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Opinión y análisis

Derechos para etarras y simios, pero no para la Derecha de Rajoy

Derechos para etarras y simios, pero no para la Derecha de Rajoy

 

A veces olvidamos pronto las noticias. Parecía broma cuando el PSOE pedía, allá por abril de 2006, "en nombre de la igualdad, derechos humanos para los simios". Una proposición no de Ley en el Congreso de los Diputados instó al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a declarar la adhesión de España al Proyecto Gran Simio y "a emprender las acciones necesarias en los foros y organismos internacionales para la protección de los grandes simios del maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y extinción". El Grupo Socialista quería, y por lo que sabemos sigue queriendo, "la inclusión inmediata de estos animales en la categoría de personas". El arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, fue ampliamente criticado desde la izquierda y desde los complejines por decir, llanamente, que "por hacer el progre se puede hacer el ridículo".

 

Ni era broma ni son (sólo) ridículos

 

Pero no era una inocentada fuera de fecha, sino una parte más de una política implacable. El Proyecto Gran Simio defendido por los de Zapatero tiene una meta, que "a largo plazo es conseguir una Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Grandes Simios Antropoides" con el "establecimiento de territorios protegidos para que los chimpancés, gorilas y orangutanes puedan seguir viviendo como seres libres por sus propios medios". Éstos son los nuevos derechos sociales y la democracia avanzada de la que tan orgulloso está el Gobierno y que, pese a los desmentidos parciales y a los enfados de 2004 del Ministro de Justicia, Notario Mayor del Reino, futuro Virrey de Canarias, Juan Fernando López Aguilar, se va desplegando sin piedad.

 

Ahora ya no caben desmentidos, mis respetados doctores y queridos colegas: tenemos una España con más costosas comodidades para los progenitores A y B, los cambios de sexo, los simios con o sin pelo, los inmigrantes ilegales, los delincuentes y los titiriteros a cargo de los impuestos. No era broma, ni tampoco son únicamente ridículos, porque obedece a una determinada ideología progre –no precisamente compatible con el catolicismo, recuerdo, por si a alguien aún le importa el dato- que tengan menos derechos las familias tradicionales, las madres con hijos, los niños no nacidos, los enfermos, los ancianos y los trabajadores españoles que cada día hacen posible que el país siga en pie. En la España de López Aguilar y de Zapatero un chimpancé interesa más que un embrión humano, que un militar profesional y que un enfermo terminal.

 

Derechos para los etarras: ¿cuáles?

 

El caso del etarra Iñaki De Juana Chaos ha despertado la fina sensibilidad de la España progre: sus derechos parecían estar en peligro, y era obligación de los jueces suavizar su estancia en prisión para impedir un fatal desenlace. Qué pena les daba, y cuántas memeces han escrito estas semanas; peno no vamos a reprochárselo, porque al fin y al cabo se han limitado a aplicar a nuestro amigo el pistolero la inversión de valores que implica la "metafísica del simio" .

 

Nadie duda que De Juana (como mi admirada Maite Soroa) tiene derechos. Tiene derecho a la vida, como lo tuvieron sus víctimas. Tiene derecho a la seguridad, como lo tienen sus amenazados. Tiene derecho a un juicio justo, como lo tuvieron aquellos a quienes asesinó. Pero la sociedad tiene el derecho –colectivo- de ejercer su legítima defensa manteniéndolo en prisión limitando sus derechos; y el Estado, no importa quien gobierne, tiene el deber de defender a la gente ante todo. Si dejamos correr a los progres, los presos etarras terminarán teniendo más derechos que los ciudadanos honestos que murieron a sus manos. Cada vez que tengan ustedes dudas, recuerden, como modelo de su política, lo que quieren hacer con los orangutanes.

 

¿Qué debemos pedir al Partido Popular?

 

Estos "nuevos derechos" de la España de Zapatero no gustan a todos; de hecho, creo que disgustan a la mayoría, y que la oposición política, si el PP demuestra ser alternativa, podrá mandar a Zapatero a su casa, esté donde esté. Pero, preparando ese día, hay que pensar en el futuro. Con esta herencia de nuevas realidades, con la obra legislativa radical y sectaria que dejen López Aguilar, ZP y compañeros mártires, ¿qué puede hacer Mariano Rajoy?

 

La solución fácil sería no hacer nada. UCD y sus lamentables secuelas democristianas actuaron así en temas harto espinosos, y el PP de José María Aznar también lo hizo en unos cuantos asuntos decisivos, de lo que después se ha arrepentido amargamente. Simplemente, "pasar página" y convivir con la nueva legislación social y nacional de Zapatero, considerando imposible un cambio de rumbo.

 

Pero ni los militantes ni los votantes ni los simpatizantes del centroderecha quieren eso. La unidad del PP (necesaria para vencer), su pluralismo legitimado dentro de unos principios comunes (que es un valor en sí mismo) y la absoluta modernidad en las formas y métodos (mirar al futuro sin rencor ni nostalgia) capacitan a este partido para ser alternativa, pero le obligan a hacerlo de una cierta manera. España necesita, además de una alternativa política y dentro de ésta, una Derecha cultural y social; precisamente apelando a todos aquellos que ven sus derechos y necesidades postergados por el progresismo zapaterino, hace falta corregir errores, deshacer entuertos, abrogar Leyes y cambiar normas. Hoy se está legislando contra la España real para construir una España progre de diseño; mañana ha de ser esa España profunda, humillada, la que señale tras la victoria electoral el camino para que cada uno –incluyendo los simios y a De Juana- ocupe su lugar y no otro.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 29 de enero de 2007

La tragedia de la ETA

La tragedia de la ETA

Véase a López Aguilar, miembro del gobierno que más ha hecho en favor de los asesinos en toda la historia de la ETA, organizador de la putrefacción de la Fiscalía general del estado para apoyar los tratos (la colaboración) con los pistoleros, contándonos ahora que la banda "no tendrá nunca ninguna oportunidad de salirse con la suya". Tal como Zapo, en su perversión ya casi inconsciente del lenguaje ha catalogado los atentados como "trágicos accidentes", este personaje ha olvidado la palabra "mejor" entre "oportunidad" y "de". Me sorprende el titular de LD: "López Aguilar compromete al Gobierno por primera vez en la derrota de ETA". ¡Qué engañabobos! No lo compromete en lo más mínimo. "El espíritu que anima al Gobierno es el de derrotar a ETA, ha dicho con toda claridad el ministro en una emisora de la SER de Canarias, donde hace campaña electoral los fines de semana". ¿Con toda claridad? Con el más desvergonzado embuste. Hace campaña electoral, entiéndase, y ahí todo vale.

La tragedia de la ETA ha consistido en el sinnúmero de colaboraciones que ha obtenido desde que cometió su primer asesinato. La mayor y más persistente, aquella promovida por PRISA, el PNV, el PSOE y parte de la derecha, según la cual el TNV (Terrorismo Nacionalista Vasco) "no tenía salida exclusivamente policial, sino política". El TNV siempre cayó muy bien a aquella gente, dispuesta a doblegar la ley en su favor y privilegio. De esa "política" ha vivido la banda tantos años. Y de ella han muerto tantas personas. Simplemente por no haberse aplicado consecuentemente la ley al asesinato con pretensiones políticas. Pero nunca hasta el gobierno de Zapo se había premiado de tal modo a los criminales. Ni nunca se habían retratado de tal modo los colaboradores.

 

Blog de Pío Moa en Libertad Digital, 27 de Enero de 2007

Algunos hombres buenos

Algunos hombres buenos

La voluntad del etarra José Ignacio De Juana Chaos no es, resulta evidente, llevar la huelga de hambre hasta el extremo sino convertirse en mártir de la banda asesina ETA. Más allá de que el pulso que este autor de más de 25 asesinatos ya ha ganado a la Fiscalía del Estado, es un ejemplo para los que han defendido el uso del terror frente a la parte de ETA-Batasuna partidaria de abandonar el crimen.

Todo movimiento mesiánico necesita sus mitos. Si sus referentes son discutibles los refuerza hasta imponerlos como verdades indiscutidas y, si no los tiene, simplemente se los inventa. La mitología de los iluminados tiene mucho más de locura que de rigor.

Llegados a la locura, la cuestión que debe resolver la sociedad a través de sus instituciones, es si el Estado de Derecho debe proteger al asesino de su propia locura. Probablemente sí. Sin embargo y hasta el momento, nadie ha probado que De Juana esté loco.

 

Su voluntad de convertirse en mito con el que humillar a España una vez doblegadas sus instituciones judiciales, es el resultado de una elección libre y lúcida. No cabe pues el atenuante de la locura para quien está en sus cabales.

 

Conviene además subrayar que este mito se está construyendo, lamentablemente, gracias al atajo de la compasión de parte de la sociedad española. La repugnancia que el ajusticiamiento provoca en quienes no han sufrido de cerca el crimen etarra es el atajo por el que la huelga de hambre, sirve de coartada para la salida de prisión y, con esta, la victoria del asesino lúcido frente a la doblez institucional.

 

Sin embargo, si junto a las repicadas imágenes de este asesino, las televisiones volcasen las de sus crímenes y víctimas, estamos seguros que esta compasión mal entendida estaría más con los muertos que con el criminal.

 

Este es el pago que se cobra la cortedad de memoria del ser humano pero es también el reto que MinutoDigital asumió, con la misma libertad que De Juana se puso el huelga de hambre, de luchar por la libertad en esta España maltrecha donde se navajea a los muertos de ETA día sí, día también.

 

Ayer, un puñado de hombres buenos, consiguieron primero que la petición del criminal se ventilase en el Pleno de la Audiencia Nacional en lugar de en su Sala Tercera, sospechosamente interesada y, segundo, transmitir a la sociedad la certeza de que aún existen instituciones sólidas, garantes eficaces de la Justicia y de la Libertad de las mujeres y hombres que sostienen el pulso de la Patria.

 

Editorial de Minuto Digital, 26 de enero de 2007

La bomba de ETA y la conspiración del 11M

La bomba de ETA y la conspiración del 11M

Lo que nos faltaba. Mientras crece el desconcierto y la confusión en torno a la actitud del PSOE y del Gobierno de Zapatero tras el atentado de ETA en Madrid del pasado 30 de diciembre, la Sala Segunda de lo Penal de la Audiencia Nacional ha decidido que se realice una nueva investigación sobre los explosivos utilizados en la masacre madrileña del 11 de marzo del 2004 y ha citado como testigos —entre los ¡cerca de 600 convocados!— a los etarras Parot, Vidal y Badillo, estos dos últimos relacionados con la furgoneta de ETA capturada en Cuenca que transportaba explosivos once días antes de la masacre de Atocha, dos decisiones que habían sido obviadas hasta ahora por el juez instructor del caso, Del Olmo, y que se van a incorporar al juicio del 11M una vez que el juez Gómez Bermúdez ha sido ratificado por tercera vez como presidente de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, tras dos recusaciones del Tribunal Supremo.

 

Estas decisiones del tribunal que juzgará la masacre de Atocha del 11M, aunque por el momento no prejuzgan nada, va a servir para excitar los ánimos políticos y mediáticos de quienes, como Acebes y Zaplana en el PP —y Aznar desde FAES— o El Mundo y la COPE, llevan ya mucho tiempo agitando el fantasma de una conspiración política y policial, y de extraños servicios secretos, en torno al atentado del 11M, para desmentir la exclusiva autoría islámica de la masacre e implicar a ETA en los atentados. Algo que tanto el Gobierno, el PSOE y los medios próximos al presidente Zapatero como el diario El País y la cadena SER habían desmentido reiteradas veces y, con motivo del atentado de ETA en Barajas, dado por definitivamente eliminado como hipótesis porque algunos de los padrinos de la teoría conspirativa habían sugerido que el proceso de negociación con ETA, y la predisposición inicial de la banda, pretendía entre otras cosas echar tierra sobre la presunta colaboración de ETA en la masacre del 11M. A juicio del Gobierno y de su entorno político y mediático, la bomba de ETA en Barajas desmentía esta versión y la propia teoría conspirativa.

 

La pregunta inmediata que ahora aparece en medio de lo que se anuncia, para empezar, como una nueva bronca mediática sobre la pretendida conspiración del 11M es si el PP, con Rajoy a la cabeza, o por impulso de Acebes y Zaplana, que han llevado una y otra vez al Congreso de los Diputados la citada conspiración, se va a limitar a esperar a ver qué ocurre en el juicio y si existe algún indicio mayor o prueba que permita ligar a ETA a los atentados del 2004 o si, por el contrario, se van a sumar desde ahora a la bronca de corte político y mediático que va a liderar el diario El Mundo, tal y como lo exigirán el director de esta publicación, Pedro J. Ramírez, y el gran agitador de la COPE, Federico Jiménez, a sus más allegados dirigentes del PP, los citados Zaplana y Acebes, más la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, que ha apoyado a fondo la teoría conspirativa y que les puso al servicio de la misma los principales programas de Telemadrid.

 

La segunda cuestión que se plantea es la de hasta qué punto el PP y sus publicistas más aguerridos van a meter todo este lío de la conspiración del 11M en la campaña de las elecciones municipales y autonómicas de la primavera, que ya están a la vista, y en las que sin lugar a dudas ya iba a estar presente la bomba de ETA del 30D en Barajas, el empeño del presidente Zapatero de mantener abierta la esperanza de diálogo con ETA y el aislamiento del PP frente al que pretende ser un nuevo pacto antiterrorista, en el que la relación del PSOE con el PNV que lidera Imaz, pero que ha “secuestrado” Ibarretxe, parece el primer objetivo del palacio de la Moncloa, una vez que han decidido que el Pacto Antiterrorista del año 2000 firmado con el PP está obsoleto y no es operativo en las circunstancias actuales.

 

Si a todo ello añadimos el debate político/judicial sobre la situación del etarra De Juana Chaos; la disparatada decisión del PSOE de impedir que el PP pueda proponer, debatir y votar en el Parlamento sus iniciativas contra ETA para solicitar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas; la decisión de Ibarretxe —amparada por el fiscal Pumpido— de reunirse como ha hecho con Otegi a pesar de estar imputado por una reunión anterior y Otegi ahora procesado; y el anuncio, un tanto demencial, hecho por José Blanco de que la nueva política antiterrorista del Gobierno será “secreta” (sic). Si unimos todo esto y las novedades procesales por el 11M veremos que el escenario político, mediático y preelectoral que se nos presenta anuncia cotas de alta crispación y enfrentamiento político que veremos adónde conducen y cómo acaban.

 

Y a no perder de vista la escalada sin control, ante las narices tapadas y los ojos ciegos del Gobierno vasco; incluso la posibilidad de que ETA vuelva a hacer acto de presencia con un nuevo atentado, asunto que tiene muy preocupado al Gobierno, y por ello todas las actuaciones judiciales y sanitarias que se están llevando a cabo para impedir que el etarra De Juana Chaos muera como consecuencia de su huelga de hambre. Como de ahí también la utilización de Ibarretxe por Zapatero para que haga de correo intermediario entre el Gobierno y Batasuna/ETA, o la falta de respuesta policial inmediata a la bomba de Barajas y, por supuesto, la negativa del Gobierno a rehacer sus relaciones con el PP.

 

Estamos en un momento político crucial, muy complicado para el Gobierno, y también ante un test de prudencia para la oposición, aunque mucho nos tememos que, visto lo ocurrido con el debate parlamentario sobre la bomba de Barajas, y el aislamiento del PP y de Rajoy que propicia el Gobierno, el PP irá a por todas en línea con el discurso de Rajoy, y el PSOE hará lo mismo. A la espera unos y otros de que los ciudadanos que van a ser convocados a las urnas locales y autonómicas de mayo den su veredicto en unos comicios en los que posiblemente se hablará de todo menos de los asuntos propios de los ayuntamientos y la Comunidades que entran en liza. La culpa de este choque frontal que se percibe en el horizonte la tienen los dos, y especialmente el Gobierno que, tras la bomba de ETA que destrozo su famoso proceso de paz, ha sido incapaz de rectificar.

 

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 24 de enero de 2007

Sin tregua

Sin tregua

Digámoslo de una vez: aquí los únicos que han defendido auténticamente el "diálogo" han sido los que se han opuesto al "diálogo con ETA". Resulta llamativo cómo se han enredado las cosas. Ha sido una operación a la vez cínica y sentimental. Primero, se ha vaciado la palabra "diálogo" de contenido; después, se ha tomado esa palabra ya vacía y se la ha cargado de connotaciones sentimentales. La rentabilidad era inmediata: el que se oponía a comerse el pastel era tachado de insensible. No se entraba a discutir o razonar. Tan sólo se alzaban los ojos al cielo (póngasele la cara de Sopena al angelito) y se exclamaba: "¿Pero cómo se puede estar contra el diálogo?". (Obsérvese con qué frecuencia se ha utilizado la frase así: eludiendo el "con ETA" final.)

Era inútil argumentar a esas alturas que "dialogar" con un interlocutor que esgrime una pistola y que se ha ganado su voz asesinando, no es que sea deseable o indeseable, es que es imposible. Conceptualmente imposible. Es decir: no se puede dialogar con él, si respetamos lo que la palabra "diálogo" significa. De ahí que quienes han defendido "el diálogo con ETA" en realidad estaban entrando a saco en la palabra "diálogo", subvirtiéndola y expoliándola; mientras que los que se oponían estaban defendiendo y preservando, de hecho, su integridad. Sangrante paradoja: aquellos que, según los angelitos, estaban ominosamente "contra el diálogo" eran en realidad los únicos que lo defendían y lo preservaban. (Por supuesto, pasaban por ser los malos de la película.)

Resulta interesante comprobar cómo de los tres términos en juego, "hablar", "negociar" y "dialogar", ha sido este último el más usado. Obviamente, porque era el que mejor se prestaba a esa estratagema sentimental. Era el término más digno, más prestigioso: el único cuyo estricto ejercicio requería que, en realidad, ya estuviese resuelto el problema. Los otros, en cambio, no. Con un terrorista no se puede dialogar, pero sí que se puede hablar y negociar. Eludo aquí el debate de si es ético, legal o conveniente, y hasta qué límite puede hacerse sin pervertir el estado de derecho: tan sólo indico que es conceptualmente posible. ¿Por qué entonces ha sido preferido el otro? Porque "hablar", tan aséptico, y "negociar", tan áspero, no valen para el exhibicionismo sentimental. Tratemos de modificar la exclamación del angelito Sopena (mirada al cielo): "¿Pero cómo se puede estar contra la negociación?". No funciona.

Lo sórdido (¡y cansado!) del zapaterismo es ese perpetuo envoltorio sentimental concebido para la segregación de los que no tragan. La operación siempre es la misma: algo que es discutible y está sujeto a debate, es hurtado del terreno racional y trasladado urgentemente al sentimental. Los críticos pasan entonces a ser individuos sin corazón. Donde pudo apreciarse más nítidamente este mecanismo fue en el folklórico espectáculo de las rosas blancas, aquellas "rosas blancas por la paz" que unas actrices repartieron el año pasado en las puertas del Congreso. Algo sujeto a debate, como era la política concreta de un Gobierno, quedaba convertido en tótem sentimental por el simple procedimiento de adosarlo a algo no sujeto a debate (y con connotaciones blindadamente positivas) como unas "rosas blancas", que además llevaban el refuerzo acrítico de la palabra "paz". Quedaba así constituido un artefacto no sólo embarazoso, sino también siniestro. Embarazoso porque su ofrecimiento suponía un puro chantaje emocional: ¿quién podía renunciar a coger la rosa? Y siniestro porque constituía nada menos que una estrella de David al contrario: quien no cogía la rosa quedaba signado como indeseable, como judío (en un contexto que, entre risitas y lirismos, era simbólicamente nazi).

Aquellas actrices, y las autodenominadas gentes de la cultura en general, son la encarnación perfecta del espíritu zapaterista. Entre los intelectuales orgánicos rechina demasiado el servilismo: son, propiamente, tecnócratas del intelecto al servicio de quien manda, gente fría en el fondo. Pero entre las gentes de la cultura sí pueden apreciarse los elementos sentimentales, porque en verdad se lo creen y no se reprimen a la hora de manifestarlo a flor de piel. Son por ello la auténtica avanzadilla de este Gobierno sentimental. La escalofriante reacción que han tenido después del atentado, cargando las tintas más contra el PP que contra ETA, es sumamente reveladora de lo que se cuece en sus cabecitas. Por supuesto, no están a favor del crimen... pero, por decirlo crudamente: perciben al PP como más enemigo de sus ilusiones que ETA. ETA, de hecho, forma parte de las ilusiones de las gentes de la cultura, y también de la de los angelitos. No la actual ETA asesina, sino la hipotética (¡la ilusoria!) ETA que deje las armas. ETA forma parte de las ilusiones de las gentes de la cultura y de los angelitos en tanto banda de asesinos que un día (¡ilusorio!) dejarán las armas y, por tanto, dejarán de ser asesinos, con lo que quedará demostrado que el hombre es bueno por naturaleza y todos seremos felices (comiendo no perdices, sino gaviotas). El PP, en cambio, se opone a ese sueño: considera que no hay ilusión posible con ETA, y que lo que hay que hacer con los asesinos es perseguirlos y encarcelarlos. Para las gentes de la cultura y los angelitos es más ilusionante una ETA que asesine pero que un día deje de asesinar (una ETA con la que, en suma, puede "dialogarse"), que un PP que diga que una ETA que asesina será asesina para siempre y que no se puede "dialogar" con ella.

Una vez más ha sido el bueno de Bernardo Atxaga el que se ha pronunciado de un modo más sintomático a este respecto. Después del atentado le dijo a Juan Cruz la ya famosa frase: "Esa presencia de los muertos convertía en feo, muy feo, el paisaje que se abría delante..." Si el atentado era lo feo, ¿qué era entonces lo bonito? ¡El diálogo! ¡El "diálogo con ETA" era justamente lo bonito! Lo bonito era saltarse la realidad. De hecho, el tétrico "cordón sanitario" contra el PP que enarbolaba el otro día Federido Luppi (en el momento más atorrante de su vida) no es más que un cordón sanitario contra la realidad. Esa incómoda realidad (¡sin tregua!) en la que resulta imposible dialogar con asesinos."

 

JOSE ANTONIO MONTANO

http://joseantoniomontano.blogspot.com/ y publicado en Basta Ya

 

La ley del silencio

La ley del silencio

Después de todo lo ocurrido con el atentado de ETA, y del fallido debate —por todos— sobre lo ocurrido y la respuesta a dar a la banda terrorista, el Gobierno de Zapatero, en aras de la unidad de los demócratas, pretende volver a arrinconar al PP e imponer una ley de silencio a la oposición, a la que le exige la condición de ir sin condiciones o sin una sola propuesta a la reunión del Pacto Antiterrorista, a la vez que les niega el derecho de presentar iniciativas contra Batasuna y ETA en el Congreso de los Diputados, lo que constituye un atropello contra el parlamentarismo democrático, que va mucho más allá de las diferencias o desencuentros partidarios. Sobre todo porque resulta sospechoso que Zapatero no permita que ni siquiera se debatan propuestas que van en contra de ETA y de Batasuna, entre otras cosas para no aparecer de nuevo del lado de quienes se niegan a condenar el atentado de Barajas del día 30D.

 

Lo que esconde la estrategia del Gobierno y de su “no pacto” contra el terrorismo en el que sólo caben nacionalistas, sindicatos y ONGs es esencialmente el temor a que ETA vuelva a atacar dejando, por segunda vez, en evidencia a Zapatero y al PSOE. Y para ello están intentando arroparse con lo que consideran una incipiente posibilidad de revuelta en el seno de Batasuna frente a ETA —“parece ser que Otegi se distancia, algo se mueve en LAB”, dicen como el náufrago que ve un oscuro punto en el horizonte— y un vuelco histórico en las posiciones del PNV, a pesar de que Ibarretxe ha dicho que hay que acercar los presos de ETA al País Vasco y permitir que Batasuna participe en las elecciones municipales.

 

Y además pretenden que todo esto discurra y se haga en medio de un gran silencio para que los etarras no se enfaden demasiado y con una aparente unidad del PSOE en torno a un presidente como Zapatero, que aún no ha explicado por qué fracasó el proceso y qué garantías tenía para iniciarlo. Y que le vuelve a pedir a los suyos otro cheque en blanco, al igual que a sus aliados nacionalistas e incluso al PP. Pretenden desde la Moncloa que se le vuelva a otorgar al presidente fracasado otra oportunidad con todos los poderes y sin ningún control o garantía de éxito. Y a cualquiera que abra la boca le dicen “chitón”, como le dijeron a Blanco cuando reconoció errores, o como le dicen ahora a González porque se ha permitido el lujo de reprocharle a Zapatero iniciar la negociación con ETA sin tener otra hipótesis que el éxito. Cosa que ha sentado a cuerno quemado en el palacio de la Moncloa, por lo que otra vez ha tenido que ser el ministro Rubalcaba el que salga a rectificar al ex presidente del Gobierno diciendo que lo tenían todo previsto, lo que no es cierto, como ha quedado patente y a la vista está.

 

Callar a Blanco ha resultado fácil, como en su día Blanco calló a Pastor, pero silenciar a González es harina de otro costal. Y no digamos pretender amordazar a la oposición, y para ello, y sobre cuestiones tan graves, pretender cerrar el Parlamento y boicotear los debates y las propuestas, cuando todavía estamos a la espera de que Zapatero haga una sola propuesta sobre cómo piensa responder al bombazo de ETA en lo policial y lo judicial. Lo que no hace porque no tenían nada previsto, como lo dice González, y porque no saben qué hacer para que no se enfaden Batasuna, el PNV y sobre todo ETA, no vaya a ser que los de la banda decidan poner otra bomba y, como en Madrid se ha dicho que el proceso está liquidado, ellos empiecen también a liquidar vidas.

 

Cuidado, pues, porque a este Gobierno y al PSOE les está volviendo a pasar lo que ya les ha pasado con el Estatuto catalán, la Alcaldía de Madrid y la negociación con ETA: que prometen lo que no pueden dar. Y ahora están prometiendo o intentando cerrar ni más ni menos que el Parlamento, y eso no se puede consentir porque el reglamento de la Cámara ofrece alternativas muy variadas que llegan hasta la moción de censura, amén de otras respuestas en la calle, o incluso de la retirada del PP del Congreso hasta que el Gobierno acepte debatir y votar sus propuestas ¡contra ETA y Batasuna! Después, ni más ni menos, que de la reaparición mortal de ETA en Madrid.

 

La cadena de graves errores de Zapatero en lo que va de legislatura no se acabó con su florida declaración del 29 de diciembre, y su breve “suspensión” del proceso de paz con ETA. Van a seguir y ya se vislumbran en el horizonte inmediato por jugar con el fuego de Batasuna y PNV y sobre todo por pretender silenciar al Parlamento, cosa que no se puede consentir en una democracia y que además no lo van a lograr, y si no, al tiempo. Y es verdad que Rajoy y el PP no han estado muy acertados en su actuación tras la crisis del coche bomba, pero todo apunta a que van a tener muy pronto otras oportunidades porque los estrategas de la Moncloa no cesan de disparatar. La confabulación que han puesto en marcha con otros grupos parlamentarios les va a salir, si no rectifican lo antes posible, muy mal.

 

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 19 de enero de 2007

 

Tras el bombazo, tiempo de evidencias

Tras el bombazo, tiempo de evidencias

 

Hasta Juan Luis Cebrián reconoce que, después de la muerte de Carlos Alonso Palate y Diego Armando Espacio bajo los escombros del aparcamiento de la T4 de Barajas, es necesario un cambio. El hombre que dinamitó el frente constitucionalista, este martes en el diario El País ("El equilibio y el director de orquesta") corregía a Zapatero y le explicaba que no había estado a la altura, le reclamaba liderazgo para salir de una situación confusa.

 

Se van a cumplir tres semanas del bombazo y, lejos de disiparse la niebla de la confusión (es la palabra que utilizaba Ignacio Santa María el lunes en este mismo espacio), ahora la bruma se ve ennegrecida por el escepticismo e incluso por el cinismo. El debate parlamentario de este lunes no ha aportado claridad.

 

El presidente del Gobierno pidió excusas por el optimismo de finales de año; no asumió el error de fondo, el error de haber buscado un fin negociado a la violencia. Enredó con un nuevo pacto antiterrorista pensado para restarle al PP el liderazgo del descontento. La oposición estuvo dura pero previsible, no aportó las respuestas que muchos buscan. Por eso, más que nunca, es tiempo para recuperar las evidencias.

 

Frente a la tentación de dejarse vencer por el cansancio que provoca la clase política, frente a la tentación de un olvido dulce que delegue responsabilidades, la sociedad española tiene la ocasión de ponerse delante del aparcamiento destruido de la T4 para escuchar lo que dicen los cascotes que acabaron con la vida de nuestros dos compatriotas ecuatorianos. Frente a ese amasijo de hierros y de hormigón se hace evidente que el fin del terrorismo no puede alcanzarse sin justicia y que no podemos legar a nuestros hijos una sociedad construida sobre la mentira de una cesión.

 

Pero se hace también evidente –y de esto no habla nadie- que estamos ante el mal, ante el misterio de la iniquidad. Después de hacer un análisis detallado de la ideología perversa que alimenta a los etarras (construida a partes iguales de leninismo y nacionalismo) es evidente que ni toda la sociología ni toda la psicología explican por qué una panda de asesinos mata.

 

La sociedad española necesita reconocer, confesarse a sí misma, que desde hace tres décadas se encuentra ante el mal. Estamos ante un problema que no sólo requiere buena administración; nos concierne a cada uno de los españoles, reclama una respuesta construida no con los automatismos de un sistema que nos deje sestear en nuestro bienestar sino con las evidencias humanas de cada uno de los afectados. Y afectados somos todos.

 

La primera evidencia que despierta el mal es la necesidad de un cambio personal: “me concierne y porque me concierne requiere algo de mí”. La segunda evidencia que despierta el mal es la de la impotencia, la necesidad de que alguien lo venza, lo que la tradición cristiana llama redención.

 

La discreción que requiere una sociedad en la que se ha dado todo por supuesto no impide que aparezca con fuerza y claridad la hipótesis del Crucificado.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 17 de enero de 2007

¿Quién está confuso en Batasuna?

¿Quién está confuso en Batasuna?

Luchar contra el crimen no requiere la ingenuidad, aunque se vista de seda o de buenismo. Las asociaciones de mujeres, por ejemplo, y muchos de los especialistas en la batalla jurídica contra la “violencia de género” (que, por cierto, se le ha dado en llamar también terrorismo) se oponen a los tratamientos y terapias —como política penitenciaria— de los agresores. En primer lugar, y de manera rotunda, son contrarios a que estas terapias sustituyan a las penas de los condenados. Y, sobre los tratamientos como cuestión complementaria, oponen dos consideraciones. Una, que si hay recursos deben satisfacerse en primer lugar las necesidades de las víctimas. Dos, que no debe tenerse en cuenta que el agresor no es, en principio, un enfermo, sino un delincuente.

 

Estos elementales principios, que responden a la “tolerancia cero” que merecen las agresiones a los derechos individuales, incluido el derecho a la vida, bien deberían tenerse en cuenta en la lucha contra el terrorismo de ETA. La razón por la que tratar de erradicarlo implique una “política” que debería definirse no contra ella sino para ella, para calmarla, escapa a cualquier análisis lógico. ¿Por qué tiene apoyo?, ¿por qué lo piden algunos partidos?, ¿por qué el Estado de Derecho renuncia a ser eficaz de otro modo?, ¿por qué facilitaría los pactos parlamentarios de un Gobierno? Todas estas preguntas, y algunas más, formuladas respecto a cualquier otro modo de criminalidad, resultarán absurdas. Y lo son también en el caso de ETA.

 

Lo que queda —lo que queda abiertamente al menos— del “proceso” aparentemente enterrado en los aparcamientos de la T-4 de Barajas es afianzar la colaboración con el PNV, y con otros si se suman, para establecer una estrategia que tenga como objetivo reducir el apoyo que tiene ETA, desbaratar la larga estabilidad del que tiene Batasuna, buscar las deserciones, los alejamientos de algunos de sus miembros de la doctrina oficial, la condena de la violencia, etc. Se sigue, por tanto, a la búsqueda del “batasuno amigo”, del que se sume a una posición reivindicativa y nacionalista (no constitucional, que es un límite que ni el nacionalismo ni el PNV se han puesto nunca) que resulte, a la postre, más útil que la de la vieja guardia etarra. Se parece bastante, si se me permite, a la táctica de minar a ETA no por inanición sino por empacho.

 

Unas horas después de terminar el debate parlamentario sobre la política antiterrorista, veo a algunos papanatas con la cara pegada a la cristalera, contemplando emocionados cómo Arnaldo Otegi, en declaraciones a una emisora radiofónica, dice que hay algunos sectores de lo que se da en llamar la izquierda abertzale, y que deberían ser tomas en cuenta, para los que el último comunicado de ETA crea “confusión” y “resta credibilidad” al “alto el fuego” que la banda dice mantener en vigor. “Eso es lo que se busca —vienen a decir los papanatas—, esa reflexión en la izquierda abertzale, esa quiebra del dogmatismo”.

 

Pero, al margen de las inmediatas “aclaraciones” de Barrena sobre un supuesto problema de traducción de las palabras de Otegi, la estrategia de éste, el contenido de sus palabras, no debería producir ninguna satisfacción (ni ningún alivio) a quienes defienden la vida y la ley: no va a haber escisiones en Batasuna, la preocupación unánime en este invento etarra son los “contenidos políticos” y la desconfianza tras el atentado de Barajas no es ciertamente una reflexión ética sobre la violencia o una reflexión política sobre la democracia, sino la “necesidad de chequear el proceso”. Es decir, lo mismo que el comunicado de ETA tras el atentado: hay que hacer las cosas mejor, o se empieza a “cumplir” con la banda o puede haber nueva violencia de respuesta, ya saben lo que tienen que hacer si quieren que el alto el fuego sea “en ausencia de violencia”.

 

Más nos valdría volver a la tolerancia cero, como en cualquier caso de graves agresiones criminales.

Germán Yanke

Estrella Digital, 17 de enero de 2007