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Foro El Salvador

El Gobierno vuelve a retrasar a fin de año la Ley de Solidaridad con las Víctimas

El Gobierno vuelve a retrasar a fin de año la Ley de Solidaridad con las Víctimas

Promesa realizada en sede parlamentaria y, por el momento, incumplida. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, dijo a finales de febrero en el Congreso de los Diputados que la Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo quedaría aprobada antes del verano y un tiempo después el Ejecutivo admitió que habría que posponerla (tal y como había adelantado ABC), pero que «entraría» en algún Consejo de Ministros de septiembre de los primeros del «curso». Sin embargo, bien entrado el otoño y cuando está «caliente» la movilización de la AVT en Sevilla contra la negociación con ETA, el Gobierno admite que ha vuelto a reconsiderar los plazos y que el nuevo tope es el de fin de año, según han explicado fuentes de Moncloa a ABC.

Pese a que el hasta hace un par de semanas Alto Comisionado para las Víctimas Gregorio Peces-Barba siempre contó con que la nueva normativa recibiría el «plácet» gubernamental antes de su cese, los hechos no han refrendado su voluntad de dejarla ya «rodando» al abandonar el cargo. Según fuentes de su oficina, el borrador ya fue remitido a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, el pasado mes de mayo.

El proyecto de Ley de Solidaridad con las Víctimas del Terrorismo se «atrancó» en las cañerías de Moncloa la pasada primavera, cuando Alfredo Pérez Rubalcaba fue nombrado ministro del Interior. Su llegada a este Departamento sirvió como argumento para suspender a última hora y aplazar «sine die» (no se ha vuelto a convocar) una reunión fijada por Peces-Barba para el 19 de abril con representantes de todas las asociaciones de víctimas en la que se les iba a presentar el borrador. Esa iniciativa de «puesta en común» fue abortada con el beneplácito del propio Rubalcaba, que no quería que escapara a su control el «flanco sensible» de las víctimas, un empeño que después se ha visto consolidado con la desaparición de la figura del Alto Comisionado (que dependía directamente de Presidencia) y el retorno de todas las competencias en esta materia al «redil» de Interior.

La nueva ley ha de suponer en la práctica una reforma de la que ya está en vigor desde 1999, en la que se regula quiénes tienen derecho a la catalogación como víctimas y las condecoraciones y ayudas económicas que les corresponden. Uno de los grandes avances logrados entonces fue que el Estado pasó a adelantar las cantidades dictaminadas por los jueces como «responsabilidad civil» de los terroristas condenados, dado que éstos se declaran siempre insolventes en claro perjuicio de las viudas y huérfanos. Pero la ley 32/1999 presenta deficiencias operativas por las que Peces-Barba alentó una nueva normativa «transversal» (del estilo de la de Violencia de Género) que abarcaría todos los aspectos referidos a los derechos de los afectados, tanto legales y asistenciales como económicos.

Ello no evitó interpretaciones con sesgo político (principalmente de la AVT, pero también de otros colectivos) porque, a priori, la regulación actual no favorece que el Gobierno pueda contrapesar la fuerza de la contestación de las víctimas con un mayor peso de organizaciones afines a su política, como la Asociación 11-M Afectados del Terrorismo de Pilar Manjón. La entidad de Manjón cuenta con un número importante de asociados gracias a que el concepto «afectado», en su amplitud, recoge la posibilidad de afiliación de una serie de personas que no pueden ser consideradas oficialmente como «víctimas» ni beneficiarse de la actual legislación.

El Ejecutivo, por ahora, se limita a refugiarse en el argumento de que «hay flecos pendientes», en abierta contradicción con lo manifestado hace unos meses por la Oficina del Alto Comisionado cuando dijo que «sus deberes (el borrador) ya estaban hechos». En todo caso, Moncloa ha preferido «enfriar» la ley y no alborotar más un patio alterado y extremadamente susceptible tras la puesta en marcha del «proceso». El último aldabonazo ha sido la manifestación del domingo.

B. TORQUEMADA. MADRID.

ABC, 3 de octubrede 2006

Zabaleta y Karrera, optimistas sobre la mesa de partidos

Zabaleta y Karrera, optimistas sobre la mesa de partidos


El coordinador general de Aralar, Patxi Zabaleta, destacó ayer la importancia del debate sobre la situación de Euskal Herria que se celebrará el día 25 en Estrasburgo. Antton Karrera, de EB, apuntó que «parece que ha habido avances» en las últimas jornadas. Ambos coincidieron en mostrarse moderadamente optimistas.

Patxi Zabaleta (Aralar) y Antton Karrera (EB) coincidieron ayer en mostrarse optimistas sobre la evolución del proceso político abierto en EuskalHerria. El primero calificó como hechos «importantes y positivos» el debate que se celebrará el 25 de octubre en el Parlamento Europeo y las manifestaciones del lehendakari sobre la vía libre al «diálogo oficial» entre el Gobierno español y ETA.

Respecto a este último punto, la portavoz de Lakua matizó ­ya lo había hecho la víspera­ que Juan José Ibarretxe no se refería a un encuentro concreto entre Madrid y la organización armada, sino a las declaraciones de Zapatero en torno a este tema el pasado junio.

Por su parte, Karrera apuntó que «parece que ha habido avances» y que «lograr un acuerdo de mínimos en torno a los pasos a dar para lograr la normalización sería bueno y facilitaría el trabajo de la mesa». No obstante, aseguró que «eso no está tan adelantado».

Tanto el coordinador general de Aralar como el representante de Ezker Batua mostraron su rechazo ante las acciones de kale borroka de las últimas semanas. Zabaleta señaló que «debe ser reprobada por todos los partidos políticos de la misma manera que lo fue en los primeros incidentes», mientras que Karrera indicó que «la kale borroka debe desaparecer y el Gobierno tiene que dar pasos, y si se logra eso espero que las cosas vuelvan a reconducirse».

«Los parias de la sociedad»

Las manifestaciones de ambos contrastan con la opinión de María San Gil, dirigente del PP; quien ayer consideró que el «mal llamado proceso de paz» vive «una lenta agonía destinada al fracaso de todos».

La presidenta del PP de la CAV sentenció, en una rueda de prensa ofrecida en Benidorm, que el Gobierno español «se ha metido en un callejón sin salida», por lo que exigió un retorno a las políticas empleadas por el Ejecutivo que presidía José María Aznar, al entender que fueron «las que pusieron de verdad a ETA contra las cuerdas e hicieron de Batasuna los parias de la sociedad».

Gara, 4 de octubre de 2006

'La ideología invisible; el pensamiento de la nueva izquierda radical, por Jesús Trillo-Figueroa

'La ideología invisible; el pensamiento de la nueva izquierda radical, por Jesús Trillo-Figueroa

El socialismo español no es como el de antes: nihilismo, feminismo y radicalismo ideológico han hecho del PSOE algo muy especial.

El autor de este ensayo es de sobra conocido por el público español, más por el protagonismo político de su hermano que como pensador consumado. No por ello estas páginas dejan de tener interés, pues abordan un tema sumamente interesante: la deriva ideológica del socialismo tras la caída del muro de Berlín.

 

Frente a el pragmatismo de la tercera vía, adoptado por Blair, algunas propuestas del socialismo español son el fruto de un larvado proceso ideológico. El estructuralismo, el posestructuralismo y los deconstructivistas remodelaron las tesis marxistas hasta tal punto que transformaron el marxismo en una sutil ideología, por no decir psicología.

 

Marcuse, Habermas, Foucault o Derrida, entre otros, iniciaron un proceso de deconstrucción de toda la cultura y del lenguaje hasta tal punto que la cultura moderna se ha transformado en una agente del nihilismo imperante. El propio Derrida, relativizador de todo lenguaje como medio de aproximación a la verdad, afirmaba una única realidad “no deconstruible”: “Lo que permanece irreductible a toda deconstrucción, lo que permanece indeconstruible como posibilidad misma de la deconstrucción es quizá una cierta promesa de emancipación; quizá es la formalidad de un mesianismo estructural, un mesianismo sin religión, incluso un mesianismo sin mesianismo”.

El análisis de estos autores y escuelas se hacen imprescindibles para entender la tesis con la que arranca este libro: a pesar de la crisis del marxismo político, la izquierda -sobre todo en España- mantiene una “hegemonía cultural”. La derecha debe entonar su mea culpa por haber dejado el ámbito de la cultura y del pensamiento en manos de la izquierda.

 

En este sentido, este libro es un loable intento de poner un poco de orden en el mundo de las ideas. Aunque, sin embargo, Jesús Trillo intenta que todo el análisis de fondo tenga una aplicación práctica a la hora de entender las evoluciones del socialismo español, a partir de la victoria electoral en 2004.

 

Ello lleva a que la lectura del libro quede a veces innecesariamente interrumpida por algunos incisos prescindibles referidos a la política actual en España. No obstante el libro guarda un cierto orden en tres partes claramente (¿excesivamente?) diferenciadas.

 

En la primera parte se analiza la evolución del socialismo español. Esta parte del texto es demasiado esquemática y quizá recurre a excesivas generalizaciones.

 

Una segunda parte, más conseguida y madura, atiende a las transformaciones y hegemonías culturales de la izquierda en general.

 

Una última parte intenta penetrar en el análisis, más sociológico, de las entrañas del partido socialista. Este análisis se centra especialmente en el triunfo de las corrientes feministas más radicales dentro de la ejecutiva del partido. Zapatero no deja de ser un neoconverso a las tesis feministas. Junto al feminismo, la “nueva izquierda radical” se ha construido a base de los restos de partidos de izquierda radical integrados en el PSOE o los “nuevos movimientos sociales”: colectivos de homosexuales, pacifistas, antiglobalizadores o ecologistas.

A pesar de que el libro es irregular, su lectura es recomendable pues ayudará al lector a darse cuenta de que las ideas siguen moviendo el mundo y la política. Además, y es de agradecer en un libro de estas características, no se realiza ninguna apología gratuita de la “democracia” desde la derecha. De ridículos, los menos posibles.

 

La ideología invisible. El pensamiento de la nueva izquierda radical.
Jesús Trillo-Figueroa
LibrosLibres,

Madrid, 2005

377 páginas

Alfonso Carlos Amaritriain

 

Forum Libertas, 29 de septiembre de 2006

DISCURSO ÍNTEGRO DE TERESA JIMÉNEZ BECERRIL

DISCURSO ÍNTEGRO DE TERESA JIMÉNEZ BECERRIL

La hermana de Alberto Jiménez Becerill, el concejal del PP asesinado junto a su esposa por ETA, fue la encargada de leer uno de los discursos más emotivos con los que se cerró la multitudinaria manifestacdión de la AVT este domingo en la capital hispalense. Teresa reprochó las ausencias del alcalde de Sevilla y del presidente de la Junta, socialistas los dos, y el primero, además, presidente de la Fundación Alberto Jiménez Becerril. Por su interés, reproducimos íntegramente sus palabras:

"Viendo a todas estas personas que están hoy aquí en Sevilla, apoyando a las víctimas del terrorismo, no puedo evitar el sentirme orgullosa de mi tierra, donde a los terroristas se les llama asesinos, y donde cualquier español puede vivir sin miedo.

Voy a intentar hablar bajito para no molestar a nadie. No vaya luego a escucharme cualquier escritor famoso y me diga que no sé pensar sino chillar. Ojalá no pensara en que ETA asesinó a mi hermano y a su mujer hace 8 años, aquí, en Sevilla. Pero pienso, y no tengo más remedio que gritarles “ASESINOS” aunque al Sr. Gala no le guste recordarlo.

Mi hermano, Alberto Jiménez Becerril, fue teniente de alcalde de esta ciudad, a la que dedicó su vida y donde él y su mujer trabajaron, disfrutaron y criaron a sus hijos hasta que la banda terrorista ETA decidió que ya no los iban a criar más. Desde entonces, viven con mi madre, pido desde aquí un fuerte aplauso de apoyo para ella.

Yo no estoy aquí hablando sólo en mi nombre, sino en el de tantas víctimas de ETA, de tantos jóvenes andaluces que murieron en el País Vasco y a los que querría hoy devolver la memoria que en su día le negaron. Pero aunque yo hablase sólo en mi nombre, mi testimonio valdría por si solo.

Que una banda terrorista haya asesinado a dos personas y haya dejado sin padres a tres niños, sería motivo suficiente para darle con la puerta en las narices a cualquiera que venga en su nombre. Eso sería lo justo. Sin embargo, hemos visto como la puerta se abría de par en par y los voceros de ETA eran recibidos por los representantes del señor Zapatero, con sonrisas y apretones de mano. Lo siguiente será ver de nuevo a Otegi y a Patxi López, que se pasean por el Parlamento Europeo, como buenos amigos, intentando vender una paz que aquí en España no se vende. Buenos españoles, estos socialistas que van a Europa a criticar a las víctimas y a pedir solidaridad para los terroristas.

Yo acabo de llegar del Parlamento Europeo, donde he ido a contar el daño que ETA nos causó y el porqué no es moral negociar con quien ni se arrepiente, ni deja las armas. No se imaginan lo triste que puede llegar a ser ir mendigando a un diputado inglés, a un belga y a una irlandesa un poco de comprensión, sabiendo que al final, seguramente, darán su apoyo a este “vergonzoso proceso de paz”. Si Europa no sabe distinguir entre un terrorista y un hombre como Alberto, que murió por ser español y por ser libre, entonces yo no me considero europea. O al menos no de esa Europa que antepone los intereses políticos a los derechos humanos.

Ningún parlamentario socialista europeo, excepto Rosa Díez, que nada contra corriente, estuvo en el Parlamento Europeo viendo la exposición de las víctimas del terrorismo. ¿Por qué no vinieron a ver las fotos que mostraban el cadáver de Miguel Ángel Blanco, o a Rosa María Alcaraz que llora a sus hijas muertas, o a Ortega Lara que sale del zulo donde estuvo casi dos años. Yo os diré el porqué. Porque no tienen valor de venir donde estamos las víctimas, porque somos la memoria viva de los horrores cometidos por aquellos con los que ahora quieren negociar con la bendición de la Europa democrática.

No sé si el alcalde de Sevilla y el presidente de la Junta de Andalucía han sido más valientes que sus colegas europeos y están hoy aquí, entre nosotros. Aunque no sería coherente que abracen a mi madre en público y la traicionen por la espalda. Si estos señores no están aquí, mañana no saldrán en la foto y Zapatero se lo agradecerá. Pero habrán perdido una buena oportunidad para que yo, víctima del terrorismo, sevillana y andaluza, les diera las gracias en nombre de mi hermano, de su mujer y de tantos otros.

No quiero despedirme sin agradecer a mis sobrinos el estar hoy aquí, en medio de vosotros. No les veo, pero mientras he hablado les he tenido en mi corazón. Sé lo duro que tiene que ser esto y quiero decirles que estoy orgullosa de ellos y que espero que el día de mañana tengan un presidente del Gobierno en el que puedan confiar ya que el que tienen hoy sigue intentando convencerlos de que los disparos al aire son un buen comienzo para dialogar. Mis sobrinos son niños Sr. Zapatero, pero no son tontos".

Libertad Digital, 2 de septiembre de 2006

 

Ibarretxe: «Estamos hablando, estamos sentados, pero no sé cuánto tardaremos»

Ibarretxe: «Estamos hablando, estamos sentados, pero no sé cuánto tardaremos»

 

Como hiciera el domingo la portavoz de Lakua, Miren Azkarate, el jefe del Ejecutivo, Juan José Ibarretxe, se declaró ayer optimista respecto a la actual situación política, especialmente porque «está abierta, con todas las consecuencias, la relación entre los partidos políticos», de los que dijo que «cuenta con más madurez que nunca para abordar este proceso».

El lehendakari se expresó así en el IV Encuentro de la Cámara de Comercio de Bilbo, ante empresarios y otros cargos institucionales. Allí confirmó que «estamos trabajando, estamos hablando, estamos sentados», si bien matizó que desconoce «lo que tardaremos en avanzar. Pero sí sé que si no estuviésemos sentados, no alcanzaríamos un acuerdo nunca».

En este contexto, Juan José Ibarretxe dijo entender que los ciudadanos estén preocupados, pero animó a trasladar «un mensaje de optimismo». Instó también, en cualquier caso, a «ser equilibrados, porque no hacemos bien trasladando un mensaje positivo por la mañana y un mensaje negativo o pesimista por la noche».

Juan José Ibarretxe añadió que «si alguien en el ámbito de la política no cree en este proceso, lo mejor que puede hacer es apartarse, porque cuando no se cree en algo es casi imposible que se consiga».

Aprovechó además el acto celebrado en la Cámara de Comercio para agradecer a los empresarios su colaboración para encontrar una solución y les prometió que «vamos a ver este país en paz y con acuerdos políticos de convivencia entre España y Euskadi».

Gara, 3 de septiembre de 2006

 

Aznar critica la fascinación de los progres frente al fanatismo islámico

Aznar critica la fascinación de los progres frente al fanatismo islámico

El expresidente del Gobierno sigue criticando la fascinación de los progresistas con el Islam radical, que ataca sistemáticamente todo lo que la izquierda dice defender (libertad de expresión, los homosexuales, la dignidad de la mujer...).

José María Aznar, expresidente del Gobierno, se mostró abiertamente crítico con los islamistas radicales en su última aparición pública, muy en la línea de otros colegas europeos, como Angela Merkel, y de forma completamente diferente a lo que ha hecho Rodríguez Zapatero.

En una intervención durante su nombramiento como profesor honorario en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Lima dijo:

"Otra fecha que todos recordamos es el 11 de septiembre de 2001. Es un día de ignominia y de vergüenza. Ese día despertamos del sueño en el que estábamos sumidos a final del siglo pasado. La realidad era difícil de asumir. Tenemos enemigos. Y esos enemigos quieren destruirnos".

Criticó con dureza la admiración que los progres en nuestro país profesan al Islam radical, y que se ve amparada por la Alianza de Civilizaciones y con llamamientos a la paz mundial. Una de las razones que explican la proclividad musulmana de la izquierda europea –tanto la caviar como la del puño cerrado-, es que percibe el islamismo como una fuerza antisistema y por tanto como un engorro para Estados Unidos.

Tal y como comentó Aznar:

"Una cierta izquierda, sin utopía y sin ideales, sin argumentos y sin proyecto ideológico, decide emprender sin complejos el camino del relativismo, excusa para socavar los cimientos de la sociedad libre, y abrazar las causas radicales".

Y es que, sólo con ese telón de fondo se puede entender que periódicamente bandadas de mujeres de la farándula, cuyas costumbres, hábitos, biografías y legítimas libertades las harían candidatas al flagelo o la lapidación en cualquier país islámico, se tomen la molestia de viajar a Gaza, a Iraq o cualquier territorio repleto de fieles al profeta Mahoma, para proclamar allí su apoyo al gerifalte de turno. Les da y les ha dado igual que el elogiado se llamase Sadam Husein, Yaser Arafat o Almanzor. El único requisito imprescindible suele ser que el venerado odie mucho a los norteamericanos, hable pestes de Occidente y amenace a Israel.

Texto íntegro de la conferencia.

 

Quiero que mis primeras palabras sean para expresar mi más profundo agradecimiento por el honor y la distinción que hoy recibo al ser investido como profesor honorario de esta prestigiosa Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Conozco desde hace años el trabajo excelente y los principios sólidos que cimentan el trabajo de esta Universidad. Por eso, a la satisfacción por recibir un honor como el que hoy se me hace, se une el orgullo de pertenecer a partir de ahora, si quiera de manera honoraria, a un claustro de profesores tan solvente y reputado.

Se me invita a hacer una reflexión, que hace las veces de primera lección, sobre los retos que hay en el mundo de hoy para la libertad y el progreso. No es una tarea fácil resolver en unos cuantos minutos la cuestión. Pero creo que la cuestión está bien planteada. La libertad y el progreso tienen retos en el mundo de hoy, es decir, que hay amenazas serias, vitales si se quiere, contra la libertad y el progreso.

Hay que decir que tampoco es algo nuevo. La historia nos enseña que la falta de libertad y la falta de progreso son abrumadoramente mayoritarios en la Historia de la Humanidad. Durante siglos millones de personas, en las distintas culturas, lugares históricos y tiempos, han vivido sus vidas con su capacidad de acción cercenada, con oportunidades muy limitadas, en definitiva, con su libertad muy mermada y en condiciones de bienestar que hoy nos parecerían francamente inaceptables.

Pero también hay que señalar con la misma contundencia que la libertad humana, la concepción de la persona como un ser lleno de dignidad inalienable y libre y responsable en sus actos es una aspiración y que se ha ido conformando a lo largo de los siglos. Me gustaría recordar hoy que ese es la concepción correcta y que cualquier otra concepción que niegue ese dignidad fundamental, sea cual sea la cosmovisión filosófica o religiosa que esté detrás, ha llevado en términos históricos a niveles de sufrimiento y de miseria humana inaceptables.

La libertad y el progreso han sido lentas conquistas de la humanidad, con aportaciones de distintas culturas y tradiciones. Y sin dudo la libertad humana es, en las palabras inmortales de Miguel de Cervantes, “el bien más preciado que los cielos dieron a los hombres y por el cual se puede y aun se debe arriesgar la vida”. Pese a los cuatro siglos transcurrido desde entonces, creo que no se puede sintetizar mejor de lo que estamos hablando y que es el asunto de mi disertación.

Por otra parte conviene recordar que el progreso económico está ligado históricamente a las sociedades en donde más libertad e iniciativa se reconocía las personas que las conformaban. Si miramos el mapa de las naciones más prósperas del mundo y las de aquellas que han gozado de más libertad política veremos que coinciden de manera perfecta. A más libertad hay más prosperidad. Y eso es una prueba de que las personas, en un ambiente de respeto a sus derechos y de libertad, pueden desarrollar la iniciativa, la imaginación y la innovación que han sido desde los albores de la historia los motores del progreso económico y del bienestar. Pero también hay que recordar que nada está ganado y que la historia no es lineal, que puede haber y de hecho hay retrocesos en la libertad y en el progreso.

Llegados a reste punto conviene hacerse una pregunta: ¿Cuándo empieza el mundo de hoy? Posiblemente sea una tarea imposible de resolver. Pero me parece que hay dos fechas que todos los que estamos aquí presentes tenemos vivas en nuestra memoria. Me refiero al 9 de noviembre de 1989 y al 11 de septiembre de 2001. Y las dos tienen una significación muy precisa y de la que es posible extraer algunas reflexiones útiles e interesantes para afrontar los retos del futuro. A ello hay que añadir un tercer elemento que es la revolución tecnológica y la globalización.

El 9 de noviembre de 1989 fue derribado el Muro de Berlín. A muchos nos sorprendió ese torrente de libertad que fue capaz de liquidar un símbolo de la infamia y de la opresión que había dividido a Europa durante décadas y que a vece3s parecía eterno. Fue un día de alegría y de esperanza desbordantes. El Muro era la encarnación de la opresión comunista, esa utopía totalitaria que causó millones de muertos el siglo pasado y que oprimió y arruinó las vidas de millones de personas durante décadas.

El comunismo es una clase de una especie común: la del totalitarismo utópico. Comparte muchas características con el otro horror del siglo XX, el nacionalsocialismo y el fascismo. Lo que une a todos ellos es el afán de implantar una utopía social por encima de los derechos de las personas. El llamado hombre nuevo no podía detenerse, en la mente y en la acción de los dirigentes comunistas así como en la de los nazis, frente a la pequeñez de las personas que tenían una dignidad y unos derechos.

La utopía no se detenía frente a la realidad de personas de carne y hueso con derechos y libertades. Los derechos del individuo tenían que ceder frente a los derechos de la colectividad, fuera este la comunidad racial y nacional de los nacionalsocialistas o la clase oprimida del proletariado que construiría el paraíso comunista.

El final de la Historia lo conocemos todos. Auschwitz y el Gulag causaron millones de muertos. Arruinaron naciones enteras durantes décadas. Los espejismos de supuestos éxitos económicos parecen hoy una cruel ironía ante los crímenes que fueron cometidos para construir esos supuestos paraísos que escondían la más brutal crueldad. Fue necesaria una guerra costosísima para hacer frente y derrotar al nacionalsocialismo. Antes muchos entonces se negaban a afrontar la realidad y pensaban que el apaciguamiento funcionaría. Ese error fatal no hizo sino complicar las cosas y causar más sufrimiento.

Para derrotar al comunismo fue necesaria otra Guerra, mal llamada fría si pensamos en los millones de personas que murieron al otro lado del Telón de Acero por defender su dignidad y su libertad, con el único delito de no ser uno sumisos absolutos al poder despótico de los creadores de la nueva sociedad. Gracias al coraje de los que supieron defender en ese infierno del totalitarismo comunista y al apoyo de personas con principios, el Muro De Berlín fue derribado esa noche de noviembre que está en nuestra memoria.

La diferencia es que hoy el nacionalsocialismo está desacreditado. Nadie presumiría de simpatías nazis. Sus crímenes fueron juzgados y condenados y hoy son sinónimo del horror sin límites. No ocurre así con el comunismo, que fue cortejado por los intelectuales de izquierda y aun hoy sigue siendo una referencia para muchos. Sus crímenes son menos conocidos y condenados, incluso disculpados, pero fueron mayores en número e iguales en crueldad a los del nacionalsocialismo

Al derribar y desparecer el Muro de Berlín, pensamos que el mundo iniciaba una senda de crecimiento y de libertad. Algunos pensaban que había llegado el fin de la Historia y que la libertad y los derechos de la persona se extenderían y se reconocerían a todos en el mundo. Las excepciones que pervivían, como la cruel tiranía de Cuba, se pensaba que aguantarían poco tiempo y que las excepciones cederían ante el impulso irrefrenable de la libertad. La utopía que había guiado a la izquierda durante décadas se había derrumbado estrepitosamente, dejando huérfanos a los izquierdistas que disfrutaban de las libertades occidentales pero que detestaban los fundamentos y los valores de las sociedades libres, imbuidos de la fatal arrogancia que tienen todos los ingenieros sociales.

En ese momento ocurre un fenómeno muy significativo cuyas consecuencias estamos sufriendo hoy en día. Una cierta izquierda, sin utopía y sin ideales, sin argumentos y sin proyecto ideológico, decide emprender sin complejos el camino del relativismo, excusa para socavar los cimientos de la sociedad libre, y abrazar las causas radicales.

Ante la ausencia de proyecto se dedica a intentar socavar los fundamentos de las sociedades libres. Se obnubila ante el radicalismo islámico, fascinado por otra utopía totalitaria, aunque ese suponga negar los derechos y la igualdad entre hombre y mujeres. Decide ganar apoyos dando la razón a grupúsculos extremistas. Han atacado con dureza y resentimiento a la familia; han dado la razón a quienes han utilizado la violencia para conseguir sus fines; se han fascinado con el radicalismo islámico y culpan a Occidente de los embates del terrorismo que quiere destruir nuestras sociedades.

Sabíamos que los enemigos de la libertad no descansaban y que estaban dispuestos a imponer sus utopías sangrientas. Lo habíamos visto en los Balcanes, donde despertó con fuerza el nacionalismo radical, excluyente y asesino. Lo vimos también en África con el genocidio que se perpetró en la región de los Grandes Lagos. Occidente reaccionó con tibieza, perezoso y con miedo a defender con decisión sus principios y sus valores. Pensó que las tragedias sólo les ocurrían a los otros y que podía sufrir esos crímenes en las pantallas de sus televisores. No era una opción valiente, pero era cómoda y parecía que nuestra libertad y nuestro progreso no se verían afectados.

La otra fecha que todos recordamos es el 11 de septiembre de 2001. Es un día de ignominia y de vergüenza. Ese día despertamos del sueño en el que estábamos sumidos a final del siglo pasado. La realidad era difícil de asumir. Tenemos enemigos. Y esos enemigos quieren destruirnos.

Pero como en los años treinta del siglo pasado, cuando las utopías totalitarias mostraban claras señales de no arredrarse ante cualquier límite moral o humano, Occidente prefirió no hacer caso a las nubes de tormenta que se avecinaban.

El 11 de septiembre de 2001 esas nubes descargaron toda su ira destructora contra la civilización y contra los valores de Occidente. Ese día no sólo fueron atacados Nueva York y Washington. Fueron atacados los valores de la dignidad de la persona, la libertad y el estado de derecho. Y quienes lo hicieron tenían y tienen la voluntad de destruir a quienes no se plieguen a sus designios. No sólo en lo que llamamos geográficamente Occidente. También en la India o en los países musulmanes que buscan avanzar por el camino de la libertad y de la democracia.

Porque los islamistas totalitarios saben que su arma más eficaz es el terror y su objetivo primero es amedrentar a los que se oponen a ellos. Y su primer objetivo son los países musulmanes, destruir a Israel y continuar destruyendo a Occidente. Es una ideología totalitaria con ambiciones globales. Y eso es nuevo en los terrorismos que habíamos sufrido desde el final de la Segunda Guerra Mundial, pero no ajeno al nacionalsocialismo ni al comunismo.

Por eso creo que la expresión islamofascismo es correcta para designar a la ideología que mueve a los terroristas del 11 de septiembre o a los que han sembrado de sangre las calles de Estambul, Bagdad o Afganistán. Su fin es destruir o que se rindan aquellos que quieren reconocer los derechos de las personas en todo el mundo, con independencia de las herencias culturales o de las tradiciones religiosas.

Por eso creo que el reto más importante al que hoy se enfrenta la civilización es vencer a los enemigos de la libertad. Porque estoy convencido de que de ello depende nuestra supervivencia y el progreso de todo el mundo. Y para ello creo que es necesario ser firme en la defensa de nuestros valores de nuestra identidad. Sin ir más allá de Europa creo que lo que ha pasado con las caricaturas de Mahoma y con el discurso de Su Santidad Benedicto XVI en Ratisbona es muy significativo.

Lo primero que tenemos que hacer es asumir que tenemos enemigos. Que hay gente que está determinada a destruir nuestras libertades y que no reconoce límites para imponer su voluntad, incluyendo el uso más despiadado del terror. Y para ello hay que reforzar nuestra identidad, la de los valores que nacen de la tradición occidental pero que son sin duda universales.

También hay que reconocer que hay aliados de los enemigos de la libertad. Lo vemos en el resurgir de viejos fantasmas del pasado. Si quienes defendemos las sociedades abiertas y libres retrocedemos los otros llenarán el vacío. Y haríamos bien en tomar en cuenta esas nuevas amenazas. Lo vemos en el resurgir de la utopía comunista. Es más que inquietante que en esta región se empeñen en construir el socialismo del siglo XXI cuando sabemos los crímenes y las desgracias que causó el del siglo XX. Y eso ha ocurrido en este continente desde finales del siglo pasado. Los enemigos de la sociedad abierta han visto una oportunidad que podían aprovechar ante la ofensiva del islamofascismo. Y deberíamos pensar en qué significado tiene que una manifestación convocada por una organización terrorista como Hizbollah enarbole pancartas con las imágenes de su líder hermanado con un determinado dirigente latinoamericano.

Lo segundo que debemos hacer es tener determinación para derrotar a esos enemigos. Utilizando las herramientas que tenemos a nuestro alcance. Apoyando a los que defienden la libertad en países que la niegan a sus nacionales. Pensemos en la actitud valiente y gallarda de los millones de iraquíes y afganos que han desafiado las bombas de los fundamentalistas para ejercer su derecho al voto y acudir a las urnas. Pensemos en los disidentes cubanos que son perseguidos en su país por los últimos coletazos de una tiranía tan sangrienta como caduca. En los opositores iraníes. En quienes trabajan por la libertad de prensa e información en China. Quienes se empeñan en defender los derechos y las libertades de todos en Venezuela.

En tercer lugar creo que es importante unir y coaligar a los que amamos la libertad frente a los distintos enemigos que se ciernen sobre ella.

Por último creo que es importante no sólo exportar libertad, también prosperidad. Y creo firmemente que sólo hay un camino, porque no hay atajos para la lograr el progreso económico. La economía de mercado, la apertura, las instituciones, la confianza. Eso se puede hacer y se debe fomentar. Frente al proteccionismo, el nacionalismo económico, el intervensionismo. El mundo no se para. Asia está haciendo un avance espectacular. América Latina se puede sumar. Y las oportunidades llegarán si hay instituciones sólidas, que garanticen los derechos de propiedad y den oportunidades a la iniciativa y al espíritu emprendedor de la personas. Estoy convencido también de que ese el camino correcto para crear mejores condiciones sociales en los países que ahora sufren grandes bolsas de pobreza.

Concluyo estas reflexiones agradeciendo una vez más el honor y la distinción que recibo de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Me honra estar ligado a una institución que defiende y promueve los valores de la libertad y de la responsabilidad individual. Estoy convencido de que el trabajo de instituciones como la de esta Casa es fundamental para hacer frente con éxito a los retos que la libertad y el progreso tienen en el mundo de hoy.

Muchas gracias.

 

Periodista Digital, 3 de septiembre de 2006

Partidos vascos aseguran que están duplicando los contactos para la mesa

Partidos vascos aseguran que están duplicando los contactos para la mesa


Formaciones políticas como el PNV, EA, Aralar o EB coincidieron ayer en asegurar que en estos últimos días se están incrementando las conversaciones de cara a conformar la mesa de partidos. Mientras la portavoz del Gobierno de Lakua dijo que existe «un empeño renovado», los dirigentes jeltzales y de EA hablaron de «esfuerzos redoblados» a este respecto. Madrazo (EB) dijo esperar que pronto puedan anunciar que la comisión preparatoria «es una realidad».

La portavoz de Lakua, Miren Azkarate, aseguró que existe «un empeño renovado en el conjunto de partidos políticos para alcanzar un acuerdo y buscar puntos de encuentro» para la futura constitución de una mesa. En la celebración del Kilometroak, en Oiartzun, recordó que recientemente el lehendakari, Juan José Ibarretxe, «abogó por que existan más contactos» entre partidos y propuso organizar «una comisión preparatoria» en la que se está «trabajando» y para la que «sigue habiendo contactos». Para Azkarate, «lo más importante es acordar cuanto antes la metodología, los contenidos y el calendario, para que cuando se constituya la mesa lo haga con verdaderas garantías».

En esa idea ahondó el presidente del GBB del PNV, Joseba Egibar, quien, tras decir que no le «consta» que a día de hoy exista un preacuerdo para conformar la mesa de partidos, advirtió de que para ello será necesario consensuar no sólo los «aspectos técnicos», sino «un acuerdo de mayor calado y profundidad». Reconoció que, cuando han pasado seis meses desde el alto el fuego de ETA, las formaciones han «redoblado los esfuerzos», pero apostilló que «tampoco vamos a ser tan ingenuos de pensar que se va a constituir una mesa sin más». Reiteró que, además de acordar «de qué se va a hablar, las bases y los mínimos necesarios para superar la actual situación de bloqueo», tendrán que lograr «un acuerdo de calado» sobre qué «compromisos adopta cada uno» en relación a los pasos a dar para superar el conflicto.

También la presidenta de EA, Begoña Errazti, aseguró que algunos partidos «estamos redoblando los esfuerzos para avanzar en el camino del encuentro de las ideas y de buscar posibles puntos de encuentro que nos permitan llegar a la mesa de partidos y, por tanto, a los acuerdos definitivos de solución. Tenemos que contrastar cuáles son nuestros puntos de vista y los temas que luego serán el objeto de discusión».

Patxi Zabaleta (Aralar) también dijo tener conocimiento de que «existe voluntad y deseo de impulsar los foros de diálogo».

Desde EB, Javier Madrazo afirmó que los partidos mantienen conversaciones «para conformar la comisión preparatoria de la mesa», y dijo esperar que pronto puedan anunciar que ya «es una realidad». Cree que, para ello, «sólo falta que el PSOE dé luz verde» a su creación y que Batasuna «de verdad se comprometa por las vías políticas y democráticas y rechace la kale borroka».

EB se concentró en Donostia en pro de la mesa de partidos, demanda a la que se sumó el Nobel de Literatura José Saramago, quien cree que el remedio es que «se reúna lo más pronto que se pueda la mesa de partidos» y que el Ejecutivo español dé «los pasos que efectivamente puedan dar la garantía de que esto va en serio».

Gara, 2 de octubre de 2006

 

Consideraciones en torno al conflicto libanés

Consideraciones en torno al conflicto libanés

¿Islamo-fascismo o islamo-nazismo?; los chiíes a la conquista de la Umma; el silencio de los lobos musulmanes; la oposición chií al proyecto de Ahmadineyad; la ambigüedad de ciertos ambientes cristianos medio-orientales y occidentales; la indiferencia de Occidente como arma contra el Papa

Resulta curioso que el “progresista” gobierno de España y sus correas de transmisión en los medios de comunicación no dediquen parte de su tiempo a debatir sobre el término utilizado por el presidente americano Bush para definir a los terroristas islámicos: “islamo-fascismo”. Y ello porque el término, como nos refiere el sociólogo de las religiones Massimo Introvigne, ha sido acuñado por intelectuales liberal americanos, esto es, “progresistas”. En realidad, independientemente de la intención táctica de Bush por usar un término creado por sus adversarios políticos, es inexacto hablar de “islamo-fascismo” ya que el término que mejor define a la galaxia islamo-terrorista es el de “islamo-nazi”.

En efecto, como nos cuenta el anteriormente citado sociólogo Massimo Introvigne, “[...] Sobre todo desde que Ahmadineyad se ha apoderado del régimen iraní, éste se ha convertido en lo más parecido al nacional-socialismo que el mundo haya conocido en su historia. Cierto, las raíces culturales de la Alemania de Hitler y del Irán de los ayatolás son distintas. Pero los sociólogos han puesto en evidencia como el milenarismo, la espera de acontecimientos apocalípticos y de una inminente transformación radical del mundo, son una categoría universal que, aunque se decline con lenguajes distintos, tiende a producir los mismos resultados mortíferos. Hitler pensaba en un Reich milenario dominado por la raza aria, una “Alemania de mil años” cuyos ejércitos sojuzgarían al mundo entero. Ahmadineyad, que se inspira en los temas más milenaristas del complejo pensamiento de Jomeini (1), cree firmemente en el mito chií del imán escondido que saldrá a la superficie de su plurisecular ocultación para guiar la Shia en la conquista del mundo.

“Piensa realmente que el imán escondido emergerá de un pozo de una remota región iraní, alrededor de la cual ya ha ordenado construir un lujoso palacio para acogerlo y hoteles de siete estrellas. Ben Laden, por su parte, utiliza una literatura sunní, sobre todo egipcia, centrada en el choque final entre el Dajjal, el Anticristo, y el Mesías islámico, el Mahdi (2). Ni valen las objeciones del sociólogo asesor de Chirac, Gilles Kepel, según el cual no se puede hablar de fascismo o nacionalsocialismo, porque Mussolini y Hitler tenían un seguimiento masivo que Ben Laden o Nasrallah no tienen: cierto, los terroristas activos son (relativamente) pocos, pero los fundamentalistas son millones” .

“La locura milenarista necesita siempre de un chivo expiatorio que destruir para que el plan del mesías milenario de turno triunfe. Para Hitler y para Ahmadineyad el chivo expiatorio es el mismo: los judíos. Cada día el presidente iraní predica con más claridad el exterminio no sólo de Israel sino de los judíos en general, exactamente como Hitler en los años treinta. Nasrallah es su eco. Y, como entonces, hay una clase política del mundo libre que se tapa los oídos para no escuchar. ¿Vamos al Líbano a luchar contra el islamo-nazismo o a protegerlo de Israel? Si la respuesta será ambigua, retumbarán ecos siniestros de la conferencia de Munich de 1938, donde Europa frente al nazismo – como dijo Churchill – “eligió la vergüenza para no tener la guerra, y acabó por tener la guerra y la vergüenza” (3).

Preparémonos pues, si no queremos repetir los errores de la historia, a librar una batalla cultural que desaloje al discurso imperante de la nueva alianza antioccidental (y anticristiana) islamo-social-comuno-mundialista ya que sólo de esta manera podremos mirar, sin miedo pero con realismo, al enemigo en la cara y plantarle batalla. De lo contrario, a fuer de pacifismos y antiamericanismos a veces invocados desde ciertos ambientes católicos de forma cuando menos superficial, nos veremos abocados a la desaparición del mundo occidental y cristiano (en especial europeo) en aras de una civilización islámica. Pues no nos engañemos: si hoy no apoyamos a quienes luchan en primera línea contra el terrorismo islámico, esto es Israel, (y ello independientemente de los elementos religiosos, culturales, históricos, etc., que nos separan de los que por otra parte podemos y debemos considerar (a ciertas condiciones) “hermanos mayores” debido a nuestra herencia espiritual semita – Pío XI dixit), estaremos favoreciendo el triunfo de la alianza entre Al Qaeda, Irán y (aunque reducido al rango de Estado satélite) Siria, con todas las consecuencias funestas (inclusive una posible guerra nuclear) que ello acarrearía. Todo esto junto al proceso de descristianización y cristofobia que contradistingue a Europa en general, y a España en particular, sin olvidar la política suicida y demagógica frente al fenómeno de la inmigración (en especial islámica) nos da una idea de cuál podría ser nuestro porvenir. De aquí la necesidad de un sano realismo pragmático que sepa conciliar la reconquista católica de la sociedad (a través, in primis, de nuestra conversión diaria y de nuestro testimonio individual y asociativo) con una visión clara y realista de quiénes son nuestros aliados y nuestros enemigos, haciendo oídos sordos a los cantos de sirena de aquellos que con la excusa de la paz, del antiamericanismo y de la política “desproporcionada” de Israel, quieren vendarnos los ojos para que no podamos salvarnos del precipicio.

2. A alguien, quizás, le llame la atención que haya nombrado a Al Qaeda, a Irán y a Siria y no a otros países musulmanes cuando no al islam en su totalidad. ¿Significa ello que no considere a países como Arabia Saudí, Sudán, Somalia, etc., o al islam como un peligro? En absoluto. Únicamente con ello quería evidenciar un elemento (a su vez manifestación clara de la guerra civil intra-islámica auténtico detonante de la Cuarta Guerra Mundial en curso [4]) que ha pasado desapercibido a los más durante el conflicto que ha opuesto Israel al satélite terrorista de Irán y Siria en Líbano, Hizbulá: el silencio sonoro de las calles musulmanas.

En efecto, remitiéndome una vez más al sociólogo (y experto de islam y de terrorismo islámico) Massimo Introvigne, [...] Desde hace años era suficiente una mínima retorsión israelí para que desde Yakarta a Trípoli masas movilizadas por regímenes o por organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes invadieran las calles gritando “Muerte a Israel”. Esta vez las calles árabes no asisten a movilizaciones. La diferencia con lo ocurrido hace apenas unos meses a causa de las viñetas danesas llama poderosamente la atención.

“Lo que ocurre es que ya sean los dictadores nacionalistas (como Gadafi) ya sean sus enemigos, los Hermanos Musulmanes, entienden perfectamente aquello que los documentos de la ONU y del G8 no dicen, esto es, que el ataque a Israel no es una iniciativa espontánea de los Hizbulá y de Hamas sino que ha sido programado (desde hace meses), financiada y dirigida por Teherán y Damasco. La ONU y el G8 no pueden decirlo por los vetos de una Francia fiel a su tradición filosiria y antiamericana. Pero los musulmanes lo saben. Los jefes de Estado nacionalistas han entendido perfectamente que está en juego la hegemonía sobre todo el mundo árabe por parte de una nueva cúpula, cuya cabeza está en Teherán, que ha reducido a Siria al rango de Estado satélite y que – tras haber inducido a Ben Laden a librarse del anti-chií al-Zarqawi proporcionando a los americanos información sobre su paradero – ha reclutado también a Al Qaeda.

“Esta cúpula, cuyo líder Ahmadineyad cree en un islam apocalíptico y espera con fervor el fin del mundo, considera a los dictadores nacionalistas laicos como una peste que infecta al mundo islámico. Tolera Assad en Siria porque su familia no es laica sino alauita, seguidora de una forma extremista chií sobre cuya heterodoxia Ahmadineyad ha decidido cerrar un ojo. En cuanto a los Hermanos Musulmanes, la familia Assad en Siria ha asesinado unos setenta y cinco mil. Los Hermanos además son sunníes y el trato recibido por las minorías sunníes allí donde llegan los chiíes iraníes no les deja esperar nada bueno. En teoría también Ben Laden es sunní, pero su ideología ya se puede considerar como un tercer islam, apocalíptico y violento, que pasa por encima de la tradicional distinción entre sunníes y chiíes y que – con el uso desenfadado del tráfico de drogas y sus relaciones con el hampa en distintos países – poco o nada tiene que ver con la puritana (y anti-chií) tradición wahhabita de Arabia Saudí en la cual el superterrorista ha sido educado”.

Cabe apuntar que no obstante la adhesión discreta de Ben Laden a la alianza con Irán y Siria (que no olvidemos trata de cambiar las relaciones de fuerza en el mundo islámico, donde los chiíes representan un 15% del total frente a los sunníes que constituyen un 80% con un resto – 5% – de denominaciones menores), el plan de Irán (y subordinamente de Siria) ha creado preocupación en la red terrorista del millonario saudí. En efecto, a los dirigentes (empezando por el número dos Al Zawahiri) y a los comandantes de segunda generación de Arabia Saudí, Pakistán e Iraq han llegado por medio de internet muchas críticas a los errores estratégicos y doctrinales de Hizbulá y, por tanto, implícitamente a Irán (5).

Estando así las cosas, la más numerosa manifestación anti-israelí ha tenido lugar en Cuba y contra Israel protestan más José Blanco, Moratinos y Zapatero que Gadafi. Los reyes de Marruecos, de Jordania, de Arabia Saudí dicen en privado a los americanos lo que no pueden decir públicamente: ninguna paz es posible hasta que no se acabe con los regímenes de Teherán y de Damasco. Los Hermanos Musulmanes son una organización compleja y plétora de corrientes, a alguna de las cuales no le disgustaría lo más mínimo el derrocamiento de Ahmadineyad. Por ello las calles musulmanas siguen haciendo ruido con su silencio.

3. Frente a la preocupación que despierta en el mundo sunní (y no sólo en él como veremos) el plan de Irán, algunos consideran que se debería aprovechar la rivalidad entre chiíes y sunníes a favor de Occidente. Se olvidan, sin embargo, que ello podría desestabilizar las fragilísimas democracias de Iraq y Líbano, que para sobrevivir necesitan de la colaboración de ambos ramos del islam. Un afamado estudioso de la Shia, el iraní profesor en América Vali Nasr, propone en un ensayo publicado en Foreign Affairs que está dando la vuelta de la diplomacia mundial (Vaticano incluído) el diálogo directo con Irán y Hizbulá como único camino para evitar la guerra atómica, inevitable porque Irán de una u otra manera se hará con ella. La tesis (ya muy dudosa de por sí) tiene el defecto de ignorar la naturaleza milenarista y apocalíptica de la ideología de Ahmadineyad y de Hizbulá: con quien espera el fin del mundo y el exterminio de los judíos no se puede dialogar.

Puede haber otro camino. Las críticas durísimas que las máximas autoridades religiosas chiíes libanesas dirigen al líder de Hizbulá Nasralá, acusándolo de aventurismo y de no representar a todos los chiíes del Líbano, constituyen una novedad histórica.

Tradicionalmente la tradición chií ha predicado la obediencia a las autoridades constituidas, independientemente de su afiliación ideológica, y precisamente en el mundo chií ha surgido en los años previos a la Primera Guerra Mundial el movimiento moderado denominado “constitucionalista”, uno de los primeros intentos de conciliar pensamiento islámico y democracia moderna. Cierto, todo ha cambiado con Jomeini y su revolución iraní de 1979.

Pero Jomeini, que ha reemplazado el constitucionalismo con la teocracia del “gobierno del jurista islámico” no ha representado nunca a todo el mundo chií, y no faltan sus críticos en el propio Irán.

El representante de más alto grado mundial de la jerarquía de los chiíes (que, a diferencia de los sunníes, tienen un “clero”) es el ayatolá Sistani de Nayaf, en Iraq, prudente pero inteligente protagonista del diálogo con Occidente y los Estados Unidos. Azerbaiyán, otro Estado a mayoría chií con grandes recursos debido al petróleo, tiene una jerarquía religiosa moderada, a la cual hace referencia la minoría chií de la cristiana Georgia. Los chiíes de Arabia Saudí, por mucho tiempo discriminados, han abierto un canal de diálogo con el rey Abdalá, que ha conseguido substraerlos a la influencia iraní apuntándose un éxito nada despreciable. Ahora también la jerarquía chií libanesa critica a Hizbulá.

No todos los chiíes (al igual que el resto de los musulmanes) son terroristas. Dialogar con la Shia moderada e insistir en el hecho que la postura chií tradicional es distinta de la de Ahmadineyad y Nasralá puede ser una baza importante para aislar a los terroristas y a aquéllos que los apoyan. Es una lástima que la Unión Europea (presa de su obsesión progresista y antiamericana de la que nada bueno se puede esperar) no se dé cuenta de estos desarrollos y siga empecinada (teniendo como “vanguardia” ridícula e infantil al payaso de Zapatero y a su corte de bufones) en considerar como únicos y legítimos representantes del mundo chií a Hizbulá y al gobierno de Teherán.

4. Durante muchos años el eslógan “mejor rojos que muertos” ha tratado de convencernos que si el riesgo era el de morir asesinados, valía la pena dejarse de zarandajas anticomunistas y plegarse a los regímenes comunistas. También en las Iglesias cristianas de los países comunistas, junto a una multitud de mártires, había quienes ponían por las nubes a los regímenes en el poder (cuando no colaboraban con ellos). La ley islámica, la sharia, establece para los cristianos y los judíos el estado de dhimmi, “protegidos”. No pueden desarrollar ninguna actividad misionera, ni acceder a los cargos públicos más importantes, y tienen que pagar impuestos más altos: en definitiva, son ciudadanos de segunda división, pero al menos salvan el pellejo (aunque siempre están en la cuerda floja dependiendo de muchos factores, no último, la escula jurídica islámica que acceda al poder).

Resulta siempre muy desagradable criticar aquellas personas que todos los días arriesgan sus vidas y que hoy están tentadas por un “mejor dhimmi que muertos” (un servidor ha dedicado varios artículos e iniciativas al genocidio anticristiano en los países musulmanes). Sin embargo, cuando este desasosiego es aprovechado en el extranjero, no sería correcto callar. En Palestina y en Líbano no son solamente políticos y militares cristianos – que dan la sensación de buscar venganza por no haber sido ayudados (cuando lo necesitaban) por Occidente, como el general Aoun – a ponerse al servicio de Hizbulá, aceptando de hecho la postura de dhimmi ideológico hoy con la perspectiva de convertirse en dhimmi de honor (esto es, en su plenitud) mañana.

También algunas autoridades religiosas cristianas hablan aparentemente de teología pero lo hacen de forma tan ambigua que favorecen objetivamente la propaganda de Hizbulá y de Hamas. Hace unas semanas cuatro obispos de Palestina – el latino-católico, Michel Sabbah, el sirio-ortodoxo, un luterano y un anglicano – han publicado un documento contra el “sionismo cristiano”, una teología difundida en la corriente denominada evangélica, estos es, conservadora, mayoritaria en el protestantismo de los Estados Unidos, que se enmarca en una compleja visión del inminente fin del mundo dentro de la cual el Estado de Israel tiene una función preparatoria querida por Dios. Si con el documento en cuestión se quiere afirmar que esta forma de milenarismo no es compartida por católicos y ortodoxos (y tampoco por luteranos y anglicanos), se afirma una obviedad. Pero el momento elegido es sospechoso, y se aprovecha la ocasión para decir que “los gobiernos de Israel y Estados Unidos, actualmente están imponiendo su dominación sobre Palestina” y son culpables de “colonización, apartheid e imperialismo”, frases que no desafinarían en un documento de Hizbulá o de Hamas.

También el jesuita egipcio, pero que ha vivido muchos años en Líbano, padre Samir Khalil Samir, estimado por el Papa (y por el abajo firmante, tan es así que he traducido un artículo suyo dedicado al problema de las mezquitas [6]) por su conocimiento enciclopédico del islam, ha propuesto un programa de paz en diez puntos (algunos razonables) en los cuales, sin embargo, defiende que la única y sola raíz del problema medio-oriental no es el terrorismo sino la misma creación tras el Holocausto del Estado de Israel en 1948, “una injusticia contra la población palestina”. Entre sus propuestas está el famoso “derecho al retorno”, al menos parcial, de los palestinos que han abandonado Israel en los años 1940 y 1950, condición que destruiría al Estado judío, transformándolo en un Estado islámico (con los cristianos sometidos a la condición de dhimmi) y que ningún gobernante israelí aceptará jamás siquiera que se pueda discutir.

Todo esto no es tanto una crítica de los dirigentes cristianos medio-orientales, que todos los días corren el riesgo de ser acuchillados o incluso acabar peor. Son más culpables quienes aprovechan cínicamente (o inconscientemente) sus declaraciones en Occidente, para justificar políticas anti-israelíes y antiamericanas o para repetir estribillos antisemitas donde, de cualquier cosa que ocurra en Oriente Medio, serán siempre y sólo culpables los judíos (7).

5. Muy distinta, en cambio, es la postura del Papa Benedicto XVI. En efecto, partiendo de una cita de un emperador bizantino definida por él mismo como “brusca” – con lo cual su precisión según la cual estas antiguas palabras no entendía asumirlas como propias raya lo obvio, y tampoco configuran – por mucho que le pese al indigente mental y moral de Pepiño Blanco y demás ralea del gobierno – una petición de perdón a los musulmanes – Benedicto XVI ha roto el acuerdo tácito entre los hombres políticos de Occidente y el islam, inaugurado tras el 11-S. Se podía y se debía condenar el terrorismo. Incluso se podía hablar mal del fundamentalismo. Pero todo debía mantenerse en el terreno del orden público, sin jamás tocar el tema de las raíces teológicas profundas de la conexión entre islam y violencia. Esta conexión no consiste en una desviación del Corán sino en algunas suras del mismo Corán; no en un malentendido de Mahoma sino en enseñanzas concretas de la segunda fase de su doctrina; no en una idea de Dios inventada por Ben Laden sino en la noción misma de la divinidad que ha prevalecido históricamente en el recorrido de la teología islámica. Esto es lo que ha dicho el Papa en Ratisbona, y que no ha desmentido sucesivamente.

Sin menoscabo de la búsqueda del diálogo con un islam que sea realmente distinto y moderado (todavía muy frágil e incipiente), el Papa ha roto el acuerdo por el cual se debería hablar sólo y únicamente de policía y jamás de teología. El mismo Bush y Blair habían proclamado el islam una “religión de paz”, prosiguiendo con la ficción – que hace prevalecer la razón política sobre la razón histórica – según la cual la frágil minoría moderada sería la única capacitada a representar el “verdadero” islam. Cinco años después del 11-S, tras las aberrantes declaraciones de Ahmadineyad, el terrorismo renovado de Hamas y de Hizbolá, el reclutamiento continuo también en Occidente de terroristas suicidas de Al Qaeda, el Papa ha decidido que se ha acabado el tiempo de las ambigüedades y ha llegado el tiempo de la claridad.

Tras una primera reacción airada, en el mundo islámico se han levantado voces de sentido común disponibles a admitir que lo dicho por el Papa merece cuando menos una seria reflexión. Por el contrario, en Occidente ha ido mucho peor. Hemos visto a tres tipos de críticos que no sólo no defendieron al Papa, sino que incluso arremetieron contra él. Los primeros son los ignorantes, que nada saben de islam, nada de historia de las religiones y tampoco tienen las categorías para entender un discurso difícil como el de Ratisbona. Los segundos – como el New York Times – son los defensores del acuerdo tácito según el cual algunas autoridades islámicas condenan el terrorismo y Occidente en cambio renuncia a investigar sobre las raíces teológicas de aquél. En lugar de rasgarse las vestiduras por las verdades sobre el islam dichas por Benedicto XVI, deberían admitir que el acuerdo no ha funcionado, ya que el terrorismo continúa, y que donde ha fracasado la policía es correcto que vuelva la teología. Los terceros son los laicistas, que desprecian al Papa por Papa, y para los cuales toda ocasión es buena para arremeter contra el Santo Padre (por supuesto, también cabe la posibilidad que los críticos de Benedicto XVI sean una síntesis de los tres tipos como parecen indicar los rebuznos del gobierno que padecemos).

Sea como fuere, en el actual choque de civilizaciones, el Papa ha sido el único que ha tenido el valor de renunciar a lo políticamente correcto y alinearse sin reticencias con Occidente y con sus valores: como agradecimiento, Occidente lo ha dejado solo (8).

Ángel Expósito Correa

Notas:

(1) http://www.arbil.org/99iran.htm

(2) http://www.arbil.org/(52)expo.htm

(3) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_17.htm

(4) http://www.arbil.org/(80)expo.htm

(5) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_29.htm

(6) http://www.arbil.org/(57)mezq.htm

(7) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_05.htm

(8) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_19.htm

Revista digital Arbil, N0. 107, septiembre de 2006