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El PSE reconoce que el momento político es «complicado»

El PSE reconoce que el momento político es «complicado»


La reunión entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy centró ayer la mayoría de las declaraciones de los portavoces políticos. Así, mientras desde el PSE insistían en tender la mano al PP para alcanzar un acuerdo, dirigentes de este partido arremetían contra el presidente español. En medio de esta cascada de reacciones, el secretario general del PSE de Bizkaia admitía que la situación política es «difícil».

GASTEIZ

Después de varias jornadas en las que desde círculos cercanos a La Moncloa y al PSOE se ha querido restar importancia a la delicada situación que vive el proceso de resolución del conflicto, el secretario general del PSE en Bizkaia, José Antonio Pastor, reconoció ayer que la situación política actual «hay que calificarla de difícil». En declaraciones efectuadas a la agencia Europa Press, Pastor se refirió al «complicado momento» para, a continuación, mostrar su confianza en que «se pueda llegar a primavera con noticias más esperanzadoras».

El portavoz del PSE en la Cámara de Gasteiz, en cualquier caso, sólo se refirió a la kale borroka cuando aludió a los hechos que «no facilitan, ni mucho menos, que un proceso como éste se desbloquee y avance», y consideró incluso que «la violencia callejera es el verdadero obstáculo e inconveniente para el proceso».

A este respecto, argumentó que acciones como la producida el jueves pasado en Donostia, cuando varios desconocidos incendiaron un autobús y atacaron la Comandancia de Marina, «legitima los argumentos de quien no quiere que se avance en esta historia».

Fue sin embargo la reunión protagonizada el viernes por el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder del PP, Mariano Rajoy, el tema que acaparó ayer las declaraciones efectuadas por la mayoría de los portavoces políticos.

Mano tendida al PP

El propio Pastor lamentó que el presidente del PP acudiera a la cita con «las ideas preconcebidas», aunque quiso aportar un matiz positivo a su valoración, al mencionar que «se ha moderado el tono» de Rajoy en sus declaraciones.

«El Gobierno no va a renunciar a seguir intentando que el PP se implique en el consenso democrático necesario con todos los demás partidos», explicó el dirigente del PSE, aunque agregó que «si no fuera así, seguiremos adelante con la misma dedicación que teníamos hasta la fecha para hacer posible el proceso de paz».

Quienes no variaron un ápice su tono de crítica al Ejecutivo de Zapatero fueron los representantes del PP, como su portavoz en la CAV, Leopoldo Barreda, quien censuró que el mandatario español «no ofreció garantías para evitar que Batasuna esté presente en la convocatoria electoral» de mayo.

El secretario de Comunicación de su partido, Gabriel Elorriaga, opinó que Zapatero «buscaba la foto» con Rajoy y que no pretendía «acercar posturas ni rectificar errores».

A su parecer, el presidente español «buscaba confundir a la opinión pública proyectando la imagen de una persona dialogante», y consideró que «no hay voluntad sincera de consenso» por parte del Ejecutivo. «Nuestras expectativas son bajas a la luz de los acontecimientos», manifestó Elorriaga en una entrevista a la cadena Cope. En cambio, para el portavoz del PNV en el Congreso español, Josu Erkoreka, el encuentro del viernes fue «positivo en sí mismo», ya que «el proceso de paz necesita del máximo consenso entre las fuerzas políticas».

«Un clima de tranquilidad»

«Quiero encontrar un punto de optimismo, de esperanza, un buen augurio para el futuro en el hecho de que Rajoy no se haya deslizado en su valoración por la vertiente descalificatoria por la que venía deslizándose en los últimos tiempos», señaló el diputado jeltzale, quien valoró también que «si las cosas van bien, si los indicadores son positivos y todo el mundo acompaña a crear un clima de mayor tranquilidad, está claro que el PP irá aproximándose poco a poco».

La también diputada en la Cámara Baja española, Begoña Lasagabaster (EA), por su parte, dijo no apreciar «ningún cambio» en las posiciones que mantuvo el viernes Rajoy a la salida de su cita en La Moncloa.

En una comparecencia conjunta con el senador de su partido José Ramón Urrutia para hacer balance de la actividad desarrollada en las dos cámaras, Lasagabaster sostuvo que los responsables del PP «en el fondo saben que existe una buena oportunidad» pero que, como están en la oposición, «no le quieren dar ninguna alegría al Gobierno». «Confiamos en que exista un cierto sentido común, y al final pongan algo de sentido de su parte para que esto funcione y vaya hacia adelante» apuntó la diputada de EA.

Al igual que ella, el coordinador general de EB, Javier Madrazo, criticó que ni Zapatero ni Rajoy «han aportado nada nuevo al proceso de paz».

Gara, 24 de diciembre de 2006

La presentación de la biografía de Tomás Caballero reúne a más de 300 personas

La presentación de la biografía de Tomás Caballero reúne a más de 300 personas

La vida del edil asesinado por ETA es obra de los historiadores Arbeloa y Fuente

 

La razón principal del libro sobre Tomás Caballero que ayer se presentó en Pamplona la expone abiertamente su hijo Javier en el prólogo: «Entre tantos miles de personas con las que siempre estaremos en deuda por sus muestras de solidaridad y apoyo, fueron muchas las que se acercaron, con la mejor de las intenciones, para indicarnos que una vida tan densa como la que se nos acababa de arrebatar no podía perderse por el paso del tiempo en la memoria de quienes la habíamos compartido, sino que debía permanecer para siempre mediante la publicación de una biografía». Las 900 páginas del libro garantizan ese objetivo y ofrecen un documentado recorrido por la transición navarra.

 

El 6 de mayo de 1998, cuando ETA lo asesinó junto a la puerta de su casa, Tomás Caballero era concejal de UPN en el Ayuntamiento de Pamplona. Pero antes había sido muchas otras cosas. Víctor Manuel Arbeloa y Jesús María Fuente, los autores de su biografía, explicaron en el acto celebrado ayer en un salón del hotel NH Iruña Park que Tomás Caballero es un hombre «típico» de la transición: «Es difícil encontrar a alguien que reúna tantos aspectos de aquella época en su propia vida. En Tomás encontramos al sindicalista, al concejal o al político, pero también al padre de familia, al hombre religioso o al socio de Oberena».

La afirmación de los dos historiadores tenía un espontáneo correlato entre las más de 300 personas que les estaban escuchando. Allí se encontraban la viuda de Tomás, Pilar Martínez Oroz -que les acompañó en la mesa-, y sus cinco hijos: Ana, Javier, María, Tomás y José Carlos. Estaban también el presidente Miguel Sanz y varios consejeros del actual Gobierno, pero estaban además concejales de las tres últimas décadas, sindicalistas de largo recorrido, compañeros de Tomás en Oberena, compinches de su niñez tudelana, antiguos miembros del Consejo de Trabajadores, matrimonios amigos o colegas de Fuerzas Eléctricas. Y estaban, por supuesto, muchas de las personas que han padecido de forma más directa el terrorismo de ETA. Todos aplaudieron las intervenciones de los autores. Éstos ofrecieron varias «pinceladas» de la vida de Tomás Caballero leyendo algunos pasajes significativos del libro.

 

El título completo es Vida y asesinato de Tomás Caballero. 50 años de lucha democrática en Navarra. Ha sido editado por Nobel con ayuda de la Fundación Víctimas del Terrorismo.

 

JAVIER MARRODÁN

 

Diario de Navarra, 22 de diciembre de 2006

 

La guerra de los Belenes: una ofensiva contra nuestra identidad

La guerra de los Belenes: una ofensiva contra nuestra identidad


Es la guerra de moda en España. Como en una nueva rebelión de los iconoclastas, la izquierda quiere desterrar el Belén. No son sólo tres colegios: la ofensiva es general. Van a por nosotros.

 

Un colegio de Zaragoza prohibió celebrar la Navidad para no molestar a la minoría de alumnos de otras confesiones. En Mijas, Málaga, la directora de un instituto ha arrojado a la basura el Belén elaborado por los alumnos de Religión porque, según la doña, "en la escuela pública de un país laico no están permitidos los símbolos religiosos". El director de otro instituto, éste en Cartagena, ha vetado el Belén navideño y ha retirado todos los símbolos religiosos "porque España es un país aconfesional". Hay muchos más casos: lo cuentan los lectores. Tampoco falta, por supuesto, quien juzga tales ataques como gestos de "espíritu democrático".

 

No cabe duda de que nos hallamos ante una ofensiva. No propiamente una ofensiva antirreligiosa, como se dice por ahí –a los musulmanes les dejan construir mezquitas en todas partes, y con respaldo oficial-, sino una ofensiva expresamente anticatólica, dirigida de forma deliberada contra la confesión ampliamente mayoritaria de los españoles. ¿Y por qué sacuden sólo a la Iglesia católica, y no a los judíos, a los musulmanes o a los protestantes? Porque el fondo de esta ofensiva no es el ataque a la religión, sino muy concretamente el ataque a la identidad tradicional de los españoles. Y del mismo modo que inventan naciones por todas partes para deshacer la identidad nacional española, así también aspiran a destruir una identidad religiosa que es, además, identidad cultural e histórica. Lo que la izquierda ha emprendido es una ofensiva anti-identitaria.

 

Aunque ellos ya lo saben, recordemos lo esencial. España es un país aconfesional, es decir, donde caben todas las confesiones, porque el Estado no se somete a ninguna. España no es un país laico, es decir, un país que no reconociera a ninguna confesión cualidad de agente en la vida pública. Incluso aunque fuera un país laico, es dudoso que los símbolos religiosos debieran ser perseguidos. De cualquier manera, no es el caso: nuestro sistema es aconfesional, y ello significa que el Estado tiene que respetar las creencias de las personas. Si rompe esa "neutralidad ética", como la llama Habermas –véase nuestro artículo de hace un par de semanas-, entonces limita la libertad de la gente. Es así de simple.

 

Resulta descorazonador que la izquierda española no lo entienda. Vacía de ideas pero borracha de resentimiento, parece decidida a aprovechar el adormecimiento generalizado de la sociedad de consumo, esta narcosis idiota de hipoteca-vacaciones-y-paz, este nihilismo blando de la indiferencia globalizada, para ahogar todo lo que en su día no pudo romper. La izquierda española tiene una acusada tendencia a considerar que la democracia es cosa suya y que todos los demás, aunque sean –o seamos- más que ellos, no ponemos manchar tan sublime palabra poniéndola en nuestra sucia boca. Esa superstición mesiánica, ese fetichismo sectario, ya nos llevó una vez a una brutal catástrofe para toda España y muy especialmente para la propia izquierda. Todos deseábamos creer que era cosa del pasado. Pero ahora tenemos aquí a una nueva generación que sólo mira a sus abuelos para reivindicar sus errores.

 

Y bien: si estos son los términos del combate, la verdad es que no nos quedan muchas otras opciones sino resistir. El célebre adagio schmittiano de que lo esencial de la política es "designar al enemigo" merece un matiz: con frecuencia, es el enemigo quien nos designa. Esta gente nos ha designado a nosotros, derecha genérica –identitaria, nacional, católica, lo que sea- como enemigos de su concepto excluyente de la democracia, y ya se va viendo que de nada sirven los llamamientos a la concordia y a la convivencia. Una buena porción de la izquierda vigente considera que tiene derecho a atacar. En esas condiciones, la única opción razonable es dar un paso al frente.

 

Cristina López Schlichting me decía hace poco que "poner un Belén va a acabar convirtiéndose en un acto revolucionario". Suena cómico, pero quizás ahí esté precisamente la clave de la cuestión. Durante generaciones hemos hecho estas cosas –celebrar la Navidad, respetar a la Cruz, honrar a la bandera, admirar nuestra historia, todo eso- mecánicamente, también de forma inconsciente, con la ritualidad fría que se dispensa a un orden instalado en lo cotidiano. Sencillamente, el mundo era así. Pero hay que "cambiar el chip", como dice el castizo cibernético. El mundo ha dejado de ser lo que era y nunca volverá a ser lo que fue. Ahora, en efecto, poner un Belén es un acto revolucionario. Y todas aquellas cosas que antes hacíamos de manera mecánica, apagada, ritual inconsciente, hay que empezar a hacerlas de manera eléctrica, destello de energía, liturgia consciente de unos emboscados que ya no piden ni reclaman, sino que conquistan su libertad. Poner un Belén, sí, va siendo un acto revolucionario. Por eso, además, hay que hacerlo.

 

Y al bueno de San José quizás haya que añadirle, junto a la tradicional vara, un hacha. Para que se defienda cuando vengan los nihilistas a "okupar" el pesebre.

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 22 de diciembre de 2006

MEMORIA DEL TERROR SOVIÉTICO. El hombre que eligió la esclavitud

MEMORIA DEL TERROR SOVIÉTICO. El hombre que eligió la esclavitud

(Para Rosana). Mi primer recuerdo de Valentín González proviene de las Convulsiones de España de Indalecio Prieto, otro testimonio que convendría "redescubrir, reeditar y repensar". Allí se denuncia, por boca de el Campesino, la maniobra de los agentes soviéticos para sacar al socialista del Gobierno. No dudaron entonces en sacrificar tanto Teruel como al legendario combatiente comunista, quien ya en esas fechas había dado muestras de rebeldía contra los enviados de Stalin.

 

Las referencias épicas al Campesino en la bibliografía sobre la Guerra Civil y las enigmáticas menciones a su rebelión contra Líster durante su exilio en la URSS proporcionan a su biografía un aire de acertijo que reclama ser resuelto. ¿Qué ocurrió? ¿Por qué las fotografías de este simpático barbudo de jersey grueso y rostro afilado iban siempre acompañadas de una arcana mención a su posterior ruptura con el PCE?

El interés histórico y literario despertado por el Campesino es el tema del prólogo de Federico Jiménez Losantos a esta reedición de Vida y muerte en la URSS (1950). Entre otras cosas, FJL revela su propia fascinación por el personaje, de quien Solzhenitsyn había hecho mención en Archipiélgago Gulag y cuya leyenda habría inspirado una novela a un preso político. La introducción subraya, además, el misterio que rodea a algunos capítulos de la vida de Valentín González.

En tal contexto, la narración de los diez años que este comunista pasó en la Unión Soviética, su paso por la Lubianka, el Gulag y los horrores que describe sorprenderán a quien se acerque por primera vez a una obra de denuncia del terror soviético. Incluso cabría preguntarse si todo lo aquí relatado es cierto. Sin embargo, basta un somero repaso a las investigaciones publicadas en las últimas décadas, y reseñadas en la primera parte de El libro negro del comunismo (1997), para darse cuenta de que el Campesino no exageró. Y si a esto le sumamos las obras de Solzhenitsyn, Robert Conquest y Robert Service, redescubiertas para el gran público gracias al magistral Koba el Temible (2003) de Martin Amis, el veredicto no puede ser otro que la confirmación de la veracidad de todo lo denunciado por Valentín González, que por otra parte ya se anunciaba en el profético Mi viaje a la Rusia soviética (1921) del socialista Fernando de los Ríos.

No sólo en Europa, también en los EEUU se produjo una sorprendente labor de ocultación de las miserias del "socialismo real", por parte de compañeros de viaje y palomas troyanas. También allá hubo un Proceso Kravchenko, el protagonizado por la revista The Nation, a la sazón dirigida por el republicano español Álvarez del Vayo, contra su antiguo editor artístico, Clement Greenberg, tras denunciar éste el sesgo prosoviético de la publicación. Mientras tanto, y a pocos metros de distancia, Commentary, la revista editada por el American Jewish Committee, denunciaba las atrocidades bolcheviques en unos conmovedores y epatantes textos hoy tristemente olvidados.

A estos y otros acontecimientos parece aludir el Campesino cuando clama, en el párrafo final de sus memorias, contra los escépticos, cuya actitud equivale, "de hecho, a una complicidad, porque el Kremlin y su quinta columna lo explotan hábilmente para enmascarar su política, desencadenar sus agresiones y preparar su dominación mundial".

Nada de lo contado por el Campesino es nuevo. Con la excepción del barojiano relato de sus infructuosos intentos de huida de la URSS a través de la frontera con Irán, todo había sido destapado por otros. Sin embargo, para el neófito en bolchevismo estas memorias constituyen una valiosísima aproximación a algunos de los más terribles mecanismos del terror rojo; entre ellos, los célebres lavados de cerebro llevados a cabo en la Lubianka, la atmósfera de delación y espionaje a que la temible NKVD sometió al pueblo ruso y la auténtica ley de la jungla imperante en la Unión Soviética, una sociedad de castas en la que el bandidismo fue para muchos el único recurso para sobrevivir. Y, subyacente a estos y otros asuntos, como el genocidio en el Báltico, Ucrania y el Cáucaso, y el Gulag y sus "¡veintitrés millones de esclavos!", el frío y despasionado rigor burocrático con que todo esto se llevó a cabo, algo que incluso hoy en día muchos confunden con un supuesto "alto rendimiento" del sistema político soviético.

Asimismo, el énfasis de el Campesino en la situación de sumisión de la mujer, obligada a menudo a recurrir a la prostitución como medio de subsistencia, derriba uno de los últimos mitos sobre el bolchevismo, que con tanta pericia manejan en la actualidad las plañideras del Muro de Berlín.

El lector familiarizado con la literatura sobre el bolchevismo encontrará, además de todo esto, ilustrativas y clarificadoras alusiones a los métodos usados por la Komintern y la Kominform para asegurarse la sumisión de los partidos comunistas a sus dictados. A este respecto, la entrevista de Indro Montanelli, realizada en el refugio parisino de Valentín González en 1950, y de la que se desprende la misma fascinación ambivalente que el Campesino ha suscitado en tantos, es otro acierto de la presente edición. En ella Gorkin, el transcriptor de los recuerdos de Valentín González, expresa su temor a que su amigo pudiera ser objeto de represalias por parte de los soviéticos, a lo que el héroe comunista replica: "Pero si los rusos vienen a luchar contra Francia o Italia o Alemania, yo estaré aquí con un automático en las manos".

Afortunadamente, no hizo falta que ni él ni nadie empuñaran los fusiles contra los soviéticos en las calles de Roma o París. El imperio soviético se derrumbó, a pesar de los cien años que Javier Tusell y otros le habían augurado, y tras de sí dejó uno de los mayores desastres humanos y ecológicos de la historia. Nunca antes el ser humano había sido capaz de destruir tanto en tan poco tiempo.

Es por esto que el esfuerzo de memoria histórica de Ciudadela es un eficaz antídoto contra la paradoja del sabio que no dice lo que sabe y el necio que no sabe lo que dice. Tal vez algún día veamos el mundo como es, y no como somos nosotros.

Por ANTONIO GOLMAR, politólogo y miembro del Instituto Juan de Mariana.

VALENTÍN GONZÁLEZ (EL CAMPESINO): YO ESCOGÍ LA ESCLAVITUD. Ciudadela, Madrid, 2006, 240 páginas. Prólogo de FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS.

 

 

Libertad Digital, suplemento Libros, 22 de diciembre de 2006

"La fórmula de pactos electorales está diseñada y pactada"

"La fórmula de pactos electorales está diseñada y pactada"

El PSN reconoce que ya existen pactos. Además recoge una de las exigencias de Nafarroa Bai: el Amejoramiento del Fuero debe ser modificado para incrementar las competencias de Navarra. El secretario general del PSN, Carlos Chivite apuesta abiertamente por su modificación y el referéndum.

 

Respecto a los pactos tras las elecciones, Chivite se ha mostrado excepcionalmente claro: "No os preocupéis, la fórmula de pactos electorales está diseñada y pactada y lo contestaremos el día 28 de mayo". Según Chivite se trata de "sentar a Navarra y fortalecer su autogobierno y su singularidad". "Los ciudadanos navarros tienen derecho a pronunciarse a través de un referéndum y nosotros, los socialistas, haremos posible que eso sea así, para ser más navarros y más españoles que nunca", ha comentado en la felicitación de las fiestas del PSN.

 

El PSN ha encontrado su modelo de cambio: "Nos encontramos a las puertas de la segunda transición, en el reto de pasar de cuarenta años de terror a la paz definitiva e irreversible y por ello no comprendo al Partido Popular, que tiene memoria selectiva y trata a unas víctimas de una manera y a otras de otra manera". "Llevamos más de tres años sin muertos" por terrorismo de ETA, por lo que "hay que cruzar la puerta", ha concluido el socialista.

 

CONVERSACIONES ENTRE SANZ Y ZAPATERO

 

Chivite, ha afirmado que el presidente del Gobierno foral, Miguel Sanz, "se ha reunido más veces con Zapatero que las que hubo en la etapa anterior y ha tenido más conversaciones privadas que no desvela, donde sabe perfectamente lo que se le ha dicho, que es la garantía de la continuidad institucional de Navarra".

 

Durante la celebración del acto navideño del partido, el secretario general del PSN ha aclarado que decir que Navarra está en riesgo "es un invento de Miguel Sanz para protegerse del evento electoral".

 

Reportero Digital Navarra, 21 de diciembre de 2006

Batasuna acusa de mentir a «los que dicen que el proceso va bien»

Batasuna acusa de mentir a «los que dicen que el proceso va bien»

Joseba Permach considera que mediante la serie de declaraciones y filtraciones «se trata de presentar una realidad que no existe»

 

Las declaraciones políticas y filtraciones de los últimos días sólo tratan de «reflejar una realidad que no existe», denunció ayer Batasuna, que consideró que «es una irresponsabilidad decir que hay proceso y que las cosas están bien». De hecho, Joseba Permach insistió en que en las actuales circunstancias, cuando el Gobierno del PSOE no ha dado «ni un paso relevante», lo único evidente es que «no hay proceso». Por ello, demandó a Madrid «seriedad y responsabilidad» para emprender iniciativas que garanticen «unas condiciones democráticas».

 

Tras los vaivenes producidos en los últimos días en círculos mediáticos y políticos, el mahaikide Joseba Permach reiteró ayer que «en estas condiciones no hay proceso. Lo verdaderamente relevante es eso». En este sentido, acusó a «responsables políticos y ciertos medios de comunicación de irresponsabilidad, poca seriedad y falta de compromiso para sacar el proceso adelante». «Quienes dicen que el proceso va bien y lanzan mensajes optimistas están mintiendo», remarcó, para incidir nuevamente en que con el mantenimiento de la «maquinaria judicial represiva» y en las actuales circunstancias no es posible un proceso resolutivo.

Dentro de esa «maquinaria represiva» situó la petición de la Fiscalía de la Audiencia Nacional de prohibir las movilizaciones convocadas para el miércoles en favor de unas condiciones democráticas. Tras denunciar «la irresponsabilidad» del PSOE y la Fiscalía, Permach felicitó a las miles de personas que pese al veto judicial salieron a la calle «para reivindicar la palabra y la decisión». Y consideró «fundamental el compromiso popular».

 

En la línea de lo expresado en las comparecencias de las últimas semanas, pero ciñéndose a lo ocurrido en las últimas 48 horas, Batasuna volvió a constatar «la actitud negativa» de los estados español y francés.

 

En concreto, Permach acusó al PSOE de no haber dado «ni un paso relevante para situar el proceso en otros parámetros y otra dirección. Precisamente, cuando la izquierda abertzale da la voz de alarma, algunos responsables políticos se han dedicado a decir que las cosas van bien y que el proceso va adelante y han hecho un montón de filtraciones para intentar reflejar una realidad que no existe y ocultar su responsabilidad», remarcó.

 

Por ello, instó al Gobierno de Zapatero a que «se deje de tanta palabrería bonita» y dé pasos «nítidos, claros y valientes para garantizar unas condiciones democráticas y poner cuanto antes en marcha la negociación política multilateral que nos lleve a un nuevo marco jurídico y político que supere los dos nudos que permanentemente alimentan el conflicto: la partición territorialy la negación del derecho a decidir». «Eso sería lo relevante», afirmó.

 

El dirigente de Batasuna insistió en que el camino para que el proceso eche a andar es afrontar un debate político en torno al derecho a decidir y la territorialidad y que cesen las actuaciones policiales y judiciales. «La pregunta es si queremos o no solucionar el conflicto. En caso de que la respuesta sea afirmativa, deberíamos analizar de dónde viene el conflicto e hincarle el diente. Eso es voluntad. Lo prioritario y fundamental es aprovechar esta oportunidad histórica», dijo.

 

Preguntado sobre la reunión de hoy entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, manifestó que le gustaría que el presidente español transmitiera al líder del PP su decisión de «aparcar la maquinaria represiva para condicionar e impedir el proceso abierto en Euskal Herria» y que tanto el PSE como el PSN «se introdujeran definitivamente en una negociación política para elaborar un nuevo marco». Dijo también que le gustaría que Rajoy acepte el proceso por «responsabilidad y porque con la paz ganamos todos». «Pero no parece que el PP esté por eso -aclaró­, y a día de hoy no se puede constatar que Zapatero le vaya a decir que va a hacer un cambio relevante en su actual actitud», añadió el mahaikide.

 

Gara, 22 de diciembre de 2006

 

Hay acuerdo PSOE-Batasuna: detener la tregua no anularía el proceso

Hay acuerdo PSOE-Batasuna: detener la tregua no anularía el proceso

Para ETA hay cosas no negociables. Esto lo sabía Zapatero antes de empezar, como lo han sabido todos los aspirantes a interlocutores de la banda desde los tiempos del coronel San Martín en los "servicios". ETA quiere un Estado vasco soberano que abarque cuatro provincias españolas (cuatro y pico si incluimos Trucíos y Treviño), y nunca va a renunciar a esa meta. Podrá caminar más o menos rápidamente, podrá ir por uno u otro camino, pero ETA no va a dejar de pedir eso al Estado español, gobierne quien gobierne.

 

Hay quien piensa que Zapatero es tonto, o que fue un iluso al iniciar su diálogo con ETA. Yo no lo creo así. El PSOE sabe, desde hace cuatro décadas, que ETA está dispuesta a hablar de las modalidades, formas y pasos de rendición de España, y que en eso –sólo en eso- pueden ser flexibles, generosos y comprensivos. El "proceso" nunca fue ni pudo ser un verdadero "proceso de paz" en el que ETA se disolviese y el Gobierno mostrase una cierta magnanimidad, sino que desde el principio fue planteado por ETA como un proceso hacia la autodeterminación. Zapatero lo ha aceptado así al reunirse hace una semana con ETA, a pesar de todo, al pedir hace cuatro días a Batasuna que se cumpla lo anunciado en Anoeta y al intentar colocar anteayer al PP donde lo necesitan los independentistas.

 

Las cartas están sobre la mesa, y pase lo que pase siguen moviéndose. Insisto: pase lo que pase. Al aceptar negociar con ETA y Batasuna en los términos marcados por estas organizaciones, el Gobierno de Zapatero y su partido han cruzado un Rubicón. Aunque ETA haga una "tregua de la tregua" y reanude alguna más de sus actividades –en realidad son pocas las cosas que no hace- el PSOE ya habrá dado un paso político irreversible hacia la autodeterminación. Y salvo que el PSOE renueve totalmente su elite dirigente la cosa volvería a empezar, o se retomaría, más pronto que tarde.

 

Me van a permitir ustedes ir un paso más allá. Estamos en medio de rumores de ruptura de la tregua, y no sé si serán veraces o no. Pero si resultasen serlo al PSOE no le vendría del todo mal. Al fin y al cabo hay ya demasiados votantes socialistas descontentos con la negociación y sus previsibles resultados. A Zapatero, con su potencia mediática, no le resultaría tan desagradable llegar a las urnas con la "tregua" rota, pero poco: unas bombas, unas payasadas más de Garzón y cosas así.

 

Con aire de dignidad ofendida, el presidente podría salir a explicarnos que ETA se ha asustado ante su firmeza negociadora y que además la culpa de la ruptura es de Rajoy. Convencidos de tamaño coraje, muchos españoles que hoy dudan votarían a Zapatero en unas elecciones anticipadas. Con ese aval a su "negociación con firmeza", Zapatero podría volver a negociar, con más capacidad de atender las peticiones de la banda. Y con un poco de (mala) suerte, con Navarra en la mano. Si sigue la tregua, Zapatero está cediendo; si se interrumpe, cederá después, porque no es tonto.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 21 de diciembre de 2006

La cita con ETA y el derecho de reunión

La cita con ETA y el derecho de reunión


El ministro de Interior español, Alfredo Pérez Rubalcaba, recibió la felicitación del presidente del Gobierno por su intervención, ayer, ante una concurrida sala de prensa. La convocatoria en la sede del ministerio se producía tras las revelaciones periodísticas en relación a eventuales contactos entre Madrid y ETA. En los últimos días, ha habido una rumorología variada en relación a esa eventual reunión o a la preparación de la misma. La víspera de la jornada de movilización, obstaculizada por el auto de Garzón, voces cualificadas del PNV y un rotativo catalán situaban en el futuro cercano esos contactos. Ayer, día de la movilización, un grupo de comunicación ponía fecha a una reunión a enmarcar en la «fase preliminar» del proceso, de asumir el lenguaje empleado por Rubalcaba. El ministro de Interior no confirmó esa reunión, pero seguramente bastaba con que no la desmintiera expresamente, como no lo hizo.

La declaración del ministro valdrá así para que sigan corriendo ríos de tinta sobre una cuestión que, aunque despierte un interés mediático en cierto modo comprensible, debe ser valorada en su justo término. Si además Rubalcaba se compromete a acudir a los medios cada quince días, no cabe albergar grandes esperanzas de que vaya a decrecer ni el interés de los periodistas ni la confusión de una ciudadanía a la que ayer el ministro sacó de pocas dudas. Si la vocación del Gobierno es reclamar discreción al tiempo que expone a su ministro de Interior ante una maraña de micrófonos cada dos semanas, las versiones a interés de parte, las especulaciones y los rumores suplirán al derecho a recibir una información veraz del proceso. Habrá que contar, por tanto, con ese factor ambiental.

Sirva como ejemplo de lo que puede ser una constante en el futuro la referida información sobre el eventual contacto ETA-Gobierno. Al Ejecutivo de Rodríguez Zapatero y a aquellas fuerzas que tratan de separar lo más posible el final de la violencia de la búsqueda de un acuerdo sobre el problema político de fondo, la «revelación» periodística les sirve para cerrar el año dibujando un horizonte halagüeño de proceso cuando, hoy por hoy, la falta de garantías democráticas no hace posible avanzar. Mientras el derecho de reunión se pisotea con un auto y a golpe de policía en las calles vascas, tratar de trasmitir a la ciudadanía que una reunión Gobierno-ETA tendría un efecto catalizador resulta poco realista. Sin oxígeno político no hay proceso. -

Editorial de Gara, 21 de diciembre de 2006