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Foro El Salvador

La paz de Zapatero ha empezado en Barañáin

La ferretería de mi amigo José Antonio Mendive ha sido incendiada y destruida por desconocidos. ¿Desconocidos? Sería la primera vez que un concejal de UPN es atacado en Navarra sin que se sepa perfectamente de dónde viene el golpe. Y mucho más si tenemos en cuenta la historia reciente de Barañáin.

En las elecciones municipales de mayo de 2003 UPN, con una buena lista en la que además de Mendive estaba por ejemplo mi amiga María Estévez, ganó las elecciones en Barañáin. Pese a la abundancia de listas, los regionalistas navarros consiguieron una mayoría amplia. Y sin embargo, Mendive no fue alcalde. ¿Por qué?

Porque el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero tiene otras prioridades. El poder, una de ellas; la buena relación con los independentistas vascos, la segunda. Y el PSOE consiguió la alcaldía de Barañáin, que es el tercer municipio de Navarra en habitantes, con los votos de distintos grupos nacionalistas vascos. No fue, la verdad, un caso aislado: en la misma ocasión UPN fue el partido más votado en Estella, en Tafalla o en Leiza, por ejemplo, y fue desposeído por coaliciones contra natura de políticos que se dicen demócratas. Así sea.

Pero las consecuencias de aquella operación "de paz" no terminaron con la constitución del Ayuntamiento, sino que han hipotecado la vida municipal sucesivamente. Es lógico: alcaldes elegidos con los votos de los gaztetxes o de los nacionalistas que cortejan a los gaztetxes son alcaldes sin autoridad. No desalojarán locales ilegítimamente ocupados, no retirarán subvenciones mal empleadas, no reprimirán las acciones ilegales de quienes los han alzado al poder ni de sus polluelos.

La "paz" de Zapatero ya ha llegado a los pueblos de Navarra. Las milicias independentistas toman las calles y expulsan de ellas a quienes defienden Navarra, y con ella España y la libertad. Una tienda ha ardido; pero no es la primera ni desgraciadamente será la última, porque un nacionalismo que sólo considera nacionales a los nacionalistas ha decidido empezar una limpieza étnica. No es Sarajevo: es Barañáin.

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 23 de abril de 2003

Larrinaga acusa al Gobierno y a los nacionalistas de querer vender la paz por poder

El sacerdote vasco Jaime Larrinaga, que tuvo que abandonar la parroquia de la localidad vizcaína de Maruri debido a la presión de ETA, cree que en el País Vasco no habrá paz «sin justicia ni libertad», y acusó a los nacionalistas y al Gobierno de querer vender «la mercancía de la paz» para «conseguir el poder».

Bajo su punto de vista, los nacionalistas y el Gobierno de Zapatero quieren vender a la ciudadanía «con toda su batería de poder, incluido el religioso redentorista irlandés, la mercancía de la paz». El sacerdote quiso aclarar, en declaraciones a Onda Cero, que en España no hay un conflicto con dos bandos enfrentados, sino «un bando que mata, que es la banda terrorista ETA, y el otro que pone los muertos y que quiere vivir dentro del marco de la Constitución y del Estatuto vasco».

Libertad

Además, apuntó que lo que la población vasca exige es libertad. «El grito de la población en las manifestaciones de San Sebastián y Madrid era el de libertad, no de paz» y, para Larrinaga, «no habrá paz sin justicia y sin libertad».

En este sentido, acusó a los nacionalistas vascos y al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de no buscar la paz sino el poder, y «utilizando la mercancía de la paz para conseguirlo», agregó.

Dicho esto, criticó que Zapatero diga que se dan las condiciones para iniciar una negociación con ETA cuando las personas no nacionalistas que viven en el País Vasco no tienen voz. «Hay cerca de mil muertos, más de 250.000 personas han tenido que salir del País Vasco, y los que han quedado no nacionalistas, no pueden expresarse libremente», señaló. EUROPA PRESS

El Diario Vasco, 22 de abril de 2006

Un incendio provocado destruye en Barañáin la ferretería de uno de los concejales de UPN

PAMPLONA. Un incendio provocado destruyó en la madrugada de ayer en Barañáin la ferretería del concejal de Unión del Pueblo Navarro (UPN) José Antonio Mendive. El ataque podría ser, si se confirma la autoría y según apunta el Gobierno central, el primer episodio de kale borroka desde que ETA declaró un alto el fuego permanente el pasado 22 de marzo. El fuego obligó a desalojar 56 viviendas cercanas y causó la intoxicación por humo de un niño de diez meses y de tres agentes de la Policía Municipal.

El incendio se produce en un momento en el que el Gobierno y las Fuerzas de Seguridad del Estado tratan de verificar la efectividad del cese de la violencia para avanzar hacia la paz en Euskadi. Además, sucede en una semana en la que se ha polemizado sobre el papel de Navarra en una hipotética negociación con ETA.

Los hechos se produjeron en torno a las cuatro y media de la madrugada del sábado, y el delegado del Gobierno en Navarra, Vicente Ripa, confirmó que el incendio había sido provocado. Uno o varios desconocidos rompieron las lunas del escaparate de esta ferretería, ubicada en el cruce de la avenida Central y la calle San Esteban. Los agresores vertieron líquido inflamable en el local y dejaron el recipiente que contenía el líquido al pie del escaparate.

La magnitud del fuego se explica por los materiales inflamables que se guardaban en la propia ferretería, como pinturas o disolventes. El incendio fue sofocado por los bomberos hacia las seis menos cuarto de la mañana. Minutos antes había llegado al lugar el propietario del local, quien para entonces se encontró con su negocio calcinado.

Las llamas obligaron a desalojar a 56 familias de sus viviendas, ubicadas en el inmueble en cuyos bajos se encuentra la ferretería. Un bebé de diez meses y tres agentes de la Policía Municipal de Barañáin resultaron afectados por el humo y precisaron atención médica. Otro negocio situado al lado de la ferretería, una tienda de lencería, también se vio afectado por las llamas, así como tres vehículos particulares.

A lo largo de la mañana, regresaron a sus domicilios los vecinos desalojados del inmueble, salvo cuatro familias residentes en la primera planta del edificio y cuyas viviendas resultaron dañadas. El humo llegó a afectar hasta la sexta altura de la fachada del inmueble, según se percibía desde la calle. Las cuatro personas que fueron trasladadas al Hospital de Navarra, un bebé y tres policías locales, también fueron dados de alta a lo largo del día.

A las dos y media de la tarde todavía continuaba cortado el tráfico en los alrededores del lugar, al tiempo que proseguían las labores de limpieza. El delegado del Gobierno mostró la «solidaridad» del Ejecutivo con el concejal de UPN y con todas las personas afectadas. Las investigaciones policiales continúan para determinar si se trata de un acto de la denominada kale borroka, como todo hacer prever, según apuntó ayer el Ejecutivo central.

«Escollo»

El representante del Gobierno en la Comunidad foral advirtió de que «si el incendio provocado es como consecuencia de la militancia política del propietario de la ferretería, sería un escollo muy importante en el proceso que se está desarrollando, porque como ya ha dicho el presidente del Gobierno de España, para que este proceso vaya adelante se tiene que verificar claramente que la banda terrorista y su entorno dejan de actuar».

Barañáin, que quedó conmocionado por lo ocurrido, es el tercer municipio de Navarra por número de habitantes. Situado junto al término de Pamplona, cuenta con 23.000 vecinos y el Ayuntamiento está compuesto por ocho grupos políticos. El propietario del establecimiento encabezó la candidatura de UPN en las pasadas elecciones municipales y fue la fuerza política más votada, aunque el gobierno municipal está en manos del Partido Socialista de Navarra, que en su momento recabó el apoyo de otras formaciones como IU, Aralar y Batzarre.

Por el lugar de los hechos pasaron, además del delegado gubernamental, el alcalde de la localidad, el socialista Iosu Senosiain, el consejero de Interior del Gobierno de Navarra, Javier Caballero, y el dirigente de UPN Alberto Catalán.

Los vecinos afectados pueden presentar sus reclamaciones en la oficina de la Policía Municipal, ubicada en el Ayuntamiento. Una vez remitidas a la delegación del Gobierno en Navarra, se tramitarán ante el consorcio de compensación de seguros.

El último acto de violencia callejera tuvo lugar en Errenteria el 20 de marzo, dos días antes del anuncio del alto el fuego, cuando unos individuos arrojaron varios cócteles molotov contra la vivienda del concejal socialista Jesús Oficialdegui.

La semana pasada, también en Navarra, el presidente de la patronal de la Comunidad foral denunció el envío de cartas de extorsión de ETA a empresarios. La Policía investigó si fueron remitidas antes o después de la tregua aunque, finalmente, el presidente Zapatero aseguró el pasado martes que las misivas habían sido enviadas antes del alto el fuego.

La kale borroka estuvo presente en la frustrada tregua de 1998 desde el día siguiente a que ETA anunciara su entrada en vigor, con un ataque a una entidad bancaria de Santurtzi. Posteriormente hubo varios actos de violencia callejera. COLPISA

 

El Diario Vasco, 23 de abril de 2006

Navarra y el pacto ETA-Gobierno

El pasado jueves, el presidente de Navarra, Miguel Sanz, denunciaba un pacto entre el Gobierno de Rodríguez y la ETA para la creación de un "Órgano Común Permanente" que gobierne conjuntamente las comunidades vasca y navarra. Sería un primer paso para la construcción de una mítica Euskal Herría, acariciada por décadas por los nacionalistas, en una ensoñación imperialista que es un nuevo desprecio por la historia. El nacionalismo, además de ser una ideología antiliberal y totalizadora, que antepone una idea nacional a los derechos de los individuos, se ha convertido en una estrategia de poder, que el imperialismo nacionalista vasco no quiere restringir a su propio ámbito

La rama criminal del nacionalismo vasco, vecina de mesa del Gobierno de Rodríguez en una negociación de la que por él nada sabemos, no ha cambiado un ápice su discurso en el anuncio de tregua en permanente trampa. Si uno observa los manifiestos de la banda asesina y de su rama dizquepolítica, no podrá escapar a la conclusión de que el mundo de ETA no ha renunciado a ninguno de sus objetivos políticos. Tampoco ha renunciado a sus métodos, ya que el llamado alto el fuego es una renovación de su permanente amenaza: nos siguen diciendo que atentarán contra los ciudadanos si no consiguen sus objetivos a los que, insisten, no han renunciado en absoluto. Uno de ellos, no cabe duda, es Navarra.

ETA, por su parte, ha reaccionado haciendo una nueva demostración de fuerza; ha lanzado un mensaje del único modo en que ella sabe hacerlo: por medio del terror como instrumento político, en un ataque contra el local de un concejal de UPN. Alfredo Pérez Rubalcaba, ministro de Interior, no ha tenido más remedio que reconocer que el acto de terrorismo es lo que es, en la misma semana en que José Blanco y el propio José Luis Rodríguez Zapatero han lanzado el mensaje de que la tregua es "real". Lo real es que el atentado de este sábado muestra el verdadero alcance de la supuesta tregua.

El atentado es la demostración por la vía de los hechos de que ETA volverá a atentar en cuanto le resulte conveniente, de que lo único permanente en la tregua de ETA es su sumisión a los intereses de la banda asesina. No solo eso, ETA sabe de la debilidad de la posición del Gobierno. Rodríguez necesita venderle a los españoles que puede llegar el fin del terrorismo para poder presentarse con garantías de éxito a las próximas elecciones. Y esa necesidad, más la constatación de que Rodríguez cederá lo que sea porque no tiene ni conciencia nacional ni interés por mantener el régimen de la Constitución del 78, le ponen al Gobierno en una posición negociadora muy débil, por lo que la banda puede permitirse el lujo de volver a atentar para demostrar quién está en posición de marcar el rumbo de los acontecimientos. Gotzone Mora no ha podido dar más en el clavo, pidiéndole al Gobierno una demostración de firmeza ante ETA de la que es política y moralmente incapaz.

Editorial de El Semanal Digital, 22 de abril de 2006 

Ibarretxe asegura que el objetivo de la mesa será pactar el ejercicio del derecho a decidir

Una vez de que en junio en el Congreso de los Diputados se produzca la «verificación ética» del alto el fuego, el lehendakari Juan José Ibarretxe considera que habrá llegado el momento de hacer «la verificación democrática en Euskadi», para lo que después del verano debería comenzar un diálogo multipartito que fijara las bases metodológicas de una mesa de partidos, cuyo objetivo sería «el reconocimiento de este pueblo para decidir libremente su futuro y cómo pactamos su ejercicio». El acuerdo sería sometido a consulta y después se vería «cómo se incorpora eso a la normativa jurídica».

GASTEIZ

Juan José Ibarretxe dice tenerlo muy claro: «Normalización política supone alcanzar un acuerdo sobre el reconocimiento del derecho del pueblo vasco a decidir y sobre de qué manera pactamos el ejercicio de ese derecho». Ese es el gran acuerdo que se debe alcanzar en la mesa de partidos y que después ha de ser sometido a consulta de la ciudadanía.

En ese esquema no cabe que el acuerdo pase por Madrid para ser «cepillado» ­según la terminología empleada por Alfonso Guerra­. A algunos medios les sorprendió esta metodología en la que incluso vieron un salto sobre la legalidad actual.

El lehendakari se esforzó en explicar que lo que ocurre es que el acuerdo de la mesa de partidos no sería un texto normativo, como una reforma del Estatuto, que ha de ser llevado a las Cortes españolas para su aprobación. Sería un acuerdo político entre los partidos sobre el derecho a decidir y su ejer-cicio que se sometería a la consulta de la ciudadanía. Si se aprobara, luego ya tendría que pactarse «de qué manera se incorpora eso a la normativa ju-rídica».

Tiempos

Después de haberse entrevistado con el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y con todos los partidos políticos ­salvo el PP que se autoexcluyó pero que «sigue teniendo la puerta abierta»­, Ibarretxe cree que a la vuelta del verano puede afrontarse el diálogo multipartito.

Según el calendario propuesto por el lehendakari, después de que a finales de mayo o en junio se realice «la verificación ética» del alto el fuego de ETA, llegará la hora de «la verificación democrática en Euskadi». El objetivo del diálogo será fijar el procedimiento, el método de toma de decisiones y la composición de la mesa, de forma que cuando los partidos se sienten a hablar sea para adoptar acuerdos.

Ibarretxe señaló que sería «necesario» que el PP participara en dicha mesa, pero que «no es imprescindible».

En la mesa, las decisiones deberían adoptarse, a su entender, «por mayorías amplias», pero sin conceder a nadie la capacidad de veto.

Ambito geográfico

En ese esquema de trabajo, el lehendakari se atribuye el papel de «alimentar espacios de diálogo» y «ayudar al proceso».

En cuanto al ámbito geográfico de su propuesta, Juan José Ibarretxe respondió que «yo soy lehendakari y por lo tanto estoy en el ámbito de lo que son los ciudadanos de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa. Es evidente que existen otros territorios vascos y es evidente, también, que hay una institucionalización desde un punto de vista jurídico y político. Pero cuando yo hablo con los partidos políticos estoy hablando en el ámbito de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, sin perjuicio de que el reconocimiento del derecho a decidir que como pueblo tenemos corresponde al conjunto del pueblo vasco. Por lo tanto, corresponde a los partidos establecer también de qué manera quieren incorporar al diálogo todas las sensibilidades».

Percha jurídica

El reconocimiento del derecho a decidir y el pacto de su ejercicio no es, para el lehendakari, un problema jurídico sino de voluntad política. A su entender, el «amparo y respeto» que la Constitución española concede a los derechos históricos de los territorios forales y la derogación de la abolición foral de 1839, son una percha jurídica suficiente para el reconocimiento de este derecho sin tener siquiera que reformar la Constitución, como se ha constatado en múltiples estudios.

De ahí que últimamente Juan José Ibarretxe venga insistiendo tanto en el valor de los derechos históricos, a los que en el Aberri Eguna se refirió como «la única constitución del pueblo vasco».

«Todos ganamos, nadie pierde»

Juan José Ibarretxe habló en todo momento en clave muy positiva del momento político abierto tras el alto el fuego anunciado por ETA. Manifestó que tanto el presidente del Gobierno español como los líderes políticos con los que se ha entrevistado en estos días entienden que «tenemos una gran oportunidad para abrir un proceso de paz y de superación del conflicto político».

El lehendakari insistió en que la lectura que debe hacerse del nuevo tiempo que se ha abierto es que «todos ganamos y no pierde nadie».



Más convicción que nunca de que «el futuro nos pertenece»
El lehendakari Juan José Ibarretxe se mostró optimista de cara al futuro, desde su convencimiento personal de que habrá diálogo, de que se alcanzará un acuerdo y de que finalmente se someterá a consulta de la ciudadanía. En la base de su optimismo se encuentra, entre otros indicadores, el que las encuestas más recientes realizadas por su Gabinete de Prospección Sociológica señalan que «casi nueve de cada diez personas tienen la convicción de que el futuro lo vamos a escribir nosotros de nuestro puño y letra». Juan José Ibarretxe se encargó de resaltar que esa convicción se da casi en la misma proporción entre los votantes del PP. Por ello, el lehendakari recordó que en estos momentos hay «más convicción de que el futuro nos pertenece que la que ha habido nunca». -



Destaca la gran valoración social de la Ertzaintza

En su reunión del miércoles, la delegación de Batasuna mostró al lehendakari su preocupación por el papel que la Ertzaintza está jugando desde el alto el fuego de ETA y le pidió que pusiera fin urgentemente a estas agresiones policiales contra la izquierda abertzale que, según afirmó Arnaldo Otegi, no contribuían a generar el clima necesario para la resolución del conflicto. Preguntado por cuál había sido su respuesta a esta petición, Juan José Ibarretxe no quiso entrar a ofrecer detalles de las interioridades del encuentro. Se limitó a decir que las declaraciones efectuadas por Arnaldo Otegi eran «mensajes que tienen una intención doméstica». Después, volvió a echar mano de las encuestas para señalar que «la Ertzaintza y la Sanidad son los dos servicios que tienen una mayor valoración por parte de la ciudadanía».



Ninguna mención al recién creado Consejo Político
I.I.

El pasado 1 de febrero el Gobierno de Lakua anunció la creación del Consejo Político, formado por el propio Juan José Ibarretxe, el portavoz de EA en el Ejecutivo, Joseba Azkarraga, y el de EB, Javier Madrazo. El objetivo de este Consejo era ser un «agente proactivo de la normalización política, la paz y la reconciliación». En su comparecencia de ayer, el lehendakari se refirió en más de una ocasión a cuál sería su propio papel en el proceso, pero no mencionó en ningún momento al recién creado Consejo Político, un órgano que por su composición generó en su día más de un comentario sarcástico de la oposición. Lo que sí se conoce es que este Consejo tiene diseñado un plan con medidas en el ámbito de la reconciliación, las víctimas y los derechos humanos, pero se desconoce su papel en el campo de la normalización.

 

Gara, 22 de abril de 2006 

UN MES DES DE LA INICIATIVADE ETA (II): EL DIALOGO MULTIPARTITO. ¿Cuantas mesas?

Un pueblo, un conflicto, un proceso de resolución y un punto de partida común en torno a una mesa o en un foro. La fórmula parece lógica. Sin embargo, ya hay quien ha hablado de crear, de entrada, varias mesas de partidos. No falta tampoco quien entiende la tesis de las tres realidades administrativas como la antesala de limitar el diálogo a la CAV. Los peligros de distorsión son, pues, considerables.

Justo el día después de la promulgación del alto el fuego permanente de ETA, tal vez por aquello de ponerse la venda antes de la herida, GARA avanzaba en uno de sus titulares que «La reticencia a una única mesa multipartita se perfila como primer obstáculo a resolver». El miedo cierto a que el árbol de la discusión sobre el número de mesas no dejase ver el bosque que supone el conjunto del proceso hacía temer esta posibilidad.

De hecho, pese a la socializada idea desde la propuesta de Anoeta de que, además del carril ETA-gobiernos, debe configurarse un foro entre los agentes vascos donde poner las bases del futuro del país, los pronunciamientos sobre que las mesas a conformar deberían ser dos, en el caso de Hego Euskal Herria, o tres, si se tienen en cuenta los territorios del norte, no se hicieron esperar. Lo curioso, quizá, es que no han sido impulsados por aquéllos que desde la defensa de las soberanías francesa y española tienen interés en que el status quo no varíe demasiado. Grupos como Lokarri y formaciones políticas como Aralar o AB han sido quienes de una forma más explícita han hecho suya la bandera de las diferentes mesas. Del PNVcabe esperar, y temer, una actitud similar. En ese mundo hay quien, aprovechando el discurso sobre los tres ámbitos, contempla el escenario de terminar en una mesa, pero sólo de la CAV.

DEL «REALISMO» A AHOTSAK

Estas posiciones se justifican en función de las necesidades tácticas, con alusiones al realismo político y con el argumento de que las fuerzas del unionismo español y francés no se avendrán jamás a legitimar una mesa de carácter nacional.

En un orden estrictamente cronológico tras la declaración de ETA, Aralar aludió al principio del «realismo político» después de reunirse con Juan José Ibarretxe. Desde Lehendakaritza, instó a este último y a Miguel Sanz a conformar y liderar sus respectivas mesas. El presidente del Gobierno navarro recordó enseguida que se opone frontalmente a tal cosa.

Este tipo de posiciones pueden tener una lógica entendible: la conformación de una mesa o foro de carácter nacional que ponga un punto de partida mínimo al proceso político, desde el reconocimiento del pueblo vasco, resulta una tarea complicada, lo que puede hacer sucumbir a la tentación de efectuar «brindis al sol» con pro- puestas pretendidamente más pragmáticas. Lo malo reside en que en el ejercicio se ayude a encallar el proceso o se introduzca éste en una senda donde no se aborden las claves del conflicto político.

Sin embargo, la cualidad de las actuaciones realizadas con criterio nacional no resultan ya un ejercicio de especulación política. La iniciativa llevada a cabo por mujeres de todos los territorios vascos, denominada Ahotsak, ha sido una muestra indiscutible del valor añadido que esa perspectiva puede aportar al proceso de resolución. En ella se ha logrado el pronunciamiento de determinadas representantes políticas ­las del PS du Pays Basque, el PSE y el PSN­ que en la actividad habitual dentro de sus respectivos marcos de actuación no se había producido nunca. El punto de partida nacional ha permitido condicionar su posición de forma positiva para que hagan un pronunciamiento más valiente que el que estaban dispuestas a asumir hasta ahora.

La frase suscrita por todas estas mujeres merece ser repetida: «Si la sociedad vasca, la ciudadanía del País Vasco o Euskal Herria desea transformar, cambiar o mantener su actual marco jurídico-político, todos y todas deberíamos com- prometernos a respetar y establecer las garantías democráticas necesarias y los procedimientos políticos acordados para que lo que la sociedad vasca decida sea respetado y materializado, y, si fuera necesario, tuviera reflejo en los ordenamientos jurídicos». Quienes sostienen que con estrategias de partición se allana el terreno para que se acerquen los sectores adscritos a las fuerzas de carácter estatal tendrían que preguntarse por qué no han conseguido, desde esos ámbitos en teoría más cómodos, un pronunciamiento tan claro y tan plural en favor del reconocimiento de derechos como el efectuado en el Palacio Miramar de Donostia.

La propia declaración de ETA ha hecho que los movimientos políticos más significativos no se queden dentro de los tres ámbitos administrativos existentes. Jamás una iniciativa circunscrita a las provincias de Lapurdi, Nafarroa Beherea y Zuberoa había logrado que MAM, como se conoce a la ministra de Defensa Michèle Alliot-Marie, hiciera una declaración del calado político como la que hizo tras el anuncio de la organización armada. «En la medida en que nos demos cuenta, en el futuro, de que hay una voluntad real de alto el fuego y una búsqueda cierta de soluciones, se podrán abordar todos los temas. Repito, todos», dijo al responder a una pregunta de los periodistas sobre el acercamiento de presos.

Habrá quien diga, y con razón, que no hay que presuponer buenas intenciones a estas palabras, pero tampoco se puede obviar que las mismas denotan que la cuestión vasca no es, como han querido aparentar las autoridades francesas, una cuestión doméstica de los vecinos españoles.

SANZ Y ALLI, ENROCADOS

Lógicamente, las iniciativas que no se constriñen a los marcos territoriales consagrados por las leyes españolas y francesas crean reacciones contrarias. La actitud de UPN, a quien acompaña como fiel escudero el otrora heterodoxo Juan Cruz Alli, se convierte en un obstáculo objetivo para el desarrollo del proceso de resolución. Pero ello no presupone que la propuesta de una mesa ad hoc para la Comunidad Foral haga flexibilizar su posición. Ni mucho menos, a la luz de los acontecimientos de los últimos días.

En un primer momento, EA de Nafarroa sí insinuó cierta disposición a impulsar una mesa diferenciada. Así, llevó al Parlamento una petición para que se comprometiera a abrir «un diálogo entre los partidos y los agentes políticos». El debate realizado en la Mesa y Junta concluyó, por contra, con la aprobación de esa polémica declaración de UPN y CDN en la que se rechaza expresamente que los abertzales accedan al Gobierno navarro en un futuro.

La fórmula de esta mesa diferenciada, abandonada por EA en posteriores posicionamientos pero que mantienen en Nafarroa Aralar, PNV y Batzarre, tiene además un precedente claramente fracasado: la ponencia de autogobierno creada en el Parlamento navarro y que ha sido cerrada hace unas semanas ante la imposibilidad de acuerdo. Los partidos únicamente compartían promover modificaciones del actual Amejoramiento en aspectos tan concretos y banales como la duración del periodo de legislatura en caso de adelantos electorales. Y la conclusión general fue que para ese viaje no hacían falta tales alforjas.

UNA REALIDAD RECONOCIDA

Las voces que desde el mundo del nacionalismo vasco se han apresurado a marcar las diferencias entre territorios no han tenido en cuenta, además, el daño que en este momento pueden hacer esos pronunciamientos, cuando de lo que se trata también es de lograr el reconocimiento de Euskal Herria por parte de los estados que la dividen y ocupan.

Según fuentes conocedoras de los contactos de los últimos meses que han permitido abrir la nueva situación, quienes se sientan frente a la izquierda abertzale han reconocido que Euskal Herria constituye una realidad, no sólo cultural e histórica, sino también social y política. Que pasen a actuar en función de este reconocimiento privado sería, a juicio de estas fuentes, el salto cualitativo que se debe dar ahora, por lo que aquellas expresiones que, aun involuntariamente, desfiguren la existencia de un pueblo asentado en siete territorios no ayudan en absoluto en ese importante reto.

Por suerte, otras fuerzas con mayor peso saben de lo peligroso de este debate numérico de ebanistería cuando hay que fijar las bases del conjunto del proceso político. Así, el secretario de Organización de EA, Rafa Larreina, fue tajante en una entrevista concedida a GARA: «Nosotros tenemos claro que la mesa debe ser de todo el país, porque el conflicto político no es sólo de la Comunidad Autónoma Vasca. La cuestión no es el encaje o desencaje de Araba, Bizkaia o Gipuzkoa en el Estado español, sino el reconocimiento de una realidad cultural, geográfica, política e histórica, tal y como viene reflejada, por ejemplo, en el mapa que aparece en la enciclopedia Espasa o en la Enciclopedia Británica. Eso es lo que hay que abordar y, por lo tanto, no se puede circunscribir a la CAV ni a otro ámbito que sea reductivo. Hay que abordar el conflicto en su conjunto».

Preguntado sobre esta espinosa cuestión, el secretario general de LAB, Rafa Díez Usabiaga, explicaba en GARA pocos días antes de la declaración de ETA que «no se pueden dividir los marcos de negociación del conflicto en función de los ámbitos institucionales actuales. La negociación de los derechos de un pueblo no se puede diversificar en mesas. Estamos ante un pueblo, un conflicto con dos estados y, por lo tanto, debe haber un proceso de negociación y un acuerdo global; y, eso sí, luego puede haber una operativización del acuerdo partiendo de los marcos vigentes».

Este último apunte sí indica que el desarrollo del proceso tendría que tener en cuenta la situación administrativa existente. De esta forma, se respondería, además, a aquellos que insisten en que los ciudadanos de cada territorio, en especial en el caso de Nafarroa Garaia, tienen que ser protagonistas en primera persona de las decisiones a adoptar. «Navarra será lo que decidan los navarros» podrá ser una frase realmente satisfecha. En la actualidad, si su capacidad de decisión resulta cuestionada, no lo es por el proyecto de Euskal Herria, sino por la imposición de la Constitución española.

El problema, en el mundo abertzale, se encuentra en dónde se pone el acento. En el pasado Aberri Eguna, AB hizo un discurso marcadamente partidario de diferenciar los tres ámbitos y acuñó el término de «soberanía asimétrica». En la cuestión de las mesas, tomó posición por constituir tres, aunque, apostilló, con un grado de coordinación entre ellas.

La cuestión podría plantearse, por tanto, en cuál debe ser el punto de partida: si se trata de abrir el proceso desde el ámbito nacional y luego acondicionarlo a cada realidad o, por el contrario, hay que partir desde cada ámbito para llegar a completar, como si fuera a trozos, un proceso integral.

Como ha demostrado la «ponencia de autogobierno» en Nafarroa o el Plan Ibarretxe en la CAV, el planteamiento de partir de la situación vigente para efectuar un cambio sustancial corre el riesgo de terminar consagrando lo ya existente.

FIRMAS POR UN REFERENDUM

Otra cosa es que determinadas dinámicas específicas de cada ámbito contribuyan a generar debate y movimiento político. Está por ver, por ejemplo, el efecto que tiene la recogida de firmas en Ipar Euskal Herria para demandar un referéndum con la cuestión de la institucionalización de telón de fondo. Las limitaciones resultan evidentes, pues el planteamiento, por una parte, hace referencia sólo al modelo departamental de organización y, por otra, no responde al ámbito vasco de decisión, pues las firmas a lograr corresponden al conjunto del censo del Departamento de los Pirineos Atlánticos, donde los bearneses son mayoría. Cierto es, por contra, que esta campaña puede poner de nuevo sobre la mesa la denuncia de la falta de reconocimiento de Euskal Herria y potenciar, asimismo, la idea de que son los ciudadanos quienes deben pronunciarse sobre su futuro.

Quien quiera buscar problemas y deficiencias a la posición que entiende que para que el proceso sea realmente tal se debe empezar desde un punto de partida nacional podrá encontrarlos, qué duda cabe. De hecho, en el seno de la izquierda abertzale existe el miedo latente de que ese punto de partida no garantiza, per se, que luego no se produzcan desequilibrios de tiempos y contenidos entre los territorios más allá de lo razonable, sobre todo entre el norte y el sur de Euskal Herria a consecuencia de la división en dos estados.

Los mínimos de esta mesa de resolución fue una cuestión que abordó Arnaldo Otegi en el libro-entrevista publicado por este diario en el último trimestre del año pasado. El portavoz de Batasuna insistía en la necesidad de fijar garantías y bases sólidas antes de ponerla en marcha, y añadía que «la clave es incorporar al PSE, al PSN y al PSF a un proceso democrático en Euskal Herria». Para Otegi, resulta evidente que «un proceso de estas características exige la presencia de al menos una formación política unionista, pero nosotros tenemos la puerta abierta a la colaboración con todo el mundo, sin exclusiones».

ACTIVAR A LA SOCIEDAD

Cuál será la posición de las fuerzas estatales es algo que se debe definir en los próximos tiempos, aunque en el caso de PP-UPN-UMP parece que hay pocas dudas. En el del Partido Socialista, en cualquiera de sus versiones, es difícil hallar afirmaciones claras, pues, en estos momentos, se limita al discurso sobre la llamada verificación del alto el fuego de ETA.

Las familias políticas que en Euskal Herria representan al unionismo podrían perfectamente intentar dejar coja la mesa de resolución, pero ello se puede producir en cualquier formato. La propuesta de formar varias mesas no resuelve ese problema; el antídoto real tiene mucho más que ver con la capacidad de activar a la sociedad en favor de una solución justa y duradera, para que ello condicione a todos los agentes.

Por todo ello, antes de empezar a talar bosques para hacer muchas mesas o caer en propuestas de complicada ingeniería política, parece conveniente buscar un punto de partida con bases y principios sólidos, donde poder hablar y poner a rodar la bola de la articulación futura y efectiva del derecho a decidir. Un punto de partida al que, sin perder de vista el objetivo de resolver el conflicto político, puedan adherirse el máximo de sensibilidades posibles.

 

Gara, 23 de abril de 2006 

Ahora resulta que somos unionistas

José María Carrascal ­el de las corbatas policromadas y el «terrorista más buscado»­ nos contaba ayer en “La Razón” el cuento del lobito bueno. Según el fachendoso hortera, las cuestiones vasca e irlandesa no sólo no se parecen, «diría incluso que son opuestas». No se pierdan la argumentación.

Dice el de las corbatas espeluznantes que «en Irlanda partimos de una invasión inglesa de la isla, de una ocupación durante siglos y del sometimiento humillante de su población hasta ayer como quien dice en los seis condados del norte que conocemos como el Ulster. Esas condiciones no se dieron nunca en el País Vasco». Tiene razón. A nosotras (y nosotros, claro) nos convencieron los Reyes Católicos con buenos argumentos y la invasión del Duque de Alba fue una excusión.

En segundo lugar, dice Carrascal, «en el ‘conflicto irlandés’, han asesinado ambas partes. Mataron, y siguen matando, tanto y con tanta saña los ‘republicanos’ católicos del IRA como los matones ‘unionistas’ protestantes. La violencia no fue exclusiva de unos ni de otros. En el País Vasco, por el contrario, los asesinatos, secuestros, robos y extorsiones estuvieron siempre a cargo del nacionalismo radical, excepto en el breve paréntesis del GAL, que precisamente por ser una excepción, confirma la regla». Y para terminar de confirmar la regla, Carrascal podría citar también al BVE, la Triple A, los controles asesinos, la tortura hasta la muerte, las decenas de miles de asesinados por Franco, la represión en las calles...

Carrascal habla de las discriminaciones que padecieron los irlandeses para sentenciar que «en el País Vasco, en cambio, la discriminación es justo a la inversa. Los nacionalistas vienen ocupando el gobierno en coalición o en solitario desde que se instituyó la democracia en España y si hay alguien discriminado, por no decir asesinado, chantajeado o amenazado, son los vascos no nacionalistas, muchos de los cuales han tenido que abandonar su país». Y pienso yo que si gobiernan los que gobiernan será, entre otras menudencias, porque tienen más votos. Pero, claro, lo de los votos no es importante para la fachenda. Si pierden, se alzan, como en el 36.

Conclusión: «sería una trágica ironía dar a los nacionalistas el papel de los católicos irlandeses, y a los constitucionalistas, el de los protestantes. La paz que deseamos debe tenerlo muy en cuenta si no queremos que sea la victoria definitiva de los opresores sobre los oprimidos». Piensa que nos chupamos el dedo.

Maite Soroa (Gara), 23 de abril de 2003 

Rozan la desolación

Ya no se molestan en disimular el desasosiego que les embarga. Isabel San Sebastián ayer, en “El Mundo” aseguraba que «algo ha cambiado en el panorama político español después del alto el fuego etarra, y no precisamente para bien. En menos de un mes la relación de fuerzas ha dado un giro antidemocrático de ciento ochenta grados que sitúa a Batasuna/ETA como referente de la ‘paz’, y deja solo al PP en la defensa de la Constitución y el Estatuto de Guernica. ¿Se puede pedir más por menos?». Y se pone en plan analista para explicar la aberración anterior: «¿Qué ha puesto sobre la mesa la renqueante organización terrorista, además de los 900 muertos? Una tregua ‘permanente’ (no definitiva) condicionada a que se produzca un cambio sustancial del ‘marco político’. Más concretamente, y en palabras recientes de Arnaldo Otegi, a ‘que se respete el derecho a decidir (autodeterminación) del pueblo vasco, sin limitaciones ni injerencias». ¿Dónde está lo malo?

Pero lo que le raspa las tripitas es que, asegura, ETA ha conseguido: «Primero, devolver a su brazo político todo el protagonismo perdido tras la ilegalización, una presencia mediática sin precedentes y la certeza de su legalización con vistas a las municipales del 2007 (...) enterrar definitivamente el Pacto Antiterrorista y lograr que los socialistas acepten acudir a una mesa de partidos extraparlamentaria, en la que se hablará de ese nuevo marco político y territorial, así como del ‘derecho a decidir’; las dos exigencias históricas de ETA». No para ahí el asunto. ETA habría logrado además «hacer decir al presidente del Gobierno de España que ‘sin violencia todo es posible’, incluido un cambio del actual estatus de Navarra, lo cual es tanto como afirmar que 30 años de resistencia democrática al terror han sido inútiles, ya que los terroristas pueden alcanzar por dejar de matar lo que no lograron pistola en mano». Y concluye tan desolador balance con otros dos logros de ETA: «dividir al nacionalismo gobernante (PNV/EA) y poner en marcha un proceso llamado a culminar, tras las próximas autonómicas, con un Ejecutivo vasco presidido por el PSE y apoyado por Batasuna, EA e IU, siguiendo el modelo catalán (...) marginar a su peor enemigo, el PP, y presentarlo como el ‘saboteador de la paz’. Cosas menores, como la salida de los presos y la colocación de los terroristas, se dan por supuestas. Lo dicho; ¿se puede obtener más por menos? ¿Usted, en su lugar, entregaría las armas?». Mira, la San Sebastián dando ideas.

Maire Soroa (Gara), 22 de abril de 2006