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Opinión y análisis

Consideraciones en torno al conflicto libanés

Consideraciones en torno al conflicto libanés ¿Islamo-fascismo o islamo-nazismo?; los chiíes a la conquista de la Umma; el silencio de los lobos musulmanes; la oposición chií al proyecto de Ahmadineyad; la ambigüedad de ciertos ambientes cristianos medio-orientales y occidentales; la indiferencia de Occidente como arma contra el Papa

Resulta curioso que el “progresista” gobierno de España y sus correas de transmisión en los medios de comunicación no dediquen parte de su tiempo a debatir sobre el término utilizado por el presidente americano Bush para definir a los terroristas islámicos: “islamo-fascismo”. Y ello porque el término, como nos refiere el sociólogo de las religiones Massimo Introvigne, ha sido acuñado por intelectuales liberal americanos, esto es, “progresistas”. En realidad, independientemente de la intención táctica de Bush por usar un término creado por sus adversarios políticos, es inexacto hablar de “islamo-fascismo” ya que el término que mejor define a la galaxia islamo-terrorista es el de “islamo-nazi”.

En efecto, como nos cuenta el anteriormente citado sociólogo Massimo Introvigne, “[...] Sobre todo desde que Ahmadineyad se ha apoderado del régimen iraní, éste se ha convertido en lo más parecido al nacional-socialismo que el mundo haya conocido en su historia. Cierto, las raíces culturales de la Alemania de Hitler y del Irán de los ayatolás son distintas. Pero los sociólogos han puesto en evidencia como el milenarismo, la espera de acontecimientos apocalípticos y de una inminente transformación radical del mundo, son una categoría universal que, aunque se decline con lenguajes distintos, tiende a producir los mismos resultados mortíferos. Hitler pensaba en un Reich milenario dominado por la raza aria, una “Alemania de mil años” cuyos ejércitos sojuzgarían al mundo entero. Ahmadineyad, que se inspira en los temas más milenaristas del complejo pensamiento de Jomeini (1), cree firmemente en el mito chií del imán escondido que saldrá a la superficie de su plurisecular ocultación para guiar la Shia en la conquista del mundo.

“Piensa realmente que el imán escondido emergerá de un pozo de una remota región iraní, alrededor de la cual ya ha ordenado construir un lujoso palacio para acogerlo y hoteles de siete estrellas. Ben Laden, por su parte, utiliza una literatura sunní, sobre todo egipcia, centrada en el choque final entre el Dajjal, el Anticristo, y el Mesías islámico, el Mahdi (2). Ni valen las objeciones del sociólogo asesor de Chirac, Gilles Kepel, según el cual no se puede hablar de fascismo o nacionalsocialismo, porque Mussolini y Hitler tenían un seguimiento masivo que Ben Laden o Nasrallah no tienen: cierto, los terroristas activos son (relativamente) pocos, pero los fundamentalistas son millones” .

“La locura milenarista necesita siempre de un chivo expiatorio que destruir para que el plan del mesías milenario de turno triunfe. Para Hitler y para Ahmadineyad el chivo expiatorio es el mismo: los judíos. Cada día el presidente iraní predica con más claridad el exterminio no sólo de Israel sino de los judíos en general, exactamente como Hitler en los años treinta. Nasrallah es su eco. Y, como entonces, hay una clase política del mundo libre que se tapa los oídos para no escuchar. ¿Vamos al Líbano a luchar contra el islamo-nazismo o a protegerlo de Israel? Si la respuesta será ambigua, retumbarán ecos siniestros de la conferencia de Munich de 1938, donde Europa frente al nazismo – como dijo Churchill – “eligió la vergüenza para no tener la guerra, y acabó por tener la guerra y la vergüenza” (3).

Preparémonos pues, si no queremos repetir los errores de la historia, a librar una batalla cultural que desaloje al discurso imperante de la nueva alianza antioccidental (y anticristiana) islamo-social-comuno-mundialista ya que sólo de esta manera podremos mirar, sin miedo pero con realismo, al enemigo en la cara y plantarle batalla. De lo contrario, a fuer de pacifismos y antiamericanismos a veces invocados desde ciertos ambientes católicos de forma cuando menos superficial, nos veremos abocados a la desaparición del mundo occidental y cristiano (en especial europeo) en aras de una civilización islámica. Pues no nos engañemos: si hoy no apoyamos a quienes luchan en primera línea contra el terrorismo islámico, esto es Israel, (y ello independientemente de los elementos religiosos, culturales, históricos, etc., que nos separan de los que por otra parte podemos y debemos considerar (a ciertas condiciones) “hermanos mayores” debido a nuestra herencia espiritual semita – Pío XI dixit), estaremos favoreciendo el triunfo de la alianza entre Al Qaeda, Irán y (aunque reducido al rango de Estado satélite) Siria, con todas las consecuencias funestas (inclusive una posible guerra nuclear) que ello acarrearía. Todo esto junto al proceso de descristianización y cristofobia que contradistingue a Europa en general, y a España en particular, sin olvidar la política suicida y demagógica frente al fenómeno de la inmigración (en especial islámica) nos da una idea de cuál podría ser nuestro porvenir. De aquí la necesidad de un sano realismo pragmático que sepa conciliar la reconquista católica de la sociedad (a través, in primis, de nuestra conversión diaria y de nuestro testimonio individual y asociativo) con una visión clara y realista de quiénes son nuestros aliados y nuestros enemigos, haciendo oídos sordos a los cantos de sirena de aquellos que con la excusa de la paz, del antiamericanismo y de la política “desproporcionada” de Israel, quieren vendarnos los ojos para que no podamos salvarnos del precipicio.

2. A alguien, quizás, le llame la atención que haya nombrado a Al Qaeda, a Irán y a Siria y no a otros países musulmanes cuando no al islam en su totalidad. ¿Significa ello que no considere a países como Arabia Saudí, Sudán, Somalia, etc., o al islam como un peligro? En absoluto. Únicamente con ello quería evidenciar un elemento (a su vez manifestación clara de la guerra civil intra-islámica auténtico detonante de la Cuarta Guerra Mundial en curso [4]) que ha pasado desapercibido a los más durante el conflicto que ha opuesto Israel al satélite terrorista de Irán y Siria en Líbano, Hizbulá: el silencio sonoro de las calles musulmanas.

En efecto, remitiéndome una vez más al sociólogo (y experto de islam y de terrorismo islámico) Massimo Introvigne, [...] Desde hace años era suficiente una mínima retorsión israelí para que desde Yakarta a Trípoli masas movilizadas por regímenes o por organizaciones fundamentalistas como los Hermanos Musulmanes invadieran las calles gritando “Muerte a Israel”. Esta vez las calles árabes no asisten a movilizaciones. La diferencia con lo ocurrido hace apenas unos meses a causa de las viñetas danesas llama poderosamente la atención.

“Lo que ocurre es que ya sean los dictadores nacionalistas (como Gadafi) ya sean sus enemigos, los Hermanos Musulmanes, entienden perfectamente aquello que los documentos de la ONU y del G8 no dicen, esto es, que el ataque a Israel no es una iniciativa espontánea de los Hizbulá y de Hamas sino que ha sido programado (desde hace meses), financiada y dirigida por Teherán y Damasco. La ONU y el G8 no pueden decirlo por los vetos de una Francia fiel a su tradición filosiria y antiamericana. Pero los musulmanes lo saben. Los jefes de Estado nacionalistas han entendido perfectamente que está en juego la hegemonía sobre todo el mundo árabe por parte de una nueva cúpula, cuya cabeza está en Teherán, que ha reducido a Siria al rango de Estado satélite y que – tras haber inducido a Ben Laden a librarse del anti-chií al-Zarqawi proporcionando a los americanos información sobre su paradero – ha reclutado también a Al Qaeda.

“Esta cúpula, cuyo líder Ahmadineyad cree en un islam apocalíptico y espera con fervor el fin del mundo, considera a los dictadores nacionalistas laicos como una peste que infecta al mundo islámico. Tolera Assad en Siria porque su familia no es laica sino alauita, seguidora de una forma extremista chií sobre cuya heterodoxia Ahmadineyad ha decidido cerrar un ojo. En cuanto a los Hermanos Musulmanes, la familia Assad en Siria ha asesinado unos setenta y cinco mil. Los Hermanos además son sunníes y el trato recibido por las minorías sunníes allí donde llegan los chiíes iraníes no les deja esperar nada bueno. En teoría también Ben Laden es sunní, pero su ideología ya se puede considerar como un tercer islam, apocalíptico y violento, que pasa por encima de la tradicional distinción entre sunníes y chiíes y que – con el uso desenfadado del tráfico de drogas y sus relaciones con el hampa en distintos países – poco o nada tiene que ver con la puritana (y anti-chií) tradición wahhabita de Arabia Saudí en la cual el superterrorista ha sido educado”.

Cabe apuntar que no obstante la adhesión discreta de Ben Laden a la alianza con Irán y Siria (que no olvidemos trata de cambiar las relaciones de fuerza en el mundo islámico, donde los chiíes representan un 15% del total frente a los sunníes que constituyen un 80% con un resto – 5% – de denominaciones menores), el plan de Irán (y subordinamente de Siria) ha creado preocupación en la red terrorista del millonario saudí. En efecto, a los dirigentes (empezando por el número dos Al Zawahiri) y a los comandantes de segunda generación de Arabia Saudí, Pakistán e Iraq han llegado por medio de internet muchas críticas a los errores estratégicos y doctrinales de Hizbulá y, por tanto, implícitamente a Irán (5).

Estando así las cosas, la más numerosa manifestación anti-israelí ha tenido lugar en Cuba y contra Israel protestan más José Blanco, Moratinos y Zapatero que Gadafi. Los reyes de Marruecos, de Jordania, de Arabia Saudí dicen en privado a los americanos lo que no pueden decir públicamente: ninguna paz es posible hasta que no se acabe con los regímenes de Teherán y de Damasco. Los Hermanos Musulmanes son una organización compleja y plétora de corrientes, a alguna de las cuales no le disgustaría lo más mínimo el derrocamiento de Ahmadineyad. Por ello las calles musulmanas siguen haciendo ruido con su silencio.

3. Frente a la preocupación que despierta en el mundo sunní (y no sólo en él como veremos) el plan de Irán, algunos consideran que se debería aprovechar la rivalidad entre chiíes y sunníes a favor de Occidente. Se olvidan, sin embargo, que ello podría desestabilizar las fragilísimas democracias de Iraq y Líbano, que para sobrevivir necesitan de la colaboración de ambos ramos del islam. Un afamado estudioso de la Shia, el iraní profesor en América Vali Nasr, propone en un ensayo publicado en Foreign Affairs que está dando la vuelta de la diplomacia mundial (Vaticano incluído) el diálogo directo con Irán y Hizbulá como único camino para evitar la guerra atómica, inevitable porque Irán de una u otra manera se hará con ella. La tesis (ya muy dudosa de por sí) tiene el defecto de ignorar la naturaleza milenarista y apocalíptica de la ideología de Ahmadineyad y de Hizbulá: con quien espera el fin del mundo y el exterminio de los judíos no se puede dialogar.

Puede haber otro camino. Las críticas durísimas que las máximas autoridades religiosas chiíes libanesas dirigen al líder de Hizbulá Nasralá, acusándolo de aventurismo y de no representar a todos los chiíes del Líbano, constituyen una novedad histórica.

Tradicionalmente la tradición chií ha predicado la obediencia a las autoridades constituidas, independientemente de su afiliación ideológica, y precisamente en el mundo chií ha surgido en los años previos a la Primera Guerra Mundial el movimiento moderado denominado “constitucionalista”, uno de los primeros intentos de conciliar pensamiento islámico y democracia moderna. Cierto, todo ha cambiado con Jomeini y su revolución iraní de 1979.

Pero Jomeini, que ha reemplazado el constitucionalismo con la teocracia del “gobierno del jurista islámico” no ha representado nunca a todo el mundo chií, y no faltan sus críticos en el propio Irán.

El representante de más alto grado mundial de la jerarquía de los chiíes (que, a diferencia de los sunníes, tienen un “clero”) es el ayatolá Sistani de Nayaf, en Iraq, prudente pero inteligente protagonista del diálogo con Occidente y los Estados Unidos. Azerbaiyán, otro Estado a mayoría chií con grandes recursos debido al petróleo, tiene una jerarquía religiosa moderada, a la cual hace referencia la minoría chií de la cristiana Georgia. Los chiíes de Arabia Saudí, por mucho tiempo discriminados, han abierto un canal de diálogo con el rey Abdalá, que ha conseguido substraerlos a la influencia iraní apuntándose un éxito nada despreciable. Ahora también la jerarquía chií libanesa critica a Hizbulá.

No todos los chiíes (al igual que el resto de los musulmanes) son terroristas. Dialogar con la Shia moderada e insistir en el hecho que la postura chií tradicional es distinta de la de Ahmadineyad y Nasralá puede ser una baza importante para aislar a los terroristas y a aquéllos que los apoyan. Es una lástima que la Unión Europea (presa de su obsesión progresista y antiamericana de la que nada bueno se puede esperar) no se dé cuenta de estos desarrollos y siga empecinada (teniendo como “vanguardia” ridícula e infantil al payaso de Zapatero y a su corte de bufones) en considerar como únicos y legítimos representantes del mundo chií a Hizbulá y al gobierno de Teherán.

4. Durante muchos años el eslógan “mejor rojos que muertos” ha tratado de convencernos que si el riesgo era el de morir asesinados, valía la pena dejarse de zarandajas anticomunistas y plegarse a los regímenes comunistas. También en las Iglesias cristianas de los países comunistas, junto a una multitud de mártires, había quienes ponían por las nubes a los regímenes en el poder (cuando no colaboraban con ellos). La ley islámica, la sharia, establece para los cristianos y los judíos el estado de dhimmi, “protegidos”. No pueden desarrollar ninguna actividad misionera, ni acceder a los cargos públicos más importantes, y tienen que pagar impuestos más altos: en definitiva, son ciudadanos de segunda división, pero al menos salvan el pellejo (aunque siempre están en la cuerda floja dependiendo de muchos factores, no último, la escula jurídica islámica que acceda al poder).

Resulta siempre muy desagradable criticar aquellas personas que todos los días arriesgan sus vidas y que hoy están tentadas por un “mejor dhimmi que muertos” (un servidor ha dedicado varios artículos e iniciativas al genocidio anticristiano en los países musulmanes). Sin embargo, cuando este desasosiego es aprovechado en el extranjero, no sería correcto callar. En Palestina y en Líbano no son solamente políticos y militares cristianos – que dan la sensación de buscar venganza por no haber sido ayudados (cuando lo necesitaban) por Occidente, como el general Aoun – a ponerse al servicio de Hizbulá, aceptando de hecho la postura de dhimmi ideológico hoy con la perspectiva de convertirse en dhimmi de honor (esto es, en su plenitud) mañana.

También algunas autoridades religiosas cristianas hablan aparentemente de teología pero lo hacen de forma tan ambigua que favorecen objetivamente la propaganda de Hizbulá y de Hamas. Hace unas semanas cuatro obispos de Palestina – el latino-católico, Michel Sabbah, el sirio-ortodoxo, un luterano y un anglicano – han publicado un documento contra el “sionismo cristiano”, una teología difundida en la corriente denominada evangélica, estos es, conservadora, mayoritaria en el protestantismo de los Estados Unidos, que se enmarca en una compleja visión del inminente fin del mundo dentro de la cual el Estado de Israel tiene una función preparatoria querida por Dios. Si con el documento en cuestión se quiere afirmar que esta forma de milenarismo no es compartida por católicos y ortodoxos (y tampoco por luteranos y anglicanos), se afirma una obviedad. Pero el momento elegido es sospechoso, y se aprovecha la ocasión para decir que “los gobiernos de Israel y Estados Unidos, actualmente están imponiendo su dominación sobre Palestina” y son culpables de “colonización, apartheid e imperialismo”, frases que no desafinarían en un documento de Hizbulá o de Hamas.

También el jesuita egipcio, pero que ha vivido muchos años en Líbano, padre Samir Khalil Samir, estimado por el Papa (y por el abajo firmante, tan es así que he traducido un artículo suyo dedicado al problema de las mezquitas [6]) por su conocimiento enciclopédico del islam, ha propuesto un programa de paz en diez puntos (algunos razonables) en los cuales, sin embargo, defiende que la única y sola raíz del problema medio-oriental no es el terrorismo sino la misma creación tras el Holocausto del Estado de Israel en 1948, “una injusticia contra la población palestina”. Entre sus propuestas está el famoso “derecho al retorno”, al menos parcial, de los palestinos que han abandonado Israel en los años 1940 y 1950, condición que destruiría al Estado judío, transformándolo en un Estado islámico (con los cristianos sometidos a la condición de dhimmi) y que ningún gobernante israelí aceptará jamás siquiera que se pueda discutir.

Todo esto no es tanto una crítica de los dirigentes cristianos medio-orientales, que todos los días corren el riesgo de ser acuchillados o incluso acabar peor. Son más culpables quienes aprovechan cínicamente (o inconscientemente) sus declaraciones en Occidente, para justificar políticas anti-israelíes y antiamericanas o para repetir estribillos antisemitas donde, de cualquier cosa que ocurra en Oriente Medio, serán siempre y sólo culpables los judíos (7).

5. Muy distinta, en cambio, es la postura del Papa Benedicto XVI. En efecto, partiendo de una cita de un emperador bizantino definida por él mismo como “brusca” – con lo cual su precisión según la cual estas antiguas palabras no entendía asumirlas como propias raya lo obvio, y tampoco configuran – por mucho que le pese al indigente mental y moral de Pepiño Blanco y demás ralea del gobierno – una petición de perdón a los musulmanes – Benedicto XVI ha roto el acuerdo tácito entre los hombres políticos de Occidente y el islam, inaugurado tras el 11-S. Se podía y se debía condenar el terrorismo. Incluso se podía hablar mal del fundamentalismo. Pero todo debía mantenerse en el terreno del orden público, sin jamás tocar el tema de las raíces teológicas profundas de la conexión entre islam y violencia. Esta conexión no consiste en una desviación del Corán sino en algunas suras del mismo Corán; no en un malentendido de Mahoma sino en enseñanzas concretas de la segunda fase de su doctrina; no en una idea de Dios inventada por Ben Laden sino en la noción misma de la divinidad que ha prevalecido históricamente en el recorrido de la teología islámica. Esto es lo que ha dicho el Papa en Ratisbona, y que no ha desmentido sucesivamente.

Sin menoscabo de la búsqueda del diálogo con un islam que sea realmente distinto y moderado (todavía muy frágil e incipiente), el Papa ha roto el acuerdo por el cual se debería hablar sólo y únicamente de policía y jamás de teología. El mismo Bush y Blair habían proclamado el islam una “religión de paz”, prosiguiendo con la ficción – que hace prevalecer la razón política sobre la razón histórica – según la cual la frágil minoría moderada sería la única capacitada a representar el “verdadero” islam. Cinco años después del 11-S, tras las aberrantes declaraciones de Ahmadineyad, el terrorismo renovado de Hamas y de Hizbolá, el reclutamiento continuo también en Occidente de terroristas suicidas de Al Qaeda, el Papa ha decidido que se ha acabado el tiempo de las ambigüedades y ha llegado el tiempo de la claridad.

Tras una primera reacción airada, en el mundo islámico se han levantado voces de sentido común disponibles a admitir que lo dicho por el Papa merece cuando menos una seria reflexión. Por el contrario, en Occidente ha ido mucho peor. Hemos visto a tres tipos de críticos que no sólo no defendieron al Papa, sino que incluso arremetieron contra él. Los primeros son los ignorantes, que nada saben de islam, nada de historia de las religiones y tampoco tienen las categorías para entender un discurso difícil como el de Ratisbona. Los segundos – como el New York Times – son los defensores del acuerdo tácito según el cual algunas autoridades islámicas condenan el terrorismo y Occidente en cambio renuncia a investigar sobre las raíces teológicas de aquél. En lugar de rasgarse las vestiduras por las verdades sobre el islam dichas por Benedicto XVI, deberían admitir que el acuerdo no ha funcionado, ya que el terrorismo continúa, y que donde ha fracasado la policía es correcto que vuelva la teología. Los terceros son los laicistas, que desprecian al Papa por Papa, y para los cuales toda ocasión es buena para arremeter contra el Santo Padre (por supuesto, también cabe la posibilidad que los críticos de Benedicto XVI sean una síntesis de los tres tipos como parecen indicar los rebuznos del gobierno que padecemos).

Sea como fuere, en el actual choque de civilizaciones, el Papa ha sido el único que ha tenido el valor de renunciar a lo políticamente correcto y alinearse sin reticencias con Occidente y con sus valores: como agradecimiento, Occidente lo ha dejado solo (8).

Ángel Expósito Correa

Notas:

(1) http://www.arbil.org/99iran.htm

(2) http://www.arbil.org/(52)expo.htm

(3) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_17.htm

(4) http://www.arbil.org/(80)expo.htm

(5) http://www.cesnur.org/2006/mi_08_29.htm

(6) http://www.arbil.org/(57)mezq.htm

(7) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_05.htm

(8) http://www.cesnur.org/2006/mi_09_19.htm

Revista digital Arbil, N0. 107, septiembre de 2006

Txema Montero evalúa el estado del “proceso de paz”.

Txema Montero evalúa el estado del “proceso de paz”. El pasado 17 de septiembre, Noticias de Navarra, el diario vocero del nacionalismo “moderado” en la Comunidad Foral, entrevistó a Txema Montero; un intelectual orgánico, al servicio del PNV, que procede del mismísimo núcleo dirigente del autodenominado MLNV. Dado su excepcional conocimiento de las “dos almas” del nacionalismo vasco, aunque con las reservas que el contexto impone, valoraremos sus opiniones.

Diputado al Parlamento Europeo en 1987 y 1989 por Herri Batasuna, fue expulsado de su formación en 1992 al defender su presencia estable en las instituciones de autogobierno y la autodisolución de ETA. Es uno de los más destacados integrantes de la Fundación Sabino Arana (salvaguarda de la pureza peneuvista y “laboratorio de ideas” del viejo alderdi): patrono, responsable de la Tribuna de reflexión, y codirector de su revista Hermes. Un curriculum que respalda su incuestionable autoridad e innegable espíritu de servicio a la causa.

A lo largo de esa entrevista realiza diversas afirmaciones que bien pueden proporcionar algunas luces sobre la opaca situación del mal llamado “proceso de paz”. Veámoslas. Asegura, en primer término, que los acuerdos ya alcanzados entre ambas partes no se están cumpliendo, especialmente en lo que respecta al Gobierno en política penitenciaria y puesta en marcha de la reiteradamente reclamada “mesa de partidos”. En consecuencia constata que el “proceso” está estancado, debiéndose analizar –propone- si esta dificultad puede todavía superarse; dando a entender que sí.

Los tres procesos análogos anteriores (el desarrollado al inicio de la transición, Argel y Lizarra) fracasaron al no concurrir las condiciones actuales; no en vano considera que se ha alcanzado una conciencia generalizada de que el “proceso” debe ser concebido dinámicamente y en función de una precisa agenda política. En este contexto, la kale borroka, que nunca ha parado y que venimos sufriendo con repuntes, sería una “modalidad brusca” de diálogo. En sus palabras: “Tú no me acercas a los presos, yo te lanzo unos cócteles molotov y así vamos tirando”.

La huelga de hambre protagonizada por De Juana Chaos sería, siempre según su opinión, un evento contemplado –autorizado por ETA, en definitiva- de modo individualizado, no pudiéndose generalizar al resto de presos de la banda; y los comportamientos públicos de Iñaki Bilbao y análogos, los valora como los de un “soldado perdido”.

Existirían dos graves riesgos para el “proceso”. Por lo que respecta al Gobierno, que su interlocutor ante ETA pierda su credibilidad al incumplirse determinados gestos y acuerdos. Y, ya en el seno del MLNV, que ganen espacio los enemigos del proceso; que los hay. Por ello, nada mejor que reproducir, ya que se viene hablando últimamente del riesgo de una posible escisión en ETA, un largo pero esclarecedor párrafo de la entrevista. “Lo que observo en el MLNV es que hay gente joven que cree que ellos están en disposición de escribir sobre una página en blanco la auténtica historia de la revolución vasca, alegando que todos los anteriores han acabado acomodándose, olvidándose, envejeciendo, aburguesándose y haciéndose reformistas. Luego están esos otros sectores que empiezan a ser nostálgicos de ETA, de una ETA que ellos conocieron, vivieron o participaron, una ETA potente e influyente. Estos suelen ser gente mayor, al contrario que los anteriores, gente que me recuerda mucho a los que siguen apoyando a los partidos comunistas en Europa. Estos dos sectores sí están moviéndose y ya, en puntos geográficos concretos, se les ve clamando que el proceso se acabe. Pero estos sectores que sí tuvieren mucha influencia para acabar con Argel y bastante influencia para terminar con Lizarra, no tienen tanta influencia hoy”. Un criterio que coincide, en lo sustancial, con el del periodista navarro, especializado en ETA y autor de numerosos libros, Florencio Domínguez, cuando respondió el pasado miércoles 20 de septiembre en Pamplona a una pregunta nuestra al respecto. Pero con una matización de nuestro paisano: aunque existan discrepancias, ello no implica una escisión.

Resumamos. El “proceso” estaría estancado por la falta de decisión del Gobierno, que no ha materializado los movimientos exigidos por “la otra parte”; ETA/Batasuna muestras fisuras -pues se teme que el Gobierno pretenda engañarles intentado convertir la tregua en irreversible sin concesiones sustanciales- aunque contenidas; pues únicamente desde la unidad interna puede mantener una postura firme en las negociaciones. Ya es hora, por lo tanto, de que el Gobierno se “mueva”.

No obstante, ¿qué persiguen realmente estas declaraciones? Bien podrían entenderse como un “toque de atención” del PNV al Gobierno, reclamándole decisiones firmes al objeto de evitar que el “proceso” termine naufragando; lo que haría perder posiciones al conjunto del nacionalismo en el camino de sus pretensiones últimas. Y, también, una advertencia a ETA/Batasuna, para que controle los tiempos y mantenga la calma. También puede interpretarse que, con las oficiosas opiniones de este cualificado personaje, el PNV se propone como espacio-puente en un “proceso” en el que se siente muy desplazado desde su inicio, pese a los esfuerzos de Ibarretxe. Ya se sabe: el PNV, Sancta Sanctorum de las quintaesencias patrias; por lo que reclama –faltaría más- un papel decisivo; como el que viene jugando desde hace 30 años.

A pesar de estas reservas de contexto, los juicios de Txema Montero no pueden ignorarse. No es un mero analista, ni un simple periodista, ni siquiera un siempre y tendencioso hombre de partido. Es un observador muy cualificado situado en la frontera de ambos nacionalismos. Por ello, hay que escucharle… y comprenderle.

Y para finalizar, el último episodio, que se sepa, de este tortuoso culebrón; que confirmaría que el “toque de atención” ha surtido efecto. El diario El Correo, en su edición de hoy, viernes 22 de septiembre, informa que en las últimas 48 horas se habría celebrado en la localidad navarra de Elizondo (¡qué casualidad!) una reunión entre PSE-PSOE, PNV y Batasuna en un intento de desbloqueo de la situación. Una circunstancia desmentida por los dos primeros, si bien han confirmado que los contactos, de carácter bilateral, se mantienen con frecuencia. Y todo ello con vistas a la reunión que deberán mantener representantes del Gobierno con los de ETA en fechas próximas. Pese a todo, el PSOE sigue exteriorizando optimismo; si bien las advertencias procedentes del mundo abertzale se manifiestan progresivamente inquietantes.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Páginas Digital, edición de 28 de septiembre de 2006

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Zapatero no es ningún tonto y apuntala el poder manejando la caja

Zapatero no es ningún tonto y apuntala el poder manejando la caja

Quien tiene el poder tiene el presupuesto, es así de sencillo. Y el presidente del Gobierno ha demostrado que sabe gastarlo para afianzarse en La Moncloa a base de dádivas.

Lucía Méndez (magnífica periodista y excelente persona: ¡rara avis en un oficio irrespirable!) ha disparado la mejor fotografía de lo ocurrido el pasado fin de semana en la Conferencia del PSOE.

La columnista, que durante un tiempo fue jefe de Gabinete de Miguel Ángel Rodríguez en La Moncloa -¡cada uno trabaja para quien quiere y con quien puede!-, ha estado enormemente certera, a mi modesto juicio, al describir a un jefe de Gobierno crecido, seguro de sí mismo y sobre todo con una enorme capacidad en el manejo de la caja pública para asegurarse estar en el machito.

Lo que cuenta

En efecto. Porque por encima del enorme ruido mediático sobre los Trashorras y demás compañeros mártires, el hecho cierto es que aquí lo que se ventila es quién manda y quién tiene la llave de la cuenta pública.

Zapatero -¡al final sólo ha quedado lo de la extrema derecha!- ha mandado varios mensajes claros en clave electoral que los jóvenes, las amas de casa, las grandes bolsas de votos, han percibido de inmediato, esto es: habrá mejoras económicas para todos ellos, y en un país sin referencias éticas ni valores esto es lo que cuenta.

Muchos de los dirigentes de la derecha y sus terminales mediáticas siguen creyendo que ZP es un bobo de baba y tengo para mí que se equivocan de medio a medio. Es un político profesional de toda la vida y, además, tiene suerte. Napoleón, cuando quería ascender a un coronel a general, preguntaba sobre sus hechos de armas, pero le interesaba sólo una cosa: ¿tiene suerte o no?

Zapatero la tiene. Porque subido sobre el caballo blanco del crecimiento económico –en realidad es el único input del que puede alardear- quiere repartir el exceso de liquidez en becas, en viviendas sociales para los jóvenes, extender el gasto para colectivos varios, hacer brindis a las amas de casa, rebajar el coste del transporte público, contratar a investigadores, aumentar a tope las pensiones, etc., etc. Sinceramente, ante esa capacidad de maniobra con el dinero de todos es imposible plantear batalla, salvo que esta sociedad se haya vuelto completamente loca, que en eso estamos.

No se equivoquen. Lo de la "extrema derecha" es un titular zahiriente para la oposición desmadejada, pero lo que realmente importa son las cosas de comer. Con eso se queda el pueblo llano y esas inmensas bolsas de votos que pasan olímpicamente de una clase política desprestigiada, endogámica y sin nivel. Lo que realmente interesa es, sin duda, lo que se puede pillar de la bolsa general y en qué manera afecta a cada uno de esa golosa tarta.

La economía continúa resultando el clavo ardiendo al que se aferra el socialismo en el gobierno, y pese a todos los augures el hecho cierto es que ZP tiene capacidad para gastar a manos llenas. Sólo con esas promesas ganará las próximas elecciones. Porque si en algo tiene credibilidad el jefe del Gobierno es precisamente en su capacidad para dar dinero.

Con la caja llena, no hay Lavanderas que valgan

Zapatero ha demostrado una gran aptitud de supervivencia; nadie se lo puede negar. Los hechos avalan esta capacidad. Cuando dentro de año y medio se abran las urnas y si la economía no se tuerce habrá una siembra generalizada de caudales, y quien más y quien menos, lo notará en su bolsillo. A partir de ahí, sinceramente, será muy difícil que una derecha cada vez más confusa pueda siquiera optar –pese a las encuestas ad hoc- a volver por sus fueros.

Con la caja llena y con la intención decidida de su administrador de repartirla por doquier no hay nada que hacer. Ni con tripartitos, ni con diálogos con ETA, ni con incendios, ni con Lavanderas, ni con nada.

Al socialismo actual, con el poder en la mano, será difícil ponerle fuera de combate. Simplemente, insisto, con la caja.

Ahora algunos inquilinos de Génova, 13 se mesan los cabellos por haber abandonado su principal activo de sus años de gobierno, esto es, la economía. Y empiezan a mirar hacia Rato en Washington cuando su Rolls Royce está ya para otros menesteres.

Por si faltara poco, Zapatero no tiene un partido, no, tiene una piña, como subraya Méndez. No hay mejor argamasa que el poder, esto es, el dinero.

 

Graciano Palomo

 

El Semanal Digital, 20 de septiembre de 2006

Zapatero frente a ETA

Zapatero frente a ETA

Una vez más el presidente Zapatero se vuelve a encontrar frente a sus propias aventuras políticas, en las que se embarca por su cuenta y riesgo sin las garantías necesarias, y en lo que se refiere a las grandes cuestiones de Estado, como la reforma estatutaria o la negociación con ETA, sin el apoyo necesario del primer partido de la oposición, al que además hostiga señalándole como la nueva extrema derecha o aislándolo de manera nada democrática en el Parlamento. Le pasó con el Estatuto catalán, que luego hubo de rectificar a medias —y aún pendiente del Tribunal Constitucional— y ahora le ha ocurrido con ETA cuando estaba convencido de la bondad y oportunidad de un proceso en el que Zapatero prometió contrapartidas políticas con la misma ligereza con la que ofreció al PSC y a los nacionalistas catalanes aprobar en Madrid lo que decidiera el Parlamento catalán.

La diferencia entre una y otra aventura está en que la catalana pudo rectificarla en algo gracias al pacto hallado con CiU, mientras que la negociación con ETA no tiene mucha marcha atrás, porque Otegi y ‘Ternera’, los presuntos negociadores de la banda tras los que se esconden los jefes respectivos de Batasuna y ETA, Permach y ‘Txeroki’, no son comparables a Carod y Maragall a la hora de rectificar. Porque Zapatero dio alas a los etarras al autorizar un diálogo del PSE-PSOE con la ilegal Batasuna y al aceptar como plataforma negociadora las dos mesas, política y militar, que exigía ETA para poner lo que ellos llaman “punto final al conflicto vasco”, que no es otra cosa que el terrorismo y no un conflicto político como lo han pretendido los etarras en el inicio del proceso en el que Zapatero, además, consintió la vista gorda del fiscal general y del Ministerio de Interior. Así quedó en flagrante evidencia cuando se comprobó que agentes de la Policía advirtieron a los cobradores etarras de la extorsión de que eran seguidos para su posterior detención.

Esto se veía venir desde que Zapatero, al inicio de la legislatura, unificó su estrategia de reforma estatutaria con la negociación etarra, convencido de que las concesiones que en el ámbito de la soberanía les ofrecía a los nacionalistas catalanes iban a servir para que los etarras apreciaran su pasión federal, al menos como primer paso para debatir lo que ellos consideraban su objetivo prioritario: fin de la violencia a cambio del derecho de la autodeterminación. Y todo ello previa legalización de Batasuna y de otras concesiones a los presos etarras, lo que permitiría a la banda una disolución pactada con un triunfo de nivel político, en vez de una simple rendición.

Pero la ambigüedad y las concesiones políticas que marcaron el despegue del proceso han acabado enredándolo todo y el presunto pragmatismo de Otegi y ‘Ternera’ se ha visto superado por la firmeza de Permach y ‘Txeroki’, respectivamente en Batasuna y en ETA, lo que hace temer por el final de la tregua y el regreso de la banda a la acción armada tal y como lo han anunciado los últimos comunicados etarras de este fin de semana, así como los propios dirigentes de Batasuna, que creen tener al Gobierno en sus manos.

Tan es así, que Zapatero se ha visto en la necesidad de hablar ahora de firmeza frente a ETA en sus últimas declaraciones del domingo en Barcelona mientras desde su entorno monclovita se insiste en que esta crisis no debe suponer la ruptura del proceso porque en opinión del presidente y de su equipo asesor en esta materia la tregua de ETA no tiene marcha atrás. De ahí que consideren sin importancia la reaparición de la kale borroka e incluso los últimos comunicados de ETA, que sí preocupan a otros sectores del Gobierno y del propio partido socialista, donde consideran que Zapatero se ha podido precipitar.

Vamos a ver lo que ocurre y qué decide finalmente ETA, que es quien tiene en este caso las riendas de la situación, porque el Gobierno y su presidente, enfrentados ahora a la opinión pública, no pueden ceder más a las exigencias políticas de la banda, la que se encuentra en la disyuntiva de abandonar las armas o regresar a la violencia criminal.

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 25 de septiembre de 2006

Carta de un aragonés perplejo: "Yo soy la extrema derecha..."

Carta de un aragonés perplejo: "Yo soy la extrema derecha..." "...Porque tengo el convencimiento absoluto, a la luz de los acontecimientos, de que la verdad real sobre el atentado del 11-M difiere de la verdad oficial que se nos quiere imponer.

...Porque acudo a manifestaciones y concentraciones de la Asociación de Víctimas del Terrorismo y me opongo a que se pacte para que terroristas y asesinos como Txapote, De Juana o Parot salgan a la calle.

...Porque no logro comprender que un partido nacional se coaligue con partidos de la extrema izquierda antiespañola y entre todos aprueben un Estatuto de Autonomía para Cataluña que no solo vulnera sino que pulveriza nuestra Constitución de 1978.

...Porque creo en el mestizaje pero no en el “papeles para todos”.

...Porque tengo la certeza moral absoluta de que lo que sucedió con el petrolero Prestige fue tan accidental como los incendios que han asolado este verano los bosques gallegos.

...Porque prefiero que los hijos tengan un padre y una madre en lugar de dos padres o dos madres.

...Porque me parece una falacia que si los ejércitos son enviados por un gobierno de derechas siempre vayan a una guerra y si los envía un gobierno de izquierdas (Irak -1991; Afganistán - 2.004 y Congo y Líbano - 2.006) vayan siempre en misión de paz .

...Porque creo más en Estados democráticos que en los tutelados y amparados por organizaciones terroristas como Hamas o Hezbollah.

...Porque quisiera que el Gobierno de mi país se aliara con Estados democráticos y no con Estados con regímenes dictatoriales."

(A.C.S.L., Zaragoza)

Enigmas del 11-M: algo más que conspiraciones raras

Enigmas del 11-M: algo más que conspiraciones raras Quizá no es razonable todo lo que el PP plantea, pero el PSOE no está dando explicaciones a preguntas muy concretas que se le hacen.

A lo largo de estos últimos días El País ha venido dedicando una extraordinaria, extensa y agresiva atención a las informaciones que sobre los avatares de la investigación del 11-M viene publicando El Mundo.


Llama la atención que un periódico dedique tanto espacio a otro aunque sea para desmentirlo y acusarlo. No es una práctica habitual en el terreno periodístico donde se considera que el negocio pasa precisamente por citar lo menos posible al competidor.

Existen, por tanto, razones que no tienen nada que ver con la lógica periodística y que no pueden ser otras que razones políticas, dada la trayectoria que ha caracterizado siempre a El País y su clara y beligerante alineación con las tesis del gobierno.

Otro dato informativo es el debate que se produjo en Comisión entre Rubalcaba y el Portavoz del PP, Zaplana. Habilidades parlamentarias al margen, el resultado es que Zaplana preguntó lo que quería y Rubalcaba contestó lo que le interesaba, con lo cual, una vez más, los ciudadanos nos hemos quedado en la inopia.

Es malo que ante un desastre tan grave como sucedió el 11-M solo estén en el escenario dos posiciones excluyentes: una, la del gobierno que sólo sabe repetir que los datos que pone sobre la mesa el PP forman parte de una ridícula obsesión carente de base. Otra, que el Partido Popular sostiene que hay datos que no han sido estudiados y que deberían aclararse.


Es posible que todo lo que plantee el PP no sea razonable, pero sí es cierto que, por el contrario, hay elementos suficientes que deben mover a la preocupación del Juez, los ciudadanos y, por consiguiente, del gobierno, porque no encajan.

Algunos son muy concretos y específicos: los relacionados con el tipo de explosivos, la existencia o no de determinados vehículos comprometedores en lugares y fechas determinantes, la existencia de contactos previos significativos entre delincuentes y etarras, etc.

Pero también existe un no encaje global, obvio, que radica en la excesiva diferencia que existe entre la planificación del atentado, altamente profesional y muy preparada, y el carácter chapucero del acto. En esta perspectiva global, llama la atención la ausencia absoluta de mártires dispuestos a inmolarse. En otras palabras: es un atentado que ni responde a los patrones del islamismo “yihadista” ni a los del terrorismo musulmán voluntarista, como fueron los casos de Gran Bretaña o los frustrados en EEUU.


Todo esto da pie a tener como segunda hipótesis la existencia de un autor planificador distinto del ejecutor. Esta evidencia debe ser profundizada y aclarada. Esto no significa necesariamente aceptar la hipótesis de ETA.

Puede, en teoría, haber otros agentes y no es necesario tener un exceso de imaginación para pensar en los servicios de inteligencia de un país vecino situado en las fronteras del sur. Sea como sea es un deber para el gobierno que la tragedia del 11-M se supere bien, sin dudas.

Porque, todo hay que decirlo, otras informaciones colaterales y precedentes históricos no ayudan a tranquiliza a aquellos que carecemos de una fe ciega en el PSOE. Si como afirma el fundador y antiguo dirigente de ETA Madariaga, en el 2004 el PSOE ya buscaba canales para negociar con ETA, ello conduce a la hipótesis de que la organización terrorista podía llegar al convencimiento de que existía una buena predisposición en el Partido Socialista que resultaba inútil mientras no gobernase y que, por lo tanto, salir del atolladero en que se encontraba ETA después del 11-S y la reacción americana y europea contra el terrorismo, la ilegalización de Batasuna y la decidida actitud francesa, pasaba por derrotar al PP.


Finalmente, hay suficientes datos históricos como para constatar que el Partido Socialista, mejor dicho algunos de sus miembros, han caído en tentaciones extrañas en el pasado. Lo más probable es que la narración del 11-M se corresponda con la versión oficial pero esto servirá de muy poco si antes no se aclaran las excesivas contradicciones y vacíos que el sumario y la información de los medios de comunicación han hecho emerger.

Forum Libertas, 15 de septiembre de 2006

Partículas elementales

Partículas elementales Aunque me resulta muy difícil creer en Dios, no dejo de constatar que la expansión de la increencia y la conversión del ateísmo en ideología han ido de la mano con la expansión del crimen y el genocidio. Ningún ateo que se pretenda serio puede dejar de analizar el fenómeno.

En rigor, el ateísmo ideológico conduce a borrar la noción misma de crimen. Como animal moral, si así queremos llamarlo, el hombre carga con el misterioso peso de la culpa, y la moral viene a ser su digestión. La religión sostiene que el mal, y por tanto la culpa, reside en nosotros mismos, y que puede transformarse en bien; pero que proyectar la culpa sobre los otros constituye una mala "digestión" de ella, falsamente liberadora.

Las ideologías, por el contrario, cultivan y sistematizan la proyección de la culpa, una tendencia muy fuerte en todos nosotros. Ellas han descubierto que el mal no es un fantasma inaprehensible, sino que encarna en cuerpos sociales reconocibles, tales como la burguesía, los judíos, la Iglesia, las razas inferiores, el varón, el estado y sus servidores, la gente mayor de tal o cual edad, los imperialistas... Cada ideología tiene su preferencia. Eliminando a los culpables, el hombre recobraría la feliz inocencia animal del paraíso, aspiración de todos los utopismos. Por lo tanto, exterminar a los portadores del mal, si osan resistir o incluso si no resisten, deja de ser un crimen para convertirse en un acto necesario, incluso en una virtud, si la noción de virtud no se vaciase también al desaparecer la de crimen.

Se entiende fácilmente la fascinación ejercida por las ideologías y por qué renacen una y otra vez, con nuevas formas. En Las partículas elementales Houellebecq ha propuesto, y me parece que no como ironía, la penúltima salida utópica y en cierto modo más audaz, desarrollando de forma positiva la utopía huxleyana de Un mundo feliz. El mal residiría, efectivamente, en el propio ser humano, especialmente en su parte masculina, y consistiría, en fin, en la reproducción sexual, la individuación y la muerte. Pero hoy, el mal dejaría de ser un problema moral sin salida para transformarse en problema genético. La ciencia nos permitiría atisbar una superación de la miseria humana mediante la extensión de la sexualidad como fuente de placer y de "bien", completamente al margen de la reproducción. Ésta se efectuaría por otros medios, la clonación o algo así, asegurando una virtual inmortalidad y una pérdida acusada de la dañina individualidad. Los hombres –más bien las mujeres– serían como dioses, según la promesa de Satán, y volverían al paraíso, aunque ya no serían propiamente humanos. La humanidad actual aceptaría su propia extinción con alivio, cosa bastante lógica, vistas así las cosas.

¿Una tontería? Probablemente. Todos los utopismos tienen un fondo de estupidez. Pero prueben a desmontarla y verán que no es tan fácil.

Pío Moa

Libertad Digital, 1 de septiembre de 2006

"En guerra contra fascistas islámicos"

"En guerra contra fascistas islámicos" En su primera respuesta al importante susto aéreo del terror en Londres, el Presidente Bush afirmaba el 10 de agosto que "Las recientes detenciones de las que nuestros conciudadanos están teniendo noticia ahora mismo son un crudo recordatorio de que esta nación está en guerra con fascistas islámicos que utilizarán cualquier medio para destruirnos a aquellos que amamos la libertad, para perjudicar a nuestra nación.

El uso por su parte del término "fascistas islámicos" provocó atención y controversia, especialmente entre los islamistas.

En una concentración pro-Hezbolá frente a la Casa Blanca el 12 de agosto, el tumulto (según la descripción del Washington Post) "alcanzó el punto álgido de agitación cuando los oradores denunciaron las referencias del Presidente Bush del Islam". En particular, el presidente de la Sociedad Musulmana Americana, Esam Omesh, logró una masiva aclamación cuando (¿deliberadamente?) manipuló las declaraciones del presidente: "Sr. Bush: deje de llamar 'fascismo islámico' al Islam".

Nihad Awad, del Council on American-Islamic Relations, llamó al término "contraproductivo" y "pobremente aconsejado", repitiendo el truco usual de CAIR de que la violencia en nombre del Islam no tiene, en realidad, nada que ver con el Islam. Aún más irracionalmente, Awad llegó a sugerir que "nos aprovechemos de estos incidentes para asegurarnos de no comenzar una guerra religiosa contra el Islam y los musulmanes".

El presidente de la junta de CAIR, Parvez Ahmed, envió una carta abierta al Presidente Bush: "Usted ha dicho en muchas ocasiones que el Islam es 'una religión de paz'. Hoy, usted ha equiparado la religión de la paz con la fealdad del fascismo". En realidad Bush no hizo eso (equiparó solamente una forma de "la religión de la paz" con el fascismo), pero Ahmed señalaba inadvertidamente la evolución en el pensamiento del presidente - y del país - distanciándose de las fantasías en favor del pensamiento real.

Edina Lekovic, del Consejo Musulmán de Asuntos Públicos, repetía el argumento de MPAC de la necesidad de fomentar a islamistas para el contraterrorismo: "Cuando la gente que más necesitamos en la lucha contra el terrorismo, los musulmanes americanos, se sienten alienados por la caracterización del presidente de estos presuntos terroristas, se hace más daño que bien". (¿Presuntos terroristas?) Su defensa, sin embargo, ha quedado recientemente en entredicho a causa del ejemplo de Mubin Shaij y los 17 de Toronto, en el que un informador islamista ha sido ampliamente condenado por sus correligionarios musulmanes. Lekovic sin embargo sí expuso una idea semántica: "Habría sido mucho más preciso si hubiera relacionado la situación con un segmento de personas en lugar de todo un credo, a lo largo de las líneas, digamos, de fascistas musulmanes radicales".

La Asociación Musulmana de Gran Bretaña anunciaba que "condena" la formulación de Bush y teme que tales comentarios "proporcionen otra excusa más para poner a la minoría musulmana en el objetivo de fuerzas de extrema derecha de Occidente". Este temor es calculado, teniendo en cuenta los pocos incidentes anti-musulmanes que realmente tienen lugar en Occidente, en comparación con la cifra de ataques musulmanes contra occidentales.

También suenan rumores de una respuesta musulmana más agresiva. "Algunos hipermercados de Riyadh", informa Arab News, "ya han comenzado a retirar productos americanos de sus estanterías en respuesta a 'la campaña norteamericana anti-Islam'". ¿Llevará este incidente a una mayor separación de civilizaciones?

Comentarios:

(1) Esta no es la primera vez ni de lejos que Bush ha utilizado el término fascista islámico (o islamofascista); se ha convertido en parte de su vocabulario rutinario desde su discurso de ruptura en la materia en octubre del 2005, un discurso que, extrañamente, fue despreciado por los principales medios como una chapuza, mientras que esta ligera referencia es tratada como grandes noticias. (Newsweek la llama "una bomba retórica"). Vaya usted a saber.

(2) Lo nuevo el 10 de agosto fue su formulación de que Estados Unidos está "en guerra con fascistas islámicos". Esto fue más directo y contundente que nada anterior.

(3) Fascista islámico o islamofascista son más utilizados que nunca antes, como puede confirmarse de una búsqueda de esas palabras en la entrada de mi weblog, "Llamar islamismo al enemigo". Destacadamente, el Senador Rick Santorum dio un poderoso discurso el 20 de julio en el que utilizó el término fascista o fascismo en referencia al Islam 29 veces. Tanto la MSNBC como el Atlanta Journal-Constitution han sugerido que el uso por parte de Santorum de este término es responsable de su adaptación por parte de la Casa Blanca.

(4) Protestas de los islamistas al margen, Bush ha indicado que planea continuar utilizando este término. Su portavoz, Tony Snow, explicaba en una entrevista por correo electrónico con la cadena de prensa Cox que Bush ha cambiado gradualmente de "guerra contra el terrorismo" a "guerra contra fascistas islámicos". Con esta nueva especificidad, continua Snow, Bush "intenta identificar la ideología que motiva a muchos grupos terroristas organizados. También intenta dejar claro que la etiqueta no se aplica a todos ni a la gran mayoría de los musulmanes, sino a facciones reducidas", como Al-Qaeda.

(5) Parece que las manifestaciones islamistas han sido contraproductivas, trayendo como consecuencias negativas llamar más la atención sobre el término e irritar a la Casa Blanca.

(6) Celebro la creciente apertura a centrarse en alguna forma de Islam como enemigo, pero encuentro engañosa la palabra fascista en este contexto. Existen pocas conexiones históricas o filosóficas entre el fascismo y el Islam radical. El fascismo glorifica al estado, enfatiza "la pureza" racial, promueve el Darwinismo social, denigra el raciocinio, exalta la voluntad y rechaza la religión organizada - todos puntos anatema de los islamistas.

En contraste, el Islam radical tiene muchos vínculos, tanto históricos como filosóficos, con el marxismo-leninismo. Mientras preparaba su doctorado en París, Alí Shariati, el principal intelectual detrás del giro al Islam en Irán en los años 70, traducía a Franz Fanon, al Ché Guevara y a Jean-Paul Sartre al persa. Más en general, citando a la analista iraní Azar Nafisi, el Islam radical "extrae su lenguaje, sus objetivos y sus aspiraciones y demás de una de las formas más puras de marxismo, igual que hace de la religión. Sus líderes están tan influenciados por Lenin, Sartre, Stalin o Fanon como por el Profeta". Durante la guerra fría, los islamistas optaron por la Unión Soviética frente a Estados Unidos; hoy tienen muchas más conexiones y mucho más profundas con la extrema izquierda que con la extrema derecha.

(7) No obstante, algunas voces argumentan a tientas en favor de la precisión de "fascistas islámicos". Después de utilizar en persona el término en televisión, el Secretario de Seguridad Nacional Michael Chertoff lo justificaba observando que bin Laden ha hablado de restaurar el Califato, el imperio que existía hace siglos al sur del Mediterráneo. No es nada - es demente, pero esencialmente es una visión de un imperio totalitario con él a la cabeza bajo una especie de concepción perversa de religión. Eso se aproxima mucho a satisfacer mi definición de fascismo. Puede no ser el fascismo clásico que tuvimos con Mussolini o Hitler, pero es una intolerancia totalitaria - imperialismo que tiene una visión que se enfrenta por completo a la sociedad occidental y a nuestras libertades y al mandato de la ley.

El Washington Times también aprobaba el término en un editorial titulado "Es fascismo".

El Fascismo es una filosofía política chauvinista que exalta al grupo sobre el individuo - normalmente una raza o nación, pero en este caso son los fieles de una religión. El fascismo también casa con el gobierno autócrata centralizado de ese grupo en supresión de otros. Normalmente defiende un régimen económico y social severo y la subordinación total o casi total del individuo a la directiva política. Esto describe con precisión las filosofías de Hitler, Mussolini, los líderes del Japón Imperial y otros regímenes fascistas a través de la historia. También describe a los terroristas del jueves. Describe de manera muy precisa la filosofía de al Qaeda, Hezbolá, Hamas y muchas otras muestras de islamismo en todo el mundo.

(8) El uso de fascistas islámicos debería verse como parte de una búsqueda de décadas de duración del término adecuado para bautizar una forma de Islam que es inconfundiblemente política, extrema y a menudo violenta. Ya he confesado que me encuentro en mi quinto término (habiendo utilizado previamente neo-ortodoxo, fundamentalista y militante, y utilizando hoy radical e islamista). Mientras que fascistas islámicos matiza más que terroristas, esperemos que emerja pronto un consenso mejor. Mi voto es para islamistas.

 

Por Daniel Pipes

Grupo de Estudios Estratégicos.

Colaboraciones nº 1172, 29 de Agosto de 2006