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Las posibilidades y límites de la ciencia, según Benedicto XVI

Las posibilidades y límites de la ciencia, según Benedicto XVI


Discurso a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias

CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 6 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que pronunció Benedicto XVI este lunes a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias, reunidos en Roma, con motivo de su asamblea plenaria celebrada sobre el tema: «La posibilidad de predicción en la ciencia: precisión y limitaciones».
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Excelencias, señores y señoras:
Saludo con mucho gusto a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias con motivo de esta asamblea plenaria, y doy las gracias al profesor Nicola Cabibbo por las gentiles palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. El tema de vuestro encuentro, «La posibilidad de predicción en la ciencia: precisión y limitaciones», constituye una característica distintiva de la ciencia moderna. La posibilidad de predicción, de hecho, es una de las razones principales del prestigio del que goza la ciencia en la sociedad contemporánea. La institución del método científico ha dado a las ciencias la capacidad de prever los fenómenos, de estudiar su desarrollo y, por tanto, de controlar el ambiente en el que el vive el ser humano.

El creciente «avance» de la ciencia, y especialmente su capacidad para controlar la naturaleza a través de la tecnología, en ocasiones ha sido asociado con una correspondiente «retirada» de la filosofía, de la religión e incluso de la fe cristiana. De hecho, algunos han visto en el progreso de la ciencia y de la tecnología modernas una de las principales causas de secularización y materialismo: ¿por qué invocar el dominio de Dios sobre esos fenómenos, cuando la ciencia ha mostrado su propia capacidad de hacer lo mismo?

Ciertamente la Iglesia reconoce que el hombre «gracias a la ciencia y la técnica, ha logrado dilatar y sigue dilatando el campo de su dominio sobre casi toda la naturaleza» de manera que «un gran número de bienes que antes el hombre esperaba alcanzar sobre todo de las fuerzas superiores, hoy los obtiene por sí mismo» (Gaudium et spes, n. 33). Al mismo tiempo, el cristianismo no plantea un conflicto inevitable entre la fe sobrenatural y el progreso científico. El punto de partida de la revelación bíblica es la afirmación de que Dios creó a los seres humanos, dotados de razón, y les puso por encima de todas las criaturas de la tierra. De este modo, el hombre se convirtió en quien administra la creación y en el «ayudante» de Dios. Si pensamos, por ejemplo, en la manera en que la ciencia moderna, ha contribuido a la protección del ambiente, previendo los fenómenos naturales, al progreso de los países en vías de desarrollo, a la lucha contra las epidemias y al aumento de la esperanza de vida, queda claro que no hay conflicto entre la Providencia de Dios y la acción del hombre. De hecho, podríamos decir que el trabajo de prever, controlar y gobernar la naturaleza, que la ciencia hace hoy más factible que en el pasado, forma parte en sí mismo del plan del Creador.

Sin embargo, la ciencia, si bien es generosa, sólo da lo que tiene que dar. El ser humano no puede depositar en la ciencia y en la tecnología una confianza tan radical e incondicional, como para creer que el progreso de la ciencia y la tecnología puede explicarlo todo y satisfacer plenamente sus necesidades existenciales y espirituales. La ciencia no puede sustituir a la filosofía y a la revelación, dando una respuesta exhaustiva a las cuestiones fundamentales del hombre, como las que conciernen al sentido de la vida y de la muerte, a los valores últimos y a la naturaleza del progreso.

Por este motivo, el Concilio Vaticano II, tras haber reconocido los beneficios alcanzados por los progresos científicos, subrayó que «el método de investigación […] se considera sin razón como la regla suprema para hallar toda la verdad», añadiendo que se da «el peligro de que el hombre, confiado con exceso en los inventos actuales, crea que se basta a sí mismo y deje de buscar ya cosas más altas» (Ibidem, n. 57).

La posibilidad de predicción científica suscita también la cuestión de las responsabilidades éticas del científico. Sus conclusiones tienen que estar guiadas por el respeto de la verdad y por el reconocimiento honesto, tanto de la precisión como de las inevitables limitaciones del método científico. Ciertamente esto significa evitar innecesariamente predicciones alarmantes cuando no están sostenidas por datos suficientes o sobrepasan la capacidad actual de la ciencia para hacer previsiones. Al mismo tiempo, se debe evitar lo contrario, es decir, callar, por temor, frente a los auténticos problemas. La influencia de los científicos en la formación de la opinión pública en virtud de su conocimiento es demasiado importante como para ser socavada por una indebida precipitación o por una publicidad superficial.
Como mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, observó en una ocasión: «Por eso los científicos, precisamente porque "saben más", están llamados a "servir más". Dado que la libertad de que gozan en la investigación les permite el acceso al conocimiento especializado, tienen la responsabilidad de usarlo sabiamente en beneficio de toda la familia humana» (Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, 11 de noviembre de 2002).

Queridos académicos, nuestro mundo os mira a vosotros y vuestros colegas para comprender claramente algunas de las posibles consecuencias de muchos fenómenos naturales. Pienso, por ejemplo, en las constantes amenazas al medio ambiente que afectan a poblaciones enteras y la necesidad urgente de descubrir fuentes alternativas de energía, seguras y disponibles para todos. Los científicos encontrarán ayuda en la Iglesia a la hora de afrontar estos temas, porque ha recibido de su divino Fundador la tarea de encaminar a las conciencias hacia el bien, la solidaridad y la paz. Precisamente por este motivo considera que tiene el deber de insistir en que la capacidad científica de control y previsión no se debe emplear jamás contra la vida y la dignidad del ser humano, sino que debe ponerse siempre a su servicio y al de las generaciones futuras.

Hay, por último, una reflexión que nos puede sugerir hoy el tema de vuestra asamblea. Como han subrayado algunas de las relaciones presentadas en los últimos días, el mismo método científico, en su capacidad de reunir los datos, elaborarlos y utilizarlos en sus proyecciones, tiene límites propios que restringen necesariamente la posibilidad de predicción científica en determinados contextos y aspectos. La ciencia, por tanto, no puede querer proporcionar una representación completa y determinista de nuestro futuro y del desarrollo de cada fenómeno que estudia.

La filosofía y la teología podrían aportar, en este sentido, una contribución importante a esta cuestión fundamentalmente epistemológica, ayudando por ejemplo a las ciencias empíricas a reconocer la diferencia entre la incapacidad matemática para predecir ciertos acontecimientos y la validez del principio de causalidad, o entre el determinismo o la contingencia (casualidad) científicos y la causalidad a nivel filosófico, o más radicalmente, entre la evolución como el origen de una sucesión en el espacio y el tiempo, y la creación como el origen último de del ser participado en el Ser esencial.

Al mismo tiempo, hay un nivel más elevado que necesariamente supera todas las predicciones científicas, es decir, el mundo humano de la libertad y de la historia. Mientras que el cosmos físico puede tener su propio desarrollo espacio-temporal, sólo la humanidad, en sentido propio, tiene una historia, la historia de su libertad. La libertad, como la razón, es una parte preciosa de la imagen de Dios dentro de nosotros, y nunca podrá quedar reducida a un análisis determinista. Su trascendencia con respecto al mundo material tiene que ser reconocida y respetada, pues es un signo de nuestra identidad humana. Negar esta trascendencia en nombre de una supuesta capacidad absoluta del método científico de prever y condicionar el mundo humano implicaría la pérdida de lo que es humano en el hombre y, al no reconocer su unicidad y su trascendencia, podría abrir peligrosamente las puertas a su abuso.

Queridos amigos, al concluir estas reflexiones, os aseguro una vez más mi profundo interés por la actividad de esta Academia Pontificia y mis oraciones por vosotros y por vuestras familias. Invoco sobre todos vosotros las bendiciones de la sabiduría, la alegría y la paz de Dios omnipotente.

[Traducción del original inglés realizada por Zenit
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]

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Acto conmemorativo en Sevilla de la "Noche de los cristales rotos"

Acto conmemorativo en Sevilla de la "Noche de los cristales rotos"

El próximo 9 de noviembre se conmemora en todo el mundo "La Noche de los Cristales Rotos" fecha fatídica que recuerda el inicio en1938 de la persecución a los judíos en la Alemania nazi. Fue el pistoletazo de salida del más aberrante crimen contra la humanidad cometido en todo el siglo XX que culminaría con el exterminio de 10 millones de seres humanos, entre ellos 6 millones de judíos.

Este es el motivo por el cual organizamos un acto conmemorativo que tendrá lugar el próximo jueves 9 de Noviembre a las 18:00 horas en la Puerta del Ayuntamiento de Sevilla con el que rendiremos homenaje a todas las víctimas del antisemitismo y otras formas de intolerancia a lo largo de la historia.

Dicho acto consistirá en la lectura de un manifiesto en memoria de las victimas del Holocausto y en la construcción del Guernika de Picasso pintado por nuestr@s voluntari@s en recuerdo de las victimas de la intolerancia.

Se hará entrega a todos los participantes de un folleto informativo y una vela como símbolo por la memoria de las victimas.

Marga González (Coordinadora Provincial, Movimiento contra la Intolerancia).

 

El varón castrado

El varón castrado

Es el título del libro más políticamente incorrecto de la temporada. Su autor denuncia que el hombre es la víctima real de la ley contra la Violencia de Género JOSÉ DIAZ HERRERA

Alcanzado por el dardo invisible de mi mirada, el miembro de Médicos sin Fronteras, colaborador de radio y televisión, J. S., sufrió en 2005 uno de los procesos inquisitoriales más traumáticos de su vida.

Previamente, la voz melodiosa de una mujer le dijo al teléfono: «Te llamo de la comisaría de la calle Rubio Gali. Tienes una denuncia por malos tratos y queremos charlar contigo. ¡Pura formalidad! ¿Puedes pasarte por aquí?». Semanas antes había entrado en vigor la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Acostumbrado a vivir el dolor de las guerras que asolan Africa, el médico se presentó en comisaría a pecho descubierto.

Nada más identificarse, sin leerle sus derechos ni informarle de qué se le acusaba, un grupo de agentes procedió a tomarle las huellas dactilares, a hacerle fotos de frente y de perfil. Luego le colocaron unas esposas para conducirle a los calabozos.

«Ya que me van a enchironar quiero que vean esto», planteó mientras entregaba un DVD a una de las mujeres policías. La agente lo cogió con desgana y le echó un vistazo. Pero la escena que le devolvió el ordenador le puso los pelos de punta. Una mujer, blandiendo un enorme cuchillo de cocina, corría tras el médico, le acorralaba y le apuñalaba.

La policía reconoció en las imágenes a la mujer que había puesto la denuncia. Pero no se conmovió. Si duras fueron las lesiones causadas por el arma blanca, más dolorosa fue la respuesta que el presunto acusado escuchó de los labios del agente: « ¡Qué le habrá hecho usted a su mujer para que le clave un cuchillo!».

Estudioso de la violencia familiar, J. S. no pudo contenerse: « ¿Insinúa que soy culpable de que mi mujer haya querido matarme?».

«Una mujer no hace eso si no se le provoca», contestó la policía.«Es decir, usted juzga a la gente por sus perjuicios feministas. No admite que haya mujeres asesinas, malvadas, arpías, dispuestas a asesinar a su marido para quedarse con sus hijos y su casa», se defendió él.

Para reafirmar su tesis de hombre maltratado, J. S. entregó a la agente una treintena de partes de lesiones de distintos centros de salud de Madrid. La agente los leyó uno tras otro. Como aquella situación no figuraba en su protocolo de actuación no supo qué hacer y elevó el caso a sus superiores.

«Las pruebas están a su favor y es probable que condenen a su esposa por intento de asesinato pero yo tengo una denuncia por malos tratos de su mujer. Esta noche tendrá que dormir en el calabozo», le dijo el responsable del centro.

J. S. parecía estar viviendo en un país de locos la peor pesadilla de su vida. Su mujer había querido matarle, había presentado las pruebas a la policía, y le «condenaban» a él.

Al final, logró que le dejaran volver a su casa con la promesa de acudir al día siguiente al Juzgado. «Se va con el compromiso de encerrarse con llave. Porque si su mujer se presenta en casa y usted la mata, quien se juega el pan de los hijos soy yo», le ordenó el oficial de policía.

Durante el año largo en que estuve investigando por los juzgados de toda España mi libro El Varón Castrado. Verdades y mentiras de la violencia doméstica en España, que se publica la próxima semana, tuve acceso a más de 3.000 sumarios judiciales, viví centenares de situaciones tan o más esperpénticas como la anterior. Veamos otro caso.

Siete meses antes, M.D., ingeniero industrial, tuvo una pelea con su esposa en su domicilio de la calle Menéndez Pelayo de Madrid. Como él no quería discutir, su mujer le provocó empujándole contra una cómoda causándole una lesión en la espalda. El varón reaccionó y le devolvió el golpe.

Poco después la policía se lo llevó detenido a la comisaría de la calle Huertas. Ella le había denunciado por malos tratos. Allí le tomaron las huellas, le quitaron sus objetos personales, incluido el reloj y los cordones de los zapatos, las medicinas para combatir un resfriado, sus gafas (tiene 5 dioptrías en cada ojo) y lo metieron en el calabozo.

Era viernes y los Juzgados de Violencia estaban cerrados. Al día siguiente lo trasladaron a la comisaría de Moratalaz donde volvieron a reseñarle. El lunes lo presentaron en Plaza de Castilla después de pasar tres días encerrado, alimentado sólo con zumo y galletas.

Allí se encontró con la primera sorpresa. El juez negó a su abogado el derecho a representarle y nombró uno de oficio que, nada más verle, le preguntó cuánto ganaba. Luego le recomendó que firmara una sentencia de conformidad: «Así aceptas una condena de 7 meses, evitas una pena mayor y no te expones a ir a prisión», le dijo el letrado.

Después de tres noches sin pegar ojo, víctima de un principio de neumonía, desorientado, sin ver un palmo más allá de sus narices, M. D. solo quería salir del infierno. Esposado, tras un «juicio» de diez minutos firmó lo que le pusieron delante y acabó la pesadilla.

Por la tarde, le soltaron, le entregaron una bolsa de basura y una patrulla le acompañó a recoger sus objetos personales. La vivienda, regalo de su madre, le fue adjudicada por el juez a su ex mujer y a sus dos hijos a los que debía pasar una pensión de 600 euros.

Todo aquello por lo que un hombre lucha -familia, hijos, hogar, patrimonio- se lo habían arrebatado en un juicio fotocopia, defendido por un desconocido.

«Bajo el shock traumático del calabozo, enfermo, sin asesoramiento, sin prestar declaración ante el juez, sin que le leyeran la acusación ni ser escuchado y sin que nadie le explicara las consecuencias de una sentencia firme e inamovible mi cliente fue condenado sin juicio», afirma su letrada Patricia Gómez. «El asunto no tiene parangón en la jurisprudencia de ningún país civilizado. Es tan grave que clama al cielo».

Hoy la gran tragedia de M. D., similar a la de otros miles de hombres, es cómo les contará el día de mañana a sus hijos, que él no es un maltratador, que nunca pegó a su madre, salvo para defenderse.

REALIDAD INVISIBLE

Escenas como las narradas, propias de un relato de Kafka, ocurren centenares de veces al día. Son tan aberrantes que para recrearlas habría que resucitar al escritor checo, clonarlo un millar de veces, y poner a todos sus clones a escribir sin descanso.

Y es que en España hay una realidad invisible que raramente aparece en los medios: la persecución sistemática del hombre por el mero hecho de serlo, la violación continua de su derecho a la presunción de inocencia, su condena sin ser oído y la creencia unánime de que un alto porcentaje de los varones son maltratadores genéticos y que hay que darles caza, sin tregua ni cuartel.

Los datos de esta nueva Inquisición son harto elocuentes. Desde comienzos de 2004, en que se puso en marcha la orden de protección, más de 250.000 varones han sido sacados por la fuerza de sus casas, separados de sus familias, desposeídos de sus bienes en juicios inapelables y muchos enviados a la cárcel como si se tratara de individuos no reciclables para la sociedad.

Paralelamente, 190.000 varones, han sido fichados en el Registro de Maltratadores y más de 25.000 desterrados en 2005 de su entorno mediante órdenes de alejamiento, el instrumento más eficaz para acabar con muchos matrimonios, ya que pueden durar varios años.

Y es que la Ley de Violencia de Género es como un revólver. Aniquila a los hombres sin atender a razones, con la mecánica de las armas. Según el Observatorio del CGPJ, durante su primer año de vigencia, se detuvo en España a 150.000 varones (160.000 de acuerdo con las cifras aportadas en los cursos de Verano de El Escorial), más de 400 por día.

Una Ley destinada a perseguir al hombre, a veces sin otra prueba que la denuncia telefónica de su compañera, no tiene parangón en ningún país europeo. La medida podría tener justificación si la violencia familiar fuera superior a la del resto de los países del entorno. Ocurre lo contrario. España es uno de los países más pacíficos de Europa. Un informe del Centro Reina Sofía del 2000 revela que la tasa de uxoricidios era del 2'44 por millón, cifra por debajo de la cual sólo estaban Islandia, Irlanda, Holanda y Polonia. El resto de las naciones civilizadas -Finlandia, Dinamarca, Suecia, Rumania, Reino Unido, Italia, Alemania o Francia-, ofrecen cifras de asesinatos de mujeres hasta cinco veces más altas.

La tendencia a judicializar los conflictos familiares, dando el mismo tratamiento penal a la violencia ocasional y a la habitual, prohibiendo la mediación y el perdón, con ser grave no es lo más pernicioso. Lo es el hecho de establecer como verdad incuestionable que las riñas entre parejas tienen siempre un elemento activo que trata de imponer su autoridad por la fuerza -el hombre- y otro pasivo, la mujer, víctima ancestral del dominio del macho.

Un enfoque maniqueo que no se compadece con la realidad. Así, en 2001 E.R.P. fue detenida en Barcelona por matar a su primo de 27 puñaladas; C.P. pasaportó a tiros a Antonio Quintana; E.G.G. despachó a su compañero a martillazos; M. S. apuñaló 18 veces a su amante en Valencia; a Restituto Rojo su hija le cortó el cuello de un tajo y una mujer estranguló a un paralítico en Valencia. Son sólo algunos de los asesinatos cometidos por mujeres en el año en el que 35 varones fueron ultimados.

Sus muertes son silenciadas. Aunque nadie duda de que el hombre es más violento que la mujer, la lista de varones asesinados por sus parejas es irrebatible. Pero como afirma la catedrática de la Politécnica de París, Elisabeth Badiner, discípula de Simone de Beauvoir, «nadie las cita; para conseguir leyes protectoras hay que demostrar que somos víctimas de los hombres».

AGRESIVAS

Erin Pizzey, la feminista que abrió el primer refugio para maltratadas en Londres, lo corrobora: «La violencia no es cuestión de sexo. De las primeras 100 mujeres que entraron en mi refugio 72 eran más agresivas que sus maridos».

Y es que la Ley contra la Violencia de Género, manejada por el feminismo de la reivindicación, es un maquiavélico instrumento para acelerar las políticas de igualdad entre sexos. Es cierto que nació con otros fines. Convertida en el proyecto estrella del Gobierno Zapatero, fue aprobada en el 2004 con el loable propósito de acabar con los asesinatos de las mujeres.

Conviene señalar, no obstante, que no fue la primera norma puesta en vigor con ese encomiable fin. La aplicación del Código Penal como medio para frenar los conflictos familiares, comenzó a esgrimirse a partir de la reforma de 1989 que castiga la violencia en su artículo 425.

El Código Belloch (1995), amplió los sujetos y los tipos penales. Imbuido de la filosofía del palo, el PP, en lugar de agravar las condenas a los asesinos de mujeres, violadores, o maltratadores habituales, siguió la senda de meter a todos los hombres en el mismo saco.

Pese a que un informe de la Universidad de Zaragoza reveló en el 2000 que sólo el 18% de las mujeres asesinadas habían denunciado malos tratos, el PP ensanchó las barreras punitivas para abarcar a mayor número de varones. Legislando con encuestas manipuladas, a golpe de opinión pública impulsó los juicios rápidos, estableció la orden de alejamiento y toda una panoplia de normas, encaminadas a proteger a uno de los elementos del conflicto.

Tras alcanzar el poder, al PSOE solo le bastó dar una vuelta de tuerca para convertir en sospechosa a la mitad de la población. Actuando como un potente bulldozer, la maquinaria policial del Estado con una simple denuncia ha detenido a hombres de 90 años, dementes, drogadictos o mendigos por no tomarse su medicación; se ha llevado de sus casas a hombres en calzoncillos y ha interrogado a menores en el colegio para localizar al padre.

Con una norma que convierte las faltas más nimias en delitos, no es extraño que los juzgados estén colapsados por varones que han dado un tirón de orejas a su mujer porque ella le quitó el coche, por individuos acusados de beber de la botella de agua de sus esposas o por parejas que riñen por el mando del televisor, asuntos todos ellos de escasa entidad desde el punto de vista del reproche penal, pero convertidos artificialmente en delitos. La reforma de la Ley del Divorcio ha enturbiado aún más el panorama.

El 11 de julio de 2005, el rumano Julian Grosu se quemó a lo bonzo hasta morir frente al Parlamento de Bucarest. Tomó la drástica decisión tras 15 meses de lucha, para que se cumpliera la Convención de la Haya y los tratados internacionales.

Dos años antes Grosu se separó de su mujer en su país y los tribunales le concedieron la guarda y custodia de su hijo. En un viaje a España, donde residía su ex mujer, fue detenido y un juez, vulnerando la soberanía de los tribunales rumanos, le quitó al menor y se lo entregó a su mujer.

Su caso no es único. Miles de padres luchan en España por la custodia compartida de sus hijos e incluso para que se penalice su secuestro durante años en las casas de acogida sufragadas por el Estado, vulnerando los autos judiciales.

Porque, si hace años parecía justificado que tras la ruptura matrimonial los hijos vivieran con la madre al disponer de más tiempo, en 2006 en que el 52% de las mujeres trabajan es lógico que por lo menos un porcentaje similar de hombres comparta su cuidado.

No ocurre así. Al tramitarse la Ley de Divorcio, el feminismo radical presionó a Zapatero para impedir la custodia compartida. «Quitarle a la madre el control de los menores supone echarla de la casa, suprimir la pensión y arrojarlas a la marginalidad», argumentaron. «No hacerlo es fomentar el parasitismo de la mujer, condenarla a depender del hombre o del Estado», arguyeron las dirigentes de Nuevo Feminismo.

Por eso, transcurridos 17 años desde que el Código Penal entró en la familia, las medidas se han manifestado inútiles. Lo reconoció el Fiscal General del Estado: «La Violencia de Género ha crecido en el último año en un 52%».

Y es que, una norma que castiga en exceso, que lleva a cabo todos los días una razzia de más de 400 hombres sin dejarles otra salida que la miseria, e induce a muchos varones a quitarse la vida para escapar de ella no es buena. Miles de condenados, con la colaboración de sus mujeres, la incumplen al negarse a acatar las órdenes de alejamiento. Muchas mujeres se aprovechan de ella y denuncian malos tratos para obtener un divorcio en 24 horas y centenares de parejas la hacen inservible al negarse a declarar.

Por eso, a la Ley contra la Violencia de Género habría que derogarla sin dilación como se ha pedido en más de 100 autos al Constitucional. Aunque sólo fuera para salvar el honor de centenares de jueces, policías y fiscales que tratan de aplicar una norma que divide a la sociedad, casi por partes iguales, en buenos y malos.

El varón castrado, de José Díaz Herrera (Editorial Planeta), sale a la venta el próximo 16 de noviembre.


20.000 AGRESORES JUZGADOS EN UN AÑO

D os hombres, de 42 y 37 años, han detenidos esta semana, en Basauri y Portugalete, acusados de agredir a sus parejas; la Audiencia de Girona ha condenado a 11 años de cárcel al hombre que prendió fuego a su ex mujer... En lo que va de 2006 ya han muerto 59 mujeres y el balance final posiblemente superará las 62 víctimas de 2005. La Ley Integral contra la Violencia de Género no ha logrado frenar la sangría.

JUZGADOS. 436 juzgados de Violencia sobre la mujer (17 de ellos dedicados en exclusiva a las denuncias presentadas por ellas) echaron a andar en junio de 2005. En un año, han atendido 148.448 asuntos: un 20% de solicitudes de protección, un 45% lesiones, un 13% contra la libertad, un 8% contra la integridad moral...

PROTECCION. Un total de 35.540 mujeres solicitaron protección (el 10% extranjeras), que fue facilitada a 27.366. En un 97% de los casos se concedió una orden de alejamiento, prohibición de comunicación (87%), prohibición de volver al lugar de residencia de la víctima (26%), suspensión de tenencia y uso de armas (18%) y cárcel para el agresor (11%).

CONDENADOS. En poco más de un año, 20.000 agresores han sido enjuiciados. El 98% eran hombres. Ocho de cada 10 fueron condenados. De las 436 mujeres juzgadas, 266 (el 61%) fueron condenadas.

TELEASISTENCIA. El servicio, vía móvil, fue puesto en marcha a finales de 2004 y permite a las víctimas estar en contacto 24 horas al día con el Centro de Atención. En caso de peligro vital, el «botón del pánico» las conecta directamente con la Policía. Hasta marzo de 2006 contaba con 3.141 usuarias en toda España.

TERAPIA. Existen programas para la rehabilitación de maltratadores en 33 de las 64 prisiones. En junio pasado participaban en ellos 319 presos. En esa misma fecha, unos 1.700 maltratadores condenados a someterse a terapia, estaban aún pendientes de acudir a los cursos de rehabilitación.

SUICIDIO. Según la Federación de Mujeres progresistas, el 64% de las víctimas de la violencia doméstica ha intentado suicidarse y un 80% lo ha pensado.

El Mundo, 5 de noviembre de 2006

Cardenal Antonio Cañizares: El relativismo ético amenaza la convivencia

Cardenal Antonio Cañizares: El relativismo ético amenaza la convivencia


Intervención en las Semanas Sociales de España

TOLEDO, sábado, 4 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso de apertura de la Semana Social de España, que se celebra del 2 al 5 de noviembre en Toledo, pronunciado por el cardenal Antonio Cañizares Llovera. El tema de la Semana es «Propuestas cristianas para una cultura de la convivencia».


No es casual que se celebre en Toledo esta Semana Social, que va a tratar una importantísima cuestión, nada menos que: "Propuestas cristianas para una cultura de la convivencia", tan urgentes y necesarias en los tiempos que corremos. Digo que no es casual porque aquí tuvo lugar, en el año 589, el Tercer Concilio de Toledo, "dato histórico, eclesiástico y europeo de primer orden", en palabras de quien hoy es el Papa Benedicto XVI, en una conferencia en Madrid en uno de los actos programaos para conmemorar el XIV centenario de este Concilio,

El entonces Cardenal Ratzinger añadía en aquella ocasión: "La España de aquel tiempo estaba dividida internamente en un doble sentido. Al enfrentamiento étnico entre la población románica y la germánica, se sumaba la correspondiente oposición religiosa entre las versiones católica y arriana del cristianismo. Las contraposiciones de la sangre sólo podían ser salvadas por la unidad del espíritu; ambos pueblos podían crecer y caminar juntos, por senda de la unidad en la fe... No volvemos nuestro pensamiento a estos acontecimientos Históricos para refugiarnos en el pasado. El Concilio de Toledo ha creado futuro ha construido Europa, produciendo unidad a partir de la fuerza del espíritu. En el Encuentro con el Concilio, buscarnos modelos de unidad, al no que pueda reunir a unos y otros y abrir caminos para avanzar" (J. Ratzinger), En esta Semana Social también buscamos y esperamos hallar, en las fuentes y propuestas cristianas, caminos por los que avanzar por las sendas de la unidad y de la convivencia entre los pueblos, las razas, las religiones, las gentes, en definitiva.

En esta Semana van a estar presentes preguntas como éstas: ¿Qué puede dar unidad y edificar convivencia entre los hombres y los pueblos? ¿Que fuerzas pueden servir a la edificación de un nuevo futuro para una cultura de la convivencia? ¿Es todavía la fe cristiana, también hoy, mil cuatrocientos diecisiete años después del Tercer Concilio de Toledo una fuerza así? (Cf. J. Ratzinger). Si el camino trazado y emprendido en aquel momento fue quebrado siglos más tarde de algún modo y recuperado, de nuevo en Toledo, con la llegada a Toledo y restablecimiento del rey cristiano. A partir de entonces se origina una convivencia que ha dado lugar a la denominación de Toledo, como la "Ciudad de las tres culturas", no sin una cierta carga de mito de todos conocido.

En todo caso, Toledo representa y es signo de unidad, de convivencia y de una verdadera tolerancia que tiene sus raíces y fundamentos cristianos. Hoy, una de las palabras que está más en boga en el lenguaje público es "tolerancia". Y es verdad que estamos muy necesitados de ella. Se trata de una exigencia básica para las relaciones humanas. Necesitamos vivir en la tolerancia, entendida ésta como obligado respeto a la conciencia y a las convicciones ajenas; la necesitamos como base firme para una convivencia en libertad. La necesitamos en un mundo intolerante, abundante, por desgracia, en rechazos por doquier.

Ojalá, por el bien común de la convivencia, que no se hiciese de la "tolerancia" una palabra manida, un «slogan». Con seguridad, habría que hablar poco de tolerancia y, sin embargo, ser en la realidad muy respetuosos unos de otros. Esto requiere un largo aprendizaje. Un aprendizaje que no es ajeno al reconocimiento de la verdad. Cuando la tolerancia se entiende como indiferencia relativista que cotiza a la baja todo asomo de convicción personal o colectiva, o cuando domina la persuasión de que no hay verdades absolutas, de que toda verdad es contingente y revisable y de que toda certeza es síntoma de inmadurez y dogmatismo, o cuando se estima que tampoco hay valores que merezcan adhesión incondicional y permanente entonces es muy difícil que se construya una sociedad tolerante y una cultura de la convivencia.

Estimo que uno de los enemigos más fuertes y más difíciles para una sociedad tolerante y para cultura de la convivencia es el relativismo y el desplome ético que caracteriza muchos aspectos de la cultura contemporánea. Incluso, "no falta quien considera este relativismo ético como una condición de la democracia, ya que sólo él garantizaría la tolerancia, el respeto recíproco entre las personas y la adhesión a las decisiones de la mayoría, mientras que las normas morales, consideradas objetivas y vinculantes, llevarían al autoritarismo y a la intolerancia" (Juan Pablo II). Pero cuando faltan estas normas morales, objetivas y vinculantes para todos, por ejemplo en lo concerniente al respeto a la vida, todos somos testigos de las graves consecuencias que se originan.

"Es cierto, como señaló el Papa Juan Pablo II en su Encíclica sobre la vida, que en la historia ha habido casos en los que se han cometido crímenes en nombre de la 'verdad'. Pero crímenes no menos graves y radicales negaciones de la libertad se siguen cometiendo también en nombre del 'relativismo ético'. Si por una trágica ofuscación de la conciencia colectiva, el escepticismo llegara a poner en duda hasta los principios fundamentales de la ley moral, el mismo ordenamiento democrático -basado en el respeto y la tolerancia- se tambalearía en sus fundamentos, reduciéndose a un puro mecanismo de regulación empírica de intereses diversos y contrapuestos" (EV 70). Una sociedad tolerante y una cultura de la convivencia se asienta sobre la verdad que nos hace libres y se realiza en el amor. Una sociedad que destruya o disminuya la libertad, asentada en la verdad, o desvirtúe y desnaturalice la realidad del amor o la misma palabra "amor", va de camino hacia la intolerancia. Por ello, si queremos ser libres y construir una sociedad tolerante, busquemos y sirvamos a la verdad que se realiza en el amor.

La Iglesia se presenta en el mundo servidora de una verdad sobre el hombre y de una vida que ha encontrado en Jesucristo, camino verdad y vida, amor de Dios encarnado y crucificado por los hombres. Ella sabe que esta verdad es vida en libertad y en comunión y amor, en mano tendida, en acercamiento al extraño que yace malherido y despojado por otros, arrinconado y marginado, porque la libertad sólo nace del amor, y porque la única razón de ser de la libertad es hacer posible la comunión y el amor, el servicio respetuoso y atención sanante a todo hombre que es próximo a cada uno. Se trata de una libertad para buscar y adherirse a la verdad y al bien, para la comprensión y el respeto, para la longanimidad y el diálogo, para el amor y la misericordia.

Para el cristiano ser tolerante y ser factor de una cultura de la convivencia no debiera ser un añadido, pertenece a su misma entraña. Porque el cristiano es hombre de comunión, de diálogo, de encuentro; porque ha nacido del amor, de la comunión, del diálogo y del encuentro de Dios con el hombre en su Hijo Jesucristo. La tolerancia y la convivencia entre los hombres tan cercana y tan dentro de la comunión es posible si cada uno respeta la dignidad personal y humana de los demás. La comunión, la convivencia, y la tolerancia no existen cuando la colectividad se impone a los hombres; la tolerancia no es real si coexisten unos junto a otros con indiferencia y sólo buscan sus propias ventajas e intereses. La verdadera tolerancia tiende de suyo a la comunión, y sólo surge cuando uno percibe la dignidad inrobable del prójimo y la diversidad como riquezas, cuando le reconoce al prójimo la misma dignidad sin uniformidad que a uno mismo y está dispuesto a comunicarle sus propias capacidades y dones.

Esto es lo que he visto y contemplado en Jesucristo, esto es lo que he aprendido en la Iglesia y de su historia, esto es lo que nos va a ofrecer con gozo y sencillez a todos esta XL Semana Social en España, en el primer centenario de su andadura, aquí, en Toledo, para la que deseo y pido todos los frutos y bendiciones de Dios.
ZS06110401

La AVT convoca a toda la ciudadanía a una gran manifestación en Madrid el sábado 25 de noviembre a las 17:00 horas

La AVT convoca a toda la ciudadanía a una gran manifestación en Madrid el sábado 25 de noviembre a las 17:00 horas

La AVT exigirá que el Gobierno deje de claudicar ante los asesinos de ETA y que la reforma del Código Penal no beneficie a los terroristas

Desde que ETA-BATASUNA declarara una tregua trampa el pasado 22 de marzo, con vigor desde el día 24 del mismo mes, el Gobierno no ha dejado de ceder de manera continuada ante las exigencias de los terroristas. Han sido ocho meses de continuas claudicaciones frente al chantaje de los asesinos, jalonadas de evidentes desprecios a las víctimas del terrorismo.

El vaso, colmado ya hace tiempo, sigue rebosando. La próxima reforma del Código Penal, que está pasando casi inadvertida, va a suponer una gravísima irresponsabilidad, podría dejar en entredicho al Estado de Derecho y supondría un desprecio más al sufrimiento y a la dignidad de las víctimas. Con esta reforma, el Gobierno quiere rebajar las condenas impuestas a los asesinos de ETA y pretende librar de sus penas a los terroristas que aún están en la calle. Como ha recordado el Consejo General del Poder Judicial, los nuevos criterios para la prescripción de los delitos en los casos de delincuencia organizada, podrán provocar “inadmisibles situaciones de impunidad difícilmente asumibles para la sociedad”.

Las víctimas y toda la sociedad española quieren que termine el terrorismo, pero los asesinos no han pedido perdón, no se han arrepentido, no han abandonado las armas, continúan con sus amenazas, siembran el miedo en las calles y actúan como un partido político legal. No se puede ignorar el clamor de las víctimas: que se reconozca y no se olvide su sacrificio en defensa de la libertad y la democracia, que se respete y preserve su dignidad; y que se logre el cumplimiento íntegro de las penas y la aplicación sin miramientos de las leyes vigentes.

Ante el afán del Gobierno de ocultar y silenciar a todos aquellos que dejan en evidencia su proceso de rendición, desde la AVT pedimos que todos los ciudadanos de bien, las víctimas, los colectivos y organizaciones ciudadanas, hagan suya esta manifestación, la fomenten y difundan. A todos ellos les esperamos en Madrid, para que sean también protagonistas y constructores de la Rebelión Cívica, el próximo día 25 de noviembre, sábado, a las 17:00 horas.

Madrid, 6 de noviembre de 2006.-

Neocons

Neocons

De un tiempo a esta parte el término neocon (o neoconservador) se ha hecho común en el debate político. Se utiliza siempre como un insulto y con el ánimo de deslegitimar a quien se quiere ofender. Según nos dicen, es cosa de cábalas, lógicamente protagonizadas por judíos, en las que el culto a la guerra es sólo comparable a no sabemos cuántas cosas más. Con mucho, donde más uso se hace de él es en el entorno de Prisa.

Estos cachorros de falangistas se trasformaron en marxistas tras una ardua e intensa lectura de uno de los estudios filosóficos más interesantes de la segunda mitad del siglo XX, la breve introducción de Marta Harnecker al marxismo Los conceptos elementales del materialismo histórico. Caído el Muro de Berlín y disuelta la Unión Soviética, tuvieron que buscar mejor cobijo ideológico y, con la misma intensidad intelectual y el mismo compromiso ético, se reconvirtieron en progresistas, una corriente amorfa carente de un programa positivo pero siempre dispuesta a atacar cualquier escuela liberal-conservadora. Con el mismo rigor con que se hicieron marxistas y luego se transformaron en progres critican hoy el neoconservadurismo.

Los denominados neocons normalmente no se reconocen a sí mismos bajo este título y no se sienten parte de un grupo. Sin embargo, de hecho lo son. No aspiraban a crear una escuela de pensamiento; sencillamente, defendían sus posiciones en las batallas culturales que han caracterizado la historia reciente de Estados Unidos. Son, por encima de todo, un fenómeno norteamericano, una expresión de la fractura interna del Partido Demócrata tras la crisis moral producida por la guerra de Vietnam.

Después del ascenso de McGovern, y la consiguiente derrota de Jackson, los demócratas iniciaron una nueva etapa de su historia caracterizada por el relativismo moral, las políticas de discriminación positiva y las estrategias de apaciguamiento. Con el giro a la izquierda, un importante núcleo de intelectuales decidió marcar distancias y, finalmente, instalarse entre los republicanos. Algunos se quedaron, como el ya difunto senador Moynihan, que cedió su asiento en el Senado a Hillary Clinton, o el también senador Liberman. Otros, la mayoría, se incorporaron al Partido Republicano de la mano del también ex demócrata Ronald Reagan.

Son varios los libros que el lector puede encontrar en los anaqueles de la librerías anglosajonas sobre el fenómeno neoconservador. El último de ellos es del joven historiador británico Douglas Murray, de apenas 27 años. Su libro no es mucho mejor que algunos de sus precedentes, pero tiene unas características que lo hacen especialmente atractivo para el público español o en lengua española. Murray no ha participado en las citadas guerras culturales, escribe desde Europa, con un trasfondo histórico e ideológico bien distinto, y además lo hace desde una generación que irrumpe ahora en la vida pública. Con Murray el neoconservadurismo se hace más asequible y fácil de entender para alguien que no sea norteamericano. Tanto en su dimensión histórica como de actualidad.

Dejando a un lado episodios concretos de interés limitado para un europeo, Murray se centra en los aspectos fundamentales, enmarcándolos en un trasfondo histórico suficiente, sin agobiar al lector con citas y datos. El eje es la tensión entre Derecho Natural y Derecho Positivo, con su inevitable corolario en el debate sobre el relativismo moral. De lo general se pasa a lo particular, a sus efectos en educación, integración, bienestar o política exterior.

Esa perspectiva europea implica una continua reflexión sobre la validez de los postulados de esta escuela para el Viejo Continente. A la pregunta de qué es un neocon, Richard Perle contestó en Madrid, ante una audiencia de universitarios, que no era otra cosa que un clásico liberal-conservador. La respuesta implicaba, una vez más, el rechazo a la palabreja. No quieren ser vistos como un grupo, sino como parte de una corriente mucho más amplia. Pero hay que reconocer que la equiparación con el término liberal-conservador es insuficiente.

Tanto en la tradición política norteamericana como en la europea ha habido liberal-conservadores amorales, inmorales y morales. La aportación básica de la escuela neoconservadora es, precisamente, el carácter moral que imponen a cada acto, como expresión de los valores de la democracia. Ese compromiso siempre ha existido en Europa y ha estado presente en los partidos de esta tendencia, aunque sólo como una actitud política más. En ese sentido, Perle tenía razón. Como ha señalado en alguna ocasión Manuel Coma, un neocon es un "realista" con principios.

La escuela neoconservadora es profundamente europea, y sus postulados no pueden extrañar a nadie que tenga una cierta formación en nuestra propia historia. En el Viejo Continente prima hoy el relativismo, y de ahí los problemas que padecemos. La experiencia de nuestros equivalentes norteamericanos nos puede ser de gran utilidad para afrontar los retos que tenemos ante nuestros ojos y que no podemos obviar.

Por Florentino Portero

DOUGLAS MURRAY: NEOCONSERVATISM. WHY WE NEED IT. Encounter Books (Nueva York), 2006; 247 páginas.

Libertad Digital, suplemento Libros, 23 de noviembre de 2006

 

Miguel Sanz considera que las próximas elecciones forales son las más importantes de la democracia

Miguel Sanz considera que las próximas elecciones forales son las más importantes de la democracia

Así de solemne se ha puesto Miguel Sanz en una entrevista concedida a El Correo. Afirma el Presidente del Gobierno de Navarra que las elecciones del mes de mayo son las más relevantes de toda nuestra historia democrática reciente. Puede estar en juego incluso hasta que Navarra siga siendo una comunidad foral diferenciada, o bien una provincia cualquiera integrada en otro proyecto institucional diferente, como Guipúzcoa o Albacete. Miguel Sanz considera que el principal problema de la situación política, más allá de ETA, es la indefinición de los socialistas. A su juicio, así como está claro que los nacionalistas apuestan por la integración de Navarra en el País Vasco, no se sabe qué supone votar al PSN. El ciudadano cuando vota a UPN ya sabe lo que vota: a Navarra, a su identidad y a su fuero. Si vota a Nafarroa Bai sabe que vota a Euskadi, a Navarra en Euskadi. Lo que quiero es que sepa qué vota si vota al PSN. Piensa que los navarros no van a poner en riesgo doce siglos de Historia en una sola votación, pero cree que la voluntad mayoritaria puede traicionarse por los pactos de los partidos. Ante la pregunta de si espera que los socialistas se unan al nacionalismo para desalojar a UPN del poder, Sanz lo tiene claro Sé que no lo dicen. Pero tendría que hacer muchos esfuerzos para creer lo contrario. He visto cómo han pactado con ERC, con el BNG y en cinco ayuntamientos importantes de Navarra, y cómo pactan iniciativas y resoluciones en el Parlamento foral. El Presidente sugiere a los navarros que reflexionen si quieren seguir siendo navarros, con instituciones forales propias e integrados en la nación española.

 

Navarra Confidencial, 7 de noviembre de 2006

Los nuevos pacificadores

Los nuevos pacificadores

¿Qué pueden tener en común personajes como el lehendakari Ibarretxe, el dirigente batasuno Pernando Barrena y el ex director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza? A los tres se les pudo ver juntos el pasado 14 de octubre, acompañados de otros líderes socialistas y nacionalistas, durante la inauguración de un ‘centro de educación para la paz’ en Oñate, un pueblo rodeado de montes puntiagudos en el interior de Guipúzcoa. Una de las decenas de iniciativas que ha puesto en marcha el Gobierno vasco con fondos públicos con el fin de imponer en los ambientes una “paz” artificial y teledirigida.

Las jornadas sobre ‘Noviolencia activa’ de San Sebastián, los ‘itinerarios por la paz’ de Llodio, el ‘Diagnóstico y Plan integral de convivencia’ de Amurrio, o la ‘Evaluación de necesidades para la mejora de la convivencia en Hernani’ son algunos de los numerosos proyectos impulsados desde la Consejería vasca de Justicia y que van a suponer un gasto de casi un millón de euros de dinero público.

A esta formidable industria de la paz pertenece también el citado centro de Oñate por cuyas aulas ya han pasado 50 alumnos que, tras un cursillo de tres días, han obtenido el resonante título de ‘agentes de reconciliación’. Al parecer su cometido será tratar de “acercar posturas” en situaciones de sus ambientes cotidianos. La cosa parece haber tenido éxito porque pocos días después de la apertura de la escuela ya eran 300 las solicitudes recibidas de nuevos aspirantes.

No sería de extrañar, a juzgar por la presencia de líderes de Batasuna en la inauguración del baketik de Oñate, que muchos de estos ‘agentes de reconciliación’ sean de aquellos que han defendido o prestado cobertura ideológica a la violencia, lo cual es algo mucho peor que un sarcasmo.

Sin entrar a juzgar las buenas o malas intenciones de los diseñadores de este programa de pacifismo oficial, hay que decir que toda la campaña es un despropósito a gran escala. Primero porque toma como punto de partida la falsa postura de la equidistancia. Aquí no ha existido un conflicto armado entre dos bandos. Lo que ha habido, de un lado, es una banda terrorista que ha asesinado a casi 900 personas, herido a miles y amenazado a decenas de miles y, del otro lado, unas víctimas, unos familiares y una sociedad que, en un ejemplo extraordinario de civismo, no ha respondido jamás con la venganza, sino sólo con el deseo de justicia y de libertad.

Cosa distinta es que, si tomamos como base el sentido de voto en la sucesivas elecciones autonómicas, la sociedad vasca está políticamente partida en dos, entre quienes se sienten más vascos y quienes se sienten más españoles. Pero para que ambas opciones convivan con normalidad no hace falta un programa oficial de reconciliación sino solamente un marco legal adecuado que garantice el ejercicio de los derechos fundamentales a unos y a otros. Para ello, hasta ahora, no se ha demostrado ningún sistema mejor que la autonomía y el actual marco estatutario, aunque sea susceptible de un mayor desarrollo y de mejoras. Pero desde hace años el mundo nacionalista ensaya fórmulas que, de ponerse en práctica, no garantizarían la libertad los derechos de todos y condenarían a la marginalidad a quienes no se consideran “patriotas vascos”.

La violencia de ETA ha envenenado a la sociedad vasca y el antídoto no es la paz que se trata ahora de imponer desde el poder. Se trata de una paz artificial que ignora que la verdadera reconciliación sólo puede surgir desde el arrepentimiento del corazón de cada uno de los terroristas por el mal causado y desde el perdón sincero de cada una de las víctimas. El cambio del corazón es algo único personal y excepcional, es un milagro y no hay dinero público que lo pueda patrocinar.

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 6 de noviembre de 2006