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Opinión y análisis

¿Crisis en el movimiento cívico de resistencia?

¿Crisis en el movimiento cívico de resistencia?

Algunos cualificados comentaristas se han echado las manos a la cabeza al comprobar que el movimiento vasco ¡Basta Ya! ha explotado: su transformación en plataforma impulsora de un nuevo partido, “de izquierda” y “transversal”, en palabras de Rosa Díez, habría apartado a militantes del Partido Popular y otros ciudadanos sin adscripción política descontentos con el giro. Además, el protagonismo de Fernando Savater en esta historia, y los sarcásticos comentarios de Carlos Martínez Gorriarán dirigidos contra Santiago Abascal, habrían enterrado una entidad unitaria que tan buenos frutos generó en el pasado. Pero, en realidad, quienes se rasgan las vestiduras desconocen que ¡Basta Ya! ya había entrado en crisis en marzo de 2006. Desde entonces, su dinámica anterior había desaparecido casi por completo; siendo sus figuras residuales más representativas, personalidades nítidamente izquierdistas.

Seamos sinceros: para las cosmovisiones “de derechas” y las “de izquierdas” el concepto de España, su naturaleza histórica y su proyección concreta, no pueden ser idénticos. Pueden existir notables coincidencias parciales, simpatías recíprocas, posibilidades de alcanzar acuerdos tácticos, etc., pero no es posible compartir idénticos presupuestos. ¿Acaso -y únicamente- podemos defender, ya seamos de derechas o de izquierdas, los frágiles e imprecisos puentes comunes existentes entre dos visiones de la vida sustancialmente dispares?

Pero no es el único “incidente” que habría golpeado al heterogéneo “río” cívico de la resistencia nacida, en sus diferentes afluentes, del impacto del terrorismo en tierra española.

El legítimo salto a la política partidaria del extraordinario Mikel Buesa, presidente del Foro Ermua, habría puesto en peligro, según algunos, a esta prestigiosa entidad. Pero que nadie se asuste: Foro Ermua sobrevivirá; con o sin Mikel Buesa. Es una organización consolidada, apoyada en muchísimas personas y creadores de opinión, con diversos comités sectoriales, que no está aislada ni de la sociedad ni de los políticos, y que disfruta de estables fuentes de financiación.

Recordemos otras circunstancias y situaciones.

La Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) ha perdido, aparentemente, el protagonismo público que su entusiasmo y voluntarismo capitalizó en los dos años anteriores. Pero, tan discutido rol, ¿era propio de su naturaleza o el fruto no perseguido de indeseables circunstancias políticas? Una vez “quemada” la AVT, es evidente que los dirigentes del Partido Popular han modulado su relación con la misma; replegándose aquélla a sus naturales actividades asistenciales, conmemorativas, y de denuncia pública. ¿Crisis o estado de necesidad?

Pero todavía hay más.

Un ulterior y refrescante caudal de este movimiento social, la Plataforma Cívica Peones Negros, cuyo objetivo era y sigue siendo el total esclarecimiento de lo realmente acaecido en torno al 11 M de 2004 en Madrid, se fragmentó a lo largo de la primavera pasada. Esta entidad, nacida con fecha de caducidad, generó una movilización social impactante, agrupando activistas de muy diversa sensibilidad política. Finalmente sufrió una escisión libérrima, en cuyo origen encontramos las naturales contradicciones existentes entre el liderazgo carismático de Luis del Pino y la casi ácrata mentalidad organizativa, de corte asambleario, de la mayor parte de esos Peones Negros. En todo caso ha cumplido un importante papel: ha mantenido, de diversas formas, su objetivo fundacional; ha animado al activismo social a muchos ciudadanos; ha propiciado el “salto” a la militancia partidista de otros. Bienvenido todo ello.

Prescindiendo de las realidades específicas de otras decenas de entidades -de peso muy inferior- que también podríamos agrupar en la misma categoría, pasemos, ahora, de la casuística fáctica a algunas reflexiones generales.

  1. Las crisis son buenas: ¡que cada uno se retrate! Así, las diversas entidades se consolidarán o -si no han sido capaces de actuar con inteligencia, o no existen razones para su supervivencia- desaparecerán.
  2. Cuanta mayor claridad conceptual y transparencia organizativa desarrollen, más posibilidades tendrán de formar algo duradero.
  3. Los movimientos cívicos son otra forma de hacer política. Y muy importante, pues no podemos dejar la política únicamente en manos de profesionales tentados por prácticas oligárquicas.
  4. Independencia no es apoliticismo. Además, ¿acaso UGT, por ser socialista, o CC.OO., por comunista, están deslegitimados para el juego sindical por tener una adscripción ideológica?
  5. El fortalecimiento del movimiento cívico de resistencia, y de otras expresiones creativas y participativas de la sociedad civil, refuerzan la democracia y la salud social.

Pero, sorprendentemente, la cultura partidaria en España, de derechas o de izquierdas, trata con similar desconfianza a la sociedad civil; especialmente a sus expresiones espontáneas. Unos políticos temen no poder controlarlas. Otros, por su parte, reparten credenciales legitimadoras, “políticamente correctas”, entre los diversos fenómenos sociales, según estrechos intereses y dogmas ideológicos. En definitiva: buena parte de la clase política desprecia o teme a la sociedad civil, pues concibe a la política como un patrimonio que únicamente ella tiene derecho a administrar desde el mandato genérico de los votos; ignorando, finalmente, los intereses sociales agrupados, las corrientes de opinión, y las protestas ciudadanas.

Desde este contexto no podemos temer la/s crisis del movimiento cívico de resistencia. Pero sí debemos temer su debilidad o inexistencia. Su irregular caudal, los diferentes afluentes, las lagunas periféricas, sus atípicas confluencias, y los brazos muertos de este río, demuestran en su conjunto que el solar español, al menos en algunos de sus estratos, está vivo.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Diario Liberal, 11 de septiembre de 2007

http://www.diarioliberal.com/DL_opinion11.htm

Representación política y no territorial, imprudentes

Representación política y no territorial, imprudentes PSC, UPN, todos se apuntan a romper la representación política en el Congreso de los Diputados. El Reglamento lo impide y la Constitución no lo desea. ¿O a alguien le interesa olvidarlo?

Los "catalanistas" del PSC, en torno a Castells y a Obiols, añorantes de Pasqual Maragall, quieren marcar sus distancias con el PSOE, y piden ya un Grupo propio en el Congreso de los Diputados. Tienen, ellos sí, el número necesario de diputados electos, que son cinco, pero el camino que se está abriendo lleva hacia un cambio político de gran calado. Antes de dar un paso más sería bueno que los políticos tuviesen la valentía de analizar sus propuestas y de explicar a la gente las consecuencias.

Todo esto empezó como una broma, un capricho o, si se quiere, un imposible, cuando mi presidente Miguel Sanz habló de la posibilidad de que mi partido, UPN, tuviese voz propia en el Congreso de los Diputados en Madrid. El acuerdo de asociación de UPN al PP, de hecho, prevé que los diputados y senadores que el partido navarro elija en su circunscripción sean miembros de los respectivos Grupos Populares en las Cortes. Algo lógico por razones de tamaño, que se extiende por la misma lógica al Parlamento Europeo ¿O no es lógico?

 

Las funciones de las Cámaras

 

Antes aún del acuerdo entre PP y UPN –un pacto que en su momento fue querido sobre todo por Juan Cruz Alli, antes de provocar su escisión- es razonable que las cosas sean así por una estricta lógica constitucional. El Congreso es una Cámara de representación política, ideológica si se quiere, y no tiene cabida fácil una representación localista. Puede hacérsele hueco, por supuesto, pero en la Carrera de San Jerónimo deben primar los debates de alta política y no los de intereses mezquinos. Otra cosa podrá llegar a hacerse, e incluso a hacerse legalmente, pero no es buena para la democracia subpirenaica.

 

El Senado, en cambio, es la sede de la representación territorial; allí tendría menos sentido la división entre partidos, ya que se trata de defender los intereses de las provincias y regiones. Tampoco sería exactamente el lugar para que PSC o UPN, tuviesen voz privativa, pero dentro de la demencia colectiva sería menos absurdo tolerarlo en la Plaza de la Marina Española.

 

Si se da satisfacción a las clases políticas catalana (de izquierdas) y navarra (de derechitas) es fácil prever el futuro: en una legislatura o antes galoparemos también en esto hacia un "café para todos" disgregador del que no faltan precedentes. No lo olvidemos, hermanos, que el pecado colectivo de los españoles no es la lujuria, aunque nos gustase, ni la ira: es la envidia. Nadie quiere ser menos que nadie, y en esta tormenta de verano navarra no hay más que el aperitivo de lo que todas las minorías dirigentes pedirían llegado el momento, desde Fuenterrabía a la Playa de las Américas, por fueros o por fandangos.

 

Sólo hay una solución, que requiere una clase política nacional: negarles el capricho a los partidos periféricos, y hacerlo ahora. Tengo razones para confiar en el patriotismo de Rajoy, y para dudar del de Zapatero. Ambos tendrán en esto ocasión de lucirse.

 

Gobierno para todos

 

Mientras tanto, y careciendo UPN de portavoz propio en el Congreso, Navarra afronta el comienzo de curso con Gobierno nuevo. Gobierno nuevo para Fueros seculares, una buena combinación. Una docena de consejeros, veteranos y novatos, y tres docenas de directores generales; ya les iremos poniendo nota, al tiempo que vamos viendo qué hacen, y a quién hacen caso. De momento, aparte del presidente, tenemos que destacar a tres personas en la columna vertebral del Ejecutivo regional: Javier Caballero Martínez, vicepresidente primero y consejero de Interior y Justicia, todo un símbolo de la Navarra de Sanz (pero no de la UPN de toda la vida, ni mucho menos, por cierto), Álvaro Miranda Simavilla, vicepresidente segundo, consejero de Obras Públicas y símbolo de los logros estructurales y de la bonanza económica a los que todo parecemos subordinar, y mi amigo Alberto Catalán, ahora consejero de Relaciones Institucionales y portavoz del Gobierno.

 

Ahora que se me ocurre. Ya que tanto traemos y llevamos los fueros y sus amejoramientos, y ya que en esa palabra medieval tantas diferencias basamos o queremos hacer basar, ¿no sería el momento de examinar a todos los miembros de la Administración Superior de sus conocimientos forales? No sea que estemos construyendo sobre arena y que estemos exigiendo diferencias por el gusto de hacerlo pero sin que los protagonistas sepan de verdad de qué narices hablan.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 23 de agosto de 2003

Gallardón y Hernández Mancha

Gallardón y Hernández Mancha

Para ser líder de la oposición hay que ser diputado; no hay ninguna Ley que lo diga así, pero si de hecho es casi una obligación para quien aspira a la presidencia es un requisito absoluto para quien vaya a ofrecerse como alternativa. Los más veteranos del lugar recuerdan qué pasó con Antonio Hernández Mancha frente a Felipe González: si vienen mal dadas o uno tiene un escaño o va a ser muy difícil que cuenten con él.

 

Algo así dicen las malas lenguas de Alberto Ruiz Gallardón: que si estuviese seguro de la victoria de Mariano Rajoy y quisiese ser ministro con él no necesitaría ser diputado en el Congreso; y que el escaño al que aspira es sólo un instrumento para el caso de derrota, porque sin ser diputado no se puede aspirar a más.

 

No creo que Gallardón razone exactamente así, pero en Navarra sí hay personas, en todos los sectores políticos, echando cuentas. El número mágico es veinticinco: todo lo que garantice el cincuenta por ciento de la Cámara es bueno, y el resto insuficiente. Los parlamentarios electos son ahora mismo observados con lupa, porque siendo el voto secreto cualquier pacto depende de la unidad de los partidos. Especialmente el PSN no puede permitirse deslices, porque su peso político depende de la unidad de sus gentes, que en un traspiés puede revelarse incompleta. Y aunque fuese por muy poco, por un solo voto, se montaría un gran follón.

 

Y no hablemos ya para ser oposición: no hay alternativa seria que no pase por el Parlamento. Cosa muy peligrosa cuando en la Cámara hay Grupos configurados con tres criterios erróneos: jubilación de dinosaurios, remuneración de favores, ambiciones y amistades, satisfacción de pueblos y de corrientes. Así será muy complicado trabajar, y todos vamos a pagar el precio. Aunque no haya más sorpresas, como Mancha comprendió tarde, "hay que estar ahí", pero además hay que elegir bien quién está, porque si no hay personas capaces de hacer oposición y construir alternativa las legislaturas perdidas serán más de una.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 2 de junio de 2007

El 28 de octubre Zapatero perderá

El 28 de octubre Zapatero perderá La semana pasada el diario ABC la montó buena, al anunciar, citando fuentes vaticanas, que las elecciones generales serían convocadas probablemente el 28 de octubre. El día, desde luego reunía muchos de los requisitos de los que se viene hablando: en otoño (porque desde la entrevista Zapatero - Rajoy de este lunes la legislatura ya está agotada), con tiempo para una campaña feroz y con el recuerdo simbólico de los 25 años de aquel día de 1982 en el que por primera vez en la historia de España el PSOE logró una mayoría parlamentaria.

 

Muy aficionado a la historia, este Zapatero. Y no sólo a la de Felipe González –que le desprecia- sino sobre todo a la de tiempos más lejanos y peores, con su obsesión por la "memoria histórica" unilateral que insiste en poner sobre la mesa una parte de los cadáveres de la Guerra Civil.

 

Un error, creemos muchos; pero sobre todo un error muy peligroso para quien lo comete. Zapatero desmintió a ABC en lo de la fecha, ridiculizando la idea de que el Vaticano pudiese estar enterado de estas cosas. Será porque nuestros servicios secretos funcionan mejor que la diplomacia pontificia, acaso. Pero Zapatero se ha llevado, en esta guerra que se ha empeñado en perder, una patada cardenalicia en salva sea la parte.

 

Tengo para mí que lo del 28-O era, o aún es, verdad; y fíjense ustedes qué notable idea la de la Curia de Benedicto XVI: estaba pendiente de fijar la fecha para la beatificación de 498 mártires que "dieron su vida por amor a Jesucristo en España durante la persecución religiosa de los años treinta del pasado siglo XX" (es decir, que fueron asesinados por ser católicos a manos del PSOE y de sus aliados). Una solemne ceremonia en San Juan de Letrán que recordará a los católicos españoles un pasado de dolor y sufrimiento, que hasta Zapatero creíamos ya terminado; pues bien, adivinen qué fecha han elegido los malévolos monseñores. Sí, exacto: el 28 de octubre. Si hay elecciones Zapatero va a tener hartazgo de "memoria histórica".

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 11 de junio de 2007

El primer muerto: un etarra

El primer muerto: un etarra

España lleva unos días esperando el primer atentado de ETA después del "proceso de paz" de Zapatero. Hay nerviosismo, y hay miedo. Sin embargo, el primer muerto no ha sido un patriota, un cargo público, un policía o un milita sino un etarra: en la madrugada del sábado Ekain Guerra Solaguren fue atropellado por un coche, cuando viajaba junto a otra persona en una bicicleta desde la Rochapea hacia Iturrama o Barañáin. Guerra era un etarra representativo de la nueva generación de criminales, procedía de los grupos juveniles abertzales de Barañain, de ellos pasó a la kale borroka y llegó a ETA. En 2003 fue detenido, después liberado, y en 2007 ANV lo intentó convertir en concejal, en la correspondiente lista municipal.

 

Guerra mereció sin duda una educación mejor, un ambiente mejor y una suerte mejor; pero antes que él también merecieron vivir las víctimas de ETA. Algún día habrá que hacer lo posible para que no haya más vidas y más muertes como las de Ekain Guerra.

 

Quien más puede hacer por eso son, desde luego, los gobernantes; gobernantes con principios, y con valor para aplicarlos, ya sea en la enseñanza, en la seguridad o en los municipios. Y la muerte de Guerra ha dado al PSN una oportunidad de mostrar su rostro más patético: el alcalde socialista de Barañáin ha autorizado que la capilla ardiente del etarra sea instalada en el local público juvenil, al que llaman gaztetxe y que de hecho es monopolizado por la izquierda abertzale. Iosu Senosiain podría haberse negado, como parece lógico para alguien que no sólo carece de legitimidad política sino que además ha dejado a su paso un rastro de dolor y de miedo. Con políticos así, es lógico desconfiar del PSOE.

 

La desconfianza está en la calle. Ustedes recordarán la impresionante manifestación antiterrorista del 17 de marzo, que colapsó las calles de Pamplona, que las llenó de banderas de España y que las hizo vibrar con el grito de Miguel Sanz, "Viva Navarra foral y española". Pues bien, en dos meses hemos retrocedido quince años: menos de mil personas este sábado en una manifestación apoyada por UPN, Nafarroa Bai, PSN, IUN y CDN, manifestación mendicante, silenciosa y simplemente "por la paz". Hemos vuelto a los momentos más lamentables de la lucha contra ETA, dando protagonismo a un conjunto ambiguo, apesebrado y poco representativo como "Gesto por la Paz de Euskalherria". Cómo estarán las cosas políticas que la apostilla "de Euskalherria" desaparece en según qué medios de comunicación. Mientras, los batasunos ocupan un local público con permiso del político de turno y el silencio de los demás, en torno al féretro de un joven al que se enseñó a odiar a su patria. En eso estamos.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 9 de junio de 2007

Una oportunidad para construir

Una oportunidad para construir

Una parte de la sociedad española se ha despertado del ensueño construido mediante una sucesión de falsas imágenes a lo largo de 18 meses. ETA nunca ofreció un gesto convincente de rectificación, menos aún de arrepentimiento. Una vez más hizo lo que mejor sabe hacer, de acuerdo con las raíces de su ideología totalitaria (marxismo y nacionalismo radical), generar un proceso histórico cuyos resortes mantenía violentamente controlados, para alcanzar el objetivo de siempre: la Euskadi independiente y socialista.

 

Repitámoslo: no hubo un solo indicio de contrición por el millar de asesinados y por el dolor infligido, no hubo sombra de autocrítica (hasta ahora quienes la han practicado en ETA han sido simplemente asesinados, como en el caso de Yoyes), ni un solo gesto que permitiese avizorar un horizonte distinto. Y sin embargo Zapatero, y con él una parte importante de la sociedad, quiso creer que sería posible cuadrar el círculo: conseguir una paz que no estaría basada en las exigencias de la justicia, sino en el cálculo político. Pues bien, la cuenta ha salido mal, y llega la hora de afrontar las duras verdades que muchos se negaron durante meses a oír.

 

Con su habitual claridad (esa virtud que no siempre hay que dar por descontada), Fernando Sebastián ha recordado que “el terrorismo es esencialmente inmoral y perverso, esencialmente perturbador y destructivo”. Parece una obviedad, pero no lo es. La prueba es que algunos, Zapatero a la cabeza, ni siquiera han mencionado la palabra “terrorismo” al pronunciarse tras el anuncio macabro de ETA. La Conferencia Episcopal señalaba en un comunicado que “ninguna reivindicación política otorga legitimidad a nadie para amenazar y asesinar; al contrario, quienes así actúan se convierten en criminales a cuyas conductas ha de ser aplicada la ley con todo su justo rigor”. Palabras fuertes que han brillado por su ausencia en algunos entornos eclesiales, demasiado complacientes con un proceso enfermo desde su inicio, por la ausencia de lo más elemental: el reconocimiento de que esa perversión no se cura con un cambio de táctica o un ajuste de la mecánica institucional, sino mediante una conversión que por desgracia nunca existió.

 

Es hora de desempolvar la Instrucción Pastoral Valoración moral del terrorismo, de sus causas y de sus consecuencias, de noviembre de 2002, donde se encuentra el diagnóstico más profundo y completo sobre la naturaleza y las raíces de este fenómeno que jamás se haya delineado en España. Ahí encontraremos, punto por punto, las razones que han llevado al descarrilamiento del mal llamado proceso de paz. Una vez más Fernando Sebastián acaba de dar en el clavo con singular economía de palabras: “no basta condenar, hay que colaborar”. Y esta colaboración tiene muchos flancos, ninguno de los cuales debe ser descuidado. Ahora todo son prisas para engrasar la enmohecida maquinaria judicial, y esperemos que la policial no esté demasiado oxidada. El flanco político requiere la vuelta al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, pero eso implicaría para el soñador ZP reconocer que toda su estrategia fue un desastre: ¿le quedará un átomo de grandeza?

 

Pero resta el campo esencial del tejido ético-cultural de nuestra sociedad, tremendamente baqueteado durante estos últimos años. Reconstruirlo y fortalecerlo es una tarea fundamental para sostener y vencer la batalla contra el terror, y ahí es donde cobran todo su exigente protagonismo los sujetos sociales con capacidad de educar y de vertebrar la sociedad. Uno de ellos, indudablemente, es la Iglesia Católica, articulada a través de sus diferentes realidades, dispuesta a ofrecer con razones y sin complejos su propuesta original, en diálogo abierto con otras identidades culturales y religiosas. Es una hora sombría pero también una oportunidad para construir si, más allá de las reacciones sentimentales y de los discursos éticos prefabricados, sabemos rescatar lo mejor de nuestra identidad como pueblo, eso que muchos se han empeñado en disolver de una manera suicida durante los últimos años.

 

José Luis Restán

Páginas Digital, 7 de junio de 2007

¡Es el mal, Zapatero, hace falta realismo!

¡Es el mal, Zapatero, hace falta realismo!

La imagen del mal para los españoles con más de diez años es la de un cuerpo tendido en el suelo, rodeado de un charco de sangre y tapado por una sábana. Primo Levi, recordando a las víctimas del totalitarismo, afirmaba que “si pudiese encerrar todo el mal de nuestro tiempo en una imagen escogería la de un hombre demacrado, en cuya cara y en cuyos ojos no puede leerse ni una huella de pensamiento”.

 

Para nosotros las escenas del gulag y de los campos de concentración quedan lejos. Pero las fotos de las víctimas de ETA están muy cerca, como la presencia de la una iniquidad misteriosa, como la llaga de una dignidad cotidianamente negada que la memoria de mil muertos reabre una vez y otra. Y es el golpe de ese mal concreto que te llena el alma de una humillación prolongada y seca el que volvemos a temer desde que ETA ha anunciado la ruptura de la tregua.

 

Podríamos tener el consuelo, frente a esa amenaza, de correr en apoyo de nuestro Gobierno, de formar un bloque compacto –como el que dominó la vida pública a finales de los 90- para sufrir juntos mientras se producen las nuevas dentelladas del terror y para afrontarlas con mucha paciencia, mucha policía y mucha voluntad de aislar a los violentos. Pero no es posible. Zapatero se ha equivocado, puso en marcha un proceso de negociación en el que los terroristas le pidieron lo que no podía conceder; se volvió a equivocar al reabrir el diálogo a pesar del atentado de la T4 y ha continuando errando al dar a De Juana lo que pedía y al dejar a los proetarras volver a las instituciones.

 

Los terroristas se la han jugado y le han roto la tregua cuando más le podía doler: antes de unas generales. Si hubiese rectificado se habría podido recomenzar. Pero lo ha hecho imposible. Tras el comunicado de ETA repite, en buena medida, la reacción que tuvo tras el atentado de la T4. Vuelve a hablar de paz, vuelve a dejar abierta la puerta a un posible diálogo. Zapatero este martes se ha “entretenido” en su declaración en Moncloa en buscar la comprensión para su fracaso: “sé que la mayoría de los ciudadanos vascos conoce la autenticidad del esfuerzo que el Gobierno ha realizado y quiero reafirmar que mi mayor esperanza radica en la profunda voluntad de la sociedad vasca y de la sociedad española de vivir en paz”.

 

La voluntad, protagonista de su mensaje. Después de hacer un guiño al posible derecho de autodeterminación -“el futuro de los vascos depende y dependerá de ellos mismos”- vuelve a los verbos volitivos: “me esforzaré (...), me empeñaré en que la paz se alcance cuanto antes”. Es un voluntarismo con raíces en ese nihilismo que Jesús Trillo en su libro La ideología invisible llama nihilismo constructivista: “para el hombre actual, la realidad surge de la voluntad planteada desde el vacío, no hay realidad preexistente (...). Desaparecida la razón, queda la voluntad”. Lo explica con otras palabras Sánchez Meca en El nihilismo: “El ser, en lugar de subsistir de manera autónoma, independiente y propia, se somete como objeto al poder del sujeto”. En realidad es una ficción porque eso que Trillo y Sánchez Meca denominan la realidad o el ser no aceptan ser sometidos fácilmente al poder y, al final, acaban imponiendo su lógica.

 

Zapatero ha conseguido con bastante éxito que ciertos aspectos de “la realidad blanda” –la opinión pública- se plieguen a su voluntad. Prueba de ello es la falta de castigo en las elecciones municipales y autonómicas. Hay ocasiones en las que el voluntarismo que convierte “toda necesidad en derecho” (Eva Perón) parece tener éxito, sobre todo a corto plazo. Pero no todo es tan fácilmente maleable. No es lo mismo dinamitar el orden constitucional impulsando reformas demenciales de los estatutos de autonomía, cambiar de cabo a rabo el sistema educativo para programar a ciudadanos acríticos o inventarse un matrimonio homosexual, que doblegar la libertad de los miembros de una banda terrorista que han optado por hacer el mal para conseguir sus fines. En los primeros casos los efectos nocivos del voluntarismo tardarán en aparecer; en el segundo, ya están aquí.

 

Lo de ETA es el mal, José Luis, el mal que existe. Frente a él cualquier ejercicio de voluntarismo es contraproducente. Políticamente, el mal requiere de mucho realismo: soluciones sencillas y decididas como las se aplicaban en la época de Mayor Oreja. Socialmente, el terrorismo exige una respuesta que se sacuda el pacifismo fofo que sueña con una España sin dolor y en la que la violencia se puede superar con buena gestión o con buenas ideas. Vamos a seguir sufriendo y mucho. Vamos a necesitar razones para vivir con ese sufrimiento. Esas razones no pueden ser principios o valores abstractos. Como nos testimonian muchos concejales del PP y del PSOE del País Vasco, hay que poner a prueba las diferentes tradiciones existenciales que permanecen vivas en nuestro país (católica, socialista, liberal, judía, etc). No sólo para resistir, sino para conseguir dar una respuesta positiva en favor de la libertad. Para todo ello es necesario reconocer con realismo (ésa es la gran palabra) que el mal también está dentro de nosotros y que para vencerlo es necesaria una humilde búsqueda, socialmente creativa, del bien y la verdad.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 6 de junio de 2007

Este hombre no puede salir de rositas

Este hombre no puede salir de rositas

O sea que ETA ha sido muy mala, pero yo sigo siendo muy bueno, así que ahora hay que ponerse todos muy juntos, por supuesto detrás de mí, para declarar la guerra a ETA. Y ya. Esta autoexculpación adolescente ha sido la sustancia de la comparecencia de Zapatero: constatación perifrástica de que ha fracasado, atribución de la culpa –como de costumbre- al prójimo. ¿Y ya? No: ya no. No es suficiente. Para llevar adelante un proyecto descabellado, Zapatero ha sometido a una extrema violencia moral a todo el país durante tres años. Ese proyecto ha fracasado, como era previsible. Ahora Zapatero se tiene que marchar.

Atribulado e impuntual, Zapatero comparece para explicarnos lo que ya sabíamos al menos desde el pasado 30 de diciembre, cuando la bomba de Barajas: que ETA no va a renunciar a la violencia. La reacción del presidente ha sido insólita: volver al discurso de Estado del año 2002, cuando todos (algunos, es verdad, con lengua de serpiente) hacían piña para derrotar al terrorismo. ETA ha sido mala –ha venido a decirnos ZP-, pero España resistirá con las armas de la democracia y del Estado de derecho. Es decir que aquí no ha pasado nada. Pero qué jeta, presidente.

 

¿Crónica de un final anunciado? Bueno, sí, ahora todo el mundo se apunta al tópico de Gabo, pero el hecho es que el sobresalto ha sido unánime. Digámoslo así: cada vez más gente pensaba que esto pasaría, pero no por ello la noticia deja de impresionar. El viaje de Sarkozy había despertado algunas antenas; las casualidades, en política, siempre tienen un alcance limitado. Sobre todo cuando, como en este caso, la cooperación judicial y policial con Francia atraviesa por un momento poco brillante. Hace muchos días que las comandancias de la guardia civil en el País Vasco reciben denuncias de seguimientos, de coches con matrículas falsas, de presencias amenazantes. Desde hace semanas sabíamos que los contactos del Gobierno con ETA habían llegado a un punto muerto. Desde hace meses teníamos todos la certidumbre de que las cesiones del Gobierno tras el atentado de Barajas no iban a aplacar a ETA sino, al revés, a envalentonarla. Zapatero estaba caminando a toda velocidad contra un muro. Ya se ha estrellado. Fin de trayecto. Pero ahora la pregunta es otra. Ahora hay que preguntar por las responsabilidades políticas.

 

 

Conviene recapitular. Zapatero decidió cambiar la política antiterrorista del Estado para emprender un “proceso de paz” cuya resolución siempre fue dudosa, pero que a él iba a reportarle un beneficio político evidente. Con ese horizonte, Zapatero se puso a negociar con ETA sin exigirle que entregara antes las armas, rompió el pacto antiterrorista, hizo añicos el consenso institucional, criminalizó a las víctimas del terrorismo, forzó al Parlamento a entregarle un cheque en blanco para negociar con la banda, mostró a la oposición democrática como “enemigo de la paz”, desmanteló la proa de la lucha antiterrorista en la Audiencia Nacional, definió los asesinatos como “trágicos accidentes mortales”, hizo la vista gorda con la extorsión financiera y con el terrorismo callejero, negó la evidencia de que ETA se rearmaba, se tragó los dos asesinatos de Barajas, exoneró a notables dirigentes batasunos de pasar ante la Justicia, frustró acciones policiales contra el aparato de chantaje económico de ETA, cedió en casos tan escandalosos como el del etarra De Juana, concedió a Batasuna-ETA rango de interlocutor político, permitió que el mundo de ETA volviera a las instituciones de la mano de ANV y dejó crecer la ambigüedad sobre el futuro de Navarra. Todo eso y algunas cosas más ha sido el “proceso de paz”.

 

¿Balance?

 

 

El gran consenso nacional contra el terrorismo, que había sido materializado en ley, se ha roto. ¿Por qué? Porque para Zapatero era más importante “el proceso”. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

ETA, que estaba asfixiada, ahora está rearmada. ¿Por qué? Porque nadie le exigió que abandonara las armas para empezar a negociar. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

 

Todo el aparato de financiación del terrorismo, que estaba acogotado, ahora está reconstruido. ¿Por qué? Porque se le ha dejado hacerlo. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

La persecución judicial y policial contra ETA, que estaba siendo implacable, se encuentra ahora extremadamente debilitada. ¿Por qué? Por decisiones políticas muy concretas en el ámbito judicial, policial y penitenciario. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

 

La presencia institucional y política del mundo etarra, que había sido desmantelada, ya está de nuevo en pie. ¿Por qué? Porque el Fiscal General del Estado se lo ha permitido. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

La imagen exterior del terrorismo de ETA, que al fin había sido reducida a su verdadera dimensión, vuelve a ser la de unos admirables “rebeldes vascos”. ¿Por qué? Porque el proceso de paz ha otorgado a ETA una legitimidad política que no tenía. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

 

Las víctimas del terrorismo, que al fin habían sido reconocidas como referente moral y cívico, han sido desacreditadas y humilladas hasta extremos vergonzosos. ¿Por qué? Porque convenía al “proceso”. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

La imagen del Estado, de España, que era la de un país capaz de arrinconar y vencer a su peor enemigo, es ahora la de un mercachifle indigno dispuesto a vender a su madre. ¿Por qué? Por la política de cesiones ante ETA. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

 

Resumen: el peor enemigo de España ha sido fortalecido desde el Estado. Y de eso la culpa la tiene Zapatero.

 

Ahora Zapatero pide que le respaldemos. ¿Para hacer qué? No nos lo ha dicho. Pero incluso en el caso de que sus propuestas fueran enteramente razonables, no habría ni un solo motivo para otorgar la confianza ciudadana a alguien que en este lance no se ha limitado a comprometer su crédito personal y político (ese que ahora intenta salvar), sino que para sacar adelante su ambición ha dado armas al enemigo, ha debilitado a la Justicia, ha puesto en entredicho a las instituciones y ha dividido a la sociedad.

 

 

Zapatero no es un político que se ha equivocado. Es un jefe de Gobierno que ha demostrado una irresponsabilidad de magnitudes monstruosas. Por higiene nacional, Zapatero tiene que dimitir. Y como él no lo hará motu proprio, la oposición debe reclamárselo y –aún más importante- sus correligionarios deben exigírselo. Cada minuto que ese hombre siga en La Moncloa será un riesgo añadido para la seguridad nacional.

 

 

José Javier Esparza

El Manifiesto, 5 de junio de 2007