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Asalto del PSOE a la red: convoca a los 'blogueros' progresistas para contrarrestar la hegemonía conservadora

Asalto del PSOE a la red: convoca a los 'blogueros' progresistas para contrarrestar la hegemonía conservadora

El PSOE espabila. Ha iniciado su asalto a Internet, consciente de la hegemonía del centro-derecha en la Red. Este fin de semana convoca en Valencia a los creadores de páginas personales o colectivas (blogs) que se sientan progresistas. Se trata de unas jornadas abiertas a todo el que quiera y contarán con la asistencia de más de 200 personas. De ellas, 150 son ciberpolíticos; esto es, blogueros con motivación política.

Se titulan Blogs + Ciudadanía y una de sus impulsoras es Carmen Montón, coordinadora federal de Participación Ciudadana de este partido. Defiende que los progresistas ya son muy activos en Internet y rechaza que el PSOE pretenda liderar a la izquierda en la blogosfera política española. Su objetivo es apostar “por el diálogo, por el intercambio, la colaboración y la conversación directa” con aquellos que se sienten progresistas y cada día publican sus reflexiones en esas páginas web que son como cuadernos de bitácora de opinión y revolucionan la comunicación entre las personas dentro de Internet.

Montón prefiere recurrir a una expresión del presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, para explicar el objetivo del PSOE dentro de Internet: firmar “una coalición de Gobierno con los ciudadanos”. Ella cree en esta coalición; “es una forma de recibir, de dialogar y también de tomar decisiones” en contacto personal con los creadores de blogs.

Otra impulsora es Lourdes Muñoz, diputada por Barcelona y bloguera irredenta desde que arrancó su página en septiembre de 2005. A finales de ese año fue cuando el PSOE organizó sus primeras jornadas de creadores de páginas personales. Entonces nació la red de blogs socialistas. Se trata de una página colectiva con más de 260 blogs que cuenta con una herramienta gratuita para publicar las notas del que así lo desee.

 

El blog de Muñoz es especializado, al estar centrado en el feminismo y en la superación de la brecha digital de las mujeres. Con 200 visitas, su última experiencia ciberparlamentaria ha sido la comisión del Congreso que estudió la legalización de la prostitución en España. Se comprometió a incluir las comparecencias de los expertos, pero como no podía meter el diario de sesiones –está prohibido porque era a puerta cerrada-, Muñoz hacía un resumen cada día. Recibía mensajes hasta de Cuba.

 

Treinta diputados con blog

 

El activismo político y la pujanza tertuliana en la red a través de los foros son de un claro predominio de centro-derecha dentro de las páginas publicadas en España. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los blogs de los políticos. Aquí domina la izquierda, encabezada de lejos por los catalanes.

 

De los 350 diputados que hay en el Congreso, sólo 30 tienen un blog donde publican sus experiencias y se relacionan con sus electores (la mitad son catalanes y siete son mujeres). De ellos, 21 pertenecen al PSOE, cuatro al PP, tres son de CiU y dos de ERC.

 

Frente a este pobre escenario, ahí van los datos del Parlamento de Cataluña. Tiene 135 diputados, 48 de ellos con blog activo. De los cuales 23 son del PSC, diez de CiU, otros diez de ERC, cuatro del PP y uno de IC.

 

La gran mayoría de los parlamentarios con blog se dedican a publicar reflexiones políticas. El pionero ciberpolítico Miquel Iceta, del PSC, mantiene una de las mejores páginas, donde elabora un diario hasta con sus negociaciones, como ocurrió con el Estatuto catalán (Diari de Miquel Iceta). Otro formato es el del diputado Eduardo Madina, toda una página personal (Molinos de papel) que a veces ha recibido furibundos ataques de internautas de derechas descontentos con sus reflexiones.

 

Blanco, el rey del blog

 

Ahora, el PSOE quiere extender su influencia hacia las páginas de los ciudadanos. De ahí las jornadas abiertas que se celebrarán entre mañana y el domingo en Valencia. Las inaugura el rey del blog socialista: José Blanco, su secretario de Organización, que abrió su página el año pasado (El cuaderno de Pepe Blanco). Habrá seis mesas, donde participarán redes externas progresistas al PSOE, además de la que impulsa el partido. Por ejemplo, el área de ciberactivismo y política en la red cuenta con la asistencia de Montserrat Boix, una impulsora de la blogosfera feminista, Jessica Fillol (Red Progresista), José Rodríguez (socialdemocracia.org) o Goyo Tovar (Extremadura Positiva).

 

La segunda mesa se centrará en diversidad y convivencia. Asisten los transexuales a través de Rodrigo Martín (red europea Rainbow Rose) y representantes de organizaciones no gubernamentales. La tercera busca la igualdad de género, porque Internet replica la misma desigualdad que en la vida laboral o familiar. La cuarta abordará la blogosfera parlamentaria y la quinta, cómo no, se centrará en la Alianza de Civilizaciones. Montón lo explica: si en algún sitio se puede colaborar a crear esta alianza es a través de Internet.

 

La sexta mesa será el domingo y tratará sobre los candidatos municipales y sus blogs. No en vano, los candidatos a alcaldes socialistas comienzan a crear sus propias bitácoras, en especial las mujeres. En la clausura estará Carmen Alborch, candidata por Valencia y bloguera de nuevo cuño (La mirada de Carmen).

 

Julia Pérez

El Confidencial, 30 de marzo de 2007

Ni pacifista ni neocon

Ni pacifista ni neocon El cuarto aniversario del comienzo de la guerra de Iraq resucita –en realidad nunca han muerto- dos “Españas obligatorias”. Una de ellas es la que el sábado se manifestó en Madrid bajo banderas republicanas.

Si alguien se opuso al comienzo de una guerra que, como profetizó Juan Pablo II, ha tenido consecuencias imprevisibles, debe estar orgulloso de la retirada de las tropas de Iraq decidida por Zapatero tras el mayor atentado que ha sufrido España; debe hacer alarde de un entreguismo simplista que reclame la ilegalización del PP; debe considerar a Bush una plaga; debe estar empeñado en demostrar que el valor de la tradición occidental es algo muy subjetivo; debe sentirse acomplejado por un eurocentrismo prepotente y, por eso, debe apostar por un multiculturalismo relativista. Tiene que ser, también, un apóstol de la ideología de género y del indigenismo.

Tan es así que cuando a José Ignacio del Burgo, diputado de UPN integrado en el Grupo Popular, se le ocurre asegurar que hay que hacer autocrítica porque Aznar estuviese en la foto de las Azores se produce un cataclismo. La legislatura de Zapatero, para quien no quiere ser encasillado en un pacifismo violento, ha convertido en una extraña hazaña reconocer que no había armas de destrucción masiva y que la guerra ha sido una mala idea ejecutada con torpeza e ineficacia.

 

Ser consciente de las debilidades e incoherencias de la España pacifista no necesariamente implica, como parecen exigir algunos, asumir la otra España “obligatoria”, la España “neocon” (diminutivo de neoconservadores, término acuñado en Estados Unidos para describir a un grupo de intelectuales con pasado troskista que en el plano cultural abogan por retomar la objetividad de unos valores que la izquierda niega y que en política internacional -siguiendo las tesis de autores como Robert Kagan en su libro Poder y Debilidad - apuestan por el intervensionismo para defender el mundo occidental).

 

Rafael Bardají ha explicado Qué piensan los “neocon” españoles en un libro de homónimo título recientemente editado por Ciudadela. En realidad la obra no explica todo lo que piensan los neocon españoles, pero sí lo que piensan algunos muy influyentes que se dedican a la política internacional. Es razonable asumir, como dicen los neocon, que tras los atentados del 11-S y del 11-M estamos en una guerra, pero hay mucho que decir sobre la naturaleza de esta guerra y sobre la conveniencia de que “la disuasión haya agotado su eficacia (...) y que sólo quede como herramienta válida la anticipación y la prevención”. ¿Por qué reconocer la amenaza del terrorismo internacional obliga a considerar obligatoria la guerra preventiva?

 

Otro ejemplo. Es razonable reconocer que el islamismo radical pretende desestabilizar la civilización occidental, pero de ahí no se deduce necesariamente que el choque de civilizaciones sea inevitable, que el diálogo entre religiones y culturas no tenga sentido o que sea inútil promover una relación con el islam basada en la razón (como la que defendió Benedicto XVI en Ratisbona). Ése seguramente es el único camino para favorecer la integración de los musulmanes en una Europa realmente laica, pero no laicista. Una cosa es defender la justa existencia del Estado de Israel; otra, absolutizar su papel en la lucha contra el terrorismo internacional; una tercera, no asumir nunca posibles errores y estrategias que haya podido cometer (aunque sean tan evidentes como los de reciente guerra del Líbano); y una cuarta, considerar antijudío al que haga la más mínima crítica.

 

Y si nos quedamos en casa y hablamos de enseñanza, tres cuarto de lo mismo. Es cierto que los planes de estudio son un desastre, que los chicos no reconocen ninguna autoridad y que no hay cultura del esfuerzo. Pero el orden no es condición suficiente para hacer frente a la crisis educativa. Para afirmar los valores que cierta izquierda radical niega, no basta la afirmación de una verdad objetiva. Las relaciones internacionales están hechas de historia y no sólo de ideas; la educación es imposible sin un maestro que haga significativa y existencialmente atractiva el valor de una tradición y de unos conocimientos.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 21 de marzo de 2007

 

 

EL ÁGUILA DE SAN JUAN. A propósito de un escudo

EL ÁGUILA DE SAN JUAN. A propósito de un escudo

La reciente polémica sobre la presencia o ausencia de banderas con el águila de San Juan en determinadas manifestaciones ha puesto de relieve algunas de las claves profundas de la guerra cultural entre la izquierda y… ¿nadie más? Y es que a veces parece que no hay nadie al otro lado.

 

El águila de San Juan no es anticonstitucional ni preconstitucional. Simplemente, no es el escudo español vigente. En cambio, sí estaba en vigor cuando se promulgó la Constitución, sancionada por el Rey. De ahí que figure en las primeras ediciones de la Carta Magna. Ésta, por cierto, describe los colores de la bandera nacional, pero nada dice del escudo (v. el artículo 4).

Dada la general ignorancia o mala fe, estas aclaraciones resultas necesarias. Pero no es esto lo más importante, sino el hecho de que fue un Gobierno de la UCD quien modificó el escudo nacional; concretamente, el presidido por el señor Calvo Sotelo, mediante la Ley 33/1981.

Con la habitual carencia de criterio –y de espinazo– de los Gobiernos de la UCD, el señor Calvo Sotelo hizo una extraña concesión más a la izquierda, otro gesto de "ruptura" con la continuidad legal e institucional con el régimen anterior. ¿Se buscaba una ruptura total? No, sólo se emprendían "rupturas" que sirviesen para debilitar las posiciones de lo que se suele llamar "la derecha sociológica" y conseguir el perdón de la izquierda. ¿Por qué no se cuestionó la Ley de Sucesión de 1968, o la Ley de Reforma Política?

Aprender del pasado...

Dicho de otro modo: la Transición representó en lo formal una continuidad institucional del régimen surgido en la guerra del 36, pero en lo cultural fue una ruptura. Durante la tan cacareada reforma, los Gobiernos de UCD cedieron toda la legitimidad moral a la izquierda. Como consecuencia de ello, fuimos testigos del fulminante suicidio político y cultural de una clase política de salón de té.

Con esa mentalidad se cambió el escudo, y se amnistió a los presos de ETA en el 77. Y por el influjo de esa mentalidad se explica que los cadáveres de los militares asesinados por ETA se sacaran por las puertas traseras de las iglesias, y que la Iglesia fuera pidiendo perdón por las esquinas por no haberse dejado exterminar en el 34 y por que su bando, en la Guerra Civil, no fuera el republicano, el de las quemas de conventos y los asesinatos de curas y monjas.

El gran error del franquismo fue pretender perpetuarse desde esa legitimidad de origen, en lugar de ir abriéndose y permitir la erección de un sistema de libertades dotado de instituciones fuertes y en el que la sociedad civil desempeñase un papel protagónico. Su anquilosamiento y su empeño en mantener una dictadura indefendible hicieron que el cambio tuviera que hacerse deprisa, corriendo y de mala manera.

Dicho de otro modo: el franquismo no fue conservador, sino estatista; no intentó recuperar lo mejor de la auténtica tradición hispánica: las libertades políticas, el municipalismo, el principio de subsidiariedad, la libertad económica…

Ésta es la lección que nos brinda el pasado: una generación de políticos, que generalmente habían cooperado con el franquismo –¿acaso fue por eso?–, no supo criticar lo criticable y defender los principios que merecían ser defendidos.

Sin principios que defender, la política se convierte en una permanente cesión ante la izquierda. Quienes así proceden piensan que, algún día, la izquierda les va a reconocer una igual legitimidad para ejercer el poder, o simplemente para representar a la ciudadanía.

... y del presente

El Partido Popular puso todo su empeño para que en la manifestación del sábado 10 no hubiera ninguna bandera con el águila de San Juan. Los medios de comunicación hacían de ello una cuestión de principios: la presencia de banderas con el águila pondría de manifiesto la "provocación de la extrema derecha", equivaldría a un "golpe de estado en la calle", representaría un "ataque a las instituciones"...

Es imposible saber todo lo que pasa en una concentración de cientos de miles de personas. Lo que sí sé es lo que vi... y lo que no. Y no vi, por ejemplo, una sola bandera con el águila. Ni una. Estuve por Bárbara de Braganza, en la misma Plaza de Colón y en Génova. Si, entre decenas de miles de personas, no vi a una sola con el águila, podemos hacernos una idea de la significación de la presencia del dichoso escudo.

Al llegar a casa puse la televisión y vi los informativos de Tele 5 y La Sexta. Dijeron que había "pocos símbolos anticonstitucionales"; es decir, resaltaron que los había. Dijeron que hubo muchos gritos contra el Gobierno y pocos contra ETA; pues claro: la manifestación era contra la cesión del Gobierno. Y se apresuraron a sacar a gente mayor... y una bandera con el águila. Ésta fue la cobertura, de entre tres y cinco minutos, que hicieron de una manifestación que reunió a dos millones de personas. (Por supuesto, a la hora de contrastar cifras dieron las de los convocantes y las de la Policía, no las de la Comunidad de Madrid).

Como perfecto ejemplo de lo que aquí se quiere decir, Libertad Digital informaba de una presunta manipulación de El País, que en su edición digital reproducía una fotografía de un señor mayor que portaba la bandera con el águila… en una manifestación del 3 de febrero. O sea, que los fotógrafos de El País tuvieron los mismos problemas que yo para encontrar la imagen deseada; y como no la encontraron, la colocaron por su cuenta.

Por su parte, el eurodiputado socialista Luis Yánez sentenció que la manifestación había sido franquista "hasta por el tipo de gente" que concurrió a ella.

De todo esto extraemos la misma vieja lección, que no acaba de aprender el PP: no se puede pretender contentar a la izquierda. Porque lo que les molesta no es la bandera con el águila, sino la idea de España. La mera existencia de gente que no piensa como ellos. La mera pretensión del Partido Popular de salir a la calle y dejar de pedir perdón por respirar.

Lo propio de la derecha es la libertad individual, la ausencia de sectarismo, la confianza en la espontaneidad de la gente. Cada uno tiene su estética y sus razones, y hace lo que le da la gana. ¿Por qué esforzarse en que no haya banderas con el águila de San Juan? ¿Por qué no prohibir la cruz de San Andrés? Señores de Nuevas Generaciones: ¿me permitirán llevar a la próxima el escudo del águila bicéfala de Carlos I? ¿Por qué no prohibir el toro de Osborne, o la "actitud vociferante", o las fotografías de Zapatero con nariz de payaso?

No se trata de defender aquí la conveniencia o no de portar una bandera con el águila de San Juan, sino de denunciar la tontería ésa de imponer lo que se puede o no se puede llevar. Verdaderamente, es del género tonto aceptar que la izquierda me marque lo que puedo o no puedo hacer. Yo, por ejemplo, digo y escribo "la juez" y no "la jueza", "la ministro" y no "la ministra", porque no quiero acabar diciendo "el pediatro" o "el economisto"; porque me resisto a la instauración de una sociedad homogeneizada, estúpida y profundamente autoritaria, donde se estabule a la gente; y porque sé que, haga lo que haga, la dictadura progresista seguirá prefiriendo un mundo donde no haya libertad.

Al final, la manipulación de la foto de El País es lo que define a la izquierda española. Aceptar su chantaje emocional no nos lleva más que a un complejo estéril, blando e inhumano. Aun sin águilas de por medio, la manifestación fue en sus medios lo que ellos querían que fuese: la "provocación de la extrema derecha", el "golpe de estado en la calle" y el "ataque a las instituciones". Siempre harán lo mismo.

El pasado día 17 se manifestó la izquierda contra la guerra de Irak y por la paz (sic). La lista de convocantes era digna de un happening castrista, y se vieron banderas de la República, del Che, incluso una en la que aparecían Lenin y la hoz y el martillo, esto es, una bandera que jaleaba una ideología con 100 millones de muertos a sus espaldas. ¿Por qué para el PSOE no es un descrédito manifestarse con semejante gente? ¿Por qué ser de extrema izquierda no es un insulto en España? Éstas son las únicas preguntas que debieran hacerse los líderes del Partido Popular.

Porque mientras el "centro", es decir lo "aceptable", lo fije la izquierda y el PP lo asuma sin más, los populares estarán condenados a izquierdizarse... y a suicidarse, tal y como hizo la UCD en tiempos de la Transición.

Si el ejemplo del águila no les convence, busquen otro. Da igual. Lo importante no es el águila, es la libertad.

Un motivo para la esperanza

Sería injusto acabar sin reconocer el paso que se ha dado con esta manifestación. Ciertamente, si bien el problema es muy de fondo y queda mucho por avanzar, lo del sábado 10 fue una demostración de libertad y de vitalidad moral.

Una manifestación del PP en torno a la simple y llana idea de España, con cientos de miles de banderas rojigualdas, era impensable hace unos años. Parecen haber empezado a descubrir que la izquierda tiene un problema no con una fantasmal extrema derecha, sino con España, con la idea de España. De ahí que cualquier intento de "hacerse perdonar" por ella esté condenado al fracaso. La izquierda sólo perdonaría al PP si éste renunciase a cualquier idea de España y aceptase la disolución consensuada del régimen. Entonces sí: entonces lo consideraría un partido moderno y respetable...

En este sentido, parece que el PP está tomando la decisión correcta: no aceptar ese juego de ambivalencias y connivencias con la ruptura del sistema, pese a la enorme presión que está sufriendo. Por todo ello, la manifestación del sábado 10 fue una buena noticia. Una demostración de libertad frente al totalitarismo de la izquierda, y de que la derecha puede desprenderse de ese corsé mental que se ha ceñido durante décadas.

ANTONIO ARCONES, presidente de la Fundación Burke.

Libertad Digital, suplemento Ideas, 21 de marzo de 2007

 

Libertad Digital y los neocon

Libertad Digital y los neocon

Desconfiamos del poder, de derechas, de centro y de izquierda. Creemos que el poder corrompe. Porque somos humanos, los políticos y nosotros. Presentación del libro "Qué piensan los neocon españoles", escrito por los analistas del GEES.

 

El grupo directivo de GEES ha tenido la amabilidad de invitarme a la presentación de un libro singular en España, que versa nada menos que sobre los neocon. En Estados Unidos, donde nacieron, son mayoritariamente de origen judío y pasaron por la izquierda radical y el Partido Demócrata antes de terminar siendo neoconservadores. Se definen por su posición en política exterior, que consideran que debe hacerse desde la realidad, pero con principios liberales y –ésta es la diferencia significativa– sin renunciar a defender en todos los países, en todas las circunstancias, los mismos derechos humanos para todos. Y en esto no son liberales clásicos, que tienden al aislacionismo y a no intervenir fuera de su país, porque consideran que la globalización ha hecho desaparecer muchas de las fronteras.

 

En su invitación me hicieron patente que querían que hablara, como presidente de Libertad Digital, de cómo se desarrolla, en la España de hoy, un proyecto liberal conservador en un momento histórico en el que el Gobierno vive obsesionado por la Segunda República y la Guerra Civil, y propicia la ruptura de España como Estado mediante el enfrentamiento entre lo que fue el bando formado por la izquierda y los nacionalistas durante la guerra y el resto de España. Y esto lo hace por más que los españoles no se sientan divididos en torno a esas facciones y hayan dado por superado ese trauma en una larga y difícil transición, que durante unos años ha sido un ejemplo para muchos países que lograron sacudirse regímenes dictatoriales.

 

Me siento especialmente orgulloso de haber servido de lazo de unión entre GEES y Libertad Digital y de que en nuestro periódico contemos con la presencia diaria de GEES, con los mejores análisis que se hacen en España sobre política exterior y de seguridad, tanto sobre la de España como sobre la de todo el mundo que, por otra parte, cada vez repercute más también en España, porque la globalización es auténtica, no sólo en lo económico, sino en lo político y en lo relativo a defensa y al propio terrorismo. Ambos, Libertad Digital y GEES, nos complementamos y beneficiamos con nuestra colaboración.

 

Permítanme, para hacer caso al encargo que he recibido, algunas consideraciones sobre Libertad Digital. Hoy nuestro periódico tiene 1,5 millones de usuarios únicos al mes y cerca de 1,3 millones de visitas diarias durante el mes de febrero de 2007, el último sobre el que tengo datos de OJD.

 

Hemos comenzado a emitir nuestra programación en Libertad Digital Televisión en el ámbito de la Comunidad de Madrid. En los dos próximos meses lo haremos en Valencia y Murcia. Y esperamos que pronto se nos pueda ver en toda España a través de satélite, el cable y los hilos de cobre telefónico.

 

Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que cuando comenzamos en el año 2000, poder informar y opinar, desde una perspectiva liberal-conservadora, sobre España y el resto del mundo.

 

Las dificultades que afrontamos

 

GEES existe desde hace 20 años y Libertad Digital desde hace sólo 7, pero la mayoría de los que participamos en ambos proyectos hace todavía muchos más años que defendemos esas ideas a nivel personal y a través de otros medios de comunicación. Son dos proyectos que era casi imposible que salieran adelante y, sin embargo, lo lograron. He intentado sistematizar las dificultades de los proyectos liberal-conservadores en cinco puntos:

 

Desconfiamos del poder, de derechas, de centro y de izquierda. Creemos que el poder corrompe. Porque somos humanos, los políticos y nosotros. A nosotros también nos corrompe el poder mediático cuando lo tenemos, pero somos muchos en cada uno de nuestros medios, somos distintos y firmamos artículos con tesis diferentes, lo que nos protege de nosotros mismos. Y, por esencia, no hay ningún poder supremo unificador. Somos, en esto, todos, liberales. Pero algo es claro, desconfiamos del poder y el poder desconfía de nosotros.

En España, al menos hasta hace unos pocos años, había pocas fortunas personales y pocas empresas grandes, que son las que en los países anglosajones han financiado proyectos como los nuestros. Y esos grupos grandes eran, y son, conscientes del enorme poder de intervención de los poderes de turno. Una financiación de proyectos como los nuestros podía poner en riesgo las propias empresas y el futuro familiar. El temor invitaba a la prudencia.

Las grandes empresas sí han financiado muchos proyectos de fundaciones, incluso políticas, además de las culturales, educativas o benéficas. Pero siempre acudiendo donde los gobiernos les decían que debían hacerlo. Por lo que tampoco tenían fondos sobrantes para intentar aventuras. Aventuras peligrosas, por otra parte.

Los partidos políticos más próximos a nuestra ideología, en nuestro caso el PP, también desconfían de nuestros proyectos por dos motivos diferentes: el primero, para evitar verse condicionados por las opiniones vertidas en nuestros medios, y el segundo, por temor a que nos convirtiéramos en plataformas de lanzamiento de otros políticos o incluso de otros partidos.

En España la tradición es que los proyectos ideológicos los financie la administración. El que la iniciativa de la sociedad civil pueda financiar algún proyecto ideológico sin contar con las administraciones públicas ha sido una rareza. Al margen, por supuesto, del protagonismo que siempre ha tenido y continúa teniendo, la Iglesia Católica.

Razones para un cambio

 

Pero aquí estamos, y estamos porque ese panorama ha cambiado en parte. Y se me ocurren varias causas que explican el cambio. Vaya por delante que creo que en la historia de la humanidad, de los países y de las sociedades es fundamental la influencia de las personas. Creo en la "nariz de Cleopatra" como motor de la historia antes que en las fuerzas ineluctables del supuesto progreso de la humanidad. Pero analicemos esos cambios y esas nuevas condiciones:

 

La generosidad de un grupo de españoles, que han decidido defender los valores de la libertad y el Estado de Derecho, incluso en contra de sus intereses económicos y sociales. Como José María Aznar, que a pesar de las críticas que desde Libertad Digital, por ejemplo, se le hicieron cuando fue presidente del Gobierno, unas creo que justificadas y otras equivocadas, nos ha ayudado y defendido ante propios y extraños, animando a todos a que nos apoyaran. Como Federico Jiménez Losantos, que ha sido el máximo impulsor de nuestro proyecto, sacrificando otras mejores alternativas económicas o proyectos más personales o exclusivos. O como la mayoría de nuestros colaboradores, que reciben económicamente menos de lo que merecen sus esfuerzos.

El triunfo de Internet. Más accesible. Más barato. Y aquí los que apostamos por la libertad, al menos en España, hemos ganado –por ahora– la partida a los que defienden otras alternativas.

Porque la sociedad española tiene más recursos económicos y más independencia que nunca antes en la historia. Y son muchos los que están dispuestos a ayudar si encuentran el cauce adecuado. Y el cauce tiene que ser, todavía, para muchos, anónimo o discreto, porque el temor al poder político sigue siendo enorme.

Porque ni Libertad Digital ni GEES hacemos política de partido. Hacemos política. Pero no participamos en confrontaciones internas. Y cuando tomamos partido lo hacemos no por razones personales, sino ideológicas.

Porque nosotros, con excepciones bien concretas y justificadas, no somos ni queremos ser políticos en activo. Ese cáliz amargo lo dejamos para los que se sientan capaces de beberlo.

Y, quizá determinante en este momento, España, como Estado, está en peligro. Está en peligro el Estado de Derecho y la Constitución. Y ésos son los valores que nosotros defendemos, porque son la garantía de nuestra libertad individual. Y eso ha sido definitivo para que muchos españoles se hayan decidido a apoyarnos económicamente. Libertad Digital tiene en estos momentos alrededor de mil accionistas. Pero si necesitáramos más fondos y planteáramos una ampliación de capital a través de una Oferta Pública de Venta creo que, en estos momentos, serían muchos miles más los que nos apoyarían.

En conclusión, el panorama ha cambiado, y son muchos los españoles que quieren participar en proyectos como los nuestros. Pero necesitamos alcanzar un tamaño lo suficientemente grande como para poder dirigirnos a los españoles como inversores, en lugar de buscar sólo, o principalmente, el apoyo de las empresas, o de las grandes fortunas personales.

 

Y a todos esos españoles necesitamos demostrarles que somos capaces de gestionar, ordenadamente y con austeridad, unos proyectos que necesitan la forma de la sociedad anónima, para que su participación, como accionistas, se encauce de acuerdo con cánones conocidos y probados y que de esa forma aseguren, primero, el objeto social de esa empresa, que es una empresa con ideología; en segundo lugar, su equilibrio económico; y en tercero y último, su permanencia en el tiempo.

 

Alberto Recarte

Libertad Digital, 23 de marzo de 2007

Ciudadanos salta a la política nacional y concurrirá a las generales

Ciudadanos salta a la política nacional y concurrirá a las generales El partido de Albert Rivera dará la batalla en las legislativas, donde buscará un hueco que podría restar votos a PSOE y PP con un mensaje nacional que aporte "sentido común" a la política.

Una veintena de medios de comunicación se han congregado este martes en Madrid para asistir a la convocatoria de Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía, en un acto en el que se ha anunciado que se presentarán a las elecciones generales de marzo de 2008. En la rueda de prensa celebrada en el teatro Alcázar, el partido que lidera Albert Rivera se ha presentado como una formación política de ámbito nacional (así figura en sus Estatutos) que desde su constitución -dos meses antes de las autonómicas en Cataluña, donde obtuvieron tres escaños- ha logrado alcanzar los 4.500 afiliados en toda España, de ellos 400 sólo en Madrid.

El propio Rivera y el coordinador de la agrupación constituida en Madrid, Fernando Landecho, han expuesto los objetivos que se ha marcado Ciudadanos a nivel nacional. La formación se define como "constitucionalista" y se presenta con el ánimo de aportar buenas dosis de "razón" y de "sentido común" a la política nacional tras la brecha abierta entre los dos principales partidos, PSOE y PP -a los que podrían restar votos- y para que ésta deje de depender de las minorías nacionalistas.

 

Ésa es la razón por la que Ciudadanos se autodefine como un partido "transversal" –señalan fuentes consultadas- de ideología "socialdemócrata" y "liberal-progresista". Un partido de "centro", entre cuyos principios destacan la defensa de la libertad y de la igualdad. La formación, que nació en Cataluña, se define como "no-nacionalista" y se ha mostrado muy crítica con las reformas estatutarias impulsadas por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

En contra de lo que se pensó en un primer momento, Ciudadanos no tiene intención de presentarse en Madrid para los comicios del 27 de mayo, pero sí empezar a trabajar en la capital como "sitio estratégico" para centrarse de lleno en las generales, cuyo pistoletazo de salida darán en su segundo Congreso, a celebrar el próximo mes de julio, justo un año después del primero.

 

Lo que sí parece confirmado es que Ciudadanos se presentará a las municipales -además de en la mayoría de los municipios en Cataluña- en las ciudades de Salamanca y Alicante. La formación tiene ya agrupaciones en las comunidades de Valencia, Murcia, Castilla y León, Galicia, Andalucía, País Vasco, Aragón y Navarra. Entre sus reivindicaciones destacan la aprobación de las listas abiertas con la reforma de la Ley Electoral para hacer una democracia "más participativa", señalan las mismas fuentes.

 

El Semanal Digital, 21 de marzo de 2007

Ojo con la democracia

Ojo con la democracia

¿Se merece la democracia los elogios que recibe? Según el Webster, la democracia es "el gobierno del pueblo; especialmente, el gobierno de la mayoría". ¿Y por qué es tan bueno el gobierno de la mayoría? Echemos vistazo a cómo procede el gobierno de la mayoría a la hora de tomar decisiones y preguntémonos cuántas de nuestras propias decisiones dejaríamos en sus manos.

 

¿Qué prefiere, comprarse el coche que más le tira o que sea la mayoría quien dictamine, mediante el preceptivo proceso democrático, con cuál ha de quedarse? Y quien habla del coche habla de la vivienda, de la ropa, de la comida, de la bebida... Estoy seguro de que, si alguien le propusiese que todas esas decisiones las tomara la mayoría, usted calificaría tal propuesta de tiránica.

No soy el único que tiene a la democracia por una variante de la tiranía. Uno de los padres de nuestra Constitución, James Madison, sostenía que en una democracia pura no hay nada que impida el atropello de los débiles y de los individuos considerados odiosos. Por su parte, John Adams llegó a decir lo que sigue: "Téngase presente que la democracia jamás perdura. Enseguida se echa a perder, queda exhausta y, finalmente, acaba consigo misma. Todavía no ha nacido la democracia que no se haya suicidado". En cuanto a John Marshall, presidente de la Corte Suprema entre 1801 y 1835, afirmó que entre las democracias y las repúblicas dotadas de equilibrio de poderes hay la misma diferencia que entre el caos y el orden.

Los Padres Fundadores deseaban que nos dotáramos de un sistema republicano en el que los derechos precedieran al Estado e imperara la ley. Los ciudadanos y los servidores públicos estarían sujetos a las mismas normas. El Estado sólo podría intervenir en la sociedad civil para proteger a los individuos de la violencia y el fraude, pero no tendría nada que hacer allí donde se celebrasen intercambios pacíficos y voluntarios. La democracia es otra cosa. En ella la mayoría manda, impera, bien directamente, bien por medio de sus representantes electos. La ley es lo que diga el Gobierno, y los derechos se dan y se quitan.

Sabedores de los peligros del gobierno de la mayoría, los redactores de la Constitución introdujeron en nuestra ley fundamental varias cláusulas para ponerle coto. Así, y por poner un ejemplo, para enmendar la Constitución se requiere el voto favorable de dos tercios del Congreso; y, por poner otro, al presidente de la nación lo elige el Colegio Electoral, no el voto popular.

El Legislativo está dividido en dos Cámaras para, precisamente, poner límites al gobierno de la mayoría. Cincuenta y un senadores pueden bloquear los deseos de 435 miembros de la Cámara de Representantes y 49 senadores. Por otro lado, la Constitución concede al presidente derecho de veto para que el poder de los 535 miembros del Congreso pueda ser contrapesado (para pasar por alto un veto presidencial se necesita el voto favorable de dos tercios de los congresistas).

"Frecuentemente las medidas que se adoptan no están guiadas por la justicia y el respeto a los derechos de la minoría, sino por la fuerza arrolladora de una mayoría despótica e interesada", escribió James Madison en el número 10 de los Federalist Papers. Madison venía a decir, pues, que uno de los grandes peligros del gobierno de la mayoría es que confiere un aura de legitimidad y respeto a prácticas que de otra forma serían tenidas por tiránicas. Libertad y democracia no son equivalentes; de hecho, pueden ser incluso antagónicas.

Por Walter E. Williams

© Creators Syndicate Inc.

Libertad Digital, suplemento Ideas, 14 de marzo de 2007

Quién está detrás de Aznar

Quién está detrás de Aznar

Hoy, Aznar hará algo más que presentar el libro Qué piensan los neocon españoles (ed. Ciudadela). En realidad, estará devolviendo el favor, con su presencia, a una serie de personas con la que comparte coordenadas ideológicas y en torno a la cuales se ha fraguado una nueva derecha y, con ella, un nuevo proyecto de sociedad. Por más que el ensayo se refiera mayoritariamente a cuestiones de política exterior, lo cierto es que allí encontramos una serie de principios que han definido no sólo las directrices del GEES - Grupo de Estudios Estratégicos, think tank por excelencia de los neocon (al que pertenecen Rafael Bardají, Manuel Coma, Florentino Portero, Ignacio Cosidó y Oscar Elía Mañu, entre otros), sino las nuevas perspectivas teóricas que ha tomado el Partido Popular. Y no se trata tanto de que sean los cerebros en la sombra del partido, cuestión que sería harto dudosa en una formación política que alberga varias ideas dentro de sí, sino de que son sus orientaciones ideológicas las que están definiendo una nueva derecha española, que está tomando una dirección más radical que la hasta ahora imperante en la derecha.

 

Se les podría denominar neocon si el término realmente pudiera describirles correctamente, si la expresión definiera a un conjunto de personas agrupadas alrededor de una ideología reconocible a primera vista. Según José María Marco, periodista y miembro del Consejo Asesor de FAES, el think tank dirigido por José María Aznar, “ese término es más un titular periodístico que una realidad en sí misma. Y es incluso así en EEUU, donde los neocon eran gente que provenían de la izquierda y que, situándose en el republicanismo, no mantenían las posiciones clásicas de esa opción política”. Para Florentino Portero, Secretario de GEES y colaborador de FAES, “el término es inapropiado. Fue invención de un periodista norteamericano que lo utilizó como un insulto y acabó haciéndose popular. En España, además, es particularmente inexacto, toda vez que no venimos del partido demócrata ni nos hemos pasado a la derecha. Seríamos, más bien, old cons, viejos conservadores”.

 

Sin embargo, si prescindimos del término y empleamos el de nueva derecha, o si simplemente hacemos alusión a esa alianza entre liberalismo y conservadurismo que es habitual en las posiciones de la derecha europea actual, el asunto tiene mucha mayor repercusión. Así lo entiende José María Marco, “para quien esa tendencia tiene ahora gran influencia en España. La alianza entre liberales y conservadores no cuajaba desde hace mucho tiempo. Y su auge tiene que ver con algo surgido de los conservadores americanos en los setenta, años en que los progresistas se radicalizaron con los asuntos de raza, de género, etc y dejaron de ocuparse de grandes temas nacionales que fueron recogidos por la derecha”. En España, esa radicalización de los socialistas ha sido más reciente: “antes (con Felipe, por ejemplo), la izquierda tenía argumentaciones que salvaguardaban aspectos claramente nacionales o que, al menos, no significaban una alianza explícita con el nacionalismo radical. Ahora su política no es más que realizar una apuesta clara por los grupos marginales”.

 

La diferencia esencial en la que han arraigado los neocon (o la nueva derecha) tiene que ver con un cambio de perspectiva. Según Florentino Portero, “cuando cae el muro de Berlín también se derriban muchos estereotipos. En aquel entonces, la izquierda marxista decía entender las leyes de la historia, sabían como llegar al futuro y lo que éste nos deparaba. Ellos defendían al proletariado, una clase que era el motor de la historia, etc. Pero eso se ha venido abajo y ahora la izquierda opta por el relativismo, diciendo que ellos no saben cómo será el futuro y que además nadie puede saberlo”.

 

Pero, además, los partidos de izquierda tienen cada vez mayor peso institucional, gobiernan en numerosos países y “tienen que realizar sus ideas en sociedades de clase media, donde el proletariado ya no existe. Y por eso son ahora la fuerza más conservadora. No buscan una revolución social sino mantener un sistema de bienestar que hace aguas por todas partes. Mientras tanto, la fuerza que se ha convertido en transformadora por excelencia es la liberal”. Y esas nuevas perspectivas tienen una repercusión clara: “ellos han entrado en crisis y están defendiendo un modelo en ruinas, mientras nosotros seguimos creyendo en lo mismo. Ahora, cada uno se hará el Estado de bienestar a su medida, porque se lo pagará; cada uno será responsable de sí mismo, y no como antes, que el Estado siempre estaba detrás”.

 

Coincide José María Marco en que “la izquierda está entrando en un callejón sin salida y, a la larga, suicida. Si sigue en la radicalización y buscando la ruptura de la sociedad, se puede ver metida en una historia muy complicada”. Por su parte, en esa nueva tesitura, “el PP tiene el reto de crear una alianza social muy compleja, haciendo compatible el liberalismo con la iglesia, por ejemplo”.

 

Para Florentino Portero, esa unión entre conservadores y liberales no es nueva. “Son ideas que ya estaban en Cánovas, en Maura, que hemos encontrado en personajes de distintas generaciones y que ahora están muy presentes en Europa, con Angela Merkel, o Sarkozy, pero también con Tony Blair”. Claro que, además de visiones ideológicas similares, lo que realmente comparten tiene que ver con la defensa de principios y valores. Mientras que la mayoría de los políticos creen en el pragmatismo (y esto era muy claro en la política exterior, con la realpolitik) nosotros lo rechazamos y planteamos acciones afirmadas en valores. Creemos, como decía Irving Kristol, que no hay políticas, sólo política. Tratamos de olvidarnos de lo accesorio y centrarnos en lo fundamental”.

 

Pero el ascenso de esa derecha en Europa no significa que esta orientación sea la que impere definitivamente en España. “No es lo mismo Esperanza Aguirre que Ruiz Gallardón” asegura Portero. “Una cree en principios y el otro no cree en nada, salvo en el disfrute del poder”. Sin embargo, y a pesar de las resistencias internas, esta alianza liberal conservadora está dando un nuevo rostro a la derecha española.

 

Esteban Hernández

El Confidencial.com, 14 de marzo de 2007

El despertar de un pueblo

El despertar de un pueblo

No estamos ante un partido con gran poder de convocatoria sino ante un pueblo que despierta y se despereza, dispuesto a levantarse contra una política injusta impuesta por un Gobierno que persiste en el error. Un pueblo capaz de hacer una elección moral a favor del bien, de la justicia, de la verdad y de la libertad, que tiene todavía claras esas referencias que preceden y alimentan nuestra convivencia y nuestro sistema democrático. Hay esperanza porque todavía hay un pueblo vivo.

 

Hace cinco meses escribía yo en este mismo espacio un artículo titulado La hipnótica palabra ‘paz’. En el último párrafo, mostraba mi convicción de que sólo había una cosa que nos podía sacar de la actual situación de humillación frente a ETA, de confusión y división, a la que el Gobierno nos ha sometido. Esa única cosa a la que yo apostaba todo era el despertar de un pueblo. Así lo decía: “...que el pueblo despierte del letargo, del sueño profundo que le ha producido la sedante, hipnótica y anestésica palabra paz. A través de la opinión, de la movilización cívica y de las urnas, este pueblo que se echó masivamente a la calle tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco puede todavía decir no a una paz que no es justa ni verdadera”.

 

Tras la histórica manifestación del pasado sábado en Madrid y las concentraciones en decenas de ciudades de toda España, puedo decir que mi deseo se ha cumplido. Participé en la manifestación del Paseo de Recoletos y lo que presencié no era sólo una de las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en la capital de España, no era únicamente una demostración conmovedora de civismo y adhesión a la Constitución, no era sólo a una clamorosa exhibición de patriotismo bien entendido; era todo eso, pero sobre todo era el despertar de un pueblo. La tarde del 10 de marzo quedará como una página imborrable de nuestra historia, una de esas raras ocasiones en que los ciudadanos ven amenazados esos pocos principios en los que fundamentan su convivencia, su “estar juntos” y “avanzar juntos”, y reaccionan. Cuando algo así sucede, un pueblo que no está definitivamente muerto o liquidado se levanta y resurge con toda su dignidad, como sucedió este fin de semana.

 

Al frente de este pueblo emergió también un líder, Mariano Rajoy, que supo dar expresión con palabras llanas pero certeras a lo que bullía en los corazones de los cientos de miles de manifestantes. Y un verdadero líder no es alguien con un especial carisma o encanto, con una inteligencia preclara o con poderes apabullantes, sino que es quien en las horas dramáticas sabe recordar a todos cuáles son los principios morales a los que no podemos renunciar y que, por encima de las adscripciones ideológicas, conforman la grandeza de un pueblo. Y eso hizo Rajoy: “Queremos que la democracia gane y que ETA pierda (...). Queremos que los terroristas sepan que no tienen nada que reclamarnos, que su único destino es la cárcel y que nosotros sabemos distinguir con nitidez quiénes son las personas decentes y quiénes son los indeseables. Los distinguimos muy bien. Y por eso no nos olvidamos de las víctimas. A nosotros no nos estorban. Al contrario: son el mejor estandarte de nuestros valores; el testimonio vivo de nuestra fe en la democracia; representan el precio que hemos pagado por nuestra libertad; expresan nuestra respuesta al terrorismo y hacen saber que, con uno ni con mil muertos, logrará nadie doblegar nuestros principios”.

 

Rajoy no apeló a una toma de posición política o ideológica, sino que llamó a hacer una elección moral: la preferencia por el bien frente al mal, por la justicia frente a la arbitrariedad, por la verdad frente al esoterismo y el oscurantismo, por la libertad frente a la humillación. Es la victoria moral sobre los terroristas a la que no debemos renunciar y es precisamente esa victoria moral la que nos quiere arrebatar Zapatero. Bajo su proyecto de paz no hay más que una ausencia de referencias morales donde al final se igualan víctimas y verdugos, terroristas y demócratas. Pero el futuro es de este pueblo que se despereza de nuevo y opta por el bien.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 12 de marzo de 2007