Blogia
Foro El Salvador

Opinión y análisis

EL EQUILIBRIO ZetaP

EL EQUILIBRIO ZetaP

Hay una cosa que yo creo que está dificultando el proceso (así sin adjetivos; creo que todo el mundo podemos aceptarlo). Me refiero a las garantías, o como diría un cursi, al déficit de confianza entre las partes.

Yo creo que las bases del acuerdo de rendición estás pactadas antes del 11 de Marzo de 2004. Ahora bien, ¿qué garantías tiene el gobierno de que el acuerdo con la dirección de ETA compromete a toda la organización? Y, recíprocamente ¿Qué garantía tiene ETA de que la palabra de Zapatero compromete a todas las instituciones? Y más después de leer las declaraciones de José Luis Requero, vocal del CGPJ (como la URSS, cuatro letras, cuatro mentiras) en las que pide a Zapatero que no exija a los jueces el "trabajo sucio" que no quiere hacer el Gobierno.

Y no es que ZP no quiera indultar o conceder el tercer grado a De Juana y a otros de sus compañeros pacifistas, que lo haría con sumo placer; es que eso no es suficiente para ETA.

ZP tiene que demostrar que controla todos los resortes del Estado y que el pacto no queda expuesto a la eventualidad de un cambio de mayoría en el Parlamento. Pero tampoco puede pasarse en la rendición del Estado, porque en ese caso ZP dejaría de ser necesario para ETA.

El tema es complejo, porque a pesar de la sumisión al gobierno de la mayoría del “aparato represor” del Estado (jueces, fiscales, funcionarios de prisiones, policías), siempre puede haber algún “funcionario fascista de la derecha extrema” que pretenda que se cumpla la ley o el atrevimiento de querer cumplir su juramento de guardar y hacer guardar la constitución y las leyes.

Y esto explicaría que algún gudari desilusionado con los derroteros de la democratización de Euzkadi tome la iniciativa de realizar de forma puntual una acción armada, que si bien no estaría justificada en el proceso de Paz en el que nos encontramos, sería muy explicable a la luz de las trabas que algunos “sectores residuales” del Estado estarían poniendo a que Euzkadi consiguiera una “normalización” en el “conflicto político” en el que se encuentra inmerso.

Y llegados a ese punto a ver que nos cuenta ZP para evitar la reanimación del anestesiado pueblo español.

Desde este punto de vista hay que entender la tácita alianza entre ZP y ETA.

A Zapatero le conviene que el proceso tenga éxito o por lo menos que continúe en la situación actual y a ETA le interesa que ZP siga en el gobierno. Puede tacharse de inestable, pero no me negarán Uds. que es un equilibrio político en toda regla que ya quisiera Montilla para su merendilla.

Fermín Zalacaín (el aventurero)

Aragón Liberal y Diario Liberal, 14 de noviembre de 2006

“Proceso de paz” o de “resolución del conflicto”, ¿simples matices?

“Proceso de paz” o de “resolución del conflicto”, ¿simples matices?

Nadie discute que la izquierda abertzale persiste en su intento de fijar el calendario y contenidos del denominado “proceso de paz”. Así ETA, el pasado 3 de noviembre difundió, por medio del Nº. 111 de su publicación Zutabe, el sexto comunicado al respecto, rápidamente avalado por los dirigentes de la todavía proscrita Batasuna, en el que nada nuevo aporta; reafirmándose, eso sí, en sus objetivos de siempre.

No obstante, al término “proceso”, ¿se le asigna un único sentido?

El Gobierno y el Partido Socialista de Euskadi continúan dirigiéndose a la opinión pública, española e internacional, con la misma misteriosa fórmula mágica denominada “proceso de paz”. Y todos queremos la paz, faltaría más. No obstante, al delimitar sus contenidos, límites y objetivos, surgen las diferencias, incluso entre los propios socialistas.

Por otra parte, quienes discrepan con tan debatido “proceso”, siempre le anteponen –le anteponemos- el muy extendido “mal llamado”. ¿Por qué?

“Paz antes que política”; insisten ZP y los suyos. Y también recuerdan, una y otra vez, que ETA debe abandonar definitivamente la violencia y que la paz no tendrá un precio político. Pero no basta con declaraciones formales, hermosas palabras, encomiables y compartidos deseos…

Tenemos una democracia asentada, o al menos eso creíamos, con cauces para la resolución de todo tipo de conflictos, y para la expresión de cualquier opinión; con unos lógicos y mínimos límites legales. ¿Para qué diseñar, entonces, otros mecanismos distintos a los ya existentes? ¿Por qué emplear un lenguaje político esotérico -subproducto de la dialéctica marxista- al alcance de unos pocos “iniciados”? ¿Por qué el gobierno no ha buscado la cohesión de toda la sociedad española, proponiendo unas tácticas y estrategia claras y contundentes? Unas preguntas que, junto a otras más, al no ser respondidas, han provocado que numerosas voces se hayan alzado exigiendo claridad, unidad y firmeza, desconfiando de esa otra palabrería tan repetida como vacía. Pero, ¿existen motivos, realmente, para desconfiar?

Ramón Jáuregui, en unas declaraciones recogidas el domingo 5 de noviembre en El Diario Vasco, discrepaba en algún sentido de su colega Patxi López, al asegurar que “No es un derecho a decidir lo que le falta al País Vasco sino claridad política en sus reglas. Y esa claridad, en el caso de la izquierda abertzale pasa obviamente porque pueda ejercer su representación política sin restricción ninguna y eso lo tendrán cuando se produzca el abandono de la violencia y acepten las reglas que tenemos los demás”. Pero ¿por qué es necesario, entonces, un proceso que no sea la simple aceptación del marco legal por la izquierda abertzale, previo abandono definitivo de las armas y disolución de ETA? “Derecho a decidir”, “claridad política en las reglas”… Pero, los socialistas, ¿no perseguían únicamente la paz?

¿Cómo determinar, entonces, el alcance real del proceso?

Nos remitiremos, como en otras ocasiones, a lo manifestado por una izquierda abertzale que siempre habla de “resolución del conflicto” y no de “proceso de paz”. Véanse, como ejemplos, el último comunicado de ETA, el editorial del diario Gara del domingo 5 de noviembre, y las ya numerosísimas declaraciones de sus dirigentes. No es posible hablar de paz, aseguran, sin analizar y eliminar las causas que generan la violencia. Existiría un conflicto político entre Euskal Herria y el Estado español; que es lo que hay que resolver superando o eludiendo, por considerarlos una imposición antidemocrática, Constitución española y Estatuto de Gernika. En consecuencia, no podrían disociarse paz, territorialidad y derecho a la autodeterminación. “Política antes de paz”.

Arnaldo Otegui, con sus declaraciones a Radio Euskadi del sábado 4 de noviembre, proporcionaba unas interesantes claves. En primer lugar afirmó que, ahora mismo, existe una pugna por definir “la naturaleza del proceso”. Vamos, que abertzales y socialistas no se han puesto de acuerdo en sus contenidos y objetivos. Pero, lo que es más grave, ello pone de manifiesto la falta de firmeza de un Gobierno que no es capaz de definirla y encauzarla en términos de normalidad democrática; es decir, en el seno y al amparo de legalidad de las instituciones ya existentes establecidas por Constitución y Estatuto.

“Hay que plantear recetas de futuro, que pasan por el cambio de estatus político y por que eso se dé de manera acordada”, afirmó Otegi; concretando que no resulta fácil avanzar en todo ello, pues “lo que estamos tratando no es de dar solución a una crisis de manera táctica para entrar en otra crisis dentro de tres meses. No vamos a salir del paso sin más, sino a poner el proceso en velocidad de crucero y sobre bases sólidas”. Recordó también que “no hemos hecho este proceso para ser legales”; mostrándose contento, pese a todo, recordando que hace siete meses nadie aseguraba que el que denomina “diálogo multipartito” ya estaría en marcha.

“Su” velocidad y “sus” bases, recordemos. ¿Quién está determinando el “proceso”, nos preguntamos muchos? Si la izquierda abertzale está desbordando los cauces legales, arrastrando en ello a Gobierno, PSE-PSOE y PNV, ¿alguien lo duda ya?

Se ha afirmado, en muchas ocasiones, que quien establece las reglas del juego determina sus resultados. Y si se acepta la dialéctica marxista-leninista de ETA, que asegura que hay que avanzar decididamente hacia “un acuerdo en torno al marco democrático para el conjunto” de Euskal Herria, según se afirma en el Zutabe, se está asumiendo -en primer término a nivel teórico y, probablemente, en sus consecuencias prácticas- que no disfrutamos de una verdadera democracia. Una situación muy grave; especialmente si uno de los interlocutores, es el propio Gobierno. Y de consecuencias imprevisibles.

Resumamos. No se trata de un “proceso de paz”, pues ésta no antecede a la política, sino que sucede todo lo contrario.

Los abertzales saben muy bien lo que quieren y así lo manifiestan. También son diáfanos quienes se oponen a un proceso que califican, acaso con acierto, como “de rendición”. Quienes no lo tienen nada claro, parece ser, son José Luis Rodríguez Zapatero y sus más íntimos. Salvo que quieran engañar a todos; si bien, aventuramos, únicamente lo están haciendo a sí mismos.

Fernando José Vaquero Oroquieta

Páginas Digital, 8 de noviembre de 2006

Rosa de Estrasburgo

Rosa de Estrasburgo


Podía haber justificado con el argumento de la disciplina de partido su "sí" en Estrasburgo a lo que Zapatero aún se empeña en seguir llamando "proceso de paz", pero no lo hizo. Rosa Díez se abstuvo en la votación del 25 de octubre y su gesto valiente pero sencillo, honesto pero exento de teatralidad tiene más valor que toda la pantomima de aquella triste sesión y de esta negociación que quiere pasar a la Historia pero que a la única historia a la que va a pasar va a ser a la de la infamia. A mí me gustó mucho ese gesto de su abstención sin estridencias, sin rasgar vestidura alguna, sin gesticulación, que fue un "no" modesto ya que tenía -por el escenario y por venir de quien viene- el suficiente relieve y la elocuencia justa como para ser interpretado en su verdadero dramatismo. Me gustó como lo hizo, como ha hecho esta vez las cosas Rosa Díez porque las ha hecho sin ese autobombo que no sirve a la causa sino a uno mismo, sin la publicidad hueca del mucho ruido y pocas nueces que caracteriza a este Gobierno (su abstención fue una nuez testimonial pero impagable), sin dejar de ser ella ni de ser socialista, sin épica o, mejor dicho, con esa épica del voto en blanco que se acerca tanto a la lírica. Aquí la única épica guerrera que hay es la de la paz de Zapatero, que divide y enfrenta en Euskadi, en Cataluña, en el colectivo víctimas del terrorismo, en toda España, en Europa.

Rosa supo representar en esos momentos a las víctimas de su partido y de los otros, a las víctimas que no tienen otro partido que el dolor y la Justicia, a la ciudadanía amenazada que le había votado . Y lo explicó muy bien: "En Euskadi no nos falta paz sino libertad", "no entiendo este debate", "no me han votado para esto". Yo creo que en ese gesto suyo estaba la dignidad no ya del socialismo vasco y del español sino del socialismo europeo y de toda esa peña que ha heredado los más viejos vicios estalinistas de la traición táctica, de las purgas y del "aparaterismo", aquel chungo axioma pecero de "más vale equivocarse dentro del partido que acertar fuera de él".

"Qué difícil es cuando todo baja no bajar también" escribió Machado en una fea época, pero el caso de Rosa es especial. Cuando todo baja Rosa no sólo no baja sino que sube. Lo tengo más que comprobado. Esta mujer se crece ante los obstáculos y el desánimo general. Siempre que la veo me acuerdo de esa foto que publicó la prensa durante la campaña de las pasadas municipales en la que aparecía echando un mitin entusiasmada en una plaza de Ondárroa absolutamente vacía. Y me acuerdo de una hazaña semejante protagonizada por Borges cuando dio con igual entereza y ante un auditorio desierto una conferencia en Buenos Aires a la misma hora en que se jugaba un Mundial de Fútbol en el que participaba Argentina. Para hacer eso hay que ser un escritor o un político de raza y Rosa lo es. Hay que ser Rosa Luxemburgo o la rosa del puño o simplemente Rosa Díez, un imbatible y admirable animal político de ese socialismo vasco que dio sindicalistas de peso como Nicolás Redondo (padre) o ministros como Aranzadi y Solchaga. ¡Cómo será el nivel del equipo de Patxi López que Zapatero no ha querido a ninguno de ellos en su gobierno!

La consigna socialista del 25 de octubre era machista: votar todos lo mismo cómo un solo hombre. Pero ella prefirió abstenerse como una mujer sola. Para mí Rosa ya siempre será le heroína de Estrasburgo.

Iñaki Ezkerra

La Razón, 28 de octubre de 2006

La esquizofrenia de Occidente le conduce a su propia aniquilación

La esquizofrenia de Occidente le conduce a su propia aniquilación

No hay civilización que sobreviva sin defensores, con la esquizofrenia de mantener con unos valores de los que, de palabra y por escrito, se abomina en todo momento.

En la frecuente comunicación con los lectores, el último artículo sobre El Islam políticamente correcto ha provocado, entre otros, el comentario de uno, que me parece por completo acertado.

Dice el ilustrado lector que "el cáncer de Occidente es que sus propios valores fundacionales (democracia, respeto, libertad, igualdad…) le llevan a no atreverse a defender valores por miedo a parecer radical. Esta pérdida de raíces es aprovechada por otras civilizaciones sin tantos complejos, que utilizan estructuras occidentales para extender sus valores materiales. Estudiar el Islam y financiar su estudio no es malo; lo malo es permitir que en tu propia casa el invitado decida si cumple las normas o no. Lo malo es enterrar el estudio de tu propia religión y financiar la ajena. Favorecer la autodiscriminación de los inmigrantes por miedo a transmitir nuestra cultura es la garantía para perder nuestra identidad. Solución: EE.UU. es un ejemplo de país con valores materiales fuertes y libertad de pensamiento. Los taxistas llevan turbante y se saben el himno americano: esa es la clave".

Estoy básicamente de acuerdo. Alguna matización: el islamismo está lleno de complejos, muchos fundacionales y todos agravados desde la desaparición del califato otomano que ha dejado a esa religión en situación de sede vacante, a la deriva. Tampoco soy partidario de financiar a nadie –a nadie, ojo- porque todo sale de mi bolsillo, aunque no quiera.

Pero sí, lo grave de Occidente es su propia tibieza, su propia acedía, siendo la única civilización digna del hombre, la única que prohibió la esclavitud, la que ha desarrollado la igualdad de todos ante la Ley y el Estado de Derecho.

No tengo ningún miedo al integrismo, porque venimos de combates contra los totalitarismos y porque el miedo es un sentimiento indigno. Pero, en efecto, es esa demolición interna de nuestros valores lo que es preocupante. En mi libro Los nuevos clérigos –en un artículo no se puede ser exhaustivo- expliqué cómo no se trata de una cuestión anecdótica ni tampoco espontánea, sino de un sistema de control del flujo de ideas, a través de periodistas, artistas y docentes, a los que se ha introducido en el presupuesto o se hace depender del Estado. Y que, o se cambian las bases del sistema, o resultará difícil que sobrevivamos. Ninguna civilización sobrevive sin defensores, con esta esquizofrenia de vivir, en la práctica, merced a unos valores de los que, en teoría, de palabra y por escrito, se abomina a toda hora.

Gratificante el alto nivel de los lectores.

Otrosí: La pantomima del Parlamento europeo ha sido un absoluto fracaso para Zapatero. Un error mayúsculo, como la candidatura de Miguel Sebastián (salvo que quiera dejarle el terreno libre a Gallardón).

Enrique de Diego

 

El Semanal Digital, 28 de octubre de 2006

Negociar con ETA: las consecuencias del debate en Estrasburgo

Negociar con ETA: las consecuencias del debate en Estrasburgo

EN el Parlamento Europeo acaba de finalizar el debate con el que el Gobierno de Rodríguez Zapatero ha pretendido lograr un respaldo internacional a su política de negociación con ETA. El resultado de la votación le ha dado formalmente la victoria por una diferencia de diez votos sobre los más de seiscientos emitidos. Pero se trata de una victoria pírrica que deja un sabor amargo y ofende a los que hemos sido víctimas del terrorismo, pues quien verdaderamente ha vencido en este embate ha sido ETA.

Más allá de la aritmética de las votaciones, la cuestión fundamental que hemos de afrontar después del debate es la que se refiere a sus consecuencias políticas. Lo primero que debe señalarse a este respecto es que, desde el momento mismo de su planteamiento, lo que se ha pretendido es dar satisfacción a ETA en su demanda de internacionalización de lo que los nacionalistas llaman «conflicto vasco». Y este ha sido un objetivo que lamentablemente hemos de considerar como plenamente logrado.

En efecto, ETA, con la inestimable ayuda del Grupo Socialista Europeo, ha conseguido hacer visible su posición política; es decir, su pretensión de ser reconocida como minoría nacional oprimida. Más aún, ETA misma ha estado personalmente representada en el hemiciclo de Estrasburgo, pues, en un ejercicio de cinismo político, el presidente de la institución parlamentaria ha considerado que no había impedimento para ello. Y, así, ETA ha redondeado la jugada y ha logrado, sin duda, bendecir su reconocimiento como interlocutor político de los gobiernos europeos con los que trata de negociar el derecho a la independencia de Euskal Herria, posibilitando de este modo la constitución del Estado totalitario vasco al que aspira.

Pero esto no es todo. El Parlamento Europeo ha evidenciado también la profunda división que existe entre los representantes políticos en las cuestiones relativas a la negociación con terroristas. Esta institución, que sin duda ha dado pasos importantes en el planteamiento de las políticas antiterroristas, no ha sido sin embargo capaz todavía de lograr un acuerdo en lo esencial. Y lo esencial en esto es definir conceptualmente el terrorismo y trasladar esa definición a las leyes penales que están al servicio de las sociedades democráticas para defenderlas de quienes ejercen la violencia sobre personas desarmadas con el fin de imponer sus objetivos políticos. Carecemos de una noción unificada del terrorismo en Europa y ello da lugar a que, en la institución que representa lo más esencial de la democracia, acaben defendiéndose posiciones que dan aliento a los terroristas.

Si tuviéramos una definición precisa del terrorismo, no nos encontraríamos con la penosa situación que se ha evidenciado en Estrasburgo. No se habría hecho visible la profunda división de los representantes políticos europeos en torno a la cuestión esencial de si se debe negociar o no con terroristas. Una división que reproduce la que ya hemos podido constatar en España. Y una división, también, que debilita a las instituciones democráticas y las hace vulnerables al ataque de los que quieren destruirnos.

La genuina aportación que ha realizado el Partido Socialista, con Rodríguez Zapatero a la cabeza, a la política referente a ETA, ha sido esta. En su equivocada idea de que la realización de cesiones a los terroristas puede doblegar su voluntad de ejercer la violencia, ha actuado de tal manera que el resultado final no ha sido otro que su fortalecimiento político y su legitimación.

Cuatro décadas de violencia han alcanzado su premio en el Parlamento Europeo. Y, a partir de ahí, estará más cerca su posibilidad de alcanzar el poder en la futura Euskal Herria independiente.

Sin embargo, hemos de ir todavía más lejos en el análisis. Los errores políticos pueden ser disculpables cuando se derivan de nuestra propia limitación como seres humanos para controlar la totalidad de los elementos que influyen sobre los problemas que nos preocupan. Pero no pueden ser eludidos ni justificados si su raíz se encuentra en la profunda inmoralidad de una concepción de la política que hace de ésta una actividad ajena a cualquier principio ético. Quienes, como el presidente Rodríguez Zapatero, creen que todo vale para lograr sus fines inmediatos, que las cosas se pueden y deben conseguir como sea, que esos mismos fines pueden ser modificados en función de los vaivenes de la coyuntura y que las sociedades pueden ser conducidas por medio de la desorientación y el caos -porque es el caos mismo la fuente del poder-, debilitan el sistema democrático y lo ponen en el borde de su disolución. Lo que está en juego en todo esto es, por ello, la supervivencia misma de España como sociedad democrática, pues si ETA se alza con la victoria no serán sólo los vascos los que se verán sometidos.

Todos los españoles y, con nosotros, todos los europeos habrán visto que, por medio de la violencia, por medio del crimen y la amenaza, es posible progresar en el logro de objetivos políticos. Y de ahí a la generalización del totalitarismo sólo resta un paso.

Es precisamente la ausencia de principios morales en la conducción de la política de la que se derivan el sufrimiento y la angustia para los ciudadanos. Las víctimas del terrorismo sabemos mucho de esto y hemos pagado ya un precio muy alto para llegar a ese conocimiento. Jean Améry, desde la sabiduría de una vida preñada de los sufrimientos ocasionados por el totalitarismo, dejó escrita la lección aprendida: «Me mantengo -dijo- en la débil fe de que la irracionalidad provoca la inmoralidad; que la verdad, por mucho que sea relativa y esté sumida en el movimiento de un proceso, es una de las condiciones básicas para la moralidad, y que la falta de verdad, como mentira pero también como error, va preñada de crímenes».

Apelemos entonces a esta lección para corregir los errores cometidos en Estrasburgo y, de una vez por todas, exijamos a Rodríguez Zapatero la responsabilidad en la que ha incurrido.

MIKEL BUESA

Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid

ABC, 26 de octubre de 2006

ETA vence: mal día para nuestra democracia

ETA vence: mal día para nuestra democracia  Ayer fue un mal día para España. ETA, después de más de cuarenta años de lucha armada contra el Estado, las leyes y las instituciones, ha conseguido uno de sus objetivos más antiguos y, hasta la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, más impensables. El crimen ha empezado a ser rentable.

El movimiento independentista armado, eso que ahora empieza a ser políticamente correcto en el PSOE llamar "la izquierda abertzale", ha exigido desde la Transición que el problema vasco, un problema que antes de los asesinatos sólo existía en la ideología nacionalista, se internacionalice. ETA no sólo quiere que el Estado ceda lo que en su tiempo reflejaba la "alternativa KAS" -anexión de Navarra, liberación de los presos, independencia y el día de mañana el socialismo-, sino que además la rendición se haga con testigos y garantes internacionales, que impidan que el Gobierno cambie de opinión o se vuelva atrás.

Esa internacionalización estaba en la lista de peticiones de ETA a Zapatero. Y el presidente del Gobierno parece rendido. Por el simple hecho de que el "proceso de paz" haya viajado al Parlamento Europeo ETA ha obtenido una victoria; importaba poco quién votase a favor de la cosa, y menos aún si vencían o no. La victoria estaba cantada porque el Grupo Socialista pagó el precio que ETA quería: presentó su moción y la sometió a votación.

La segunda parte de la victoria de ETA estuvo en la confusión que la propuesta ha creado. Por un momento ni los miembros del Grupo Popular ni los demás amigos que el PP y España tienen en las instituciones europeas supieron qué pensar, qué hacer o qué votar. En las filas socialistas el desconcierto ha sido similar, y muchos diputados de izquierdas han votado a favor de lo que pedía el socialista Enrique Barón sólo por disciplina. Frente a tanta perplejidad y división entre los grandes partidos españoles los nacionalistas estuvieron más unidos y arropados que nunca; como dijo el eurodiputado Jaime Mayor Oreja, fue "una victoria moral para ETA".
 
Por último, Zapatero y su equipo en las instituciones europeas han logrado una tercera victoria para ETA. Por muy poco, dicen (321 contra 311 diputados), pero la moción socialista, que habla de "paz" para el País Vasco como si hubiese habido una guerra o como si pudiese haber negociación o comparación entre quienes defienden las leyes y quienes las violan. ETA tuvo ayer un buen día, y en consecuencia no lo tuvieron nuestra libertad ni nuestra democracia.
 Antonio Martín BeaumontEl Semanal Digital, 26 de octubre de 2006

Arrepentidos y desencantados

Arrepentidos y desencantados

«Soy el hombre más derrotado del mundo», responde Mikel Azurmendi cuando se le pide una impresión personal sobre el proceso de diálogo con ETA. Y luego desgrana la historia de su abandono de la banda, que comienza con un hecho pavoroso, «cuando en el invierno de 1966 se reunió Julen Madariaga con los que formábamos el “comando” de Guipúzcoa y nos propuso que votásemos si íbamos a matar al que era entonces jefe de ETA, Patxi Iturrioz. Madariaga, además, se reservó dos votos. Salió que no, pero yo ya no me podía quitar de encima el horror moral de haber participado en aquella votación. Más tarde pude pedirle perdón a Iturrioz».

El año siguiente se exilió en Francia, dejando los estudios de Economía iniciados en Bilbao y matriculándose en Filosofía. Ahí comienza, además, su abandono paulatino del nacionalismo y su utópica vuelta para tratar inutilmente de desarticular ETA desde dentro en la asamblea celebrada en 1970. «Soy el hombre más derrotado del mundo —insiste el actual profesor de universidad, que tuvo que abandonar amenazado el País Vasco— y lo tremendo es que ahora veo a ETA en el poder, logrando sus objetivos, en un Gobierno de coalición con los socialistas». Javier Elorrieta y Eduardo Uriarte coincidieron en la cárcel de Basauri en 1969. El primero, que abandonó la banda varios años antes que su amigo, piensa que el Gobierno, después de lo anunciado y hecho hasta ahora, «seguirá dando pedaladas para no caerse de la bicicleta». Uriarte coincide con él: «Se han metido tan dentro de este asunto que hay visos de que llegarán a algún tipo de acuerdo y, mientras, se está proporcionando una inmensa propaganda a una Batasuna colocada en una posición dominante». Cuando se le pregunta a Elorrieta —un escritor antiguo parlamentario vasco independiente en las listas socialistas, que ha publicado hace poco su «Poesía reunida»— por los intentos de diálogo de gobiernos anteriores, del PSOE o del PP, constesta como si hubiera meditado largamente sobre ello: «Fracasaron, si se puede hablar así, porque, en realidad, no querían negociar. Sólo querían buscar el modo de acabar con ETA. Ahora se quiere negociar». Iñaki Viar, psicoanalista y profesor de la Universidad del País Vasco, tampoco tiene nostalgia alguna de su pasado. En los anales de la resistencia al nacionalismo está el artículo que en 1989 firmó en «El País» con Jon Juaristi —«Proezas melancólicas»— y en el que se desmontaba la añoranza nacionalista de un país que en realidad no había existido nunca. Habla de su militancia en ETA como una «errancia breve», que «afortunadamente no fue a más», de la que no puede hacer responsable —añade— ni al franquismo ni al ambiente familiar dominado por el nacionalismo y el recuerdo de la Guerra Civil.  «No puedo encarar este llamado “proceso de paz” —apunta— sino desde la radical rectificación de los métodos violentos. Yo soy responsable, en mi propio contexto, de un inmenso error y ahora sólo reivindico mis rectificaciones». Javier Elorrieta, en la reseña de su obra literaria y periodística, recuerda precisamente un artículo titulado «Yo sí me arrepiento», escrito tras el asesinato de Yoyes, cuando se debatía si la antigua militante se había realmente arrepentido o solamente lo había dejado. «No éramos demócratas, no perseguíamos la libertad. Ser antifranquista y de ETA no era defender lo que desde hace ya mucho defiendo». Por eso le parece a Elorrieta que sólo los que no se han arrepentido verdaderamente pueden pensar ahora con cierto pesar, cuando se especula sobre el éxito de una negociación con la banda, que quizá se consiga lo que entonces se buscaba. «La causa de abandonar no era que los objetivos fuesen imposibles, sino que eran y son aberrantes. Así que yo no puedo pensar ahora que me equivoqué al marcharme, o que los que se quedaron terminan teniendo razón, sino, por el contrario, debo contemplarlo con desazón. Porque el terrorismo y su objetivo, o lo que de él puedan lograr en la negociación, es lo indigno». No olvidarse de las víctimasIñaki Viar, desde la doble perspectiva personal y profesional, considera que, entre los aspectos más graves del «proceso», no debe olvidarse a las víctimas. «Ha sido tremendo que, durante tantos años, se haya matado doblemente, como en el mito de Antígona. Una vez, con los asesinatos; otra, con la muerte simbólica de la ausencia de honra y del olvido». Rememora a continuación la reacción cívica que se inicia tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco —él mismo participó en la fundación del Foro de Ermua— y recuerda que «hay tanta más paz cuanto más honor a las víctimas, como ocurre en los países libres y no, por ejemplo, en Rusia con respecto a las del stalinismo». «Lo de ahora —continúa— me preocupa en muchos aspectos, pero de forma muy especial porque es una suerte de inversión de ese proceso de desagravio y honor, es decir, el de dar un sentido positivo al duelo. Nada peor que engañar a las víctimas, dejarlas a un lado, convertirlas en un obstáculo porque se trata de dar alguna razón a los terroristas». «Y es que no la tienen —apunta Eduardo Uriarte, condenado a muerte en el famoso proceso de Burgos— aunque se lo crean ellos, se lo digan sus familiares o el mismísimo Gobierno. Cuando yo tuve razón de verdad fue cuando hace algo más de treinta años abandoné ETA». Uriarte, quizá el más próximo amigo y colaborador de Mario Onaindía, se refiere también con ironía a esa hipotética «depresión» al ver que ahora, con el argumento de que la banda lleva tres años sin matar, se pueda conseguir «una nueva situación, un cambio en la Constitución, algo como el inicio de un proceso constituyente». Gesticula con las manos, se ajusta las gafas, se incorpora en el sillón y, con un gesto duro, concluye: «Lo verdaderamente deprimente sería pensar que, para cualquier cambio político, lo único que vale es la amenaza, la extorsión, la posibilidad de matar…». ¿Pero ETA puede volver a matar? Quizá en la recámara del Gobierno, al menos desde luego en su retórica, late la idea de que ya no es posible, y que por ello saldrá adelante la negociación. Según Eduardo Uriarte, hay que tener en cuenta dos cosas. La primera, que una reforma del modelo autonómico «y de los pactos constitucionales del 77 hecha como se viene haciendo con formulaciones ambiguas no es fácil de colar a ETA». Y, en segundo término, que, aunque los grandes atentados islamistas hayan desacreditado el terrorismo como nunca antes había ocurrido, «el riego de violencia política no desaparece en nuestras sociedades y, en la vasca, se ha cultivado el odio de modo más que lamentable. Así que no es imposible». Uriarte, que milita en el PSOE y fue candidato a la alcaldía de Bilbao, apunta la posibilidad de que su partido piense que con la actual Batasuna se pueden llegar a acuerdos como los que en el pasado se suscribieron con Euskadiko Ezkerra, un partido que terminó integrándose en el socialismo vasco de la mano de Mario Onaindía. No se trataría ahora, naturalmente, de un proceso similar, pero sí de «un acuerdo para establecer las bases de una nueva relación de Euskadi con el ordenamiento general de España». Lo considera un error, una posibilidad que puede dar al traste con el principio de ciudadanía y el reconocimiento de los valores democráticos que había hecho ya Euskadiko Ezkerra pero no Batasuna. Elorrieta añade: «Si he dicho que los anteriores Gobiernos no querían negociar y éste sí, debo añadir también que da la impresión de que muchos sectores del socialismo vasco muestran, más allá del afán negociador, un compadreo con Batasuna que resulta alarmante». Mikel Azurmendi ve con espanto esa posibilidad «porque ETA es un cuerpo político para matar». Pero va un paso más allá. «Esto del diálogo y el pacto con la banda es sólo una pieza en un tablero más complejo, en los móviles de un Gobierno que ha pactado con todos los que han estado en contra de la más eficaz legislación antiterrorista y con todos los que han estado de un modo u otro en contra del Estado de Derecho. ¿Estamos ante un nacional-socialismo de nuevo cuño? ¿Y estamos, además, ante la dejadez y la pasividad de una sociedad para la que todo vale, que no reflexiona sobre el futuro político y social?»Se suele quemar a los herejes, no a los paganos, y ellos, junto a otros, resultan estar, por su pasado y su arrepentimiento, entre los más odiados por los nacionalistas vascos. Parecen considerarlo parte de un pasado ya amortizado y no quieren renunciar ni a sus ideas ni a vivir en el País Vasco. Pero se rebelan con una mezcla de dolor y rabia en contra de que algunos consideren que quieren poner obstáculos a la paz. «Cuando se oye decir a una alta autoridad del Estado —dice Azurmendi— que quienes se oponen al proceso quieren más muertos se me desgarra el alma. ¡Qué vergüenza!». «Si lo que deseamos es defender la libertad, opinar razonablemente y te dicen que estás crispando, lo que realmente quieren es apartarte sin más», concluye Javier Elorrieta. GERMÁN YANKE, ABC, 24 de octubre de 2006 

Dios vuelve a ser vasco por si Otegi gana y remata a Pagazaurtundúa

Dios vuelve a ser vasco por si Otegi gana y remata a Pagazaurtundúa


Eusko Alkartasuna tiene un secretario de Organización de lujo, el parlamentario alavés Rafael Larreina, que además resulta ser uno de los vicepresidentes del Parlamento vasco. Un hombre culto, educado, suave en las formas, que se define en su excelente web "políticamente incorrecto, probablemente inoportuno". Montañero, lo que lo hace particularmente grato para mí en especial; no ajeno a la gramática española, cosa muy de agradecer en estos días. Y católico practicante que no oculta serlo, uno de los convencidos como carisma específico de la llamada universal a la santidad.

Precisamente tal acumulación de virtudes sobrenaturales y méritos terrenales hace especialmente llamativos sus deméritos, y los de quienes le rodean, asesoran, inspiran, comprenden o toleran. Es un hombre capaz de basar su acción pública en la afirmación de que "Euskal Herria existe, otra cosa es que ahora mismo no tenga entidad política", un independentista que dice "no soy español. Mi identidad nacional es vasca, nada más". Grandes palabras, que culminan en el sofisma de "que las víctimas hay que tenerlas en cuenta, pero es muy importante sacarlas del tráfico partidista" –dicho para laicos sin graduación, las víctimas que molesten serán silenciadas-. Y que "la kale borroka no es un obstáculo para dejar de hablar". Es verdad que Eguiguren negociaba con ETA en nombre de Zapatero mientras asesinaban a Joseba Pagazaurtundúa, pero ni ETA ni el PSOE dicen ser católicos, y Larreina y unos cuantos más sí.

A mí –bautizado, pecador, mal católico y malpensado, qué duda cabe- me tienen que explicar las jerarquías eclesiásticas, regulares, seculares y mediopensionistas cómo puede ser esto. Porque Sus Eminencias y sus respectivas curias saben que no estamos en Irlanda, ni en Quebec, ni hay dos bandos equiparables, ni el nacionalismo falaz es un mal menor; y si no lo saben yo se lo explico en persona antes del Adviento. Pero me sorprende ver al frente de los enemigos de España y de la libertad a católicos cualificados y no desautorizados, y más aún verlos progresivamente respaldados entre nubes de incienso.

¿He dicho enemigos de la libertad? Sí, reverendos padres, sí. Porque "la verdad os hará libres" sigue siendo un precepto evangélico, y desde la mentira sólo hay esclavitud. Al menos, así era en el Astete que se estudiaba antes de monseñor Uriarte. Así que, teniendo en cuenta que el nacionalismo vasco a día de hoy se fundamenta en la mentira sobre el pasado y el presente, lo que tan distinguidos eclesiásticos nos preparan, o no impiden a sus fidelísimos laicos como Larreina, es un futuro de esclavitud.

Mentira. Qué palabrota, padres. Porque quien dice mentira afirma que existe una verdad, objetivamente reconocible. Y hete aquí que el profesor Alfredo Cruz, libérrimo compañero de espiritualidad de Larreina, se ha lanzado a publicar en Tecnos lo que pretende ser un alegato contra el nacionalismo, y termina siendo una defensa poco velada del subjetivismo relativista. Más aún: Nuestro Tiempo –que no era precisamente Gara- ha glosado con entusiasmo la idea. Como si "uno y otro lado" fuesen equidistantes de la verdad, lo que en este caso es tanto como negar la verdad. Algo parecido a un relativismo claudicante hacia el nacionalismo vasco está surgiendo a orillas del río Sadar, en una Universidad que nació agnóstica y crecerá abertzale, y en otra que nació confesional y evoluciona pragmática. Bueno, al fin y al cabo allí se forjaron egregios pensadores de la vanguardia antiespañola como Ignasi Guardáns i Cambó y Daniel Innerarity, el nacionalista vasco de El País. Me ahorro dolorosos detalles del séquito.

Es una singular alianza a tres bandas. Por un lado el nacionalismo vasco que afirma su proyecto totalitario sin matices salvo para los crédulos que quieran comulgar con ruedas de molino. Por otro los que dicen ser, y tal vez crean ser, liberales, pero no dejan de servir como útiles compañeros de viaje preñados de indiferencia, como si el rancio liberalismo doctrinario del siglo XIX fuese un pasaporte para colocarse más allá del bien y del mal. Por último, católicos reconocidos que confunden la universalidad del mensaje de la Iglesia para olvidar su defensa de la verdad objetiva allí donde se encuentre, y de paso preparan sus instituciones para cualquier nuevo régimen que pueda venir. Dios nos proteja a los navarros, en especial.

Un notable católico, no menos militante que los anteriores y en cierto e importante sentido más caracterizado que ellos, me recuerda que el nacionalismo se combate con el patriotismo, y el relativismo subjetivista con la afirmación de la verdad objetiva. Pero bueno, es que esto lo dice el catecismo y lo han repetido todos los Papas hasta Benedicto XVI. Parece ser de San Agustín la idea de que el amor de Patria debe ser inferior al debido a Dios, pero puede ser superior incluso al debido a los padres.

Los equívocos son peligrosos, pero las confusiones interesadas lo son aún más. Yo entiendo que los franciscanos de Aránzazu cobijen el montaje Baketik para atraer clericales y tontos útiles de matriz católica al proyecto secesionista de Ibarretxe, en nombre de la "paz". Yo asumo que, pese a los méritos como soldado de España del capitán Íñigo de Loyola, sus hijos de Indauchu se acuerden más del pobre Pedro Arrupe. Andan por allí todos los anteriores, y gente dudosamente católica del pelaje de Iñaki Gabilondo, Victoria Camps, Herrero de Miñón o Mayor Zaragoza. Era de esperar, no es más que volver a aquellos maravillosos años setenta en los que los curas llenaron las filas de ETA y Herri Batasuna mientras que vaciaron las parroquias. Pero que esa tentación llegue ahora a los entornos de Ayete, Belagua y Moncloa, que se hable impunemente de "ilegitimidad democrática" de España en determinadas latitudes, suena a grave despiste de Bruno Buozzi o a prudente cálculo de futuro. En cualquier caso, motivo de escándalo para los católicos, malo para España y Navarra y peor para la Iglesia y sus partes más implicadas.

 

Pascual Tamburri

 

El Semanal digital, 19 de octubre de 2006