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Foro El Salvador

Ni pacifista ni neocon

Ni pacifista ni neocon

El cuarto aniversario del comienzo de la guerra de Iraq resucita –en realidad nunca han muerto- dos “Españas obligatorias”. Una de ellas es la que el sábado se manifestó en Madrid bajo banderas republicanas.

Si alguien se opuso al comienzo de una guerra que, como profetizó Juan Pablo II, ha tenido consecuencias imprevisibles, debe estar orgulloso de la retirada de las tropas de Iraq decidida por Zapatero tras el mayor atentado que ha sufrido España; debe hacer alarde de un entreguismo simplista que reclame la ilegalización del PP; debe considerar a Bush una plaga; debe estar empeñado en demostrar que el valor de la tradición occidental es algo muy subjetivo; debe sentirse acomplejado por un eurocentrismo prepotente y, por eso, debe apostar por un multiculturalismo relativista. Tiene que ser, también, un apóstol de la ideología de género y del indigenismo.

Tan es así que cuando a José Ignacio del Burgo, diputado de UPN integrado en el Grupo Popular, se le ocurre asegurar que hay que hacer autocrítica porque Aznar estuviese en la foto de las Azores se produce un cataclismo. La legislatura de Zapatero, para quien no quiere ser encasillado en un pacifismo violento, ha convertido en una extraña hazaña reconocer que no había armas de destrucción masiva y que la guerra ha sido una mala idea ejecutada con torpeza e ineficacia.

 

Ser consciente de las debilidades e incoherencias de la España pacifista no necesariamente implica, como parecen exigir algunos, asumir la otra España “obligatoria”, la España “neocon” (diminutivo de neoconservadores, término acuñado en Estados Unidos para describir a un grupo de intelectuales con pasado troskista que en el plano cultural abogan por retomar la objetividad de unos valores que la izquierda niega y que en política internacional -siguiendo las tesis de autores como Robert Kagan en su libro Poder y Debilidad - apuestan por el intervensionismo para defender el mundo occidental).

 

Rafael Bardají ha explicado Qué piensan los “neocon” españoles en un libro de homónimo título recientemente editado por Ciudadela. En realidad la obra no explica todo lo que piensan los neocon españoles, pero sí lo que piensan algunos muy influyentes que se dedican a la política internacional. Es razonable asumir, como dicen los neocon, que tras los atentados del 11-S y del 11-M estamos en una guerra, pero hay mucho que decir sobre la naturaleza de esta guerra y sobre la conveniencia de que “la disuasión haya agotado su eficacia (...) y que sólo quede como herramienta válida la anticipación y la prevención”. ¿Por qué reconocer la amenaza del terrorismo internacional obliga a considerar obligatoria la guerra preventiva?

 

Otro ejemplo. Es razonable reconocer que el islamismo radical pretende desestabilizar la civilización occidental, pero de ahí no se deduce necesariamente que el choque de civilizaciones sea inevitable, que el diálogo entre religiones y culturas no tenga sentido o que sea inútil promover una relación con el islam basada en la razón (como la que defendió Benedicto XVI en Ratisbona). Ése seguramente es el único camino para favorecer la integración de los musulmanes en una Europa realmente laica, pero no laicista. Una cosa es defender la justa existencia del Estado de Israel; otra, absolutizar su papel en la lucha contra el terrorismo internacional; una tercera, no asumir nunca posibles errores y estrategias que haya podido cometer (aunque sean tan evidentes como los de reciente guerra del Líbano); y una cuarta, considerar antijudío al que haga la más mínima crítica.

 

Y si nos quedamos en casa y hablamos de enseñanza, tres cuarto de lo mismo. Es cierto que los planes de estudio son un desastre, que los chicos no reconocen ninguna autoridad y que no hay cultura del esfuerzo. Pero el orden no es condición suficiente para hacer frente a la crisis educativa. Para afirmar los valores que cierta izquierda radical niega, no basta la afirmación de una verdad objetiva. Las relaciones internacionales están hechas de historia y no sólo de ideas; la educación es imposible sin un maestro que haga significativa y existencialmente atractiva el valor de una tradición y de unos conocimientos.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 21 de marzo de 2007

 

 

Presentación de Vínculos de Libertad

Presentación de Vínculos de Libertad

Esta primavera sale a la luz la nueva publicación de la Fundación Burke. Antonio Arcones, presidente de la fundación, es quien la presenta.

Vínculos de libertad es una nueva publicación de la Fundación Burke. Queremos que esta nueva iniciativa sirva para comunicar nuestras actividades a todas las personas que ya se han interesado por ellas, y también queremos que contribuya a la tarea de difusión y afirmación de los principios conservadores que la Fundación Burke se ha propuesto. De momento, la frecuencia en su publicación será bimestral, aunque en un futuro estamos dispuestos a aumentarla tanto como sea necesario si así lo desean y permiten nuestros lectores.

También empezamos con unos contenidos humildes en su extensión, pero desde el primer momento afirmamos nuestro compromiso con la calidad de los mismos. El objetivo es la reflexión seria sobre las cuestiones que preocupan a cualquier hombre que dedique algo de su tiempo a pensar sobre nuestra vida social y política.

Queremos afrontar los problemas reales, las cuestiones cruelmente inmediatas que nuestra sociedad afronta; pero no desde la coyuntura ni desde el ritmo que marca la última noticia o el último suceso, sino desde la perspectiva adecuada para valorar las cuestiones con la suficiente profundidad.

 

 

No es nuestra preocupación acertar sobre qué partido ganará las próximas elecciones, pero aspiramos a pensar con ustedes sobre qué deberíamos hacer para contribuir a recuperar este siglo para el Hombre, para una sociedad más acogedora para nuestros hijos, más libre y más virtuosa.

 

 

Como institución "conservadora", nos definimos como leales a las cosas permanentes, como deudores ante nuestros antepasados por las mejores cosas que tiene nuestra civilización; conscientes de que estas cosas están hoy en peligro, y de que ante la barbarie, la actitud propia de un conservador hoy día no puede ser otra que la audacia.

 

 

Manifestamos nuestra rebeldía ante el empobrecedor esquematismo ideológico de la izquierda; nuestra denuncia de la mentalidad progresista, de la reinvención cada mañana de una nueva Utopía, herejía permanente ante la que sacrificar lo conformado por el paso del tiempo y el esfuerzo y sabiduría de nuestros antepasados.

 

 

Creemos, por el contrario, que la actitud ante la organización social debiera ser la del jardinero con su jardín: podando, recortando, corrigiendo, regando… en vez de la del niño caprichoso que arranca de cuajo aquello que no considera perfecto según el proyecto de una Nueva Humanidad que ha creado, en su imaginación, en un rato libre que tuvo para pensar ayer por la tarde.

 

 

No tenemos, pues, "política de partido". No tenemos recetas mágicas, porque no las hay para nuestros males. Pero, al mismo tiempo que estamos en contra de la abstracción y del dogma teórico, estamos a favor de los principios. Nuestra actuación se desarrollará en el escenario de lo "prepolítico"; de aquel universo de ideas estéticas, sociales, morales y culturales que conforman la mente y el corazón de los hombres. Con la intención de que tal vez en un futuro, este trabajo, este intento de reflexión sobre el mejor modo de salvaguardar nuestra civilización, sea útil para alguien, sin que nos sea dado el decidir, calcular, ni saber, el para quien, ni el cuándo, ni el cómo.

 

 

Citando a Russell Kirk, en el primer número de la revista Modern Age: "Contando con una amable Providencia, y el apoyo de hombres y mujeres que quieran pensar con nosotros, confiamos en recuperar lo mejor de las viejas publicaciones y atemperarlo al carácter de nuestro tiempo. Con Burke, somos testigos para las nuevas generaciones; y creemos que nuestra voz puede ser oída no sólo por nuestra presente generación, sino también por los jóvenes hombres y mujeres que buscan algunas certezas, en estos tiempos oprimidos por Dionysos".

 

 

 

Publicado por Antonio Arcones el 20-03-2007 en Vínculos de libertad

Resistencia ciudadana: el sistema se pudre, la gente despierta

Resistencia ciudadana: el sistema se pudre, la gente despierta

Crece la impresión de que el país anda cabeza abajo: criminales protegidos, leyes inútiles, mayorías heridas en beneficio de minorías… Pero la resistencia ciudadana ya es una realidad.

 

Están pasando cosas gravísimas y con un punto grotesco, alucinante, como en una de esas pesadillas que nos asaltan tras una digestión gruesa. La sensación de que todo se rompe viene extendiéndose de manera imparable. Las conciencias más sensibles lo perciben con agudeza dolorosa; otros muchos prefieren entumecerse la conciencia con televisión y consumo, para no sentir. A fin de cuentas, a Zapatero habrá que reconocerle el mérito de haber hecho patente lo latente, de haber levantado el telón sobre el cáncer que venía corroyéndonos en secreto, de habernos dado a todos el empujón final: disolver la nación bajo la presión separatista, reducir la Constitución a una parodia de ley, invertir los criterios morales generalmente aceptados, transformar la educación en estabulación de masas, resucitar lo peor que tenemos detrás por incapacidad de mirar hacia delante, sustituir la cultura por la farándula, qué sé yo; cosas que venían pasando desde mucho tiempo atrás, pero que sólo ahora se han manifestado con total crudeza. Y uno puede vivir con una grieta en el techo, pero las cosas se complican cuando la techumbre cede y constatas que te has quedado a la intemperie.

 

¿Alucinación catastrofista? Pues no, mire, oiga. Estamos en un país donde, por ejemplo, no puedes fumar en ningún lado, pero puedes abortar a barra libre. Si echas por ahí el humo que te ensucia los pulmones, eres poco menos que un criminal; pero si arrojas al cubo de la basura los cadáveres desmembrados de fetos de siete meses, te protege la ley. La contraposición parece demagógica, ¿verdad? Lo terrible es que es real como la vida misma. Estamos en una sociedad extraordinariamente restrictiva en mil cosas, pero asombrosamente indulgente con otras que, sin embargo, son muchísimo más graves. Extiéndase la misma contradicción a cuantos terrenos se desee, desde la rendición ante el chantaje de un criminal hasta la subvención de pornografía antirreligiosa. Es obvio que aquí hay algo que funciona mal: cuando una sociedad persigue menudencias pero tolera crímenes, cuando extrema la ley para ciertos asuntos de rango menor pero la anula para otros de gran fuste –cuando eso ocurre, estamos ya enfangados en la ciénaga de la injusticia, en un mundo puesto del revés, en un lugar donde sólo cabe huir o resistir (para pasar a la ofensiva).

 

Ojo, que aquí no estamos hablando de una batalla de carácter confesional. Por ejemplo, que la comunidad autónoma de Madrid permita abortar niños de siete meses no es algo que afecte únicamente a ciudadanos católicos con un especial grado de conciencia sobre la vida nonata, sino que nos concierne a todos, a cualquiera que aún no haya perdido el sentido natural de lo que vale una vida. También por ejemplo, que un Gobierno de alucinados sectarios pretenda determinar la formación moral de los alumnos no es algo que deba incomodar sólo a quienes no comparten la ética zapateriana, sino que tiene que despertar la resistencia de cualquier ciudadano celoso de su libertad; porque aquí el problema no es qué doctrinas quieran meter en la cabeza de los críos, sino que lo grave está en que alguien ose invadir terrenos que deben permanecer bajo la radical soberanía de las personas. Este tipo de desafíos va incluso más allá de la fe; alcanzan también a quien no la tiene. Y así sucesivamente.

 

Aviso para navegantes: podemos desesperar tranquilamente –o sea, trágicamente- de la capacidad de nuestro sistema para regenerarse. Hace falta una fe infinita para pensar que esta gente que nos gobierna –políticos, financieros, tiburones mediáticos- va a limpiar la habitación que ella misma ha ensuciado. ¿No veis cómo se revuelven, histéricos, ante el menor síntoma de resistencia, ya se trate de unas banderas españolas al viento o de una protesta ciudadana en defensa de un belén? Levantan la voz trémula –pero acostumbrada a mandar- y arrojan el grito de alarma: "Fascistas", "franquistas" y demás repertorio de lo políticamente correcto. ¡Tantos años con esa gaita! No nos damos cuenta de lo que mandan estos señores hasta que nos topamos con el guardia de la porra. Entonces vemos que, en realidad, no nos enfrentamos con una oligarquía, con un partido, ni siquiera con una corriente social, sino que es un sistema entero el que nos amenaza: una democracia de ficción, unos partidos encerrados sobre sí mismos, un caciquismo de la prensa o de la Administración o del dinero (¡o de los tribunales!) cuya supervivencia depende de que se mantenga intacto el orden de las cosas –y, sobre todo, de que la "mayoría silenciosa" siga en silencio.

 

Pero si nuestro sistema no puede regenerarse ya, porque está podrido, sin embargo la gente, la sociedad, sí puede limpiar el suelo. Hay cosas que no tienen pase. Y en ese sentido, en los últimos meses empiezan a aparecer signos verdaderamente esperanzadores. Es esperanzador, por ejemplo, que los ciudadanos salgan a la calle sublevados por el "escándalo De Juana", que la gente redescubra sus banderas, que los padres de familia se planteen la objeción de conciencia ante la asignatura de "educación para la ciudadanía". ¿Echamos la vista atrás? Todo esto empezó como manifestación de malestar y pronto se convirtió en señal de resistencia. La Boca Caliente profiere advertencias contra la estrategia del PP. No, Pepiño, no: ¡ya quisiera el PP! Lo que se está moviendo aquí es algo mucho más profundo. La irresponsabilidad de un Gobierno muy mediocre ha despertado la resistencia de los ciudadanos. No hay más secreto que ése. La ola no la mueve Rajoy: es una parte importante de la ciudadanía quien la empuja; el PP sólo surfea. Y si la ola no se deshace, también la derecha política tendrá que dar cuentas de sus responsabilidades –de sus complicidades.

 

Hace unos meses apelábamos a la resistencia. Ya está aquí: es eso que estamos viendo en la calle. Pero el baile no ha hecho más que empezar.

 

José Javier Esparza

El Semanal Digital, 23 de marzo de 2007

EL ÁGUILA DE SAN JUAN. A propósito de un escudo

EL ÁGUILA DE SAN JUAN. A propósito de un escudo

La reciente polémica sobre la presencia o ausencia de banderas con el águila de San Juan en determinadas manifestaciones ha puesto de relieve algunas de las claves profundas de la guerra cultural entre la izquierda y… ¿nadie más? Y es que a veces parece que no hay nadie al otro lado.

 

El águila de San Juan no es anticonstitucional ni preconstitucional. Simplemente, no es el escudo español vigente. En cambio, sí estaba en vigor cuando se promulgó la Constitución, sancionada por el Rey. De ahí que figure en las primeras ediciones de la Carta Magna. Ésta, por cierto, describe los colores de la bandera nacional, pero nada dice del escudo (v. el artículo 4).

Dada la general ignorancia o mala fe, estas aclaraciones resultas necesarias. Pero no es esto lo más importante, sino el hecho de que fue un Gobierno de la UCD quien modificó el escudo nacional; concretamente, el presidido por el señor Calvo Sotelo, mediante la Ley 33/1981.

Con la habitual carencia de criterio –y de espinazo– de los Gobiernos de la UCD, el señor Calvo Sotelo hizo una extraña concesión más a la izquierda, otro gesto de "ruptura" con la continuidad legal e institucional con el régimen anterior. ¿Se buscaba una ruptura total? No, sólo se emprendían "rupturas" que sirviesen para debilitar las posiciones de lo que se suele llamar "la derecha sociológica" y conseguir el perdón de la izquierda. ¿Por qué no se cuestionó la Ley de Sucesión de 1968, o la Ley de Reforma Política?

Aprender del pasado...

Dicho de otro modo: la Transición representó en lo formal una continuidad institucional del régimen surgido en la guerra del 36, pero en lo cultural fue una ruptura. Durante la tan cacareada reforma, los Gobiernos de UCD cedieron toda la legitimidad moral a la izquierda. Como consecuencia de ello, fuimos testigos del fulminante suicidio político y cultural de una clase política de salón de té.

Con esa mentalidad se cambió el escudo, y se amnistió a los presos de ETA en el 77. Y por el influjo de esa mentalidad se explica que los cadáveres de los militares asesinados por ETA se sacaran por las puertas traseras de las iglesias, y que la Iglesia fuera pidiendo perdón por las esquinas por no haberse dejado exterminar en el 34 y por que su bando, en la Guerra Civil, no fuera el republicano, el de las quemas de conventos y los asesinatos de curas y monjas.

El gran error del franquismo fue pretender perpetuarse desde esa legitimidad de origen, en lugar de ir abriéndose y permitir la erección de un sistema de libertades dotado de instituciones fuertes y en el que la sociedad civil desempeñase un papel protagónico. Su anquilosamiento y su empeño en mantener una dictadura indefendible hicieron que el cambio tuviera que hacerse deprisa, corriendo y de mala manera.

Dicho de otro modo: el franquismo no fue conservador, sino estatista; no intentó recuperar lo mejor de la auténtica tradición hispánica: las libertades políticas, el municipalismo, el principio de subsidiariedad, la libertad económica…

Ésta es la lección que nos brinda el pasado: una generación de políticos, que generalmente habían cooperado con el franquismo –¿acaso fue por eso?–, no supo criticar lo criticable y defender los principios que merecían ser defendidos.

Sin principios que defender, la política se convierte en una permanente cesión ante la izquierda. Quienes así proceden piensan que, algún día, la izquierda les va a reconocer una igual legitimidad para ejercer el poder, o simplemente para representar a la ciudadanía.

... y del presente

El Partido Popular puso todo su empeño para que en la manifestación del sábado 10 no hubiera ninguna bandera con el águila de San Juan. Los medios de comunicación hacían de ello una cuestión de principios: la presencia de banderas con el águila pondría de manifiesto la "provocación de la extrema derecha", equivaldría a un "golpe de estado en la calle", representaría un "ataque a las instituciones"...

Es imposible saber todo lo que pasa en una concentración de cientos de miles de personas. Lo que sí sé es lo que vi... y lo que no. Y no vi, por ejemplo, una sola bandera con el águila. Ni una. Estuve por Bárbara de Braganza, en la misma Plaza de Colón y en Génova. Si, entre decenas de miles de personas, no vi a una sola con el águila, podemos hacernos una idea de la significación de la presencia del dichoso escudo.

Al llegar a casa puse la televisión y vi los informativos de Tele 5 y La Sexta. Dijeron que había "pocos símbolos anticonstitucionales"; es decir, resaltaron que los había. Dijeron que hubo muchos gritos contra el Gobierno y pocos contra ETA; pues claro: la manifestación era contra la cesión del Gobierno. Y se apresuraron a sacar a gente mayor... y una bandera con el águila. Ésta fue la cobertura, de entre tres y cinco minutos, que hicieron de una manifestación que reunió a dos millones de personas. (Por supuesto, a la hora de contrastar cifras dieron las de los convocantes y las de la Policía, no las de la Comunidad de Madrid).

Como perfecto ejemplo de lo que aquí se quiere decir, Libertad Digital informaba de una presunta manipulación de El País, que en su edición digital reproducía una fotografía de un señor mayor que portaba la bandera con el águila… en una manifestación del 3 de febrero. O sea, que los fotógrafos de El País tuvieron los mismos problemas que yo para encontrar la imagen deseada; y como no la encontraron, la colocaron por su cuenta.

Por su parte, el eurodiputado socialista Luis Yánez sentenció que la manifestación había sido franquista "hasta por el tipo de gente" que concurrió a ella.

De todo esto extraemos la misma vieja lección, que no acaba de aprender el PP: no se puede pretender contentar a la izquierda. Porque lo que les molesta no es la bandera con el águila, sino la idea de España. La mera existencia de gente que no piensa como ellos. La mera pretensión del Partido Popular de salir a la calle y dejar de pedir perdón por respirar.

Lo propio de la derecha es la libertad individual, la ausencia de sectarismo, la confianza en la espontaneidad de la gente. Cada uno tiene su estética y sus razones, y hace lo que le da la gana. ¿Por qué esforzarse en que no haya banderas con el águila de San Juan? ¿Por qué no prohibir la cruz de San Andrés? Señores de Nuevas Generaciones: ¿me permitirán llevar a la próxima el escudo del águila bicéfala de Carlos I? ¿Por qué no prohibir el toro de Osborne, o la "actitud vociferante", o las fotografías de Zapatero con nariz de payaso?

No se trata de defender aquí la conveniencia o no de portar una bandera con el águila de San Juan, sino de denunciar la tontería ésa de imponer lo que se puede o no se puede llevar. Verdaderamente, es del género tonto aceptar que la izquierda me marque lo que puedo o no puedo hacer. Yo, por ejemplo, digo y escribo "la juez" y no "la jueza", "la ministro" y no "la ministra", porque no quiero acabar diciendo "el pediatro" o "el economisto"; porque me resisto a la instauración de una sociedad homogeneizada, estúpida y profundamente autoritaria, donde se estabule a la gente; y porque sé que, haga lo que haga, la dictadura progresista seguirá prefiriendo un mundo donde no haya libertad.

Al final, la manipulación de la foto de El País es lo que define a la izquierda española. Aceptar su chantaje emocional no nos lleva más que a un complejo estéril, blando e inhumano. Aun sin águilas de por medio, la manifestación fue en sus medios lo que ellos querían que fuese: la "provocación de la extrema derecha", el "golpe de estado en la calle" y el "ataque a las instituciones". Siempre harán lo mismo.

El pasado día 17 se manifestó la izquierda contra la guerra de Irak y por la paz (sic). La lista de convocantes era digna de un happening castrista, y se vieron banderas de la República, del Che, incluso una en la que aparecían Lenin y la hoz y el martillo, esto es, una bandera que jaleaba una ideología con 100 millones de muertos a sus espaldas. ¿Por qué para el PSOE no es un descrédito manifestarse con semejante gente? ¿Por qué ser de extrema izquierda no es un insulto en España? Éstas son las únicas preguntas que debieran hacerse los líderes del Partido Popular.

Porque mientras el "centro", es decir lo "aceptable", lo fije la izquierda y el PP lo asuma sin más, los populares estarán condenados a izquierdizarse... y a suicidarse, tal y como hizo la UCD en tiempos de la Transición.

Si el ejemplo del águila no les convence, busquen otro. Da igual. Lo importante no es el águila, es la libertad.

Un motivo para la esperanza

Sería injusto acabar sin reconocer el paso que se ha dado con esta manifestación. Ciertamente, si bien el problema es muy de fondo y queda mucho por avanzar, lo del sábado 10 fue una demostración de libertad y de vitalidad moral.

Una manifestación del PP en torno a la simple y llana idea de España, con cientos de miles de banderas rojigualdas, era impensable hace unos años. Parecen haber empezado a descubrir que la izquierda tiene un problema no con una fantasmal extrema derecha, sino con España, con la idea de España. De ahí que cualquier intento de "hacerse perdonar" por ella esté condenado al fracaso. La izquierda sólo perdonaría al PP si éste renunciase a cualquier idea de España y aceptase la disolución consensuada del régimen. Entonces sí: entonces lo consideraría un partido moderno y respetable...

En este sentido, parece que el PP está tomando la decisión correcta: no aceptar ese juego de ambivalencias y connivencias con la ruptura del sistema, pese a la enorme presión que está sufriendo. Por todo ello, la manifestación del sábado 10 fue una buena noticia. Una demostración de libertad frente al totalitarismo de la izquierda, y de que la derecha puede desprenderse de ese corsé mental que se ha ceñido durante décadas.

ANTONIO ARCONES, presidente de la Fundación Burke.

Libertad Digital, suplemento Ideas, 21 de marzo de 2007

 

El gurú ideológico de Zapatero: pensamiento de ‘alto riesgo’

El gurú ideológico de Zapatero: pensamiento de ‘alto riesgo’


La irresponsabilidad del Gobierno en muchas iniciativas tiene como fuente de inspiración la ideología de José Andrés Torres Mora

 

¿En quién se inspira Zapatero cuando decide de forma irresponsable convertir en leyes iniciativas que emanan de la voluntad de grupos minoritarios o cuando antepone el derecho ‘positivo’ al derecho natural? Todo apunta hacia José Andrés Torres Mora, su particular gurú ideológico.

 

El pensamiento de ‘alto riesgo’ que practica con sus declaraciones el sociólogo y diputado socialista (desde 2004) Torres Mora es el reflejo de muchas de las iniciativas que toma el actual Gobierno español, casi nunca compartidas por la mayoría de ciudadanos españoles y casi siempre controvertidas.

 

La actual polémica política y ciudadana creada con la excarcelación del etarra De Juana Chaos es el ejemplo más reciente, pero hay otros muchos.

 

Las nuevas leyes del matrimonio homosexual y del divorcio, los vacíos de la de violencia de género, la de identidad sexual, la de emancipación sexual del menor, o el proyecto de Ley de Memoria Histórica que tramita el Congreso son, entre otros, algunos ejemplos más. Ninguno de ellos ha contado con el consenso mayoritario de la ciudadanía, sino que más bien la han enfrentado.

 

“Desconfiamos de las verdades”

 

Precisamente, el ideólogo socialista fue nombrado por Zapatero responsable de todo lo concerniente a la espinosa Memoria Histórica.

 

Pero, ¿qué ideología encierra el pensamiento de Torres Mora? En una entrevista que el diario EL MUNDO publicó el pasado 22 de enero, el también vicepresidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados reconocía que él y los que piensan como él “desconfiamos de las verdades”.

 

“Para nosotros la democracia es todo el sistema, desconfiamos de las verdades, certezas y ortodoxias que están más allá del acuerdo, de la voluntad libre de la gente. Quizá por eso los mayores suelan pensar que nos falta un plan”, decía en la entrevista Torres Mora.

 

"Republicanismo cívico"

 

El profesor de Sociología fue impulsor del llamado republicanismo cívico o Nueva Vía, un grupo “muy plural” y con una “concepción fuerte de la democracia y de la ciudadanía”, como él mismo lo define.

 

“Nosotros encontramos en la tradición filosófica del republicanismo cívico una magnífica forma de expresar lo que pensamos. Asumimos la tradición liberal igualitaria, pero a eso sumamos la tradición de la democracia participativa y deliberativa, lo que llamamos el socialismo de los ciudadanos”, dice en otro momento de la entrevista.

 

De sus declaraciones cabe deducir que lo que cuenta es esa “voluntad libre de la gente” y, por supuesto, la improvisación. Todo lo que tenga que ver con la tradición o con el seguimiento de “un plan” preconcebido no es necesario.

 

Sin embargo, se olvida Torres Mora de que el derecho positivo, practicado sobre la marcha, no se puede anteponer al derecho natural.

 

“La acción se elige, no se deduce”

 

Sus ideas no son nada nuevo. El 27 de noviembre de 2006, el gurú de ZP publicaba en EL PAÍS el artículo Fortuna y virtud, donde se podían leer afirmaciones como éstas: “La esperanza de que exista una idea teórica de la que extraer deductivamente las respuestas precisas a cada circunstancia que se presente en la vida política es tan vieja como fallida. Lo cierto es que los razonamientos políticos terminan en una elección”.

 

“Finalmente, después de haber considerado racionalmente todas las posibilidades, el curso de la acción se elige, no se deduce. Al cabo, hay siempre un paso en la oscuridad, que exige fortuna además de virtud. Esa es la esencia de la libertad humana, y por ende de la política”, dice el sociólogo.

 

 

“Gobernar democráticamente implica aceptar que el resultado es más fruto del acuerdo entre muchos, siempre contingente, que de un plan necesario”, añade.

 

De esta manera, Torres Mora constataba en ese artículo que sus ideas y su discurso vienen a coincidir plenamente con la irresponsable política que practica el actual Gobierno, fruto de la improvisación, la elección sobre la marcha y la contingencia, o sea, un auténtico “paso en la oscuridad”.

 

Isabel Ordóñez

Forum Libertas, 21 de marzo de 2007

Batasuna exige ahora a Zapatero que cumpla los acuerdos «firmados» con ETA

Batasuna exige ahora a Zapatero que cumpla los acuerdos «firmados» con ETA

Apenas unas horas después del sainete vivido en la Audiencia Nacional, con Arnaldo Otegi libre después de que la Fiscalía retirara su acusación tras su burla al Tribunal, Batasuna daba otra vuelta de tuerca en su estrategia de presión y chantaje al Gobierno y le recordaba, a modo de exigencia, los «compromisos» que «firmaron» representantes del Gobierno de Zapatero con ETA. Estos acuerdos, como ha venido informando ABC, dieron lugar al «alto el fuego permanente» que ETA declaró el 22 de marzo de 2006.

Al cumplirse un año de la declaración de una tregua que nunca se llevó a cabo, Batasuna, ayer a través de Pernando Barrena, recordó al Gobierno esos «compromisos firmados» que no termina de cumplir, confirmando así algo que el Gobierno niega: que el alto el fuego es fruto de un pacto previo con los terroristas que incluye como materia de negociación asuntos vitales para el Estado en mesas ajenas a las instituciones.

Como ha venido informando ABC en los últimos meses, esos acuerdos se fraguaron en varias reuniones que pilotaban, por parte del Gobierno, Jesús Eguiguren, presidente del PSE, y el terrorista prófugo José Antonio Urrutikoetxea Bengoetxea, «Josu Ternera». Al menos mantuvieron cuatro reuniones, dos en Ginebra (Suiza) y dos en Oslo (Noruega), en los meses previos al alto el fuego de marzo de 2006.

Un papel en una caja fuerte

De esas reuniones, que Zapatero auspiciaba políticamente y de las que estaba puntualmente informado, salió un compromiso que debía ser aplicado tras la tregua. Ese acuerdo se halla firmado en una caja fuerte de la Fundación Henri Dunant, en Ginebra, que ejerce de anfitriona y mediadora en los contactos que aún se producen. Batasuna ya ha amenazado en una ocasión con hacer públicos esos acuerdos como medida de presión extrema al Gobierno.

Los «compromisos» recogen las demandas históricas de ETA: incluir la autodeterminación (ahora llamada «derecho a decidir») en un nuevo marco político (Estatuto) negociado en una «mesa de partidos» ajena a las instituciones del Estado; la excarcelación de los presos en un horizonte de ocho años, y la creación de un órgano común con Navarra, la vieja aspiración del nacionalismo vasco desde los años treinta. Esta fagocitación de Navarra se camuflaría con la constitución de una eurorregión que también englobaría al País Vasco francés. Por último, el acuerdo con ETA prevé la impunidad judicial para los cabecillas batasunos, gestores de este «proceso». De ahí caben entenderse determinadas actitudes de la Fiscalía y sus radicales cambios de criterio en pocos meses. De hecho, Barrena citó entre los «incumplimientos» las actuaciones judiciales contra la «izquierda abertzale».

El cabecilla proetarra dijo que el atentado de la T-4, en el que dos personas fueron asesinadas, fue la «respuesta» a «nueve meses de incumplimientos» del Gobierno y que ya entonces Batasuna emplazó tanto a ETA como al Ejecutivo de Zapatero a «mantener los compromisos». «Sabemos quiénes fueron los agentes que firmaron ese compromiso, que acordaron esas cláusulas que hicieron posible posteriormente ese alto el fuego y quisiéramos hacer un llamamiento a que esos compromisos se cumplan» para hacer «viable» el «proceso de resolución», dijo Barrena.

En las elecciones

El dirigente de la coalición ilegalizada afirmó no tener «ninguna duda» de que Batasuna «va a estar en las elecciones de mayo» y consideró que el que no fuera así «diría muchísimo sobre las intenciones reales del Gobierno en cuanto a la viabilidad del proceso de resolución».

Barrena señaló asimismo que el Gobierno ha pretendido venderles como un «gesto» la retirada de la acusación fiscal contra Otegi, como, en su opinión, hizo en el caso de De Juana. Según la coalición ilegal, el PSOE «ataca» primero a la «izquierda abertzale» y luego «abandona el ataque, mostrándolo como un gesto».

Barrena fue taxativo al exigir al Gobierno qué «compromisos tienen que verse escrupulosamente respetados en los términos en los que se acordaron». Al ser preguntado sobre si tiene conocimiento de que esos compromisos fueron literalmente «firmados», el dirigente proetarra respondió que se refiere a los «compromisos que fueron hechos públicos» a través de los medios de comunicación. En cualquier caso, Barrena se remitió al momento político actual para pedir «a todos los agentes políticos que tienen que ver con el devenir de este conflicto político a que adopten las medidas y las decisiones necesarias» para hacer «viable el proceso» y confirmar el «diálogo político».

«Tercera negociación»

Marije Fullaondo, que acompañaba a Barrera en la rueda de prensa y que es pieza clave del «complejo ETA-Batasuna» en Navarra, confesó que la «izquierda abertzale» está en estos momentos «inmersa en el tercer intento de negociación» para lograr la puesta en marcha de la mesa de partidos. Es decir, Batasuna reveló también ayer que la negociación con el Gobierno está abierta pese al atentado en la T-4 y las declaraciones solemnes del presidente del Gobierno, sus ministros y el PSOE.

En ese sentido, Pernando Barrena aseguró que todavía hay una «oportunidad histórica abierta» y que la «pelota está en el tejado de todos los agentes políticos», por lo que pidió que se dejen «debates estériles» sobre la violencia y se inicie diálogo para un acuerdo político.

 

M. LUISA G. FRANCO. BILBAO.

ABC, 23 de marzo de 2007

Líbano: la estabilidad democrática y la paz en peligro

Líbano: la estabilidad democrática y la paz en peligro

Las marchas y demostraciones que se realizan desde los últimos 3 meses en el Centro de Beirut por parte los grupos prosirios de Hezbollah, Amal y los partidarios de Michel Aoun reclamando mayor espacio y participación en el Gobierno de Siniora conllevan también el inocultable deseo de derrocar la democracia libanesa que encarna el Gobierno elegido democráticamente, y han puesto al desnudo serias confusiones conceptuales que imperan en el país en relación con esos temas. Es necesario reflexionar con la mayor serenidad y equilibrio posible sobre los principios y valores institucionales que se deben preservar y reivindicar si es que realmente se aspira a vivir en una república respetuosa del orden jurídico y de los derechos que amparan la dignidad de la persona humana.

Es saludable que la ciudadanía se movilice para expresar su insatisfacción ante tal o cual medida de los poderes del Estado y ante ciertos problemas públicos y sociales. En ese sentido, la manifestación encabezada por todos los sectores confesionales y políticos libaneses el 14 de marzo de 2005 reclamando su libertad, soberanía e independencia y el esclarecimiento del repudiable crimen del Ex PM Rafik Al Hariri fue la de mayor magnitud y firmeza para exigir medidas efectivas que garantizaran la seguridad de los ciudadanos como así el retiro de los ocupantes sirios del país acorde a la Resolución 1559 CSONU, ello fue un positivo ejemplo de lo que podía y debía hacerse para llamar la atención de la comunidad Internacional acerca de una realidad negativa que con inusitada gravedad se repitió por los últimos 30 años y hasta el 21 de noviembre pasado en que se cometió el ultimo homicidio de figuras favorables a la democracia libanesa en la persona del Ministro de Industria Pierre Gemayel.

Respecto de las manifestaciones en favor de la renuncia de Siniora y su gabinete encabezada por los grupos prosirios no se les puede dejar de reconocer el grado de legitimidad dentro del Estado de derecho en el cual los ciudadanos pueden expresarse y hacer uso de las herramientas que la democracia misma otorga. Pero he aquí, que desde el objetivo inocultable que lleva la movilización -derrocar al gobierno legal- en lo moral presenta serias contradicciones y profunda gravedad para la estabilidad democrática y la paz del país.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que el reclamo pidiendo la renuncia de Siniora, está referida de manera directa al bloqueo de la conformación por parte del Gobierno democráticamente electo del tribunal internacional tendiente a investigar a los autores de los crímenes perpetrados en el país precisamente contra personalidades antisirias, tal y como es el objetivo de estas medidas de Hezbollah, no debe prestarse de ningún modo a maniobras que puedan encubrir la búsqueda de justicia para esos asesinatos. No es lo mismo reclamarle al Estado garantías de participación y seguridad en dirección al futuro que pedir y bloquear que se investiguen adecuadamente estos actos criminales cometidos en el pasado reciente. El futuro es el campo específico de acción de los poderes políticos. El pasado, en cambio, es un ámbito de estricta incumbencia del Poder Judicial. Esto último no es más que respeto por la división de los poderes de las Instituciones democráticas. Lo contrario es sedición, terrorismo o anarquía. Si no se percibe correctamente esa distinción entre los hechos del pasado que han herido al Líbano en su tejido social, su escenario político interno influenciado por energías regionales y las propuestas dirigidas hacia el futuro para bloquear la justicia se siguen llevando adelante utilizando indiscriminadamente a sectores de la sociedad civil libanesa, no se respetará la esencia del principio de la división de los poderes y se estará marchando hacia una Teocracia en el caso libanés.

La justicia debe ser independiente y políticamente aséptica en todos los casos. Ello vale, por supuesto, tanto para quienes reclaman el juzgamiento de los responsables de los crímenes del terrorismo como para quienes se presentan como cómplices de los sospechados de cometerlos -Hezbollah y sus aliados-. No vale más una vida humana que otra. Todas tienen el mismo valor, cualquiera que haya sido la orientación ideológica de quien perpetró el asesinato.

La misión de los dirigentes políticos es trabajar en dirección hacia el futuro y no interferir en la revisión que hace la justicia de los acontecimientos para esclarecer estos crímenes. Tampoco resulta razonable que los integrantes de los grupos que han cometido acciones terroristas y desean derrocar al gobierno democrático exacerben y profundicen las divisiones entre los distintos sectores de la sociedad civil. Las grandes contradicciones, los discursos que faltan a la verdad y suman demagogia populista generan confusión y descomponen la frágil sociedad libanesa, y no será positivo que ellos tiendan a multiplicarse en el Líbano de hoy. En todas las democracias del mundo desarrollado, los grandes temas políticos son debatidos por el partido oficial en una confrontación directa y funcional con los partidos de la oposición. En Líbano, los temas políticos de importancia están siendo discutidos por el gobierno electo por voluntad popular con los dirigentes de grupos violentos y armados que anteponen cuestiones religiosas o corporativas e intereses de Siria e Irán. Si existiera un diálogo político transparente, protagonizado por partidos fuertes, sinceros e identificados con los intereses nacionales libaneses, eso seguramente no sucedería.

Es evidente que en Líbano hay un grupo político-religioso-militar que mantiene secuestradas las funciones del Estado legal libanés y que continua mezclando desordenadamente los roles y las funciones institucionales. Es imprescindible que los libaneses reflexionen sobre todas estas cuestiones y traten de establecer en qué medida cada uno de los sectores a que pertenecen puede contribuir a poner orden en el desequilibrado escenario político institucional, con ello no solo se evitara una confrontación que muchos analistas definen como “guerra civil”- con lo que estoy en desacuerdo, puesto que en Líbano: si hay una confrontación, no será una guerra civil; “será una guerra contra la injerencia y la opresión de Siria e Irán ejecutada por elementos locales antidemocráticos al servicio de dichos países”-

Para concluir, es necesario que los problemas se debatan en la forma y los sitios donde corresponde. -por caso, el Parlamento-, donde se respete plenamente la independencia de la justicia, la soberanía del país y la libertad de sus ciudadanos, sin acciones de populismo personalista y hegemónico que atenten contra el sistema político mediante el asesinato selectivo de sus dirigentes. Y que el pasado no vuelva de la mano de las ambiciones políticas y sectarias, sino de la acción de una Justicia incontaminada y responsable.

 

 

George Chaya es licenciado en Derecho y Ciencias Sociales y analista en geopolítica y Oriente Medio. Asesora a varios gobiernos de América Latina en materia de Oriente Medio, y dirige la oficina de prensa del Consejo Libanés de la Revolución de los Cedros.

George Chaya Copyright 2007

GEES, 21 de marzo de 2007

Libertad Digital y los neocon

Libertad Digital y los neocon

Desconfiamos del poder, de derechas, de centro y de izquierda. Creemos que el poder corrompe. Porque somos humanos, los políticos y nosotros. Presentación del libro "Qué piensan los neocon españoles", escrito por los analistas del GEES.

 

El grupo directivo de GEES ha tenido la amabilidad de invitarme a la presentación de un libro singular en España, que versa nada menos que sobre los neocon. En Estados Unidos, donde nacieron, son mayoritariamente de origen judío y pasaron por la izquierda radical y el Partido Demócrata antes de terminar siendo neoconservadores. Se definen por su posición en política exterior, que consideran que debe hacerse desde la realidad, pero con principios liberales y –ésta es la diferencia significativa– sin renunciar a defender en todos los países, en todas las circunstancias, los mismos derechos humanos para todos. Y en esto no son liberales clásicos, que tienden al aislacionismo y a no intervenir fuera de su país, porque consideran que la globalización ha hecho desaparecer muchas de las fronteras.

 

En su invitación me hicieron patente que querían que hablara, como presidente de Libertad Digital, de cómo se desarrolla, en la España de hoy, un proyecto liberal conservador en un momento histórico en el que el Gobierno vive obsesionado por la Segunda República y la Guerra Civil, y propicia la ruptura de España como Estado mediante el enfrentamiento entre lo que fue el bando formado por la izquierda y los nacionalistas durante la guerra y el resto de España. Y esto lo hace por más que los españoles no se sientan divididos en torno a esas facciones y hayan dado por superado ese trauma en una larga y difícil transición, que durante unos años ha sido un ejemplo para muchos países que lograron sacudirse regímenes dictatoriales.

 

Me siento especialmente orgulloso de haber servido de lazo de unión entre GEES y Libertad Digital y de que en nuestro periódico contemos con la presencia diaria de GEES, con los mejores análisis que se hacen en España sobre política exterior y de seguridad, tanto sobre la de España como sobre la de todo el mundo que, por otra parte, cada vez repercute más también en España, porque la globalización es auténtica, no sólo en lo económico, sino en lo político y en lo relativo a defensa y al propio terrorismo. Ambos, Libertad Digital y GEES, nos complementamos y beneficiamos con nuestra colaboración.

 

Permítanme, para hacer caso al encargo que he recibido, algunas consideraciones sobre Libertad Digital. Hoy nuestro periódico tiene 1,5 millones de usuarios únicos al mes y cerca de 1,3 millones de visitas diarias durante el mes de febrero de 2007, el último sobre el que tengo datos de OJD.

 

Hemos comenzado a emitir nuestra programación en Libertad Digital Televisión en el ámbito de la Comunidad de Madrid. En los dos próximos meses lo haremos en Valencia y Murcia. Y esperamos que pronto se nos pueda ver en toda España a través de satélite, el cable y los hilos de cobre telefónico.

 

Nuestro objetivo sigue siendo el mismo que cuando comenzamos en el año 2000, poder informar y opinar, desde una perspectiva liberal-conservadora, sobre España y el resto del mundo.

 

Las dificultades que afrontamos

 

GEES existe desde hace 20 años y Libertad Digital desde hace sólo 7, pero la mayoría de los que participamos en ambos proyectos hace todavía muchos más años que defendemos esas ideas a nivel personal y a través de otros medios de comunicación. Son dos proyectos que era casi imposible que salieran adelante y, sin embargo, lo lograron. He intentado sistematizar las dificultades de los proyectos liberal-conservadores en cinco puntos:

 

Desconfiamos del poder, de derechas, de centro y de izquierda. Creemos que el poder corrompe. Porque somos humanos, los políticos y nosotros. A nosotros también nos corrompe el poder mediático cuando lo tenemos, pero somos muchos en cada uno de nuestros medios, somos distintos y firmamos artículos con tesis diferentes, lo que nos protege de nosotros mismos. Y, por esencia, no hay ningún poder supremo unificador. Somos, en esto, todos, liberales. Pero algo es claro, desconfiamos del poder y el poder desconfía de nosotros.

En España, al menos hasta hace unos pocos años, había pocas fortunas personales y pocas empresas grandes, que son las que en los países anglosajones han financiado proyectos como los nuestros. Y esos grupos grandes eran, y son, conscientes del enorme poder de intervención de los poderes de turno. Una financiación de proyectos como los nuestros podía poner en riesgo las propias empresas y el futuro familiar. El temor invitaba a la prudencia.

Las grandes empresas sí han financiado muchos proyectos de fundaciones, incluso políticas, además de las culturales, educativas o benéficas. Pero siempre acudiendo donde los gobiernos les decían que debían hacerlo. Por lo que tampoco tenían fondos sobrantes para intentar aventuras. Aventuras peligrosas, por otra parte.

Los partidos políticos más próximos a nuestra ideología, en nuestro caso el PP, también desconfían de nuestros proyectos por dos motivos diferentes: el primero, para evitar verse condicionados por las opiniones vertidas en nuestros medios, y el segundo, por temor a que nos convirtiéramos en plataformas de lanzamiento de otros políticos o incluso de otros partidos.

En España la tradición es que los proyectos ideológicos los financie la administración. El que la iniciativa de la sociedad civil pueda financiar algún proyecto ideológico sin contar con las administraciones públicas ha sido una rareza. Al margen, por supuesto, del protagonismo que siempre ha tenido y continúa teniendo, la Iglesia Católica.

Razones para un cambio

 

Pero aquí estamos, y estamos porque ese panorama ha cambiado en parte. Y se me ocurren varias causas que explican el cambio. Vaya por delante que creo que en la historia de la humanidad, de los países y de las sociedades es fundamental la influencia de las personas. Creo en la "nariz de Cleopatra" como motor de la historia antes que en las fuerzas ineluctables del supuesto progreso de la humanidad. Pero analicemos esos cambios y esas nuevas condiciones:

 

La generosidad de un grupo de españoles, que han decidido defender los valores de la libertad y el Estado de Derecho, incluso en contra de sus intereses económicos y sociales. Como José María Aznar, que a pesar de las críticas que desde Libertad Digital, por ejemplo, se le hicieron cuando fue presidente del Gobierno, unas creo que justificadas y otras equivocadas, nos ha ayudado y defendido ante propios y extraños, animando a todos a que nos apoyaran. Como Federico Jiménez Losantos, que ha sido el máximo impulsor de nuestro proyecto, sacrificando otras mejores alternativas económicas o proyectos más personales o exclusivos. O como la mayoría de nuestros colaboradores, que reciben económicamente menos de lo que merecen sus esfuerzos.

El triunfo de Internet. Más accesible. Más barato. Y aquí los que apostamos por la libertad, al menos en España, hemos ganado –por ahora– la partida a los que defienden otras alternativas.

Porque la sociedad española tiene más recursos económicos y más independencia que nunca antes en la historia. Y son muchos los que están dispuestos a ayudar si encuentran el cauce adecuado. Y el cauce tiene que ser, todavía, para muchos, anónimo o discreto, porque el temor al poder político sigue siendo enorme.

Porque ni Libertad Digital ni GEES hacemos política de partido. Hacemos política. Pero no participamos en confrontaciones internas. Y cuando tomamos partido lo hacemos no por razones personales, sino ideológicas.

Porque nosotros, con excepciones bien concretas y justificadas, no somos ni queremos ser políticos en activo. Ese cáliz amargo lo dejamos para los que se sientan capaces de beberlo.

Y, quizá determinante en este momento, España, como Estado, está en peligro. Está en peligro el Estado de Derecho y la Constitución. Y ésos son los valores que nosotros defendemos, porque son la garantía de nuestra libertad individual. Y eso ha sido definitivo para que muchos españoles se hayan decidido a apoyarnos económicamente. Libertad Digital tiene en estos momentos alrededor de mil accionistas. Pero si necesitáramos más fondos y planteáramos una ampliación de capital a través de una Oferta Pública de Venta creo que, en estos momentos, serían muchos miles más los que nos apoyarían.

En conclusión, el panorama ha cambiado, y son muchos los españoles que quieren participar en proyectos como los nuestros. Pero necesitamos alcanzar un tamaño lo suficientemente grande como para poder dirigirnos a los españoles como inversores, en lugar de buscar sólo, o principalmente, el apoyo de las empresas, o de las grandes fortunas personales.

 

Y a todos esos españoles necesitamos demostrarles que somos capaces de gestionar, ordenadamente y con austeridad, unos proyectos que necesitan la forma de la sociedad anónima, para que su participación, como accionistas, se encauce de acuerdo con cánones conocidos y probados y que de esa forma aseguren, primero, el objeto social de esa empresa, que es una empresa con ideología; en segundo lugar, su equilibrio económico; y en tercero y último, su permanencia en el tiempo.

 

Alberto Recarte

Libertad Digital, 23 de marzo de 2007