Blogia

Foro El Salvador

Nota de prensa de la Asociación de Víctimas del Terrorismo ante el anuncio del inicio de diálogo del gobierno con la banda terrorista ETA.

El Presidente del Gobierno ha anunciado en el Congreso de los Diputados su intención de sentarse a negociar con los asesinos de la banda terrorista ETA, en la que sin duda alguna es una de las jornadas más tristes en la historia de la democracia. A pesar del clamor de las víctimas del terrorismo y de la sociedad en general, quienes hasta en 4 ocasiones le hemos solicitado a José Luis Rodriguez Zapatero a través de distintas manifestaciones y movilizaciones que no negocie con quienes desprecian nuestro Estado de Derecho, el Presidente ha preferido hacer caso omiso al clamor popular y convertir en interlocutores a los asesinos más sanguinarios de la historia de nuestro país.

De esta forma nuestro Gobierno va a ceder ante las exigencias de Arnaldo Otegi, Josu Ternera, Francisco Javier García Gaztelu alias “Txapote” o Idoia López Riaño “La Tigresa” entre otros, obviando el sacrificio de quienes dieron su sangre por la defensa de la libertad en nuestro país.

Para las víctimas del terrorismo resulta tremendamente descorazonador el comprobar cómo nuestro gobierno cede continuamente ante el chantaje de ETA, y permite que quienes tanto dolor y sufrimiento han causado en la sociedad española, asesinando a 812 personas e hiriendo a miles de ellas, se conviertan en “defensores de la paz”, mientras las víctimas son insultadas de manera continua, llegando incluso a acusarlas, en actuación vil y miserable que se descalifica por si sola, de no querer alcanzar la paz.

Es lamentable que Jose Luis Rodriguez Zapatero haya decidido ceder al chantaje y a las amenazas de quienes hace tan sólo dos semanas amenazaron a Francia en el caso de que dicho país no reconozca sus reivindicaciones. En este sentido, procede poner de manifiesto que los terroristas con los que pretende sentarse el Gobierno del Sr. Zapatero son aquellos que tras asesinar y herir a miles de personas, demuestran el Audiencia Nacional cotidianamente la ausencia de ningún atisbo de arrepentimiento ante los crímenes por ellos cometidos, y que incluso, se jactan de los mismos y ofenden, insultan y agraden a las víctimas testigos y al conjunto del Poder Judicial.

Con base en lo anterior, la AVT desea denunciar de manera rotunda la actitud adoptada por el Gobierno de la Nación anunciada en el día de hoy en el Congreso de los Diputados.

El Sr. Zapatero y el conjunto de su ejecutivo deben ser conscientes de la extrema gravedad del paso dado, que supone legitimar los cientos de asesinatos y los miles de heridos provocados por la barbarie terrorista.

Asimismo, decisiones como la notificada hoy en el Congreso de los Diputados debilitan sobremanera a nuestro Estado de Derecho, pues trasladan a cualquier grupo terrorista la idea de que nuestro Gobierno esta dispuesto a ceder al chantaje.

Una vez más reiteramos que el único camino eficaz para acabar con ETA es el basado en la firmeza y la determinación democrática con los instrumentos que ha dicho efecto otorga el Estado de Derecho, tal como quedó demostrado durante los hechos de vigencia real del Pacto Antiterrorista.

La ruptura de facto del mismo llevada a cabo por el Gobierno del Sr. Zapatero supone una traición no sólo a las víctimas del terrorismo sino a todos los demócratas en su conjunto. Si ETA ha asesinado físicamente a casi mil ciudadanos y herido a más de ocho mil, José Luis Rodriguez Zapatero ha matado la memoria de dichas personas, dejando sin sentido su muerte y sus heridas.

Hoy más que nunca, la AVT desea reivindicar su lema fundacional “Memoria, Dignidad y Justicia” como eje de toda actuación frente a los terroristas, y anuncia que con este fin continuará sus actuaciones a lo largo de toda la geografía española.

A don Rafael Pradas. Cartas al Director de El periódico de Aragón.

Leo en la edición del 24 de junio de su prestigioso diario un artículo de Rafael Pradas, profesor de la Universidad Carlos III, titulado "En nombre de las NO víctimas".

La lectura de este artículo me ha provocado muchas reflexiones algunas de las cuales transcribo a continuación. En general el artículo es una justificación de la negociación del gobierno con ETA. El objetivo del artículo ya es objetable. Porque cuando un gobierno negocia con una banda terrorista ya le está concediendo una victoria: el considerarle interlocutor de un Estado soberano. Esta victoria legitima los crímenes anteriores ya que fueron necesarios para llegar al actual "proceso de paz".

Pero lo peor es que utiliza una serie de argumentos que son falsos o directamente son mentiras.

1°. Alinea a la AVT con el PP o con sectores a la derecha del PP. Lo único que está ocurriendo es que el PP ha apoyado con su presencia las movilizaciones de la AVT, al igual que algunos militantes del PSOE y algunas organizaciones de izquierda. ¿Qué tiene de vergonzoso que el PP apoye a la AVT? ¿Acaso el PSOE no le apoyaba también mientras estuvo dentro de los límites del pacto antiterrorista? Es que la AVT no se ha movido, está donde siempre. Quien se ha movido ha sido el PSOE y el gobierno. Movimiento que comenzó con la purga de Nicolás Redondo y ha seguido con la utilización de la fiscalía apoyando los argumentos jurídicos de las defensas de algunos criminales de ETA y Batasuna (es decir, ETA).

2°. Los jóvenes vascos cuyo futuro es el terrorismo (callejero, pero terrorismo) pueden dedicarse a una vida honrada y decente igual que hemos hecho la mayoría de los ciudadanos. Pueden buscarse un trabajo, acabar sus estudios, hacer oposiciones. ¿O es que el señor Pradas cree que la actividad terrorista de estos jóvenes está justificada? Yo no lo creo.

3°. Dice el artículo que la AVT se arroga una representación que no tiene porque hay víctimas que si están de acuerdo con la rendición ante ETA. Y que los muertos no pueden opinar. Claro que no pueden, para eso ETA les mató, para silenciarles porque la voz de algunos de ellos era muy molesta para ETA. Incluso la voz de Ernest Lluc, que el autor cita, a pesar de ser favorable a la negociación era molesta. Y era molesta porque era una persona honrada y decente.

4° Dice el señor Pradas que hay que concederle una oportunidad a la paz dentro de la legalidad y de la dignidad. ¿Le parece digno que un asesino se siente en una mesa de igual a igual con el representante de un gobierno? ¿Cree que es legal que un gobierno mire para otro lado mientras Batasuna (organización ilegalizada por ser parte de ETA) organiza actos, manifestaciones y ruedas de prensa? ¿Es legal que algún policía avise a los criminales para evitar su detención?

Me parece muy bien que ETA pida perdón, cosa que no ha hecho todavía. Y añade, "habrá que hacer gestos de concordia en la otra dirección. Por los errores del pasado" . ¿Nosotros, todos nosotros, la Nación española, las víctimas? ¿Quién? ¿Quién tiene que pedir perdón a ETA, señor Pradas? ¿Qué errores?

***Fermín Civiac

***Huesca

Zapatero anuncia desde el Congreso la apertura de contactos con ETA.

El presidente del Gobierno asegura que mantendrá en vigor la Ley de Partidos.

El jefe del Ejecutivo tiene palabras reconocimiento para las víctimas, para los servidores del Estado y para los anteriores Ejecutivos que buscaron la paz "de buena fe".“Al amparo de la resolución adoptada por el Congreso de los Diputados en mayo de 2005, quiero anunciarles que el Gobierno va a iniciar un diálogo con ETA manteniendo el principio irrenunciable de que las cuestiones políticas sólo se resuelven con los representantes legítimos de la voluntad popular”.

Así ha anunciado poco antes de las dos de esta tarde el jefe del Ejecutivo, José Luis Rodríguez Zapatero, la noticia más esperada de las últimas semanas. En su declaración institucional el presidente del Gobierno ha reiterado que no la paz no tendrá precio político y ha tenido palabras de elogio para las víctimas, para los servidores del Estado y para los anteriores Ejecutivos, que intentaron “de buena fe” alcanzar la paz en el País Vasco.

En un escenario poco corriente para este tipo de declaraciones solemnes, el vestíbulo del Congreso, Zapatero ha comenzado por recordar los esfuerzos de los ejecutivos de José María Aznar y Felipe González por erradicar la violencia y ha recordado que aunque la declaración de alto el fuego data del pasado 23 de marzo, llevamos tres años sin atentados mortales y, por primera vez en situaciones de este tipo, “habiendo desaparecido prácticamente la totalidad de las acciones”. “Lo singular de la situación no es tanto lo que ETA ha dejado de hacer sino lo que los demócratas hemos hecho durante todos estos año”, ha afirmado.

A continuación, el presidente del Gobierno ha insistido en la idea que ha reiterado desde que anunció su intención de abrir un periodo de diálogo con ETA: “la democracia no va a pagar ningún precio político para alcanzar la paz”. El proceso, como ya adelantó cuando se anunció el alto el fuego será “largo, duro y difícil”, pero el presidente ha prometido abordarlo con prudencia, unidad lealtad”. Y ha lanzado también un guiño al PP, partido con el que suscribió, estando Zapatero en la oposición, el pacto por las Libertades y contra el Terrorismo: el Gobierno mantendrá en vigor la Ley de Partidos, la que da cobertura legal a la ilegalización de Batasuna.Sobre el futuro del País Vasco, el presidente del Gobierno ha querido hacer una apelación a los ciudadanos de las formaciones políticas y a la sociedad vasca en general y les ha prometido que su ejecutivo respetará “las decisiones de los ciudadanos vascos que adopten libremente, respetando las normas y procedimientos legales, los métodos democráticos, los derechos y libertades de los ciudadanos y en ausencia de todo tipo de violencia y coacción”. Para ese gran acuerdo político de convivencia, “los partidos políticos, los agentes sociales, económicos, sindicales, deben adoptar acuerdos para ese pacto de convivencia a través de los métodos de diálogo que estimen oportuno, y por supuesto a través de los métodos democráticos para trasladar dichos acuerdos a los distintos ámbitos institucionales".

Para los próximos meses, en concreto para septiembre, el presidente del Gobierno ha prometido una nueva ronda de contactos del ministro del Interior con los diferentes grupos parlamentarios, similar a la que ha tenido lugar esta mañana. En ella se informará del desarrollo del proceso que hoy se abre.

Reunión con los diversos grupos

Esta mañana, antes de la comparecencia, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se ha reunido, uno a uno, con los portavoces de las distintas fuerzas parlamentarias para forjar un consenso sobre esta materia y anunciarles las intenciones del presidente del Gobierno. El representante del Partido Popular, Eduardo Zaplana, ha realizado una brevísima comparecencia ante la prensa tras el encuentro para anunciar la comparecencia de Zapatero.

Poco antes, el portavoz parlamentario del PSOE, Diego López Garrido, informaba de que Zapatero tomaría una decisión sobre el anuncio de apertura de contactos “después” de esta ronda de reuniones, que debía “influir” en su decisión. Su objetivo era tratar de “sumar voluntades”, sobre todo la del Partido Popular. “La unidad de los demócratas es muy importante”, ha señalado López Garrido.

Según el portavoz socialista, los encuentros de Rubalcaba buscaban “pulsar la opinión de los grupos políticos respecto del inicio del diálogo con la banda terrorista” e “intentar que el PP se sume a esa esperanza” de que la sociedad española toque “por fin” la paz que todos anhelan.El jefe del Ejecutivo avanzó semanas atrás que antes de que concluyese el mes de junio comparecería ante el Congreso para dar cuenta del inicio de los contactos con ETA tras el alto el fuego. Ayer, Zapatero acudió a la Cámara Baja para participar en la sesión de control al Gobierno, y pidió “calma” ante la expectativa generada sobre su posible comparecencia para informar de la apertura del diálogo.

ELPAIS.es  -  Madrid, 29 de junio de 2006

Joseba Segura, sacerdote vizcaíno implicado en el proceso de paz: "lo del día 22 no fue un suceso más en ETA sino el fin de la violencia en Euskadi".

ENTREVISTA A JOSEBA SEGURA, SACERDOTE VIZCAÍNO IMPLICADO EN EL PROCESO DE PAZ

- En el proceso que ha desembocado en el alto el fuego permanente de ETA
han participado distintos agentes e instituciones. ¿Cuál ha sido el papel de
la Iglesia vasca y hasta dónde ha llegado?
 

La Iglesia Vasca ha manifestado reiteradamente su disposición a hacer lo posible para que la violencia y el sufrimiento que esta genera, acaben cuanto antes. No ha tenido ningún interés en asumir un protagonismo que no le corresponde pero sí ha intentando en la medida de sus posibilidades, facilitar relaciones y sostener líneas de comunicación entre grupos y sensibilidades políticas que, por un motivo u otro, estaban interrumpidas o paralizadas por la desconfianza.

- Los obispos vascos reprochaban en una pastoral conjunta que el proceso de pacificación había sido «poco trabajado por el diálogo de los partidos Su trabajo ha sido de cocina previa, para tender puentes y restablecer un clima de confianza. 

Efectivamente ha habido varios años de poca o nula comunicación entre partidos. Años dominados por una estrategia de confrontación frustrante. Sin embargo la puesta en marcha de algunas líneas claves de comunicación ha sido, por sí sola, capaz de generar la confianza suficiente para llegar a la situación actual. Ahora bien, no sería bueno creer que ya se dan las condiciones suficientes para un diálogo que normalice la política en el País Vasco. Todavía falta por hacer un trabajo importante porque la nueva situación crea incomodidad en algunos grupos y sensibilidades. Y esa incomodidad merece ser escuchada con respeto. No se trata de forzar a nadie a sentarse a una mesa sino de generar las condiciones en las que todas las partes puedan encontrarse mínimamente cómodas. Poner en comunicación sensibilidades políticas diversas: en eso se ha venido trabajando durante años, un trabajo que va a seguir importante también en el próximo futuro.

- ¿Cuál sido la génesis de este planteamiento: en qué momento la Iglesia
decide participar -calendario- y en qué formato?
 

Los obispos vascos vienen articulando la apuesta de la Iglesia por la paz desde los años 70. El mensaje ha sido claro: respeto a la dignidad de la persona, rechazo tajante del recurso a la violencia y petición reiterada para que cualquier conflicto se encauce por medios exclusivamente políticos. En el contexto de la tregua anterior algún miembro de la Iglesia recibió la solicitud de facilitar determinados contactos. Permítame que omita los detalles porque en las circunstancias actuales esa información todavía puede ser objeto de controversias políticas innecesarias e incluso contraproducentes. En todo caso, aquello supuso el inicio de comunicaciones y relaciones personales que, de manera natural, se han mantenido a lo largo del tiempo y poco a poco se fueron abriendo a otras nuevas. Aquí no ha habido ni dramática decisión para intervenir, ni sesuda programación de estrategia. Las cosas han sido mucho más sencillas. Circunstancias inesperadas nos confrontaron en su momento con la necesidad de mantener y concretar una palabra expresada públicamente: nuestra disposición a contribuir a la pacificación de este país, siempre que se entiendan y se respeten los límites de esa contribución. Lo decía gráficamente D. Ricardo Blázquez pocos días antes de la declaración del alto el fuego: el Obispo de Bilbao está dispuesto a hacer lo que pueda por la paz pero en su calidad de Obispo y no como político. 

- El nombre de Alec Reid ha sido invocado como una de las personas que han participado de manera decisiva en el proceso. Usted le ha acompañado en Euskadi. ¿Cuál ha sido la aportación del sacerdote redentorista? ¿En qué ha consistido su trabajo? 

El P. Alec ha hecho una contribución importante, abriendo líneas de comunicación entre grupos y personas, serenando ánimos y desconfianzas, insistiendo en la necesidad de diálogo y, sobre todo, comunicando un optimismo irrefrenable que en las situaciones difíciles se sostiene en una confianza plena en “la gracia de Dios”. Lo repite permanentemente, incluso ante auditorios mayoritariamente agnósticos y además, es verdad. Al P. Alec es imposible desanimarle. Pasara lo que pasara a lo largo de estos 7 años, y han pasado muchas cosas, nada ni nadie podía quebrantar su convicción de que la violencia iba a terminar pronto y el diálogo iba a tener por fin una oportunidad. Con su humilde maletín, viajando en buses y trenes por toda la geografía vasca, olvidando aquí unas gafas, allí unos papeles, andando por nuestras nuestras ciudades a pié, parando aquí y allá a tomar un cafecito para continuar escribiendo sus “lecciones de la calle”, ha tenido que ser una pesadilla para los servicios de información. En realidad, como él mismo ha expresado con contundencia en alguna de sus entrevistas recientes, el P. Alec no ha tenido una intervención directa en la gestación de la declaración del día 22. Eso sí, estaba informado de que esta declaración se estaba gestando e iba a llegar de manera inexorable.

- ¿A quién representaba el padre Reid? En  que medida el Obispado de Bilbao avalaba su labor? ¿Que canales de comunicación mantenían?
 

El P. Reid trabaja por su cuenta bajo la autoridad de su provincial en Irlanda y el Superior General de la Orden Redentorista. Ambos están perfectamente informados de su labor en el País Vasco y la respaldan. Yo le invite hace 7 años a venir, conocedor de su papel fundamental en el proceso irlandés pero nunca imaginé que decidiera implicarse en la situación del País Vasco hasta donde lo ha hecho. Una vez más, no es cierto que su presencia responda a una decisión o una estrategia de la Iglesia vasca. Los que conocen al P. Alec saben que no es fácil integrarle en ninguna estrategia que no sea la de seguir el camino que el Espíritu le dicta cada día. Es un hombre muy celoso de su independencia y que mantiene criterios personales sea cual sea la opinión mayoritaria a su alrededor o lo que en cada momento pueda parecer políticamente correcto.

- ¿En algunos medios se ha relacionado al Vaticano, y más en concreto al cardenal Roger Etchegaray con el proceso. ¿Esta labor contaba con el aval de Roma y de la Conferencia Episcopal? 

La Secretaria de Estado y, más en concreto, el Secretario para las relaciones con los Estados, Monseñor Giovanni Laiolo, sigue con mucho interés la evolución de la cuestión vasca, aunque solo sea porque se trata del último conflicto de este tipo en el territorio de la UE. Periódicamente allí se reciben informes de personas de confianza encargadas de seguir este tema, en este caso como en otros muchos. Lo mismo puede decirse del Cardenal Roger Etchegaray, hombre que por ser de origen vasco y por su experiencia como mediador en numerosos conflictos, tiene un interés particular en nuestra situación. Sin embargo son falsas las informaciones que implican al Cardenal en procesos de intermediación, llevando esta carta, comunicando determinado mensaje… El Vaticano no actúa así. En estos temas deja la iniciativa a las Iglesias locales. Es la Iglesia local, presidida por su Obispo, la que discierne lo que cabe hacer y lo que no. En todo caso creo poder asegurar que lo que aquí se ha hecho está en plena sintonía con lo que la Iglesia Católica promueve como filosofía general de intervención en situaciones de conflicto. 

- En varias comparecencias públicas, determinadas declaraciones de Alec Reid han sembrado la desconfianza en sectores no nacionalistas, que las han tomado como las de un 'amigo de la izquierda abertzale', lo que ha cuestionado su supuesta neutralidad. 

Detrás de esa aproximación peculiar del Padre hay una opción, una filosofía de intervención. Me atrevo a resumirla porque él mismo la ha caracterizado en términos similares cuando, en alguna ocasión, le he comunicado preocupaciones concretas con algunas posiciones suyas: “Yo vengo a pedir a unas personas que dejen la violencia porque hay una alternativa que respeta la dignidad humana. Ellos me dicen: de acuerdo, pero ¿estás dispuesto a ayudarnos a construir esa alternativa? Lógicamente yo les respondo que sí y por eso les apoyo.” Esa disposición a colaborar con la IA puede entenderse como identificación con sus objetivos políticos o como una filosofía de mediación en conflictos, discutible pero eficaz. Obviamente en el caso del P. Alec se trata de lo segundo y no de lo primero. Es un modo discutible pero eficaz de “representar a la próxima víctima”, tal y como él lo expresa, es decir, de hacer lo posible para que acaben los muertos y el sufrimiento. Se trata de una persona carismática, profundamente creyente, con unas convicciones forjadas en mil tensiones y batallas. Sinceramente yo no esperaría que un hombre que ha trabajado durante 30 años en una situación tan compleja como la irlandesa y que ha tenido un papel tan esencial, pueda ser alguien cuya anodino, cuyas actuaciones no sean controvertidas en algún aspecto.  Casi todo es debatible pero es difícil cuestionar a un hombre que podría estar en Irlanda disfrutando tranquilamente de su prestigio y a su edad tiene pasión suficiente por la paz para meterse de nuevo en un lío como este. 

- Usted ha sido testigo cualificado del proceso. ¿Que van encontrando, dónde perciben los mayores obstáculos? 

Curiosamente los obstáculos más importantes no están, a mi juicio, en la relación entre los partidos sino en el interior de los propios partidos. La contribución de todas y cada una de las sensibilidades a la búsqueda de soluciones compartidas es esencial. Sin embargo no va a ser fácil mantener esa coherencia interna y ese espíritu de colaboración durante un periodo largo y que nadie dude que esto va a ser largo.Para explicarme mejor: en una circunstancia determinada, unos líderes en un partido se dan cuenta de que ha llegado el momento de situarse definitivamente en un nuevo escenario. Sin embargo no siempre les resulta fácil comunicar a su gente las razones de esa convicción y la inevitabilidad del movimiento. Esa dificultad es mayor en la medida en que en el grupo en cuestión haya muchas personas cómodas en la situación anterior o, sencillamente, que viven el cambio como tránsito forzado a una nueva situación llena de amenazas potenciales. Estos días se han podido percibir importantes tensiones dentro del PP que pueden interpretarse desde esta clave. Pero la adaptación a un escenario radicalmente diferente ha sido, es y va a ser difícil para todos: en Batasuna la conciencia de que el camino de la política es el único camino se ha ido abriendo despacio paso a paso. En el PSOE las divergencias han desaparecido con el anuncio de ETA pero han estado ahí y pueden resurgir en un contexto menos favorable para Zapatero. En el PNV ciertos mensajes y actuaciones durante los últimos años reflejan la complejidad de su relación con Batasuna y el pluralismo de sensibilidades dentro del partido. No hace falta tener información privilegiada para suponer con motivos que también en el seno de ETA ha existido un debate complejo que ha necesitado tiempo para no cerrar en falso esta vez. En este proceso alguno de sus líderes habrá tenido que emplearse a fondo. Estas tensiones se agudizan a medida que la clave electoral domina la agenda política. La unidad de acción bajo el liderazgo del Presidente Rodríguez Zapatero es esencial y espero que las buenas sensaciones actuales y la capacidad de distinguir intereses legítimos de partido y colaboración necesaria en este tema, puedan mantenerse a pesar de las dificultades que van a surgir. 

- ¿En qué momento usted percibió que la postura de ETA estaba madura, que la decisión de 'cerrar la persiana' estaba tomada? 

Lo he ido percibiendo progresivamente. La decisión de volver a la violencia tras la última tregua fue tomada por pocas personas y no fue entendida por muchos votantes de Batasuna. Los dramáticos atentados de NY y Madrid remacharon el clavo y convencieron a mucha gente de que hoy en Europa el recurso a la violencia solo logra una cosa: debilitar los objetivos políticos de quien la práctica. La declaración de Anoeta fue un paso público muy importante. El momento clave para mí fue la respuesta conciliadora del presidente Rodríguez Zapatero en el Kursaal a una carta pública de Arnaldo Otegi en enero del 2005. Nosotros en esa fecha sabíamos que ETA había tomado la decisión de cerrar la persiana y dejar las cuestiones del futuro político del país en manos de los políticos. Pero era necesario un Presidente de Gobierno Español decidido a no poner obstáculos innecesarios en el camino. Ese día, al escuchar a Zapatero, me di cuenta de que en Moncloa vivía el Presidente que la situación requería. Entonces supe que una nueva declaración de alto el fuego no sólo era posible sino relativamente cercana. El resto son detalles sin interés y que no deberían preocupar ni ocupar a la opinión pública aunque sé que esos temas generan mucho morbo. Por si vale de algo, manifestaré una convicción personal: este alto el fuego no es resultado de ninguna concesión política a ETA. Esto es suficiente para mí y creo que también puede ser en estos momentos suficiente para la mayoría de la opinión pública española. 

- ¿Como conocedor de este proceso considera que el anuncio de ETA ofrece las garantías suficientes para alimentar la esperanza? 

Estoy convencido de que es así. Esta vez  la decisión se ha adoptado con la preparación adecuada, dando al proceso el tiempo necesario y bajo un liderazgo que buscaba una decisión sostenible y eventualmente irreversible. Nadie puede excluir que en Francia existan todavía personas escépticas, dispuestas a volver al camino de la violencia. Lo importante es que esas personas no van a poder levantar de nuevo la bandera de ETA y arrastrar tras ellos a lo que Batasuna representa hoy. La violencia es percibida prácticamente por toda la población nacionalista como una estrategia desesperada que solo produce marginación política. Lo digo con total convicción: este “alto el fuego “permanente” de ETA, va a resultar “definitivo.” 

-  ¿Cuál cree usted que va a ser el ritmo a partir de ahora?

En lo que se refiere a la pacificación, parece necesario seguir la hoja de ruta del Presidente del Gobierno que creo ha demostrado en este tema disposición suficiente para dialogar con las fuerzas políticas y aclarar con ellas cualquier dificultad o malentendido que vaya surgiendo. 

- ¿Le parece correcta la metodología que se ha anunciado, de dos mesas, una entre el Gobierno y ETA, y otra entre todos los partidos? 

Me parece clara e importante la distinción entre pacificación y normalización política. Respecto a cómo ha de abordarse en concreto cada uno de los temas no tengo nada que decir. El primer objetivo es responsabilidad directa del Presidente del Gobierno. Respecto al segundo creo que el terreno de juego está más abierto para que en el diálogo entre partidos se logren consensos respecto a ritmos, ámbitos, metodologías, etc. Veo al Lehendakari y a Zapatero bien dispuestos para llegar a acuerdos en esos temas. También los dirigentes del PSE están haciendo planteamientos razonables. La Iglesia poco tiene que decir en estos asuntos, más allá de lo que venimos repitiendo en numerosas ocasiones: la tarea ha de realizarse “entre todos y para todos.” No podemos dejar fuera ninguna sensibilidad. 

- Usted que ha participado en la 'cocina', ¿propone alguna 'receta' para conseguir que la decisión de ETA sea irreversible? 

Sencillamente mantener el curso actual, actuando al mismo tiempo con prudencia pero también con decisión para aprovechar la oportunidad que se ha concretado. En el camino están pendientes temas complicados que habrá que abordar cada uno a su tiempo. Inevitablemente van a surgir tensiones que desanimarán a muchos. El cohete está todavía alto pero la ley de la gravedad lo traerá a su sitio. Confío en que las personas que han sido y van a seguir siendo claves en el proceso no se desanimen en ningún momento. Y para ello lo mejor es que no olvidar nunca la enorme alegría y esperanza que la nueva situación ha suscitado en millones de personas. Todo ese sentimiento positivo no puede verse frustrado de nuevo. Creo sinceramente que hay espacio para llevar la nave a buen puerto sin que en el proceso se deban hacer concesiones ilegítimas desde un punto de vista democrático o éticamente inaceptables. 

- La Iglesia vasca ha desarrollado una labor, pero queda mucho camino por recorrer. Los obispos Ricardo Blázquez y Juan María Uriarte han ofrecido la ayuda de la Iglesia en esa tarea ¿Cuál es el desafío inmediato de la Iglesia en esta cuestión? 

El desafío de la Iglesia es el de toda la sociedad vasca: normalizar nuestra vida social y política de modo irreversible. El proceso de pacificación va a seguir su curso pero aunque progrese adecuadamente, las heridas, los agravios y la desconfianza de muchas personas sigue ahí. Todos tendremos que hacer lo posible para que esas llagas no cierren en falso esta vez. Y nos va a tocar hacerlo en un contexto difícil que ya conocemos: un país muy plural cuya diversidad nos garantiza un clima político de tensión sostenida.  Esperemos, eso sí, que nunca más sea crispado.

- La tarea de la reconciliación será, también, larga y difícil. Hay muchas heridas que cicatrizar. ¿El perdón que impulsa la Iglesia será posible?

La palabra “perdón” hay que utilizarla con mucho cuidado. El perdón no se puede exigir de ninguna víctima y desde luego la Iglesia no lo va a impulsar de ese modo. Sin embargo la tarea reconciliadora forma parte de la razón de ser de la Iglesia. La  comunidad cristiana no puede sino plantearse cual es el mejor modo de hacer una contribución concreta a ese objetivo humanizador. Incluso si en el pasado hemos cometido errores, el futuro está abierto y el Evangelio nos interpela. Eso sí, las propuestas han de ser respetuosas con los tiempos, acertar en los mensajes y hacerlo todo desde un gran respeto por el sufrimiento de las personas.

- La Iglesia vasca ha recibido críticas severas por parte de algunos colectivos de víctimas  que se han sentido «abandonados», que han echado en falta el cariño de sus pastores. ¿Debería hacer una autocrítica la institución? 

Creo que la autocrítica se viene haciendo ya. En la diócesis de Bilbao este tema se ha planteado durante los últimos años en diversos foros y consejos consultivos. En todos ellos se ha discutido de manera abierta y constructiva. He oído posiciones y valoraciones diversas pero no he visto actitudes cerradas a la autocrítica. Los obispos vascos, muchos sacerdotes, así como cristianas y cristianos han tenido gestos de cercanía para con las víctimas tras los atentados. En la diócesis de Bilbao no han faltado personas significadas, sacerdotes y laicos que han venido demandando una posición pública más contundente en este tema. Esas voces nos han hecho pensar a todos y hemos de seguir pensando porque difícilmente se puede promover reconciliación sin identificarse previamente con el sufrimiento. Solo desde el respeto y la cercanía a los que han sufrido la violencia podemos atrevernos a proponer, siempre con humildad, el perdón como una posibilidad.

- Analizando las posiciones de la Iglesia vasca con las de algunos 'hombres fuertes' del Episcopado español se aprecia una falta de sintonía en el papel que debería jugar ahora la Iglesia. Las reacciones han sido muy
distintas en Euskadi y en Madrid. Esa falta de sintonía complicará el futuro escenario?
 

Estoy convencido de que la mayoría de los obispos están abiertos a conceder el tiempo necesario para explorar si existe algo valioso en la nueva situación. Alguna primera reacción no ha sido afortunada pero, sinceramente, creo que esas declaraciones no reflejan la posición mayoritaria en el episcopado español. El consenso mayor está más bien tras la posición moderada que representa Monseñor Blázquez, que podríamos caracterizar como de “cautelosa esperanza.” Nadie puede pedir entusiasmos injustificados en la Conferencia Episcopal pero si es importante que la Iglesia evite en sus declaraciones públicas la impresión de que sostiene posiciones injustificadamente beligerantes o de parte. No puede ser identificada ni en este tema ni en otros con estrategias de partido ni con actitudes motivadas por intereses políticos legítimos pero que no pueden sin más identificarse con el bien común. Esto no siempre es fácil y hay zonas grises donde cabe un legítimo debate. Sin embargo la mayoría de los obispos españoles tienen claros los límites que en la actual situación impone la necesaria independencia de la Iglesia y la obligación evangélica a explorar y promover caminos de paz y de concordia. En el futuro podrán surgir de nuevo temas sensibles pero, hoy por hoy, no creo que existan motivos para dar una impresión de desunión que, sinceramente creo injustificada. Ya se sabe: “cada día tiene su afán”. 

POR PEDRO ONTOSO (EL CORREO)

Publicada en El Correo el 2 de abril de 2006 

Ante el final del terrorismo de ETA: lecciones y errores de la experiencia norirlandesa (fragmento)

El denominado “proceso de paz” norirlandés ha sido tomado como referente por numerosos políticos y periodistas en nuestro país que buscan su aplicación al ámbito vasco. Muchos de ellos asumen como premisa el final feliz del mismo al entender que ha garantizado el final del terrorismo del IRA así como su desarme. Por ello sugieren que el proceso que se inicia con el alto el fuego de ETA exigirá un pragmatismo como el que han mostrado dirigentes británicos e irlandeses.

Sin embargo, la interpretación que muchos de estos observadores realizan del proceso norirlandés ignora que tanto el Gobierno británico como el irlandés han permitido que el terrorismo extrajera réditos políticos. Otros se sirven precisamente de esa realidad para anticipar y justificar que el gobierno español lleve a cabo concesiones en aras de un supuesta practicidad necesaria para solucionar el conflicto vasco. Por ello esa insistencia en el modelo norirlandés hace temer que éste se convierta en coartada para legitimar lo que podría llegar a ser una contraproducente política antiterrorista en relación con ETA si el paralelismo entre uno y otro proceso se sigue estableciendo sin el rigor debido.

En primer lugar debe cuestionarse la generalizada asunción del “final feliz” del proceso norirlandés. La enorme polarización política y social existente hoy en Irlanda del Norte, donde el Gobierno autonómico continúa suspendido desde el otoño de 2002 y en donde la segregación geográfica entre comunidades no ha dejado de crecer, arroja serias dudas sobre una valoración del proceso norirlandés. Es muy convincente atribuir estas consecuencias a una equivocada gestión del proceso posterior al alto el fuego del IRA, sentando un precedente que debería evitarse en nuestro país. En contra de quienes ensalzan el pragmatismo de Tony Blair o Bertie Ahern, primeros ministros del Reino Unido e Irlanda, sus propios pronunciamientos públicos exponen cómo el terrorismo ha conseguido recuperar parcialmente por la vía política lo que perdió policialmente. En enero de 2005 Ahern reconocía en el parlamento irlandés que en su intento por integrar al Sinn Fein en el sistema había ignorado las actividades delictivas en las que el IRA venía viéndose involucrado. Un año antes Blair afirmaba que no debía tolerarse una situación en la que representantes de la voluntad popular se vieran obligados a compartir el gobierno de Irlanda del Norte con un partido como el Sinn Fein asociado a un grupo terrorista todavía activo, esto es, el IRA. El aparente ultimátum del primer ministro británico había sido planteado ya varios años atrás, como se refleja en un discurso pronunciado en octubre de 2002 en el que también exigió “el final de la tolerancia de actividades paramilitares”, así como una “misma ley para todos que se aplique a todos por igual”. Aunque seguidamente aseguró que a partir de ese momento “un crimen es un crimen”, el paso del tiempo demostró que los crímenes del IRA recibían diferente consideración.

La impunidad política, jurídica, e incluso moral, que se desprende de semejante actitud no ha garantizado la ansiada desaparición de la organización terrorista, beneficiando por el contrario los objetivos propagandísticos de su entorno al favorecer la legitimación de quienes han sido capaces así de condicionar el sistema político, debilitando por ello la autoridad constitucional. Estas concesiones fueron criticadas por los representantes de la comunidad unionista durante años, siendo dichas reclamaciones ignoradas una y otra vez por los gobiernos británico e irlandés al entender que el fortalecimiento político del Sinn Fein aseguraba la continuidad del alto el fuego del IRA. Con ese contradictorio comportamiento, que sigue manteniéndose en gran medida, se transmitía a la opinión pública un nocivo mensaje: el Sinn Fein puede condicionar la normalización política a pesar de incumplir las reglas del juego democrático. Este comportamiento ha contribuido a fortalecer electoralmente al Sinn Fein al tiempo que ha debilitado a los partidos que hasta las últimas elecciones habían contado con el respaldo mayoritario del electorado nacionalista y unionista, esto es, el SDLP (Social Democratic and Labour Party) y el UUP (Ulster Unionist Party). Todo ello mientras el movimiento republicano, integrado por el Sinn Fein y el IRA, se convertía en “uno de los más sofisticados grupos criminales del mundo”, como ha reconocido Ian Pearson, ministro del Ministerio para Irlanda del Norte (NIO, Northern Ireland Office).

Las actividades criminales del IRA no se limitan a actividades mafiosas. A menudo se minimiza la gravedad de semejantes delitos mediante una ventajosa comparación con la renuncia del IRA a su campaña de asesinatos sistemáticos. Sin embargo, los sucesivos informes elaborados por la comisión encargada de supervisar el estado del alto el fuego de los grupos terroristas norirlandeses (IMC, Independent Monitoring Commission) confirman que el IRA continúa financiándose y recabando inteligencia, poniendo sus actividades ilegales al servicio de la estrategia política del Sinn Fein. Así pues, el Sinn Fein ha optado por las vías políticas pero sin renunciar a la contribución de las actividades ilegales del IRA. Es por ello por lo que la eficacia de la lucha antiterrorista debe evaluarse no sólo en función de la disminución de la violencia como consecuencia de razonamientos tácticos de la organización terrorista ante su debilidad y declive de su ciclo vital, sino teniendo en cuenta además la capacidad de coacción y control que su brazo político, y por tanto la propia banda, pueden llegar a ejercer sobre las instituciones políticas y la sociedad si reciben un respaldo y una legitimación tan innecesarios como perjudiciales para los intereses estatales.

Las palabras de los grupos terroristas pueden interpretarse de modos diversos en función de los deseos de quienes interpretan esos gestos. Por ello, más allá de la mera retórica lo que verdaderamente debe exigírsele a la organización terrorista son hechos objetivos que demuestren de forma inequívoca su absoluta desaparición y disolución. Así lo aconseja la experiencia norirlandesa donde constantemente, a lo largo de más de diez años, los prometedores y sucesivos anuncios del IRA han sido calificados como históricos a pesar de que todavía hoy este grupo terrorista se mantiene activo. Cierto es que el IRA ha renunciado a su campaña de asesinatos sistemáticos como consecuencia de los elevados costes políticos y humanos que los mismos generan. Sin embargo, y tal y como ha destacado la comisión encargada de supervisar el estado del alto el fuego de los grupos terroristas norirlandeses, el IRA “se ha adaptado a los nuevos tiempos”. De ese modo, como se ha señalado, el IRA continúa financiándose y recopilando inteligencia mediante actividades ilegales que pone al servicio de la estrategia política del Sinn Fein, todo ello con la autorización de líderes que dirigen simultáneamente una y otra formación.

Éste es el motivo por el que la declaración del pasado mes de julio en la que el IRA anunciaba el final de su “lucha armada” era en gran medida redundante a pesar de que todavía hoy es utilizada en nuestro país para respaldar la conclusión de un supuesto “final feliz” del proceso norirlandés que no se corresponde con la realidad. El anuncio del IRA fue ensalzado casi unánimemente, ignorándose que la organización terrorista había abandonado años antes su denominada “lucha armada” consciente de la ineficacia de la misma después de treinta años de asesinar sin conseguir sus objetivos. Sin embargo, los responsables del IRA no renunciaron, ni antes ni después, a mantener presente al grupo terrorista como elemento de presión con el que coaccionar a la sociedad y a los políticos, prometiendo por un lado su desaparición pero condicionándola a que el Sinn Fein recibiera concesiones políticas. Esta estrategia ha dado lugar a numerosos engaños, incurriendo los primeros ministros de Gran Bretaña e Irlanda en una contraproducente indulgencia hacia el brazo político de la organización terrorista. No sería extraño que ETA y Batasuna persiguieran un escenario semejante, de ahí la necesidad de mantener desde el Gobierno exigencias firmes como el desarme y la disolución total de la banda, reclamaciones que deberían satisfacerse y verificarse rigurosamente antes de considerar cualquier diálogo sobre los presos y otras cuestiones políticas como la vuelta a la legalidad de Batasuna.

Cierto es que ETA continúa siendo capaz de emplear de nuevo el asesinato, si bien la banda también parece consciente de los elevados costes políticos y humanos que provocaría para su organización y el entorno de la misma. Es por ello por lo que la presión sobre ETA y su entramado, incluido el brazo político de la misma, sigue representando el factor más valioso para garantizar la eventual erradicación del terrorismo. Así pues, el alto el fuego de la organización terrorista no debe ser recompensado con la legalización de Batasuna.

Siguiendo el modelo norirlandés se aprecia cómo algunos sectores apuestan por interpretar como muestras inequívocas de la voluntad de ETA de poner fin a la violencia gestos aparentemente esperanzadores aunque estos no equivalgan a la mencionada desaparición y desarme de la banda. Se argumenta en defensa de este punto de vista que no resulta realista exigir de ETA semejantes obligaciones. Como consecuencia de esta lógica se libera a la banda de la presión que debería recaer sobre ella, trasfiriéndose la responsabilidad por el mantenimiento del alto el fuego a políticos y ciudadanos que se ven así coaccionados para aceptar condiciones que no son plenamente democráticas. Como el ejemplo del IRA confirma, la mera existencia de una organización terrorista constituye un factor de coacción que jamás debería ser tolerado como aceptable.

Tres fueron los gestos de desarme en Irlanda del Norte que precedieron al último acontecido en septiembre de 2005. Ninguno de ellos se realizó de un modo que permitiera, tal y como se requería, que el desarme fuera verdaderamente eficaz. En esa última ocasión, un religioso protestante y otro católico presenciaron el desarme, sin que se hiciera público un inventario de las armas o fotografías de éstas. Dichos religiosos no eran aquellos que los unionistas habían propuesto, sino otros que sustituyeron a los que el IRA había rechazado. El recambio católico era particularmente desafortunado, al tratarse del padre Alec Reid. Esta figura, presentada en Irlanda del Norte y el País Vasco como un generoso pacificador, carece de la confianza necesaria entre la comunidad unionista al haber sido su objetivo durante años la constitución de un frente pan nacionalista en el que los partidos nacionalistas no violentos se coaligaran con quienes han defendido el terrorismo. De ese modo, ha insistido Reid, el grupo terrorista cesaría en su violencia, ahora bien, a cambio de una peligrosa legitimación que haría que la debilidad de dicha organización y de su brazo político se transformara en fortaleza. Lógico es por tanto que el unionismo desconfíe de quien ha defendido para el IRA algo que también parece propugnar para ETA, es decir, que las organizaciones terroristas obtengan, una vez cesen sus campañas, aquello que no pudieron conseguir a causa de las mismas, pero que en ese escenario lograrían precisamente como consecuencia de su terrorismo. En otras palabras, mediante tan sutil mecanismo de coacción y manipulación el terrorismo resultaría finalmente eficaz a pesar de la presentación pública de lo contrario.

En ese contexto, la excarcelación anticipada de los presos pertenecientes a organizaciones terroristas se ha revelado como ineficaz, alimentando una lógica conducente a la peligrosa legitimación de la violencia al favorecer una narrativa del conflicto basada en la difusión de responsabilidad de quienes utilizaron el terrorismo. Esta dinámica ha derivado en una indulgencia que ha fortalecido a aquellos que practicaron el terrorismo: los presos han dejado de serlo pese a que las organizaciones terroristas continúan existiendo y extorsionando. Al mismo tiempo las víctimas, que siguen reclamando justicia y reparación, son presentadas como un mal necesario e inevitable, adquiriendo las injusticias cometidas sobre ellas justificación y sentido. Se prostituye así su memoria ignorándose que la mayoría de la sociedad jamás recurrió al terrorismo a pesar de sufrirlo, desincentivándose por tanto el respeto a los valores democráticos. La excarcelación subestimaba cómo estos factores afectan decisivamente la esfera política. Sin embargo la situación actual en Irlanda del Norte, caracterizada por la parálisis institucional y una profunda polarización política y social, demuestra que una democracia no puede funcionar con semejante déficit. Un rasgo diferencial agravaría para el caso vasco las consecuencias de una impunidad similar, pues la violencia etarra no ha sido contrarestada con terrorismo de reacción, habiendo respondido la sociedad civil con un pacifismo que sería totalmente despreciado. De ese modo determinados individuos encontrarían en el incumplimiento de la ley un estímulo para la trasgresión y el recurso a la violencia, pudiendo favorecer también la represalia violenta de algunos ciudadanos ante la injusta inmunidad de quienes han infringido las normas del Estado de Derecho.

Nota: Éste es un fragmento del artículo publicado por el profesor Rogelio Alonso en la página web del Real Instituto Elcano. El artículo completo puede consultarse en la siguiente dirección:

http://www.realinstitutoelcano.org/analisis/967.asp

El Plan de Paz de Lakua no obtiene el respaldo de la oposición parlamentaria

El Plan de Paz y Convivencia de Lakua no logró ayer el respaldo de la oposición parlamentaria que, a excepción de Aralar, criticó el documento presentado ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Gasteiz. Ante la falta de consenso, se retrasó al 30 de setiembre la fecha para presentar aportaciones. PP y PSE criticaron que el Plan «mezcla» a todas las víctimas del conflicto. Ezker Abertzalea incidió en que la prioridad reside en su resolución.

Tras cuatro horas de debate, el tripartito no logró recabar el apoyo del resto de grupos al Plan de Paz y Convivencia aprobado por el Gobierno de Lakua, a excepción de Aralar. Ante esta situación, el presidente de la Comisión de Derechos Humanos, Iñigo Urkullu, instó a los grupos a reflexionar durante los meses de verano y puso como plazo para presentar aportaciones al documento hasta el 30 de setiembre.

El consejero de Interior, Javier Balza, el titular de Justicia, Joseba Azkarraga, y el de Vivienda y Asuntos Sociales, Javier Madrazo, pertenecientes a las tres formaciones del tripartito de Lakua, insistieron en el «carácter abierto» del documento, que Aralar calificó de «positivo».

El parlamentario del PSE Rodolfo Ares, sin embargo, censuró que al hablar sobre la «diversidad de sufrimientos» el texto «equipare a las víctimas por acción terrorista con los miembros de ETA muertos en acción policial o con los presos por delitos de terrorismo». No obstante, Ares pidió al resto de grupos parlamentarios que no presenten propuestas al Plan «para evitar el enfrentamiento en temas como el apoyo a las víctimas del terrorismo».

El parlamentario del PP Santiago Abascal acusó al tripartito de «buscar tan sólo limpiar la imagen pública del Gobierno». «Estamos ante una iniciativa que mezcla a los damnificados con sujetos que presentan falsas denuncias por torturas, con partidos ilegalizados y con los propios victimarios», dijo.

Por su parte, la parlamentaria de Ezker Abertzalea Itziar Basterrika incidió en que la prioridad ahora reside en la resolución del conflicto. Por ello, reclamó la inmediata constitución de una mesa multipartita «que ayude a superar el conflicto, en lugar de hablar de las consecuencias del mismo».

Los representantes del tripartito negaron que hayan intentado equiparar a todas las víctimas del conflicto sino tan sólo «plantear fórmulas para evitar todas las conculcaciones de derechos».

Gara, 29 de junio de 2006

ASAMBLEA DE LOS OBISPOS: Defender la unidad es un deber cívico

A propósito de la pasada Asamblea Extraordinaria del episcopado he leído las opiniones más diversas, algunas de ellas disparatadas e imaginativas. No logro entender por qué a unos les molesta y a otros repugna que los obispos defiendan la unidad de la nación Española.

Ahora bien, si la unidad no está en peligro y creen que no es importante, no tienen por qué escandalizarse ni injuriar a quienes les importa y preocupa; al punto de que, cuando dicen que la Iglesia no debe meterse en política, quieren que entendamos que la Iglesia debe aceptar la situación de facto y dejar de cuestionar la "filosofía" que la impregna.Cosa bien distinta es unir la unidad de la fe católica con la unidad de España. Nadie en la jerarquía está en esta postura. Lo atestigua la obra "Moral Política", que tiene como subtítulo "Magisterio de la Conferencia Episcopal Española, 1972-2002".

Acaba de publicarse y consta de nueve capítulos. El primero comienza con la declaración colectiva de la XVII Asamblea Plenaria de la CEE de 1972 titulada "La Iglesia y la Comunidad política". El último documento es el titulado "Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias", que se publicó en noviembre de 2002.

La experiencia histórica común es que la "indisoluble unidad de la Nación Española", artículo 2º de la Constitución, nos va bien prácticamente a todos. Ponerla en peligro, o en entredicho, ¿es sólo una fechoría política y jurídica y una traición histórica, o es algo más grave que merece todo tipo de reprobaciones? ¿Se puede romper este principio para generar otro modelo de nación al gusto de los nacionalistas excluyentes y de los terroristas? Por supuesto que no, y podemos aportar razones históricas, culturales, políticas, jurídicas y éticas para apoyarlo. Pero, de llevarse a cabo, debe decidirlo el pueblo soberano.

Lo contrario es lo que algunos están imponiendo: la conquista y el reparto étnico del territorio, hasta consumar la caducidad de la Constitución, superada por los Estatutos de las autoproclamadas nuevas naciones. El fraude o el delito, no sé cómo definirlo, que se proyecta, es de órdago.

La paz y la unidad, como marco de mayor integración y solidaridad, como referencia a unos valores comunes y como sentido de pertenencia a unas raíces históricas, filosóficas, humanísticas, religiosas, éticas y culturales, no son incompatibles. En cambio, el régimen del terror es incompatible con la paz y la unidad.

A aquellos que prefieren la disgregación del pueblo intentan convencernos de que la unidad de España es un tema secundario, porque lo realmente definitivo es la paz. Sería de agradecer que aclararan sobre qué cimientos pretenden construir esa paz de la que hablan tanto. Aclaren si están de acuerdo en que se pase página sobre la masacre del 11-M, a partir de la cual se intensificó esta pesadilla en la que nos ha metido Zapatero, y que tantos beneficios está aportando a los objetivos de terroristas, socialistas y nacionalistas. Aclaren si les importa o no cuestionar los presupuestos de muerte y de mentira sobre los cuales apoyan el mal llamado "proceso de paz".

Aclaren qué están dispuestos a sacrificar para justificar el ocultamiento de las víctimas y la aceptación de las demandas de los asesinos.Hay una perversión radical en la discusión. Y se trata de sanear de raíz los presupuestos, un saneamiento que no puede ser otro que el cumplimiento de la Constitución, la aplicación del Estado de Derecho y la recomposición del consenso del proyecto de 1978, proyecto común roto por Zapatero al ponerse en manos de los asesinos de ETA y del 11-M, que, por otro lado, van pareciendo una sola cosa.  

La opción común decidida en la Transición (1975-1978), basada en la reconciliación entre los españoles, en la superación de traumas y fracasos colectivos y en la decisión de construir la convivencia sobre valores comunes recogidos en la Constitución, fue la opción más válida a lo largo de los últimos treinta y cinco años. ¿Se puede olvidar y enterrar este patrimonio, para tender puentes con la II República, una de las etapas más sangrientas de nuestra historia, y reconvertirla en los orígenes de la democracia actual? A pesar de todo, afirmar que no se puede hablar de la unidad de España como "un bien moral" es discutible. No obstante, ¿podemos darle un sentido de deber si aceptamos buenamente que ya se ha discutido y que, hoy por hoy, mientras el pueblo soberano no apruebe otra Constitución, esta es la norma válida, legal y moralmente exigible, en la medida en que se adecua a la conducta responsable que se espera de cada ciudadano? La referencia jurídica y, me atrevo a decir, la base ética común de las opciones no puede ser el horizonte de la paz que promete Zapatero; ese horizonte es engañoso y perverso, porque es impuesto por los asesinos, construido sobre el antes y el después de la masacre del 11-M. La referencia jurídica y ética de las opciones comunes es la Constitución de 1978.

En ninguna cabeza razonable y ordenada cabe la idea de que los obispos vayan a decir que es inmoral no defender la unidad de España. No puedo entender que se diga que si los obispos defienden la unidad de España estarán defendiendo una postura partidista... La Constitución es de todos; el principio de la "unidad indisoluble de la Nación" (artículo 2) no es propiedad de ningún partido, más bien genera un deber cívico que obliga a todos los ciudadanos. Un obispo, como cualquier ciudadano, tiene derecho a tener su opinión nacionalista, y si no quiere defender la unidad de la Nación Española, también está en su derecho y en su responsabilidad. Por otro lado, decir que, si los obispos se pronuncian en defensa del principio de unidad de España, estarán tomando partido sólo por los católicos que lo defienden, estarán dividiendo a los católicos, se cae por si mismo. Los obispos son ciudadanos obligados, como todos los demás, a respetar la Constitución y no procede que inviten a lo contrario, tanto por acción como por omisión. Y no creo que vayan a decir a nadie que si no lo hacen cometen pecado. En todo caso, defender la unidad de España incluye un compromiso ético indiscutible, en la medida en que invita a desplegar recursos, a hacer opciones y a emplear medios que transcienden los intereses particulares para buscar los intereses comunes, sin excluir a nadie; en la medida en que los derechos de las personas se anteponen a los posibles derechos territoriales y lingüísticos; en la medida en que es más acorde a la moral actuar según un orden legal justo (el principio de legalidad constitucional), refrendado soberanamente, que romperlo bajo la presión del asesinato, la extorsión, la persecución y la mentira.

Juan Souto Coelho (miembro del Instituto Social "León XIII")

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 29 de junio de 2006. 

Batasuna insta al PSOE a que clarifique su posicionamiento

El cese de la represión debe ser, por parte de los Gobiernos español y francés, la «decisión que tienen que tomar si realmente pretenden llevar a buen puerto un proceso de negociación política en Euskal Herria», señaló ayer el mahaikide de Batasuna Joseba Alvarez, quien denunció el doble juego que emplea el Ejecutivo del PSOE para afrontar el proceso.

DONOSTIA

El mahaikide de Batasuna Joseba Alvarez denunció el salto cualitativo que se deriva de las últimas detenciones y ataques al proceso al señalar que las agresiones se extienden más allá de la izquierda abertzale, ya que, a su juicio, se dirigen contra aquellos que apuestan por la resolución del conflicto político. «Son ataques contra la voluntad mayoritaria de la sociedad de Euskal Herria», concluyó Alvarez, que ayer compareció acompañado del también mahaikide Joseba Permach.

Batasuna acusó los integrantes del Gobierno Zapatero de ser «los mayores responsables» de mantener intactos los resortes represivos y de intentar «apoyar y contentar» simultáneamente al sector que apuesta por la resolución del conflicto y a la parte que «está haciendo todo lo que está en sus manos para que el proceso no salga adelante», en referencia expresa al Partido Popular. Al hilo de la última redada policial y sus consecuencias, Alvarez subrayó que ésta deja patente «que hay un sector en el Estado español que es realmente opuesto al proceso y que está haciendo todo lo que está en sus manos para que no salga adelante». El mahaikide de Batasuna enlazó estas afirmaciones con la inminente comparecencia del presidente español ante el Congreso para dar cuenta del inicio de las conversaciones entre el Gobierno del PSOE y ETA.

Para Alvarez, estas detenciones son «agresiones de escenarios de tiempos pasados» y contrarios a «la apuesta por el diálogo y la negociación política», máxime cuando se extiende el clima sobre la apertura de un nuevo escenario en Euskal Herria. Es por ello que acusó al PSOE de pretender andar entre dos mares, y exigió una apuesta «clara y nítida» por parte del Gobierno español cara al proceso político de Euskal Herria.

Responsabilidad de Madrid

Joseba Alvarez volvió a tildar de muy graves las últimas actuaciones e hizo hincapié en que «en estos momentos» la gravedad de las agresiones por parte de los estados aumenta. «No es posible mantener actuaciones represivas que recuerdan a otra época en un momento en el que pretende llevarse adelante un proceso de negociación política», recordó el mahaikide de Batasuna, por lo que exigió a los gobiernos español y francés que «suspendan todas las actividades de carácter represivo». «Es el PSOE quien gobierna en Madrid, y es responsabilidad suya que estas cosas no sucedan», concluyó Alvarez en referencia a las últimas detenciones y encarcelaciones. 

El mahaikide de la formación independentista emplazó también a la ciudadanía vasca para que responda de forma conjunta «a este tipo de agesiones», ya que, a su entender, son ataques «contra los sectores que están apostando por la solución del conflicto». Además, Batasuna reiteró de nuevo su «firme apuesta de llevar el proceso hasta el final», a la vez que insistió en que «hoy es más necesario que nunca poner en marcha la mesa de partidos; ya no hay excusas». –
 

Gara, 27 de junio de 2006