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Foro El Salvador

ELA duda de la mesa de partidos y pide priorizar una consulta soberanista.

José Elorrieta afirmó ayer que el «debate estratégico» para la resolución debe situarse en una consulta y no en una mesa de partidos, porque entiende que en esta última «la correlación de fuerzas en el debate sobre la soberanía es insuficiente». Durante la lectura de la declaración para este Aberri Eguna, José Elorrieta defendió «un trabajo en común» entre abertzales para «aproximar posiciones, porque ahora no estamos en posición de poder avanzar».

El secretario general de ELA, José Elorrieta, apostó ayer por un trabajo en común entre sindicatos y formaciones abertzales para avanzar en el proceso de resolución, frente a la constitución de una mesa de partidos «que carecería ­aseguró­ de fuerzas suficientes para dilucidar satisfactoriamente el debate sobre soberanía». Por ello, consideró que el «debate estratégico» debería situarse en una consulta, «que es un acto de autodeterminación».

En una rueda de prensa ofrecida en la sede de ELA de Bilbo, Elorrieta compareció junto al secretario general adjunto, Germán Kortabarria, y a la responsable del Comité Ejecutivo, Amaia Muñoa, para presentar la declaración elaborada por el Comité Nacional del sindicato con motivo del Aberri Eguna 2006. El documento analiza la coyuntura política creada tras el alto el fuego permanente decretado por ETA y afirma que el nuevo escenario «permite dar pasos en la concreción de un proceso soberanista».

En este contexto, Elorrieta defendió la «consulta autodeterminista» como referente del planteamiento soberanista y explicó que, para alcanzar esa meta, es necesario «aproximar posiciones» entre las fuerzas sindicales y políticas abertzales. «Hay que acordar tiempos, contenidos, ámbitos y procedimientos. Pero también hay que aproximar posiciones porque, en este momento, no estamos en una posición suficientemente convergente para poder avanzar», aseguró.

En esta línea, afirmó que una mesa de partidos «no es el ámbito donde pueda resolverse satisfactoriamente el debate sobre el ámbito vasco de decisión» porque «no existe la correlación de fuerzas adecuada y sigue vigente la negativa estratégica de Rodríguez Zapatero a reconocer el derecho de autodeterminación», indicó.

«Voz propia en el proceso»

Elorrieta reconoció que el nivel de unidad entre los sindicatos vascos «no es el más adecuado» para abordar el proceso de resolución sobre los parámetros de una consulta en Euskal Herria y subrayó que el documento recoge el compromiso de la central de trabajar «para alcanzar una praxis convergente del sindicalismo abertzale, que abarque la negociación colectiva, el modelo de sociedad y la lucha de la resolución democrática del conflicto para que ese sindicalismo esté en condiciones de tener voz propia en este proceso soberanista».

Asimismo, el texto aboga por suprimir el Pacto PP-PSOE y expresa el compromiso de ELA con «la situación de los presos y exiliados».

Críticas a la política de UPN y CDN
ELA considera que «la falta de una estrategia común facilita la imposición del discurso y las prácticas antidemocráticas y antivascas» que se producen en Nafarroa y, a modo de ejemplo, menciona el pronunciamiento impulsado de manera conjunta por UPNy CDN en el Parlamento navarro.

Recuperar la unidad de acción ELA-LAB
La declaración considera necesario recuperar la unidad de acción entre ELA y LAB y dotarla de bases sólidas. Esta unión «no sólo fortalece a cada una de las organizaciones, sino que dota a la mayoría sindical de una centralidad y una potencia muy superior a la suma de cada una de las partes», afirma.

Un riesgo: la línea neoliberal del PNV
El documento del Aberri Eguna advierte sobre «el riesgo que para el proceso soberanista tiene la orientación neoliberal y autoritaria de las instituciones regidas por fuerzas abertzales». A modo de ejemplo, cita entre otras las políticas fiscal y presupuestaria, y la beligerancia contra huelguistas.

La plataforma Batera, un ejemplo a seguir
El documento de ELA para el Aberri Eguna define la labor de la plataforma Batera en torno a las reivindicaciones a favor de la Cámara Agraria, el Departamento Vasco, la oficialidad del euskara y la universidad como «un ejemplo de la atracción social de la fijación de unos mínimos comunes».

Gara, 12 de abril de 2006

ETA afirma que «la llave del proceso la tienen los agentes vascos»

La organización armada reflexiona sobre la iniciativa de alto el fuego permanente para expresar que «no da ese paso sobre el vacío»

El número 110 de "Zutabe" lleva por título «Euskal Herria dugu irabazteko!» y es una edición especial dedicada íntegramente a analizar la iniciativa de alto el fuego permanente adoptada por ETA el pasado 22 de marzo. En dicha publicación, de cuyo contenido se hicieron eco ayer varios medios audiovisuales, ETA expresa que ha llegado el momento de «alimentar el proceso con compromisos concretos» y añade que «desde su inicio y hasta su final deben ser los agentes vascos sus impulsores y los ciudadanos sus protagonistas», correspondiendo a los estados «no poner trabas».

 

DONOSTIA

 

Euskadi Ta Askatasuna afirma en su revista que las reacciones registradas tras el anuncio de su iniciativa «deberán medirse con el paso del tiempo, igual que los efectos reales de la decisión adoptada por ETA». Para ello, considera claves tanto el desarrollo del proceso democrático como las responsabilidades que adopte cada uno de los agentes para llevarlo a buen puerto. Y es que, según destaca, su iniciativa debe entenderse «en clave de proceso».

 

Entiende que ha llegado el momento de «alimentar el proceso con pasos y compromisos concretos» adoptados «entre todos», al tiempo que subraya que «la llave la tienen los ciudadanos y los agentes vascos. Desde su inicio hasta el final, deben ser los agentes vascos los impulsores de este proceso y los ciudadanos sus protagonistas». En cuanto a los estados español y francés, indica que «les corresponde no poner trabas al proceso democrático y respetar sus resultados».

 

La organización armada asegura que el objetivo del alto el fuego no es otro que «impulsar el proceso democrático» que sirva para superar el contencioso y «construir un marco democrático para Euskal Herria» en el que «sean respetados sus derechos» y sea posible la materialización de «todos los proyectos políticos».

 

A la hora de adoptar esa decisión, asegura, tomó en consideración «las relaciones mantenidas con distintos agentes, las voluntades expresadas y los intercambios de puntos de vista». Y agrega: «ETA no da este paso sobre el vacío».

 

«Hay condiciones suficientes»

 

Afirma que su iniciativa se basa «en la creencia de que existen las condiciones y los cimientos suficientes» para desarrollar el proceso de resolución, y resalta que, en su reflexión, han tenido un importante peso «los pasos» que se han dado en ese sentido.

 

Además del Acuerdo Democrático de Base ­que califica como «la primera piedra firme» en ese camino­, manifiesta que «las relaciones mantenidas entre partidos y agentes de cara a materializar un proceso de ese tipo nos anuncian que estamos ante una oportunidad» de poder adoptar «compromisos firmes». Entre esos pasos, también cita «las voluntades mostradas para lograr la resolución del conflicto por medio de la negociación», un deseo que, a su entender, comparte el conjunto de la ciudadanía vasca.

 

Respecto al momento de decretar el alto el fuego, advierte que «no sólo debemos mirar a la actual situación o a la evolución de los últimos años. Eso sería un grave error. En estos momentos, es muy importante interiorizar la perspectiva histórica de la lucha de liberación, ya que, al fin y al cabo, ahora estamos ante los frutos aportados por décadas de lucha».

 

«Todos esos factores han posibilitado que haya condiciones para abrir un proceso democrático. La decisión de ETA no es más que una consecuencia de esa situación», añade.

 

Tras considerar que «ETA, con su decisión, ha puesto mucho de su parte», asegura que «ahora corresponde a todos los agentes actuar con el mismo nivel de responsabilidad». «A todos los agentes, y especialmente a los favorables a Euskal Herria, les ha llegado el momento de adoptar compromisos firmes y decisiones valientes», señala, para después instar a Madrid y París a abandonar la represión y a mostrar su voluntad para una salida negociada.

 

«¿Qué es y qué no el proceso?»

 

Sin embargo, su emplazamiento principal se dirige a los ciudadanos vascos, ya que les llama a «sumergirse de lleno en el proceso y a luchar por los derechos de nuestro pueblo». En cuanto a la izquierda abertzale, cree que debe seguir con «su compromiso, esfuerzo y lucha, porque ése será el instrumento más eficaz para lograr una paz basada en los derechos de Euskal Herria».

 

La organización armada también sale al paso «de la intoxicación» y explica «qué no es» su iniciativa. «Aquellos que piensen en una paz sin contenidos, se equivocan. La paz será consecuencia del reconocimiento de los derechos de Euskal Herria; hay que construir una paz basada en la justicia», destaca, y prosigue diciendo que «cuando hablamos de proceso democrático, hablamos del paso a dar del actual estatus político impuesto a aquel que se basa en la autodeterminación y la territorialidad».

 

«Siendo la voluntad de ETA estabilizar la situación abierta y llevar el proceso al puerto de la libertad, basamos nuestra decisión en el convencimiento de que la respuesta que recibamos sea de la misma medida de la apuesta de ETA», señala.

 

En otro de los apartados de la revista, la organización armada plantea la siguiente pregunta: «¿Qué es ese proceso?». Y dedica varias páginas a exponer su opinión. «Cuando hablamos del proceso, estamos hablando del trayecto a realizar para abrir una nueva situación basada en la aceptación de unos mínimos democráticos en Euskal Herria», afirma.

 

Estima que, para llegar a ese escenario, deberá impulsarse «el debate democrático entre los agentes vascos, para que, finalmente, sin ningún tipo de límite, los ciudadanos vascos tengan la palabra y la decisión sobre su futuro».

 

Ese trayecto necesitará, a su entender, de la negociación y el acuerdo, de que los estados reconozcan los derechos de este país y de «la acumulación de fuerzas en favor de Euskal Herria. Hay que levantar un muro popular en defensa de la palabra y la decisión de los vascos». Asimismo, opina que habrá que aprovechar «las nuevas oportunidades que se abran para dar pasos decisivos en la construcción nacional».

 

La forma de llevar a cabo ese proceso democrático pasa, a juicio de ETA, por que sea «dinámico y alimentado entre todos los agentes», y requerirá de «pasos de todos y en todas las direcciones». El debate entre los agentes «deberá tener en cuenta la pluralidad y el conjunto de Euskal Herria» y su objetivo será «lograr un acuerdo político sobre el futuro» del país; en ese acuerdo «se reconocerán sus derechos». A los estados les corresponderá «respetar los resultados de ese debate democrático. Y, finalmente, a los ciudadanos vascos habrá que preguntarles por el futuro de Euskal Herria».

 

Cree que las fuerzas favorables a la autodeterminación serán «los principales impulsores del proceso, y en torno a ello deberá organizarse la presión y movilización popular». Y es que, en su opinión, «hay que impulsar que Euskal Herria salga a la calle; la defensa de sus derechos debe hacerse en la calle; frente a los ataques, hay que responder como pueblo».

 



Un extenso repaso a lo acontecido durante las últimas décadas

 

DONOSTIA

 

Antes de sumergirse en su análisis sobre el alto el fuego y sobre el futuro de un proceso democrático, ETA inicia este “Zutabe” exponiendo su re- flexión sobre la situación política actual y sobre el papel de algunos agentes: la izquierda abertzale, el PNV, EA, IU, Aralar-AB ­a quienes engloba bajo un mismo epígrafe­ y los estados español y francés.

 

Posteriormente, la organización armada re- sume las primeras reacciones respecto a su declaración hecha pública el 22 de marzo, aunque apunta que «más adelante habrá que hacer una valoración más profunda de estas posiciones».

 

ETA dedica otro capítulo a su «Frente Negociador», un tema del que «se habla a menudo». Ante las «filtraciones y mentiras» que se leen «en la prensa», el texto repasa «su trayectoria histórica». En primer lugar, explica que este frente es «un ámbito de lucha para superar mediante un acuerdo el conflicto que los estados español y francés tienen con Euskal Herria». Respecto a su «objetivo», reseña que es «alcanzar un acuerdo que garantice los derechos de Euskal Herria».

 

A renglón seguido se explica brevemente el contenido de la Alternativa KAS, de la Alternativa Democrática presentada por ETA en 1995 y de la propuesta realizada en Anoeta por Batasuna en noviembre de 2004. También se repasan los diversos intentos negociadores, desde Martín Villa en tiempos de la UCD hasta la reunión con representantes del Gobierno Aznar el 19 de mayo de 1999.

 

El documento prosigue recordando las diversas iniciativas de cese de actividad armada llevadas a cabo antes de la vigente declaración de alto el fuego permanente. Unas decisiones que, a juicio de ETA, han marcado «puntos de inflexión» en el devenir de conflicto. Buena parte del texto corresponde a la época de Argel, incluyendo la publicación del «segundo acuerdo alcanzado por los representantes de ETA y los del Gobierno» del PSOE, que «los dirigentes españoles no cumplieron».

 

La parte final está dedicada a analizar el documento «Elkarbizitzarako bake bidea», presentado por el PNV el pasado octubre. La organización armada critica un texto que «ataca a ETA y a la izquierda abertzale» y en el que la formación jeltzale mantiene su «ambigüedad histórica» y se sitúa «en un púlpito para decir a unos y otros qué deben hacer, pero sin concretar ellos sus propias responsabilidades».

 


DONOSTIA

 

ETA destaca dos «condiciones democráticas» sobre las que subraya la importancia de «llevar a cabo una fuerte lucha ideológica y de movilizarse en las calles». Uno es la situación de los presos, que «no es una cuestión técnica. Y no es una cuestión sólo de ETA. Los presos son presos de Euskal Herria» y «su puesta en libertad es una condición democrática para la resolución del conflicto, ya que no hay paz sin amnistía. Son militantes políticos que están encarcelados por luchar por los derechos de Euskal Herria». Añade que la amnistía supone «el reconocimiento del carácter político» de los prisioneros y de su lucha.

 

El segundo aspecto es el de la «desmilitarización». En este capítulo, ETA señala que «no es posible asegurar una situación de paz hasta que no sean expulsadas las fuerzas armadas que durante largos años han oprimido a Euskal Herria». En cuanto a la Ertzaintza, ETA estima como «imprescindible» la «desactivación de sus cuerpos especiales».

Gara, 12/04/06

 

El voto de los desplazados

El alto el fuego decretado por ETA está dando lugar a un discurso intencionadamente neutro y con escasos compromisos concretos, en el que empiezan a predominar los lugares comunes de la «pacificación» y la «normalización», entendidos siempre en el sentido más favorable a las tesis de la izquierda proetarra, como se refleja en el documento firmado por un grupo de mujeres diputadas, ediles y sindicalistas vascas, entre las que se encuentran algunas del Partido Socialista de Euskadi. Así, cuando se habla de normalizar el País Vasco, es para que Batasuna se presente nuevamente a las elecciones y desactive -formalmente, porque en la práctica ya lo ha hecho- su ilegalización. Cuando se habla de pacificar es para que los presos etarras salgan de prisión y eludan toda la gravedad de sus crímenes. Cuando se habla de democratizar la sociedad vasca sólo es para recordar que el sistema estatutario y constitucional es ilegítimo porque le falta una consulta sobre la autodeterminación.

 

El motivo de este planteamiento -inadmisible desde cualquier punto de vista, aunque en expansión- es que la nueva etapa que teóricamente ha inaugurado el alto el fuego de ETA se sitúa en el comunicado que lo anunció, y no en el comienzo del terrorismo etarra. La normalización y pacificación del País Vasco son procesos pendientes, sin duda, pero lo son desde que ETA empezó a asesinar, a extorsionar y a provocar el desplazamiento forzoso de decenas de miles de vascos. Por eso, la superación del llamado «conflicto» -que sólo es el de ETA contra las libertades democráticas- habrá de tener en cuenta los efectos que ya ha causado el terrorismo, y entre éstos destaca especialmente algo tan típico del ultranacionalismo etnicista como la limpieza ideológica de la sociedad vasca. El Foro de Ermua ha presentado recientemente una iniciativa, que remitirá a los partidos políticos, para que se reconozca el derecho a votar de todos los ciudadanos vascos forzados por el terrorismo a abandonar el País Vasco. Apoyándose en datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística, el Foro de Ermua ha calculado que, en los últimos veinticinco años, en torno a 200.000 personas pueden considerarse desplazadas por la presión de la ETA. Estas apreciaciones se corresponden con encuestas fiables. Por ejemplo, los «Euskobarómetros» elaborados por la Universidad del País Vasco han reflejado constantemente un porcentaje inaceptable en democracia de ciudadanos vascos dispuestos a irse de su tierra.

 

La propuesta del Foro de Ermua, al margen de valoraciones estrictamente técnicas, plantea claramente la responsabilidad del Estado de restaurar en el País Vasco las libertades mutiladas por los terroristas. Y es, sin duda, una manera sensata de recordar, frente a tanta insistencia de que ETA no debe recibir ningún precio, que la banda ya se ha cobrado un alto precio en vida y libertades y que éste es el momento de exigir el reembolso. Ya que tanto se pide culminar el proceso de paz con una consulta que respete la voluntad de los vascos, es preciso devolver la voluntad política a los vascos a los que les fue arrebatada, porque lo ilegítimo no es, como dice la izquierda proetarra, mantener la Constitución y el Estatuto de Guernica, que con tanta saña criminal han combatido los terroristas, sino consultar en estas condiciones sobre su futuro a una sociedad previamente depurada por el terrorismo para asegurarse un resultado favorable a los objetivos máximos que comparten ETA y el nacionalismo vasco.

 

El Foro de Ermua, organización cívica que nació con la rebelión ciudadana de 1997 contra ETA y la hegemonía nacionalista, ha lanzado al debate político una propuesta de fuerte sentido ético, pero también político. Ahora que el Gobierno da síntomas preocupantes de ceder a la internacionalización del proceso de diálogo con ETA, no sería aceptable que este proceso se convirtiera en la repetición de modelos de pacificación aplicados en otros escenarios, que sólo han servido para consolidar las conquistas de los agresores y la inferioridad de las víctimas. La desaparición de ETA no sólo es una exigencia inmediata para un nuevo futuro de auténtica libertad y justicia. También debe ser retroactiva en todo aquello que la ley y la acción política del Gobierno puedan reponer a un estado de plenitud democrática. Empezando por el voto de los desplazados para decidir sobre el futuro de la tierra de la que fueron expulsados.

 

 

Editorial de ABC – 10 de abril de 2006

 

 

El juicio objetivo e imparcial de Mario Mauro ante la mal llamada «tregua» de ETA.

Quienes pretenden aplicar el método científico al ámbito de las Ciencias Humanas parten de los peligros de la casi inevitable subjetividad, de todo investigador, o escritor, como una de las principales dificultades para llegar a cualquier conclusión verídica y compartida.

Por ello proponen diversas medidas que, aplicándolas a la investigación en cuestión, asegurarían una mayor objetividad; que difícilmente podría darse entre los afectados de manera directa por el fenómeno o la situación  de que se trate.

Acaso por ello, cuando tratamos de desentrañar las claves de una noticia, si seguimos tales premisas de manera absoluta, podemos caer en un problematicismo metódico que cuestione por completo nuestra elemental objetividad, empujándonos hacia un relativismo que impide afirmar con convicción cualquier proposición.

Para evitarlo, los seguidores de dicho método propugnan, entre otras normas, que el investigador no se encuentre implicado directamente en un fenómeno dado: ser observadores externos, ajenos, fríos y, si puede ser, indiferentes. De esta manera, si bien venimos afirmando en nuestro caso, y con convicción, determinados análisis y juicios de valor ante la mal llamada «tregua» de ETA –no en vano se trata únicamente de la suspensión temporal de una parte de sus actividades terroristas-, es juicioso preguntarse si, tal vez, la pasión nos ciega y la subjetividad propia de nuestra innegable implicación personal, nos determinan indefectiblemente. Pero ello, sin llegar hasta el extremo de la duda total: estéril, por definición.

Por ello, hemos querido escuchar lo que opina Mario Mauro, vicepresidente del Parlamento Europeo -en una entrevista realizada por Fernando Toda para el semanario ALBA (Nº. 79, 7 al 13 de abril de 2006) con motivo de su presencia en la Convención Católicos y Vida Pública recientemente celebrada en Barcelona- en torno a esta cuestión. Lo reproducimos literalmente.

«Pregunta: En España hay una gran expectación ante el anuncio de la tregua de ETA. ¿Cómo ha vivido Europa el comunicado de la banda terrorista?

Respuesta: Con mucha prudencia. Esta acción aparentemente unilateral no dice nada sobre cambiar su estrategia en relación al futuro del País Vasco. Además, existe el temor de que sea un instrumento táctico para imponer el control sobre la sociedad. También se tiene preocupación porque ETA no ha renunciado a nada ni ha pedido perdón. Y existe cierta perplejidad, porque España ha hecho ver a Europa que ETA no es más que un grupo terrorista, pero ahora se habla de político».

Imparcial, ajeno, sin implicación personal en el «conflicto»…, pero contundente, conciso y particularmente clarividente.

No podríamos haberlo resumido y expresado mejor. Para nuestra satisfacción como analista. Para nuestra intranquilidad como ciudadano.

Fernando José Vaquero Oroquieta


 
Página Digital, 11 de abril de 2006

La Asociación Justicia y Libertad responde "punto por punto" a ETA.

Tras el doble comunicado de ETA anunciando el “alto el fuego permanente”, la Asociación Justicia y Libertad quiere dar voz al pensamiento de los miles de españoles, y especialmente de los vascos, que no pueden expresarse con libertad. Por ello queremos recordar que los españoles no desean la rendición ante el terrorismo, y lo hacemos respondiendo punto por punto su comunicado (el original etarra en cursiva).
 
MENSAJE DE EUSKADI TA ASKATASUNA AL PUEBLO VASCO
 
Euskadi Ta Askatasuna ha decidido declarar un alto el fuego permanente a partir del 24 de marzo de 2006.
 
La única forma de garantizar un alto el fuego permanente es la entrega y destrucción de las armas. El cese de la actividad terrorista debe ser definitivo para que la negociación sea posible y no se realice bajo la amenaza constante de los que rompieron la Paz y han buscado sistemáticamente mantener una situación de guerra permanente contra la ciudadanía.
 
El objetivo de esta decisión es impulsar un proceso democrático en Euskal Herria para construir un nuevo marco en el que sean reconocidos los derechos que como Pueblo nos corresponden y asegurando de cara al futuro la posibilidad de desarrollo de todas las opciones políticas.
 
La única forma de impulsar la democracia y los derechos de la ciudadanía vasca es el abandono de las armas y con ellas la desaparición de cualquier coacción como las que están sufriendo día a día los ciudadano, incluyendo la kale borroka y el impuesto revolucionario. La principal amenaza a la democracia, y el principal freno a su desarrollo, es la violencia ejercida de forma unilateral y cobarde por el autodenominado MVLN, violencia que apoya el terror como único argumento para presentar su ideología.
 
Al final de ese proceso los ciudadanos vascos deben tener la palabra  y la decisión sobre su futuro.
 
El futuro de España, y de cada una de sus tierras, está en manos de los españoles y lo expresan mediante los cauces e instituciones democráticas. Los vascos, junto con el resto de los españoles, podrán ejercer este derecho que consagra la Constitución en cualquier momento y especialmente en las elecciones. La Comunidad Autónoma Vasca es parte integrante de España y su futuro es decisión de todos los españoles.
 
Los Estados español y francés deben reconocer los resultados de dicho proceso democrático, sin ningún tipo de limitaciones. La decisión que los ciudadanos vascos adoptemos sobre nuestro futuro deberá ser respetada.
 
Cualquier decisión que la ciudadanía tome mediante los cauces legales debe cumplirse y hacerse cumplir por los políticos y los sectores del Estado que, como las Fuerzas y Cuerpos de seguridad del Estado y las Fuerzas armadas, tienen encomendada esa misión en la Constitución.
 
Hacemos un llamamiento a todos los agentes para que actúen con responsabilidad y sean consecuentes ante el paso dado por ETA.
Esta responsabilidad debe ejercerse teniendo presente que ETA no se ha disuelto ni ha abandonado las armas, continuando con su actividad y la coacción constante a toda la sociedad.  Este paso es meramente simbólico y como tal debe ser tratado por todos los agentes, especialmente por el gobierno y por los responsables de la lucha antiterrorista que deben aplicar la lección aprendida en anteriores treguas.
 
ETA hace un llamamiento a las autoridades de España y Francia para que respondan de manera positiva a esta nueva situación, dejando a un lado la represión.
 
Mientras los movimientos de ETA sean simbólicos y no se encaminen de forma efectiva al abandono de las armas, es más, hasta que esta no se produzca, la autoridades deben seguir aplicando de forma contundente y eficaz las leyes marcadas por los órganos competentes. El Estado de Derecho debe seguir vigente con independencia de los gestos que se puedan mostrar, haciendo cumplir la ley y las resoluciones judiciales como exige la justicia y los planteamientos democráticos.
 
Finalmente, hacemos un llamamiento a los ciudadanos y ciudadanas vascas para que se impliquen en este proceso y luchen por los derechos que como Pueblo nos corresponden.

Hoy, como siempre, Justicia y Libertad sostiene que el fin del terrorismo solo es posible con la implicación de la totalidad de la sociedad y en especial de todos y cada uno de los ciudadanos en su individualidad. Solo el aislamiento social puede llevar al fin definitivo del terrorismo, y este debe ser respaldado y apoyado por el frente político, policial, judicial, cultural, y económico. Todos y cada uno de nosotros somos los principales responsables de alcanzar nuestra libertad invidual y colectiva.
 
ETA muestra su deseo y voluntad de que el  proceso abierto llegue hasta el final, y así conseguir una verdadera situación democrática para Euskal Herria, superando el conflicto de largos años y construyendo una paz basada en la justicia.
 
Nos reafirmamos en el compromiso de seguir dando pasos en el futuro acordes a esa voluntad.
 
La superación del conflicto, aquí y ahora, es posible. Ese es el deseo y la voluntad de ETA.
 
Estos deseos los comparte toda la sociedad, solo se pueden alcanzar por los medios anteriormente comentados y solo se puede dudar de ellos cuanto están en boca de asesinos.
 
Euskal Herrian, 2006ko martxoan
 
Euskadi Ta Askatasuna
     E.T.A.
 
A lo ya comentado solo queremos subrayar nuestra convicción de la falta de pasos efectivos para alcanzar una Paz que está al alcance de ETA mediante el abandono de las armas. El término permanente no es más que una falacia, al más que sea acompañado del abandono de las armas, y el comunicado en sí no es más que un acto propagandístico lleno de errores y mentiras.
Hacemos un llamamiento a todos los políticos, y especialmente a los que votaron a favor del diálogo con ETA en el supuesto de abandonar las armas, para que traten esta situación de forma responsable y transparente.  Este llamamiento, que hacemos también a los medios de comunicación, empieza por la lectura de un manifiesto que va mucho más allá de su título y que numerosas personas de estos colectivos han demostrado no conocer y moverse solo por el deseo, la ideología, o la manipulación.
 
Todos los ciudadanos apoyamos la Paz, pero esta no es tal si no es una Paz justa y que no suponga una claudicación ante unas armas que pueden volver a ser utilizadas por las mismas manos o por otras causas que aprendan que la violencia en España es efectiva para conseguir cualquier objetivo si se sabe utilizar en la medida y el tiempo adecuado.
 

Una vez más ofrecemos nuestros escasos recursos y todo nuestra ilusión y trabajo para seguir avanzando en la consecución de un mundo en paz, en el que reinen la Justicia y la Libertad.

24 de marzo de 2006

TRAS EL ALTO EL FUEGO: la gestión de la paz y la normalización.

El proceso. Un acontecimiento de extraordinaria magnitud ha revolucionado la política vasca y también la española. A partir del 24 de marzo de 2006, ETA sostiene un alto el fuego de carácter permanente. Arranca, por lo tanto, el invocado proceso de paz. La fase ‘confrontación democrática’, caracterizada por la acentuación del frentismo en torno al eje de Lizarra, ha dejado definitivamente paso a una nueva fase llamada ahora ‘resolución democrática’, cuyo paradigma viene a ser identificado con la declaración que Batasuna presentó en Anoeta en noviembre de 2004.

 

Por ahora, se consolida la paz entendida como ausencia de violencia. La sola consolidación de este hecho crea un gran alivio y una impresionante expectativa, un verdadero hervidero de emociones positivas. Y aunque la dilucidación del alcance del calificativo ‘permanente’ no deje de tener su miga, sobre todo en relación con la confirmación de si significa o no un repliegue absoluto de todas las acciones violentas atribuidas a ETA y su mundo, el núcleo de mi artículo no se referirá a esta cuestión, sino al juego de estrategias que se prevé vayan a desplegarse en la política vasca como consecuencia de este acontecimiento.

 

Recientemente, el presidente Zapatero reclamaba un gesto público de ETA que sirviera para autentificar la solvencia de su apuesta de paz. He aquí, pues, ese gesto. Si el gesto es signo de debilidad o fortaleza del grupo violento no es cosa fácil de elucidar. No sería del todo extraño que el movimiento de ETA se haya realizado, por una parte, en un marco de reciprocidad, aún cuando este hecho no tenga porqué tener una repercusión pública con carácter inmediato. Igualmente, habría que tener en cuenta que en las últimas fechas se ha producido una consolidación estratégica del polo de Nazio Eztabaidagunea. Y, sea fruto de la impotencia o de la pujanza, no sorprendería que esta iniciativa de ETA buscara su mayor provecho asentándose en uno, en otro o en ambos parámetros con el objeto de elevar a una posición de mayor preponderancia política a Batasuna, ‘interlocutor imprescindible’ en su nuevo papel de vanguardia del conjunto del MLNV.

 

Es cierto que la declaración de alto el fuego no se produce en los precisos términos exigidos por la declaración del Congreso de mayo del pasado año. O sea que, en la medida en que el sujeto terrorista no ha mostrado una disposición ‘inequívoca’ a abandonar las armas, los ‘poderes competentes’ deben todavía afanarse en la difícil pero inevitable tarea de crear las condiciones del final dialogado previsto en la citada declaración. En este contexto, más allá de los movimientos que se pueden producir en temas como la justicia, los presos o la norma de partidos, el conflicto entre puntos de vista estratégicos que rivalizan en cuanto a su idea del proceso es inevitable (Véase mi artículo ‘Ante un proceso de paz vasco: el nuevo guión de ETA’ en GoizArgi 36). Interesa, por lo tanto, centrar el debate en torno a cómo se va a gestionar el citado conflicto de estrategias.

 

En este juego estratégico será muy importante la batalla simbólica. Por medio de ésta se tratará de luchar por representar en mejor medida que nadie la sensibilidad pública, a través de coartadas de apariencia siempre positiva, para conseguir controlar o condicionar el temario que se gestionará a través de la agenda política.

 

¿Cómo evitar que la política democrática sucumba en la espiral sin salida de un juego estratégico disparatado, que se coma las positivas expectativas y genere un recrecimiento del conflicto? La solución es el acierto en la fijación del método. En un proceso en el que se busca la implicación directa de la opinión pública, la mejor garantía para una solución democrática, la mejor prevención incluso ante el engaño estratégico, es la fidelidad al método democrático.

 

El método de Anoeta. Estamos en los preliminares del ‘proceso de paz’. Esta cascada de gestos, declaraciones y demostraciones que se están realizando estros días tiene interés en la medida en que en estos inicios se está dilucidando el método conforme al que se desenvolverá la dinámica subsiguiente.

 

Por encima de todo, incluso de aspectos de contenido, el MLNV quiere confirmar con este mismo carácter preliminar la general aceptación del método de Anoeta que se sustenta en la fijación de un escenario concreto y la designación de unos protagonistas. El escenario consiste en la apertura de dos mesas, una con el cometido de negociar la llamada ‘desmilitarización’ y la otra con el objeto de establecer un acuerdo político en torno al derecho de decisión en el conjunto territorial de Euskalerria. Entre los protagonistas, el poder central y ETA conformarían la primera mesa; los agentes políticos y sociales vascos, la segunda.

 

Para Batasuna, el de Anoeta es el método, el único válido para la resolución democrática del conflicto. A primera vista, esa idea de ‘único válido’ no parece encajar pacíficamente con el objeto ‘resolución democrática’. Y así resulta ser en el fondo. Se dice que se quiere un proceso democrático, pero el método que se induce a aceptar manifiesta graves carencias en cuanto a su naturaleza democrática.

 

De inicio, la eliminación de todas las instituciones vascas (de todas ellas, tanto las de la CAV y las de Nafarroa como las de Iparralde) del esquema revela el interés de Batasuna y ETA en que el coste principal de la paz se soporte precisamente contra los actuales representantes democráticos de toda Euskalerria. Pero, de esta manera, la víctima de la paz vendría a ser la voluntad democrática de los vascos de todos los territorios. He aquí, como incomprensible consecuencia, una imagen de conjunto del territorio vasco, más bien una sombra de la unidad territorial, proyectada sobre la exclusión de todas sus instituciones, íntegramente apartadas de todo papel en el aludido guión de Anoeta.

 

Por otro lado, aunque el formato de la mesa para la ‘desmilitarización’ parece reservar un papel dirigente a los poderes del estado, parece pensado para otorgarle asimismo un papel decisivo a ETA que, al preverse el cierre de la primera mesa sólo tras verificarse el acuerdo político en la segunda, podría dosificar sus gestos al servicio de la hegemonía de Batasuna en esta última.

 

Finalmente, ese modelo de mesa de ‘desmilitarización’ es el que ha fracasado precisamente en Irlanda, llevando al borde de la ruina las expectativas del 98. Es un modelo opaco, burocrático, que no genera confianza en la base de la sociedad, a la que no se le otorga ningún papel en la comprobación del desarme y del desmantelamiento de las redes de extorsión y amenaza de los grupos terroristas. El caso irlandés es un ejemplo de cómo continúan subsistiendo éstos al abrigo de la vacilante y contradictoria inercia de un ‘proceso de paz’ demasiado condicionado por el progreso y retroceso de un desarme aplazado durante años y una disolución de las organizaciones armadas todavía inverificable.

 

Todo esto nos coloca ante una cuestión verdaderamente crítica, que nos advierte de la insuficiencia democrática del método de Anoeta: ¿puede desenvolverse cabalmente un proceso democrático a través de medios no democráticos, prescindiendo de instituciones democráticas o bajo la tutela de sujetos no democráticos, sin la debida transparencia, por mucho que el fin último preestablecido sea pomposamente nombrado como ‘resolución democrática’?

 

Otra metodología: sociedad e instituciones. A la vista de todo esto, si queremos aprovechar las oportunidades que se abren en este momento para la apertura de un proceso democrático vasco, las cosas deben perfilarse desde otra metodología. Sin perder de vista las objeciones que hemos señalado, Anoeta, aunque se pretenda la única salida democrática para salir del túnel del conflicto, es discurso de partido, es el nuevo elemento central de una estrategia de cuño partidista.

 

Es imposible olvidar que tras todas las propuestas de resolución del conflicto político que ha hecho la llamada izquierda abertzale a lo largo de la historia democrática vasca, se ha encubierto su particular e invariada obsesión de impugnar las instituciones existentes en el país, desde fuera de las mismas. Pero, si hoy quieren de verdad una resolución democrática, el método de Anoeta tiene una legitimidad proporcional a los votos que lo sostienen. Ni más ni menos. Si Batasuna quiere que la propuesta de Anoeta determine la agenda política vasca, deberá partir de este dato y recabar el apoyo popular necesario con arreglo al método democrático vigente en el seno de las instituciones vascas.

 

Si hay algo que blindar, es seguro que ese algo no es el proceso sino que lo que debería blindarse es su naturaleza democrática. Así debería ser, al menos si lo que se quiere es un desenlace democrático. A tal efecto, paso a enumerar una serie de principios metodológicos muy básicos que pretenden definir los medios democráticos con los que podríamos abordar con garantías una resolución auténticamente democrática. En primer lugar, los proyectos de parte, sean de partidos o de cualesquiera otros operadores sociales o políticos, que quieran hacerse con la legitimidad popular han de ser contrastados en las instituciones, por los representantes legítimos de la voluntad democrática y, en su caso, refrendados directamente por la ciudadanía afectada. En consecuencia, y en segundo lugar, ningún proyecto partidista, , como lo es la propuesta de Anoeta –al igual que la propuesta de cualquier otro grupo- puede ser condición de obligado cumplimiento para el final de la violencia. En tercer lugar, sólo las instituciones vascas representativas pueden garantizar que los vascos podamos abordar el debate y las decisiones sobre nuestro futuro político sin la tutela de ningún poder no democrático, sea éste armado o no. En cuarto, la verificación del cese de la violencia no es un acto burocrático y opaco, que se apoya en un arreglo entre ETA y el Estado, sino que debe ser una tarea social que implica, además de la sociedad, a las instituciones y los partidos políticos vascos.

 

En estos últimos meses de cierta desorientación, es de agradecer que diversos partidos y colectivos hayan definido sus posiciones respecto a estas cosas. Los documentos que han dado a conocer PNV -‘Elkarbizitzarako bakebideak’-, PSE –‘Euskadi 2006. Hacia la libertad y la convivencia’ y EA, aunque sea a través de su sector crítico, son coincidentes a la hora de subrayar la importancia de los 4 principios antes expuestos. No voy a omitir que entre ellos también afloran elementos de discrepancia. Pero, el cauce por el que estos tres colectivos desean que discurra el proceso democrático es socialmente integrador e institucional.

 

 

 

En parecidos términos ha definido también su posición el lehendakari (22 de marzo de 2006), asumiendo una responsabilidad que quiere compartir con el presidente del gobierno español en lo referente a las cuestiones políticas del proceso de normalización. Su disposición a liderar la búsqueda de un acuerdo integrador en la llamada mesa de partidos, a través de la representación legítima de la voluntad popular, da cuenta de su determinación de hacer irreversible la paz desde el fortalecimiento del papel institucional. Y, finalmente, el compromiso de facilitar una participación activa de la sociedad garantiza suficientemente que la paz no se enfangará en exigencias partidistas.

 

Un modus (con)vivendi para la normalización. Se habla de nuevo tiempo político. El alto el fuego es un elemento indicativo de este nuevo calendario. Pero, el nuevo tiempo ni puede sostenerse en gestos ni perderse en la complacencia de los discursos y los comunicados. Es posible que estos anticipen acontecimientos en el camino de la normalización del país. Pero esta normalización será imposible si únicamente se limita a dar respuestas a los requerimientos que se realizan en el ámbito de lo institucional y si la agenda del país no incorpora las tareas que incumben al ámbito social y comunitario.

 

En relación con el ámbito propiamente institucional, es cierto que nos podemos valer de la oportunidad de renovación del proceso instituyente que exige este nuevo tiempo político con el objeto, en primera instancia, de materializar un nuevo pacto de relación o asociación con el estado. Con este motivo, además, podría abrirse una ocasión apropiada de afrontar una reforma institucional interna que actualice la inserción de las instituciones y la administración con la sociedad al gusto de las actuales generaciones y que a la vez recobre el nivel óptimo de satisfacción social con su funcionamiento.

 

Pero, el otro es el ámbito relativo a la comunidad en su doble esfera social y pública. En este ámbito, la labor a realizar es compleja y requiere una visión de largo plazo. El objeto a conseguir sería la neutralización de todos aquellos factores de antagonismo que subsisten en la política, la economía y la cultura vascas. Los puntos de choque y ruptura que han mantenido vivo hasta el día de hoy un conflicto de alta intensidad en Euskadi se identifican con el choque de identidades nacionales (con sus afecciones políticas y culturales) y la confrontación de modelos socio-económicos. Unas líneas de choque, que por mucho que se achiquen, parece que vayan a permanecer.

 

Pues bien, la tarea de despolarización social se podría acometer a partir de un compromiso de búsqueda, desde todas las instancias públicas y no públicas, de un ‘modus (con)vivendi’ entre diferentes, que abarque desde el reconocimiento y acomodo de sentimientos de identidad divergentes hasta la aceptación de que en nuestro país coexisten gentes que aspiran a modelos sociales rivales, puede sostener la esperanza a futuro. Un ‘modus (con)vivendi’ en el que la plasmación libre de estos proyectos sea posible sin imposiciones, sin patrones únicos, sobre la base de pactos de convivencia entre los plurales proyectos, sentimientos y modos de vida existentes en Euskadi. Aunque se renunciara a una horma única de ciudadanía, la conjugación creativa y constructiva de las ideas de libertad, pluralidad y asociación voluntaria podría ayudarnos a dar con soluciones democráticas de las que ya existen ensayos, en nuestro país y en el mundo.

 

Se podrá decir que es poca cosa. Habrá quien seguirá sosteniendo un proyecto de mayor integración, que disuelva las plurales diferencias en un perspicaz consenso político sobre la base de un nuevo patrón de ciudadanía, enmarcado acaso en los parámetros de la nación cívica. Aunque éste no deje de ser un esquema con bastante predicamento entre las autoridades políticas, en realidad responde a un racionalismo de imposible realización en nuestro país, debido al uniformismo que presagia.

 

La idea liberal del ‘modus vivendi’, más ampliamente desarrollada por John Gray, ha sido tildada de escéptica. Pero, Gray considera que no es defendible que el liberalismo sea un sistema de principios universales y que la diversidad de modos y de valores de vida es un signo de libertad humana, y no un error. Y no se trataría de compartir valores, sino instituciones. Sin duda, creo que este enfoque es muy aprovechable para resolver nuestros problemas. La organización social de la convivencia de la pluralidad real de Euskalerria no tiene solución democrática desde la imposición de un modelo homogéneo único de identidad cultural, nacional y social, por muy cívico que se autoproclame. Ser conscientes de ello es ya un paso de gigante para el arreglo necesario en este ciclo histórico.

 

Joxan Rekondo

 

Goiz Argi, Nº38, abril de 2006

 

Los desterrados vascos exigimos nuestro derecho a participar votando en nuestra tierra

Madrid, 7 de abril de 2006. Los ciudadanos desterrados por el régimen nacionalista del País Vasco que el 26 de febrero 2005 formamos las Comisiones de la Diáspora Democrática del Foro Ermua queremos manifestar ante la opinión pública y, muy especialmente, ante el presidente del Gobierno, que no se puede obviar la realidad de que “en Euskadi no estamos todos”, porque ETA no sólo es la autora de asesinatos, secuestros y extorsiones, sino el principal agente de la configuración de un censo electoral en el que decenas o centenares de miles de ciudadanos han sido excluidos.
Como vascos que nos hemos visto obligados (directa o indirectamente) a dejar nuestra tierra por causa del terrorismo y del nacionalismo impuesto, queremos intervenir en el debate político y manifestamos públicamente lo siguiente, en relación con la “nueva tregua” declarada por ETA, la actual situación política y la configuración del censo electoral vasco:
1º.- Resulta sorprendente y penoso comprobar cuánta gente está dispuesta a permitir que ETA nos engañe otra vez, consintiendo que la banda terrorista rentabilice de nuevo sus tácticas y estrategias. Asimismo, es sorprendente que ante una nueva declaración de “tregua” se les otorgue un voto de confianza que no merecen.
No debemos olvidar que ETA ha roto todas sus anteriores treguas, que poco antes de la declaración de su “alto el fuego” robó pistolas, uniformes, miles de placas de matrícula y material para confeccionar explosivos y que no ha renunciado a ninguno de sus postulados políticos, ni al chantaje terrorista.
A pesar de todo, podría abrirse una oportunidad para terminar con el terrorismo, si se demuestra a ETA que no tiene capacidad para condicionar en su favor el debate político y la aplicación de la Ley. Ni con treguas, ni sin treguas. Es responsabilidad del Gobierno aprovecharla trabajando para la aplicación de la Ley y sin hablar con ETA de nada que no sea de su rendición incondicional. Es responsabilidad del resto de fuerzas políticas y de la ciudadanía exigir y apoyar al Gobierno para que mantenga esa firmeza. Las políticas de apaciguamiento con el terrorismo están destinadas al fracaso.
2º.- En este sentido, vemos con preocupación la forma en la que el Gobierno de España afronta el actual escenario político. Aplaudimos la unidad entre los dos grandes partidos nacionales, pero esta unidad resultará vacía si no va acompañada de la firmeza antiterrorista y del cumplimiento estricto de la Ley. Y en estos momentos, no vemos firmeza, sino todo lo contrario. El Gobierno parece más interesado en no soliviantar a los terroristas, que en hacer cumplir la Ley.

Los elogios a Otegi por parte del Presidente del Gobierno, la pasividad ante el incumplimiento flagrante de la Ley por parte de BATASUNA y la reiteración de noticias nunca desmentidas sobre la existencia de negociaciones previas con ETA (antes negadas) y sobre el carácter pactado del texto del alto el fuego, son elementos que generan una máxima inquietud y que no permiten prever nada positivo. ¿Cómo entender que BATASUNA, organización ilegalizada y terrorista al servicio de ETA, lea públicamente un comunicado y realice todo tipo de declaraciones con absoluta impunidad? ¿Cómo admitir que se esté preparando para recuperar terreno en las Instituciones, cuando tiene prohibida toda actividad?
3º.- La actitud pasiva del Gobierno y su dependencia de los nacionalistas identitarios nos conducen a un País Vasco a la medida de Otegi, un paraíso para la chulería nazi-fascista de Batasuna y sus demás clones socio-políticos (el sindicato LAB, el Partido Comunista de las Tierras Vascas…) donde, antes que la libertad y los valores de la convivencia, lo único que campa a sus anchas es la intimidación, la amenaza, la descalificación sistemática de cualquier proyecto que no sea el nacionalista y de quienes lo compartan, la bravuconada y el orgullo criminal. Esa política, lejos de hacer más habitable nuestra tierra, garantiza su inhabitabilidad para nosotros y los nuestros. Los valores que hoy rigen en Euskadi son desgraciadamente los mismos, elevados a la categoría de norma, que propiciaron nuestra salida.
4º.- Para volver a casa necesitamos y exigimos un País Vasco en el que no estén crecidos ni los etarras ni sus cómplices, ni su ideología ni sus valores totalitarios. Un País Vasco donde no ser nacionalista no sea un delito castigado con la pena de muerte, ni con la humillación o el miedo permanentes, ni con atentados a los negocios, ni con la discriminación. Un País Vasco donde los nacionalistas sepan que la suya es una ideología más, no la base ni la premisa de todas. Un País Vasco donde se reconozca y se arrope a las víctimas. Un País Vasco donde no exista la extorsión, donde la escuela sirva para inculcar las ideas democráticas en las generaciones que se están formando; donde a nuestros hijos no se les aleccione en la cobardía, la doblez y el relativismo moral. Un País Vasco donde podamos tener la misma libertad que tenemos en las demás tierras de España en los que nos han acogido tras nuestro forzado destierro.
5º.- Nosotros hemos sido expulsados por la acción directa o indirecta del terrorismo, pero no renunciamos, como desearía ETA, a opinar sobre los asuntos que afectan a nuestra tierra. Consideramos que una democracia no debe permitir que una banda criminal consiga ninguno de sus objetivos y mucho menos el de articular un censo electoral favorable a sus intereses, como ha sucedido en Euskadi hasta ahora. Es hora de terminar con esta anomalía democrática, es hora de limitar el efecto de ETA sobre los resultados electorales, es hora de que la democracia tome medidas para que todos los que nos hemos visto forzados a marcharnos podamos participar activamente en la toma de decisiones políticas en el País Vasco. Tanto más, cuanto que nos podemos encontrar ante un proceso de reformas estatutarias de hondo calado.
Por ello, desde las Comisiones de la Diáspora Democrática Vasca, hemos preparado una iniciativa legislativa, que presentaremos a los grupos políticos democráticos, para que las personas que han abandonado Comunidades Autónomas especialmente afectadas por el terrorismo, puedan participar en las elecciones autonómicas, en las elecciones municipales -y en su caso forales- y en los referenda que pudieran convocarse en dichos territorios. Los vascos del destierro queremos poder votar en nuestra tierra, como ya vienen haciendo los vascos que viven en el extranjero.

El vicepresidente del Parlamento Europeo, Mario Mauro, y la llamada "tregua de ETA"

Pregunta: En España hay una gran expectación ante el anuncio de la tregua de ETA. ¿Cómo ha vivido Europa el comunicado de la banda terrorista?

Respuesta: Con mucha prudencia. Esta acción aparentemente unilateral no dice nada sobre cambiar su estrategia en relación al futuro del País Vasco. Además, existe el temor de que sea un instrumento táctico para imponer el control sobre la sociedad. También se tiene preocupación porque ETA no ha renunciado a nada ni ha pedido perdón. Y existe cierta perplejidad, porque España ha hecho ver a Europa que ETA no es más que un grupo terrorista, pero ahora se habla de político.

De la entrevista realizada a Mario Mauro, vicepresidente del parlamento Europeo, por el semanario Alba (Nº. 79, 7 al 13 de abril de 2006).