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Foro El Salvador

Víctimas y negociación

Víctimas y negociación

La manifestación convocada por la AVT, principal asociación de víctimas, que ayer recorrió las calles de Madrid es ya la quinta en poco tiempo contra la política antiterrorista del Gobierno de Zapatero. El lema que abría la marcha proclamaba: "Rendición, en mi nombre, no". Más explícitamente, la convocatoria de la AVT decía que el objetivo era "exigir al Gobierno que deje de claudicar ante los asesinos de ETA". Los convocantes identifican por tanto el intento del Gobierno de propiciar un final pactado de ETA con una rendición en toda regla ante los terroristas.

Seguramente habrá muchos ciudadanos solidarios con las víctimas y convencidos de la necesidad de que su voz sea oída que no compartan esas acusaciones. Incluso personas críticas con la forma como el Gobierno está conduciendo el proceso, o aspectos del mismo, pero que no pueden sumarse a planteamientos tan burdos como los que presiden desde hace algún tiempo los pronunciamientos y convocatorias de la AVT.

La acusada politización de esa asociación es una dificultad objetiva para que cumpla su papel mediador entre las víctimas (cada una con sus ideas y creencias) y la sociedad cuya solidaridad invoca con un derecho cierto, pero cuya legitimidad disminuye en la medida en que se limita a abanderar a una formación política determinada. Sin embargo, no es posible prescindir de las víctimas; cualquier planteamiento de negociación tiene que contar con sus preocupaciones, sentimientos y reclamaciones.

Incluso ETA (y su brazo político) tienen que reconocer que ya no pueden prescindir de la exigencia de justicia de las víctimas a la hora, por ejemplo, de plantear eventuales medidas de gracia para los presos. Tampoco puede dejar de tomarlas en consideración el Gobierno; no para esquivar su propia responsabilidad a la hora de decidir las medidas más eficaces para acabar con el terrorismo; pero sí para escuchar sus razones y responder a ellas, si no las comparte, con argumentos. Cualquiera puede ver que muchas de las declaraciones de algunos portavoces de los colectivos de víctimas tienen una fuerte carga demagógica y reflejan a veces obsesiones disparatadas (en relación al 11-M, etcétera); pero el Gobierno no puede limitarse a ignorarlas o despacharlas con apelaciones a su manipulación por el PP.

El respeto que las víctimas reclaman y los políticos proclaman no significa que haya que darles la razón a todo lo que digan, como a veces insinúan los portavoces del primer partido de la oposición. La demagogia de contraponer proceso de paz a derrota de ETA (como si lo uno no fuera consecuencia de lo otro) es más grave en boca de dirigentes como Acebes, que saben que las cosas no son tan simples, que en las del portavoz habitual de la AVT. Pero incluso éste tiene derecho a que se le responda con razones. Cada día que pasa es más evidente que debe hacerse todo lo posible y más para que el PP se sume al consenso del resto de partidos en la tarea de acabar con el terrorismo y con el desconcierto de una parte de la opinión pública. Otra cosa es que el primer partido de la oposición tenga interés en ello.

Editorial de El País, 26 de noviembre de 2006

¿Otra manifestación?

¿Otra manifestación?

DEBERÍAMOS ser actores principales, pero quienes han repartido los papeles han decidido que las víctimas no merecemos acaparar todo el protagonismo y que, bien mirado, el resultado final de la obra mejorará si nosotros no aparecemos en absoluto. En escena vemos con frecuencia al presidente del Gobierno, a su vicepresidenta, a su portavoz, a sus ministros de Interior y de Justicia, a sus representantes en el País Vasco. Contamos también con políticos de otros países que amplifican con su presencia el mensaje del filme. Las pocas voces discordantes que aparecen lo hacen con frecuencia distorsionadas y representando la oposición a la voluntad general de alcanzar la paz y el bien común.

El reparto está encabezado, como todos sabemos, por ETA. Los papeles principales han sido distribuidos entre miembros de relieve de Batasuna: Otegi, Permach, Barrena etcétera. Sin olvidar a otros actores como De Juana Chaos, Txapote o Bilbao, quienes interpretan roles secundarios, pero de los que permiten el lucimiento. El presupuesto, los escenarios, la distribución, todo se decide sin contar con las víctimas. Es por ello que nos hemos visto obligados a irrumpir en el rodaje, exigiendo algunos cambios, como por ejemplo: en la escena en la que los terroristas son juzgados, la ley no puede ser modificada para que la película tenga un final feliz. Porque consideramos que cambiar el marco jurídico existente para satisfacer a ETA sería el más triste de los desenlaces para quienes hemos visto morir a los nuestros por defenderlo.

Por eso iremos mañana a Madrid, porque, aunque no estamos de acuerdo con esta negociación con la banda terrorista que tanto daño nos ha causado, participaremos en ella, entraremos en acción, aunque sea como «espontáneos». Y no es que queramos, es que, en las actuales circunstancias, debemos hacerlo. Porque tanto yo como la mayoría de los que nos acompañarán por la calle Velázquez estaríamos más tranquilos sin tener que coger aviones, trenes, autobuses o coches, sin soportar el frío, la lluvia o lo que se tercie, sin deber recordar lo que tanto dolor nos sigue causando. Aunque el hermano de un ministro se permita decir de una víctima que el día que asesinaron a su hermano y a sus sobrinas le tocó la lotería, les aseguro que quienes iremos a la manifestación estaríamos mejor en casa con nuestras familias. Pero eso es lo que querrían los que llevan adelante este pacto con los terroristas: que nos cansásemos, que nos acomodásemos, que tirásemos la toalla. Debo confesar que a veces tenemos momentos de desánimo. No es fácil aceptar que la Fiscalía diga que lo que ayer era negro hoy va camino de ser blanco; que altos miembros de la Iglesia vasca insistan en repartir las consecuencias del terror a partes iguales entre quien mata y quien muere; que aquéllos que idearon la muerte de los nuestros sean hoy quienes sigan poniendo precio político a nuestras vidas. Es duro seguir defendiendo lo que no tendría que ser defendido. El Estado debería protegernos, y no hablo sólo de evitar nuestra muerte, sino de impedir que nuestros derechos fundamentales sean secuestrados por una banda terrorista. Y es en este clima de desasosiego, de tristeza y de impotencia, en momentos en los que nos toca escuchar algo tan indigno como que «De Juana Chaos está a favor del proceso de paz», en palabras de nuestro presidente del Gobierno, cuando nosotros, las víctimas y un buen número de españoles, nos revolvemos y sacamos fuerzas de flaqueza para afrontar nuevas injusticias. Es entonces cuando decimos: «Hay que hacer algo».

No saben cuántas veces la gente me para por la calle para decirme que lo que se está desarrollando al calor del «proceso de paz» es indignante. Y me dicen: «¿Qué podemos hacer?». Podéis denunciarlo. Podéis hablar con el vecino, el maestro, el portero, el taxista, el amigo que respira diferente, políticamente hablando. Aquí no hay política que valga. Aquí lo que hay es decencia, es justicia y es sentido del bien y del mal. Lo demás es querer confundir a la gente, es querer hacer pasar las cesiones a ETA como pequeños sacrificios que los españoles debemos aceptar para vivir un futuro de cuento de hadas. La paz que nos quieren vender no existe.

Si el Gobierno sigue empeñado, como yo temo, seguirá alternando momentos de acercamiento y alejamiento hacia la banda. Seguirá haciéndonos creer que se mantiene firme para al final ceder en lo fundamental: independencia y libertad para los presos. Y a ese acuerdo de renuncia a la libertad, en favor de una precaria seguridad, lo llamarán «tratado de paz». Quienes no estéis dispuestos a que ese pacto se firme con la sangre de los nuestros, como bien ha dicho la madre de Joseba Pagaza, podéis venir conmigo mañana a Madrid a gritar a los cuatro vientos que no se negocia con asesinos.

Seremos mil, diez mil o cien mil, pero estaremos allí, vigilando, recordando al Gobierno que lo que se pacte hoy no nos puede hacer llorar mañana. Estén seguros quienes dudan de la efectividad de estas manifestaciones repetitivas y, según los más críticos, inútiles que estas concentraciones son de vital importancia para el curso de la negociación con la banda.Con los escasos recursos con los que contamos, con la oposición del Gobierno y de buena parte de los medios de comunicación, las víctimas y quienes nos apoyan hemos conseguido despertar a parte de la opinión pública, que hoy vela con nosotros para que no triunfe la sinrazón.

Es, por tanto, fundamental que se manifiesten con nosotros todos los que crean que las leyes no deben ser cambiadas para ajustarse a las exigencias de Batasuna-ETA; quienes no acepten que la independencia del País Vasco, la anexión de Navarra y de parte del territorio francés la decidan mediante referéndum los ciudadanos que vivan en Euskadi y aquéllos que piensen que los que más han sufrido tienen todavía mucho que decir en esta historia. Os doy las gracias de antemano porque sé que una vez más estaréis con nosotros para que se oiga una sola voz, la de las víctimas, que no es otra que la de la Justicia y espero que la de la mayoría de los españoles.

Teresa Jiménez-Becerril

ABC, 24 de noviembre de 2006

Profecías cumplidas e incumplidas

Profecías cumplidas e incumplidas


Hemos comprobado la pertinencia de caracterizar como marxistas o marxistoides a Reig y sus lisénkicos pares. Hasta el título de su libro, Anti Moa, remeda el Anti Dühring, de Engels; aun si, con su incoherencia habitual, Reig niega a cada paso que valga la pena ocuparse de mis modestos escritos.

 

Nuestros marxistas, nunca muy brillantes, tratan la república, la guerra y el franquismo con un enfoque “de clase”, a veces confuso, pero discernible: movimiento obrero o partidos obreros por aquí, partidos burgueses, oligárquicos o fascistas por allá, represión “popular” por un lado, reaccionaria por otro, acción genocida del franquismo contra “el pueblo trabajador”, explotadores culpables de las peores injusticias contra las justas aspiraciones “democráticas” y “avanzadas” de los trabajadores, de “sus” partidos y la pequeña burguesía progresista, etc. Fulminan también la paranoia o histeria anticomunista con que los historiadores revisionistas osamos poner en duda el escrupuloso respeto de los marxistas a la legalidad republicana; o la incomprensible cerrazón con que los reaccionarios cuestionamos la conducta democrática de Stalin, que en definitiva defendió a la república española frente a la traición burguesa de Francia, y no digamos Inglaterra. En síntesis, la república fue un momento de esperanza y triunfo parcial del pueblo explotado, la guerra civil se debió a la reacción de los explotadores incapaces de aceptar la mínima reforma contraria a su interés de clase, y la era de Franco constituyó el triunfo genocida de estos últimos. Varían en matices y terminología, admiten fallos y hasta crímenes ocasionales e involuntarios de los progresistas, frente a la esencial criminalidad de las clases explotadoras: errores del “pueblo” y sus representantes, horrores de las oligarquías reaccionarias. Tal viene a ser el alfa y el omega de las versiones historiográficas progres.

 

Enfoque esencialmente marxista, repito. Pues bien, trataré de explicar brevemente a estos señores por qué ese enfoque solo puede extraviarlos. Decía Koestler que el dominio de la jerga marxista permitía a un idiota pasar por inteligente, y hoy se suele negar carácter científico a la teoría, entre otras cosas porque contiene la vacuna contra la crítica, contra la revisión o “falsación”, en términos popperianos. El marxismo no solo establece un cuerpo de doctrina, sino que achaca a intereses “de clase” reaccionarios la actitud de quienes no lo acatan. De este modo la crítica se vuelve inaceptable por principio y, en un régimen socialista, muy peligrosa para el crítico. Los marxistas no intentan esclarecer los hechos sino calificar rápidamente al discrepante. Lo vimos en el primero de estos artículos, al reseñar la ausencia de debate en torno a la historia reciente: por naturaleza, el crítico es un “enemigo de clase” (de gremio, en este caso), y, o entra en el redil o se le “erradica”, como a Ricardo de la Cierva.

 

Sin embargo, y al revés que la mayoría de sus discípulos, Marx sí tenía espíritu científico. Elaboró unas teorías en principio hipotéticas sobre la evolución de la humanidad, pasó a comprobarlas investigando sobre la sociedad presente, llamada por él capitalista, sentó unas tesis y de acuerdo con ellas hizo diversas predicciones. Su análisis del capitalismo quedó inconcluso (porque comprendió sus errores básicos, sostienen algunos) aunque Engels compiló sus papeles últimos de forma bastante satisfactoria en el tomo III de El capital. Actitud científica y no dogmática, por tanto. Lo cual no quiere decir que acertase. A menudo se señala la naturaleza acumulativa de la ciencia, pero no debe olvidarse su simultáneo rigor selectivo o excluyente. La ciencia avanza también desechando ideas o hipótesis de carácter científico en principio, pero que se demuestran falsas al sufrir lo que Marx habría llamado “la prueba de la práctica”. De hecho suelen ser más las hipótesis desechadas que las aceptadas. Y esto es lo que ha ocurrido con el marxismo.

 

Un criterio clave en la ciencia para valora una teoría consiste en examinar sus predicciones. Pues bien, las de Marx no se han cumplido, y las retorcidas adaptaciones de sus discípulos han fracasado. Las sociedades que él condenó a la autodestrucción son las más ricas y libres del mundo, participando de su riqueza y libertad la “clase obrera”. Es en las sociedades socialistas u otras sin mercado libre ni democracia burguesa, donde cunden muchas de las plagas profetizadas por Marx.

 

En cambio sí se han cumplido las profecías de los críticos de Marx y del socialismo en general, y llaman la atención las coincidencias entre ellas, desde Donoso Cortés a Bakunin. Las ideas socialistas solo podían generar un despotismo sin precedentes en la historia. Y así ha ocurrido sin excepción. En la URSS, en Europa oriental, en China, en Camboya, en Vietnam, en Corea del Norte, en Cuba, en Etiopía, etc. se ha repetido el mismo esquema: sociedades encarceladas (¡el muro de Berlín y tantos otros, no para defenderse del exterior, sino para impedir la huida de la gente!), con otras cárceles internas mucho más brutales para los “enemigos de clase”. Decenas de millones de personas exterminadas y el resto privadas de libertad política y también personal, algo desconocido en otras dictaduras. El Gran Experimento para crear el “hombre nuevo”.

 

Ante esta experiencia histórica, cualquiera que se hubiera dejado deslumbrar por el aparente poder explicativo y predictor del marxismo debería plantearse honradamente algunas cuestiones elementales. Pero eso, ya lo he dicho, nunca lo hicieron Reig y sus pares, ni tampoco los partidos afines. Han sido propagandistas de la Gran Mentira. Y lo siguen siendo.

 

Pocos de ellos se declaran hoy comunistas. En su mayoría están cerca del PSOE, que no abandonó el marxismo hasta la Transición. Así, hasta entonces ese partido seguía la doctrina más opuesta a las libertades, junto con el nazismo, que haya producido el siglo XX. Este dato suele minusvalorarse, pero tiene importancia crucial, pues el marxismo del PSOE ayuda mucho a explicar su no muy ejemplar historia: enemigo cerrado del régimen liberal de la Restauración, en alianza de hecho con el terrorismo anarquista; colaborador luego de la dictadura de Primo, lo que probablemente fue bastante sensato y le permitió llegar a la república como el partido decisivo, el árbitro del nuevo régimen; radicalización revolucionaria desde 1933, pregonando y organizando la guerra civil, para promover luego el Frente Popular e impulsar, tras las elecciones de febrero de 1936, un proceso de aniquilación de la legalidad republicana; corrupción gigantesca, quizá no igualada en siglos, durante la guerra civil; luego, en el franquismo, oposición prácticamente nula a la dictadura, tan odiada ahora. Ciertamente podrían ponerse al lado de estos hechos otros más favorables, pero los citados bastan para entender qué ha significado el marxismo en la historia del partido y de España.

 

La tardía renuncia al marxismo, ¿supuso su repentina democratización? Una renuncia real tendría que apoyarse en un examen de la teoría y la historia del partido, lo cual no ocurrió en absoluto. Por el contrario, surgió entonces un lema eficaz electoralmente pero quizá el más mendaz que haya inventado partido alguno: “Cien años de honradez”. El “honrado” PSOE actual sigue sintiéndose heredero de aquel partido marxista, de la doctrina abandonada oficialmente por conveniencias de poder, pero cuyos tópicos, tics y enfoques básicos permanecen. Es la ideología, aguada en “progresismo”, que hoy atenta contra la convivencia democrática al lado de los separatistas, terroristas y “civilizaciones”.

 

Así pues, las predicciones o profecías marxistas no se han cumplido, y sí las de sus críticos del siglo XIX. Cabría objetar: ¿basta la experiencia histórica para desechar el marxismo y sus sucedáneos? Por mi parte me resistí a creerlo durante años. Después de todo, me decía, se trata de un tiempo insuficiente para juzgar un proceso nuevo en la historia, en el curso del cual habían de producirse, por fuerza, graves errores, sin que ellos destruyeran la teoría. Dudo de que piensen así nuestros lisenkos, afectos más bien a la fe del carbonero, pero por si acaso trataré el asunto en otro artículo.

 

Pío Moa

ETA elige Orain para presentarse a las elecciones

ETA elige Orain para presentarse a las elecciones

(RD / José Monente).- Batasuna ha escenificado en Pamplona el inicio del proceso para su legalización. En una presentación pública, a la que han acudido los principales líderes de la formación ilegal, han dado a conocer su nueva "marca blanca": Orain.

 

La cita se ha desarrollado bajo el lema "Sumando fuerzas en pro del proyecto de cambio que Nafarroa demanda" y se ha celebrado desde las once de la mañana en la Casa de Cultura de Burlada.

Los impulsores buscan un "cambio político profundo" en Navarra. Consideran que es "urgente poner fin a los desmanes de UPN" y "dar un vuelco". Defienden en concreto "dar un giro a la izquierda", lo que deja entrever un posible apoyo al candidato socialista si UPN-CDN no lograran la mayoría absoluta.

Entre los asistentes se ha podido ver a Ainara Armendáriz y Juan Kruz Aldasoro, miembros de la Mesa Nacional de Batasuna, así como Jaime Iribarren, ex parlamentario foral; Floren Aoiz, ex portavoz de la Mesa; Joxe Abaurrea, ex concejal del Ayuntamiento de Pamplona; Adolfo Araiz, ex parlamentario y Txelui Moreno, de LAB.

Batasuna recogió en un reciente documento interno que participará en las municipales y autonómicas, aunque todavía desconoce en qué condiciones. Asume que se enfrentarán principalmente a la abstención y a Na-Bai. Quiere recuperar el "espectro" electoral que les apoyó hasta su ilegalización.

Reportero Digital Pamplona, 25 de noviembre de 2006

Desamoradas, degeneradas, desquiciadas

Desamoradas, degeneradas, desquiciadas

Gracias al PSOE y al PP, a Teresa Fernández de la Vega y a Ana Pastor, así como al gusto por el maquillaje de la sociedad mediática, las mujeres españolas, unas 22 millones, han caído en la cuenta, así, de repente, de que, en el fondo, no eran tan felices como creían ser. Por el contrario, ahora, justamente ahora, se han percatado de que el hombre –no en su sentido genérico, sino el varón concreto que tienen justo al lado-, las desprecia, humilla, golpea y violenta con actitud dolosa, saña infinita y perseverancia criminal.

No es broma. El Gobierno considera que en España existen 2 millones de mujeres maltratadas (¡¡¡!!!). El cálculo anterior –dos años atrás- era de 650.000, aunque una de las razones para ser considerado pérfido maltratador consistía en no cederle a la pareja el mejor sillón del salón del hogar a la hora de ver la tele (sic). Tiemblo sólo de pensar cómo han podido llegar a los dos millones. Hombres maltratados, ninguno, cifras marginales. Por eso, doña Teresa, la más popular, ha aplicado a las señoras, a todas las mujeres, a todas las amazonas, planteamientos y adjetivos que antes se reservaba para las víctimas del terrorismo etarra: “ellas nunca tienen culpa”- asegura, más cabreada que emocionada, Teresa Fernández de la Vega, introduciendo así una cuña del Estado, es decir, de la represión, en la liberada, es decir, la familia, quizás porque, vaya usted a saber por qué, a doña Teresa no le agrada, lo que se dice nada, la familia. Al menos, la familia fundada sobre el compromiso heterosexual, es decir, la única familia posible.

Doña Ana Pastor, como buen pepera, acude al quite, y fuerza a Mariano Rajoy a entrar en esta competición política en defensa de la mujer maltratada y afirma que el Gobierno ha fracasado. Esto es como la matanza de embriones humanos: la comenzó ella, doña Ana Pastor, como ministra de sanidad del Gobierno Aznar. Luego la ministra socialista Elena Salgado fue todavía más allá, más bruta ella, y ahora doña Ana está escocidísima porque le ocurre lo mismo que al navarro del chiste: ¿Qué dice el obispo que somos el segundo pueblo que más blasfema de Navarra? ¡Rediez, hemos de ser los primeros! Naturalmente, la ley ZP contra la violencia de género ha generado más violencia de género, entre otras cosas porque muchas mujeres se han apuntado a la llamada cultura de la queja continua -digo llamada porque no veo la cultura por sitio alguno- y con ello han convertido la convivencia de muchas parejas en un infierno.

El problema es que, aunque los altavoces mediáticos y lo políticamente correcto nos aturdan y entontezcan, ningún proyecto sale adelante si está montado sobre la mentira. Es como esos silogismos que parten de una premisa o de un dato falso, que luego se desarrollan con deducciones muy lógicas, pero que, al haber partido de una raíz falsa, acaban concluyendo, a pesar de toda su coherencia, verdaderas animaladas. Así, la gran mentira, la raíz falsa, de la que parte toda la campaña sobre la violencia de género es la de que el violento siempre es el hombre. Al menos en la sociedad actual, la mujer es mucho más violenta que el varón. Lo que ocurre es que, en esta y en cualquier otra sociedad del pasado, el varón se defiende utilizando la fuerza física… por la sencilla razón de que todos las personas, puestas a pelear, se acogen a las armas de las que disponen. Pero cuando llega la violencia física es porque antes ha habido más violencia, más humillaciones y más mala uva… no física. Por eso hay más mujeres maltratadas físicamente (repito, físicamente) que hombres, aunque esta estadística, con ayuda de doña Teresa Fernández de la Vega y doña Ana Pastor, podría llegar a cambiar, dado que la fuerza pública se ha situado de parte de la mujer para prevaricar contra el varón.

Tanto es así, que la llamada liberación femenina no es más que el producto del progreso técnico. ¿Por qué las mujeres han ido copando más poder en los siglos XIX y XX? Pues porque cuando el poder se decidía por la espada y la caballería, el hombre tenía todas las de ganar. Pero cuando un dedo basta para apretar el misil que puede matar a miles, lo mismo puede hacerlo un pulgar masculino que uno femenino. En economía ocurre lo mismo : cuando la fuerza bruta cede ante la mecanización, la mujer va subiendo en el escalafón.

Pero volvamos a la opresión del varón. El anuncio que nos rodea en el metro y en los medios informativos (la violencia de género se está convirtiendo en el mayor anunciante de España, por delante de El Corte Inglés) nos presenta a una mujer frágil, que nos confiesa desde el cartel: “Ya no me humilla más”. Esto me recuerda una frase muy repetida por las mujeres de hoy (por las buenas, no por las feministas, éstas no reconocen nada) que viene a explicar así la situación: “Puestas a ser malas, las mujeres somos más malas que los hombres”. El problema es que nadie es malo hasta que “se pone a ser malo”, por lo que el precitado tópico debe reproducirse así: “La mujer es más mala, tiene más mala leche, que el hombre”. O como recuerda el otro adagio, éste no feminista: ¿Qué es un gay? Uno que tiene la fuerza de un hombre y la mala leche de una mujer”.

La humillación más habitual en el mundo actual corre en sentido opuesto : es la mujer la que más humilla a su pareja y la que además, le somete al siguiente chantaje: “O vives como yo quiero o rompemos”. La prueba del nueve: el vuelco de la degradación familiar en Occidente consiste en que hoy es la mujer quien decide romper la familia en mucha mayor proporción que el hombre. Doña Teresa y doña Ana, que odian la familia, deben de estar muy contentas con el incremento de separaciones y divorcios, pero no estoy seguro de que su alegría reporte muchos bienes al conjunto de la sociedad.

El problema de la mujer actual es que ha caído en una peligrosa cascada de degradación: hoy muchas mujeres, no sólo las feministas, son mujeres desamoradas; por desamoradas, degeneradas moralmente; por degeneradas, desquiciadas.

Desamoradas: mujeres incapaces de entregarse (el amor no es más que entrega) y de comprometerse (el matrimonio no es más que compromiso). La entrega la consideran servilismo, y el compromiso, rendición.

Pero la moral no es más que caridad, es decir, amor, es decir, donación. Por tanto, si uno es incapaz de comprometerse acaba degenerando moralmente. Por eso la mujer actual, aun más que el varón, despotrica contra el compromiso de por vida, por eso homologa la pareja a una especie de contraprestación, y por eso se niega a tener hijos. Recuerde: el bebé lo exige todo y no ofrece nada, al menos nada material. De ahí, surge, en lógica consecuencia, todo los demás males, como el aborto. No olvidemos que la mayor violencia de género –y de cualquier otro tipo y denominación- la ejerce la mujer, con el asesinato del propio hijo de sus entrañas, en España en la proporción de 95.000 homicidios anuales.

Y el tercer paso es de aún más lógica inferencia: la mujer desamorada acaba siendo degenerada, pero la degenerada acaba tocada, esto es, termina siendo una mujer desquiciada, infeliz. Para demostrar este último punto no hacen falta argumentos: simplemente salgan a la calle y contemplen el panorama. La expresión –no la cara- es el espejo del alma.

Todo esto lo digo con mucha pena. No resulta reconfortante definir como desamorada, degenerada y desquiciada a la mitad de la humanidad. Pero lo cierto es que el virus feminista, una de cuyas consecuencias es privar de todo sentido de ecuanimidad y hasta de todo sentido racional- ha provocado el nuevo marxismo, que no es la guerra de clases, sino la guerra de sexos, mucho más letal que aquélla, pues convierte la batalla en global universal. En ella estamos, y alguien debe gritar que el emperador camina desnudo, pero el virus continúa haciendo estragos en la racionalidad humana. Además, no olvidemos que el feminismo siempre acaba en lesbianismo y que el objetivo de las feministas no es otra cosa que una sociedad de amazonas, un horror que supera al de cualquier tiranía conocida. No, la crisis no es la violencia de género –eso es una consecuencia- sino la degradación de la mujer. Y es una crisis terrible: ojalá pase cuanto antes, aunque me temo que la dormidera feminista bloquea el inicio de la solución: que la mujer sea consciente del origen de su amargura.

Y no hablo de doña Teresa y doña Ana, que conste.

Eulogio López

Hispanidad, 24 de noviembre de 2006

Juan Velarde destaca que lo que precipitó la guerra “no fue la crisis económica sino la ideología”

Juan Velarde destaca que lo que precipitó la guerra “no fue la crisis económica sino la ideología”

El destacado economista y Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, Juan Velarde, participó en una mesa redonda sobre “Sociedad y economía en la República y la Guerra Civil”

“No fue la situación de crisis económica sino la ideología, la que precipitó la guerra”. Más allá de un análisis económico, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, afirmó en el "II Congreso Internacional La República y la Guerra Civil. Setenta años después" organizado por las Universidades CEU Cardenal Herrera y CEU San Pablo, que los empeños republicanos que impidieron el desarrollo de la economía en España fueron, en gran medida, la autarquía y la burocracia bilateral.

En este sentido, ahondó en “la creencia del que el desarrollo sería más fuerte si se eliminaba la competencia externa”. En definitiva, la República preveía una burocracia bilateral basada en el “yo te compro si tú me compras”.

Pero, ¿cuáles son las causas de estos acontecimientos? Para el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Cantabria, Germán Rueda, el proceso de urbanización y crecimiento de la población, la disminución de las migraciones exteriores y los cambios en la propiedad agrícola, fueron circunstancias que originaron “un doble fraccionamiento, entre norte y sur; entre ciudades adormecidas y urbes desarrolladas”.

Así, señaló que esta situación “contribuyó a generar la situación de tensión social en la que se desarrolló la Guerra Civil”. Pese a ofrecer un análisis histórico de tipo estructural, Rueda no ha restado importancia a los aspectos políticos en el desencadenamiento del conflicto bélico, “porque este panorama también se daba simultáneamente en países vecinos como Italia o Portugal”. Es más, “las medidas republicanas acrecentaron la tensión más de lo que la coyuntura por sí sola generaba”, concluyó.

Análisis Digital, 23 de noviembre de 2006

MAYOR OREJA EN EL CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA. Así se ganan las elecciones

MAYOR OREJA EN EL CONGRESO CATÓLICOS Y VIDA PÚBLICA. Así se ganan las elecciones

Llegó, habló, convenció y venció. Jaime Mayor Oreja es un político vocacional de quien el pueblo, ahora se dice la ciudadanía, se siente orgulloso. Pero no porque, con las honrosas excepciones de Jorge Fernández, Eugenio Nasarre, y unos pocos más, represente la reserva católica del Partido Popular.

Ese grupo natural, por desgracia, está aparentemente menguado en su presencia pública y publicada y parece en peligro de extinción, como si fuera una especie que ha marcado y definido el pasado pero que, ahora, está inhabilitado para ejercer un liderazgo aglutinador en el futuro. Una de las causas del errático sino del Partido Popular es la contradicción interna que tiene cuando apalea a sus profetas, a los hombres que tienen convicciones y son capaces de crear convenciones para regirse por algo más que las encuestas y los sondeos de opinión. Si los líderes de la derecha española son sólo producto de la demoscopia, la realidad social de quienes les votan siempre se sentirá insatisfecha y mareada por el cambio.

Hablamos de un hombre que conoce las artes y las partes de su oficio, que se legitima por el ejercicio de una permanente responsabilidad acreditada en todas y cada uno de las tareas que se le han encomendado. Jaime Mayor Oreja es, sin temor y sin temblor, un político de los que no abandonan el barco.

La altura moral, cultural e histórica de las naciones también se mide por la altura de sus representantes políticos. La política profesional, de la que se ha hablado con profusión en las últimas décadas y que padecemos con algo más que sonrojo en nuestro país, no es una máscara para los disfraces de lo útil, de lo práctico, de la pura estrategia, de la revancha o del infantilismo de talante. La política, en el más pleno sentido de la palabra, es un bien escaso, porque parte siempre de unos presupuestos que no son principalmente políticos, son antropológicos y culturales, éticos en suma. El efecto de solaz y sorpresa que produjo la intervención de Mayor Oreja es un síntoma más de que el desprestigio de la clase política en la ciudadanía sólo tiene un remedio: los buenos políticos, los hombres y mujeres que sustentan su actuación en un juicio cultural de la realidad desde una concepción del hombre acreditada por la experiencia de la historia.

El pasado domingo, el portavoz del grupo popular en el Parlamento europeo ofreció a los participantes en el Congreso Católicos y Vida Pública uno de los testimonios más certeros sobre los principios que deben regir la actividad política. Sonaba su confesión de arte y parte, de razón y de razones, a descargo de conciencia, a secreto guardado en lo profundo de su corazón que, en este tiempo, es imposible callar. Ante un auditorio exigente en el mundo de las ideas y de la coherencia donde los haya; ante la atenta mirada de don Manuel Fraga, responsable de muchos de los derroteros de la derecha ideológica y sociológica de España; en presencia, entre otros, de Marcelino Oreja, o de José Manuel Otero Novas, Jaime Mayor Oreja grabó sobre la piedra del agitado hoy diez mandamientos del quehacer político que merecen inspirar el Olimpo de los programas electorales.

Se puede decir más alto, pero no más claro: "La situación política que atraviesa en estos momentos nuestro país es, en mi opinión, la más grave desde el momento en que empieza la Transición en España. Y cuando digo la más grave digo la más peligrosa, la más perjudicial y la más innecesaria", dijo el ponente. ¿Qué podemos hacer los católicos? ¿Qué deben hacer los políticos católicos? Grandes ideas, pequeñas acciones: "Atrevámonos a decir siempre la verdad; actualicemos, profundicemos y proclamemos nuestras convicciones y nuestros valores; la defensa de la familia y de la libertad de educación constituyen pilares esenciales y urgentes de nuestro quehacer público; sepamos estar siempre en la vanguardia de la libertad; seamos capaces de saber organizarnos de la mejor forma posible en cada momento; busquemos y encontremos el sentido adecuado de nuestro bienestar; hay que acrecentar el dialogo y la coordinación de los esfuerzos de los cristianos que estamos en la vida pública con la Iglesia y sus representantes; atrevámonos a diagnosticar a nuestro adversario más temible, al más difícil de combatir; sepamos alejarnos de lo políticamente correcto; no tengamos miedo". Así también se ganan elecciones.

José Francisco Serrano Oceja
Libertad Digital, suplemento Iglesia, 23/11/2006

 

Autobuses para la manifestación de AVT desde Navarra

Autobuses para la manifestación de AVT desde Navarra

La AVT nos convoca a manifestarnos en Madrid el próximo sábado día 25 con el lema: RENDICIÓN EN MI NOMBRE ¡NO!

VECINOS DE PAZ organiza autobuses desde Pamplona y Tudela.

Teléfono de contacto: 699 24 77 76

¡¡¡ACUDE!!!