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Foro El Salvador

Vieja y nueva política

Zapatero ha convertido el PSOE en una secta destructiva

Zapatero ha convertido el PSOE en una secta destructiva

Rígida disciplina interna. Fe inquebrantable en el gurú. Laminación despiadada del disidente. Protección contra toda "contaminación" exterior. En la cúspide, un hombre musita: "Ommm…".

 

9 de marzo de 2007. "¡Tú y los de tu secta, tú y los de tu secta!". Se lo decía Hermann Tertsch a la lenguaraz María Antonia Iglesias –"atención al disco rojo"- en el debate de Buruaga en Telemadrid. "Tú y los de tu secta". Y no se refería a Prisa, evidentemente. Se refería a esta especie de nueva secta que ha surgido en torno a la revisión zapaterista del socialismo español. Porque es verdad: Zapatero ha convertido el PSOE en una secta destructiva.

 

Sí, claro, todos los partidos tienen algo de sectario: esa tendencia al ombliguismo, esa proscripción del debate a fondo, ese imperativo de obediencia a pies juntillas, también la tendencia a ver al prójimo como un enemigo virtual. Pero no, no: lo del PSOE de Zapatero es distinto. Subrayo: el PSOE de Zapatero, porque esto, antes, no pasaba, o pasaba mucho menos. El PSOE siempre ha tenido algo de partido-Iglesia, es verdad. Y no pocas veces ha resuelto sus cismas a balazos, como cuando los bolcheviques de Largo Caballero se liaron a tiros con Indalecio Prieto en aquel mitin de Écija porque el gordo predicaba moderación; Prieto no habría saldo vivo si los escuadristas de La Motorizada no hubieran repelido con fuego el fuego (y después, los mismos de La Motorizada participaron en el asesinato de Calvo Sotelo: ¡qué difícil es entender al PSOE!). Son viejas historias, por supuesto; ahora la sangre no llega al río. Pero el modelo del partido-Iglesia ha seguido funcionando; de hecho, a eso se debe el enorme potencial ofensivo del socialismo español.

 

Ahora bien, una cosa es una Iglesia y otra cosa es una secta. ¿Dónde está la diferencia? Decía mi viejo maestro Jean Varenne que, en el fondo, una iglesia es una secta que ha triunfado. Eso es así en la religión y también en esa metáfora de la religión que es la política partitocrática. Lo que no es habitual es el camino inverso, es decir, que una Iglesia en la cumbre de su poder comience a comportarse como una secta. Una Iglesia es una asamblea, tiende a extenderse y a reunir; por el contrario, lo propio de la secta es secar (en el sentido de "cortar") y seguir, es decir, cortar con el mundo y seguir al líder. Cuando una secta prolifera y se extiende, esto es, se abre, puede convertirse en Iglesia. Lo contrario es inusual. Pero eso es lo que le está pasando a ese partido-Iglesia que es el PSOE.

 

La secta se caracteriza por una serie de rasgos muy precisos. La autoridad del gurú es esencialmente incontestable, bajo las más graves penas. El número de los elegidos es deliberadamente exiguo, en nombre de la fidelidad. La relación del grupo con el entorno exterior se radicaliza en una suerte de paranoia. El discurso interno se maximaliza, se extrema, se lleva a sus últimas consecuencias. La secta, separada del mundo por una especie de "cordón sanitario" que ella misma establece –para protegerse de toda contaminación-, vive enteramente en sí y para sí, obsesionada con la propia pureza y con la maldad intrínseca del enemigo. Agrupa a los fieles en torno a una convicción fanática y exige a todos que la mantengan. Como la exigencia es cada vez más fuerte y la convicción es cada vez más radical, también las disidencias aumentan. La excomunión se convierte entonces en práctica cotidiana. En el campo político, es un proceso muy frecuente en algunos movimientos totalitarios; mucho más raro es verlo en agrupaciones teóricamente democráticas.

 

Zapatero ha convertido el PSOE en una secta destructiva. Ha planteado como verdades de fe argumentos cada vez más insostenibles, de manera que ya sólo es posible mantenerlos desde el fanatismo y la ceguera. Ha rodeado al gurú de una intangibilidad que roza lo supersticioso, lo cual necesariamente alimenta disidencias. Ha suspendido todo debate interno en nombre del "proyecto", de manera que cualquier disidente se convierte en traidor. Ha arrojado sobre el rival la marca infamante que se graba a hierro en el infiel, y así ha convertido a media España en enemigo metafísico. Ha exigido a los propios fieles obediencia acrítica e irracional a los postulados del gurú, dando así lugar a un penoso espectáculo de envilecimiento intelectual y moral. Antes, votar socialista era una opción política; ahora, es un compromiso que se presenta como acto de fe.

 

El camino más frecuente en las sectas destructivas es que su número vaya disminuyendo a medida que el proceso sectario se agudiza. En ocasiones, como sabemos, los fieles se suicidan de manera ritual mientras el gurú huye con el dinero.

 

Pazzzz. Ommmm…

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 9 de marzo de 2007

Deriva ideológica

Deriva ideológica

La izquierda política europea está descolocada desde la caída del muro de Berlín y, sobre todo, la disolución de la URSS. En apenas dos años -de 1989 a 1991- el referente de una parte de los partidos políticos desapareció del mapa. El color rojo que presentaba la URSS en los mapas políticos se descompuso en un sinfín de tonalidades (hasta quince), algunas incluso llegando al azul, y no pocos países del desastroso Pacto de Varsovia vieron aliviado su derecho de política independiente lejos del gigante soviético.

Desde 1991, y como consecuencia, casi con toda seguridad, de un mundo muy polarizado, la izquierda política ha tenido -todavía está en ello- que ir reestructurando su ideología y práctica diaria. No me refiero a los populismos sudamericanos que sufren los bolivianos o venezolanos, alejadísimos de la izquierda brasileña o chilena. Aquellos -los populismos- son la consecuencia de la mezcla de pobreza, analfabetismo generalizado y pésima gestión de los supuestos políticos no populistas. Estos -en Brasil y Chile-, sin embargo, son la respuesta de una situación, siempre a mejorar, pero a medio camino entre occidente y el desarrollo. No son estas izquierdas, precisamente, las que andan a la deriva ideológica desde 1991.

Está ya generalizada la idea en España de que los partidos supuestamente, o autocalificados, de izquierdas se avienen mejor con los partidos nacionalistas o separatistas. Algo que por otro lado es una perversión del lenguaje puesto que “ser de izquierdas” define ideológicamente, pero “ser nacionalista”, hoy día, no define nada, no es una posición ideológica clara y determinante. Y este es el gran error de la izquierda. Desde 1991 busca su nuevo sitio y, espero que sea algo temporal, se está agarrando a lo único que puede: el nacionalismo.

Por definición nacionalismo y comunismo son antagónicos. No entra en el diccionario de los primeros la palabra común, básica en la definición de los segundos. Pero esto es solo la teoría. En la práctica, como dice el dicho, se han juntado el hambre con las ganas de comer. Una izquierda, única opción real de gobernar frente a la derecha, y un nacionalismo, con ganas de morder y que sabe que los primeros se agarrarán a lo que puedan con tal de que la derecha no gobierne. Esto, en España, es evidente; no hace falta que ponga siglas.

 

No ocurre lo mismo, sin embargo, en otros países que nos rodean. La lógica política impera con naturalidad en Italia, por ejemplo, donde la derecha y el nacionalismo -del norte; ¿por qué el nacionalismo siempre suele afectar más a las personas del norte geográfico?- han convivido en el Gobierno de Berlusconi hasta la llegada de “El profesor” Prodi. En Alemania -dejando a un lado el nacionalsocialismo trasnochado y obtuso- el partido conservador, CDU, está coaligado a la CSU de Baviera. El nacionalismo (en mayor o menor grado) comparte la idea de la diferencia entre iguales por diversos motivos, desde los más radicales que se vivieron en Europa durante la década de los años 30 del siglo XX, hasta los más tibios basados en una descentralización administrativa del Estado, como se avecina en Francia. Pero siempre la defensa de la diferencia entre personas. ¿Hay algo más lejos del pensamiento teórico de la izquierda? Y no me vengan con las izquierdas de Bobbio, porque eso es esconder las vergüenzas bajo la alfombra.

 

Es preocupante, viendo el panorama europeo, que España sea la cabeza de lanza en esta deriva ideológica de la izquierda y no se vea el final de un túnel en el que se entró hace ya más de quince años. Es sorprendente que políticos militantes de partidos autocalificados de izquierdas no sepan, no quieran o no puedan marcar una línea diferenciadora entre sus iniciativas y las marcadas por personajes como Josep Lluís Carod-Rovira o Anxo Quintana, que pretenden privilegios entre iguales por motivos de nacimiento, por ejemplo y entre otros muchos. ¿Es esta la izquierda en España?

 

Daniel Tercero

Diario Siglo XXI, 1 de marzo de 2007

Una democracia incompleta

Una democracia incompleta Las democracias se caracterizan por las libertades, las elecciones, la separación de poderes y el imperio de la ley.

En España existen las elecciones, subsisten las libertades (aunque furiosamente atacadas por la izquierda y los separatistas, véanse, entre otras cosas, las constantes ofensivas contra la COPE), NO existe, más que muy a medias, la independencia judicial, y por tanto el imperio de la ley y todas las demás condiciones corren serios riesgos.

El PSOE llegó al poder con el firme propósito de enterrar a Montesquieu, empezó perpetrando el gigantesco robo de Rumasa, madre de todas las corrupciones, y obligando al Tribunal Constitucional a justificar el expolio. Ese es el modelo político del PSOE. Volvemos a verlo en su actual colaboración con la ETA.

Con Zapo nos encontramos en un proceso de aguda involución antidemocrática. La respuesta a ese proceso solo llega de modo muy flojo de la oposición política (el PP). Es la sociedad, son las organizaciones ciudadanas, las que están dando la respuesta.

Una respuesta todavía muy insuficiente y desorganizada.


Pío Moa

Libertad Digital, blog Presente y pasado, 28 de febrero de 2007

La "guardia pretoriana" de Rajoy se movilizó contra la marcha del 24-F

La "guardia pretoriana" de Rajoy se movilizó contra la marcha del 24-F Los "halcones" y las "palomas" del PP volvieron a hacer visibles sus diferencias en la estrategia a seguir ante la concentración de la AVT. Una tensión que se ha trasladado a la cima.

Muchos creen que no da grandes réditos al líder del PP, Mariano Rajoy, esa imagen gallega que utiliza para escapar de los asuntos internos de su partido y dedicarse de pleno a las cosas de la oposición al PSOE y al Gobierno. Pero a veces esa indefinición pasa factura, como ha ocurrido ante la imagen de división interna trasladada en la última convocatoria de la Asociación Víctimas del Terrorismo (AVT).

Pese a que la dirección del PP ha apoyado todas y cada una de las manifestaciones de la AVT, y pese a que, aún más, ha hecho de esta marca asociativa la razón determinante de su participación, en la concentración del pasado sábado en la madrileña Plaza de Colón sólo estuvieron pesos pesados como el secretario general del partido, Ángel Acebes, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, y la del PP Vasco, María San Gil, además de los secretarios de Acción Social y Justicia del partido, Ana Pastor e Ignacio Astarloa, o el portavoz del Grupo Popular Europeo, Jaime Mayor.

Cambio de rumbo sobre la marcha

Por primera vez en mucho tiempo fuentes de la dirección popular reconocían días antes a este periódico que el presidente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Francisco José Alcaraz, había sembrado dudas sobre la conveniencia de secundar la iniciativa. Y es que cuando Alcaraz, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, decidió convocar la concentración en contra de la rebaja de penas al terrorista José Ignacio de Juana Chaos y en memoria de las víctimas de sus acciones, nunca imaginó que al PP le hacía un roto considerable.

 

Y lo cierto es que se lo hizo, a pesar de que el propio Alcaraz se ocupó de "reconducir" la convocatoria inicial del acto, dejando claro que nada de ir contra una sentencia del Tribunal Supremo. En la cúpula del Partido Popular se decían preocupados por el efecto negativo que, en este caso, podría ejercer el "seguidismo" hacia la AVT, y se lanzaron a marcar la diferencia entre las críticas a la política de apaciguamiento con ETA del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero y el respeto al Alto Tribunal.

 

Así las cosas, desde Génova se filtró convenientemente a unos pocos medios -entre otros a este periódico- la opción de dar un "perfil bajo" a su "necesario" respaldo al acto. El pasado lunes día 19 se aseguró por tanto que Rajoy no asistiría a la concentración y, según fuentes populares, lo que prevalecía tras la reunión de maitines era la "cautela" y la prevención hacia una convocatoria que, pese al respaldo inequívoco a la AVT, podría "descontrolarse" en sus críticas a las instituciones judiciales. Desde luego, nada hubo después en ese sentido.

 

No obstante, a medida que fue avanzando la semana, en un ala del partido se vio cada vez más despejado el camino hacia un explícito apoyo a la protesta. Quien lo tuvo claro desde el primer minuto, y así lo hizo saber el pasado martes este diario, fue Ángel Acebes, que primó el apoyo a las víctimas de De Juana y la exigencia al Gobierno y a la Fiscalía de que el sanguinario terrorista cumpla íntegra su condena. El jueves, dos días antes de la cita, se le sumaba Esperanza Aguirre.

 

Frenazo vía telefónica

 

Claro que en la antítesis al "número dos" del PP o a la presidenta de la Comunidad de Madrid se siguió situando la "guardia pretoriana" de Mariano Rajoy: personas como su jefe de Gabinete, Francisco Villar, o el diputado José María Lassalle, entre otros, que siempre han estado dispuestos a cualquier cosa por la víctimas, pero dieron por hecho que -a pesar de las rectificaciones de Alcaraz- ya había calado que la cita era en contra, nada menos, que del Supremo.

 

No en vano, y según confirman a Elsemanaldigital.com fuentes populares de absoluta solvencia, el propio Francisco Villar, celoso de evitar malentendidos que pudieran crear serios problemas de acoso político y mediático al PP, hizo más de una llamada -a algún presidente autonómico incluido- para desaconsejar la asistencia a la cita en Colón. En última instancia, el Partido Popular ha sido víctima de sus paños calientes y cavilaciones en los que ha enredado, sin sentido, a terceros que nada tenían que ver con el asunto.

 

Eloísa Sánchez Bolinaga

El Semanal Digital, 27 de febrero de 2007

Profesionales desde la guardería

Profesionales desde la guardería

Me ha parecido, lisa y llanamente, espectacular la entrevista a Joaquín Leguina que Ángel Collado publicaba ayer en las páginas de este periódico. A la intención del entrevistador se suma la inteligencia afilada y levantisca del entrevistado, y el resultado no puede resultar más suculento; tanto que, por momentos, el lector -habituado a rumiar la insípida alfalfa de los políticos, tan predecibles siempre-tiene que pellizcarse a cada poco, para confirmar que no está soñando. No he cultivado la amistad de Leguina, pero en las escasas ocasiones en que hemos compartido conversación, y sobre todo en la lectura de sus novelas, he descubierto a un hombre leal a sus convicciones, de una honradez intelectual que resulta chocante tanto entre políticos como escritores; un hombre capaz de enjuiciar la realidad desde el conocimiento profundo de la naturaleza humana y, desde luego, un socialista a la antigua usanza, probo y cultivado, como uno se imagina que debieron de ser los institucionistas. Aunque en sus declaraciones a la prensa pueda parecer a veces mohíno o escocido por haber sido apartado de la primera línea política, siempre me ha parecido que íntimamente agradece -aunque cultive cierta pose gruñona- este apartamiento, que le permite dedicar más tiempo a su vocación literaria. Quizá ejemplifique mejor que nadie la incompatibilidad entre el vuelo de la inteligencia y la cerrazón mental que postula el sistema de partidos.

 

En la entrevista de Ángel Collado ensarta algunas afirmaciones que aúnan lucidez y socarronería. Dispara sus venablos contra el partido de la oposición y también contra el Gobierno, o, por mejor precisarlo con sus propias palabras, «el grupo de Rodríguez Zapatero». En algunos pasajes demuestra una envidiable disposición para el aforismo sarcástico: «Algunos políticos no quieren entrar en la historia, sino en el libro Guinness». Reflexionando sobre las escasas posibilidades electorales de algunos candidatos socialistas, desliza una maldad antológica: «Proceden de la misma cantera, la de los amigos del presidente del Gobierno. Una cantera interesante, sobre todo para Zapatero». Toda la entrevista es un festín de la inteligencia díscola, la inteligencia que no se deja apacentar y prefiere pastar en prados sin alambradas. Pero donde Leguina muestra mayor capacidad crítica es cuando enjuicia la degeneración de la casta política: «Una persona que se dedica a la política tiene que tener alguna experiencia fuera de la política, tiene que haber cotizado a la Seguridad Social por cuenta ajena o propia, tiene que saber cómo funciona una empresa o una institución pública, haber hecho unas oposiciones o trabajado de albañil o ingeniero de caminos. Eso de meterse desde niño a cobrar de un partido y llegar hasta arriba no es bueno». Este juicio tan atinado podría entenderse malévolamente como una diatriba contra Zapatero, que encarna a la perfección tan lastimoso modelo, pero Leguina pica mucho más alto: está denunciando el mal que corrompe nuestra democracia, la enfermedad que cada día la hace más vulnerable y acabará provocando el hastío y el desentendimiento de los ciudadanos.

 

Cada vez es más frecuente la figura del político de currículum huérfano. Haraganes que nunca han destacado en nada, que nunca se han tenido que ganar el pan con el sudor de su frente, chupópteros que desde la juventud se arrimaron a unas siglas para medrar, profesionales de la política sin oficio ni beneficio, una caterva de inútiles que cobijan su mediocridad en la burocracia de los partidos, sin más mérito que su adhesión ciega a unas consignas y su habilidad simultánea para la obediencia y el arribismo. Personajillos de escaso fuste que entienden la política como un enchufe vitalicio; alfeñiques que, como nunca han estado en contacto con la vida, terminan convirtiendo la política en un experimento de laboratorio y fabricando problemas artificiosamente allá donde no existían, olvidados de las necesidades reales de la gente. Los hay a patadas en cualquier formación política; y entre todos están consiguiendo arrinconar a quienes, como Leguina, entienden la política como una pasión cívica. Esta ralea acabará jodiendo el invento; y entonces ya será tarde para lamentaciones.

 

JUAN MANUEL DE PRADA

ABC, 26 de febrero de 2007

El PP no se entera

El PP no se entera No por ello es menos importante el programa que el único partido de la oposición quiere presentar ante los votantes. ¿Es decepcionante? Mucho. Las elecciones autonómicas y municipales se han adelantado, en sus últimas ediciones, a lo que ocurriría en las generales, por eso las que están convocadas para mayo son tan importantes. No nos jugamos sólo ni principalmente cómo van a gestionar nuestros recursos las administraciones más cercanas, sino principalmente hasta dónde están dispuestos los españoles a refrendar el cambio político e institucional liderado por Rodríguez Zapatero. Más que nunca, estas elecciones tienen un trasfondo nacional.

Pero no por ello es menos importante el programa que el único partido de la oposición quiere presentar ante los votantes. ¿Es decepcionante? Mucho. Por comenzar por lo mejor, prevé la rebaja en un punto del IRPF y la progresiva desaparición del impuesto sobre sucesiones y donaciones, uno de los más injustos. Pero a partir de ahí, vacila entre la nada y el despropósito.

 

Propone penas más duras para los delitos de corrupción, lo que es irrelevante. ¿Están acaso las cárceles llenas de alcaldes y concejales? Si quien se beneficia del poder arbitrario que tienen los responsables de urbanismo de los ayuntamientos sabe perfectamente que lo más que le puede ocurrir es que le sustituyan en el chiringuito, ¿qué más da si aumentan o disminuyen las penas? El problema está en que en última instancia dependa de la decisión de un pequeño grupo de personas el que un terreno se pueda utilizar para un uso ruinoso u otro que generaría enormes beneficios. Hacer política en el urbanismo es el problema. No se permite que sean los empresarios quienes decidan cuál es el uso más adecuado de cada parcela, sino que es el concejal de turno el que puede permitir o no un negocio millonario. Si el PP quiere acabar con la corrupción urbanística, que liberalice el suelo en sus comunidades autónomas, en la medida que le permita la terrible Ley Trujillo.

 

Por lo que se refiere a Sanidad, el PP propone mantener y profundizar en el sistema. La gente recurre a él para los aspectos en que aún es fiable, pero prefiere el sistema privado. Todos pagamos el sistema público, pero en cuanto podemos huimos de él, incluso haciendo un pago añadido para que nos traten en el privado. ¿No será mejor facilitarle a la gente lo que desea?

 

¿Qué decir de la educación? El PP lo tiene muy fácil. Sólo tiene que recoger el creciente interés de sus votantes por el cheque escolar. Las ventajas serían enormes. No sólo introduciríamos más competencia entre las escuelas, lo que mejoraría la calidad. Es que facilitaríamos a los padres la elección de la educación que quieren para sus hijos y que, salvo contadas excepciones, no tiene nada que ver con la Formación del Espíritu Progresista que nos quieren imponer desde Educación.

 

Me da la impresión de que hay algo que todavía no acaban de ver claro en el PP. Sus votantes quieren que se les permita decidir sobre ámbitos cada vez más amplios de sus propias vidas. Pero esta derecha se empeña en imponer sus valores desde el Estado, y en su torpeza acaba asumiendo e imponiendo los de la izquierda. Si acepta el sistema, se traiciona. Si lo transforma en una sociedad más liberal, en que la gente pueda tomar sus propias decisiones y tenga más sobre lo que decidir, no sólo nos hará un enorme favor, sino que ampliará la base de su electorado.

 

José Carlos Rodríguez (miembro del Instituto Juan de Mariana)

Libertad Digital, 26 de febrero de 2007

El suicidio de Rajoy (imitar errores del PSOE al borde del abismo)

El suicidio de Rajoy (imitar errores del PSOE al borde del abismo) "Un gobierno democrático no puede ir a la guerra a no ser que tenga al país de su parte, y hasta que no cuente con un apoyo general no debe ponerse en una situación en la que, sin combatir, no haya retirada. La dificultad de conseguir el apoyo de la opinión pública frente a los esfuerzos [de los pacifistas] produce un retraso en lo más peligroso del envío de refuerzos. La guerra se agrava debido al partido pacifista, y así esos humanitarios caballeros son responsables personalmente de la pérdida de vidas."

Idoia Rodríguez ha muerto en combate por España. José Antonio Alonso puede vestir el santo como le venga en gana a José Luis Rodríguez Zapatero, pero los hechos son los que son: en Afganistán hay una guerra, España tiene soldados en zona de combate porque el Gobierno consideró necesario que así fuese y, como siempre pasa en las guerras, hay riesgos, hay bajas y hay muertos.

Negar alguno de esos hechos es un insulto al honor de los que arriesgan sus vidas llevando nuestro uniforme y es una ofensa a la inteligencia. Son soldados, matan y mueren en nombre de España porque la nación los envió allí a cumplir una misión. Y por eso tiene razón Mariano Rajoy al pedir claridad al Gobierno, y al pedir que la condecoración a la caída sea la que corresponde a una misión de combate.

 

Ahora bien, Rajoy, o mejor dicho su entorno, incurre en esto en una muy grave contradicción, que resulta casi tan hiriente como la hipocresía gubernamental. Efectivamente, en Afganistán hay guerra, estamos en medio de ella, tiene pinta de empeorar y a la opinión pública no le gusta. Pero lo mismo, dejando aparte la hojarasca jurídica menor, sucedía en Irak. Zapatero es lamentable, todo él, porque hace en Afganistán lo que le llevó a encadenarse a la pancarta cuando Aznar lo hacía en Mesopotamia. Pero ¿hay alguien que quiera tan mal a Rajoy como para empujarlo a la demagogia pacifista?

 

El otro día José María Aznar preocupó a la derechita y escandalizó a la derechona reconociendo que en Irak no había "armas de destrucción masiva" en 2003. Felicidades; ¿y de verdad hacen falta cuatro años para asumir en público algo que en privado –y en esta casa- sabíamos desde el principio? España fue a Irak con sus Fuerzas Armadas –no con una ONG, aunque Federico Trillo dijese unas cuantas simplezas en ese sentido a pesar de ser militar de carrera- porque nuestras alianzas internacionales así parecían aconsejarlo. El Gobierno, en nombre del interés nacional, así lo decidió. Sobraba el resto, pero tuvieron miedo de la gente.

 

Si Aznar tenía miedo de los ciudadanos, Zapatero tiene pánico. En una sociedad burguesa y acomodada una guerra difícilmente va a ser popular por sí misma. Aún más impopular que la guerra es, sin embargo, el engaño; explicar las razones y convencer a la gente de una necesidad militar es complicado, pero enmarañar las cosas es mucho peor. Y todavía peor es pretender que dos situaciones iguales son diferentes.

 

La víctima, injustamente, puede ser Rajoy. La tentación de cabalgar los miedos y cobardías colectivos del país está ahí pero ¿y después? Si Rajoy hiciese eso todos los enemigos interiores y exteriores de España sabrían que Gobierno y Oposición están unidos por el miedo y que, incluso cuando consideran imprescindible usar la fuerza, la palabra "guerra" les produce urticaria electoral.

 

A veces un gobernante tiene que tomar decisiones, por su país, que necesitan explicación porque el pueblo no las asume sin más. Si izquierda y derecha se ponen de acuerdo en la blanda presunción de la paz eterna, es mejor disolver los Ejércitos a hacerles soportar payasadas como la de la semana pasada. Un hombre de Estado debe tener el coraje de ponerse ante la gente y decir la verdad aunque pueda parecer dura e impopular en principio. Espero, sobre todo, que Rajoy no se deje aconsejar mal porque podríamos terminar mal todos.

 

(Por cierto, el antipacifista cuyas palabras nos han servido de inicio fue uno de los grandes defensores de la democracia moderna: Winston S. Churchill).

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 26 de febrero de 2007

Para entender la mecánica de la crispación (instrucciones de uso)

Para entender la mecánica de la crispación (instrucciones de uso) ¿Se ha preguntado usted por qué le duele el estómago cuando escucha a José Blanco, López Garrido o Álvaro Cuesta? No es un misterio. Es una estrategia. Aquí va un análisis del discurso.

Porque ya canta, ¿no? No es normal que, pase lo que pase, se hable de lo que se hable, el discurso del poder sea tan monocorde y, al mismo tiempo, tan invariablemente agresivo, como cortado siempre por el mismo patrón de mazazos y bofetones. ¿Qué extraño don tiene esta gente para desencadenar la batalla de Waterloo cada vez que abre la boca? Sobrepóngase usted al escándalo moral o a la vergüenza intelectual –esas nieblas virtuosas- y penetremos en la lógica de la crispación. Imaginemos que un día, quizás hacia 2002, uno de esos técnicos de la comunicación de masas que tanto abundan en tiempos de decadencia fue llevado ante la flor y la nata de la guardia pretoriana zapateril. Imaginemos que al técnico le pidieron orientaciones sobre cómo presentar batalla. Imaginemos que el técnico, quizás alisándose un atuendo casual de unos 2.000 euros, pudo hablar así:

 

"Ante todo, las cosas claras: sólo sobreviviréis si sois capaces de fanatizar a los vuestros hasta la ceguera. Y para eso no hay más camino que dividir el mundo en dos: buenos y malos. Vosotros sois buenos, progresistas, amables, con buen talante, pacíficos y virtuosos; ellos son malos, retrógrados, antipáticos, ceñudos y hostiles, belicistas y corruptos. Cuanto más malos parezcan, más miedo tendrán vuestros partidarios y, en consecuencia, mayor será su fidelidad".

 

"Norma de oro: la Reductio ad Aznarum. Cualquier calamidad no puede tener más que una causa: Aznar. El cambio climático o el terrorismo checheno, el alcoholismo juvenil o el 11-M, todo es siempre, necesariamente, culpa de Aznar. Quizás al principio no cuele. Sin embargo, en un par de años ya nadie dudará de que Aznar es, por definición, culpable. Y vosotros, por oposición, sois los redentores naturales del género humano y de la libertad".

 

"Rehuid la discusión política. No contestéis nunca a lo que os preguntan. Llevadlo todo, siempre, siempre, al terreno de la indignación moral. A la gente no le interesan los conceptos ni las teorías; le interesa que haya culpables sobre los que descargar sus penas. No os dejéis llevar hacia la discusión: incluso si ganáis, llevaréis las de perder, porque pareceréis sospechosos, demasiado listos. Lo que importa no es tener razón, sino que el enemigo parezca absolutamente abominable. Y eso no se consigue venciéndole en un debate, sino cubriéndole de oprobio. Por cualquier medio".

 

"Nadie tiene derecho moral a criticaros. Eso de que la oposición critique es un vicio que hay que desterrar; actuad como si el crítico violara la ley. Cuando os pidan explicaciones, no os defendáis, sino atacad: devolved al rival el reproche que os hace; castigad al enemigo con una descalificación sumaria, como despacharíais a un delincuente. A quien os pida cuentas, espetadle sin miedo: «poco talante», «derecha extrema», «falta de moderación», «gente de poco fiar». La fe de vuestras filas se sustenta en la convicción de que sois los buenos. No se os pide que tengáis la verdad en la boca, sino la certidumbre de que el rival no merece vivir. Nunca dejéis de proclamar que ellos son el mal".

 

"Muy importante: el pasado nunca tuvo lugar. No os preocupéis si alguna vez cometisteis un error; hoy, gracias a la televisión, nadie recuerda lo que pasó ayer. Y al revés, tenéis millones dispuestos a creeros a pies juntillas. O sea que cualquier error tiene que haberlo cometido siempre el enemigo, y no hay más que hablar. Por lo mismo: no temáis inventar un pasado que nunca existió. Existirá si vosotros lo deseáis".

 

"Quizás alguna vez dudaréis, titubearéis, pensaréis que este no es el camino correcto, que nadie creerá lo que estáis diciendo, que os reprocharán vuestra desfachatez. Manteneos firmes; no os mováis un milímetro de la línea. La duda causa estragos en la muchedumbre. Lo importante no es que digáis la verdad, sino que siempre digáis lo mismo. La fuerza de la repetición, bien amplificada, es la que termina construyendo la verdad".

 

"No temáis parecer estúpidos. Quienes podrían percibirlo no os interesan. E incluso entre éstos, siempre habrá quien esté dispuesto a ser indulgente si es por la causa. Por otro lado, nunca faltará un intelectual o un artista para decir en los periódicos que tenéis razón. Aunque sea contra toda evidencia".

 

"Confiad en estos principios, seguidlos con fidelidad y tendréis en la mano el poder y la gloria".

 

Y tal vez el técnico, dicho esto, volvió a alisar su atuendo casual de 2.000 euros, respiró hondo, y pensó para sí: "Estoy creando unos monstruos".

 

(Veamos: yo no sé si de verdad esto pasó. Lo que sé es que escuchamos a Zapatero, a De la Vega, a Carmen Calvo, a Pepiño o a quien sea, y todo su discurso se reduce a esta lógica publicitaria del maniqueísmo primario y la fe ciega. Haga usted la prueba: recorte los principios antes expuestos y aplíquelos a cualquier declaración gubernamental. Descubrirá, aterrado, que son verdad. Lucifer entre nosotros).

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 23 de febrero de 2007