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Foro El Salvador

El problema central se llama ideología de género

El problema central se llama ideología de género

Sería cómico, si no fuera trágico, la indolencia cuando no ignorancia, sobre cuál es el problema central que va a demoler a la sociedad española si no se activan importantes respuestas para evitarlo: se llama ideología de género, más conocida como “perspectiva de género”.

 

Esta doctrina se ha convertido en el eje de la gobernación española como es fácil constatar por las numerosas medidas legales desplegadas y la concentración de una acción de gobierno, que el barullo autonómico primero y ahora el rotundo fracaso de Zapatero con el terrorismo, tienden a enmascarar.

Pero ninguna de estas dos cuestiones, sin negar su importancia, pueden dañar de manera irreparable a la sociedad española. A veces se razona como si el estado fuera toda la sociedad. Esto es falso, y los cristianos deberíamos ser los primeros en saberlo.

El estado es sólo, y es muy importante, la expresión organizada de la sociedad civil para garantizar con mayor o menor acierto, en ocasiones, ninguno, el bien común. Es decir, no una categoría general y abstracta como aquello del “interés general”, que siempre necesita de jueces áulicos que lo definan.

El bien común es el mayor agregado posible de los bienes personales y de las instituciones sociales valiosas, como el matrimonio, la paternidad y la maternidad, el parentesco, la escuela, la empresa, etc. Esto es lo que configura realmente España.

Cuando las grandes crisis de los años 80 arrojaron al paro a uno de cada cinco españoles, y el estado era incapaz de atender sus problemas, fue la familia española la que actuó de colchón de la crisis con muchos mejores resultados, según los propios estudios británicos, que el desarrollado por el Welfare State del Reino Unido.

 

Pero para que la sociedad civil funcione son necesarias las infraestructuras sociales, especialmente las que están en el fundamento de todas las restantes. Esto es, el matrimonio estable, con capacidad de generar descendencia y educarla, y con él las redes de parentesco, no nominales sino reales, que funcionan a través de relaciones presenciales frecuentes y que configuran la componente fundamental, por primigenia, en la formación del capital social.

 

La ideología de género persigue liquidar a la familia que llama “tradicional” que no es otra que la familia, punto. Pretende liquidar la condición natural del ser hombre y del ser mujer, que ve en la maternidad un práctica de supeditación de la hembra al macho.

La ideología de género es, en definitiva, una ideología que inspirándose malamente en el marxismo proclama la superación del actual modelo de sociedad mediante la transformación de la diferenciación sexual en puras categorías culturales y, por consiguiente, opcionales y elegibles donde tanto da ser hombre, mujer, homosexual, bisexual o transexual. Todo es lo mismo y mudable.

 

España se ha convertido en la punta de lanza mundial en este intento de transformación.

 

ForumLibertas publica en esta ocasión un interesante informe de la Fundación para el Desarrollo Económico y Social, que identifica con precisión las numerosas leyes que el gobierno de Zapatero ha desarrollado en este ámbito hasta convertir a España en una anomalía en el contexto occidental.

 

Editorial de Forum Libertas, 31 de enero de 2007

UNA PELÍCULA TÓPICA PERO AUTÉNTICA. Fuerte Apache

UNA PELÍCULA TÓPICA PERO AUTÉNTICA. Fuerte Apache

El viernes se estrenó Fuerte Apache, del debutante cineasta catalán Mateu Adrover, autor y director de este drama social sobre los Centros Tutelares de Menores. Un montón de adolescentes constituyen el reparto coral de este film que encabeza un estupendo Juan Diego al que acompaña la cantante Lolita Flores.

 

La película es muy elemental y previsible en su guión, pero no por ello es una película fallida. Es más bien una ópera prima correcta, que huye con acierto de la pedantería, y que hace un esfuerzo por acercarse dignamente a un asunto muy difícil de abordar. La formación periodística del director le posibilita dar al film un aire documental que refuerza su autenticidad.

 

Fuerte Apache habla de Toni Darder, un hombre que recupera su marchita vocación educadora gracias a su relación con Tarik, un marroquí de catorce años que acaba de ingresar en el Centro de Menores Can Jordá de Barcelona donde él trabaja. Aunque la trama no se diferencia mucho de las películas escolares o carcelarias tipo Rebelión en las Aulas, la novedad de Fuerte Apache estriba en abordar la problemática de los centros públicos de menores. Funcionarios que van y vienen, interinidades, incapacidad de frenar el descontrol en los centros... en definitiva, la dificultad de que esos centros cumplan su misión educativa.

 

En ese sentido, la tesis clave de Fuerte Apache es correcta. Sustancialmente, lo que necesitan los chicos tutelados es lo que les ha faltado siempre: que alguien les quiera. Cuando tienen ese amor entran en la rampa de la reconstrucción; tardarán más o menos en despegar, pero ya están en la pista. Este es el caso de Tarik, pero no de su hermano Ahmed. Y es que la diferencia estriba en el uso de la libertad de cada uno. No de la libertad para equivocarse, sino de la libertad para mirar a quien te quiere y volver a empezar. Por eso los penúltimos planos del film en el espigón del puerto son sin duda los más verdaderos de toda la historia.

 

Si nos centramos en el personaje de Toni, la película nos habla de segundas oportunidades, de la posibilidad de retomar el sentido del trabajo a cualquier edad. Sin embargo, este es el aspecto más pobre de la historia, ya que inevitablemente descansa sobre un cierto voluntarismo de tono amargo. Un film mucho más auténtico que El laberinto del Fauno, pero ya sabemos que no es la autenticidad lo que se valora al dar premios.

 

Juan Orellana

Libertad Digital, suplemento Iglesia, 1 de febrero de 2007

Izquierda y derecha

Izquierda y derecha


Una de las tareas básicas de las ciencias, tanto naturales como sociales, consiste en proporcionar definiciones precisas. Así se evitan las confusiones y se sabe de qué se está hablando. Existe una gran confusión cuando se habla de izquierda y derecha, precisamente, por falta de definiciones.

 

Algunos autores se pasan la vida explicando que los conceptos izquierda y derecha tienen que ver con la situación de los escaños que ocupaban siglos atrás los parlamentarios franceses; otros dicen que la izquierda es la corriente que se preocupa por la suerte de los pobres y que la derecha aboga por los intereses de los ricos, como si fueran cosas irreconciliables. Se ha dado pábulo a estigmas sin fundamento y a glorificaciones igualmente infundadas, de tal forma que la nube de confusión sigue creciendo. Es necesario adoptar definiciones claras, a fin de distinguir el color de los discursos y de las medidas políticas y económicas que se adoptan.

Para definir a la izquierda y a la derecha precisamos del concepto de propiedad privada. Se puede decir que un individuo posee la propiedad privada de, digamos, una bicicleta si tiene el derecho de intercambiarla, darla como garantía, regalarla o destruirla, si así lo desea, sin que un tercero lo impida, lo regule o lo controle. Estas cuatro acciones definen con precisión el concepto de propiedad privada: basta que uno de los requisitos no se cumpla para que el concepto se mueva en el terreno de lo nebuloso. Armados de esta definición, podemos pasar a la que nos interesa.

Podemos definir la izquierda como la corriente filosófica, política y económica que cree, aboga y lucha por construir un mundo sin propiedad privada. La derecha, por el contrario, cree que es mejor asentar el mundo sobre la propiedad privada. Con estas definiciones se puede entender muy bien el antagonismo entre izquierda y derecha, pues pugnan por principios diametralmente opuestos: una insiste en el respeto por la propiedad privada, la otra quiere destruirla.

La izquierda cuenta con multitud de grandes pensadores. El más representativo es Karl Marx, quien claramente propone, en el Manifiesto comunista, la abolición de la propiedad privada para conformar, sin ella, una nueva sociedad. Otros pensadores de izquierda son Friedrich Engels (a pesar de que era empresario), Vladimir Illich Lenin, Stalin, Pierre-Joseph Prouhdon, Mao Zedong, Charles Bethelheim, Rosa Luxemburgo, León Trotski, Oscar Lange, Eduardo Galeano, Norberto Bobbio. Nótese que estos autores nunca defendieron la propiedad privada; al contrario, la consideraban un mal de la sociedad, un engendro del diablo que había que erradicar.

Los más representativos teóricos de la derecha son Richard Cantillon, Frédéric Bastiat, Juan Bautista Alberdi, Carl Menger, Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek, Milton Friedman, Murray Rothbard, Hans-Hermann Hoppe, Jesús Huerta de Soto. Es posible que estos mismos autores nunca se hayan calificado como "pensadores de derecha", pero todos ellos defienden la propiedad privada como pilar de una sociedad civilizada.

Viejos estadistas de izquierda fueron Lázaro Cárdenas, Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Fidel Castro y Pol Pot. De entre los estadistas de derecha podemos recordar a Thomas Jefferson, a Juan Bautista Alberdi, a Porfirio Díaz, a Margaret Thatcher, a Ronald Reagan, a Václav Klaus, a Deng Xiaoping.

También podemos distinguir a los actuales Gobiernos de derecha, como los de Irlanda, Estonia, Nueva Zelanda, Hong Kong y China, que están tratando de reconstruir la sociedad sobre la base del respeto a la propiedad privada (desregulan, privatizan, reducen impuestos, etc.), de los de izquierda, por ejemplo los de Corea del Norte, Cuba, Bolivia, Venezuela y Zimbabue, que destruyen la propiedad privada: suben los impuestos, imponen reglamentos, acometen nacionalizaciones y tratan de pasar todo a manos del Estado.

Por cierto, el mundo está gobernado por la izquierda en más del 80%. También hay que reconocer que hay Gobiernos que caminan a oscuras y se llaman de centro, para mostrar su indefinición.

En resumen, para saber si una política, propuesta o anhelo es de derecha o de izquierda basta saber qué posición adopta ante el concepto de propiedad privada. Y si alguien quiere saber si es de derecha o de izquierda, basta con que se pregunte: ¿respeto la propiedad del prójimo, o trato de robar, traspasar o destruir la propiedad de otros?

© AIPE

Por SANTOS MERCADO REYES, profesor de Economía en la Universidad Autónoma Metropolitana (México).

Libertad Digital, suplemento Ideas, 31 de enero de 2007

Mariano no pedalea

Mariano no pedalea


A Rajoy le pirra el ciclismo. Le gusta subirse en una bicicleta y en algún caso ha llegado a hacer de comentarista deportivo de la Vuelta a España. Pero ahora, que se ve ya el cartel de meta de la legislatura y cuando se ha cumplido un mes del atentado de la T4, Mariano no le da los pedales con suficiente brío. Ni dentro ni fuera del partido.

 

“A Aznar esto no se le hubieran hecho, Zaplana no se habría atrevido a mover un dedo”. Con esta frase comentaba uno de los que fuera dirigentes del PP en las anteriores legislaturas el enfrentamiento del portavoz de los populares en el Congreso de los Diputados a cuenta de la renovación de cargos en la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM).

 

Zaplana durante semanas le ha estado haciendo la cama a Francisco Camps por la renovación de los cargos en la caja alicantina, su tradicional feudo. El actual presidente de la Generalidad de Valencia ha tenido que soportar en silencio cómo Zaplana montaba una lista alternativa pactada con los socialistas para renovar los cargos. El clima ha sido tan tenso que el entorno de Camps se sobresaltó cuando el consejero portavoz de la Generalidad confirmó tímidamente las reuniones entre socialistas y zaplanistas.

 

Mariano ha creado un clima laxo en el que el zaplanismo, que tiene unos largos tentáculos muy influyentes en los pocos medios críticos con el Gobierno, campa a sus anchas y condiciona de forma poco conveniente su agenda. No hay debate de ideas, ni siquiera una discusión táctica sobre cómo aprovechar mejor el momento de debilidad por el que atraviesa Zapatero. Al menos en Madrid, el duelo entre Gallardón y Aguirre ha tenido cierta riqueza, se trata de dos pesos pesados. Pero lo de Valencia ha sido una lucha de poca altura por el feudo, una lucha fruto de ese dejar pasar, de ese dejar hacer tan característico de Mariano. Menos mal que Aznar le dejó el partido cohesionado.

 

El último mes nos ha dejado el retrato más característico del actual presidente del PP. Tuvo una intervención firme tras su reunión en la Moncloa con Zapatero, tuvo una tarde contundente –que no brillante- en el Congreso cuando compareció Zapatero. Pero en uno de los momentos más críticos de la legislatura se le ha visto sin arranque, sin capacidad para suscitar entusiasmo o al menos curiosidad en una opinión pública que buscaba referentes consistentes.

 

El siempre hábil Rubalcaba ha conseguido darle la vuelta a la situación; ha conseguido que Mariano no asistiera a la manifestación convocada por los sindicatos y no pudiera justificar su ausencia; ha conseguido que el PP aparezca como el culpable de que el Pacto Antiterrorista haya sido enterrado. La falta de iniciativa, lo repetitivo de un discurso verdadero pero cansino y el dejarse enredar en un zaplanismo que dice no a todo con arrogancia han dejado a Rajoy durante este mes en un segundo plano.

 

Sólo ha ganado terreno cuando ha sido propositivo. Sólo consiguió un tanto cuando hizo una propuesta sobre la política antiterrorista y el resto de los grupos parlamentarios se negó a debatirla. Entonces consiguió romper ese cerco mediático del que tanto se quejan en el PP, como si tuvieran derecho a que alguien les regalara algo.

 

Este mes la oposición la han hecho los jueces independientes. Mariano nos ha obligado a rescatar del olvido a los que también fueron candidatos a suceder a Aznar.

 

Fernando de Haro

Páginas Digital, 31 de enero de 2007

Los casos de Moradiellos y Viñas

Los casos de Moradiellos  y Viñas


La falta de atención hizo que en un artículo anterior diera por buena una frase de Preston atribuyendo a Von Rundstedt la dirección de las operaciones alemanas en los Balcanes, en abril de 1941. Se trataba de Von List.

Los ejemplos vistos de Azaña y de Franco en relación con Hitler ilustran suficientemente, creo, la calidad de la crítica histórica del señor Reig y de la polémica que son capaces de producir los historiadores del gremio. Me extenderé brevemente más adelante.

Por lo que se refiere al caso de Franco, decía, los análisis lisenkianos vulneran constantemente el principio de que el máximo dirigente político o militar es el acreedor al éxito o fracaso de sus decisiones. Quien tenía en su mano la decisión de entrar o no en la guerra era Franco, el cual ejerció su poder con mucho celo, consciente de todo lo que estaba en juego entonces y apartando a quienes pudieran perturbar su capacidad de decisión, como Yagüe o, más tarde, Serrano Súñer y Varela. Tuvo que bandearse entre las presiones de Hitler y las de Churchill -- que estaba reduciendo a España al hambre, o incrementándola notablemente--, atento a ambas pero gobernando él la nave. Nuestros distinguidos historiadores progres, en cambio, solo destacan a Franco cuando fracasa o creen que fracasa, y lo borran cuando tiene éxito, y así prefieren dar el crédito de la neutralidad española a Hitler. Algunos, más generosos, se lo hacen compartir a Churchill. La impaciencia del primero con las exigencias del Caudillo y la habilidad del segundo para apretar el cinturón de los españoles serían las verdaderas causas de la permanencia de España al margen del conflicto. Así lo indica Enrique Moradiellos.

Este historiador es un caso especial entre los lisenkianos, pues aceptó un debate conmigo en la revista digital de Gustavo Bueno El Catoblepas, no sé si por una básica honradez intelectual o por alarma ante el terreno que estaba perdiendo el gremio, para el caso da lo mismo. Después de la polémica ninguno más siguió su ejemplo, prefiriendo la táctica de combinar el ninguneo, la apelación a la censura y las pullas ocasionales. De cualquier modo, el debate con Moradiellos fue muy instructivo respecto a cómo estos intelectuales suelen perderse en cuestiones secundarias. Él planteó su crítica en torno a las cifras de las intervenciones soviética, alemana e italiana, negando mi aseveración de que fueron más o menos equivalentes, y pretendiendo que la mayor aportación germanoitaliana habría decidido la guerra. Como le indiqué, la cuestión de las cifras, aun si interesante, no es fundamental, y su fuente principal, el libro de Howson, resulta muy poco fiable. Como en el caso de las relaciones con Hitler, fue la conducción de la guerra por Franco -- incluyendo en esa conducción la obtención y utilización de las aportaciones italogermanas-- el factor clave, a menos que Moradiellos demuestre –ni siquiera lo intenta-- que los italianos y alemanes operaron en España al margen de la dirección del Caudillo y en masa suficiente para decidir el resultado.

La cuestión principal, le insistí en varias réplicas, no era esa, sino el efecto político de las intervenciones extranjeras. Hay una diferencia radical entre unas y otras: Franco mantuvo en todo tiempo la independencia frente a sus amigos, y el Frente Popular no. Hitler nunca dictó la política ni la dirección militar del bando nacional, mientras que Stalin sí lo hizo, en medida muy grande aun si no completa, con las de sus aliados, sus tutelados en realidad. Resumiré brevemente la argumentación y los datos: Stalin no solo indicó personalmente a Largo Caballero la política a seguir, sino que cuando éste empezó a mostrarse rebelde lo hizo defenestrar, como también haría con Prieto por la misma razón. Para dirigir su política se valió de Negrín, seguidor fiel, en lo esencial, de la línea soviética, y aquí importa poco si lo hacía por convicción o por otras razones.

A Moradiellos, la conducta de Negrín le parece excelente, por la única razón de que se opuso hasta el final a Franco, sin importarle que esa oposición supusiese muchas decenas de miles de muertos innecesarios, la pérdida de las reservas financieras de España, el saqueo en unos casos y la destrucción en otros, de un invalorable patrimonio histórico-artístico, el expolio de incontables bienes de particulares, ilegalidades como la de formar un verdadero ejército particular, una corrupción masiva, la represión, con multitud de torturas y asesinatos, contra sus propios aliados, el intento de prolongar la guerra hasta enlazarla con la mundial, que habría multiplicado víctimas y estragos, etc. El hecho de luchar contra Franco lo cubre y justifica todo, a su juicio.

Pero Negrín no era el único instrumento de Stalin para dominar el Frente Popular. Tenía otro más efectivo, un partido comunista orgulloso de ser su instrumento ciego, y que llegó a convertirse en el partido más fuerte de las izquierdas, sobre todo en el ejército y la policía. Estaban, además, los asesores soviéticos que, siendo menos que los militares alemanes e italianos, influían muchísimo más, hasta el punto de impedir operaciones de gran alcance del mando “republicano”, como el plan de ofensiva por Extremadura, negándoles la cooperación aérea o blindada. Por no hablar de la policía secreta soviética, que operaba en España independientemente y con sus propias cárceles y dirigía de hecho a la policía política izquierdista española. Nada ni remotamente parecido ocurrió en el bando nacional. A Moradiellos todo esto le parece algo sin mayor importancia, mientras que yo opino lo contrario. Cuestión de enfoque.

Volviendo a Negrín, al margen de sus convicciones personales había un lazo de oro que le supeditaba inevitablemente a Stalin, cosa que no acertó a comprender el rebelde Largo Caballero, pese a haber contribuido a forjarlo. Ese lazo era el tesoro del Banco de España, enviado a Moscú. Enviado, como señala Martín Aceña, a un régimen opaco, financieramente y en todos los aspectos, lo cual significaba la pérdida de control del mismo por parte del Frente Popular. De la buena o mala voluntad de Stalin iba a depender absolutamente la suerte de las izquierdas, pues el jefe soviético iba a dominar los suministros de armas.

Algunos autores, como Ángel Viñas, han justificado el envío del oro a la URSS pretendiendo no ver nada anormal en la operación, causada, afirman, por la “traición” o defección de las democracias con respecto a la “República”. Como si el Frente Popular no se compusiera, precisamente, de los partidos que hundieron el inicial proyecto de democracia liberal con que nació la república. Mis críticas a Viñas indignan a Reig: “Moa acusa a ambos (¿?) de “oficiosidad prosoviética”, por lo que, en tanto que “funcionarios españoles”, parece dar a entender, serían una especie de traidores a su propia patria. A Viñas le acusa de “servilismo pro soviético”, así como de continuar “la tradición de ciertos funcionarios del Frente Popular”. En efecto, buen Reig, en efecto. Ahí ha dado usted en el clavo. Los textos de Viñas rezuman desprecio no solo al franquismo, sino a España en general, quiero decir a la España histórica; y una admiración beata y snob hacia cualquier país ocasionalmente enfrentado al nuestro, sea la URSS o Gran Bretaña. Actitud muy extendida en la izquierda, por otra parte. Desde luego, continúan la tradición de ciertos funcionarios que no solo entregaron ilegalmente el oro español a Stalin, sino que expoliaron en su propio beneficio, como dije, el patrimonio artístico e histórico español y los bienes de una multitud de particulares. Todo lo cual parece muy bien a Viñas, Moradiellos, Reig y compañía. Tan importantes se creen, y tan despreciable su país. Traidores, por supuesto, y otras cosas. Pero lo que aquí me importa no es eso, sino la profunda deshonestidad intelectual que constatamos en ellos a cada paso.

Para defender a Viñas, nuestro buen Reig, castizo a su pesar, por no decir paleto, exhibe los títulos de su admirado profesor: “Técnico comercial del Estado, catedrático de Economía Aplicada, (…) Importantes responsabilidades en la Dirección General de Relaciones Exteriores de la Comisión Europea donde se ocupó de las relaciones con Asia y América Latina amén de relaciones multilaterales, política de seguridad, implementación democrática y derechos humanos”, etc. Lo de la implementación democrática y los derechos humanos queda muy bien en quien encuentra normal la supeditación del Frente Popular a Stalin. Desgraciadamente Reig olvida, como acostumbra, algunos otros datos interesantes del currículo del señor Viñas: fue largos años funcionario de la administración franquista, y en puestos de confianza.

PIO MOA

Por la libertad, derrotemos juntos a ETA, no a la negociación

Por la libertad, derrotemos juntos a ETA, no a la negociación

 

“Si me matan, no quiero que digan en mi epitafio que moría por la paz, sino que luché por la libertad” (Mario Onaindia).

 

Es una obligación moral comenzar mostrando nuestra solidaridad con Carlos Alonso Palate y Diego Armando Estacio, asesinados por ETA en la T4 de Barajas el 30 de diciembre, y con sus familiares y amigos, así como con el resto de los casi mil asesinados, los heridos y mutilados, los extorsionados, los amenazados, los desterrados, aquéllos a quienes el terrorismo ha dejado una marca indeleble en sus vidas.

 

Con el brutal atentado de Barajas ETA ha puesto de manifiesto, una vez más, su naturaleza criminal y fascista. No es nada nuevo: desde hace decenas de años la banda ha venido ejerciendo la violencia con el único objetivo de obligar a los representantes políticos a sentarse a negociar bajo amenaza y chantaje e impedir que los ciudadanos podamos pensar, expresarnos y comportarnos libremente. Por eso el proyecto terrorista ataca directamente a la libertad, al Estado de Derecho y a la Constitución que pretende violar y por eso son la Constitución, el Estado de Derecho y la libertad los que requieren una defensa activa y comprometida de toda la sociedad.

 

Ése es el motivo de que esta manifestación sea algo más que la expresión de la solidaridad con Carlos Alonso, Diego Armando y el resto de las víctimas: es también la expresión pública de la coincidencia y unidad de todos los presentes en el rechazo frontal del terrorismo y de cualquier negociación con los terroristas. No es una convocatoria ni de izquierdas, ni de derechas, ni de centro, es una convocatoria para todos los ciudadanos que quieran defender la libertad, confíen en el Estado de Derecho, en la derrota de ETA y que se opongan a la negociación con los asesinos. En un asunto de tan vital trascendencia no debe haber otro objetivo que la disolución total de ETA y la entrega de las armas: ésta es una cuestión de principios democráticos irrenunciable. Y para conseguirlo es necesario sacar las enseñanzas adecuadas de las equivocaciones cometidas a lo largo de tantos años de existencia de la banda.

 

No queremos mirar atrás para reprochar nada a nadie, sino para aprender de los errores y no volver a incurrir en ellos:

 

1. Debemos aprender de nuestro pasado que ETA no pone en riesgo la paz, sino la libertad y que cuando se ha hablado de “proceso de paz” para referirse al diálogo con los asesinos, se ha utilizado un término engañoso; España no está en guerra: no volvamos a repetir este error.

 

Pedimos que no se hable de paz, cuando lo que se requiere es un proceso de libertad y de aplicación de la ley, para que haya justicia.

 

2. Debemos aprender de nuestro pasado que las víctimas del terrorismo que dicen “no a la negociación” no hacen partidismo, sino que defienden los principios y valores por los que muchos de ellos se han convertido en víctimas. No se han politizado como víctimas, sino que precisamente los han convertido en víctimas, en su mayoría, por sus posturas políticas o personales frente a ETA o frente al nacionalismo o por su entrega en defensa del Estado de Derecho. Por eso ha sido una equivocación establecer diferencias entre las víctimas y olvidar las peticiones de las asociaciones que mayoritariamente las representan. No volvamos a repetir este error.

 

Pedimos que se respete y escuche la opinión de las víctimas, sin estigmatizarlas y sin acusaciones de politización que sólo vienen a hacer más profunda la herida que les ha dejado el terrorismo, ya que se les supone incapaces de tomar mantener opiniones o tomar decisiones al margen de los intereses de los partidos políticos. Seamos solidarios con todas las víctimas de ETA, hoy especialmente con Carlos y Diego, por la cercanía de su asesinato, pero con todas las anteriores también.

 

3. Debemos aprender de nuestro pasado que las mal llamadas treguas de los terroristas no son más que una parte de su estrategia terrorista, una pieza lógica y esencial de su proyecto para imponer su voluntad por medio del terror y obligar al Estado a sentarse a negociar bajo amenaza. Ha sido una equivocación responder a esa estrategia con ofertas de diálogo o modificaciones de la política antiterrorista: no volvamos a repetir este error.

 

Pedimos el compromiso firme para no volver a modificar jamás la actitud y las medidas contra ETA porque ésta decida declarar una tregua. Sólo el anuncio incondicional del abandono inmediato y definitivo de las armas y de toda la actividad terrorista, acompañado de hechos que lo acrediten con absoluta seguridad, deberá valer para los demócratas.

 

4. Debemos aprender de nuestro pasado que no hay nada que negociar con ETA. En primer lugar porque no hay espacios legítimos entre la Democracia y el proyecto liberticida de la banda. Y en segundo lugar porque los intentos de diálogo no son gratuitos: sirven para legitimar a los terroristas, para hacerles concebir esperanzas y para que puedan recomponer sus fuerzas y animar a sus bases; la política de hacer, prometer o insinuar concesiones no logra, como se ha visto, más que fortalecer a los terroristas. Por eso la negativa a cualquier diálogo o negociación es el único camino para que pierdan toda esperanza de conseguir ninguno de sus objetivos y se extienda así entre sus filas y simpatizantes la desmoralización. Una desmoralización que acelere la degeneración y consiguiente derrota de ETA y la conquista de la libertad. Frente al fascismo de ETA no cabe más alternativa que la firmeza democrática, la movilización ciudadana y la persecución judicial y policial. Por eso, cuando se han abierto escenarios de negociación con la banda, se ha tomado el camino equivocado: no volvamos a repetir este error.

 

Pedimos que se rechace cualquier tipo de diálogo o negociación con ETA y que se apueste por su derrota con todos los instrumentos del Estado de Derecho.

 

5. Debemos aprender de nuestro pasado que la unión de las principales fuerzas políticas de España en una política antiterrorista sustentada sobre bases claras y de firmeza, apostando por la derrota de ETA y contra la negociación, es el mejor camino para reducir a los terrorista a la incapacidad y marginalidad y conseguir, finalmente, su derrota y el triunfo de la libertad. La ruptura del Pacto por las Libertades y Contra el Terrorismo fue una equivocación: no volvamos a repetir este error.

 

Pedimos la recuperación del Pacto de Estado por las Libertades y contra el Terrorismo en toda su integridad. Pedimos unidad en la lucha antiterrorista basada en unos principios conocidos y claros que eliminen del horizonte cualquier posibilidad de negociación o final dialogado con la banda.

 

Precisión en los términos, solidaridad y respeto a las víctimas, unidad en la firmeza y en la defensa de la libertad y la Constitución, rechazo explícito y contundente de toda negociación, abandono de cualquier horizonte de final dialogado de ETA y compromiso para obtener su derrota con todos los medios del Estado de Derecho. Ésas son nuestras peticiones y nuestras democráticas exigencias.

 

El criminal atentado de ETA en la T4 de Barajas exige una respuesta ciudadana y popular masiva, como la que ejemplarmente protagonizó la sociedad española tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Como entonces se puso de manifiesto, sólo una multitudinaria respuesta social de este tipo –capaz de desbordar y superar las divisiones y los recelos partidistas– tiene la fuerza necesaria para combatir a los terroristas, sus cómplices y quienes los amparan, los financian o los justifican. Exigimos a todas las fuerzas políticas democráticas que se unan a la inmensa mayoría de los españoles para llevar a cabo esta urgente tarea. Quienes se opongan a este camino de unidad y firmeza asumirán una gravísima responsabilidad ante la sociedad española.

 

NOTA: El Foro Ermua comunica que esta declaración ha sido enviada por correo certificado al Presidente del Gobierno, Consejo de Ministros, principales directores de informativos, secretarios generales de los principales sindicatos, así como a líderes de los distintos partidos con representación en el Parlamento.

«Proceso y cambio político son dos factores totalmente relacionados»

«Proceso y cambio político son dos factores totalmente relacionados»

Arnaldo Otegi y Pernando Barrena comparecieron ayer ante los medios en compañía del abogado sudafricano, especializado en procesos de resolución de conflictos, Brian Currin, que participó activamente en el que puso fin al apartheid en su país y que desde hace diez años viene ofreciendo sus servicios en el proceso de Irlanda del Norte.

Secundado por los dos mahaikides, Currin trasladó su visión del momento actual de la situación política en Euskal Herria, después de que en los últimos días se haya reunido con diferentes agentes políticos e institucionales de este país.

 

Antes que él, sin embargo, tomó la palabra Otegi, quien recordó que la izquierda abertzale «está buscando experiencias a lo largo y ancho de todo el planeta, y está extrayendo conclusiones que son aplicables al proceso de resolución democrática en nuestro país».

 

A tal fin, explicó que mantienen relación con «fuerzas progresistas y de izquierda de todo el mundo», y detalló que también han viajado a Sudáfrica, donde han mantenido reuniones con personalidades y con representantes del Congreso Nacional Africano (ANC) ­partido de Nelson Mandela y del presidente Thabo Mbeki­ y con el Partido Comunista, también en el Gobierno sudafricano.

 

«Referente político»

 

«Es conocida la relación que históricamente ha mantenido la izquierda independentista con el movimiento republicano irlandés, pero qué duda cabe que el ejemplo del pueblo sudafricano en su lucha por la democracia, por la libertad y por el cambio social, ha constituido un referente ideológico y político para nosotros», señaló el portavoz abertzale.

De ambos procesos, del sudafricano y del irlandés, explicó que la izquierda abertzale ha extraído varias conclusiones aplicables en Euskal Herria.

 

En primer lugar, mencionó que «no hay proceso sin compromiso». «Sólo puede haber proceso si todas las partes tienen un compromiso sincero, honesto y sólido, para que avance», enfatizó el mahaikide.

 

Junto a ello, advirtió de que «no hay proceso sin contenidos políticos». Según señaló, «los viejos estatus políticos han demostrado a lo largo de décadas en Euskal Herria, en el Estado español, en Irlanda y en Sudáfrica que sirven únicamente para alimentar el conflicto, pero no para solucionarlo en términos democráticos», por lo que insistió en que «proceso y cambio político son dos factores que están totalmente relacionados en un marco de soluciones democráticas».

 

Asimismo, Otegi valoró que tanto en el caso irlandés como en el sudafricano, «el factor clave, el contenido político clave, se llama derecho de autodeterminación». «En el caso sudafricano para devolver al pueblo el poder del cambio político a través de las urnas, y en el irlandés para que el movimiento republicano pueda decir con satisfacción que existen vías democráticas por las que pacíficamente se pueda construir la independencia de Irlanda, cosa que a día de hoy, no podemos decir en este país», declaró.

 

Otegi añadió que «el proceso se tiene que dar en condiciones de mutuo respeto», y apuntó que «en todos los procesos hay obstáculos permanente y grandes problemas, pero si existe compromiso, como existió en Irlanda y en Sudáfrica, todos deben ser superados mediante la negociación y el acuerdo».

 

«Deben participar en condición de igualdad»

I.B.

BILBO

 

Brian Currin advirtió de que no había venido a Euskal Herria a dar lecciones ni a decir a nadie lo que tiene que hacer. Apuntó incluso que «nunca se me ha ocurrido decir que el camino por el que Sudáfrica resolvió sus conflictos es la vía correcta para otros país, porque cada país tiene sus únicos retos y cada uno tiene que encontrar sus propias soluciones». Dicho esto, con la perspectiva que le dan 20 años de experiencias, mencionó que «hay una serie de principios fundamentales para la solución de conflictos y procesos de paz, que son universales y que deben ser aplicados en todos los países inmersos en procesos de este tipo».

 

Así, el abogado sudafricano señaló que «deben darse las condiciones para que todas las partes puedan participar en condiciones de igualdad, líbremente y abiertamente, en el proceso de paz». «Esto supone también que todas las partes tienen la responsabilidad de actuar de forma que el resultado final del proceso sea la paz, y, como parte del proceso deben participar en la creación de un ambiente que consolide los principios democráticos», declaró.

 

Gara, 31 de enero de 2007

Zapatero, otra vez en contra de España

Zapatero, otra vez en contra de España


 

No lo puede remediar, la palabra España y todo lo que significa le produce a Zapatero un extraño malestar, un rechazo entre espontáneo y visceral que le obliga casi siempre a posicionarse en el lado opuesto, en contra de los intereses generales españoles como si ello, además, fuera lo políticamente correcto, lo progresista y lo justo. El presidente del Gobierno de España no soporta a España y no lo puede disimular. Acaba de ocurrir otra vez, la enésima, porque Zapatero ha justificado el posicionamiento institucional ni más ni menos que del Gobierno autónomo del País Vasco contra el Tribunal Supremo de esa Comunidad, que allí ¡representa al Estado!, al comparar la descalificación del tribunal lanzada sin ambajes contra el citado Tribunal, el Estado de Derecho y el imperio de la Ley, y luego seguida y jaleada en las calles de Bilbao por el PNV, con la libertad de crítica y de expresión. Zapatero se ha vuelto a poner, como tantas veces, en contra de España, de los españoles, de los intereses generales, de la verdad y en este caso de la independencia de la Justicia y de un tribunal integrado por magistrados que viven bajo la amenaza de ETA y en muy difíciles condiciones. Y ojalá que ninguno de ellos se vea en los próximos meses en la punta de las pistolas de los terroristas como respuesta a este señalamiento irresponsable que de ellos ha hecho el Gobierno vasco y el PNV.

 

El presidente se ha vuelto a equivocar y ha hecho lo que no hizo ninguno de los miembros del Consejo General del Poder Judicial —los pro socialistas incluidos—, que ayer condenaron el ataque al Tribunal Superior del País Vasco sin matices, idioteces o cualquier clase de justificación. El presidente ha querido ponerse del lado del PNV, de su nuevo socio Ibarretxe y de Otegi para que ETA sepa que él se mantiene dentro de la negociación, que la bomba de Barajas carece de importancia, que la legalidad se puede sortear y que la Ley de Partidos que tanto molesta a Batasuna acabará por desaparecer o por ser burlada o desbordada.

 

¿Cómo consienten en el seno del PSOE esta escalada insufrible de despropósitos de quien gobierna España y debe ser el principal garante de la legalidad? No estamos, ni mucho menos, exagerando. Es que cuando los jueces se oponían a la asamblea de la ilegal Batasuna Zapatero la justificaba aludiendo al derecho de reunión que luego han querido negar a la Guardia Civil. Es que nada más estallar la bomba de Barajas el día 30 de diciembre Zapatero se volvía a poner del lado de ETA en la mesa rota de la fallida negociación, para decir que sólo se suspendían los contactos pero no el proceso, hasta que Rubalcaba, ante el estupor nacional, estalló y dio por liquidada la negociación. Es que ha pretendido justificar la liberación de De Juana Chaos diciendo que el pobrecito estaba “a favor del proceso”, y que “Otegi es un hombre de paz”, y no para de azuzar al fiscal Pumpido para burlar la ley, o al juez Garzón —al que, por lo que se ve, trajo de su excedencia para hacerle ciertos trabajos— para hacer la apología de la mal llamada “izquierda abertzale”, que sólo es ETA.

 

Pero ¿no se dan cuenta en el Partido Socialista de que así no se puede seguir, que con un presidente que no respeta la ley y se pone siempre del lado del nacionalismo que aboga por la independencia cuando no del terrorismo —sí, del terrorismo— con el argumento del “proceso de paz”, o del “final dialogado de la violencia”? Pero ¿acaso no saben en el PSOE cómo las gasta Ibarretxe, que estuvo con ETA en el Pacto de Estella, que pidió un “Estado Asociado para el País Vasco, que les exige la legalización de Batasuna y el acercamiento de presos etarras al País Vasco, en pleno bombardeo de ETA? ¿Éste es el socio ideal de Zapatero y del PSOE para un nuevo Pacto Antiterrorista?

 

No hay que ir demasiado lejos en el tiempo ni en la geografía para hacer un inventario de urgencia sobre Zapatero y España. ¿A qué político español se le ocurre decir, como dijo él, que aprobaría en Madrid lo que aprobara el Parlamento catalán? ¿Acaso no fue el PSC-PSOE el que aprobó el primer texto del Estatuto, que luego hubo de reformar por el disparate segregacionista que incluía y que había escandalizado al propio PSOE? No hay que ir muy lejos, sólo escuchar a su socio en Barcelona y Madrid, Carod-Rovira, para saber que ERC está del lado de ETA —diciendo que el fracaso de la negociación fue culpa del Gobierno, que no cedía demasiado—, y de la independencia de Cataluña y del País Vasco. Y no hay que hablar del PP para ver, una y otra vez, el posicionamiento de Zapatero en contra de los intereses de España, en España y en la política exterior.

 

¿Acaso ya nos hemos olvidado de su afirmación en el Senado cuando declaró que el término nación, en alusión a España, “es discutido y discutible”? O cuando en pleno proceso de negociación con ETA aludió “al derecho a decidir de los vascos” usando el lenguaje de Batasuna. Si es todo así, por más que él, su Gobierno y sus desesperados compañeros de partido y sus medios de comunicación quieran disfrazar semejante despropósito continuado o incapacidad política, vestida de progresismo, pacifismo o de lo que sea. ¿Por qué Zapatero ha marginado a González y Guerra? O ¿por qué ha sacado a Bono del Gobierno, enviado a Roma a Vázquez, y jubilado de la política a Rodríguez Ibarra? Pues porque son o eran españolistas, legalistas, están anticuados, no entienden la España federal, confederal o asociada a Cataluña y el País Vasco. Y además no saben negociar con ETA y él sí, porque las concesiones políticas a los etarras no tienen para Zapatero la menor importancia si se consigue la paz. “Es para que no haya más víctimas”, dice el incauto mientras le están poniendo una bomba en la Terminal 4.

 

Y ahora la ha tomado con los jueces, que se juegan día a día la vida en el País Vasco, con la misma frivolidad con que promueve toda clase de trucos y de trampas en el Tribunal Constitucional a favor de una lectura nacionalista y rupturista del Estatuto catalán, su Estatuto, o con la misma irresponsabilidad con que quiere colocar a Garzón al frente de la Audiencia Nacional para acabar poniéndolo todo patas arriba.

 

Zapatero no sabe lo que es España, lo que es el Estado, lo que es el Estado de Derecho y el imperio de la Ley, ni lo que es el derecho a la vida y a la dignidad, que ha conculcado con sus temerarios juegos de palabras, sin entender o para taparlo, la gravedad de que si el Gobierno autonómico del País Vasco, que representa al Estado, ataca al poder judicial, eso no es un simple ejercicio de libertad de expresión sino que estamos ante una crisis de la mayor envergadura de corte político, institucional y constitucional. Estamos hablando del principio de legalidad, del respeto a España y a lo que significa, de estar del lado de la ley, los españoles y la Constitución y no de quienes los atacan, conculcan y violentan, como hacen sus amigos una y otra vez, con el apoyo ni más ni menos del presidente del Gobierno español y del secretario general del PSOE.

Pablo Sebastián

Estrella Digital, 31 de enero de 2007