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Foro El Salvador

La unidad de España como bien moral

¿Qué relación existe entre España y el cristianismo? El asunto puede ser analizado desde dos perspectivas: política o moral. Desde el punto de vista político, el debate sería en qué medida el cristianismo, la unidad católica, es un bien político para España. Desde el punto de vista cristiano, la cuestión es la de si España, como unidad política constituye un bien moral.

La primera perspectiva es la propia del debate, muy importante en el pasado, pero hoy preterido, de cuál es el papel del Cristianismo en la conformación de España como nación. La segunda perspectiva, es más reciente. La festividad de Santiago Apóstol, patrón de España y el debate suscitado en la Conferencia Episcopal Española por los cardenales Rouco y Cañizares son dos buenos motivos para reflexionar sobre esta cuestión: ¿es la unidad de España un bien moral?

La verdad como bien moral

Cualquier reflexión cristiana sobre España debe partir de una primera premisa y es el respeto a la verdad. Sin verdad no hay cristianismo. La sentencia evangélica –"la verdad os hará libres" (Jn. 8, 32)– constituye un presupuesto no negociable para cualquier reflexión cristiana. Y ese presupuesto existe para la moral privada y también para la moral pública. Así lo dijo la Conferencia Episcopal Española: "la vida política tiene también sus exigencias morales".

Partiendo de esta idea hay que sentar una segunda premisa: independientemente de cómo se la califique políticamente ("Nación", "Estado", "patria", "país",...), España es una realidad y no una invención. Es más, se trata de una realidad reconocida en la mismísima Sagrada Escritura. San Pablo, en su Carta a los Romanos, por dos veces, menciona a España (Hispania), al anunciar un viaje de evangelización (Rom 15:24 y 15:28). En consecuencia, el respeto a la verdad exige reconocer que España existe desde los tiempos apostólicos.

Las palabras de la Sagrada Escritura son las mismas Palabras de Dios convertidas en palabras del hombre. Las Sagradas Escrituras por ser sagradas para el cristiano, poseen una confiabilidad por la cual nosotros podemos poner toda nuestra confianza sobre lo que debemos creer y cómo debemos de actuar. Esta confiabilidad está basada sobre lo que la Iglesia llama inerrancia. Pío XII lo dejó bien claro:

"escritos [los libros de la Biblia] bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios por autor, y como tales fueron confiados a la misma Iglesia... [esta es] doctrina católica, que para los libros enteros con todas sus partes reivindica una tal autoridad divina, que está inmune de cualquier error"

Los nacionalismos y separatismos españoles a la luz de la moral

Las dos premisas anteriores no suponen, de momento, que la unidad política de España sea un bien moral, pero sí implican que una actuación moralmente buena no puede mentir o falsear que España existe. Ahora bien, estas premisas constituyen un criterio moral para analizar las ideologías de los nacionalismos y separatismos que han surgido en España. En este momento del razonamiento, no podemos, aún, dictaminar que los nacionalismos o separatismos sean, en sí mismos, moralmente malos. Ahora bien, sí podemos dictaminar que aquellos nacionalismos o separatismos que niegan la existencia de España son moralmente malos, por rechazar una verdad. Siguiendo el razonamiento establecido hasta aquí, aquellas ideologías que no sólo pretenden la independencia de determinados territorios, sino que además, niegan que España exista o haya existido, son moralmente malos.

A este respecto, junto al análisis de los textos fundadores de esos nacionalismos o separatismos, el lenguaje habitual es un indicio importante para evaluar la moralidad de los proyectos separatistas. Allí donde, deliberadamente, se oculta la palabra "España" siendo sustituida, sistemáticamente, por otras palabras o expresiones (como el "Estado", sin siquiera la adjetivación de "español"), existe un discurso moralmente malo por cuanto rechaza conscientemente la verdad. El ejemplo más elocuente de ello es el discurso del nacionalismo vasco donde no sólo se pretende la independencia de las provincias vascas, sino que se evita, sistemáticamente, mencionar la palabra "España". Los obispos de las diócesis vascas tienen así la grave responsabilidad de denunciar el silenciamiento consciente de la verdad. ¿Se habrá llegado en alguna celebración religiosa en las diócesis vascas a omitir o mutar la palabra "España" cuando haya cumplido leer en un acto religioso la Carta de San Pablo a los Romanos?

El hecho de que algunos nacionalismos, los que niegan la existencia de España, puedan ser calificados de inmorales, no deja aún resuelta la cuestión de la calificación moral de aquellos nacionalismos que pretenderían la independencia política de determinados territorios sin negar la existencia de España en otras dimensiones. Desde este punto de vista, cabría analizar la moralidad de las propuestas que negasen a España el calificativo de "Nación" pero no su existencia bajo otro tipo de calificativo. Un tal planteamiento, de darse, equipararía estos nacionalismos separatistas a los nacionalismos de los Estados-nación europeos que afirman la existencia de sus naciones sin negar, en ningún momento, por respeto a la verdad, que forman parte de Europa.

Conviene observar, a este respecto, que los Estados-nación europeos, que reconocen la existencia de sus naciones, pero también de Europa, impulsan el proceso de unidad europea, por considerar que el mismo es bueno. Sin embargo, nada impediría reconocer la existencia cultural de Europa y, sin embargo, oponerse a su unidad política. Lo que resultaría inmoral, por cuanto falso, sería el negar la unidad cultural europea por esas entidades políticamente independientes.

De aquí se extrae una primera conclusión. En este momento del razonamiento, los nacionalismos o separatismos surgidos en España podrían ser lícitos en cuanto pretendan una independencia política, pero resultarían inmorales en cuanto nieguen, oculten, tergiversen o falsifiquen la unidad cultural española.

La unidad de España como bien moral

Sentados las ideas que permiten calificar como moralmente aceptables o inaceptables las ideologías nacionalistas, la siguiente cuestión es la de considerar si la afirmación de España como unidad, no sólo cultural, sino también política, es buena moralmente.

La historia de España, se convierte, así, en un criterio indispensable para este juicio moral. ¿Ha sido la unidad de España un bien moral para la Iglesia?

El primer gran momento de nuestra historia en donde esto ha podido verse fue el III Concilio de Toledo, celebrado el 8 de mayo de 589. Este acontecimiento, hoy tan silenciado, ha sido calificado, no sin razones, por algunos, como el acta de nacimiento de la Nación Española. En aquel momento, España era una unidad políticamente independiente. El poder político utilizó la unidad para favorecer la ortodoxia de la Iglesia Católica, lo cual hubiese sido notoriamente más difícil de no haber existido un poder político centralizado. En el III Concilio de Toledo, vemos las dos perspectivas apuntadas al inicio de este escrito: por un lado, el poder político obtuvo un reforzamiento de su posición gracias al apoyo que le brindó la Iglesia Católica... pero, por otro, la Iglesia Católica pudo más eficazmente combatir las doctrinas heterodoxas gracias al hecho de que hubiera una unidad política.

Lo mismo ocurrió en el momento de la Reconquista. Vista desde los intereses de la Iglesia (y no desde la perspectiva política), la expansión de la fe católica se vio notoriamente favorecida cuando los reinos independientes existentes en España actuaron concertadamente. El caso más señalado fue, sin duda, la batalla de las Navas de Tolosa, 1212. Igualmente, y desde la perspectiva cristiana (y no política), la derrota del islam en Lepanto (1571) fue posible porque España era una unidad política. De no haberlo sido, las dificultades para reunir una flota suficiente quizá habrían hecho imposible la victoria.

Conclusión


Antes se hablaba de lo que España debe al cristianismo, que es ciertamente mucho. Pero sólo ahora, cuando se ha producido una aceleración vertiginosa del proceso de desmembración territorial se ha planteado la cuestión de lo que la Iglesia debe a España. El hecho de que España haya sido una unidad, y que esa unidad haya sido puesta al servicio de los intereses de la Iglesia, ha permitido a ésta logros que, de estar España fragmentada políticamente, hubiesen sido altamente improbables. Por tanto, la unidad de España, indiscutiblemente, ha sido un bien moral. Ahora, la lectura de ciertos preceptos de los nuevos Estatutos catalán y andaluz nos revela que el proceso de desmembración parece ir paralelo a un debilitamiento de la convergencia de las leyes con las exigencias de la moralidad católica. En consecuencia, hoy en día, podemos afirmar que la unidad de España es un bien moral. Que España como unidad política pueda o no ser en el futuro moralmente buena para la Iglesia es algo que sólo el tiempo dirá.

Por Carlos Ruiz Miguel

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 27 de julio de 2006

Batasuna asegura que se dan todas las condiciones para el diálogo multipartito

Batasuna considera que actualmente se dan todas las condiciones necesarias para poner en marcha un proceso de diálogo multipartito. En este sentido, Arnaldo Otegi destacó que para su formación, en estos momentos la principal prioridad política es la puesta en marcha del foro de diálogo multipartito por delante de una eventual relegalización por parte de los tribunales españoles. A juicio del portavoz independentista, el hecho de que el PSOE reclame ahora que Batasuna sea legalizada para poner en marcha el proceso de diálogo sólo busca ralentizarlo.

DONOSTIA

Arnaldo Otegi destacó ayer en una comparecencia realizada en Donostia junto a Rufi Etxeberria, también miembro de la interlocución designada por Batasuna, que actualmente se dan todas las condiciones necesarias para poner en marcha un foro multipartito de diálogo en otoño.

Junto a ello, Otegi destacó que en las últimas semanas han mantenido contactos«públicos o discretos» con todos los agentes políticos, sociales y sindicales de Euskal Herria, excepto con UMP y PP-UPN.

En este sentido, subrayó que «todos los agentes menos el PSOE» coinciden a la hora de considerar que actualmente se dan todos los requisitos necesarios para la puesta en marcha de un foro de diálogo multipartito.

Por ello, criticó que el PSOE haya reclamado últimamente a Batasuna que «dé pasos hacia su legalización», destacando que este emplazamiento busca condicionar la puesta en marcha del diálogo.

Otegi aseguró que «el debate prioritario y la noticia que espera el proceso y el país es que se cree el foro de diálogo multipartito, porque sin foro de diálogo multipartito no hay diálogo político y no hay proceso».

De este modo, destacó que «para Batasuna y la izquierda abertzale tiene muchísima más prioridad, en términos políticos, la creación de esa mesa de foro multipartito que nuestra propia legalización, porque la legalización más segura es el desarrollo del proceso y, para ello, lo verdaderamente importante es el foro de diálogo multipartito.

Tras asegurar que «estamos ante una oportunidad histórica de resolver el conflicto en Euskal Herria», Otegi señaló que «si alguien hubiese puesto como condición la legalización de Batasuna hace tres años, sencillamente ahora no tendríamos esta oportunidad histórica».

«Esfuerzos significativos»

En este sentido, subrayó que «esta oportunidad se ha construido siendo Batasuna ilegal, por lo que no entendemos muy bien por qué en estos momentos se pone como condición inexcusable el acceso a un determinado estatus».

Asimismo, subrayó que «la izquierda abertzale ha hecho esfuerzos significativos para llegar hasta donde estamos ahora», por lo que pidió al resto de formaciones que actúen con «responsabilidad».

Otegi añadió que el objetivo que la izquierda abertzale busca en este proceso político es «conseguir que Euskal Herria vuelva a recuperar la palabra y la decisión, y que pueda decidir su futuro de manera pacífica y libre».

Preguntado por la postura obstruccionista adoptada por el PP, Otegi destacó que la formación que preside Mariano Rajoy «no tiene capacidad de veto» y comparó su actuación con «los planteamientos de los unionistas en Irlanda».

«El PP no quiere que este proceso tenga éxito porque entiende que su colapso le otorgará réditos electorales», añadió Otegi, que criticó esta actitud, contrapuesta a la del resto de agentes.

En cualquier caso, subrayó que tanto PP como UPNy UMP «están invitados a participar en el proceso».



Exigen respeto a todas las opciones políticas
M.D.
DONOSTIA

La izquierda abertzale considera que el diálogo multipartito tiene que tener dos condiciones básicas, según señaló ayer Otegi.

Por un lado, destacó que en este proceso no se puede excluir a nadie. «Estamos tratando de que las próximas generaciones puedan vivir en democracia y en paz, y para ello es preciso la participación de todos», indicó. Junto a ello, Otegi subrayó que el proceso se tiene que desarrollar con respeto a todas las opciones políticas.

«Batasuna tiene que ser respetada y sus derechos civiles, sociales y políticos tienen que ser respetados», añadió el portavoz independentista, que destacó que «no se puede volver a recetas represivas del pasado que tenían como único objetivo la aniquilación física y política de la izquierda abertzale».

«No se puede construir un proceso si no se respeta a una de las partes, tal y como lo demuestran otros procesos en otras partes del mundo», señaló Otegi, que recordó que los miembros de la izquierda abertzale «seguimos siendo ilegales, tenemos nuestras sedes cerradas, no sabemos si podemos o no podemos dar una rueda de prensa, no nos dejan convocar manifestaciones, tenemos que ir todos los días a firmar a comisaría y tenemos nuestras casas hipotecadas para pagar fianzas».

«Es evidente que no estamos en igualdad de condiciones con los demás agentes políticos, sociales y sindicales», constató Otegi que, en cualquier caso, insistió en que la izquierda abertzale apuesta claramente por el proceso político.

Gara, 1 de agosto de 2006

El genocida arrepentido: el ex-jemer rojo Duch, hoy cristiano, dispuesto a enfrentar el pasado

Muerto el sanguinario Ta Mok, Duch es clave para reconstruir las matanzas comunistas de Camboya: casi 2 millones de personas en cuatro años.

El pasado viernes 20 de junio moría "el carnicero" de los Jemeres Rojos, Ta Mok. Era un anciano enfermo de unos 80 años. Durante el sanguinario régimen comunista de 1975 a 1979 supervisó y firmó cientos de purgas y masacres en la población civil. Cuando los Jemeres fueron forzados a retirarse a zonas inaccesibles del país, quitó el poder a Pol Pot, el otrora todopoderoso líder, y lo mantuvo prisionero. Fue cautivado en 1999 y esperaba ser juzgado por sus crímenes, declarándose inocente y descargando toda la responsabilidad sobre el difunto Pol Pot.

Ahora, el alto cargo más importante para dar luz a la época de las matanzas es Kang Kek Ieu, conocido entonces como Duch. Hoy está prisionero, admite sus crímenes y quiere colaborar. El antiguo militante maoísta hace ya años que es un cristiano evangélico fervoroso y consciente de su culpa. Tiene 64 años

Duch fue jefe de la policía política interna y responsable de Tuol Sleng, también llamada, S-21, una antigua escuela de Phnom Penh que el Jemer Rojo utilizó como centro de detención y tortura. Los presos eran en su mayoría miembros del Partido Comunista acusados de traición y de ser agentes enemigos. Se los obligaba a confesar e implicar a otros y luego se los mataba, a ellos y sus familiares. En este centro estuvieron detenidas más de 12.000 personas, de las que sólo sobrevivieron siete. La firma y las instrucciones por escrito de Duch aparecen en numerosas órdenes de tortura y ejecución archivadas en S-21, que ahora es un museo.

En Tuol Sleng muchos vigilantes eran niños y niñas de 10-15 años, seleccionados y entrenados por los Jemeres para esta función. Sus mentes jóvenes, no "contaminadas" por la vida anterior, eran ejemplo del nuevo ciudadano de la ideología de Pol Pot. A medida que cobraban conciencia de su poder y superioridad, ganaban una crueldad excepcional contra sus prisioneros. Hoy tienen unos cuarenta años, y están integrados en la sociedad camboyana.

Unos periodistas de Far Eastern Economic Review encontraron a Duch en 1999, después de 20 años de desaparición. Trabajaba como asistente médico en un campo de refugiados del American Refugee Committee en el norte de Camboya. Kang Kek Ieu reconoció -y así se publicó en la revista- haber participado en torturas, asesinatos y crímenes contra la humanidad y que estaba preparado para testificar contra otros líderes. También explicó que se había convertido al cristianismo evangélico, que era un cristiano renacido.

Enseguida fue detenido y puesto bajo vigilancia, temiendo que su vida corriera peligro por lo que sabía. Entre los líderes de los que hablaría están personajes como el número dos de los jemeres, Nuon Chea, que actualmente vive libre, como otros jemeres que en su día se pasaron al bando gubernamental dejando la jungla y la guerrilla. Nuon Chea hoy es un ferviente budista.

Conversiones entre los jemeres

Al parecer, la conversión de Duch es sincera. Fue hace años y desde entonces ha trabajado con los refugiados enfermos en los campos de desplazados.

Según un artículo de THE OBSERVER, de 2004, al menos 2.000 jemeres rojos se han convertido al cristianismo evangélico. En las zonas que ocuparon durante decenios los jemeres como guerrilla han llegado misioneros evangélicos, que predican a un tipo especial de hombre, a una gente que ve que el Jemer era un engaño, pero que hace 20 años que dejó el budismo tradicional y rompió con su familia.

Es gente que necesita empezar de nuevo, y en muchos casos arrastra un historial de horror, crímenes y culpa, que la religiosidad camboyana tradicional no puede purgar ni limpiar. Los misioneros evangélicos ponen películas sobre Jesús, ofrecen nacer de nuevo, dan clases de inglés y también prestan servicios sanitarios y financieros. Algunos de los conversos -como algunos post-comunistas en Occidente- aún no ven con claridad la maldad del Jemer Rojo y ponen en duda las cifras espantosas del genocidio. Otros se sienten muy arrepentidos.

Lun Lung, de 51 años, que era guardaespaldas personal de un líder jemer, llegó luego a ser propagandista del régimen, incitando al odio y la sangre desde la radio. Hace pocos años se bautizó y ahora dirige la radio Pailin, incluyendo un programa cristiano que habla de "las cosas que hace Dios". Según una noticia de AsiaNews del 2004, no hay conversos católicos entre los ex-jemeres ni presencia católica en la zona.

Forum Libertas, 26 de julio de 2006

Aplicarse en agosto

En Euskal Herria se vive un momento desconocido en las últimas décadas en el que se palpa la posibilidad real de alcanzar la paz y la normalización democrática. Quienes conocen los entresijos del proceso aseguran que éste tiene bases sólidas. Sin embargo, un amplio sector de la ciudadanía echa en falta indicios palpables de que algo se mueve hacia la resolución del conflicto. Desde que ETA declarara un alto el fuego permanente el pasado 24 de marzo, la situación represiva que se achacaba a la actividad armada de la organización apenas ha variado y, cuando lo ha hecho, puede decirse que se ha producido un empeoramiento de la situación. En las cárceles se siguen conculcando los derechos humanos y los tribunales continúan haciendo una revisión de la propia legalidad para endurecerla en contra de los presos, lo que ha llevado a que algunos que tenían que haber sido ya puestos en libertad vean alargada su condena con nuevas causas. Entre tanto, la Fiscalía presenta a modo de balance positivo el hecho de que en estos meses de alto el fuego no se haya producido ninguna mejora en la situación de ningún prisionero político. Al mismo tiempo, se mantiene la persecución de las actividades políticas de la izquierda abertzale, sin que se le ofrezcan garantías de que en el futuro podrá desarrollar un trabajo normalizado para defender democráticamente su ideario.

Cierto es que, en este periodo, el pasado 29 de junio se produjo una declaración trascendental del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en torno al respeto a la decisión de la ciudadanía vasca y la necesidad de alcanzar «un nuevo pacto de convivencia a través de los métodos de diálogo que estimen oportunos». Sin embargo, todavía, dicha declaración arrastra el lastre de la poca credibilidad que una parte importante de la sociedad otorga a la palabra de Zapatero tras lo ocurrido en Catalunya, donde también se comprometió a respetar lo que saliera del Parlament. Por lo tanto, son muchos los que esperan hechos que refrenden esos dichos. Y en ese camino debiera conformarse la mesa de partidos.

Son muchas las voces que señalan que ese foro debería constituirse en otoño. Vista la situación que se está produciendo, en la que se corre el riesgo de que el excepticismo se instale en la opinión pública, cabe esperar que los dirigentes de los partidos no estén hablando de que en agosto cierran la persiana y que ya la volverán a abrir en setiembre, sino de que aprovecharán el verano para ir asentando las bases del proceso de normalización. Sería conveniente comenzar a tener indicios de que las cosas avanzan, no vaya a ser que cunda la sensación de que el proceso se pudre entre discursos bienintencionados. -

Editorial de Gara, 31 de julio de 2006

Gotzone Mora denuncia el "proceso de estigmatización" de Batasuna-ETA con "los que alzan la voz"

Como concejal y miembro de la comisión de Cultura del Ayuntamiento de Guecho, la socialista Gotzne Mora acudió este domingo a la plaza de este municipio vizcaíno para conocer de primera mano los desperfectos que la noche anterior habían provocado un centenar de radicales. Allí fue recibida con insultos y amenazas que enmarca en el proceso de "estigmatización" que están sufriendo quienes, como ella, se atreven a alzar la voz contra el nacionalismo excluyente. En la COPE, Mora ha reprochado la connivencia del PNV, que está permitiendo el rebrote de Batasuna-ETA y que "nos haga la vida imposible".

Los desperfectos que provocaron los radicales en la madrugada del domingo son "impresionantes", ha detallado en La Mañana de la COPE la concejal socialista. Gotzone Mora ha explicado que acudió a la plaza de Guecho como concejal del Ayuntamiento y como representante del PSOE en la comisión de Cultura. Cuando llegó allí, como siempre acompañada por su escolta, un grupo de personas se le acercó y comenzó a increparla con insultos y descalificaciones. Le exigían que se "marchara y desapareciera de Euskadi". Entre los ataques que recibió, le acusaron de no actuar con lo que los proetarras consideran "buenas intenciones". También le tacharon de "desagradable", "carroñera", "indeseable" y "rapiña". Insultos, ha matizado Gotzone Mora, que no recibió de jóvenes radiales sino de personas que en muchos casos le superaban en edad. "Lo que me ocurrió no es la primera vez aunque ya no sabes si quejarte o no de esto que es un proceso de estigmatización igual que los nazis con los judíos", ha denunciado.

"No hubo nadie en toda la plaza que interviniera, todos miraban y la escolta se tuvo que poner entre ellos y yo", ha relatado. Sólo en un momento una mujer se acercó a la concejal socialista para mostrarla su dolor por la situación que estaba viviendo. "Me dijo que no les hiciera caso y no sufriera más. Me recordó a los años 80 porque la kale borroka está viva en Guecho".

No sólo fueron los insultos, Mora ha denunciado que la plaza del municipio estaba llena de pancartas a favor de la independencia. Algunas tenía lemas como "dale duro y hasta el final" o "amnistía para los presos". Como ha recordado Mora, en el programa de las fiestas había una comida para pedir el acercamiento de los presos etarras al País Vasco y un vino por la independencia.

Gotzone Mora no cree que los destrozos en la plaza los provocara una pelea entre "dos chavales" sino que fue algo premeditado para que más de cien jóvenes se movilizaran y provocaran "gravísimos destrozos". Unos incidentes con los que ya había amenazado el Partido Comunista de las Tierras Vascas días antes, ha recordado la dirigente socialista vasca. "La connivencia del PNV está permitiendo que ETA-Batasuna rebrote y nos haga la vida imposible a quienes elevamos la voz, porque es lo que les molesta", ha sentenciado.

Libertad Digital, 31 de agosto de 2006

Euskal Herria o derecha Navarra

En 2006, como en 1936, la derecha no puede tolerar que Nafarroa se acerque al resto de herrialdes para poder conservar así sus privilegios. Ese es el mensaje que destacó ayer en Sartaguda Pernando Barrena, quien emplazó a PSN e IUN a que tengan presente qué sucedió en 1936 y dejen de apoyar el Amejoramiento. «El Frente Popular vio claro que una Navarra sola beneficiaba a la derecha», agregó.

Gora Errepublika! Gora Euskal Herria!» puede leerse en un mural realizado en la entrada de Sartaguda, una de las localidades navarras que con más crudeza padeció la represión franquista en 1936.

En esta localidad a orillas del Ebro se reunió ayer un centenar de personas venidas de distintos pueblos de Lizarraldea para participar en un acto político convocado por Batasuna bajo el lema «Frente al fascismo, autodeterminación», dentro de la campaña que está llevando a cabo en Nafarroa con motivo de los 70 años del golpe militar de Francisco Franco y Emilio Mola.

Progreso Mangado, familiar de fusilado y electo de Sartaguda Aurrera, dio la bienvenida a los congregados junto al monolito en homenaje a los fusilados en 1936.

José Mari Esparza, miembro de Altaffaylla e investigador de la represión franquista en el herrialde, advirtió de la instrumentalización de la memoria histórica. Así, recordó que en 1986 el PSN ordenó a sus afiliados que no participasen en los homenajes que se hicieron a los fusilados con motivo del 50 aniversario del golpe franquista.

«Las familias de los fusilados tuvieron que padecer cuarenta años de olvido criminal de1936 a 1976, pero también otros30 años de silencio sin justificación de 1976 a 2006», destacó.

Frente a lo que calificó de «alzheimer político», Esparza reivindicó una recuperación de la memoria histórica «que vaya más allá de desenterrar huesos», subrayando la necesidad de defender las ideas por las que fueron fusilados en 1936.

En este sentido, el mahaikide Pernando Barrena subrayó que «la derecha navarra del siglo XXI es la heredera directa de la de 1936, en principios y formas: es indispensable que hagan su transición democrática».

«70 años más tarde, el modelo de la Navarra oficial del Amejoramiento es la versión actualizada del modelo de Navarra foral y española de los alzados en armas en julio de 1936», manifestó Barrena.

Junto a ello, hizo hincapié en que «en Navarra no hubo guerra civil, sino masacres impunes alentadas desde la Diputación y la Iglesia y llevadas a cabo por el Ejército, la Guardia Civil y voluntarios fascistas locales. En estos momentos, en los que se habla de paz y de víctimas, hay que recordar que no hubo paz para más de 3.200 navarros y sus familias y que no puede hablarse de paz sin tomar en cuenta aquellos acontecimientos».

Barrena también tuvo duras palabras para el PSN, «que 70 años después no tiene nada que ver con el PSOE de la República, ya que ha optado por apoyar a la derecha».

Incompatible

Tras recordar que este año también es el 75 aniversario de la II República española y del Estatuto de Lizarra, el dirigente abertzale consideró que «éste es un magnífico momento para mirar al pasado y aprender de él. Si los dirigentes del PSN e IUN lo hicieran, comprenderían que su actual apoyo al Amejoramiento es incompatible con los ideales de los republicanos, socialistas y comunistas que lucharon por una Navarra libre de las garras de la derecha».

Hizo suya la reivindicación que en junio de 1936 realizaron los partidos que formaban el Frente Popular Navarro, que destacaban que la derecha boicoteó un Estatuto de las cuatro provincias de Hego Euskal Herria porque «quería una Navarra aislada para tener, y es cita textual, ‘mayores facultades para mantener sojuzgado al pueblo navarro e impedir que el contacto y trabazón con la democracia vasca diera a las izquierdas de Navarra mayor representación y fuerza que mermase su poderío y los privilegios que disfrutaban’».

A pesar de que el PSOE y el PCE mantuvieron estas posiciones en el exilio y durante aquellos primeros años, «luego fueron traicionadas y arrinconadas, para regocijo de la derecha, que logró blindar su modelo de Navarra. Esta adhesión de PSOE y PCE (luego IU) a las posiciones de la derecha ha conducido a Navarra a la actual situación, asfixiante para todos los elementos mínimamente progresistas».

Por ello, Barrena emplazó a las direcciones de PSN e IUN a «reflexionar sobre las consecuencias de su estrategia política en los últimos años».

«Quienes gobiernan ahora en Navarra, quienes apelan al blindaje del Amejoramiento y claman contra la unidad con el resto de Euskal Herria, tienen el mismo ideario y proyecto político de los fascistas de julio de 1936. Unirse a ellos en este esperanzador momento para Navarra sería volver a traicionar los anhelos de las víctimas de la represión franquista», destacó Barrena, quien comparó las trabas que UPN pone al proceso político con las que puso la derecha al Estatuto en los años 30.

Tras cantar el “Eusko Gudariak”, los asistentes disfrutaron de un aperitivo en las piscinas de Sartaguda. -

Gara, 30 de julio de 2006

Romper con el modelo franquista

España tiene el problema de que el modelo de Estado ­unitario y excluyente­ impuesto por el franquismo se mantiene como principio no sólo en la mayor parte de la derecha, sino también en un amplio sector considerado de izquierda. Por lo tanto, para acabar con los decenios de dictadura y su larga herencia no basta con una ley de reparación a las víctimas del pasado, sino que es necesario actuar también sobre las estructuras del presente y las muchas víctimas que, todavía hoy, sigue produciendo. Por eso, el proyecto de ley de «memoria histórica» que ayer aprobó el Gobierno español puede entenderse como un intento ­al final un tanto descafeinado­ de reparar el honor de las personas que defendieron la legalidad republicana tras el golpe de estado de 1936, de homenajear en cierta medida a quienes durante la dictadura lucharon contra ella y de evitar el ensalzamiento de los golpistas que todavía se mantiene en espacios públicos. Pero es poco más que eso. Y, aún así, la derecha española se revuelve contra cualquier intento de recordar las atrocidades del franquismo, mostrando cada vez que lo hace el cordón umbilical que la une directamente con las clases dominantes durante la dictadura.

El proyecto de ley aprobado ayer puede tener la virtud de dar por fin una reparación a las víctimas del 3 de marzo de 1976 de Gasteiz. Pero de inmediato surge una pregunta: ¿En lo sustancial, cuál es la diferencia entre la actuación policial del 76 en Gasteiz y la entrada en la plaza de toros de Iruñea el 8 de julio del 78 o la irrupción de los «grises» saqueando Errenteria pocos días después? ¿Y con la muerte de Gladys del Estal al año siguiente? Sin embargo, estos últimos casos quedan ya fuera de los límites que marca el proyecto.

Pero los ecos del franquismo no han tenido continuidad únicamente en el terreno represivo. El propio debate actual sobre el modelo de Estado y el derecho a decidir de Euskal Herria y otras naciones no tendría sentido de no ser porque la dictadura de Franco rompió con la legalidad republicana e impuso un españolismo uniforme y excluyente que se mantuvo como dogma de base durante la llamada transición, admitiéndose una cierta descentralización administrativa que no cuestionara la esencial unidad de España. En el Siglo XXI recuperar la memoria histórica no es sólo retirar los símbolos públicos del franquismo, sino acabar con la herencia estructural que el dictador dejó atada y bien atada. -

Editorial de Gara, 29 de julio de 2006

La paz de ETA, según Edurne Uriarte

La permanente invocación de la paz por el Gobierno de Rodríguez Zapatero para justificar su negociación con ETA no puede ocultar el hecho de que lo que el Partido Socialista Obrero Español ha puesto en marcha, con el silencio aprobatorio de los intelectuales de la izquierda, es una transacción política, a iniciativa del Gobierno, que parte de la aceptación de las condiciones impuestas por los terroristas.

Esa palabra, paz, que envuelve, enreda e inunda todas las justificaciones de la negociación gubernamental con ETA tiene al menos una utilidad. No precisamente la de certificar la derrota del terrorismo sino la de demostrar que bajo su protección se pueden cometer todo tipo de aberraciones morales y antidemocráticas. Pero también que, bajo su excusa, las sociedades pueden dar rienda suelta a su cobardía y comprar el perdón de los asesinos a cambio de la dejación de los principios democráticos con los que proclaman regirse.

Tal como están las cosas en el proceso de negociación entre el Gobierno y ETA a la hora de escribir estas líneas, mediados de julio de 2006, la primera de las enseñanzas señalada más arriba está clara. Porque este concepto de paz difumina, ni siquiera esconde, la cesión de un estado democrático ante un grupo terrorista, el precio político que una ETA debilitada ha sido capaz de obtener de un estado fuerte policialmente pero débil ideológicamente. Tengo más dudas sobre la segunda consecuencia, sobre la reacción social. Es cierto que hasta el momento la negociación política ha avanzado con cierta calma social, con unos ciudadanos que en las encuestas se muestran mayoritariamente favorables a dar un margen de confianza al Gobierno en sus contactos con ETA y que incluso parecen aceptar parte de las concesiones políticas. Pero aún es pronto para concluir si estamos ante una asunción consciente del precio político a cambio del fin de ETA o si se trata sobre todo de confusión sobre lo que de verdad está ocurriendo.

Los derrotados imponen sus condiciones

La confusión es notable porque hasta el momento el Gobierno ha sido bastante eficaz en la difusión de dos ideas: 1) la derrota de ETA y la negociación como una consecuencia de esa derrota, es decir, como una pantomima que ETA haría para justificarse frente a sus bases, y 2) la ausencia de precio político, puesto que, argumenta el Gobierno, cualquier tipo de conversación o negociación política tendrá lugar con los partidos políticos, no con ETA. Y ambas cosas funcionan porque incluyen una parte de la verdad, la suficiente para sostener con cierta consistencia la manipulación.

Hay una parte de verdad en la derrota de ETA que es la de su acusado debilitamiento en los últimos años. Por varios motivos. El primero, el fortalecimiento del estado a partir de los años noventa y su capacidad para perseguir y acosar a ETA no sólo policialmente sino también políticamente. Esa historia ya ha sido contada numerosas veces pero no está mal repasarla una vez más para recordar que el problema de la debilidad del estado hasta los años noventa fue doble. Se trataba de la insuficiente eficacia policial, por un lado, pero, sobre todo, se trataba de debilidad política, una debilidad construida con los resquicios de la vieja legitimidad etarra en numerosos sectores de la sociedad española. El estado no podía ser eficaz en la persecución de ETA porque había una sociedad que aún no sabía si quería derrotarla o más bien prefería dialogar con ella. Y si Batasuna, su brazo político, y todas las demás organizaciones de ETA pervivieron con tanta impunidad y durante tanto tiempo fue precisamente por eso, porque había una sociedad indecisa que aún no había tomado la decisión de acabar con el terrorismo a través del estado de derecho. La movilización social, la que posibilitó el fortalecimiento del estado, fue el reflejo de esa decisión. Y súmesele a todo eso el fin de la indiferencia francesa, el 11-S, más tarde el 11-M, y las nuevas alianzas antiterroristas internacionales. Y aun más, súmensele también las crecientes dificultades de la propia ETA para justificar socialmente sus asesinatos en su propio territorio, en el País Vasco.

Ahora bien, una cosa es que ETA esté debilitada y otra que esté derrotada. Si esa derrota fuera tal, deberían darse dos consecuencias. La primera, su aceptación por parte de la banda terrorista con la obvia consecuencia de una entrega de armas con exigencias mínimas. Y, sobre todo, la segunda, una actitud de firmeza del estado que, una vez derrotado el terrorismo, se limitaría, única y exclusivamente, a exigirle la entrega de las armas y el fin incondicional de toda acción delictiva. Pero he aquí que mientras intelectuales y políticos socialistas nos anuncian repetidamente la derrota de ETA, ésta actúa como si hubiera ganado y el estado como si hubiera perdido. Y no precisamente porque los terroristas estén haciendo una representación decorosa de su rendición para que ésta parezca una victoria a sus seguidores. Sencillamente, porque, por el momento, ETA, la derrotada, ha impuesto sus condiciones, y el estado, el ganador, las ha aceptado. Y esto indica que, independientemente del final de este proceso, ETA ha ganado nuevamente otra batalla al estado democrático.

La ha ganado cuando ha conseguido imponer una buena parte de sus exigencias al estado. En primer término, cuando ha mostrado que no es ETA la que anunciaba su rendición y sus consecuentes deseos de negociar sino que la historia ocurrió al revés, que fue el Gobierno el que ofreció determinadas contrapartidas para que ETA declarara la tregua. Pero, sobre todo, la supuesta derrota de ETA se quiebra totalmente cuando comprobamos lo ocurrido en el último año y medio, desde que Rodríguez Zapatero comenzara a insinuarnos que nos encontrábamos próximos al fin del terrorismo.

Zapatero prometió y aseguró dos cosas desde el principio de sus contactos con ETA. Una, que cualquier contacto con la banda debería ir precedido de una ausencia total de actividad terrorista, de la entrega de las armas y de una voluntad inequívoca de no volver a utilizarlas jamás. Y dos, que no habría ningún tipo de negociación política con los terroristas.

Ha incumplido flagrantemente ambas. Y eso que ETA está derrotada y el Gobierno se limita a gestionar esa derrota. Respecto a la primera de las promesas, durante estos meses se ha constatado que la actividad terrorista ha proseguido a través de la extorsión, de la “kale borroka”, de las amenazas y, además, del mantenimiento de todas las estructuras de la banda, listas para otro tipo de atentados en cualquier momento. Por supuesto, no ha habido ninguna entrega de armas. Y lo que es igualmente importante, la banda ha constatado en varias declaraciones públicas que no renuncia a nuevos actos terroristas y que los cometerá si el Gobierno “no cumple sus compromisos”.

Ninguna de las condiciones exigidas por el Gobierno ha sido cumplida por los terroristas. Y, sin embargo, el pasado 29 de junio, el presidente dio por iniciada oficialmente la negociación con ETA. Bajo las condiciones de ETA. Y eso que está derrotada.

El precio político

He escrito en alguna ocasión que me produce cierto pudor explicar a estas alturas el significado del precio político. Para cualquiera que conozca someramente el problema vasco y el discurso tradicional del terrorismo, el contenido de las exigencias políticas de ETA y la forma lingüística en que son articuladas es totalmente claro. Parece fuera de lugar volver a explicarlas a estas alturas. Y, sin embargo, llevo varias semanas abocada a esa tarea, intelectualmente algo infantil, porque el Gobierno insiste una y otra vez en negar el precio político mientras que cumple todos los pasos exigidos por ETA para pagar ese precio político.

El 10 de julio, el periódico Gara causaba un buen revuelo político cuando contaba que la tregua permanente de ETA, declarada en marzo de 2006, había sido el resultado de un proceso de negociaciones entre ETA y el Gobierno que se inició en primavera de 2005 y culminó en febrero de este año. Según Gara, ETA declaró la tregua a cambio de unos compromisos que habría obtenido del Gobierno en ese acuerdo de febrero. Los compromisos incluían el respeto gubernamental a “la libre decisión de los vascos”, la paralización de la actividad policial, el respeto a las actividades del brazo político y la inclusión de Navarra en los acuerdos.

ETA había aludido algo más oscuramente a esos compromisos en la entrevista que dio en Gara el 14 de mayo de este año. En dicha entrevista, los portavoces etarras afirmaban que “ETA ya ha realizado su principal aportación al impulso del proceso (…) Ahora corresponde a esos agentes concretar sus compromisos”; y también que “el paso de ETA no se ha dado en el vacío; en nuestra decisión también han tenido que ver la voluntad y los compromisos expresados directamente por diferentes agentes en estos últimos meses”. Pero, además, los etarras explicaban cuál era la negociación que habían exigido: “deberá desarrollarse un doble esquema: por una parte, el proceso político para decidir el futuro de Euskal Herria; y por otra, lo que deberá ser acordado entre ETA y los estados”. Y concretaban el apartado esencial de sus exigencias: “para nosotros, la clave principal y la base imprescindible se encuentra en el proceso democrático que debe desarrollarse en Euskal Herria, y ahí hay que lograr el acuerdo principal para superar el conflicto, es decir, entre los agentes vascos (…) la esencia de la negociación entre ETA y los estados proviene de ese punto de partida”.

Si lo anterior no fuera suficientemente claro, ETA volvió a explicarlo en un comunicado emitido el 21 de junio. Recordó que sólo estaba dispuesta a una negociación netamente política y que únicamente seguiría adelante si el Gobierno cumplía las condiciones que se le exigían: garantía de aceptación de la territorialidad y la soberanía por encima de la Constitución y suspensión total de las actividades del estado de derecho contra los terroristas.

Con todas las exigencias políticas vigentes, sin renuncia a la violencia, sin entrega de las armas y sin paralización de la actividad terrorista, el presidente del Gobierno respondía a la banda el 29 de junio con un anuncio de apertura oficial de los contactos. Y, sobre todo, con la aceptación de las dos condiciones esenciales marcadas por ETA: el “respeto a la libre decisión de los vascos”, incluido explícitamente por el presidente en su discurso en los términos habitualmente usados por ETA, y el reconocimiento de la existencia de un conflicto político en el País Vasco, un conflicto que debería ser resuelto a través de los “partidos políticos y los agentes sociales, económicos y sindicales”. Además, una semana después, aceptaba también la estructura de negociación exigida por ETA, la de la mesa de partidos que debatirá sobre el futuro político del País Vasco, con la primera reunión oficial con Batasuna.

A pesar de la obvia inclusión de las dos exigencias básicas de ETA en la declaración principal del 29 de junio y a pesar de la aceptación de la mesa de partidos, lo cierto es que el Gobierno ha negado rotundamente la existencia de compromisos y, a lo largo de todo este año de contactos con los terroristas, ha repetido una y otra vez que no pagará ningún precio político. Esta llamativa contradicción, o, más bien, esta abierta mentira, lleva a preguntarse cuáles son las razones que explican el alto nivel de sostenimiento del discurso gubernamental en la opinión pública, cómo es posible que el más que claro precio político y las mentiras sobre ese precio no hayan pasado ya una importante factura política al ejecutivo. Y cómo es posible que ni siquiera una información sobre los compromisos como la de Gara, tan consistente con los hechos, no haya obligado al ejecutivo a una rectificación de sus objetivos.

Parte de las razones se inscriben en la lealtad partidista e ideológica, en la aceptación disciplinada de cualquier paso que pueda dar el PSOE en el poder, sea cual sea su contenido. Aún más importante es el silencio de la mayoría de los intelectuales de izquierdas, al que me referiré más adelante. Pero, además, el Gobierno se sostiene y sostiene su negociación con los terroristas en una profunda ambigüedad, una ambigüedad que usa con los ciudadanos y no con los terroristas. Afirmaba más arriba que el discurso gubernamental basado en las ideas de la derrota de ETA y de la inexistencia de precio político se sostiene parcialmente en la existencia de una parte de verdad en ambas, una pequeña parte, pero suficiente para sustentar el conjunto de la manipulación. Y en el caso del precio político, también, aunque la parte de verdad haya que extraerla de una manipulación temporal.

Es cierto que el Gobierno no va a negociar políticamente con la cúpula militar de ETA porque con quien lo va a hacer es con Batasuna. Eso es exactamente lo que ha pedido la cúpula militar, que el Gobierno negocie los asuntos políticos con su brazo político, pero la confusión que algunos aún persisten en fomentar sobre la verdadera naturaleza de Batasuna permite mantener con un mínimo de dignidad la manipulación sobre una negociación política que no sería con ETA aunque sí con su brazo político. Y como el Gobierno también proyecta legalizar a Batasuna en los próximos meses, aún puede añadir que esa negociación se realizará con grupos plenamente legales, una vez que ETA “haya desaparecido”.

La separación entre ETA y Batasuna le permite, por el momento, sostener el artificio. Y a eso se añade la ambigüedad sobre el derecho a decidir. En términos nacionalistas, o en términos etarras, el derecho a decidir significa aceptación del derecho de autodeterminación y respeto a su ejercicio. Y el Gobierno sabe perfectamente que ése es su significado y que en la medida en que lo incluye en su declaración oficial de inicio de contactos con ETA lo acepta en esos términos de cara a ETA. Ahora bien, de cara a los ciudadanos, juega nuevamente con la ambigüedad temporal. El derecho de autodeterminación será un tema de discusión de la mesa de partidos, y cuando el PSOE tenga que fijar su posición sobre él –piensa el Gobierno–, la violencia habrá desaparecido y los ciudadanos estarán mucho más abiertos a su discusión, e incluso a su aceptación.

El silencio de los intelectuales

Sean cuales sean las ambigüedades, lo cierto es que hay una aceptación evidente por parte del Gobierno de las principales condiciones de ETA. Y si eso ha sido posible con tan limitada contestación social es en buena medida por el silencio de los intelectuales de la izquierda. Los más críticos de entre ellos advirtieron hace algunos meses que otorgaban un margen de confianza a Zapatero para sus contactos con ETA, pero que la negociación no podía suponer un pago político a ETA y que la mesa de partidos, la mesa de negociación política, en ningún caso debería existir.

Meses después, la negociación política es evidente y, sin embargo, los intelectuales de izquierdas persisten en dar un margen de confianza al Gobierno. Al menos, a día de hoy, mediados de julio de 2006. Y junto a ellos, una buena parte de los movimientos sociales antiterroristas del País Vasco que en su día fueron esenciales en el fortalecimiento de la lucha antiterrorista han renunciado a la movilización. Pervive el activismo del Foro de Ermua, pero Basta Ya ha perdido casi toda su presencia en el debate público y lo mismo le ocurre a la Fundación para la Libertad. Y la causa es la misma en ambos, las dudas de una parte de sus integrantes, los militantes o votantes socialistas, sobre una oposición frontal al proceso de negociación del Gobierno socialista. Todas las condiciones exigidas por estos movimientos, tanto en el pasado como en los últimos meses, han sido incumplidas por el Partido Socialista, y, sin embargo, el activismo del pasado ha desaparecido. El análisis de las razones es demasiado complejo para abordarlo en estas páginas, pero hay algo de lealtad partidista y bastante de rechazo a “ser confundidos” con la derecha en una movilización contra la negociación que en estos momentos es identificada con el PP.

Pero, al margen de las causas de ese silencio, lo esencial es que tiene un importante efecto en el debate sobre el proceso de negociación. Hay que recordar que la resistencia antiterrorista fundada por estos movimientos se basaba en la unidad entre votantes socialistas y populares y que, en la medida en que una buena parte de los socialistas se han retirado de esa resistencia, la defensa de los principios del estado de derecho y de la derrota policial del terrorismo pasa a ser un discurso mucho más débil y aislado socialmente.

De hecho, creo que la indecisión que existe en estos momentos en la opinión pública, en torno al proceso de negociación y las posiciones del Gobierno, se debe en buena medida a la ausencia de una parte importante de la referencia intelectual. Y es posible que esa opinión pública permanezca en la indecisión si el silencio de los intelectuales de izquierdas permanece. El silencio público, quiero decir. Porque lo cierto es que la voz privada de esos intelectuales y esos movimientos sociales es profundamente crítica con el Gobierno, con su estrategia y con sus objetivos. Pero apenas ha salido de ese ámbito privado.

Por qué Zapatero paga un precio político

Si ETA está derrotada, ¿por qué el Gobierno accede a sus exigencias? Algunos responden que por pragmatismo. Incluso los propios intelectuales que lo sostienen en este proceso argumentan que es imposible acabar totalmente con ETA sin algún tipo de diálogo o cesión y que Zapatero es, simplemente, un político realista que aplica el único método que permitirá el fin definitivo del terrorismo.

Otros, más críticos con Zapatero, argumentan que este proceso de negociación está sustentado en su profundo deseo de convertirse en el líder que acabó con ETA. Esa ambición personal explicaría casi todo, el enorme riesgo o la amplísima “generosidad” dedicada a los terroristas. Se trataría, en cualquier caso, de una cuestión de pura ambición personal, la de un político frío y calculador que aborda el problema del terrorismo como un medio más para fortalecer su poder político y su carrera.

Hay, sin embargo, una tercera explicación, la que me parece más útil para explicar por qué Zapatero ha cedido ante ETA cuando la debilidad del grupo terrorista y la existencia del Pacto Antiterrorista hacían más fácil que nunca la resistencia del estado. Se trata de la ideología de Zapatero y del sector del socialismo que él representa. Zapatero cede a las exigencias políticas de ETA porque forma parte de esa parte de la izquierda que nunca superó las dudas sobre la legitimidad de ETA, la legitimidad que en algunos círculos sociales e intelectuales ETA aún mantuvo con fuerza en la Transición y en menor grado arrastró durante bastantes años. Podemos resumir esto en unos términos muy sencillos con la siguiente comparación: si ETA fuera un grupo terrorista de extrema derecha, el Gobierno socialista no habría hecho las concesiones políticas que sí ha hecho a un grupo terrorista de extrema izquierda. En otras palabras, en esa izquierda española no hay repugnancia hacia la negociación con los terroristas porque esos terroristas y sus reivindicaciones corresponden en términos ideológicos a la izquierda y al nacionalismo que estuvieron con los socialistas en el antifranquismo.

Si Zapatero ha asumido con tanto entusiasmo la palabra paz para denominar la negociación de asesinos con víctimas, de asesinos con demócratas, es porque nunca tuvo claros los límites de esas demarcaciones o el grado de separación entre etarras y perseguidos. Si así hubiera sido, jamás habría utilizado la palabra paz, una palabra esencial en esta negociación porque la convierte en lo que es en la práctica, en una negociación entre dos partes de comparable legitimidad e incluso respetabilidad. Si Zapatero decía el 29 de junio que “la paz es tarea de todos”, si apelaba a la equiparación de asesinos y víctimas en el proceso del fin del terrorismo, es porque siempre aceptó que hay algo de verdad en el discurso etarra de la existencia de un conflicto en el País Vasco.

Uno de los mayores sostenedores ideológicos de Zapatero, el politólogo Ignacio Sánchez Cuenca escribía recientemente en las páginas de El País que si queremos que ETA no vuelva a matar debemos conseguir integrar a su base social en el sistema democrático. Es ya muy vieja esta apelación a la integración del brazo político de ETA y de sus votantes. Ha sido tradicionalmente utilizada por la izquierda para justificar el diálogo con ETA. Visten de pragmatismo lo que es simple coqueteo ideológico con una extrema izquierda de la que se sienten lejanos, pero no completamente separados. Integración, pragmatismo, generosidad, paz, son todas palabras manipuladoras que pretenden dar a esta negociación carácter de grandeza de miras, inteligencia y apertura ideológica. Pero esconden en el fondo una simple cuestión de viejos extremismos ideológicos no superados, los que aún conectan sentimentalmente a esta izquierda y a sus hijos con el antifranquismo, con sus fantasmas y con sus mitos.

Edurne Uriarte, Catedrática de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos

Papeles de FAES, número 27.

27 de julio de 2006.