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Opinión y análisis

Los peligrosos socios del PP

Los peligrosos socios del PP No es verdad que el Partido Popular esté solo. Esa es su situación, por supuesto, si pensamos únicamente en el acompañamiento de fuerzas parlamentarias y en el juego democrático en las instituciones. En esos escenarios el PP ha conseguido, en efecto, visualizar día tras día su soledad en cualquiera de los debates. Es más: en algunas ocasiones, como en la reciente votación sobre los transexuales, sus senadores han votado junto a los otros grupos, y luego, en el Congreso, sus diputados, salvo dos, han dado marcha atrás y han hecho transparentes, al fin, serias contradicciones y un liderazgo poco sólido. Pero el PP tiene socios, o mejor dicho, es el socio de referencia de otros grupos más activos, extraparlamentarios, que le han arrastrado a la calle, para confundir en un mar de banderas la nacional, que es de todos, pero que intentan exhibir como si fuera patrimonio del bando vencedor en una contienda civil, con las que, inequívocamente, simbolizan no ya un tiempo pre-constitucional sino la añoranza de una dictadura.

Junto a votantes y militantes populares que simplemente protestan contra la política del gobierno, cada día más se advierte el peso y determinación de quienes apelan a la rebelión –Alcaraz, Mikel Buesa- o la acción, como el tristemente conocido Sáenz de Ynestrillas. Algunos socios del PP han aprendido ya el camino de la calle Ferraz y terminan allí, amenazadoramente, sus manifestaciones. Otros, al igual que los cachorros de la izquierda abertzale en Euskadi o Navarra, lanzan cócteles molotov contra una sede del PSOE y pintan la fachada con los mismos textos que exhiben en la calles junto a los más altos dirigentes del Partido Popular.

 

Es el turno de Mariano Rajoy. A él corresponde marcar distancias con esos peligrosos compañeros de viaje -buena ocasión tendría para hacerlo olvidándose de la movilización anunciada- o liderar sin reparos la extrema derecha española. No lo tiene fácil: la jauría mediática, que le desprecia íntimamente pero que se regodea comprobando que puede orientarle cuando le golpea con dureza, se encargará de sacar a la luz el líder alternativo que tanto complace a Sánchez-Dragó, por ejemplo. Pues bien, señor Rajoy, es el momento de desmentir a José María García. Tiene que mancharse las manos y organizar un partido conservador en España, al modelo de su admirado Sarkozy, o convertirse en un remedo de Le Pen, para lo que no debe usted servir. No parece usted capaz de cabalgar sobre el tigre. Redúzcalo a su verdadera dimensión de gato salvaje. Escuche, por ejemplo, al alcalde popular de Ávila -precisamente un feudo de Acebes- rechazar sin ambages la compañía de consignas y banderas no deseadas. También así pueden ganarse unas elecciones. Que es el único camino para gobernar en la España del siglo XXI.

 

EDUARDO SOTILLOS

Elplural.com, 04/03/2007

 

José Luis Rodríguez Zapatero es ahora valiente, provida y responsable

José Luis Rodríguez Zapatero es ahora valiente, provida y responsable Lo peor no es que el presidente ZP haya excarcelado a Al Capone; lo peor es que nos quiere hacer creer que es valiente, que es provida y que es responsable.

El mayor desaguisado cometido por Zapatero no ha sido (únicamente) poner al Estado de rodillas ante ETA, destejer el tapiz de la España diseñada en la Transición o dividir a los ciudadanos. Lo peor ha sido volvernos locos a todos con su pérdida del sentido de la realidad.

Es difícil conservar la salud mental intacta con alguien que todos los santos días te asevera que lo negro es blanco y la noche, día. Y lo hace, abusando de su poder, desde las cuatro sartenes que tiene por el mando (la tribuna del Ejecutivo, la longa manus judicial, las leyes que saca adelante con sus compinches en el Parlamento y los medios de comunicación afines).

Ejemplos hay patadas. Pero los últimos días ofrecen un catálogo muy completo.

 

- Nos quiere hacer creer que el Gobierno es humanitario porque excarcela a un señor que se alimenta con el dolor ajeno y que binda con champán para celebrar la muerte del prójimo.

 

- Nos quiere hacer creer que busca la paz y el bien común, cuando está siendo incapaz de garantizar la seguridad y la integridad física de los ciudadanos

- Nos quiere hacer creer que la decisión de dar calditos al killer es justa. Cuando legal no (siempre) significa justo, distinción que conviene a hacer a la hora de valorar leyes y decisiones judiciales.

 

- Nos quiere hacer creer que tenemos un responsable de Interior, pero en lugar de poner a los asesinos entre rejas, los excarcela y aún tiene la hipocresía de hablar de la firmeza del Estado de Derecho. ¿Ministro del Interior? Más bien parece un sheriff corrupto de spaghetti-western.

 

- Nos quiere hacer creer que es un líder provida, cuando sostiene que ha excarcelado al de las 25 muescas en la cartuchera porque cree "en el valor supremo de la vída". ¿Ah sí? ¡No me diga que va a cambiar la legislación del aborto!

 

- Nos quiere hacer creer que no ha pagado o no va pagar ningún precio a los gángsters del lauburu a cambio de este canje de prisioneros

 

- Nos quiere hacer creer que ese gesto (y en general su política respecto al problema vasco) no obedece a la debilidad, sino a la responsabilidad, cuando el Ejecutivo no ha hecho otra cosa que ceder, uno tras otro, a los chantajes de quienes pretenden cambiar el zulo y la metralleta por la moqueta y el coche oficial.

 

- Nos quiere hacer que comparte con la sociedad el rechazo por alguien como el tipo de los 25 fiambres y que deplora su actitud... pero acaba de fabricar un héroe para la causa de los gángsters –lo cual es malo para España-, y también un precedente –lo cual es malo para el Gobierno-.

 

- Nos quiere hacer creer que el PP es la extrema derecha y que su protesta es obscena. Sin darse cuenta de que la –justa- indignación ya no es exclusiva de los populares, sino que corre como reguero de pólvora por toda la sociedad española y se extiende peligrosamente por las propias filas socialistas, sembrando de minas el terreno que pisa el Gobierno.

 

No es la primera vez que nos marea. Antes nos hizo creer que Cataluña era una nación (y hasta lo pusieron por escrito), que el matrimonio ya no es la unión de un hombre y una mujer, como en los últimos cinco o seis milenios, y los socialistas (andaluces) pretenden que los médicos sean verdugos, al ejecutar a Inmaculada Echevarría.

 

Es la perversión del lenguaje, la pretensión de transformar la realidad a tu antojo. Lo propio de los dictadores o de los esquizoides. Así que ya lo saben: si no quieren que nos vuelva locos a todos, habrá que impedirlo. ¿Cómo? Yendo a las urnas. El movimiento se demuestra andando.

 

Alfonso Basallo

El Semanal Digital, 4 de marzo de 2007

La democracia de la mordaza

La democracia de la mordaza Si algo tiene de bueno el paso del tiempo es que permite desenmascarar a aquellos que se ponen la careta de la democracia para ocultar sus tendencias dictatoriales. El sistema democrático es considerado como la quinta esencia entre las distintas modalidades de gobierno para una nación – el no va más en cuanto a expresión de los ideales comunes de un pueblo y de la salvaguarda de las libertades individuales, en conjunción con las del resto de los ciudadanos –; es el que los políticos esgrimen con gran soltura cuando se trata de arrimar el ascua a su sardina, y la pócima mágica que se maneja por el poder para adormecer a la ciudadanía en el letargo placentero del que sueña que todo va bien y que más allá de lo que nos ofrece el Gobierno ya no existe otra forma de vida mejor.

Sin embargo, hete aquí que, bajo el gobierno del señor Zapatero, a medida que va transcurriendo la legisladura, se van destapando los guiños totalitaristas que hasta ahora había procurado mantener ocultos tras su famosa política del “talante”. Cada día van emergiéndo nuevos focos de tensión que nos indican cuales son los propósitos verdaderos de la política de Zapatero. Existen signos claros de una involución hacia pasadas formas de gobierno que la mayoría creíamos que habían quedado ancladas en la historia.

 

Veamos, si no, lo que le ha sucedido recientemente a un locutor de una conocida emisora de radio. Al parecer se disponía a celebrar una emisión de su programa desde la localidad de Maracena, (Granada)con un censo de unos catorce mil habitantes, cuando fue recibido, en los alrededores del edificio donde debía celebrarse el acto, por un grupo vociferante de personas provisto de pancartas; bajo la activa dirección del concejal de Urbanismo –un tal Manuel Macías –. Entre todos se dedicaron a proferir insultos y amenazas contra su persona, sus acompañantes y el resto de los asistentes al acto, tachándolos de “fascistas” y “terroristas”. Por supuesto, una muestra del más delicado “talante” democrático. Baste decir que, al final, el locutor tuvo que salir escoltado, junto a su equipo, para evitar que fuera agredido.

 

Ya es hora que los ciudadanos españoles comencemos a despertar del sopor en el que parece que nos hemos sumido para tomar conciencia del rumbo, cada vez más peligroso, al que se está orientando nuestra Nación. Ya no basta con que se intente despedazarla en autonomías o pequeñas naciones; no basta con que el Gobierno haga de mangas capirotes para legalizar a la ETA e imponernos sus exigencias terroristas; no basta con que se ninguneé a media nación, como si no existiera; no basta con que nos mienta desde el Gobierno, un día sí y el otro también, ocultando lo que está ocurriendo con nuestros soldados de allende las fronteras; no basta con que se nos impongan fiscales partidistas como ministros de justicia y se pretenda influir, sin ningún empacho, sobre la administración de la justicia; sino que, ahora, también se pretenda acallar las escasas voces valientes que se atreven a protestar contra este estado caótico de cosas.

 

Claro, que no son sólo estos grupos incontrolados, ¿o no tan incontrolados?, los que cometen estos desafueros; tampoco se quedan mancos los de la farándula en eso de querer enmudecer al adversario, a aquellos que claman contra este caos al que nos están llevando el PSOE y sus sicarios los nacionalistas y comunistas. También tenemos a sujetos de la calaña del señor Buenafuente, experto en el humor de sal gorda, facilón, hortera, escatológico y oportunista, nada parecido a la gracia inteligente y fina de los grandes humoristas; pues, bien, este individuo, señores, para añadir leña al fuego y hacerse el importante, dijo que él no quería compartir con Jimenez Losantos, en el mismo acto, el premio que también se le había otorgado (¡vaya usted a saber por qué!). Ya ven, yo hubiera pensado que fuera el señor J.Losantos el que repudiara semejante compañía.

 

Pero no acaban aquí las demostraciones de inquina contra el mentado presentador, porque, vean ustedes por donde, resulta que uno de los últimos dinosaurios que todavía perduran de mesozoico radiofónico, el señor Del Olmo – me imagino que por escasez de neuronas – se está dedicando de lleno en insultarle con verdadera saña cada vez que le presenta la ocasión de hacerlo, en público y en privado. ¿No será que tiene algo de envidia, señor del Olmo? Hay gente que no se resigna a envejecer y les dan estas alferecías del espíritu. Y es que, señores, cuando alguien habla con claridad de los asuntos que nos afectan, los razona y demuestra cuales son sus causas, siempre los hay a quienes les escuece, les molesta y les preocupa, por lo que se valen de las malas artes, al no disponer de otros medios más adecuados para defenderse. ¡Así son esos demócratas de boquilla y así protegen la libertad de expresión! Ellos deben pensar aquello de que muerto el perro se acabó la rabia. ¡Cómo nos recuerdan estas maneras de los izquierdistas de hoy aquellas que condujeron a un enfrentamiento entre las dos Españas! Se empieza así y se acaba, como la Pasionaria, amenazando de muerte a sus oponentes políticos.

 

Miguel Massanet

Diario Siglo XXI, 26 de febrero de 2007

Otra multitud contra ETA, mientras el PSE cruza la última frontera

Otra multitud contra ETA, mientras el PSE cruza la última frontera

Esta semana que acaba hemos asistido a la que quizá sea ya la ruptura total entre los dos grandes partidos nacionales en materia de política antiterrorista. No sólo el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo ha quedado arrumbado de modo oficial, sino que, simbólicamente, en la víspera del día en el que el PP se iba a manifestar de nuevo en Madrid con la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra ETA, el diputado del PSE Jesús Loza cruzaba en un debate en el Parlamento vasco la última frontera y aceptaba la equiparación entre las víctimas y sus verdugos.

 

Las palabras que pronunció merecen ser reproducidas en su cruda literalidad: "nosotros hemos reconocido que los socialistas, los populares, las personas que sufren violencia de persecución, los asesinados o las familias, no somos los únicos que sufrimos. Hemos reconocido que sufren los familiares de las víctimas del terrorismo, y que sufren los asesinos y las madres, pero queremos que ustedes reconozcan el origen primario de la situación, que es la existencia de ETA".

 

En esta situación, la polémica sobre si la manifestación de ayer iba a ser o no contra una discutible decisión del Tribunal Supremo ha perdido todo interés y todo sentido. La multitud que, una vez más, llenó la madrileña Plaza de Colón y sus aledaños de banderas nacionales sólo quería gritar contra ETA y pedir justicia para sus víctimas.

 

El caso De Juana Chaos no deja de ser un símbolo de una profunda injusticia: que 25 asesinatos se paguen con 18 años de cárcel, que la ausencia de todo arrepentimiento no haya impedido obtener reducciones de pena, que las amenazas proferidas por semejante criminal desde la prisión comporten sólo otros 3 años de encarcelamiento, que se llegue a dudar si esos 3 años se van a cumplir efectivamente y, por último, que se permita el chantaje al que está sometiendo al Gobierno y, por extensión, a la sociedad española con su huelga de hambre y la manera en que la lleva a cabo.

 

Ya se puede decir, así pues, que el atentado perpetrado por ETA en el aparcamiento de la terminal 4 del aeropuerto de Barajas y las dos vidas que se cobró no han cambiado nada. La voluntad de José Luis Rodríguez Zapatero, de su Gobierno y del PSOE sigue siendo la de llegar a acuerdos políticos con los terroristas y su entorno antes que recomponer el consenso con el PP para terminar con aquéllos.

 

A los españoles que de ninguna manera están dispuestos a aceptar que unos criminales se puedan convertir en interlocutores válidos esto no les deja otra referencia política que la que representa el PP. Su líder, Mariano Rajoy, no estuvo ayer en la Plaza de Colón; se hallaba en un pequeño municipio de la provincia de Lugo, Friol, despidiendo a la soldado Idoia Rodríguez Buján con otros cientos de españoles y una escasa y devaluada representación oficial.

 

Es que en la tesis oficial, la soldado Rodríguez falleció en misión de paz y no en acción de guerra, y por eso se le ha regateado el reconocimiento que merecía el sacrificio de su vida. En cambio, con ETA sí debemos de estar en guerra, porque hay que buscar la "paz" tratando a unos criminales como honorables enemigos con los que se negocia y se puede llegar a acuerdos.

 

Editorial de El Semanal Digital, 25 de febrero de 2007

Indigenismo abertzale

Indigenismo abertzale Toda emigración es equivalente, se dice a menudo. La inmigración que hoy conoce España no es otra cosa que la emigración que salió de nuestro país en décadas anteriores, sólo que ahora en sentido contrario.

Ésta es la versión oficial. Pero, ¿es verdad que todos los procesos migratorios son iguales, responden a las mismas causas, tienen el mismo valor y aportan las mismas ventajas?

La inmigración fue una necesidad en naciones nacidas precisamente de la afluencia de pobladores a un territorio casi vacío, como fue el caso de los USA, de Australia, de la Argentina o de otros países americanos durante los dos últimos siglos. También fue una necesidad para los países que, como Alemania, quedaron destruidos por la Segunda Guerra Mundial y debieron acudir a la mano de obra extranjera para reconstruir un país que había perdido en las trincheras muchos millones de hombres jóvenes.

Pero no parece que estas situaciones sean equiparables a la muy desarrollada y poblada Europa Occidental de hoy –incluida España– y, sin embargo, la afluencia de nuevos inmigrantes no cesa.

Por otro lado, la muy organizada, planificada, limitada, reglada y contratada emigración española de los años 50 y 60 no parece tener mucho en común con la caótica avalancha de hoy. Los españoles emigrados en dichas décadas hacia Centroeuropa no arribaron en botes a las playas, no dormían en los metros, no se vieron obligados a improvisar su subsistencia mediante la venta de productos pirateados jugando al corre-que-te-pillo con la policía, ni, mucho menos aún, organizaban bandas de atracadores ni salvajes tribus de gamberros urbanos.

Pero, olvidando estas diferencias, uno de los argumentos más oídos en defensa de la inmigración suramericana es que, en esta España trastornada por su auto-odio, los hijos ultramarinos del viejo Imperio significarán una renovadora aportación de hispanismo que hará mucho bien especialmente en las regiones más castigadas por el separatismo. Pero el amor a la que ellos llaman madre patria cuando están de buen humor no debe hacer olvidar que el rencor indigenista sigue subyaciendo en las conciencias de muchos de los llegados de aquellos países, donde no en vano han sido educados en el odio hacia quienes les han sido presentados con mucha frecuencia como sus conquistadores y opresores.

Mientras las cosas vayan bien, haya trabajo, se gane dinero y no aparezcan demasiadas tensiones con la población local, todo irá sobre ruedas. Pero las cosas pueden cambiar, y será precisamente en las regiones conflictivas por los separatismos donde empezarán a cambiar antes. Porque no pasará mucho tiempo sin que comiencen a escucharse los cantos de sirena de los nacionalistas, que no perderán ocasión de intentar atraerse a esos futuros votantes con la estratagema de identificar la conquista española de América con la de Euskalerria y Cataluña.

Y de nada servirá intentar explicar que ni los vascos ni los catalanes han sido jamás combatidos ni invadidos por los españoles y que, durante la conquista americana, los vascos y catalanes jugaron, naturalmente, en el equipo conquistador. Empezando por los vascos Elcano, Legazpi y Urdaneta; continuando por los también vascos Andagoya, Irala o Garay; pasando por los incontables soldados vascos que acompañaron a Cortés, Pizarro, Almagro o Valdivia; por cientos de generales, gobernadores, almirantes y virreyes; por el catalán Portolá, conquistador de California; y concluyendo con los miles de vascos y catalanes que murieron defendiendo la españolidad de Cuba.

Pero es evidente que estos argumentos, y otros mil, no llegarán jamás a los interesados. Pero las equiparaciones Bolívar-Arana y Ché-ETA funcionarán maravillosamente, por lo que no se tardará en ver a los inmigrantes suramericanos engrosando las filas separatistas.

(Post Scriptum: Algunos días después de escritas las líneas anteriores, leemos en el Gara [8 de enero de 2007] un artículo titulado "A los emigrantes ecuatorianos", escrito por Jesús Valencia, educador social. Éstos son algunos de sus párrafos:

"Carlos y Diego son víctimas no deseadas de un conflicto que, seguramente, no conocían cuando vinieron. La historia oficial oculta que España arrastra un problema enconado todavía no resuelto. ¿ETA? No, la política colonial que tan bien conocéis vosotros. Los ejércitos de Castilla invadieron nuestras tierras casi por las mismas fechas en que avasallaban las vuestras. El último Mariscal de los vascones, lo mismo que Rumiñahui, se enfrentó a los invasores. Ambos fueron apresados con las armas en la mano, encarcelados y posteriormente asesinados. Tras la conquista, el sometimiento colonial. Pero los pueblos libres no se resignan a vivir siempre sojuzgados. (...) Tras largos años de guerra derrotasteis en las faldas del Pichincha al ejército invasor. Todavía puede contemplarse en la Plaza Mayor quiteña la estatua del «león hispano» que se retira malherido. Nosotros no lo hemos logrado todavía. La tremenda explosión de Barajas es un episodio más de esta larga confrontación con un estado que nos niega la soberanía. (...) Aunque os exigen que repudiéis a la izquierda vasca, es la que más siente vuestras muertes. Nos vincula el dolor compartido con el que tratan de enfrentarnos. Se aclararán las cosas. Vosotros y nosotros somos dos colectivos despreciados y llamados a entendernos. Un día reforzaremos nuestra hermandad como compañeros trabajadores de pueblos soberanos".

Dos días después aparecía la respuesta, un artículo titulado "Somos inmigrantes, cuenten con nosotros", escrito por Susana Castro, Txanba Payés y Neto Biya en nombre de la Asociación Cultural Latinoamericana de Inmigrantes (ACLAI):

"Como latinoamericanos que hemos llegado a vivir y trabajar en Euskal Herria queremos dejar clara nuestra postura de compromiso desde la solidaridad con el pueblo vasco. Somos conscientes de la realidad política cultural y lingüística que vive este pequeño país y por eso nos solidarizamos con él. América Latina, quienes venimos de aquel continente, sabemos muy bien lo que es que se pisoteen los derechos como pueblos. Quienes nos invadieron, pisotearon nuestra cultura y nuestras lenguas. No hace falta decir en qué nombre se hizo tanto etnocidio y genocidio en el continente que muchos conocemos como América Latina. De esa realidad partimos muchos de los que estamos llegando a Euskal Herria. Por tanto, nos solidarizamos con el pueblo vasco y queremos trabajar con ellos para que este pequeño país viva y siga teniendo futuro como nación. (...) Nos quieren hacer creer que trabajar con ustedes es ser «terrorista», a nosotros no nos van a engañar. Sabemos que es el mismo discurso de los fascistas que prohíben a las personas que manifiesten su forma de pensar, y prohíben organizaciones culturales, periódicos, en definitiva, diferentes formas de pensar".

Ya están aquí).

Jesús Laínz
http://www.elsemanaldigital.com/arts/62831.asp?tt=

Zapatero tiene bastante miedo, y por una vez tiene también razón

Zapatero tiene bastante miedo, y por una vez tiene también razón

No le gusta que la calle se le ponga enfrente, y eso es lo que va a ocurrir el día 3 en Madrid, a convocatoria del Foro de Ermua, para exigir que sea la justicia el fundamento de la paz.

 

El próximo sábado las víctimas del terrorismo y una larga lista de asociaciones opuestas a todo lo que representa ETA convocan una manifestación en Madrid, Por la libertad. Derrotemos juntos a ETA. No a la Negociación. El Foro de Ermua, la AVT y otros convocantes no han tenido en los últimos años ningún amparo de las instituciones del Estado y se han financiado por sus propios medios; mejor dicho, por los medios de la gente de la calle que presta su colaboración en dinero y en trabajo a la lucha contra la rendición a ETA.

 

Zapatero tiene miedo. La calle no es ya de la izquierda, ni de los nacionalistas, y la calle quiere paz, pero una paz basada en la justicia y en la victoria de la verdad. Zapatero tiene miedo, porque ha buscado una ficción de paz basada en la aceptación de ETA como interlocutor legítimo, y se está encontrando con una España que, precisamente porque quiere paz, no quiere lo que Zapatero y el nacionalismo vasco ofrecen.

 

Desde luego, como ha escrito Javier Nagore Yárnoz, "no es lícito pensar en la guerra [la violencia] como solución de los problemas, pero es obligatorio prevenirse contra un enemigo que no piensa en licitudes". ETA no quiere la paz, sino su victoria, y la victoria del nacionalismo vasco sería la derrota conjunta de España, de la libertad y de la justicia. Parecen conceptos demasiado elevados y etéreos, pero en el pulso de la calle, en la movilización popular que se anuncia para el sábado y que media docena de veces ya ha puesto en evidencia los desatinos de Zapatero, las cosas están muy claras: en los palacios del poder anida la tentación de rendirse para satisfacer intereses de partido, de ideología y de empresa; y entre la gente cunde un descontento que una vez más va a salir a la calle.

 

Los gobiernos no son legítimos por el simple hecho de ser formalmente legales. Zapatero obtuvo el poder entre el 11 y el 14 de marzo de 2004 de modo legal que Mariano Rajoy y la derecha política reconocieron como legítimo de manera inmediata. Pero esa legitimidad, en todo caso, debe conservarse; y no hay poder legítimo si no preserva la unidad del pueblo y si no garantiza el orden y la libertad frente a quienes los amenazan con las armas y con el separatismo. La paz no es lo que Zapatero busca y defiende, ya que confunde paz con ausencia de muertes –y en Barajas hemos visto cómo el PSOE no consigue ninguna de las dos cosas-, mientras que sin justicia no puede haber paz verdadera. Zapatero tiene miedo, porque cientos de miles de españoles van a recordarle, una vez más y sin excusa posible, que "la defensa de la paz ha exigido siempre el riesgo [de la violencia]". Zapatero tiene que escuchar la voz de la calle, a la que teme, o renunciar.

 

Pascual Tamburri

El Semanal Digital, 1 de febrero de 2007

Zapatero, otra vez en contra de España

Zapatero, otra vez en contra de España

 

No lo puede remediar, la palabra España y todo lo que significa le produce a Zapatero un extraño malestar, un rechazo entre espontáneo y visceral que le obliga casi siempre a posicionarse en el lado opuesto, en contra de los intereses generales españoles como si ello, además, fuera lo políticamente correcto, lo progresista y lo justo. El presidente del Gobierno de España no soporta a España y no lo puede disimular. Acaba de ocurrir otra vez, la enésima, porque Zapatero ha justificado el posicionamiento institucional ni más ni menos que del Gobierno autónomo del País Vasco contra el Tribunal Supremo de esa Comunidad, que allí ¡representa al Estado!, al comparar la descalificación del tribunal lanzada sin ambajes contra el citado Tribunal, el Estado de Derecho y el imperio de la Ley, y luego seguida y jaleada en las calles de Bilbao por el PNV, con la libertad de crítica y de expresión. Zapatero se ha vuelto a poner, como tantas veces, en contra de España, de los españoles, de los intereses generales, de la verdad y en este caso de la independencia de la Justicia y de un tribunal integrado por magistrados que viven bajo la amenaza de ETA y en muy difíciles condiciones. Y ojalá que ninguno de ellos se vea en los próximos meses en la punta de las pistolas de los terroristas como respuesta a este señalamiento irresponsable que de ellos ha hecho el Gobierno vasco y el PNV.

 

El presidente se ha vuelto a equivocar y ha hecho lo que no hizo ninguno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial —los pro socialistas incluidos—, que ayer condenaron el ataque al Tribunal Superior del País Vasco sin matices, idioteces o cualquier clase de justificación. El presidente ha querido ponerse del lado del PNV, de su nuevo socio Ibarretxe y de Otegi para que ETA sepa que él se mantiene dentro de la negociación, que la bomba de Barajas carece de importancia, que la legalidad se puede sortear y que la Ley de Partidos que tanto molesta a Batasuna acabará por desaparecer o por ser burlada o desbordada.

 

¿Cómo consienten en el seno del PSOE esta escalada insufrible de despropósitos de quien gobierna España y debe ser el principal garante de la legalidad? No estamos, ni mucho menos, exagerando. Es que cuando los jueces se oponían a la asamblea de la ilegal Batasuna Zapatero la justificaba aludiendo al derecho de reunión que luego han querido negar a la Guardia Civil. Es que nada más estallar la bomba de Barajas el día 30 de diciembre Zapatero se volvía a poner del lado de ETA en la mesa rota de la fallida negociación, para decir que sólo se suspendían los contactos pero no el proceso, hasta que Rubalcaba, ante el estupor nacional, estalló y dio por liquidada la negociación. Es que ha pretendido justificar la liberación de De Juana Chaos diciendo que el pobrecito estaba “a favor del proceso”, y que “Otegi es un hombre de paz”, y no para de azuzar al fiscal Pumpido para burlar la ley, o al juez Garzón —al que, por lo que se ve, trajo de su excedencia para hacerle ciertos trabajos— para hacer la apología de la mal llamada “izquierda abertzale”, que sólo es ETA.

 

Pero ¿no se dan cuenta en el Partido Socialista de que así no se puede seguir, que con un presidente que no respeta la ley y se pone siempre del lado del nacionalismo que aboga por la independencia cuando no del terrorismo —sí, del terrorismo— con el argumento del “proceso de paz”, o del “final dialogado de la violencia”? Pero ¿acaso no saben en el PSOE cómo las gasta Ibarretxe, que estuvo con ETA en el Pacto de Estella, que pidió un “Estado Asociado para el País Vasco, que les exige la legalización de Batasuna y el acercamiento de presos etarras al País Vasco, en pleno bombardeo de ETA? ¿Éste es el socio ideal de Zapatero y del PSOE para un nuevo Pacto Antiterrorista?

 

No hay que ir demasiado lejos en el tiempo ni en la geografía para hacer un inventario de urgencia sobre Zapatero y España. ¿A qué político español se le ocurre decir, como dijo él, que aprobaría en Madrid lo que aprobara el Parlamento catalán? ¿Acaso no fue el PSC-PSOE el que aprobó el primer texto del Estatuto, que luego hubo de reformar por el disparate segregacionista que incluía y que había escandalizado al propio PSOE? No hay que ir muy lejos, sólo escuchar a su socio en Barcelona y Madrid, Carod-Rovira, para saber que ERC está del lado de ETA —diciendo que el fracaso de la negociación fue culpa del Gobierno, que no cedía demasiado—, y de la independencia de Cataluña y del País Vasco. Y no hay que hablar del PP para ver, una y otra vez, el posicionamiento de Zapatero en contra de los intereses de España, en España y en la política exterior.

 

¿Acaso ya nos hemos olvidado de su afirmación en el Senado cuando declaró que el término nación, en alusión a España, “es discutido y discutible”? O cuando en pleno proceso de negociación con ETA aludió “al derecho a decidir de los vascos” usando el lenguaje de Batasuna. Si es todo así, por más que él, su Gobierno y sus desesperados compañeros de partido y sus medios de comunicación quieran disfrazar semejante despropósito continuado o incapacidad política, vestida de progresismo, pacifismo o de lo que sea. ¿Por qué Zapatero ha marginado a González y Guerra? O ¿por qué ha sacado a Bono del Gobierno, enviado a Roma a Vázquez, y jubilado de la política a Rodríguez Ibarra? Pues porque son o eran españolistas, legalistas, están anticuados, no entienden la España federal, confederal o asociada a Cataluña y el País Vasco. Y además no saben negociar con ETA y él sí, porque las concesiones políticas a los etarras no tienen para Zapatero la menor importancia si se consigue la paz. “Es para que no haya más víctimas”, dice el incauto mientras le están poniendo una bomba en la Terminal 4.

 

Y ahora la ha tomado con los jueces, que se juegan día a día la vida en el País Vasco, con la misma frivolidad con que promueve toda clase de trucos y de trampas en el Tribunal Constitucional a favor de una lectura nacionalista y rupturista del Estatuto catalán, su Estatuto, o con la misma irresponsabilidad con que quiere colocar a Garzón al frente de la Audiencia Nacional para acabar poniéndolo todo patas arriba.

 

Zapatero no sabe lo que es España, lo que es el Estado, lo que es el Estado de Derecho y el imperio de la Ley, ni lo que es el derecho a la vida y a la dignidad, que ha conculcado con sus temerarios juegos de palabras, sin entender o para taparlo, la gravedad de que si el Gobierno autonómico del País Vasco, que representa al Estado, ataca al poder judicial, eso no es un simple ejercicio de libertad de expresión sino que estamos ante una crisis de la mayor envergadura de corte político, institucional y constitucional. Estamos hablando del principio de legalidad, del respeto a España y a lo que significa, de estar del lado de la ley, los españoles y la Constitución y no de quienes los atacan, conculcan y violentan, como hacen sus amigos una y otra vez, con el apoyo ni más ni menos del presidente del Gobierno español y del secretario general del PSOE.

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 31 de enero de 2007

Malestar en los cuarteles

Malestar en los cuarteles Ya sea en el Ejército, en la Policía o en la Guardia Civil, el Ejecutivo de Zapatero parece tener una especial habilidad para encontrar problemas o directamente crearlos entre los cuerpos de seguridad y de las Fuerzas Armadas. Y a juzgar por sus extemporáneas reacciones ante estos problemas, diríase que en Moncloa hay una obsesión enfermiza por lo que ocurre en los cuarteles y en las comisarías, ¿por qué tanta agitación?

 

La manifestación de hace una semana en Madrid de más de 3.000 guardias civiles uniformados se ha saldado ya con sendos expedientes y suspensiones de empleo para el secretario general de la asociación que la convocó y su responsable de Comunicación, si bien las sanciones podrían alcanzar a otros 30 agentes. De rebote, el brigada Jorge Bravo, que preside la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) y que también participó en la concentración de los miembros de la Benemérita, ha sido arrestado por culpa de unas declaraciones en las que aludía a la falta de transparencia en relación al accidente del helicóptero Cougar en Afganistán.

 

A esto se une que el Ministerio de Defensa ha lanzado estos días una macroencuesta a través del correo electrónico con el fin de conocer las ideas políticas y las creencias religiosas de los soldados, oficiales y suboficiales del Ejército de Tierra y, aunque dicen que respetan el anonimato, es fácil determinar al remitente de cada respuesta vía e-mail.

 

La rudeza con la que este Gobierno está tratando aquellos comportamientos que considera indisciplinados entre las fuerzas y cuerpos de seguridad es algo de lo que ya tenemos sobradas muestras. Ya José Bono destituyó de forma fulminante al general José Mena por pronunciarse sobre el Estatuto de Cataluña. En otro momento, dos peritos policiales fueron sonoramente puestos a disposición judicial, a instancias de la Fiscalía, por relacionar a ETA con el 11-M en un informe; una operación que se repitió con un policía de Vallecas, que fue encarcelado por investigar una trama de tráfico de explosivos y hablar con un periodista de El Mundo.

 

Aunque entre todos estos hechos hay notables diferencias, todos ellos comparten un trasfondo político. Da la impresión de que, con estas intervenciones –todas ellas precipitadas, escandalosas y chapuceras-, el Gobierno más que castigar la indisciplina, lo que reprime es la discrepancia con sus tesis. Curiosamente, hechos mucho más graves, como el “chivatazo” que, al parecer desde la Comisaría General de Información, sirvió para prevenir a la red de extorsión de ETA de una inminente intervención judicial, apenas han sido investigados.

 

El río parece revuelto entre los uniformados. El malestar es a veces de tipo laboral pero trasciende este plano para entrar de lleno en la falta de motivación y estímulos y la exigencia de algunos derechos de carácter muy político como el de la libertad de expresión y asociación. El Gobierno, en lugar de reprimir tan torpemente estos movimientos debería preguntarse por las causas profundas de este malestar. Se dará cuenta entonces de que su política está íntimamente relacionada. Una política que está más cerca de quienes quieren desmontar el Estado y el actual marco constitucional que de quienes quieren preservarlo; o que parecen querer hacer la vida más fácil a terroristas que defender a las víctimas.

 

Ignacio Santa María

Páginas Digital, 29 de enero de 2007