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ETA: la espada de Damocles sobre Bildu

ETA: la espada de Damocles sobre Bildu

El comunicado de ETA pone fin a la negociación para la “resolución de las consecuencias del conflicto” y anuncia “consecuencias”. Se evidencia así que nadie con dos dedos de frente puede ir de la mano con Bildu a expensas de que mañana ETA cometa un asesinato

Mediante un comunicado, la organización terrorista ETA ha anunciado que “el espacio de diálogo y negociación establecido para la resolución de las consecuencias del conflicto ha quedado disuelto”.

Según ETA, “la creación de la mesa de diálogo y de la delegación de ETA, fue un compromiso entre ETA y el Gobierno español adoptado antes de la decisión histórica y con el respaldo de representantes internacionales. El objetivo era apuntalar la resolución del conflicto mediante una agenda de diálogo y negociación”.

La parte más preocupante del comunicado, sin embargo, es que la banda terrorista comunica que “la disolución del espacio de diálogo es un paso atrás muy claro y traerá consecuencias negativas, ya que dificulta y retrasa la resolución del conflicto”.

 

Los “ideólogos” de Zabaleta recuerdan que siguen siendo los ideólogos del amonal

Asimismo, como de pasada, la organización aprovecha para recordar que “el tema del desarme está fuera del mandato que recibió el CIV (Comisión Internacional de Verificación), por eso, no está ni ha estado en la agenda de ETA ni del CIV.”

 

La espada de Damocles de Bildu

Al margen de que el comunicado arroja alguna luz sobre sucesos como la excarcelación de Bolinaga, el enfermo terminal más longevo de la historia, lo que viene a evidenciar es que nadie con dos dedos de frente puede impulsar una moción de censura de la mano de Bildu ni formar un gobierno a expensas de que mañana ETA cometa un asesinato, o lo que sea a lo que ETA se refiere cuando anuncia que no darles lo que quieren “traerá consecuencias”.

Habrá quien deplore que las amenazas de ETA permitan convertir a Bildu en una formación de apestados, desde el punto de vista democrático. Pues que se lo reproche a ETA, no a sus amenazados.

http://www.navarraconfidencial.com/2013/03/27/eta-la-espada-de-damocles-sobre-bildu/

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El Gobierno ha sido diligente en la defensa de la doctrina Parot, no tienen razón algunas víctimas al quejarse

El Gobierno ha sido diligente en la defensa de la doctrina Parot, no tienen razón algunas víctimas al quejarse

Páginas Digital entrevista al catedrático Mikel Buesa, al hilo de las últimas noticias en referencia a la Doctrina Parot. 

¿Qué consecuencias tendría la anulación de la doctrina Parot?

 La doctrina Parot es un sistema de contabilización de las reducciones de penas por la realización de estudios o de trabajos que se aplica a la totalidad de los años de condena de cada recluso. Esto significa que si un preso tiene una condena de 300 años y una reducción de 6, entonces su pena queda fijada en 294 años. De ellos, sólo cumplirá 30, puesto que éste es el límite de cumplimiento que fijaba el código penal de 1973. Con el sistema anterior a la doctrina Parot, la resta se realizaba sobre este período de máximo cumplimiento, con lo que un condenado a penas centenarias podía salir de la cárcel con poco más de veinte años de cumplimiento.

Esto significa que si la doctrina Parot se suprime, más de cien reclusos que ahora esperan a los treinta años de cumplimiento de pena, saldrán inmediatamente de la cárcel. Y además tendrán que ser indemnizados por el Estado. La mayor parte de ellos son asesinos de ETA, pero hay también otros presos no terroristas.

 

Hay quien dice que no es conforme a derecho porque se inventó para que los terroristas siguieran en las cárceles. ¿Usted qué cree?

La doctrina Parot la estableció el Tribunal Supremo para evitar que terroristas con largas condenas por haber cometido múltiples asesinatos, pudieran salir de la cárcel con unos pocos años de cumplimiento. Por poner sólo un ejemplo, De Juana Chaos, autor de 25 asesinatos, cumplió sólo 19 años de prisión. El hecho de que se estableciera esta doctrina para alargar el cumplimiento de penas de los terroristas hasta los treinta años, no significa que se trate de una arbitrariedad o una ilegalidad. No es arbitrario porque sólo se ha aplicado sobre los condenados a los que, en el momento de entrar en vigor la doctrina Parot, no se les había establecido la liquidación de su pena. Y no es ilegal porque se trata de una medida de política criminal amparada por la Constitución, tal como ha establecido en reiteradas sentencias el Tribunal Constitucional.

 

¿Forma parte esto de una negociación o una flexibilización de las penas impuestas a ETA?

La doctrina Parot formó parte del paquete de medidas negociadas entre ETA y el Gobierno de Zapatero. Sin embargo, los acuerdos a los que pudieron llegar nunca fueron efectivos. Zapatero esperaba que el Tribunal Constitucional, sobre el que ejerció intensas presiones, declarara la inconstitucionalidad de la doctrina Parot. Pero no fue así; y entonces, el Gobierno no pudo evitar su aplicación. Afortunadamente todavía queda algo de la división de poderes en España y es clafro que los jueces no estuvieron por la labor de satisfacer los acuerdos a los que Zapatero hubiera llegado con ETA.

 

¿En algún momento sería justo que los etarras tuvieran algún beneficio penitenciario? ¿Cuándo? 

Los terroristas, como los demás reclusos, pueden tener beneficios penitenciarios y acceder al tercer grado y a la libertad condicional siempre que hayan cumplido tres cuartas partes de la pena a la que fueron condenados y estén arrepentidos. Desde la perspectiva penal, el arrepentimiento exige la colaboración con la justicia para esclarecer otros casos de terrorismo. Digamos que para ser un arrepentido hay que ser un delator.

¿Es justo este tratamiento? En la perspectiva de las víctimas, sobre todo cuando se han cometido crímenes irreparables, no es justo. Pero también está la perspectiva del interés de la sociedad que se expresa en la política criminal. Y, en esta perspectiva, considero que las exigencias del Código Penal son suficientes en el caso de los condenados por terrorismo.

 

¿Ha sido suficientemente contundente el Gobierno?

En este tema de la doctrina Parot el Gobierno actual ha sido muy diligente, ha actuado con corrección y ha preparado con esmero el recurso presentado en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Confío en que su labor sea coronada por el éxito.

Al dar esta respuesta no se me oculta que alguna asociación de víctimas se haya quejado del Gobierno. Esas quejas revelan sobre todo la ignorancia de los procedimientos jurídicos. Hay dirigentes en esas asociaciones que creen que este tipo de temas se solventan con manifestaciones públicas, campañas de prensa o declaraciones más o menos extremas. Y no es así. El Tribunal Europeo no se va a ver presionado por la calle y lo que cabe esperar de él es que reflexione a partir de los argumentos jurídicos y de política criminal. Esto es lo que ha hecho el Abogado del Estado bajo las instrucciones del Gobierno. Y, por eso, ha de decirse que su actuación ha sido irreprochable.

 

¿ETA se ha acabado?

ETA sigue viva y sus dirigentes no tienen la menor intención de disolver su organización. Las autoridades francesas lo han señalado recientemente en el juicio que se ha celebrado en París contra los llamados "generales" de ETA. Ahí se ha señalado que hay, en este momento, unos treinta terroristas preparados para cometer atentados, que se ha restablecido el reclutamiento de nuevos militantes entre los jóvenes de Segi, y que disponen de un arsenal de armas y explosivos considerable.

 

Aunque, seguramente, el riesgo de nuevos atentados es bajo en este momento, ello no significa que, dependiendo de las circunstancias políticas, ETA no pueda intentar el desarrollo de una nueva campaña terrorista. Por otra parte, durante el último año, ha incrementado sus acciones callejeras (como puedes ver en el informa de la Cátedra de Economía del Terrorismo que se acaba de publicar: pendientedemigracion.ucm.es/info/cet/documentos%20trabajo/DT15CET_Act_terr_ETA_2012.pdf). Digamos que, mientras ETA no se disuelva, estamos en una situación de impasse en la que los partidarios de la continuidad de la violencia están frenados por los políticos que ejercen la representación institucional de la izquierda abertzale. Ello hace que el final de la violencia no sea irreversible y que aún existe la posibilidad de que el terrorismo no haya llegado a su final.

Por José María Gutiérrez Montero

http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=3629&te=&idage=&vap=0&codrel=2206

 

Radiografía de los presos de ETA. Se niegan a hablar con emisarios del Gobierno, denuncian que la banda les ha abandonado y se distancian de Otegi

Radiografía de los presos de ETA. Se niegan a hablar con emisarios del Gobierno, denuncian que la banda les ha abandonado y se distancian de Otegi

No quieren saber nada de nadie, se sienten olvidados, y ya no confían en Otegi. Los presos de ETA se sienten en un callejón sin salida ante la política penitenciaria del Gobierno. Mantienen sus reticencias a la 'vía Nanclares', pero tampoco ven otra solución a su situación.

Según ha sabido El Confidencial Digital, una gran parte de los presos de ETA llevan desde el último trimestre del año pasado sin aceptar ningún tipo de visita o reunión con agentes de la Policía y la Guardia Civil pertenecientes a Servicios de Información, que envía el Gobierno a las cárceles para pulsar la opinión de los terroristas internos sobre la ‘vía Nanclares’.

Los reos han adoptado esta postura porque, según ellos, “el Gobierno filtra algunas de nuestras declaraciones a la prensa con el único objetivo de colgarse la medalla con aquellos que optan por entrar en el juego de reconocer el daño causado para obtener beneficios penitenciarios”.

 

Sólo un 10% apuesta por la ‘vía Nanclares’

Pese al silencio pactado por los presos, los técnicos de Instituciones Penitenciarias han elaborado un análisis sobre el actual sentir de los terroristas encarcelados, así como su postura sobre la ‘vía Nanclares’, el proyecto de inserción ofrecido por el Gobierno a aquellos que reconozcan el daño cometido y se alejen de la banda.

Según las fuentes consultadas por ECD, de los 656 internos pertenecientes a ETA, un 30% rechaza la 'vía Nanclares' y un 10% ya ha iniciado trámites para acogerse a ella.

El 60% restante "está en zona de nadie, no quiere alinearse con ninguna asociación de presos, y no ve solución a su situación. Están claramente desmotivados".

 

No se fían de Otegi

Además, los técnicos de Instituciones Penitenciarias a los que ha tenido acceso este confidencial apuntan a que el liderazgo de Arnaldo Otegi dentro del colectivo de presos también  ha decaído.

La decisión de Sortu de reservarle la secretaría general de la coalición abertzale le ha puesto a la mayoría de los presos en su contra: “Le consideran un traidor por buscarse una salida de la cárcel a través de la política, y dejar ‘tirados’ a sus compañeros”

Además, la última huelga de hambre, impulsada por él, para forzar la excarcelación de Bolinaga, uno de los secuestradores de Ortega Lara, apenas tuvo seguimiento: “Cada vez hay menos presos que le sigan y sus campañas tienen menos repercusión a nivel interno”.

http://www.elconfidencialdigital.com/seguridad/081807/radiografia-de-los-presos-de-eta-se-niegan-a-hablar-con-emisarios-del-gobierno-denuncian-que-la-banda-les-ha-abandonado-y-se-distancian-de-otegi

La dirección de ETA esconde las armas y el dinero para evitar

La dirección de ETA esconde las armas y el dinero para evitar

La dirección de ETA teme que el sector más radical de su militancia, opuesto al cese de la violencia, trate de escindirse en una organización independiente que pondría en riesgo su capacidad de interlocución y el propio proceso de paz. Ante esta amenaza, los dirigentes de la banda han decidido mover de sitio todos sus arsenales y han retirado a sus comandos el dinero del que disponían.

Según revelan fuentes de la lucha antiterrorista, los escasos fondos con los que cuenta en la actualidad la banda están siendo gestionados en exclusiva por sus máximos dirigentes, que han impuesto un control férreo sobre su uso. Lo mismo ocurre con los almacenes de pistolas y explosivos, escondidos ahora en emplazamientos que sólo conoce la cúpula. Si ETA sufriera una fractura en el camino que ha emprendido hacia su disolución, los impulsores de la nueva rama tendrían que levantar toda su infraestructura desde cero, un desafío arriesgado que desactiva las tentaciones de emprender un proyecto en solitario.

Las tensiones en el seno de la banda crecen conforme se acerca su final. ETA aún no ha concluido, según las mismas fuentes consultadas, el debate que abrió la dirección entre sus militantes para evaluar las últimas decisiones adoptadas en el marco del proceso de paz. El cese definitivo de las operaciones armadas, anunciado el 20 de octubre de 2011, fue una decisión tomada por la dirección, pero este paso encontró pronto oposición entre los miembros del ala más radical de la banda. La ausencia de avances concretos en la negociación, por la negativa del Gobierno de Mariano Rajoy a asumir sus exigencias, ha incrementado aún más este malestar. Las únicas cesiones que la militancia concede al Ejecutivo del Partido Popular son la excarcelación del sanguinario terrorista Josu Uribetxeberría Bolinaga y la continuación de la política penitenciaria de acercamientos selectivos al País Vasco que puso en marcha Alfredo Pérez Rubalcaba durante su etapa al frente del Ministerio del Interior.

 

El ejemplo del IRA

El riesgo de escisión está en la mesa de los responsables de la lucha antiterrorista. El IRA anunció en 2005 su completa disolución, pero para entonces ya había sufrido al menos tres escisiones que prolongaron su actividad armada: el IRA de Continuidad, el IRA Auténtico y el Ejército Irlandés de Liberación Nacional (INLA). Los acuerdos de paz firmados por los Gobiernos británicos e irlandés con los miembros del IRA no han servido para terminar con la violencia.

Con ese escenario en mente, los mayores esfuerzos en la lucha antiterrorista se están centrando en la captura de los etarras más contrarios al cese de las operaciones armadas. El objetivo es dejar vía libre al órgano de dirección de la banda (el Zuba, en el argot de los militantes) para culminar la disolución. En este sentido, el último gran golpe al sector duro de ETA fue asestado el pasado mes de octubre, con la detención a 70 kilómetros de Lyon (Francia) de Izaskun Lesaka, responsable del aparato logístico y encargada, por tanto, de sus almacenes de armas y explosivos. Junto a Lesaka también cayó su novio, Joseba Iturbide, uno de los autores del atentado de la T-4, en diciembre de 2006, la acción con la que el sector más duro de ETA hirió de muerte el proceso de negociación que había patrocinado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

 

Los rostros del final

Los encargados de firmar la disolución de ETA serán Iratxe Sorzábal, David Pla y Egoitz Urrutikoetxea, los tres etarras que según las fuentes de la lucha antiterrorista consultadas integran en estos momentos la cúpula de la banda. Sorzabal, de 41 años, ascendió a la dirección en 2010 tras una sucesión de golpes policiales que desmanteló casi por completo la estructura militar de la banda. Se le imputan tres asesinatos. En estos momentos, sería la máxima responsable de los comandos y del aparato político.

Pla, de 37 años y una altura de 1,48 metros, es otro viejo conocido de la Policía. Fue líder de la asociación juvenil Jarrai y pasó por el comando Aragón y por Halboka, el órgano que vela por el cumplimiento de la ortodoxia etarra en las prisiones. En abril de 2010, Pla fue detenido por la gendarmería francesa pero, a las pocas horas de su captura, en circunstancias extrañas, quedó libre. Aprovechó la ocasión para fugarse y pasar de nuevo a la clandestinidad. Tanto Sorzábal como Pla participaron en la lectura de los comunicados con los que ETA anunció su alto el fuego permanente, en enero de 2011, y el cese definitivo de su actividad armada, en octubre de ese mismo año.

 

Históricos en libertad

El tercer miembro del Zuba es Egoitz Urrutikoetxea, hijo del histórico dirigente de ETA José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, más conocido por su alias Josu Ternera. Egoitz Urrutikoetxea, de 38 años, tiene un largo historial como responsable de las organizaciones juveniles de ETA en suelo francés y acumula varias condenas en rebeldía por esa vinculación. No tiene delitos de sangre pero goza del respeto que inspira su apellido. Las fuentes consultadas lo ubican al frente del aparato político.

Hasta hace poco, Sorzabal, Pla y Urrutikoetxea compartían liderazgo con Mikel Oroz, Alejandro Zobaran, Ignacio Lerín e Izaskún Lesaka pero estos últimos cuatro han sido expulsados del tablero de la negociación en los últimos dos años, gracias a la acción de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Aún no han sido capturados tres históricos que también ocuparían puestos destacados en el actual organigrama de ETA. Se trata de José Luis Eciolaza Galán, alias Dienteputo, y Juan Cruz Maiztegui Bengoa, alias Pastor, y Eusebio Arzallus Tapia, alias Paticorto.

José María Olmo

http://www.elconfidencial.com/espana/2013/02/26/la-direccion-de-eta-esconde-las-armas-y-el-dinero-para-evitar-escisiones-115442/

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Ensayo: Justicia victimal contra las peticiones de amnistía de los presos de ETA (por Raúl González Zorrilla)

Cualquier análisis del reciente papel socio-político desempeñado por las víctimas del terrorismo no puede obviar que uno de los elementos que más ha contribuido a que la violencia terrorista se haya perpetuado en Euskadi y en España a lo largo de medio siglo ha sido el hecho de que, durante este tiempo, una parte importante de la sociedad vasca ha interiorizado que el recurso al asesinato, al chantaje, a la amenaza o la extorsión, es algo que, aunque reprobable, “puede ser comprensible” dada la existencia de un presunto y falsario “conflicto político” que, al parecer, no puede ser solucionado por vías exclusivamente democráticas.

Perversas razones de interés nacionalista, falsos progresismos postmodernos que alimentan la falsa creencia de que todas las ideas pueden ser dichas sin asumir las consecuencias de las mismas (incluso las que exigían más tiros en la nuca) y una vergonzosa dejación de las instituciones en su responsabilidad de hacer cumplir la legalidad, han alimentado esta atrocidad y han posibilitado la obscenidad suprema de que el punto de vista que haya primado en Euskadi a la hora de analizar la realidad política de nuestro entorno fuera el de los verdugos, y nunca el de sus víctimas.

Esta situación éticamente indecente, mantenida en el tiempo, alimentada con entusiasmo y multiplicada exponencialmente por el desinterés de algunos y el desistimiento de muchos, provocó durante muchos años la marginación radical y el abandono más absoluto de las víctimas del terrorismo, pero, además, recreó un universo trémulo donde la defensa y la protección de los derechos básicos de las personas se consideraba como algo simplemente anecdótico que podía someterse a intereses más espurios como la presunta construcción de una nación fantasmal. Frente a esta mirada orweliana de los verdugos, que fue la que llegó a su grado máximo de expansión con la firma en 1998 del Pacto de Estella entre los nacionalistas vascos y los terroristas vascos, las víctimas, con el convencimiento de que será imposible alcanzar la paz sobre el olvido de lo padecido, sobre la injusticia y la impunidad, se han convertido en el principal antídoto para vencer el cáncer moral que el terrorismo ha extendido a lo largo y ancho de la sociedad vasca.

Esta ejemplaridad de la voz y del testimonio de las víctimas, se asienta sobre varias razones.

En primer lugar, porque las propias víctimas, en condiciones profundamente dramáticas, han sido siempre una muestra modélica de respeto al sistema democrático, de lucha por la justicia, de renuncia a la venganza, de repulsa a cualquier método violento para terminar con ETA y de trabajo firme por mantener la verdad de lo sucedido, a pesar de los muchos intentos que en Euskadi se han hecho por manipular tanto las historias particulares de las más de ochocientas personas asesinadas por ETA como la propia historia colectiva de todos los vascos.

Por otro lado, los familiares de las víctimas del terrorismo conocen mejor que nadie toda la atrocidad, el dolor, el drama y las consecuencias fatales que se derivan de cada atentado criminal. Las muy diversas, ocultas y trágicas historias de estos hombres y mujeres recogen detalladamente toda la infamia que se ha vertido en el País Vasco y, por ello, las víctimas poseen una autoridad crucial para desmontar despropósitos ideológicos que, aún hoy, tratan de buscar coartadas y dotar de significado a las acciones terroristas más crueles y sanguinarias.

A pesar de que, en algunas muy escasas ocasiones, las personas que han sufrido directamente o en la figura de algunos de sus allegados el ataque de los violentos reniegan del papel protagonista que les corresponde, la mayor parte de éstas entiende que son las únicas que pueden liderar el proceso que lleve a la sociedad vasca a observar su virulenta y triste historia reciente desde el punto de vista de quien la ha sufrido y no de quien la ha modelado, desde la mirada del asesinado y no del que victimario, y desde el prisma de quienes, en muchos casos, han dado lo mejor de sí mismos para defender la libertad de todos. Natividad Rodríguez, viuda de Fernando Buesa, máximo responsable del Partido Socialista de Euskadi en Álava cuando fue asesinado por ETA el 22 de febrero de 2000, ha explicado muy sucintamente cuál debe ser, en su opinión, el papel público de las víctimas terrorismo. “Nadie puede entender la política vasca de los últimos años sin la existencia de una sociedad profundamente atemorizada por la actividad asesina de ETA y, por ello, las víctimas han de tener un lugar central en el debate político. (...) Cualquier proyecto de convivencia, para ser moral, deberá respetar la memoria de las víctimas; para ser legítimo, deberá plantearse en condiciones de igualdad y libertad de todos los participantes; y para ser legal, deberá cumplir las reglas de juego preestablecidas, que en democracia se plasman en las normas legítimamente aprobadas”.

En Estados Unidos, donde hasta el 11 de septiembre de 2001 prácticamente no se tenía ninguna experiencia de la tragedia que siempre acompaña a cualquier atentado, independientemente de la magnitud de éste, se comprendió rápidamente que el pilar básico desde el que una colectividad debe apoyar su reconstrucción tras sufrir una acometida terrorista es, en cualquier circunstancia, el de las víctimas de la barbarie. No se trata solamente de que detrás de los nombres y apellidos de cada una de las personas diezmadas por el horror fanático se encuentre una vida rebosante de ilusiones, de retos, de sueños y de esperanzas como las de tantos seres humanos que todos los días salen a la calle en múltiples lugares del globo tratando de llevar una existencia digna y en paz. Lo más importante que hay que tener en cuenta es que cada víctima de un ataque terrorista es un proyecto de futuro cercenado, es una familia a la que se le ha roto el porvenir y es, en la presencia de los heridos, o en la ausencia de los fallecidos, una cicatriz en el rostro de una sociedad que tras la llaga del horror ya nunca vuelve a ser como antes.

Reconocer, ayudar y proteger a las víctimas de la barbarie es, en este sentido, un acto de humanidad, pero es también una iniciativa que contribuye a la cohesión ética de la ciudadanía, que polariza las fuerzas contra el terror y que, desde un primer momento, deslegitima radicalmente cualquier intento de comprender, argumentar o justificar la acción asesina llevada a cabo por los criminales. En el rostro de cada una de las víctimas de un atentado terrorista, en el sufrimiento de los lacerados y en el desconsuelo de los familiares, se encierra el dolor de toda una sociedad dramáticamente lesionada que, en el fondo, siempre es el principal objetivo de una acto criminal de estas características. El terrorista, asesinando a personalidades relevantes o destruyendo la vida de cientos de ciudadanos anónimos, busca conmocionar a la totalidad de la ciudadanía a través del chantaje de las armas, mediante la presión de la amenaza siempre presente, a través del miedo permanentemente exhibido y utilizando el horror como eficaz instrumento de ruptura de lo que los criminales más odian: la libertad de cada persona, y la potestad de ésta para hacer uso de este derecho elemental de un modo ajeno a cualquier dictado político o religioso. Tal y como ha explicado

Ignacio José Subijana Zunzunegui, presidente de la Audiencia de Gipuzkoa, “la macrovictimación terrorista tiene un plano ontológico y otro axiológico. En el plano ontológico se encuentra el dolor por el asesinato, el secuestro, la amenaza, la coacción. En el plano axiológico reside la significación del asesinato, el secuestro, la amenaza y la coacción; es decir, el relato. Reyes Mate, haciendo suyas las reflexiones de Benjamin, refiere que todo crimen mortal tiene dos muertes: la muerte física, centrada en la aniquilación biológica de una o varias personas, y la muerte hermenéutica, ceñida a la estrategia dialéctica elaborada para hacer invisibles a las víctimas”. (1)

 

El relato

La comprensión de que la memoria de las personas asesinadas es el principal bien a resguardar tras la acción terrorista, la asunción de que los familiares de las víctimas deben ser considerados como el centro de cualquier iniciativa política-social que se impulse después de cometido el acto violento y el convencimiento de que la respuesta al terror de masas debe asentarse siempre sobre la eficacia policial, la firmeza judicial y el reconocimiento público, repetido y socialmente masivo a las víctimas, son exigencias colectivas que en España en general, y en el País Vasco en particular, se encuentran permanentemente cuestionadas. Con el agravante, además, de que cuando finalmente estos fundamentos básicos comienzan a ser interiorizados, su importancia radical trata de minimizarse y difuminarse, especialmente desde los ámbitos nacionalistas, independentistas y presuntamente progresistas, con argumentos tramposos que abogan por convertir a todos los hombres y mujeres de esta tierra en damnificados de diferentes afrentas que se anulan unas con otras, y que tienen un único objetivo éticamente demoledor para quienes confiamos en el sistema democrático de convivencia: implantar artificiosamente la idea de que “es necesario pasar página” y “ceder desde todas las partes” para alcanzar una “reconciliación” en la que no haya “ni vencedores ni vencidos”.

El primer paso hacia la impunidad de los crímenes terroristas es, de hecho, esta estrategia que trata de mezclar en un patético “totum revolutum” a las víctimas del terrorismo, de los “excesos policiales”, de los malos tratos, de torturas, de agresiones injustas e, incluso, de la dictadura franquista y de la batalla de Machichaco que tuvo lugar durante la Guerra Civil española, con la pretensión, tan sibilina como vergonzosa, de fomentar la mentira suprema de que la actividad asesina de ETA solamente es una cara más de un conjunto variado de violencias ejercidas desde el Estado democrático español o desde personas, entidades u organizaciones ligadas a éste. Pero frente a quienes apelan a no volver la vista hacia atrás y a camuflar lo sucedido para no despertar las iras de quienes todavía amenazan con volver a asesinar, el recuerdo constante y permanente de lo padecido ha de erigirse como el núcleo central de cualquier proyecto conjunto de sociedad que pretenda superar varias décadas de terror. A pesar de las interpretaciones perversas que se hacen al respecto, la memoria histórica de lo reciente no es algo que impida cerrar las viejas heridas. Más bien al contrario, el relato de las víctimas es la única herramienta de que dispone una sociedad para interiorizar sus desmanes, para vertebrar nuevos caminos de futuro que se alejen de la atrocidad y, sobre todo, para cerrar con un mínimo de solidez heridas colectivas que jamás debieron haberse provocado. Un hipotético perdón del daño causado, que hay que recordar que es algo que no puede exigirse desde un punto de vista político o jurídico, solamente pueden tener sentido sobre el recordar fiel de lo que ha acaecido y sobre una perspectiva a largo plazo que presente visos ciertos de que el horror no va a volver a reproducirse.

Nada podrá reconstruirse desde un punto de vista ético si, interesadamente y para acercar a los terroristas los beneficios de la impunidad, se intenta correr un tupido velo sobre la infamia y la iniquidad y se pretende disipar el perfil testimonial y relator claramente definido de las víctimas del terrorismo, al mismo tiempo que se refuerza el protagonismo reivindicativo de los antiguos etarras que ahora dicen no querer matar. Volviendo al ejemplo norteamericano, ¿se imagina alguien que pudiera ser posible que el gran Memorial que se levanta en el nuevo World Trade Center homenajeara, además de a los hombres y mujeres asesinados en las Torres Gemelas, a, por ejemplo, todos los damnificados por el racismo en la reciente historia de la ciudad norteamericana, a los afectados por los abusos policiales a lo largo de las últimas décadas, a los neoyorquinos perjudicados por las prácticas mafiosas en los años veinte del pasado siglo o, en el colmo de la estulticia, a todos los miembros de Al Qaeda autoinmolados en atentados suicidas en cualquier lugar del mundo? Citando nuevamente a Ignacio José Subijana Zunzunegui, “es preciso garantizar a las víctimas un pronunciamiento expreso sobre el injusto culpable del autor. De esta forma se cumplirían las exigencias mínimas de justicia en la medida que se obtendrían tres efectos: una declaración pública de reproche por el injusto causado, afirmando que el daño no viene motivado por el azar o por culpa de terceros o de la propia víctima, sino única y exclusivamente por un comportamiento antijurídico del victimario; una consignación expresa de las personas que han sufrido la victimación, lo que permite su constitución efectiva como víctimas así como su indeclinable individualización; un pronunciamiento explícito de que el daño causado fue injusto y que, consecuentemente, las víctimas tienen derecho a ser reparadas por el victimario”. (2)

Los crímenes de ETA, junto con las coacciones, las amenazas, los chantajes y las afrentas que durante cincuenta años se han llevado a cabo impulsadas desde el “brazo político” de la organización criminal, poseen, y éste es uno de los objetivos fundamentales de cualquier banda terrorista, una dimensión pública totalitaria que trata de imponer, a través del miedo, la intimidación y la coacción, unos determinados objetivos políticos, así como busca convertir la historia en una quimera para alumbrar un presente irreal en el que todos sus desmanes puedan ser justificados y comprendidos. Por este motivo, la derrota del terrorismo exige que el daño producido y el dolor provocado tengan una privilegiada y ejemplarizante dimensión pública que ha de ser protagonizada, aunque no exclusivamente, por las víctimas del terrorismo.

Las personas directamente damnificadas por la violencia terrorista, así como los familiares del casi de millar de personas asesinadas por la banda terrorista ETA, han de ser, sobre todo, la punta de lanza de un movimiento colectivo que arrastre a los poderes públicos, a las instituciones democráticas, a los agentes sociales y a la mayor parte de los ciudadanos, a estar vigilantes contra la tentación del olvido y contra la incitación cómoda y eficaz, y tantas veces vista a lo largo de la historia, a “pasar página” o a “no mirar hacia atrás” para no incitar a los viejos fantasmas.

Las víctimas vascas del terrorismo, en su esencial y casi obligado deber de testimonio público, se responsabilizan de denunciar persistente e incansablemente la demostrada y absoluta incapacidad de la banda terrorista ETA para asumir el sufrimiento infligido a la sociedad vasca en particular, y a la sociedad española en general. Pero, además, las víctimas del terrorismo han de convertirse en el principal ariete contra una tendencia tan obscena como cada vez más extendida que consiste en banalizar el horror provocado por la banda terrorista ETA a lo largo de su casi medio siglo de existencia y que tiende a entender la actividad criminal de esta organización totalitaria como algo nimio, como una pequeña, “comprensible” y molesta excrecencia de la dictadura.

En este punto, debemos ser conscientes de que la actual generación dominante en España, ideológicamente flácida, intelectualmente exangüe y doctrinalmente inconsistente, vive el tiempo histórico como simultaneidad y no como sucesividad, y se mantiene permanentemente en ebullición en una actualidad perpetua en la que no hay espacio para el distanciamiento reflexivo, para la comprensión del desarrollo causal de los acontecimientos o para extraer debidamente las pertinentes enseñanzas del pasado. Hay en la comunidad autónoma vasca y en el resto del país demasiados hombres y mujeres que habitualmente viven en una realidad anoréxica, mórbida, superficial y fragmentaria que, al perder todo tipo de conexión con el pretérito, y lo que es peor, al demostrar un absoluto desinterés por lo transcurrido en el pasado, han empequeñecido y relativizado la barbarie etarra: fundamentalmente, desdeñan los recuerdos colectivos existentes tras lustros de convivir con la violencia más impía y menosprecian el cúmulo de conocimiento aprendido a base de acopiar lágrimas de impotencia tras cada nuevo acto de barbarie. El relato constante y firme de las víctimas del terrorismo se convierte, de este modo, en el principal freno contra el concepto de “amnesia generacional” definido por el escritor y analista Alvin Toffler, que consiste, según explica el experto neoyorquino, en que “se está modificando el tiempo pasado y el tiempo futuro, vaciándolos de contenido, y no dejando tras de sí nada salvo el presente, un lugar peligroso y poco sólido. Porque a medida que se acelera la aceleración del cambio, el pasado y el futuro cada vez se acercan más entre sí y comprimen el presente en la nada. Que no es precisamente un lugar satisfactorio para pasar la vida” (3). Ni para la verdad ni la justicia, añadiríamos nosotros.

De hecho, esta absoluta, buscada e interesada desmemoria referencial, liderada por socialista y nacionalistas y perversamente aliada con un espíritu ideológico posmoderno, frívolo, desarmado, contemporizador y desinteresado de la defensa del sistema democrático y de la salvaguardia de los valores fundamentales de nuestro sistema de convivencia, es la que ha propiciado el actual panorama social maleable, insustancial y caótico que padecemos, en el que demasiadas agendas políticas se pliegan a las presiones de los terroristas, de los amigos de los terroristas, de los independentistas más ariscos, de la izquierda más huraña y de los sectores sociales más radicales y populistas, dando luz a una realidad hedionda y volteada en la que los delincuentes son tratados como los líderes del futuro, en la que los demócratas son expulsados al gueto misterioso de la derecha extrema y en la que, en el colmo de las vilezas, las víctimas del terrorismo son consideradas como peligrosos elementos de odio, intolerancia y crispación.

 

La tentación de la impunidad

Como hemos visto, el valor público del testimonio de las víctimas del terrorismo se construye sobre tres virtudes y responsabilidades que les son propias no de un modo exclusivo, pero sí preferencial: la lucha contra el olvido, la lucha contra cualquier forma de impunidad y la autoría del relato de lo padecido.

En este sentido, y en lo que hace referencia al trabajo contra la indemnidad de los crímenes, es preciso partir de una cuestión elemental: la historia de terror de ETA no tiene ninguna legitimación posible y, por lo tanto, debe ser condenada con rotundidad y sin ningún tipo de paliativos. Y esa condena, que debe darse siempre de forma pública y destacada, ha de ser requerida de un modo excepcionalmente exigente a todos aquellos que, con medio siglo de retraso, desean sumarse ahora, con sus propias condiciones y exigencias, al sistema democrático de convivencia.

La justicia es un derecho fundamental de cualquier ciudadano, y especialmente de las víctimas. Por este motivo, éstas han de convertir su tarea testimonial en un compromiso de atenta vigilancia para que desde ámbitos políticos o judiciales no se caiga en la tentación de utilizar parcial e interesadamente la política penitenciaria sobre los presos de ETA como una forma de otorgar a éstos determinadas medidas de condonación de la pena. En este sentido, jamás ha de considerarse la reinserción social como una finalidad absoluta y superior, propia de las penas de cárcel, sino que cualquier medida de gracia ha de encuadrarse con otras finalidades de la condena y con la exigencia de justicia prevista en la Constitución española.

Con respecto a este tema, nuestro muy querido y siempre recordado profesor Antonio Beristain expresaba muy claramente su opinión en 1994, en la Revista Electrónica de Ciencia Penal y Criminología: “Considero un milagro que en el País Vasco y en España ninguna víctima del terrorismo se haya tomado la justicia por su mano. Desde julio de 1977, cuando fundé en Gipuzkoa la sección de Amnistía Internacional, sigo activo en sus campañas; también en las que proclaman y procuran la no impunidad de los asesinatos terroristas. Discrepo de quienes opinan que si ETA deja de matar, todos sus condenados deben salir de la cárcel. De las publicaciones de Amnistía Internacional se desprende que se opone al indulto de los presos de ETA cuando la organización terrorista deje de matar, ya que esa impunidad de los macrocrímenes va contra la base del Derecho, la Justicia y la dignidad de las personas.”. (4)

Pero además de la existencia de posibles prácticas que pudieran favorecer la impunidad de los centenares de miembros de ETA que permanecen encarcelados en prisiones de España y Francia, hay otro tipo de inmunidad sobre la que acertadamente ha alertado Carlos Fernández de Casadevante Romaní, catedrático de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales de la Universidad rey Juan Carlos, y que ahora, cuando la banda terrorista ETA ha anunciado un cese definitivo de la violencia, cobra una especial significación. “De los 858 atentados con víctimas mortales cometidos por ETA a lo largo de su existencia, 300 están todavía sin resolver policialmente. En esa cifra se incluye un centenar de atentados prescritos y 78 autores materiales que pudieron acogerse a la Ley de Amnistía de 1977. El resultado de todo ello es que el 55,71% de los asesinatos de ETA gozan hasta la fecha de una impunidad de facto.” “¿Cómo puede ser esto posible en un Estado que se dice de Derecho y cómo puede ser que ningún órgano del Estado se escandalice?, se pregunta el autor de “Nación sin ciudadanos: el dilema del Pais Vasco”, y añade: “¿Acaso el Estado considera saldadas sus deudas con las víctimas del terrorismo sobre la base de la reparación económica? De ser así, incurriría en un grave error porque la principal reivindicación de las víctimas del terrorismo -como de toda víctima- es que se haga realidad su derecho efectivo a la justicia. En efecto, los daños que la pasividad y la impunidad ocasionan a las víctimas del terrorismo como consecuencia de las prescripciones propiciadas por la inactividad o por el deficiente funcionamiento de los órganos del Estado, no se reparan con dinero. La única reparación real se deriva de la justicia. De una justicia efectiva. Sin ella, ni existe el Estado de Derecho ni la democracia es tal. Por mucho que a algunos se les llene la boca con tales conceptos.” (5)

En nuestra opinión, el cumplimento puntual de la pena de cárcel impuesta a un terrorista no ha de ser suficiente para garantizar la inmediata reinserción social del mismo. Un fanático no deja de serlo por cumplir una condena y una ideología totalitaria que ha impulsado a alguien a cometer los crímenes más horrendos no se disuelve por arte de magia en la oscuridad o en la amargura de una celda. Por este motivo, el proceso de vuelta a la normalidad de los varios centenares de etarras que permanecen en prisión ha de seguir una ruta manifiestamente definida que, además, debe ser lo suficientemente clara, visible y pública como para que pueda ser tutelada sin ambages por las víctimas del terror y como para que éstas se encuentren en condiciones de testimoniar su aceptación o no de la misma.

En primer lugar, el terrorista ha de buscar activamente su proceso de reinserción, demostrando que su apuesta por reintegrarse nuevamente a la sociedad democrática que una vez humilló y diezmó es radicalmente sincera y que no se trata únicamente de una estrategia para beneficiarse, una vez más, de la generosidad del Estado de Derecho. Consecuentemente, el victimario ha de pedir perdón y rechazar públicamente la violencia (y destacamos esta exigencia de notoriedad), pues el delito de terrorismo por el que se le juzgó y condenó también tuvo dramáticas repercusiones colectivas (macroterrorismo). Además, el delincuente ha de denunciar socialmente el carácter totalitario de la organización terrorista a la que un día perteneció y, para ello, resulta fundamental que la persona que desee reinsertarse colabore activamente con las autoridades, y dentro de sus posibilidades, ayude al esclarecimiento de los cientos de crímenes de la banda terrorista ETA que se encuentran pendientes de resolver.

 

Conclusión

Tras el cese definitivo de la violencia anunciado por la banda terrorista ETA el pasado 20 de octubre de 2011, existen muy preocupantes indicios, en la sociedad vasca, sobre todo, pero también en una parte importante del resto de la sociedad española, de que se está alentando un empeño tan claro como avieso por pasar página, por olvidar nuestra más reciente historia, por recibir con palmas a los asesinos descarriados que presuntamente regresan a la civilidad y por legitimar un nuevo escenario de convivencia en el que las permanentes reclamaciones de memoria, verdad, justicia y reparación lideradas por la gran mayoría de las víctimas del terrorismo se transmutan en peticiones vacuas y éticamente indecentes que hablan de perdonar a los asesinos, que apelan a “sumar esfuerzos” entre quienes matan y quienes mueren y que exigen “olvidar” a quienes más han padecido la lacra terrorista.

Ante esta situación, las víctimas del terrorismo, y aquí radica el gran valor público de su testimonio, de su relato y de su actividad, han de liderar la defensa de los valores supremos por los que sus familiares fueron asesinados que, sin lugar a dudas, constituyen los cimientos de nuestra democracia y nuestra única esperanza de civilidad. De hecho, son las propias víctimas, a través de organizaciones de las que forman parte, como el Foro contra la Impunidad en el País Vasco, las que han definido claramente su papel presente y futuro: “Nuestra tarea ha de consistir en recordar incansablemente que nuestro sistema de libertades se impone como moralmente superior a los planteamientos totalitarios e integristas de quienes presentan como único mérito el haber dejado, sospechosamente, de apoyar políticamente a los psicópatas que mataron a nuestros familiares. Que no se equivoquen quienes nos prometen ahora un futuro cimentado sobre excarcelaciones de criminales, sobre el obligado olvido de todo lo padecido hasta el momento, sobre una tabula rasa impuesta entre víctimas y verdugos o sobre un liderazgo compartido con quienes tantas veces han jaleado el asesinato de ciudadanos inocentes. Siempre nos tendrán enfrente. Porque las víctimas de ayer, que lo somos ya para siempre, no vamos a consentir de ningún modo que nuestros hijos vayan a ser mañana también víctimas de una paz tan falsa como moralmente indecente.” (6)

 

Bibliografía

(1) Subijana Zunzunegui, Ignacio José. “La justicia a las víctimas del terrorismo”. Eguzkilore. Cuaderno del Instituto Vasco de Criminología. Nº 23. Pag. 79-86.

(2) Idem.

(3) Toffler, Alvin. “Una generación en el poder sin memoria histórica”. Diario “El Mundo”. 4-XII-2003. Pags. 4-5

(4) García Zafra, Inés. Conversaciones con el Dr. Antonio Beristain.

http://criminet.ugr.es/recpc/06/recpc06-c1.pdf

(5) Fernández de Casadevante Romaní, Carlos. “España, espacio de impunidad.”

http://www.covite.org/covite_articulos.php?lang=es&idNoticia=625&idSeccion=3

(6) Foro contra la Impunidad en el País Vasco. “La vergüenza”. “El Diario Vasco”. 12-VI-2011

http://www.paisvasco-informacion.com/2012/06/ensayo-justicia-victimal-contra-las.html#more

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El día en que el PNV vinculó a Jonan Fernández con ETA

El día en que el PNV vinculó a Jonan Fernández con ETA

El exconsejero de Interior Juan María Atutxa aseguró en 1992 que el nuevo asesor de Urkullu para la «paz» recibía consignas de la banda para reconvertir su plataforma en un movimiento supuestamente pacifista

ETA ordenó a la coordinadora Lurraldea, a la vista del éxito obtenido con la modificación (a base de asesinatos) del trazado de la autovía Andoain-Pamplona, que se reconvirtiera en un supuesto movimiento pacifista, para contrarrestar la emergente fuerza de las asociaciones de víctimas, pero sin llegar a exigir la disolución de la banda ni condenar los atentados. Así lo probaron diversas documentaciones internas incautadas por las Fuerzas de Seguridad del Estado.

 

Los responsables de Lurraldea, con Jonan Fernández al frente, desmintieron tales acusaciones en reiteradas ocasiones. En septiembre de 1992, cuando el nacionalista José Antonio Ardanza presidía el Gobierno vasco, su consejero del Interior, Juan María Atutxa, confirmó el plan de ETA y de hecho, poco después, Lurraldea dio paso al movimiento Elkarri, que defendía la teoría del conflicto y la necesidad de establecer una negociación entre el Gobierno y ETA como único modo de superarlo. Así, Atutxa aseguró, con cierta ironía refiriéndose a esta reconversión de la plataforma: «como un movimiento de paz, sería fenomenal, pero con las pretensiones de legitimar la existencia de un movimiento armado, la cosa se les pone muy difícil».

 

Jonan Fernández, el mismo que dirigió el movimiento Elkarri y que mantiene la teoría del conflicto es hoy el secretaría de «Paz y Convivencia» de Iñigo Urkullu, encargado de administrar el final de ETA desde el Gobierno vasco, en un escenario «sin vencedores ni vencidos». Esto es, a través de una negociación política, como hace más de 20 años.

http://www.abc.es/espana/20130212/abci-atutxa-fernandez-201302112121.html

Un miedo inesperado (Réplica a Iñaki Ezkerra) Por Ángeles Pedraza (*)

Un miedo inesperado (Réplica a Iñaki Ezkerra) Por Ángeles Pedraza (*)

Verdad. Memoria. Dignidad. Justicia. Empiezo directamente con estas cuatro palabras que son algo más que un conjunto de letras. Son valores. Son columnas. Son el sostén de mi trabajo diario al frente de la Asociación Víctimas del Terrorismo. Sólo las siglas AVT deberían infundir un respeto brutal en todos aquellos que hablan tan ligeramente de la lucha contra el terrorismo y el papel de las víctimas. Y deben infundir respeto porque la AVT ha sido el único bastión en esta lucha a lo largo de décadas.

Pero no quiero ocupar estas líneas en recordar los méritos y los logros de la AVT y son de sobra conocidos. Vengo a hablar de dolor. Por desgracia, en el trabajo diario de la Asociación Víctimas del Terrorismo, el dolor es algo habitual. Demasiado en los últimos tiempos. Trabajar atendiendo a personas a las que les han arrebatado de las manos a sus seres queridos o que sufrieron el ataque del enemigo oscuro y oculto del terrorismo no es nada fácil. Eso es dolor. Eso hiela la sangre.

Como presidenta tengo que mantener el tipo para que la sangre no se me hiele. Para mantenerme serena cuando una víctima viene a contarme que ha vuelto a acudir al psicólogo porque un etarra ha sido nombrado Senador o porque no puede aguantar ver como los que aplaudieron la muerte de su hijo están gobernando en la tierra que ama, su adorado País Vasco. Tierra de la que tuvo que irse después del asesinato de su hijo por miedo y por sentirse señalada.

Pero seguro que esto ya lo conocen de sobra. Ese miedo con el que el terrorismo de ETA persiguió a la sociedad española durante tantos años. Lo duro es que quizás las víctimas tengamos ahora que pedir permiso a algunos políticos para seguir teniendo miedo, para seguir desconfiando de los que asesinaron a nuestros seres queridos y para clamar Justicia. Porque ese es el camino que, por desgracia, llevan las cosas.

Y tampoco vengo a hablar de ese miedo. Este artículo trata del miedo que sentí el otro día al leer el artículo de Iñaki Ezkerra en ABC titulado “Las víctimas y la sangre helada”. Sentí un miedo atroz a la soledad. Sentí un miedo repugnante a que aquellos que tienen que defendernos con uñas y dientes nos dan de lado. Sentí un miedo incómodo al darnos cuenta de que empezamos a ser una molestia para aquellos que todavía corren raudos y veloces para hacerse fotos a nuestro lado en los homenajes.

Se acabaron esas fotos. No habrá más. Porque las víctimas del terrorismo estamos cansadas de palabrería. Queremos que los políticos se quiten la careta y digan la verdad: ¿del lado de quién están? ¿Cómo permiten que Ezkerra, asesor del Partido Popular, se dé el lujo de decirnos en un artículo a toda página en ABC lo que tenemos que sentir o no sentir las víctimas del terrorismo? ¿Cómo se atreve el señor Ezkerra a decirnos qué es lo que tiene que helarnos la sangre?

Señor Ezkerra, mi sangre lleva helada desde que el terrorismo se llevó a mi hija de mis brazos. Señor Ezkerra, la sangre de los familiares de los 829 asesinados por ETA lleva helada desde que su mazo asesino golpeó su vida. Señor Ezkerra, la sangre de los miles de heridos por ETA lleva helada desde que ven cómo los asesinos y sus amigos van ganando terreno día a día.

Esos y no lo que usted dice en su artículo son cosas que hielan la sangre. Pero le voy a decir aún más, señor Ezkerra: con esas palabras, usted ha contribuido a helar la Memoria y la Dignidad que nos merecemos y que yo seguiré defendiendo con uñas y dientes al frente de la AVT acompañada de las víctimas del terrorismo. De todas y cada una de las víctimas del terrorismo.

Se permite usted el lujo de hablar de desunión y enfrentamientos entre las víctimas del terrorismo. Podremos tener nuestras diferencias evidentemente. Somos humanos. Pero entérese bien señor Iñaki Ezkerra (y todo el que quiera enterarse): en lo referente a desear la derrota TOTAL de ETA y la denuncia de que las cosas se están haciendo muy mal no hay ni la más mínima grieta dentro del colectivo de víctimas del terrorismo. Y quizás usted lo pueda comprobar muy pronto.

Comenté hace unos meses que 2013 iba a ser el peor año de la lucha contra el terrorismo. Usted, con su artículo, me da más motivos para sostenerlo. No obstante le enumero algunos asuntos: Bolinaga humillando a las víctimas, un imputado por pertenecer a ETA en el Senado, homenajes a etarras en las calles, denuncias de la AVT archivadas en la Audiencia Nacional,… ¿Quiere que siga? Lo que no esperaba, señor Ezkerra, es que tenía que tener miedo de los que supuestamente tenían que defendernos a todas y cada una de las víctimas del terrorismo.

Hago una invitación al señor Iñaki Ezkerra y a todos los que han propiciado y defendido su artículo en ABC. Les invito a venir a la sede de la AVT, a la Casa de las Víctimas, a leer ese texto mirándoles a los ojos, sosteniéndoles la mirada. Si lo hace, quizás es que sea usted quien tiene la sangre helada.

A veces tengo la sensación de que estos miedos forman parte de una pesadilla que no acaba. Que nada de esto está pasando en realidad. Pero despierto y cada día veo una nueva victoria de los terroristas, humillando a las víctimas del terrorismo. Una democracia no puede permitir que la Memoria de aquellos que son héroes sea ultrajada de manera sistemática. Si eso pasa es que algo se está haciendo mal.

Es terrible que quieran silenciarnos de esta manera. Vemos como por todas partes quieren dar y atribuirse la condición de víctima aquellos que no han sentido el cruel zarpazo terrorista. Lo único que quieren es diluirnos, dejarnos en un segundo plano y posar para una foto de un final en el que las víctimas del terrorismo somos ese invitado incomodo que nadie quiere pero que tiene que estar sí o sí.

Pero aunque los políticos nos sigan dando la espalda, sabemos que no estamos solas: son los ciudadanos los que están a nuestro lado clamando por la Justicia. Y esa es nuestra fuerza. Desde la AVT seguiremos alzando la voz, cada vez más alto. Porque somos eso: la voz de las víctimas. Y nadie nos va a callar. Nadie. No vamos a parar hasta conseguir Justicia, hasta que se sepa la Verdad, hasta que triunfe la Memoria y hasta que respeten nuestra Dignidad.

Por ellos. Por todos.

 

(*) Ángeles Pedraza es presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT)

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