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Foro El Salvador

Opinión y análisis

Palabras y hechos

Palabras y hechos

Lo menos que se puede decir es que el Gobierno no interpretó correctamente las advertencias de ETA.

 

UN POLÍTICO, más si es gobernante, tiene un problema cuando un amplio sector de la ciudadanía llega a convencerse de que su palabra no guarda relación con los hechos de los que quiere dar cuenta o pretende encauzar en una determinada dirección. Hoy es evidente que no era la mejor manera de identificar como "proceso de paz" la negociación con ETA y que no era la mejor manera de identificar el rearme de ETA como un accidente de tal proceso.

 

Hoy es dolorosamente claro que no basta nombrar un hecho para cambiar su significado. Cuando por medio de la palabra se intenta modificar el significado de unos hechos, quien sale perdiendo es la palabra, no los hechos: el lenguaje se pervierte y las palabras descienden al nivel de la insignificancia, pierden su referente, no explican el sentido de las cosas. Es lo que ha ocurrido con el discurso al que el presidente del Gobierno se ha lamentablemente acostumbrado en los últimos tiempos y que ha tenido su más patética expresión en su incomprensible conducta y en las declaraciones inmediatas al atentado: eran palabras vacías de sentido, que conducen al autoengaño del emisor y a la frustración de sus destinatarios

 

Hace meses, casi recién proclamado un alto el fuego permanente, y como el vandalismo callejero no remitiera, ETA se vio en la necesidad de anunciar, primero, que el Pueblo Vasco hacía muy bien en demostrar su enfado por medio de ese tipo de actos y, segundo y principal, que se confundía quien entendiera permanente como irreversible. ETA llamaba entonces a las cosas por su nombre. Que la kale borroka desapareciera y que lo permanente se convirtiera en irreversible dependería de los pasos que el Gobierno diera en una negociación que ETA ha definido desde su primer comunicado como proceso para construir, sin renuncia previa a las armas, un nuevo marco político. Cualquiera podía interpretar, porque estaba tan claro como la luz del día, que ETA había suspendido -por emplear una palabra del gusto del presidente- sus atentados de manera condicional: si el Gobierno daba pasos en la dirección querida por ETA, mantendría la suspensión; si no, habría kale borroka y lo permanente se convertiría cualquier día en reversible sin dejar de ser, para sus autores, permanente.

 

Lo menos que se puede decir es que el Gobierno no interpretó correctamente estas reiteradas advertencias, siempre acompañadas de hechos: robo de armas, secuestro, chantaje a empresarios, vandalismo callejero y todo lo demás. No eran, contrariamente a la interpretación de los expertos en procesos de paz comparados, mensajes para consumo interno, sino palabras cargadas de hechos, como a su debido tiempo advirtió la policía francesa. El Gobierno, sin embargo, convencido, como tantos de sus asesores, de que lo que ETA hacía era pedir árnica para pasar el trago del desarme, interpretó todo eso como retóricas para calmar a los más reacios y traerlos al redil del proceso.

 

El presidente del Gobierno arrastra desde hace tiempo un grave problema de discurso, que sus más allegados han pretendido trivializar desdeñando a quienes así lo señalaban como gentes de otra generación, de un tiempo pasado. Lo mostró en el debate del Estatuto de Cataluña; lo ha vuelto a mostrar en la negociación con ETA. Su cada vez más deletérea perversión del lenguaje era recibida con inquietud por los ciudadanos que comenzaron a sospechar que aquel pensamiento blando, más que débil, ocultaba una inseguridad de fines: el presidente, en realidad, no sabía adónde iba el proceso y lo disimulaba a base de identificarlo con calificativos genéricos. Pero como a un gobernante siempre se le supone en posesión de información superior, se le otorgó la presunción de que, aunque no supiera adónde iba el proceso, sabría al menos cómo manejarlo. El atentado de ETA ha demolido también esa presunción: el presidente no poseía esa información superior, y la reiterada petición de fe y confianza en su palabra estaba montada sobre una nube de humo.

 

Y éste sí que es un problema cuando hechos de la magnitud del último atentado no caben en el discurso de quienes, negociando con ETA, creyeron estar embarcados -y actuaron como si lo estuvieran- en un proceso de paz. Sin duda, habrá que reconstruir estrategias con vistas a futuras negociaciones; para que sean creíbles, será preciso elaborar el discurso que las identifique. Mal empezamos si el reconocimiento del error se censura -única práctica en la que el presidente ha mostrado rápidos reflejos: censurar cualquier esbozo de autocrítica- y si, finalmente, todo lo ocurrido se despacha con un "ya os decía yo que el proceso sería largo, duro y difícil".

 

Santos Juliá

El País, 14/01/2007

 

La derrota de un pueblo

La derrota de un pueblo

Confusión y división. Son las dos palabras que definen el ambiente creado tras el atentado mortal que ha roto la tregua decretada por ETA hace nueve meses. El mismo pueblo que fue capaz de alzar su voz unánime por la vida tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco aparece ahora dividido y derrotado no tanto por los terroristas sino por una enfermedad que le impide escuchar el grito de los muertos, que reclama un significado.

 

En julio de 1997, tras dos días de secuestro, ETA cumplía su amenaza y asesinaba al concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco. La vileza del crimen y su retransmisión prácticamente en directo provocaron la mayor movilización social que se recuerda desde la Transición. Sin que ninguna institución, organización ni partido político promoviese el fenómeno, España se echó a la calle para condenar el cruel asesinato. Un millón de personas lo hicieron en Madrid y en Bilbao, y cientos de miles en todas las demás ciudades del país. Al día siguiente, junto a las impresionantes fotografías aéreas de la manifestación de Madrid, un periódico italiano publicaba el siguiente titular: “A un pueblo como éste no le derrota nadie”.

 

Hoy, diez años después de aquellos acontecimientos, este pueblo está derrotado. El atentado mortal de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, como en su día las bombas del 11-M, no ha dado paso a la movilización autónoma y unida que afirme la vida como bien supremo frente a la maldad de los terroristas. No, a las bombas de Atocha y a las de Barajas sólo les ha sucedido una absurda ceremonia de confusión y división entre partidos, asociaciones de víctimas, medios de comunicación, organizaciones de ecuatorianos y ciudadanos en general.

 

Frente a la reaparición del azote terrorista y en una hora tan decisiva, la clase política, y especialmente el Gobierno, en lugar de guiar al pueblo y darle amparo, se ha entregado a un indecente juego del ratón y el gato (cazar o ser cazado), siempre desde la óptica del interés electoralista y el raquítico esquema ideológico. El resultado de estas dos semanas de desencuentros y artimañas es evidente: los demócratas han regalado una doble victoria a los terroristas.

 

El pueblo que hace 10 años era admirado por su entereza y su unidad ahora está siendo derrotado. Y no sólo le ha vencido un enemigo externo, ni siquiera le ha vencido el terrorismo de ETA o de Al Qaeda. Ha sido un cáncer, una necrosis interna, que ha ido pudriendo su conciencia colectiva hasta prácticamente liquidarla.

 

Muchos invocan la unidad. Algunos la reclaman con buena fe y sincera nostalgia; otros hablan de “unidad” pero lo que pretenden es una “uniformidad”, un apoyo en bloque a su posición ideológica y partidista. La verdadera unidad no es sólo estética, ha de tener un contenido y ese contenido es un grito que nazca del corazón; un grito por el significado profundo de los muertos de Barajas; una tensión dramática ante el Misterio del bien que todo hombre desea y del mal que es capaz de hacer; una afirmación, decidida y previa a cualquier consideración, de la vida frente a la muerte y la destrucción.

 

Es legítimo y necesario criticar lo que de hecho ha sido una mala política antiterrorista y hacer todos los esfuerzos para que sea corregida, pero un instante antes y de forma prioritaria es urgente ser fiel a los hechos y volver a afirmar lo que verdaderamente nos une, que es ante todo la opción genuina por la vida y por el bien, fuera de cualquier manipulación y partidismo. Ahora, como nunca, hacen falta voces que recuerden esto, personas que hagan aflorar este “corazón” común.

 

La verdadera noticia sería que hoy, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, al menos por un instante, sonara esta voz.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 15 de enero de 2007

Manifestaciones así no debilitan a ETA, al contrario. La hora del combate y la victoria

Manifestaciones así no debilitan a ETA, al contrario. La hora del combate y la victoria

La hora del combate y la victoria. Así de clarividente en el diagnóstico y en el tratamiento ha definido Alejo Vidal Quadras la situación actual. Frente a ETA no hay ya opciones, sólo es posible la determinación, la fe en el triunfo y el ataque legal, político y policial al terrorismo, su mundo y quienes diciéndose democráticos, aspiran a recoger el fruto político sangriento que ETA hace caer con sangre y extorsión.

 

Por el contrario, es el campo social y político que, aunque expresa su rechazo al terrorismo, apoya, curiosamente, el “proceso” de rendición preventiva emprendido por Zapatero, el que salió ayer a las calles de Madrid, concretando irreversiblemente, además, el principal daño colateral de la política de Zapatero, que no es otro que la fractura dramática de la sociedad española, concomitante con el acoso al PP para presentarlo como el brazo radical de una balanza política equiparable al que representaría ETA. ¿Cabe mayor mendacidad, irracionalidad y radicalismo?

 

Las inapelables palabras con que intitulamos hoy fueron pronunciadas en la víspera de esa triste manifestación en apoyo del gobierno que, entre otros reunió a asociaciones de árabes musulmanes de España, la farándula rediviva de aquel “no a la guerra”, socialistas y la izquierda que apoya a Zapatero en su diálogo con ETA, el que hubo y el que habrá. Fueron palabras arropadas por dirigentes políticos y cívicos de la que ya podemos llamar “resistencia por las libertades y por España”, concepto acuñado en la reunión-convención anual de la Fundación DENAES para la Defensa de España. Palabras que tanto Santiago Abascal, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Zaplana, Alcaraz y otros señalan como el único camino que millones de españoles esperan que se recorra. Y es que no hay paz sin victoria sobre ETA, no hay paz con concesiones políticas ni penales.

 

No existen, se quiera o no, sean cuales sean las consignas que se expongan, manifestaciones ni contra ni a favor de ETA ni de cualquier otra instancia no estatal. Toda manifestación es siempre, bien a favor bien en contra, de una política pública hecha por un gobierno. Las seis manifestaciones millonarias que convocó la AVT durante 2006 fueron contra la política pactista de Zapatero ante ETA. Los miles de personas de ayer, con el lema que fuera, fueron llevados al redil de equiparar al PP con ETA, a un partido democrático con una banda asesina, liberticida, ultraizquierdista y antiespañola. Insistimos, ¿cabe mayor mendacidad, irracionalidad y radicalismo? No. Porque bajo el aparente equilibrio equidistante de los faranduleros y quienes les subvencionan, ETA-Batasuna sale beneficiada con la comparación.

 

Las palabras de reproche explicito a ETA y, a la vez sugerido al PP, del manifiesto leído ayer no engañan a nadie ya que son sólo un señuelo presentado a los terroristas. Si ceden parcialmente, si hacen gestos, pueden contar con la tranquilidad de que se le hará un hueco a Batasuna en las elecciones de mayo y, de paso, se acosará al PP para encasillarlo dentro de un radicalismo de derechas más inadmisible.

 

El engaño de ayer tuvo seguidores sin duda, pero, es justo también decirlo, menos de los que la mayoría de manifestaciones que la AVT convocó con el objetivo contrario y eso contando con la opacidad de la mayoría de los medios, próximos a la izquierda o acomplejados ante ella.

 

Pero, al final, nos queda el consuelo de que esa rebelión cívica, de la que hablamos más arriba, empieza a tomar forma y a concitar la coordinación de lo que ya podemos, sin ninguna inhibición, denominar la resistencia política y cívica frente a la cobardía moral y la debilidad política de un gobierno que ha provocado la mayor crisis socio-política habida desde la transición.

 

Editorial de Diario Liberal, 14 de enero de 2007

¿Y ahora, qué vais a hacer?

¿Y ahora, qué vais a hacer?

¿Y qué os vais a inventar ahora, una vez visto que ha fracasado la manifestación-trampa?

 

¿Qué vais a hacer, ahora que las imágenes aéreas de vuestra concentración, difundidas por Telemadrid, muestran que, en un recorrido tres veces inferior a los que la AVT utiliza, ni siquiera habéis sido capaces de llenar una tercera parte, y sólo en el carril central de Recoletos?

 

¿Cómo vais a salir del enredo, ahora que los ciudadanos han podido ver que convocáis manifestaciones donde no hay ni un solo cartel contra ETA (aunque sí contra la AVT) y ni una sola bandera de España (aunque sí de Cuba)?

 

¿Qué nuevo ataque tendréis que meditar para contrarrestar la imagen que delata hasta qué punto la ciudadanía está alejada de vosotros?

 

Perseverasteis en el error, fiándolo todo a la manipulación mediática, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.

 

Porque, sobre todo, ¿qué vais a hacer ahora que acabamos de conocer que en la terminal T4 de Barajas ETA utilizó una mezcla de explosivos entre los cuales estaba el hexógeno, es decir, el RDX, es decir, uno de los explosivos militares similares al C4 (del cual es componente) que podrían explicar, según el jefe provincial de los Tedax de Madrid, esos agujeros redondos que en los trenes dejaron las bombas del 11-M?

 

Permitidme que os agradezca que hayáis dejado tan claro hasta dónde alcanza vuestra capacidad de convocatoria. Y permitidme que no comparta vuestra decepción. En realidad, es una excelente noticia para todos los españoles que están contra los asesinos. Que son la inmensa mayoría.

 

Lo tenéis cada vez más crudo y sois conscientes de ello, ¿verdad?

 

Los enigmas del 11 M. Blog de Luis del Pino en Libertad Digital, 13 de enero de 2007

Hay cosas más importantes que la paz (sobre todo, más que esta paz)

Hay cosas más importantes que la paz (sobre todo, más que esta paz) Se manifestarán por la paz, pero prohibiendo la palabra "libertad". Ya sabemos qué podemos esperar de la nueva iniciativa gubernamental amparada en los conceptos vacuos.

 

Hay ciertas bocas que no deben pronunciar determinadas palabras. Hay bocas a las que no se puede creer cuando dicen "paz". Porque cuando dicen paz, quieren decir otra cosa.

 

Yo he visto cosas que quizás en otros tiempos no creeríais. He visto hordas de bárbaros iracundos que rompían escaparates al grito de "paz" y amenazaban a pacíficos viandantes llamándoles "asesinos". He visto a las abogadas de los últimos Grandes Tiranos insultando a unos gobernantes democráticos en nombre de la democracia, y a nostálgicos fracasados de la revolución pidiendo "diálogo" del brazo de los terroristas. También he visto a ecologistas selectivos que defienden la naturaleza unas veces sí y otras no, según quién mande en Madrid. Todos vosotros lo habéis visto como yo. Habéis visto a un jefe de Gobierno que a los asesinatos los llama "accidentes", para no enojar a los asesinos. Y habéis visto, en fin, a densas multitudes dispuestas a ceder ante la violencia siempre y cuando se haga en nombre de la paz. ¿Pero qué valor tienen ya las palabras? ¿De qué hablan cuando hablan de paz?

 

En realidad, todo se reduce a una imagen: un encapuchado plantado en jarras, en loEl Foro El Salvador tampoco irá a la manifestación

Foro El Salvador fue una de las primeras entidades que manifestó públicamente su solidaridad con las familias de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, brutalmente asesinados en la T4 del Aeropuerto Madrid-Barajas, y con la comunidad ecuatoriana asentada en España; que ya sufriera el asesinato de otros seis de sus miembros en el atentado del 11 M en Madrid, sin embargo consideraron a través de un comunicado que la ambigüedad léxica y la manipulación del lenguaje son inadmisibles.

 

“Si me matan, no quiero que digan en mi epitafio que moría por la paz, sino que luché por la libertad”.

 

Por último, se solidarizaron con el delegado de la Asociación de Víctimas del Terrorismo en Navarra, Salvador Ulayar, y agradecieron públicamente su valiente y esclarecedor testimonio ante esta confusa convocatoria. alto de una tribuna, en su mano la pistola aún humeante; bajo la tribuna, una muchedumbre ataviada con camisetas de flores que enarbola retratos de John Lennon, banderas de arco iris y pancartas con la palabra "paz". El encapuchado saca la mano que tiene libre y la tiende hacia la muchedumbre. El gentío, enfervorizado, prorrumpe en clamorosa ovación de agradecimiento y alivio. Nadie desea reparar en la otra mano, la de la pistola humeante. Tampoco en el montón de cadáveres que se apila a un lado del proscenio. Fuera de la multitud, en un rincón, borracho, yace un filósofo que mira todo eso recordando las primeras palabras de aquella obrita de Kant: "A la paz perpetua. Esta inscripción satírica que un hostelero holandés había puesto en la muestra de su casa, debajo de una pintura que representaba un cementerio…".

 

¿Paz? ¿Y qué quiere decir, aquí y ahora, "paz"? ¿Y quién lo dice? Una de las más singulares aportaciones del comunismo a la historia universal de las ideas fue la prostitución generalizada de todo concepto político-moral. ¿Libertad? Después de que el Gulag cayera sobre medio mundo en nombre de la libertad, ya no es posible hablar de "libertad" en abstracto, sino que más nos vale atenernos a libertades concretas y reales, donde no nos den gato por liebre. ¿Igualdad? Después de que el afán de igualdad se tradujera en el exterminio físico de quienes no eran iguales, ya nadie puede hablar sensatamente de igualdad; es más seguro adjetivarla con un elocuente "de oportunidades" o acudir a términos menos corruptos, como el de equidad. Vale lo mismo para conceptos como "pueblo", ya inseparable de la secta que se atribuye una posición de vanguardia y se arroga el derecho de aplastar a la retaguardia. Y lo mismo pasa, lo mismito, con la palabra "paz". "El ejército rojo es un instrumento de paz", decían los estalinistas en los años treinta. Hay ciertas bocas en las que la palabra "paz" suena más bien al cartelito del posadero holandés de Kant: paz perpetua, paz de cementerio.

 

Algún socialista se acordará todavía de Régis Debray, aquel fantástico agitador que admiraba al Ché Guevara y después, desengañado, quiso reconvertirse en Richelieu de Mitterrand: "La paz no representa estrictamente ninguna apuesta, ningún proyecto". Evidentemente. Porque los sumisos súbditos de cualquier tirano también tendrán paz… mientras no se rebelen. Y no es eso lo que queremos para España, ¿verdad? ¿O sí? Cuando se habla de paz, en general conviene preguntar primero el precio.

 

Sinceramente: me importa un rábano la paz de ZP, de la Bardem y sus progres coristas, y aún me importa menos la paz de Batasuna. Si para conseguir la paz hay que desgajar España, sentar en coches oficiales a los asesinos, legitimar la violencia, sacar de la cárcel a criminales en serie y entregar el destino de nuestros hijos a una casta turbia de cobardes, prefiero que esa paz no llegue nunca. Hay cosas más importantes que la paz. ¿La libertad? Sí, claro. Pero también la dignidad.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 12 de enero de 2007

Un comunicado peligroso cuando el principal lector es un optimista antropológico

Un comunicado peligroso cuando el principal lector es un optimista antropológico

El comunicado que ha hecho público ETA este martes es, como las malas novelas, previsible. Rubalcaba en su primera comparecencia tras el bombazo de la T4 se mostró sorprendido de que la banda no hubiese, como ha hecho en otras ocasiones, suspendido primero el alto el fuego y atacado después. El texto que ayer conocimos a través de Gara nos deja claro que la sorpresa del ministro no tenía fundamento.

 

Como nos sospechábamos, y como seguro sabía Rubalcaba, los terroristas pretenden seguir negociando. Han llegado a tal perversión mental que están convencidos de que pueden continuar con el diálogo aunque haya muertos. Es conveniente entender cuál es el origen de esta idea delirante para predecir con más claridad cómo van a ir las cosas en un futuro.

 

Estamos ante el encuentro de dos ideologías que desde hace algo más de dos años se retroalimentan mutuamente. La ideología de ETA fue descrita con precisión por monseñor Fernando Sebastián en el epílogo de un libro que se publicó en 2001 con el título La Iglesia frente al terrorismo de ETA. En aquel texto el arzobispo de Pamplona señalaba la doble raíz nacionalista y marxista de la banda terrorista: según la ideología de la banda, “ hay un conflicto original que consiste en el no reconocimiento de los derechos políticos del pueblo vasco, perfectamente diferenciado, que ocupa desde siempre un territorio, injustamente ocupado por el Estado español y al que se le niega el derecho de autodeterminarse y organizarse en un Estado independiente. Si este postulado se acepta como verdadero, todas las demás consecuencias están ya implícitamente aceptadas”.

 

Ésta es la almendra irrenunciable. Es muy difícil que una ideología (no estamos hablando de un sistema de pensamiento) abra la puerta a los hechos. Toda ideología precisamente existe porque desarrolla una construcción alternativa a la realidad. El tiempo no la hace evolucionar, desaparece cuando pierde el soporte del poder que la sustenta. Por eso los terroristas, a pesar de que en 2003 estaban contra las cuerdas por la política antiterrorista del PP, no renunciaban entonces a alcanzar la independencia.

 

Los contactos con los socialistas vascos les dieron una bombona de oxígeno. Había con quién hablar de la autodeterminación futura. Esa bombona se transformó en un camión cargado de respiradores cuando Zapatero llegó a la Moncloa. Zapatero también vive en una burbuja ideológica. No es un conjunto de ideas sistemáticamente ordenadas, simplemente se trata de un proyecto que como él mismo dice se alimenta de un “optimismo antropológico”. Ese optimismo, de raíces masónicas, niega que exista el pecado original; niega el mal, la imperfección de las cosas humanas, por eso puede llegar a ser profundamente violento.

 

No hay límites, basta la voluntad para alcanzar los objetivos propuestos, en este caso la paz. Y ese voluntarismo (“tengo ahora más energías que nunca”, dijo Zapatero en su segunda comparecencia tras el bombazo) no hace las cuentas con la realidad, con la justicia, con las fuerzas y las armas del enemigo. La ideología de Zapatero ha alimentado con “historia” la ideología de los etarras. Le ha impedido darse cuenta de que, cuando la delegación del Gobierno negó una autodeterminación inmediata en las conversaciones de Ankara, los terroristas decidieron volver a las armas.

 

El último comunicado es peligroso porque a su principal lector, Zapatero, le deja una justificación para seguir intentándolo. El presidente del Gobierno, a pesar de lo que le dicen Rubalcaba, De la Vega y sus amigos de El País , se sigue preguntando: “¿por qué no?”.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 10 de enero de 2007

Hay pistas falsas que despistan a Rajoy ante la manifestación-trampa

Hay pistas falsas que despistan a Rajoy ante la manifestación-trampa Vivimos en medio de equívocos. ETA mata, pero debemos creer que la tregua sigue. Zapatero yerra, pero el sábado una manifestación-trampa cargará contra el PP. El Pacto Antiterrorista funcionó, pero para María Teresa Fernández de la Vega era sólo "un papelito". Incluso la resistencia contra el "proceso de paz" siente la tentación de pistas falsas; y lo primero que hace falta en el entorno de Mariano Rajoy es claridad, para saber responder a la evidencia de que "el preámbulo del Pacto ya no vale".

 

Primero: el problema no es la violencia. La "violencia", es decir los delitos de ETA, es un instrumento. ETA, como parte del nacionalismo vasco, tiene unas metas cuyo cumplimiento evitaría más "violencia". Pero muchos no sólo rechazamos que ETA mate, sino que nos negamos a hacer posibles sus objetivos. La anti-violencia, si implica pagar cualquier precio, es una pista falsa. No son sólo "violentos", sino enemigos de España.

 

Segundo: la solución no es la unidad de los demócratas. El PNV, Eusko Alkartasuna, Aralar y Batzarre son partidos democráticos. Batasuna pretende serlo. La línea de falla no está hoy en la democracia, sino en la identidad colectiva que se afirma o se niega. Recompensar a una parte del nacionalismo vasco, alegando que es democrático, es una trampa que Zapatero emplea a sabiendas. Nadie niega la democracia, al menos en teoría, pero muchos están dispuestos a negar España.

 

Tercero: el antídoto no es sólo el liberalismo. La unidad y la entereza de un país no se pueden defender desde el puro individualismo. Fernando Savater, conocido por su hostilidad al nacionalismo y a su terrorismo, ilustró en 2005 una tendencia de moda: "La idea de España me la sopla... A mí me la suda... Me interesan los ciudadanos, me interesan los valores, me interesan las leyes, me interesan las libertades." Hay quien no se opone al nacionalismo vasco por basarse en unos hechos falsos y por crear desde la nada una identidad vertebrada por el odio; hay quien niega toda identidad comunitaria, absolutiza la libertad individual y la eleva a valor único de un nuevo paganismo. Un sano liberalismo puede ser parte del frente común contra la emergencia nacional-terrorista, pero el relativismo de las "gamas de grises", los "para mí" y los "depende" no es la solución al problema. Algunos no nos oponemos a Josu Ternera en nombre de una rancia ideología dieciochesca ni de "un luminoso mundo cosmopolita de sujetos racionales que sustentan su conciencia cívica sobre la democracia moral y la emancipación individual", sino de la patria grande y pequeña.

 

Cuarto: la barrera no es el navarrismo. Hay en la conciencia política un recuerdo de la contundencia de Navarra, de sus vecinos y oriundos y de algunas de sus instituciones en la Primera Transición. Esa batalla se venció en nombre de Navarra y su identidad foral contra Euskadi, que la negaba. Pero ahora todo el mundo es navarrista, no sólo UPN que nació al calor de aquella lucha sino todos, PSN, nacionalistas, comunistas de IU e incluso ETA. Todos albardados en fueros, envueltos en la milenaria bandera y arrastrando las cadenas de las Navas. Eso sí, hablan de otras Navarras. ¿La respuesta? Matizar el navarrismo para que no se convierta en una trampa, y recordar que España es anterior en el tiempo a Navarra y origen necesario de los Fueros. Sólo la Navarra foral y española puede ser freno y no motor del separatismo.

 

¿Se enzarzarán Rajoy y Miguel Sanz en esas trochas sin salida? Creo que no, porque es mucho lo que está en juego. Si la "operación Zapatero" llegase a completarse la derecha española quedaría, nostálgica de un "Pacto que ya no vale", en un país mutilado, en la misma condición de impotencia política, social y cultural del Partido Campesino polaco con Jaruzelsky. También es verdad que el centro derecha político "apenas representa a una pequeña porción de la sensibilidad real de la derecha social y cultural española" y que una derecha social y plural complementa ya lo que Rajoy hace en las instituciones. Conocer esas cuatro trampas debe ser estímulo para una acción concreta, directa y realista. "Lo que no sirve de nada es la queja privada que no se refleja después en actitudes públicas, el espíritu de secta o de capilla" ni el gimoteo de los que piensen sólo en intereses materiales y comodidades intelectuales.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 11 de enero de 2007

Miente más que habla

Miente más que habla

 

Desde que ETA hiciera saltar por los aires la furgoneta de Barajas y asesinara a dos personas, el Gobierno y Zapatero no han hecho más que engañar y mentir a la sociedad. Es mentira que rompiera los contactos con Batasuna, porque han seguido las conversaciones cuando no se habían desenterrado los cuerpos de los escombros, y es falso que busque el acuerdo con el PP, por que sólo quiere su aislamiento político, que no es social según las últimas encuestas.

 

La estrategia del Gobierno a raíz del último atentado de ETA tiene algunas mentiras en su base que hay que desmontar. La primera y la más llamativa de todas es el engaño al que está sometiendo casi a diario el presidente del Ejecutivo a los españoles con sus grandilocuentes declaraciones. El mismo día que los terroristas hicieron saltar por los aires la furgoneta en el parking de Barajas, Zapatero declaraba solemnemente en La Moncloa: “He ordenado suspender todas las iniciativas para desarrollar ese diálogo”, se entiende que con Batasuna.

 

Aparte de lo ambiguo y poco contundente que fue con ETA cuando se había asesinado a dos personas, lo peor de todo es que era mentira. Según hemos conocido por un periódico, no se había desenterrado entre los escombros del atentado el cuerpo de los dos ecuatorianos fallecidos y algún dirigente del Partido Socialista de Euskadi ya se había reunido con algún otro representante de Batasuna, y cuesta creer que Zapatero no lo supiera. Es más, todavía estamos esperando que niegue con rotundidad que su Ejecutivo no va a sentarse nunca más con la banda terrorista ETA, que no lo ha hecho.

 

Otra de las grandes mentiras del Gobierno la escenificó ayer la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, tras el último encuentro entre Zapatero y Rajoy. Dice la portavoz gubernamental que el Ejecutivo busca el acuerdo y el consenso con el PP. Cuando lo que está pretendiendo con el doble juego de recibir a Zapatero y buscar un nuevo pacto entre las fuerzas políticas no es sino de nuevo el aislamiento del PP. Zapatero llama a Rajoy pero no rectifica ni un ápice en su política errónea.

 

Según el Gobierno, apoyar y respaldar al Ejecutivo significa suscribir a pies juntillas la política antiterrorista de Zapatero, aunque vaya en dirección contraria del interés general y del sentido común. ¿Dónde está escrito que el principal partido de la oposición tenga que decir amén a una determinada política antiterrorista? Se apoya al Gobierno en la lucha contra los asesinos y la violencia; la política que se haga para ello, depende. El principal partido de la oposición puede apoyar lo que es justo, eficaz y realista, pero no tiene por qué bendecir una estrategia negociadora que no es justa, ni eficaz, ni realista. Es hora de desmontar la mentira con la que ametralla el Gobierno de que Zapatero tiene que tener el respaldo del PP sin lugar a dudas para que haga lo que considera oportuno. Mentira.

 

Miente también De la Vega cuando dice que Rajoy y el PP quedarán de nuevo aislados si no se unen al acuerdo que oferta de nuevo el Gobierno. Además del tono mafioso de la vicepresidenta, lleno de reproches y admoniciones, es una premonición que, según reflejan las distintas encuestas de varios periódicos, es falsa. El PP, el supuesto partido aislado y alejado del supuesto “sentir mayoritario” cada vez tiene un mayor respaldo social. Es verdad que no parlamentario, pero es que el Gobierno sólo se agarra a la aritmética parlamentaria para argumentar los supuestos apoyos con los que cuenta. Y es verdad que cuenta con muchas siglas: IU, ERC, PNV, Nafarroa-Bai... Y algún que otro socio más, pero ¿cuántos votos totales representan estos partidos periféricos? Se engaña el PSOE si cree que porque le acompañan muchos logotipos políticos cuenta con un mayor apoyo social. Y miente cuando dice que el PP está solo porque lo que sufre es un asilamiento político, que no social.

 

Y miente Zapatero cuando se atribuye los tres años sin muertos antes del 30-D. Los años sin asesinatos fueron porque la banda estaba más debilitada que nunca. Desde que llegó al poder, con la política impulsada de diálogo con ETA, hay dos muertos. Y son bajo su responsabilidad, no del PP, como pretende de nuevo atribuirle.

 

Raquel Martín

Páginas Digital, 9 de enero de 2007