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Opinión y análisis

Zapatero está deprimido, pero no tanto como para dimitir

Zapatero está deprimido, pero no tanto como para dimitir Los servicios de prensa de Moncloa afirman desconocer dónde se encuentra Zapatero, ‘missing’ desde el atentado, al igual que De la Vega. La red y la calle instan al presidente a presentar su dimisión. Batasuna aquejada de sordera: insiste en que el proceso continúa vivo

 

El presidente Zapatero se encuentra ‘missing’, desaparecido en combate, nunca mejor dicho. Tras la rueda de prensa del pasado 30 de diciembre en la que respondió a la reiterada pregunta sobre la continuidad del proceso con la preparada respuesta “con violencia, no hay diálogo”, no se le ha vuelto a ver. Regresó a Doñana a tomarse las uvas y podría permanecer ahí, sin dar la cara ni afirmar que el proceso está roto y liquidado. Para eso están Rubalcaba y El País, enmendando la ambigüedad de su discurso del 30 de diciembre.

 

Y por si fuera poco, según informa Intereconomía, los servicios de prensa de Moncloa desconocen dónde se encuentra Zapatero. Casi nada. Presidencia no sabe dónde está el presidente. Mucho. Algunas fuentes señalan que ZP podría estar recibiendo apoyo psicológico tras el jarro de agua fría del atentado de Barajas. Un apoyo que también necesitó Felipe González, que –recordarán- estuvo muchos años con la cara hinchada por cortisona, el tratamiento contra la depresión.

 

Quien también se encuentra desaparecida es la vicepresidenta De la Vega, quien viernes tras viernes vertía su optimismo sobre la marcha del eufemístico proceso en las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros. La ‘vice’ siempre ha dado la cara en todos los ‘marrones’ del gobierno : apagones, avalancha de inmigrantes, cayucos, Estatut. Pero está vez ha sido desbordada en su ‘optimismo antropológico’ y parece escondida en su cuartel de invierno.

 

Otro de los interesantes ausentes estos días es José Antonio Alonso, ministro de Defensa y responsable último de los servicios de inteligencia (CNI). Rubalcaba ha reiterado en varias ocasiones de que el gobierno no tenía ninguna información que pudiera hacer pensar que algo así podía ocurrir. ¿Ni un sólo indicio? Si esto es cierto, el CNI debería de renovar sus protocolos de actuación y Alonso debería de presentar su dimisión por semejante negligencia.

 

Si no es así –como parece a juzgar por el redoble de las vigilancias y la reimplantación de algunos guardaespaldas, quien miente es Rubalcaba a quien le viene bien la mentira. Afirmar que tenían algunas sospechas resultaría contradictorio con el optimismo de Zapatero tan sólo 24 horas antes y obligaría al presidente a presentar su dimisión como se le reclama en la calle y en la red. Curiosamente, ningún medio tradicional se ha hecho eco de esta demanda social. Por supuesto, Zapatero no es partidario. Porque al contrario que Aznar -que limitó su mandato a dos legislaturas- ZP pretende hacerse eterno en Moncloa. Está por ver que su pusilanimidad y el síndrome de Moncloa no le fuercen a una retirada.

 

Por lo demás, no hay cambios en la izquierda ‘abertzale’. El representante de Batasuna, Joseba Álvarez, reconocía en la mañana de este miércoles en Radio Euskadi que “nadie esperaba un atentado” como el de Madrid, aunque señaló que ya en septiembre había conciencia de crisis porque no había “avances”: “Se sumó la historia de De Juana Chaos, las detenciones y las legalizaciones se mantenían”. O sea, que “no se estaban dando los pasos por parte del gobierno”.

 

Una justificación en toda regla, en lugar de la condena esperada por el gobierno. Eso sí, tanto Álvarez como Permach consideran que el proceso “no está liquidado” y que la tregua sigue viva porque no ha habido un comunicado de ETA manifestando lo contrario. Todo parece apuntar a que ambos batasunos tratan de desligarse del atentado. Incluso parecen tratar de desligar a ETA del mismo.

 

Y casualmente, El País publica esta mañana que la cúpula de ETA había recortado en agosto los poderes negociadores de José Ternera, sugiriendo lo que el ministro Rubalcaba niega: los duros, la ‘ETA auténtica’ se ha impuesto. ETA se ha dividido. Lo que no dice es que son estos duros los que imponen la estrategia de la banda y que el brazo político no es sino un instrumento de la banda terrorista, al contrario de lo que ocurría en Irlanda entre el Sinn Fein y el IRA. ¿Y Zapatero que opina de todo esto? No se sabe si permanece en Doñana o en el diván, pero en Barajas no se le ha visto.

 

A quien sí se ha visto en el aeropuerto madrileño en la mañana de este miércoles ha sido a Rajoy, que también fue incapaz de interrumpir sus vacaciones en Pontevedra y reaparece este miércoles para exigirle a Zapatero que explique en el Parlamento su política Parlamentaria. Rajoy y Zapatero dan buena muestra de la altura moral de unos políticos que el pueblo español no se merece.

Hispanidad.com, 3 de enero de 2007

Atentado de ETA en Barajas. Análisis de Pío Moa.

Atentado de ETA en Barajas. Análisis de Pío Moa.

La situación (I)

Zapo ha sido el mayor benefactor que la ETA haya tenido en su historia, comparable solo a aquellos gobiernos franceses que en situaciones críticas para la banda de asesinos le facilitaron un seguro refugio donde reponerse. Zapo también ha sacado a la banda del pozo donde la había sumido Aznar y la ha colocado en una cima de gloria, desde la cual dicta la agenda de la democracia y chantajea a la sociedad española: "Si no aceptáis mi 'paz'…ateneos a las consecuencias".

No sobra insistir en las causas de todo esto. El gobierno y la ETA comparten un fondo ideológico común. Ambas son socialistas, detalle no irrelevante pero casi siempre olvidado. Ambas tienen ideas muy similares, generalmente poco compatibles con la democracia, sobre la causa de los males del mundo y sus soluciones. Y tienen intereses básicos comunes, en especial la demolición de la Constitución y lo que llaman herencia del franquismo. En fin, comparten ideas, sentimientos e intereses fundamentales, sin los cuales jamás podría explicarse lo que ocurre.

También desean ambos acabar con la violencia. Pero no como Aznar, que quería y estuvo cerca de conseguir el fin de la violencia derrotando a la ETA. Zapo y su gobierno quieren conseguirlo mediante una ETA triunfante, facilitándole casi todos sus objetivos.

En el "casi" radica el problema, pues hay, naturalmente, diferencias de matiz, que pueden hacerse importantes. La ETA es enemiga de España y Zapo es solo indiferente. La ETA busca la secesión de lo que llama Euscalerría o Euskal Herria, y Zapo quiere una España residual que le permita mantenerse en el poder. La pieza maestra de toda la maniobra han sido los estatutos balcanizantes: España se reduciría a un conglomerado de "naciones" separadas a casi todos los efectos, pero con esa unidad residual que permita asegurar el poder socialista mediante una alianza estratégica con los separatistas, teniendo así a raya a las "fuerzas de la reacción". Esto debiera bastar a la ETA, pero parece no ser así.

En este panorama, el atentado de ayer no significa el final del proceso, como Zapo dejó bien claro pese a su retorcimiento expresivo. Un proceso que ya ha alcanzado logros tan importantes como los estatutos catalán, balear, valenciano o andaluz, no va a echarse a perder por una bomba más o menos, unos muertos más o menos. Liquidar la Constitución no es tarea fácil, ya lo anunció el individuo reiteradamente: será un proceso largo, duro y difícil, o algo así. De todos modos, el gobierno debe de estar sorprendido por el último atentado etarra: ¡qué ingratitud! ¿Cómo han podido hacerle esto a él? Alguien debiera explicárselo.

Blog de Pío Moa en Libertad Digital, 31 de diciembre de 2006

La situación (II): El cálculo de la ETA

Desde casi cualquier punto de vista, el reciente atentado etarra resulta una muestra colosal de ingratitud hacia el gobierno que más ha favorecido a la ETA en toda su historia. Imagino que Zapo y los medios progres en general encontrarán difícil entenderlo. El gobierno ha legalizado al PCTV, ha declarado gente interesada en la paz a los asesinos, ha hablado de los crímenes como "accidentes trágicos", ha hostigado sin tregua a la AVT y a las víctimas en general, valiéndose de falsos prestigios como Peces Barba o la comunista Manjón; ha organizado una gran campaña para silenciar o desprestigiar a los discrepantes, en especial a la COPE, ha atacado la independencia del poder judicial, ha puesto en evidencia a la fiscalía, ha hecho la vista gorda ante el terrorismo callejero, ha facilitado la reorganización de la banda y su financiación mediante campañas de extorsión, incluso ha alertado a los etarras de decisiones persecutorias de algunos jueces; prepara el acercamiento de los asesinos presos a las Vascongadas y su liberación en plazo no muy largo, así como la discusión –por lo menos– de la anexión de Navarra y de un referéndum ilegal... Y, sobre todo ha impuesto unos estatutos que reducen a residual la soberanía española. Nunca había ganado tanto la ETA en tan poco tiempo, después de hallarse tan acosada. Todo ello sobre un fondo ideológico común entre el gobierno y los terroristas. ¿Por qué, entonces, responde la ETA con tanta brutalidad a tanta generosidad?

La razón es bastante simple. La ETA no ve estas generosidades de Zapo –a costa del estado de derecho y de la democracia– como concesiones, sino como debilidades y retrocesos del estado español. Al que, mal que bien, siguen representando los "gorrinos", como, no sin cierta agudeza, ha calificado a los gobernantes. Los terroristas consideran que llevan 36 años de guerra con el "estado español". A lo largo de este tiempo han sufrido mucho, han pasado por situaciones críticas y muchos han tirado la toalla o traicionado. Pero los avances logrados desde el 2004 demuestran que la "lucha armada" era la buena vía para avanzar hacia la "liberación de Euskadi" o de Euskal Herría: solo a golpes puede conseguirse la "libertad" de los vascos y hacer retroceder al tenebroso poder español. Zapo no les concede ni regala nada, simplemente revela la crisis a la que la "lucha armada" ha llevado al estado opresor. Se ha creado, por tanto, una ocasión histórica para empujar la lucha a su desenlace definitivo, derrotando en toda la línea a los opresores, y es preciso aprovechar su debilidad y golpear en caliente para obligarle a ulteriores retrocesos. La ETA sabe bien cómo tratar a los "gorrinos". No olvidemos que ya antes de la tregua realizó numerosas acciones, no mortales pero sí extremadamente dañinas, y a cada una de ellas respondía el gobierno intensificando sus ofrecimientos. Durante la tregua, la ETA ha aprovechado para reorganizarse, aumentar su arsenal y conseguir gran cantidad de dinero mediante el "impuesto revolucionario", mientras el gobierno no solo disimulaba, sino que atacaba duramente a quienes denunciaban tales hechos. Por lo tanto, ese era y es el camino a seguir. Sólo golpeando a los "gorrinos" se les hace entrar en razón.

Cierto, en el entorno terrorista ha de haber la duda de si presionar demasiado no va a terminar echando todas las ganancias por tierra, después de lo muchísimo ya conseguido. Todas las guerras, y también las "guerras" al estilo ETA, tienen algo de apuesta o de juego de cartas, como decía Clausewitz. Puedes perder si no llegas, pero si te pasas es peor, ya lo observaba el personaje de La venganza de Don Mendo. La corriente dominante en la ETA, como siempre en su historia, apuesta al máximo, convencida de que si ha llegado hasta aquí se debe precisamente a haber hecho antes lo mismo. De momento, los hechos le dan la razón. Otegui (e Ibarreche, Uriarte y compañía) han dicho que el "proceso" debe continuar, pues la Constitución no está liquidada del todo; y Zapo, muy de acuerdo, coincide con ellos. Rubalcaba ha dicho que este proceso está "roto, liquidado y acabado". ¿Qué otro proceso tendrán en mente esos caballeros y caballeras?

Blog de Pío Moa en Libertad Digital, 2 de enero de 2007

Rubalcaba mantiene la ambigüedad de Zapatero: sólo se rompe ‘este’ proceso

Rubalcaba mantiene la ambigüedad de Zapatero: sólo se rompe ‘este’ proceso

En la tarde de este martes, el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, dio la cara, pero no dijo nada. No detalló cuántos kilos fueron utilizados en el atentado de Barajas ni de qué material se trata. “La policía científica está analizando en estos momentos las muestras obtenidas”. Tampoco informó desde dónde se realizó la llamada del móvil que alertó del artefacto. “La policía no ha facilitado esta información porque no lo ha considerado conveniente”. En resumen: sabemos muy poco sobre los detalles técnicos del atentado. Por no saber no sabemos cuántos etarras participaron en la operación ni hemos podido visionar la furgoneta bomba en las imágenes de la cámara de seguridad del aeropuerto.

 

Rubalcaba no compareció para dar detalles sino para anunciar que ETA había roto, terminado y liquidado el proceso. Además, el ministro aprovechó para tirar de las orejas a los populares y pedirles colaboración con el gobierno. Pero no detalló cuál iba a ser su estrategia a seguir a partir de ahora. “Permítanme que traslade esa información previamente a los grupos políticos el próximo martes”. Un oscurantismo impresentable. Y una buena muestra de que el gobierno no pretende convocar el Pacto Antiterrorista con el PP, sino “buscar un consenso más amplio”, es decir, insistir en el “todos contra el PP” de la resolución parlamentaria que permitió al gobierno iniciar las negociaciones con la banda terrorista

 

Pero lo que más llamó la atención es el mantenimiento de la equidistancia del presidente. Aunque el ministro dijera que “no existía diferencia sustancial” con lo afirmado por Zapatero, y que se trataba de un debate de “si son galgos o podencos”, la realidad es que sí existe un salto cualitativo. Rubalcaba afirmó que el proceso estaba “roto, acabado y liquidado”, algo que Zapatero no se atrevió a afirmar. Sin embargo, Rubalcaba considera que quien ha “roto, liquidado y acabado” el proceso ha sido ETA. Es decir, el gobierno no rompe, ni acaba ni liquida. Primera ambigüedad calculada. Segunda. Cuando se le pregunta si la liquidación es insalvable responde que “este proceso sí”. ¿Y con otro?, pregunta obligada. “No se me alcanza”, responde Rubalcaba. Y esto, ¿qué significa? ¿Podría haber un nuevo proceso? ¿No es esto exactamente lo mismo que decir que está en suspenso?

 

Hispanidad.com, 2 de enero de 2007

Un proceso largo, duro y difícil

Un proceso largo, duro y difícil

Acabo de volver de la manifestación convocada por la AVT en la Puerta del Sol, que estaba llena a rebosar de personas que a duras penas conseguían contener la indignación.

 

Indignación contra una banda de asesinos que ha vuelto a sembrar la muerte y la destrucción en Madrid. Indignación también contra un Gobierno que pretende seguir el proceso de concesiones a los asesinos, independientemente de lo que éstos hagan. Aunque hayan vuelto a matar.

 

La indignación contra los asesinos se da por descontada. Los asesinos hacen lo que saben hacer: matar para conseguir sus fines, sean éstos cuales sean. Podemos indignarnos, pero no sorprendernos. Nada hay en el atentado de ayer que sea distinto, en el fondo, de tantos otros atentados que ha habido antes. En nada se diferencian los muertos de ayer de los que perdieron la vida en los centenares de atentados previos. Nada ha hecho ayer ETA que no haya hecho antes.

 

Lo que no se da por descontado en ninguna democracia es la actitud de un Gobierno mentiroso, irresponsable y claudicante que ha conseguido, en sólo tres años, desbaratar todo lo logrado a lo largo de décadas de lucha antiterrorista. Lo que no se da por descontado en ninguna democracia es que un Gobierno herede del anterior una banda asesina acorralada y moribunda y consiga hacerla revivir para, a continuación, tenderla la mano. De ahí la indignación.

 

Porque tenemos un Gobierno que llegó al poder a través de un atentado cuya autoría sigue intentando que no se aclare.

Porque tenemos un Gobierno que ha llegado a falsificar informes para evitar que pudiera investigarse cualquier responsabilidad de ETA en la masacre del 11-M.

Porque tenemos un Gobierno que ha permitido que ETA se rearme y se reorganice, alcanzando las detenciones de etarras mínimos históricos.

Porque tenemos un Gobierno que ha sido capaz de llevar al Parlamento Europeo una propuesta de apoyo a ese falso proceso de paz, cumpliendo así una de las exigencias históricas de la banda terrorista: la internacionalización del conflicto.

Porque tenemos un Gobierno que está procediendo a una auténtica purga de los fiscales que más se habían distinguido en la lucha contra ETA, empezando por el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño.

Porque tenemos un Gobierno que ha consentido que el PSE de Pachi López se reúna públicamente con Batasuna, dándole un marchamo de legitimidad a lo que no es sino el brazo político de una organización que, entre otras cosas, ha asesinado a muchos socialistas vascos.

Porque tenemos un Gobierno que no duda en amenazar de expulsión a concejales socialistas vascos por manifestar su desacuerdo con una política antiterrorista claudicante, pero se apresura a arropar a auténticos ladrones a los que no sólo no se expedienta, sino que se promociona.

Porque tenemos un Gobierno que no duda en insultar a las víctimas de todas las maneras posibles, llegando a la abyección de faltar al respeto a los minusválidos.

Porque tenemos un Gobierno que ha pretendido dividir y acogotar a esas mismas víctimas, para intentar evitar que constituyeran un obstáculo dentro de su proceso de acuerdo con ETA.

Porque tenemos un Gobierno cuyo presidente se ha atrevido a calificar de "hombre de paz" a uno de los más sanguinarios asesinos de esa banda.

Porque tenemos un Gobierno que no se ha cortado a la hora de ordenar a la Fiscalía que rebaje sus peticiones de condena a los asesinos.

Porque tenemos un Gobierno que ni siquiera se ha privado de quitar los apoyos administrativos al fiscal que lleva el más importante de los casos contra ETA: el macrojuicio contra su aparato de finanzas.

Porque tenemos un Gobierno que oculta a los españoles quién dio, desde instancias policiales, el chivatazo a ETA de que se iba a producir una operación contra su red de extorsión.

Porque tenemos un Gobierno que ofrece su mano, un día sí y otro también, a Batasuna para que pueda presentarse de nuevo a las elecciones municipales, como si ignorara cuántas personas han sido asesinadas gracias a los datos proporcionados por cargos públicos municipales de esa formación terrorista.

Porque tenemos un Gobierno que no ha dudado en mentir, diciendo que no se sabía si era ETA quien había reventado el comercio de un concejal del PP en Barañain; que no se sabía si era ETA quien había robado 350 pistolas, que no se sabía si era ETA quien mandaba cartas de extorsión.

Porque tenemos un Gobierno que ha engañado al pueblo español, iniciando un proceso de claudicación ante ETA que no estaba en su programa electoral.

Porque tenemos un Gobierno que ha engañado al Parlamento, iniciando reuniones con la banda asesina antes de que quedara constatada su "voluntad inequívoca de abandonar las armas", como el Parlamento aprobó.

Porque tenemos un Gobierno que ha aprobado un nuevo estatuto para Cataluña, tal como ETA puso como condición de cara a declarar una nueva tregua trampa.

Porque tenemos un Gobierno que se ha atrevido a ofrecer un nuevo Estatuto de autonomía para el País Vasco a la medida de la "izquierda abertzale".

Porque tenemos un Gobierno que ha llegado a declarar que hace falta flexibilizar la política penitenciaria que se aplica a los asesinos.

Porque tenemos un Gobierno cuyo presidente ni siquiera se atreve, al comparecer tras el último atentado, a llamar a asesinos a los asesinos.

Porque tenemos un Gobierno que ha traicionado la memoria de las casi 1000 personas asesinadas por ETA; que atenta todos los días contra su dignidad; que trata de evitar que obtengan justicia.

Porque tenemos un Gobierno que ni siquiera después de que ETA vuelva a matar está dispuesto a interrumpir su camino de rendición ante la banda.

Nada de eso es admisible. Nada de eso es esperable en un régimen democrático. Por eso la indignación de la gente.

 

Nadie puede sorprenderse de que los asesinos asesinen, pero nadie puede esperarse que un Gobierno pretendidamente democrático facilite a los asesinos su tarea. Ni por acción, ni por omisión.

 

¿"Un proceso largo, duro y difícil", dice usted, señor Zapatero? ¿Le parece a usted moral hablar en esos términos cuando lo de "duro y difícil" significa consentir que se asesine a ciudadanos inocentes?

 

Los españoles no queremos su "proceso". Lo que queremos es que el Gobierno cumpla con su obligación de acabar policialmente con los asesinos. Y, si no cumple con su obligación, que se vaya a su casa.

 

P.D.: El martes día 2 a las 12 de la mañana, delante de todos los ayuntamientos españoles, se celebrarán concentraciones silenciosas de repulsa a la nueva demostración de barbarie de ETA, convocadas por la AVT. Allí estaremos de nuevo.

 

Luis del Pino

Libertad Digital, 31 de Diciembre de 2006

Si le queda alguna esperanza, estamos perdidos

Si le queda alguna esperanza, estamos perdidos

Esperemos que no sea un nuevo juego de palabras de los que hemos visto en las últimas semanas. Ha sido el secretario de organización del PSOE, José Blanco, 67 horas después de la comparecencia de Zapatero, quien ha dado este martes por roto el mal llamado proceso de paz. No lo quiso hacer el presidente del Gobierno el pasado sábado, cuando sólo anunció una suspensión.

 

Han hecho falta casi tres días y la presión desde el domingo del diario El País para que hoy un representante del PSOE, que no del Ejecutivo, anuncie la ruptura del proceso. Esperemos que Zapatero haya abandonado toda esperanza intelectual de reconducir y recuperar en algún momento el diálogo con la banda terrorista. España necesita que el presidente de su Gobierno reconozca que ha fracasado en su intento de alcanzar lo que el ha denominado paz.

 

Si todavía alberga una ilusión, por muy pequeña que sea, de que el fin dialogado de la violencia es posible, estamos perdidos. Si considera el atentado como un “accidente”, intentará ganar tiempo para recuperar su proyecto estrella antes de las elecciones generales. Volverá a intentar reencontrarse con los terroristas y los terroristas jugarán otra vez con él.

 

No importa si detrás de lo de Barajas está la ETA de Ternera o la de Txeroqui. No es tiempo de disquisiciones sino de detenciones y del aislamiento político de Batasuna. Es el tiempo de recuperar las fórmulas que funcionaron en el pasado, cuando ETA no mataba.

 

El servicio de emergencias del Ayuntamiento de Madrid ha confirmado lo que todos sospechábamos desde el sábado: no se va a encontrar con vida a Diego Armando Estacio y a Carlos Alonso Palate, los dos ecuatorianos sepultados bajo los escombros del aparcamiento. Era lo previsible cuando se pone una bomba con 200 kilos de explosivos en un lugar muy transitado.

 

Descansen en paz. Esa paz que en este lado de la historia no se puede construir sin justicia.

 

F.H.

Páginas Digital, 2 de enero de 2007

La precisión de Rubalcaba y el futuro

La precisión de Rubalcaba y el futuro La comparecencia ayer del ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha despejado las dudas sembradas por la que realizó el mismo día del atentado el presidente del Gobierno: el llamado proceso de paz ha quedado roto, liquidado, y sepultado por el brutal atentado de ETA. No se puede recuperar. Si la expresión “suspensión”, empleada por el presidente y la de “con violencia no puede haber dialogo”, utilizada por José Blanco, podían dejar abierta una puerta a que lo sucedido no clausuraba la autorización dada por el Congreso de los Diputados para dialogar con ETA, las manifestaciones del Ministro han zanjado la cuestión.

Tiempo habrá para revisar las bases desde las que se han emprendido los sucesivos intentos de acabar con el terrorismo por la vía de la negociación. Pero conviene ir apuntalando la idea de que en la naturaleza del terrorismo de ETA no se contempla la posibilidad de convertirse en otra cosa distinta que una banda criminal. No tienen reconversión posible y esa convicción, asumida por todos, debiera ser el punto de partida para la estrategia de liquidación del terrorismo que utiliza a Euskadi como pretexto para sus crímenes.

 

El siguiente paso, una vez realizada la autocrítica sobre la forma en la que se ha conducido este proceso y en la actitud que han tenido todas las partes implicadas desde el Estado de Derecho –Gobierno, partidos políticos, periodistas e instituciones- debe ser el establecimiento preciso de un diagnóstico indiscutible y asumido por todos de la naturaleza del terrorismo de ETA. Y dentro de ese análisis deberá figurar en letra de oro la consideración de la existencia o no de un conflicto político en el País Vasco.

 

Personalmente pienso que no existe déficit democrático en el sistema político vigente en la comunidad autónoma vasca. No hay, en consecuencia, nada que revisar en su ordenamiento jurídico que facilite a quienes no aceptan la ley su cumplimiento. Todas las cuentas históricas que pudiera haber pendientes con el País Vasco producto de los desencuentros del pasado entre la libertad y la ley, están saldadas por la Constitución de 1.978 y por el Estatuto de Gernika. Quien no quiera reconocer este marco jurídico y político no tiene otro remedio que reconsiderar su posición y sería bueno hacerles saber a esos irredentos que el Estado de Derecho español jamás se sentará a discutir una modificación de las leyes por la existencia de una organización terrorista, para que esta desaparezca o para que se incorporen a las instituciones quienes se sienten representados por ella.

 

Si ese consenso tan elemental quedara preciso, quienes siguen matando cada vez que se les ofrece una negociación y no logran lo que quieren, sabrían para siempre que jamás conseguirán otra cosa que cumplir la integridad de sus condenas en la cárcel.

 

Carlos Carnicero

Elplural.com, 3 de enero de 2006

¿Es la ruptura del proceso un nuevo engaño? Zapatero no sabe, no contesta

¿Es la ruptura del proceso un nuevo engaño? Zapatero no sabe, no contesta

Quien haya visto la comparecencia del presidente Zapatero del pasado sábado, tras el atentado en Barajas, puede darse cuenta del estado de desorientación política y personal en que se halla el presidente tras haberse metido, sin que nadie le hubiera presionado a ello, en el peor charco de la historia de la democracia española. El ya famoso tic nervioso que le aquejó en los párpados es una espléndida metáfora del “no, pero sí, pero también” que protagonizan él mismo, Pepe Blanco y el inefable Pérez Rubalcaba.

 

El presidente Zapatero confirmó en aquella comparecencia informativa que lo único que haría sería suspender el diálogo y, dado que lo reiteró con esas mismas palabras a la triple pregunta periodística de si el “proceso de paz” estaba roto, nada más lógico que concluir lo que todos concluyeron: diálogo suspendido y proceso sostenido.

 

Claro, la oleada de críticas ciudadanas y el pasmo de los medios no se hicieron esperar. Suponemos que la Nochevieja del presidente, aparentando tranquilidad en su refugio de Doñana a pesar de la devastación que ETA provocó en la T4, debió de ser poco tranquila. ¿Cómo se puede mantener la calma ante los quinientos kilogramos de explosivo, dos muertos y la inviabilidad de la apuesta política más importante de la legislatura?. José Blanco fue el primero, ayer, en reexponer, traducir o reinterpretar el mensaje de la espasmódica alocución de disco rayado del sábado pasado. Pero, es evidente que alguien de tan poco calado, de tan bufonescas intervenciones y de tan prolífica capacidad para insultar como el ínclito “Pepiño” no era suficiente si lo que se deseaba era dar una impresión seria de proclamar el fin de la negociación. Es por eso que, después de él, fuera el ministro del Interior, Rubalcaba, quien utilizara hasta tres adjetivos para decir lo que los españoles saben que debe decir. El “proceso está roto”.

 

Pero, ¿es verdad?. Recordemos que, con ocasión del robo-rearme de ETA en el sur de Francia el pasado mes de agosto, las tan cacareadas “consecuencias” que Zapatero anunció se concretaron en las reuniones de Azpeitia a tres bandas: PSOE, PNV y Batasuna. ¿Por qué habríamos de creer ahora al Presidente?.

 

Más datos. El sábado del atentado, día 30 de diciembre, el titular de Exteriores, Moratinos, comunicaba al gobierno de Ecuador la muerte de dos de sus ciudadanos. ¿Cómo podía saber el ministro lo que aún hoy sólo sospechamos?. La nota oficial del gobierno ecuatoriano, lamentando las dos muertes y proclamando su apoyo a la negociación ETA-Zapatero huele a componenda política de bajos vuelos y confirma que el gobierno español, inductor de la declaración del ecuatoriano, aún daba por no roto el “proceso”.

 

Los cadáveres no aparecen. Ni siquiera, lo que sería más normal, hay restos orgánicos de ellos. Es este un mal escenario para Zapatero, pero sería aún peor el se encontraran evidencias de la existencia de dos víctimas mortales. Y es que, aún no podemos confiar en Rubalcaba. Primero porque quien debería decirlo, es decir, el presidente, no sale ante los medios a decirlo. Quien debiera acudir al Parlamento a aprobar una resolución que dé por acabada la que él pidió a favor de negociar con ETA, no lo hace. Y, por último, sabiendo, como sabemos, que si no hay negociación, nada le queda ya por hacer a Zapatero, salvo liquidar todo lo que dijo e hizo, aún no podemos creer que llegue a ese límite.

 

La vía intermedia, mediocre, gris y difusa, es la que, probablemente siga. Roto el proceso, Zapatero no retornará al pacto antiterrorista con el PP, procurará la ambigüedad de una vaga declaración contra ETA de una mayoría el arco parlamentario, con o sin el PP -.mejor con él-, y cruzará los dedos para que ETA le permita ganar, cuando menos, las municipales y autonómicas. Y eso si no vuelve a negociar en secreto, una vez más.

 

Editorial de Diario Liberal, 3 de enero de 2006

 

El final de la escapada

El final de la escapada  
No es una frase mía: la primera víctima de la explosión de Barajas, además de la persona que a estas horas todavía permanece desaparecida entre los escombros promovidos por la explosión, es el presidente del Gobierno de España, José Luis Rodríguez Zapatero. En política casi todos los errores están contemplados y existe un baremo para el cálculo de costes y el ejercicio de responsabilidades. En el final de ese recorrido están contempladas las situaciones que dejan en ridículo a los gobernantes escasamente dotados para serlo; el presidente del Gobierno lo ha hecho con creces.

La autocomplaciente comparecencia del 29 de diciembre de 2006 ha sido sobrepasada por la brutal explosión de Madrid y ha dejado en evidencia que José Luis Rodríguez Zapatero, con un infantilismo difícil de superar, ha estado excedido en todo momento por sus propios deseos sin hacer caso a las señales y a las advertencias que dejaban clara la voluntad de ETA de imponer unas condiciones políticas en donde no podían existir otras razones que la utilidad política y social de acortar el final de ETA mediante una rendición concertada encubierta de negociación.

Ahora la confianza que una parte de la sociedad tenía en el presidente del Gobierno para conducir este proceso ha quedado sepultada bajo los escombros del aparcamiento de la nueva Terminal de Barajas. No es posible que nunca más el presidente del Gobierno reclame a los ciudadanos confianza en un proceso que no ha sabido dirigir obcecado por el deseo de conseguir que el terrorismo le brindara un logro personal.

Nada que decir del cinismo de Arnaldo Otegui al indicar que el proceso no está roto por la explosión. Queda para los ingenuos, los voluntaristas y los responsables la afirmación de que el proceso se ha interrumpido. Lo que debe ocurrir es la comunicación formal a ETA de que han perdido la última oportunidad que los ciudadanos españoles les habían brindado de acabar sus días de forma distinta que en el más profundo de los calabozos. Un presidente de Gobierno que quiera enmendar todos los errores cometidos en este asunto sólo tiene una vía: pactar los términos de una declaración formal con el principal partido de la oposición y con todos los grupos parlamentarios que deseen adherirse para informar a la opinión pública que se ha terminado el ciclo histórico de las ofertas recurrentes a ETA para que puedan seguir matando en la esperanza de que siempre tendrán abierto el camino de la negociación. Lo que de verdad debiera estar sepultado debajo de los escombros de Barajas es cualquier posibilidad de un dialogo con una pandilla de asesinos a los que solo puede esperar el peso de la ley.

Carlos Carnicero
Diario Siglo XXI, 30 de diciembre de 2006