Blogia

Foro El Salvador

José Luis Orella, director del departamento de Historia y Pensamiento de la Universidad CEU San Pablo: “Los políticos no creen que puedan llegar a equivocarse”.

José Luis Orella, director del departamento de Historia y Pensamiento de la Universidad CEU San Pablo: “Los políticos no creen que puedan llegar a equivocarse”.

José Luis Orella Martínez, director del departamento de Historia y Pensamiento de la Universidad CEU San Pablo en Madrid, ha hablado a Análisis Digital sobre la ruptura de la tregua por parte de la banda terrorista ETA. Al calificar esta ruptura de “imprudente”, ha lamentado que en este período la banda terrorista se haya reforzado y reorganizado

 

 

El profesor José Luis Orella, coordinador del libro “La tregua de ETA. Mentiras, tópicos, esperanzas y propuestas” en el que nueve expertos explican la factura que supone debe tenerse la tregua decretada por ETA hace ahora 14 meses, ha explicado a Análisis Digital que con esta obra pretendían advertir de que se tuviera cuidado con las treguas, ya que “el precio a pagar era de nuevo articularse y plasmarse de una manera legal en las instituciones”.

 

“Después de la experiencia histórica que tenemos con ETA, las décadas que lleva matando gente, sabiendo cómo actúa y cómo piensa, el camino emprendido por el Gobierno ha sido imprudente”. Así se refirió Orella a la negociación durante la tregua de ETA. “ETA es un grupo que tiene unos objetivos”, recordó y entre ellos destacó la salida de los presos a la calle – como el caso de Ignacio De Juana Chaos- y, a través de una mayoría de izquierdas en Navarra, el acercamiento político a la Comunidad Autónoma Vasca, “acortando así ese proceso de autodeterminación”.

 

Según Orella, tras el comunicado etarra la situación con respecto a la banda parece que ha cambiado, ya que tan sólo en unos días se han producido algunas detenciones de etarras: De Juana volvió a prisión a cumplir su condena y Otegi entró en la cárcel. “En este mundo de negociaciones previas a la tregua, los cambios de actitud suelen ser de debilidad hacia una mayor dureza”, aseguró.

 

Con respecto a la negociación, explicó que el Gobierno ha planteado que se puede negociar manteniendo que no es débil y ahora va a intentar dar una imagen de dureza hacia ETA para demostrar a la sociedad de cara a las elecciones generales, que sabe afrontar los retos que le plantea un grupo terrorista.

 

En este sentido, consideró que la visión que intenta dar el Ejecutivo de Zapatero es “parecer duro” para no perder el próximo año los votos que ha podido vislumbrar en las municipales. Y respecto a un adelanto de las elecciones, dijo que “siempre es conveniente un adelanto electoral ante algunas circunstancias para que la sociedad española se pronuncie”. “Puede ser sano que la sociedad vuelva de nuevo a votar”, añadió.

 

Al referirse a la entrevista televisada el pasado jueves en la que José Luis Rodríguez Zapatero argumentó que “su derecho y su deber era intentarlo”, en relación a acabar con la violencia etarra intentando dialogar con quienes no les tiembla el dedo al apretar el gatillo, Orella reconoció que el presidente del Gobierno reaccionó tras el comunicado etarra con “sorpresa” y lamentó que los políticos “no creen que puedan llegar a equivocarse”.

 

Sobre un posible giro en la estrategia del PSOE en política antiterrorista y una supuesta vuelta al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, tan aclamado por el PP en estos últimos meses, explicó que el Gobierno debe dar respuesta a este nuevo cambio político. A este propósito, consideró que antes de las elecciones generales el PSOE tratará “con una mayor dureza el mundo terrorista y dejará actuar a la policía con su veteranía para evitar atentados e intentar con todos los medios desarticular los comandos que se hayan podido organizar durante este período de tregua”.

 

El Pacto por las Libertades

 

Así, hizo referencia a que el Partido Popular siempre ha mantenido su postura de respetar el Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo y combatir juntos la violencia etarra. Sin embargo, el PSOE prefirió arriesgarse y negociar. Ante esta postura afirmó que no cree que Zapatero dé la razón al PP, aunque sí que cree que puede variar la estrategia. Orella se mostró partidario de la unión de las fuerzas políticas para afrontar juntos el terrorismo. “unidad y responsabilidad política”.

 

Con respecto a ANV, al que Zapatero calificó de “legal, democrático y con derechos”, señaló que “un partido político, sea el que sea, no puede defender planteamientos violentos”.

 

Orella lamentó que en este período la banda terrorista haya salido reforzada y se haya reorganizado y comentó que los momentos de falta de vigilancia policial, son aprovechados por todo este tipo de grupos para mejorar su posicionamiento en el caso de una ruptura, conformación de comandos, entrenamientos de sus miembros, rearme, implantación de nuevas zonas…

 

Para Orella, una de las causas por las que los terroristas han finalizado la tregua, es la reciente celebración de las elecciones municipales. “El fin de la tregua no lo podían hacer antes porque existía un plus de votos a favor de las candidaturas de la izquierda abertzale”, manifestó.

 

Sobre la alerta que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, hizo a los ciudadanos sobre un inminente atentado de la banda, destacó que “ahora la banda terrorista puede volver a actuar directamente”, ya que el fin de la tregua supone para ETA recuperar un protagonismo. “Con la celebración de las elecciones ya lo ha tenido”. “Un atentando de calidad, por desgracia, -agregó- puede ser el hecho que respalde el protagonismo que quiere tener”.

 

Tras recordar que ETA nació en el año 1959, puso de manifiesto que en estos últimos meses “lo único que se ha demostrado es que seguimos sin saber cómo tratar con un grupo terrorista que lleva haciendo sufrir a la sociedad española desde hace décadas”. “Ha sido un período de debilidad de las instituciones españolas”,concluyó.

 

Análisis Digital, 10 de junio de 2007

La inmoralidad del terrorismo. Carta semanal del Arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco Vicente.

La inmoralidad del terrorismo. Carta semanal del Arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco Vicente.

La lucha contra el terrorismo es un reto moral de toda la sociedad, y especialmente de sus representantes políticos. El terrorismo es la práctica del crimen con el fin de conseguir objetivos políticos, sociales o económicos mediante el terror, con la paralización y el sometimiento de la población y de sus instituciones legítimas.

 

Corresponde a la Justicia y a los poderes públicos la adopción de las penas y medidas para acabar con el terrorismo. Las personas que nos ocupamos y preocupamos por aportar criterios morales en nuestra sociedad no podemos permanecer callados ante la profunda inmoralidad del terrorismo. No caben ambigüedades: es objetivamente ilícita y repudiable cualquier colaboración con los terroristas, con los que los apoyan, encubren o respaldan en sus acciones criminales.

 

El terrorismo corrompe cuanto se relaciona con él, por lo que el final del terrorismo será consecuencia de su aislamiento y su derrota. Sin estas condiciones el fin del terrorismo es sólo aparente y engañoso. Dejar rescoldos de una mentalidad terrorista pone en peligro a toda la sociedad, porque en cualquier momento puede resurgir el incendio de la amenaza de muerte, de la violencia y de la intimidación que acorrala las libertades más elementales.

 

No debemos cansarnos en la lucha contra los que nos agreden desde el terror. Al contrario, debemos renovar nuestras convicciones. En fechas recientes, los Obispos hemos recordado que el terrorismo es una práctica intrínsecamente perversa, totalmente incompatible con una visión moral de la vida, justa y razonable. El terrorismo vulnera gravemente, y muchas veces de modo irreversible, el derecho a la vida y a la libertad, y muestra la más dura intolerancia y totalitarismo.

 

El gobierno, los partidos políticos y todas las instituciones tienen que trabajar con todos los medios legítimos para que llegue el fin del terrorismo, para que no acabe por imponer su lógica y su triunfo. Con el terrorismo no caben cálculos ni estrategias convergentes: no hay ningún tramo del camino que se pueda compartir con los que están dispuestos a matar de forma traicionera por imponer sus ideas.

 

También quienes formamos la Iglesia católica y todas las demás instituciones políticas y religiosas estamos obligados a colaborar específicamente en este inaplazable empeño. Nuestra contribución tiene una especial responsabilidad en la iluminación moral de lo que es el terrorismo y de la calificación moral que merece. No podemos consentir que la contaminación ideológica que practican los terroristas obscurezca el sentido moral de las personas de buena voluntad.

 

Hay un principio moral irrebasable a la hora de plantear posibles acercamientos a los terroristas: una sociedad que quiera ser libre y justa no puede reconocer de ningún modo a una organización terrorista como representante legítimo de sector alguno de la población, ni tenerla como interlocutora. Los contactos eventuales de la autoridad pública con los terroristas deben ceñirse a establecer las condiciones conducentes a la desaparición de la banda terrorista, en nuestro caso, a la desaparición de ETA y excluir todo lo referido a la organización política de la sociedad.

 

Para la normalización de la sociedad y para la reconciliación entre los ciudadanos, hay que exigir el cese absoluto de la violencia y la renuncia neta de los terroristas a imponer sus proyectos mediante la violencia. Sólo la renuncia seria y definitiva a utilizar la violencia y el terror puede considerarse como el punto de partida hacia la paz.

 

La respuesta de la sociedad frente a la amenaza terrorista no podrá ser suficientemente firme y efectiva, mientras no se apoye en una conciencia moral colectiva sólidamente arraigada en el reconocimiento de la ley moral natural que protege la dignidad y la libertad de las personas. Al tiempo, el testimonio de las víctimas es imprescindible para reavivar en todos nosotros la urgencia del respeto a la vida y a la libertad de todos los seres humanos, sin distinciones ni restricciones de tiempo ni de lugar.

 

Una vez más, quiero rogar a Dios por el fin del terrorismo y por la conversión de los terroristas, al mismo tiempo que quiero expresar todo el afecto, el respeto y la sincera solidaridad con las víctimas, con sus familiares y amigos, con todas las personas que han sufrido directa o indirectamente los golpes del terrorismo.

 

Con mi bendición y afecto,

 

Agustín García-Gasco Vicente (Arzobispo de Valencia).

 

Publicada en «Paraula-Iglesia en Valencia» el 10 de junio de 2007

 

El primer muerto: un etarra

El primer muerto: un etarra


España lleva unos días esperando el primer atentado de ETA después del "proceso de paz" de Zapatero. Hay nerviosismo, y hay miedo. Sin embargo, el primer muerto no ha sido un patriota, un cargo público, un policía o un milita sino un etarra: en la madrugada del sábado Ekain Guerra Solaguren fue atropellado por un coche, cuando viajaba junto a otra persona en una bicicleta desde la Rochapea hacia Iturrama o Barañáin. Guerra era un etarra representativo de la nueva generación de criminales, procedía de los grupos juveniles abertzales de Barañain, de ellos pasó a la kale borroka y llegó a ETA. En 2003 fue detenido, después liberado, y en 2007 ANV lo intentó convertir en concejal, en la correspondiente lista municipal.

 

Guerra mereció sin duda una educación mejor, un ambiente mejor y una suerte mejor; pero antes que él también merecieron vivir las víctimas de ETA. Algún día habrá que hacer lo posible para que no haya más vidas y más muertes como las de Ekain Guerra.

 

Quien más puede hacer por eso son, desde luego, los gobernantes; gobernantes con principios, y con valor para aplicarlos, ya sea en la enseñanza, en la seguridad o en los municipios. Y la muerte de Guerra ha dado al PSN una oportunidad de mostrar su rostro más patético: el alcalde socialista de Barañáin ha autorizado que la capilla ardiente del etarra sea instalada en el local público juvenil, al que llaman gaztetxe y que de hecho es monopolizado por la izquierda abertzale. Iosu Senosiain podría haberse negado, como parece lógico para alguien que no sólo carece de legitimidad política sino que además ha dejado a su paso un rastro de dolor y de miedo. Con políticos así, es lógico desconfiar del PSOE.

 

La desconfianza está en la calle. Ustedes recordarán la impresionante manifestación antiterrorista del 17 de marzo, que colapsó las calles de Pamplona, que las llenó de banderas de España y que las hizo vibrar con el grito de Miguel Sanz, "Viva Navarra foral y española". Pues bien, en dos meses hemos retrocedido quince años: menos de mil personas este sábado en una manifestación apoyada por UPN, Nafarroa Bai, PSN, IUN y CDN, manifestación mendicante, silenciosa y simplemente "por la paz". Hemos vuelto a los momentos más lamentables de la lucha contra ETA, dando protagonismo a un conjunto ambiguo, apesebrado y poco representativo como "Gesto por la Paz de Euskalherria". Cómo estarán las cosas políticas que la apostilla "de Euskalherria" desaparece en según qué medios de comunicación. Mientras, los batasunos ocupan un local público con permiso del político de turno y el silencio de los demás, en torno al féretro de un joven al que se enseñó a odiar a su patria. En eso estamos.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 9 de junio de 2007

En la primera entrevista tras el anuncio del alto el fuego: LA AVT CREE QUE RODRÍGUEZ ZAPATERO NO HA CERRADO LA PUERTA A FUTURAS NEGOCIACIONES CON ETA

En la primera entrevista tras el anuncio del alto el fuego: LA AVT CREE QUE RODRÍGUEZ ZAPATERO NO HA CERRADO LA PUERTA A FUTURAS NEGOCIACIONES CON ETA


La Asociación Víctimas del Terrorismo quiere mostrar su gran preocupación por las primeras declaraciones del presidente del Gobierno tras el anuncio formal del alto el fuego por parte de ETA. De sus afirmaciones se desprende que no ha cerrado la puerta a futuras negociaciones con la banda terrorista, un hecho gravísimo que seguirá dando alas a los asesinos para lograr sus objetivos al precio que haga falta

 

Rodríguez Zapatero no fue nada claro, ni convincente, a la hora de mostrar su determinación de acabar con la banda terrorista. En lugar de decir que quería derrotar a los asesinos, con la fuerza de la ley y el Estado de Derecho, dijo que se empeñaría en lograr “la convivencia pacífica de los españoles”. Todas sus palabras eran referidas a defender el Estado de Derecho, la libertad, pero nunca relacionadas directamente en cómo va a luchar contra ETA.

 

Para la AVT, otro preocupante capítulo de esas declaraciones fue cuando el presidente se refirió a los millones de españoles que se han movilizado durante los últimos años. Rodríguez Zapatero aseguró que prefería olvidar todo lo que le han pedido y exigido. Es decir, el presidente del Gobierno aún quiere ignorar las reivindicaciones que van en contra del proceso de rendición ante ETA.

 

Además, Rodríguez Zapatero dijo anoche, respecto a la ilegalización de ANV, que “si hay incumplimiento de la ley, el Gobierno hará que se cumpla con rigor y contundencia”. Pues bien, la AVT vuelve a instar al Gobierno a que aborde la ilegalización de ANV y del PCTV antes del día 16, cuando los concejales deben tomar posesión de su cargo. Hay motivos y pruebas más que suficientes que vinculan a ambas organizaciones con Batasuna, que ya fue ilegalizada por pertenencia a banda armada. No ilegalizar ahora al PCTV y a ANV, representantes políticos de nuestros asesinos, sería una cesión más a ETA e iría en contra de la voluntad que ayer intentó trasmitir el Zapatero a los españoles.

 

Por último, la AVT le pide al presidente del Gobierno que sea claro, que no vuelva a engañar a las víctimas, y que muestre con hechos la ruptura del proceso de rendición ante los asesinos. Además, la AVT emplaza a José Luís Rodríguez Zapatero a que empiece a hablar de derrota de la banda terrorista y niegue con rotundidad cualquier futura negociación con los asesinos. La historia y los hecho demuestran que a ETA se la vence, no se la convence.

 

El Príncipe defrauda, el PSOE se (co)-rompe

El Príncipe defrauda, el PSOE se (co)-rompe


El saxofonista Pedro Iturralde recibió este jueves el Premio Príncipe de Viana, de manos de Don Felipe en el monasterio de San Salvador de Leyre. Esta visita real ha interrumpido unas horas la tumultuosa vida política navarra, pero no ha pasado en vano. Se trataba del primer contacto entre la familia real y la Comunidad Foral desde las elecciones y desde el final de la tregua terrorista, y el Príncipe de Asturias y de Viana ha desaprovechado la oportunidad de representar los valores comunes del Estado que un día espera encabezar.

 

Es políticamente incorrecto decirlo, pero Don Felipe no ha estado a la altura; a la altura de los navarros quiero decir, porque a la de su egregia progenie se ha mantenido sin dificultades. Las palabras protocolarias de "homenaje a la historia y a los reyes de Navarra que tanta raigambre y gloria aportaron a la rica y variada esencia del devenir español" son las mismas, casi literalmente, de todos los años, pero éste no es un año como otros. La monarquía está al servicio de España, no la nación al servicio de la dinastía, y la cómoda asepsia equidistante no responde ni a las necesidades del país ni a las demandas de la gente. ETA va a volver a matar y fingir unidad y normalidad es un flaco favor a la convivencia presente y futura.

 

Claro que el lema de esta rama segundona de la casa de Borbón es ahora el glorioso "hablando se entiende la gente", así que el marido de Doña Letizia no tendrá problemas al volver a casa; pero, si exceptuamos los y las horteras de rigor, sí los puede tener con los navarros de a pie. En esta tierra somos muy especiales, Alteza.

 

Especiales, la verdad, todos, pero ninguno como nuestros socialistas. Andan las aguas revueltas en el PSN (sector vascófilo) por la "creciente relevancia" de Alfonso Arroyo, de la agencia Imascé, asesor del candidato Fernando Puras durante la campaña electoral, en las negociaciones para los pactos postelectorales. Arroyo hizo un trabajo excelente, dio un cambio total a la imagen de Puras (gris cuando no inexistente antes), impidió un descalabro electoral mayor: todo son méritos. Pero, ay, tiene dos pecas para nuestros nacionalistas: una, evidente, es que no aconseja a Puras el suicidio de un pacto con NaBai ahora; otra, murmurada, es que tuvo bastante que ver con Tamayo. Sí, otra vez Tamayo.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 7 de junio de 2007

¿Héroes románticos? Y un carajo de la vela. Piratas del Caribe: la gran mentira

¿Héroes románticos? Y un carajo de la vela. Piratas del Caribe: la gran mentira


Ni eran nobles, ni heroicos ni románticos: eran una banda de ladrones y asesinos que, por otro lado, hizo un enorme daño a España, frecuentemente bajo instigación de Inglaterra, Francia y Holanda. La serie de películas Piratas del Caribe, tan exitosa, ha puesto de moda permanente un asunto que deberíamos mirar con la mayor hostilidad. Esta canalla, que nos hizo la “guerra sucia” en beneficio de nuestros enemigos, no puede convertirse en modelo heroico de los niños españoles. La colonización cultural que padecemos no puede llegar tan lejos (ni tan bajo). Vamos a contar la verdadera historia de los piratas del Caribe.

Es un tema recurrente desde la literatura romántica: el pirata, preferentemente del Caribe, que va por la vida abriendo barrigas mientras canta himnos a su libertad. La serie de películas Piratas del Caribe, que anda ahora por su tercera entrega, está construyendo una mitología popular en torno a esta figura, mitología que arraiga particularmente entre los niños. Pero, ¿quiénes eran realmente los piratas del Caribe?

 

Enemigos de España

 

El Caribe se llenó de piratas y filibusteros por una sola razón: las enormes riquezas que España estaba extrayendo de América, la prosperidad general que habían alcanzado los virreinatos españoles. Prosperidad que despertaba la codicia no sólo de delincuentes marítimos, sino de las potencias enemigas de España. Los gobiernos y las compañías comerciales de Inglaterra, Francia y Holanda querían su parte del pastel. Como España tenía el monopolio de las rutas comerciales en el área, aquellos países decidieron alentar tanto la guerra de corso como la propia actividad pirata. La primera, el corso, con una finalidad militar: debilitar la potencia española. La segunda, la actividad pirata, con una finalidad puramente destructiva: aterrorizar a las colonias españolas. En cierto modo, los piratas hicieron la “guerra sucia” para ingleses, franceses y holandeses. Después, ya en el XVIII, se la harían éstos entre sí.

 

El primer gran ataque pirata tuvo lugar en 1521. Fue un francés nacido en Florencia, Jean Florin, quien capturó en las Azores el tesoro de Moctezuma II, enviado por Hernán Cortés desde México. Muchos siguieron el camino de Florin. Entre los franceses, el primer Pata de Palo, François Leclerc, y también Jacques Sore y Martín Cote. Entre los ingleses, John Hawkins, Francis Drake, Thomas Cavendish y el conde de Cumberland. Luego llegarán los holandeses, como Piet Heyn. De toda esta gente, unos eran piratas, delincuentes de la mar, y otros eran corsarios, marinos que trabajaban por encargo de la Corona. A juzgar por sus actos, no siempre es fácil percibir la diferencia. Filibusteros como Laurent de Graff, a quien los españoles llamaban Lorencillo por su baja estatura, terminaron como altos dignatarios de la corona francesa.

 

Y es que, a pesar de toda la literatura, es preciso deshacer el equívoco: los piratas y filibusteros no eran románticos héroes libertarios. Las experiencias de organización libertaria se limitan a momentos muy concretos y, además, por razones que tienen que ver más con el reparto del botín que con otra cosa. Es el caso de la Hermandad de la Costa, en la Isla de la Tortuga, que tantas fantasías ha inspirado. En realidad se trataba de una cofradía de tipo mafioso, exclusivamente masculina –no podían entrar mujeres en la isla- y que obedecía a un imperativo de supervivencia: para no matarnos entre nosotros por el botín, pongamos su protección en común.

 

Desde sus bases en la Isla de la Tortuga o en otros lugares de la costa americana, con la connivencia de ingleses y franceses, los piratas y los corsarios actúan con la única finalidad de incordiar a los españoles. Lo tenían fácil: España poseía mucho más territorio del que podía proteger, y sus barcos desplazaban más riqueza de la que podían custodiar. De hecho, lo que sorprende no son tanto los éxitos de los piratas como sus fracasos: es asombroso que, en semejante situación de superioridad, aquel enjambre flotante de ladrones y asesinos no fuera capaz de apoderarse de Cartagena de Indias o de Veracruz, ejes del tráfico comercial español. Para apoderarse de Pernambuco, los holandeses necesitaron movilizar una extraordinaria flota de 800 barcos de guerra y 67.000 hombres, financiada en buena medida con los beneficios obtenidos por la piratería de los diez años anteriores. Así nació la colonia de Nueva Holanda.

 

Criminales en “guerra sucia”

 

Las acciones de los piratas eran muy sencillas: llegar, robar, violar, torturar, matar, incendiar, marcharse. Es lo que hicieron en Panamá en 1671, por ejemplo. El pirata no era un guerrero, sino un depredador secundario. Cuando se le atacaba, huía; cuando se le plantaba cara con una fuerza suficiente, también. Sus éxitos se circunscribían siempre a ciudades costeras poco protegidas o a convoyes navales con defensa insuficiente.

 

Gente simpática, ¿verdad? Jean-David Nau, “El Olonés”, un desertor del ejército francés que se instaló como filibustero en las Antillas, acostumbraba interrogar a sus presos cortándoles el cuerpo en pedacitos. Cuando terminaba, les rajaba el pecho, extraía el corazón, lo masticaba y escupía las piltrafas al rostro de los demás prisioneros. Los españoles no pudieron cazar nunca al Olonés. Lo hicieron los indios: los kuna, un pueblo chibcha del sur de Panamá extremadamente agresivo, que habitualmente se aliaba con los piratas y contra los españoles. Pero el Olonés había dejado tanta sangre detrás que hasta los kuna le detestaban. Lo mataron lentamente, entre grandes sufrimientos.

 

El Olonés era un bárbaro canalla, y también un tipo muy listo, pero nunca habría podido desplegar toda su crueldad y toda su astucia durante tanto tiempo si no fuera porque la Corona francesa, en guerra contra España, le apoyó, le respaldó y encubrió sus rapiñas. O sea que muy independiente y muy pirata, muy “romántico” él, pero en realidad estaba trabajando para el Rey de Francia. Otro tanto cabe decir de los piratas ingleses, frecuentemente contratados en secreto por la corona británica para hacer estragos en las rutas españolas. Los filibusteros fueron, muchas veces, corsarios encubiertos. Su potencia ofensiva y su capacidad para aparecer exactamente allá donde más frágil era la defensa española, se debían, entre otras cosas, a la información que las potencias enemigas de España les habían proporcionado.

 

De hecho, la piratería en el Caribe se extinguió cuando a Inglaterra se le reconoció el derecho a mantener rutas comerciales en la zona. Eso fue en el tratado de Utrecht, en 1713. A partir de ese momento, los piratas se quedaron sin bases seguras: los ingleses comenzaron a perseguirlos. Hacia 1720, ya no quedaba ni un barco pirata en las aguas americanas. Desde el punto de vista inglés, habían cumplido su objetivo.

 

J.J.E.

El Manifiesto, 7 de junio de 2007

 

Los obispos condenan el comunicado sobre el «fin de la tregua» de ETA

Los obispos condenan el comunicado sobre el «fin de la tregua» de ETA


MADRID, martes, 5 junio 2007 (ZENIT.org-Veritas).- La Conferencia Episcopal Española lamenta y condena con firmeza el comunicado de la banda terrorista ETA, calificándolo como una «nueva agresión a la convivencia en justicia y libertad».

 

Mediante una nota de prensa, los obispos recuerdan que «el terrorismo es intrínsecamente perverso» y afirman que «ninguna reivindicación política otorga legitimidad a nadie para amenazar y asesinar».

 

«Al contrario, quienes así actúan se convierten en criminales a cuyas conductas ha de ser aplicada la Ley con todo su justo rigor», continúan.

 

La Conferencia Episcopal recuerda la Instrucción Pastoral de la Asamblea

Plenaria de la Conferencia Episcopal titulada Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias, de 22 de noviembre de 2002 y afirman que «conserva plenamente su valor», recomendando «volver a leerla».

 

«Los obispos han aconsejado en diversas ocasiones que se rece por la conversión de los terroristas y por el final de esta plaga lacerante de la convivencia», expresa la Conferencia Episcopal Española, que afirma que «las víctimas del terrorismo y sus familiares tienen un lugar especial en la oración y en el apoyo de los católicos».

 

Por su parte, los obispos de Bilbao, San Sebastián y Vitoria han publicado la nota que a continuación presentamos.

 

 

* * *

 

 

 

El comunicado de ETA publicado hoy dando por finalizado un “alto el fuego” ya interrumpido con el atentado del pasado 30 de diciembre, constituye una pésima noticia. Si en marzo del pasado año, al comunicarse el inicio del mismo, expresábamos alivio y esperanza ante las expectativas que se abrían a la paz y a la libertad, ahora compartimos el sentimiento de frustración y el dolor extendidos entre la población.

 

Recogiendo el sentir mayoritario de nuestra sociedad y en defensa de los derechos fundamentales de la persona, pedimos a ETA que revoque su decisión y anuncie el cese definitivo de su violencia. Esta sociedad no necesita la tutela de ningún grupo ni la amenaza o el uso de la violencia para reclamar sus derechos o cumplir sus obligaciones. La violencia ejercida real o potencialmente es contraria a la justicia, a la libertad y a la paz, y cierra cualquier camino hacia ellas. Debe, por tanto, desaparecer sin contrapartidas.

 

Es preciso seguir buscando la paz. Lo requiere el inmenso sufrimiento que ha generado y sigue generando la confrontación destructiva de la que queremos salir definitivamente. En este sentido, reconocemos el trabajo paciente de quienes se empeñan con honradez y sinceridad en mantener abiertos los caminos hacia la paz y la reconciliación.

 

La esperanza de un pueblo es un resorte necesario para construir la paz. Sostiene el ánimo y la energía para procurarla. Quienes ponen en peligro el camino hacia la paz y minan la esperanza, contraen ante la sociedad, ante la historia y ante Dios una gravísima responsabilidad.

 

Invitamos a la comunidad cristiana a pedir insistentemente a Dios el don de la paz y a trabajar esperanzadamente por conseguirla.

 

 

Bilbao, San Sebastián y Vitoria, 5 de junio de 2007

 

+Ricardo Blázquez, Obispo de Bilbao

+Juan María Uriarte, Obispo de San Sebastián

+Miguel Asurmendi, Obispo de Vitoria

+Carmelo Echenagusia, Obispo Auxiliar de Bilbao

Una oportunidad para construir

Una oportunidad para construir


Una parte de la sociedad española se ha despertado del ensueño construido mediante una sucesión de falsas imágenes a lo largo de 18 meses. ETA nunca ofreció un gesto convincente de rectificación, menos aún de arrepentimiento. Una vez más hizo lo que mejor sabe hacer, de acuerdo con las raíces de su ideología totalitaria (marxismo y nacionalismo radical), generar un proceso histórico cuyos resortes mantenía violentamente controlados, para alcanzar el objetivo de siempre: la Euskadi independiente y socialista.

 

Repitámoslo: no hubo un solo indicio de contrición por el millar de asesinados y por el dolor infligido, no hubo sombra de autocrítica (hasta ahora quienes la han practicado en ETA han sido simplemente asesinados, como en el caso de Yoyes), ni un solo gesto que permitiese avizorar un horizonte distinto. Y sin embargo Zapatero, y con él una parte importante de la sociedad, quiso creer que sería posible cuadrar el círculo: conseguir una paz que no estaría basada en las exigencias de la justicia, sino en el cálculo político. Pues bien, la cuenta ha salido mal, y llega la hora de afrontar las duras verdades que muchos se negaron durante meses a oír.

 

Con su habitual claridad (esa virtud que no siempre hay que dar por descontada), Fernando Sebastián ha recordado que “el terrorismo es esencialmente inmoral y perverso, esencialmente perturbador y destructivo”. Parece una obviedad, pero no lo es. La prueba es que algunos, Zapatero a la cabeza, ni siquiera han mencionado la palabra “terrorismo” al pronunciarse tras el anuncio macabro de ETA. La Conferencia Episcopal señalaba en un comunicado que “ninguna reivindicación política otorga legitimidad a nadie para amenazar y asesinar; al contrario, quienes así actúan se convierten en criminales a cuyas conductas ha de ser aplicada la ley con todo su justo rigor”. Palabras fuertes que han brillado por su ausencia en algunos entornos eclesiales, demasiado complacientes con un proceso enfermo desde su inicio, por la ausencia de lo más elemental: el reconocimiento de que esa perversión no se cura con un cambio de táctica o un ajuste de la mecánica institucional, sino mediante una conversión que por desgracia nunca existió.

 

Es hora de desempolvar la Instrucción Pastoral Valoración moral del terrorismo, de sus causas y de sus consecuencias, de noviembre de 2002, donde se encuentra el diagnóstico más profundo y completo sobre la naturaleza y las raíces de este fenómeno que jamás se haya delineado en España. Ahí encontraremos, punto por punto, las razones que han llevado al descarrilamiento del mal llamado proceso de paz. Una vez más Fernando Sebastián acaba de dar en el clavo con singular economía de palabras: “no basta condenar, hay que colaborar”. Y esta colaboración tiene muchos flancos, ninguno de los cuales debe ser descuidado. Ahora todo son prisas para engrasar la enmohecida maquinaria judicial, y esperemos que la policial no esté demasiado oxidada. El flanco político requiere la vuelta al Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo, pero eso implicaría para el soñador ZP reconocer que toda su estrategia fue un desastre: ¿le quedará un átomo de grandeza?

 

Pero resta el campo esencial del tejido ético-cultural de nuestra sociedad, tremendamente baqueteado durante estos últimos años. Reconstruirlo y fortalecerlo es una tarea fundamental para sostener y vencer la batalla contra el terror, y ahí es donde cobran todo su exigente protagonismo los sujetos sociales con capacidad de educar y de vertebrar la sociedad. Uno de ellos, indudablemente, es la Iglesia Católica, articulada a través de sus diferentes realidades, dispuesta a ofrecer con razones y sin complejos su propuesta original, en diálogo abierto con otras identidades culturales y religiosas. Es una hora sombría pero también una oportunidad para construir si, más allá de las reacciones sentimentales y de los discursos éticos prefabricados, sabemos rescatar lo mejor de nuestra identidad como pueblo, eso que muchos se han empeñado en disolver de una manera suicida durante los últimos años.

 

José Luis Restán

Páginas Digital, 7 de junio de 2007