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UN “BERTSOLARI” FILOTERRORISTA Y BLASFEMO

UN “BERTSOLARI” FILOTERRORISTA Y BLASFEMO

Vive entre nosotros un individuo descerebrado, zafio, ignorante y blasfemo, además de filoterrorista, que dice llamarse Xabier Silveira. Forma parte del glorioso movimiento nacional vasco de liberación. Colabora con cierta asiduidad en el diario Gara y confiesa ser “bertsolari”, es decir, poeta popular euskaldún. Tiene toda la pinta de ser un maketo converso. El apellido Silveira delata el origen galaico o portugués de sus ancestros. Lo de Xabier tiene su guasa, pues quienes así lo escriben pretenden afirmar erga omnes su origen o adscripción eusquérica. Ignoran que así se escribía en el romance antiguo, cuando la jota y la equis, la uve y la be disputaban su lugar en la ortografía del español.

 

Hace unos meses, nuestro “bertsolari” escribió un artículo que en otro tiempo le hubiera ocasionado algún disgusto por apología del terrorismo y que demuestra la deleznable textura de su cerebro. Pero, como es bien sabido, en momentos de tregua los fiscales –incluido el señor fiscal general del Estado- sólo leen de los periódicos los anuncios por palabras, la cartelera y la predicción del tiempo, y el Gara suele ser muy deficiente en la prestación de este tipo de servicios.

 

Pues bien, el artículo tenía un título ya de por sí muy sugestivo: “Dejadnos mataros en paz”. El articulista confiesa que quería escribir en eusquera, pero acabó por hacerlo en castellano -“esta lengua tan bella como cruel ha sido en este pueblo... insertada a sangre y fuego, aunque no en nuestro corazón ni en nuestro cerebro”- porque quería que el pueblo le entendiera. Después de este preámbulo, relata cómo, cansado de ver el mundial de fútbol por televisión, decidió saltar de canal en canal. No encontró más que “basura intelectual” y “estupidez licenciada” en una tertulia sobre ETA. Así que se enfadó y mucho. Como no entendía nada le entraron unas ganas enormes de escuchar “el estruendo de doscientos kilos de amonal”. Menos mal que los “chicos de ETA”, como diría aquél, no estaban a mano, porque si no acaba con la tregua y organiza un estropicio. Pero lo que irritó sobremanera a nuestro pacífico “bertsolari” fue que uno de los contertulios dijera que todo se puede defender “mientras no se empuñe un arma para defender a un pueblo”. Como emprenderla con el televisor se paga caro, decidió que lo mejor era olvidarse de su condición de “bertsolari” y responder a semejante idiota en el Gara con un artículo escrito en el idioma erdera [extraño o extranjero] porque así estaba seguro de que todos le entenderían: “Si un pueblo se defiende, ¿no será que está siendo atacado? Si un pueblo es atacado ¿cuál es su deber? ¿Dejarse masacrar? ¿Dejar de ser? ¿Dejarse matar en paz con armas que él no puede usar? De eso nada, monada”. Como puede verse, Silveira es un hombre de paz.

 

Pero si lo anterior era grave lo peor estaba por venir. Ocurrió el pasado día 8 de diciembre. Soy consciente de que lo que voy a relatar a continuación puede ofender la sensibilidad de los lectores de Libertad Digital. He dudado en hacerlo pero he pensado al final que la opinión pública española debe saber con qué clase de gente pretende el presidente del Gobierno refundar la convivencia en Euzkadi.

 

El día de la Inmaculada, ojeaba el diario Gara para conocer el parte de guerra de los abertzales, cuando sentí un auténtico latigazo. El tal Silveira publicaba un nuevo artículo titulado: “Me c... en la virgen” (Los puntos suspensivos son míos). Transcribo su primer párrafo: “No sé que día es hoy, ni me importa. Total... No sé por qué no trabajáis hoy, pero tomo nota. Igual... Y tomo también en mis manos, como si de papel higiénico se tratara, el calendario hispano-cristiano y acaricio mi esfínter con él después de haberme c... en la virgen. Pero no confundamos mala educación con necesidades fisiológicas tales como la de c... en la virgen, sea o no lo defecado una inmaculada concepción”.

Hasta nueve veces vuelve a utilizar en su artículo el exabrupto blasfemo que le sirve de entrada para condenar al PNV por apalear a la juventud; para reprochar al presidente venezolano Chaves por haberse achantado ante el colonialismo español; para imaginar a De Juana “enchufado a la vida por vía intravenosa”... El final del artículo tampoco tiene desperdicio: “Me c... en la virgen y escupo al aire esperando no salpicar a nadie, aunque, eso sí, salpique a quien salpique”.

 

La progresía española pretende que los cristianos sólo seamos intolerantes con las ofensas que se dirigen contra el Islam y tolerantes cuando son las nuestras las ofendidas. No obstante, conviene recordar que en el Código Penal se tipifican como delito las ofensas a los sentimientos religiosos. No lo digo para excitar el celo del señor fiscal general del Estado, pues ya sé que es muy aficionado a la aplicación del “uso alternativo del Derecho” que permite despojar de fuerza jurídica a preceptos que no estén acordes con los criterios sociales mayoritarios y más aún si se tiene en cuenta la reciente proclamación por el sanedrín socialista del laicismo como nuevo dogma cívico, único capaz de respetar y hacer respetar los derechos y libertades fundamentales. Además, cualquier día el señor fiscal propondrá al Gobierno suprimir el delito de ofensas a los sentimientos católicos por tratarse de un residuo del confesionalismo franquista del Estado.

 

Digo supresión del delito de ofensas a los sentimientos católicos, pues no hay regla sin excepción. Si el artículo se hubiera titulado: “Me c... en Mahoma” entonces el señor fiscal general del Estado habría excitado la acción de los tribunales de Justicia alegando que ofender al Islam es atentar contra la paz y la convivencia democrática.

 

Así que aquí no pasa nada. El señor fiscal general del Estado debió estar de vacaciones cuando este “bertsolari” filoterrorista, al que llaman Xabier Silveira, tuvo enormes ganas de escuchar el estruendo de doscientos kilos de amosal. Ya verán como el día de la Inmaculada el señor fiscal estuvo de puente.

 

Jaime Ignacio del Burgo

(Libertad Digital, 9 de diciembre de 2006)

 

El eclipse de lo masculino

El eclipse de lo masculino

Según el filósofo Rodrigo Guerra López, director del Observatorio Social del CELAM

QUERÉTARO, domingo, 10 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Existe un verdadero eclipse de lo masculino; viene por «algunos feminismos sumamente unilaterales» y por «el machismo».

Lo afirma a Zenit el filósofo Rodrigo Guerra López, doctor en Filosofía por la Academia de Liechtenstein, profesor de la UNIVA-Querétaro y miembro de la Academia Pontificia para la Vida.

Director del Observatorio social del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano), es estudioso de la diferencia entre sexos. Entre sus obras destacan «Volver a la persona» (Caparrós, Madrid 2002) y «Afirmar a la persona por sí misma» (CNDH, México 2003).

--¿Por qué el tema de la identidad sexual es hoy tan relevante en los debates sociales?

--Prof. Guerra: La sexualidad es una perfección que atraviesa todas las dimensiones de la persona humana. Por eso desde siempre ha tenido un interés y una importancia antropológica y cultural enorme. En la actualidad el “ethos” postmoderno ha puesto en crisis el tema de la identidad: social, psíquica y hasta somático-sexual.

En este contexto el ser humano busca nuevos referentes para explicar su sexualidad, para interpretarla, para realizarla. Estas búsquedas, si no se re-articulan de modo adecuado en
una antropología integral, pueden lastimar la propia dignidad alienando una estructura humana sumamente delicada.

--Son frecuentes los debates en torno a la "vocación", "identidad", "derechos" y "condición" de la mujer. Pero, ¿por qué motivo no se habla de la "condición masculina"?

--Prof. Guerra: Precisamente cuando el debate teórico y político sobre la mujer se despliega al margen de una antropología integral, el vínculo esencial mujer-varón y varón-mujer queda como oscurecido. El varón y la mujer son dos rostros, dos realizaciones empíricas de lo humano.

Existe un verdadero eclipse de lo masculino provocado hoy por una doble vía: por una parte están algunos feminismos sumamente unilaterales y por otra está el machismo, aún en sociedades aparentemente “desarrolladas”. Ambos fenómenos disuelven el ethos propiamente masculino.

--Usted afirma -en algunas de sus investigaciones sobre antropología de la sexualidad- que la vocación femenina consiste en “custodiar lo humano”. ¿Esta vocación no es compartida por los varones?

--Prof. Guerra: “Custodiar lo humano” es una de las modalidades de expresión de la vocación femenina. Sin embargo, muchas perfecciones femeninas son realizadas también por el varón.

Esto no nos debe de sorprender debido a que varón y mujer poseemos las mismas facultades y la misma dignidad.

La especificidad femenina se define principalmente por el papel que juegan algunas perfecciones en el momento de la integración y la trascendencia de la persona en acción.

Una misma naturaleza humana está como articulada de dos modos diversos, complementarios y recíprocos. Así pues, la diferencia entre varón y mujer no es de naturaleza, sino de acentos y matices en la realización de lo humano.

--¿Se podría decir que otra característica propia de la mujer es su “intuición”?

--Prof. Guerra: Varones y mujeres somos capaces de intuir y de razonar. Sin embargo, no es difícil reconocer que el varón suele privilegiar el discurso y el análisis, mientras que la mujer en su desempeño habitual privilegia la comprensión de contenidos mucho más holísticos y esenciales.

Usando el lenguaje de San Agustín, podríamos decir que la mujer despliega con gran fuerza el “intelectus”, mientras que el varón hace lo propio con la “ratio”.

Ahora bien, la “ratio” debe estar al servicio del “intelectus”, la argumentación al servicio de la comprensión.

Desde este punto de vista, mirar el mundo desde una perspectiva primordialmente masculina es sumamente incompleto. Es necesario incorporar la mirada femenina para una recuperación más global de todos los factores de lo real.

--En sus escritos usted recuerda que se ha marginado sistemáticamente a la mujer a lo largo de la historia. ¿Qué es necesario cambiar? ¿Bastan las reformas legislativas?

--Prof. Guerra: Las reformas legislativas tendentes a reconocer en plenitud los derechos que goza la mujer son muy importantes.

De nada sirve proclamar retóricamente que la mujer posee dignidad si esto no se traduce en instituciones como el Derecho.

Ahora bien, el Derecho para poder ser efectivo requiere de una cultura, de una educación, que lo aprecie, que lo facilite en su ejecución, y que eventualmente lo desarrolle en su expresión.

Una nueva sociedad emerge cuando la cultura que la vitaliza se renueva desde sus fuentes más originarias.

Desde el comienzo del ser humano en la tierra, la mujer ha resultado ser un sujeto privilegiado para la creación de cultura, es decir, para la creación de auténtica “humanidad”.

--A la luz de estas consideraciones, ¿en qué nos podemos inspirar para entender el papel que le corresponde a la mujer en la Iglesia?

--Prof. Guerra: El Papa Juan Pablo II ha colaborado como nadie en el esclarecimiento del fundamento teológico de la participación y misión de la mujer en la Iglesia.

La mujer, al igual que María, esta llamada de una manera misteriosa pero real a colaborar en la obra de la Redención.

Ahora bien, es necesario reconocer que existen resistencias para activar pastoralmente la doctrina del documento “Mulieris dignitatem”.

La praxis pastoral de la Iglesia sería distinta si tomáramos en serio sus contenidos. Muchos siguen tratando a las mujeres como seres humanos de segunda, como sujetos destinados exclusivamente a labores de servicio asistencial o de educación básica.

No existe fundamento filosófico o teológico riguroso que argumente que la mujer no puede enseñar teología, no puede coordinar una estrategia pastoral, no puede activar una iniciativa política cuando es fiel laica.

¡Cuantas veces las mujeres son las primeras que llegan al pie de la Cruz mostrando de manera ejemplar el seguimiento real de Jesucristo! ¡Cuánto deberíamos aprender de este tipo de gestos! ¡Cuánto deberíamos agradecerlos todos con humildad!
ZS06121009

La ofensiva de Hezbola ha comenzado*

La ofensiva de Hezbola ha comenzado*

La ofensiva de Hezbola ha comenzado*

Escasos días después de las graves advertencias efectuadas a principios de noviembre por el Secretario General de Hezbola, Hassan Nasrallah, la ofensiva generalizada para derrocar al gobierno democrático del PM Siniora ha comenzado. El pasado viernes, miles de miembros de Hezbola y de militantes prosirios tomaron las calles de Beirut. Los manifestantes realizaron una sentada simbólica rodeando las oficinas del PM Fuad Siniora y otros edificios de gobierno para comenzar así con su intento de “asfixiar” el gabinete y que este “dimita o se derrumbe”.

Hezbola ha movilizado toda la capacidad de sus miembros operativos así como todas las familias de escasos recursos que cobran subsidios y reciben apoyo económico de la organización. Además de los grupos prosirios tales como el Baaz, el partido Nacional Socialista Sirio, y sus nuevos aliados políticos como Michel Aoun, Omar Karame y Sleiman Frangieh entre otros. Y puesto que la frontera Libanesa-Siria no está controlada por la fuerza multinacional (FINUL), desfilaron cientos de autobuses por la carretera Beirut-Damasco que trajeron a miles de miembros del Baaz sirio que han cruzado la frontera internacional para apoyar la reunión contra el Gobierno libanés democrático.

Objetivos de Hezbollah

Los objetivos políticos de la "ofensiva de Hezbollah" son neutralizar al gobierno de Fuad Siniora en realizar las siguientes cuestiones de agenda inmediata:

Uno: Impedir que se ponga en practica la Ley referente al Tribunal Internacional para juzgar el asesinato del Ex PM Rafik Al Hariri en el parlamento libanés en los próximos 15 días. La estrategia de Siria e Irán es bloquear las reuniones del gabinete libanés y de la Asamblea Legislativa libanesa y entorpecer así la promulgación de tal Ley.

Dos: Forzar la renuncia de todo el gabinete de Siniora, o que este acepte la incorporación de mayor cantidad de ministros prosirios de modo que cualquier decisión que se trate para desarmar a Hezbollah sea vetada y por ende liquidada desde dentro del gobierno mismo.

Tres: Bloquear definitivamente la Resolución 1559 CSONU y con ello las relaciones entre Líbano y las Naciones Unidas en general y los EE.UU. y Francia en particular generando la ruptura definitiva para allanar y favorecer la vuelta de la ocupación Siria-Iraní del Líbano.

La táctica de Hezbola en la prensa internacional

Muchos medios hacen campaña a favor de Hezbollah y sus aliados cuando informan los acontecimientos como una "batalla política" entre “una oposición" y “un gobierno”. Mientras que en realidad los hechos son: “entre una milicia financiada por Irán” que recibe mas de cuatrocientos millones de dólares al año tiene cerca de 20.000 misiles para utilizar y reponer vía Siria contra “un gobierno y un parlamento democráticamente electos” a quien Hezbollah y sus aliados, quienes no son la mayoría del pueblo libanés, están determinados a derrocar quebrando de ese modo, la unidad nacional e internacional del país, el "eje sirio-iraní" está instruyendo a sus partidarios en todo el mundo para indicar que las manifestaciones son contra “América," y de ser posible, focalizarlas también contra Bush. Mientras que en la realidad las acciones de los EE.UU. contra Siria fueron lanzadas por los Demócratas en el año 2003, la Resolución 1559 CSONU fue iniciada a propuesta de Francia y las misiones de investigación internacionales por el crimen de Rafik Al Hariri fueron dirigidas, en principio, por un Fiscal alemán y actualmente por uno belga. Sin embargo los "arquitectos" de la ofensiva Siria-Iraní en Líbano quieren que los medios internacionales enfoquen las protestas "contra EE.UU.” Esta guerra dialéctica y donde abundan las palabras se ira perfilando, casi con seguridad, según se vayan desarrollando los acontecimientos en los días y las semanas próximas. Muchos en la élite de los Medios internacionales "no han entendido ni digerido" el hecho de que la Revolución de los Cedros se ha levantado sin ayuda militar de EE.UU. ni de dinero americano. Y que el movimiento libanés por la libertad y la democracia es genuino, nativo y originario y que en ello se han unido los sectores de izquierda y de derecha contra el "ocupante extranjero," el régimen bazista sirio y una administración Iraní que apoya el terror de Hezbollah. Pero este aspecto genuino es casualmente el que muchas agencias generadoras de opinión e influenciadas en la distribución de las noticias está procurando desesperadamente forzar para llevarlo al ámbito de que las movilizaciones son contra América como manera primitiva y vulgar para romper el apoyo internacional a la democracia libanesa, mientras que muestra a Hezbollah como un grupo normal de oposición política cuando en realidad no lo es.

Mientras tanto, el ejército regular libanés ha recibido órdenes directas de su comandante de desplegarse entre los manifestantes y brindar cobertura a los edificios de gobierno. Muchos oficiales son chi’itas que pueden o no simpatizar con Hezbola. Por lo tanto, según pasen los días con esta situaron irrresuelta, nadie realmente puede asegurar si esos oficiales seguirían siendo leales o si apoyaran al eje Iraní Sirio contra el gobierno de Siniora.

La ofensiva de Hezbollah ha comenzado: Su infantería se ha movilizado a pleno y de momento, solo por ahora, aun se los ve desarmados.

George Chaya es Periodista, Docente y Analista Político para Medio Oriente. Especialista en Terrorismo y Conflictos Religiosos, es Conferencista por la International Consulting in Politics Affaires on Middle Eastern and Hispanic América y Experto especializado en Oriente Medio en la Fundación Safe Democracy. Dirige el Bureau de Informaciones Libanesas para América Latina.

Análisis Digital, 6 de diciembre de 2006

*Versión en español del artículo publicado en Beirut por el Diario An Nahar en idioma árabe de fecha 02 de diciembre de 2006

Las mentiras del 11 M en Pamplona

Las mentiras del 11 M en Pamplona

Próximamente tendrá lugar en Pamplona la presentación del libro Las mentiras del 11 M. 192 falsedades sobre la mayor masacre terrorista que ha sufrido España (LibrosLibres, Madrid, 2006).

El acto, organizado por la Fundación Leyre, consistirá en una conferencia impartida por su autor D. Luis del Pino (colaborador de Libertad Digital y Cadena COPE).

Dicho acto tendrá lugar el próximo jueves, 14 de diciembre de 2006, a las 20’00 horas en el Nuevo Casino Principal (Plaza del Castillo, 44, 1º. PAMPLONA).

La asistencia es libre.

http://www.fundacionleyre.com

La destrucción de la sociedad

La destrucción de la sociedad

EN la entrevista de Jesús Bastante y Álvaro Martínez al arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, que ayer publicaba ABC se contaban muchas cosas interesantes. Hablaba monseñor Sebastián, entre otros muchos asuntos, de la emergencia de un nuevo totalitarismo, disfrazado de formas democráticas, y también de la destrucción minuciosa de la institución matrimonial y, por extensión, de la familia. Ambos fenómenos, en apariencia diversos, creo que deben contemplarse como concomitantes; y aun me atrevería a afirmar que la herramienta más eficaz con la que cuenta este nuevo totalitarismo (cuyo objetivo primordial es la «creación» de individuos desarraigados) es precisamente la destrucción de la institución familiar y de los vínculos que en ella se entablan, que hoy por hoy siguen siendo el principal escollo -declinante escollo- para la «reeducación» de la sociedad. Trataremos de explicar sucintamente esta reflexión.

El matrimonio, como muy certeramente señala monseñor Sebastián, ha dejado de ser una institución protegida jurídicamente. Las leyes han dejado de velar por su continuidad y sostenimiento, para conspirar contra su destrucción. Hoy en día es mucho más sencillo divorciarse que casarse: para casarse hay que asumir unas obligaciones; para divorciarse, ni siquiera hace falta alegar una causa, basta la mera voluntad caprichosa de los cónyuges. Cada vez es mayor el número de matrimonios que se disuelve por razones pueriles, irresponsables, por puro egoísmo disfrazado de «autonomía personal» que ni siquiera repara en el bien de los hijos. Resulta sumamente aleccionador observar que, a la vez que el matrimonio ha dejado de ser una institución digna de protección jurídica, sus enemigos se llenan la boca hablando del «derecho al matrimonio»; bajo dicha expresión lo que se encubre es la desvinculación del matrimonio de un compromiso duradero.

Aquellas viejas cláusulas que acompañaban la formalización de dicho compromiso han dejado de ser efectivas: hoy la gente se casa y se descasa cuando le da la real gana, como quien se cambia de camisa, porque es su «derecho», que ejerce cómo y cuándo le apetece. Naturalmente, el totalitarismo que viene vende esta destrucción del matrimonio como una conquista de la libertad individual. Y es que nada le conviene tanto como la creación de un espejismo de libertad para imponer su nueva tiranía.

Por supuesto, al nuevo totalitarismo no le interesan los individuos libres, sino desarraigados, huérfanos de asideros vitales que los protejan contra la sibilina labor de «reeducación» social. La magia del nuevo totalitarismo consiste, precisamente, en disfrazar ese desarraigo de libertad. Los totalitarismos siempre se han cimentado sobre una destrucción de la sociedad, de los vínculos que los individuos entablan entre sí; toda forma de asociacionismo humano ha sido contemplada con desconfianza, incluso con franca hostilidad, por los tiranos. El nuevo totalitarismo ha descubierto que el último bastión que le restaba por derruir era el matrimonio, y con él los lazos afectivos y transmisiones educativas que en su seno se entablan de forma natural. La familia «tradicional» (del latín traditio, que significa entrega, transmisión) se convierte así en el enemigo primordial del nuevo totalitarismo; desaparecida esa transmisión o fluencia de convicciones que se produce en el seno de la familia, rotos los vínculos solidarios que anteponen el bien común al interés particular, el individuo se convierte en un ser mucho más frágil y permeable a la «reeducación». También, por supuesto, se convierte en un individuo enfermo: carente de afectos, entregado a pulsiones de satisfacción inmediata que sustituyen ilusoriamente esos afectos, carne de psiquiatra y pasto de adoctrinamientos varios, amoral e incapaz de asumir responsabilidades, lacayo del Nuevo Régimen. El nuevo totalitarismo puede sentirse orgulloso: ha logrado destruir la sociedad, haciendo además creer a los damnificados que son más libres, cuando en realidad no son sino despojos arrojados a una trituradora de almas.

Juan Manuel de Prada

ABC, 4 de diciembre de 2006

ETA condiciona la negociación a aceptar la situación de Batasuna y frenar los arrestos

ETA condiciona la negociación a aceptar la situación de Batasuna y frenar los arrestos

El último boletín 'Zutabe', que les fue interceptado a los etarras arrestados en Francia el pasado fin de semana, recoge las condiciones de ETA para empezar a reunirse con el Gobierno. Los requisitos, según publica hoy EL MUNDO, son: modificar el esquema estatutario, dar a Batasuna por legalizada y adoptar medidas de acercamiento a las cárceles vascas respecto de los presos.

En el documento interno de la banda terrorista, escrito cinco meses después del anuncio del alto el fuego, ETA advierte que no negociará con el gobierno hasta que éste cumpla dichos mínimos.

"Una vez cumplidas estas bases vendría el momento y la posibilidad de entrar en la negociación entre ETA y el Gobierno español, la excarcelación de los presos y la desmilitarización", agrega el texto.

Además, ETA insiste en que "el acuerdo principal de la resolución del conflicto hay que conseguirlo en la mesa de partidos", informa Ángeles Escrivá. Para lograr ese acuerdo, agrega, "el Gobierno tendrá que superar los límites y topes que hoy se le imponen a Euskal Herria".

La banda terrorista señala que las negociaciones han de dar como resultado "la declaración del derecho como pueblo de Euskal Herria".

Presencia en las calles

ETA señala en su comunicado que "debe plantarse cara a la ofensiva del Estado español". "Ahora más que nunca, es únicamente la lucha la clave que guiará el proceso donde pretendemos", indica.

De esta forma, la banda realiza un llamamiento a los suyos para estar presente "como nunca en las calles", pues, de lo contrario, "se fortalece la posición del Gobierno español".

Por otro lado, el último 'Zutabe' también recoge que, "Si el Gobierno de España quiere hacerse valer de la represión para llevar el proceso o para cambiar la dirección de la izquierda abertzale, el proceso de resolución no podrá continuar adelante".

El documento denuncia que el Gobierno y el PSOE están intentando ganar tiempo y que, en vez de centrarse en el proceso, están más preocupados por las próximas elecciones. En este sentido, asegura que "la situación difundida" no tiene nada que ver con su postura real.

El Mundo, 9 de diciembre de 2006

Una crónica desde Huesca: Derechos y libertades vulnerados en el País Vasco y Navarra.

Una crónica desde Huesca: Derechos y libertades vulnerados en el País Vasco y Navarra.


El pasado lunes 4 de diciembre se desarrolló la tercera de las actividades previstas en el ciclo La negociación con ETA y la investigación del 11 M: visiones críticas, que Foro El Salvador -con la colaboración de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, Ciudadanía Democrática, y el colectivo ciudadano Peones Negros- organizó en la ciudad de Huesca.

El ciclo había sido censurado por la Diputación de Huesca al no haber autorizado el uso de su sala de conferencias en la capital oscense para tal fin. Finalmente, y gracias a la disponibilidad de FEACCU, se desarrollaron los actos previstos en su salón de actos Genaro Pozas, calle Barbastro 1 de Huesca.

Así, el jueves 2 de noviembre tuvo lugar la primera de las actividades programadas: una conferencia, impartida por el escritor e investigador Luis del Pino, titulada Los enigmas del 11 M. Una semana después, el jueves 9 de noviembre, tuvo lugar la presentación del libro La tregua de ETA: mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas (Grafite Ediciones, Bilbao, 2006), con la participación de José Marco Jalle, delegado en Aragón de AVT, y Jaime Larrínaga, ex párroco de Maruri, presidente del Foro y uno de los coautores del texto. Su director, José Luis Orella, no pudo asistir, pero presentó una interesante y sintética comunicación que fue leída.

Este ciclo fue clausurado con la mesa redonda titulada Derechos y libertades vulnerados en el País Vasco y Navarra; un magnífico colofón del mismo.

El primer ponente fue Ernesto Ladrón de Guevara: Portavoz del Grupo Mixto en las Juntas Generales de Álava, doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, y autor del libro Educación y Nacionalismo. Historia de un modelo (Editorial Txertoa, San Sebastián, 2005). Su testimonio de primera fila está respaldado por haber sido un alto responsable del PSE-PSOE en la época en que este partido gobernó Euskadi en coalición con el PNV; siendo testigo de las cesiones de su partido ante las pretensiones nacionalistas, lo que provocó su abandono del mismo, ingresando en la hoy desaparecida Unidad Alavesa.

Inició su intervención calificando la situación política del País Vasco como de un auténtico y estricto “Régimen”; lo que tiene difícil vuelta atrás a causa de la deriva política del PSE-PSOE, que parece haber abandonado irreversiblemente sus principios constitucionalistas.

En su día, después de estudiar diversos textos escolares vascos, expuso a Ramón Jáuregui su inquietud ante los chocantes contenidos antiespañoles de muchos de ellos; circunstancia agravada por el hecho de que el Gobierno de España no ejercitaba sus funciones inspectoras. El dirigente socialista le respondió afirmando que todo aquello era únicamente “una enfermedad pasajera” de los nacionalistas. Pero lo contemplado como pasajero se consolidó, evidenciando un gravísimo error de diagnóstico político, y alcanzando la propaganda nacionalista todos los ámbitos de la vida vasca; lo que ilustró el ponente con diversos ejemplos, entre ellos, el de la reciente campaña del Gobierno Vasco que viene a afirmar que “para ser buena persona hay que hablar euskera”.

Las raíces de este impulso totalitario las encuentra en 1910, cuando uno de los teóricos del nacionalismo vasco, Eleizalde, diseñó la estrategia del PNV en la conquista del poder en tres fases sucesivas: la social y cultural; la política; el triunfo total.

En este contexto, la escuela es un instrumento decisivo de la implantación del nuevo Régimen, siendo concebida no como vehículo de instrucción y formación, sino de adoctrinamiento. Así, los niños y jóvenes, muchos de los cuales terminarán en el entramado social abertzale, son verdaderas “víctimas calladas”; manipuladas y adoctrinadas en la mentira. Por ello definió este plan escolar como un “modelo”; término ya empleado en el franquismo y de profundas resonancias ideológicas. Las bases del mismo, a su juicio, son: un profesorado crecientemente nacionalista, tal y como demuestran los sucesivos resultados electorales sindicales que si en 1987 reflejaban un voto nacionalista de un 39 %, en 2003 alcanzaba ya el 57 %; unos contenidos temáticos falsificados, de los que proporcionó numerosos y grotescos ejemplos; el currículum, concebido como medio para la orientación de las conciencias individuales y colectivas hacia la “cosmovisión” nacionalista.

Insistió en la trascendental importancia del docente, pues “un profesor que no se apoya en la verdad, no puede transmitir valores”, de modo, que si se trata de un convencido militante nacionalista, “adoctrinará en comportamientos y sentimientos nacionalistas, pero nunca en la solidaridad, la tolerancia, la igualdad, el trabajo desinteresado, el rechazo de la violencia, etc.”.

En este contexto, el euskera se ha tornado en ariete decisivo del adoctrinamiento nacionalista, pese a que los expertos aseguran que es muy negativo que los niños estudien en una lengua que no sea la suya, pues ello repercutirá necesariamente en diversas carencias y dificultades a lo largo de todo su aprendizaje. Por ello, esta columna del sistema escolar ha desencadenado un fenómeno de “inmersión lingüística” de imprevisibles consecuencias; lo que viene determinado al concebirse como una de las principales herramientas de la llamada “construcción nacional vasca”.

De esta manera recordó que no era ninguna coincidencia que el único partido español que mantiene la misma estrategia e ideario, a lo largo del último siglo, sea el PNV.

Denunció, por último, que si todo este dramático proceso está siendo posible, se debe a la progresiva articulación desde el PSOE de una mayoría política que pretende aislar al Partido Popular en la vida pública; estrategia que únicamente puede consumar mediante juegos de alianzas con los partidos secesionistas.

Le sucedió en el turno de la palabra Miguel Martínez Falero: concejal de Unión del Pueblo Navarro en Ansoáin, y letrado de la acusación particular de Juan Beiro, José Múgica y Francisco Casanova; todo ellos asesinados por ETA.

Su exposición la planteó, gráficamente, en primera persona: exponiendo cómo su militancia política y su compromiso municipal le habían acarreado, sin buscarlo obviamente, una vulneración de buena parte de sus derechos y libertades fundamentales, así como los de su familia directa.

Se inició como cargo municipal en el Ayuntamiento de Peralta. Después de unos años de retiro temporal, regresó a la política activa como cabeza de lista en la lista municipal de UPN en Ansoáin: una localidad del norte de la cuenca de Pamplona, en la que la presencia de la izquierda abertzale era y sigue siendo muy fuerte. Así, al día siguiente de hacerse pública su candidatura fue amenazado de muerte por escrito por ETA. Un día después, su esposa siguió análoga suerte. Residiendo entonces en un populoso barrio del norte de Pamplona, tuvieron que cambiar de domicilio, al correr riesgo acreditado de atentado. Una vez en otro barrio más céntrico, de nuevo volvieron a sufrir similares vicisitudes y el correspondiente cambio de domicilio. Su vida, y la de su esposa e hijos, cambiaron radicalmente: adopción de precauciones y cautelas, cambios en los trayectos, lugares a los que ya no podían acceder, situaciones incómodas, insultos en la calle…

Un dato especialmente significativo: su toma de posesión como único concejal regionalista se efectuó, previo desalojo del público de la Sala de Plenos del Ayuntamiento, con la presencia de la Guardia Civil, al objeto de evitar incidentes mayores provocados por una izquierda abertzale intolerante y empeñada en acallar las voces discrepantes. Sin duda, una experiencia muy alejada, afortunadamente, de la inmensa mayoría de cargos municipales españoles que trabajan y viven en total, cómoda e inconsciente normalidad.

También realizó diversas consideraciones en relación a su compromiso como abogado; lo que le llevó a asumir la acusación particular, gratuitamente, en los casos de varios asesinatos de ETA en Navarra. Otro comportamiento que, honrándole, generó visibles muestras de simpatía y agradecimiento entre los asistentes.

Y, en la presente coyuntura política, especialmente delicada para Navarra, manifestó su confianza en la movilización del electorado navarro en apoyo de UPN; un partido que no ha cedido posiciones y mantiene sin ambigüedad sus convicciones foralistas.

Los dos ponentes cedieron paso a las numerosas preguntas e intervenciones del público asistente; que se manifestó particularmente inquieto ante la deriva del PSOE; la evolución del mal llamado “proceso de paz”; así como ante el rol reservado a Navarra en el mismo por sus artífices.

También algunas víctimas del terrorismo participaron en el debate de manera muy relevante; expresando sus preocupaciones y sentimientos que, de alguna manera, el propio Miguel Martínez Falero sintetizó al término de su intervención afirmando que las víctimas –aseveración avalada por su propia y particular experiencia- “perdieron sus vidas y sus bienes, o los de sus familiares; derechos y libertades en suma que les fueron arrebatadas por los terroristas. Pero entonces sabían porqué se arriesgaban. Ahora la situación ha cambiado y se preguntan por la vigencia de las razones de sus sufrimientos y padecimientos”.

Ambos ponentes, desde disciplinas distintas y experiencias muy diversas, compartieron un mismo análisis sociopolítico: el nacionalismo vasco, estructuralmente totalitario, persigue la ocupación de todo el poder político con miras a la secesión y la edificación de un Estado vasco; de modo que no existe ámbito social que no sea concebido como campo de batalla en el que imponerse sobre los supuestos rivales, en el intento de desplazarlos y marginarlos definitivamente. Desde esta clave se entienden nítidamente los comportamientos totalitarios descritos por ambos ponentes y que, narrados fuera del País Vasco y Navarra, todavía sorprenden.


Crónica de Fernando José Vaquero Oroquieta

http://www.diarioliberal.com/DL_opinion22.htm

http://euskadi-liberal.lastinfoo.es/20061208-una-cronica-desde-huesca--derechos-y-libertades-vulnerados-en-el-pais-vasco-y-navarra-.html

El arzobispo de Pamplona analiza el Manifiesto del PSOE sobre Constitución y laicidad

El arzobispo de Pamplona analiza el Manifiesto del PSOE sobre Constitución y laicidad

Publicamos el análisis que ha hecho del Manifiesto del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) sobre Constitución y laicidad monseñor Fernando Sebastián Aguilar, arzobispo de Pamplona, y obispo de Tudela.

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1º. Conviene reconocer desde el principio que es bueno poder contar con textos como éste en el que aparece manifiestamente el pensamiento de quienes tienen especial responsabilidad en la vida pública. Esta es la forma de poner en claro las ideas de cada uno y de facilitar un debate público, serio y objetivo.

2º. El Manifiesto organiza su argumentación en torno al concepto de laicidad. Lo primero que llama la atención es que a lo largo del texto no se encuentra ninguna definición de este concepto. La lectura atenta del mismo deja la impresión de que se confunde laicidad con laicismo. En todo caso, para avanzar en el diálogo tendríamos que ponernos de acuerdo en el significado de cada una de estas dos palabras. Para los católicos, normalmente, laicidad del Estado y de las instituciones políticas significa neutralidad ante las diferentes preferencias religiosas de los ciudadanos. El Estado reconoce el derecho a la libertad religiosa de los ciudadanos y favorece su ejercicio, sin hacer suya ninguna religión en concreto ni discriminar a ningún grupo por razones religiosas. Entendida así, laicidad equivale a lo que podríamos llamar neutralidad religiosa positiva. Este concepto de laicidad ha sido expresamente aceptado por el magisterio reciente de la Iglesia y forma parte de la visión de la democracia hoy dominante en los ambientes católicos. En cambio, cuando hablamos de laicismo entendemos aquella actitud por la que el Estado no reconoce la vida religiosa de los ciudadanos como un bien positivo que forma parte del bien común de los ciudadanos, que debe ser protegido por los poderes públicos, sino que la considera más bien como una actividad peligrosa para la convivencia, que debe por tanto ser ignorada, marginada y aun políticamente reprimida.

3º. Si estos conceptos se aclarasen, podríamos estar de acuerdo en que la laicidad, rectamente entendida y ejercida, es garantía de libertad, igualdad y convivencia. La confusión de conceptos aparece cuando se recurre a un «minimo común ético constitucionalmente consagrado», que se presenta como fruto de la voluntad y soberanía de la ciudadanía, al que se atribuye un valor supremo y definitivo, sin sujeción a «ningún orden preestablecido de rango superior». Lo sorprendente es que, cuando se quiere describir este «mínimo común ético», no se hace a partir del texto constitucional ni de las convicciones o ideales morales de los ciudadanos que, en ejercicio de su soberanía, lo elaboraron, aprobaron y promulgaron, sino que es presentado en nombre de una concepción ideológica y laicista sobreañadida al texto constitucional e impuesta gratuitamente al conjunto de la población.

4º. A mi juicio, el defecto del raciocinio aparece cuando se intenta explicar la visión de conjunto. Los autores del Manifiesto quieren resolver el problema que la pluralidad cultural de los ciudadanos puede suponer para la convivencia. No hay duda de que es un fin bueno e importante. El error está en que, en vez de entender el ejercicio de la autoridad como un servicio al bien común de los ciudadanos, incluido el ejercicio de la libertad religiosa según sus convicciones religiosas y morales, se da por supuesto que las religiones no pueden proporcionar un conjunto de convicciones morales comunes capaces de fundamentar la convivencia en la pluralidad, sino que son más bien fuente de intolerancia y de dificultades para la pacífica convivencia. Por lo cual, para evitar los conflictos previsibles, es preciso recluirlas a la vida privada y sustituirlas en el orden de lo social y de lo público por un conjunto de valores denominados «señas de identidad del Estado Social y de Derecho Democrático», sin referencia religiosa alguna, impuestos desde el poder político, a los que se concede el valor de última referencia moral en la vida pública. En este contexto, descartadas las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos como inspiradoras de la convivencia, corresponde al poder político configurar la nueva conciencia de los ciudadanos en sustitución de su conciencia religiosa y moral., por lo menos en lo concerniente a la vida social y política.

5º. En esta manera de razonar se oculta una visión empobrecida y desfigurada de la religión. Se da por supuesto que la conciencia moral fundada en la religión no es capaz de fomentar la convivencia en la pluralidad, por lo que la diferencia de religiones se ve como un peligro para la convivencia democrática. El Manifiesto dice: «Los fundamentalismos monoteístas y religiosos siembran fronteras entre los ciudadanos». ¿Se quiere decir con ello que los monoteísmos y las religiones en general son siempre fundamentalistas? Porque si fuera de otro modo no valdría el argumento. Nosotros pensamos que, al menos en lo que se refiere a la religión cristiana y católica, esta manera de ver las cosas no responde a la realidad y resulta objetivamente ofensiva. Fe cristiana y fundamentalismo son dos cosas distintas. Más todavía, cualquier religión, vivida auténticamente, no es fundamentalistas. Porque Dios no es fundamentalista. El fundamentalismo implica intolerancia, se vista de monoteísmo o de laicismo. Los católicos entendemos las cosas de otra manera. Basta leer algunos documentos del Concilio Vaticano II, algún resumen reciente de la Doctrina Social de la Iglesia o los documentos pertinentes de la Conferencia Episcopal Española. En el proceso político la realidad original son los ciudadanos, como sujetos libres, a la vez personales y sociales. Son ellos quienes libremente y según su manera de entender las cosas, se dan unas normas para regular su convivencia. Ellos construyen un sistema de convivencia según sus propias convicciones, culturales, religiosas, sociales y morales, como fruto de su voluntad de convivencia, que queda garantizada por las leyes y en último término por la conciencia moral de los ciudadanos y de los gobernantes. En consecuencia, quienes administran los bienes comunes y protegen el bien común de la convivencia tienen que interpretar los textos jurídicos y ejercer el poder de acuerdo con los textos aprobados, y en último término con las convicciones y los intereses de los ciudadanos que organizaron la convivencia para el bien de todos. No hay ninguna necesidad de que los poderes políticos impongan otro código moral ideológico, ajeno a los ciudadanos, por lo menos a buena parte de ellos, en sustitución de sus convicciones religiosas y morales, puesto que son estas mismas convicciones las que respaldan y garantizan el sentido vinculante de las normas comunes de convivencia. Quien conozca de cerca la versión actual de la moral social de la Iglesia, verá fácilmente que los cristianos no necesitamos prescindir de nuestra fe y nuestros criterios morales para tener un sentido tolerante y democrático de la convivencia. La proyección del amor al prójimo, norma suprema de nuestra conducta moral, al campo de las realidades políticas, es base suficiente y firme para fundamentar las necesarias actitudes de justicia, tolerancia y solidaridad. La dimensión social y política de la fe y de la caridad es esencial para nosotros. La fe en Dios descubre unas dimensiones nuevas de la vida personal y suscita un ideal de vida que abarca la totalidad de la vida personal, en su realidad más íntima, en las relaciones interpersonales y en toda clase de actuaciones. Es más, la veracidad del amor a Dios se comprueba por la sinceridad y efectividad del amor al prójimo.

7º. Esta proyección social y política de la fe y de la caridad es capaz de sustentar un orden democrático de convivencia en una sociedad libre y pluralista, con tal de que las religiones, asumidas libremente por los ciudadanos, adopten entre sí una posición respetuosa y tolerante y sean capaces de ampliar estas mismas actitudes hacia los sectores laicos no religiosos. Así es como nos situamos los cristianos. Por eso no podemos aceptar como justo el intento de recluir nuestras convicciones religiosas al ámbito de la vida privada, para imponernos como base y condición para la convivencia democrática unos valores y una interpretación de los textos constitucionales que eliminan nuestra visión religiosa de la vida y la manera de entender el bien común de quienes formamos parte de la sociedad. La convivencia en una sociedad religiosa y culturalmente plural no necesita un apoyo exterior a las religiones, impuesto autoritariamente desde fuera, basta con que los ciudadanos encuentren en sus respectivas conciencias religiosas fundamentos eficaces para el respeto a la libertad de los demás, actitudes claras y abiertas de tolerancia y colaboración. Según esta manera de ver las cosas, la laicidad del Estado consistirá en que el poder político respete y favorezca por igual el desarrollo de cada religión y de la visión laica de la vida, de forma proporcionada a su implantación y significación social, sin discriminar ni privilegiar a ninguna de ellas, dejando que cada grupo viva tranquilo según sus propias convicciones y valores. Si hay dificultades para fundamentar la convivencia, los poderes políticos tendrán que exigir a los líderes y responsables de cada grupo el desarrollo de esta conciencia de convivencia y tolerancia entre sus miembros. Lógicamente esto supone que tanto los ciudadanos religiosos como los laicos quieran convivir pacíficamente, supone también que las religiones sean capaces de desarrollar unos criterios morales capaces de fundamentar la convivencia con otras religiones y con los que no tienen ninguna religión. Como requiere también que los laicos reconozcan a la religión en general y a cada una de las religiones presentes, como elementos positivos de la convivencia. sin alimentar sospechas ni reticencias respecto de su capacidad de fundamentar un comportamiento tolerante y democrático. Desde el año 1971 la Iglesia española ha seguido en este punto un itinerario intachable. Si en la nueva situación de pluralismo religioso incipiente, favorecido por el crecimiento de la inmigración en estos últimos años, aparecen dificultades, tendremos que hacer todos, autóctonos y recién llegados, un esfuerzo de adaptación a la nueva situación.

8º. Es posible que los autores del Manifiesto piensen de otra manera y tengan la convicción de que las ideas religiosas son incapaces de fundamentar un comportamiento social aceptable. Tal manera de pensar se manifiesta cuando dicen, p.e., que sin la laicidad no hubieran podido ser consideradas como delitos algunas prácticas rechazables, como la ablación o la violencia familiar. Así se explica también que el texto entienda el concepto de laicidad como un verdadero laicismo, que no se conforma con la neutralidad religiosa del Estado, sino que lleva a desplazar las ideas religiosas y sustituirlas por otros valores sin referencia religiosa alguna. Estos valores, entendidos de manera absoluta, sin referencia a un orden moral objetivo, pueden ser interpretados como convenga en cada caso, hasta reconocer como verdaderos derechos algunas prácticas incompatibles con principios morales fundados en la recta razón y recogidos en la Constitución, tal es el caso, p.e., de la legitimación del aborto, la producción y destrucción de embriones humanos con fines interesados, el reconocimiento de los pactos de convivencia entre personas del mismo sexo como verdadero matrimonio, etc. Tales cosas no son fruto de la laicidad sino de la supresión de criterios verdaderamente morales en el ordenamiento de la vida pública y en el ejercicio de la autoridad. El futuro no está en un laicismo obligatorio, sino en el diálogo honesto y sincero de las religiones entre sí y con los sectores laicos.

9º. El protagonismo reconocido en el Manifiesto a los valores laicos de ciudadanía y convivencia, no solamente desplaza la influencia ética de las religiones, sino que se impone incluso sobre el sentido más obvio del texto constitucional. Varias expresiones del Manifiesto hacen pensar que sus autores argumentan más desde una ideología laicista, previa al texto constitucional, que a partir del texto objetivo de la Constitución de 1978. De otro modo no se explica la innecesaria equiparación de la Constitución de 1931 con la de 1978 como muestra de la «más alta plasmación» de la vida democrática del pueblo español. Da la impresión de que se quiere presentar la Constitución de 1931 como complemento y referencia interpretativa de la Constitución actualmente vigente. ¿Es que el ejercicio de la soberanía de la nación española que sustenta el texto constitucional de 1978 no fue suficiente? ¿No fue, al menos, tan pleno y eficaz como el de 1931? En el Manifiesto se presenta la laicidad como un principio esencial de la Constitución actual, pero este término no aparece en el texto constitucional, aunque sí esté presente esta idea con expresiones equivalentes. Se pretende definir las relaciones de las instituciones políticas con las religiones y con la Iglesia católica sin hacer la menor referencia al art. 16 de la Constitución vigente. Y se quiere también describir la naturaleza y la función social de la educación sin tener en cuenta ni aludir siquiera al art. 27 de nuestra Constitución.

10º. Finalmente, el ritmo y la estructura del texto hace pensar que está elaborado para justificar la existencia y la imposición de la nueva asignatura «Educación para ciudadanía». Se dice que los poderes políticos tienen que contribuir a formar las conciencias de acuerdo con el «mínimo común ético constitucional». Reconocer al poder político como legítimo formador de las conciencias de los ciudadanos puede ser una afirmación peligrosa. El recurso a ese mínimo ético constitucional implica algo que no se dice, que es la facultad de interpretar el sentido de esos principios éticos que se reconocer al poder político. Sin respetar los principios morales de los ciudadanos, ni siquiera el sentido evidente del texto constitucional. En cambio, una visión verdaderamente democrática de la cuestión obliga al poder político a respetar las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos sin obligarnos a someter nuestra conciencia a los criterios o a las opiniones personales de los gobernantes. El texto afirma que el sistema educativo constitucional no prevé una «educación neutral», sino que intenta «trasmitir y promocionar» el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades necesarios para consolidar el régimen constitucional y la convivencia de todos. Contra esta manera de pensar decimos que «los principios democráticos de convivencia» nacen de las convicciones morales de los ciudadanos que inspiraron el texto de la Constitución. En consecuencia estos principios sobre los que se apoya la convivencia no pueden ser interpretados por el poder político desde otros principios añadidos y sobrepuestos al texto constitucional, sino que deben ser interpretados respetando las convicciones religiosas y morales de los ciudadanos y la consecuente y primaria responsabilidad educativa de los padres (artículos 16 y 27, 2 y 6). En consonancia con esto hay que decir que la Constitución de 1978 no tiene por qué ser interpretada desde la de 1931. Esta si es laica, y laicista. La actual no. Al final del recorrido se ve el valor esencial que en los proyectos del gobierno tiene la asignatura de «Educación para la ciudadanía». Si las religiones no son capaces de fundamentar la convivencia «porque siembran fronteras entre los ciudadanos», el gobierno tiene que mentalizar las nuevas generaciones con otros principios morales no religiosos «para consolidar y perpetuar la vigencia del propio régimen constitucional y la convivencia de todos». Uno no puede menos de preguntarse si esta manera de entender las cosas puede tener cabida en una mentalidad verdaderamente democrática.

11º. Este rápido análisis muestra que el debate entre laicistas y cristianos no es un debate banal, sino que afecta a graves cuestiones de antropología como la concepción de la libertad, el origen de los principios morales y en último lugar la existencia o no existencia de un Principio superior, que se hace presente en la historia humana, y que es a la vez autor de la vida y fundamento de la libertad y de la conciencia del hombre. Esto es precisamente lo que los cristianos reconocemos, con una inmensa gratitud, en Jesucristo, aceptado y adorado como Hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado, Señor y Salvador del mundo y de la historia. A pesar de todo los católicos pensamos que laicos o laicistas y católicos podemos convivir pacíficamente, como podemos también convivir fieles de distintas religiones, a partir del respeto a los derechos y obligaciones fundamentales derivados del reconocimiento del valor absoluto de la persona en una sociedad de hombres libres. Esta convivencia requiere un conjunto de convicciones comunes respetadas por todos, clarificado y enriquecido mediante el diálogo constante, sin necesidad de excluir las ideas religiosas del patrimonio cultural y social de la sociedad en la cual estamos todos integrados. Los ciudadanos católicos podemos decir a un gobierno realmente laico: déjennos ser católicos con todas las consecuencias, más todavía, ayúdennos a ser buenos católicos, porque de nuestra catolicidad nacen para nosotros los fundamentos de una sólida ciudadanía, abierta y sincera que estamos dispuestos a compartir con los demás grupos en un esfuerzo constante por construir y actualizar un patrimonio común respetuoso con las convicciones de todos.

12º. En resumen, el Manifiesto con el que los socialistas han querido conmemorar el XXVIIIº aniversario de la Constitución nos ofrece la posibilidad de un diálogo riguroso y sereno. Por el momento, con los debidos respetos, no me parece un texto bien elaborado, contiene confusiones importantes y esconde una concepción de la vida política injusta con la religión y excesivamente autoritaria. Un texto, además, que con apariencias laudatorias desplaza el valor y el verdadero sentido de la Constitución. Me gustaría que alguien me convenciera de lo contrario.

Pamplona, 09 de diciembre de 2006

+ Fernando Sebastián Aguilar
Arzpo. Pamplona, Obpo. Tudela
ZS06120903