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La rotonda de Chinales será la glorieta del sargento Miguel Ángel Ayllón

La rotonda de Chinales será la glorieta del sargento Miguel Ángel Ayllón

El Ayuntamiento ha aprobado por unanimidad la propuesta de la Confederación Española de Policía (CEP) de denominar a la rotonda de Chinales glorieta del sargento Miguel Ángel Ayllón, en homenaje a este militar que perdió la vida en el atentado que la banda terrorista ETA perpetró en Córdoba el 20 de mayo de 1996.

Según el secretario provincial de la CEP, Fernando Ramón Calderón, «pretendemos que esta denominación sirva también de homenaje a otros afectados por dicho atentado, como lo fueron muchos vecinos de la zona, así como a los otros dos militares heridos, el capitán Duque y el alférez Granados», indicó.

Calderón anunció que la CEP solicitará que este reconocimiento sea público.

D. D. CÓRDOBA.

Hezbollah en la memoria española

Hezbollah en la memoria española


Visto el oficial tratamiento anestésico del problema libanés, a donde marcharán soldados españoles dentro de la fuerza multinacional interina desplegada por la ONU, no está de más recordar que fueron terroristas hezbollíes de la Yihad Islámica los que dinamitaron en 1985 el restaurante “El Descanso”, frecuentado por soldados norteamericanos de la base de Torrejón. Hubo 18 muertos y más de un centenar de heridos.

Califico de “anestésico” el tratamiento de la cuestión en la que deberán de actuar nuestros soldados, no porque el doctor Clos, especialista en esa materia clínica, venga a Madrid desde el Ayuntamiento de Barcelona a relevar a Moratinos en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en vez de hacerlo en el Ministerio de Industria, por regresar a Barcelona su actual titular: el candidato Montilla a la presidencia de la Generalitat de Cataluña. Lo digo porque en la abierta práctica de la equidistancia política y moral entre Estado y terroristas, entre Israel y la guerra terrorista de Hezbollah —por algo más que parapetarse entre la población civil libanesa—, la política de este Gobierno olvida, si es que lo supo alguna vez, aquello que fue el primer atentado del terrorismo islámico en España.

Conviene menos olvido y ninguna anestesia en materia como ésta. Ya hay sangre española derramada por esta cepa islamista, nacida por amitosis o segregación nuclear de los Guardias de la Revolución iraní en los primeros años de la jefatura revolucionaria del imán Jomeini: guía espiritual el presidente Mahmud Ahmadineyad, que trae en jaque a la comunidad internacional, comenzando por Kofi Annan, secretario general de la ONU que la representa y que ayer visitaba España.

Una visita, principalmente, para agradecer que nosotros los contribuyentes españoles le hayamos puesto el avión con el que ha viajado por toda la geografía del conflicto, incluido el propio Irán, que no sólo amenaza a Israel e invoca su desaparición, sino que despierta sensible inquietud entre los Estados árabes, con los que comparte el golfo del petróleo y la punta de un océano, además de dominar, por el Estrecho de Ormuz, el tráfico marítimo del crudo extraído de aquella cuenca.

La política del actual Irán, ubre nutriente de Hezbollah (que permite a ésta distribuir indemnizaciones de guerra después de la reciente campaña militar), encuentra en la diplomacia de esta Moncloa receptividad, comprensión y poco menos que acogida bajo el arco de la Alianza de Civilizaciones: pacifismo virtual no cuajado y ya engrasado con los caudales del petróleo persa.

El presidente iraní, al igual que el de Venezuela, dispara con el talonario. Y así se enlazan y conciertan las danzas y contradanzas de los emisarios y mensajeros. El propio Felipe González, que reclamó en declaraciones a los medios la condición privada de sus visitas a Teherán, se encuentra en Madrid con Kofi Annan para hablar poco menos que oficialmente del desafío iraní, puesto que ambos han sido recientísimos interlocutores de Ahmadineyad.

Acaso por el temario de la agenda que ayer traía Annan de su periplo por Oriente Próximo y Medio, una música a lo Ketèlbey hacía que por la diplomacia y la paradiplomacia (diplomacia y negocios, política y parapolítica) se escucharan los sones recurrentes de un mercado persa…

También de los frutos de ese mercado vive Hezbollah, a la que, para regocijo de Teherán, se ensalza ahora desde el antisemitismo, por haber inducido en Líbano la demoledora respuesta de Israel contra la emboscada mortal a una patrulla israelí. Hezbollah se configura como terrorismo puro y duro en la memoria española, pero la munificencia de sus promotores hace que parezca otra cosa.

José Javaloyes

Estrella Digital, 8 de septiembre de 2006

REEDICIÓN DEL CLÁSICO DE ARENDT. Los orígenes del totalitarismo

REEDICIÓN DEL CLÁSICO DE ARENDT. Los orígenes del totalitarismo


En agosto de 1936, el oscuro régimen nazi organizaba unos JJOO pensados para dar propaganda a la nueva Alemania, al nuevo hombre alemán. Aún entonces los más despistados buscaban confiados el acuerdo y el pacto con Hitler; los más suspicaces vieron en los desfiles y la coreografía del Estado Olímpico de Berlín el tenebroso futuro de Europa. Advirtieron que tal propaganda era una característica esencial del nuevo régimen totalitario. La propaganda duró hasta el suspiro final, cuando los soviéticos izaron la bandera de la hoz y el martillo sobre un Reichstag en ruinas.

Pero un régimen totalitario es además un régimen de terror; de un miedo de tal intensidad que paraliza, que destruye cualquier esperanza. Veinte años después de los desvaríos olímpicos hitlerianos, otro totalitarismo ocupaba su lugar. En 1956 Hungría clamaba contra la opresión soviética; en aquel verano el PCUS nombró a Erno Gero (años antes coautor, con Orlov, del crimen de Andreu Nin) presidente del país. Entre agosto y octubre, Gero trabajó con Andropov, entonces joven promesa de la KGB, en el sometimiento de Budapest, afianzando el régimen de terror inaugurado por Lenin, perfeccionado por Stalin y perpetuado con celo hasta 1989.

Medio siglo después de un acontecimiento, y setenta del otro, en 2006 se celebra el centenario del nacimiento de Hannah Arendt. Como las grandes figuras, Arendt es profusamente citada pero escasamente leída. Nacida en Königsberg en octubre de 1906, es sin duda una de las figuras intelectuales del siglo XX. Discípula de Heidegger en Marburgo, pudo así sumergirse después en los abismos de la existencia humana; dirigida por Karl Jaspers, dedicó su tesis doctoral a San Agustín, lo que le llevó a elaborar también una filosofía moral de la trascendencia.

En una Europa convulsa, conoce a Raymond Aron, que le ayudará a escapar a Francia en 1933; allí conocerá a Walter Benjamin. Posteriormente se trasladó a Estados Unidos y adquirió la nacionalidad norteamericana; enseñó, entre otras, en las universidades de Chicago y Princeton.

Murió, consagrada como figura intelectual, en 1975. Entre sus obras, bien conocidas y bastante discutidas, figuran Salvar la patria judía (1948), Sobre la revolución (1963), La condición humana (1969) y La vida del espíritu (1971).

Los orígenes del totalitarismo fue publicado por primera vez poco después de la guerra, en 1948, y se convirtió en uno de los primeros libros sobre la materia. Después, la pervivencia del régimen bolchevique a las puertas de Europa motivó más de media docena de ediciones. Hoy, Alianza Editorial reedita la obra de Arendt, en sus tres volúmenes: "Antisemitismo", "Imperialismo", "Totalitarismo"; la violencia racial, la violencia por el poder, la dominación por la violencia.

Quiere la casualidad esta última reedición aparezca en el año de la memoria histórica, del rearme atómico de Irán, del desatado odio antiisraelí y del pacto con ETA. Casualidades de la época, hoy parece un libro imprescindible, no sólo para el presente, sino para el futuro; la izquierda, que dice reivindicar a Arendt en cuestiones menores, olvida siquiera extraer la enseñanza más sencilla de la obra, quizá porque muestra sus propios horrores.

Arendt profundiza en los mecanismos totalitarios por excelencia, la propaganda y el terror. La tesis que mantiene sobre el totalitarismo es ya conocida por intelectuales e historiadores: la disolución y corrupción de las organizaciones, grupos y clases sociales que forman el entramado de la sociedad civil conlleva en la vida moderna la aparición de movimientos de masas que ocupan su lugar; con una nueva lógica: la de la fuerza y el poder, la de la total ausencia de límites y escrúpulos políticos o morales. En el movimiento totalitario el individuo logra la acción y la movilidad que la sociedad ha dejado de proporcionarle, pero no de prometerle cínicamente; le proporciona una vida pública tan brillante como atrayente.

Cuando ello ocurre, el individuo aislado y desarraigado, el pequeño comerciante, el profesor o el obrero pasan a convertirse en masa; a partir de ese momento darán rienda suelta a todos los demonios del hombre: la atracción por el delito y el mal, la realización de prejuicios ancestrales, la entrega de la voluntad y el entendimiento al nuevo jefe político. Hoy, a los herederos del siglo de Treblinka, Tuol Slang o Katyn no debe extrañarnos que el Mal se abrace con entusiasmo y libertad: "La voluntaria inmersión del yo en fuerzas suprahumanas de destrucción parecía ser un escape a la identificación automática con funciones preestablecidas dentro de la sociedad a su profunda banalidad" (pág. 462). La libertad muere en medio de un estruendoso aplauso.

Si esto es así, los horrores desatados por Stalin y Hitler no son una macabra curiosidad histórica, sino una forma de gobierno susceptible de repetirse. En nuestra época el nazismo se ha convertido en un mito catártico que representa el Mal aislado sobre la Tierra y calma nuestras conciencias ante el presente y el futuro. Pero, si seguimos a Arendt, bolchevismo y nacionalsocialismo no son rarezas históricas; fueron perversiones posibles de la era moderna, la del vértigo técnico, la vorágine industrial y la maraña burocrática. Y éstos son hoy tan reales como en 1936 o 1956: "Puede ser erróneo suponer que la inconstancia y el olvido de las masas significa que se hallan curadas de la ilusión totalitaria, ocasionalmente identificada con el culto a Hitler o a Stalin; lo cierto puede ser todo lo contrario" (pág. 432).

El valor del libro de Arendt es que no es un libro de historia. Contiene una advertencia para generaciones presentes y futuras: el virus totalitario está aquí desde principios del siglo pasado, y ha venido para quedarse. Hoy, sólo su incapacidad para abandonar definitivamente la era medieval separa a los movimientos islamistas del totalitarismo auténtico de nazis y bolcheviques. La ideología la poseen, con creces: una interpretación completa y cerrada de la historia, independiente de la experiencia diaria, con una lógica volcada sobre sí misma y autosuficiente. Es el desarrollo científico lo que desconocen. Pero la falla tecnológica es un hecho contra el que la globalización, los cibercafés en Teherán o Casablanca y Al Yazira vienen en ayuda de los demagogos islámicos.

El mecanismo del terror se observa hoy en la CNN, pero se lee en Hannah Arendt. Las masas islamistas se lanzaron a la calle vitoreando la matanza de Mohamed Atta el 11-S, prometiendo quemar la Dinamarca del Jyllands-Posten, clamando por aniquilar Israel. En las mezquitas los demagogos eliminan cualquier oposición moderada y tratan de dirigir a las masas árabes, desarraigadas y desharrapadas, contra los enemigos seculares.

Los Ben Laden o los Nasralá perfeccionan al hombre-masa, lo embrutecen moralmente y lo lanzan contra el enemigo, tal y como lo hacía Himmler. Ofrecen al desesperado ser protagonista de la historia, aunque sea de una historia de destrucción: "Para ellos, la violencia, el poder, la crueldad, eran las capacidades supremas de unos hombres que habían perdido definitivamente su lugar en el universo y eran demasiado orgullosos para anhelar una teoría del poder que les reintegrara sanos y salvos al mundo" (pág. 462).

Pero el régimen totalitario no agota su horror dentro de sus fronteras: Alemania y Rusia se repartieron Polonia a dentelladas y buscaron el Imperio ario o la Revolución socialista por todo el mundo. Hoy Irán se expande por Líbano, China busca devorar Taiwán; Corea, amedrentar a sus vecinos. Buscan el dominio exterior, y lo hacen desde la certeza histórica de su ideología: "Los regímenes totalitarios dirigen realmente su política exterior sobre la consecuente presunción de que, con el tiempo, lograrán este objetivo último, y no lo pierden nunca de vista por distante que pueda parecer o por seriamente que puedan chocar sus exigencias 'ideales' con las necesidades del momento" (pág. 562). El totalitario puede no conquistar el mundo, pero lo incendia en su implacable intento.

Hannah Arendt advierte sobre algo más: el peligro totalitario aparece cuando el pueblo se muestra apático e indiferente ante la política diaria. El individuo aislado, impotente ante la política de la mediocridad, el relativismo y el cinismo de una política degradada por las debilidades partidistas y parlamentarias, abraza la solución que le ofrece el movimiento totalitario. Por eso, lejos de los mitos buenistas cultivados en Europa, para Arendt "la característica principal del hombre-masa europeo no es la brutalidad y el atraso, sino su aislamiento y su falta de relaciones sociales normales" (pág. 445). Y esta característica es esencialmente moderna, tan susceptible de repetirse en el siglo XXI como en los años 30 del siglo pasado.

Hoy, la sociedad construida en nombre de la libertad asfixia a los individuos, los encadena mediante la burocracia, el pensamiento débil, el hedonismo desenfrenado y paralizador. Ese y no otro es el principal apoyo psicológico de la ficción totalitaria, "el resentimiento activo contra el statu quo que las masas se niegan a aceptar como el único mundo posible" (pág. 535).

Tal diagnóstico parece tan cierto ayer como hoy, y nos pone ante la inquietante pregunta acerca de la posibilidad de un futuro oscuro y tenebroso del que no estamos vacunados. Y ello porque los movimientos totalitarios, la violencia desenfrenada, el dominio total mediante la propaganda y el terror son tan posibles hoy como el siglo pasado. Advierte Arendt cómo ante ellos sólo cabe una respuesta única de la derecha y de la izquierda; ésta última, hoy, parece olvidar la advertencia de la autora y se lanza complacida a jugar con fuego en nombre del ansia infinita de paz, de la paz absoluta y de la alianza de civilizaciones.

Algunos han visto en la obra de Arendt una interpretación histórica de unos hechos ya pasados; olvidan que el siglo XXI es heredero tanto del progreso como de la barbarie del XX. El totalitarismo es una forma de dominación genuinamente moderna, genuinamente contemporánea, propia de unas sociedades cada vez más incapaces de pensar en ello. Si esto es así, si Arendt tiene razón cuando afirma que existe una naturaleza totalitaria, entonces Los orígenes del totalitarismo nos valdrá tanto para pensar el presente como para preocuparnos por el futuro.

Hoy como entonces, sólo la libertad, la capacidad ilimitada e infinita del hombre para hacer frente a lo inevitable, se interpone entre nosotros y los viejos demonios del hombre.

ÓSCAR ELÍA MAÑÚ, analista del Grupo de Estudios Estratégicos (GEES).

HANNAH ARENDT: LOS ORÍGENES DEL TOTALITARISMO. ALIANZA EDITORIAL, 2006; 695 páginas.

Libertad Digital, suplemento Libros, 8 de septiembre de 2006

La Ejecutiva del PSN ratifica a Puras por unanimidad tras el pacto con Ferraz

La Ejecutiva del PSN ratifica a Puras por unanimidad tras el pacto con Ferraz

La designación de Fernando Puras como candidato para la Presidencia del Gobierno navarro recibió ayer el apoyo unánime de la Ejecutiva del PSN. Carlos Chivite, que compareció en solitario tras la reunión, declaró sentirse avalado por el partido en su cargo de secretario general. Puras expondrá el lunes, junto a Chivite, su postura ante el estatus de Nafarroa.

IRUÑEA

La Comisión Ejecutiva Regional ratificó por unanimidad ayer por la tarde la designación de Fernando Puras como candidato del PSN a la Presidencia del Gobierno de Nafarroa por parte del secretario de Organización del PSOE, José Blanco, según indicó Carlos Chivite.

Chivite, que curiosamente compareció en la sede del PSN solo, sin la compañía de Puras, quiso destacar que el proceso de designación del candidato se ha producido siguiendo los cauces establecidos en la normativa del partido, pese a que en Nafarroa la dirección federal anuló expresamente la opción de realizar elecciones primarias entre las bases.

«Más allá de las primarias, éste ha sido un proceso completamente democrático, puesto que el secretario general del PSN ha propuesto un candidato, que ha sido ratificado por el Comité Federal y posteriormente ratificado por unanimidad por la Comisión Ejecutiva Regional», explicó.

Comité Regional a fin de mes

Formalmente, Puras aún tiene que pasar otro trámite para ser nombrado oficialmente candidato del PSN: el visto bueno del Comité Regional, que, según avanzó Chivite, se celebrará el 23 o el 30 de setiembre.

Chivite, asimismo, tampoco vio contradicción en que el candidato del PSN no sea el secretario general del partido en el herrialde, algo que ocurre por vez primera en Nafarroa, y subrayó que «en otras comunidades como Asturias o La Rioja sucede lo mismo. Por no hablar del PNV, donde, históricamente, los cargos del partido no han sido los candidatos».

Junto a ello, destacó que Puras es el «candidato idóneo del PSN para las próximas elecciones, mucho mejor que yo mismo» y rechazó que «no tenga carisma, como dicen algunos».

«Tener carisma no es hacer ruido, sino ser directo, concreto y coherente. No hace falta elevar el tono de voz para tener carisma, sino decir cosas interesantes», sentenció.

Junto a ello, Chivite subrayó que Puras cuenta con «toda la legitimidad democrática porque pertenece a la mayoría del VIII Congreso del PSN», celebrado en julio de 2004 y en el que Juan José Lizarbe, el anterior secretario general, fue desbancado por el propio Chivite.

«Estamos en la misma posición que hace dos años. Hemos recuperado el discurso que tuvimos en el VII Congreso, cuando dijimos que el candidato del partido sería elegido por el partido. Y así ha sido», resaltó.

Otro de los activos de Puras citados por Chivite fue la labor que ha desarrollado como portavoz del grupo del PSN en el Parlamento navarro, «en unas circunstancias difíciles que todos recordamos». Se refería al conato de insumisión que los parlamentarios del sector próximo a Lizarbe protagonizaron cuando Chivite les requirió que se sometieran a los criterios de la nueva Secretaría General y aceptaran a Fernando Puras como portavoz.

Sector de Chivite

De este modo, la designación de Puras puede interpretarse como una victoria del sector de Chivite a la hora de designar candidato. El propio Chivite reconoció sentirse «entusiasmado, contento y feliz» porque Ferraz hubiera aceptado su propuesta. Llegó hasta el punto de manifestar que «me siento avalado» por la dirección del partido en Madrid pese a no haberse celebrado primarias y no haberse podido presentar directamente como candidato.

En cualquier caso, Puras, que sólo tiene una antigüedad de cinco años como militante del PSN aunque fue consejero de Salud en el Gobierno de Javier Otano en 1995, representa una línea claramente reacia a aceptar cambios en el actual esquema institucional de Nafarroa, que el propio Chivite mantuvo cuando llegó al cargo de secretario general y que en los últimos tiempos ha atemperado, aparentemente, siguiendo los designios marcados por Ferraz.

Tras el impasse de los últimos meses, esta misma semana el PSN ha hecho pública una nota en la que destacaba que para llegar a acuerdos de gobernabilidad en Nafarroa ponía como condición imprescindible que se respetase el actual estatus jurídico-político del herrialde.

Preguntado por si este emplazamiento suponía que el PSN cerraba desde ya la puerta a un posible entendimiento con Nafarroa Bai o la izquierda abertzale, Chivite respondió, visiblemente molesto, «que éste no es el momento para hablar de eso», y se remitió a la rueda de prensa que él mismo y Puras darán el próximo lunes «para presentar los ejes de la estrategia del partido en los ámbitos de la paz y la libertad y el modelo institucional».

«En cualquier caso, el PSN tiene un proyecto propio, autónomo y diferenciado tanto frente a UPN como a frente a los nacionalistas», destacó Chivite, que insistió en que su partido es capaz de vencer al de Miguel Sanz en las elecciones únicamente con sus propias fuerzas.

A la cuestión de qué papel podría jugar Puras en la situación actual, Chivite respondió que «en el proceso de paz todos somos importantes todos, Fernando Puras, Carlos Chivite, el PSN, los medios de comunicación, todos los afiliados, todos los ciudadanos. Pero quien tiene el mando, la dirección y la responsabilidad es José Luis Rodríguez Zapatero».

Preguntado por las palabras de Sanz en las que señalaba que la designación de Puras había sido decidida en Madrid, Chivite respondió que «a Sanz no le contesto. Lo que tiene que hacer es preocuparse por la razón por la que ha tenido que cesar a José Ignacio Palacios y por qué mantiene a Francisco Iribarren cuando ha dicho públicamente que ya no tiene ideas».

Responsabilidad de Sanz

En esta línea, afirmó que «ésta es una buena oportunidad para llamar a la responsabilidad democrática a un tal Miguel Sanz. Espero que UPN, sus votantes, sus militantes y todo su gobierno se unan al compromiso colectivo que significa esta apuesta por alcanzar la paz definitiva e irreversible a la que aspiramos todos los ciudadanos».

Chivite, por otra parte, negó que haya tenido rencillas con José Blanco en relación con el nombramiento de Puras y reveló que «tenemos una buena relación desde que éramos diputados de a pie en la Comisión de Agricultura y teníamos despachos contiguos en el Congreso».

Cuando le preguntaron si entendía que unas eventuales elecciones primarias en el PSN hubieran deparado un resultado como el actual, del que reconoció reiteradamente sentirse satisfecho, Carlos Chivite contestó que «yo no miro al pasado, sino que miro al futuro. Y veo las banderas de Navarra, España, Europa y de mi partido [están colocadas en la sala donde el PSN ofrece las ruedas de prensa en su sede de Iruñea] y ésa es mi única preocupación: hacer que nuestro partido gobierne en Navarra, en concordancia con el Gobierno de España y estando siempre abiertos hacia Europa».



Sanz teme que Madrid «también decida sobre el estatus oficial de Navarra»

El presidente de UPN y del Gobierno navarro, Miguel Sanz, destacó ayer que la designación de Fernando Puras como candidato del PSN para las próximas elecciones forales «ha sido directamente tomada en Madrid por José Blanco y ni siquiera han sido capaces de mantener las formas». Y, al hilo de ello, Sanz mostró su preocupación por que «del mismo modo, también desde Madrid, puedan tomar otras decisiones que afecten al futuro del estatus actual de Navarra».

«UPN nunca hubiera aceptado que desde Madrid llegara una designación de este tipo», añadió Miguel Sanz.

CDN: «Papelón»

El portavoz de CDN, Carlos Pérez-Nievas, señaló que a Puras «le han dejado un papelón importante porque no es el candidato que quería el PSN y tendrá que defender las posturas de Madrid».

José Miguel Nuin, portavoz de IUN, deseó «suerte y éxito a Puras» y destacó que «lo que nos interesa es saber qué línea va a seguir el PSN, la de reproducir acuerdos con UPN o la de abrirse a acuerdos y pactos con otras formaciones sobre programas progresistas y plurales».

Txentxo Jiménez, coordinador de Aralar en Nafarroa, mostró su esperanza en que el PSN «deje de mirar a UPN, lo que sería la gran novedad, más allá de la persona».

«Confío en que Fernando Puras esté convencido de que hay que cambiar el Gobierno de UPN y que eso tiene que pasar por la pluralidad», añadió Txentxo Jiménez.

Maiorga Ramírez, presidente de EA en Nafarroa, por su parte, también se refirió a la designación de Puras, destacando sobre todo su experiencia como consejero en el Gobierno tripartito (PSN-CDN-EA) que presidió Javier Otano.

En este sentido, Ramírez insistió en la necesidad de que las fuerzas abertzales y de izquierdas lleguen a un acuerdo para conformar un gobierno alternativo a UPN y CDN tras las próximas elecciones al Parlamento.



Consejero con Otano, portavoz con Chivite
En la biografía política de Fernando Puras, nacido en Tutera en 1954, destaca que en 1995 ocupó el cargo de consejero de Salud en el Gobierno de Javier Otano. Tras la caída del tripartito formado por PSN, IU y EA tras descubrirse que Otano titulaba una cuenta en Suiza, Puras abrió un bufete de abogados y desapareció de la primera línea de la escena política. En diciembre de 2000 se afilió al PSN y Lizarbe le encargó poner paz en la Agrupación de Iruñea. Posteriormente, tuvo discrepancias con Lizarbe y fue Chivite quien le introdujo en la Ejecutiva. De acusado perfil técnico, ha sido el portavoz parlamentario del PSN tras la caída de Lizarbe en 2004. -



La nota y el candidato, dos malas noticias para un proceso real
Ramón SOLA

El día en que, antes del verano, la dirección federal del PSOE dejó claro que no contaba con Carlos Chivite para encabezar la lista y aspirar a la Presidencia del Gobierno navarro, se abrieron expectativas de que este partido pueda implicarse en un cambio político real en Nafarroa. Que apueste por la devolución a la ciudadanía navarra de la decisión sobre su estatus político. Que rebobine hasta finales de los 70, cuando su giro fulminante hizo que se impusiera la partición territorial sin que se preguntara a los navarros y navarras, por si acaso, qué es lo que querían ser.

El PSN ha evitado «mojarse» en los últimos meses, pero en este verano han aflorado otros datos. Por ejemplo, que el acuerdo alcanzado por el Gobierno español y ETA en febrero pasado, del que dio cuenta este medio en julio, incluía el compromiso de que el Gobierno español respetaría los acuerdos alcanzados entre los partidos y otros agentes vascos, y que éstos se referirían al futuro de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa. Si José Luis Rodríguez Zapatero tiene intención de incumplir también este compromiso, sólo él lo sabe. De momento, los portavoces del Ejecutivo español se han limitado a entonar junto a UPN-PP el falso discurso de que «Navarra no será moneda de cambio», cuando la única moneda de cambio hasta ahora es la decisión secuestrada a su ciudadanía durante 25 años.

Así las cosas, la elección del cabeza de lista en Nafarroa es una cuestión esencial en el proceso, en la medida en que da una pista de la disposición del PSN a que los navarros participen efectivamente en el mismo y desde el inicio. Pero la primera y mayor mala noticia para esta cuestión de fondo llegó antes incluso de que ayer se confirmara el nombre de Fernando Puras. En la nota emitida el martes para aclarar su posición ante eventuales pactos, el PSN no sólo no apuesta en ningún momento por que la ciudadanía decida en lo sucesivo, sino que sentencia que «el futuro de Navarra siempre pasará por el respeto y el refuerzo de su marco jurídico-institucional como comunidad propia y diferenciada», «integrada en España» según remarca a continuación.

Si ésta es la «hoja de ruta», Puras pa- rece efectivamente un candidato adecuado. Fue él quien, por ejemplo, estrenó su cargo de portavoz parlamentario proponiendo a UPN revocar la Disposición Transitoria Cuarta. O quien, en una entrevista en octubre pasado, apuntaba que «no es una novedad que el PSN-PSOE vaya a garantizar el futuro de Navarra, el estatus institucional de la Comunidad Foral». Y avisaba de que «los pactos no deben ponerlo en cuestión».

Con la golosa perspectiva de apartar a UPN del Gobierno en el horizonte, hay quien ya destaca positivamente que Puras participó en el efímero Ejecutivo alternativo formado por PSN, CDN y EA en 1996. Si ése es el objetivo final, efectivamente igual se pueden hallar lecturas positivas. Pero si la finalidad es más ambiciosa, que Nafarroa participe efectivamente en un proceso de solución y recupere la decisión, ni la nota ni la persona suponen una buena noticia.

 

Gara, 8 de septiembre de 2006

España, un debate pendiente.

España, un debate pendiente.

En España tenemos todavía pendiente un debate sereno y razonable sobre el acomodo de la Iglesia y de los católicos en la sociedad democrática. Con frecuencia, desde las filas del laicismo se nos atribuyen cosas que no son verdaderas. A veces estas críticas nos vienen de cristianos ilustrados y hasta de eclesiásticos relevantes.

Es frecuente oír o leer que la Iglesia española pretende imponer a la sociedad entera sus normas y criterios morales, que los obispos actuamos con mentalidad del nacionalcatolicismo, que no reconocemos la autonomía de las actividades seculares ni la plena autoridad del gobierno y de las instituciones políticas en el orden temporal, que la fe es enemiga de la ciencia y de la democracia. Cosas tremendas.

Quien estudie los documentos de la Conferencia Episcopal y los pronunciamientos de los Obispos, no puede acusarnos de tales barbaridades. La Conferencia Episcopal Española, asimiló fielmente la doctrina del Concilio Vaticano II y desde 1971 se situó resueltamente en perspectiva democrática. Nunca ha habido retractación alguna de aquellas declaraciones sino más bien una clara y firme continuidad. Las enseñanzas de Pablo VI, de Juan Pablo II y del Papa Benedicto XVI en su encíclica «Deus caritas est» son perfectamente coherentes y los obispos españoles hemos tratado de ajustar nuestras enseñanzas y decisiones a las enseñanzas de los Papas.

También puede ser que detrás de ciertas críticas haya una manera de ver las cosas no del todo verdadera. En ciertos escritos duramente críticos contra la Jerarquía de la Iglesia española, se trasluce una visión de la autonomía de las realidades temporales (ciencia, cultura, política) que prácticamente excluye la visión religiosa de la vida. O por lo menos la restringe indebidamente. Para ciertas mentalidades, el ordenamiento de la vida pública en una sociedad democrática tiene que ser estrictamente laico. La razón aducida es «el debido respeto a la libertad de todos». Se dice: «el gobierno tiene que gobernar para todos y no solamente para los católicos». La verdad es que no hay ningún peligro. Sería más oportuno decir: «el gobierno tiene que gobernar para todos, también para los católicos».

En democracia hay que comenzar a pensar las realidades políticas desde la libertad y los derechos de los ciudadanos. Los ciudadanos, para proteger sus derechos y mejor alcanzar sus bienes (para garantizar lo que antes se llamaba el «bien común»), se organizan políticamente y crean unas instituciones a las cuales les conceden una autoridad que tendrá que estar siempre a su servicio y bajo su control.

En esta perspectiva democrática, las leyes y las actuaciones del gobierno tienen que favorecer el bien de todos, y deben estar al servicio del bien común de todos sus ciudadanos, tanto creyentes como no creyentes. Sin prevenciones ni discriminaciones. Esto, tan sencillo, no se cumple si el gobierno inspira su actuación en una mentalidad laicista, desconociendo y a veces lesionando la manera de pensar y de vivir de una parte importante de sus ciudadanos. Esto es lo que propugnan los partidarios de un Estado que llaman laico, pero que en realidad es laicista, puesto que impone para la sociedad entera una concepción laica de la vida, “como si Dios no existiera”, es más, como si no existieran ciudadanos religiosos que ven las cosas de otra manera y quieren vivir de otra forma.

Este parcialismo laicista se ve claramente en la enseñanza pública. Se da por supuesto que el Estado tiene autoridad plena para organizar la enseñanza pública y que esta enseñanza, para no herir los derechos de nadie, tiene que ser laica. Pero así se impone el laicismo a los jóvenes católicos, con lo cual no se respetan sus derechos. Los católicos, creo que con buen sentido democrático, decimos que la enseñanza pública tiene que ser como la quieran los padres de los alumnos. Y decimos que el gobierno no debe organizar la enseñanza a su gusto, sino al gusto de los padres que son los primeros responsables de la educación de sus hijos y a cuyo servicio están las instituciones docentes. Enseñanza católica para los católicos y enseñanza laica para los laicos. Con el mismo respeto y con los mismos derechos. Esto es claro en los niveles primario y secundario. Y en los niveles superiores la enseñanza oficial tiene que ser estrictamente objetiva y no beligerante en materias religiosas, fiel a las exigencias del método científico y respetuosa con el patrimonio cultural y espiritual de sus alumnos y de la sociedad entera.

Los Obispos españoles sabemos bien que la Iglesia no tiene poderes para organizar la sociedad civil según la recta razón. Ni los deseamos tampoco. No intentamos atribuirnos ni reclamar una autoridad que no nos corresponde. Sin embargo, si reclamamos el derecho a opinar sobre las realidades políticas desde el punto de vista moral, para orientar en cada momento la conciencia de los católicos y ofrecer nuestros puntos de vista a quien quiera tenerlos en cuenta como una ayuda para la formación de su conciencia y el bien moral de la sociedad. Queremos vivir en paz con todos. Estamos dispuestos a respetar las opiniones de todos y a aceptar las leyes justas de las autoridades legítimas como cualquier otro ciudadano, sin privilegios ni exenciones de ninguna clase. Pero no estamos dispuestos a vernos excluidos de la democracia, ni a vivir bajo la presión de unos modelos laicistas de la vida, ni a ser considerados como ciudadanos de segunda.

No es ésta la letra ni el espíritu de la Constitución. Nos parece más democrático que el gobierno, independientemente de las convicciones personales de quienes lo componen, considere como parte del bien social que los ciudadanos puedan ejercer libremente su libertad en materias religiosas, sin privilegiar ni discriminar a nadie. En nombre de una ideología racionalista y laicista hay quien pretende considerar a la fe y a la Iglesia como incompatible con la democracia. Eso es condenar a media España al sometimiento o a la rebeldía. Las ideologías siempre terminan legitimando el autoritarismo.

No ganamos nada con desautorizarnos mutuamente, desfigurando unos las posiciones de los otros. No ganamos nada excluyendo de la ortodoxia democrática a media sociedad española por sus ideas religiosas. Con un poco más de cultura y de objetividad la izquierda española tendrá que reconocer que la vida religiosa de los ciudadanos es un bien para sus personas y también para la sociedad. Partamos del reconocimiento de la buena voluntad y del derecho de todos a vivir en paz y libertad en una misma sociedad, sin preferencias ni discriminaciones, reconociendo sin restricciones el ejercicio de la libertad religiosa de todos como parte importante del bien común de una sociedad democrática. Será más democrático, más respetuoso con nuestra identidad histórica y mucho mejor para todos.

En nuestra sociedad hay otra grave cuestión pendiente. ¿Pueden los gobernantes legislar en contra de la ley moral fundada en la razón y en la tradición mayoritaria de la sociedad? En todas las sociedades hay un patrimonio moral mayoritario, constituido mediante la aportación pacífica de las sucesivas generaciones y de las mejores instituciones del país, que puede llamarse la moral natural socialmente vigente en una sociedad. La cuestión es ¿puede un gobierno legislar y actuar en contra de este patrimonio moral mayoritario de la sociedad? ¿Tienen los legisladores autoridad para modificar y hasta contrariar las convicciones morales de la mayoría de la población? Cierto que el patrimonio cultural de una sociedad es algo dinámico, que cambia y progresa, o se deteriora, al paso de los años. Pero esta movilidad del patrimonio cultural no es tarea propia del gobierno, sino de las personas y las instituciones dedicadas al pensamiento y al enriquecimiento cultural de la sociedad. Si el Estado moderno, con los recursos que sólo él tiene, y dominando buena parte de los medios de comunicación, se convierte en educador y mentalizador de la población, queda muy poco espacio para la democracia. Eso es el inicio de todos los autoritarismos.

Algunos se escandalizan de que los católicos estemos en contra de la nueva asignatura «Educación para la Ciudadanía». La razón es muy sencilla, en el programa de esta asignatura, tal como ahora lo conocemos, hay muchas cuestiones morales, algunas muy importantes para la formación y el futuro de las personas, como es el caso de la educación sexual y afectiva de niños y jóvenes que no corresponden a la competencia del gobierno. Los padres católicos saben que esa educación de sus hijos en las cuestiones morales les compete a ellos, no al Estado, y saben que en las programaciones del gobierno aparecen ideas y teorías muy contrarias a la concepción cristiana de la vida en la cual ellos quieren educar a sus hijos. En vez de descalificarnos unos a otros, examinemos las cosas serenamente y busquemos soluciones que no molesten a nadie, que no excluyan a nadie, que no desprecien a nadie. No hagamos una democracia que valga solo para un partido y sus amigos, dejando fuera a media España. La historia ya nos enseñó que estos ensayos no traen nada bueno.

Pamplona, 1 de septiembre de 2006.
+ Fernando Sebastián Aguilar.
Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Batasuna promueve un preacuerdo para alcanzar el diálogo multipartito

Batasuna promueve un preacuerdo para alcanzar el diálogo multipartito

Batasuna considera que el proceso de resolución abierto en Euskal Herria se encuentra en un estado de bloqueo que atribuye a un intento del Gobierno español de «cambiar los objetivos», eludir los contenidos políticos y apostar por «un proceso técnico, de rendición y humillación». Como solución a esta situación, la formación independentista plantea suscribir sin más demora entre los agentes políticos vascos un «preacuerdo» que dé paso al diálogo multilateral.

Batasuna utilizó ayer la palabra «bloqueo» para definir el estado actual del proceso político abierto en EuskalHerria, una situación que atribuyó al intento de «cambiar los objetivos y plantear un proceso técnico» basado en conseguir «la humillación y la rendición» de la izquierda abertzale.

Con este diagnóstico, Arnaldo Otegi, que compareció acompañado por sus compañeros en la comisión negociadora de Batasuna Rufi Etxeberria y Arantza Santesteban, planteó como «terapia» la necesidad de alcanzar entre los agentes políticos un «preacuerdo» que dé paso a «un diálogo multilateral» para debatir sobre cómo dar la palabra y la decisión sobre su futuro a la ciudadanía vasca.

En su exposición, el líder independentista planteó cuatro preguntas a las que dio respuesta desde el punto de vista de la izquierda abertzale.

Objetivos del proceso

Otegi comenzó reiterando que el objetivo de este proceso ha de ser «superar definitivamente el conflicto político que desde hace siglos enfrenta a EuskalHerria con los estados español y francés». El camino para ello, subrayó el portavoz de Batasuna, ya ha sido fijado por la mayoría de la ciudadanía vasca: «El reconocimiento de este pueblo y el respeto a su palabra y a su decisión».

Otegi constató que existe una demanda para crear un nuevo escenario jurídico y político, y que para dar respuesta a ello es necesario alcanzar «un acuerdo entre diferentes, que tenga en cuenta la pluralidad del país y que dé una salida a todas las consecuencias del conflicto: presos, represaliados, víctimas, desmilitarizaciónŠ».

«Estamos hablando de un proceso integral, que es la hoja de ruta que marca la sociedad vasca. Este es el proceso que quiere la ciudadanía de EuskalHerria», apostilló.

¿Qué está pasando?

Una vez sentadas estas premisas, Arnaldo Otegi pasó a ofrecer el análisis que hace Batasuna de lo acontencido en los meses de julio y agosto. «Para nosotros, está claro que hay una intención de cambiar los objetivos del proceso, modifican- do su dirección y sus contenidos, y utilizando para ello la represión».

Explicó que se está buscando conformar «un proceso técnico, de rendición, sin entrar a las raíces políticas del conflicto. Eso es lo que está ocurriendo durante los últimos meses. Y es especialmente grave, porque además se está intentando hacer mediante la represión».

Como ejemplos citó «la huelga de hambre indefinida que lleva a cabo el preso Iñaki de Juana Chaos, las nuevas citaciones judiciales, las ilegalizaciones, las prohibiciones o las intoxicaciones. Todo eso está encima de la mesa y refleja la cruda realidad del momento actual».

Para Batasuna, estos ataques «tienen un objetivo claro. No se trata de golpear a la izquierda abertzale, sino de cambiar los objetivos democráticos, hacer un proceso técnico, plantear un proceso de rendición y humillación que a fin de cuentas no dé salida al conflicto. Eso es grave, pero es la lectura que nosotros hacemos».

El diagnóstico

Ante esta situación, el portavoz independentista definió la situación como de «bloqueo», al tiempo que recordó que «la izquierda abertzale se comprometió públicamente a no mentir a nadie, ni a este pueblo, ni al Gobierno español, ni a ETA. Siempre dirá la verdad. Y en virtud de ese compromiso, hoy decimos, con toda serenidad y sin dramatismos, que el proceso está bloqueado».

Esta percepción no coincide con la del Gobierno español. El lunes, el secretario de Estado de Comunicación y portavoz oficioso de Rodríguez Zapatero, Fernando Moraleda, manifestó que el proceso «pasa por una buena situación» y que «avanza de una manera razonable».

Otegi apuntó al respecto que «no vamos a negar que ha habido pasos positivos, como la declaración de Zapatero en junio o la reunión pública con el PSE. Desgraciadamente, en vez de continuar por ese camino, en vez de mantener esa dinámica, se ha puesto de nuevo en marcha un proyecto para condicionar el objetivo del proceso».

Por ello, instó a quienes dicen que las cosas van bien a que «expliquen en qué van bien. ¿Cuáles son los datos para decir eso? ¿La situación de los presos? ¿La de la izquierda abertzale? ¿Las intoxicaciones que se repiten constantemente? ¿La falta de voluntad política?».

¿Cómo salimos del bloqueo?

Para Batasuna, el primer paso para salir de esta situación de bloqueo pasa por centrarse en el núcleo del proceso, en su contenido político. Y el segundo paso sería «pasar sin demora de la fase de negociaciones a un preacuerdo que recoja aspectos que para nosotros son bastante razonables: qué principios, qué compromisos y qué objetivos tenemos todos en este proceso, y cómo vamos a hacerlo. Este preacuerdo daría paso al diálogo multilateral, y eso consolidaría el proceso».

En el marco de este análisis, Otegi declaró que mantiene todavía un «optimismo prudente», e insistió en que la apuesta de la izquierda abertzale pasa por «llevar este proceso hasta el final», para que «sea efectivo en el camino de superación del conflicto».

Preguntado por las últimas citaciones del juez Garzón respecto a la movilización convocada para el sábado en Altsasu, certificó que la Audiencia Nacional actúa como «vanguardia de la estrategia de represión», y recordó que este «tribunal de excepción» es «heredero» del Tribunal de Orden Público (TOP) franquista.

Gara, 7 de septiembre de 2006

Iñaki, el héroe

Iñaki, el héroe

PERSONALMENTE tengo motivos de peso para alegrarme de que el múltiple asesino de ETA Ignacio de Juana Chao no coma. Para quienes no tuvieron ocasión de seguir la «crónica etarra» allá por enero de 1998, fecha lejana para muchos, pero tristemente cercana para aquéllos que amamos a Alberto y a Ascen, recordaré que el terrorista que nos ocupa hoy, por su mediática huelga de hambre, declaró desde su celda, ¡a Dios gracias!, contemplando el dolor provocado por el asesinato de mi hermano y su mujer, que «él ya había comido para un mes». Analizando su frase, deduzco que este individuo se alimentaba por aquel entonces del sufrimiento ajeno.

Ese 30 de enero, pues, se dio un festín. Las lágrimas de tres niños de cuatro, siete y ocho años que se despertaron sin padre ni madre apagaron su sed, junto con el champán con el que brindó por éxito del doble asesinato. Lágrimas que bastarían para dar de beber a este criminal, activo miembro de ETA, el resto de sus días. Si al llanto de sus hijos sumamos la desesperación de sus padres, la angustia de sus hermanos y familiares, la tristeza de sus amigos y la rabia que sintió no sólo la ciudad de Sevilla, sino España entera, tras la cruel muerte del joven matrimonio, De Juana Chao no debería preocuparse por su salud. Jamás morirá de hambre, porque si entonces, al oír nuestros llantos, aseguró haberse saciado, gracias a nuestro pesar, yo ,Teresa Jiménez-Becerril, hermana del concejal asesinado, ocho años después, le garantizo que seguimos llorando, que nuestro dolor está intacto y que el de los hijos de mi hermano crecerá con el paso de los años. Por tanto, tranquilo, señor De Juana Chao, aunque usted pierda peso, el cuerpo es sólo un envoltorio; lo que cuenta es el alma, y como la suya, según sus propias palabras, se nutre de nuestra pena, le calmaré diciéndole que ésta es inagotable. Y mientras nos obliguen a soportar manifestaciones en su apoyo, compañeros suyos que salen de la cárcel por falta de pruebas, reuniones con sonrisas y apretones de manos entre etarras y legítimos gobernantes, obispos que reclaman a las víctimas un perdón que los asesinos desprecian; mientras tengamos que vivir en medio de la indiferencia de un pueblo que prefiere dejarse engañar que rebelarse contra un Gobierno que se humilla y les humilla; mientras sigan asesinando la memoria de los nuestros, nuestra pena no se agotará.

Pueden los seguidores de este terrorista vasco, que avergüenza a su raza y a su tierra, aunque enorgullezca incomprensiblemente a los muchos que creen en su proyecto, dormir sin sobresaltos: su vida no corre peligro. Él dijo que había comido para un mes, y yo le digo más: «Esa noche comió usted para el resto de su vida». Vida que le deseo larga y en prisión. Aunque, hoy por hoy, la que no dormirá tranquila seré yo, porque cualquier día me cruzo por la calle con este «angelito», ya que todo es una incógnita, todo relativo en esta España que se acomoda y donde los que no lo hacemos nos sentimos cada día más incómodos. Confío en que esta sinrazón o, mejor dicho, esta «razón creada por sinvergüenzas» no nos lleve a convertir a un terrorista, que cumple condena por matar a niños y mayores, en un héroe por su tenaz huelga de hambre.

Incomprensiblemente, o quizá buscando la comprensión en la conveniencia política de quienes nos gobiernan, ETA ha logrado, sin abandonar las armas, sin dejar de extorsionar y amenazar, sin renunciar a ninguno de sus objetivos, sin mostrar ningún deseo de arrepentirse y sin hacer gesto alguno de acercamiento hacia sus víctimas, convertirse en una respetable organización política que busca con ahínco la paz. En breve, los representantes de este grupo violento, escudados en el diálogo y el talante, se pasearán por Europa como ya se pasean por España, con la cabeza bien alta. Y a nosotros, los que nunca matamos, nos dejarán en casa, cubriendo con nuestras manos entre llantos el verdadero rostro de la paz. Espero que impere el sentido común de quienes otorgan el premio Nobel y no tengamos que ver al Otegui de turno recibiendo el preciado galardón. O, puestos a fantasear, a un delgadísimo De Juana Chao, ayudado por una corte de «soldados vascos» que agradece entre vítores el premio a la paz, en nombre de una Euskalherría libre.

No deseo la muerte de este hombre, aunque por sus venas corra tan mala sangre, y si su huelga de hambre fuera cierta y decidiera quitarse la vida poco a poco, yo, al contrario que él, no comería por un mes, ni siquiera por un día, porque la diferencia entre las víctimas y sus verdugos es que las primeras nunca se alimentarán del dolor de nadie. Nuestro alimento es la justicia.

Por TERESA JIMÉNEZ BECERRIL (hermana de Alberto Jiménez Becerril, concejal del PP en Sevilla asesinado por ETA en 1998).

Alatriste, entre la gloria y la decadencia

Alatriste, entre la gloria y la decadencia

El director español Tano Díaz Yanes, respetado por propios y ajenos, se lanza a un modelo de "superproducción española" –la más cara de nuestra historia– para recrear la figura literaria del capitán Alatriste, ideado en cinco novelas por el escritor de moda Arturo Pérez-Reverte. Sin ser una película extraordinaria es lo suficientemente digna y audaz como para merecer un aplauso. Pero también algunas críticas.

Alatriste tiene virtudes y defectos. Entre sus virtudes está explicar a los chicos-logse que España no fue siempre el desastre que es hoy, que fue grande y poderosa, que estuvo sostenida por un pueblo creyente, y que condujo sus pasos de imperio mundial por las sendas de ideales y sacrificios. Dicho así suena a nacionalcatolicismo, pero la película también nos muestra los pecados y mezquindades de una España que a mediados del siglo XVII ya empezaba a rodar cuesta abajo hasta la ciénaga en la que se sumerge hoy. Un Felipe IV muy alejado de un modelo de rey digno, un Conde Duque de Olivares cegado por la miopía del poder, y cómo no, la Inquisición Española, el invento de toda la historia que más ha rentabilizado la izquierda occidental.

Los Tercios de Flandes son el telón de fondo de esta película de aventuras. Aventuras bastante bien resueltas –en ocasiones con brillantez, como el arranque del film-. Pero también es un retrato de la España austera, sufriente, pesimista, estoica. La España del Goya oscuro, de Baroja, de Unamuno, de Lorca, la España novia de la muerte (con perdón),... y la España cainita (Unamuno y Millán Astray eran tan españoles hasta la médula el uno como el otro). Una España que retrató Velázquez como lo retrata con absoluta maestría el iluminador Paco Femenía (el Goya de este año debería ser suyo) apoyado por una dirección artística y de vestuario impolutas.

El reparto es notabilísimo, aunque Pilar López de Ayala tiene un minúsculo papel para su talla interpretativa, quizá superior a la de Elena Anaya. Eduard Fernández, Echanove –que hace de Quevedo- y Javier Cámara –Conde Duque de Olivares- están estupendos. Mucha mala uva demuestra que el papel de clérigo inquisidor, el dominico Emilio Bocanegra, esté encarnado por una actriz (Blanca Portillo, la Agustina de Volver), para darle un cierto aire homosexual repelente. De hecho, ese clérigo –único representante de la Iglesia en el film– es el personaje más caricaturesco de todos. Qué se le va a hacer. Es la moda. Pero el mejor, sin duda, es Viggo Mortensen (Alatriste), que a pesar de no ser español ilustra a la perfección algunas de las notas más seculares y contradictorias del carácter hispano.

La violencia es realista, sucia, muy física, nada marcial –a pesar de estar dirigida por Bob Anderson, el que enseñó a luchar a Darth Vader–, el erotismo es moderado y creíble, la narración desigual, con altibajos, y la banda sonora maravillosa, sobre todo en sus partituras de guitarra española. El retrato de Madrid, sorprendente, inimaginable para los hijos del gallardonismo faraónico.

El tratamiento de la fe del español del siglo XVII es mucho más cojo. Tras la señal de la cruz y las oraciones piadosas no se perciben hombres de fe, sino más bien ateos modernos que conservan unas normas impuestas por el sistema. Pero tampoco Tano carga las tintas en ello, aunque sin duda perjudica la comprensión histórica del periodo. Una alusión a los catalanes, a los que se da la misma consideración que a los portugueses, es un guiño que agradará a los nacionalistas acomplejados. Ambos asuntos son claras concesiones a la aburrida corrección política.

Juan Orellana

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 7 de septiembre de 2006