Blogia

Foro El Salvador

Canadá: matrimonio homosexual y resultados electorales

Canadá: matrimonio homosexual y resultados electorales

A pesar de que las elecciones en Québec no pasan formalmente de ser unos comicios regionales, han constituido una noticia internacional por sus resultados que, básicamente, puede resumirse en tres puntos:

El alza extraordinaria de Acción Democrática del Québec, un partido que se declara nacional quebequés pero no explícitamente independentista, que ha recuperado un centrismo clásico. Este partido tenía 1 escaño en 1998, 4 en el 2003 y ha alcanzado ahora ¡41 escaños! en un parlamento de 125. Ha crecido el casi el 1000% en cuatro años. Es el gran vencedor de las elecciones.

La derrota importante del Partido Liberal que defiende el Canadá federal y por consiguiente, la unidad. Su pérdida de representación, tenía 76 escaños y pasa a 48, se ve matizada porque es la fuerza más votada y quizás pueda seguir gobernando.

El hundimiento histórico del Partido Quebequés que pasa de 45 a 36 escaños y se convierte, por primera vez en su historia, en el último de la fila, alcanzando sus peores resultados.

Lo extraordinario de esta situación tiene múltiples explicaciones. Una es el fraccionamiento del voto francófono; otra, la unidad de voto de los anglófonos.

 

También ha influido la fatiga en el electorado por el continuo debate entre federalistas e independentistas que se ha saldado precisamente con la victoria de Acción Democrática.

 

También puede haber influido el hecho que hace pocos meses el primer ministro del gobierno federal, Stephen Harper, lanzó una audaz iniciativa al proponer al Parlamento federal que se votara a favor de la consideración de Québec como nación. Este hecho creó una fuerte contradicción en el seno del propio Partido Quebequés, porque si votaban en contra, rechazaban aquella posibilidad, pero si lo hacían a favor estaban asumiendo una identidad nacional, pero dentro de Canadá.

 

Pero existe un último factor que ha sido menos casi ignorado en las páginas de información españolas a pesar de constituir una de las razones más contundentes del hundimiento del Partido Quebequés, sobre todo en las áreas rurales, con unos resultados escandalosamente bajos.

 

Se trata de su líder, Andre Boisclair, que todo el mundo da ya por defenestrado. Dos hechos contribuyeron a este rechazo popular del dirigente independentista: su homosexualidad confesa y alardeada, y sus declaraciones sobre el hecho de que había consumido droga en el pasado. Quizás, Andre Boisclair, estaba convencido de que el progresismo y la permisividad que caracteriza a la sociedad canadiense no le pasaría factura. Los hechos demuestran lo contrario, y esto a pesar de que el Canadá es uno de los cuatro países del mundo en los que está reconocido el matrimonio homosexual.

 

La idea de que la instrumentalización de esta institución permite la normalización de la homosexualidad se demuestra así equivocada, porque el alarde disgusta a muchísima gente que, por otro lado, no tiene ningún problema en aceptar la homosexualidad como una opción personal vivida en su privacidad.

 

En este sentido el contraste con otras circunstancias es evidente: mientras donde existe el matrimonio homosexual rechazan a un candidato que ha enarbolado su sexualidad, en Francia y Alemania donde no existe no existen ni se esperan bodas homosexuales, hay alcaldes de ambos países, también homosexuales sin complejos, que alcanzan excelentes cotizaciones electorales.

 

Editorial de Forum Libertas, 30 de marzo de 2007

La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes

La Santa Sede constata que el fanatismo antirreligioso amenaza a los creyentes

Dijo el observador del Vaticano ante la ONU, arzobispo Tomasi

GINEBRA, viernes, 30 marzo 2007 (ZENIT.org).- El fanatismo antirreligioso amenaza a la religión y a los creyentes con insultos, discriminación, persecución y daños que están en contradicción con la promesa de libertad aclamada por las sociedades democráticas, dijo aquí el observador vaticano ante un organismo de Naciones Unidas.

En una intervención el 22 de marzo, para la cuarta sesión especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el arzobispo Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la ONU y ante otras organizaciones internacionales, hizo un llamamiento al organismo internacional para proteger la «libertad de religión, de expresión, de conciencia, de culto en privado y en público y respeto de las convicciones religiosas de los creyentes de todos los credos y de los no creyentes de la misma manera», en el contexto de otros derechos humanos.

 

«Violaciones de los derechos de los creyentes, incluso violencia abierta contra ellos, restricciones estatales, imposiciones indebidas y persecución, insultos públicos a los sentimientos religiosos, infortunadamente persisten y pedimos un remedio», dijo.

 

Las democracias deben vigilar el modo de «estar al lado del respeto de religiones concretas» en interés de garantizar los «derechos de libertad religiosa y libertad de expresión», añadió.

 

«No se puede considerar la ridiculización de lo sagrado como un derecho de libertad», dijo el arzobispo.

 

Urgió a que el Consejo, que revisa el respeto de los derechos humanos de todos los 191 estados miembros de la ONU, desarrolle «mecanismos o instrumentos» que puedan «defender el mensaje de las comunidades religiosas de la manipulación y puedan evitar una presentación irrespetuosa de sus miembros».

 

La Santa Sede, dijo, ve evidencias de «fanatismo antirreligioso que denigra la religión o, en general, a los fieles de una religión atribuyéndoles la responsabilidad de acciones violentas hechas hoy o en el pasado por algunos miembros de esta religión».

 

El nuncio vaticano dijo que «la crítica legítima» de acciones de algunos seguidores religiosos no debe convertirse en licencia para «insultar o difamar injustamente ni caer en burlas ofensivas de sus veneradas personas, prácticas, ritos o símbolos».

 

La ofensa religiosa, especialmente cuando se dirige a una minoría en una sociedad, es una forma de coerción contra creyentes que hace la profesión y la práctica pública de la religión más difícil, añadió.

 

El arzobispo Tomasi dijo que la Santa Sede ha vigilado la emergencia en el escenario mundial de «un aparente dilema entre el respeto debido a la religiones y el derecho a la libertad de expresión, como si fueran incompatibles y se excluyeran mutuamente», añadiendo que estos valores son «complementarios» y deben coexistir.

 

El respeto de la dignidad de la persona humana «implica respeto a su libertad en materia religiosa para profesar, practicar y manifestar públicamente la propia religión sin ser objeto de burla, injuriado, discriminado», constató.

 

«El respeto de los derechos y dignidad de otros debería marcar el límite de cualquier derecho, incluso el de la libertad de expresión y manifestación de las propias opiniones, incluidas las religiosas», dijo el arzobispo Tomasi.

 

Reconociendo los resultados trágicos del «fanatismo pseudorreligioso», el arzobispo subrayó que la religión y ciencia están entre los factores sociales que «más han contribuido al progreso de la humanidad a través de la promoción de los valores culturales, artísticos, sociales y humanitarios».

 

«Cualquier religión que alaba o tolera la violencia, intolerancia y odio se hace a sí misma no merecedora de este nombre», añadió.

 

«La dimensión religiosa de la persona humana, su actitud ante la trascendencia y las consecuentes exigencias éticas», dijo, «es una referencia básica de la conducta personal y social».

 

«Las religiones pueden ofrecer, y, de hecho, ofrecen, una sólida formación para la defensa de los valores de la justicia personal y social, para el respeto de los demás y de la naturaleza», indicó el nuncio vaticano.

 

«Un estado realmente democrático valora la libertad religiosa como un elemento fundamental del bien común, merecedor de respeto y protección, y crea las condiciones que permiten a sus ciudadanos vivir y actuar libremente», subrayó el arzobispo Tomasi.

 

«Un enfoque completo que ve el respeto de religión enraizado en la libertad que cada persona humana tiene derecho a disfrutar, en un equilibrio de derechos con los demás y con la sociedad, parece el camino razonable a emprender», concluyó.

ZS07033001

 

El "genocidio educativo" de la LOGSE, al descubierto*

El "genocidio educativo" de la LOGSE, al descubierto*

Los temas de educación preocupan a la sociedad y ocupan cada vez más espacio en los medios informativos, una vez que la violencia hace su entrada en escena. ¿Cómo empezó todo?

A veces no se valoran las cosas adecuadamente.

Se le censuran más a Felipe González los años de la corrupción -que, felizmente, sólo duró unos años-, que haber nombrado ministro de Educación en 1982 a José María Maravall -los efectos de cuyas primeras reformas pervivirán décadas-.

Se critica que Javier Solana pasara del OTAN, de entrada, no a ser secretario general de la OTAN (como si Adolfo Suárez no hubiese pasado de ministro secretario general del Movimiento a capitanear la Transición), más que haber firmado en 1990 la Ley Orgánica General del Sistema Educativo (LOGSE), que nos ha situado a la cabeza del fracaso escolar del mundo desarrollado, constatado en los Informes PISA.

 

Todavía se le reprocha a Alfredo Pérez Rubalcaba una frase de unos segundos en la jornada de reflexión del 13-M (oportunidad de manipulación que casi cualquier político del mundo habría aprovechado), y se olvidan sus once años decisivos en el Ministerio de Educación, en todos los niveles jerárquicos del mismo -de técnico a ministro-, fraguando dicha ley.

 

El dedo acusador y la pluma descriptiva

 

Afortunadamente, hay libros como el de Pascual Tamburri que nos refrescan adecuadamente la memoria y sitúan las cosas en su verdadera dimensión. Además de colaborador en Elsemanaldigital.com, el autor de Genocidio educativo. Las víctimas y verdugos de la LOGSE tiene cursadas tres licenciaturas universitarias y un doctorado (en Historia) y es profesor de enseñanza media en un instituto público de Navarra. O sea, que sabe de lo que habla cuando de educar se trata, porque además lo hace por vocación.

 

Sobre los perniciosos efectos de la LOGSE (que no es cosa del pasado, pues sobrevive en la LOE de María Jesús Sansegundo) se han publicado en los últimos años excelentes ensayos. Recordemos en particular los de Mercedes Rosúa, Mercedes Ruiz Paz, Alicia Delibes o Javier Orrico, o los muchos editados por el benemérito Grupo Unisón. El de Tamburri añade algo más, en la medida en que es una descripción del "tipo humano" que la LOGSE se propuso fabricar.

 

"Chicos LOGSE" frente a "freakies"

 

En estas páginas, de estilo ágil y periodístico, el autor analiza el mundo educativo desde el punto de vista de "las víctimas", esto es, los alumnos "indebidamente contentos de haberse conocido a sí mismos", al tiempo que "evidentemente destinados a una vida dura que aún lo será más por la deformación educativa" a la que han sido sometidos.

 

A lo largo de Genocidio educativo desfilan, pues, tres categorías humanas principales: el alumno LOGSE, el profesor funcionarizado al que ha dado lugar la ley Maravall-Solana-Rubalcaba-Sansegundo,

y una rara avis del sistema educativo, el alumno que pugna, casi siempre de forma inconsciente y por puro sentido del deber y del esfuerzo, por salir del círculo vicioso en el que le encierra dicho sistema.

 

Es quizá a este extraño ser (al que denomina "el pardillo", sin el más mínimo asomo peyorativo) al que se dedican las partes más importantes de la obra: considerados auténticos freakies por sus compañeros de aula, son adolescentes que "por alguna razón -edad, casualidad, entorno, vigor interior-" son "en todo o en parte impermeables a la Weltanschauung LOGSE". Tamburri los encarna en la figura del montañero, por su arrojo ante las dificultades y el apego a los aires limpios. "El pardillo es la prueba viva de que el modo moderno de vivir no es el único, y de que puede no ser el mejor", razón por la cual "es a un tiempo despreciado, temido y cazado".

 

Se aprecia enseguida la dilatada experiencia del autor al valorar la difícil presencia del refractario en el seno de un grupo formado según los patrones educativos de la ley, "expresión sincera, juvenil y radical de una sociedad que se define sin pudor como hedonista y materialista": a saber, "el individualismo anticomunitario, el egoísmo antijerárquico e indisciplinado, el veleitarismo desleal, la falsedad, el inmanentismo, el materialismo y el culto idolátrico al placer inmediato basado en el capricho subjetivo".

 

El capítulo IV, que hace las veces de epílogo, incluye una valoración general de lo que esta ley ha supuesto en España desde 1990. Pese al tono crítico general, no pierde la objetividad (ni todo en la LOGSE es malo, dice, ni le son achacables todos los males de la educación), ni cae en la nostalgia de un pasado de regreso imposible. No se trata sólo de que la ley desaparezca jurídicamente, sino de que desaparezca "moralmente", a partir de "una nueva percepción de la vida y de las cosas". La solución, concluye, pasa por las víctimas.

 

"Alzaos", les pide. Y un maestro vocacional como Tamburri tiene presentes -se nota-, como destinatarios de ese imperativo, los rostros de todos y cada uno de sus alumnos. Es el colofón de una gran obra para pensar y, sobre todo, para actuar.

 

(*) Pascual Tamburri. Genocidio educativo. Las víctimas y verdugos de la LOGSE. Áltera. Barcelona, 2007. 206 pp. 19 €

 

Carmelo López-Arias

El Semanal Digital, 1 de abril de 2007

España. La leyenda negra de la derecha

España. La leyenda negra de la derecha

Lo de derecha e izquierda en política comienza, como se sabe, por la ubicación de los miembros de la Asamblea Nacional en la Revolución francesa. Vaya por delante que, visto con perspectiva, muchos de los que se sentaban a la izquierda de la presidencia, jacobinos y cordeleros, fueron inmediatamente después protagonistas del Terror y del desastre económico e institucional. La burguesía ilustrada sentada a la derecha demostró, en la inmensa mayoría de los casos desvinculada del Antiguo Régimen, más moderación e inteligencia y mucho menos fervor por la violencia.

La paradoja es, sin embargo, que, con el paso del tiempo, la izquierda ha gozado de mejor prensa, por decirlo de algún modo, que la derecha. Es acertada la expresión de mejor prensa porque, a la postre, su buena imagen viene por el mayor éxito de esas posiciones ideológicas entre intelectuales, académicos y publicistas. Aún hoy, en España, hay una cierta actitud refractaria a definirse políticamente como de derechas, tanto entre los ciudadanos (no hay una correlación lógica entre el voto en las urnas y el modo en que los votantes se definen en las encuestas) como entre los ciudadanos que representan a partidos que son, evidentemente, de derechas. Ellos son, lo escuchamos a diario, de centro o, en todo caso, de centro-derecha. Paradoja por paradoja, José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, quería que los suyos estuvieran sentados en el centro de los escaños del Congreso precisamente por oponerse a la división ideológica entre izquierda y derecha.

Si, como se repite con razón, en nombre de la libertad se han cometido muchos crímenes, se puede también afirmar que, en nombre de unos supuestos valores de la derecha, se han cometido también y se han vulnerado las reglas más elementales de la democracia y el Estado de Derecho. Pero esa no es una característica de la derecha, sino de la degradación humana y del empeño por salirse con la suya en vez de ser razonables. En la historia de la izquierda política hay tantos crímenes y tantas dictaduras como en el otro lado del espacio político, algunas —muy significativas— aún vigentes. Muchas de las recientes vulneraciones de la democracia en Iberoamérica se definen como movimientos de izquierda, más o menos revolucionarios. Si nos fijamos en las grandes dictaduras del siglo XX en Europa, por cierto, observamos que unas se veían a sí mismas como la representación primigenia de la izquierda y otras, qué curioso, se negaban a definirse como de derechas.

También las ha habido, por la peculiar manera de imponer autoritariamente algunos valores que podemos denominar conservadores, de derechas. El franquismo, por ejemplo. Tan larga dictadura, aún con diferentes fases, ha alimentado en España la leyenda negra de la derecha y, sorprendentemente, todavía pesa sobre el debate político. Sorprendentemente, a mi juicio, porque la curiosidad ideológica —o más bien sociológica— del momento es que la mayoría de la derecha quiere dejar atrás el franquismo y una parte de la izquierda actual quiere ser antifranquista hoy aunque no lo fuese mientras el dictador vivía. O, en todo caso, parece querer serlo ahora más que entonces.

A esos intereses sirve, no hay duda, la construcción de una caricatura (la derecha siempre dogmática, antidemocrática, franquista, etc.) que es más fácil de combatir que la realidad que constituye. Por otra parte, la leyenda negra de la derecha, que adquiere ya tintes ridículos, abona el desatino de otorgar a la izquierda una suerte de pretendida hiperlegitimidad. Si la izquierda gana se trata de un dictado de la Historia, ante el que los ciudadanos asienten salvo que estén equivocados u ofuscados, porque la derecha representa el error, la dictadura y la falta de libertad. A todo ello responde la continuada manía de utilizar las instituciones como sede para juicios y condenas históricas, casi siempre parciales, y presentarse como los guardianes de la memoria del antifranquismo. El invento de la «memoria histórica», en esta última etapa de Gobierno socialista, es la continuación de ese proceso.

Pensar que sólo hay «una» opción democrática —y actuar en consecuencia— para conducir al infierno a la o las otras es un vicio antidemocrático. La expresión «fundamentalismo democrático» tiene origen en la izquierda y hay quien asegura que se trata de un hallazgo de Gabriel García Márquez. Se utiliza para afirmar tanto que la democracia no ofrece siempre el mejor resultado (lo que vale cuando el adversario gana las elecciones) como para criticar el punto de vista según el cual la minoría no coincidente con la mayoría se convertiría en «no democrática» por no aceptar los presupuestos de aquella. Desgraciadamente, la izquierda argumenta hoy de esta manera con un exceso lamentable.

Sano escepticismo

Hay, claro, muchas derechas. Como hay muchas izquierdas. Pero negar la existencia de una derecha democrática raya en el absurdo o en la injusticia dialéctica. De hecho, la derecha liberal se desentiende mejor del dogmatismo que la mayoría de las izquierdas. Estas suelen abanderar el dogma reformista, el convencimiento de que los poderes públicos pueden lograr siempre los objetivos que comportan felicidad y bienestar. Todo a su alrededor pertenecería a una impresionante conspiración privada a favor de intereses particulares. Estos presupuestos son dogmáticos, pertenecen a lo que Michael Oakeshott llamó «política de la fe», que nada tiene que ver con la religión, sino con la fe en la capacidad gubernamental para «volar, colectivamente, tras la perfección».

La derecha liberal se inscribe en la «política del escepticismo». Acepta la falibilidad humana, la incapacidad de los poderes públicos para conseguir toda la información posible y dar así siempre con lo conveniente e incluso para imponer lo conveniente más allá de las voluntades individuales. Se inscribe en una tradición que Popper definió como la disposición «a exponer las ideas a la aventura de la refutación» y se opone, por ello, al dogma de la planificación y el intervencionismo.

Y es precisamente esa concepción la que lleva a la derecha a defender instituciones críticas con los propósitos totalizadores o los planes públicos de ordenamiento y reconstrucción de los asuntos humanos. Esas instituciones son las de la democracia liberal que, en palabras de Raymond Aron, no trata de mitificar el sistema, sino de lograr que es el mejor método para conseguir dos objetivos: el establecimiento de las mayores garantías para los ciudadanos y, en concreto, la garantía de los derechos de las minorías.

Presentar a la derecha como antidemocrática es una idiotez y fundamentar esta aseveración convirtiéndola en una herencia del franquismo otra aun mayor. Ni responde sociológicamente a la realidad española ni tiene sustento teórico. Ni tampoco se puede deducir tal extremo de la concreción partidista de la derecha española en el PP. Por muchas que sean las discrepancias con su programa, o con el modo estratégico con el que pretende defenderlo, el PP es un partido democrático que, no hay que olvidarlo, ha respondido mejor a las exigencias del Estado de Derecho en el pasado reciente que muchos de sus adversarios.

La derecha liberal sólo acepta las decisiones políticas democráticas, las que responden al principio de la mayoría, pero concibe el procedimiento como un medio y no como un fin. Es decir, entiende que las decisiones de la mayoría, en una verdadera democracia, están sujetas a límites. Antes he citado los objetivos establecidos por Aron que se corresponden, en palabras de Hayek, a la necesidad de que las decisiones de la mayoría tengan también el sustento de «un acuerdo más amplio sobre principios comunes». La soberanía no es ilimitada ni ilimitable y esos acuerdos básicos son los que convierten a los seres humanos en una colectividad política.

La posición actual de la derecha española, puesta en cuestión por la propaganda de una cierta izquierda, debe considerarse desde esa perspectiva. Excluirla, tratar de convertirla en marginal y ajena a los consensos necesarios, no la convierte en antidemocrática, sino que devalúa la democracia misma. Obsérvese que, en el debate nacional actual, se opone a la derecha, una y otra vez, el principio de la mayoría. Si se intenta, como a veces ocurre, queriendo colocarla fuera del sistema, el diagnóstico no resiste la más elemental criba intelectual. Si se pretende con ello evitar que, ante la mayoría parlamentaria gobernante, no defienda con la intensidad que desee sus propuestas alternativas, es la izquierda la que debe repasar urgentemente su concepto de la democracia.

Un teórico socialista, Ralph Miliband, ha insistido en el compromiso de la izquierda con «las formas democráticas», negándoselo a la derecha. No tiene sentido. La izquierda debería aceptar también —como hace la socialdemocracia en la Europa de hoy— que no tenía razón, a finales del siglo XIX, Joseph Chamberlain al pensar que los controles y los límites servían para la Corona pero no para el Gobierno que es expresión de la voluntad del pueblo. Alexis de Tocqueville, por volver a una de las figuras políticas e intelectuales de los cambios propiciados por la Revolución francesa, escribió que, antes o después, las sociedades se encuentran ante la disyuntiva de elegir entre «la libertad democrática o la tiranía democrática». Esta última es la que se fundamenta en la ficción dogmática de que un pueblo «no puede nunca, por definición, desbordar los límites de la justicia y de la razón, y por lo tanto no se debe temer dar todo el poder a la mayoría que le representa».

Ideas más que creencias

Además, sólo en ese marco termina por tener sentido el debate político eficaz y razonable entre la izquierda y la derecha. Evidentemente, el espacio de discusión se ha reducido. La experiencia hace perder aristas a los maximalismos de unos y otros. La derecha se va inclinando más hacia las ideas (que «se tienen» según Ortega) que a las creencias («en las que se está») y la izquierda constata las limitaciones del intervencionismo público. Pero hay un espacio de diferencias y opciones diversas sobre el papel de los poderes públicos y la iniciativa privada, sobre la tensión entre la libertad y la igualdad. Esa confrontación —ordenada por consensos básicos— es la que relativiza las ideologías y conduce al progreso.

La izquierda, hoy mayoritaria en el arco parlamentario, puede negarse a ver dónde está la derecha democrática si quiere, como decía antes, preferir salirse con la suya a ser razonable. Pero puede también abrir los ojos y ver que esa derecha está ahí mismo, visible.

 

POR GERMÁN YANKE

ABC, 1 de abril de 2007

España y su ‘Cambio radical’

España y su ‘Cambio radical’


Parece que el margen de maniobra para la importación de espacios televisivos lastimosos es ya muy reducido, pero siempre queda un penúltimo hueco en lo más socarrado de la parrilla donde se quema al espectador. Los que no dábamos crédito al enterarnos de que en Estados Unidos existía un reality –vocablo invasor e insufrible– dedicado no sólo a mostrar el antes y el después de la apariencia de una persona, sino a seguir puntualmente sus avatares quirúrgicos y anímicos, disponemos ya de un calco aquí las noches de los domingos. El Extreme makeover de la ABC norteamericana es el Cambio radical de Antena 3.

 

El nombre del programa como denotación, y su contenido como metáfora, describen bastante bien lo que está ocurriendo en España desde que la gobierna Rodríguez Zapatero. Cambio radical en su doble sentido, aplicado tanto al alcance como a las maneras, que afecta a todos los órdenes exceptuando acaso el económico: a la política interna y a la exterior, a la política social y a la educativa. Aunque los socialistas de aquel lejano 1982 invocaban el cambio como gran motor de su acción ejecutiva, ha sido a partir de 2004 cuando hemos percibido retrospectivamente hasta qué punto aquellas pretensiones eran moderadas en comparación con las que se han planteado en estos tres últimos años.

 

Y, sin embargo, la radicalidad del cambio zapateril, como la del estético, en el fondo es engañosa. Al fin y al cabo, ambos se limitan a operar modificaciones en la superficie, pero eso no hace que se transforme la sustancia. Una persona con la nariz menos chata, los pómulos realzados y los labios más carnosos gracias al bisturí no va a dejar de tener problemas por haber ganado algo de belleza. De igual modo, España no va a convertirse en una Arcadia feliz por las declaraciones de su optimista presidente ni porque tome determinadas medidas muy discutibles que considera beneficiosas.

 

Tanto hablar de proceso de paz, y los terroristas siguen igual de motivados que siempre, ahora encima con mejores perspectivas de impunidad. Tanto transigir con las aspiraciones de las «nacionalidades históricas», y el ogro nacionalista exige cada vez más carnaza competencial. Tanto buscar para España un lugar alternativo en el mundo, y nos hemos desencajado de cualquier alianza razonable. Tanto imponer igualdades, y aquí nos hallamos discutiendo otra vez acerca de lo justo. Tanto pretender la mejora de la educación, y continúa en aumento el índice de fracaso escolar de nuestros estudiantes... Más que una rinoplastia, lo que necesitamos es una lobotomía

 

Francisco Javier Elena es licenciado en Filología Hispánica y articulista (www.signatura-pendiente.blogspot.com)

 

El Confidencial Digital, 30 de marzo de 2007

Se busca un Zack Snyder (o 300) para detener a Zapatero

Se busca un Zack Snyder (o 300) para detener a Zapatero

Vivimos tiempos crispados, en los que nuestra vida en común corre peligro. ETA es sólo un enemigo menor de la nación, pero el sectarismo gubernamental es más dañino que el peor enemigo armado. Sin embargo hay fundadas esperanzas de que surja en el pueblo una respuesta a la descomposición, siempre que no confundamos las formas modernas de la resistencia con una simple indiferencia.

 

La película de Zack Snyder sobre la batalla de las Termópilas es, en mi opinión, el mayor acontecimiento cultural en lo que llevamos de año. Llevar a la pantalla el hecho histórico de aquella batalla, atreverse a hacerlo con el lenguaje visual moderno de Frank Miller y tener éxito es ya algo excepcional. Pero además en el trasfondo hay una implicación actual de la máxima importancia.

 

Uno. Los hechos. En agosto de 480 a.C. un mínimo ejército griego, encabezado por el rey de Esparta Leónidas I y trescientos de sus hoplitas, detuvo en el paso de las Termópilas al inmenso ejército del rey de Persia Jerjes I. Contra toda esperanza resistieron. Rodeados por la traición y abrumados por el número de sus oponentes, sólo los espartanos y algunos de sus aliados resistieron hasta el final. Murieron hasta el último hombre, pero hicieron fracasar la ofensiva asiática. Sin el sacrificio ejemplar de los lacedemonios la historia helénica se habría visto truncada y la cultura europea habría muerto en su cuna. Lo que se decidió en las Termópilas es lo que hemos vivido en los 2500 años posteriores.

 

Dos. Cómo lo contamos. Los hechos ocurrieron así; pero ¿cómo explicarlos a la actual generación y, más aún, cómo hacerlos vivos y operativos? De modo voluntarista podríamos obstinarnos en la pedagogía tradicional, en la memorización de versos hexámetros o en la traducción erudita de Heródoto de Halicarnaso. Ya. Y siempre sería verdad el contenido, qué duda cabe. Pero si se trata de llevar la verdad a la mayoría, y especialmente a la parte más joven de nuestro pueblo, la novela gráfica (cómic) de Miller, y su magnifica versión cinematográfica, exalta y extrema la acción y los personajes. No debemos ver en esto una degradación del mensaje, sino al contrario, una explicación humana de las realidades permanentes de aquella hazaña. Desdeñar las formas vivas con suficiencia intelectual es tanto como condenar a muerte nuestra cultura.

 

Tres. España y Occidente, 2007. Todo lo que fue posible gracias a la derrota heroica de los 300 está hoy en peligro. La jerarquía y disciplina de razón, voluntad y sentimiento. La libertad. La comunidad. La democracia. La supremacía de la verdad objetiva sobre el fanatismo. Todo eso, que es Europa, peligra. Y peligra más en España, donde una conjunción de factores hace que los bárbaros avancen libremente por el corazón del país. Hace falta una resistencia, por una parte ejemplar –es decir, provista de lecciones útiles- y por otro lado eficaz –capaz primero de retrasar y después de debelar el ejército enemigo-.

 

Cuatro. Qué hacer. Podemos huir de la realidad y refugiarnos en el pasado, tanto en lo que efectivamente fue como en cualquier ensoñación falaz. Podemos rebatir los avances de los enemigos de la libertad con formas a nuestro gusto y conveniencia, y podemos hasta autoconvencernos de que es eso lo que hay que hacer. Pero con eso la realidad no cambiará: el proceso de descomposición social y nacional que preside Zapatero será, incluso, ayudado por la ausencia de quienes conocen la naturaleza del problema y recuerdan la esencia de las respuestas dadas en la historia. No basta conocer la verdad: hacen falta un Zack Snyder y un Frank Miller que lo cuenten a los pacíficos hoplitas de hoy, "porque no todo empeora, y ahora toca construir, dejando atrás las ruinas y quienes se aferren a ellas. Toca superar, y no negar evidencias, porque estamos más que sobrados de miedos y de ignorancia".

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 30 de marzo de 2007

Los Peones Negros de Aragón comunican a la sociedad aragonesa su constitución como asociación.

Los Peones Negros de Aragón comunican a la sociedad aragonesa su constitución como asociación.

Los objetivos de esta asociación según rezan sus estatutos son:

a) El esclarecimiento pleno de los atentados del once de marzo de dos mil cuatro.

b) La articulación de un movimiento ciudadano plural en términos ideológicos, religiosos y políticos; comprometido con la Constitución, la Justicia y el Estado de Derecho, que apoye a las víctimas del 11M, en particular y a las del terrorismo, en general, con todos los medios a su alcance.

 

Los Peones Negros es un movimiento ciudadano presente en toda España que persigue averiguar toda la verdad del 11M. Este movimiento nació en internet, en diferentes blogs y foros y se ha ido articulando de forma autónoma en las diferentes provincias y comunidades autónomas de España. En Aragón está presente de forma pública desde el 11 de Septiembre de 2006, fecha en la que se realizaron las primeras concentraciones en Huesca y Zaragoza. Desde esa fecha los Peones Negros de Aragón organizan concentraciones todos los días 11 en las principales ciudades de Aragón.

Los trabajos de investigación de unos pocos periodistas ha generado un clima de opinión en gran parte de la ciudadanía, que demanda a los poderes públicos el conocimiento de toda la verdad del 11M, que han recogido los PPNN en sus reivindicaciones.

 

El próximo día 11 de Abril a las 19.00 en la plaza Paraíso junto al monumento a la Constitución se presentará la asociación a todos los medios de comunicación que se den cita en tan emblemático monumento.

 

Para más información:

 

www.peonesnegroslibres.com

 

info@peonesnegrosaragon.com

La Fundación Tomás Caballero recuerda el ejemplo de las víctimas

La Fundación Tomás Caballero recuerda el ejemplo de las víctimas

'Vida y muerte de Tomás Caballero. 50 años de lucha democrática en Navarra', así se titula el libro que ha editado la Fundación Tomás Caballero. En su presentación, el análisis del ex presidente del Parlamento Foral e historiador, Víctor Manuel Arbeloa, ha reconocido a Navarra en el centro de las exigencias de ETA.

El libro es un homenaje a este político navarro que fue asesinado por su "compromiso con las libertades", según recordó el presidente de la fundación, Tomás Caballero Martínez, "hijo de un asesinado por la sinrazón de ETA" el 6 de mayo de 1998.

El acto, organizado en la Oficina de las Instituciones Europeas de Madrid, contó con la presencia del delegado del Gobierno de Navarra en la capital, Salvador Estébanez, así como los autores del libro sobre Tomás Caballero, los historiadores Víctor Manuel Arbeloa y Jesús María Fuente.

El libro tiene el objeto de "perpetuar la memoria" de este político de UPN que "pagó con su vida el compromiso con sus ideales cristianos y humanos", tal y como explicaron ambos historiadores. Tomás Caballero se enfrentó a la extinta HB "cuando todavía se hablaba de violencia callejera", lo que terminó por ser "la causa" de su muerte, añadió Arbeloa. Asimismo, citó, visiblemente emocionado, las palabras del dirigente navarro contra ETA quien defendía que "no hay más que dos grupos, el de los demócratas y el de los terroristas y sus comparsas".

Ambos historiadores leyeron varios fragmentos del libro donde el político de UPN abogaba por la "unidad" de los demócratas por "obligación con el pueblo y las futuras generaciones". En opinión de Tomás Caballero, recordó Jesús María Fuente, "lo que quería ETA era matar para aterrorizarnos y para que nos vayamos" de Navarra.

 

NAVARRA, "PUNTO ROJO DE LA ACTUALIDAD"

 

El ex presidente del Parlamento Foral subrayó la "importancia" de este libro puesto que Navarra es hoy "punto rojo de la actualidad". "Unos nos han asegurado que no se va a mover un pelo y otros que, sin la unión entre Euskalherria y Navarra, no hay nada", denunció. En este sentido, defendió la españolidad y europeísmo de la región.

 

Aunque reconoció que "hace 30 años la situación era mucho peor y también la superamos", Víctor Manuel Arbeloa se basó en las encuestas para afirmar que no tienen miedo a ningún referéndum. "No creo que ningún grupo político quiera suicidarse haciendo lo que no quieren sus votantes", finalizó.

 

Por su parte, Jesús María Fuente se refirió a la infancia de Tomás Caballero en Tudela y a su pronta vinculación con los movimientos sindicales minoritarios de Navarra. En este sentido, citó a Tomás Caballero para recordar que éste abogó desde la juventud por terminar con los enfrentamientos "entre derecha e izquierda" con la idea de "convivir fraternalmente", lo que provocó que "se ganara los desafectos del régimen franquista".

 

Reportero Digital Navarra, 30 de marzo de 2007