnas, ha podido reconstruir un pacto de gobierno con comunistas y separatistas. El Partido Popular, ya enanizado por la “práctica Piqué”, ha visto ahora cómo se alejan un poco más sus posibilidades de llegar a nuevos yacimientos de voto. En cuanto a Ciudadanos, además de atravesar por una primera escisión, su presencia en la vida pública no pasa de ser testimonial; es una voz nueva, valiente y que dice cosas –a veces- muy importantes, pero sus posibilidades de influencia real son muy limitadas, y harán falta muchos años para que crezcan un poco más. Resultado: si Cataluña ya estaba condenada a una alternancia de distintas fuerzas nacionalistas (CiU o el bloque de izquierdas), ahora esa condena ya se ha hecho casi eterna.

 

Sería perfectamente posible que la nueva fuerza surgida en torno al socialismo vascoespañol –si finalmente cristaliza- buscara formas de aliarse o integrarse con el movimiento que en distintos puntos de España ha despertado Ciudadanos. Habrá que ver entonces si estamos ante una alternativa al monopolio de la izquierda por el PSOE o si, más bien, lo que ha nacido es un polo minoritario que disputaría al PP el voto de centro. Nada está claro. En todo caso, cuando alguien se sale del rebaño siempre se respira mejor. Y eso es lo que han hecho Rosa Díez, Fernando Savater y sus amigos.

 

 

Elmanifiesto.com, 24 de mayo de 2007

La Madre Teresa, manipulada por Hilary Clinton en su campaña financiada con porno y abortos

La Madre Teresa, manipulada por Hilary Clinton en su campaña financiada con porno y abortos Teresa de Calcuta, incansable luchadora pro-vida, aparece sonriente en un vídeo con la candidata, defensora radical del aborto sin límites.

El lunes 14 empezó a circular el último vídeo promocional de la candidatura de Hilary Clinton a la presidencia de los EEUU, en el que aparece la senadora norteamericana, defensora radical del aborto ilimitado, junto a la Madre Teresa de Calcuta, cuando Hilary era la primera dama norteamericana, esposa del entonces presidente Bill Clinton.

El vídeo puede verse en YouTube, aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=q9U0ZNteqdw

 

"Es totalmente inapropiado, irrespetuoso e inquietante que Hilary Clinton use la imagen de la beata Madre Teresa como herramienta política, especialmente dada su visión radicalmente diferente del aborto", ha protestado el presidente de la asociación católica Fidelis, Joseph Cella.

 

"La Madre Teresa luchó incansablemente por proteger a los niños no nacidos, mientras que Hilary Clinton apoya el aborto a petición en los 9 meses de embarazo, incluyendo el aborto por parto parcial y los abortos con dinero de los contribuyentes", recuerda Joseph Cella.

 

 

 

 

Es lo que en política llaman "hacerse la foto": usan la imagen de Madre Teresa para potenciar una candidata que defiende aquello que la beata combatió

 

 

"Por respeto a la Madre Teresa y las estrictas normas de las Misioneras de la Caridad sobre el uso de imágenes de Madre Teresa, pedimos a la campaña de Hilary Clinton que retire su imagen de este video de campaña", solicita el presidente de Fidelis, que ha mandado un fax a la sucesora de Madre Teresa, la Hermana Nirmala, explicando el caso.

 

 

 

 

 

De Madre Teresa, al aborto en Pekín

 

En el vídeo, en el minuto 2 segundo 26, el expresidente Bill Clinton dice: "Hilary en efecto era la cara de América, en la India..." y aparece Hilary sonriendo con Madre Teresa. Y luego el vídeo muestra a la candidata en 1995 en la conferencia de Pekín donde intentaba conseguir que el aborto se presentase como "un derecho humano". fundamental.

 

Con dinero de porno y del aborto

 

Hillary Clinton, pese a presentarse como feminista, ha recibido de la revista porno PlayBoy, del multimillonario Hugh Hefner, los 2.300 dólares que son el máximo permitido por la ley en esta fase de unas primarias. Hefner ha ganado este dinero desnudando mujeres, vistiéndolas de conejitas y vendiendo revistas y videos con sus imágenes. Al hacer la donación, el multimillonario especificó que lo hacía como "editor jefe" de la revista Playboy.

 

Hillary figura además en las webs del lobby abortista NOW (National Organization for Woman), del otro lobby abortista NARAL y de la publicación pro-aborto Emily's List como su candidata preferidda.

 

Como senadora, Hillary se opuso a prohibir los abortos por nacimiento parcial. La técnica que Hillary no quería prohibir consiste en sacar casi completamente a niños ya bastante desarrollados y antes de sacar la cabeza de dentro de la madre aplastar el cráneo y aspirar los sesos con un tubo aspirador. Así se colapsa el cráneo y se puede sacar fácilmente la cabeza del niño ya muerto.

 

También ha defendido el matrimonio homosexual y ha firmado documentos con otros senadores pidiendo experimentar con seres humanos en estado embrionario, obteniendo sus células madres para investigar con ellas. Su imagen junto a Madre Teresa es algo más que inapropiada: es una manipulación.

 

Hillary Clinton recibe dinero del magnate porno de Playboy para su campaña

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=7998

 

Tom Hanks da a la pro-abortista Hillary Clinton 4.200 dólares que ganó con El Código Da Vinci

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=6162

 

Forum Libertas, 16 de mayo de 2007

El objetivo de Rajoy: conseguir un voto más que el PSOE

El objetivo de Rajoy: conseguir un voto más que el PSOE

Y la neutralidad institucional de CiU y PNV. Por primera vez en la Legislatura, los populares sueñan con la victoria. Consideran que el Caso Sebastián no ha concluido, y que Conthe aún tiene más conejos en la chistera. Argumentos del PP (todos ellos fallos del PSOE): Zapatero ha perdido toda su credibilidad internacional y empieza a perderla en casa, ETA le va a exigir nuevas cesiones, los nacionalistas moderados se sienten engañados por ZP quien, además, se está cargando las instituciones, el electorado comienza a creerse que estamos ante una nueva era de corrupción socialista, de ‘beautiful people’ –los ‘intermonis’- y de impunidad. Eso sí, el voto en valores, por ejemplo, el voto católico, continúa sin ser tenido en cuenta en Génova

 

Hasta ahora era un rumor propio de restaurantes de lujo. Esto es, del mundillo empresarial. Pero Hispanidad ha podido comprobar que esta vez, sin que sirva de precedente, el mundo empresarial iba bien enfocado. Por vez primera en toda la legislatura, en el PP hay moral de victoria. La estrategia de Rajoy tiene un objetivo muy definido: conseguir un voto más que el PSOE. La norma no escrita de la democracia española afirma que gobierna quien posee un voto más que el contrario, pero, por si acaso, don Mariano quiere ganarse la neutralidad institucional de CiU y PNV, las dos minorías que podrían darle un vuelco al principio de “un voto más que el contrario”. Las recientes declaraciones del líder del PNV, Josu Jon Imaz acreditan que tiene esa puerta abierta y, lo que es más importante, Rajoy está tendiendo puentes con el número uno de CiU, Artur Mas. Ojo, no con el democristiano Durán i Lleida, que desde hace dos décadas ha sido el interlocutor del PP en Cataluña. Porque a Durán se le considera en Génova un traidor que todavía quiere ser ministro de Exteriores con Zapatero.

 

Los fontaneros del PP, incluido el inefable Pedro Arriola creen que en España puede producirse la misma situación que en Francia. En definitiva, que el “todos contra Sarkozy” o la obsesión de Zapatero por aislar al PP acabe beneficiando a la presunta víctima.

 

Los argumentos que avalan el optimismo del PP –todos ellos fallos ajenos más que aciertos propios- son los siguientes:

 

En primer lugar la pérdida de credibilidad de Rodríguez Zapatero tras tres años de gobierno. En el escenario internacional esa pérdida simplemente es total, pero la falta de crédito empieza a trasladarse al interior.

 

En segundo lugar, en el PP, y no son sólo ellos, están convencidos de que las exigencias de ETA no han terminado. La tremenda portada del diario La Razón (jueves 10 de mayo) no lo puede decir más claro: ZP ha tenido que admitir las listas de Batasuna ante el temor que tiene a un nuevo atentado de la banda en vísperas electorales, un atentado que no le perdonarían ni sus incondicionales.

 

En tercer lugar, el Caso Sebastián. Si los nacionalismos moderados están desengañados con ZP, el mundo económico lo está mucho más. En el PP consideran que Conthe aún sacará más conejos de la chistera. El Caso Sebastián no ha hecho más que empezar y empieza a ser ya un “consenso de opinión pública” que el Gobierno Zapatero está laminando todas las instituciones económicas, especialmente los organismos reguladores. Un detalle: si se confirma la acusación de que el autor del dossier sobre el presidente del BBVA, Francisco González, es el ex director general del Banco de España, Pepe Pérez, el gran inspector bancario del felipismo, el escándalo Conthe se multiplicaría por n, un número que tiende a infinito.

 

Pero en lo que más confía el PP es en que estos escándalos, que la mayoría del electorado no entiende, sí proporciona una especie de atmósfera general según la cual el zapaterismo no es más que la continuación del felipismo. Es decir, que vuelve la era de la corrupción, del pelotazo, del concubinato entre intereses políticos y económicos, la época en suma en la que todo el mundo metía la mano en la caja, la era de la impunidad. Es como si hubiese regresado la era de la beautiful people, que ahora serían los ‘intermonis’. Y esto lo entiende todo el mundo.

 

Eso sí, para Mariano Rajoy, el voto católico o el voto en valores continúa sin existir. Al igual que Aznar, don Mariano confía en que los cristianos tendrán que votar al PP o no votar a nadie. Por tanto, mantendrá su habitual tendencia a juguetear con asuntos como el aborto o a mantener el matrimonio gay, a pesar de que lo tiene recurrido en el Constitucional. Es decir, vencer al PSOE por un solo voto desde el centrorreformismo.

 

Hispanidad.com, 10 de mayo de 2007

Sarkozy defenderá a Rajoy de Zaplana, Arriola y García Escudero

Sarkozy defenderá a Rajoy de Zaplana, Arriola y García Escudero

Sarkozy ha demostrado que muchos complejos "políticamente correctos" del centroderecha español carecen de base. Sacando los colores a más de uno.

 

Nicolas Sarkozy, el presidente que quiere "devolver a los franceses el orgullo de ser franceses", ha revuelto las aguas de la política española. Las de la izquierda, desde luego, por el miedo al abismo. Pero también las de la derecha. Mariano Rajoy habla del "inicio de una nueva etapa en Europa" pero se queja de quienes le "dicen que no me mueva, que no respire, que no hable". Los que han quedado mal, por una vez unidos aunque sea para equivocarse, han sido Eduardo Zaplana, Pío García Escudero y Pedro Arriola, con sus respectivos séquitos.

 

Eduardo Zaplana se ha felicitado porque "Sarkozy ha dejado en evidencia a los que apuestan por discursos vacíos" ya que es necesario defender "ideas, principios y valores". Zaplana, heredero de la UCD, joven e impoluto centrista levantino de elevados principios. ¿Sarkozy es de centro? ¿Del mismo centro que Zaplana? ¿O Zaplana es de derechas? ¿Ustedes han leído lo que hacen y dicen uno y otro? Pío García Escudero, coordinador de la campaña electoral del PP, tiene en cambio miedo de Sarkozy, ya que "hay partes de su mensaje que sí" son aplicables a España, "aunque inmediatamente nos acusarían de extremismo y de radicalidad". Así que ahí lo tienen, dispuesto a callar lo que cree que es verdad por puro canguelo. Si eso no son complejos, supercorrección política ni pensamiento débil que venga don Manuel Fraga y lo vea. Como ha escrito Miguel A. Orellana, son "las caras de la derrota".

 

Y queda Pedro Arriola, con sus arriolitos de provincias. Dos generaciones de populares y asimilados han sido educadas en la idea de que la movilización es mala, de que la participación elevada favorece a la izquierda y de que mejor adoptar "perfiles bajos". Y llega el húngaro este y demuestra que la participación, para quien mira a los ojos de la gente y dice las verdades del barquero, cuanto más alta mejor. Hay un hecho válido en toda la Europa viva: la gente quiere respuestas claras, dadas en primera persona y sin rodeos, porque hay problemas que no admiten espera. Tal vez gracias a Zapatero y a pesar de alguna camarilla España sea el siguiente caso de una derecha social movilizada.

 

El centro indeseable y el posible

 

Si el centro es lo que Adolfo Suárez señalaba y Mariano Rajoy ha recordado a propósito de un libro reciente, "el nombre que en España asumió la derecha inteligente y moderna", Zaplana, Arriola y García Escudero no le han escuchado. Si el centro es lo que representa François Bayrou, medio siglo de sometimiento a la corrección política marcada desde la izquierda, de ineficacia, corrupción y subversión toleradas, España no necesita un centro. Si el centro es lo que representan los dinosaurios democristianos, como los valetudinarios Francesco Cossiga y Giulio Andreotti sosteniendo en el poder a su discípulo Romano Prodi y animando la deslealtad de Pierferdinando Casini a sus electores, España no necesita un centro. Cuando Rajoy habla de colocar al PP en el centro de la sociedad ha de referirse a algo diferente.

 

Realismo político desde el centro (del pueblo)

 

Como diría un inglés pragmático, no hay que insistir demasiado en emplear métodos que no funcionan, porque ser firme en los principios no excluye sino que exige ser infinitamente flexible y adaptable en los métodos. Aunque uno tenga toda la razón y todas las razones, si no consigue llegar al corazón de la comunidad y ganárselo habrá perdido. Y en política perder el poder es perder también la razón, ya que este arte no nace para sostener exquisitas posturas individuales, sino para gobernar.

 

Si eso es la política moderna, los políticos tendrán que colocarse en su centro; y no se trata de renunciar a principios, como hacía el viejo centro, sino por el contrario de afirmarlos en el nuevo contexto y con los nuevos medios, como ha querido hacer Sarkozy. Hace unas semanas, con motivo del estreno en los cines de 300, ha habido un debate cuya conclusión ya había sido llevada por Sarkozy a la política: para transmitir algo hay que recurrir a los métodos y formas del tiempo que nos ha tocado vivir. Coincido con Arturo Pérez Reverte en esto, al menos en la base del razonamiento. Si alguien quiere defender los principios que Sarkozy dice querer defender tendrá que hacerlo con los recursos modernos. Y si eso es ir hacia el centro, mejor ahí con Rajoy que en la nada con los "chicos–bien–de–toda–la–vida–que–no–están–para–arriesgar".

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 10 de mayo de 2007